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Febrero del 2014


Atrapados entre cíclopes

26 de Febrero, 2014, 0:01


Los recientes acontecimientos en Ucrania han estremecido al mundo, y con razón. En una semana, tras decenas de muertos, caos, sangre y fuego en una ciudad que hace año y medio acogía la final de una Eurocopa, el Gobierno del país ha caído, su presidente ha huido y la antigua primera ministra, la bella Princesa Leia Yulia Timoshenko, ha salido de la cárcel en la que le metió Yanukóvich. Un movimiento similar en formas a los de la Primavera Árabe, pero ocurrido en Europa, junto a las fronteras de la UE, ha mostrado que las revoluciones aún existen, que no se pelean a besos, y que pueden ocurrir donde uno menos se lo espere. Una revolución extraña y llena de ramificaciones continentales e históricas, porque la libraron por un lado manifestantes partidarios de un acercamiento a Europa Occidental, a la UE, y la intentaron reprimir en el otro lado unas autoridades que habían decidido en cambio alejarse de Bruselas y abrazar a Rusia, que daba más pasta.


Todo ello muestra que, desde un punto de vista geopolítico, a Ucrania le ha caído la "maldición" de estar justo en medio de dos grandes actores del mundo actual, Rusia y la Unión Europea, dos grandes economías que hace siglos igual podrían haberse llamado "imperios", aunque ahora ese palabro ya no se estila. Estar entre los dos gigantes, lo que en un mundo en plan Imagine de John Lennon podría haberle favorecido como país puente entre dos mundos, ha acabado siendo una condena, sobre todo por el miedo de Rusia -que ya ha visto en los pasados años a sus antiguos satélites adoptar el euro o entrar en la OTAN-
a perder influencia sobre Ucrania, las tierras en las que nació la nación rusa como tal. Es una pena que un país como Ucrania no pueda usar su estratégica posición como ventaja, que no pueda tener relaciones políticas y económicas de normalidad con ambos gigantes, y que en lugar de eso se hayan peleado por ella los grandes (bueno, metafóricamente, porque ni Rusia ni la Unión Europea han luchado en el campo de batalla, sino más bien las facciones ucranianas que apoyaban una u otra economía, pero eso sí, animadas o presionadas por Moscú y Bruselas, la una con chantajes comerciales y la otra con vítores).


Esta situación, la de una tierra entre dos gigantes que acabó viéndose perjudicada por esa posición, me recuerda a dos casos muy próximos a China, ocurridos en la primera mitad del siglo XX. Nunca serán perfectamente comparables, cada caso es un mundo, pero comparten la situación de haber estado entre la espada y la pared por haberse plantado en medio de dos gigantes, lo que en lugar de traerles pingües beneficios les produjo muchas dificultades y problemas que aún continúan.


MONGOLIA


Mongolia, que hace unos 800 años llegó a ser el imperio más extenso de la Historia, acabó convertida en una tierra encorsetada entre dos grandes gigantes, los imperios ruso y chino (este último la conquistó en el siglo XVII). En 1911, aprovechando la caída del Imperio Qing en la Revolución Xinhai, Mongolia declaró su independencia, que gracias a la inestabilidad en China pudo mantener unos años.

Antes de que acabara esa década, sin embargo, se encontró con dos problemas por el precio de uno: en primer lugar, los chinos, algo más estabilizados, se habían propuesto recuperar Mongolia, e iniciaron campañas militares de reconquista. En segundo lugar, en el Imperio Ruso había triunfado la Revolución de Octubre, que inspiró a políticos mongoles a imitar el movimiento en el país centroasiático, para alegría de los bolcheviques. En los años siguientes, se instauró la República Popular de Mongolia, tras derrotar los intentos chinos de reconquistar el territorio (gracias, aparte de a la aún caótica situación de China, a la ayuda económica soviética). El precio, sin embargo, fue cierta división: China conservó parte de las tierras habitadas por los mongoles, lo que hoy se conoce como la Región Autónoma de Mongolia Interior, una de las divisiones administrativas de China.

