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Marzo del 2015


Viaje con nosotros a mil y un lugar Redux

31 de Marzo, 2015, 0:01


Le prometí hace unos días a una lectora del blog llamada Ángeles que haría un post con consejos para quien quiera viajar por China, y aunque con cierto retraso voy a cumplir la promesa. Este post es en realidad una actualización de otro que escribí hace casi ocho años, del que algunas cosas aún valen (de hecho, algunas de ellas las voy a cortapegar al final) pero otras se han quedado un poco obsoletas y requieren adaptarse a nuevos tiempos y situaciones.

Algo que continúa siendo tan válido entonces como ahora es el hecho de que China es un país que vale la pena conocer y visitar, si se tiene oportunidad. Es un país con gran variedad de climas y paisajes, con ciudades espectaculares, pueblos preciosos, comida deliciosa y gente muy interesante, además de ser aún lo suficientemente exótico para nosotros los occidentales como para que nos resulte un sitio curioso y fascinante.

Por otro lado, es un país un poquito -sólo un poquito- más complicado de visitar que otros más habituales para el turista occidental. Sus grandes distancias y el problema del idioma son quizá los principales obstáculos a superar, pero tampoco imposibilitan el viaje. Eso sí, ir a China un poco preparados sobre lo que nos vamos a encontrar es recomendable, por lo que os apunto a continuación algunos consejos previos a la excursión:

VISAS

China sigue pidiendo a la mayoría de los ciudadanos de otros países un visado para entrar a su territorio. El visado de turista en general es fácil de sacar en las embajadas, consulados o agencias de viajes de los países de origen. Un poco más complicado, creo, es sacarse un visado que inventó hace pocos años el Gobierno chino para los extranjeros que viajan con la intención de visitar a familiares residentes en China. Este visado es un poco más farragoso, porque requiere carta de invitación del extranjero residente en China, por lo que os recomiendo que, tengáis o no amigos o parientes en China, pidáis el visado puramente turístico, es más sencillo de hacer.

Desde hace un par de años muchas ciudades chinas permiten entrada sin visa a extranjeros de determinados países (España incluido) si están en su territorio menos de 72 horas (tres días). Esto suele ser aprovechado por viajeros que hacen escalas en Pekín o Shanghái, normalmente gente que viene de países cercanos (Corea del Sur, Japón...) pero os lo comento por si a alguno os tocara también hacer un alto en China de camino a otro sitio.

COSTES

Desde 2007, el año en el que escribí el post que estoy actualizando ahora, el coste en China ha subido mucho, aunque bueno, ¿qué país es más barato ahora que antes? China ya no es la ganga que era entonces en muchos aspectos (la atracción que supusieron los JJOO de Pekín perjudicó mucho a los precios de la capital china, por ejemplo).

De todos modos, lo que más ha encarecido viajar a China no es la inflación, que no es muy alta, sino la progresiva revaluación del yuan respecto al dólar y al euro. En 2007 con un euro te daban más de 10 yuanes, y ahora te van a dar 7, es decir, que para alguien de Europa viajar a China le va a parecer como un 30 por ciento más caro que entonces, cuando el euro estaba fortísimo (en compensación, a los que vivimos en China y cobramos en yuanes cada vez nos parece más barato Europa, aunque bueno, todavía no nos parece una ganga).

Pese a todo ello, creo que China sigue siendo relativamente barata en gastos típicos que tiene el turista, como el alojamiento, la comida en restaurantes, los regalos o el transporte. No está tirado de precio, pero tampoco son precios abusivos. Salvo que uno coma sólo en restaurantes de estilo europeo, se aloje en hoteles de cuatro estrellas o compre en tiendas de antigüedades para guiris, ahí hasta le puede parecer todo más caro que en su país...

ALOJAMIENTO

El alojamiento en China ha mejorado mucho en los últimos años, no sólo en calidad sino en variedad. Antes sólo había dos opciones: u hotel elegante y caro, o hotelucho barato pero de mala muerte. En los últimos años han aflorado muchísimas cadenas de hoteles low cost que ofrecen un término medio entre una cosa y otra, habitaciones decentes y limpias sin grandes lujos. Cadenas como 7 Days Inn, Haiting y marcas similares. En general, China tiene una oferta hotelera enorme, es uno de los lugares del mundo donde, en mi humilde opinión, es más fácil encontrar alojamiento. De hecho, por vivir aquí he adquirido la manía de no reservar cuando viajo, lo cual en China no me suele ir mal, pero en algún otro país me ha llevado por la calle de la amargura.

Gracias a webs de búsqueda de hoteles como Kayak o TripAdvisor, podéis evitar mi error y mirar sitios por adelantado.

MOVERSE POR EL INTERIOR DE CHINA

Uno de los mayores cambios que ha experimentado el turismo por China lo ha producido el rápido desarrollo de los trenes de alta velocidad. La red de "Aves" chinos, que se sigue expandiendo y acabará llegando a todo el territorio, ya permite, por ejemplo, viajar de Pekín a Shanghái en cuatro o cinco horas. Como ocurre en España, son un poco caros, pero sus precios muchas veces son similares a los de los billetes de avión, y muchos chinos se han rendido a su comodidad. Su mayor pega, quizá, es que a veces las estaciones de alta velocidad están en las afueras de las ciudades, mientras que las de trenes convencionales suelen ser céntricas.

Siguen existiendo, por tanto, los trenes de toda la vida, que en China suelen viajar de noche. Yo hace años que no los uso, pero en mis primeros años fueron mi segundo hogar. Tienen tres tipos de vagones: de cama blanda, de cama dura, y de asiento. Si haces un viaje nocturno, intenta coger los de cama, porque en los de asiento acabarás bastante baldado.

Para los trenes lentos es a veces difícil comprar billete, porque siguen siendo los más demandados, ya que su precio puede ser hasta la mitad que el de los trenes bala. En vacaciones nacionales, como el Año Nuevo chino o el Día Nacional (1 de octubre), es prácticamente imposible montarse en ellos. Los trenes de alta velocidad, aunque también suelen ir llenos incluso en días entre semana, no suelen presentar problemas de disponibilidad de billetes, pues por ejemplo entre Pekín y Shanghái hay como uno cada hora. Lo peor que le puede pasar a uno es que quiera un billete para salir, por ejemplo, a las 11 de la mañana y acabe teniendo que salir en el del mediodía.

