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10 cosas que quizá no sabes
sobre la II Guerra Mundial
(en el frente chino)

3 de Septiembre, 2015, 0:01


Hoy, 2 de septiembre, se cumplen 70 años de la rendición japonesa en la II Guerra Mundial, firmada a bordo del acorazado USS Missouri. China lo celebrará mañana con un desfile militar, de la misma forma que en 1945 lo celebró al día siguiente de que se firmara la paz, quizá porque la noticia llegó tarde.


MacArthur firma por parte estadounidense.

Independientemente de las connotaciones políticas de esta celebración, que me parecen exageradas (¿Europa puede recordar sus victorias bélicas y China, que sufrió más que muchos de esos países europeos, no?), esta efeméride es un buen momento para echar un vistazo a una parte de la Segunda Guerra Mundial que los occidentales apenas conocemos, y que fue tan dura o a veces más que la vivida en los frentes europeos: la guerra entre China y los invasores japoneses. Por eso el titular de arriba, y también porque el año pasado uno similar sobre la matanza de Tiananmen tuvo cierto éxito (tanto, que al día siguiente me lo plagió flagrantemente un diario chileno). Yo también tomó muchos datos de hoy de la Wikipedia, así que tampoco me voy a enfadar.

1- China y Japón se tenían ya muchas ganas antes de que estallara la guerra

En el siglo XIX, una Japón con siglos de influencias culturales, religiosas y artísticas venidas de China, pero que siempre se distanció políticamente de ésta, se modernizó al estilo occidental, en la llamada Era Meiji, y empezó a ver a China -ya debilitada por invasiones europeas, emperadores incompetentes, gobiernos corruptos, etc- como un abuelo achacoso al que podía comerle la merienda. Consecuencia de esta forma de pensar fue la guerra chino-japonesa de 1894-95, en la que los japoneses ganaron con claridad a los chinos.

A consecuencia de esta victoria, Japón se apropió de Taiwán, de la península Coreana, y logró en China importantes concesiones comerciales, por ejemplo en Manchuria (noreste del país), donde consiguió la administración del tren regional.

En septiembre de 1931, los japoneses hicieron como los americanos con el Maine en 1898: pusieron una bomba en un tren de los que ellos gestionaban, acusaron a China de ese atentado, y con esa excusa -que os sonará mucho si habéis leído el Loto Azul- invadieron toda Manchuria, creando un falso reino llamado Manchukuo en el que el rey era el Último Emperador Pu Yi (que, de hecho, era de etnia manchú).


China protestó ante la Sociedad de Naciones por esta tramposa invasión, y en ese organismo (antecesor de la ONU) encontró el apoyo de países como España, pero al final la comunidad internacional se lavó las manos y pasó del asunto. En fin, que en 1937, cuando estalló oficialmente la guerra entre chinos y japoneses, los dos llevaban ya casi medio siglo muy enfrentados.

2- Casi un tercio de los muertos en la Segunda Guerra Mundial fueron chinos

De los 60 o 70 millones de personas que murieron en el mayor conflicto vivido por la humanidad, entre 20 y 25 millones fueron chinos. Sólo la URSS, con 27 millones de víctimas, perdió más gente en esa guerra, mientras que EEUU, Italia o Reino Unido contaron unas 400.000 víctimas, y Francia unas 600.000. Muchas de las víctimas chinas fallecieron en bombardeos expresamente centrados en atacar población civil, aunque también hubo fallecidos por epidemias o inundaciones causadas por la mano del hombre, o víctimas de malos tratos en minas o fábricas donde se les esclavizó.


3- Las alianzas fueron confusas al principio: China llegó a estar en guerra con la Unión Soviética, o a tener apoyo de Alemania

La guerra entre China y Japón comenzó oficialmente en julio de 1937, más de dos años antes de que el conflicto estallara en Europa, así que en aquel entonces los bandos no estaban tan claramente delimitados como los que más tarde conocimos con el nombre de Eje y Aliados. Por ejemplo: la República de China de Chiang Kai-shek, que aún no era comunista, llegó a tener alguna ayuda de la Alemania nazi, y así por ejemplo algunas de las tropas chinas de la época habían sido entrenadas por oficiales alemanes. Chiang Kai-shek, no lo olvidemos, se hacía llamar Generalissimo, como Mussolini y Franco, y a veces tenía ciertos ramalazos protofascistas que, en todo caso, creo que nunca fueron tan funestos como en Alemania, Italia o España. Sin embargo, cuando Alemania entró en conflicto abierto con otros países europeos, pensó que era mejor tener como aliada a Japón, con un ejército más moderno, que a una China decadente, débil y dividida, así que se decantó por apoyar a los nipones, aunque ese apoyo simplemente se materializara en acabar con su ayuda a China.