Pekín abandonó definitivamente su intento de recuperar la Mongolia "exterior" tras la Segunda Guerra Mundial, pero el precio de los mongoles por defender su independencia fue, paradójicamente el convertirse de facto en una república más de la URSS, uno de los Estados satélite de Moscú con menos autonomía (y menos aún cuando China y la URSS se enfadaron, tras la muerte de Stalin). La dependencia de los soviéticos se vio simbolizada en el hecho de que los mongoles independientes abandonaron su alfabeto (que aún es usado por los mongoles de China) y adoptaron las letras cirílicas propias del idioma ruso. También hubo grandes retrocesos en libertad de creencias, en un país con fuertes creencias budistas ligadas a la rama tibetana de esa religión, aunque bien es cierto que bajo control chino, en los tiempos de la Revolución Cultural, no les hubiera ido mucho mejor.



TÍBET


La Historia reciente del Tíbet empieza de forma similar a la de Mongolia, aunque, como todos sabemos bien, no acabó igual, ni mucho menos... Tras la revolución de 1911 en China, los tibetanos, que como los mongoles habían sido conquistados por el Imperio Qing hace un par de siglos o tres, aprovecharon el vacío de poder temporal que dejó la caída del régimen imperial chino para declarar la independencia (que, por cierto, Mongolia fue una de las primeras naciones en reconocer, por la cuenta que le traía).

El Tíbet estaba, y está, en el superrecontraestratégico cruce de caminos entre dos gigantes como China y la India, con el agravante de que entonces la India era la joya de la corona del poderoso Imperio Británico. Londres vio en la independencia del Tíbet una oportunidad para aumentar su influencia en la zona y seguir su tenaza contra una China contra la que había luchado, y a la que había vencido pero no despedazado, en las dos guerras del opio del siglo XIX.

La situación llevó a que Reino Unido firmara con el Tíbet un acuerdo de establecimiento de fronteras sin la participación de China, que no reconocía la independencia tibetana. Ese acuerdo fijó la famosa "línea MacMahon", una frontera en el norte de la India que los chinos nunca aceptaron, hasta el punto de que incluso después de volver a tener control sobre el Tíbet acabó siendo motivo para una breve guerra entre chinos e indios, de la que hablé un poco cuando se celebró su cincuenta aniversario.

Decía que el Tíbet no acabó igual que Mongolia... China lo ocupó en 1951, después de transformarse en régimen comunista, y el intento tibetano de recuperar su independencia, en 1959, se saldó con una derrota militar y la huida al exilio indio del Dalai Lama, donde sigue teniendo su residencia. El problema sigue estando allí, complicado y engrandecido por otros muchos factores, desde los estragos de la Revolución Cultural en la población tibetana a nuevos intentos de revueltas que fueron duramente reprimidas (1989 y 2008), todo ello mezclado con asuntos como la concesión del Nobel de la Paz al Dalai Lama, el apoyo económico estadounidense a esta figura en los tiempos de la Guerra Fría o hasta los recientes intentos de llevar la cuestión tibetana a la Justicia española. Pero eso son otras historias.

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La zorra al revés

23 de Febrero, 2014, 0:01

Hace unos días escribí un post en el que hablaba de Bali sin adoptar tono de folleto de hotel, es decir, contando lo que me gustó del lugar pero también lo que no. Seguramente me explayé más a la hora de contar lo que no me gustó, pero no porque en la balanza fuera lo que mas pesara, sino porque creo que es lo menos conocido de un sitio que se suele presentar en agencias de viajes y revistas del sector como el Edén redivivo.

Sin embargo, por centarme en aquel post en desmitificar, no ahondé en una cosa que sí que me dejó prendado totalmente: los arrozales de Bali, que son de un verdor intensísimo, se desparraman en terrazas hasta donde se pierde el horizonte y están por todas partes en la isla (salvo, claro está, en las zonas de playa y las de montaña más alta, como de mil metros para arriba). Famosos son los de Jatiluwih, pero tambien los hay preciosos en las afueras de Ubud, o en cualquier otra parte de la "tierra baja" balinesa.

He visto bastantes arrozales en Asia, como no podía ser de otra manera, pero seguramente los de Bali son los más bellos que he conocido de este paisaje agrario tan oriental y tan perfecto.