Se pueden comprar billetes de tren en muchos puntos de venta de las ciudades chinas, no hace falta ir a las estaciones. Hace años sólo se podían comprar billetes de ida, pero hace tiempo que se pueden adquirir de ida y vuelta, o incluso de vuelta solo. En esos tiempos antiguos, además, sólo era posible comprar billetes con cuatro días de antelación, pero ahora es posible mucho antes (creo que hasta 60 días, pero no estoy del todo seguro).

Sobre los aviones no me explayo tanto, porque su funcionamiento es similar al de cualquier otro país del mundo... En China hay compañías low cost, pero aún no están muy desarrolladas, y en general la gente vuela con convencionales, que suelen tener aviones bastante decentes. Algunas webs chinas de venta de billetes de avión son una pesadilla porque no permiten comprar con visa o hay que ir a buscar el billete a oficinas que están en el quinto pimiento, no entiendo aún cómo no se arruinan negocios tan ineptos. Para los que vuelen por el centro de China, les diré que suele ser una zona de frecuentes turbulencias gordas, que no se asusten.

Para trayectos dentro de una misma provincia, recomiendo los autobuses, que suelen ser bastante puntuales, pese a su manía de hacer 44 paradas para ir dejando a sus viajeros en donde cada uno de ellos quiera apearse. Las estaciones de autobús chinas son algo sucias pero están bien organizadas, con distintas puertas de salida como si fueran aeropuertos.

QUÉ LLEVAR EN EL ZURRÓN


Aparte de lo que uno llevaría a cualquier país del mundo, recomiendo siempre una cosa: tapones para los oídos, de esos de espuma o silicona que te dejan completamente sordo al ponértelos. Los chinos a veces son inmunes al ruido, por lo que te puede tocar un hotel situado en una calle demasiado animada, o un vagón de tren cama donde roncan absolutamente todos los viajeros, o un motel donde tus compañeros de pasillo se despiertan a las 5 de la mañana y no tienen ningún reparo en que el resto del establecimiento lo sepa.

Hace años, era casi obligatorio llevar una buena guía de viajes como la Lonely Planet o la Rough Guide, pero yo he de confesar que llevo mucho tiempo usando la web Wikitravel, elaborada de forma similar a la Wikipedia, con aportaciones de internautas. La puedes consultar con el móvil en cualquier momento (ya no hay que ir con un tomo de la Lonely constantemente en la mano), y te ofrece información concisa y bastante buena sobre los sitios que vas visitando. Algunos sitios un poco remotos aún no tienen entrada en esa web, pero bueno, son minoría, y puedes ser tú el primero en comenzar a escribirlos, qué diablos.

Los enchufes en China son planos, como los de EEUU, así que es recomendable traer un adaptador de enchufe redondo a plano, aunque también se pueden comprar aquí por cuatro perras. En todo caso, muchos enchufes en hoteles y lugares turísticos están hechos de tal forma que en ellos se pueden enchufar también los "españoles".

En esta década del smartphone en la que vivimos, yo ya no sabría viajar sin un aparato que me sirve de guía de viajes, mapa GPS, búsqueda de vuelos y trenes... Intenta asegurarte de que al llegar a China puedas seguir usando tu querido teléfono tactil -si tienes de eso- liberando el móvil, trucándolo o cómo sea... Yo no entiendo mucho de eso porque en China, gracias al cielo, los móviles están liberados de fábrica, así que el mío ya ha tenido tarjetas españolas, estadounidenses, hongkonesas, indonesias, y siempre ha ejercido de fiel escudero. Ah, importante, en China son muy populares las baterías para cargar móviles, compra una y así te pasará menos frecuentemente lo de quedarte a 0%.

En China hay censura en internet, seguro que has oído hablar de ello, y es recomendable que antes de venir te instales en el smartphone o portátil que te traigas un servicio VPN para poder entrar en cualquier web que esté aquí bloqueada: Google, YouTube, Facebook, Twitter... Yo uso el VPN Astrill, que es de pago, pero hay algunos gratuitos. Compara precios y servicios googleando un poco sobre esto.

IDIOMA

Es quizá el mayor obstáculo para viajar por China, pero con un poquito de inglés se puede uno defender bastante bien, siempre habrá alguno en el hotel o en la calle que lo chapurree un poco (y posiblemente, que lo hable mejor que tú). Al cabo de unos días se aprende al menos a saludar y a dar las gracias en chino ("ni hao", "xie xie") y con eso al menos se queda bien ante los desconocidos, aunque no os preocupéis demasiado, los chinos no son muy ceremoniosos con esto de los saludos y las palabras de cortesía.

Una vez más, el móvil puede ser un gran aliado, gracias a aplicaciones para smartphone como el traductor de Google, el KTdict o el Pleco.

PACIENCIA, MOTHER OF THE SCIENCE

Que no se te olvide cargarla en la mochila... Habrá cosas que desde tu perspectiva occidental no te gusten en China, cosas que en general se reducen a estas cuatro:

- Muchos chinos escupen con ruido
- Muchos chinos tiran basura en sitios turísticos o hasta en reservas naturales
- Muchos chinos en lugares pequeños o remotos, al ver un extranjero, lo señalan entre risas, le gritan "¡Hello!" y se quedan anonadados ante la excepcional visión
- Pocos chinos hacen cola

No vale la pena hacerse mala sangre de estos y otros asuntos, deben tomarse con filosofía y en la medida de lo posible con humor. China es un país muy grande, hace 30 años era casi todo él muy pobre (aún ahora hay zonas pobres, aunque también ciudades bastante desarrolladas) y los chinos tienen otra forma de pensar distinta a la nuestra. Quizá con el tiempo cambien y se parezcan más a nosotros, o quizá no, quizá sea al revés. Es fácil que en algún momento del viaje uno se enfade un poco o se lamente, pero no conviene obsesionarse. Intentar convencer a los chinos de nuestras opiniones al respecto no va a ser fácil, pero si quieres intentarlo, no lo hagas a gritos ni con enfado, porque no llegarás a nada de esa forma.

