chinochano
            El mundo chino al alcance de tu chano


Inicio


En toda la web
En Chinochano

Chinochanadas
en Feisbuk
y en Twitter




Estos posts
te pueden servir
Estudiar mandarín en China 

Encontrar trabajo en China 

Hacer negocios en China 

Buscar piso
en China
 

Encontrar hispanos en China 

Tu nombre
en chino
 

Preparar el viaje
a China
 

Clima en China 

Llamar por teléfono desde China 

Ver TV china
en español
 

Libros sobre China 

Las mejores pelis chinas 

Chino mandarín
en tu ordenador
 

Hoteles en Pekín 

Restaurantes
en Pekín
 

Bares en Pekín 


Y si quieres ahondar
en un tema, aquí tienes posts sobre...
01. Música china
o sobre China


02. Cine y TV
en China


03. Arte y literatura de China

04. Historia
de China


05. Idioma chino

06. Comer y beber en China

07. Viajes por China y alrededores

08. Política y actualidad en China

09. Vida cotidiana en China

10. Nombres y apellidos chinos

11. Pekín,
esa ciudad


12. Shanghai,
esa ciudad


13. Hong Kong y Cantón, esas ciudades

14. Tíbet y Xinjiang

15. Taiwán

16. India, el otro gigante asiático

17. Japón y Corea

18. Sureste asiático

19. Fútbol chino

20. Otros deportes en China

21. Bellezas chinas

22. Amor y sexo
en China


23. China en mapas

24. Juegos
para los lectores


25. Consultorio
para los lectores


26. Asuntos personales

27. Cosas inclasificables

 


Pierda peso en un año, pregúnteme cómo

16 de Septiembre, 2010, 0:01


Hace cosa de un año decidí cuidar un poco más mi peso, especialmente después de llegar a la cifra mágica de los ¡cien kilos! y comenzar a sentir que el sobrepeso estaba haciendo mella en mi salud. La vida sedentaria, el bajo precio de las cervezas Qingdao y el exceso de comida en los restaurantes chinos -deliciosa pero no demasiado sana a largo plazo-, tras
bastantes años de dejadez, estaban comenzando a pasar factura cuando todavía no tocaba sentirse mayor.

Para adelgazar, no hay secretos, la única manera es hacer dieta y ejercicio, y las dos cosas juntas porque sólo una no basta. Sin embargo, decidí usar una ayuda suplementaria aprovechando que vivo en China: la medicina tradicional, y más concretamente los masajes terapéuticos, ya que hay algunos expresamente ideados para ayudar a perder peso.

Primero me apunté a una clínica de medicina china cercana a mi casa, en la que me sometí a una treintena de sesiones masajeadoras en las que un médico, armado nada más que con sus pulgares, ejercía fuerte presión sobre ciertos puntos clave de mi cuerpo, los mismos que se usan en la acupuntura: el centro de la barriga, las zonas del pulso en la cabeza, el esternón, las vértebras, las muñecas, etc. Los primeros días, esas presiones me dejaban moratones especialmente en la tripa, a la que nunca creí capaz de aguantar tanto sobo, pero con el tiempo me fui acostumbrando.

Yo me dejé hacer sin comprender al principio demasiado bien cuál era el objetivo concreto de esos masajes, aunque por lo que fui entendiendo a lo largo de los días, la función de éstos era hacer que mis toxinas salieran del cuerpo sudando o visitando al señor Roca (sé que funcionaron porque esos días, en efecto, visitaba el baño con la misma frecuencia que un José Coronado atiborrado de Bios de Danone).

Las sesiones de masajes estaban además muy animadas porque, además del médico masajista, había en la consulta una enfermera muy salada que me daba mucha conversación y casi estableció una relación maternofilial conmigo, porque cada día traía bollos y chucherías varias y al final del masaje, como premio por no haberme quejado mucho, me daba un bollo de maíz y un paquete de esas verduras agrias con vinagre que sólo pueden gustar al muy curtido en China (a mí me encantan). El hecho de que en una consulta de adelgazar me dieran de comer me parecía muy divertido, así que me tomaba el desayuno muy a gusto.