OTROS LUGARES DE ASIA ORIENTAL DONDE VER ARROZALES


En Filipinas son muy famosos los que el pueblo ifugao ha construido durante siglos en Banaue, en el montañoso centro de la isla de Luzón. Como los arrozales balineses, son patrimonio de la Humanidad (bueno, en el caso de Bali no sólo el arrozal está reconocido por la UNESCO, sino en realidad todo el sistema de cultivo y riego que los balineses tienen).

De Banaue no tengo fotos tan verdosas como las balinesas, porque casi todas las instantáneas que tomé en Filipinas las perdí en una mudanza de ordenadores, y sólo conservo esta foto qe hice en blanco y negro con una cámara de las de carrete (y gracias que la llevaba).



En China son igualmente populares los arrozales de Longsheng, en el norte de la provincia de Guangxi, visitables normalmente en una excursión desde Guilin o Yangshuo. Son muy bonitos, pero el lugar está un poco demasiado disneylandizado. De Longsheng sí tengo fotos, pero hoy no estoy en Pekín y hasta que no regrese no os podré poner una. Dejo espacio para ello.


Otro lugar donde he visto muchos arrozales que me gustaron, aunque no estaban en terrazas, fue Corea del Sur, donde no esperaba yo que cultivaran tanto arroz, pensaba que eran más de cereal amarillo (trigo, cebada...). El año pasado, cuando estuve en el sur de Corea del Sur, me encantaron los paisejes del lugar. Además era muy curioso ver cómo plantaban el arroz (los surcoreanos, muy finos ellos, ya no lo hacen a mano, sino con una especie de minitractor pensado para trabajar encharcado).






Pero vamos, el arroz es el alimento básico de los asiáticos, también de los que viven en zonas donde la orografía no es plana, así que hermosos arrozales los hay por todos estos países, desde Japón a Indonesia. ¿Conocéis alguno que os haya dejado alucinando?

ACTUALIZACIÓN (en días siguientes): en la sección de comentarios, Paco ha rememorado Bukitinggi, en Sumatra, con ese nombre tan fantástico que tienen muchas localidades indonesias:

Diego Iván ha apuntado los arrozales de Yuanyang, muy famosos también y que sólo he visto en fotos pero que por lo que se ve deben ser alucinates...

Y de Japón ha recordado los increíbles arrozales-manga que a veces crean agricultores con enorme visión artística, los de Oyama Senmaida y los de Shirakawa-go, lugar del que nunca había oído hablar pero que al buscarlo en Google me ha recordado a la aldea de Asterix.



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Diez años de panqueques inolvidables

19 de Febrero, 2014, 0:01


Primera foto que tomé en Vietnam, en febrero de 2004.


No recuerdo si fue exactamente tal día como hoy, pero sé que fue por estas fechas, en los días previos al Año Nuevo Chino de 2004. Tras un interminable viaje en autobús desde Yangshuo a la frontera chino-vietnamita en el que casi fenezco de frío, llegué a una garita donde un soldado chino me revisó el pasaporte de forma rutinaria. Tras permitirme el paso, caminé unos 50 metros, a otra garita, en la que quien me esperaba era un soldado vietnamita. Entraba así por primera vez -y a pie, qué gozada- en el sureste de Asia, una región que desde entonces ha sido uno de mis lugares favoritos para descansar, relajarme, olvidarme del estrés y ver mundo.

Diez años, más o menos, separan ese viaje del que hice hace unas semanas por Java y Bali, del que os he hablado en los posts más recientes. En ese tiempo he visitado, además de Vietnam e Indonesia (en dos ocasiones), Laos, Birmania, Camboya, Malasia, Singapur, Filipinas y Tailandia (en cuatro ocasiones, aunque dos de ellas fueron más bien de pasada). Empezando por Vietnam y terminando por Bali, se podría decir que he completado lo que algunos mochileros llaman la "ruta del banana pancake", es decir, el viaje desde Bali hasta Indochina (o viceversa) que los hippies, los surferos, los australianos, los lonelyplaneteros, llevan a cabo en varios meses, normalmente pidiendo un año sabático en el trabajo o dejando pasar una temporada entre el fin de sus estudios y la búsqueda de curro (lo que en los países anglosajones se llama el "gap year". Probablemente yo ostento el récord de lentitud en la cumplimentación de la ruta, llamada "del banana pancake" por ser éste uno de los más comunes desayunos que se ofrecen en los hostales y los restaurantes para turistas extranjeros.

