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04. Historia
de China


10 cosas que quizá no sabes
sobre la II Guerra Mundial
(en el frente chino)

3 de Septiembre, 2015, 0:01


Hoy, 2 de septiembre, se cumplen 70 años de la rendición japonesa en la II Guerra Mundial, firmada a bordo del acorazado USS Missouri. China lo celebrará mañana con un desfile militar, de la misma forma que en 1945 lo celebró al día siguiente de que se firmara la paz, quizá porque la noticia llegó tarde.


MacArthur firma por parte estadounidense.

Independientemente de las connotaciones políticas de esta celebración, que me parecen exageradas (¿Europa puede recordar sus victorias bélicas y China, que sufrió más que muchos de esos países europeos, no?), esta efeméride es un buen momento para echar un vistazo a una parte de la Segunda Guerra Mundial que los occidentales apenas conocemos, y que fue tan dura o a veces más que la vivida en los frentes europeos: la guerra entre China y los invasores japoneses. Por eso el titular de arriba, y también porque el año pasado uno similar sobre la matanza de Tiananmen tuvo cierto éxito (tanto, que al día siguiente me lo plagió flagrantemente un diario chileno. Yo también tomó muchos datos de hoy de la Wikipedia, así que tampoco me voy a enfadar.

1- China y Japón se tenían ya muchas ganas antes de que estallara la guerra

En el siglo XIX, una Japón con siglos de influencias culturales, religiosas y artísticas venidas de China, pero que siempre se distanció políticamente de ésta, se modernizó al estilo occidental, en la llamada Era Meiji, y empezó a ver a China -ya debilitada por invasiones europeas, emperadores incompetentes, gobiernos corruptos, etc- como un abuelo achacoso al que podía comerle la merienda. Consecuencia de esta forma de pensar fue la guerra chino-japonesa de 1894-95, en la que los japoneses ganaron con claridad a los chinos.

A consecuencia de esta victoria, Japón se apropió de Taiwán, de la península Coreana, y logró en China importantes concesiones comerciales, por ejemplo en Manchuria (noreste del país), donde consiguió la administración del tren regional.

En septiembre de 1931, los japoneses hicieron como los americanos con el Maine en 1898: pusieron una bomba en un tren de los que ellos gestionaban, acusaron a China de ese atentado, y con esa excusa -que os sonará mucho si habéis leído el Loto Azul- invadieron toda Manchuria, creando un falso reino llamado Manchukuo en el que el rey era el Último Emperador Pu Yi (que, de hecho, era de etnia manchú).


China protestó ante la Sociedad de Naciones por esta tramposa invasión, y en ese organismo (antecesor de la ONU) encontró el apoyo de países como España, pero al final la comunidad internacional se lavó las manos y pasó del asunto. En fin, que en 1937, cuando estalló oficialmente la guerra entre chinos y japoneses, los dos llevaban ya casi medio siglo muy enfrentados.

2- Casi un tercio de los muertos en la Segunda Guerra Mundial fueron chinos

De los 60 o 70 millones de personas que murieron en el mayor conflicto vivido por la humanidad, entre 20 y 25 millones fueron chinos. Sólo la URSS, con 27 millones de víctimas, perdió más gente en esa guerra, mientras que EEUU, Italia o Reino Unido contaron unas 400.000 víctimas, y Francia unas 600.000. Muchas de las víctimas chinas fallecieron en bombardeos expresamente centrados en atacar población civil, aunque también hubo fallecidos por epidemias o inundaciones causadas por la mano del hombre, o víctimas de malos tratos en minas o fábricas donde se les esclavizó.


3- Las alianzas fueron confusas al principio: China llegó a estar en guerra con la Unión Soviética, o a tener apoyo de Alemania

La guerra entre China y Japón comenzó oficialmente en julio de 1937, más de dos años antes de que el conflicto estallara en Europa, así que en aquel entonces los bandos no estaban tan claramente delimitados como los que más tarde conocimos con el nombre de Eje y Aliados. Por ejemplo: la República de China de Chiang Kai-shek, que aún no era comunista, llegó a tener alguna ayuda de la Alemania nazi, y así por ejemplo algunas de las tropas chinas de la época habían sido entrenadas por oficiales alemanes. Chiang Kai-shek, no lo olvidemos, se hacía llamar Generalissimo, como Mussolini y Franco, y a veces tenía ciertos ramalazos protofascistas que, en todo caso, creo que nunca fueron tan funestos como en Alemania, Italia o España. Sin embargo, cuando Alemania entró en conflicto abierto con otros países europeos, pensó que era mejor tener como aliada a Japón, con un ejército más moderno, que a una China decadente, débil y dividida, así que se decantó por apoyar a los nipones, aunque ese apoyo simplemente se materializara en acabar con su ayuda a China.


En cuanto a la Unión Soviética, en 1937 estalló una guerra en Xinjiang, la aún hoy muy conflictiva región musulmana del noroeste chino, porque grupos uigures querían fundar allí una república bolchevique independiente (ironías de la vida, los uigures quisieron ser comunistas antes que el resto de los chinos). La República de China se oponía a ello, claro, mientras que la URSS veía esa revuelta como una buena excusa para aumentar su influencia en Asia Central, y apoyó a los revolucionarios. Tropas soviéticas llegaron a invadir Xinjiang y bombardearon localidades de la zona, pero la guerra se quedó en un conflicto corto e inacabado cuando tanto a los chinos como a los soviéticos les llegaron poco después peores problemas.

4- Japón mató a civiles chinos, pero China también mató a civiles japoneses (muchos menos, eso sí)

Es claro como el agua que en la guerra chino-japonesa el invasor fue Japón y el invadido fue China, así que las agresiones a civiles fueron sobre todo obra del ejército nipón. Pero sería falso decir que no se tocó un pelo a civiles japoneses. Por ejemplo, en julio de 1937, poco después del Incidente de Marco Polo que propició el comienzo de la guerra (el intercambio de disparos entre tropas chinas y japonesas en el puente de ese nombre que hay a las afueras de Pekín) hubo una revuelta antijaponesa en Tongzhou, en las afueras de Pekín, en la que soldados chinos mataron a ciudadanos japoneses que vivían allí desde hacía tiempo, porque era una concesión diplomática establecida por los nipones hacía décadas. De manera parecida, cuando entre agosto y noviembre de 1937 el ejército chino intentó conquistar la concesión japonesa de Shanghái, en la que vivían 30.000 japoneses que no eran soldados, también hubo bombardeos a viviendas y fallecidos que no pertenecían al ejército.


Bombardeo chino cerca del Hotel Palace de Shanghai.

5- Es más, China también mató a muchos civiles chinos

Más allá de daños colaterales y fuego amigo, creo que China nunca debería olvidar que el ejército de Chiang Kai-shek, cuya principal estrategia contra los japoneses era huir de ellos para ganar tiempo, decidió en 1938 romper cientos de diques en el río Amarillo para causar inundaciones en su enorme cuenca e impedir el avance al interior del país de las tropas japonesas que acababan de conquistar Nankín, la capital china. En esas inundaciones provocadas se calcula que murieron entre 500.000 y 700.000 personas, una cifra incluso mayor que las víctimas de la famosa y no por ello menos horrorosa masacre de Nankín (300.000 muertos).


Los comunistas, entonces una fuerza pequeña (aunque creciente, y al final de la guerra ya comparable al ejército del Kuomintang) no perpetraron en esos años tamañas barbaridades, pero sí que se reportaron casos en los que sus guerrillas utilizaron duros métodos, a veces hasta ejecuciones, para convencer a campesinos a que se unieran a sus batallones. Esto ocurría sobre todo en zonas donde ya había resistencias antijaponesas pero no eran comunistas.

6- Murieron muchísimos más soldados nacionalistas (del Kuomintang) que comunistas

En la China actual, la comunista, se ha extendido durante décadas la idea de que fueron las guerrillas de Mao las que tuvieron que aguantar contra Japón, porque Chiang Kai-shek fue un cobarde que no quiso luchar contra los japoneses, que huía de ellos, y que estaba más obsesionado con matar comunistas chinos que invasores japoneses (famosa es su frase "la invasión japonesa es una enfermedad de la piel, pero el comunismo es una enfermedad del corazón). Ya hemos visto en el epígrafe anterior que el Generalissimo Chiang tuvo métodos de lucha más que discutibles, y es cierto que muchas veces evitó la confrontación directa porque se sabía más débil que los japoneses, pero no es cierto que no plantara cara a Japón. La Batalla de Shanghái, que duró cuatro meses, fue una prueba de ello, o los intentos de defender Nankín o las ofensivas en años posteriores, en las que llegó a obtener importantes victorias bélicas incluso antes de que el conflicto se internacionalizara y China dejara de estar sola frente a Japón.


Oficiales del Kuomintang.


Entretanto, los comunistas, en el norte de China, se centraron en la guerra de guerrillas, cuyo principal efecto no fue otro que el de recordar constantemente a los japoneses que su dominio en la zona ocupada nunca estaría consolidado, lo que les sacó de quicio y posiblemente fue una de las causas de que fueran tan crueles con la población civil, por su creciente paranoia al pensar que todos estaban en contra de ellos. Sólo en los últimos años de la guerra los comunistas libraron batallas abiertas de verdad. También hay que decir que a principios de la guerra había muchos menos comunistas que nacionalistas, aunque con el paso de los años de conflicto los segundos fueron ganando muchísimos adeptos.

