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Agosto del 2013


Gran Concurso Summer Chinochanders
cartografía por tus venas

31 de Agosto, 2013, 0:01

Tras meses, quizá años, sin convocaros a ningún concurso, voy a hacerlo hoy con un juego simple pero no apto para recién llegados al mundo chino... Sencillamente, se trata de adivinar a qué ciudad del país asiático pertenece cada uno de los mapas que voy a poneros un poco más abajo en este post.

La persona que más aciertos tenga va a llevarse un soberano premio: un abrazo a distancia del autor de este blog, que... bueno, bueno, vale, ya sé que queréis algo más material.

De acuerdo, el ganador del concurso será agraciado con un ejemplar del libro "101 historias para que los extranjeros conozcan a los chinos" (vale, he mirado a la estantería de al lado y era el libro del que menos me dolía desprenderme, ¡pero mola!). Lo mandaré por correo, sin contrarrembolso ni nada.


Sin más dilación, coloco los mapas para que lancéis vuestras apuestas. Los cuadradillos en verde que veréis son intentos, por mi parte, de dificultar la búsqueda, ya que bajo ellos aparecía el nombre de la ciudad en chino, o el de la provincia donde se encuentra. Seguramente me habré dejado alguna palabra desveladora sin tapar, así que aprovechad el despiste.

Para evitar que os copiéis unos a otros, voy a moderar los comentarios, por lo que aunque me los mandéis no saldrán publicados hasta que lo autorice, cosa que haré cuando termine el concurso y ya haya un ganador claro.

MUY IMPORTANTE: no vale mirar Google Maps, que sois muy vivos. TAMBIÉN MUY IMPORTANTE: sólo admito respuestas en los comentarios del blog o por correo electrónico (a chinochano2008@yahoo.es), no en Facebook ni en Twitter (no es que tenga manía a las redes sociales, pero es que ésas no las puedo moderar y se verían allí vuestras respuestas).

El concurso se cerrará la próxima semana, si ha habido suficiente participación. ¡Suerte!


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Carta a la UNESCO
diciendo lo que es un asco

24 de Agosto, 2013, 0:01


En los últimos días ya he comentado el tema de este post en el Grupo de Facebook, pero como he visto allí que el asunto mueve pasiones, me ha parecido que puede estar bien sacarlo a colación aquí también, para que lo lean quienes no sean facebookeros, y así de paso desarrollarlo un poco más.

Hace poco más de un mes os contaba aquí las maravillas de Zhangjiajie, el impactante parque natural de la provincia de Hunan que inspiró las montañas flotantes de Avatar. Pero en aquel post también dije que me pareció lamentable la actitud de los turistas chinos en el lugar, que dejaron sembrado de cientos de impermeables de plástico y otras basuras. Añadí que escribiría una carta a la UNESCO, ya que el lugar es parte de la lista del Patrimonio Mundial que elabora esa organización, con el fin de expresar mi pena por el trato que recibe uno de sus lugares, en teoría, protegidos.

Fui algo perezoso en escribirla, pero finalmente lo hice, y la envié por correo electrónico y ordinario (el de papel y sobre, para los que no recuerden el siglo XX). La carta decía así (no la escribí en mi lengua materna, así que podría tener más errores de los habituales):


Poco más de una semana después recibí contestación de la división de la UNESCO en Asia Oriental (llevaba firma, pero la he quitado para mantener a su autor en el economato).


Quién sabe si servirá de algo, pero al menos ejercí uno de los derechos humanos más esenciales, el derecho a la pateleta. No he venido a China a dar lecciones a nadie, ni me considero modelo a seguir en muchos asuntos, pero lo que vi en Zhangjiajie es una de las mayores infamias colectivas que he presenciado en este país, y creo que la UNESCO o las autoridades chinas sí están en posición para aleccionar.

El caso de Zhangjiajie es sólo un ejemplo de un asunto que preocupa crecientemente a la sociedad china, al Gobierno y a los medios del país: la mala educación, en general (aunque generalizar sea duro) de los turistas chinos. Desde hace cosa de un año, han empezado a publicarse muchos casos de turistas chinos (generalmente en grupos organizados, su forma de viajar favorita) que protagonizan penosos espectáculos cuando viajan al exterior. Desde turistas que montan tal tumulto en un avión que éste ha de regresar al aeropuerto donde despegó, a hoteles en las Maldivas que se quejan de que los chinos que les visitan se hacen pasar todos por recién casados para que les traten mejor. El caso más sonado, no obstante, fue el de un adolescente chino que hizo una pintada en el mismísimo Templo de Luxor, seguro que muchos os acordáis de aquello:





Durante meses se ha discutido y escrito mucho de los modales de los turistas patrios en China, aunque el debate siempre ha estado fijado en los turistas chinos que van al extranjero, y no los que, en número muchísimo mayor, viajan por dentro de su país, portándose con frecuencia igual de mal (o incluso peor, porque en casa estás más "relajado"). Esto me parece fatal, porque, aunque me alegra que China se fije en el problema, no me gusta que lo haga sólo porque está preocupada de su imagen, por el "qué dirán de mí".

Sea como sea, el debate ha sido interesante. El diario "South China Morning Post" (que es de Hong Kong, así que ve el asunto en parte dentro y en parte fuera de China) llegó a hacer una encuesta digital entre sus lectores preguntando qué es lo que pensaban que daba peor fama a China: opciones que triunfarían en Occidente, como "la falta de democracia", tenían muy pocos votantes, mientras que "los malos modales de los turistas" era la respuesta más elegida. Aunque el sondeo se hizo en la misma semana que ocurrió lo del Templo de Luxor, por lo que estaba algo viciado por la actualidad, el resultado me sorprendió bastante.

El mismo diario escribió un artículo sobre cuáles creía que eran los orígenes de esos malos comportamientos. Apuntaba como posibilidad la falta de educación institucional que muchos chinos han tenido en tiempos tumultuosos como la Revolución Cultural (y que han podido legar a otras generaciones, aunque pueda estar cambiando con el tiempo). También señalaba el hecho de que el sistema político chino, en el que no existe un verdadero imperio de la ley, provoca que muchos chinos sean, por sistema, desobedientes de las regulaciones, "rebeldes sin causa".