El sureste asiático es una región fascinante. Sus gentes son amabilísimas, sonrientes y tranquilas (siempre habrá excepciones, pero la gran mayoría son así). Cada país de la zona tiene una Historia interesantísima, a veces parecida a la de sus vecinos, a veces opuesta. Si bien todos los países tienen cosas en común (los platos con arroz, las frutas tropicales, las motos...), cada uno presenta individualidades casi asombrosas en lugares vecinos, como el hecho de que casi cada nación tiene su propio alfabeto. Las cuatro grandes religiones del mundo están muy presentes en la región. Las grandes civilizaciones asiáticas de los últimos milenios dejaron su huella (indios, chinos, árabes) y también los grandes imperios occidentales (ingleses, franceses, españoles, portugueses, holandeses). Fue, en definitiva, un cruce de caminos y de barcos que absorbió muchos vaivenes históricos y pese a la pobreza, la inestabilidad política o tristes historias recientes, es un lugar indiscutiblemente agradable para el visitante.

Ya escribí un post sobre los países del sureste asiático hace un tiempo, un post que actualizo cuando visito alguno de ellos (y que, por cierto, tengo que actualizar otra vez ahora, a ver si me pongo). Por ello, no voy a repetirme ni explayarme mucho más. Solamente quería escribir este post a modo de homenaje a diez años en los que el sureste asiático está en mi corazón casi de forma tan importante como España o China. Y para conmemorar el aniversario me he regalado el siguiente mapa, con el que no quiero alardear de lo que he recorrido, sino recordarme lo mucho que me queda aún por recorrer. Borneo, las Célebes, las Visayas filipinas, el sur de Sumatra y de Laos, el este de Tailandia y de Malasia, las zonas no birmanas de Myanmar... Confío en que pueda ir a alguno de esos lugares, y que celebre 20 años con más flechas de color.


Unas breves notas a pie de mapa:

-Los lugares citados en el mapa son aquéllos en los que me alojé. Desde ellos como base visité otros sitios de sus cercanías (por ejemplo, desde Hanoi visité Hailong Bay), pero no he puesto esas excursiones para simplificar.

-Cuatro de los lugares citados en realidad no los conocí demasiado porque sólo estuve en ellos haciendo noche: Baguio (Filipinas), Chiang Khong (Tailandia), Surabaya (Java, Indonesia) e Ipoh (Malasia). En todo caso me di una vueltecilla por ellos (al atardecer, o de mañanas) antes de emprender camino para otros destinos.

-Casi ninguno de los trayectos lo hice en avión, porque me gusta ver los países que visito desde abajo. Hay excepciones, porque no hubo más remedio. Concretamente, el trayecto entre la tailandesa Chiang Mai y la birmana Rangún (las fronteras terrestres de Birmania están casi siempre cerradas a cal y canto, o lo estaban entonces), el trayecto desde la malasia Penang a la indonesia Medan (quería ir en barco pero el servicio de ferrys había sido cerrado, para mi gran disgusto), el viaje Medan-Kuala Lumpur, y el más reciente Bali-Yakarta (estos dos últimos porque no me quedaban ya días de vacaciones y porque eran viajes de retorno, ya había pasado por allí abajo antes).

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Postales desde Java

16 de Febrero, 2014, 0:01

En recientes posts he hablado un poco de Java, isla que visité hace unas pocas semanas... Los posts no los acompañé de fotografías tomadas en el viaje, porque a mi portátil no le sentó bien el paso del Ecuador y feneció pocos segundos después de enchufarlo en Yakarta.

Ahora que ya he descargado las fotos, he tirado las muchas desenfocadas que mi infame cámara Canon hace constantemente (nunca más Canon, nunca más) y he seleccionado las que más me gustan, puedo ya por fin, con algo de retraso, mostrar algunas instantáneas. Valgan ellas como ilustración a posteriori de los artículos anteriores.


Monas (Monumen Nasional), el feo pero imponente monumento central de Yakarta.