LUGARES SENSIBLES (TÍBET, XINJIANG)

Viajar al Tíbet siempre fue complicado (yo estuve en 2006) pero a raíz de las revueltas de 2008 aún se ha complicado más. Hay épocas en que está cerrado a los extranjeros a cal y canto (aunque no esperes que China informe abiertamente de ello). En otras ocasiones sí se puede entrar, pero sólo en viajes en grupo, o contratando por adelantado los servicios de un guía que además de guiarte te controlará un poquillo (sin llegar a niveles norcoreanos, pero sí un poquillo). Consulta en agencias de viajes, si puede ser ya dentro de China. En todo caso, hay zonas habitadas por etnias tibetanas fuera de la región del Tíbet donde el acceso es mucho más fácil: oeste de Sichuan, sur de Gansu, noroeste de Yunnan, Qinghai...

Xinjiang, en el noroeste del país, es una región donde hay un creciente conflicto entre las fuerzas de seguridad y grupos insurgentes, aunque entrar allí, curiosamente, no está tan limitado como el Tíbet, quizá porque no es un lugar tan popular entre los extranjeros aunque también debe ser un sitio muy hermoso (es de los pocos de China donde no he estado). Xinjiang es muy grande (como cuatro veces España) y es difícil que tengas la mala suerte de verte enmedio de una escaramuza de las que allí hay de vez en cuando, pero de todas formas, es recomendable tomar precaución en grandes ciudades de la zona como Urumqi o Kashgar. Preguntad a los dueños de hoteles cómo ir seguro, estar atentos a lo que se ve en la calle, ir calmados, etc. Intentad informaros de la situación en el lugar, si ha habido problemas recientes, etc.

JET LAG

En China son seis horas más que en España en verano (y siete más en invierno, ya que aquí no se cambia la hora). Con América ya ni te digo, pueden ser hasta 12, 13, 14 horas.

Para combatir el jet lag que da esta diferencia horaria, hay que enterarse de a qué hora se va a llegar a China y actuar en consecuencia.

Si se llega a China por la mañana hay que intentar dormir mucho en el avión y aguantar como un campeón el primer día de estancia en este país. Aunque se esté muerto por el viaje, no se debe dormir ni una minúscula siesta por la tarde, si no por la noche estamos perdidos, nos levantaremos a las 3 de la madrugada desvelados. Hay que soportar como sea hasta la noche, y dormir entonces como un bendito 10 horas seguidas. Al día siguiente nos levantaremos a una hora matinal normal y se acabó el jet lag.

Si se llega de noche, es diferente: hay que intentar aguantar sin dormir el viaje en avión, y así se llega a China agotado y derrotado, se acuesta uno a una hora normal y se despierta también a una hora normal.

VACUNAS

China es el lugar donde nacieron la peste negra, el SARS, la gripe aviar y algún otro bacilo que me dejo, pero no por eso hay que ser aprensivo. Los estándares de higiene aún no son los de Occidente, pero poco a poco se acercan, en las ciudades sobre todo.  No hace  falta vacunarse de nada para venir a China, ni siquiera si se va a zonas remotas. Lo que sí es recomendable es llevarse algún estomacal, porque es frecuente que el cuerpo de un occidental, en el primer contacto con la comida china -la de verdad, no la del restaurante "El Dragón de Oro" de Moratalaz- sufra de colitis varias.

DÓNDE EMPEZAR

A menos de que uno llegue en autobús desde Kazajistán, que en este mundo tiene que haber de todo, lo más lógico es empezar el viaje desde Pekín, Shanghai o Hong Kong.

Es sólo una opinión, pero si fuera yo, empezaría el viaje desde Hong Kong. Aparte de que es una ciudad increíble, a su "alrededor" tiene algunos de los lugares más bonitos de China: Yunnan, Guilin, Sichuan, Fujian...

Aunque ojo que en verano llueve mucho por allí abajo. Además, Hong Kong es la más cara de las tres, sobre todo el tema hoteles.

Por otro lado, si uno empieza el viaje de Hong Kong, ha de tener en cuenta que entre ese territorio y China hay frontera, así que si tiene por ejemplo visado de una entrada, no podrá ir y venir de Hong Kong a otros lugares, sólo podrá ser su punto inicial y final de viaje.

Ello no quiere decir que Pekín y Shanghai sean menos interesantes. Las dos son curiosas ciudades y tienen muchas cosas en los alrededores para ver. Además, son las que mejores comunicaciones por tren tienen con el resto de las ciudades chinas.

PERROS

A petición de uno de los comentaristas, pongo este apéndice para los que queráis llevar perro a China:

Los animales domésticos que entran a este santo país son sometidos a una cuarentena al llegar, y se han de quedar en el aeropuerto con la poli durante semanas.

En esto las autoridades chinas son inflexibles, tengo la experiencia de unos amigos españoles que tuvieron que pasar por este mal trago, yendo al aeropuerto de cuando en cuando para llevar comida y visitar a su can.

Además, el perro de estos amigos es grande, y han tenido muchos problemas en los lugares donde han vivido porque a los chinos les dan un poco de miedo los perros grandes. Aviso por si acaso...

PD: La agencia de viajes The China Guide, que promociona estas líneas, os ofrece la posibilidad de consultarles sin compromiso sobre posibles excursiones por el país de los pandas. Si estáis interesados, rellenad este formulario y contactarán con vosotros.

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Adiós a un padre severo

23 de Marzo, 2015, 0:01

Hoy viajamos a Singapur, que diría un presentador televisivo, porque para ese país el día de hoy es uno de los más importantes de su relativamente corta Historia. El que era considerado padre de esa pequeña nación, Lee Kwan Yew, fallecía hoy a los 91 años de edad. Las webs informativas de la ciudad estado singapuresa se vestían todas de luto por este acontecimiento.










