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Septiembre del 2015


Abel Andong no dio la talla

24 de Septiembre, 2015, 0:01



Hace cuatro meses, como recordarán algunos lectores, participé en la Maratón de la Gran Muralla, donde conseguí completar la media maratón, nada mal para un principiante algo entrado en carnes. La experiencia me gustó mucho, así que poco después me envalentoné y me apunté a la Maratón Internacional de Pekín, que se disputó el pasado fin de semana. Unas 30.000 personas la comenzamos: como veis en la foto de arriba, en la plaza de Tiananmen, el lugar de salida, había un gran ambientazo. Críticos de la situación política de este país, no os privéis de hacer comentarios ácidos comparando esa muchedumbre con las de otra época dolorosa en el mismo lugar.

Como en otras maratones del mundo, la fauna que se junta en estas cosas es de lo más variopinta. Por supuesto, hay deportistas de elite, y mucho aficionado al running preparadísimo para la ocasión, pero también ves a gente disfrazada (que seguramente sólo corre en el principio de la carrera), otra que corre descalza porque es lo que le pide el cuerpo, padres que corren empujando el carrito de su bebé, pandillas de universitarios, de colegas de empresa, de jubilados... Y una cosa que me sorprendió fue ver correr a muchas monjas católicas chinas, con su velo, porque fuera de la maratón jamás he visto a una monja católica china en la calle.







La carrera empezó a las 7 y media de la mañana, por lo que nos tocó buen madrugón (en el metro, a esas horas de un domingo, prácticamente todos los que íbamos en los vagones éramos participantes en la carrera). En ese comienzo de la maratón fue bonito ir trotando por delante de la plaza de Tiananmen, y después por toda la avenida de Chang An, hacia el oeste, mientras veías miles de personas, muchas de ellas con chaleco fosforescente, delante de ti. Un gran río fosforito que sería impresionante ver desde el aire, pero la prohibición de helicópteros o hasta drones con cámara en el aire pequinés nos priva de ese placer.

Este año no hubo la polémica del año pasado, cuando el día de la carrera fue de enorme contaminación y muchos corrieron con mascarilla. Tampoco es que esta vez estuviera el aire perfecto, pero bueno, comparado con 2014 era una cosa más razonable. Eso sí, hacía algo de frío y el cielo estaba grisáceo, y eso que el día anterior había hecho un día de sol precioso (quizá fue mejor para los corredores, que pasamos menos calor). Otra polémica de años anteriores, causada porque decenas de participantes orinaron en las paredes de la Ciudad Prohibida para escándalo de los defensores del patrimonio nacional, tampoco parece que se diera esta vez, en la que había WCs portátiles en varios tramos (tampoco entiendo muy bien cómo es que miccionaban tantos en el palacio imperial, que está en el principio de la carrera).

Yo empecé con ilusión la maratón, aunque estaba completamente seguro de que no la iba a acabar, porque ni me había preparado, ni estaba en mi mejor momento físico del año (los últimos meses han sido de mucho curro y no he podido ir al gimnasio). Desde muy pronto adopté el trotecito lento que ya usé en la Maratón de la Gran Muralla, el que me permitió completar 21 kilómetros en cuatro horas. Por el camino íbamos llenando la calzada de esponjas de esas que te dan para que te hidrates.



Mi principal objetivo era ver si podía otra vez hacer lo de mayo, 21 kilómetros, pero no lo conseguí... Al mal estado de forma he de añadir que en la maratón de Pekín, como es más profesional y exigente, si vas muy lento vas a acabar siendo engullido por el tráfico de coches, ya que la organización detiene la circulación un rato pero no todo el día. Si vas a trote cochinero como el mío, llega un momento en que estás corriendo en autopistas con coches circulando como locos a tu lado, o junto a un atasco que te hace tragar todo el humo de los tubos de escape, lo cual te quita cualquier gana de seguir. Llegado cierto momento, vi que ya no era seguro ni sano continuar, y abandoné más o menos en el kilómetro 15, habiendo corrido unos 10 kilómetros y andado otros 5. Al menos completé todo el tramo de la avenida Chang An (unos 8 kilómetros desde Tiananmen), que era mi principal ilusión, e incluso llegué un poco más al norte, hasta la torre de la televisión, el pirulí de Pekín.