Templo en Glodok, el barrio chino de Yakarta.


Plaza central de Kota, la antigua zona colonial de Yakarta.


Unas chicas desfilan marcialmente junto a una mezquita en Yogyakarta, Java Central.


Una de las muchas paredes pintadas de Yogyakarta.


Pasando la tarde en buena compañía.


Paseo por los callejones Yogyakartianos.


Guardianes del Kraton, el palacio del sultán de Yogyakarta.
El que está de espaldas exhibe una kris o daga sagrada.


Mezquita subterránea de Yogyakarta.


Motos, motos y más motos.


Hordas de colegialas invaden el impresionante templo hindú de Prambanan.


Prambanan al atardecer, a la espera de ver la danza del Ramayana.


Bailarines del Ramayana, la danza épica sobre el rapto de Sita
y el rescate de ésta por parte del antipático Rama.


Un candi (templo) cerca de Prambanan, en las afueras de Yogyakarta.


Borobudur, también tomado por los estudiantes, aunque sólo en su famosa azotea.
Los pisos más bajos, más bonitos y con relieves fascinantes, están vacíos.


Jugando al fútbol junto a un candi, también cerca de Prambanan.


Puerta del pasar (mercado) de Solo, Surakarta.


Templo de Candi Ceto, en la ladera del volcán Lawu, en las afueras de Solo.


La impresionante y temible belleza del volcán Bromo,
tal vez lo más espectacular que vi en Java.


Amanecer sobre el "mar de ceniza" en el que está el Bromo.
Al fondo, otro volcán activo, el Seneru, el pico más alto de Java.

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¿Es Bali el paraíso?

13 de Febrero, 2014, 0:01

Mis recientes vacaciones, que poco a poco se van quedando en el recuerdo mientras retomo la rutina laboral, transcurrieron no sólo en Java, a la que he dedicado varios posts en las últimas semanas, sino también en la mítica isla de Bali, que está justo al ladito, a apenas una hora de ferry. Bali, el supuesto paraíso en la Tierra, esa isla para el placer y el dolce far niente... Una tierra que en los días que estuve yo estaba también llena de turistas chinos, de vacaciones por el Festival de Primavera, aunque su rollo de viajes en grupo era diferente del mío, así que no nos cruzamos más que en los monumentos más famosos.

Me han preguntado algunos amigos si Bali es tan paradisiaca como la pinta nuestro imaginario colectivo, reforzado por ese reciente pastiche de Julia Roberts...
...en el que la protagonista conoce en Bali al amor de su vida (Javier Bardem, me da igual destripar una peli si es mala).

Bali es un lugar muy especial, pero ante las acusaciones que recibe de paraíso terrenal, yo diría varias cosillas:


Sus perros son insoportables
: a Bali le pasa lo mismo que a otro supuesto paraíso asiático, la isla tailandesa de Phuket: a nada que te intentas salir de las zonas turísticas y te vas a pueblecitos, a lugares más rurales, ya tienes a centenares de perros malhumorados y antipáticos ladrándote, siguiéndote y gruñéndote. Los perros balineses, además, son especialmente feos, delgaduchos y mal alimentados, son los perros más feos que he visto nunca. No es un problema sólo de Bali (también en los pueblos de China o de Tailandia hay perros rabiosos y mugrientos), pero en todo caso desanima bastante cuando se quiere ir de excursión, aun entendiendo que los balineses los usan como medida de seguridad para sus casas (¿pero para qué demonios necesitan perros guardianes, no están en el supuesto paraíso?).



Las playas están llenas de basura
: al menos cuando estuve yo (temporada baja y de lluvias) muchas de las playas que visité, incluyendo algunas con mucha fama como Kuta y Seminyak, estaban completamente invadidas por la basura, tanto en el agua como en la arena (sobre todo envoltorios plásticos, que se te pegan al cuerpo al nadar). Puede que no sea en todas las épocas, y es cierto que no parece un problema que se solucione simplemente limpiando (dicen que mucha basura llega con las mareas desde Java, donde la densidad de población es tan enorme que no saben qué hacer con los residuos y los tiran al mar), pero me sigue pareciendo penoso. Y también me parece increíble que yo no me enterara de ello hasta ir a Bali, que nadie se queje una vez lo ha visto. ¿Es que nadie quiere decirlo cuando sale de allí, para así no mancillar la imagen paradisíaca de la isla?



