
Una curiosa tradición china ya comentada antes en este blog (aquí, por ejemplo) es la de quemar dinero falso (pero imitando al verdadero) como ofrenda a los muertos. La tradición, todavía bastante viva, considera que el dinero que se quema desde aquí llega al otro mundo, es recogido por los muertos en los cajeros automáticos del Banco de Muertander y con él pueden comprar las cosas que allí necesitan, que la vida en el más allá también está muy cara.
En el norte de China, lo más habitual es quemar fajos de billetes, pero en el sur los familiares son más detallistas y consideran que en vez de quemar dinero, lo mejor es quemar objetos (también de mentirijilla pero imitando a los de verdad) para que el fallecido los reciba ya directamente, sin tener que ir a la sección de rebajas del Corteenelcuello Inglés.
La semana pasada me fui al sur de China -más al sur imposible, a la isla de Hainan- y un amigo me enseñó una tienda de pueblo donde se confeccionan estos objetos. Hechos a mano en papel y cartulina (para que ardan rápido y completamente, que si no llegan con defectos de fábrica al otro mundo), estaban confeccionados con un arte incomparable: la familia que regenta la tienda es realmente mañosa.

Fabricando una moto, una tarea harto complicada (en tres días que estuve allí empezaron tres como ésta, pero no las terminaron)

Os muestro algunos de los objetos que se confeccionan y venden en la tienda: más realistas no pueden hacerse, aunque parezca increíble están todos hechos íntegramente con papel y cartón, nada más.
Bombona de butano (sólo para los que van al cielo, claro, los que van al infierno ya tienen estufa y cocina de fábrica).

Maletas para ir de vacaciones al Mar Muerto.

Kit de camisa, reloj y móvil Mortorola.

Otro kit de complementos: gafas, mechero, y cómo no, una pluma Mort Blanc.

Una radio para oír los Cuarenta Celestiales.

Aire acondicionado, especialmente pensado para aquellos que van al infierno.

Termo y tetera por si te mueres de sed.


Un juego de mahjong y otro de dominó, que una eternidad sin vicios se hace algo aburrida.


Secador, maquillaje, champú y otros útiles de aseo, que a alguno por mucho que esté en la gloria le siguen cantando los rincones.

Un DVD y una tele de pantalla plana, para ver "A dos metros bajo tierra" y otras series de actualidad.


Cacerolas y sartenes por si te mueres de hambre.


Una silla: si hay que esperar una eternidad, por lo menos esperar sentado.

Una moto Honda (como la tumba en la que se encuentra su futuro propietario).

Y una bicicleta que casi me pasó desaparecibida en la tienda de tan perfectamente que estaba confeccionada.

Por cierto, que los precios no eran nada baratos: en algunos casos, la copia en cartulina era más cara que el original que imitan. Todo sea por complacer a los que se fueron...
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