Me parecen buenos puntos, aunque ya sabéis que no me gusta echarle la culpa de todo al "sistema" (por esa regla de tres deberíamos pedir comunismo cada vez que en España pasa algo malo) y yo añadiría el hecho de que los chinos son "novatos" en esto del turismo. Hace 10 años apenas salían al exterior, y se les nota la falta de costumbre, más en un país tradicionalmente aislado no ya en las últimas décadas, sino en los últimos siglos. Algo similar ocurrió en el siglo XX cuando los turistas estadounidenses comenzaron a ver mundo: también adquirieron en Europa fama de maleducados, faltos de sensibilidad y gritones (esto último lo siguen siendo). Es posible que en turistas procedentes de países grandes en extensión e influencia, que pueden tener cierto complejo de superioridad, se acentúen estos defectos (pregunta sin segundas: ¿qué tal se portan los cada vez más turistas rusos en España?).

El tiempo suele curar estas cosas, esperemos que así sea, y que los cambios se noten tanto fuera como dentro de China, que no sólo se trata de dar buena imagen y del "soft power" de las narices, sino también de ser buena gente.

ACTUALIZACIÓN (27/8/2013): Me han escrito otra carta los de la UNESCO (esta vez la oficina de Pekín) diciendo que están intentando llevar a cabo campañas de concienciación, y que el 6 de septiembre llevan a cabo un evento en este sentido en Pekín. Seguimos informando...

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El juicio del siglo... XX

21 de Agosto, 2013, 0:01











Mañana se celebra en China el que para muchos es el juicio más sonado en los últimos 30 años de este país: el del ex ministro, ex secretario general de Chongqing y ex miembro del Politburó Bo Xilai. Su caso, con asesinatos de por medio, fue ya tratado en este blog el pasado año, y no quiero yo hablar mucho más de algo que mis apañeros van a tratar profusamente mañana, así que mejor voy a recordar el anterior "juicio del siglo" que tuvo China: el de la famosa Banda de los Cuatro, que se celebró durante 40 días entre el 20 de noviembre y el 29 de diciembre de 1980. En algunas cosas, es inquietantemente similar al que está a punto de comenzar.

Tras la muerte de Mao Zedong, en septiembre de 1976, que ponía fin también a la caótica Revolución Cultural, dos facciones del Partido Comunista parecían enfrentadas: una "derechista", dominada por Deng Xiaoping, y otra "izquierdista", encabezada por la tercera y última esposa de Mao, Jiang Qing, quien había sido una destacada lideresa de la Revolución Cultural. En todo caso, el sucesor oficial de Mao era un centrista, Hua Guofeng, quien no parecía decantado ni por unos ni por otros (Mao le había designado su sucesor precisamente por eso, para buscar a alguien de consenso). Derechistas e izquierdistas, sin embargo, comenzaron a presionarle para que se decantara entre unos u otros.


Jiang Qing (de negro) y otros miembros de su facción
velan el cadáver de Mao.



Hua Guofeng, quien vivió hasta hace poco (murió en agosto de 2008), en un principio pareció decantarse por la facción izquierdista de Jiang Qing, pero en realidad estaba del lado de Deng (quien había sufrido dos purgas en la Revolución Cultural y a las dos sobrevivió). Junto a los derechistas, maquinó una conspiración contra los izquierdistas. El 6 de octubre de 1976, menos de un mes después de la muerte de Mao, Jiang y otros tres importantes líderes de la facción (la llamada "Banda de los Cuatro") recibieron una carta que les pedía ir al día siguiente al Gran Palacio del Pueblo para una importante reunión del Politburó. Eran, además de Jiang, el viceprimer ministro Zhang Chunqiao, el vicepresidente del Partido Comunista Wang Hongwen y el secretario del Partido en Shanghai, Yao Wenyuan (cargo este último un poco gafe, porque 25 años después otro político que lo ocupaba también fue víctima de otro sonado juicio en la Historia moderna de China).


Uno por uno, los cuatro miembros entraron en el Gran Palacio del Pueblo y se encontraron con soldados que, pistola en mano, les pidieron que se entregaran, cosa que hicieron sin resistirse. Se gestó así, el 7 de octubre de 1976, un auténtico golpe de Estado sin violencia que no es muy conocido ni dentro ni fuera de China, pero que entonces fue respondido con grandes celebraciones en Pekín y otras ciudades del país.

La "Banda de los Cuatro" fue encarcelada en la prisión de Qincheng, en las afueras de Pekín (la misma en la que se cree que Bo Xilai ha pasado el último año y medio) a la espera de juicio, que tardo en llegar cuatro años. En aquel ínterin, un Deng Xiaoping ya con el poder en sus manos (Hua Guofeng se lo cedió muy a gusto) se dedicó a condenar pública y repetidamente los desmanes de la Revolución Cultural, para preparar a la opinión pública. La propaganda también ayudó lo suyo.







El juicio se inició el 20 de noviembre de 1980 en Pekín, y fue "público", como el de Bo mañana (en realidad la asistencia a estos procesos es muy escogida). Al juicio de hace 33 años asistieron 880 "representantes de las masas" y 300 periodistas. El informe inicial de la acusación era tan largo (20.000 palabras) que dos fiscales se iban turnando para leerlo. El delito más grave del que se acusaba a los Cuatro era la persecución de 750.000 personas y la muerte de 34.375 (siempre se dice que no hay cifras de los crímenes de la Revolución Cultural, quizá ésta sea una de las pocas que se pueden citar).

En el juicio, donde los acusados y otros "cómplices" de la banda se sentaban en una especie de valla como de establo, los cuatro principales acusados se mostraron de forma muy diferente. Yao, el ex jefe de Shanghái, fue el más cooperativo con los jueces, admitió su participación en muchos de los crímenes y acusó a los otros miembros de la banda. Zhang, sin embargo, apenas abrió la boca en los 40 días, enmudeció y renunció a tener defensa.





Pero sin ninguna duda, el mayor espectáculo lo dio Jiang, quien en varias jornadas del largo juicio perdió los estribos, gritando públicamente cosas como "¡este proceso es una farsa!" o "¡larga vida a la revolución!". En muchas ocasiones rompió a llorar, y a veces la policía se la llevó de la sala por romper el orden. La más famosa salida de tono de Jiang fue cuando se puso a gritar: "¡Yo sólo era la perra del presidente Mao! ¡Mordía cuando él me pedía que mordiera!".





Una de las acusaciones más curiosas en el juicio era que la misma Jiang Qing, famosa actriz en el glamouroso Shanghai de los años 30, había usado su poder en la Revolución Cultural para acabar con los amantes que había tenido en su época artística, con el fin de que Mao no se enterara.

