Os contaba en el post anterior algún detalle de mi reciente visita a la comarca china de Xishuangbanna. Pero ésta no fue sino la primera etapa de un viaje que continuó por el vecino país de Laos. Aunque me salgo ligeramente del tema chino del blog, os contaré alguna impresión sobre ese país, a ver si alguno os animáis a visitarlo.
A Laos llegué de una forma que recomiendo a todo el mundo: en barco por el río Mekong, viendo por el camino cuatro países (ya que después de dejar China, el río forma primero frontera entre Birmania y Laos, y después entre Tailandia y Birmania). El crucero no para en tierras laosianas, sino tailandesas (un puerto fluvial en un pequeño pueblo llamado Chiang Saen), pero no pasa nada porque en Tailandia no piden visado y al otro lado del río ya está Laos.
 La impresión general de Laos es que no es un país culturalmente muy diferente de Tailandia: templos, gentes, gastronomía, paisajes, son bastante similares a sus "primos", con los que se entienden bastante al hablar y a los que siguen con pasión en tema música pop, televisión o moda juvenil. Pero Laos es Tailandia sin tráfico, sin tuktuks timadores, sin prostitución hasta en la sopa, sin Bangkok. Un país bastante más tranquilo, con mucha menor densidad de población (los tailandeses creo que son 80 millones, los laosianos no llegan a 10) y por tanto más naturaleza, más serenidad. Al que le guste Tailandia, Laos le va a entusiasmar, seguro.
Lo que más me agradó de Laos es la cantidad de niños que se ven por todas partes, sobre todo en los pueblecitos que hay en los alrededores de los lugares más turísticos. Claro que luego reflexioné un poco y pensé que si había tantos niños jugando en la calle, a todas horas, es porque muchos estaban sin escolarizar. Pero bien felices se les veía, eso sí.
Me gustó especialmente un lugar del que nunca antes había oído hablar, pero que al parecer es una meca de los mochileros: Vang Vieng. El sitio me fascinó por la insólita mezcla del lugar, híbrido entre Ibiza y Guilin. Vang Vieng es un pueblo al lado de un río y unas montañas kársticas espectaculares, un paisaje precioso que no sé muy bien por qué razón se ha convertido en un lugar de peregrinaje de veinteañeros extranjeros.
En consecuencia, el río está trufado de bares de madera (la "ruta de la trucha", la llamaría yo) en los que los postadolescentes se emborrachan, intentan ligar y hacen peleas de barro. Para ir de bar en bar, los guiris bajan lentamente río abajo con unos flotadores gigantes, una actividad que se conoce en el lugar como "tubing". Para la sed durante el viaje, suelen llevar un cubo de playa lleno de whisky (una nueva explicación plausible para la expresión "cubata").
 No era en absoluto mi rollo, pero esos bares de río, que me recordaban los locos lugares por los que fue parando el protagonista de "Apocalipse Now" cuando buscaba al coronel Kurtz, combinados con el espectacular paisaje, las aldeas de niños, el verdor y demás, me dejaron huella. Así como los restaurantes del pueblo -un pueblo donde los extranjeros eran el 90 por ciento de la población-, establecimientos que repetían sin parar capítulos de series occidentales como "Friends" o "Padre de Familia". Me pareció tan absurdo que hubiera algo así, que me gustó y todo.
Visita obligada cuando se va a Laos es Luang Prabang, la antigua capital laosiana y el lugar más turístico del país, una ciudad con ambiente de pueblo, casas coloniales y muchos templos con monjes que quieren practicar inglés con los turistas. De Luang Prabang me sorprendió que a pesar de la cantidad de turistas que recibe, luego cuando vas paseando por la ciudad o los alrededores apenas te los encuentras, se diseminan todos tan bien que no te sientes en un lugar "turistizado". También me pareció muy curioso, y me sorprendió por inesperado, el toque pijoven de El País de las Tentaciones que tienen sus bares y restaurantes, muy afrancesados, con los mejores cafés, croissants, tartaletas y baguettes de toda Asia.
 Vientiane, la capital laosiana y el otro lugar que visité en el país, me dejó peor recuerdo que los anteriores porque debido a unas obras para convertir una isla del Mekong en parque estaba muy polvorienta. Además, aunque para ser una ciudad asiática era pequeña (unos 400.000 habitantes), ya no era tan manejable a pie como Luang Prabang o Vang Vieng.
El robo allí, el último día, de mi móvil, tampoco ayudó a que el lugar me gustara (se ve que Luis Roldán dejó su huella en el país). No obstante, también tiene sus casas coloniales, sus cafeterías con encanto y unas excursiones en bici por los alrededores muy apañadas. Y al lado de las megacapitales ruidosas de la zona, como Saigón o Bangkok, es el paraíso.
Por lo demás, buena cerveza (llamada Lao), gran licor autóctono (llamado Lao Lao) y muy buena comida, tanto oriental como occidental, en todos los lugares que visité en el país. Laos tal vez no sea laos...tia, pero es el mejor para descansar de la bulla de los países que le rodean.
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