El transporte es un quebradero de cabeza
: había oído que en Bali hay muchos atascos, pero no fueron éstos precisamente los que generaron en mí la impresión de que moverse por la isla (que es pequeñita) es complicado. Lo que dificulta realmente la situación es la falta de transporte público decente, algo increíble para uno de los lugares más turísticos del mundo, y con una gran densidad de población. Las estaciones de autobuses públicos, si es que las hay, suelen estar bien en las afueras de las ciudades, pese a que éstas son pequeñas, y los buses sólo parten de ellas cuando están llenos (o si le pagas al conductor un plus equivalente a los asientos vacíos que va a dejar por salir rápido). Además, si eres extranjero, es posible que en la estación te vuelvan loco los autobuseros, intentándote convencer de que cojas su vehículo a grito pelado (en la primera estación que estuve, nada más llegar a la isla, me dio un ataque de histeria al ver cómo me gritaban todos a la vez). Si pasas de todo esto y decides optar por taxis, ten en cuenta de que aparte de que son unos pesados (te llaman incansablemente desde todas las esquinas, desde el amanecer hasta el ocaso) te cobran precios abusivos por distancias realmente cortas. Por todo ello, en los últimos días en Bali no me quedó más remedio que alquilarme una moto, que es el vehículo que usa todo indonesio que se precie, y aprender a ir en ella (prácticamente nunca lo había hecho, y Bali no es precisamente el mejor sitio para ser conductor nóvel).



Algunos templos no se pueden visitar en paz
: El sureste asiático es en general una región tranquila para el turista, la gente te quiere vender cosas pero sin dar mucho la tabarra, por eso me sorprendió ingratamente ver que en Bali hay timadores de turistas tan pesados y desagradables que me recordaron a los de Egipto, el país donde peor he visto que se trata al turista. Bueno, un pelín menos, porque lo de Egipto es difícil de igualar. En fin, que en algunos famosos templos balineses, como Besakih, hay falsos "guías" que te intentan cobrar por entrar a zonas abiertas al público, o te empiezan a seguir como unos palizas y después te quieren cobrar en dólares por un servicio de guiado que ni has pedido ni has disfrutado... Al final te enfadas con ellos, ellos se enfadan contigo... en fin, el típico rollo de pirámide egipcia.



Sus partes más turísticas son como la calle comercial chachipiruli de tu ciudad
: Starbucks, McDonalds, tiendas hippies pero caras, restaurantes étnicos pero caros... Las calles de las zonas playeras más conocidas (Kuta, Seminyak) o de Ubud, el principal centro cultural de la isla, han sido apisonadas por el comercialismo con disfraz "hipster". Es como ir por Bali y encontrarte las mismas tiendas que en Nanluoguxiang, o en las calles más "molonas" de Barcelona. Si es lo que te gusta, pues adelante, pero para eso no hace falta volar miles de kilómetros.



Una vez planteados estos matices, a la pregunta de si Bali es el paraíso, creo que debería responder que no. A lo mejor sí lo sería si uno se aloja en un hotel de cinco estrellas y se pasa allí todo el tiempo, pero supongo que el que se pueda permitir ese paraíso artificial en Bali lo podrá pagar en muchos otros lugares.

Sin embargo, sería injusto decir que Bali es sólo lo que he mencionado. Bali, pese a todo lo que he dicho hasta ahora, me encantó, dejó un gran recuerdo en mi corazón y ahora mismo volvería, aunque hace apenas una semana que estuve. No es perfecta, porque es humana y terrenal, pero es muy especial.

Sí es cierto, por ejemplo, que la isla es una verdadera belleza natural, una belleza que además resiste a las hordas de turistas. Esos arrozales en terrazas por doquier (los más bellos que he visto jamás, y mira que he visto arrozales), los lagos, los volcanes, los árboles repletos de frutas tropicales creciendo en la cuneta. Añadámosle a ello esos templitos por todas partes, en cada casa, en los tejados, en todo Ubud, unas arquitecturas de locura hindú que convierten a Bali quizá en el lugar más ornamentado que he visto jamás (lo que, además, contrasta mucho con la austeridad de las casas y las mezquitas de Java).

