
China no celebra Carnavales (fiesta que, aunque a veces no lo parezca, es cristiana) y sólo en los últimos tiempos, por influencia hollywoodiense, está empezando a celebrar en las discotecas y bares nocturnos el Halloween, por ahora más bien reducido al círculo de expatriados.
En consecuencia, disfrazarse es poco habitual en China, o por lo menos disfrazarse en plan festivo e irreverente. Sin embargo, hay una especial ocasión en la que los chinos a veces se disfrazan, y es cuando van de turismo a algún sitio de su país.
Esto se debe a que en las zonas de venta de souvenirs de cualquier monumento o lugar famoso de China es cuasi obligatoria la presencia de fotógrafos que ofrecen a los turistas una foto junto a su monumento favorito disfrazado de algo que tenga que ver con ese lugar o un traje de época. Siempre disponen de un probador y un armario con varios disfraces para que el viajero elija el que más rabia le dé.
En la Ciudad Prohibida, el Palacio de Verano y otros lugares imperiales de Pekín, lo típico es disfrazarse de emperador, con la túnica amarilla de rigor, o de concubina de traje rojo. Yo mismo lo hice cuando acababa de llegar a Pekín, hace ocho años (aclaro que me disfracé de emperador, no de concubina).
 Shaquille O'Neal decidió imitar las costumbres chinas en una visita a la Gran Muralla.
En los lugares célebres para el comunismo, como sitios donde se celebraron importantes congresos, donde el Partido Comunista logró victorias militares, etc, lo suyo es vestirse de soldado del Ejército Rojo, o incluso de Mao Zedong, para hacerse una foto allí como si se regresará a los años 40.
No creáis que los chinos sólo se visten de soldado ganador, pues hay lugares como Nanjing (capital china antes del régimen comunista) en los que lo típico es más bien disfrazarse de soldado del Kuomintang, el Partido Nacionalista que perdió la guerra civil frente a los maoístas.
Los anteriores disfraces son quizá los más populares, pero no los únicos que uno puede adoptar cuando va de turismo por el país. Hace poco, junto a una iglesia antigua en Lushan (lugar del que hablé recientemente), descubrí con sorpresa que el fotógrafo de turistas habitual ofrecía a los viajeros la posibilidad de disfrazarse de monja o de cura.
 Imagen de ejemplo que mostraba el fotógrafo de turistas en Lushan.
Otra gran fuente de disfraces la dan las minorías étnicas chinas: cuando los chinos viajan al Tíbet, Mongolia Interior y otros lugares donde habitan estos pueblos, suelen fotografiarse con los trajes tradicionales que éstos lucen en sus fiestas.
Quizá en otros países también es habitual, yo desde luego donde más arraigada he visto la costumbre de los disfraces turísticos es en China. Tanto que a veces los chinos, cuando van de turismo al extranjero, se compran un traje tradicional de ese lugar para hacerse fotos con él puesto frente a los lugares más famosos. Si veis a un chino vestido de torero frente a la Giralda, lo hasta ahora expuesto os puede servir de explicación a ese fenómeno inexplicable.
Hacer turismo es, por tanto, la mejor oportunidad para disfrazarse en China, aunque no la única. Otra posibilidad es trabajar de camarero en un restaurante especializado, ya que en muchos de ellos se viste a los trabajadores con trajes relativos a la comida que allí se sirve. De coreanos en un restaurante con comida de ese país, de gondoleros en una pizzería, de alemanas rollizas y con trenzas en una cervecería, etc. Hasta hay bastantes restaurantes con espectáculos de la época de la Revolución Cultural donde los camareros sirven platos vestidos como Guardias Rojos.
Otra ocasión para el disfraz es cuando uno se casa, pues estrella de la boda es el álbum de fotos, hecho por estudios profesionales, en el que los novios posan vestidos con distintos atuendos (traje de boda occidental, chino, disfraces varios e incluso ningún disfraz en absoluto).
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