
Estos días, España y China no sólo comparten la pasión por la siesta, sino también una desgracia que esperemos sea coyuntural: ambos países tienen barcos secuestrados por los piratas somalíes, desde hace varias semanas (el atunero español "Alakrana" y el carguero chino "De Xin Hai", cargadito de carbón para los niños malos).
Es curioso, sin embargo, el enfoque completamente opuesto que este hecho está teniendo en los dos países, no sólo debido a la naturaleza de sus gobiernos (el uno democrático y con libertad de prensa, el otro autoritario y controlando los medios) sino también de sus habitantes (el típico español que se queja de todo, el típico chino que no se queja de nada).
Mientras en España el asunto ha desatado debates en los medios y entre gobierno y oposición -si el ejército debe intervenir o no, si hay que liberar a los piratas somalíes apresados, si hay que poner un soldado en cada barco español que navega por los siete mares- en China el asunto, aunque ha aparecido en los medios, no ha motivado ninguna de esas reflexiones. A falta de una oposición o una prensa que critiquen con contundencia al Gobierno chino, no se observan más alternativas que la que el Gobierno chino está tomando. ¡Y eso que no se sabe exactamente cuál es! Se cree que está negociando con los secuestradores, pero también podría estar preparando una intervención militar, porque no dice nada de nada.
Hasta es posible que estén contratando los servicios del mayor luchador contra la piratería y no nos estemos enterando nadie... La opinión pública china, por otro lado, no parece muy preocupada por el asunto, quizá por esa falta de debate en los medios y en la palestra política que haga a unos y otros adoptar posturas. Esto ocurre en muchas otras ocasiones, pero esta vez llama más la atención de un españolito como yo, al poder compararlo casi simultáneamente con lo que está ocurriendo en España.
También puede influir que China es un país muy grande en el que cada día ocurren media docena de sucesos que en España podrían dar para llenar páginas de diarios y tertulias durante un mes, mientras que en la nación asiática apenas dan para un día de comentarios en los foros de Internet. A más gente, menos atención a los problemas individuales, lamentablemente.
Pese a todo, algún diario independiente chino ha lanzado un tímido debate acerca de si China, ante un caso así, debería atacar con su Armada. Otros países, como Francia, ya han obrado así ante alguno de estos frecuentres secuestros en el Golfo de Adén.
El problema para China es que una de sus obsesiones es intentar dar una impresión de país pacífico fuera de sus fronteras, aunque no lo sea -o al menos de eso se le acusa- dentro de ellas. Su estrategia es la de dar la imagen de que, por muy criticada que sea su política de derechos humanos interna, no hará nada criticable en el exterior, a diferencia de potencias como Rusia o EEUU, que sí intervienen en el exterior con ligereza y violando derechos humanos.
Por ello, aunque una intervención de un barco de guerra chino contra los piratas chinos sería probablemente justificada por la comunidad internacional -cuyos miembros ya han hecho intervenciones de este tipo- para China sería el final de su imagen de "pacifista exterior", una mancha que se le recordaría cada vez que defendiera su teoría de que su crecimiento no amenaza a nadie en el extranjero.
Ya le costó a China decidirse a enviar barcos de guerra a patrullar en las costas del Golfo de Adén (esos navíos son los primeros de su Armada que salen de misión fuera de las aguas chinas en 500 años), así que usarlos de verdad le costará aún más. Si toma esa decisión, las consecuencias pueden ser importantes. Roto el tabú de "no atacar fuera", ¿se atrevería a hacerlo en más ocasiones?
PD: A los piratas somalíes, aunque son unos delincuentes que merecen estar en la cárcel, no se les puede negar cierto mérito. ¿Cómo diablos puede ser que en un Golfo de Adén ahora tomado por cientos de fragatas militares de las grandes potencias mundiales sigan logrando secuestrar barcos a bordo de botes hinchables? Yo creo que merecen ser los malos de la próxima película de Johnny Deep.
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