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Wo xiang ni

3 de Agosto, 2013, 0:01











Suelo visitar España una vez al año, normalmente en verano. El pasado año fui excepcionalmente pronto, en mayo, y en 2013 lo voy a hacer excepcionalmente tarde, en septiembre. En consecuencia, llevo ya unos 14 meses sin ver mi tierra natal, y serán casi 15 cuando vaya, posiblemente el tiempo más largo que he estado sin ver mi querida España (esta España mía, esta España nuestra).

Con tanto tiempo fuera, hay muchas cosas que se echan de menos. Las más obvias (la familia, los amigos y el jamón) no creo que tenga ni que citarlas, pero hay otras más sutiles que para un residente en China pueden suponer una gran añoranza, aunque parezcan pequeñas cosas. Os cito algunas que, al menos yo, echo enormemente de menos:


  LOS MELOCOTONES: La lista de comidas que uno echa en falta a miles de kilómetros de distancia podría ser interminable, pero la gran variedad de restaurantes españoles en Pekín ha hecho que, por ejemplo, sea casi imposible no comer paella en citas con amigos. En cuanto al jamón, como es algo que las visitas suelen traer o algo que te regalan antes de volver a China ya casi sin preguntar, es fácil que lo tengas en tu casa pequinesa durante una temporada.

El verdadero y oculto problema es cuando hay alimentos que sí existen en China pero son sumamente peores, y creo que el caso de los melocotones es un ejemplo de libro. Que los chinos piensen que eso que conocen como "tao" es lo mismo que nuestros melocotones me produce muchísima pena por ellos. Y mira que tampoco me hincho a melocotones en España...



LOS CIELOS NUBLADOS: En Pekín quejarse de la contaminación se ha obligado ya en una costumbre social, semejante a hablar del tiempo. Yo me quejo poco -creo-, pero reconozco que el cielo de Pekín es muy aburrido y sólo tiene dos posiciones: o está soleado (como hoy, día de mi cumpleaños por cierto) o con niebla (más o menos rebozada de contaminantes), un estado este último que los pequineses consideran sinónimo de "nublado".

Pero ay, esos cielos nublados, velazqueños, que se forman en España, donde ves las nubes allá en lo alto, no rodeándote, jamás los he visto en Pekín, y de pasar meses sin verlos uno les ve la hermosura.



LA TELE, Y CUANTO PEOR, MEJOR: Sí, ese aparato que en España muchos han sustituido por el ordenador o el móvil, y que para muchos sólo da telebasura (y tal vez sea cierto). La tele china me parece tan sumamente aburrida -aunque el no entender mucho de lo que dice puede influir en ello- que cuando voy a España soy capaz de ver cualquier cosa, "Sálvame" incluido. Imagino que es síndrome de abstinencia de un medio que es adictivo, pero a mí me gusta ver a esa gente que habla sin parar ante las cámaras, o esas muestras de la cultura más populachera de España, que me ayudan a conocer cómo respira el país. Cierto es que por distintas circunstancias siempre me ha pasado, desde la adolescencia hasta ahora, que he estudiado o trabajado en sitios donde no podía ver la tele o tenía acceso limitado a ella, por lo que llevo 25 años viendo la caja tonta de forma muy mal administrada: una o dos semanas pegado a ella como un conejo ante los faros de un coche, y el resto del año ni olerla.

En realidad, ahora la tele se puede ver por internet, pero eso sería en países donde la ADSL hubiera superado el paleolítico tecnológico, y no es el caso de China. Y esto nos lleva al siguiente epígrafe.



INTERNET CON VELOCIDADES SUFICIENTES PARA NO ENLOQUECER: Esto quizá no debería decir que lo echo de menos, porque cuando me fui de España en 2001 no existía, pero actualmente lo disfruto tanto en el mes de vacaciones que suelo pasar allí que cuando regreso a China quiero morirme.

Ése no tener que enchufar la VPN (que, como los coches viejos, no siempre entra a la primera), esos vídeos que se cargan mientras tú los ves sin tener que pararlos para que la barra progrese... ¡Qué maravillas de la técnica tienen al otro lado de Eurasia, oye! 