Lee Kwan Yew, como muchos singapureses, era de ascendencia china (su bisabuelo emigró desde Cantón en el siglo XIX), por lo que en este país desde el que os escribo también se ha recordado mucho hoy su figura. La televisión estatal CCTV ha dedicado gran parte de su canal informativo en inglés a recordar al personaje, y los líderes chinos han mandado nada menos que cinco mensajes de condolencias (uno del presidente, otro del primer ministro, otro del ministro de AAEE, otro del presidente del Legislativo y un quinto del viceprimer ministro para AAEE). Normalmente con un mensaje de condolencias China ya se da por satisfecha cuando hay que despedir a un líder extranjero, pero esta vez se ha multiplicado, una prueba de lo muy valorado que era Lee en China (al final del post explicaré por qué).

Lee es una figura muy singular, como singular es el país que dominó durante décadas. Para empezar, pese a ser ampliamente reconocido como el gran padre de la Singapur independiente, nunca fue un político nacionalista, es más, fue todo lo contrario: siempre se sintió a gusto con una Singapur que fuera parte de un país mayor, y cuando finalmente la ciudad se quedó sola, se adaptó a la circunstancia, como un padre que adopta a un niño huérfano. Mucho pragmatismo chino en sus venas, me parece a mí.

Así, cuando Singapur (que como sabréis es una isla en la puntita sur de la península de Malaca) era parte del Reino Unido, él era muy inglés: estudió en Cambridge, su lengua principal era la de Shakespeare, se llamaba Harry Lee... (aunque posteriormente preferiría usar su nombre tradicional chino). Después, cuando Singapur fue invadida por los japoneses, él estudió la lengua nipona y trabajó para los invasores como traductor, aunque también hay que decir que estuvo a punto de ser fusilado por ellos. Acabada la guerra, cuando Malasia se independizó de los británicos durante la descolonización de los años 50, él, que entonces ya era el principal líder local de Singapur, estaba convencido de que el futuro de la ciudad estaba dentro de la federación malasia. Singapur, de hecho, nunca se independizó de Malasia, sino que fue expulsada de ese país a raíz de problemas varios de tipo social y étnico, y uno de los momentos más famosos de la vida de Lee Kwan Yew es su llanto desconsolado cuando anunció a los singapureses por televisión que ya no eran parte de Malasia:



Recuperado de aquel disgusto, Lee Kwan Yew acabaría siendo primer ministro de Singapur durante 31 años, en los que consiguió que un país pobre, sin recursos naturales y superpoblado pasara en ese escaso periodo de tiempo de ser subdesarrollado a ser un dragón asiático y una de las naciones más ricas de Oriente, algo que según los historiadores ninguna nación del mundo ha conseguido en tan sólo una generación. Además, lo logró en un país étnicamente muy dividido entre chinos, malayos y tamiles hindúes, que hoy en día constituye un gran ejemplo mundial de convivencia y riqueza cultural, aunque todo sea dicho, los chinos son quienes dominan la política y la economía locales.

Pero Lee, como cualquier político, y más uno que lo ha sido durante tanto tiempo, tiene muchas páginas oscuras en su biografía. Lee construyó un Singapur próspero, estable, pero en absoluto democrático: su Partido para la Acción Popular ha tenido desde la creación del país la gran mayoría de los escaños en el parlamento (hasta los 80 los tuvo todos, y ahora aún conserva casi el 90 por ciento de las bancas). Sofocó cualquier intento de oposición a base de dinero y con la fuerza de los tribunales, y mostró tal apego al poder que en realidad nunca se retiró de él. En 1990, al dejar la jefatura de Gobierno, fue nombrado "ministro emérito", y en 2004, cuando su hijo Lee Hsien Loong también consiguió ser nombrado primer ministro, el padre asumió un cargo expresamente creado para él, el de "ministro mentor", que ocupó hasta su muerte. Lee Kwan Yew, por todo ello, se puede decir que ocupó puestos ministeriales durante más de medio siglo, lo que lo convierte en uno de los altos cargos más longevos de la historia reciente.

La Singapur edificada por Lee es un país atareado, moderno y limpio como una patena, donde los rascacielos conviven con bellos barrios ajardinados y donde la pobreza de otros países del sureste asiático parece lejana, pero es también un régimen fuertemente autoritario donde el código penal todavía completa los estacazos como castigo (él era un gran defensor del castigo corporal al estilo de los colegios ingleses), los chicles están prohibidos o la familia Lee concentra buena parte del poder político y el económico (sus hijos controlan las empresas de telecomunicaciones, la importante financiera Temasek, la aviación civil...). Eso sí, ha conseguido que la comunidad internacional apenas se acuerde de ello, aunque quizá juega a su favor que sea un país relativamente pequeño, o que tiene una nada desdeñable parte de las riendas financieras mundiales.

Por todo ello, por lo bueno y por lo malo, Singapur es desde hace 30 años el lugar al que los líderes comunistas de China miran con atención para intentar copiar su éxito de país con dinero y sin libertad, aunque la enorme diferencia de tamaño entre los dos países dificulte mucho ese proyecto. No lo dicen abiertamente, pero una meritocracia desarrollista a la singapuresa -sea real o no la que tiene la ciudad estado- es el gran sueño de los comunistas chinos desde los tiempos de Deng Xiaoping, y por eso no es de extrañar que hoy los líderes del gigante asiático se hayan deshecho en elogios hacia Lee. Aunque durante la Segunda Guerra Mundial ayudara a los japoneses como intérprete, o aunque en años posteriores rompiera relaciones con los comunistas singapureses, que en un principio formaban parte del mismo partido que él pero acabaron siendo echados por sorpresa de la formación. A cambio, Lee fue un gran defensor y promotor de la reunificación entre China y Taiwán, y promovió en Singapur la enseñanza del chino mandarín, hasta el punto de que en ese país se habla un chino más estándar que el de Pekín o Taipei.

Puede incluso que Lee diera a los chinos la idea de la famosa política del hijo único, porque antes de que China la implantara en los años 70, en Singapur él estableció en los 60 la política de los "dos hijos únicos", en la que a las familias se les animaba a esterilizarse tras tener la parejita.

¿Buen o mal político? Cada uno que se lleve la conclusión que quiera. En todo caso, un importantísimo personaje para Singapur, y quizá para los chinos en general. Nixon dijo de él que si hubiera nacido en un país más grande sería una figura histórica de la talla de Churchill, pero tanto Nixon como Churchill -again, políticos- tampoco eran santos para ser puestos en peanas. En fin, que descanse en paz.

