 Estos días estamos disfrutando de un gran ambiente nocturno en Pekín, gracias a los Mundiales, en zonas como la clásica Sanlitun, la calle de bares pequinesa por antoniomasia. Muchos bares y restaurantes, hasta las modestas tascas de pinchos morunos, han puesto televisiones en las terrazas para que la gente vea los partidos, ponga a parir las vuvuzelas y los Jabulanis -pese a que sean made in China- y coma cangrejos de río, la tapita esencial de las noches veraniegas en este lugar.
Sin embargo, no siempre se puede disfrutar con plenitud de este ambiente, porque con bastante facilidad durante los calores estivales, y yo diría que cada vez con más frecuencia e intensidad, se puede uno encontrar con las consabidas peleas de borrachos, que en Pekín están empezando a pasar ya de lo meramente anecdótico a lo directamente peligroso.
La última vez que salí en condiciones por Sanlitun, hace ya cosa de tres semanas, me encontré con una escena dantesca de ese tipo. Acabó con un extranjero, sangrando por la cabeza, y portando en brazos, en plan estatua de la Piedad, a una china con la cara cubierta de sangre e inconsciente. Desde aquella tremebunda imagen, que tardaré un tiempo de quitarme de la mente, reconozco que apenas he salido por los bares pequineses. Se me han quitado las ganas, aunque también hay que decir que los Mundiales han influido un poco en mi apatía.
No obstante, en estos días no he dejado de oír desde entonces relatos de gente que se ha encontrado con escenas similares: salvajes que se pegan a sillazos, con botellas, navajas... ¿Está pasando algo extraño en Sanlitun? ¿Será la crisis? ¿Será el alcohol, las drogas, todo junto?
Algunos rumores dicen que hay ciertos bares, como el Butterfly -un garito pequeño en la zona de más densidad de población de la noche pequinesa- en los que debe haber una especie de guerra de bandas, o ajustes de cuentas continuos. Algunas peleas pueden por ello simplemente ser continuación de otras de días anteriores, en represalia. Raro es entrar en ese bar y no ver alguno furibundo...
Otra razón puede estribar en que simplemente, con la llegada del verano, la zona de bares de Pekín este año se ha vuelto tan popular -creo que más que otros años- que sencillamente no cabemos, y la gente no deja de empujarse mutuamente por hallar espacio vital (de forma similar a lo que ocurre en el metro de Pekín, aunque hace tiempo que no subo a ese cacharro precisamente para librarme de esos empujones). Esos empujones, con unas copas de más, pueden ser la mecha que enciende batallas campales con cientos de implicados. Es una mera cuestión animal, de gente con unas copas de más disputándose un lugar en un sitio abarrotado. De hecho, el único conato de pelea que yo he tenido en Sanlitun, y en el que acabé magullado por un bolsazo de una chica -menos mal que no fue una silla o una botella- se produjo por un simple empujón, aunque de eso hace ya casi un año.
Además de la creciente violencia de estas peleas, otro tema que creo que debería empezar a preocupar es la habitual tendencia a que se formen en estas grescas dos bandos claramente diferenciados: uno de chinos y otro de extranjeros. Hay gente con ganas de pelea que cuando ve una bronca, se pone del lado de la persona que físicamente más se parece a él, aunque no lo conozca de nada. Algo que me parece totalmente primitivo, porque en ambas civilizaciones hay imbéciles, y nunca puedes estar seguro de estar apoyando a uno de ellos sin saberlo (si está peleándose, tienes bastantes cartas para que así sea). Subyace en estas peleas "étnicas" esa desconfianza a la otra cultura que permanece entre China y el exterior, exagerada y basada en el desconocimiento, porque en realidad no somos tan diferentes. No va a ser fácil convencer a muchos...
Lo curioso es que la zona donde más peleas de este tipo está habiendo, la que he mencionado antes en torno al bar Butterfly (y el Shooters, y el mítico Kai, donde está tomada la tremenda pelea del inicio) es precisamente la de Sanlitun que más cerca se encuentra de la comisaría del barrio. Los policías deben considerar que ver gente dándose silletazos es un sano deporte o un magnífico intercambio de culturas, porque nunca los he visto ir al lugar a poner paz... Bueno, el otro día vi a un policía patrullando cerca con un pastor alemán del tamaño de una vaca, espero que sirva de algo más que de modelo para fotos.
En resumen: no sé si son imaginaciones mías, pero la zona de bares de Pekín, especialmente con la llegada del calor esta temporada, se ha convertido en un lugar un poco inhóspito y con mal feng shui. Es una pena, porque no hace mucho contaba aquí que la barriada se había convertido en un lugar más paseable y menos lumpen que en los primeros años de mi estancia en Pekín. En fin, esperemos que todo sea una mala racha y la sangre no llegue al río Amarillo.
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