Esta forma diferente de aproximarse a la guerra se tradujo en el hecho de que el número de soldados fallecidos fuera mucho menor en las filas comunistas que en las del Kuomintang, es decir, en el ejército oficial de la entonces República de China: los maoístas perdieron unos 40.000 hombres en combate, y los subordinados de Chiang Kai-shek más de un millón.

7- Japón usó armas bacteriológicas contra China

La Alemania nazi pudo ser cruel en cuestiones como la existencia de campos de exterminio, pero al menos se puede decir en su favor que no hay constancia de que utilizara armas bacteriológicas contra ejércitos ni poblaciones aliadas. En cambio, Japón si lo hizo, y es más, podría decirse que fue el inventor de este tipo de ataques. Por ejemplo, en 1940 bombardeó la ciudad de Ningbo, un puerto en la costa este de China, con pulgas inoculadas con peste bubónica. Estos bombardeos tuvieron gran "éxito" y causaron gravísimas epidemias.

Para probar estas armas bacteriológicas, además, creó un laboratorio en el noreste de China, la tristemente famosa Unidad 731 (en las afueras de Harbin) donde se cometieron algunas de las mayores atrocidades de la guerra. Allí, antes incluso de que China y Japón entraran en guerra, se usaron miles de humanos, principalmente campesinos chinos (incluidos embarazadas y niños) como cobayas para probar el efecto de enfermedades, la resistencia del cuerpo al frío, los efectos en el cuerpo de nuevas armas como el lanzallamas... Los prisioneros eran atados a la intemperie en invierno para que se congelaran, se lanzaban granadas contra ellos para ver cómo quedaba el cuerpo tras la explosión, o se les inoculaban virus y se les viviseccionaba para ver cómo avanzaba la enfermedad en el cuerpo (se pensaba que aún vivos los efectos se veían mejor que si se les practicaban autopsias después de morir). El laboratorio quería desarrollar armas bacteriológicas, pero también buscar curas contra plagas que había entre las tropas japonesas, como la sífilis o la gonorrea (debido a las muchas violaciones) o fortalecer la salud de los soldados nipones al frío de cara a preparar una invasión japonesa de Siberia (por eso lo de congelar a gente a la fuerza).


También terrible es que los responsables de la Unidad 731, como el Doctor Mengele en Auschwitz, nunca fueron castigados. No porque escaparan, como hizo el enloquecido médico alemán, sino porque EEUU, tras detenerlos, les ofreció el perdón ¡a cambio de que entregaran toda la información sobre sus experimentos al ejército norteamericano! Y así EEUU también desarrollo su propio programa de armas bacteriológicas, entiendo que sin practicar los mismos crímenes de la humanidad, pero usando datos obtenidos de las aberraciones japonesas.

8- Durante la guerra, la colección de arte imperial viajó tanto como la del Museo del Prado durante la Guerra Civil Española

Si sois españoles, sabréis, u os sonará, que en la Guerra Civil española la enorme colección del Museo del Prado pasó muchas vicisitudes y estuvo al borde de perderse. Muchas de sus obras fueron evacuadas y viajaron a Valencia, luego a Cataluña, después acabaron en Ginebra (Suiza), al final regresaron a Madrid... Un jaleo, vamos.

Pues algo parecido pasó durante la guerra con Japón con la mayor colección de arte de China, que no es otra que la que los emperadores chinos tenían en la Ciudad Prohibida. Pero estas obras aún dieron más tumbos que las españolas: ya en 1933, cuando Japón acababa de conquistar Manchuria, Chiang Kai-shek ordenó llevar la colección imperial de Pekín a Shanghái. En 1936 se transportó a Nankín, entonces capital nacional. Cuando los japoneses comenzaron a vanzar hacia esa ciudad, se decidió llevar al centro del país, donde estaba guarecido el gobierno del Kuomintang, y las colecciones se guardaron en localidades como Leshan o Anshun. Después regresó a Nankín. Por último, cuando en la guerra civil entre comunistas y Kuomintang (1945-49) los segundos vieron que tenían la batalla perdida, se llevaron las mejores obras de la colección en barco a Taiwán, la isla donde se refugiaron. En Taiwán sigue gobernando el Kuomintang, y en su capital, Taipei, aún se exhibe esa colección, en el museo de la siguiente foto.


9- En China a la Segunda Guerra Mundial no se la llama Segunda Guerra Mundial


Como sabrán bien los que vivan en China, porque estos días nos están metiendo el concepto con calzador y hasta en la sopa, al conflicto vivido entre 1937 y 1945 lo llaman Guerra de Resistencia Contra Japón (航日战争). Para los chinos, esa guerra no tuvo mucho de internacional o mundial, al menos en su territorio: fuera de ayudas en forma de entrenamiento de soldados o comercio de armas o provisiones, no hubo mucho apoyo abierto de tropas de otros países.

Podrían contarse dos notables excepciones: la primera, los Tigres Voladores, un cuerpo de intrépidos pilotos estadounidenses que desde la India y Birmania volaban hasta China para entregar armas y otras ayudas a la resistencia china. En sus vuelos a veces tenían que hacer frente a los cañones o los kamikazes japoneses, y su ayuda comenzó incluso antes de que EEUU entrara formalmente en guerra contra Japón, tras el ataque de Pearl Harbour en 1941.


Tigres voladores, con sus famosas dentaduras.


La segunda excepción son las tropas soviéticas que con todo el pescado ya vendido, en agosto de 1945, entraron a China por el noreste del país para arrestar al ejército japonés que ocupaba China, el famoso e infame Ejército Kwantung.

China tuvo poca ayuda internacional, pero esa poca la recuerda mucho: los homenajes a soldados soviéticos y Tigres Voladores son muy frecuentes en este país, y no sólo en estos días de celebraciones (en los que el presidente chino ha condecorado a algunos rusos y estadounidenses de esa época que aún sobreviven, o a sus familiares).

10- El Auschwitz de los chinos pasó en Nankín

En Europa, el gran símbolo del horror de la guerra es el campo de exterminio de Auschwitz, y otros que hubo en el nazismo. Para los chinos, cumple esa función simbólica y catártica la llamada Matanza de Nankín, perpetrada por el ejército japonés en diciembre de 1937 y enero de 1938, y en la que murieron unas 300.000 personas, en su mayoría civiles o soldados chinos que se habían rendido ya.


Memorial en Nankín.


Los japoneses habían tomado la entonces capital china, pero por razones que incluso décadas después no se acaban de comprender (¿desespero porque la guerra se prolongaba más de lo que pensaban? ¿depresión colectiva?) emprendieron una campaña de asesinatos en masa y violaciones en la ciudad que se prolongó seis semanas. Había soldados que hacían concursos de a ver quién cortaba más cabezas, se ejecutaba públicamente, las mujeres eran asesinadas a bayonetazos después de ser forzadas... En ocasiones se obligó a los chinos a cometer esas violaciones, hasta cometiendo incestos (padres a sus hijas, hijos a sus madres) o entre monjes que habían hecho votos de castidad.

En esa matanza hubo extranjeros que salvaron miles de vidas de chinos, llevando a muchos de ellos en peligro de muerte a la zona diplomática, que pese al salvajismo del ejército japonés era bastante respetada. El más famoso fue el diplomático nazi John Rabe, que salvó a unos 200.000 chinos de la muerte, bastantes más que los 1.200 judíos que se calcula salvó el más famoso Oskar Schindler.

Con estos 10 puntos queda repasado aunque sea a vuelapluma un trozo del gran conflicto del siglo XX injustamente olvidado, quizá porque Hollywood siempre centró sus exitosas películas sobre aquella guerra en lo que más le convenía retratar, desde el Desembarco de Normandía a sus campañas en el Norte de África o en el Pacífico. Los chinos se quejan a menudo de ser los grandes olvidados en muchos asuntos -cuando no los marginados- y creo que al menos en lo que concierne a la II Guerra Mundial, en la que fueron uno de los pueblos que más sufrió, tienen más razón que un santo.


Logotipo del aniversario.


Por supuesto, todo esto no quita que ellos mismos pequen de olvidadizos en muchos otros hechos históricos posteriores igual de dramáticos, desde el Gran Salto Adelante a la Revolución Cultural o la Matanza de Tiananmen. Amnesias selectivas, que les llaman, pero en fin... los que puedan, que recuerden lo más posible de todos estos tristes sucesos, tanto el desarrollado en este post como los mencionados en este párrafo, porque quien no conoce su historia está condenado a repetirla (o al menos, condenado a que le citen de vez en cuando esta frase tan ranciofact).

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China expuesta

10 de Junio, 2015, 0:01

Desde el pasado mes de mayo se celebra en Milán la Exposición Universal 2015, sucesora de la de Shanghai 2010 y que esta vez tiene por tema principal la agricultura y la alimentación. La Expo empezó de forma muy accidentada, porque el día de su apertura muchos colectivos se manifestaron contra el despilfarro que según ellos supone en un país en crisis como es Italia. La batalla campal en Milán fue antológica, no se recordaba algo así en la ciudad desde que a Berlusconi le dieron allí mismo un catedralazo.

China participa en esta ocasión con un pabellón de aspecto bastante espectacular, con tejados ondulados que según los diseñadores quieren simbolizar el trigo mecido por el viento.


