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10 cosas que quizá no sabes
sobre la Revolución Cultural

16 de Mayo, 2016, 0:01



Hoy, 16 de mayo, se cumple medio siglo del inicio de la Revolución Cultural, un periodo que dejó imágenes icónicas -como las de aquellos guardias rojos reunidos en la plaza de Tiananmen con sus Libros Rojos de Mao- pero que también generó caos, muerte y terror, un terror especialmente estremecedor porque lo tenían los padres por sus hijos, los profesores por sus alumnos, o los vecinos entre sí. Intentaré aquí contar algunas cosas de aquella extraña revolución, y usaré nuevamente la fórmula de los 10 puntos que ya utilicé en aniversarios similares como el 25º de la matanza de Tiananmen, el 70º del fin de la guerra con Japón o el 10º del nacimiento de este blog (hecho sin duda tan trascendente o más que los anteriores). Empecemos, sin más dilación:

1- La Revolución Cultural comenzó con algo muy cultural: una ópera china

No todos los historiadores están de acuerdo con la fecha de inicio de la Revolución Cultural. Para muchos fue tal día como hoy de 1966 porque fue entonces cuando apareció un documento oficial -la Notificación del 16 de Mayo- en el que se decía que había contrarrevolucionarios y revisionistas en todas partes y había que acabar con ellos. Otros prefieren situarlo en el 8 de agosto de ese mismo año, porque fue cuando el Partido Comunista habló abiertamente de una "Revolución Cultural" y definió sus objetivos. También hay quien dice que comenzó el 25 de mayo, cuando una joven estudiante de la Universidad de Pekín, Nie Yuanzi, se atrevió a ser la primera en denunciar a sus profesores abiertamente en un dazibao (tablón de anuncios) del campus.

Sin embargo, antes que todo esto ocurriera, y como prólogo a la Revolución Cultural, un dramaturgo que además era teniente de alcalde de Pekín publicó en 1959 una ópera tradicional china, "La destitución de Hai Rui", que se estrenó en 1961 y Mao Zedong consideró como la primera prueba de que había enemigos suyos en el Partido Comunista y tenía que acabar con ellos. La obra, que cuenta la injusta destitución de un funcionario que había criticado a un mal emperador por matar de hambre a su pueblo, ocurría en pretéritas épocas, pero Mao pensó que era una crítica velada a su desastrosa labor en los años 50, donde sus programas de colectivización e industrialización del campo (el llamado Gran Salto Adelante) causaron una gran hambruna y millones de muertos.


Hai Rui, arquetipo de buen gobernante en la literatura china.




2- El primer enemigo que Mao se quería cargar era el alcalde de Pekín

El hecho de que el autor de la obra de teatro mencionada fuera teniente de alcalde de Pekín -Wu Han se llamaba- hizo que el ayuntamiento de Pekín se convirtiera en el primer gran objetivo de la Revolución Cultural, que Mao se inventó, hablando en plata, para destruir a sus principales enemigos en el Partido Comunista. El alcalde de Pekín en esa época, Peng Zhen, defendió a su número dos a capa y espada, sobre todo cuando Jiang Qing, la mujer de Mao, y Yao Wenyuan, jefe de propaganda de Shanghai (los dos serían parte de la famosa Banda de los Cuatro) escribieron una dura crítica contra su ópera. Peng, que tenía poder sobre el Diario del Pueblo, prohibió al principal periódico del régimen publicarla. Como veis, en un principio fue una pelea casi intelectual, literaria: Imaginaos lo que habría podido pasar si Salvador Sostres o Fernando Sánchez Dragó hubieran vivido o publicado en la China de los 60.


El alcalde Peng Zhen, en un acto de humillación pública.

En todo caso, aunque el ayuntamiento de Pekín fue el primer enemigo de Mao, los grandes objetivos del Gran Timonel, y contra los que seguramente inventó la Revolucón Cultural, eran Liu Shaoqi y Deng Xiaoping, los dos líderes que habían tomado las riendas del país después del fracaso del Gran Salto Adelante. Mao estaba casi jubilado, pero muy enrabietado por ver que Liu y Deng estaban gobernando mejor que él.



3- El origen de todo podría resumirse en "una cana al aire de Mao"

La Revolución Cultural no fue inicialmente popular, no salió espontáneamente de la gente, sino que fue ordenada desde arriba, y fue idea sobre todo de Mao. A primera vista resulta difícil entender por qué al líder de un país le puede apetecer que haya caos revolucionario en ese país, pero si nos ponemos un momento en la piel de Mao -sé que no es agradable, pero hagámoslo sólo un momento- quizá lo entendamos mejor.