Lo más penoso de la experiencia fue el tener que ir a la meta, en la zona olímpica, para buscar mis cosas, cansado físicamente y afectado mentalmente por el abandono. Al principio de la maratón, en Tiananmen, le habíamos dado cada corredor nuestra bolsa a los organizadores, que nos las metían en una camioneta y en la llegada nos las devolvían. Yo pensé que durante el camino me podría subir a algún "coche escoba" que fuera recogiendo a los corredores retirados, pero resultó que esos vehículos eran muchos menos de los que pensaba, y que me adelantaron todos enseguida. Cuando me retiré, tuve que mendigar cinco yuanes a una chica de la organización para poder pagarme el billete de metro hasta la meta para poder ir a recoger la bolsa. Aparte de ir medio muerto en el vagón y tener aspecto de tío tramposo que se está haciendo medio recorrido en transporte público, fue un poco triste llegar a la zona olímpica y ver a todos los "triunfadores", gente que sí había completado la maratón, con sus preciosas medallas -a todo el que acaba le daban una- y contentos de haberse superado. Eso sí, muchos estaban tirados en el suelo sin poder casi moverse, y a alguno lo vi echando la pota.



En resumidas cuentas, participé en la maratón, pero mi lento ritmo me impidió poder vivirla en su plenitud, y no tuve tan buena experiencia como en la que hice en la Gran Muralla en mayo. Acabé muerto, sí, pero las agujetas sólo me duraron un par de días, cuando las de mayo casi me impedían caminar al día siguiente y me pincharon toda una semana, que es lo que debe pasarle a un corredor con pelotas en eventos así.

En fin, a ver si puedo entrenar más para la próxima, aunque creo que mi siguiente desafío va a ser la carrera vertical al rascacielos más alto de Pekín, que este año no he podido probar porque se celebró precisamente un día antes de esta maratón.

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Fauna y flora del rugby

21 de Septiembre, 2015, 0:01

Estos días se disputa el Mundial de Rugby en Inglaterra. Lo sé, lo sé, en España no es un deporte muy popular (tampoco en China), y reconozco que yo mismo tampoco sé del todo bien las reglas del juego. Pero hay una cosa que me fascina de este deporte (bueno, y de muchos otros), que son los logotipos de cada equipo, de cada selección. En el rugby es especialmente llamativo que casi todos los países gustan de encarnarse en un animal o una planta que suele ser una flor. Y Sudáfrica hace las dos cosas a la vez.



Andorra
(rebecos)

Argentina
(jaguares, aunque a los
 jugadores se les conoce como
"los pumas")

Australia
(canguros)
 
Austria
(cabras)
 
Bélgica
(leones)
 
Botswana
(buitres, con dos huevos)

Canadá
(hojas de arce)

Chile
(cóndores)
 
Colombia
(tucanes)
 
Corea del Sur
(rosas de Siria)
 
EEUU
(águilas)
 
Escocia
(cardos)
 
España
(leones como los
de las Cortes
pero aguantando un balón
)
 
Fiji
(palmeras)
 
Francia
(gallos)
 
Holanda
(tulipanes)
 
Hong Kong
(dragones)
 
Indonesia
(rinocerontes)
 
Inglaterra
(rosas)
 
Irlanda
(tréboles)
 
Japón
(sakuras,
flores del cerezo)
 
Kenia
(leones)
 
Malasia
(orquídeas)
 
Marruecos
(hojas de menta,
qué buenas con el té)
 
México
(serpientes)
 
Moldavia
(¿cisnes?)
 
Namibia
(aguilas pescadoras)
 
Noruega
(dragones)
 
Nueva Zelanda
(helechos)
 
Paraguay
(yacarés, caimanes)

Rumanía
(hojas de roble)

Rusia
(osos)
 
Serbia
(¿olivas?
¡qué grande!)

Singapur
(orquídeas)

Sri Lanka
(leones)
 
Sudáfrica
(gacelas y proteas,
animal + flor)
 
Suiza
(edelweisses)

Tonga
(palomas)

Uruguay
(teros, también lllamados
alcaravanes)

Venezuela
(orquídeas otra vez)


Lo que no entiendo es cómo ningún país ha adoptado el melón, ¿tan obvio es que nadie lo quiere?

Ah, qué a gusto me he quedado, me encantan los logotipos... Me he dejado uno para el final, porque este blog no es sobre rugby, animales o flores, sino sobre China. Y éste es el símbolo de la federación china de fútbol:



China
(peonías)


Como veis, los chinos han acudido también a un símbolo floral, en lugar de uno animal (el dragón ya se lo habían pedido los hongkoneses, y un panda es demasiado lento y perezoso para anotar ensayos y hacer melées). La peonía, toda una flor nacional para los chinos, es especialmente popular en la ciudad central de Luoyang, que celebra cada año un festival dedicado a estas flores (creo que es en abril).

En cuanto al rugby en China, el país no tiene una selección todavía demasiado competitiva, aunque este deporte sí es muy popular en Hong Kong, por la herencia inglesa de la ex colonia. En esa ciudad, de hecho, el evento deportivo más importante del año son los Rugby Sevens, un torneo internacional de selecciones que se celebra desde hace 40 años y al que es casi obligatorio que el público vaya disfrazado. Como el nombre del torneo indica, se trata de selecciones de rugby con siete jugadores, no 15 como en el rugby del Mundial o de los grandes torneos (Seis Naciones, Tres Naciones, etc). Pero el rugby a siete será olímpico a partir de Río 2016, así que con ello seguramente el campeonato hongkonés ha ganado enjundia.