El tejado está hecho con pequeñas tiras de madera, lo que unido a su ondulación me recuerda bastante el original y rompedor pabellón de mimbre que España llevó a Shanghái 2010, y que gustó mucho en la expo universal china (cuyo tema fue la vida en las ciudades). No sé si es un homenaje, una copia, una inspiración, pero yo veo algo de herencia española (España, por cierto, ha sido un país tradicionalmente muy amante de estas fastuosas expos).

China vende su pabellón para Milán 2015 como el primero que ha sido realizado íntegramente por arquitectos chinos, ya que en anteriores exposiciones universales los chinos dependieron del país organizador para tener espacio expositor. Sin embargo, me choca esta afirmación, porque el pabellón de Shanghái 2010, por fuerza, lo diseñaron y construyeron chinos, quizá se refieran a que es la primera vez que lo hacen en el extranjero. El pabellón de 2010, por cierto, sigue en pie, ahora es un museo de arte moderno.


Podría pensarse que China es relativamente novata en esto de las exposiciones universales, ya que hasta 2010 no había organizado ninguna, pero no es así, incluso en muchas de las celebradas en el siglo XIX, en la época más dorada de estos eventos, también hubo pabellones chinos. A continuación os muestro algunas imágenes de esas participaciones:



Philadelphia 1876.


París 1878.


París 1889
(al fondo se ve la Torre Eiffel, también construida para aquella exposición).


París 1900.


Bruselas 1910.


Philadelphia 1926.


Knoxville 1982.


Sevilla 1992.
Durante muchas exposiciones de los 80 y 90
China recurrió a poner un típico arco chino en la puerta de su pabellón.
En Lisboa 1998 la entrada era prácticamente idéntica a la de Sevilla 92.


Hannover 2000.


Aichi 2005.


Zaragoza 2008.

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Adiós a un padre severo

23 de Marzo, 2015, 0:01

Hoy viajamos a Singapur, que diría un presentador televisivo, porque para ese país el día de hoy es uno de los más importantes de su relativamente corta Historia. El que era considerado padre de esa pequeña nación, Lee Kwan Yew, fallecía hoy a los 91 años de edad. Las webs informativas de la ciudad estado singapuresa se vestían todas de luto por este acontecimiento.










Lee Kwan Yew, como muchos singapureses, era de ascendencia china (su bisabuelo emigró desde Cantón en el siglo XIX), por lo que en este país desde el que os escribo también se ha recordado mucho hoy su figura. La televisión estatal CCTV ha dedicado gran parte de su canal informativo en inglés a recordar al personaje, y los líderes chinos han mandado nada menos que cinco mensajes de condolencias (uno del presidente, otro del primer ministro, otro del ministro de AAEE, otro del presidente del Legislativo y un quinto del viceprimer ministro para AAEE). Normalmente con un mensaje de condolencias China ya se da por satisfecha cuando hay que despedir a un líder extranjero, pero esta vez se ha multiplicado, una prueba de lo muy valorado que era Lee en China (al final del post explicaré por qué).

Lee es una figura muy singular, como singular es el país que dominó durante décadas. Para empezar, pese a ser ampliamente reconocido como el gran padre de la Singapur independiente, nunca fue un político nacionalista, es más, fue todo lo contrario: siempre se sintió a gusto con una Singapur que fuera parte de un país mayor, y cuando finalmente la ciudad se quedó sola, se adaptó a la circunstancia, como un padre que adopta a un niño huérfano. Mucho pragmatismo chino en sus venas, me parece a mí.

Así, cuando Singapur (que como sabréis es una isla en la puntita sur de la península de Malaca) era parte del Reino Unido, él era muy inglés: estudió en Cambridge, su lengua principal era la de Shakespeare, se llamaba Harry Lee... (aunque posteriormente preferiría usar su nombre tradicional chino). Después, cuando Singapur fue invadida por los japoneses, él estudió la lengua nipona y trabajó para los invasores como traductor, aunque también hay que decir que estuvo a punto de ser fusilado por ellos. Acabada la guerra, cuando Malasia se independizó de los británicos durante la descolonización de los años 50, él, que entonces ya era el principal líder local de Singapur, estaba convencido de que el futuro de la ciudad estaba dentro de la federación malasia. Singapur, de hecho, nunca se independizó de Malasia, sino que fue expulsada de ese país a raíz de problemas varios de tipo social y étnico, y uno de los momentos más famosos de la vida de Lee Kwan Yew es su llanto desconsolado cuando anunció a los singapureses por televisión que ya no eran parte de Malasia:



Recuperado de aquel disgusto, Lee Kwan Yew acabaría siendo primer ministro de Singapur durante 31 años, en los que consiguió que un país pobre, sin recursos naturales y superpoblado pasara en ese escaso periodo de tiempo de ser subdesarrollado a ser un dragón asiático y una de las naciones más ricas de Oriente, algo que según los historiadores ninguna nación del mundo ha conseguido en tan sólo una generación. Además, lo logró en un país étnicamente muy dividido entre chinos, malayos y tamiles hindúes, que hoy en día constituye un gran ejemplo mundial de convivencia y riqueza cultural, aunque todo sea dicho, los chinos son quienes dominan la política y la economía locales.

Pero Lee, como cualquier político, y más uno que lo ha sido durante tanto tiempo, tiene muchas páginas oscuras en su biografía. Lee construyó un Singapur próspero, estable, pero en absoluto democrático: su Partido para la Acción Popular ha tenido desde la creación del país la gran mayoría de los escaños en el parlamento (hasta los 80 los tuvo todos, y ahora aún conserva casi el 90 por ciento de las bancas). Sofocó cualquier intento de oposición a base de dinero y con la fuerza de los tribunales, y mostró tal apego al poder que en realidad nunca se retiró de él. En 1990, al dejar la jefatura de Gobierno, fue nombrado "ministro emérito", y en 2004, cuando su hijo Lee Hsien Loong también consiguió ser nombrado primer ministro, el padre asumió un cargo expresamente creado para él, el de "ministro mentor", que ocupó hasta su muerte. Lee Kwan Yew, por todo ello, se puede decir que ocupó puestos ministeriales durante más de medio siglo, lo que lo convierte en uno de los altos cargos más longevos de la historia reciente.

La Singapur edificada por Lee es un país atareado, moderno y limpio como una patena, donde los rascacielos conviven con bellos barrios ajardinados y donde la pobreza de otros países del sureste asiático parece lejana, pero es también un régimen fuertemente autoritario donde el código penal todavía completa los estacazos como castigo (él era un gran defensor del castigo corporal al estilo de los colegios ingleses), los chicles están prohibidos o la familia Lee concentra buena parte del poder político y el económico (sus hijos controlan las empresas de telecomunicaciones, la importante financiera Temasek, la aviación civil...). Eso sí, ha conseguido que la comunidad internacional apenas se acuerde de ello, aunque quizá juega a su favor que sea un país relativamente pequeño, o que tiene una nada desdeñable parte de las riendas financieras mundiales.

Por todo ello, por lo bueno y por lo malo, Singapur es desde hace 30 años el lugar al que los líderes comunistas de China miran con atención para intentar copiar su éxito de país con dinero y sin libertad, aunque la enorme diferencia de tamaño entre los dos países dificulte mucho ese proyecto. No lo dicen abiertamente, pero una meritocracia desarrollista a la singapuresa -sea real o no la que tiene la ciudad estado- es el gran sueño de los comunistas chinos desde los tiempos de Deng Xiaoping, y por eso no es de extrañar que hoy los líderes del gigante asiático se hayan deshecho en elogios hacia Lee. Aunque durante la Segunda Guerra Mundial ayudara a los japoneses como intérprete, o aunque en años posteriores rompiera relaciones con los comunistas singapureses, que en un principio formaban parte del mismo partido que él pero acabaron siendo echados por sorpresa de la formación. A cambio, Lee fue un gran defensor y promotor de la reunificación entre China y Taiwán, y promovió en Singapur la enseñanza del chino mandarín, hasta el punto de que en ese país se habla un chino más estándar que el de Pekín o Taipei.

Puede incluso que Lee diera a los chinos la idea de la famosa política del hijo único, porque antes de que China la implantara en los años 70, en Singapur él estableció en los 60 la política de los "dos hijos únicos", en la que a las familias se les animaba a esterilizarse tras tener la parejita.

¿Buen o mal político? Cada uno que se lleve la conclusión que quiera. En todo caso, un importantísimo personaje para Singapur, y quizá para los chinos en general. Nixon dijo de él que si hubiera nacido en un país más grande sería una figura histórica de la talla de Churchill, pero tanto Nixon como Churchill -again, políticos- tampoco eran santos para ser puestos en peanas. En fin, que descanse en paz.

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Los líderes y los líderes primero

10 de Diciembre, 2014, 0:01

El 8 de diciembre de 1994, en Karamay (una localidad de la región china de Xinjiang) se celebró una función especialmente dedicada a las autoridades locales en el Teatro de la Amistad, principal de la ciudad. Karamay, que significa "aceite negro" en uigur, se fundó en los años 50 para alojar a los miles de trabajadores que llegaron para trabajar en el gigantesco yacimiento de petróleo, el mayor de China, que se descubrió allí en esa época.


El teatro, que había sido construido en esos mismos años 50 con ayuda de los soviéticos.


Los mejores niños de la ciudad, seleccionados especialmente para la función, cantaban y bailaban melodías revolucionarias y tradicionales ante alcaldes, concejales, presidentes de las petroleras (en ocasiones todos estos cargos se solapaban) y responsables de educación. También había muchos niños y profesores en las butacas.