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Homenajes

18 de Marzo, 2015, 0:01

En el penúltimo post, aquel en el que hablé de Kansas City, comenté que al ver en esa ciudad una copia de la Giralda de Sevilla me sentí como en "casa", es decir, como en China.


Si alguno no ha estado en China, quizá no entienda a lo que me refiero, así que, como muestra, varios botones:


Réplica del Capitolio de Washington para un edificio gubernamental en la provincia de Anhui
(conste que en EEUU muchos parlamentos de cada Estado también son minicopias del washingtoniano).



Torre Eiffel en una zona residencial de estilo francés en las afueras de Hangzhou.


También en las afueras de Hangzhou hay una copia de Venecia, con canales y una plaza de San Marcos.
La cosa tiene su enjundia, porque Marco Polo, mercader supuestamente veneciano, decía que Hangzhou
era una de las ciudades más bellas que había visto jamás.


Copia del pueblo austriaco de Hallstatt en la localidad cantonesa de Huizhou.
El original alpino es patrimonio de la UNESCO.


Pseudotemplo de Karnak en Wuhan
(ay, con lo espectaculares que son los grabados del auténtico).


Siguiendo con la temática egipcia, he aquí una esfinge de Giza en las afueras de Shijiazhuang.
(Aunque poco después de salir en la prensa, el pasado año, fue demolida por las chanzas que se hicieron de ella).


No así ésta, que está en Anhui y oye, es una versión "mejorada" de la cairota, porque tiene la cabeza de Tutankamón.
A su lado están haciendo una pirámide de cristal como la del Louvre parisino.


Minimonte Rushmore en Chongqing.


Torre de Pisa en las afueras de Shanghái
(ésta con cables para sostenerla, no vaya a ser).



El afán de los chinos por la copia de monumentos ha inspirado libros enteros, como éste que he encontrado mientras me documentaba para este post. No lo he leído ni hojeado, pero tiene buena pinta y promete unas fotos muy cachondas.

Muchas de estas copias están en zonas residenciales de estilo europeo para los nuevos ricos chinos que quieren vivir como en Versalles, Roma o un pueblecito escandinavo de ensueño pero sin alejarse mucho de su tierra querida. En este artículo tenéis más ejemplos de este tipo de promociones inmobiliarias.

En otras ocasiones, sin embargo, se erigen en parques temáticos dedicados a famosos lugares de todo el mundo, muchos de ellos construidos en los años 80 y 90, cuando China se abría lentamente tras décadas de cerrazón, los chinos comenzaban a interesarse por el mundo, pero aún había poco dinero para viajar al exterior, y estaba por llegar el internet para navegar por donde fuera. Esos parques han perdido su antiguo esplendor, pero aún están abiertos y reciben turistas, incluido uno que tenemos en Pekín y que hace tiempo quiero visitar.

En uno de esos parques ocurre una de las más famosas películas del gran director chino Jia Zhangke, que lleva el sarcástico título de "El mundo". Podéis verla enterita aquí, pero yo en este post os pongo sólo el trailer.


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Dos años acuartelados

10 de Marzo, 2015, 0:01


Me han pedido en los comentarios que dé mi opinión sobre cómo está evolucionando el Gobierno en China en los últimos años, una pregunta que me parece que no está mal hacerse ahora que se cumplen más o menos dos años desde el cambio de líderes en el régimen (con el presidente chino Xi Jinping a la cabeza) y que estos días se celebra en Pekín la aburridísima, repetitiva e insufrible Asamblea Nacional Popular, en la que los legisladores chinos hablan mucho de política (aunque con la misma profundidad de lo que lo haría Ylenia la de Gran Hermano) y hacen muchos balances -igualmente hueros- de la situación china actual.

Xi Jinping llegó al máximo escalón del poder en marzo de 2013. Nadie esperaba que fuera un Gorbachov, pero se le veía cara bonachona y menos acartonada que la de su antecesor, Hu Jintao, por lo que abrigábamos cierta esperanza en que diera algo de aire fresco a China. De hecho, así lo pareció en los primeros meses, por ejemplo con pequeños detalles como el hecho de que su mujer, la cantante Peng Liyuan, adquiriera importancia en la política oficial y con ello diera un toque más relajado a las habitualmente muy encorsetadas recepciones de Estado.

Sin embargo, con el paso del tiempo, se ha visto que Xi (o, por no culparle sólo a él, podríamos decir "el nuevo liderazgo chino encabezado por Xi) no es en absoluto un soplo de aire fresco para China. Es más, es un retorno a formas casi maoístas, hasta tal punto que empezamos a echar de menos a Hu Jintao y a Wen Jiabao, porque al lado de Xi y Li Keqiang (el primer ministro actual) casi parecen aperturistas. Mucho lenguaje militar, muchas soflamas contra Japón... A veces, poniendo la tele, parece que estemos en guerra y que vivamos en un cuartel (de ahí el título que he puesto hoy, por si no se entiende su porqué).

Xi ha concentrado más poder que Hu Jintao. Si con Hu había cierto equilibrio de protagonismos con su primer ministro, Wen Jiabao (quien hasta era más popular que Hu), con Xi Jinping el cargo de primer ministro ha quedado bastante relegado a un papel segundón. Li Keqiang es un señor bastante gris, sus discursos de cada 5 de marzo (su gran día del año, cuando ha de dar una especie de informe sobre el estado de la nación) no tienen ni una frase memorable para hacer con ella un titular.

Por otro lado, Xi Jinping está adoptando maneras que, aunque aún están lejos del culto a la personalidad que puso en marcha Mao, sí llaman la atención por su mayor afán de protagonismo que sus más discretos antecesores, Hu Jintao, Jiang Zemin y yo diría que hasta Deng Xiaoping. Grandes posters como el de arriba del todo, con el presidente Xi como recién salido de un poster de 1967, se pueden ver en las calles del país. Eslóganes por él creados y que significan más bien poco ("sueño chino", "nueva normalidad", "cuatro integrales", o mi favorita, "línea de masas", que nadie sabe qué demonios quiere decir) son repetidos como letanías en noticias, carteles y anuncios de televisión.