Aquel juicio seguramente no fue muy seguido en Occidente, donde no llegarían muchas imágenes del asunto, pero no por ello pasó desaparcibido en la cultura popular de esas latitudes. Recuerdo que la primera imagen que tengo de ese juicio es de cuando leía de niño a Superlópez: en una de sus primeras historias, "La semana más larga" (también de los 80), el gran héroe bigotón cavaba un hoyo en el planeta y aparece en China, en pleno juicio a la Banda.


Impresionante el detallismo histórico de este tebeo:
se puede distinguir perfectamente a Jiang Qing (Jiang King en la viñeta).
¡Y hasta las vallas usadas para los acusados!




En el Reino Unido, que en aquellos tiempos hervía con el punk, había entonces una banda punkarra que se llamaba, precisamente, la "Banda de los Cuatro" y cantaba canciones revolucionarias, o contrarrevolucionarias, o quién sabe.



El veredicto al sumarísimo juicio llegó el 29 de diciembre. La histriónica Jiang y el silencioso Zhang fueron condenados a muerte, aunque la pena fue conmutada a cadena perpetua exactamente dos años después (los analistas vaticinan que lo mismo ocurrirá en esta ocasión con Bo, de la misma manera que pasó con su mujer en el juicio del pasado año). Dicen que en 1983, cuando Jiang recibió la noticia de que la pena de muerte le era retirada, se puso a gritar "¡matadme! ¡matadme!". Wang fue condenado a prisión de por vida, y Yao a 20 años de cárcel (fue el único que cumplió la pena íntegramente).

Los cuatro acabaron siendo libres. Aunque Jiang lo fue por poco tiempo: en libertad provisional por motivos de salud, la viuda de Mao se ahorcó en mayo de 1991 en el hospital donde se le atendía, dejando una nota tan excesiva y fanática como ella lo debió ser siempre:

"La revolución ha sido robada por el clan revisionista de Deng Xiaoping. El presidente Mao exterminó a Liu Shaoqi, pero no a Deng, y el resultado de ese olvido es que males sin fin se han cernido sobre el pueblo chino y la nación. Presidente, tu estudiante y luchadora va a visitarte".

El "Diario de la Liberación" de Shanghái fue uno de los pocos que al día siguiente dedicó un artículo a Jiang, con un titular demoledor: "La bruja ha muerto" (como en "El Mago de Oz").

Wang murió de cáncer poco después, en 1992, mientras que Yao y Zhang fallecieron los dos en 2005, ambos en libertad pero olvidados por autoridades y medios. Su fallecimiento cerraba del todo el gran juicio chino del siglo XX, abramos ahora bien los ojos para ver cómo se desarrolla el del siglo XXI.


PD: muchos detalles y alguna imagen de este post los he sacado de este magnífico artículo sobre la Banda de los Cuatro, del escritor e historiador Zheng Haiping.
 
ACTUALIZACIÓN (27/8/2013): he encontrado en YouTube un vídeo con imágenes de aquel juicio. Son sólo cuatro minutillos, pero ya con eso se ve más que lo que hemos visto en todo el proceso a Bo Xilai...


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Y en vacaciones,
al chalet del vigésimoséptimo

17 de Agosto, 2013, 0:01

Mientras la actualidad internacional de la semana ha estado principalmente en Egipto, donde han vivido su particular masacre de Tiananmen, desde China se han encargado de poner un punto surrealista y desdramatizador a los telediarios con varias noticias insólitas. Una de ellas ha sido la del zoológico chino que intentó engañar a los visitantes haciendo creer que tenía leones enjaulados, cuando en realidad eran melenudos mastines tibetanos (y ojo, que sólo los descubrieron cuando empezaron a emitir ladridos en vez de rugidos).


Para eso que hubieran puesto un disco de Rosa León,
que también tiene su buena melena.



El zoo está en Henan, provincia que entre los chinos tiene la mala fama -imagino que injusta, como casi todos los tópicos regionales, pero la fama existe- de que sus habitantes son unos mentirosos. Supongo que la noticia ha contribuido al prejuicio entre los chinos.

En todo caso, quizá más insólita y mediática ha sido el descubrimiento en Pekín, (nos ha costado, porque llevaba seis años aquí) de una espectacular villa en lo alto de un rascacielos de 26 pisos que tiene sus montañas, su hierba, sus árboles y otras comodidades. No creo que haya habido mejor cobertura de este hecho que el vídeo siguiente, que podría servir de trailer para una película de científicos locos:



La villa se encuentra en una zona muy cercana al Hotel de la Amistad, en el que viví hace una década, por lo que he pasado por allí muchas veces, pero casi todas hace años, ahora raramente paso por allí. Si vivís en Pekín y aún no la habéis visto, corred, que el dueño ya ha prometido desmantelarla ante el revuelo causado, y deben estar ya rodeándola de andamios. Está junto al Parque del Bambú (Zizhuyuan), uno de los más bonitos de Pekín y de muy gratos recuerdos para mí, que allí llevaba a pasear a la primera china con la que salí.



Acercándose más con el Google Maps, ya veréis que esa azotea está más verde que las de al lado.


La noticia, o más bien el gran revuelo que ha causado (un revuelo que muchas veces los periodistas no lo vemos venir, cuando se trata de noticias curiosas), muestra una vez más el inagotable filón que para los medios de comunicación es el mundo de la construcción chino, ya sea por sus casas clavo, sus obras faraónicas, sus surrealistas obras hágaselo-usted-mismo (como el caso que nos atañe) o sus viviendas mal construidas que caen cual árboles talados.

Y dentro del mundo de la construcción, ha descubierto, o ha recordado, lo mucho y raro que pueden los chinos construir en azoteas y tejados. De hecho, cuando fui a ver la casa que se ha hecho famosa esta semana, vi que en un edificio de al lado también había un jardín con piedras, más pequeño y menos espectacular, quizá de un vecino envidioso. Y hace apenas unos días ya
hubo una noticia con similares premisas. Pareciera que los chinos no tienen techo -nunca mejor dicho- para construir, no pueden parar de crear ni una vez terminado el edificio, y lo coronan con toda clase de estructuras. ¿Deseo de tener un oasis propio, y lejos de la calle? ¿Creatividad? ¿Recomendaciones del feng shui? ¿Furor constructivo en tiempos de burbuja inmobiliaria? China Daily, uno de los diarios que este verano ha tratado con mayor pasión estos temas, hizo ayer una selección de grandes obras en los tejados chinos. Me permito tomarle algunas imágenes prestadas:



Una casa tradicional del sur de China en una azotea, en Nanjing.