Postdata (al día siguiente): Israel Barceló, desde Twitter, me ha inspirado a buscar más animales y plantas en las federaciones de rugby autonómicas, y he encontrado otras joyas:



Cataluña
(genistas,
la flor que Serrat nombraba
en "Mediterráneo")
 
Extremadura
(bellotas, cómo no)

Galicia
(toxos, o tojos
en castellano)

País Vasco
(pottokas,
tradicional caballo
vasco)


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Por qué en China usamos Wechat
en vez de Whatsapp

16 de Septiembre, 2015, 0:01


En China, como en todas partes, estamos desde hace unos años enganchados a los smartphones. Quizá más que en otros lugares: aquí es fácil ir a un restaurante y ver varias mesas con cuatro o cinco personas en las que todas ellas están usando el aparatito de marras, sin mirarse ni hablarse en toda la comida o la cena.

Una de las cosas que diferencian el uso de móviles en China es que aquí apenas se usa Whatsapp, una de las aplicaciones más socorridas en países como España. Y no es porque en China el Whatsapp esté bloqueado o censurado, sino porque los chinos tienen una app mucho más popular para chatear y mandarse mensajitos, llamada Wechat (en inglés) o Weixin (en chino).

   
 Wechat  Whatsapp

Wechat es un gran éxito aquí, donde hay unos 400 millones de usuarios (no tan lejos de los 900 millones de whatsapperos). Y no sólo triunfa entre los chinos: los extranjeros que vivimos en China lo usamos con igual pasión, algunos de ellos a los pocos días de llegar a este país. En general wechateamos con todos los conocidos que tenemos en este país, sean chinos o de otros países, y el Whatsapp lo usamos para comunicarnos con nuestros amigos y familiares de ultramar, los que viven lejos. Es una de las pocas herramientas chinas a las que los guiris nos hemos rendido: seguimos usando Google en vez de Baidu, YouTube en vez de YouKu, Twitter en vez de Weibo o Skype en lugar de QQ, pero imitamos a los locales usando Wechat.

¿Cuál es el secreto del éxito de Wechat? Pues sencillamente, en que es mejor que Whatsapp en muchos aspectos. Veamos algunos:

- No sólo es para chatear, es una especie de mezcla entre Whatsapp y red social: Dentro de la aplicación hay una sección llamada "momentos" que funciona de forma parecida a un microblog, en donde cuelgas una foto con un pensamiento que le acompañe, y tus amigos comentan, dicen si les gusta o no... Es una red social más limitada que Twitter o Facebook, sólo te ven tus amigos de Wechat (es decir, gente que tiene tu número de móvil) pero, curiosamente, sueles tener más feedback, al ser gente que te conoce más que esos cientos de amigos desconocidos que tienes en Facebook o Twitter. Con Wechat enseguida tienes "me gustas" y comentarios de otros. No tiene los límites de espacio de Twitter, y prima más la imagen (es casi obligado que haya foto, o un pequeño vídeo).

- La adición de "amigos" es más rápida y sencilla: En general, cuando apuntas un número de móvil en la agenda de tu smartphone, Wechat te va a ofrecer la próxima vez que lo abras la opción de que añadas a esa persona. Es raro que tengas en China sólo el móvil de una persona, generalmente su número y su Wechat van siempre de la mano. En Whatsapp o por SMS recibo muchos mensajes de gente desconocida, o tengo que pasar por el penoso trago de aclarar quién soy a gente a la que le mando un mensaje y no me tiene en agenda, pero con Wechat esto raras veces pasa (salvo en los casos que veremos en el siguiente epígrafe).

- Tiene un radar para ligar: En la sección "descubrir", la misma en la que están los antes mencionados "momentos", hay varias opciones, entre las que está la de "buscar personas cercanas". En ella te mostrarán los Wechats de personas cerca de ti, indicando la distancia aproximada a la que están, y una foto suya. Aunque no los conozcas ni ellos a ti, les puedes mandar mensajes, y ellos te pueden responder. Para que quede clara del todo la intención de esta herramienta, contiene la opción de buscar sólo chicas o sólo chicos. Además de esta utilidad, tiene otras que pueden servirte para conocer gente de forma extraña: una es lanzando una "botella a la deriva" (mandas un mensaje y alguien al azar en el mundo lo recogerá) y otra es usando la opción "sacudir" (meneas el móvil y te aparecerán contactos de gente que haya meneado el móvil más o menos al mismo tiempo que tú en otra parte del universo).