En el primer acto alguien olió a quemado, pero no se alarmó especialmente. Empezado ya el segundo acto, comenzaron a caer chispas del aire: algunos pensaban que era confetti, pero se trataba de las brasas de un incendio que rápidamente se extendió a todo el recinto y lo destruyó por completo. 325 personas murieron, casi la mitad de las que estaban allí, entre ellas 288 niños de entre seis y 14 años (el resto de los fallecidos eran en su mayoría sus profesores). La mayoría de los líderes, en cambio, salieron ilesos, y eso que al encontrarse en la primera fila de las butacas, eran los más alejados de la entrada (las salidas de emergencia estaban todas cerradas con candado). Muchos de los supervivientes aseguraron que, a la hora de evacuar, se oyó a los profesores pedir a sus alumnos que se quedaran sentados y les gritaron:

"¡Dejad salir a los líderes primero!"

El pasado lunes se cumplió el vigésimo aniversario de este triste suceso. Por supuesto, no hubo ninguna mención, que yo sepa al menos, en los medios de comunicación chinos, y en la ciudad no hubo homenajes públicos. El incendio avergüenza al régimen y por ello está condenado al olvido forzado, igual que otros sucesos más famosos al menos fuera de China, como la matanza de Tiananmen, las hambrunas provocadas por la mala planificación económica del Gran Salto Adelante o los linchamientos públicos de la Revolución Cultural.

Ha habido incendios con más víctimas que el de Karamay. Los cines y teatros en el siglo XX eran lugares muy peligrosos, por la falta de ventilación y lo fácilmente inflamables que eran los rollos de película. Buena parte de los peores incendios de edificios en la historia han sido en esos recintos para espectáculos. Pero el caso de Karamay tiene alrededor un toque de infamia, injusticia y horror especial. La frase "dejad salir a los líderes primero" fue usada en los 90 en toda China como lema velado de protesta, para simbolizar la poca importancia que el régimen comunista chino daba a los problemas del pueblo.


Concentraciones de los familiares de las víctimas poco después del incendio.


Otras graves negligencias y decisiones canallas rodearon el incendio de Karamay:

-Cuando se declaró el fuego, se ordenó bajar el telón, para que el público no viera las llamas, lo que retrasó la evacuación hasta que ya era demasiado tarde, comenzaron las estampidas por pánico y aumentaron así las víctimas mortales.

-El teatro de Karamay había tenido un pequeño incendio antes del ocurrido el 8 de diciembre de 1994, pero a pesar de ello no se habían tomado las necesarias medidas de seguridad, y tras una renovación que había habido ese mismo año, el recinto aún era más cerrado y claustrofóbico que antes (habían puesto barrotes en las ventanas, por ejemplo). En el momento del incendio, nueve de las 10 entradas al lugar estaban cerradas con llave.

-Apenas horas después del desastre, las autoridades ordenaron a los padres de los niños fallecidos que llevaran los cadáveres a las unidades de trabajo de cada uno, con el único fin de que no estuvieran todos juntos y la prensa no pudiera hacer una foto de todas las víctimas a la vez, para que así quedara en parte minimizada la catástrofe.

-Las autoridades impusieron, pese a que muchos padres no lo querían, el título de "mártires" a los niños, lo que hace que en sus lápidas aparezcan referencias al gobierno local y al régimen comunista que los progenitores, dadas las circunstancias del suceso, aborrecen con toda su alma. Además, aquello fue un acto de vacía propaganda, porque si en China te otorgan el título de mártir tras tu muerte, tus familiares tienen derecho a una pensión y unos beneficios especiales que los padres de los niños nunca recibieron.

Las negligencias, maltratos y desprecios apenas se saldaron con unas pocas condenas, la mayor de cinco años de prisión, para cinco funcionarios locales, entre ellos alguno de los que se había salvado en la elitista evacuación.

En el año 2010, un osado director chino llamado Xu Xin realizó un largo documental sobre aquel suceso, llamado sencillamente "Karamay", y que os enlazo al final del post, por si lo queréis ver (ni que decir tiene, en China está prohibido). 


No es fácil de ver, primero porque dura nada menos que seis horas, y segundo porque es extremadamente duro: en gran parte son entrevistas con cámara doméstica a padres de niños que murieron en el incendio, quienes más de una década después aún recuerdan el suceso con rabia, lágrimas y mucho dolor, como si hubiera sido ayer. También hay imágenes de archivo, algunas terribles, de la entrada de los líderes al teatro, de los primeros minutos de la función, del chapucero rescate de cadáveres, del cruel hacinamiento de cuerpos en el hospital, de los funerales. Duele verlas, pero a la vez sorprende que existan tantas imágenes de todo aquello, en una época en la que aún no había cámaras digitales y se supone que la censura era aún mayor que la de ahora (o no, vaya usted a saber)...

No es fácil de ver "Karamay", decía, pero si uno se prepara anímicamente para ello y hace de tripas corazón, vale la pena y mucho, es uno de los mejores documentales que jamás se han hecho en China. Los protagonistas abren su corazón de par en par, cuentan lo que realmente piensan, sin miedo a castigos de las autoridades o a ser políticamente incorrectos. Una madre, por ejemplo, confiesa cómo participó en una paliza que le dio junto a otros padres de víctimas a una funcionaria de los juzgados locales, por decirles que merecían lo que les había pasado. Otra dice que la policía les dispersaba cuando hacían sentadas de protesta por el trato recibido, pero que los mismos agentes les aseguraban que estaban con ellos, que sólo obedecían las órdenas de mala gana. Otra opina que el gobierno comunista chino es un gran engaño, pero a la vez admite que delante de su segunda hija dice otra cosa para que ella pueda tener una vida futura mejor. En sus testimonios veréis la forma de ser de los chinos ante la adversidad y la injusticia, las contradicciones de su sociedad y su política, aprenderéis más que con mil noticias o películas del país, os lo aseguro. Es extremadamente duro de ver, pero es la China de verdad.






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El canadiense inmortal en China
y olvidado en España

26 de Noviembre, 2014, 0:01

Estos días, en la Universidad de Comunicaciones de Pekín, hay una entrañable exposición dedicada a un muy interesante personaje, el médico canadiense Norman Bethune (Bai Qiu En para los chinos), de cuya muerte se cumplieron 75 años el pasado 12 de noviembre. Este hombre fue médico de campaña en la Guerra Civil Española, en el año 1936, y poco después en la China invadida por los japoneses, entre 1937 y 1939, año en que murió.


Catálogo de la exposición,
organizada por la Junta de Andalucía



De firmes ideas izquierdistas, en España ayudó con sus cuidados médicos, primero en Madrid y luego en Málaga, al bando que acabaría perdiendo, a la República, mientras que en China estuvo en el lado de los a la postre ganadores, los comunistas de Mao. Ello explica el hecho de que en España sea un personaje bastante olvidado (aunque en Andalucía se le recuerda un poco más, y la exposición es prueba de ello), mientras que en China, donde está enterrado, se le considera un héroe de guerra y durante el periodo maoísta era sin duda el extranjero más famoso y popular de todos los que habían visitado China, por encima incluso de Marco Polo.


Cuadro de un encuentro de Bethune con Mao



Sellos chinos y de Canadá en su honor


Moneda conmemorativa del 60 aniversario de la llegada de Bethune a China, acuñada en 1998


Monumento en su honor en Shijiazhuang, donde está enterrado.
Fue una de las pocas estatuas erigidas a extranjeros en la China maoísta






Posters, libros y comics de estética de aquella época,
todo a mayor gloria del galeno canadiense



Pese a toda esta fama en el país asiático, mucha gente de aquí no sabe que su querido Bethune estuvo en la guerra española antes de ir a la china, por lo que la muestra les va a dar también una nueva perspectiva.

La exposición es además curiosa porque debe ser una de las primeras ocasiones en las que los chinos verán imágenes de la Guerra Civil española, una contienda que se sufría casi al mismo tiempo en el que China tenía también su ración de drama debido a la invasión japonesa. Son dos conflictos que pese a la lejanía tuvieron sus similitudes, en los dos influyeron el fascismo y el comunismo, y en ambos casos el resto del mundo se tapó los ojos, lo que al final fue malo para todos, porque ello acabó sembrando la semilla de la Segunda Guerra Mundial. China y España fueron el prólogo de la peor guerra de la Historia, vamos.


Mural en homenaje a Bethune, obra de Avrom Yanovsky


En esta foto de la exposición Bethune inaugura un hospital en China, y a su lado hay un cartel republicano
de la Guerra Civil española, que Bethune se había llevado como recuerdo



En lo que a Bethune se refiere, la exposición cuenta con bastante detalle, pero sin abrumar, la biografía del médico canadiense, basándose en las fotos y en sus escritos. Una de las cosas que más puede llamar la atención es el hecho de que decidiera, con casi 50 años ya a sus espaldas, irse a ayudar en guerras muy alejadas de su Canadá querido.


Así era el Bethune previo a las guerras,
un cirujano jefe montado en el dólar (canadiense),
con buena vida y mejor prestigio...


En todo caso, Bethune ya era antes de embarcarse en esas guerras un militante del Partido Comunista de Canadá, que había conocido la URSS en una conferencia médica y al que le había gustado cómo estaba montada en la entonces joven república bolchevique la sanidad. El canadiense (que de joven fue camillero en la Primera Guerra Mundial) pensaba que la Medicina de su tiempo estaba al servicio de los ricos, y que debía cambiarse el sistema para que llegara a todos. Es algo que intentó aplicar en España y China, pese a las dificultades y la falta de medios. En la Guerra Civil española, además, montó el primer servicio móvil de donación de sangre, para los soldados caídos en el frente.