Chaletes en lo alto de un centro comercial.


Este Big Ben lo ha construido otro dueño de ático con inquietudes.


El recreo de esta escuela está en la azotea.


PD: En China, la historia de la villa ha tenido una extraña ramificación que puede no tener mucho interés en Occidente, pero os lo cuento... Resulta que como el que la construyó, que se llama Zhang Biqing, es un acupuntor que al parecer ha ganado su dinerillo con métodos médicos heterodoxos, la prensa oficial (que lleva varios meses en campaña contra estos gurús) ha empezado a sembrar dudas sobre el trabajo de Zhang, pues lo considera un ejemplo de las "supersticiones": el feng shui, el chi kung... Este enfrentamiento es profundo y complejo, porque por un lado esas ideas son parte intrínseca de la cultura china y por otra el régimen comunista, aunque menos radical que antaño acerca de las tradiciones, sigue sin verlas con buenos ojos (el caso más llamativo es el de Falun Gong, que promovió el chi kung entre millones de chinos en los años 80 y 90 y fue prohibido en 1999).

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Ópera popera

14 de Agosto, 2013, 0:01

La música es mezcla de estilos nuevos y antiguos, como bien sabemos en España, donde en las últimas décadas hemos oído desde flamenco-pop (Ketama, Niña Pastori, Triana) hasta las jotas modernizadas de Carmen Paris. En China también ha habido intentos de mezclar ritmos modernos con los tradicionales, por complicado que pareciera de entrada. En posts de años anteriores os hablé, por ejemplo, de Han Hong, cantante de padre chino y madre tibetana (o viceversa, no recuerdo ahora) que ha intentado mezclar el pop con los espectaculares gorgoritos tibetanos.



Mucho antes os mencioné a Dao Lang, quien mezcló ritmos de los uigures del noroeste chino con el rock y el pop, ayudado de su potente voz.



Pero estamos hablando todo el rato de etnias diferentes a la china propiamente dicha. ¿Ha habido mestizaje entre la música Han y los ritmos modernos? Por ejemplo, ¿se ha intentado fusionar algo tan complicado como la Ópera de Pekín, que así a bote pronto suena bastante infusionable?



Pues sí, ha habido varios intentos, aunque en general, al ser una música tan chillona y complicada de adaptar a la modernidad, muchas de las canciones "pop-era de Pekín" son más bien tonadillas cómicas, para echarse unas risas en los conciertos o en el karaoke.

Quizá el intento más conocido en este sentido es el del cantante taiwanés Shin, quien ayudado por su peculiar voz, capaz de llegar a registros de soprano gorda, se hizo muy famoso en China en el año 2002 con su tema "Una noche en Pekín".




Ya antes, en los albores de siglo, Shin se hizo muy famoso por otro tema lleno de agudos, que aún suena mucho en China:



Es curioso, porque Shin tiene una voz aguda y potente que recuerda bastante a la de Freddie Mercury, y los dos la utilizaron para intentar fusionar pop y ópera, sólo que el taiwanés lo hizo con la oriental, la de Pekín, y el desaparecido vocalista de Queen se acercó a la occidental y también con un toque de chanza, especialmente en su recordadísima Bohemian Rapsody.


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La venganza es un plato que se sirve chino

11 de Agosto, 2013, 0:01


Dice la leyenda que cuando Chiang Kai-shek -perdedor en la guerra civil contra Mao Zedong- viajaba en el barco que le llevaba por el Estrecho de Formosa hacia la isla de Taiwán, dijo a sus hombres consciente de que no volvería nunca a China: "No os preocupéis, dentro de seis décadas les ganaremos al baloncesto".

La selección china de baloncesto, único deporte de equipo masculino en el que China puede decir que es la gran dominadora de Asia (ha ganado 15 de los últimos 20 campeonatos disputados) perdió el pasado viernes, por primera vez en su historia (¡primera!), ante Taiwán, algo que podría compararse a que España perdiera con Gibraltar, ahora que el Peñón está de actualidad y ya tiene selección propia de fútbol.

El partido fue además muy dramático, porque en la primera mitad China parecía muy cómoda, llegando a ganar de 17 puntos... Al parecer los locutores de la tele china en esos momentos hasta bromeaban diciendo que el partido era como ver a un hermano mayor jugando con su hermano pequeño. Pues oye, tras el descanso el hermano pequeño se puso las pilas, empezó a remontar e incluso a apabullar a China, y acabó ganando de 18 puntos (96-78). Si España tiene su "angolazo" (el de Barcelona 1992) y su "chinazo" (cuando los chinos ganaron a los españoles en el Mundial de 1994), posiblemente los chinos recordarán este "taiwanazo" durante mucho tiempo.

La derrota dejó a China fuera de las semifinales del torneo (que hoy ganó Irán) y sin plaza de acceso directo al Mundial de España 2014, pues sólo lo conseguían las tres primeras clasificadas (Taiwán tampoco lo ha conseguido, porque al final ha sido cuarta). Queda la opción de que la FIBA invite a los chinos, pues la federación internacional se reserva cuatro plazas para elegir a dedo los que las ocuparán. Aunque no creo que escoja a más de un equipo asiático, y en caso de escoger uno de Asia, igual lo lógico sería invitar a los taiwaneses, que son los que se han quedado a las puertas de plaza directa.


La estrella de Taiwán es este señor, Quincy Davis,
nacido en EEUU y ciudadano de la isla desde el mes pasado
(una operación Juanito Muhlegg, vamos).




China además estrenaba en el campeonato asiático a un entrenador de relumbrón, el gran ex jugador griego Panagiotis Giannakis, pero da la impresión de que va a acabar siendo una versión baloncestística de Camacho para los chinos.

La victoria ha sido muy celebrada en Taiwán, donde los medios la han calificado de histórica. El baloncesto taiwanés no recordaba momentos tan gloriosos casi desde los años 50, en que llegó a jugar los primeros Mundiales del deporte, quedando quinto en el de 1954 y cuarto en el de 1959. Ese torneo lo debería haber ganado la Unión Soviética, que tuvo más puntos que nadie, pero como se negó a jugar con Taiwán porque apoyaba políticamente a China, quedó descalificada (y a Taiwán también le benefició, quedó en mejores puestos de lo que le correspondía por resultados).