LA COMIDA BASURA ESPAÑOLA: España quiere venderse en China, está claro, y se promociona como país de buena comida, que lo es. Llegan al gigante asiático los mejores vinos, el mejor jamón (carísimo), pero... ¿dónde están esas guarrerías que a veces nos alegran la vida? Esas Panteras Rosas, esas bolsas de Risketos, esos sandwiches de Rodilla (señor Rodilla, no se me enfade por llamar guarrería a sus productos, que me encantan). Yo no sólo quiero lo más selecto de los paladares españoles, ¡quiero lo peor!

Bien es cierto que los chinos también son unos hachas preparando sabrosas insanidades, pero cuando uno se ha criado a base de triángulos de supuesto chocolate rellenos de supuesta crema, es lo que le pide el cuerpo.



LOS CUATRO GATOS QUE DOBLAN A LAS 300 ESTRELLAS DE HOLLYWOOD: Estando fuera de España, uno se acostumbra a ver películas con subtítulos, y hasta se convence plenamente de que son lo mejor para disfrutar del séptimo arte. Sin embargo, cuando has estado 25 años escuchando las voces de los dobladores españoles, siempre los mismos y cada uno con 30 actores en nómina, les acabas cogiendo cariño, son como de la familia.

Aquella voz de loco que dobla a Will Smith o a los protagonistas de comedias de enredo, esa voz sexy que no se parece en nada a la que tiene Angelina Jolie pero que la hace más sexy aún... Yo soy de los que eliminaría el doblaje, pero tras una infancia y una adolescencia oyendo dobladores (que, lo admito, tienen preciosas voces) tengo sus tonos en la memoria y al volverlos a oír en España me evocan muchas cosas.



PARTIDOS DE FÚTBOL A HORAS TEMPESTIVAS: No soy tan futbolero como aparento, pero alguna que otra vez me gusta ver algún partido, sobre todo de selecciones o alguno de la Liga de Campeones. En China, eso se complica por el hecho de que la mayoría de los partidos europeos son aquí a las 3 o las 4 de la madrugada, por esa manía que tiene la Tierra de rotar sobre sí misma y crear diferencias horarias. He visto a compañeros de trabajo, enormes fans del Barça o el Madrid, perdiendo sueño y años de vejez para intentar ver todos los partidos importantes de su equipo una o dos veces por semana.

A mí lo que me suelen destrozar son los Mundiales y las Eurocopas, pues intento ver cuantos más partidos mejor, y acabo padeciendo un mes de insomnio y varias semanas posteriores más de jet lag para intentar acostumbrarme a los horarios normales. Casi hasta agradezco años que, como éste, son impares y no tienen grandes encuentros de selecciones, aunque bueno, ahora que España gana cosas también juega la Copa Cofederaciones y te destroza otra vez... (Pensé que siendo en Brasil este año mejorarían algo los horarios para los espectadores chinos, pero no, todavía fue peor, la final en Maracaná la vimos a las 6 de la mañana).



DESCONOCIDOS QUE TE HABLAN: En Pekín, la gente en la calle va bastante a lo suyo, y más en un lugar donde se mezclan chinos y extranjeros, ya que unos no saben si los otros van a entenderles o ser entendidos. En consecuencia, la experiencia callejera de un extranjero en Pekín es un poco frustrante: no te hablas mucho con el que te vende el pan, el kioskero... En España yo tampoco soy mucho de los de contarle la vida al camarero, pero es cierto que te relacionas un poco más con la gente desconocida, y eso a veces te da curiosas anécdotas.

Echo de menos tanto ese detalle que cuando estoy en España hago cualquier encuesta que me pidan por la calle, aunque me quieran vender algo (total, a las pocas semanas no voy a estar para comprarlo, ya me pueden buscar...). Un matiz: lo de no interactuar en la calle me pasa sobre todo en Pekín, pero si voy a provincias de China no es tan así (en mi reciente viaje a
Fenghuang, por ejemplo, todo dios quería hablar conmigo y hacerse fotos). Otro matiz: echo de menos hablar con desconocidos totales, no con conocidos de conocidos que yo desconozco, con los que suelo encontrarme algo incómodo, al menos de primeras.





Ésas son algunas cosas que echo de menos de España viviendo en China. Alguna me habré dejado, porque, como digo, llevo ya casi un año y un trimestre lejos de allí, y la memoria empieza a fallar. Cuando esté en España, si me acuerdo, haré una lista de lo que echo de menos de China, aunque no suelen ser añoranzas tan intensas, porque sé que un mes después las voy a disfrutar. En el primer puesto, indudablemente, se sitúa esta animala...

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