El Gran Timonel tenía en los 60 ya más de 70 años, se encontraba en el otoño de su vida. En esa vida había tenido una juventud trepidante como líder comunista clandestino, después protagonizó 30 años de gloria militar -la Larga Marcha, la resistencia a Japón, la victoria contra el Kuomintang, la proeza de contener a Estados Unidos en Corea-, pero cuando llegó el tiempo de la paz y de gobernar, demostró ser un estadista nefasto y con ideas de bombero. Mao se daba cuenta de que no le quedaban muchos años de su vida, de que el último capítulo de su biografía iba a quedar muy feo comparado con los anteriores, y decidió que lo que a él le había hecho feliz era la guerra, el desorden, así que decidió inventar la idea de "revolución permanente" para tener lo que le gustaba.

Además, se apoyó en los jóvenes chinos, incluso menores de edad, para en cierto modo rejuvenecer él mismo: les espoleó a ellos, y esos chinos, que ya habían nacido después de las guerras pero habían oído hablar de las heroicidades del maoísmo en el frente, le siguieron para intentar revivir las hazañas bélicas de sus padres, aunque ahora no hubiera un enemigo o un invasor claro. Que la Revolución Cultural fue una especie de rebelión de Mao contra el destino, contra el envejecimiento que a todos nos llega, queda muy bien reflejado con su famoso chapuzón en el río Yangtsé, el 16 de julio de 1966, cuando la Revolución Cultural daba sus primeros pasos. El Gran Timonel quería demostrar con su baño que seguía hecho un chaval, y lo mismo quería mostrar arengando a jóvenes chinos a que se rebelaran contra todo.





4- El corazón de la Revolución Cultural fue la misma universidad donde años después nacerían las protestas de Tiananmen, y eso perjudicó al movimiento de 1989

La Universidad de Pekín, una de las más antiguas y prestigiosas del país, ha tenido una importancia decisiva en el siglo XX de China. Fueron sus estudiantes los que empezaron las protestas del 4 de mayo de 1919 -para muchos el germen del futuro auge del comunismo en el país-, los que comenzaron a manifestarse  en mayo de 1989 y pusieron en jaque ese mismo comunismo, y los que en 1966, casualmente también en mayo -la cercanía de los exámenes de junio debe estresar a los alumnos- comenzaron a vestirse de guardias rojos, a blandir libritos con los pensamientos de Mao y a insultar y golpear a sus profesores como muestra de rebeldía y a la vez de fidelidad al comunismo.


Este hecho, el de que los estudiantes de la Universidad de Pekín de 1966 comenzaron una revolución que sembró el caos durante años, puede ayudar a entender por qué dos décadas después, en 1989, los líderes chinos tuvieron tanto miedo a unos jovencitos que protestaban en Tiananmen: esos líderes pensaban -erróneamente, porque los modos de los chicos de 1989 eran más pacíficos que los usados 20 años antes- que podría tratarse de un revival de guardias rojos, y que el caos podría volver. Recordemos que entonces lideraba China Deng Xiaoping, una persona que habia sufrido no una sino dos purgas en la Revolución Cultural. Hasta cierto punto puede entenderse su miedo, quizá por tocar miedos de su pasado, a jóvenes estudiantes de la Universidad de Pekín protestando en un mes de mayo.



5- Las famosas reeducaciones en el campo fueron en cierto modo una excusa para salvar vidas

En 1967 y 1968 se cometieron los peores crímenes de la Revolución Cultural. Los guardias rojos, primero en Pekín pero luego en muchas otras ciudades donde se imitó la revuelta estudiantil, organizaron palizas públicas a "contrarrevolucionarios", torturaron, quemaron templos, iglesias, monasterios... Mucha gente moría en esos linchamientos, o pasaba una humillación tan grande -en una cultura donde "perder cara" públicamente es mucho peor que en Occidente- que acababa suicidándose. La gente, por miedo a los guardias rojos o porque se creía su revolución, intentaba hacerse el maoísta denunciando a sus vecinos, a sus parientes, a sus padres si hacía falta, acusándoles de revisionistas por tener libros en inglés o cualquier otra excusa. Los revolucionarios habían asaltado cuarteles del ejército y ya estaban armados, con lo que en algunas ciudades se convirtieron en auténticos escuadrones de la muerte y comenzó a haber verdaderas guerras civiles entre distintas facciones de ellos, discutiendo por ver cuál de ellos amaba más a Mao.

