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Julio del 2013


Ya me notaba más prieto

30 de Julio, 2013, 0:01


Este mes que ya termina China ha "encogido" un kilómetro cuadrado. Bueno, en realidad no, porque ese terreno lo ha alquilado, no lo ha dado, y el receptor ha sido Macao, que también es parte de China. No obstante, dada la situación casi independiente de la ex colonia portuguesa podríamos jugar con esa idea (tiene su propia moneda, bandera, selección de fútbol, allí los casinos son legales y en el resto de China no, para entrar allí los chinos necesitan pasaporte, etc).

Para China un kilómetro cuadrado no es mucho, que tiene más de 9,6 millones, pero para Macao, que es el territorio más densamente poblado del mundo, la cesión no es moco de pavo. Hasta ahora propietaria de 29 kilómetros cuadrados, es como si aumentara un tres por ciento su superficie, aunque no le sirve demasiado para aumentar puestos en el ranking mundial, porque aún no alcanza los 34 kilómetros cuadrados de su inmediato competidor por arriba (que no es otro que la mitad holandesa de la isla caribeña de San Martín, un lugar tan interesante y anómalo como Macao).

El nuevo territorio para Macao está en una isla cantonesa llamada Hengqin. Allí va a estar desde ya mismo el nuevo campus de la Universidad de Macao, y el lugar ya ha empezado a notar que ya "no es chino" porque los ordenadores universitarios ya puedan acceder a Facebook o Twitter, que están bloqueados en territorio chino pero no en el macaense, ni tampoco en el hongkonés. Al campus se accederá desde Macao a través de un túnel submarino.


El nuevo campus está más o menos es el recuadro que he señalado discretamente.
También sale, en azul, el antiguo campus, que era 20 veces más pequeño.


La nueva universidad (bueno, una imagen idealizada de ésta, para promocionarla).



Pues eso, que el territorio de China no es inmutable (aunque en este caso se trata de un cambio más bien regional, interno). Hace dos años, por ejemplo, China "ganó" mil kilómetros cuadrados (más o menos el equivalente a lo que ocupa Hong Kong, o el doble que Andorra) a la vecina Tajikistán, que se los "entregó" mediante un acuerdo. En realidad, lo que pasaba es que ambos países tenían dudas sobre la frontera entre ambos (esto a China le pasa con casi todos los vecinos), se hizo un estudio y se decidió, no sé si para gusto o disgusto de los tayikos, que a China le correspondían mil kilómetros cuadrados más de los que tenía. Lo que en mi pueblo se dice mover las lindes, vamos.  

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Unidos por tragedias ferroviarias

25 de Julio, 2013, 0:01




Mal cuerpo y peor cabeza se nos ha puesto a todos, también en Pekín, con las terribles imágenes y noticias sobre la tragedia ferroviaria de Santiago de Compostela, la peor que sufre España en más de 40 años. El accidente ha ocurrido un 24 de julio, casi la misma fecha en la que China sufrió el que también fue su primer (y hasta ahora único, que yo sepa) accidente de un tren de alta velocidad, el que causó 40 muertos en las cercanías de Wenzhou (23 de julio de 2011). Wenzhou y sus alrededores, por cierto, son un lugar del que provienen muchos inmigrantes chinos que viven en España.

Por si España y China no quedaran lo suficientemente unidas por estas dos desgracias, también ha habido hoy un punto en común, aunque éste bastante kafkiano: el Gobierno español, en uno de los gestos más feos que le recuerdo en mucho tiempo, ha hecho un cortapega de comunicados, o ha usado una plantilla sin alma, o qué se yo que ha hecho, pero ha mezclado por error el accidente de Santiago con el reciente terremoto de Gansu (provincia del noroeste de China). Ello ha conseguido que Gansu o China fueran trending topic en Twitter buena parte del día (irónico, porque el lunes, día del seísmo, creo que no lo fueron), pero también ha dejado la sensibilidad del presidente español, o de su equipo de comunicación, a la altura del betún. ¿Cómo ha podido el gallego Rajoy dejar en manos de un frío equipo de burócratas las palabras de dolor por una gran desgracia que ha ocurrido en su tierra?

Pero bueno, volviendo a los accidentes, es triste ver cómo los dos países que más fuerte han apostado en el mundo por la alta velocidad ferroviaria, un medio de transporte que a mí personalmente me agrada mucho más que el avión, han pagado esta apuesta muy cara, con accidentes muy graves y aparatosos. China tiene 9.000 kilómetros de líneas de alta velocidad -casi las mismas que el resto de países del mundo juntos- que se han convertido en un común método de transporte para millones de chinos (yo mismo las he usado en mis recientes viajes a Hunan y Hubei, este año). España tiene la tercera parte que China, 3.000, aunque teniendo en cuenta la diferencia de tamaños y poblaciones entre los dos países, su kilometraje quizá todavía es más espectacular, y todos los años le doy uso también, cuando viajo de Madrid a Huesca. A estos dos países les siguen en el ranking los dos que en los 60 y 70 fueron los pioneros de este tipo de transporte, Japón y Francia. Y sorprende ver que en toda América, por el momento, no hay ni un sólo kilómetro de este tipo de trenes.

