He podido ver en la prensa que estos días en España, Papa aparte, la imagen del momento ha sido la de Mourinho sacándole amablemente una legaña a un técnico del Barcelona, ante la impasible mirada de Borat.
En China, casualidad de la vida, también una pelea deportiva ha dado mucho que hablar esta semana. En este caso fue entre dos equipos de baloncesto, uno estadounidense y uno chino, que jugando un amistoso acabaron bastante enemistados. Como el año pasado en una tangana similar entre la selección china y la de Brasil, hasta hubo sillazos.


La bronca en esta ocasión ha traído bastante cola porque se ha producido entre dos equipos de las dos grandes economías mundiales, así que no ha faltado gente que lo usara como parábola de las relaciones presentes o futuras entre Washington y Pekín. Además, los dos equipos tienen ciertas connotaciones políticas que han ayudado a dar a esta reyerta ese valor simbólico: el equipo norteamericano era el de la Universidad de Georgetown, muy cercana a la Casa Blanca, mientras que los chinos eran los Bayi Rockets, el club del ejército chino. Más mala suerte, imposible.
Para colmo, la pelea se produjo en los mismos días en que visita China el vicepresidente estadounidense, Joe Biden, con el objetivo expreso de acercar posturas entre Washington y Pekín. De hecho, Biden -esta semana me he enterado de que se pronuncia "baiden"- fue a ver otro amistoso del Georgetown en Pekín, aunque un día entes del que terminó como el rosario de la aurora.
Biden se ha reunido con muchos líderes chinos, ha llevado a cabo muchos actos oficiales, pero quizá lo que más comentarios ha propiciado en China ha sido su decisión de ir a comer a un restaurante muy popular de Pekín, en la zona de Gulou y especializado en la sopa de intestinos de cerdo.
 Airon Baiden pide dos Tsingtaos
Biden, su bella nieta (que sale en la foto anterior) y otros tres comensales declinaron pedir la especialidad de la casa y comieron fideos, pepino y baozi (bollos rellenos) por un total de 79 yuanes, aunque dejaron propina pagando con un billete rojo de 100 (mal hecho, a ver si ahora los restaurantes van a tomar la costumbre de pedir propina...).
La visita de Biden al lugar quería parecer espontánea, como de "se me acaba de ocurrir entrar ahora que paso por allí". Pero de espontáneo nada, mirad que dispositivo policial se colocó en los alrededores del sitio para que Biden y si nieta disfrutaran de los fideos...
En fin, parece claro que con ese gesto, Biden, el Gobierno de EEUU, quería mostrar a China dos cosas: una, que están con el "pueblo chino" de la calle, y dos, que son austeros y no van a despilfarrar, ahora que Washington está endeudado hasta las cejas (con China especialmente, por cierto). Eso me recuerda que la única vez que he ido a ese restaurante fue con un amigo chino especialmente tacaño.
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