Esos balineses tan amables y sonrientes, a menudo vestidos de vivos colores para hacer ofrendas. Esos acantilados, esas olas, y esos paseos en moto cuesta arriba y cuesta abajo, porque al final lo de ir en moto fue un gran placer, para qué engañaros. Eché pestes sobre los perros o los timadores balineses, pero el día que me fui de esa isla sentí una pena que no sentía desde que estuve en Vietnam, el primer sitio del sureste asiático que conocí.

En mi primera noche de vuelta en Pekín, congelado por el frío y con un catarro febril, soñé toda la madrugada que con mi moto seguía yendo arriba y abajo por las cuestas de la península de Bukit, parando en las calitas y bañándome mientras a lo lejos surfeaban los más valientes.

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La canción javanesa
que triunfó en Asia

9 de Febrero, 2014, 0:01

Ya estoy de vuelta en Pekín después de tres semanas inolvideibols en Java y Bali, pero voy a contar aún alguna cosa más de Indonesia en el blog, porque estando de vacaciones tampoco escribí mucho...

Una de las cosas más molonas de Java -Bali también, pero con otro estilo- es lo musical que es la calle. En restaurantes, bares o incluso autobuses públicos, hay constantemente músicos callejeros, en general bastante potables, que amenizan la velada a cambio de lo que los oyentes les quieran dar. En los autobuses de línea la cosa es tremenda: el conductor para en medio de la carretera, sube un músico, canta un par de canciones, se apea al mismo tiempo que sube otro músico, y así hasta el final del trayecto, el chófer se ahorra una barbaridad en radiocassettes. Os pongo un ejemplo de actuación autobusera, en un viaje que hice entre dos ciudades de fabuloso nombre, Probolinggo y Banyuwangi:



La música indonesia es un reflejo de lo que es el país, un cruce de caminos por el que pasaron muchísimos pueblos. A veces suena a melodías árabes, otras veces a canciones indias bollywoodianas, también tiene en ocasiones reminiscencias chinas... Pero, y esto es lo mejor de todo, a veces suena a musiquita europea, casi casi española. Esto se debe, entre otras cosas, a que los javaneses utilizan mucho una pequeña guitarrita para cantar algunas de sus canciones, similar al ukulele, que ellos llaman kroncong (palabra que por lo visto se inspira en el ruido que hacen las cuerdas al rasguearlas).

El kroncong llegó a Indonesia a través de los portugueses -quienes, por cierto, también fueron los que llevaron el ukulele a las islas Hawaii-, en aquella lejana época en la que nuestros intrépidos vecinos iban a las Molucas en busca de especias, antes de que los holandeses colonizaran la zona y monopolizaran ese pingüe negocio. Los portugueses, que dejaron también muchas palabras en el vocabulario indonesio (por ejemplo, tren se dice "kereta", que viene del portugués "carreta"), dejaron una gran influencia en la música tradicional indonesia, que suena a veces a bolero, o a habanera.

Esto se ve, por ejemplo, en una de las canciones populares más famosas de Indonesia, la hermosísima Bengawan Solo, que me mencionó con entusiasmo un taxista precisamente cuando estaba en la ciudad de Solo. Bengawan Solo ("Río Solo") está dedicada al río que da nombre a la ciudad, que además es el más largo de Java. Escuchadla y veréis cómo os evoca al Caribe, a Hawaii...



Bengawan Solo fue compuesta en los años 40 un artista... ¿solonés? ¿solitario? también de fabuloso nombre, Gesang Martohartono, que aún la cantaba con 90 años (falleció hace poco, en 2010).