En China, muchísimo ha llovido tras el accidente de Wenzhou, que trajo mucha cola (pocos sucesos le han costado más criticas al Gobierno chino en los últimos años). El que fue ministro de Ferrocarriles en la época en que más líneas de tren bala se construyeron, Liu Zhijun, está condenado a cadena perpetua por corrupto desde principios de este mes (y por poco no fue condenado a muerte). El otrora gigantesco Ministerio de Ferrocarriles desapareció en marzo de este año, precisamente para quitarle poder y evitar que fuera un imán de sobornos. Entretanto, los trenes de alta velocidad chinos han reducido su velocidad máxima, que antes del siniestro de Wenzhou era de 350 por hora y ahora no supera los 300.

Sin embargo, las líneas de "aves chinos" se siguen inaugurando con grandes fastos (a finales del año pasado la Pekín-Harbin, además de la Pekín-Cantón, que es la que he usado tanto para ir a Hubei como a Hunan). ¿Se aprendió de los errores? Esperemos que sí, y que tanto en España como en China no tengamos que lamentar más tragedias en las décadas que vendrán.

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Malos tiempos para Calatravas
(también en China)

23 de Julio, 2013, 0:01


El Gobierno chino ha anunciado hace apenas unas horas una decisión inesperada: ha prohibido que en cinco años se construyan nuevos edificios gubernamentales (ayuntamientos, sedes de gobiernos provinciales, ministerios, asambleas locales...). La decisión es una de las primeras muestras reales de las llamadas a la austeridad y el ahorro gubernamental que iba pregonando el nuevo -bueno, ya no tan nuevo- presidente Xi Jinping desde su llegada al poder. Se podría decir que esta decisión, aunque aparentemente superficial, es uno de los primeros casos en los que se ve un giro de 180 grados con respecto a sus antecesores en el poder: en la era de Hu Jintao y Wen Jiabao, época de Juegos Olímpicos y Expos Universales, lo suyo era gastar a lo grande en infraestructuras y edificios públicos. Los que me leáis desde España no necesitaréis muchas explicaciones al respecto, allí fue igual o peor.

En China, la cuestión de los enormes edificios estatales llevaba ya cierto tiempo siendo muy polémica: los ciudadanos se quejaban de que mientras el país todavía es pobre per cápita, muchos jerifaltes locales se estaban construyendo unos edificios que ya los quisiera para sí Obama en Washington (de hecho, más de un alcalde se ha construido un Capitolio local, como el que veis arriba, que está en la casi desconocida ciudad de Fuyang).

La gota que colmó el vaso llegó en diciembre del año pasado, cuando en Jinan, una capital provincial costera, se "descubrió" que el gobierno local tenía sus oficinas en el segundo mayor edificio gubernamental del mundo, sólo por detrás del Pentágono estadounidense. Ello animó entonces a que muchos internautas chinos recopilaran y mostraran en foros imágenes de faraónicas sedes de sus provincias, ciudades, pueblos o incluso barrios, para denunciar esos despilfarros.

El debate también estuvo candente en 2008, porque en el terremoto de Sichuan, en mayo de aquel año, muchos edificios gubernamentales de la zona cercana al epicentro quedaron casi indemnes, mientras escuelas y zonas residenciales a pocos metros de allí se hicieron trizas. Entonces hubo incluso quien hizo odiosas comparaciones entre estos magnos proyectos y las más modestas sedes de los gobiernos locales de Estados Unidos.

Os muestro algunas fotos del artista Bai Xiaoci, que lleva años recopilando imágenes de edificios gubernamentales de China (el de arriba también es suyo). No sé si lo hace con fines concienciadores o por puro hobby, en todo caso os ilustrará un poco lo que se edifica en China y os servirá para entender contra qué intenta luchar la decisión tomada hoy por el poder central (ya veremos si tiene éxito o no) .


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40 años sin un buen ZASCA

20 de Julio, 2013, 0:01


Hoy, 20 de julio de 2013, se cumplen 40 años de la trágica y todavía no del todo aclarada muerte de Bruce Lee, el rey indiscutible y eterno del cine de lucha, por más que lo hayan intentado igualar en décadas posteriores tanto en Oriente (Jackie Chan, Jet Li...) como en Occidente (Steven Seagal, Van Damme...). Los homenajes serán especialmente sentidos en Hong Kong, la ciudad de la que era su familia (aunque él nació en California) y donde falleció, según la versión oficial por una reacción alérgica a un medicamento, con apenas 32 añitos.

Todos conocemos de vista a Bruce Lee, pese a que seguramente muchos no hayamos visto una película suya entera, como mucho escenas míticas como su pelea con Chuck Norris en el Coliseo de Roma, o la que tuvo con Kareem Abdul-Jabbar, enfundado en aquel célebre chándal amarillo que luego heredó Uma Thurman.





