(Actualizado el 13 de febrero de 2011, tras visitar Singapur, Malasia e Indonesia).
"El sur es una playa fantástica, el sol se queda siempre en el sur", decía aquella canción... Vivir en China a veces se hace cuesta arriba, sobre todo en el largo, frío y gris invierno, pero hay una vía de escape realmente sencilla: viajar al sureste asiático. Tailandia, Vietnam, Malasia, están a un tiro de piedra, y casualmente cuando China tiene su peor clima (enero, febrero...) ellos están en su mejor momento, pues todavía no ha llegado la tórrida estación de las lluvias (de abril hasta septiembre).
Muchos de los años que he pasado en China he tenido impepinablemente que huir durante parte del invierno al "dongnanya" (así llaman los chinos al sureste asiático), no por interés viajero sino porque sencillamente no aguantaba más el frío y la falta de sol. Indochina y alrededores son sencillamente otro mundo, el trópico, con colores brillantes, camiseta y bermudas, gente bella, delgada y sonriente, y verdor de anuncio de Fa.
El otro día, al postear sobre Laos, alguno en los comentarios preguntó qué otros sitios visitar de esa zona. Para intentar ayudar, os cuento a continuación una resumida opinión los que he visitado, y lo que he oído de aquellos que no he visitado.
Pero antes, una visión general de la región:
Asia Oriental es probablemente el mejor lugar del mundo para viajar. Lo tiene todo: bajo precio del alojamiento y la comida, clima cálido todo el año -aunque a veces excesivamente cálido-, gente amabilísima, bastante seguridad, y por encima de todo una infraestructura turística para el turismo económico que uno no es capaz de imaginar hasta que llega allí. Vietnamitas, tailandeses, camboyanos, han montado miles y miles de hostales y bares exactamente como un extranjero los quiere. No he visto países con más ojo para facilitar las cosas al turista que ellos, es increíble lo bien montado que está todo, y definitivamente mucho mejor que en China.
La gran pega de este paraíso está precisamente en eso: al estar todo tan bien montado, el viaje pierde algo de aventura, y está lleno de turistas a los que como a ti les han puesto el tour en bandeja. Que nadie espere vivir peripecias a lo Indiana Jones en Angkor o en la selva tailandesa, porque los caminos están ya tan trillados por los turistas y las agencias que todo le va a salir perfecto. No hay lugar a la aventura porque ésta ya te la han montado por adelantado, de forma fácil, cómoda y barata. Allá donde vayas te encontrarás turistas, nunca te sentirás "explorando", y bueno, tampoco es un gran problema, pero quizá le quita cierto romaticismo al viaje.
Dicho lo anterior, paso a decir cuatro cosillas sobre cada país de la zona.
Vietnam: es el país más bello que he visto de la treintena que conozco, aunque bueno, quizá influyera el hecho de que fuera el primer país de la región que visité, o que nunca había estado en un país tropical hasta entonces. Las casas coloniales de colorines en Hanoi y Saigón, la belleza de las vietnamitas vistiendo por la calle el tradicional aodai, la comida suave con limón y rollitos de primavera, el café con leche condensada... Únele a eso la historia épica que tiene detrás, la guerra contra los EEUU y los franceses, de la que quedan muchos recuerdos (museos, memoriales, túneles de los charlies...) y que a veces te retrotraen a los años 60. Una maravilla de país, y en algunos aspectos, es la China que imaginábamos de niños (arrozales y sombreros cónicos).
Lo mejor: Hoi An, un pueblo de acuarela en el centro del país, y la playa de Mui Ne, para pasar en ella la jubilación anticipada desde los 35 años.
Lo peor: El enloquecedor tráfico de motos en Hanoi y Saigon, que al principio hace gracia (sobre todo cuando en un cruce ves flujos de motos que se cruzan perpendicularmente y milagrosamente no chocan) pero después te agota. Por otro lado, los vietnamitas son algo más agresivos que en los países vecinos a la hora de intentar conseguir dinero del turista, son un poco peseteros y es fácil caer víctima de algún pequeño timo que otro, nada grave.