- Tiene emoticonos más bizarros: Wechat puede usar los mismos emojis que Whatsapp, pero también tiene los suyos propios, entre los que me fascinan especialmente cuatro:


Cuchillo de cocina ensangrentado
(el día que te lo manden ¡huye!)


Emoticono martilleado
(otro símbolo que debe preocuparte)


Emoticono que fuma
(los emojis de Whatsapp lo han dejao)


Meñique estirado
(¿avisa de que va a limpiarse la oreja?)



Además, van saliendo iconos nuevos, y algunos de ellos en movimiento.

- Cuando sales del país no se descuajaringa: No sé a vosotros, pero cuando yo viajo de China a otro país y he de cambiar la tarjeta del móvil, mi Whatsapp se me desconfigura: no puedo entrar en los grupos de la familia y los amigos, o si entro aparezco con una identidad nueva... Un embolao, vamos. A Wechat, sin embargo, le da igual dónde estés o si cambias de tarjeta SIM, él siempre va a funcionarte.

- Tiene opción de traducir rápidamente los mensajes que te chatean: En un país como China, con un lenguaje tan complicado, es algo muy útil.

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Líderes errados

10 de Septiembre, 2015, 0:01

Desde tiempos inmemoriales, y así será por los siglos de los siglos, se han escrito mal los nombres de los chinos en los medios de comunicación en español. En chino el apellido va antes que el nombre (por ejemplo: en el director Zhang Yimou "Zhang" es el apellido paterno, y "Yimou" es el nombre), así que cuando los medios hablan del "presidente Jinping", el "primer ministro Keqiang" o cosas así, están equivocándose, como si se refirieran al "presidente Mariano" o la "canciller Angela". Este error es muchísimo más habitual en las noticias en español que en las escritas en inglés.






Yo siempre he pensado que para evitar este habitual fallo habría que acordarse del "Libro Rojo de Mao". ¿Era el Libro Rojo de Zedong? No, era el Libro Rojo de Mao. ¿Por qué? Porque cuando se pone la versión simplificada del nombre completo, que es Mao Zedong, se toma sólo el apellido, que es Mao. Por tanto, si con Mao Zedong casi todo el mundo ve que el apellido es Mao, ¿por qué no extrapolar esto al resto de nombres chinos? Es una regla mnemotécnica buena, pero en fin, parece que no va a cundir mucho por las redacciones.

Curiosamente, las páginas del periódico que menos se equivocan en esto son las deportivas, quizá porque el deporte es una de las cosas que más internacionaliza tu mente (con tanto Mundial, Eurocopa, Olimpiadas...) pero quizá también porque muchas federaciones internacionales, por norma, suelen darle la vuelta a los nombres de todos los deportistas chinos en sus documentos. Por ejemplo, en las hojas de resultados que dan a los periodistas que están cubriendo un evento.

Así, por citar un caso, la tenista china Li Na, recientemente retirada, es conocida por los chinos así, con el nombre de Li Na, pero en casi todos los documentos de la WTA, la federación de tenis femenino, aparece como Na Li. Se ve que la WTA ya se temía que muchos periodistas iban a tomar la segunda palabra como apellido, así que volteando el orden se aseguraba que no hubiera errores. Lo mismo se hace en atletismo, por ejemplo (Liu Xiang era Xiang Liu en los documentos de la IAAF). De todos modos, con Liu Xiang (y también con el baloncestista Yao Ming) lo que solía pasar es que los medios siempre ponían su nombre completo, en todas las menciones en el artículo, de esa forma no se equivocaban.


En fin, que la confusión de nombres y apellidos chinos ahí está, no es nueva ni creo que se acabe en mucho tiempo. Sin embargo, y esto es lo que realmente quería contar hoy, en los últimos años ha llegado una nueva fuente de problemas en las noticias sobre China, sobre todo aquéllas que se hacen desde fuera de China (por ejemplo, cuando un líder de este país asiático visita España o Latinoamérica).

Esta nueva fuente de problemas llegó en 2013, con el cambio de Gobierno de China. Se fueron entonces el presidente Hu Jintao y el primer ministro Wen Jiabao, y llegaron el presidente Xi Jinping y el primer ministro Li Keqiang, que, atención... ESTÁN MAL ESCRITOS.

¿Mal escritos? Bueno, en chino no, Xi Jinping y Li Keqiang son sus nombres, o mejor dicho, la transcripción al pinyin de sus nombres en mandarín (习近平 y 李克强). Pero, y ahí está el quiz de la cuestión, leídos por un hispanohablante poco viajado, los dos tienen pegas:

- Xi Jinping incumple la norma ortográfica española que dice que "antes de P y de B se escribe M".