A todo esto se ha unido una tendencia muy preocupante y que se ha cernido sobre nosotros en China lenta pero imparablemente, casi sin que nos diéramos cuenta: la gran falta de información sobre lo que está pasando en el país. A ver, no es que con Hu Jintao tuviéramos completo acceso a todo, pero es que con Xi, no se sabe por qué, la prensa china (que es de la que los periodistas extranjeros nos nutrimos, por mucho que la critiquemos) ha ido poco a poco cerrando el grifo de las noticias, hasta el punto de dar la sensación de que en el país más poblado del mundo hay meses que no ocurre nada. El cerrojazo informativo es tal que sólo queda ya informar una y otra vez sobre la contaminación que hace ese día en Pekín (un asunto preocupante pero, siento decíroslo, muy poco apasionante de leer cuando no hay nada nuevo bajo el sol), sobre las cifras macroeconómicas chinas que, ésas sí, se apresta a dar Pekín, o sobre detenciones o acoso a disidentes que pueden escaparse a través de activistas. China se ha convertido en un gran erial informativo.

Ah bueno, ¡y los casos de corrupción! Todos los días, todos, se informa de nuevos casos de corrupción destapados por el Estado. Lo cual, imagino, puede tener que ver con la sensación de inmovilismo que se respira en este país: ningún político chino a nivel municipal, provincial o nacional, se atreve a llamar la atención, por miedo a ser la penúltima víctima de esa campaña de limpieza. Que está bien luchar contra ella, en China, en España y donde sea, pero está claro que en el país asiático ha paralizado bastante al gobierno.

Desierto informativo, desierto político... y desierto cultural, quizá relacionado con todo lo anterior. El 90 por ciento de las películas que se están haciendo en China son carísimas superproducciones de tema histórico pero nulo guión. Al encender la tele, una de cada tres veces me aparecen series sobre la guerra con Japón, o contra el Kuomintang, o de similares temas bélicos. ¿Exposiciones de arte? Hace tiempo que no se oye hablar de alguna buena. ¿Nuevas voces en la literatura o la música china? Si las hay, ni se oye sobre ellas, ni parecen despertar interés entre mis conocidos o en los medios. También nos podemos olvidar de grandes fastos como las Olimpiadas o la Expo Universal que la pasada década organizó China: el Gobierno de Xi ha pedido austeridad máxima, lo cual en realidad es algo razonable en tiempos de crisis mundial, pero claro, hace todo más aburrido. Para colmo, la catástrofe de Shanghái a principios de año, en la que decenas de personas murieron en un tumulto en Nochevieja, habrá reforzado la idea entre las autoridades de que lo mejor es que haya cero espectáculos multitudinarios.

En fin, dos años bastante grises, la verdad sea dicha. Por supuesto, todo ello se ha acompañado de un rechazo oficial total a cualquier atisbo de creación de sociedad civil, incluso acabando con pequeños movimientos que parecían apoyar la campaña anticorrupción de Xi o hasta amilanando a grupos de personas que ni siquiera protestan contra China sino contra terceros países, como los familiares del avión MH370 desaparecido, que en el reciente aniversario de aquel misterio sufrieron similares muestras de mal rollo policial a las que podría sufrir, qué se yo, un grupo de yihadistas empeñados en derrocar a Xi. No hay grados de permisividad, como sí parecía haber con el anterior gobierno (que tampoco era un santo precisamente): ni asociarse, ni ser activos socialmente, ni el más mínimo permiso para disentir, sea el tema que sea. Del escaso grupo de voces críticas con Pekín que había hace apenas un lustro, la mayoría están entre rejas, con contadas excepciones como Hu Jia (a ver cuánto dura) o Ai Weiwei, quien ha acabado un poco saturado de su sobreexposición en la prensa internacional, y también muchos periodistas han acabado saturados de él.

¿Algún punto positivo en estos dos años? Por buscar alguno, aunque sea pequeño, parece que finalmente la contaminación se ha convertido en una preocupación de Estado, por el elevado número de noticias que la prensa china publica sobre ella, porque se menciona mucho en los discursos oficiales, y porque sí parece que están cerrando fábricas contaminantes en Hebei, la provincia de alrededor de Pekín. Habrá que esperar unos años para ver si es verdad lo que dice el gobierno de que ha declarado la guerra a la polución, pero bueno, creo que el hecho de que los líderes chinos tengan que ver el mismo smog de Pekín que el resto de nosotros ayudará a que tomen medidas.

Yo he sido siempre de los que defendían que China ha de cambiar despacio, y a su manera, no la que le pareciera a los EEUU (que diseñaron un moderno Irak monísimo, como sabréis) o la que saliera de sangrientas revoluciones y guerras (¿os acordáis de lo que salivaban todos con las primaveras árabes de Egipto, Libia y Siria?). Lo que no puede ser es que China vaya hacia atrás, y eso me parece que está ocurriendo con Xi. Cargar todos los días contra Japón, transformar a todos los medios en el Diario del Pueblo, repetir eslóganes sin sentido o dar a todo un aire militar no es propio de la segunda economía mundial, sino del vecino Kim Jong-un. O dejamos que corra un poco el aire, o el ambiente se va a cargar demasiado.

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Kansas City,
por si te cansas

5 de Marzo, 2015, 0:01

Ahora que repaso el post anterior, el de mi reciente viaje a los Estados Juntitos de América, me percato de que no os puse ninguna foto de Kansas City, uno de los lugares por los que pasé. No es porque no me gustara Kansas City (que ya sólo su nombre me fascina), sino porque no tomé muchas imágenes con la cámara: el día que estuve allí llovió prácticamente desde el amanecer hasta el ocaso, y la mayoría de las pocas fotos que hice salieron borrosas, con gotas de agua en el objetivo o grisáceas. De todos modos, creo que es injusto que la haya olvidado en el post-resumen, así que le voy a conceder este apéndice.




