 Aunque estoy de vacaciones sigo con estupor -como todos- las sorprendentes protestas que nadie nos esperábamos hace apenas un mes en todo el mundo árabe, especialmente en Túnez y ahora en Egipto, un país que visité hace apenas un año como turista.
No conozco Túnez, pero Egipto me dejó cierto mal sabor de boca, y por eso apenas escribí sobre él en este blog (aparte de porque es un lugar que queda algo alejado del mundo chino que se supone que hay que tratar aquí). Me encantó -más de lo que esperaba- la parte turística, los templos egipcios, las pirámides y demás, pero la parte no turística (las ciudades, las calles, lo poco que pude oler de su sociedad...) me decepcionó. Se veía mucha pobreza, mucha desorganización, un poco de amargura en la gente -al menos hacia el turista- y bastante caos en todos los sentidos. Antes de ir pensaba que El Cairo sería algo así como Estambul, ciudad que también visité en años recientes, pero de eso nada, su aspecto era muchísimo peor. No sé si esa mala imagen que me llevé tenga que ver con los problemas que ahora han estallado en ese país. A lo mejor sí...
Viviendo como vivo en China, es inevitable que piense, como me imagino que muchos pensarán, que a lo mejor un día pasa lo que está ocurriendo en el mundo árabe en el gigante asiático, quizá en un tiempo no tan lejano. Más grandes gigantes han caído (bueno, quizá no tan grandes como China), y en fin, es lo que tienen los países sin elecciones, o con elecciones de chichinabo: cuando la gente está muy cabreada, no queda otra que montarla en las calles. En todo caso, no será fácil, porque los chinos ya lo intentaron una vez, en 1989, y la cosa no salió bien entonces, cuando el Gobierno del país era menos fuerte que ahora.
Y de todos modos, aunque sé que para los periódicos y televisiones mola mucho que haya protestas de este tipo, la verdad, espero que cuando en China llegue el cambio, si llega, lo haga de manera sosa, al estilo transición española, sin muertos ni palos de la pasma. Será menos aparatoso, no habrá Nóbeles de la Paz (los líderes españoles de la transición, al no pegar tiros, no se llevaron ninguno los pobres) pero seguro que muchas familias de egipcios y tunecinos muertos en las protestas de estos días desearían que fuera así también allí.
Las protestas del mundo árabe nos enseñan que Occidente no sirve, pese a que él sueñe con ello, para propagar el sistema democrático que nació en Grecia y se hizo mayor en 1789. En los últimos años, las presiones se han dirigido a lugares como Irán, Corea del Norte o China, con gran pasión y hasta un Nobel para aderezar... y mira dónde ha explotado la cosa, en el olvidado Magreb, el patio trasero de Europa, al que Bruselas y Washington no sólo tenían olvidado, sino que además lamían la mano de sus dictadores con la excusa de que éstos detenían el integrismo religioso. Qué ridículo, una vez más, el de la vetusta Europa, y también de EEUU, que ahora se sube al carro de apoyar unas democracias a las que bien poco ha contribuido.
Por otro lado, las protestas nos enseñan que hay algo peor que una dictadura, y es una falsa democracia. Muchos países, fuera de Occidente, se disfrazan con urnas que no valen de nada, elecciones inútiles, que deberían ser igual de condenadas que los gobiernos de partido único. Países sin tradición política, ex colonias, que perpetuaron el régimen de los colonizadores, maquillado. Por eso es mejor que cada país desarrolle a su manera su sistema político, sin prisa pero sin pausa. No valen de nada regímenes hechos a la medida de los occidentales y para complacer al establishment internacional (seguramente tenemos ahora dos así en Irak y en Afganistán). Cada cultura que desarrolle sistemas buenos para sus pueblos y en los que sus pueblos estén contentos, y punto.
Volviendo a China... Si un día las cosas se ponen muy mal para la joven clase media urbana, podrían vivirse protestas como las de Túnez o Egipto, por supuesto. Pero para una cultura tan pragmática, esto no vendría por el tema de elecciones libres o medios de comunicación independientes (teniendo internet, ahora a los jóvenes chinos les importa bien poco lo que mienta el Diario del Pueblo). El descontento llegaría por el tema de los garbanzos: si, como los tunecinos, no encuentran trabajo, o ven que son los mismos los que se llevan los empleos...
De ahí que China, tanto Gobierno como ciudadanos, esté obsesionada por crecer. Sólo puede ir hacia delante porque un fallo en el motor podría hacer saltar toda la máquina. De momento la cosa parece bien engrasada económicamente, pero nunca se sabe, tampoco imaginábamos hace un mes que un verdulero tunecino iba a hacer que el pueblo del Magreb se levantara en armas.
PD: Me preguntó algún lector que cómo se viven estas protestas árabes en China... No lo sé, la verdad, porque estoy en Malasia desde hace dos semanas, pero creo que en algunas webs chinas hasta se ha prohibido buscar la palabra "Egipto", no os digo más. Los gobiernos no democráticos están aterrados con el poder de Internet. Por otro lado, supongo que a los chinos les hará mucho pensar la situación árabe, pero a mí personalmente lo que vi en Egipto no me pareció comparable a lo que veo en China, ni siquiera en ciudades fuera de Pekín o Shanghái. En todo caso, esperemos, que la cosa acaba de comenzar y a lo mejor todavía queda mucho por ver.
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