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El templo de ojos de buey
que casi fue submarino

28 de Febrero, 2013, 0:01

Termino hoy el relato de mis impresiones durante el viaje a las Tres Gargantas, hablando de un lugar que me gustó mucho por hermoso e inesperado, no pensé que me encontraría algo así. Además, me sirvió de magnífico ejemplo para comprender los efectos que ha producido la enorme presa en el paisaje de la cuenca del Yangtsé.

Durante la travesía en barco, hicimos una parada turística para conocer el lugar que hoy nos atañe, un templo hasta entonces para mí desconocido, llamado Shibaozhai. El templo tiene una estructura muy curiosa: situado en lo alto de una escarpada colina, para llegar a él hay que subir por una semipagoda de madera que se apoya en una de las laderas del monte. Esta estructura, de 11 pisos, es una maravilla de forma, color, olor y sabor:





Al subir las empinadas escaleras de este peculiar edificio (vi a ancianos y ancianas de 80 años hacerlo con fervor) uno llega a lo alto del templo en sí, que quizá no es tan espectacular como la estructura anterior pero también tiene una bonita entrada. Me llamó la atención que en el interior los vecinos locales han montado una tienda de souvenirs sin ningún rubor, al ladito de las estatuas de Buda y Confucio. Los mercaderes invadieron mi templo, que decían Jesús y Extremoduro.





Una de las cosas que más me fascinó del lugar fueron esas ventanas de ojo de buey que habéis visto en la primera foto, no muy habituales en los edificios tradicionales chinos (aunque sí que se ven muchas puertas redondas). Uno casi se siente en el interior de un barco o submarino como los de los tebeos.



De hecho, el templo de Shibaozhai no es "submarino" por poco. Con la construcción de la Presa de las Tres Gargantas, que elevó el nivel del río decenas de metros en esa zona, el edificio debería haber quedado sumergido por las aguas (seguramente no todo, pero la base de la semipagoda seguro que sí).



No obstante, dado el valor histórico del edficio, que es del siglo XVIII, se decidió construir un muro alrededor del templo y de la colina. Ello ha permitido conservarlo, aunque ha provocado que en la lejanía Shibaozhai quizá no sea tan bonito como antaño.



En la anterior foto no se ve muy bien, pero colina y templo, antes en la orilla del río, ahora están en un islote a unos pocos metros de la ribera del Yangtsé, al que se llega por un puente de tablas de madera. Vamos, que Shibaozhai podría haber acabado como la iglesia de Mediano, pero acabó siendo una especie de Mont Saint Michel.




Antes de la construcción de la presa, la colina y el templo se encontraban en lo alto de un pueblecito que, éste sí, ha quedado sumergido. A la entrada del lugar se muestran fotografías de cómo era este paraje antes, como ésta de 1972:



El lugar debía ser todavía más pintoresco que ahora... Tanto, que hasta fue usado en billetes antiguos, como éste de 1945.


Por cierto, fue en Shibaozhai donde vi la única foto del defenestrado Bo Xilai que parece quedar en todo Chongqing... no es el protagonista de la instantánea, y ni se le nombra en el pie, pero allí está... Los turistas chinos observaban la imagen con gran interés y la fotografiaban bastante.



Y con esto concluyo mi desglose del viaje un tanto improvisado que hice por el centro de China en unas vacaciones en las que estuve a punto de quedarme en casa todo el tiempo. Ya habrá otro año para irse a las siempre añoradas playitas del sureste asiático... Pero también tendré que volver por Chongqing y alrededores, que nunca acaba uno viéndolo todo.


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La presa de la garganta y media

25 de Febrero, 2013, 0:01

Continúo el relato sobre el viaje a la cuenca del Yangtsé... como decía en el anterior post, me subí en un barco que durante dos días me llevó por el tercer río más largo del mundo. El objetivo obvio, conocer la zona de las Tres Gargantas, tan famosa ella pero que siempre me había dado algo de reparo en visitar por aquello de que, tras la construcción de la presa tocaya (en pleno funcionamiento desde 2009), ha perdido parte de su belleza, pues el nivel de las aguas ha subido decenas de metros. En todo caso, mi guía de viajes de China (que es de 2000, casi la llevo para ver lo que han cambiado los sitios) decía que hasta en aquellos "buenos viejos tiempos" no a todo el mundo le maravillaba la travesía.

Antes de empezar, me gustaría rendir homenaje al barco en el que viajé, acompañado de centenares de chinos que en general me trataron muy bien (para ellos yo era un espectáculo adicional de la travesía) pero que dejaron la cubierta y las habitaciones tan cubiertos de basura (fundamentalmente peladuras de pipas) que por poco no hunden el barco por el peso de los desechos. Cierto es que no había muchas papeleras, pero hombre, podrían haber tenido un poco más de consideración. En todo caso, cogí cariño al cascarón, tras tanto tiempo en él. Era un buque de pasajeros de cuatro pisos (en cada piso una clase diferente, como en el Titanic), con su cocina, su sala de máquinas, y su tiendecilla de chucherías (de ahí salieron las pipas, obviamente).