En los últimos años, el espíritu de Lee ha seguido vivo en un medio habitualmente muy perro, el de la publicidad, que pese a ser un arte menor ha intentado convertir spots en verdaderos homenajes al fallecido ídolo, y en uno de los casos se podría decir que lo consiguió.

En España, por empezar por el que lo consiguió, todos recordaréis el Be water my friend, que allá en 2006 se convirtió en una coletilla de muchas conversaciones y chistes (también caló en este viejísimo blog, por supuesto). El anuncio, de BMW, era genial de puro y simple que era, y podría haber sido de chorizos Campofrío, porque los hubiera vendido igual.



Algo después, en 2008, Nokia intentó usar también a un Bruce Lee en blanco y negro "vintage" para un anuncio de móviles en el que optó por el aspecto circense de Bruce, en lugar del filosófico. En todo caso, hay que decir que para la espectacular escena -que parece antigua pero en realidad no lo era- usó un doble, y le añadió efectos digitales (una pelota creada por ordenador) para que pudiera jugar al ping pong con nunchakus. Publicidad engañosa, y quizá no tan memorable como la anterior, pero efectista.



Finalmente, hace apenas unos días y casi como recordatorio del 40 aniversario, la marca de whisky Johnnie Walker ha recreado a Bruce Lee también con un doble y tecnología digital, esta vez en un anuncio para China, la cuna del kung fu que Bruce ayudó a popularizar en Occidente (mano a mano con David Carradine).



Viendo el anuncio, me parece que han intentado copiar la exitosa idea de BMW (elaborada por publicistas españolas) pero gastando más dinero, con lo que han conseguido un spot barroco, con demasiada filosofía apilada con desorden, y algo frío por presentar a Bruce en un sitio que no le corresponde, el futurista y rascacielesco Hong Kong actual. El dragón hongkonés -ése era su signo del zodiaco chino- pertenece más bien a las callejuelas malolientes de un barrio chino cualquiera.

El anuncio, por cierto, no ha gustado demasiado en China, en parte porque no les acaba de quedar claro ver a Bruce Lee hablando en mandarín (su lengua materna era el cantonés) pero también por el hecho de que anuncie algo tan venial como el whisky, con lo ascético y abstemio que era el luchador.

Esperemos que su memoria no quede empañada por la publicidad, que Bruce descanse en el paraíso o nirvana donde se halle, y que los que estén allí con él no le mosqueen, que en un mal día te deja sin dientes.


ACTUALIZACIÓN (2/8/2013): Ahora que he descubierto Epic Rap Battles of History (no sé por qué tardé tanto) creo que merece la pena que enlace a este gran duelo entre dos grandes:


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Los irreductibles miao

15 de Julio, 2013, 0:01







De sobra sabemos que la relación entre la civilización china y otras etnias de la, digamos, "periferia del imperio" no es fácil. No lo es ahora (problemas con los tibetanos y los uigures) pero tampoco en el pasado, y para recuerdo de ello quedará por siempre la Gran Muralla, que intentó defender a los chinos de los invasores mongoles.

Uno de los conflictos más sangrientos y de más larga duración que China ha tenido con una de sus minorías no ha sido con las que actualmente están en los periódicos, sino con los miao, que en el sureste asiático son también conocidos como hmong y son un pueblo de gran tradición guerrera. En la Guerra del Vietnam, los hmong fueron usados por EEUU contra los comunistas en Vietnam y Laos, y en consecuencia, muchos de ellos, tras la victoria de los charlies, se marcharon como refugiados a los Estados Unidos (quizá es por ello que en la inmensa película Gran Torino el no menos inmenso Clint Eastwood se mete en líos con la comunidad hmong de Michigan).


En China, los hmong (aquí más conocidos como miao, aunque éstas denominaciones nunca son cien por cien exactas, porque hay miaos/hmongs muy variados) también dieron mucha guerra, y lo hicieron durante siglos, rebelándose contra el imperio cuando éste pensaba que les había dominado ya hacía décadas
.

Originales del sur de China, vieron como los chinos han, la etnia que desde la cuenca el río Amarillo se fue extendiendo a todo el país, iba colonizando a fuerza de demografía sus tierras y les obligaba a ir a lugares cada vez más remotos y montañosos. Contra el empuje de los chinos han, los miao protagonizaron muchas rebeliones, las primeras de ellas en los siglos XIV y XV, que la entonces dinastía Ming derrotó usando a mercenarios uigures (por eso hay todavía alguna comunidad uigur en Hunan, muy lejos del Xinjiang de donde éstos son originarios).

Las revueltas más sangrientas, sin embargo, fueron en los siglos XVIII y XIX, cuando la que gobernaba era la dinastía Qing. Al parecer, las revueltas miao en el siglo XIX fueron tan duramente reprimidas que se calcula que murieron hasta cinco de los siete millones de miao que habitaban la zona de las revueltas, lo cual podría considerarse uno de esos terribles genocidios olvidados en la Historia, similar al armenio o al de otros pueblos de los que ni nos acordamos.


