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Fidel mandó a parar

27 de Noviembre, 2016, 0:01



El fin de semana nos ha traído la noticia de la muerte de Fidel Castro, uno de los grandes iconos del siglo XX. Estaba ya muy mayor y su final era tan esperado que Twitter lo "mató" una decena de veces en los últimos años, lo que no ha impedido que su fallecimiento de verdad, esta vez, haya traído grandes titulares: no es de extrañar, teniendo en cuenta que con él prácticamente muere el último gran personaje del pasado siglo, comparable en importancia -sin hacer otras comparaciones- a Kennedy, Mao, Gandhi, Hitler, Mandela o Franco, por poner ejemplos de todos los colores y gustos.

Castro fue el símbolo de la revolución, de la rebelión, contra un capitalismo y un colonialismo que en Suramérica han sido muy crueles, muchas veces por culpa de los Estados Unidos, un país que siempre criticó al dictador cubano pero no tuvo ningún problema en apoyar a sátrapas iguales o peores en Argentina, Chile, Uruguay, Nicaragua y otros lugares de la región. Olvidar esto, como hoy olvidan muchos, es un grave error. Como tampoco deberá olvidarse que la revolución de Castro y sus barbudos, que empezó en el buque Granma y siguió en Sierra Maestra, sustituyó una dictadura, la de Batista (que convirtió a Cuba en una especie de Las Vegas para los estadounidenses durante 11 años) por otro régimen igual de poco democrático, que dura ya más de medio siglo y debería abrirse a la democracia más temprano que tarde.

Muchos medios comentan hoy el presunto fracaso de las políticas económicas de Castro, aunque sobre esto siempre pesará la duda de si hubieran funcionado mejor sin el bloqueo de su gran vecino del norte, o si la Unión Soviética -que forzó a Cuba hacia un comunismo que al parecer Fidel no quería en un principio- no le hubiera hecho ser excesivamente dependiente de Moscú. También hay que tener en cuenta qué países no comunistas de Centroamérica y el Caribe tienen a veces los mismos problemas que los cubanos, aunque a veces leyendo la prensa española uno piense que los únicos que tienen penurias en el mundo latino sean los venezolanos y los cubanos.

Es obligado mencionar en este blog la relación que Castro tuvo con China, y que no siempre fue buena. Los cubanos siempre cuentan que Fidel usó un método original para establecer lazos diplomáticos con el régimen de Mao: en uno de sus primeros discursos públicos, pronunciado el 2 de septiembre de 1960 en la Plaza de la República en La Habana, mencionó entre otros temas la necesidad de acercarse a China y sugirió votar la apertura o no de relaciones con Pekín a mano alzada, que fuera el "pueblo" el encargado de decidirlo (por "pueblo" se refería a los asistentes al diiscurso). Entre gritos de entusiasmo, se acordó entonces la alianza con Pekín y, de paso, la ruptura con el régimen de Chiang Kai-shek, refugiado en Taiwán. En este enlace podéis leer el discurso de aquel día, y es una transcripción muy curiosa porque incluye los gritos de la muchedumbre.

Ese buen comienzo no continuó demasiado bien. Castro fue aumentando su dependencia de la Unión Soviética, casi porque no le quedaba más remedio debido al bloqueo económico estadounidense, en un momento en el que las relaciones de Moscú y Pekín se estaban deteriorando tanto que para Mao el gran enemigo dejó de ser el capitalismo y empezó a ser el "revisionismo" de Kruschev. Cuba quedó en la órbita soviética, lo que implicaba entonces darle la espalda a los chinos. A pesar de ello, el Che Guevara -más partidario de China que de la URSS, en contra de las ideas de la facción que encabezaba Raúl Castro, hermano de Fidel y hoy principal líder de Cuba- consiguió viajar a China en 1964, reunirse con Mao e intentar estrechar lazos, con poco éxito. En este otro enlace tenéis un extracto de la conversación mantenida entre el comandante y el Gran Timonel.