Cosa curiosa de esta ciudad es que no está en el homónimo estado de Kansas, sino en el vecino de Missouri, para confundir a los viajeros. Bueno, no es así realmente: en realidad la ciudad tiene una parte en Missouri y otra en Kansas, pero la parte más conocida y famosa, lo que los estadonidenses denominan downtown, está en Missouri. El río de ese nombre, que es un afluente del Mississippi pero creo que es más largo que el propio Mississippi, marca la frontera entre los dos estados y separa a las dos partes de la ciudad, que para evitar confusiones suelen ser llamadas por los lugareños "Kansas City Missouri" y "Kansas City Kansas". La geografía de EEUU suele dar estos dolores de cabeza (la ciudad de Saint Louis también tiene media ciudad en Illinois y la otra en Missouri, por ejemplo).


El Missouri

La principal razón de que recupere Kansas City (Kansas City Missouri) para este blog es que es una de las ciudades estadounidenses donde más me sentí como en "casa" (si por "casa" me refiero a China), ya que los Kansascitymissourianos, como los chinos, no tienen complejo en copiar fielmente monumentos de otros mundos, y en Kansas City hay un doble de la Giralda de Sevilla:


Esta Giralda es parte de una zona comercial muy céntrica de Kansas City que imita las calles de Sevilla, aunque aquel día tan pasado por agua uno no se sentía muy en Andalucía que digamos. En defensa de la ciudad del Midwest estadounidense hay que decir que está hermanada desde hace tiempo con la capital andaluza, y que obviamente ha decidido llevar ese hermanamiento hasta las últimas consecuencias. En Sevilla, por cierto, una de las principales arterias se llama Avenida de Kansas City, tiene que ser muy gracioso oir a los sevillanos referirse a ella.

Cuando regresaba en el avión de Chicago a Pekín me pusieron en la pantalla una fantástica película ambientada en Kansas City: se llama "La buena mentira", y cuenta la agridulce historia de unos jóvenes de Sudán que emigran a esa ciudad americana huyendo de las guerras de su país. Una gran película sobre Kansas City, pero bueno, si ti cansas puedes ver otra (risas enlatadas).

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Yu Es Ei!
Yu Es Ei!
Yu Es Ei!

2 de Marzo, 2015, 0:01

Ya os conté en posts anteriores que viajé durante casi un mes por los Estados Unidos. Aunque el viaje terminó hace ya más de una semana, voy a recordarlo un poco en este post, para que quede constancia aquí de uno de los viajes más interesantes que he hecho en los últimos tiempos.

Mi viaje comenzó en Chicago y terminó en Los Ángeles, así que podría considerarse mi propia versión de la mítica Ruta 66, aunque algo desviada en la parte central, porque era esencial en mi viaje pasar por Colorado, estado en el que vive actualmente una sobrina a la que fui a visitar.


Ruta 66 y, en boli, la ruta que hice yo.


Ese largo recorrido me permitió, aunque las escalas fueran cortas y me quedara siempre con ganas de ver más, hacerme una idea de lo variados que son los Estados Unidos. Del frío casi polar de Chicago pasé al calorcito de Los Ángeles (aunque el agua de sus playas aún estaba demasiado fría para bañarse). De las grandes aglomeraciones de esas ciudades pasé a los enormes espacios casi vírgenes de las grandes llanuras de Kansas o los de los desiertos de Nuevo México y Arizona. Vi el Mississippi, el Missouri, el río Grande y el Colorado, cuyo cañón es una de las cosas más asombrosas que jamás he visto, porque por muy famoso que sea uno no se lo imagina hasta que lo ve. Vi las Montañas Rocosas, los casinos de Las Vegas, el salvaje oeste domado de Wyoming, las casas afrancesadas de Saint Louis o los barrios pijos de Hollywood, todo ello en tres husos horarios distintos que acabaron por liarme sobre la hora que era entonces y las que eran en Pekín y en España. También vi las casas mexicanas de Santa Fe, los escenarios de Breaking Bad de Albuquerque, la plácida vida en casitas con jardín y porche de Fort Collins, las entradas a las mansiones de las estrellas de Beverly Hills o la dura vida de los miles de vagabundos que deambulan por las grandes ciudades, sobre todo en el sur del país, a donde emigran en verano en busca de calor. En definitiva, uno de los viajes más intensos y diversos que he podido disfrutar, aunque eso sí, algo más caro que mis habituales excursiones por el sureste asiático.

Durante el viaje me preguntaron en alguna ocasión qué me gustaba más, si China o Estados Unidos. Una pregunta difícil de responder de forma fría y ecuánime, ya que el primero de esos países es mi lugar de trabajo, por lo que paso muchos días monótonos en él, mientras que los EEUU sólo los he conocido de vacaciones, con tiempo libre, dinero para gastar sólo en ocio y y ganas de ver cosas nuevas.

Sería pues injusto por tanto tratar a ambos por igual, pero bueno, podría destacar que en EEUU interactúas más con la gente, por aquello de que los estadounidenses en general son gente más jovial, más campechana y muchas veces les gusta bromear hasta con el desconocido. Bueno, también influye el hecho de que en China entiendo el 20 por ciento de lo que me dice la gente, mientras que en EEUU ese porcentaje es aquello que se me escapa de las conversaciones, pero aún teniendo eso en cuenta da la impresión de que los estadounidenses se ven más confiados en sí mismos, más echados para alante, y más animados a la hora de conversar con desconocidos, incluso más de lo que lo hacen los españoles. Me sorprendió, por ejemplo, que en los autobuses mucha gente enseguida contara su vida a cualquiera que quisiera oírla (o incluso aunque no quisieran), y cómo salió más de un caso de gente que había salido de la cárcel, había tenido un grave problema familiar o era protagonista de un asunto truculento de similar ralea. Aunque, todo hay que decirlo, la fauna que viaja en los autobuses estadounidenses, los míticos Greyhound, es para echarle de comer aparte...