Al lado de ordenador, una de esas bolsas de pipas:
yo también comí, pero tiré las peladuras en la papelera.


El primer día de viaje en el barco no vimos gargantas, pero fue un recorrido también interesante, porque se ven ciudades y pueblos que tuvieron que ser creados o modificados para reorganizar a los millones de personas que perdieron su hogar por la construcción de la presa. Son ciudades en general feas, de enormes bloques, aunque por lo que leí en la guía tampoco lo que había antes era especialmente bello. En todo caso, impresiona imaginarse al ver esos lugares la masiva reubicación que emprendieron los chinos en la pasada década, en aras de construir el mayor proyecto hidroeléctrico del mundo (que no la mayor presa del mundo, ojo).





El segundo día ya se llega a las Tres Gargantas, aunque en realidad vimos una y media. Nuestro taimado capitán cruzó la primera -la más pequeña, pero algunos dicen que la más bonita- de madrugada, así que nos la perdimos, para disgusto de un pintor que nos acompañaba y quería inspirarse en ella para sus acuarelas. La segunda, de unos 50 kilómetros, fue la que pude disfrutar más... Os pongo unas fotos de sus paisajes. Notad el detalle de los zapatos en la proa del barco, quién sabe con que supersticioso cometido.




El paisaje era bonito, pero a uno se le quedaban las ganas de saber cómo lo hubiera visto diez años antes. Ya sólo queda la imaginación para eso...



Me gustaría ver fotos de los mismos lugares de las Tres Gargantas inmortalizados antes y después del embalse, pero al menos en internet no los consigo encontrar.

Mis compañeros de camarote eran una roncadora familia de Guilin que defendía que su tierra era mucho más bonita, dónde va a parar. La verdad es que les di la razón, aunque bueno, las comparaciones siempre son odiosas.

Finalmente llegamos a la presa, que muchos viajeros tenían más ganas de ver que las gargantas en sí. Se encuentra en medio de la tercera garganta: por eso lo de que sólo vi una y media, ésta tampoco la disfruté en su totalidad. El dique era una mole que monopolizaba el horizonte y quitaba el hipo, y que vimos desde arriba y desde abajo, en una visita guiada (el autobús, oh decepción, no circuló por encima del dique, y eso que hay una carretera).




Las grúas que se ven en la primera foto son de un ascensor para barcos que se está construyendo todavía, ya que aunque existe ya un sistema para que los buques superen el salto de agua a través de un canal artificial dotado de esclusas como el Canal de Panamá, se quiere que algunos de esos barcos puedan viajar más rápido acelerando el descenso con ese elevador (ir por las esclusas se demora alrededor de una hora).

Una cosa que me llamó la atención del dique es que, según nos explicó la guía, está fabricado no con "ladrillos" cuadrangulares, sino con unos gigantescos tetraedros como el de la siguiente foto. Al parecer, esta forma garantiza la resistencia de la presa a cualquier terremoto, desastre o Godzilla que desafíe la gigantesca estructura.



La presa de las Tres Gargantas era cuando llegué a China un tema muy socorrido por los periodistas, y muy polémico, por el éxodo que supuso, el desafío medioambiental que suponía modificar el río más largo de Asia, las reliquias históricas que dejó bajo sus aguas... Una vez concluido el proyecto en 2009 (sin apenas grandes fastos ni inauguraciones ese año, cosa que me sorprendió mucho en su día) el tema se apagó, y la presa funciona a pleno rendimiento dando electricidad a la cuenca más poblada del planeta. Quién sabe, igual dentro de unas décadas se descubren energías que dejan las actuales obsoletas, la presa se retira, y podemos ver las gargantas de nuevo en toda su grandeza.


PD: La presa de las Tres Gargantas no es la única del Yangtsé. Pocos kilómetros río abajo hay otra, prácticamente igual de larga pero con un salto de agua mucho menor: la de Gezhouba, obra de la misma empresa que hizo más tarde a su hermana mayor. Fue construida décadas antes en parte para comenzar ya a represar el río en la zona, y también para ir probando las tecnologías necesarias para el proyecto posterior.

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No es la más grande,
pero grande es su grandeza (II)

22 de Febrero, 2013, 0:01


A modo de apéndice del anterior post, mostraré sobre todo con imágenes tres últimas cosas de Chongqing, pues no querría "marcharme" de ella sin citarlas...