En la isla la victoria del pasado viernes puede ayudar a mejorar el sentimiento de identidad deportiva, ante los temores de que los mejores deportistas taiwaneses emigren en el futuro a China, donde el deporte está más profesionalizado y mejor pagado. Estos temores han surgido especialmente este verano, a raíz de que una tenista china (Peng Shuai) y una taiwanesa (Hsieh Su-wei) hicieran también historia ganando el torneo de dobles de Wimbledon. Poco después de la victoria Hsieh anunciaba que iba a mudarse a China para entrenar allí, y muchos taiwaneses (especialmente los más independentistas) se han mesado los cabellos.

El fin de semana ha tenido en otro deporte también una revancha en la que China ha estado implicada, aunque esta vez para bien de este país: ha sido en bádminton, donde la pareja china que fue descalificada en Londres 2012 por dejarse ganar (Wang Xiaoli y Yu Yang) ha conseguido el oro en el dobles femenino.


Ha sido el triunfo más sentido del Mundial, las dos han llorado de alegría, aunque el torneo en realidad ha sido un poco agridulce para China, que en los dos pasados (y en los JJOO) logró todos los cinco oros en juego, mientras que en esta ocasión, y jugando en casa (en Cantón), se ha tenido que conformar con sólo dos, por culpa de Indonesia y Tailandia.

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Ah, cómo hemos cambiado

8 de Agosto, 2013, 0:01







Hoy, ocho de agosto de 2013, se cumplen cinco años del comienzo de los Juegos Olímpicos de Pekín, un acontecimiento que colocó a la ciudad en el mapa (esto es metafórico, no vayáis a consultar vuestro atlas Sopena de 1987 porque Pekín la vais a tener igual) y contribuyó a la internacionalización de China, que hoy es clara y patente, aunque sea sobre todo en lo económico y en las columnas periodísticas de terror barato (¡uh, uh, que vienen los chinos!).

Si me hubieran dicho entonces que un lustro después seguiría aquí no sé si me lo hubiera creído, sobre todo porque entonces yo ya llevaba siete años en la capital china y cuando inicié mi andadura en ella mi plan era estar aquí ese septenio de preparativos para las Olimpiadas, no más. Pero la vida da muchas vueltas -o no las da-, sigo aquí, y la efeméride es una buena excusa para ponerme nostálgico (como en el post anterior, pero una nostalgia diferente, temporal y no geográfica).

Voy por ello a intentar recordar hoy qué cosas difieren entre el Pekín preolímpico y el postolímpico. Para ser más exactos, y adaptándolo a mi singladura, voy a contar qué cosas había en la capital en 2001 que ya no existen -o escasean- en el Pekín de 2013, el de una ciudad que ahora se prepara para los Mundiales de Atletismo de 2015.



Los extranjeros teníamos restringido el domicilio a ciertas áreas: El Gobierno chino, temeroso de nuestras actividades probablemente conspiratorias, o quizá preocupado porque no nos parecieran suficientemente buenas las casas del ciudadano pequinés medio, prohibía que los laowais habitáramos fuera de ciertas zonas residenciales especialmente pensadas para nosotros, como complejos diplomáticos, apartamentos de más comodidad que la media, o el mítico Hotel de la Amistad, donde viví mis primeros años en la ciudad. Ese "apartheid", sin embargo, se abolió a los pocos meses de llegar yo. Gente más veterana que yo recuerda que en los 90 incluso había una moneda diferente del yuan, sólo para ser usada por extranjeros, pero eso yo ya no lo vi (afortunadamente, porque vaya lío).

Había billetes de dos yuanes: Puede que los "recién llegados" todavía hayáis visto alguno, porque siguen siendo de curso legal (aunque los bancos los han ido retirando), pero al menos yo ya llevo bastantes años sin ver ninguno. Los billetes pertenecían a una edición de los 80 y 90 que a mediados de la pasada década (2005, 2006...) se fueron progresivamente sustituyendo por los actuales, ésos en los que Mao sale todo el rato. Los billetes antiguos sólo tenían a Mao en el billete gordo, el de 100 yuanes, y además en él estaba acompañado por otros tres comunistas históricos (Zhou Enlai, Liu Shaoqi y Zhu De). También había monedas de céntimo, los "fen", aunque ya entonces lo único que se podía hacer con ellas era calzar sillas cojas.



  No veías apenas españoles, si acaso grupos de padres que venían a adoptar: Ahora las calles de Pekín, tanto las zonas turísticas como las de bares y restaurantes, son lugares donde oír a gente hablar español ha dejado de ser algo exótico. Hace 12 años, China no era para los españoles ni destino turístico ni comercial (salvo contadas excepciones), pero sí el principal origen de los niños que se adoptaban en el país, por lo que los españoles que más a menudo venían eran grupos de 10 o 12 parejas en busca de niños que se les había asignado. Después, China redujo mucho estas adopciones, y aunque siguen existiendo, las esperas son largas (¡hasta seis o siete años!) y los españoles interesados en adoptar han diversificado a otros destinos. Al mismo tiempo, la crisis, la globalización y los pérfidos cantos de sirena del blog Chinochano han animado a muchos españoles a venir a Pekín, así como a otras ciudades chinas, para trabajar, estudiar, o pasar una temporada lejos de la España barcenil.

Se podía comer por 20 yuanes y se podía alquilar un piso por 2.000: Cuando mis parientes de más edad me venían en los 90 a relatarme lo mucho que se podía hacer en los 60 con un maravedí, yo pensaba "nunca daré imagen de abuelete diciendo cosas así en el futuro", pero mira, aquí me veis. Pekín hace 12 años era la mar de barato, y más que lo fue cuando España, a los pocos meses de estar yo aquí, cambió al euro que tanto mal nos ha hecho. Después llegó la típica revalorización de alquileres con los Juegos, la reconversión de tiendas cutrillas en tiendas elegantes que vendían lo mismo pero más caro... en fin, ya sabéis, la triste senda del progreso.  




