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Ah, cómo hemos cambiado

8 de Agosto, 2013, 0:01







Hoy, ocho de agosto de 2013, se cumplen cinco años del comienzo de los Juegos Olímpicos de Pekín, un acontecimiento que colocó a la ciudad en el mapa (esto es metafórico, no vayáis a consultar vuestro atlas Sopena de 1987 porque Pekín la vais a tener igual) y contribuyó a la internacionalización de China, que hoy es clara y patente, aunque sea sobre todo en lo económico y en las columnas periodísticas de terror barato (¡uh, uh, que vienen los chinos!).

Si me hubieran dicho entonces que un lustro después seguiría aquí no sé si me lo hubiera creído, sobre todo porque entonces yo ya llevaba siete años en la capital china y cuando inicié mi andadura en ella mi plan era estar aquí ese septenio de preparativos para las Olimpiadas, no más. Pero la vida da muchas vueltas -o no las da-, sigo aquí, y la efeméride es una buena excusa para ponerme nostálgico (como en el post anterior, pero una nostalgia diferente, temporal y no geográfica).

Voy por ello a intentar recordar hoy qué cosas difieren entre el Pekín preolímpico y el postolímpico. Para ser más exactos, y adaptándolo a mi singladura, voy a contar qué cosas había en la capital en 2001 que ya no existen -o escasean- en el Pekín de 2013, el de una ciudad que ahora se prepara para los Mundiales de Atletismo de 2015.



Los extranjeros teníamos restringido el domicilio a ciertas áreas: El Gobierno chino, temeroso de nuestras actividades probablemente conspiratorias, o quizá preocupado porque no nos parecieran suficientemente buenas las casas del ciudadano pequinés medio, prohibía que los laowais habitáramos fuera de ciertas zonas residenciales especialmente pensadas para nosotros, como complejos diplomáticos, apartamentos de más comodidad que la media, o el mítico Hotel de la Amistad, donde viví mis primeros años en la ciudad. Ese "apartheid", sin embargo, se abolió a los pocos meses de llegar yo. Gente más veterana que yo recuerda que en los 90 incluso había una moneda diferente del yuan, sólo para ser usada por extranjeros, pero eso yo ya no lo vi (afortunadamente, porque vaya lío).

Había billetes de dos yuanes: Puede que los "recién llegados" todavía hayáis visto alguno, porque siguen siendo de curso legal (aunque los bancos los han ido retirando), pero al menos yo ya llevo bastantes años sin ver ninguno. Los billetes pertenecían a una edición de los 80 y 90 que a mediados de la pasada década (2005, 2006...) se fueron progresivamente sustituyendo por los actuales, ésos en los que Mao sale todo el rato. Los billetes antiguos sólo tenían a Mao en el billete gordo, el de 100 yuanes, y además en él estaba acompañado por otros tres comunistas históricos (Zhou Enlai, Liu Shaoqi y Zhu De). También había monedas de céntimo, los "fen", aunque ya entonces lo único que se podía hacer con ellas era calzar sillas cojas.



  No veías apenas españoles, si acaso grupos de padres que venían a adoptar: Ahora las calles de Pekín, tanto las zonas turísticas como las de bares y restaurantes, son lugares donde oír a gente hablar español ha dejado de ser algo exótico. Hace 12 años, China no era para los españoles ni destino turístico ni comercial (salvo contadas excepciones), pero sí el principal origen de los niños que se adoptaban en el país, por lo que los españoles que más a menudo venían eran grupos de 10 o 12 parejas en busca de niños que se les había asignado. Después, China redujo mucho estas adopciones, y aunque siguen existiendo, las esperas son largas (¡hasta seis o siete años!) y los españoles interesados en adoptar han diversificado a otros destinos. Al mismo tiempo, la crisis, la globalización y los pérfidos cantos de sirena del blog Chinochano han animado a muchos españoles a venir a Pekín, así como a otras ciudades chinas, para trabajar, estudiar, o pasar una temporada lejos de la España barcenil.

Se podía comer por 20 yuanes y se podía alquilar un piso por 2.000: Cuando mis parientes de más edad me venían en los 90 a relatarme lo mucho que se podía hacer en los 60 con un maravedí, yo pensaba "nunca daré imagen de abuelete diciendo cosas así en el futuro", pero mira, aquí me veis. Pekín hace 12 años era la mar de barato, y más que lo fue cuando España, a los pocos meses de estar yo aquí, cambió al euro que tanto mal nos ha hecho. Después llegó la típica revalorización de alquileres con los Juegos, la reconversión de tiendas cutrillas en tiendas elegantes que vendían lo mismo pero más caro... en fin, ya sabéis, la triste senda del progreso.  