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Birmania: Si Vietnam es para mi gusto el más bonito de todos estos países, Birmania es probablemente el más fascinante. Décadas de aislamiento político y económico han convertido a este lugar en una isla cultural, un país sin Coca Cola, donde la gente viste como hace siglos (los hombres con una falda llamada longyi, las mujeres con pinturas de sándalo en la cara) y los autobuses de las ciudades se parecen a los de las películas españolas de los 50. Añáde a ello un lugar casi surrealista (la llanura casi desértica de Bagan, con miles de templos diseminados por ella) y estás en uno de los países más diferentes al mundo conocido que te puedes encontrar. Para más inri, es el más barato de todos los que he visitado en la zona.
Lo mejor: Las calles coloniales con desconchados de Rangún. el té con leche condensada en las teterías de las aceras, hablar con los birmanos que aún conservan de la época colonial un buen dominio del inglés y un gran gusto por la música rock (el rock birmano se come con patatas al pijopop tailandés).
Lo peor: El carácter militar del gobieno pone algunas chinas en el camino. La primera: no se puede entrar por tierra al país, hay que hacerlo por avión, algo que a un madrileño igual le da igual pero a mí, que estoy en un país vecino y me gusta entrar en los países a pata, me joroba bastante. La segunda es que muchas provincias birmanas están directamente cerradas a los extranjeros, básicamente aquellas en las que viven etnias diferentes a los birmanos (y muchas en conflicto con éstos por el dominio de las piedras preciosas, el opio, etc). También hay que decir que la comida birmana es la peor de todas las de la zona, poco variada y no demasiado agradable al paladar occidental. La peor, ejem, indisposición gástrica que he tenido viajando la sufrí allá.
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Camboya: Es uno de los países más pequeños y menos poblados de la zona, pero guarda el gran tesoro del sureste asiático, las ruinas de Angkor. Por muy ateo que se sea, al entrar a Angkor Wat se siente algo extraño. Esos pasillos enormes, esos claustros que parecen tener millones de años con sus monjes anaranjados tomando la sombra... Tal vez fuera el intenso olor a orina de murciélago el que me embriagó, pero está claro que Angkor es uno de esos lugares que jamás se olvida, y perdonad el tono de folleto de Halcon Viajes pero es la pura verdad.
Lo mejor: Angkor, como iba diciendo. Diferente a cualquier otro lugar de la región, cientos de templos de formas extrañas en medio de la selva, sacados directamente del Tomb Raider para tu disfrute. Hasta el más descreído sentirá el halo de espiritualidad que desprenden esas piedras colosales entre la selva.
Lo peor: Es el país con una historia reciente más triste de todos (Pol Pot se cargó a una cuarta parte de la población) y se notan todavía las secuelas del horror. Los museos y memoriales que hay de aquella época, por ejemplo en la capital, Pnom Penh, son una gran lección, pero también te dejan el estómago revuelto. Por ejemplo, monumentos en los que las paredes son calaveras humanas. Camboya es también el país de la región donde más se percibe la pobreza, y los devastadores efectos que las minas antipersona que dejaron los americanos y otros salvapatrias en el campo (muchísimos mutilados mendigando). A veces Camboya no es un sitio alegre.
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Tailandia: Definitivamente, no es mi lugar favorito. Es el más visitado de todos, el más conocido en Occidente, pero está completamente convertido en un parque de atracciones para guiris, una ruta del whisky para ingleses, americanos y australianos. En su favor hay que decir que es el pionero del turismo regional, y por tanto es el que cuenta con las mejores guesthouses, tours selváticos, paseos en elefante y demás gracietas para los viajeros. Su gastronomía es la más rica de la zona, tiene las mejores tiendas y un nivel de vida similar al europeo, pero se la ve demasiado occidentalizada, domada al turista y un poco falsificada. En cualquier caso, Bangkok es la ciudad con mejor comunicación aeroportuaria en la región (siempre que la oposición no secuestre el aeropuerto, que a veces pasa), es casi obligatorio pasar por ella, y ya que se está allí, pues hay que darse un garbeo, ¿no?
