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Vagueando como un chino

19 de Marzo, 2012, 0:01



(imagen del gran blog I Love Clicks, que ilustra noticias de actualidad con Famóbiles)


Los que me seguís desde España conoceréis de sobra la polémica del presidente de Mercadona, su reciente recomendación de que en nuestro maltrecho país se siga el ejemplo de los bazares chinos para hacer frente a la crisis. Por lo que he visto, en general a la gente le ha sentado bastante mal esa sugerencia.

Creo que en el fondo de esta controversia pesa mucho, más que la realidad, el hecho lingüístico y cultural de que en España se usa la expresión "trabajar como un chino" como sinónimo de duro esfuerzo, unido quizá a malas condiciones laborales. Esto es lo que hace que psicológicamente para un empresario el chino que tiene en mente, no el real, sea el ideal a seguir, mientras que para un trabajador es el infierno en vida.

De todos modos, como dice otra expresión, del dicho al hecho hay un trecho, y no todos los chinos trabajan tanto, ni tan mal (ni siquiera todos los de los bazares).

En China hay toda clase de personas, vagas y trabajadoras, y si bien es cierto que como media se trabaja más aquí que en España, sobre todo en lo que a horarios se refiere, también hay chollazos laborales.

A mí me maravillan, por ejemplo, los funcionarios chinos, sobre todo aquéllos que trabajan en ministerios, ayuntamientos y otras oficinas estatales, y con los que tengo que lidiar bastante en mi condición de periodista. El horario típico de estos señores supera todos los tópicos del funcionario español: vale, un funcionario chino como regla general empieza a las 8 de la mañana, más pronto que el español, pero a las 11 se va a comer, y es bastante posible que no regrese hasta las 2 de la tarde, algo que a mí me alucina porque por lo menos en mi caso esas horas son las más productivas para mi cabeza y músculos. Y no es nada, pero nada improbable, que encima el trabajador a sueldo de todos llegue después de comer y eche una cabezadita en la mesa de su oficina. Tras ello, un poco de trabajo de verdad, y a las 5 de la tarde a casa. Hay que decir que en general no cobran mucho de sueldo base, pero suelen tener muchas ayudas (partidas de transporte y vivienda, seguro médico que muchos otros trabajadores chinos no tienen, pensión, etc).

Cierto es que los propietarios de tiendas en China sí trabajan con horarios que gustarían al dueño del Mercadona y rechazaría el trabajador medio español: suelen abrir a las 10 de la mañana y cerrar a las 7 u 8 de la tarde, pero el horario a veces se flexibiliza, y jamás se cierra en fin de semana (como mucho en el Año Nuevo Chino, pero no siempre). Pero quizá una diferencia entre el tendero chino de China y el español es que concibe su tienda o negocio como una segunda casa: se lleva allí una tele pequeña para distraerse, juega al ordenador cuando no hay clientes, si tiene niños los deja jugando por el colmado todo el día (eso hacen los de la convenience store de debajo de mi casa), come en el mostrador y no tiene problema alguno en que los clientes le vean haciéndolo, y a veces, sobre todo en restaurantes, incluso tiene una colchoneta y duerme allí por las noches. Un tendero al pie del edificio donde tengo la oficina, entre venta y venta, estudia flauta durante toda la jornada laboral, para gran dolor de nuestros tímpanos. A veces parece que los tenderos de China, más que trabajar, están llevando a cabo una tarea mixta entre pasar el día en casa y vendiendo cosas.

¿Les encanta a los chinos trabajar, viven para ello? Bueno, quizá es verdad que al haberse incorporado más tarde al modelo de vida occidental, quizá no tienen una cultura del ocio tan desarrollada como la nuestra, y conciben "no trabajar" como perder el tiempo mucho más que nosotros. Pero ahora que están enganchados todos, como nosotros, a internet, comienza a cundir la pereza, jeje... Los chinos se quejan de lo cansados que están de trabajar tanto o más que nosotros, así como de la incompetencia de sus jefes, la mala baba de sus compañeros o la envidia por no tener seis meses de vacaciones para poder ir a Tailandia más a menudo. Vamos, igual que nosotros, pero cambiando Phuket por Tenerife.

Sí me parece, en todo caso, que los chinos suelen experimentar más ansiedad cuando no tienen trabajo... Algunos chinos que he conocido -en realidad diría que muchas chinas, pues es en ellas donde lo he visto muy claro- sufren lo indecible si no tienen empleo, de forma más externa y llamativa que un español. Se vuelven irritables, lloran, se encierran y aislan, les cambia del todo el humor... Alguna que conozco ha llegado a hacer auténticas locuras por lograr un curro. Esto me lleva a pensar que un chino ve un trabajo más como una necesidad que como una obligación (en realidad son las dos cosas a la vez, pero quizá en España nos olvidamos de la primera, no reconocemos que el trabajo nos realiza).

En resumen, que tampoco hace falta tomarse muy a pecho lo dicho por el presidente de Mercadona, porque en realidad ni los propios chinos cumplirían su ideal. O podríamos, también, tomarlo de forma más idealista: en vez de pensar que nos está pidiendo trabajar 18 horas y seguir a la gente por los pasillos de la tienda sin poder pronunciar la erre, podríamos imaginar que quiere que concibamos el trabajo como un aspecto más enriquecedor de nuestra vida, con el que nos sentimos más útiles, y que por ello deberíamos ir al tajo con una actitud más positiva.

Olvidar a ese trabajador -todos conocemos alguno- que va a la oficina con cara de vinagre, perfecciona sus técnicas de escaqueo e intenta que la culpa de los problemas del día a día nunca recaiga en él. Sí, ya sé, es una mentalidad de dibujo de los Osos Amorosos, pero... ¿tal vez, por lo menos, intentarlo?

PD, O MÁS QUE PD, DISGRESIÓN RADICAL: ¿De dónde vendrá la expresión "trabajar como un chino? Parece que en España se usa desde hace muchísimo tiempo, antes incluso de que conociéramos a los chinos o los hubiéramos visto trabajar siquiera... Mi teoría, no sé si la compartiréis, es que no se basa en experiencia real de ver a chinos trabajando, sino en que el español siempre se ha visto a sí mismo como alguien no excesivamente trabajador, por lo que concibe simbólicamente que un chino, al estar tan lejos, es opuesto culturalmente a él en todos los aspectos, incluido el laboral.

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