Ser extranjero daba caché: A principios de la pasada década, todavía no había muchos extranjeros en Pekín (aunque todo depende de la perspectiva, alguien que lleve aquí desde los 80 dirá que en 2000 ya había muchos). En consecuencia, los pequineses todavía trataban al visitante de ultramar como un raro especimen al que había que cuidar, o por lo menos observar para ver qué hacía: se le sonreía más en las tiendas, se le paraba en la calle para practicar el inglés, se le hacía fotos, las chicas le paraban en el metro para trabar amistad y quién sabe si algo más... Actualmente, con la oferta de laowais totalmente cubierta, los pequineses ven al occidental con bastante indiferencia, y a veces parece que con algo de hartazgo (sobre todo en épocas en las que sale alguna noticia de algún guiri borracho haciendo el cafre en la calle, aunque son cosas que suelen durar poco tiempo, por fortuna).

Dedicabas jornadas enteras a hacer excursiones a tiendas donde vendían productos occidentales: Hoy en día, Pekín tiene un Starbucks en cada esquina, el segundo Ikea más grande del mundo, cuatro o cinco Carrefours, más restaurantes españoles que Madrid (bueno, exagero aquí un poco), aceite de oliva en cada supermercado... pero hace apenas 10 años la cosa no era tan fácil. No digo que hubiera escasez en plan posguerra, pero ciertos productos occidentales costaba encontrarlos, y a veces tenías que indagar en el gueto occidental -ver punto uno- si alguien sabía cómo conseguirlos, u organizar "expediciones" de un día para ir a un supermercado en el quinto pepino donde alguien había creído ver pepinillos en vinagre. Hoy en día, en cambio, es más fácil hallar comida gourmet europea en Pekín que en mi Huesca natal. Prueba de ello es que uno de los primeros posts que escribí en el blog, uno sobre cosas que no había o era difícil encontrar en Pekín, ha quedado bastante desfasado.
 

  Los cibercafés eran el local de moda entre la juventud: Todavía existen, sí, pero con la llegada del wifi y los smartphones se han convertido en antros lumpen llenos de humo y gente que parece salida de la versión china de "Yo, el Vaquilla". Hace 12 años, cuando internet empezaba a explotar en China pero aún había mucha gente que no tenía ordenador (yo incluido) eran el local más frecuentado por los jóvenes. Aunque hay que decir que durante dos años o más estuvieron todos prohibidos en la ciudad, después de que un incendio provocado por un jugador al que no dejaban entrar en uno causó la muerte de 40 personas. Yo los he usado hasta hace relativamente poco, en casos de emergencia o en viajes, pero otra cosa que me ha ido alejando de ellos son las muchas pegas que ponen para usarlos si eres extranjero (siempre hay que llevar pasaporte, y a veces ni con él te dejan).


Las fiestas de Año Nuevo eran silenciosas: Venga ya, me diréis los novatos, pero así era, durante cosa de seis o siete años Pekín prohibió los petardos y fuegos artificiales todo el año, incluyendo en la principal fiesta china, por lo que los pequineses vivían estas celebraciones algo apesadumbrados, como si les faltara algo, como si en España nos prohibieran el caganer en los belenes. Finalmente el ayuntamiento decidió que no se podían poner puertas al campo, volvió a autorizar su uso, y hala, desde entonces todos los años se quema algún rascacielos o monumento histórico, como tasa a pagar con tal de mantener la milenaria tradición pirotécnica oriental.




Sólo había tres líneas de metro: la 1, la 2 ¡y la 13!: Cuando yo llegué sólo estaban la 2 (la circular, que equivale al segundo anillo) y la 1, que va de este a oeste pasando por Tiananmen en su centro (además de una especie de ramal llamado la Línea Batong). Como un año o dos después se inauguró la 13, que no es subterránea y va a las afueras del norte de la ciudad. El extraño número es porque las nuevas líneas no siguen un orden cronológico, sino que están todas, presentes y futuras, en un mapa del ayuntamiento, y éste las va construyendo sobre la marcha. En los años previos a los Juegos, los políticos locales empezaron a inaugurar líneas cual poseídos por alcaldes madrileños, y así hasta hoy, en que hay un metro bastante decente, muy barato (dos yuanes, uno menos que cuando llegué) y muy fresquito en verano, aunque las muchedumbres que lo llenan en horas punta quitan un poco las ganas de usarlo.

 Había más contaminación, se escupía mucho más, y se empujaba más en el metro: Cuando ahora los novatos se quejan de la polución, de las maneras de algunos pequineses y cosas así, les suelo decir algo semejante a lo que los abuelos nos decían de "una guerra tendríais que haber vivido". Antes estaba la cosa peor, ¡hemos mejorado! En 2001 Pekín olía a carbón puro, en invierno escupía con flema un muy importante porcentaje de peatones y ciclistas, y para salir o entrar en los vagones de metro había unas melés dignas de Torneo Cinco Naciones. Cierto es que actualmente la polución por el tráfico (hay como el doble de autos que cuando yo llegué) ha aumentado el smog, pero ese olor de Pekín de 2001 yo no lo percibo. Lo de los escupitajos, que en esa época eran un tema de conversación casi rutinario entre guiris, ya casi ni lo nombran los extranjeros recién llegados, los han visto y oído pero no son el pan nuestro de cada día. Gracias a las campañas de civismo preolímpicas, tal vez (y a las multas).



  Los taxis eran rojos, y de tres precios para elegir: Estaban los Xiali, un cochecillo semejante a un Renault 8, que cobraba 1,2 yuanes por kilómetro. Luego tenías los que eran un poco más grandes, marca Citroen o Volkswagen, que cobraban 1,6 yuanes. Finalmente, los más grandes, no recuerdo de qué marca pero con aspecto más lujoso, de color negro y muy escasos, que cobraban 2 yuanes por kilometrada. Más tarde toda esa flota se sustituyó por Hyundais (hay una fábrica en Pekín) de dos colores, uno siempre amarillo, el otro variable según la compañía. Los nuevos taxis fueron echando de la calzada poco a poco a los rojos, y adoptaron la más cara de aquellas tres tasas. Hace unas semanas, como sabréis los residentes, la han subido a 2,3 yuanes/km , con lo que ir en taxi ya se está convirtiendo, como en España, en un pequeño lujo que no todos los días te puedes permitir. Antes, por otro lado, los taxis abundaban tanto que apenas te parabas en la acera ya llegaban dos o tres a rogarte que subieras, ahora hay veces que es imposible encontrar uno (aunque con la última subida de precios la cosa ha mejorado).

