
Mañana, el Partido Comunista de China celebra sus 90 años de vida, un aniversario que sin ser redondo del todo va a ser celebrado con pompa y circunstacia por los jerifaltes chinos. Primero, porque los líderes actuales se retiran en 2013, si no hay sorpresas, así que ésta es quizá la última oportunidad que tienen de darse un "homenaje" y recordar lo que han hecho durante su mandato (lo bueno, claro: JJOO, Expo, cohetes espaciales...) para ver si luego los libros de historia les tratan bien.
Segundo, porque el régimen se ha sentido ligeramente en peligro a principios de año, cuando tímidas llamadas a protestar como en Túnez o en Egipto les molestaron hasta tal punto que las autoridades chinas llegaron a amenazar a algunos periodistas extranjeros -yo incluido, qué bonito ser parte de la crónica anual- con echarles si se pasaban por los lugares de convocatoria de esas protestas.
Otra razón posible, más tradicionalista y que en realidad se me ha ocurrido a mí esta semana sobre la marcha, es que el 9 en chino es sinónimo de eternidad (pues "jiu", según el tono con que se pronuncie, lo mismo puede ser "nueve" que "mucho tiempo"), así que puede ser un intento supersticioso de asegurar que dure este régimen, tan criticado exteriormente en lo político como elogiado en lo económico.
El aniversario se está celebrando a un modo muy interno, es decir, con actividades más bien de barrio, municipales, y con escasas ganas de mostrar en el extranjero estas celebraciones. Sin embargo, estando aquí dentro, algo sí que se notan... En Pekín, por ejemplo, se han colocado una hoz y martillo gigantes en el centro de la Plaza de Tiananmen, se han dispuesto arreglos florales con el número 90 en otras plazas y lugares vistosos de la capital, y se han pegado miriadas de carteles con el nonagenario guarismo, muchos de ellos no en la calle, sino dentro de los bloques de pisos y las oficinas (se ven mucho por ejemplo al lado del ascensor, para que los lean quienes lo esperan).
Pese a toda esta decoración, la celebración no es tan de alto nivel como la que hubo en 2009 por el 60 aniversario de la República Popular, aunque hay que decir que en la víspera de este aniversario se han inaugurado en China tres grandes obras públicas que quizá han esperado esta fecha de forma estratégica, para servir de "fuegos artificiales" para la fiesta:
El primero de estos proyectos es el largamente esperado tren de alta velocidad de Pekín a Shanghái, que desde mañana llevará en cinco horas a los viajeros de una a otra metrópoli, cuando antes se necesitaban unas diez (la propaganda china ya ha recordado, muy ladina, que hace 50 años ir en tren desde una de las urbes a la otra costaba dos días y medio). Cinco horas a lo mejor no es como para ir a tomarse las cañas al Bund después de haber comido en Sanlitun, pero seguramente va a cambiar mucho la relación entre las dos ciudades.
Al principio dijeron que serían cuatro horas, pero los han frenado un poco para ahorrar combustibol. El segundo proyecto es el puente sobre el mar más largo del mundo, de 36 kilómetros, en la bahía de Qingdao, la ciudad de la cerveza. De este puente lo que más sorprende, aparte de su tamaño, claro, es que los chinos hayan gastado una millonada y cuatro años de trabajo para hacer una infraestructura que sólo ahorra 20 minutos a los conductores. Pero bueno, ellos verán... El puente sobre el mar más largo del mundo no es el puente más largo del mundo, pues los hay sobre tierra bastante largos, sobre todo viaductos para autopistas y trenes. Pero los chinos no se preocupan por ello, porque el puente más largo del mundo por tierra, en realidad, ¡también se ha inaugurado hoy en China! Y es que es un tramo elevado del tren de alta velocidad entre Pekín y Shanghái, que tiene, agárrense a los asientos, casi 165 kilómetros de longitud.
El puente de Qingdao no sólo es que sea largo, es que ¡mirad las vueltas que da el jodío sobre el mar! Por último, se ha abierto también hoy el oleoducto más largo del mundo, desde Turkmenistán hasta el este de China, de 8.700 kilómetros, una auténtica Muralla China de tuberías para alimentar con las tripas de Asia Central una Asia Oriental sedienta de energía (ole que lírico).
Vamos, que todo muy largo... Largo como la historia del Partido Comunista de China, una formación que nació en un barco sobre un lago, en una reunión clandestina en la que ya estaba Mao Zedong, aunque éste sólo era un representante provincial que, como las cucharas, ni pinchaba ni cortaba. Cuánto ha llovido desde entonces, bueno y malo... (para conocer lo bueno, sírvanse leer la prensa china; para lo malo, la extranjera).
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