Miaos y chinos tuvieron durante siglos tan tensas relaciones (aunque no siempre fue así y hubo épocas en las que los miaos simplemente pagaban impuestos a los chinos y vivían en paz) que en las zonas donde éstos habitaban, como las provincias de Hunan y Guizhou, se edificaron muros defensivos de montaña similares a la Gran Muralla que al norte del país intentó detener los avances mongoles.

La Gran Muralla del Sur, como algunos la denominan, nunca fue tan larga como el norte, y poco queda de ella en la actualidad, pero hace unos días, cuando estuve en Fenghuang (donde muchos de sus vecinos son miao), me enteré de que en sus afueras tienen un parque donde se ha reconstruido un tramo de aquel monumento. Allí que fui, y saqué algunas fotos:


Quizá el muro no inspire mucha historia, por la sensación de nuevo que da, pero subiendo por sus escalones uno disfruta de unas vistas fantásticas de los alrededores, y al menos ir allí te anima a descubrir un poco más sobre la historia de los irreductibles miaos, capaces de plantarle cara al mismísimo Clint Eastwood.

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Tienes que ir a Zhangjiajie

11 de Julio, 2013, 0:01

Tras visitar Fenghuang, lugar que os intenté describir en el anterior post, tomé un autobús que me llevó a la reserva natural de Wulingyuan, también conocida como Zhangjiajie. Me voy a ahorrar muchas palabras para hablaros de ese sitio: en lo que a naturaleza se refiere es, simple y llanamente, lo más bonito, impresionante, espectacular y sobrecogedor que he visto en mis 11 años largos en China. Ni siquiera la Montaña Amarilla o Guilin, que ya es mucho decir, están al mismo nivel (aunque se acerquen). No creo que vuelva a tener jamás hipo, Zhangjiajie me lo ha quitado para siempre.


Los dos días que estuve me llovió y me mojé más que un pluviómetro gallego,
pero a cambio vi a las nubes jugar con las columnas rocosas. Valió la pena.



¿Cómo es posible que se conozca tan poco fuera de China esta maravilla natural, esta combinación de frondosa selva y columnas de roca de formas imposibles y tolkienianas? No me cabe en la cabeza que este lugar no sea tan conocido como las cataratas del Niágara, el Cañón del Colorado o similares monumentos naturales de relumbrón. China tiene un fantástico tesoro aún escondido -para los guiris, porque los chinos lo visitan en masa, como pude ver- y no consigo explicarme cómo es que los extranjeros aún no lo han encontrado (o igual es mejor así, quién sabe).

Zhangjiajie o Wulingyuan es tan fabuloso que James Cameron lo grabó, lo manipuló digitalmente y lo convirtió en las Montañas Aleluya de Avatar. El paraíso de los navi existe en la realidad, y está en la provincia de Hunan (los montes no flotan, pero casi).





Como no podía ser menos, los promotores turísticos intentan sacar partido de la publicidad inesperada que supuso de unir en un filme a los Pitufos con Pocahontas. Llegó incluso a haber rumores de que uno de los mallos más famosos de la reserva, quizá el que acabo de mostrar con y sin efectos especiales, iba a ser renombrado como "Monte Aleluya", como los de Avatar, aunque al final la idea no prosperó. De momento, lo único que ha pasado es que en alguno de los miradores -no muchos, sólo vi un par- se han colocado navis de plástico para cobrar a los turistas por hacerse fotos junto a ellos.


El que puso a este navi debía ser daltónico:
lo pintó de verde, no de azul.


Como decía arriba, no me voy a explayar mucho con un sitio que no necesita explicaciones. Debería ser obligatorio para todo ser humano visitarlo una vez en la vida. Hay mucho turista chino, te tienes que empujar en algunos miradores, la entrada al parque cuesta 240 yuanazos del ala, no es fácil que lo veas con sol, subir las escaleras de los mallos es extenuante... pero nada de eso te importará cuando te asomes a los abismos.




Pero todo paraíso tiene su serpiente... en mi excursión por Zhangjiajie, como mencioné en un pie de foto allá arriba, llovió bastante, y como consecuencia los miles de visitantes que estábamos allí llevábamos impermeables multicolores. Al final del día, cuando dejó de llover, contemplé con horror cómo muchos de los turistas, con una falta de civilidad apabullante, tiraron los impermeables -y otras basuras- en cualquier parte. Esto me irritó mucho y me decepcionó, porque hace años, en mi visita a la Montaña Amarilla, otro de los grandes tesoros naturales de China, fui feliz al ver que la gente era muy respetuosa y casi no tiraban basuras. Pensé que los chinos respetaban sus tesoros naturales, pero no.


Me molestó especialmente, hasta hacer que jurara en hebreo y en voz alta, un engendro que tiró el impermeable no ya al suelo del camino, sino a una de las laderas de la montaña, en una zona peligrosa, quien sabe si para ver si así los pobres guardabosques que debían limpiar esa cochinada se desnucaban. Al que hizo eso, cuya cara no vi ni quiero ver, sólo le deseo que ojalá pille una enfermedad consecuencia de su guarra vida. Qué se yo, una sífilis, un mal que no le mate, que sólo le cause dolor y quién sabe si arrepentimiento por ser un puerco.