Una es el Templo de Luohan, en el centro de la ciudad. Sí, ya sé, ya sé, habéis viajado por China y Asia y estáis hasta las narices de templos... Pero éste tiene encantos especiales, sobre todo una gran sala con cientos de estatuas multicolores de arhats (santos budistas) por cuyo recorrido laberíntico merece la pena adentrarse. La sala es, en realidad, una copia modesta de la sala de arhats del templo más famoso de la "vecina" Wuhan, pero a mí me gustó más la de Chongqing, pues las estatuas en Wuhan eran doradas y las de aquí policromadas. También me pareció curioso el emplazamiento "de supervivencia" del templo, pues está rodeado de obras, solares y rascacielos, como resistiendo irreductible al progreso invasor.


En las afueras de la ciudad (pero con parada de metro) se encuentra el muy recomendable barrio-pueblo de Ciqikou, donde se ha preservado la arquitectura tradicional local. Hay mucho turista y mucha tienda de souvenir, pero hay zonas más tranquilas y en general es un lugar muy agradable. Antes de que Chongqing fuera tomada por los rascacielos y los bloques grises, toda la ciudad debía tener este aspecto...



Por último, uno no puede pasar por Chongqing sin acercarse a las Grutas Budistas de Dazu, a dos horas de viaje en bus. Son más pequeñas que sus igualmente famosas primas del norte chino (Yungang, Longmen, Mogao) pero con su encantao particular, en parte porque el verdoso entorno de Dazu es más agradable que en las desérticas cuevas budistas del norte. Es impresionante cómo se conservan todos los colores de las estatuas... Una vez visto Dazu, ya tengo completo el poker de cuevas chinas, y aunque en primer lugar están las de Mogao, Dazu y Yungang empatan en el segundo puesto.



Y así concluye mi descripción desordenada y en plan publirreportaje de Dazu... Una ciudad que vale mucho la pena de visitar, aunque el hecho de que se encuentre tan en el interior del país la deja un poco a desmano, sobre todo para llegar a ella en tren.

Dejé Chongqing por vía fluvial, pues seguí animado a viajar y tomé un barco que me llevaría a nuevos puertos, a través de las Tres Gargantas, o lo que queda de ellas. Sigo contando en próximos posts.


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No es la más grande,
pero grande es su grandeza

20 de Febrero, 2013, 0:01

Tras pasar el Año Nuevo en Wuhan, me animé a seguir viajando y tomé un tren que en 17 horas de nada me llevó a la división administrativa de al lado: la municipalidad de Chongqing. Allí se encuentra la ciudad homónima, que muchas veces ha sido acusada -erróneamente- de ser la más grande del mundo. Eso sí, la ciudad fue el año pasado la capital informativa de China (al ser el epicentro del affaire Bo Xilai), y de tanto oírla en las noticias, me había picado el gusanillo de conocerla.


La ciudad no es, ni mucho menos, la más grande del mundo, ni siquiera de China, pero ciertamente es una de las que más rápido crecen: algunos ránkings la colocan ya en tercer lugar nacional, sólo por detrás de Pekín y Shanghái. Y, en efecto, la ciudad tiene un punto de gran metrópolis caótica que me ha sorprendido, en general gratamente: yo me la esperaba tan insulsa como su vecina Chengdu (capital de Sichuan, provincia a la que perteneció Chongqing antes de "independizarse" en los 90) pero no lo es en absoluto. Se trata de una de las ciudades con más personalidad del país, sin duda.

Una de las cosas más llamativas de Chongqing es su orografía. Las ciudades chinas son planas como un mar en calma, incluso Pekín, que está rodeada de montañas. No había costumbre, como en España, de construirlas en torno a una colina, y China tiene grandes llanuras, así que las urbes chinas son las mejores del mundo para ir en bici. Todas excepto Chongqing, que está construida en las laderas y colinas del montañoso curso medio del Yangtsé. Ello hace que Chongqing sea una ciudad de cuestas, ascensores, escaleras mecánicas callejeras y funiculares que la hace única (o casi única, porque en este sentido se parece mucho a Hong Kong). Las laderas del río son un espectáculo en parte dantesco y en parte maravilloso: por ellas avanzan carreteras y líneas de metro apoyadas en pilares que parece que van a caerse en cualquier momento...


Un ejemplo de la locura orográfica de Chongqing es una de sus zonas de bares más conocidas, Hongyadong, situada, precisamente, en las laderas del río (no el Yangtsé sino su afluente, el Jialing). Tiendas de souvenirs, hoteles, restaurantes europeos y bares se desparraman por una mole de madera de ¡11 pisos! que baja por la ladera, forrada de neones y coronada por, atención al toque kisch, un barco pirata casi de tamaño natural. Hongyadong es una anomalía fascinante, hortera pero fascinante.







El centro de Chongqing está en la confluencia de los ríos Jialing y Yangtsé, que forman una península en la que el punto neurálgico es la Torre de la Liberación, uno de los pocos monumentos en China dedicados a la victoria aliada en la Segunda Guerra Mundial (época en la que Chongqing fue capital provisional de la China Nacionalista) y en cuyos alrededores bullen las tiendas de lujo, los rascacielos (la mitad de ellos aún en construcción) y, también, edificios herrumbrosos.