Lo mejor: La facilidad para todo que encuentra el turista. Por ejemplo, a la hora de estudiar cursos de comida tailandesa, de masajes, de yoga y pilates, de buceo, a veces hasta en español, catalán o bable. Es tan sencillo todo, tan preparado con amor para el viajero, que te amodorra. Por otro lado, la cultura tailandesa es muy rica, ella y su arte han influido mucho a los vecinos (Camboya, Laos, Birmania y hasta el sur de China) así que no hay por qué desdeñarla.
Lo peor: Bangkok es un nido de perdición. Estoy seguro de que en el infierno hay una calle llamada Kao Shan Road, como el principal ghetto de guiris de la capital tailandesa. Bueno, esto podría ir también en el apartado "lo mejor", que cada cual haga lo que quiera... Y si quieres argumentos para una novela pulp, en esa ciudad te darán ideas para varias. Ya he nombrado antes lo de la excesiva occidentalización y turistización del país, así que no me explayo más. Por último, los templos tailandeses son un poco repetitivos, visto uno vistos todos, y además con tanto dorado tienen un aire barroco-glam-hortera que da un poco de repelús.
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Laos: Ya hablé de este país en el post anterior, así que no me voy a extender mucho más, recordaré únicamente que es un país culturalmente muy similar a Tailandia pero algo más atrasado económicamente, lo que por una parte está mal para su población (casi todos viven de la agricultura de subsistencia, muchos niños no tienen educación, etc) pero por otra parte ha hecho que el país se mantenga mucho más auténtico y tradicional (y visto como está el mundo capitalista, mejor que no se apunten a él). Algunos dicen que Laos es la Tailandia de hace 50 años, antes que llegaran las hordas de turistas, y probablemente tienen razón.
Lo mejor: Es probablemente el país con la naturaleza más exhuberante que he visto, todo pura selva, y de vez en cuando algún pueblo con cabañas de madera intentando molestar lo menos posible a la madre natura. Hasta ciudades como Luang Prabang o Vientiane tienen aspecto de pueblos envueltos en grandes arboledas. Al ser el país con menos densidad de población de la zona (sus 8 millones de habitantes contrastan con los 90 de Vietnam o los 80 de Tailandia), es el más tranquilo, los paseos por sus ciudades y pueblos son siempre de lo más placentero y nunca nadie te va a molestar (al contrario, son gente muy amable).
Lo peor: Si se ha visitado Tailandia, quizá dé cierta sensación de déjà vu, porque cultural, religiosa, arquitectónicamente, es muy similar. Uno diría casi que se encuentra en una provincia más de Tailandia (que no me oigan los laosianos que me despiezan). En el apartado personal, diré también que es el único país surasiático en el que he sido robado (fui despojado vilmente de mi querido celular).
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Filipinas: Un tanto alejado de los otros, el archipiélago que fue colonia española es un sitio algo olvidado por la ruta del banana pancake (como conocen los lonelyplaneteros a los viajes por el sureste asiático), lo cual tiene la ventaja de que el turismo está menos masificado y allí uno sí que se siente "pionero" al entrar en muchos pueblos o ciudades, aunque en realidad no lo sea. Para un español es un sitio muy interesante, porque quedan muchas huellas de nuestra cultura: el 30 por ciento de las palabras que usan los filipinos son de origen hispano (aunque algunas las pronuncian raro y no se entienden), las plazas con iglesia antigua son como las de un pueblo de la Península, hacen fiestas patronales semejantes a las nuestras, comen longaniza y calamares a la romana. Sólo por eso, por buscar la cultura española que sobrevive, ya merece la pena visitarlo. Pero además están las playas, que son de lo mejor de Asia, y las mujeres filipinas, las más guapas y lanzadas de Oriente (que se lo pregunten a la Preysler).

