Adiós, Samalanqi
21 de Abril, 2010, 0:01
 Falleció hoy Juan Antonio Samaranch, el hombre que presidía el COI cuando China regresó al movimiento olímpico, en 1984, y cuando Pekín fue elegida en 2001 sede de los JJOO de 2008. Para los chinos, Samaranch -o Samalanqi, como ellos lo conocían- era sin duda alguna el español más popular, le tenían una veneración rayana en la locura, y en verdad le estaban muy agradecidos de que hubiera apostado tanto por China -al fin y al cabo, un país en desarrollo y aún no muy abierto al exterior- para acoger la cita olímpica, un evento tan complicado de organizar pero que ellos acercaron a la perfección.
Ha sido una curiosa y simbólica coincidencia que en el día en que Samaranch se marchó de este mundo China estuviera ya horas antes inmersa en un muy intenso día de luto oficial por las víctimas del terremoto de hace una semana en Qinghai. Los bares de Pekín estuvieron cerrados todo el día (creedme, lo exploré hace un momento en primera persona), la tele ofreció toda la jornada, sin descanso y en todos los canales, noticias sobre minutos de silencio y líderes comunistas cabizbajos, y hasta el cielo estuvo muy gris -incluso más que de costumbre- en la ciudad, incluso con una melancólica lluvia muy extraña para una capital tan seca cómo ésta. Casi se podría pensar que todo ello fue un casual homenaje para el español más querido por los chinos.
Más allá de las polémicas por la ideología política de Samaranch -Orfeo Suárez dice hoy en El Mundo que la cosa no era para tanto- y las salpicaduras que sufrió por el escándalo de Salt Lake City, seguro que muchos españoles nos acordaremos siempre de Samaranch por aquel "a la ville de Barcelona" que soltó en 1986, y que simbolizó mejor que ninguna otra cosa el gran cambio que vivía nuestro país. Os podéis imaginar, por tanto, lo que para los chinos significó que dijera el nombre de su capital 15 años después. En el olimpismo hay mucha política y mucho dinero de por medio, sí, pero también es cierto que en los estadios este genial movimiento creado por Coubertain -y por los griegos- casi siempre logra escaparse de esas angustias. Yo he tenido la suerte de disfrutarlo en los dos países en los que he vivido, seguramente gracias a los esfuerzos, no sé si egoístas o altruistas, de Samaranch. Xiexie Samalanqi xiansheng, descanse en paz.
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