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Yu Es Ei!
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2 de Marzo, 2015, 0:01

Ya os conté en posts anteriores que viajé durante casi un mes por los Estados Unidos. Aunque el viaje terminó hace ya más de una semana, voy a recordarlo un poco en este post, para que quede constancia aquí de uno de los viajes más interesantes que he hecho en los últimos tiempos.

Mi viaje comenzó en Chicago y terminó en Los Ángeles, así que podría considerarse mi propia versión de la mítica Ruta 66, aunque algo desviada en la parte central, porque era esencial en mi viaje pasar por Colorado, estado en el que vive actualmente una sobrina a la que fui a visitar.


Ruta 66 y, en boli, la ruta que hice yo.


Ese largo recorrido me permitió, aunque las escalas fueran cortas y me quedara siempre con ganas de ver más, hacerme una idea de lo variados que son los Estados Unidos. Del frío casi polar de Chicago pasé al calorcito de Los Ángeles (aunque el agua de sus playas aún estaba demasiado fría para bañarse). De las grandes aglomeraciones de esas ciudades pasé a los enormes espacios casi vírgenes de las grandes llanuras de Kansas o los de los desiertos de Nuevo México y Arizona. Vi el Mississippi, el Missouri, el río Grande y el Colorado, cuyo cañón es una de las cosas más asombrosas que jamás he visto, porque por muy famoso que sea uno no se lo imagina hasta que lo ve. Vi las Montañas Rocosas, los casinos de Las Vegas, el salvaje oeste domado de Wyoming, las casas afrancesadas de Saint Louis o los barrios pijos de Hollywood, todo ello en tres husos horarios distintos que acabaron por liarme sobre la hora que era entonces y las que eran en Pekín y en España. También vi las casas mexicanas de Santa Fe, los escenarios de Breaking Bad de Albuquerque, la plácida vida en casitas con jardín y porche de Fort Collins, las entradas a las mansiones de las estrellas de Beverly Hills o la dura vida de los miles de vagabundos que deambulan por las grandes ciudades, sobre todo en el sur del país, a donde emigran en verano en busca de calor. En definitiva, uno de los viajes más intensos y diversos que he podido disfrutar, aunque eso sí, algo más caro que mis habituales excursiones por el sureste asiático.

Durante el viaje me preguntaron en alguna ocasión qué me gustaba más, si China o Estados Unidos. Una pregunta difícil de responder de forma fría y ecuánime, ya que el primero de esos países es mi lugar de trabajo, por lo que paso muchos días monótonos en él, mientras que los EEUU sólo los he conocido de vacaciones, con tiempo libre, dinero para gastar sólo en ocio y y ganas de ver cosas nuevas.

Sería pues injusto por tanto tratar a ambos por igual, pero bueno, podría destacar que en EEUU interactúas más con la gente, por aquello de que los estadounidenses en general son gente más jovial, más campechana y muchas veces les gusta bromear hasta con el desconocido. Bueno, también influye el hecho de que en China entiendo el 20 por ciento de lo que me dice la gente, mientras que en EEUU ese porcentaje es aquello que se me escapa de las conversaciones, pero aún teniendo eso en cuenta da la impresión de que los estadounidenses se ven más confiados en sí mismos, más echados para alante, y más animados a la hora de conversar con desconocidos, incluso más de lo que lo hacen los españoles. Me sorprendió, por ejemplo, que en los autobuses mucha gente enseguida contara su vida a cualquiera que quisiera oírla (o incluso aunque no quisieran), y cómo salió más de un caso de gente que había salido de la cárcel, había tenido un grave problema familiar o era protagonista de un asunto truculento de similar ralea. Aunque, todo hay que decirlo, la fauna que viaja en los autobuses estadounidenses, los míticos Greyhound, es para echarle de comer aparte...


Y aquí enlazo con un asunto con el que creo que situaría a China en mejor situación que a EEUU: el transporte. En Estados Unidos, como sabréis hasta aquellos que no los hayáis visitado, el automóvil es un pilar fundamental de su cultura y sociedad. Todo el mundo va en automóvil a todas partes: comen en él, ven películas en él, hasta hacen transferencias bancarias sin desmontarse de él. Consecuencia negativa de la gran pasión de los estadounidenses por los coches es la insuficiente red de transporte público, sobre todo el interurbano, entre distintas ciudades: los autobuses Greyhound fueron mi alfa y omega en el viaje, les estaré eternamente agradecidos y sus conductores son unos cachondos, pero sus horarios son malos, estuvieron a punto de perderme las maletas en al menos dos ocasiones, y la gente que viaja en ellos es la más extraña del país: junto a mochileros trasnochados como yo se puede conocer en sus asientos a toda la gente que os mencioné arriba: ex convictos, enfermos mentales de mayor o menor gravedad, cuáqueros, gente con líos de todo tipo, y en definitiva, esas excepciones del sueño americano que, por razones inexplicables, no pueden ir en coche como el 90 por ciento de la gente de bien. En todo caso, viajar con ellos fue una interesante aventura (es algo que sólo puedo decir una vez he confirmado que ninguno de ellos me robó).

