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06. Comer y beber en China


Servicio a oficilio

14 de Mayo, 2016, 0:01

No pude evitar el otro día echar una lagrimita cuando me enteré de que Pizza Buona, un restaurante italiano que hay en la misma calle donde está mi oficina, se mudaba de allí para ir a un lugar más pijillo. Pizza Buona llevaba la friolera de 15 años, más o menos lo que yo llevo en Pekín, en la calle de mi oficina, algo que para un restaurante de comida occidental -y casi que china también- es una proeza increíble en una ciudad donde muchos negocios son proyectos de pocos años y donde los caseros son ladrones abusivos amparados en la falta de protección legal para los inquilinos. Vamos, que a nada que tu restaurante tenga éxito, te van a cuadruplicar el alquiler.


El restaurante, ya cerrado y con cartelito de "nos mudamos".
Arriba, ya lo veis: "Desde 2001", como yo.



Con la marcha de Pizza Buona se va el poco de glamour que había en la pequeña callejuela por la que se entra a mi oficina, una calle que pese a ser posiblemente la que más he recorrido en mi vida, aún no sé como se llama. En esa misma calle teníamos hace años también un hotel boutique muy mono y de ventanas multicolores, el Hotel G -al que le dediqué un añejo post cuando empezaba a andar- pero hace tiempo que cerró, y con él la hamburguesería y el restaurante de comida japonesa que había en sus bajos, y que tantas veces visité.


Ahí a la derecha está el edificio morado del antiguo Hotel G,
que como veis ya está un poco descascarillado.



Pero ay, las leyes de mercado son las que son, y la veleidad de los consumidores ni te cuento... En mi oficina, por ejemplo, durante unos años Pizza Buona era nuestro sustento, les llamábamos a diario para que trajeran ensaladas o pasta -la dieta casi universal de la oficina desde que tengo recuerdo- pero un día llegó alguien con un menú de Annie's, la cadena de restaurantes italianos más popular en Pekín, y abandonamos de inmediato Pizza Buona. Mis actuales compañeros, que llegaron en la época Annie's, creo que ni se habían percatado de la existencia de Pizza Buona cerca de nuestro curro.


De todos modos, el reinado Annie's no fue para siempre, porque hace cosa de dos años alguien llegó con un menú de otro restaurante italiano, Scott's Family, y ahora los pedidos a éste son los que imperan, porque los platos son un poco más baratos y porque nos regalan pan de pizza. Algún nostálgico alguna vez pide Annie's, pero si de verdad quisieran volver a los orígenes, tendrían que haber echado mano de Pizza Buona. Quizá así no se hubieran mudado a otra calle más hipster.

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Coreanos, os entiendo

12 de Febrero, 2016, 0:01

Me gusta de vez en cuando leer blogs de países vecinos al chino: para Japón, consulto un clásico entre clásicos, Kirai. De Rusia me encanta Crónicas Rusas (que pena que no sea muy prolífico) y para Corea del Sur me dirijo a Paella de Kimchi. En este último el post que quizá me ha impresionado más fue el que hace unos meses nos contaba que todos los surcoreanos se habían vuelto locos por comer y comprar unas nuevas patatas fritas con sabor a miel y mantequilla, las Honey Butter Chip. Hacían colas kilométricas en las tiendas, recorrían toda la ciudad para buscarlas porque en muchos establecimientos estaban agotadísimas, las revendían en internet, ¡incluso hubo sitios donde tuvieron que prohibir comprar a los clientes más de una o dos por persona! Me pareció fascinante la locura que puede despertar algo tan banal como una bolsa de patatas, y más en una época en el que los sabores de las patatas fritas se han multiplicado hasta ser ahora... no sé, ¿millones?


Coreanos con las patatas de la locura.


Bien, pues el artículo me fascinó, pero me olvidé de él hasta que un día, paseando a mi perra por Pekín, paré en un colmado de cerca de mi casa y por entretenerme un poco compré una bolsa de patatas, sin reparar mucho en su sabor. Me llamó más la atención en esos primeros momentos su aspecto ondulado (pero con unas ondas más grandes de lo normal en las patatas), y como siempre he sido un fan de las papas onduladas, me las compré para pasar el rato.


Apreciad su belleza natural, y de paso la de mi dedo pulgar.