En cuanto a la Unión Soviética, en 1937 estalló una guerra en Xinjiang, la aún hoy muy conflictiva región musulmana del noroeste chino, porque grupos uigures querían fundar allí una república bolchevique independiente (ironías de la vida, los uigures quisieron ser comunistas antes que el resto de los chinos). La República de China se oponía a ello, claro, mientras que la URSS veía esa revuelta como una buena excusa para aumentar su influencia en Asia Central, y apoyó a los revolucionarios. Tropas soviéticas llegaron a invadir Xinjiang y bombardearon localidades de la zona, pero la guerra se quedó en un conflicto corto e inacabado cuando tanto a los chinos como a los soviéticos les llegaron poco después peores problemas.

4- Japón mató a civiles chinos, pero China también mató a civiles japoneses (muchos menos, eso sí)

Es claro como el agua que en la guerra chino-japonesa el invasor fue Japón y el invadido fue China, así que las agresiones a civiles fueron sobre todo obra del ejército nipón. Pero sería falso decir que no se tocó un pelo a civiles japoneses. Por ejemplo, en julio de 1937, poco después del Incidente de Marco Polo que propició el comienzo de la guerra (el intercambio de disparos entre tropas chinas y japonesas en el puente de ese nombre que hay a las afueras de Pekín) hubo una revuelta antijaponesa en Tongzhou, en las afueras de Pekín, en la que soldados chinos mataron a ciudadanos japoneses que vivían allí desde hacía tiempo, porque era una concesión diplomática establecida por los nipones hacía décadas. De manera parecida, cuando entre agosto y noviembre de 1937 el ejército chino intentó conquistar la concesión japonesa de Shanghái, en la que vivían 30.000 japoneses que no eran soldados, también hubo bombardeos a viviendas y fallecidos que no pertenecían al ejército.


Bombardeo chino cerca del Hotel Palace de Shanghai.

5- Es más, China también mató a muchos civiles chinos

Más allá de daños colaterales y fuego amigo, creo que China nunca debería olvidar que el ejército de Chiang Kai-shek, cuya principal estrategia contra los japoneses era huir de ellos para ganar tiempo, decidió en 1938 romper cientos de diques en el río Amarillo para causar inundaciones en su enorme cuenca e impedir el avance al interior del país de las tropas japonesas que acababan de conquistar Nankín, la capital china. En esas inundaciones provocadas se calcula que murieron entre 500.000 y 700.000 personas, una cifra incluso mayor que las víctimas de la famosa y no por ello menos horrorosa masacre de Nankín (300.000 muertos).


Los comunistas, entonces una fuerza pequeña (aunque creciente, y al final de la guerra ya comparable al ejército del Kuomintang) no perpetraron en esos años tamañas barbaridades, pero sí que se reportaron casos en los que sus guerrillas utilizaron duros métodos, a veces hasta ejecuciones, para convencer a campesinos a que se unieran a sus batallones. Esto ocurría sobre todo en zonas donde ya había resistencias antijaponesas pero no eran comunistas.

6- Murieron muchísimos más soldados nacionalistas (del Kuomintang) que comunistas

En la China actual, la comunista, se ha extendido durante décadas la idea de que fueron las guerrillas de Mao las que tuvieron que aguantar contra Japón, porque Chiang Kai-shek fue un cobarde que no quiso luchar contra los japoneses, que huía de ellos, y que estaba más obsesionado con matar comunistas chinos que invasores japoneses (famosa es su frase "la invasión japonesa es una enfermedad de la piel, pero el comunismo es una enfermedad del corazón"). Ya hemos visto en el epígrafe anterior que el Generalissimo Chiang tuvo métodos de lucha más que discutibles, y es cierto que muchas veces evitó la confrontación directa porque se sabía más débil que los japoneses, pero no es cierto que no plantara cara a Japón. La Batalla de Shanghái, que duró cuatro meses, fue una prueba de ello, o los intentos de defender Nankín o las ofensivas en años posteriores, en las que llegó a obtener importantes victorias bélicas incluso antes de que el conflicto se internacionalizara y China dejara de estar sola frente a Japón.


Oficiales del Kuomintang.