La inmensa mayoría de los turistas eran chinos, así que no tengo pegas en generalizar y decir que este comportamiento es una vergüenza para el país, y ensucia el nombre de su sociedad bastante más que las cuestiones políticas (que, a fin de cuentas, son responsabilidad del Gobierno, no de toda la gente). No sé si los chinos son conscientes de la horrible imagen que causa para todos ellos como colectivo el hecho de que, una vez visitado un lugar, decidan tirarle en masa sus basuras, como diciendo "yo ya lo he disfrutado, el que venga detrás que se joda porque no me importa un carajo". Así no pueden salir a ninguna parte.

El asunto se agrava, y me molesta aún más, por el hecho de que la reserva de Wulingyuan es Patrimonio Mundial de la UNESCO, lo que en mi forma de ver significa que no sólo es chino, también es un poco de toda la humanidad. Los chinos no pueden tratar así algo que es para todos. Dado que forma parte de ese patrimonio, he decidido escribir una carta de quejas y con fotos incluidas al buzón electrónico de la UNESCO -no sé si irá a la papelera, pero por probar que no quede- expresando mi dolor por este trato que recibe la reserva. Tampoco sé cómo se puede solucionar (¿multas? ¿charla concienciadora a todos los visitantes antes de que entren? ¿anuncios en televisión?) pero algo hay que hacer, sin duda, porque los turistas de China no pueden tratar así a uno de sus bienes más espectaculares. Si tenemos que lanzar el ejército navi contra ellos, pues sea.

ACTUALIZACIÓN (14/8/2013): Finalmente he escrito y mandado la carta a la UNESCO, os la muestro aquí con, seguramente, algún fallo de redacción (mi inglés es el que es).

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Espléndida y sobrexplotada Fenghuang

10 de Julio, 2013, 0:01


La semana pasada hice una breve pero intensa escapada a la provincia de Hunan, en el centro sur de China. La primera vez que estuve allí, hace cosa de seis o siete años, me dediqué al "turismo rojo" (en Hunan nació Mao y su pueblo natal, Shaoshan, es curioso, además de bonito). Me quedé con ganas de ir a otros lugares, pero mi entonces novia, que estaba en Pekín, me llamó a consultas diciendo que qué hacía yo por esos lugares de dios y, calzonazos de mí, acorté mi viaje.

Libre en esta ocasión, he estado todo lo que he querido y podido, y mi primera escala ha sido Fenghuang, un lugar prácticamente desconocido hace 10 años dentro y fuera de China (en mi antediluviana Lonely Planet de 2002 ni sale) pero que ahora se ha convertido en uno de los pueblos más turísticos del país, junto a Pingyao, Lijiang, Yangshuo, Dali o los pueblos de canales que hay en el delta del Yangtsé.

Fenghuang es realmente bonito, y diferente a otros nombrados en el párrafo anterior. Su base para la belleza es el lugar donde está enclavado, entre verdes montañas, con un río de agua cristalina cruzándolo. Para coronarlo, cielo azul y días soleados, que para los que venimos de Pekín es algo muy de agradecer. Además es un pueblo tradicional enorme, cuando lo normal es que estos lugares sean pequeñuelos.

Como ya saben los que han viajado por China, esta belleza ha pagado el precio de la turistización. Casi todas las muy cucas casas de madera que pueblan las dos orillas son ahora hoteles (lo bueno de ello es que el alojamiento es fantástico, y no muy caro). En las callejuelas del interior del pueblo, las tiendas de souvenirs lo invaden todo. No hay mucho que hacer al respecto, salvo tomárselo con filosofía, disfrutar también de ello y esperar que quizá en el futuro aparezcan leyes más estrictas de defensa de los patrimonios históricos que prohíban, por ejemplo, excesiva publicidad o productos a la venta en la calle. Ya se verá.


¡Tienen hasta su propia versión del pato gigante de Hong Kong!
Un poco más modesta, eso sí.


Más preocupante quizá es la contaminación acústica, que los chinos, bullangueros y gritones (como los españoles, o quizá un puntitio más) todavía no ven como tal. La gran novedad que he visto en estos lugares turísticos durante esta visita es que se han puesto de moda las tiendas de djembés, esos timbales africanos que usan los perroflautas. En las tiendas dedicadas a este instrumento, invariablemente, una chica acompaña con ellos el ritmo de una música que suena en un altavoz, para mostrar lo mucho que molan. En consecuencia, Fenghuang, y supongo que muchos lugares turísticos chinos que han caído en la moda, suenan como si aquello fuera el Congo Belga.


La cosa empeora de noche, cuando muchos bares -también en la zona tradicional- se transforman en discotecas o -horror y pavor- bares con desafinada actuación de cantantes, y ponen la música a todos los decibelios que les permitan sus altavoces. Fenghuang, como Yangshuo u otros lugares, se transforman en los bajos de Moncloa, pero además insonorizados.