Ser extranjero daba caché: A principios de la pasada década, todavía no había muchos extranjeros en Pekín (aunque todo depende de la perspectiva, alguien que lleve aquí desde los 80 dirá que en 2000 ya había muchos). En consecuencia, los pequineses todavía trataban al visitante de ultramar como un raro especimen al que había que cuidar, o por lo menos observar para ver qué hacía: se le sonreía más en las tiendas, se le paraba en la calle para practicar el inglés, se le hacía fotos, las chicas le paraban en el metro para trabar amistad y quién sabe si algo más... Actualmente, con la oferta de laowais totalmente cubierta, los pequineses ven al occidental con bastante indiferencia, y a veces parece que con algo de hartazgo (sobre todo en épocas en las que sale alguna noticia de algún guiri borracho haciendo el cafre en la calle, aunque son cosas que suelen durar poco tiempo, por fortuna).

Dedicabas jornadas enteras a hacer excursiones a tiendas donde vendían productos occidentales: Hoy en día, Pekín tiene un Starbucks en cada esquina, el segundo Ikea más grande del mundo, cuatro o cinco Carrefours, más restaurantes españoles que Madrid (bueno, exagero aquí un poco), aceite de oliva en cada supermercado... pero hace apenas 10 años la cosa no era tan fácil. No digo que hubiera escasez en plan posguerra, pero ciertos productos occidentales costaba encontrarlos, y a veces tenías que indagar en el gueto occidental -ver punto uno- si alguien sabía cómo conseguirlos, u organizar "expediciones" de un día para ir a un supermercado en el quinto pepino donde alguien había creído ver pepinillos en vinagre. Hoy en día, en cambio, es más fácil hallar comida gourmet europea en Pekín que en mi Huesca natal. Prueba de ello es que uno de los primeros posts que escribí en el blog, uno sobre cosas que no había o era difícil encontrar en Pekín, ha quedado bastante desfasado.
 

  Los cibercafés eran el local de moda entre la juventud: Todavía existen, sí, pero con la llegada del wifi y los smartphones se han convertido en antros lumpen llenos de humo y gente que parece salida de la versión china de "Yo, el Vaquilla". Hace 12 años, cuando internet empezaba a explotar en China pero aún había mucha gente que no tenía ordenador (yo incluido) eran el local más frecuentado por los jóvenes. Aunque hay que decir que durante dos años o más estuvieron todos prohibidos en la ciudad, después de que un incendio provocado por un jugador al que no dejaban entrar en uno causó la muerte de 40 personas. Yo los he usado hasta hace relativamente poco, en casos de emergencia o en viajes, pero otra cosa que me ha ido alejando de ellos son las muchas pegas que ponen para usarlos si eres extranjero (siempre hay que llevar pasaporte, y a veces ni con él te dejan).


Las fiestas de Año Nuevo eran silenciosas: Venga ya, me diréis los novatos, pero así era, durante cosa de seis o siete años Pekín prohibió los petardos y fuegos artificiales todo el año, incluyendo en la principal fiesta china, por lo que los pequineses vivían estas celebraciones algo apesadumbrados, como si les faltara algo, como si en España nos prohibieran el caganer en los belenes. Finalmente el ayuntamiento decidió que no se podían poner puertas al campo, volvió a autorizar su uso, y hala, desde entonces todos los años se quema algún rascacielos o monumento histórico, como tasa a pagar con tal de mantener la milenaria tradición pirotécnica oriental.




Sólo había tres líneas de metro: la 1, la 2 ¡y la 13!: Cuando yo llegué sólo estaban la 2 (la circular, que equivale al segundo anillo) y la 1, que va de este a oeste pasando por Tiananmen en su centro (además de una especie de ramal llamado la Línea Batong). Como un año o dos después se inauguró la 13, que no es subterránea y va a las afueras del norte de la ciudad. El extraño número es porque las nuevas líneas no siguen un orden cronológico, sino que están todas, presentes y futuras, en un mapa del ayuntamiento, y éste las va construyendo sobre la marcha. En los años previos a los Juegos, los políticos locales empezaron a inaugurar líneas cual poseídos por alcaldes madrileños, y así hasta hoy, en que hay un metro bastante decente, muy barato (dos yuanes, uno menos que cuando llegué) y muy fresquito en verano, aunque las muchedumbres que lo llenan en horas punta quitan un poco las ganas de usarlo.

 Había más contaminación, se escupía mucho más, y se empujaba más en el metro: Cuando ahora los novatos se quejan de la polución, de las maneras de algunos pequineses y cosas así, les suelo decir algo semejante a lo que los abuelos nos decían de "una guerra tendríais que haber vivido". Antes estaba la cosa peor, ¡hemos mejorado! En 2001 Pekín olía a carbón puro, en invierno escupía con flema un muy importante porcentaje de peatones y ciclistas, y para salir o entrar en los vagones de metro había unas melés dignas de Torneo Cinco Naciones. Cierto es que actualmente la polución por el tráfico (hay como el doble de autos que cuando yo llegué) ha aumentado el smog, pero ese olor de Pekín de 2001 yo no lo percibo. Lo de los escupitajos, que en esa época eran un tema de conversación casi rutinario entre guiris, ya casi ni lo nombran los extranjeros recién llegados, los han visto y oído pero no son el pan nuestro de cada día. Gracias a las campañas de civismo preolímpicas, tal vez (y a las multas).