Lo mejor: La herencia española, pero también aquellos lugares remotos a los que los españoles no llegaron, como la tierra de los ifugaos (Banaue, Sagada). En Filipinas es donde más cosas se entienden, al ser inglés idioma oficial, así que es un buen sitio para hacer amistades y tener relación con más gente local que en otros países, donde acabas relacionándote sólo con recepcionistas y camareros. En lo gastronómico, los batidos filipinos son los mejores de Asia, obligatorio tomarse uno en el paseo de la bahía de Manila mientras se escucha tocar a las infinitas bandas callejeras del país más musical de Oriente.
Lo peor: Filipinas no tuvo grandes civilizaciones previas a la llegada de los españoles y los estadounidenses, así que todo lo que hay para ver en el sector histórico-artístico es colonial, no muy exótico, y lo moderno está todo muy americanizado. No debe ser muy diferente de una isla caribeña, o de las Hawaii, digo yo... Otro problema es la seguridad: no me pasó nada en las tres semanas que estuve allí, pero con el tema Abu Sayyaf uno se emparanoia, y más al ver las ametralladoras que gastan los guardas de los bancos o de los centros comerciales. Un último inconveniente de Filipinas es que, al ser un archipiélago de decenas de islas, es dificultoso viajar, por lo que uno acaba viendo sólo una isla o dos y es difícil llevarse una idea completa del lugar.
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Malasia: Malasia son tres países en uno: malasios, chinos e indios comparten ciudades y pueblos, aportando cada uno sus culturas y creando un país multicultural y variado, tranquilo y próspero (¡tienen sus propias marcas de coche!). Sin llegar a los excesos consumistas de Singapur, y turístico sin caer en la masificación de Tailandia, es un lugar cómodo para visitar y quizás también para residir, donde el inglés se habla ampliamente (fue colonia británica y guardan buen recuerdo de la era colonial, a diferencia de otros países) y también se oye mucho chino en sus calles. Y tiene un poco de todo: playas, ciudades históricas, reservas naturales... Si se hiciera una comparativa de los distintos países, seguramente Malasia no sacaría la máxima nota en ningún apartado, pero probablemente en la nota media ganaría.

Lo mejor: La facilidad de comunicación con la gente, gracias al amplio uso del inglés. És quizá, con el permiso de Vietnam, el país con una herencia colonial más rica, y son muchas las ciudades, no sólo las más turísticas, que cuentan con calles de fachadas de estilo británico, pintadas de vivos colores para reflejar el sol de los trópicos. Por otra parte, Malasia, frente a otros países de la zona, te permite al visitarla empaparte no sólo en una cultura, sino en tres: la malaya, la china (los chinos son el 30 por ciento de la población y mantienen su lengua y costumbres) y los indios, que también se dejan notar con sus animadas Little Indias y su buena, magnífica, excelente comida. Si a ello se le suman la herencia británica e islámica, se puede decir que Malasia es uno de los países donde de forma más perfecta se han juntado las cuatro grandes civilizaciones de Eurasia: la europea, la árabe, la india y la china.
Lo peor: Esto sólo le pasará al que, cómo yo, viva en China, pero por si acaso os he de advertir que si vais a Malasia y ya conocéis el gigante asiático tendréis una sensación de deja vu bastante fuerte. Los dos centros históricos y turísticos de Malasia (Penang y Malaca) os pueden parecer más chinos que la misma China, y a lo mejor os hacen preguntaros si ha valido la pena volar seis horas para comer raviolis. Por otro lado, a veces es difícil conocer la verdadera cultura malaya, enterrada como está en el multiculturalismo: incluso es complicado encontrar comida malaya, ante tanta oferta china e india. También le pasa un poco lo que a Tailandia, que se trata de un país ya tan moderno y occidentalizado que hay poco lugar a la aventura y el exotismo que uno a veces busca en los viajes por la región.