No entiendo muy bien, además, como no se les ocurre a los ayuntamientos chinos que, si llevaran los locales de música a otros barrios menos bonitos, podrían crear así nuevas zonas de atracción turística, y así aumentar la extensión de las zonas más frecuentadas (además de dar ingresos a los taxistas). ¿A quién se le ocurriría, por ejemplo, que las discotecas de Venecia estuvieran en los mismos canales?

En fin -creo que siempre empiezo uno de mis últimos párrafos con un "en fin"-, en realidad todo esto no deja de tener su gracia, es posible que sea una moda pasajera, y, pese a todo, Fenghuang es un lugar francamente bonito y de merecida visita. Como siempre digo, souvenirs y demás dan a China un toque kitsch, y lo kitsch no deja de ser gracioso y también interesante.

Pero bueno, una imagen vale más de mil palabras, así que a continuación, en vez de seguir dándole a la tecla, os coloco el equivalente a más de 30.000 vocablos.



PD: Pese a su actual fama en China, el lugar es relativamente desconocido fuera de este país, por lo que apenas me encontré a turistas laowais como yo (en tres días que estuve debí de ver media docena). Como consecuencia, yo era un atractivo más de la ciudad para los turistas chinos. No recuerdo haberme hecho tantas fotos con chinos en ningún viaje, debieron de ser 40 o así (a petición de ellos, por si no queda sobreentendido). Buena parte de los turistas por estas fechas son jóvenes universitarios chinos recién graduados, y además muchos, según vi, eran de la misma provincia de Hunan. En general, gente muy agradable.

PD 2: Hey, que se me olvidó comentar que este año Fenghuang estuvo en las noticias chinas porque el ayuntamiento decidió cobrar entrada a los visitantes (140 yuanazos) y ello provocó protestas en las calles de los comerciantes de la zona, quienes se quejaban que ello era explotar excesivamente el lugar. Menudos son ellos para hablar...

Cobrar entrada en pueblos pinoterscos, por otro lado, es una práctica extendidísima en China.

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Don Quijote de la Manchuria

4 de Julio, 2013, 0:01

El post de hoy probablemente es el que escribo con mejor decorado de fondo en los casi ocho años que tiene de vida (estoy en el turístico pueblecico hunanense de Fenghuang). Esto es lo que veo mientras tecleo:


Lo digo por lo que hay tras la ventana, que conste...
Las mozas eran guapas pero ya se fueron hace un rato.



Me ocuparé de Fenghuang en posts futuros, porque hoy prefiero hablar un poco de un libro que estoy leyendo a rachas, en las épocas vacacionales: "Las tres Españas del 36", del reconocido historiador Paul Preston. El libro es en realidad una colección de minibiografías de personajes clave en la Guerra Civil española, desde Franco a Manuel Azaña o la Pasionaria hasta Primo de Rivera, su hermana Pilar o incluso Millán Astray (este capítulo, visto con distancia, es quizá el más divertido de todos). El libro me ayuda a conocer una época de la que casi no sé nada, pese a su gran importancia para España: en la escuela, los profesores de Historia, después de haber dedicado meses a la España visigoda, nunca podían acabar el temario y por tanto siempre se dejaban sin explicar los últimos capítulos, precisamente los más importantes para entendernos hoy (Guerra Civil, franquismo, transición...). O quién sabe, igual era parte de le ley de punto final, no remover las cosas...

Decimos que los chinos olvidan su historia reciente (y no digo yo que no sea cierto), pero en España nos pasa tres cuartos de lo mismo, y por eso seguimos siendo los mismos extremistas sectarios de hace casi un siglo (por ambos bandos). Estamos condenados a repetir la Historia porque la hemos olvidado, y seguimos llamándonos los unos a los otros "fachas" y "rojos". Precisamente el libro de Preston rinde homenaje a la "tercera España", los moderados, los que no eran ni fascistas ni comunistas, y que en algunos casos acabaron siendo perseguidos por ambos bandos. Qué complicado es ser neutral.

Pero bueno, me voy por las ramas, ¿de qué va este blog? Ah sí, de China... Pues para regresar al redil me centraré en uno de los personajes a los que Paul Preston dedica uno de los capítulos: Salvador de Madariaga, un hombre que antes de leer este libro apenas conocía, como no fuera porque da su nombre a uno de los premios más prestigiosos de mi gremio periodístico. Vergüenza la mía, no saber casi nada de este enorme personaje.

Madariaga fue uno de los hombres más internacionales de la España dormida de principios del siglo XX. Formado en París, casado con una inglesa, escritor de libros directamente al idioma de Shakespeare, era una figura internacional como la que probablemente no hemos tenido nunca más.

Esa internacionalidad permitió a Madariaga convertirse en el representante de España en la Sociedad de Naciones, el equivalente a las Naciones Unidas que hubo antes de la Segunda Guerra Mundial. Y coincidió que, justo cuando Madariaga era nuestro embajador allí, se produjo la invasión japonesa del noreste de China (1931), lo que nosotros conocemos como Manchuria (aunque a los chinos no les gusta ese nombre). Los japoneses crearon allí un reino títere de Tokio, con el Último Emperador como falso rey, y lo llamaron Manchukuo (de ahí que a los chinos no les guste lo de Manchuria).