En resumen: la Revolución Cultural se les había ido de las manos. Por ello, en diciembre de 1968 se lanzó la campaña de reeducación en el campo, con la excusa oficial de que los guardias rojos llevaran la revolución a los pueblos de China, pero con la intención real de sacarlos de la ciudad, reducirlos a grupos más pequeños y aislarlos en lugares donde pudieran hacer menos daño. En este sentido, la reeducación en el campo fue algo positivo: a partir de 1968, la Revolución Cultural fue menos virulenta en grandes ciudades como Pekín, y por otro lado la llegada de estudiantes e intelectuales al medio rural llevó la cultura a zonas muy deprimidas y analfabetas del país. En la parte negativa, muchos de esos estudiantes e intelectuales pasaron hasta 10 años aislados en el campo, lo que paralizó la cultura del país, por no mencionar los muchos que murieron debido a la dura vida de las aldeas, con inviernos y hambrunas a los que no estaban acostumbrados.





6- Fue una revolución sin enemigo, lo que le dio un especial carácter surrealista

En sus arengas a los guardias rojos, o en las proclamas escritas, Mao y otros impulsores de la Revolución Cultural no daban instrucciones claras de contra quién debían revelarse los guardias rojos, cuáles eran esos enemigos "contrarrevolucionarios" o "revisionistas". Mao nunca dijo claramente que hubiera que cargarse a Deng Xiaoping o a Liu Shaoqi -quien murió en 1969, arrestado y tratado como un animal en prisión-, ni que había que quemar templos budistas: fueron los guardias rojos y otros seguidores de la revolución cultural quienes se fueron inventando enemigos.


La ausencia de órdenes claras trajo el caos: los guardias rojos se dividieron en facciones con desacuerdos sobre lo que había que destruir o combatir, y que a veces combatían entre ellas. Al no haber estándares, cualquier cosa podía interpretarse como enemiga de Mao, de China o de la revolución, hasta nimiedades como tener torcido el cuadro de Mao en casa. Esto no trajo sino paranoia colectiva, denuncias por doquier y una sensación de locura social que convirtió el movimiento en uno de los más inexplicables de la historia reciente del mundo, además de uno de los que más aterra y fascina al mismo tiempo. Merece la pena apuntar que esta ausencia de enemigo, el desorden y la idea de rebelarse contra todo sin discreción inspiraron poco después movimientos contraculturales como el del mayo francés del 68, donde algunos intelectuales que allí había eran grandes apasionados del maoísmo (seguramente no conocían las muertes que había causado). Obviamente, mayo del 68 no es para nada comparable a la Revolución Cultural en cuanto a la violencia empleada, pero ambos compartieron un carácter anárquico e iconoclasta.



7- El ejército en la Revolución Cultural fue un oasis de orden en el caos

El papel del ejército chino en la Revolución Cultural es poco claro, aunque se cree que la institución probablemente contribuyó a que el número de muertos en ella fuera menor del que podría haber sido. Para empezar, aunque muchos soldados chinos eran de la misma edad que los guardias rojos, no caló en ellos la filosofía de rebelión sin causa que Mao predicó en el 66: seguramente el hecho de que muchos de los soldados fueran gente humilde del campo, y no estudiantes universitarios, les inmunizó contra la propaganda política. Por otra parte, era difícil que triunfara el espíritu de desorden e indisciplina en una institución tan jerarquizada como el ejército.


Por esas razones, pero también por la desconfianza de muchos líderes militares a las ideas de Mao, la Revolución Cultural no contagió apenas al ejército, y eso fue providencial, porque eran millones de jóvenes armados que podrían haber arrasado el país. Su labor en la Revolución Cultural fue, pasados los primeros dos años de mayor caos, intentar recuperar el orden, casi siempre de forma relativamente pacífica, sin pegar tiros. Hubo incluso momentos en los que al ejército se lo vio demasiado pacífico, como en los primeros meses de la rebelión, cuando optó por no usar la violencia cuando los guardias rojos asaltaron varios cuarteles para robar armas. En realidad, la Revolución Cultural sirvió para que los chinos de los 60 y 70 mejoraran su imagen del ejército chino, lo consideraran un reducto de orden y cordura en aquellos años de caos. Por eso, porque los soldados chinos estaban muy bien vistos en esas épocas, fue por lo que en 1989 sorprendió y entristeció a mucha gente en el país su uso de la violencia contra los estudiantes de Tiananmen.



8- Durante la Revolución Cultural hubo extranjeros que permanecieron en China

Se suele considerar que durante ese periodo todo lo extranjero era susceptible de ser enemigo del maoísmo, y que cualquier guiri que pusiera los pies en Pekín o Shanghai sería inmediatamente linchado. Pero no fue así completamente: incluso en los peores años de la revolución, 1966 y 1967, hubo una comunidad de extranjeros viviendo en el Hotel de la Amistad de Pekín, el alojamiento para los foráneos que eran contratados por el Gobierno chino (el mismo sitio donde yo viví entre 2001 y 2003).