Singapur: La capital comercial y financiera del sureste asiático, el país con la renta per cápita más alta de Asia (con el permiso de Japón) es una sorprendentemente bella ciudad, pintada en vivos colores en sus partes históricas y con su obligada jungla de rascacielos, mientras chinos, indios y malasios (se repite el multiculturalismo de Malasia, aunque con distinto reparto porque aquí son los chinos la mayoría) pasean con iPads en el brazo y ropa de marca. Magnífica mezcla de modernidad y tradiciones, y una buena excusa para darse un baño de pijerío después de sacudirse el polvo de los caminos en países vecinos.
Lo mejor: Los barrios "étnicos" de Chinatown, Little India y Arab Street, con sus casas de estilo victoriano pintadas en vivos colores y llenas de vida, especialmente el barrio de los indios, en su mayoría tamiles del sur (mi estancia de Singapur ha mejorado enormemente mi opinión acerca de los indios, pese a las noticias que me llegan de lo pesados que son con el turista cuando visitas la India). Y la belleza fashion de las singapuresas, comparable al de las coreanas y japonesas, como para enamorarse cada vez que doblas la esquina.
Lo peor: El precio del alojamiento es absurdamente caro para los cubículos que se suelen ofrecer, un abuso que recuerda a la situación de lugares como Hong Kong. En otras cosas, no es tan caro como pensaba -sobre todo en lo que a comida se refiere- pero está claro que sus precios no tienen nada que ver con los del resto de la región. Por otro lado, es bastante similar en muchos aspectos a Malasia, así que al que haya estado en ese país le parecerá que está repitiendo.
Indonesia: Este apartado lo escribo de forma provisional y espero ampliarlo en el futuro, porque sólo conozco una provincia indonesia (Sumatra del Norte), lo que más o menos sería como decir que sólo he estado en una centésima parte del gigantesco y diverso país que es Indonesia. Pero con lo poco que he visto, puedo decir que Indonesia es un país fascinante y que, una vez que se sale de sus ciudades, te va a llegar al corazón. Pese a estar tristemente asociado, por las noticias, a desastres naturales (volcanes, terremotos, tsunamis), su gente es alegre y divertida, sus paisajes naturales son posiblemente los mejores del sureste asiático, y su variedad de culturas, en el cuarto país más poblado del mundo, es tan grande que podría dar para viajes durante toda la vida sin temor a ver cosas repetidas en los anteriores.
Lo mejor: El trekking por la jungla del parque nacional Gunung Leuser, en el norte de Sumatra, encontrando orangutanes como quien se encuentra a otros excursionistas, y con un magnífico guía explicando los secretos de la jungla de Sumatra, es posiblemente una de las experiencias más bellas que he tenido en vida, y quedará siempre en mi recuerdo. Una pequeña pero gran aventura en un país donde, frente a otros destinos "trillados" y "maleados", si que hay lugar todavía para lo inesperado y lo sorprendente.
Lo peor: No es culpa suya, pero claro, a ver quién es el guapo que puede decir que se ha recorrido entero un país con 17.000 islas separadas, entre su parte occidental y su oriental, por una distancia equivalente a la que hay entre España y Rusia. Ello, unido a que es uno de los países más pobres -per cápita- de la región y a la difícil orografía de sus islas volcánicas, dificulta y alarga mucho el transporte, por lo que moverse aunque sea por una sola isla puede costar largas jornadas. Sus ciudades -sólo conozco Medan pero intuyo que otras serán similares- son sucias, ruidosas y pasar por ellas, si bien suma anécdotas aventureras, no siempre es agradable. Aunque lo peor para mí de Indonesia es lo difícil que es cambiar dólares: prácticamente sólo aceptan billetes del año pasado, que empiecen por H, recién salidos de la imprenta, decorados con purpurina y en los que George Washington salga guiñando un ojo. Totalmente kafkianos, los cambistas indonesios.
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