Los autobuses urbanos eran como de los 70, y muchos tenían suelo de madera: Los cambiaron poco antes de los Juegos, pero eran un auténtico espectáculo, con ese aspecto cochambroso. Aunque no debería yo hablar muy mal de ellos, porque en mi Huesca natal también teníamos unos buses públicos que daba penica verlos, creo que eran de segunda o tercera mano, procedentes de líneas de ciudades mayores.




Había cuatro rascacielos: Las dos torres negras de Guomao, el edificio Jing Guang (cerca de allí, un poco más al norte en el tercer anillo), el Capital Mansion (que sigue teniendo una de las mejores vistas de la ciudad) y pare usted de contar. Después llegaron las torres del Soho, la tercera torre de Guomao (actualmente el edificio más alto de la ciudad, y desde hace unos días sede de la más alta maratón vertical del mundo), el edificio de CCTV y mucho más. Todavía no es esto Shanghái o Nueva York, pero el skyline pequinés ya se está animando.

Se viajaba a otras ciudades en tren cama: Con la rápida expansión del tren de alta velocidad en China (hace cinco años no tenía ninguna línea, ahora es el país que más tiene del mundo, triplicando al segundo, que es España) se está perdiendo, aunque todavía no del todo, la costumbre de viajar en cama dura. Ah, esos viajes amenizados por los sonidos de uno de los pueblos más roncadores del mundo... 




No había controles de seguridad en el metro, ni un día en el que los coches no podían circular según su número de matrícula: Estas cosas se introdujeron en las semanas previas a los Juegos Olímpicos, creíamos que con carácter temporal, pero acabaron quedándose. (Tampoco estaba tan limitado ni hipervigilado el acceso a la siempre sénsibol Plaza de Tiananmen).

Había un extranjero en la tele llamado Dashan que salía a todas horas: Los jóvenes creo que ya no lo conocen, dejó de ser un especimen único, pero en aquellos tiempos pasados Dashan era de los pocos exranjeros que hablaba chino con perfecto acento pequinés y tenía arrestos para presentar programas, ser actor en teleseries... Era omnipresente y un poco pesado, pero luego le salió mucha competencia. Hoy creo que todavía sale en el canal en inglés de CCTV, pero su fama -y la animadversión un poco envidiosa que le teníamos muchos laowais- han descendido en picado.



No había motos ni bicicletas eléctricas: Estaban prohibidas, según el gobierno central porque eran peligrosas y contaminantes. Recuerdo haber escrito hasta artículos quejándome de aquella prohibición y defendiendo su regreso a las calles de Pekín. Se volvieron a autorizar hace cosa de un lustro, y ahora que están de vuelta y extendidísimas entre los pequineses, me arrepiento completamente: tenía razón el ayuntamiento, ahora me parecen un peligro total, sobre todo porque no hacen nada de ruido y no las ves venir a toda velocidad. Nos están echando a nosotros los pobres y desamparados ciclistas, del carril bici (aunque los extranjeros que pedalean como si estuvieran en el Tour también son un ran riesgo).
Una de las zonas de más marcha era el sur del Parque Chaoyang: Allí había locales míticos como el Latinos (precursor del Salsa Caribe actual) o, al lado, el Big Easy, con forma de barco de vapor surcando el Mississippi y en cuyo interior vi una vez a una bailarina china voluptuosa que bailaba con una boa de bufanda, en plan Salma Hayek. Nada queda de todo ello.


Pues así era la China de 2001... no había ya mujeres de pies enanos ni eunucos en la corte, pero en fin, han cambiado algunas cosillas y seguramente a alguien que visitara Pekín en 2001 y no lo volviera a hacer hasta ahora le sorprenderían algunas diferencias. Probablemente me habré olvidado algún cambio importante (cuando estás en un lugar permanentemente a veces es más difícil percibir los cambios), así que podéis recordármelo en la sección de comentarios, comenzando con un clásico "te has dejado...".

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Wo xiang ni

3 de Agosto, 2013, 0:01











Suelo visitar España una vez al año, normalmente en verano. El pasado año fui excepcionalmente pronto, en mayo, y en 2013 lo voy a hacer excepcionalmente tarde, en septiembre. En consecuencia, llevo ya unos 14 meses sin ver mi tierra natal, y serán casi 15 cuando vaya, posiblemente el tiempo más largo que he estado sin ver mi querida España (esta España mía, esta España nuestra).

Con tanto tiempo fuera, hay muchas cosas que se echan de menos. Las más obvias (la familia, los amigos y el jamón) no creo que tenga ni que citarlas, pero hay otras más sutiles que para un residente en China pueden suponer una gran añoranza, aunque parezcan pequeñas cosas. Os cito algunas que, al menos yo, echo enormemente de menos:


  LOS MELOCOTONES: La lista de comidas que uno echa en falta a miles de kilómetros de distancia podría ser interminable, pero la gran variedad de restaurantes españoles en Pekín ha hecho que, por ejemplo, sea casi imposible no comer paella en citas con amigos. En cuanto al jamón, como es algo que las visitas suelen traer o algo que te regalan antes de volver a China ya casi sin preguntar, es fácil que lo tengas en tu casa pequinesa durante una temporada.

El verdadero y oculto problema es cuando hay alimentos que sí existen en China pero son sumamente peores, y creo que el caso de los melocotones es un ejemplo de libro. Que los chinos piensen que eso que conocen como "tao" es lo mismo que nuestros melocotones me produce muchísima pena por ellos. Y mira que tampoco me hincho a melocotones en España...



LOS CIELOS NUBLADOS: En Pekín quejarse de la contaminación se ha obligado ya en una costumbre social, semejante a hablar del tiempo. Yo me quejo poco -creo-, pero reconozco que el cielo de Pekín es muy aburrido y sólo tiene dos posiciones: o está soleado (como hoy, día de mi cumpleaños por cierto) o con niebla (más o menos rebozada de contaminantes), un estado este último que los pequineses consideran sinónimo de "nublado".

Pero ay, esos cielos nublados, velazqueños, que se forman en España, donde ves las nubes allá en lo alto, no rodeándote, jamás los he visto en Pekín, y de pasar meses sin verlos uno les ve la hermosura.