Seguíamos mi perra y yo paseando, abrí la bolsa y pensé... "¡joder, qué buenas están estas patatas!". No había probado unas tan sabrosas en la vida. Eran dulces y cremosas, sabores que no se le ocurriría a uno en principio que se adaptaran bien a una patata frita, pero que resulta que sí lo hacen. Tanto me gustaron que repetí la compra durante algún paseo perruno más en los días siguientes.

Aún tardé unos días -a la segunda o la tercera bolsa- en descubrir que las patatas eran de mantequilla y miel (pensé al principio que eran de queso). Y me costó dos o tres bolsas más recordar el artículo de Paella de Kimchi sobre la locura que un producto igual había despertado en la vecina Corea.


El nombre de las patatas también es encantador:
Para decir "onda" en vez de usar la palabra adecuada en mandarín (bo, 波)
usan el carácter chino para cóncavo (ao, 凹) y el que se usa para convexo (tu, 凸).
Más literario, digamos.


No me consta que en China este tipo de patatas fritas que tanto me ha enganchado a mí haya causado el mismo frenesí que en Corea del Sur, pero a título individual puedo decir que están deliciosas y que en cierta manera entiendo a los surcoreanos. Por lo demás, les aseguro, señores, que estando en la India no me ha entrado el mono de patatas con mantequilla y miel, que puedo dejarlas cuando quiera... sólo déjenme tomar la última.

ACTUALIZACIÓN (17-3-2016): En el Seven Eleven que hay cerca de mi oficina pequinesa he descubierto que venden unas patatas con mantequilla y miel coreanas, pero su sabor me ha parecido decepcionante (y además creo que estaban un poco pasadas). En todo caso, creo que no son exactamente las que desataron la locura en Corea del Sur.


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Alguien me lo contó

11 de Agosto, 2015, 0:01

Ha ocurrido algo extremadamente importante este verano en Pekín, al menos para mí: a las fruterías han llegado por fin los melocotones amarillos. Mirad estos que he agenciado esta semana, qué preciosos que son.



Os lo prometo, antes no había melocotones amarillos (o rojigualdos). Por lo que me ha dicho una amiga china, en el país este tipo de fruta se suele utilizar casi íntegramente para las latas en almíbar, por lo que era muy difícil, si no imposible, encontrarlos en los mercados.

También he leído googleando por allí que en el sur de China, que son algo más amigos de lo dulce, sí se pueden ver más, pero en la austera Pekín y otras zonas del norte, el melocotón mayoritario, el que he tenido que sufrir todos estos largos años, es uno blanco y rosa que, viniendo como vengo de una España de frutas sin igual, da pena, muchísima pena:



Ya lo comenté hace un tiempo, en un post en el que hablaba de las cosas que más echaba de menos de España estando en China: los melocotones eran uno de los puntos primordiales de aquella relación (de hecho, ocupó el primer lugar).

Los pobres chinos han tenido que sufrir estos melocotones tan insulsos creo que durante toda su historia, como se puede advertir en muchas pinturas tradicionales chinas, donde el melocotón (símbolo de buena fortuna) es muy usado en las acuarelas, pero nunca es como el español. Es un melocotón blancuzco, sonrosado e insaboro.



En fin, afortunadamente las cosas parece que están cambiando y ya van llegando los melocotones de verdad. Para un taoísta como yo (perdonen el chiste malo, pero melocotón en chino se dice "tao", y es mi fruta preferida con el permiso del durián) esto es de importancia primordial para poder alcanzar una calidad de vida mínimamente aceptable.

Aunque los melocotones amarillos han llegado, y espero que para quedarse, lo han hecho con unas extrañas cicatrices. Todos los de la frutería de mi barrio, sin excepción, tienen una abolladura, sólo una, en su centro.



¿Qué significará? ¿Los recogen a golpes de taco de billar? ¿Quieren que no sean perfectos para que sus primos los melocotones blancos y rosados sigan manteniendo su injusta dictadura? Esperemos que no influya en una segura popularización, y que dentro de poco los taos amarillos sean tan apreciados que les pueda enseñar a los chinos el postre aragonés por antonomasia, que es el melocotón con vino.

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Artículos anteriores en 06. Comer y beber en China




Este blog -sorpresas te da la vida- recibió el premio Blasillo de Huesca 2006 al ingenio español en Internet

Y como no hay uno sin dos, fue galardonado poco después con el Premio 20 Blogs 2006 al mejor blog expatriado

Y agárrate bien a la silla, porque más de un lustro después, llegó el Premio BOBs 2012 al mejor blog en español




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