Pero los desayunos clínicos terminaron pronto, porque un día la enfermera dejó de ir a trabajar. La chica, sin avisar a nadie del trabajo, se había casado y se había tomado las semanas libres que por ley se da a los recién matrimoniados, no sé exactamente cuántas. Me despedí para siempre de los bollos de maíz...

Un día decidí probar allí una sesión de acupuntura -me dijeron que ayudaba al tratamiento adelgazante- en la que me clavaron unas 30 agujas por brazos, tripa y piernas. Los pinchazos al meter las agujas, que era lo que más aprensión inicial me daba, no fueron para tanto, pero el horror vino después, cuando el médico tocaba las agujas clavadas en el cuerpo, una a una, y las meneaba un poco, haciendo que dolorosos calambres atravesaran todo mi sistema nervioso y me pincharan especialmente en los lugares donde tenía cada aguja. Nunca hasta entonces había sentido un dolor agudo que afectara a todo mi cuerpo, ahora ya sé lo que es eso. Si hubiera estado en una comisaría habría confesado hasta el asesinato de Lincoln.

Volví a los masajes, por tanto, y la cosa fue bien, pero al final dejé de hacérmelos porque un día me subieron no se sabe por qué el precio de cada sesión, me puse a regatear con ellos, aquello acabó pareciendo el Mercado de la Seda en hora punta y me sentó un poco mal que pese a haber ido tantos días intentaran sacar más tajada (una sensación que, desgraciadamente, se repite con frecuencia en China: la fidelidad de la clientela no suele premiarse, sino todo lo contrario).

Me marché de esa clínica, pero me había aficionado a los masajes, así que decidí ir a otro lugar a hacerlos, en esta ocasión cerca de mi oficina. Allí los masajes eran en principio similares, usando presión en los dedos, pero combinados con moxibustión (ventosas de cristal sobre las que se aplicaba calor con una llama en el interior) y una especie de pequeña aplanadora vibrante que el masajista, un señor de 50 años muy profesional, me ponía sobre la espalda durante ratos y ratos. Éste no me daba de desayunar, más teniendo en cuenta que allí iba por las tardes, y en cambio me echaba unas broncas tremendas si había comido o bebido más de la cuenta en el día anterior, me prohibía cenar después de las 5 y media de la tarde, y me aconsejaba unas simples flexiones cada mañana y noche para ayudar en el plan de adelgazamiento.

Lo de las ventosas era un poco molesto, no sólo por la ligera quemadura que causaban en la piel sino porque ésta se prolongaba unos 20 minutos y no se podía hacer sino aguantar, ya que la ventosa tenía que seguir allí cumpliendo su función. Después, mi espalda y barriga quedaban decoradas con circulos rojos, parecía el maillot de la montaña del Tour pero sin tela.


Este verano, al comentar en España lo de mis sesiones de moxibustión, más de uno me comentó que en los pueblos los abuelos antes hacían cosas muy parecidas para curarse de los achaques, no sé si por influencia oriental o por casualidades de la vida a ambos lados de Eurasia.

El efecto de la moxibustión y los masajes que la acompañaban era diferente a los de la primera clínica, ya que esta vez lo que provocó en mi organismo fue que desprendiera mucho calor en las horas posteriores a las sesiones. Imagino que ese calor es la grasa, o las toxinas, que en vez de irse como sudor o como otros desechos orgánicos, se largaban en forma de energía. Por imaginar algo...

Durante todas esas semanas de masajes, tampoco es que perdiera muchos kilos, pero en el cómputo general del último año llevo 19 menos, ahora peso 81, así que estoy relativamente contento. A ver si pierdo 10 más y recupero el peso que tenía en la más tierna juventud, aunque lo ideal, siendo como soy no muy alto, es que llegara incluso más allá, hasta los 65 o los 60.