En la península se encuentra otro edificio que, como Chongqing en general, es kitsch y fascinante: la sede del parlamento local, que es una especie de copia del Templo del Cielo de Pekín. Se construyó en os años 50 y se puede visitar si no hay grandes saraos políticos. Enfrente está el Museo de las Tres Gargantas, con forma de dique.


Chongqing fue gobernado durante 4 años por Bo Xilai, ahora envuelto en un gran escándalo por corrupción, asesinato (el que su esposa cometió contra un hombre de negocios británico) e intrigas de poder. Poco queda de su reinado, salvo que en las zonas turísticas los vendedores de souvenirs ofrecen revistas en las que se cuenta "toda la verdad" del caso. En los monumentos chinos es habitual que aparezcan fotos de líderes locales o nacionales visitándolos, pero no queda casi ninguna de Bo. De la famosa "maoízación" que Bo aplicó en Chongqing (su padre era amigo personal de Mao, y él intentó recuperar estéticas de la época en la que gobernaba el Gran Timonel en la ciudad) no queda casi nada, aunque sí encontré la efigie de Lei Feng (un héroe altruista de la época de Mao) repetida hasta la saciedad en el metro local.


Obligado es cuando se está en Chongqing ir a las montañas de las afueras para ver desde allí el espectacular skyline de la ciudad. Para eso, primero hay que cruzar el Yangtsé, y lo mejor (y más barato) es hacerlo en teleférico.


Una vez al otro lado, se puede ir en taxi a Yikeshu, el mirador más conocido de la ciudad, pero ATENCIÓN... ¡No paguéis los 20 yuanazos que piden en él! En lugar de eso, id un poco más arriba y entrad en un templo de escarpadas escaleras donde la vista es mucho mejor, y más barata... Eso sí, ni en uno ni en otro lugar es fácil ver Chongqing en un día de cielo claro, a la habitual polución del país se une que es una de las regiones con menos sol de China (en la "vecina" Chengdu he estado cuatro veces, varios días en cada ocasión, y jamás he visto el cielo azul).



Si tenéis vena morbosa, o periodística, al lado de estas grandes vistas se encuentra el hotel donde fue asesinado Neil Heywood, cuya muerte marcó el comienzo del escándalo de Bo Xilai. Una habitación cuesta 350 yuanes, caro pero tampoco prohibitivo.


Lo que sí es un lujo asiático son las villas del hotel (entre 5.000 y 8.000 yuanacos la noche), desde las que debe haber también magníficas vistas de la ciudad. En una de ellas, no sé en cual (tampoco fui en plan Perry Mason) se produjo el asesinato. ¿Quizá en ésta?


Hay alguna cosa más que contar de la ciudad, pero lo voy a dejar para el siguiente post, que éste me está quedando largo. Continuará, que decían los tebeos.

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La jojoya oculta del Yangtsé

17 de Febrero, 2013, 0:01


Como os contaba el otro día, tras muchas semanas vagueando en Pekín viajé en el AVE chino hasta Wuhan, una de las ciudades más grandes del país, en el curso medio del Yangtsé. Pero en aquel post sólo hablé del principal monumento de la ciudad (la Pagoda de la Grulla Amarilla), y no dije nada más de esta urbe, desde la que hoy escribo este post.

Wuhan (pronunciable como Uján, lo que me recuerda al grito que pegaba Chimo Bayo al principio de su gran clásico) es una ciudad con cosas curiosas, pese a que a simple vista parece otra gran mole de edificios grises y fachadas descuajaringadas. Aparte de ser la ciudad natal de la tenista Li Na (quien aparece en muchos carteles del lugar), Wuhan es famosa en el país por haber sido el lugar donde comenzó la revolución que acabó con la China imperial: la Revuelta de Wuchang, ocurrida el 10 de octubre de 1911 (un siglo después, esa fecha sigue siendo la fiesta nacional de Taiwán).

Es curioso cómo Wuhan, una ciudad que es la suma de tres, reparte sus atractivos turísticos por las tres partes de la ciudad, como para que ninguna se quede marginada. En Wuchang, la orilla sur del Yangtsé, se encuentran la Pagoda de la Grulla Amarilla y el lugar donde comenzó la mencionada revolución, hoy día un museo dedicado a aquel acontecimiento histórico (un museo muy recomendable, por cierto, y que se cuida de no hablar para nada del comunismo que llegó décadas después). En Hankou, que está en la orilla norte, se encuentra el núcleo comercial de la ciudad, donde todavía hay muchos edificios de estilo europeo, construidos por los europeos en el XIX y principios del XX, porque esa zona fue una especie de "Shanghai del Yangtsé medio" con concesiones inglesa, francesa, rusa, alemana...