  Los taxis eran rojos, y de tres precios para elegir: Estaban los Xiali, un cochecillo semejante a un Renault 8, que cobraba 1,2 yuanes por kilómetro. Luego tenías los que eran un poco más grandes, marca Citroen o Volkswagen, que cobraban 1,6 yuanes. Finalmente, los más grandes, no recuerdo de qué marca pero con aspecto más lujoso, de color negro y muy escasos, que cobraban 2 yuanes por kilometrada. Más tarde toda esa flota se sustituyó por Hyundais (hay una fábrica en Pekín) de dos colores, uno siempre amarillo, el otro variable según la compañía. Los nuevos taxis fueron echando de la calzada poco a poco a los rojos, y adoptaron la más cara de aquellas tres tasas. Hace unas semanas, como sabréis los residentes, la han subido a 2,3 yuanes/km , con lo que ir en taxi ya se está convirtiendo, como en España, en un pequeño lujo que no todos los días te puedes permitir. Antes, por otro lado, los taxis abundaban tanto que apenas te parabas en la acera ya llegaban dos o tres a rogarte que subieras, ahora hay veces que es imposible encontrar uno (aunque con la última subida de precios la cosa ha mejorado).

Los autobuses urbanos eran como de los 70, y muchos tenían suelo de madera: Los cambiaron poco antes de los Juegos, pero eran un auténtico espectáculo, con ese aspecto cochambroso. Aunque no debería yo hablar muy mal de ellos, porque en mi Huesca natal también teníamos unos buses públicos que daba penica verlos, creo que eran de segunda o tercera mano, procedentes de líneas de ciudades mayores.




Había cuatro rascacielos: Las dos torres negras de Guomao, el edificio Jing Guang (cerca de allí, un poco más al norte en el tercer anillo), el Capital Mansion (que sigue teniendo una de las mejores vistas de la ciudad) y pare usted de contar. Después llegaron las torres del Soho, la tercera torre de Guomao (actualmente el edificio más alto de la ciudad, y desde hace unos días sede de la más alta maratón vertical del mundo), el edificio de CCTV y mucho más. Todavía no es esto Shanghái o Nueva York, pero el skyline pequinés ya se está animando.

Se viajaba a otras ciudades en tren cama: Con la rápida expansión del tren de alta velocidad en China (hace cinco años no tenía ninguna línea, ahora es el país que más tiene del mundo, triplicando al segundo, que es España) se está perdiendo, aunque todavía no del todo, la costumbre de viajar en cama dura. Ah, esos viajes amenizados por los sonidos de uno de los pueblos más roncadores del mundo... 




No había controles de seguridad en el metro, ni un día en el que los coches no podían circular según su número de matrícula: Estas cosas se introdujeron en las semanas previas a los Juegos Olímpicos, creíamos que con carácter temporal, pero acabaron quedándose. (Tampoco estaba tan limitado ni hipervigilado el acceso a la siempre sénsibol Plaza de Tiananmen).

Había un extranjero en la tele llamado Dashan que salía a todas horas: Los jóvenes creo que ya no lo conocen, dejó de ser un especimen único, pero en aquellos tiempos pasados Dashan era de los pocos exranjeros que hablaba chino con perfecto acento pequinés y tenía arrestos para presentar programas, ser actor en teleseries... Era omnipresente y un poco pesado, pero luego le salió mucha competencia. Hoy creo que todavía sale en el canal en inglés de CCTV, pero su fama -y la animadversión un poco envidiosa que le teníamos muchos laowais- han descendido en picado.



No había motos ni bicicletas eléctricas: Estaban prohibidas, según el gobierno central porque eran peligrosas y contaminantes. Recuerdo haber escrito hasta artículos quejándome de aquella prohibición y defendiendo su regreso a las calles de Pekín. Se volvieron a autorizar hace cosa de un lustro, y ahora que están de vuelta y extendidísimas entre los pequineses, me arrepiento completamente: tenía razón el ayuntamiento, ahora me parecen un peligro total, sobre todo porque no hacen nada de ruido y no las ves venir a toda velocidad. Nos están echando a nosotros los pobres y desamparados ciclistas, del carril bici (aunque los extranjeros que pedalean como si estuvieran en el Tour también son un ran riesgo).
Una de las zonas de más marcha era el sur del Parque Chaoyang: Allí había locales míticos como el Latinos (precursor del Salsa Caribe actual) o, al lado, el Big Easy, con forma de barco de vapor surcando el Mississippi y en cuyo interior vi una vez a una bailarina china voluptuosa que bailaba con una boa de bufanda, en plan Salma Hayek. Nada queda de todo ello.


Pues así era la China de 2001... no había ya mujeres de pies enanos ni eunucos en la corte, pero en fin, han cambiado algunas cosillas y seguramente a alguien que visitara Pekín en 2001 y no lo volviera a hacer hasta ahora le sorprenderían algunas diferencias. Probablemente me habré olvidado algún cambio importante (cuando estás en un lugar permanentemente a veces es más difícil percibir los cambios), así que podéis recordármelo en la sección de comentarios, comenzando con un clásico "te has dejado...".

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