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Mo y mamá

14 de Diciembre, 2012, 0:01






Para continuar las recientes discusiones sobre arte que se politiza, hoy podríamos, por ejemplo, hablar un poco del Nobel que esta semana recibió el escritor chino Mo Yan. Pocos días antes de recibirlo, en Estocolmo, pronunció un discurso magistral (lo podéis leer en español aquí, u oírlo en chino aquí) que se ha comentado mucho dentro y fuera de China, y del que a mí también me gustaría decir cuatro cosillas, porque simboliza bastante la manera de ser y escribir del nobel chino.

El discurso empieza con gran ternura: en el inicio Mo Yan cuenta historias que le ocurrieron cuando era niño y en las que la protagonista es su madre, a la que desde el primer párrafo muestra su gran amor y su admiración. Su madre era muy pobre y analfabeta, pero él la venera como una de las grandes influencias en su vida.

Con confuciana devoción por la señora que le trajo al mundo, Mo cuenta por ejemplo que una vez vio cómo a su madre le pegaba un bofetada un guardia cuando recogían, supongo que por desesperada hambre, unas espigas de trigo de un campo donde no debían hacerlo. Años después, Mo Yan se encontró con aquel guardia, ya anciano, y cuando intentó devolverle aquel bofetón, su madre le detuvo diciendo que "aquel señor que me pegó y este señor mayor no son el mismo". Para mi gusto es el mejor pasaje del discurso, es difícil no emocionarse al llegar a él.

El comienzo maternal del discurso es una auténtica delicia para los ojos, aunque debo matizar que yo estaba influido personalmente al leerlo, ya que el día en que lo hice -el mismo día en que Mo recibió el premio- se cumplían exactamente 25 años del fallecimiento de mi madre, quien también fue una señora con una dignidad a prueba de bombas, como la del laureado escritor chino.

Además de esas tiernas y tristes historias -en las que muestra la dura vida de la China de su infancia- Mo Yan cuenta que a su madre, fallecida en 1994 y enterrada en un huerto de melocotoneros (en la China rural es frecuente hacer esto, el padre de mi amigo el de las pasas yace en un huerto de piñas) la tuvieron que desenterrar hace poco debido a la construcción de una vía de tren. De manera sutil, Mo alude aquí al rápido desarrollo de China, y de cómo éste a veces pasa atropelladamente por encima de las personas. Mo nos habla aquí sin mencionarlas de las casas clavo, o incluso de la tumba clavo que estos últimos días también se ha hecho famosa en el país.

El discurso lleva por título "Cuentacuentos", porque en él Mo viene a decir que él, más que un escritor, es un contador de historias, alguien que "cuenta cuentos con el bolígrafo". Frente a otros galardonados o grandes escritores que aseguran haber comenzado a escribir tras leer tal o cual clásico, Mo, con modestia, asegura que lo que le movió a contar cosas fueron los cuentacuentos que llegaban a su pueblo en las fiestas, un oficio con siglos de historia (Mo recuerda a un cuentacuentos de su comarca que ya trabajaba en el siglo XIX). Después menciona a Faulkner o García Márquez, y asegura que "durante dos años segui los pasos de estos dos maestros, pero me di cuenta de que tenía que alejarme de ellos".

Me gusta mucho también esa afirmación de Mo, la modestia que demuestra al confesar que sus inspiradores fueron gente humilde y quizá analfabeta, en lugar de la casi obligada alusión que otros maestros hacen a los intocables de siempre (los novelistas rusos del XIX, por ejemplo, que si no has leído o "copiado" no puedes estar en el club de grandes escritores). No, para Mo los orígenes son esos cuentacuentos que su madre al principio veía como un buen pasatiempo para él, pero que con el tiempo, al descubrir que Mo era bueno relatando, se ablandó e indirectamente le dio permiso para ir a verlos siempre que llegaban al pueblo.


El discurso está alejado de la política, pues Mo Yan siempre ha intentado separarse tanto de la propaganda comunista como de la retórica disidente (una elección que, en mi opinión personal, le ha ayudado a lograr el nobel, pues arte y política no suelen ser buenos compañeros). Sin embargo, hay que admitir que una línea de la alocución parece haberla escrito el responsable comunista de su provincia, una en la que habla de lo mucho que la reforma y apertura han hecho para mejorar China en los últimos 30 años. Sea verdad o no, es una frase que está prácticamente calcada de una nota oficial de Xinhua, o de Diario del Pueblo. No sé si Mo la escribió sin querer (al leerla en tantos sitios se le puede haber quedado en el subconsciente) o ha tenido que negociar su inclusión en el discurso, pero es un pequeño borrón en una por otra parte magnifica conferencia.

No se puede interpretar como una concesión al régimen, sin embargo, el que Mo leyera el discurso vestido con lo que en Occidente "traje Mao", pero que en China llaman "traje Sun Yat-sen". Es una indumentaria elegante para los chinos un poco "chapados a la antigua", anterior al comunismo, y de hecho le aleja de los permanentes trajes-corbata de los actuales líderes chinos. Ahora lo tendremos que llamar "traje Mo".


Quizá compensado a la "frase-lema" antes mencionada, en el discurso aparecen frecuentes alusiones a la pobreza, los enfrentamientos sociales, la dura sociedad de la acusación colectiva durante el maoísmo... críticas muy solapadas, en verdad, pero algún guiño a los chinos "descontentos" encontrará cualquiera que entienda un poco a China. Nadie en su sano juicio podía pretender que Mo Yan llegara a Estocolmo y se pusiera una camiseta en la que dijera "free Liu Xiaobo", pero con leer un poco entre líneas el discurso, se puede conocer una China comunista a veces cruel, como aquel guardia que pegó a la madre de Mo.

En todo caso, el escritor aseguró en su discurso, tras esas leves concesiones a la China "pelota" y la China "crítica", que busca ser un escritor políticamente neutral, aunque a veces no es fácil: "el mayor problema (...) es cómo controlar la pasión ardiente y la furia para no desviarme hacia la política ni alejarme de la literatura", confiesa, asegurando que "la literatura puede nacer de la realidad e incluso superarla, puede preocuparse por la política pero estar por encima de ella". La falta de crítica social que algunos le lanzan él la convierte en una parábola del discurso, la del niño que no podía llorar.

Tras todo el revuelo que su premio ha montado, desde las alabanzas oficiales hasta las críticas y a veces insultos de la disidencia (le han llegado a llamar "prostituta"), Mo Yan ha intentado mantener la cabeza fría, parapetado en su pueblecito de Gaomi, del que casi no se ha movido desde que se anunciara el galardón en octubre.

"Me convertí en espectador de un drama mientras veía al resto actuando en el mismo escenario. Había visto que al protagonista, ganador de un premio, le ofrecían flores, pero además también le tiraban piedras y agua sucia. Temía que no pudiera aguantarlo. No obstante, huyó de las flores y las piedras, se limpió las manchas de agua sucia y salió tranquilamente a dar un discurso al público".

Un discurso humilde, maternal, lleno de bellas historias, con intentos de agradar a unos y otros de los dos bandos (aunque ninguno quedará contento) y muy humano. En él hay proverbios chinos, menciones a Lao Tse, momentos para reír ("soy genéticamente feo desde que nací", dice en él Mo) y para llorar. Os recomiendo su lectura.

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