Hanyang, la tercera parte de la ciudad (también en la orilla norte, pero separada de Hankou por un afluente del Yangtsé) pudiera parecer el patito feo de Wuhan, pues es el "barrio" más pequeño y más a desmano, pero para compensar allí se encuentra el templo más popular de la ciudad, Guiyuan Si, que además es bastante atípico, algo que se agradece para el típico turista por Asia que se ha chupado 30 trillones de templos budistas. Al visitarlo además me he encontrado con que se está terminando de construir allí una gigantesca y hermosa pagoda de madera que puede en el futuro rivalizar con la de la Grulla Amarilla en fama.

Para los locales, cada parte de la ciudad tiene también su interés: Hankou es el lugar de las compras, Wuchang el de la cultura (allí están las principales universidades) y Hanyang el del curro (es la zona industrial).

Me ha costado años decidirme a viajar a Wuhan, pero tiene su gracia visitarla aunque sea de paso... porque es la puerta a lugares muy interesantes, aunque de ello se hablará en próximos posts.


Uno de los primeros puentes sobre el Yangtsé, construido en los años 50.


Edificios europeos en Hankou.



Original forma de señalar que una calle es pedestre.


Entre mares de bloques, de vez en cuando, callejones de casas pequeñas "de las de antes".


El kitsch chino, siempre tan fascinante.

Cruzando el Yangtsé en el ferry.


Estatua en honor a Sun Yat-sen, ante el lugar donde se inició la revuelta de Wuchang,


Gigantesco y nuevo museo de la Revolución de 1911,
enfrente del edificio anterior.
Su planta tiene una curiosa forma de V (¿de Vendetta?)


Calle que intenta reconstruir el Wuhan clásico,
algo parecido al Qianmen pequinés o el Xintiandi shanghainés.

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Culebrita bonita

14 de Febrero, 2013, 0:01







La fiesta de Año Nuevo Chino es en el país oriental, como en otros las Navidades, una celebración que los niños disfrutan mucho y que, por ello, está muy dirigida a ellos. La reciben con cierta ilusión capitalista similar a la de los niños de Occidente, ya que aunque no reciben juguetes de Reyes Magos, Papanoeles y otros superhéroes occidentales, sus padres y familiares les entregan sobres de dinero en sobres rojos. Esto, dicho sea de paso, les ahorra ver toneladas de horrendos anuncios televisivos de juguetes...

Este año, como ya decía en los posts anteriores, los chinos han entrado en el Año de la Serpiente, un animal que a un occidental en principio le puede resultar un tanto repulsivo. Pero en China, donde las serpientes pueden ser hasta un plato de lujo, la imagen de estos reptiles sin extremidades es otra. O por lo menos, se las intenta rodear de un halo positivo e incluso tierno e infantil, adaptando la fiesta, como digo, al gusto de los que más la disfrutan, los canijos. No hay más que darse una vuelta estos días por una ciudad china para ver muchos dibujos, muñecos o globos de culebrillas encantadoras a las que cualquiera querría adoptar como animal de compañía, sin necesidad de ser tan raro como Michael Jackson.

En los últimos días he reunido una buena colección de serpientes chinas con encanto, y os las ofrezco aquí todas de sopetón:










La siguiente es una sierpe que se coló entre una montaña de perros del Ikea:

















Termino con un anuncio de zapatillas, algo más adulto...

...y con el sello conmemorativo de las fiestas para este año,
que creo que no ha sido tan polémico como el dragón de 2012.

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En la Colina de la Serpiente,
como no podía ser menos

12 de Febrero, 2013, 0:01

No lo tenía calculado, pero empecé el Año de la Serpiente chino en la Colina de la Serpiente, en Wuhan, ciudad a la que me escapé unos días aprovechando que ahora, con el tren de alta velocidad Pekín-Cantón, se encuentra a "sólo" cuatro horas de viaje. He incumplido mi promesa de pasar estas largas vacaciones en mi casa de Pekín, pero en fin...

En la colina culebrera, a cuyos pies se produjo hace un siglo la revolución que acabó con la China imperial, se encuentra la Pagoda de la Grulla Amarilla, tal vez la más famosa de toda China (ya la mencionamos en el concurso pagodístico de hace unos años).


La pagoda es ciertamente elegante, y desde ella hay una soberbia vista de Wuhan, ciudad
partida en tres por el Yangtsé y uno de sus afluentes. Buena vista en los días de cielo claro, que me da la impresión que no deben de ser muchos (sin embargo, el día de Año Nuevo Chino tuve suerte y lucía el sol).

Pese a su fama, la actual pagoda, llamada por los chinos Huanghelou, tiene apenas 30 años, es una reconstrucción de los años 80. La pagoda es aproximadamente la duodécima con ese nombre que se erige en la ciudad en los últimos dos mil años, ya que las anteriores acabaron quemándose o siendo destruidas por las guerras (quizá por esta razón, la estructura principal de la actual pagoda es la primera que no es de madera, sino de cemento). Los locales nunca se molestaron mucho en que la pagoda nueva fuera similar a la anterior: la actual, a la que no niego su belleza y estilo, no se parece en nada a las de antes.

