 La semana pasada, China estuvo inmersa en las sesiones anuales de la Asamblea Popular y la Conferencia Consultiva, en teoría unos días muy importantes -y aburridos hasta decir basta- en los que los comunistas deciden las políticas a seguir en todo el año. Mucho se debatió y se prometió, pero todo quedó eclipsado por los truculentos sucesos ocurridos al mismo tiempo en un zoológico de la ciudad de Shenyang.
Las noticias han ido evolucionando día a día, y adquiriendo cada vez tintes más y más dramáticos. Comenzaron a principios de la semana pasada, cuando se informaba de la muerte por pura hambre de 11 tigres siberianos en el zoo. Un día después se revelaba que los felinos fallecidos eran 13, pues a los muertos de inanición se unían dos que, también acuciados por el hambre, atacaron a los cuidadores y fueron sacrificados por ello.
Poco después, ya a finales de la semana, se sabía que en el zoo no sólo habían muerto tigres, sino también leones, monos, camellos, avestruces... Todos de hambre, porque el zoo por lo visto estaba en unas condiciones financieras penosas.
Finalmente, ayer, lunes, en otro capítulo de este drama faunístico que a saber dónde terminará, un diario chino aseguraba que los animales habían muerto porque los cuidadores del zoo, que llevaban 18 meses sin recibir sueldos, habían decidido dejar de ocuparse de ellos a modo de protesta. Una nueva y bastante innoble versión de las huelgas de hambre que se están poniendo tan de moda en los últimos tiempos, y que ha tenido consecuencias bastante terribles para los animales de ese lugar.
La noticia ha llegado precisamente en el Año del Tigre, lo que confirma la existencia de una suerte de "maldición del horóscopo chino", que dicta que en cada año del calendario lunar oriental su animal protagonista las pasa canutas (esto está más que demostrado en este post).
El caso también ha abierto en China un debate en torno a los zoos, al cuestionarse si en ellos se cuida bien a los animales, y si es necesario tener tantos parques con animales encerrados en el país, donde cada capital provincial suele tener uno (y a veces alguna reserva en las afueras). Son zoos en general bastante tristes, incluido el de Pekín, donde a los animales no se les ve muy contentos, y menos en invierno, cuando los visitantes disminuyen, los ingresos también, y el trigo para los tristes tigres todavía más.
Ya veis, en España estáis con el debate de las corridas de toros, en China con el de los zoos. En todas partes cuecen habas, menos en la cocina del zoo de Shenyang.
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