"El que emplea demasiado tiempo en viajar acaba por tornarse extranjero en su propio país".
Esto lo dijo ya Descartes hace siglos, cuando no había diligencias "low cost" y viajar estaba sólo al alcance de unos pocos. A mí, tras un mes de vacaciones en España, y ya de regreso por Pekín, la frase me hace reflexionar bastante.
Desde luego, decir que me siento extranjero en España sería algo heavy, no puedo renunciar a mis orígenes y a 25 años de experiencias en el sitio donde vine al mundo. Pero sí es cierto que en España me siento raro, que ese sentimiento aumenta con los años, y que me entra un poco de angustia por el desarraigo, una consecuencia inevitable de vivir en el extranjero y difícil de curar (creo que volviendo a España tampoco desaparecería la sensación).
En mis primeros años en China, la verdad es que no noté apenas estas sensaciones, y si las noté no les di importancia. Pero actualmente, el sentimiento es bastante fuerte, y me crea bastante desazón. En España a veces no entiendo cuando me hablan y me lo tienen que repetir, me cuesta mucho participar en el socarrón sentido del humor patrio y casi todo lo que se trata en las conversaciones no me concierne o es sobre cosas y personas que no conozco... Yo sólo puedo hablar de China y me siento como una especie de "embajador de lugar friki", que sólo genera cierto interés si dice que ha comido burro (qué gran manjar) o que en China las mujeres tienen los pies en miniatura (bueno, hace 100 años, pero soltémoslo para generar interés). No es fácil vivir en dos mundos tan distintos y tan difíciles de conocer a la vez. Resultado: ni en China me gusta demasiado hablar de España, ni en España de China.
No me ayuda mucho a sentirme "uno más en España" el hecho de, con el paso de los años, todo haya cambiado una barbaridad. El que vive allí seguramente no lo nota pues suelen ser cambios pequeños a los que es fácil adaptarse día a día. Pero yo, que el recuerdo más vivo que tengo de España es el de la que había cuando me fui en 2001, siento que ya nada es lo mismo: mis amigos están casados, tienen hijos, conducen y trabajan en cosas muy serias, hay gente que ha fallecido, hay caras nuevas en la familia con las que no he hecho nunca vida en común... España ha seguido girando sin mí, como debía ser (vaya aburrimiento si no), y cuando llego allí, una o dos veces al año, cuesta de digerir tantas novedades, es como si uno despierta de un letargo iniciado en 2001 y se encuentra esos pequeños cambios que, uno a uno, acaban variándolo todo. Por todo ello, la sensación de que ha pasado el tiempo es brutal.
A estas sensaciones, que muchos expatriados comparten (podéis verlo por ejemplo en este foro) se añade el hecho de que todo eso, España, lo cambié por un lugar como China: difícil para los extranjeros, algo raro a veces, lejano y desconocido. Es un país interesantísimo, que me ha dado trabajo, amor, experiencias fabulosas, anécdotas como para escribir tres libros... pero nunca será mi hogar. Sobre todo porque nunca dominaré el mandarín con comodidad. Y aunque lo consiguiera, que no creo que lo intente más, para los chinos siempre seré un laowai. Por mucho que viva en el país, los chinos al verme me considerarán un turista que acaba de llegar y me preguntarán qué tal sé usar los palillos y si he estado en la Muralla China. ¿He cambiado mi casa por otra? No del todo, más bien ahora estoy entre dos lugares en los que soy un "invitado". Muy bien tratado en ambos, todo sea dicho, pero invitado al fin y al cabo, sin participar demasiado en las dos sociedades.
Por todo lo anterior, la pregunta que más me hacen cuando estoy en España, que aparece en cualquier momento de una conversación y como si fuera una cosa sin importancia, me causa grandes dolores de cabeza. "¿Vas a quedarte a vivir para siempre en China?". La he respondido cien veces en el pasado mes, y las cien diciendo tonterías. Probablemente no, pero... ¿sería para volver a España con la frente marchita, o para huir a otro lugar? Qué complicado...
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