En fin, os pongo más fotos de la pagoda, símbolo de la ciudad pese a su juventud, y en próximos posts contaré algo más del viaje. Saludos desde el Yangtsé...


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Feliz año, viborillas

8 de Febrero, 2013, 0:01






Este fin de semana Oriente se despedirá del Año del Dragón, mi signo (como manda la tradición, no puedo decir que fuera mi mejor año) y dará la bienvenida al Año de la Serpiente, el mismo signo que regía el país cuando llegué a China en 2001.

Dicen que la serpiente trae mucha inestabilidad y conflictos (¿más aún?), así que tomad precauciones y recordad que, si os muerde, hay que succionar la parte del mordisco (¡me da igual la que sea!) para extraer y escupir el veneno poisonoso.

Siguiendo la tradición de años anteriores (ya sólo me quedan cuatro animales, es decir, cuatro años, para completarla) recibo el nuevo año oriental con imágenes de famosas serpientes. No todas son muy agradables de ver, pero ya se sabe que en Occidente suelen tener significación maléfica (no así en Oriente, como también pasa con dragones y ratas).

 

 
       
       
       
       
       
       
 
 

Que el culebreante 2013 os sea muy propicio (pese a la corriente de pesimismo y desespero que flota en países como España) y que la serpiente nos guié por los túneles subterráneos a una salida con luz.

Os dejo con una de mis canciones que más sonaba en la casa de mi familia cuando era pequeño, pese a que tanto mi madre como algunas hermanas mías tenían manifiesta ofidiofobia. Nunca supe muy bien a santo de qué iba la canción, pero algo me dice que su mensaje podría servirnos para las dificultades actuales. ¡Próssssssspero 2013!



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Intentando sacar tajada
de un tostón propagandístico

6 de Febrero, 2013, 0:01

Hace casi cuatro años -qué rapido pasa el tiempo, pardiez- China celebró el 60 aniversario de la fundación de la República Popular China con varios actos, que fueron desde un desfile militar en Tiananmen (del que hablamos aquí en su día) a la producción de películas que recordaban aquel momento histórico, obviamente con tonos elogiosos hacia el régimen. El principal filme conmemorativo fue "La Fundación de una República", famosa en aquellos días porque a ella se apuntó mediante cameos prácticamente toda la flor y nata del cine chino contemporáneo (con la llamativa ausencia de Zhang Yimou y Gong Li).

Tanto se habló de la película aquel año en los medios (los chinos porque la promocionaban, los extranjeros porque la acusaban de propagandística, y esta vez creo que con razón) que me la compré en DVD en aquel momento, aunque luego me dio pereza de verla... hasta estas largas
vacaciones caseras que estoy teniendo en Pekín, en las que me armé de valor y me tragué sus casi tres horas con interés más histórico y periodístico que artístico.

Bueno, la película dura casi tres horas, pero a mí igual me costó 10 (dos tardes) verla completa, porque cada minuto tenía que estar deteniéndola para buscar el la Wikipedia quién era y qué cargo tenía el que estaba saliendo en la pantalla de esta película coral -lo indicaban con subtítulos, pero en chino- y cuál era su papel en la historia del país (supongo que a los chinos no les hará falta, lo aprenderán en la escuela, pero a un extranjero esta película se le puede hacer muy cuesta arriba).


El cartel de la película ya te va dando pistas:
seguir a todos  los personajes es más complicado que en Juego de Tronos.



Al final me lo pasé bien y todo jugando al quién es quién, y creo que hasta aprendí historia contemporánea de China, aunque me temo que en pocos días se me habrá olvidado todo.

He aquí un extracto de la película...



La película es propagandística, sí, pero de forma peculiar, porque no sólo los comunistas están muy suavizados en el filme (creo recordar que en la película este bando no mata absolutamente a nadie del bando contrario, y eso que estaban en una guerra civil) sino también se edulcora al enemigo, el Kuomintang (KMT) de Chiang Kai-shek. Es la segunda vez en poco tiempo -antes fue aquí- que veo con sorpresa que una película china da una cara amable del Generalísimo, en otros tiempos uno de los némesis de los comunistas. Chiang Kai-shek (y también su hijo, que a su muerte tomaría las riendas de la República de China en Taiwán) aparece como un hombre reflexivo, preocupado por su pueblo y sufriente. La propaganda china lo trata ahora casi con el mismo guante blanco con el que trata a los líderes comunistas (y no olvidemos que Chiang fue también un dictador, y que muchos civiles murieron injustamente también por sus decisiones, primero en China y más tarde en Taiwán). El principal error que le achacan en el filme es el de haber querido repartir el país con Mao, más que sus maneras dictatoriales o la forma en la que acababa con la disidencia (ya que el régimen comunista acabaría pareciéndose en estas cosas al KMT). Es curioso el acercamiento que a través del cine está teniendo China hacia Taiwán, donde sigue gobernando el Kuomintang.