En Madrid, con una de esas ambulancias


En China, donde estuvo dos años, un poco más que en España, su labor en este sentido fue muy elogiada por los comunistas. Bethune además murió en acto de servicio, mientras operaba, ya que en una de las intervenciones, que tenía que hacer sin guantes debido a la precariedad de medios, se cortó un dedo, se infectó con la herida de un soldado y falleció por la gangrena. En la exposición se reproducen escritos de sus últimos días, en los que él mismo contaba lo que le había pasado y lo mal que se sentía.


Bethune trabajando en China


Vamos, que la muestra hace reflexionar en muchos sentidos: sobre China, España, sus similitudes y diferencias, lo que mueve a la gente a dejarlo todo por un ideal, la necesidad de una sanidad pública, etc. Si estáis en Pekín id a verla, y si no, pues a googlear para conocer más cosas del médico canadiense que se marchó a ayudar a Mao y a la República.


ACTUALIZACIÓN (unas horas después): Me avisan por Facebook que en Madrid también tenéis homenajes a Bethune estos días.

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Uniendo océanos con manos chinas

25 de Agosto, 2014, 0:01


Este mes se ha conmemorado el centenario de la inauguración del Canal de Panamá, una fascinante obra que EEUU construyó en 10 años, entre 1904 y 1914, para ahorrar a los barcos 7.000 kilómetros y tener que irse a la Patagonia, que siempre ha sonado como algo demasiado remoto. Los franceses habían intentado construir el canal décadas antes, después de su exitoso Canal de Suez, pero descubrieron que la selva no era tan fácil de horadar como el desierto, y cedieron la responsabilidad a los estadounidenses.

En el Canal de Panamá trabajaron decenas de miles de obreros de muchos países. Por supuesto, entre ellos había chinos, pero su importancia fue menor que en la de otras grandes obras que, sin ser tan famosas como el canal, "unieron" el Pacífico y el Atlántico ya antes, en el siglo XIX.

La primera de estas obras fue el Ferrocarril de Panamá, construido en 1855 -también por Estados Unidos- y que tiene prácticamente el mismo recorrido que después trazaría el canal, por lo que imagino que sería vital en la construcción de este último. Miles de obreros chinos fueron empleados en esta complicadísima obra, que, según dicen, causó más muertos que los 5.000 que hubo en la construcción del canal.

Muchos de los trabajadores -chinos y no chinos- que murieron en las obras del ferrocarril fueron pasto de enfermedades tropicales como la malaria, que entonces aún no se sabía que era transmitida por los mosquitos (en cambio, cuando se construyó el canal ya se sabía, lo que quizá permitió mejores medidas de prevención). Por otro lado, en los campamentos de trabajadores chinos también hubo otro gran factor para la mortalidad, bastante truculento: los suicidios de cientos de ellos.

Al parecer, muchos trabajadores chinos eran adictos al opio, lo que no se veía con muy buenos ojos, y se decidió cortarles el acceso a esta droga, lo cual a algunos les volvió básicamente locos. Relatos de los responsables de las obras en esa época cuentan espeluznantes testimonios sobre decenas de trabajadores chinos ahorcados unos junto a otros, o que habían pagado a trabajadores de otras comunidades -malayos, normalmente- para que les decapitaran. Estos trágicos sucesos ocurrieron especialmente cerca de una localidad panameña (bueno, colombiana entonces, que Panamá aún no se había independizado) llamada Matachín, y llegó a pensarse que el nombre venía por la de chinos que allí se mataron, aunque en realidad el topónimo era anterior y proviene seguramente del oficio de matarife de cerdos. Matachín ya no existe, pues medio siglo después quedó hundida bajo las aguas del embalse de Gatún, parte importante del canal de Panamá.

Poco después del Ferrocarril de Panamá, los trabajadores chinos fueron la principal mano de obra para la construcción del Ferrocarril Transcontinental, primero que unió la Costa Este (atlántica) y la Oeste (pacífica) de Estados Unidos, inaugurado en 1869. Muchos de estos trabajadores chinos, más de 20.000, huían de la miseria y de la guerra que China sufría entonces debido a la Rebelión Taiping, liderada por una secta cristiana cuyo líder decía ser el hermano menor de Jesús. Los chinos eran abnegados trabajadores, gente tranquila y, todo sea dicho, cobraban poco y eran fácilmente explotables, así que su mano de obra fue muy apreciada en este otro gran proyecto de infraestructura estadounidense.


Como veis, los chinos participaron en grandes proyectos de unir el Atlántico y el Pacífico en los siglos XIX y XX... Pero no parecen conformes con ello, pues en pleno siglo XXI quieren volver a hacerlo y no en uno, sino en dos proyectos más, y esta vez no sólo con mano de obra, sino aportando la empresa constructora y todo el capital.

El primero de estos grandes proyectos es el Canal de Nicaragua, que si todo va bien empezará a construirse en diciembre de este año y concluirá en 2019. El canal aprovecha la existencia del Lago Nicaragua, y ha sido adjudicado a una compañía privada hongkonesa. Con este nuevo canal, que para Panamá es una muy mala noticia, se quiere abaratar costes: que haya competencia, porque las tarifas para pasar el canal panameño son muy caras, y cada vez más, a medida que los barcos van siendo más y más grandes. Se paga según el peso de cada barco, lo que se suele traducir en decenas de miles de dólares por buque, a menos que seas Richard Halliburton.


El segundo proyecto, menos claro todavía pero que los chinos también quieren acometer, es una línea férrea entre la costa atlántica y la pacífica de Colombia, un país que de conseguir este proyecto también quitaría clientes a Panamá y se tomaría así una particular revancha (Panamá se independizó de Colombia con apoyo de EEUU, que así logró facilidades para construir el canal hace 100 años).

Por si todo esto fuera poco, también Guatemala está planeando, aunque en este caso sin participación china que se sepa, un "canal seco" que, por carretera y ferrocarril, también serviría para transportar mercancías de la costa pacífica a la atlántica. El istmo centroamericano se llena de grúas.

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10 cosas que quizá no sabes
sobre la Matanza de Tiananmen

4 de Junio, 2014, 0:01




Tal día como hoy de hace 25 años se produjo la Matanza de Tiananmen, un suceso con mayúsculas en la historia contemporánea mundial y que irónicamente en China, donde ocurrió, apenas es nombrado y es prácticamente desconocido por la mayoría de la población (y los que recuerdan algo se lo callan). Es un hecho asombroso, algo que es posiblemente único en el mundo: es como si España ocultara a propósito el 11-M, o EEUU los atentados de las Torres Gemelas.

Al vivir en Pekín, aunque no estuviera en la ciudad en la época de las protestas, cuando leo o veo fotos sobre lo que ocurrió hace un cuarto de siglo en calles y lugares por los que he pasado cientos de veces suelo sentir algo muy intenso, algo así como estar dentro de un mal sueño casi increíble. Lleva a pensar que muchos rincones de esta ciudad guardan muchos fantasmas, gente que murió allí y que el régimen quiere olvidar pero que seguramente serán recordados durante siglos.

No me gusta dedicar cada 4 de junio en este blog a conmemorar la masacre, porque haciendo eso se corre peligro de convertir la fecha en una rutina repetitiva, pero por lo menos creo que vale la pena hacerlo en fechas redondas. Ya escribí algo en 2009, a los 20 años de los sucesos, y ahora que se cumplen 25 volveré sobre el tema para contar algunos detalles alrededor de aquel hecho histórico que creo yo que no siembre se recuerdan lo suficiente, dando lugar a versiones de los acontecimientos algo erradas o demasiado simplificadas.

1- No era la primera vez que la plaza de Tiananmen se usaba para protestar

La plaza de Tiananmen, en el centro de Pekín, junto a la Ciudad Prohibida, el Gran Palacio del Pueblo y otros edificios históricos y de renombre está tan cargada de simbolismo, tiene tal electricidad, que muchas generaciones de chinos la usaron para reivindicar cosas en el siglo XX. El 4 de mayo de 1919, por ejemplo, fue escenario de grandes protestas que para muchos marcaron el inicio de la China moderna y sembraron la semilla del posterior comunismo. En la Revolución Cultural, millones de Guardias Rojos hicieron sentadas en la plaza, como harían los estudiantes de 1989. En 1976, tras morir el entonces primer ministro Zhou Enlai, sus partidarios se concentraron en Tiananmen y criticaron los excesos de la mencionada Revolución Cultural, en los últimos meses de vida del Gran Timonel. En 1986 también hubo protestas en Tiananmen, un adelanto de las que habría tres años después.


1919


Revolución Cultural (años 60)



1976


Esta tradición de usar Tiananmen para pedir cosas, un poco como en la Puerta del Sol de Madrid o en otras plazas del mundo, se cortó de cuajo en 1989, ya no ha vuelto a permitirse, aunque algunos de forma individual lo hayan intentado a pequeña escala.


2 - Los manifestantes que comenzaron las protestas de 1989 no pedían en un principio el fin del régimen comunista


El movimiento de protesta de 1989 empezó casi casi siendo un asunto interno del Partido Comunista: al morir el 15 de abril Hu Yaobang, ex secretario general del partido que había mostrado simpatía por los participantes de las protestas de 1986, estudiantes de universidades muy politizadas de la ciudad (es decir, con fuerte adoctrinación comunista), como la Universidad de Pekín o la Universidad de Tsinghua, decidieron ir al centro de la ciudad para recordar a Hu, a quien veían como un reformista político frente al conservadurismo de Deng Xiaoping o de Li Peng.