- Li Keqiang tiene una letra Q que no va sequida por una U, algo inconcebible en el idioma de Cervantes.


¿Y qué pasa entonces? Pues que muchos diarios españoles y latinoamericanos, al recibir su país a alguno de estos líderes, ven con horror la "falta de ortografía" que se traen y no pueden evitar corregirla:
























Ignoro si quienes escribieron eso también pondrían Mao Cedong o Jiang Cemin, pero afortunadamente para éstos, cuando mandaban en China internet no existía, en el caso del primero, o no tenía Google, en el caso  del segundo. Bueno, veremos más casos de todo lo anterior en el futuro, e incluso más de un "presidente Jimping" que una todo lo anterior, así que... ¡resignación!


ACTUALIZACIÓN (14/9/2015): Rita, desde Londres, nos demuestra que no sólo la prensa española comete estos fallos...

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10 cosas que quizá no sabes
sobre la II Guerra Mundial
(en el frente chino)

3 de Septiembre, 2015, 0:01


Hoy, 2 de septiembre, se cumplen 70 años de la rendición japonesa en la II Guerra Mundial, firmada a bordo del acorazado USS Missouri. China lo celebrará mañana con un desfile militar, de la misma forma que en 1945 lo celebró al día siguiente de que se firmara la paz, quizá porque la noticia llegó tarde.


MacArthur firma por parte estadounidense.

Independientemente de las connotaciones políticas de esta celebración, que me parecen exageradas (¿Europa puede recordar sus victorias bélicas y China, que sufrió más que muchos de esos países europeos, no?), esta efeméride es un buen momento para echar un vistazo a una parte de la Segunda Guerra Mundial que los occidentales apenas conocemos, y que fue tan dura o a veces más que la vivida en los frentes europeos: la guerra entre China y los invasores japoneses. Por eso el titular de arriba, y también porque el año pasado uno similar sobre la matanza de Tiananmen tuvo cierto éxito (tanto, que al día siguiente me lo plagió flagrantemente un diario chileno). Yo también tomó muchos datos de hoy de la Wikipedia, así que tampoco me voy a enfadar.

1- China y Japón se tenían ya muchas ganas antes de que estallara la guerra

En el siglo XIX, una Japón con siglos de influencias culturales, religiosas y artísticas venidas de China, pero que siempre se distanció políticamente de ésta, se modernizó al estilo occidental, en la llamada Era Meiji, y empezó a ver a China -ya debilitada por invasiones europeas, emperadores incompetentes, gobiernos corruptos, etc- como un abuelo achacoso al que podía comerle la merienda. Consecuencia de esta forma de pensar fue la guerra chino-japonesa de 1894-95, en la que los japoneses ganaron con claridad a los chinos.

A consecuencia de esta victoria, Japón se apropió de Taiwán, de la península Coreana, y logró en China importantes concesiones comerciales, por ejemplo en Manchuria (noreste del país), donde consiguió la administración del tren regional.

En septiembre de 1931, los japoneses hicieron como los americanos con el Maine en 1898: pusieron una bomba en un tren de los que ellos gestionaban, acusaron a China de ese atentado, y con esa excusa -que os sonará mucho si habéis leído el Loto Azul- invadieron toda Manchuria, creando un falso reino llamado Manchukuo en el que el rey era el Último Emperador Pu Yi (que, de hecho, era de etnia manchú).


China protestó ante la Sociedad de Naciones por esta tramposa invasión, y en ese organismo (antecesor de la ONU) encontró el apoyo de países como España, pero al final la comunidad internacional se lavó las manos y pasó del asunto. En fin, que en 1937, cuando estalló oficialmente la guerra entre chinos y japoneses, los dos llevaban ya casi medio siglo muy enfrentados.

2- Casi un tercio de los muertos en la Segunda Guerra Mundial fueron chinos

De los 60 o 70 millones de personas que murieron en el mayor conflicto vivido por la humanidad, entre 20 y 25 millones fueron chinos. Sólo la URSS, con 27 millones de víctimas, perdió más gente en esa guerra, mientras que EEUU, Italia o Reino Unido contaron unas 400.000 víctimas, y Francia unas 600.000. Muchas de las víctimas chinas fallecieron en bombardeos expresamente centrados en atacar población civil, aunque también hubo fallecidos por epidemias o inundaciones causadas por la mano del hombre, o víctimas de malos tratos en minas o fábricas donde se les esclavizó.