Por cierto, que también se concede mucha importancia en la película a un tercer partido, la Liga Democrática de China, que ejerció de mediador y que a veces es casi el protagonista de la historia, lo que le da cierto aire "neutral". Hoy en día ese partido sigue existiendo en China, aunque debe tener un 0,001 de los escaños del Legislativo, su papel es meramente decorativo.

Mientras Chiang aparece como una figura atormentada, Mao es mostrado con una campechanía que recuerda a la que nos vendieron durante décadas del Rey de España: El Gran Timonel se nos muestra comiéndose una guindilla de un mordisco (como buen nativo de Hunan, le gustaba la comida bien picante), emborrachándose con su colega Zhou Enla, llevando a caballito a su hija (a la que en la vida real prácticamente abandonó)... En un bombardeo, casi la palma porque había tomado pastillas para dormir y no quería levantarse de la cama, cual adolescente en día de colegio.

En uno de los muchos diálogos (la película es todo conversaciones, casi no hay acción y de las batallas sólo se ven segundos) Mao dice a sus camaradas, en un momento en el que no saben qué decidir: "Por una vez, voy a ser dictador". No sé si los directores lo ponen con ironía o sin ella, pero a un espectador occidental de seguro le llamará la atención. Como al final de la película, cuando, en una escena que no se sabe muy bien a cuento de qué va, un soldado se cuela en una foto de Mao con unas revolucionarias y una de ellas le pide luego al fotógrafo que por favor borre al soldado del negativo (¿preludio quizá de la manipulación fotográfica que llegaría durante la Revolución Cultural y las purgas?).

Una cosa que me llamó la atención es que Tang Guoqiang, el actor que interpreta a Mao, es todo un jefazo en el cine chino: siempre acuden a él para papeles de líder. Tang Guoqiang (su nombre se podría traducir como "País Fuerte") ¡ha hecho de Mao en 16 ocasiones! (cuatro películas y 12 series televisivas. pero no contento con ello ha encarnado también al emperador Qin Shihuang (fundador de China), a otra docena de emperadores entre reales y legendarios, y a Gengis Khan en su trabajo más reciente. No debe tener subidos los humos ni nada...

Olvidándose un poco del tono propagandístico de la película, o mejor dicho, teniendo en cuenta sus trampas, con la película se puede aprender historia. Por ejemplo, gracias a ella me enteré de que a China le pasó como a España, que se quedó sin Plan Marshall, a pesar de que la esposa de Chiang Kai-shek fue a EEUU para rogar que China estuviera en esa lista de ayudas. También es curioso enterarse, al final de la película, que "gracias" a los estadounidenses se salvó Mao de una catástrofe: cuando el Kuomintang estaba ya prácticamente derrotado y sólo le quedaban tropas en Cantón, Chiang Kai-shek ordenó como acción a la desesperada bombardear el centro de Pekín precisamente el día en el que Mao fundaba desde Tiananmen la República Popular. Los bombardeos debían partir de Cantón hacia el norte, echar sus bombas en Pekín y después seguir hasta Corea del Sur, donde aterrizarían en una base estadounidense. Sin embargo, al final EEUU decidió prohibir que esos aviones usaran sus bases. Como los aparatos no tenían fuel suficiente para ir de Cantón a Pekín, bombardear y regresar a Cantón, Chiang decidió muy a su pesar cancelar esa último cartucho que le quedaba.

También es curioso enterarse por la película de que Chiang, cuando comenzó a ver que la guerra estaba perdida, llegó a ofrecer a Mao repartirse China: del Yangtsé al norte sería comunista, y al sur sería nacionalista, algo que Mao rechazó y le enfureció bastante, porque para este Partido la unidad del país ha sido siempre, y sigue siendo, la gran obsesión. Si Mao hubiera aceptado, ahora podríamos tener en Asia una situación similar a la de las dos Coreas, pero a lo bestia.

En lo anecdótico, pero a mí me encantó porque soy un fanático de banderas, escudos y demás emblemas, en las escenas finales los líderes de la naciente república popular se sientan a decidir cuál será la nueva bandera de China, con varias propuestas sobre la mesa:





Según la película, las primeras propuestas de la imagen, en las que la bandera roja era dividida en dos por una franja horizontal amarilla (que simbolizaba el río Amarillo, o quizá el Yangtsé), eran las que más gustaban a los fundadores de la república (un primero gobierno "de consenso" en el que había miembros de la mencionada Liga Democrática de China y rebotados del Kuomintang). En principio adoptaron esos diseños, que hubieran asemejado bastante la bandera china a la española. Sin embargo, algunas jóvenes revolucionarias que se reunieron con Mao en un aparte (lideradas en la película por ¡Zhang Ziyi!) sugirieron que preferían la bandera de las cinco estrellas que hoy adorna los mástiles del país. Mao, muy mujeriego y zalamero él, dijo que estaba de acuerdo. Conclusión, la primera decisión dictatorial de la república fue culpa de Zhang Ziyi.