LA TELE, Y CUANTO PEOR, MEJOR: Sí, ese aparato que en España muchos han sustituido por el ordenador o el móvil, y que para muchos sólo da telebasura (y tal vez sea cierto). La tele china me parece tan sumamente aburrida -aunque el no entender mucho de lo que dice puede influir en ello- que cuando voy a España soy capaz de ver cualquier cosa, "Sálvame" incluido. Imagino que es síndrome de abstinencia de un medio que es adictivo, pero a mí me gusta ver a esa gente que habla sin parar ante las cámaras, o esas muestras de la cultura más populachera de España, que me ayudan a conocer cómo respira el país. Cierto es que por distintas circunstancias siempre me ha pasado, desde la adolescencia hasta ahora, que he estudiado o trabajado en sitios donde no podía ver la tele o tenía acceso limitado a ella, por lo que llevo 25 años viendo la caja tonta de forma muy mal administrada: una o dos semanas pegado a ella como un conejo ante los faros de un coche, y el resto del año ni olerla.

En realidad, ahora la tele se puede ver por internet, pero eso sería en países donde la ADSL hubiera superado el paleolítico tecnológico, y no es el caso de China. Y esto nos lleva al siguiente epígrafe.



INTERNET CON VELOCIDADES SUFICIENTES PARA NO ENLOQUECER: Esto quizá no debería decir que lo echo de menos, porque cuando me fui de España en 2001 no existía, pero actualmente lo disfruto tanto en el mes de vacaciones que suelo pasar allí que cuando regreso a China quiero morirme.

Ése no tener que enchufar la VPN (que, como los coches viejos, no siempre entra a la primera), esos vídeos que se cargan mientras tú los ves sin tener que pararlos para que la barra progrese... ¡Qué maravillas de la técnica tienen al otro lado de Eurasia, oye! 


LA COMIDA BASURA ESPAÑOLA: España quiere venderse en China, está claro, y se promociona como país de buena comida, que lo es. Llegan al gigante asiático los mejores vinos, el mejor jamón (carísimo), pero... ¿dónde están esas guarrerías que a veces nos alegran la vida? Esas Panteras Rosas, esas bolsas de Risketos, esos sandwiches de Rodilla (señor Rodilla, no se me enfade por llamar guarrería a sus productos, que me encantan). Yo no sólo quiero lo más selecto de los paladares españoles, ¡quiero lo peor!

Bien es cierto que los chinos también son unos hachas preparando sabrosas insanidades, pero cuando uno se ha criado a base de triángulos de supuesto chocolate rellenos de supuesta crema, es lo que le pide el cuerpo.



LOS CUATRO GATOS QUE DOBLAN A LAS 300 ESTRELLAS DE HOLLYWOOD: Estando fuera de España, uno se acostumbra a ver películas con subtítulos, y hasta se convence plenamente de que son lo mejor para disfrutar del séptimo arte. Sin embargo, cuando has estado 25 años escuchando las voces de los dobladores españoles, siempre los mismos y cada uno con 30 actores en nómina, les acabas cogiendo cariño, son como de la familia.

Aquella voz de loco que dobla a Will Smith o a los protagonistas de comedias de enredo, esa voz sexy que no se parece en nada a la que tiene Angelina Jolie pero que la hace más sexy aún... Yo soy de los que eliminaría el doblaje, pero tras una infancia y una adolescencia oyendo dobladores (que, lo admito, tienen preciosas voces) tengo sus tonos en la memoria y al volverlos a oír en España me evocan muchas cosas.



PARTIDOS DE FÚTBOL A HORAS TEMPESTIVAS: No soy tan futbolero como aparento, pero alguna que otra vez me gusta ver algún partido, sobre todo de selecciones o alguno de la Liga de Campeones. En China, eso se complica por el hecho de que la mayoría de los partidos europeos son aquí a las 3 o las 4 de la madrugada, por esa manía que tiene la Tierra de rotar sobre sí misma y crear diferencias horarias. He visto a compañeros de trabajo, enormes fans del Barça o el Madrid, perdiendo sueño y años de vejez para intentar ver todos los partidos importantes de su equipo una o dos veces por semana.

A mí lo que me suelen destrozar son los Mundiales y las Eurocopas, pues intento ver cuantos más partidos mejor, y acabo padeciendo un mes de insomnio y varias semanas posteriores más de jet lag para intentar acostumbrarme a los horarios normales. Casi hasta agradezco años que, como éste, son impares y no tienen grandes encuentros de selecciones, aunque bueno, ahora que España gana cosas también juega la Copa Cofederaciones y te destroza otra vez... (Pensé que siendo en Brasil este año mejorarían algo los horarios para los espectadores chinos, pero no, todavía fue peor, la final en Maracaná la vimos a las 6 de la mañana).



DESCONOCIDOS QUE TE HABLAN: En Pekín, la gente en la calle va bastante a lo suyo, y más en un lugar donde se mezclan chinos y extranjeros, ya que unos no saben si los otros van a entenderles o ser entendidos. En consecuencia, la experiencia callejera de un extranjero en Pekín es un poco frustrante: no te hablas mucho con el que te vende el pan, el kioskero... En España yo tampoco soy mucho de los de contarle la vida al camarero, pero es cierto que te relacionas un poco más con la gente desconocida, y eso a veces te da curiosas anécdotas.

Echo de menos tanto ese detalle que cuando estoy en España hago cualquier encuesta que me pidan por la calle, aunque me quieran vender algo (total, a las pocas semanas no voy a estar para comprarlo, ya me pueden buscar...). Un matiz: lo de no interactuar en la calle me pasa sobre todo en Pekín, pero si voy a provincias de China no es tan así (en mi reciente viaje a
Fenghuang, por ejemplo, todo dios quería hablar conmigo y hacerse fotos). Otro matiz: echo de menos hablar con desconocidos totales, no con conocidos de conocidos que yo desconozco, con los que suelo encontrarme algo incómodo, al menos de primeras.





Ésas son algunas cosas que echo de menos de España viviendo en China. Alguna me habré dejado, porque, como digo, llevo ya casi un año y un trimestre lejos de allí, y la memoria empieza a fallar. Cuando esté en España, si me acuerdo, haré una lista de lo que echo de menos de China, aunque no suelen ser añoranzas tan intensas, porque sé que un mes después las voy a disfrutar. En el primer puesto, indudablemente, se sitúa esta animala...

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Este blog -sorpresas te da la vida- recibió el premio Blasillo de Huesca 2006 al ingenio español en Internet

Y como no hay uno sin dos, fue galardonado poco después con el Premio 20 Blogs 2006 al mejor blog expatriado

Y agárrate bien a la silla, porque más de un lustro después, llegó el Premio BOBs 2012 al mejor blog en español




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