3- Las alianzas fueron confusas al principio: China llegó a estar en guerra con la Unión Soviética, o a tener apoyo de Alemania

La guerra entre China y Japón comenzó oficialmente en julio de 1937, más de dos años antes de que el conflicto estallara en Europa, así que en aquel entonces los bandos no estaban tan claramente delimitados como los que más tarde conocimos con el nombre de Eje y Aliados. Por ejemplo: la República de China de Chiang Kai-shek, que aún no era comunista, llegó a tener alguna ayuda de la Alemania nazi, y así por ejemplo algunas de las tropas chinas de la época habían sido entrenadas por oficiales alemanes. Chiang Kai-shek, no lo olvidemos, se hacía llamar Generalissimo, como Mussolini y Franco, y a veces tenía ciertos ramalazos protofascistas que, en todo caso, creo que nunca fueron tan funestos como en Alemania, Italia o España. Sin embargo, cuando Alemania entró en conflicto abierto con otros países europeos, pensó que era mejor tener como aliada a Japón, con un ejército más moderno, que a una China decadente, débil y dividida, así que se decantó por apoyar a los nipones, aunque ese apoyo simplemente se materializara en acabar con su ayuda a China.


En cuanto a la Unión Soviética, en 1937 estalló una guerra en Xinjiang, la aún hoy muy conflictiva región musulmana del noroeste chino, porque grupos uigures querían fundar allí una república bolchevique independiente (ironías de la vida, los uigures quisieron ser comunistas antes que el resto de los chinos). La República de China se oponía a ello, claro, mientras que la URSS veía esa revuelta como una buena excusa para aumentar su influencia en Asia Central, y apoyó a los revolucionarios. Tropas soviéticas llegaron a invadir Xinjiang y bombardearon localidades de la zona, pero la guerra se quedó en un conflicto corto e inacabado cuando tanto a los chinos como a los soviéticos les llegaron poco después peores problemas.

4- Japón mató a civiles chinos, pero China también mató a civiles japoneses (muchos menos, eso sí)

Es claro como el agua que en la guerra chino-japonesa el invasor fue Japón y el invadido fue China, así que las agresiones a civiles fueron sobre todo obra del ejército nipón. Pero sería falso decir que no se tocó un pelo a civiles japoneses. Por ejemplo, en julio de 1937, poco después del Incidente de Marco Polo que propició el comienzo de la guerra (el intercambio de disparos entre tropas chinas y japonesas en el puente de ese nombre que hay a las afueras de Pekín) hubo una revuelta antijaponesa en Tongzhou, en las afueras de Pekín, en la que soldados chinos mataron a ciudadanos japoneses que vivían allí desde hacía tiempo, porque era una concesión diplomática establecida por los nipones hacía décadas. De manera parecida, cuando entre agosto y noviembre de 1937 el ejército chino intentó conquistar la concesión japonesa de Shanghái, en la que vivían 30.000 japoneses que no eran soldados, también hubo bombardeos a viviendas y fallecidos que no pertenecían al ejército.


Bombardeo chino cerca del Hotel Palace de Shanghai.

5- Es más, China también mató a muchos civiles chinos

Más allá de daños colaterales y fuego amigo, creo que China nunca debería olvidar que el ejército de Chiang Kai-shek, cuya principal estrategia contra los japoneses era huir de ellos para ganar tiempo, decidió en 1938 romper cientos de diques en el río Amarillo para causar inundaciones en su enorme cuenca e impedir el avance al interior del país de las tropas japonesas que acababan de conquistar Nankín, la capital china. En esas inundaciones provocadas se calcula que murieron entre 500.000 y 700.000 personas, una cifra incluso mayor que las víctimas de la famosa y no por ello menos horrorosa masacre de Nankín (300.000 muertos).


Los comunistas, entonces una fuerza pequeña (aunque creciente, y al final de la guerra ya comparable al ejército del Kuomintang) no perpetraron en esos años tamañas barbaridades, pero sí que se reportaron casos en los que sus guerrillas utilizaron duros métodos, a veces hasta ejecuciones, para convencer a campesinos a que se unieran a sus batallones. Esto ocurría sobre todo en zonas donde ya había resistencias antijaponesas pero no eran comunistas.

6- Murieron muchísimos más soldados nacionalistas (del Kuomintang) que comunistas

En la China actual, la comunista, se ha extendido durante décadas la idea de que fueron las guerrillas de Mao las que tuvieron que aguantar contra Japón, porque Chiang Kai-shek fue un cobarde que no quiso luchar contra los japoneses, que huía de ellos, y que estaba más obsesionado con matar comunistas chinos que invasores japoneses (famosa es su frase "la invasión japonesa es una enfermedad de la piel, pero el comunismo es una enfermedad del corazón"). Ya hemos visto en el epígrafe anterior que el Generalissimo Chiang tuvo métodos de lucha más que discutibles, y es cierto que muchas veces evitó la confrontación directa porque se sabía más débil que los japoneses, pero no es cierto que no plantara cara a Japón. La Batalla de Shanghái, que duró cuatro meses, fue una prueba de ello, o los intentos de defender Nankín o las ofensivas en años posteriores, en las que llegó a obtener importantes victorias bélicas incluso antes de que el conflicto se internacionalizara y China dejara de estar sola frente a Japón.