Sobre los cameos de la película, de los que se habló mucho cuando estuvo en las grandes pantallas, llama la atención que las grandes estrellas chinas del celuloide no adoptan papeles comunistas, con la mencionada excepción de Zhang Ziyi. Jackie Chan es un periodista, Jet Li es un general del Kuomintang, Chen Kaige también es del KMT (impresiona verle pegar tiros en medio de una plaza de Chengdu), Feng Xiaogang es un líder mafioso de Shanghái... Todos tienen, como mucho, un minuto de aparición y una o dos líneas de diálogo.

En cuanto a personajes, salen decenas, cientos... algunos casi puestos con calzador, sin diálogo (como Deng Xiaoping o el padre de Xi Jinping, que sólo salen unos segundos).

Me gusto la ambientación, que muestra bien las "diferentes chinas", pues la película vuela entre escenas desde las capitales del Kuomintang (Chongqing, Nanjing) a Hong Kong, Shanghái o las bases revolucionarias de los comunistas en Yanan y Hebei, antes de llegar a Pekín (que entonces aún era llamada Beiping). En fin, yo me lo pasé bien escudriñando en la historia de China con la Wikipedia entre diálogo y diálogo de la película... No sé si os recomendable, pero bueno, tampoco es un pastiche infumable, si se ve con paciencia y distancia. Al que le interese la historia del comunismo o la evolución de la propaganda del régimen, a lo mejor le puede servir.

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Abrigados para la eternidad

4 de Febrero, 2013, 0:01

A los extranjeros que viváis en China, a lo mejor os ha sucedido alguna vez: veis una tienda en la que venden colchas o mantas, entráis a preguntar cuánto cuesta una para vuestra cama, y se os quedan mirando con cara de haber visto un fantasma. ¿No os ha pasado? A mí sí, por lo menos. Es una anécdota de "choque cultural" impagable...



La razón de esta situación es que esas tiendas que a primera vista parecen de ropa de cama son en realidad tiendas de pompas fúnebres, y las colchas que venden, con el mismo aspecto que juegos de cama que se venden en otras tiendas chinas, son en realidad mortajas, mantas con las que se adorna el féretro de los fallecidos en su funeral. Aunque los chinos llaman a esto de una forma más elegante, "shouyi" (寿衣), que traducido literalmente significa "ropa de longevidad", o, quizá, hasta "ropa para la eternidad". Las pompas fúnebres chinas suelen estar, lúgubremente, junto a los hospitales (al lado de mi casa, donde se encuentra uno de los hospitales militares más prestigiosos, hay tres), y se suelen anunciar a los viandantes con carteles en los que ofertan su producto estrella, a tal punto que "shouyi" también puede ser traducible como "pompas fúnebres".




En esta fachada está puesto cinco veces, para que quede claro...


En estas tiendas también se venden camisas y pantalones de elegante seda que también llevarán puestos los señores que pasen a mejor vida (gran eufemismo), y otro producto que se ofrece mucho en sus estantes son cajas de madera cuidadosamente decoradas. No sé muy bien para que sirven, si para depositar en ellas preciados bienes de los finados o para guardar cenizas. No me gusta preguntar mucho de estas cosas, y más en China, donde los temas funerarios son especialmente tabú.

Son productos muy caros (las colchas cuestan miles de yuanes, por ejemplo) y siempre me queda la duda -por lo mismo, por cortarme en preguntar- de saber qué pasa con esas ropas teniendo en cuenta que en las ciudades chinas, por problemas de espacio, es básicamente obligatorio incinerar a los muertos. ¿Se incineran también, se guardan? Si se acaban quemando, así a bote pronto parece un gasto un poco excesivo, pero bueno, también en Occidente se suelen gastar enormes cantidades de dinero en costumbres funerarias que el "beneficiado" no va a disfrutar demasiado...

Estas tiendas también venden lápidas y lugares destacados en los cementerios más bellos de la ciudad o hasta del país, por precios que suelen ser bastante desorbitados, aunque por cuestiones de espacio (estas tiendas suelen ser muy pequeñas) todo esto simplemente lo anuncian con pósters que, de forma un poco depresiva, recuerdan un poco a folletos turísticos... Habrá muchos chinos que seguramente éstas son las únicas "vacaciones" que podrán tener en vida.




PD: Todo esto, en el norte de China, porque en el sur, ya sabréis por este blog que las funerarias son fascinantes talleres papirofléxicos.

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Este blog -sorpresas te da la vida- recibió el premio Blasillo de Huesca 2006 al ingenio español en Internet

Y como no hay uno sin dos, fue galardonado poco después con el Premio 20 Blogs 2006 al mejor blog expatriado

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