Hu aparece en el retrato con crespones negros,
tradicional costumbre en los funerales de Asia



En los primeros días de concentraciones, aún en abril, se exigía el fin de la rampante corrupción o la instauración de la libertad de prensa, cosas que hoy en día siguen pidiendo muchos chinos comunistas pero no del todo contentos con la cerrazón de su Gobierno. También se quejaban mucho de la fuerte inflación que entonces había en China, y que estaba aumentando la desigualdad social.

Sólo cuando la protesta fue creciendo y empezó a ser atacada abiertamente por el régimen, a medida que iba avanzando el mes de mayo, fue cuando algunos de los manifestantes se radicalizaron y empezaron a pedir el fin del comunismo. Algunas facciones, sin embargo, siguieron siendo moderadas hasta el final. En realidad, el movimiento de protesta se volvió en las últimas semanas muy heterogéneo, tanto que ya no había manera de negociar con él, cada corrillo de Tiananmen pedía algo diferente.


3 - No sólo hubo protestas en Pekín, y éstas no terminaron abruptamente el 4 de junio

Cientos de ciudades del país acabaron uniéndose al movimiento, también comunidades chinas en otros países, y por supuesto Hong Kong, donde había mucho miedo porque la ex colonia ya sabía que iba a regresar a soberanía china en 1997 (tras el fracaso de las protestas, hubo muchos hongkoneses que emigraron a Canadá y otros lugares del planeta).

Y tras la masacre de la noche del 3 al 4 de junio, en algunas urbes de China hubo concentraciones de condena, hasta dos o tres días después, aunque los gobiernos locales las fueron reprimiendo. Mención especial merece el caso de Shanghai, ciudad que entonces estaba gobernada por Jiang Zemin: Jiang habló con los manifestantes y les dijo que en parte comprendía su actitud rebelde, hasta dijo que él a su edad también había sido muy activista. Sin embargo, mientras aparentaba simpatía por el movimiento, ordenó que los medios locales criticaran a los estudiantes y preparó amplios dispositivos policiales que lograron acabar, con menos violencia que en Pekín, con las protestas. Su éxito en acabar de forma relativamente pacífica con el movimiento en Shanghai, demostrando además que tenía unas maneras de gobernar un tanto maquiavélicas, lo auparían muy poco después a la presidencia de China.


Protesta ante el gobierno local de Shanghái


4 - No sólo hubo estudiantes en el movimiento de protesta


Aunque se habla mucho de los estudiantes de Tiananmen, lo cierto es que probablemente fueron muchos más los obreros de factorías los que participaron en protestas, huelgas y revueltas, tanto en Pekín como en otras ciudades. Incluso hubo policías y soldados que, en las primeras semanas, se unieron a los estudiantes, o expresaron públicamente su negativa a usar la fuerza contra los manifestantes.


Tras la represión del 4 de junio, se dice que el régimen fue especialmente duro con los obreros que se habían unido al movimiento: mientras muchos estudiantes no fueron condenados a prisión (algunos eran menores de edad), sí hubo muchos trabajadores que sufrieron largas sentencias de cárcel, torturas y seguramente ejecuciones.


5 - Un periódico, un viaje a Corea del Norte y una visita de Gorbachov jugaron un papel decisivo en el devenir de los acontecimientos

Las protestas de Tiananmen pudieron en parte florecer en abril de 1989 porque había sectores del Partido Comunista que estaban de acuerdo con lo que pedían los estudiantes. En concreto, las veía con buenos ojos Zhao Ziyang, entonces secretario general del Partido Comunista (Deng Xiaopeng estaba por encima de él, pero no ostentaba ningún cargo oficial). Zhao pensaba, como su antecesor Hu Yaobang, que la reforma económica emprendida en los 80 había sido muy buena, pero había traído efectos negativos no deseados como corrupción, desigualdad social e inflación. En cambio Li Peng, primer ministro entonces, no estaba de acuerdo con él, creía que las protestas desestabilizaban el régimen y apostaba por un castigo duro a los manifestantes. Li y Zhao simbolizaron las dos facciones que en el Partido causó el movimiento, con Deng en teoría "neutral", aunque en realidad estaba más inclinado a apoyar a Li.

En esas discusiones estaban cuando a Zhao le tocó hacer una visita oficial a Corea del Norte, que ya había sido organizada muchos meses atrás, antes de todo el lío. El entorno de Zhao recomendó a éste que no viajara con la que estaba cayendo, pero él no hizo caso y se fue a visitar a Kim Il-sung. Con él fuera de China, Li Peng y Deng aprovecharon para ordenar la publicación de un editorial en el Diario del Pueblo que por primera vez declaraba las protestas contrarrevolucionarias, subversivas y enemigas de la paz. Este editorial marcó un antes y un después en el movimiento de protesta: muchos estudiantes se sintieron traicionados y se radicalizaron, otros se declararon abiertamente anticomunistas, y mucha gente que al principio veía a los manifestantes como gente ingenua se unió a las protestas.

Días después otra visita oficial contribuiría a aumentar la tensión: la de Mijaíl Gorbachov a Pekín, a mediados de mayo. Sabedores que con Gorbachov llegarían muchos periodistas de todo el mundo, algunos estudiantes de Tiananmen iniciaron huelgas de hambre y su historia empezaba a salir en las portadas de los diarios internacionales.


Gorbi y Deng


La visita tenía que marcar una histórica reconciliación entre China y la URSS tras décadas de ruptura (y de hecho lo hizo) pero quedó eclipsada por las protestas, que obligaron, por ejemplo, a que la tradicional ceremonia de bienvenida se trasladara de la plaza de Tiananmen (fuera del Gran Palacio del Pueblo, donde se sigue haciendo hoy en día) al aeropuerto. Eso enfureció más al ala dura del régimen, pues le hizo "perder cara", y ya se sabe que eso en China son palabras mayores.


6 - Hubo reuniones entre los máximos líderes del Gobierno chino y los estudiantes

Se suele considerar que Li Peng fue el gran "malo" de la historia, el que defendió desde el principio el uso expeditivo de la fuerza contra lo que consideraba unos "alborotadores". Sin embargo, hay que reconocerle que se sentó, al menos un día, a hablar con ellos, aunque probablemente fuera para avisarles que en poco tiempo se iba a anunciar la ley marcial que autorizaría el uso de la fuerza contra los manifestantes.

Uno de los más famosos líderes estudiantiles, el uigur Wuer Kaixi, fue llevado desde la plaza, donde estaba concentrado y en huelga de hambre, al interior del Gran Palacio del Pueblo (iba sorprendentemente en pijama, quizá porque estaba bajo cuidado médico) y habló el 18 de mayo con Li, quien después pasaría a la historia con el apodo de "carnicero de Tiananmen".


El charcutero en traje Mao y Wuer Kaixi en pijama


Un día después, el 19 de mayo, Zhao Ziyang, con un megáfono, visitaría la plaza y pediría emocionado a los estudiantes que abandonaran la huelga de hambre. La foto es muy famosa porque es su último acto público como jefe del Partido Comunista, después sería purgado y puesto en arresto domiciliario hasta su muerte en 2005. Además, en la foto estaba también un entonces joven Wen Jiabao, que entonces era una especie de encargado de protocolo de los líderes comunistas y 15 años más tarde sería primer ministro chino. Su presencia en la foto, al lado del moderado Zhao, hace pensar que Wen también estaba secretamente a favor de algunas de las peticiones estudiantiles, aunque la verdad es que nunca lo ha dicho abiertamente, y no sufrió la misma purga que su jefe, aunque sí le costó unos años salir de puestos bajos en el escalafón comunista.


Wen es el de traje negro, a la derecha de Zhao y su megáfono


Apenas un día después, el 20 de mayo, se declaró la ley marcial, que marcaba el principio del fin del movimiento: el régimen había decidido el uso de fuerzas militares para acabar con ella.


7 - En los últimos días de las protestas, se erigió la Diosa de la Democracia y se unió a las huelgas el intelectual Liu Xiaobo

A finales de mayo y principios de junio, con la ley marcial ya establecida, y cuando ya se mascaba la tragedia, el gran canto del cisne de los estudiantes fue construir en Tiananmen una especie de réplica en cartón y yeso de la Estatua de la Libertad, que llamaron la Diosa de la Democracia. La estatua parecía mirar desafiante a Mao, cuyo retrato colgaba y cuelga en la puerta de la Ciudad Prohibida (la puerta de Tiananmen, que da nombre al resto de la plaza).



También fue en esos días cuando el escritor y profesor Liu Xiaobo, intelectual que había mostrado su simpatía hacia las protestas, fue a la plaza y se unió a los que hacían huelga de hambre. Años después, en 2008, volvería a pedir democratización en China. En 2009 era condenado a prisión por subversión, y en 2010 se le otorgaba el Nobel de la Paz.