Oficiales del Kuomintang.


Entretanto, los comunistas, en el norte de China, se centraron en la guerra de guerrillas, cuyo principal efecto no fue otro que el de recordar constantemente a los japoneses que su dominio en la zona ocupada nunca estaría consolidado, lo que les sacó de quicio y posiblemente fue una de las causas de que fueran tan crueles con la población civil, por su creciente paranoia al pensar que todos estaban en contra de ellos. Sólo en los últimos años de la guerra los comunistas libraron batallas abiertas de verdad. También hay que decir que a principios de la guerra había muchos menos comunistas que nacionalistas, aunque con el paso de los años de conflicto los segundos fueron ganando muchísimos adeptos.

Esta forma diferente de aproximarse a la guerra se tradujo en el hecho de que el número de soldados fallecidos fuera mucho menor en las filas comunistas que en las del Kuomintang, es decir, en el ejército oficial de la entonces República de China: los maoístas perdieron unos 40.000 hombres en combate, y los subordinados de Chiang Kai-shek más de un millón.

7- Japón usó armas bacteriológicas contra China

La Alemania nazi pudo ser cruel en cuestiones como la existencia de campos de exterminio, pero al menos se puede decir en su favor que no hay constancia de que utilizara armas bacteriológicas contra ejércitos ni poblaciones aliadas. En cambio, Japón si lo hizo, y es más, podría decirse que fue el inventor de este tipo de ataques. Por ejemplo, en 1940 bombardeó la ciudad de Ningbo, un puerto en la costa este de China, con pulgas inoculadas con peste bubónica. Estos bombardeos tuvieron gran "éxito" y causaron gravísimas epidemias.

Para probar estas armas bacteriológicas, además, creó un laboratorio en el noreste de China, la tristemente famosa Unidad 731 (en las afueras de Harbin) donde se cometieron algunas de las mayores atrocidades de la guerra. Allí, antes incluso de que China y Japón entraran en guerra, se usaron miles de humanos, principalmente campesinos chinos (incluidos embarazadas y niños) como cobayas para probar el efecto de enfermedades, la resistencia del cuerpo al frío, los efectos en el cuerpo de nuevas armas como el lanzallamas... Los prisioneros eran atados a la intemperie en invierno para que se congelaran, se lanzaban granadas contra ellos para ver cómo quedaba el cuerpo tras la explosión, o se les inoculaban virus y se les viviseccionaba para ver cómo avanzaba la enfermedad en el cuerpo (se pensaba que aún vivos los efectos se veían mejor que si se les practicaban autopsias después de morir). El laboratorio quería desarrollar armas bacteriológicas, pero también buscar curas contra plagas que había entre las tropas japonesas, como la sífilis o la gonorrea (debido a las muchas violaciones) o fortalecer la salud de los soldados nipones al frío de cara a preparar una invasión japonesa de Siberia (por eso lo de congelar a gente a la fuerza).


También terrible es que los responsables de la Unidad 731, como el Doctor Mengele en Auschwitz, nunca fueron castigados. No porque escaparan, como hizo el enloquecido médico alemán, sino porque EEUU, tras detenerlos, les ofreció el perdón ¡a cambio de que entregaran toda la información sobre sus experimentos al ejército norteamericano! Y así EEUU también desarrollo su propio programa de armas bacteriológicas, entiendo que sin practicar los mismos crímenes de la humanidad, pero usando datos obtenidos de las aberraciones japonesas.

8- Durante la guerra, la colección de arte imperial viajó tanto como la del Museo del Prado durante la Guerra Civil Española

Si sois españoles, sabréis, u os sonará, que en la Guerra Civil española la enorme colección del Museo del Prado pasó muchas vicisitudes y estuvo al borde de perderse. Muchas de sus obras fueron evacuadas y viajaron a Valencia, luego a Cataluña, después acabaron en Ginebra (Suiza), al final regresaron a Madrid... Un jaleo, vamos.

Pues algo parecido pasó durante la guerra con Japón con la mayor colección de arte de China, que no es otra que la que los emperadores chinos tenían en la Ciudad Prohibida. Pero estas obras aún dieron más tumbos que las españolas: ya en 1933, cuando Japón acababa de conquistar Manchuria, Chiang Kai-shek ordenó llevar la colección imperial de Pekín a Shanghái. En 1936 se transportó a Nankín, entonces capital nacional. Cuando los japoneses comenzaron a avanzar hacia esa ciudad, se decidió llevar al centro del país, donde estaba guarecido el gobierno del Kuomintang, y las colecciones se guardaron en localidades como Leshan o Anshun. Después regresó a Nankín. Por último, cuando en la guerra civil entre comunistas y Kuomintang (1945-49) los segundos vieron que tenían la batalla perdida, se llevaron las mejores obras de la colección en barco a Taiwán, la isla donde se refugiaron. En Taiwán sigue gobernando el Kuomintang, y en su capital, Taipei, aún se exhibe esa colección, en el museo de la siguiente foto.


