No os tiréis, chicos iPhone
17 de Mayo, 2010, 0:01

Parece que este año hay una oleada de olas en China... A la ola de ataques en escuelas chinas, de la que ya se habló en el blog hace unos días, hay que añadir ahora otra extraña cadena de tristes acontecimientos, pero esta vez de suicidios -siete, más dos intentos fallidos, la mayoría tirándose por la ventana- en una conocida empresa en suelo chino, la taiwanesa Foxconn, que en sus fábricas de Shenzhen (junto a Hong Kong) fabrica el iPhone de Apple, la Wii de Nintendo, la PlayStation de Sony y otros iconos de nuestra era tecnológica. Foxconn, para poneros más en contexto, es la fábrica de la que salió aquella famosa chica iPhone, tan sonriente y dando una imagen de "obrera china feliz" que ahora parece contradecirse con los últimos sucesos.
Conviene aclarar que Foxconn es una empresa gigantesca, de 700.000 empleados en todo el mundo y que en Shenzhen da trabajo a 400.000 personas, por lo que los siete suicidios están incluso por debajo de la media de suicidios en toda China (unos 14 por 100.000 habitantes). Pero de todos modos es muy extraño que se estén dando todos en el mismo sitio, y por ello hasta la propia empresa está bastante preocupada. Foxconn está intentando todo para intentar atajar esta amarga ola, desde contratar a psicólogos para hacer terapias de grupo con los trabajadores hasta consultar a monjes budistas para llevar a cabo rituales que ahuyenten los espíritus de los que se han quitado la vida. También ha puesto en marcha un teléfono de la esperanza interno, el 785785, que leído en chino (qi ba wu qi ba wu) suena de forma similar a la frase "¡ayúdame, ayúdame!" (qing bang wo, qing bang wo!).
Estos incidentes, por otro lado, han abierto entre la opinión pública china un debate interesante: el de las condiciones de trabajo en las fábricas del país, las que producen día y noche para el resto del mundo, y si éstas condiciones siguen siendo válidas para los tiempos actuales, para la nueva generación de jóvenes chinos que se incorpora al mercado laboral. Este debate surge por la coincidencia de que todos los suicidas en Foxconn eran muy jóvenes (de entre 18 y 23 años) y todos llevaban muy poco tiempo en la empresa, menos de un año, por lo que estaban aún en el periodo de adaptación a la dura vida de currante.
Foxconn tiene en Shenzhen dos grandes complejos industriales, uno de 300.000 personas y otro de 100.000, apodados por algunos "ciudades prohibidas de la tecnología". Sitios a los que prácticamente sólo los trabajadores de la empresa pueden entrar, y donde pasan su vida, trabajando y descansando en dormitorios comunales. Las condiciones de trabajo no deben ser las de una galera romana con látigos, pero es de suponer que sean duras, más que en Occidente. A los trabajadores se les presionará para que hagan el trabajo lo más rápido posible. Los sueldos serán bajos. No se les permitirá tener mucho ocio en oficinas y talleres, quizá ni siquiera hablar entre ellos durante la jornada laboral. Los dormitorios deben ser bastante impersonales, y el tiempo de descanso será menor que en las factorías del primer mundo. Los trabajadores deben llegar cansados a sus habitaciones, sin ganas de hablar entre ellos, y no debe de haber muchos entretenimientos en esos bloques de caja de cerillas (me lo estoy imaginando casi en plan Blade Runner, pero seguro que no voy mal encaminado).
Eso sí, tienen canchas de baloncesto. Estas condiciones de trabajo, o peores, han sido las que han regido la industria de China durante 30 años, las que han levantado el país y lo han convertido en la tercera economía mundial. Los chinos que trabajaron en los 80, los 90 o la primera década del siglo acataron estas reglas, porque eran las que había, y porque probablemente para ellos eran una sustancial mejora después de haber aguantado de niños las hambrunas de los años 50 o el caos de los 60 y 70, con la Revolución Cultural. Para un español sería un trabajo de esclavo, para ellos era un paso adelante (ya se reflexionó sobre esto en aquel post en el que se comentaba el cierre de talleres "esclavistas" de chinos en Cataluña).
La novedad llega ahora, cuando empiezan a entrar a trabajar en las fábricas chinas jóvenes nacidos en condiciones económicas y sociales mucho mejores que las de sus padres y hermanos mayores, ya bien entrados en el "milagro económico chino". Son la generación nacida desde finales de los 80 y principios de los 90. Mucho más mimados (por haber más dinero y porque muchos son hijos únicos, debido a la política demográfica china), con más comodidades en casa (televisión, DVD, ordenador...) y una vida que generaciones anteriores no disfrutaron de niños, similar a los de países desarrollados, por lo menos para aquellos chinos que viven en ciudades. Ya no sólo piensan en trabajar y prosperar como sus padres, también quieren divertirse y disfrutar, y las fábricas chinas no deben ser muy divertidas.
La sociedad china ha cambiado a una velocidad que en otros lugares nos es complicado imaginar, la diferencia entre la infancia de estos chicos y las de los chinos que ahora tienen 30 o 40 años es abismal, casi como la que habría entre un español nacido en 1920 y otro nacido en 1990. La sociedad china ha cambiado... pero las fábricas no, o al menos no tan rápido, y cuando estos nuevos jóvenes, los llamados "pequeños emperadores", llegan a estas factorías, algunos deben sufrir un duro impacto en la "dura realidad" que puede, según algunos opinadores chinos, haber sido uno de los factores causantes de estos suicidios.
Aunque haya comenzado con trágicos incidentes, el hecho de que se haya generado este debate puede ser positivo, en el sentido de que puede comenzar a cambiar la forma de ver a los trabajadores chinos, e intentar cuidarlos un poco más. Actualmente, la mano de obra en un país tan superpoblado es tan barata que las atenciones del empleador son mínimas, y más teniendo en cuenta, como he mencionado, que hasta ahora muchos de los trabajadores ya las consideraban mejores a lo que habían vivido antes. Quizá si se introducen variables como la salud mental de los trabajadores, esto obligue a ajustes necesarios para que China siga creciendo y mejorando.
Llegan generaciones con otras ópticas, quizá más exigentes. Veremos si esto cambia un poco las cosas, aunque en China las cosas van muuuuuuuuy despacio. Y esperemos que nadie se tire más desde los bloques de dormitorios de Foxconn: siempre, siempre, hay otras alternativas.
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