8 - La mayoría de las muertes no fueron en la Plaza de Tiananmen


Aunque en Occidente se suele hablar de la Matanza de Tiananmen, expresión que de hecho he usado en el título del post (en China son más contenidos y prefieren hablar simplemente del "liu si", el "cuatro de junio"), lo cierto es que la mayoría de las muertes no fueron allí. El mayor derramamiento de sangre se produjo cuando los tanques y vehículos blindados, que llevaban semanas en las afueras de la ciudad esperando el asalto final, comenzaron a rodar por la Avenida Changan, la principal de Pekín, en dirección a la plaza. Simpatizantes del movimiento o simples vecinos intentaron convencer a esas columnas de tanques que no avanzaran hacia Tiananmen. Algunos lo hicieron por las buenas, gritando a los soldados, y otros por las malas, montando barricadas con vehículos o lanzando cócteles molotov. Fue entonces cuando el ejército chino empezó a disparar a civiles y a causar las primeras muertes. Las principales matanzas se produjeron en el oeste de Pekín, a kilómetros de la plaza de Tiananmen, en lugares que a los que vivís en esta ciudad os sonarán como paradas de la línea 1 de metro: Muxidi, Museo Militar, Nanlishilu, Xidan...


Justo es decir que también murieron soldados en estos enfrentamientos, pero por lo que dicen los cronistas no debieron ser más de media docena, frente a los cientos, quizá miles de civiles asesinados esa noche. La plaza tardó horas en ser desalojada, hubo forcejeos entre estudiantes y soldados, pero no hubo tanta violencia como en la avenida Changan, seguramente porque algunos de los que habían visto la masacre en esa calle fueron corriendo, con camisas manchadas de sangre, a avisar a los estudiantes en la plaza que tuvieran mucho cuidado, que los soldados estaban dispuestos a todo.


9 - Algunos líderes estudiantiles escaparon en "patera", en la llamada "Operación Pájaro Amarillo"


El más famoso líder de los estudiantes, Wang Dan, fue detenido y pasó años en prisión, pero otros destacados protagonistas de las protestas, como Wuer Kaixi o Chai Ling, sí lograron escapar, a través de una operación organizada por movimientos prodemocracia de Hong Kong, bautizada con el nombre en clave de "Pájaro Amarillo". Se tardó semanas, incluso meses, pero se pudo salvar a cientos de ellos de la cárcel y la tortura. En su mayoría viajaron lo más discretamente posible por carretera hasta la costa sur de China, donde montaron en barcazas cuyos dueños les cobraban verdaderas fortunas por llevarles (algunos de esos barqueros estaban envueltos en asuntos de contrabando y ligados a las mafias de Hong Kong). De esta manera llegaron a tierras hongkonesas, entonces aún bajo soberanía británica, desde donde emigraron a otros lugares (la mayoría a EEUU o a Taiwán).


10 - El famoso "Hombre del Tanque" no estaba exactamente impidiendo a los tanques que fueran a la plaza

La foto que muchas veces resume todo el movimiento de Tiananmen, tan famosa en todo el mundo como casi desconocida en China, es la del hombre que, con una bolsa en la mano, se atrevió a ponerse delante de una fila de tanques, pararlos durante unos minutos e incluso charlar quién sabe de qué con el conductor del primero de esos mortíferos vehículos.


Muchos piensan que la imagen simboliza la heroicidad de un hombre que intentó parar el avance de los tanques en Tiananmen, pero hay que decir que los tanques no estaban yendo hacia la plaza, sino que, por el contrario, estaban alejándose de ella, se iban para las afueras de la ciudad nuevamente (la foto se tomó el 5 de junio, un día después de la sangrienta represión). Fotos de ese momento con una perspectiva diferente así lo muestran:


Este plano abierto es espectacular, casi más que el primero, pero no aparece tanto en homenajes y recuerdos. Creo yo que es por lo que acabo de comentar, acaba un poco con el mito, aunque sea cual sea la dirección en la que iban los tanques el tío le echó muchos huevos al ponerse a apenas centímetros de una máquina de matar como ésas.

Con estos diez puntos lo dejo ya, creo que el histórico hecho ha quedado suficientemente repasado. Únicamente decir que, 25 años después, muchas de las cosas por las que protestaban los estudiantes, incluso los más moderados (la corrupción, el nepotismo...) siguen siendo el pan nuestro de cada día en China, y probablemente el fracaso de aquel movimiento contribuyó a que se enquistaran en el sistema durante las décadas venideras.

Además, la represión del movimiento acabó con algunas tendencias aperturistas que China había mostrado en los 80, sobre todo en lo que a separación de poderes se refiere. Antes de 1989 el jefe del ejército chino, el del Gobierno y el del Partido Comunista eran tres personas diferentes, pero a partir de la matanza todos los cargos fueron a parar a la misma persona, Jiang Zemin, y así sigue la cosa en la actualidad. Y no sólo fue malo para el régimen, sino también para la sociedad china, que perdio la fe en conseguir cosas en grupo y se volvió más indiviudalista, más materialista, más cínica.

Hace pensar, una vez más, qué podría haber pasado si las protestas hubieran triunfado, si ahora China podría ser un lugar mejor, menos corrupto, con más librepensadores y menos temeroso (temor del Gobierno por el pueblo, temor del pueblo por el Gobierno).




PD: Puede que tras tanto rollo no os queden ganas de leer más sobre el asunto, pero os recomiendo que, cuando estéis más descansados, le echéis un vistazo al espectacular monográfico que South China Morning Post le ha dedicado al aniversario. Borda la perfección. También es interesante un curioso proyecto interactivo que me han pasado vía Twitter, y que intenta ver las protestas de Tiananmen desde los dos lados opuestos, el oficial chino y el de los que apoyaron las protestas.

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Ya no sigo siendo el Rey

2 de Junio, 2014, 0:01

Tenía intención de dedicar hoy el blog al 25 aniversario de las protestas de Tiananmen y su triste final, pero esa efeméride se puede dejar para otro día, porque dimisiones de reyes españoles hay una cada dos siglos o así, de manera que hay que aprovechar el momentum.

La abdicación de Juan Carlos I, acontecimiento para la Historia, nos ha pillado en China de fiesta (hoy era el Día de los Barcos Dragón), lo que nos ha venido muy bien a todos los miembros, miembras y miembrillos de la comunidad española para seguir el acontecimiento con toda la intensidad merecida, es decir, tuiteando chistes de Peñafiel y vivas a la República, mandando memes y fotos graciosas del asunto por el móvil, o escuchando por internet la radio con intensidad nivel noche del 23-F. En casa hemos visto el mensaje en directo, con sensación de que nos encontrábamos ante un acontecimiento para el recuerdo.


Qué mejor día como el de hoy para recordar los viajes de Juan Carlos I por China, que han sido tres: en 1978 (uno de los primeros de su reinado), en 1995 y en 2007, acompañado en todos ellos por la reina Sofía (aunque ella vino sola en otra ocasión, en el año 2003).

El de 1978 formó parte de una gira que hoy me parece a mí que pocos harían... Juan Carlos primero pasó por Irán, donde se reunió con el Sha de Persia (al que le quedaban dos telediarios para ser derrocado), después por China, y finalmente por Irak.

Del viaje de 1978 lo que más se recuerda es que Deng Xiaoping regaló a los reyes españoles una pareja de pandas, macho y hembra. Ésta daría a luz, más tarde, en el zoo de Madrid, a Chu-Lin, el primer animal de esta especie que nacía en Europa.

De la visita de 1978 he encontrado, gracias a este foro dinástico, varias fotos curiosas, que os pongo a continuación:


Recibimiento en el aeropuerto de Pekín
(nótese la pancarta en español al fondo)


En la Gran Muralla, visita obligada


Reunión con Ye Jianying, presidente de la Asamblea Popular
(nótese el detalle de las escupideras a los pies del líder chino y de la reina)


En la entrada del Mausoleo de Mao en Tiananmen, tras dejar una ofrenda de flores
(ahora esto sólo lo hacen los líderes de países muy izquierdosos, tipo Evo Morales)


La reina come con palillos en el banquete de bienvenida


La reina es contratada para recolectar té
(esta foto igual es del viaje de 1995, porque el té es del sur
y en 1978 sólo estuvieron en el norte de China, en Pekín)



Junto a Deng Xiaoping


Del viaje de 1995, que incluía Pekín y Cantón, no he encontrado muchas fotos, porque tampoco es que haya buscado mucho, ya que prefiero hablar del encuentro que el Rey tuvo un año después en Madrid con el entonces presidente chino, Jiang Zemin, cuando éste visitó España. El líder chino rompió todos los protocolos existentes y se sacó un peine delante del monarca, cosa que, por lo visto, hacía muy a menudo en muchos actos protocolarios en China y el extranjeiro.



El detalle no gustó mucho a sectores monárquicos, y, por supuesto, menos aún al diario ABC, que al día siguiente dedicaba una columna de Jaime Capmany (uno de los columnistas más casposos de la historia del periodismo español, aunque eso sí, con fervientes seguidores) en el que éste llamaba a Jiang Zemin una y otra vez "el chinito".



El último viaje del Rey a China, en 2007, ya me pilló a mí en Pekín, y de hecho es la única vez en la vida en que he visto en persona a Juan Carlos. Fue en la inauguración en el Museo Nacional de Arte de China de una exposición de obras maestras del Museo del Prado.


Esta foto (y las dos siguientes) la hice yo, peleándome con seguratas y público.

Recuerdo de aquel acto, aparte de la malísima educación de los equipos de seguridad chinos y españoles (que pese a sus malos modos no impidieron cierto caos), que la reina tenía una misteriosa tirita en la pierna, tirita que el protocolo real pidió que por favor no fuera mostrada en las imágenes de prensa.


