En el episodio anterior mostré algunas imágenes de los pintorescos pueblos de la comarca cantonesa de Kaiping. Pero me dejé deliberadamente uno de los más famosos: Chikan.
Chikan, con ese nombre tan automovilístico, es un pueblo con similar historia a los de su alrededor, que ya nombré en el arriba linkeado post. Allí también muchos de sus pobladores hicieron fortuna en el extranjero, regresaron, y construyeron sus casas con cierto aire monumental europeo.
La diferencia de Chikan con el resto de aldeas de la zona es que allí no se construyeron las viviendas de forma aislada, a modo de torreones o castillos, sino que se alinearon en calles porticadas y abalconadas. El pueblo era el lugar del mercado comarcal, quizá por ello evolucionó de forma diferente al resto.
En Chikan, por lo visto, los vecinos del pueblo pertenecían a dos clanes distintos que rivalizaban por ver quién diseñaba las casas más bellas, a lo Montescos y Capuletos. Entre eso y la de balcones que hay -idóneos para rondar- uno se puede imaginar allí perfectamente una historia de amor imposible entre miembros de familias que se odian, en plan Romeo y Julieta...
Al llegar a Chikan, de un primer vistazo rápido, uno creería estar en una ciudad histórica centroeuropea, pero acercándose más se puede comprobar que los chinos han aportado a esa "ciudad europea" sus toques personales (muchos carteles en chino, cierto caos...). En suma, han hecho de Chikan uno de los pueblos más extraños y curiosos que he conocido en China, con una atmósfera especial. No diría que es "bonito" directamente, pero sí que es muy original, y único en este país. El lugar era tan irreal que lo tuve que visitar dos días, porque no creía lo que estaba viendo.
Como no es fácil explicarlo con palabras, os lo mostraré en fotos:
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