Entretanto, los comunistas, en el norte de China, se centraron en la guerra de guerrillas, cuyo principal efecto no fue otro que el de recordar constantemente a los japoneses que su dominio en la zona ocupada nunca estaría consolidado, lo que les sacó de quicio y posiblemente fue una de las causas de que fueran tan crueles con la población civil, por su creciente paranoia al pensar que todos estaban en contra de ellos. Sólo en los últimos años de la guerra los comunistas libraron batallas abiertas de verdad. También hay que decir que a principios de la guerra había muchos menos comunistas que nacionalistas, aunque con el paso de los años de conflicto los segundos fueron ganando muchísimos adeptos.

Esta forma diferente de aproximarse a la guerra se tradujo en el hecho de que el número de soldados fallecidos fuera mucho menor en las filas comunistas que en las del Kuomintang, es decir, en el ejército oficial de la entonces República de China: los maoístas perdieron unos 40.000 hombres en combate, y los subordinados de Chiang Kai-shek más de un millón.

7- Japón usó armas bacteriológicas contra China

La Alemania nazi pudo ser cruel en cuestiones como la existencia de campos de exterminio, pero al menos se puede decir en su favor que no hay constancia de que utilizara armas bacteriológicas contra ejércitos ni poblaciones aliadas. En cambio, Japón si lo hizo, y es más, podría decirse que fue el inventor de este tipo de ataques. Por ejemplo, en 1940 bombardeó la ciudad de Ningbo, un puerto en la costa este de China, con pulgas inoculadas con peste bubónica. Estos bombardeos tuvieron gran "éxito" y causaron gravísimas epidemias.

Para probar estas armas bacteriológicas, además, creó un laboratorio en el noreste de China, la tristemente famosa Unidad 731 (en las afueras de Harbin) donde se cometieron algunas de las mayores atrocidades de la guerra. Allí, antes incluso de que China y Japón entraran en guerra, se usaron miles de humanos, principalmente campesinos chinos (incluidos embarazadas y niños) como cobayas para probar el efecto de enfermedades, la resistencia del cuerpo al frío, los efectos en el cuerpo de nuevas armas como el lanzallamas... Los prisioneros eran atados a la intemperie en invierno para que se congelaran, se lanzaban granadas contra ellos para ver cómo quedaba el cuerpo tras la explosión, o se les inoculaban virus y se les viviseccionaba para ver cómo avanzaba la enfermedad en el cuerpo (se pensaba que aún vivos los efectos se veían mejor que si se les practicaban autopsias después de morir). El laboratorio quería desarrollar armas bacteriológicas, pero también buscar curas contra plagas que había entre las tropas japonesas, como la sífilis o la gonorrea (debido a las muchas violaciones) o fortalecer la salud de los soldados nipones al frío de cara a preparar una invasión japonesa de Siberia (por eso lo de congelar a gente a la fuerza).


También terrible es que los responsables de la Unidad 731, como el Doctor Mengele en Auschwitz, nunca fueron castigados. No porque escaparan, como hizo el enloquecido médico alemán, sino porque EEUU, tras detenerlos, les ofreció el perdón ¡a cambio de que entregaran toda la información sobre sus experimentos al ejército norteamericano! Y así EEUU también desarrollo su propio programa de armas bacteriológicas, entiendo que sin practicar los mismos crímenes de la humanidad, pero usando datos obtenidos de las aberraciones japonesas.

8- Durante la guerra, la colección de arte imperial viajó tanto como la del Museo del Prado durante la Guerra Civil Española

Si sois españoles, sabréis, u os sonará, que en la Guerra Civil española la enorme colección del Museo del Prado pasó muchas vicisitudes y estuvo al borde de perderse. Muchas de sus obras fueron evacuadas y viajaron a Valencia, luego a Cataluña, después acabaron en Ginebra (Suiza), al final regresaron a Madrid... Un jaleo, vamos.

Pues algo parecido pasó durante la guerra con Japón con la mayor colección de arte de China, que no es otra que la que los emperadores chinos tenían en la Ciudad Prohibida. Pero estas obras aún dieron más tumbos que las españolas: ya en 1933, cuando Japón acababa de conquistar Manchuria, Chiang Kai-shek ordenó llevar la colección imperial de Pekín a Shanghái. En 1936 se transportó a Nankín, entonces capital nacional. Cuando los japoneses comenzaron a avanzar hacia esa ciudad, se decidió llevar al centro del país, donde estaba guarecido el gobierno del Kuomintang, y las colecciones se guardaron en localidades como Leshan o Anshun. Después regresó a Nankín. Por último, cuando en la guerra civil entre comunistas y Kuomintang (1945-49) los segundos vieron que tenían la batalla perdida, se llevaron las mejores obras de la colección en barco a Taiwán, la isla donde se refugiaron. En Taiwán sigue gobernando el Kuomintang, y en su capital, Taipei, aún se exhibe esa colección, en el museo de la siguiente foto.