El caso es que, según cuenta Preston en su libro, Madariaga fue uno de los más encendidos críticos de la actitud japonesa, y se hizo famoso en las reuniones de la Sociedad de Naciones por la pasión con la que defendía a China y criticaba a Japón, pese a la lejanía geográfica del conflicto. De ahí que se ganara el apodo de "Don Quijote de la Manchuria", un apodo que le iba muy bien porque además, al menos eso dice Preston (que en todos los capítulos hace un profundo estudio psicológico de sus biografiados) era un idealista casi enfermizo, como el caballero de la triste figura.

Por lo visto, en la Sociedad de Naciones de aquel entonces (en la que no estaba Estados Unidos, todo sea dicho) los países más "guerreros" eran los "pequeños" de Europa, y se hablaba de una especie de club de países gallitos que protestaban con más energía en las reuniones. Entre ellas estaba España, y también Suiza, Dinamarca, Holanda, Suecia o Bélgica. Este último me recuerda que fue un belga quien por aquel entonces hizo otro gran alegato en favor de China y contra Japón: el dibujante Hergé, con su álbum de Tintín "
El Loto Azul" (mi favorito desde pequeño, mucho antes de cultivar interés por China).

Los alegatos de Madariaga cayeron en oídos sordos. La mayor parte de los delegados de países "fuertes", como Francia o Reino Unido, le tenían mucho aprecio a Madariaga pero pensaban que su idealismo olvidaba la realidad y era impracticable. De hecho, a veces hasta el ministro de Asuntos Exteriores español de la época se molestaba porque Madariaga fuera tan llamativo en la Sociedad de Naciones (lo que hizo, sin embargo, que España fuera por una vez algo en una organización internacional) y a veces fuera por libre en sus opiniones, sin consultar a sus superiores. Hasta Azaña dice en sus diarios que a España no le interesaba nada ganarse la animadversión del Japón, y que Madariaga iba a su bola.

Pues eso, que en consecuencia, Japón se fue de rositas. Algo similar ocurriría poco después cuando Italia invadió Abisinia (Etiopía): Madariaga lo condenó, pidiendo mano dura, y Europa miró para otro lado, para evitarse problemas. Después llegaron invasiones más cercanas, las de Checoslovaquia, Austria y Polonia por parte de Alemania, y ya no hubo vuelta atrás. Quizá si se hubiera escuchado antes a Don Quijote de la Manchuria en los años 30 podría haberse evitado el terror de los 40.


PD: Googleando un poco antes de escribir esta entrada he descubierto que uno de mis colegas blogueros de tema chino ha escrito recientemente un post también sobre Madariaga y la cuestión japonesa, y prometo que no lo he leído antes de escribir el mío, para que nos salga lo menos parecido posible (una vez escrito el mío y leído el suyo puedo decir que el suyo es más completo, pues yo lo único que sé del tema es lo que cuenta Preston, que no es mucho). Eso sí, coincidimos en título, porque ¿qué otra cosa se podía poner?

PD 2: Mientras escribía esto la vista me ha cambiado...

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La quinta de Indiana Jones
debería ser sobre esto

1 de Julio, 2013, 0:01

La semana pasada regresaron a China dos cabezas de bronce que representan a una rata y a un conejo. Se las recibió con una solemne ceremonia, en la que asistió hasta una viceprimera ministra china, Liu Yandong. (En la foto, la de la izquierda).


¿Por qué tanto alboroto por dos estatuas? Bueno, no son dos obras cualquiera, porque hace cuatro años protagonizaron una rocambolesca historia, que en realidad tiene siglo y medio detrás. En este blog ya se habló dos veces de aquello, pero como ha llovido mucho desde entonces lo recordaré de nuevo, para que este post sirva además de colofón a aquellos dos (o de continuación, porque quién sabe si la historia no terminará aquí).

Las cabezas pertenecían a una lujosa fuente del versallesco Antiguo Palacio de Verano de Pekín (Yuanmingyuan), en la que estaban presentes los 12 animales del zodiaco chino, y de cada uno salía un chorrillo de agua. Se cree que la fuente, como otros detalles de aquella residencia veraniega de los emperadores, fue diseñada por el jesuita italiano Giuseppe Castiglione.


El Antiguo Palacio de Verano (que no debe confundirse con el Palacio de Verano a secas, aunque los dos estén en el noroeste de Pekín) fue destruido y saqueado por tropas francesas e inglesas en 1860, durante la Segunda Guerra del Opio. Los europeos querían dar un golpe moral a los emperadores, y barajaron hasta quemar la Ciudad Prohibida, pero finalmente se decantaron por otro símbolo de los soberanos chinos, más en las afueras. Así dejaron, por ejemplo, la famosa fuente:


Las cabezas, como tantos otros botines cobrados por la soldadesca europea en sus campañas por todo el mundo, fueron a los museos y colecciones del Viejo Continente. La rata y el conejo, en concreto, llegaron a manos de nada más y nada menos que el diseñador francés Yves Saint-Laurent.