En 1966, Castro llegó a decir de Mao que estaba ya demasiado viejo y debía dar paso a otros líderes para el país (pocos meses después, Mao lanzó la Revolución Cultural, precisamente para combatir a los que pensaban lo mismo que Fidel dentro de China). Los 60 y 70 fueron tiempos de muy pocos contactos entre La Habana y Pekín. Hubo que esperar a la caída del Muro de Berlín, o mejor dicho, la de la Unión Soviética, para que Cuba realmente se acercara a China, en parte por necesidad, ya que en los 90 los cubanos vivieron sus peores tiempos de escasez, debido al derrumbe del corredor de ayuda económica Moscú-La Habana. Fue en estos tiempos cuando Fidel viajó por primera vez a China y empezó a reunirse con los líderes comunistas de este país (quienes, tras la retirada de Castro hace 10 años, le han seguido visitando cuando han ido a Cuba).





Los lazos diplomáticos cubano-chinos han sido en lo que va de siglo muy intensos, raro es el mes en que un líder chino no está de visita por Cuba o uno cubano por tierras chinas. Los cubanos fueron en las últimas décadas la comunidad más numerosa de hispanohablantes en ciudades chinas como Pekín, aunque creo que ahora los españoles les superamos, sobre todo desde que la crisis en nuestro país aumentó la emigración a éste y otros lugares.

Sin embargo, la relación cubano-china sigue estando dominada por cierto secretismo de aliados comunistas que no quieren que el resto se enteren de lo que traman, algo que recuerda a la relación que China tiene con Corea del Norte (en el sentido de que se cuentan muy pocos detalles, y de que muchas veces no se informa de las visitas oficiales hasta que terminan). El hecho de que China se haya abierto inmensamente más a la economía de mercado que Cuba ha limitado la cooperación económica bastante: los chinos tienen mucha más facilidad para invertir en otros países latinoamericanos, como Perú, Chile o hasta Venezuela, y además Cuba no es tan rica en materias primas como para atraer los intereses de Pekín. La relación ha sido más sentimental y simbólica que otra cosa, lo que no ha impedido que este fin de semana el presidente chino, Xi Jinping, haya expresado sus condolencias por la muerte de Fidel de forma algo más expresiva que en el caso del fallecimiento de otros líderes internacionales: esta vez ha dicho que Fidel "vivirá para siempre", y hasta se ha televisado su mensaje de condolencia, cosa muy poco frecuente en este país.

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10 cosas que quizá no sabes
sobre Mao Zedong

9 de Septiembre, 2016, 0:01



También puedes ver este vídeo aquí, en mi canal de YouTube.

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Hace 40 años de varias cosas

30 de Julio, 2016, 0:01

El pasado jueves se cumplieron 40 años del terremoto de Tangshan, el peor del siglo XX, en el que murieron unas 240.000 personas y esa ciudad quedó totalmente arrasada. No sólo por el primer gran seísmo, que fue a las 3 de la madrugada y pilló a casi todo el mundo durmiendo, sino en las tremendas réplicas que hubo en los días posteriores, que acabaron de pulverizar casas y calles.


El terremoto se produjo seis días antes de que yo naciera (yo también me encamino a esa cifra redonda que me hará cuarentón). El entonces jovencísimo diario El País del día en que nací abría, de hecho, con noticias inquietantes desde China (y un extraño titular).


Fue el primer y único día en el que El País -que también ha cumplido 40 años en 2016- abrió su portada con el terrible incidente: en jornadas anteriores no había habido demasiada información del terremoto, ni dentro ni fuera de China. El 30 de julio, eso sí, publicó en portada una foto con pie en la que ni siquiera se nombraba la ciudad afectada por el terremoto, y lo que se mostraba en la imagen eran pequineses acampados en la calle.


Muchos en esta ciudad pasaron días y días sin volver a sus casas, porque hubo cientos de réplicas que se sentían también con fuerza en la capital.Tangshan está bastante cerca de Pekín, como a dos o tres horas en automóvil, así que el terremoto de 8,2 grados se debió sentir muy fuertemente en la capital también.

En el 40 aniversario, la ciudad de Tangshan ha sido visitada por el presidente chino, Xi Jinping, quien homenajeó a las víctimas pero sobre todo se centró en destacar la reconstrucción de la urbe, de la que, quitando un memorial y un edificio que se ha dejado en ruinas como recuerdo, nadie diría que hace cuatro décadas quedó reducida a escombros.