9- En China a la Segunda Guerra Mundial no se la llama Segunda Guerra Mundial


Como sabrán bien los que vivan en China, porque estos días nos están metiendo el concepto con calzador y hasta en la sopa, al conflicto vivido entre 1937 y 1945 lo llaman Guerra de Resistencia Contra Japón (航日战争). Para los chinos, esa guerra no tuvo mucho de internacional o mundial, al menos en su territorio: fuera de ayudas en forma de entrenamiento de soldados o comercio de armas o provisiones, no hubo mucho apoyo abierto de tropas de otros países.

Podrían contarse dos notables excepciones: la primera, los Tigres Voladores, un cuerpo de intrépidos pilotos estadounidenses que desde la India y Birmania volaban hasta China para entregar armas y otras ayudas a la resistencia china. En sus vuelos a veces tenían que hacer frente a los cañones o los kamikazes japoneses, y su ayuda comenzó incluso antes de que EEUU entrara formalmente en guerra contra Japón, tras el ataque de Pearl Harbour en 1941.


Tigres voladores, con sus famosas dentaduras.


La segunda excepción son las tropas soviéticas que con todo el pescado ya vendido, en agosto de 1945, entraron a China por el noreste del país para arrestar al ejército japonés que ocupaba China, el famoso e infame Ejército Kwantung.

China tuvo poca ayuda internacional, pero esa poca la recuerda mucho: los homenajes a soldados soviéticos y Tigres Voladores son muy frecuentes en este país, y no sólo en estos días de celebraciones (en los que el presidente chino ha condecorado a algunos rusos y estadounidenses de esa época que aún sobreviven, o a sus familiares).

10- El Auschwitz de los chinos pasó en Nankín

En Europa, el gran símbolo del horror de la guerra es el campo de exterminio de Auschwitz, y otros que hubo en el nazismo. Para los chinos, cumple esa función simbólica y catártica la llamada Matanza de Nankín, perpetrada por el ejército japonés en diciembre de 1937 y enero de 1938, y en la que murieron unas 300.000 personas, en su mayoría civiles o soldados chinos que se habían rendido ya.


Memorial en Nankín.


Los japoneses habían tomado la entonces capital china, pero por razones que incluso décadas después no se acaban de comprender (¿desespero porque la guerra se prolongaba más de lo que pensaban? ¿depresión colectiva?) emprendieron una campaña de asesinatos en masa y violaciones en la ciudad que se prolongó seis semanas. Había soldados que hacían concursos de a ver quién cortaba más cabezas, se ejecutaba públicamente, las mujeres eran asesinadas a bayonetazos después de ser forzadas... En ocasiones se obligó a los chinos a cometer esas violaciones, hasta cometiendo incestos (padres a sus hijas, hijos a sus madres) o entre monjes que habían hecho votos de castidad.

En esa matanza hubo extranjeros que salvaron miles de vidas de chinos, llevando a muchos de ellos en peligro de muerte a la zona diplomática, que pese al salvajismo del ejército japonés era bastante respetada. El más famoso fue el diplomático nazi John Rabe, que salvó a unos 200.000 chinos de la muerte, bastantes más que los 1.200 judíos que se calcula salvó el más famoso Oskar Schindler.

Con estos 10 puntos queda repasado aunque sea a vuelapluma un trozo del gran conflicto del siglo XX injustamente olvidado, quizá porque Hollywood siempre centró sus exitosas películas sobre aquella guerra en lo que más le convenía retratar, desde el Desembarco de Normandía a sus campañas en el Norte de África o en el Pacífico. Los chinos se quejan a menudo de ser los grandes olvidados en muchos asuntos -cuando no los marginados- y creo que al menos en lo que concierne a la II Guerra Mundial, en la que fueron uno de los pueblos que más sufrió, tienen más razón que un santo.


Logotipo del aniversario.


Por supuesto, todo esto no quita que ellos mismos pequen de olvidadizos en muchos otros hechos históricos posteriores igual de dramáticos, desde el Gran Salto Adelante a la Revolución Cultural o la Matanza de Tiananmen. Amnesias selectivas, que les llaman, pero en fin... los que puedan, que recuerden lo más posible de todos estos tristes sucesos, tanto el desarrollado en este post como los mencionados en este párrafo, porque quien no conoce su historia está condenado a repetirla (o al menos, condenado a que le citen de vez en cuando esta frase tan ranciofact).

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