Esta canción, y aquí es donde este post va por fin a enlazar con la obligada temática china, se hizo muy famosa en toda Asia a lo largo de toda la segunda mitad del siglo XX, y tiene versiones en otros idiomas asiáticos, incluido el mandarín. Al parecer, empezó gustando mucho a los japoneses que ocuparon Indonesia en la Segunda Guerra Mundial (Diego Iván opinará algo de esto en la sección de comentarios) y más tarde a los chinos de Singapur, Malasia y Hong Kong. Aquí tenéis, por ejemplo, una actuación de artistas indonesios en la televisión hongkonesa, en los años 60:



Además, en el mundo chinohablante se hicieron muchas versiones de la tonadilla en mandarín y cantonés. En China se la conoce como
美丽的梭罗河 (Meilide Suolo He, el bello río Solo).





También hubo una cantante hongkonesa, Rebecca Pan, que hizo una gran versión en inglés de la melodía, que puede oírse en la película "In the Mood for Love", the Wong Kar-wai.



Si aún no os habéis convencido de la vital importancia de esta canción hasta hoy desconocida por casi todo aquel que no sea oriental, escuchad a Xi Jinping mencionarla en este discurso en el que habla de las relaciones entre China e Indonesia, cuando visitó el país el pasado año. (Lo hace en torno al minuto 3:30, lamentablemente no la tararea).


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Más de chinos en Indonesia

4 de Febrero, 2014, 0:01

Qué tal va todo... Yo sigo vacacionando en Indonesia, aunque ya me queda poco para regresar a los fríos de Pekín.

Una cosa que me ha gustado mucho de Java y Bali es que los alojamientos son muy familiares, a veces parece que estás viviendo con una familia indonesia. Gracias a ello muchas noches la "familia" veíamos juntos las noticias del día en el telediario: la principal noticia durante toda mi estancia han sido las inundaciones de Yakarta, en las que murieron varias decenas de personas y hubo decenas de miles de evacuados. (Para que veáis que no exageraba).

También parece que ha sido muy importante en Indonesia estos días la detención de un empresario corrupto que llevaba cinco años huido del país, y que finalmente ha sido atrapado en Cantón, desde donde fue extraditado por las autoridades chinas. El presunto corrupto, dueño al parecer de una empresa de telecomunicaciones indonesia, se llama Anggoro Widjojo y me llamó la atención, al verlo, que tenía un aspecto diferente al del indonesio medio, es más, parecía cien por cien chino.


Ya me imaginé que Anggoro, como muchos millonarios indonesios, es de ascendencia china, pero me llamó la atención su nombre, Anggoro, porque parece que fuera una "indonesización" de un apellido chino tipo "Huang". Consultando sobre ello en Google, me he enterado de que en los años 60, durante los años más duros de la dictadura de Suharto, a los chinos de Indonesia se les obligó a cambiar sus nombres por unos que sonaran más indonesios.

Así, muchos Hong (y no Huang, como pensé al principio) se pusieron de apellido Anggoro. Algunos Lin se acabaron apellídando Limanto, y los Deng pasaron a llamarse en muchos casos Tenggara. En Wikipedia, cómo no, tenéis una larga lista de estos cambios.

Otras prohibiciones que los chino-indonesios sufrieron fueron las de usar los caracteres chinos en carteles públicos (una prohibición que ya no existe, aunque es muy cierto que en Indonesia ver letras chinas es muchísimo más raro que en el resto del sureste asiático). También se les prohibió celebrar en público sus fiestas, entre ellas el Año Nuevo Chino. Hoy en día creo que ese día es incluso fiesta nacional indonesia, y en todo caso los chinos de China se han tomado la revancha "invadiendo" Bali en esta festividad, como estoy pudiendo ver estos días aquí.


Creo que ya lo he comentado en posts anteriores, pero por si acaso mencionaré que la discriminación que los chinos sufrieron entonces (y las matanzas, que por cierto se han repetido también en otras épocas de crisis nacionales) se debieron en parte a que los chinos eran ligados al comunismo, el gran enemigo de Suharto, pero también a que durante la colonización holandesa los chinos habían sido buenos aliados de los neerlandeses, gestionando empresas, bancos y otras riquezas. Con la independencia, la relación entre Indonesia y su comunidad china fue complicada: por una parte los veían como un recuerdo del colonialismo holandés, pero por otra se les tenía por buenos gestores de empresas, y los mismos indonesios a veces se veían poco capaces de tomar las riendas de ciertos sectores económicos o políticos donde los chinos tenían siglos de experiencia.

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