Me hubiera gustado escribir ayer en el blog, aprovechando el 20 aniversario de la caída del Muro de Berlín, pero me encontraba volando desde El Cairo a Pekín, así que no pudo ser. A ver si hoy saco fuerzas de entre el jet lag para hacerlo...
Veinte años después de la caída del Muro de la vergüenza berlinés, todavía quedan murallas en este mundo que traspasar, y algunas de ellas separan a China, país que precisamente ha hecho de un muro de 2.000 años de historia su monumento más célebre. China, un país que también hace 20 años estuvo a punto de caminar en la dirección de las repúblicas del Este de Europa, pero que finalmente no lo hizo, por culpa de unos tanques en una plaza de triste nombre. Como consecuencia, la relación de China con el mundo es un resto de la Guerra Fría, y los muros mutuos, aunque no sean físicos, restos del que hubo en Berlín.
En China persiste un muro digital, que aumenta día a día, ya que el Gobierno chino es cada vez más temeroso del poder de Internet. El bloqueo en China de YouTube, Twitter y Facebook ha sido este año todo un símbolo del empeoramiento de las libertades en el país (hay faltas de libertad peores en China, pero ésta sin duda es la más mediática, y Pekín debería tener esto más en cuenta).
Sólo el Gobierno chino es el culpable de que la Great Firewall of China sea cada día más larga y alta, pero hay que reconocer también factores externos que han estimulado este proceso gradual de aislamiento, como la abundante oposición a los JJOO de Pekín del pasado año -una decepción para una China que se empezaba a asomar a la arena internacional- o el apoyo inoportuno, este año y el pasado, a minorías étnicas como la tibetana o la uigur (digo inoportuno no porque no lo merezcan, sino porque, con la de años que ha tenido el mundo para apoyarlas, precisamente han aumentado los sentimientos de solidaridad cuando miembros radicales de esas etnias han atacado a inmigrantes chinos desarmados, un recurso a la violencia que en ningún bando debería ser justificado).
Otro obstáculo que subsiste, relacionado con lo anterior, es el muro informativo, y en este caso, desgraciadamente, alambrado por los dos lados. En el blog ya lo he contado muchas veces... Los medios chinos, controlados por el Estado, van siempre en la misma dirección, con alguna concesión a la crítica interna para mantener el tipo. Pero también, y de similar manera aunque dependiendo menos de controles estatales y más de lo "políticamente correcto", los medios occidentales siempre retratan los mismos aspectos de China, casi siempre negativos (con la notable excepción del "milagro económico chino", siempre alabado por la prensa como un ejemplo de la victoria del capitalismo que también quedó demostrada en el Berlín de 1989).
La Historia la escriben los ganadores, así que, en cuestión de décadas, probablemente una de esas dos versiones parciales de la realidad desaparecerá, cuando lo ideal sería buscar una media de las dos. ¿Sabemos algo de lo que eran la URSS o la RDA realmente, o sólo las opiniones de sus enemigos?
El Muro de Berlín cayó sin violencia, víctima del colapso económico de la URSS. Para ver un día caer los Muros de Pekín, ¿hará falta otra ruina económica, que deje hambrientas a mil millones de personas, y que algunos diarios pregonaron -yo creo que con ciertas ganas de que ocurriera- tras la crisis financiera de 2008? Es de desear que no. Que los chinos, con su pragmatismo de siempre, vean llegado el momento del cambio sin necesidad de que se colapse la nación. No es tan bonito en la tele como ver revoluciones, pero seguro que los chinos -y los que vivimos en China- lo preferirían así.
Antes de terminar quisiera, después de tantos artículos en los diarios alabando lo bonito e ideal de la muerte que es hoy en día el mundo después de la caída del Muro de Berlín, recomendar, por sanitario, un vistazo a lo que desde la capital alemana escribe estos días Rafa Poch, el corresponsal de La Vanguardia. Una de las pocas personas en el mundo periodístico que ha derrumbado el "Muro de Pekín informativo" y está dispuesto a hablar bien o mal de los dos bandos, siempre que lo merezcan.

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