Otra consecuencia del total dominio del automóvil en EEUU es que muchas ciudades sencillamente no tienen peatones, están desiertas hasta en el centro de la ciudad, lo que a veces las convierte en un poco inquietantes. Por ejemplo, Saint Louis o Kansas City, dos ciudades por lo demás muy interesantes y agradables, pero en las que pasear por sus "downtowns" me dio algo de mal rollo, ya que yo era prácticamente el único que caminaba por la calle. Bueno, yo y los vagabundos y homeless, que claro, me venían todos a pedir a mí, que era el único posible dador de limosnas que no se iba a escapar corriendo en su coche. Algo parecido experimenté, por ejemplo, en un sitio tan turístico y trepidante como Las Vegas: a nada que me alejara de las calles de los casinos, sólo veías vagabundos, arruinados en el juego e inquietantes personajes con aspecto de "gangsta" apoyados en las esquinas. Pasear por las calles de EEUU a veces te puede dar la sensación de estar en otro mundo, mucho más alejado de España que en una calle de Shanghái, Tokio o Bangkok.

La gran diferencia entre China y EEUU es, en todo caso, el paisaje: el chino está casi siempre mancillado por el hombre, nunca o casi nunca verás en este lugar un horizonte puramente natural, sin un poste o teleférico que te lo destroce. En Estados Unidos, muchísimo menos densamente poblado, pude comprobar cuantísimo espacio vacío hay entre las grandes ciudades de la costa este y la oeste. En Kansas, Colorado, Nuevo México o Arizona hay enormes extensiones de pura naturaleza: grandes desiertos y llanuras peladas, de vez en cuando adornadas con una montaña nevada de cuento, o una roca roja y de formas raras como las de los Westerns. Lo más bonito de ese país, con diferencia, son sus zonas naturales, y eso que aún me queda mucho por ver de ellas: Monument Valley, los parques nacionales, los bosques del norte, etc.

No fui a EEUU a hacer política ni a hablar de ella, pero sí me llamó la atención, al entrar en dos capitolios estatales (el de Colorado en Denver, y el de Nuevo México en Santa Fe) la gran sensación de transparencia que me dio la política diaria de ese país. En esos capitolios, que a menudo son copias en miniatura del más grande y famoso de Washington (o eso imagino, porque aún no he estado en la capital estadounidense) los guardias de seguridad no te cachean, puedes entrar en las salas del senado y del congreso local, y hasta te puedes meter por las oficinas del gobernador. Oyes a la gente haciendo lobby en los pasillos, o puedes tú ir a hacerlo. Al lado de la gris, cerrada y monótona política de China (que con Xi Jinping en el poder está alcanzando niveles de opacidad y retórica inútil que hasta a Mao le parecerían excesivos) el ambiente de la política estadounidense, aunque lo viera sólo de pasada, me pareció muy sano y normal.

Una cosa que tiene EEUU y que no sé aún si es buena o mala es lo familiar que nos puede resultar todo debido a las películas que de ese país hemos visto todos desde pequeños. Cualquier cosa que hagas en ese país te puede recordar a una película: entrar en un restaurante "diner" como los que salen en las películas de los años 50, dormir en un motel de carretera como los de las pelis de terror, pasear por un barrio de casitas de madera como los de Mujeres Desesperadas, ir por Los Angeles y creer que eres un protagonista de Mulholland Drive (o del juego GTA V, que acababa de terminarme pocas semanas antes del viaje)... Las películas de Hollywood no nacen de la nada, son un reflejo distorsionado de la vida estadounidense en sus múltiples facetas, por lo que viajar por ese país es ver por ti mismo los escenarios de las películas, aunque con unos argumentos menos intensos (difícil va a ser que te encuentres con un tiroteo, un superheroe luchando con un supervillano o una rubia espía, pero bueno, cualquiera sabe). EEUU sabe que el cine ha construido su leyenda y no vive a espaldas de ello: muchos lugares tienen carteles en los que se recuerdan famosas escenas que se han grabado en ellos, Albuquerque ofrece "Breaking Bad tours" y muchas veces el edificio más histórico y bello de una ciudad provinciana es precisamente su cine de los años 50.

Por resumir, es un país que ya antes, cuando visité Nueva York en 2007, me gustó, pero que ahora que he conocido en más variedades y aspectos me gusta mucho más, y en el que no me importaría vivir una temporada, si algún día se me presentara la oportunidad. A veces en el viaje me reconocía con el corazón partío, porque le tengo mucho cariño a dos lugares que son hoy por hoy las dos grandes potencias rivales China y EEUU, pero bueno, no estamos en la guerra fría, y como soy de un país relativamente "neutral" pues me lo puedo permitir.

En fin, podría hablar mucho más de mis sensaciones sobre ese gran lugar, pero creo que mejor va a ser que acabe con una buena ristra de fotos que allí tomé en casi un mes dando tumbos por mi ruta 66 alternativa. Si algún día podéis, haced vosotros la vuestra, no os arrepentiréis.


CHICAGO




SAINT LOUIS






COLORADO (DENVER Y FORT COLLINS)



NUEVO MÉXICO (SANTA FE Y ALBUQUERQUE)




ARIZONA Y EL GRAN CAÑÓN


LAS VEGAS


LOS ÁNGELES

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