
La enorme población que tiene China se hace patente en los lugares turísticos del país, que siempre están atestados de visitantes (muchos de ellos viajeros locales, que en los últimos años han podido por fin reunir unos ahorros para ir de viaje y han salido primero a conocer los tesoros de su tierra). La Ciudad Prohibida de Pekín, la Muralla China y otros monumentos famosos, pero también otros menos conocidos en el exterior, están siempre llenos a rebosar de turistas.
Sorprendentemente, esta marea de turistas no se traduce, como suele pasar con los lugares más visitados de Europa, en unas colas kilométricas para entrar en los monumentos. En Florencia hay que hacer tres horas de cola para ver el David de Miguel Ángel, en la Torre Eiffel de París hay que esperar cinco horas o más para subir el amasijo de hierros, y en la Alhambra de Granada hay que hacer cola a las siete de la mañana porque sólo entran los primeros del día, pero en China, en la superpoblada China, esas molestas colas del turismo occidental, afortunadamente, brillan casi totalmente -pero no del todo, como luego comentaremos- por su ausencia.
Las razones de esa bendita -y no lo suficientemente elogiada- ausencia de colas pueden ser varias: quizá una de ellas es que muchos lugares turísticos de China son de gran tamaño, y con muchos espacios abiertos, como el Palacio de Verano o el Templo del Cielo de Pekín, donde por muchos viajeros que entren suele haber sitio para todos. Otra razón, quizá no tan positiva, es que las autoridades turísticas chinas no se preocupan tanto de que un número excesivo de visitantes pueda dañar el patrimonio (como a veces pasa), por lo que no establecen controles en la entrada del número diario de turistas, y les da igual que entren todos en tropel y no se dejen ver el lugar unos a otros.
La ausencia de colas en los lugares turísticos, dicho sea de paso, es de agradecer también teniendo en cuenta que los chinos no son precisamente los más pacientes a la hora de estar en fila. A muchos les encanta colarse y empujar al de delante para que se mueva, y lo que es peor, al que lleva a cabo estas dos actitudes tan poco amables con el prójimo casi nunca le reprenden los demás (suele ser el "extranjero malhumorado de turno" el que lo tiene que hacer). Estos malos ratos, comunes por ejemplo en una estación de tren china, casi nunca se pasan en un monumento o un lugar turístico, lo cual es de agradecer dado que normalmente uno va a esos lugares a descansar y disfrutar, no a pelearse con desconocidos.
No obstante, y dicho todo lo anterior, conviene aclarar que en el mapa turístico chino hay un lugar especialmente memorable por la cola que hay que hacer para verlo, así que, a aquellos que estén hartos de las colas europeas, casi mejor que no vayan porque van a sentir un déjà vu: me refiero al Buda Gigante de Leshan, un monumento ciertamente impresionante y único en el mundo, pero con una cola terrible para verlo.
El Buda gigante hace cosa de 20 años (ahora no se puede uno subir a sus pies) El Buda de Leshan, construido hace más de mil años, está en un rojizo acantilado, a la orilla del lugar donde confluyen tres afluentes del Yangtsé en la provincia central de Sichuan, y para verlo sólo hay dos maneras: o bien de lejos, en un barco que navegue por el río, o bajando por una escalera zigzagueante de ese acantilado, más cerca del majestuoso y sosegado Buda. La segunda de estas opciones es realmente interesante, se empieza junto a la cabeza del Buda -que tiene una cara muy graciosa- y se termina en sus pies, un paseo que si no fuera por las hordas de turistas sería muy grato.
La zigzagueante cola junto al Buda. Dos veces he ido a visitar ese Buda, y en ambas me maravillé con la enorme estatua, pero reconozco que en las dos ocasiones me he chupado una cola digna de pabellón de Expo Universal. Cuatro horas, cuatro, me tocó sufrir cada vez, entre apretones y gente que quería pasar antes que yo como fuera. He de reconocer que soy especialista en escoger el peor momento de visitar el lugar (la primera vez fue en el Año Nuevo Chino y la segunda en el Primero de Mayo, ambos temporada muy alta de viajeros), pero me temo que en fines de semana normales también debe haber colas considerables.
Otros lugares turísticos de China donde hay que hacer cola para entrar son algunos de los rascacielos de Shanghai (la torre Jinmao, la Perla de Oriente...), pero no recuerdo muchos más. Mención especial merecen las Colinas Perfumadas, la montaña más cercana a Pekín, que en algunos momentos del año (abril, cuando florecen los cerezos rosas, y otoño, cuando algunos árboles enrojecen sus hojas) se convierte en un lugar tan obligado para visitar que las colas pueden prolongarse durante kilómetros. Van a tener que poner numerito como en las carnicerías.
PD: Shui (en el título) = quién.
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