Veremos si con gimnasio y dietas basta, o hay que volver a recurrir a los masajes. Aunque sea para volver a encontrarme con la enfermera que me daba de desayunar...

Enlace Permanente

Por ahora hay 15 comentarios





Este blog -sorpresas te da la vida- recibió el premio Blasillo de Huesca 2006 al ingenio español en Internet

Y como no hay uno sin dos, fue galardonado poco después con el Premio 20 Blogs 2006 al mejor blog expatriado

Y agárrate bien a la silla, porque más de un lustro después, llegó el Premio BOBs 2012 al mejor blog en español




Archivos
Diciembre 2016 
Noviembre 2016 
Octubre 2016 
Septiembre 2016 
Agosto 2016 
Julio 2016 
Junio 2016 
Mayo 2016 
Abril 2016 
Marzo 2016 
Febrero 2016 
Enero 2016 
Diciembre 2015 
Noviembre 2015 
Octubre 2015 
Septiembre 2015 
Agosto 2015 
Julio 2015 
Junio 2015 
Mayo 2015 
Abril 2015 
Marzo 2015 
Febrero 2015 
Enero 2015 
Diciembre 2014 
Noviembre 2014 
Octubre 2014 
Septiembre 2014 
Agosto 2014 
Julio 2014 
Junio 2014 
Mayo 2014 
Abril 2014 
Marzo 2014 
Febrero 2014 
Enero 2014 
Diciembre 2013 
Noviembre 2013 
Octubre 2013 
Septiembre 2013 
Agosto 2013 
Julio 2013 
Junio 2013 
Mayo 2013 
Abril 2013 
Marzo 2013 
Febrero 2013 
Enero 2013 
Diciembre 2012 
Noviembre 2012 
Octubre 2012 
Septiembre 2012 
Agosto 2012 
Julio 2012 
Junio 2012 
Mayo 2012 
Abril 2012 
Marzo 2012 
Febrero 2012 
Enero 2012 
Diciembre 2011 
Noviembre 2011 
Octubre 2011 
Septiembre 2011 
Agosto 2011 
Julio 2011 
Junio 2011 
Mayo 2011 
Abril 2011 
Marzo 2011 
Febrero 2011 
Enero 2011 
Diciembre 2010 
Noviembre 2010 
Octubre 2010 
Septiembre 2010 
Agosto 2010 
Julio 2010 
Junio 2010 
Mayo 2010 
Abril 2010 
Marzo 2010 
Febrero 2010 
Enero 2010 
Diciembre 2009 
Noviembre 2009 
Octubre 2009 
Septiembre 2009 
Agosto 2009 
Julio 2009 
Junio 2009 
Mayo 2009 
Abril 2009 
Marzo 2009 
Febrero 2009 
Enero 2009 
Diciembre 2008 
Noviembre 2008 
Octubre 2008 
Septiembre 2008 
Agosto 2008 
Julio 2008 
Junio 2008 
Mayo 2008 
Abril 2008 
Marzo 2008 
Febrero 2008 
Enero 2008 
Diciembre 2007 
Noviembre 2007 
Octubre 2007 
Septiembre 2007 
Agosto 2007 
Julio 2007 
Junio 2007 
Mayo 2007 
Abril 2007 
Marzo 2007 
Febrero 2007 
Enero 2007 
Diciembre 2006 
Noviembre 2006 
Octubre 2006 
Septiembre 2006 
Agosto 2006 
Julio 2006 
Junio 2006 
Mayo 2006 
Abril 2006 
Marzo 2006 
Febrero 2006 
Enero 2006 
Diciembre 2005 
Noviembre 2005 
Sicilia 1947 

 

Blog alojado en ZoomBlog.com

Creative Commons License
Los textos de este blog están bajo una licencia de Creative Commons.

Si eres el autor de alguna de las fotos colocadas en el blog
y no deseas que sea usada aquí,
notifícamelo y la retiraré