La Península Coreana, esa protuberancia que China tiene a su noreste, está más tensa que Marco en el Día de la Madre, desde que en marzo un barco surcoreano de guerra se hundiera en aguas fronterizas con Corea del Norte, causando la muerte de 46 personas.
Seúl ha tardado su tiempo en investigar el suceso, pero al final ha determinado que la culpa de la tragedia la tuvo un torpedor de Corea del Norte, por lo que pidió a sus eternos antagonistas que se disculparan. Corea del Norte, gallito como siempre, no sólo no se ha disculpado sino que ha elevado el tono de sus soflamas La crisis ya casi bélica pinta muy fea, no parece que vaya a ser fácil de resolver, e incluso podría acabar en una segunda guerra entre las dos Coreas, una guerra en la que en la opinión de muchos Corea del Norte no duraría demasiado, pese a tener el doble de soldados que Corea del Sur (es el cuarto ejército más numeroso del mundo, sólo detrás de China, EEUU y la India). Estados Unidos ha prometido apoyar a Corea del Sur en lo que haga falta, igual que hizo en 1950, y no creo que Corea del Norte tenga una tecnología militar lo suficientemente avanzada para hacer frente a eso (ni siquiera creo que los soldados norcoreanos coman tres veces al día).
Lo único que podría nivelar la balanza para Corea del Norte sería que sus aliados ideológicos de toda la vida, los chinos, les apoyaran (de hecho son los que consiguieron que la guerra de 1950-53 acabara en tablas, mandando un millón de soldados a su vecino). No podemos saber qué piensa el Gobierno norcoreano -si es que piensa algo-, pero tal vez los años de continua provocación a Corea del Sur, a Japón y a EEUU se basan simplemente en su secreta esperanza en que China les apoye al final, por los buenos viejos tiempos.
Y China, en efecto, se está mostrando muy comedida en la crisis, neutral pero con una neutralidad que al lado de las condenas internacionales casi parece apoyo a Pyongyang. Sigue calificando a día de hoy el hundimiento del barco surcoreano como "trágico accidente", sin atreverse a llamarlo "ataque" o "agresión". No acepta las conclusiones de la investigación surcoreana, asegura que quiere oír a las dos partes -aunque Corea del Norte lo más que emite son bravatas e insultos al estilo Team America- y recomienda a ambas partes "diálogo y negociación" con la misma pasión, ajena al concepto "palabras gastadas", con la que lo lleva diciendo desde hace 10 años.
No obstante, en cierto modo se entiende la prudencia, casi el miedo, que China tiene ante esta crisis, en la que tiene mucho que perder y poco por ganar. El peligro que encierra este conflicto para China se nota, por ejemplo, en el hecho de que los medios estadounidenses estos días están casi más enfocados en analizar lo que está haciendo China en la crisis que en las maniobras de las dos Coreas. Porque intuyen que todo paso que dé Pekín le va a perjudicar...
En realidad, el Gobierno chino está igual de harto de Corea del Norte que el resto de la comunidad internacional. Es un régimen, el norcoreano, que vive en estado de guerra desde hace 60 años, y que, encerrado en sí mismo y con escasos contactos con la diplomacia exterior, piensa que el mundo todavía está en la Guerra Fría. No entiende de diplomacia, de realpolitik o de pragmatismo, ella avanza sin mirar atrás y sin considerar las consecuencias. A veces es de admirar sus huevazos -mientras el infame Bush bombardeaba Irak para buscar armas de destrucción masiva, Corea del Norte decía públicamente que las tenía, cual torero citando al toro-, pero lo cierto es que este actor internacional tan errático y anarca da cada día más miedo.
Es el miedo creo yo, y no la presunta amistad de hermano comunista, el que tiene paralizado actualmente a China. No debe olvidarse que mientras EEUU está a miles de kilómetros de distancia geográfica de Pyongyang, China es vecino físico de los norcoreanos, es decir, está a tiro de sus misiles y sus supuestas bombas atómicas (aunque creo yo que las bombas atómicas norcoreanas son un farol de Kim). La comunidad internacional se imagina que Corea del Norte tiene una tecnología rudimentaria, lo que implica, es un suponer, que a lo mejor un misil norcoreano supuestamente dirigido a sus enemigos de Corea del Sur se puede desviar a China. A China no le hace demasiada gracia la posibilidad de que una de sus ciudades quede reducida a kimchi.
 Esta vecindad también hace que China se piense mucho la posibilidad de apoyar a la comunidad internacional en sanciones o incluso acciones militares contra Corea del Norte. Por supuesto, pesa el tema ideológico -si aprueba la legitimidad de un ataque a un régimen comunista, tira piedras contra su propio tejado- pero también el hecho de que si Corea del Norte se comienza a defender como un jabalí herido contra la "santa alianza internacional", puede empezar a tirar petardos contra todo lo que entre en el radio de sus misiles, no sólo Seúl sino quizá Tokio, o Pekín (espera... ¡¡¡yo estoy en Pekín!!!). China no está tan bien resguardada como EEUU, que casi no tiene vecinos, de hecho China es uno de los países con más vecinos del mundo, de ahí su mayor cuidado en muchos asuntos internacionales.
Dejando a China aparte, es interesante -de hecho más interesante, pero en los grandes problemas mundiales últimamente la prensa se obsesiona demasiado con la posición de China y EEUU- ver si a Corea del Sur le interesa iniciar una guerra que, básicamente, tiene ganada antes de empezar. Apoyada por los bombarderos matabodas estadounidenses, hasta podría conseguir una victoria rápida y sin víctimas civiles. La soñada reunificación, familias que se vuelven a ver tras 60 años de separación... Pero, ¿le conviene?
Las dos Coreas deben ser los países fronterizos del mundo con una mayor diferencia de riqueza (el PIB surcoreano es el decimoquinto del mundo, de Corea del Norte se sabe muy poco pero algunos lo colocan en el puesto 88). La reunificación y atender a una Corea del Norte destrozada y paupérrima supondría un esfuerzo económico para Seúl bastante mayor que el que a la República Federal Alemana le supuso recuperar la República Democrática Alemana, y esto en el pragmático mundo oriental cuenta más que los sentimientos fraternales. Corea del Sur es uno de los países asiáticos más afectados por la crisis mundial, y el won, como el euro, está por los suelos. Muchos estarán pensando -en China, en Corea del Sur, en Corea del Norte- "madrecita, que me quede como estoy".
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