Este peluchín que veis aquí es mi perra Once, el primer animal que tengo realmente a mi cargo en la vida (al jilguero de mi infancia que duró dos semanas y a los peces que duraron tres, mejor no les tenemos en cuenta), Llegó a mi casa de forma casi fortuita hace cosa de un mes, y aquí se ha quedado, a mis pies en el momento en que escribo estas líneas. Nunca había tenido un perro, pero la verdad es que enseguida me he acostumbrado a cuidarla, a sacarla a pasear -un momento muy divertido del día, además- y a hacerle mimos, algo que la verdad no es muy complicado porque, como veis, es todo un primor.
El nombre de Once se lo endosó una amiga china que ignora que le puso nombre de organización de ciegos. Bautizándola así, mi amiga mostró una vez más ese amor que los chinos tienen por usar los números en el lenguaje, aunque de eso ya hablaremos en otra ocasión menos canina.
No creo que tener perro aquí sea muy diferente de tenerlo en otro lugar del mundo, aunque quizá hay que decir que la estructura urbana de Pekín es muy cómoda para tener estos animales incluso aunque no vivas en una casa ajardinada, cosa que sólo se pueden permitir los ricos del extrarradio. Como ya conté en su día, Pekín está dividida en miles de "xiaoqu", zonas residenciales de varios bloques que forman una especie de barrio interior, y que suelen tener un jardín interno bastante cerrado a la calle. Ese jardín es ideal para pasear perros, por lo que el de mi xiaoqu, por ejemplo, está lleno de perrillos con los que Once juega feliz y contenta. También hay que decir que el jardín está monopolizado por las cacas y pises de los perros, por lo que es básicamente un terreno para ellos, y no, por ejemplo, para que jueguen los niños, que apenas se ven.
Debido a esta estructura, son muchas, muchísimas las casas que tienen perro en mi xiaoqu, por lo que la llegada de Once a mi casa ha sido en parte un gran paso en mi integración en el vecindario. Durante los dos años que he estado aquí, la gente apenas me hablaba, y a mí no me importaba, porque la verdad es que soy bastante pasota con los extraños sea cual sea su nacionalidad... Pero con la llegada de Once, que se ha convertido en la perra más popular del xiaoqu, la cosa ha cambiado mucho, y todo el mundo me pregunta de qué raza es, cuántos meses tiene, cómo la cuido, etc... Es increíble la afición que los chinos tienen por los perros, seguramente si se enteraran de que en países como España hay mucha gente que cree que todos ellos comen perro alucinarían pepinos...Bueno, a lo que iba, que tener perro es un gran método de integración en la difícil China, casi mejor que el ping pong. Eso sí, los días que salgo sin Once, vuelvo a ser un guiri anónimo más...
 Once, por su parte, a pesar de tener siempre cara tristona está encantada de la vida por estar en una auténtica perrera llena de colegas con quienes jugar, colegas que además tienen casi todos su tamaño, porque en ciudades como Pekín, está casi prohibido tener perros grandes (bueno, prohibido del todo no está, porque hay un labrador en mi xiaoqu que prácticamente lleva a su dueña a rastras por la hierba de enorme que es). También creo que hay ciudades de China donde está prohibido tener más de un perro por familia, una especie de versión perruna de la "política del hijo único". Ah, por cierto, ojo a los que queráis venir de España u otro país a China con vuestro perro, porque lo tendréis que dejar 40 días en el aeropuerto en cuarentena... (Y pagar a los operarios de allí por la comida y los días de cuidado).
Una de las cosas que a mí más miedo me da de los perros en China es el tema de la rabia, porque las estadísticas dicen que es la enfermedad contagiosa que más gente mata al año en el país, algo curioso teniendo en cuenta que en países como España está prácticamente erradicada. Es por ello que la primera de las muchas veces que Once me mordió -jugando, sí, pero bien que me hincó el diente- fui a vacunarme contra el bacilo de Koch, por si acaso.
Si os interesa, y si alguna vez os muerde un can, os diré que en Pekín al parecer sólo hay un lugar que puede vacunar a la gente de la rabia, un hospital contra enfermedades infecciosas que está justo al lado del mercado de Panjiayuan. Ningún otro hospital pequinés te pone esas vacunas, algo que me resulta algo raro teniendo en cuenta lo extendida que está la rabia, pero en fin, ellos sabrán lo que se hacen.
Hay que vacunarse cinco veces, y como en China la sanidad es de pago, hay varios precios según la vacuna que te quieras poner, y los médicos te intentan vender la más cara. Conmigo no hubo regateos y me compré esa, de 100 yuanes por dosis, convencido con el argumento de que con ella podría beber alcohol y no me daría efectos secundarios (tampoco es que sea un alcohólico, pero nunca se sabe). Llevo cuatro dosis y ya cuento los días para la última, porque la verdad es que Panjiayuan está algo apartado del mundo civilizado y me da mucha pereza cada vez que tengo que ir allá.
Para terminar, os contaré la verdadera razón de que haya puesto este post: es que todo el mundo, como decía antes, me pregunta de qué raza es Once, y yo sólo conozco a los chihuahuas y a los sanbernardos, tipos en los que creo que mi perrita no puede ser incluida. ¿Alguien me puede echar una pata?

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