
Hoy se ha concedido el premio Nobel de la Paz a la silla vacía que representaba al disidente chino encarcelado Liu Xiaobo, en un bello y emotivo acto celebrado en Oslo, donde ni siquiera ha faltado la canción china por excelencia, Molihua (tocada por un violinista chinoamericano). Destacar la mano izquierda y los elogios al Gobierno chino que en el discurso ha lanzado el presidente del Comité Nobel Noruego, al que se le ha visto bastante abierto con China. En todo el caso, el tiempo nos dirá si este galardón ha sido un acierto y ayudará a que China cambie, o ha sido un "error" (no me refiero a un error ético, sino a un error estratégico) y encerrará más al régimen.
Todo puede dar muchas vueltas, aunque, de momento, pasados dos meses apenas desde que el premio se anunciara, estamos más cerca, desgraciadamente, de la segunda de estas dos posibilidades. La persecución a los disidentes ha aumentado, China ha elevado su retórica contra Occidente, y lo que es peor, se ha erigido en esta semana, de repente y sin precedentes anteriores, como "la voz de los países en desarrollo", logrando que una veintena de naciones de África, Asia y Latinoamérica boicotearan la ceremonia y asegurando que ésta sólo representa a las naciones ricas. ¿Estamos ante el germen de un nuevo mundo dividido en bloques?
Poco que añadir hoy a lo que opiné hace dos meses sobre el galardonado. Liu se merece el Nobel, y de hoy diré que el discurso que ha "pronunciado" (en realidad lo ha leído una directora noruega, de bella voz pero enervante ritmo sincopado) es de una belleza sinigual, especialmente cuando se dirigía a su mujer, Liu Xia, y hablaba de su vida en la prisión y la amabilidad de los carceleros o la música que les ponen a los presos para ir a comer. Liu es una persona buena y valiente, cuyo único "pecado" ha sido el de ser inmensamente idealista en el imperio del pragmatismo, en China.
Liu lo merece, sí, pero de momento, lo que probablemente ha conseguido el galardón es frenar a los que piensan como él, y no sólo eso, sino también a las llamadas a la reforma política que en los últimos meses lideraba desde dentro del régimen comunista gente como el primer ministro, Wen Jiabao. El primer ministro dijo en los últimos meses, en varias ocasiones, que había que emprender reformas políticas, incluso en una entrevista para la CNN, concedida apenas unos días antes de que se anunciara el Nobel a Liu. Aunque esas promesas de democratización son algo que Wen dice otros años y suelen ser pura retórica para agradar a la prensa extranjera, lo cierto es que esta vez los medios chinos y foráneos se habían hecho ilusiones, y llegaron a hablar de que China se acercaba a su tercera gran reforma, la política, después de la ideológica de Mao (que trajo el comunismo) y la económica de Deng Xiaoping, que trajo el desarrollo. Se mencionó esto en los medios, pero llegó el Nobel, y estos chispazos reformistas se apagaron instantáneamente, si es que alguna vez llegaron a estar encendidos. Según dicen, el régimen comunista ha vuelto a ser controlado por las fuerzas más conservadoras, en lugar de las reformistas, con la excusa del "ataque exterior" que los comunistas interpretan es el Nobel.
Quizá esto se hubiera podido evitar, dicen algunos, si el premio se hubiera concedido a representantes de los dos bandos, el comunista y el disidente. Un galardón ex aequo, quizá, a Liu Xiaobo y a Wen Jiabao, quien, no olvidemos, se reunió con los estudiantes de Tiananmen en 1989, junto al más tarde defenestrado Zhao Ziyang. O, si el primer ministro es visto con recelo al representar la cúpula de una dictadura, quizá un Nobel compartido por Liu y por el hijo de Deng Xiaoping, Deng Pufang, también víctima del comunismo (quedó paralítico por el ataque de los Guardias Rojos en la Revolución Cultural) pero miembro del establishment en el poder hoy en día, sin ser exactamente parte de éste. La idea puede parecer peregrina, pero que conste que no la digo yo, la dice Wikileaks...
No hubiera sido la primera vez que se intentara tener contentos a dos bandos enfrentados: ya se llevaron conjuntamente el Nobel el "pacifista" Kissinger y el vietnamita Le Duc Tho, el israelí Beguin y el egipcio Anuar el Sadat... Cierto es que en estos casos suele pasar que uno de los dos no acude a la ceremonia, pero por lo menos, el esfuerzo de quedar bien con todos está hecho.
Hay otra cosa en todo esto que me azora un poco, y es el hecho de que el Nobel a Liu se haya entregado, casualmente, el mismo año en que otro Nobel de la Paz que estuvo en cautiverio, la birmana Aung San Suu Kyi, haya sido puesta en libertad, el pasado mes de noviembre (el mes que ha habido entre el anuncio del Nobel a Liu, en octubre, y la concesión del galardón, ahora en diciembre). ¿Será quizá que el Comité necesita siempre que haya un premiado "cautivo" para que su prestigio sea alto? ¿Había que premiar a un encarcelado a toda costa para mantener ese status quo? Porque si es así, Liu Xiaobo estaría siendo usado -y perjudicado, pues sus posibilidades de que su a todas luces excesiva condena sea reducida probablemente se han reducido con el galardón- para mantener el prestigio de unos simples premios...
Espero que no sea así, y que en la lejana capital de un país de cinco millones de habitantes, con los mejores niveles de vida y rentas per cápita del mundo, no se haya decidido, por fama, jugar con los destinos de gentes de un país de 1.300 millones de personas, en difícil crecimiento social y económico y que, políticamente, anda aún en pañales. Como se dijo al principio, el tiempo dirá qué aciertos y qué "errores" hubo hoy con ese premio a una silla vacía de Oslo.
PD: Ah, y el año que viene, votemos por el Nobel a Julian Assange... ¿quizá, también, en una silla vacía?
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