Y aquí enlazo con un asunto con el que creo que situaría a China en mejor situación que a EEUU: el transporte. En Estados Unidos, como sabréis hasta aquellos que no los hayáis visitado, el automóvil es un pilar fundamental de su cultura y sociedad. Todo el mundo va en automóvil a todas partes: comen en él, ven películas en él, hasta hacen transferencias bancarias sin desmontarse de él. Consecuencia negativa de la gran pasión de los estadounidenses por los coches es la insuficiente red de transporte público, sobre todo el interurbano, entre distintas ciudades: los autobuses Greyhound fueron mi alfa y omega en el viaje, les estaré eternamente agradecidos y sus conductores son unos cachondos, pero sus horarios son malos, estuvieron a punto de perderme las maletas en al menos dos ocasiones, y la gente que viaja en ellos es la más extraña del país: junto a mochileros trasnochados como yo se puede conocer en sus asientos a toda la gente que os mencioné arriba: ex convictos, enfermos mentales de mayor o menor gravedad, cuáqueros, gente con líos de todo tipo, y en definitiva, esas excepciones del sueño americano que, por razones inexplicables, no pueden ir en coche como el 90 por ciento de la gente de bien. En todo caso, viajar con ellos fue una interesante aventura (es algo que sólo puedo decir una vez he confirmado que ninguno de ellos me robó).

Otra consecuencia del total dominio del automóvil en EEUU es que muchas ciudades sencillamente no tienen peatones, están desiertas hasta en el centro de la ciudad, lo que a veces las convierte en un poco inquietantes. Por ejemplo, Saint Louis o Kansas City, dos ciudades por lo demás muy interesantes y agradables, pero en las que pasear por sus "downtowns" me dio algo de mal rollo, ya que yo era prácticamente el único que caminaba por la calle. Bueno, yo y los vagabundos y homeless, que claro, me venían todos a pedir a mí, que era el único posible dador de limosnas que no se iba a escapar corriendo en su coche. Algo parecido experimenté, por ejemplo, en un sitio tan turístico y trepidante como Las Vegas: a nada que me alejara de las calles de los casinos, sólo veías vagabundos, arruinados en el juego e inquietantes personajes con aspecto de "gangsta" apoyados en las esquinas. Pasear por las calles de EEUU a veces te puede dar la sensación de estar en otro mundo, mucho más alejado de España que en una calle de Shanghái, Tokio o Bangkok.

La gran diferencia entre China y EEUU es, en todo caso, el paisaje: el chino está casi siempre mancillado por el hombre, nunca o casi nunca verás en este lugar un horizonte puramente natural, sin un poste o teleférico que te lo destroce. En Estados Unidos, muchísimo menos densamente poblado, pude comprobar cuantísimo espacio vacío hay entre las grandes ciudades de la costa este y la oeste. En Kansas, Colorado, Nuevo México o Arizona hay enormes extensiones de pura naturaleza: grandes desiertos y llanuras peladas, de vez en cuando adornadas con una montaña nevada de cuento, o una roca roja y de formas raras como las de los Westerns. Lo más bonito de ese país, con diferencia, son sus zonas naturales, y eso que aún me queda mucho por ver de ellas: Monument Valley, los parques nacionales, los bosques del norte, etc.

No fui a EEUU a hacer política ni a hablar de ella, pero sí me llamó la atención, al entrar en dos capitolios estatales (el de Colorado en Denver, y el de Nuevo México en Santa Fe) la gran sensación de transparencia que me dio la política diaria de ese país. En esos capitolios, que a menudo son copias en miniatura del más grande y famoso de Washington (o eso imagino, porque aún no he estado en la capital estadounidense) los guardias de seguridad no te cachean, puedes entrar en las salas del senado y del congreso local, y hasta te puedes meter por las oficinas del gobernador. Oyes a la gente haciendo lobby en los pasillos, o puedes tú ir a hacerlo. Al lado de la gris, cerrada y monótona política de China (que con Xi Jinping en el poder está alcanzando niveles de opacidad y retórica inútil que hasta a Mao le parecerían excesivos) el ambiente de la política estadounidense, aunque lo viera sólo de pasada, me pareció muy sano y normal.

Una cosa que tiene EEUU y que no sé aún si es buena o mala es lo familiar que nos puede resultar todo debido a las películas que de ese país hemos visto todos desde pequeños. Cualquier cosa que hagas en ese país te puede recordar a una película: entrar en un restaurante "diner" como los que salen en las películas de los años 50, dormir en un motel de carretera como los de las pelis de terror, pasear por un barrio de casitas de madera como los de Mujeres Desesperadas, ir por Los Angeles y creer que eres un protagonista de Mulholland Drive (o del juego GTA V, que acababa de terminarme pocas semanas antes del viaje)... Las películas de Hollywood no nacen de la nada, son un reflejo distorsionado de la vida estadounidense en sus múltiples facetas, por lo que viajar por ese país es ver por ti mismo los escenarios de las películas, aunque con unos argumentos menos intensos (difícil va a ser que te encuentres con un tiroteo, un superheroe luchando con un supervillano o una rubia espía, pero bueno, cualquiera sabe). EEUU sabe que el cine ha construido su leyenda y no vive a espaldas de ello: muchos lugares tienen carteles en los que se recuerdan famosas escenas que se han grabado en ellos, Albuquerque ofrece "Breaking Bad tours" y muchas veces el edificio más histórico y bello de una ciudad provinciana es precisamente su cine de los años 50.

Por resumir, es un país que ya antes, cuando visité Nueva York en 2007, me gustó, pero que ahora que he conocido en más variedades y aspectos me gusta mucho más, y en el que no me importaría vivir una temporada, si algún día se me presentara la oportunidad. A veces en el viaje me reconocía con el corazón partío, porque le tengo mucho cariño a dos lugares que son hoy por hoy las dos grandes potencias rivales China y EEUU, pero bueno, no estamos en la guerra fría, y como soy de un país relativamente "neutral" pues me lo puedo permitir.

En fin, podría hablar mucho más de mis sensaciones sobre ese gran lugar, pero creo que mejor va a ser que acabe con una buena ristra de fotos que allí tomé en casi un mes dando tumbos por mi ruta 66 alternativa. Si algún día podéis, haced vosotros la vuestra, no os arrepentiréis.


CHICAGO




SAINT LOUIS






COLORADO (DENVER Y FORT COLLINS)



NUEVO MÉXICO (SANTA FE Y ALBUQUERQUE)




ARIZONA Y EL GRAN CAÑÓN


LAS VEGAS


LOS ÁNGELES

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