Además, en la inauguración todos estaban de pie menos la reina, que a los pocos minutos se sentó en una silla preparada para ella. No sé si es que se había intentado otra vez subir la Gran Muralla y se había caído, o qué había pasado...



La estrella de la muestra era "El Quitasol" de Goya,
que los curadores pensaron que gustaría mucho a los chinos
por aquello de que los paraguas y sombrillas son una cosa traída de China




En aquel viaje los Reyes, casi 20 años después, volvían a conseguir una pareja de pandas, aunque esta vez no regalados, sino alquilados, y la reina se hizo una foto con uno de ellos, una imagen que en años posteriores ha sido bastante motivo de chanza en la Revista El Jueves, que de vez en cuando exagera el perfil ecologista y amante de los animales de doña Sofía (en contraposición con su marido mataosos y elefantes).





En fin, ésta es la historia de Juan Carlos I, nuestro ex rey, en China, ahora a ver si Felipe VI nos visita (ya lo ha hecho como príncipe, de hecho él y Letizia inauguraron el Instituto Cervantes de Pekín).

PD: En los últimos meses de desprestigio de la institución monárquica, quizá ha ayudado a agrandar la bola de nieve mierda una foto que ha circulado de el Rey junto al famoso empresario Gao Ping, acusado de fraude y protagonista de la Operación Emperador.

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Paracel bien la guerra
hay que venir al sur

11 de Mayo, 2014, 0:01

Esta semana China y Vietnam han tenido una bronca bastante importante en aguas del Mar de China Meridional. Todo comenzó porque los chinos quieren explorar el lecho marino de una zona que ambos países se disputan, los alrededores de las islas Paracel (que los chinos llaman Xisha, "arena del oeste" y los vientamitas Hoang Sa, "arena amarilla"). Se cree que por allí existe una de las mayores reservas marinas de crudo del mundo, pero al ser una zona tan compleja (hay muchos países alrededor, y todos reclaman islas y aguas del lugar) nadie había podido o querido hacerlo hasta ahora.


Las Paracel (y de paso mostramos las Spratly, que también se las disputa todo quisqui).


China, sin embargo, considera que ya tiene la fuerza y la capacidad técnica necesarias para intentar esa exploración, por lo que ha llevado allí estos últimos días una gigantesca plataforma petrolífera que ha alarmado mucho a Vietnam. Los vietnamitas trataron de impedir la instalación de la planta, lo que fue respondido por buques chinos (no sé si militares o guardacostas) con manguerazos de agua que obligaron a los buques vietnamitas a irse con el rabo entre las piernas. En fin, un episodio más de un contencioso que cada año va ganando en intensidad.

El incidente se produce cuando se cumplen 40 años del suceso que dio a China su actual control de facto de las islas. El 19 de enero de 1974, China y Vietnam del Sur libraron la Batalla de las Islas Paracel, una escaramuza naval que se saldó con la muerte de 48 marineros survietnamitas y 18 chinos. Antes de esa batalla, el control del archipiélago se lo repartían a regañadientes China y Vietnam del Sur, pero tras la victoria china Pekín logró el control de todas las islas. Los chinos hasta hicieron una canción conmemorativa de aquella batalla... (Si os la ponéis, ojo a la vajilla de vuestra casa porque la cantante llega a notas agudas dignas de silbato para perros).




La actitud de Vietnam del Norte en aquel conflicto (Vietnam del Norte, por si conviene aclararlo, era la parte comunista de Vietnam, los charlies, los que acabarían ganando al Sur que apoyaba EEUU) fue algo ambigua: por una parte Vietnam del Sur era el enemigo principal y aquella batalla pudo contribuir a que un año después lograran la conquista definitiva de Saigón, pero China tampoco era un amigo del todo claro. Lo había sido en los 60, antes de que China y la URSS se distanciaran ideológicamente, pero en los 70 Vietnam del Norte era sobre todo amiga de Moscú, no de Pekín.


Mao y Ho Chi Minh en los 50, cuando todos los comunistas eran amiguetes.


Como consecuencia de la poca simpatía de Hanoi hacia Pekín, Vietnam del Norte no felicitó a China por su victoria, algo que llamó mucho la atención, y mostró así los inicios de lo que años más tarde sería una clara enemistad entre comunistas chinos y comunistas vietnamitas (enemistad que llevó a que ambos países tuvieran una pequeña guerra fronteriza en 1979, poco después de que los vietnamitas derrocaran al régimen prochino de Pol Pot en Camboya).

Vamos a ver si la actual cuestión de las Paracel acaba abriendo esas heridas setenteras, o si por lo contrario se llegan a soluciones negociadas. El contencioso es preocupante, pero China tiene tantos que cada semana tiene que ir cambiando la atención de uno a otro (Japón, Xinjiang, Paracel, Spratly, Tíbet, EEUU metiendo baza en todos ellos...) y al final, paradójicamente, tantos jaleos se acaban neutralizando mutuamente.

PD: No se sabe muy bien de dónde viene el nombre de las islas Paracel, que inventaron los portugueses (¿Placer?, ¿Paracelso?), pero lo que sí sé es que cuando oigo ese nombre me acuerdo del principio del estribillo de esta canción que en los 70 dio a conocer la gran Rafaela Carrá, en la que no sé si se refería al sur de Europa o al de Asia, y en la que decía que "donde no hay odio ni guerra el amor se convierte en rey", en clara sugerencia a chinos y survietnamitas para que dejaran de liarse a cañonazos.


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El enigma de Sanxingdui

20 de Abril, 2014, 0:01



¿Qué os parece la imagen con que abro el post? Es una enorme máscara de bronce, de unos tres metros de ancho y otros tantos de alto. ¿No os da un poco de yuyu? ¿Qué representan esos ojos saltones? ¿Y de qué estilo es? ¿Azteca, maya, africana, india...?

La escultura es china -tampoco era difícil de adivinar, estando en el blog en el que estamos- y ella, como muchas otras encontradas en el centro del país hace casi 30 años, forman parte de uno de los grandes misterios arqueológicos de este país asiático, por no decir del mundo entero. Pertenecen a la llamada cultura de Sanxingdui (que viene a significar "colina de las tres estrellas"), una civilización que se desarrolló en el centro de China (lo que hoy es la provincia de Sichuan) hace unos 3.000 o 4.000 años y de la que apenas se sabe nada.

No dejó escritos, ni se habla de ella en los anales de ninguna otra civilización. Sus restos arqueológicos muestran un arte muy original, muy diferente del de sus contemporáneos los Shang (los chinos del río Amarillo, antecesores de la civilización china propiamente dicha) y con unas figuras de ojos penetrantes que causan cierta inquietud (personalmente, me recuerdan a los totems de los indios norteamericanos, y también a alguna película de viajes espaciales de cuyo nombre no quiero acordarme).







Durante siglos, nadie en China supo de la existencia de Sanxingdui, era una civilización completamente enterrada por el tiempo. Sí se ha sabido durante milenios que la misma zona de Sichuan hubo un reino, el de los Shu, que fue conquistado por los Qin, quienes unificaron China hacia el 200 AC. Pero no se sabía mucho de qué había en Sichuan, zona remota y salvaje para los antiguos chinos, antes de los Shu.

Ello empezó a cambiar cuando en 1929 un campesino de Sichuan descubrió por casualidad unas piezas de jade extrañamente decoradas que enseguida llamaron la atención de los arqueólogos. Se hicieron muchas excavaciones en la zona, pero la falta de suerte y la inestabilidad política de China en las décadas siguientes dificultaron la búsqueda y no fue hasta 1986 cuando se hallaron dos tumbas repletas de objetos de la que sería bautizada como cultura de Sanxingdui. Algunos compararon la importancia del hallazgo con la que había tenido, unos años antes, el del famoso Ejército de Terracota.

Los restos de Sanxingdui cambiaron la forma de ver la Historia antigua de China. Por una parte, mostraron que en el Yangtsé, en el centro del país, habían florecido civilizaciones tan avanzadas en el arte y la metalurgia como las más famosas civilizaciones del Amarillo, el supuesto origen de la cultura china. Además, su evolución cultural era totalmente diferente, como prueba el aspecto de las estatuas. Pero ¿de dónde venían? ¿Cómo eran? ¿Que representaban esas figuras de ojos extraños? ¿Cómo desapareció su civilización? Nada de eso se sabe, Sanxingdui sigue siendo un misterio.

Un misterio para los historiadores, y algo casi desconocido para los chinos actuales, que apenas conocen la existencia de Sanxingdui ni apenas la han estudiado en sus libros de texto. Un museo perdido, en la ciudad sichuanesa de Guanghan, muestra las espectaculares obras antes mostradas en un escenario casi de ciencia ficción, pero que casi no visita nadie.





Pese al olvido popular, el enigma arqueológico de Sanxingdui, como no podía ser menos, ha estimulado las mentes más calenturientas, las ávidas de encontrar respuestas, aunque éstas sean poco otodoxas. Por supuesto, hay Ikerjimeneces de la vida que ven en las caras de Sanxingdui indicios de visitas extraterrestres en la antigua China (no creo yo que sea así, pero lo menciono). A algún bloguero español Sanxingdui le ha inspirado relatos con ilustraciones comiqueras. Ah, y se prepara el rodaje de una película que intentará abundar en una de las teorías sobre el origen y el final de la civilización. Un filme que, ojito, podría ser la primera coproducción cinematográfica chino-española de la historia.

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