9- En China a la Segunda Guerra Mundial no se la llama Segunda Guerra Mundial


Como sabrán bien los que vivan en China, porque estos días nos están metiendo el concepto con calzador y hasta en la sopa, al conflicto vivido entre 1937 y 1945 lo llaman Guerra de Resistencia Contra Japón (航日战争). Para los chinos, esa guerra no tuvo mucho de internacional o mundial, al menos en su territorio: fuera de ayudas en forma de entrenamiento de soldados o comercio de armas o provisiones, no hubo mucho apoyo abierto de tropas de otros países.

Podrían contarse dos notables excepciones: la primera, los Tigres Voladores, un cuerpo de intrépidos pilotos estadounidenses que desde la India y Birmania volaban hasta China para entregar armas y otras ayudas a la resistencia china. En sus vuelos a veces tenían que hacer frente a los cañones o los kamikazes japoneses, y su ayuda comenzó incluso antes de que EEUU entrara formalmente en guerra contra Japón, tras el ataque de Pearl Harbour en 1941.


Tigres voladores, con sus famosas dentaduras.


La segunda excepción son las tropas soviéticas que con todo el pescado ya vendido, en agosto de 1945, entraron a China por el noreste del país para arrestar al ejército japonés que ocupaba China, el famoso e infame Ejército Kwantung.

China tuvo poca ayuda internacional, pero esa poca la recuerda mucho: los homenajes a soldados soviéticos y Tigres Voladores son muy frecuentes en este país, y no sólo en estos días de celebraciones (en los que el presidente chino ha condecorado a algunos rusos y estadounidenses de esa época que aún sobreviven, o a sus familiares).

10- El Auschwitz de los chinos pasó en Nankín

En Europa, el gran símbolo del horror de la guerra es el campo de exterminio de Auschwitz, y otros que hubo en el nazismo. Para los chinos, cumple esa función simbólica y catártica la llamada Matanza de Nankín, perpetrada por el ejército japonés en diciembre de 1937 y enero de 1938, y en la que murieron unas 300.000 personas, en su mayoría civiles o soldados chinos que se habían rendido ya.


Memorial en Nankín.


Los japoneses habían tomado la entonces capital china, pero por razones que incluso décadas después no se acaban de comprender (¿desespero porque la guerra se prolongaba más de lo que pensaban? ¿depresión colectiva?) emprendieron una campaña de asesinatos en masa y violaciones en la ciudad que se prolongó seis semanas. Había soldados que hacían concursos de a ver quién cortaba más cabezas, se ejecutaba públicamente, las mujeres eran asesinadas a bayonetazos después de ser forzadas... En ocasiones se obligó a los chinos a cometer esas violaciones, hasta cometiendo incestos (padres a sus hijas, hijos a sus madres) o entre monjes que habían hecho votos de castidad.

En esa matanza hubo extranjeros que salvaron miles de vidas de chinos, llevando a muchos de ellos en peligro de muerte a la zona diplomática, que pese al salvajismo del ejército japonés era bastante respetada. El más famoso fue el diplomático nazi John Rabe, que salvó a unos 200.000 chinos de la muerte, bastantes más que los 1.200 judíos que se calcula salvó el más famoso Oskar Schindler.

Con estos 10 puntos queda repasado aunque sea a vuelapluma un trozo del gran conflicto del siglo XX injustamente olvidado, quizá porque Hollywood siempre centró sus exitosas películas sobre aquella guerra en lo que más le convenía retratar, desde el Desembarco de Normandía a sus campañas en el Norte de África o en el Pacífico. Los chinos se quejan a menudo de ser los grandes olvidados en muchos asuntos -cuando no los marginados- y creo que al menos en lo que concierne a la II Guerra Mundial, en la que fueron uno de los pueblos que más sufrió, tienen más razón que un santo.


Logotipo del aniversario.


Por supuesto, todo esto no quita que ellos mismos pequen de olvidadizos en muchos otros hechos históricos posteriores igual de dramáticos, desde el Gran Salto Adelante a la Revolución Cultural o la Matanza de Tiananmen. Amnesias selectivas, que les llaman, pero en fin... los que puedan, que recuerden lo más posible de todos estos tristes sucesos, tanto el desarrollado en este post como los mencionados en este párrafo, porque quien no conoce su historia está condenado a repetirla (o al menos, condenado a que le citen de vez en cuando esta frase tan ranciofact).

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