Aunque las universidades y los guardias rojos estaban muy cerca de allí, el lugar fue bastante respetado y en él no entraron los revolucionarios a "limpiar". Y eso que desde el punto de vista de un guardia rojo el sitio era un símbolo de la URSS (el hotel se había construido primero para alojar ingenieros rusos que ayudaron a China en los 50), un país que en aquel entonces era considerado por Mao como el máximo enemigo de la patria, incluso peor que EEUU. En el Hotel de la Amistad no vivían entonces rusos, que con la muerte de Stalin -amigo de Mao- y la llegada del desestalinizador Krushev se habían convertido en enemigos de China, pero sí había muchos representantes del mundo no alineado: africanos, árabes, latinoamericanos... En su mayoría trabajaban como profesores, traductores o correctores de medios oficiales chinos.


Sidney Rittenberg, histórico maoísta, da un mitin en Tiananmen durante la Revolución Cultural
(lo que no le libraría de ser uno de los extranjeros purgados).




9- Nadie sabe cómo sobrevivió Zhou Enlai

Uno de los grandes enigmas de la Revolución Cultural es el papel de Zhou Enlai, primer ministro de China desde la fundación de la República Popular en 1949 hasta su muerte en enero de 1976, pocos meses antes de que falleciera también Mao y con ello se pusiera fin a la misma Revolución Cultural. Zhou fue uno de los pocos grandes líderes moderados que no fue purgado, pese a que se opuso a las purgas contra Deng Xiaoping y Liu Shaoqi, con los que coincidía en estilo e ideas, y pese a que se mostró en contra de muchas de las tropelías de los guardias rojos (de esta época es famosa, por ejemplo, su intervención para detener a los jóvenes exaltados e impedirles que destruyeran el Palacio Potala de Lhasa).

La percepción general es la de que Zhou vio la locura que le rodeaba e intentó sobrevivir: en ocasiones daba la razón a Mao como quién se la da a un loco, pero en otras intentaba convencerle de que abandonara sus ideas más peregrinas, como cuando al Gran Timonel le entró en la cabeza que Pekín debía cambiar su nombre por el de "Este Rojo", en honor a la canción que entonces se había convertido en símbolo del maoísmo e himno nacional oficioso. También impidió, en el mismo sentido, que los leones de la plaza de Tiananmen fueran sustituidos por dos estatuas de Mao.


Zhou Enlai camuflado de guardia rojo, con brazalete y todo.



10- La Revolución Cultural no es tan tabú para la censura china como otros hechos históricos recientes

No es cierto, como a veces se dice, que no se pueda hablar públicamente en la China actual de la Revolución Cultural. Ello sí ocurre con otros puntos negros de la historia de la República Popular, como el Gran Salto Adelante o la matanza de Tiananmen, pero con la Revolución Cultural el opaco régimen chino tiene una relación distinta. Para empezar, está oficialmente reconocido que fue una época de caos y nefasta para el país: así se dice en muchas noticias de la agencia Xinhua, cuando sale el tema (que tampoco es que sea a diario, todo hay que decirlo). No olvidemos que la Revolución Cultural fue juzgada y condenada, en el famoso proceso a la Banda de los Cuatro, aunque está claro que ese juicio tuvo mucho de show y que en él se decidió castigar sólo a cuatro mandamases dejando fuera a muchos otros con similar responsabilidad. E intentando pasar de puntillas por la labor del principal culpable, que fue Mao (ya llevaba cinco años muerto cuando se celebró el juicio, en todo caso).

En el juicio, se leyó durante horas una larga lista de crímenes cometidos, desde torturas a palizas públicas, y se habló hasta de una cifra oficial de muertes (34.375). La cifra es probablemente una pequeñísima parte del total de muertos en la década del caos (los más críticos del régimen chino hablan de hasta tres millones), pero conociendo las dificultades de China a la hora de contar números negativos para su imagen, es toda una sorpresa.

La Revolución Cultural es tema de novelas y películas contemporáneas chinas que pueden leerse y verse en el país: por ejemplo, "Coming Home", una de las últimas películas que ha rodado Zhang Yimou, en la que se cuenta la herida incurable que en la mente de una mujer (interpretada por Gong Li) dejaron las persecuciones y las torturas.



En el fondo, esto se explica porque para el régimen chino actual es bueno hasta cierto punto que se recuerde la Revolución Cultural, porque ellos se presentan como el orden frente al desorden y la anarquía que podrían traer movimientos idealistas. No es de extrañar que de vez en cuando algún político chino, para criticar algo que no le conviene al régimen, nombre abiertamente la bicha y diga: "No queremos que vuelva a haber una Revolución Cultural". Por una vez, estoy de acuerdo con ellos.


ACTUALIZACIÓN (horas después): South China Morning Post ha hecho en el día del aniversario un fantástico reportaje multimedia que recuerda al que hizo para los 25 años de Tiananmen. Echadle un vistazo si queréis ahondar más en el tema, es fascinante.

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