A la muerte de Saint-Laurent, en 2008, su compañero sentimental, Pierre Bergé, decidió subastar parte de la colección del artista. A mí me parece ya mal, para empezar, que con tu pareja recién enterrada te pongas a finiquitar sus bienes, pero en fin, a los chinos lo que les molestó fue que se intentara hacer negocio con unas obras que habían sido saqueadas a China. Hubo protestas públicas, y hasta el Gobierno chino intentó presionar para que la subasta en casa Cristo la casa Christie's no se celebrara.

Bergé calentó la subasta diciendo al Gobierno chino que devolvería las cabezas al día siguiente si el país mejoraba sus derechos humanos y la situación del Tíbet (no sé cómo se puede hacer eso en un día, pero es lo que dijo Pierre). Vamos, que quería desviar la atención.

La subasta se celebró, y un comprador anónimo (en estas pujas multimillonarias todo suele ser muy secreto)
se llevó las cabezas por 28 millones de euros.


Sin embargo, pocos días después, ese comprador, que resultó ser un coleccionista chino llamado Cai Mingchao, celebró una rueda de prensa en Pekín y se identificó como el ganador de la puja, pero dijo que no pensaba pagar porque se había subastado un objeto robado.

Se armó mucho revuelo... Se debatió mucho sobre si el Gobierno chino estaba detás de la "emboscada" o no. También se discutió si era ético que China reclamara unas obras que posiblemente gracias a estar fuera de su país de origen probablemente sobrevivieron a cosas como la Revolución Cultural. En fin, el caso es que la noticia animó mucho la actualidad en los inicios de 2009, cuando en China estábamos algo resacosos y tristones porque se acabara el año olímpico 2008.

Desde entonces no hemos oído casi hablar en cuatro años de esas cabezas, pero recientemente, cuando el asunto parecía ya olvidado, regresó a la actualidad. Así, nos hemos enterado de que, tras el fiasco de la subasta, las adquirió otro magnate de la industria del lujo francés, Henri Pinault (no sé si es que fue el segundo que más pujó en la polémica subasta, o si es que tiempo más tarde, más discretamente, las cabezas volvieron a venderse).

Pero Pinault decidió adoptar una postura opuesta a la de Bergé, y devolver las cabezas de la discordia a los chinos sin política de por medio. No se sabe si China ha tenido que pagar algo, si Pinault obtendrá algo a cambio, pero el caso es que ya están en Pekín, y se exhibirán en el Museo Nacional, el más importante del país, en plena plaza de Tiananmen.

Con estas dos cabezas, China ha recuperado siete de las 12 que tenía la fuente original. Según este gran estudio de la historia, tres de ellas (el buey, el tigre y el mono) las compró en 2000 en una subasta en Hong Kong el Grupo Poly (una enorme inmobiliaria china, ligada según dicen al ejército). En aquella subasta también había una cabeza de otro de los 12 animales, el perro, pero los expertos de Poly dijeron que era falsa y se quedaron sólo con las otras tres.

Otras dos estatuas de la histórica fuente, el caballo y el cerdo, las compró entre 2003 y 2007 el magnate Stanley Ho, que durante décadas tuvo el monopolio de los casinos en Macao, hasta que llegaron los de Las Vegas. Stanley Ho donó las dos cabezas a China, pero están en museos distintos: el caballo está en el Museo de la Capital, y el cerdo se muestra en el museo del Grupo Poly, junto a los tres animales que compraron antes. En cualquier caso, las siete cabezas están en Pekín, su "hogar".







La historia de las cabezas ha inspirado a la cultura china actual. Ai Weiwei, ese artista/disidente que todos los meses sabe hacer algo llamativo para salir en los periódicos, hizo una copia gigante de las 12 cabezas y la está llevando desde 2010 de gira por ciudades de todo el mundo (ahora se supone que andan por Toronto).


Por el otro lado del espectro político, Jackie Chan (bastante amigo del Gobierno chino, o por lo menos amigo de hacer negocio con ellos) lanzó a finales del año pasado su película "Chinese Zodiac", que según él es la última cinta de acción que va a protagonizar, porque ya no tiene años para ir dando volteretas. No la he visto, pero imagino que Jackie Chan será un agente secreto, o un espía, o algo similar, encargado de la misión de recuperar las cabezas de marras. La película es, de momento, la quinta más vista en la historia de China.


La historia, como veis, da para mucho, y además no acaba aquí, porque todavía falta por encontrar las cabezas del dragón (mi signo), la serpiente, la cabra, el gallo y el perro. Mirad en vuestros trasteros no vaya a ser que os las hayáis dejado en algún rincón.

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Este blog -sorpresas te da la vida- recibió el premio Blasillo de Huesca 2006 al ingenio español en Internet

Y como no hay uno sin dos, fue galardonado poco después con el Premio 20 Blogs 2006 al mejor blog expatriado

Y agárrate bien a la silla, porque más de un lustro después, llegó el Premio BOBs 2012 al mejor blog en español




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