Desgraciadamente, sabemos que este tipo de desastres naturales son periódicos y habrá más, seguramente en zonas pobres y poco preparadas, como lo era entonces China. Ojalá haya un día en el que cualquier ciudad del mundo esté totalmente blindada contra estas fuerzas telúricas.


Gigantesco muro en homenaje del terremoto, con los nombres de todas las víctimas.

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El Ikea ancestral

25 de Mayo, 2016, 0:01


El retrato que acaba de encabezar este post es una imagen recreada de Lu Ban, un artesano chino que vivió hace 2.500 años y que es una especie de dios protector de los carpinteros y los constructores de China. Se le atribuyen numerosos inventos, aunque el más conocido de todos son las cometas. De ahí que en Shandong, su provincia natal -donde cada año hay una convención de miles de cometas en la ciudad de Weifang- haya una estatua en su honor en la que parece volar cual hombre pájaro.



En recuerdo a esta especie de protector de los carpinteros chinos, allá por el siglo XV se tituló con el nombre de "Lu Ban Jing" ("Clásico de Lu Ban") un manual para carpinteros que recogía saberes de este gremio muy antiguos. El manual incluye una parte sobre cómo construir muebles y otra sobre cómo edificar casas, corrales y otros recintos en madera. No es el único tratado sobre cómo construir casas que hay en la China clásica, pero sí el único en el que se enseña a construir muebles.



Ese carácter único, unido a las muchas supersticiones que había en la antigua China, atribuyó a este manual un halo casi sagrado, o sin el casi. En torno a él había muchos rituales: en unas zonas de China, por ejemplo, el carpintero tenía que bañarse -cosa que ni él ni nadie debían hacer todos los días en épocas sin agua corriente-, quemar incienso y hacer un sacrificio antes de poder abrirlo tras comprarlo, porque si no decía la leyenda que no entendería una palabra de su interior. En otras partes del país, el librero que lo vendía, al entregárselo al comprador, no podía mirarle a la cara, por similares razones. Y también se decía que antes de consultar el libro el lector debía hacer una fechoría (aunque valía con una muy pequeña, por ejemplo romper una hierbecita, que es lo que los carpinteros solían hacer).

Sabiendo todo esto, no extrañará saber que el interior del libro no sólo contenía instrucciones técnicas sobre cómo serrar, clavar o encajar tablas, sino que también había una muy detallada serie de sortilegios que los carpinteros podían hacer para bendecir o maldecir una casa (el uso de esta magia era más común al construir grandes cosas, no tanto para una mesilla o una caseta de pájaros). Para hacer una casa en China, hacían falta carpinteros, un geomante (que sabía de feng shui y decía dónde y cuándo construir, cómo orientar, etc), y curiosamente tanto ellos como el cliente que necesitaba vivienda nueva contaban con sus propios libros para hacer magia y neutralizar las de los otros "rivales" en ese proceso de construcción. Como veis, las pesadillas a la hora de hacer reformas en el piso no son para nada algo contemporáneo.

PD: Estas y otras muchas cosas sobre carpinteria y construcción en la antigua China las podéis leer en el libro "Carpintería y Construcción en la China Imperial Tardía", del sinólogo Klaus Ruitenbeek. Se pueden leer los capítulos iniciales de este estudio (que incluye en su interior el mismo Lu Ban Jing, como se ve en la anterior ilustración de este post) en este enlace.

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En busca de Meng Fudi

21 de Mayo, 2016, 0:01

A modo de epílogo al anterior post sobre la Revolución Cultural (sobre todo para complementar a su punto octavo) os invito a ver el siguiente vídeo, un documental de dos hermanos argentinos que vivieron de niños en la China de los 60 y en 2013 vinieron a intentar recuperar la memoria de aquel tiempo. Con sencillez, saben llegar a cosas muy profundas y emotivas. Dura una horita, pero se os hará corta.



Cuando estuvieron rodando el documental en Pekín, charlé con ellos un par de veces y les hice una entrevista que para mí fue también muy emotiva, la recuerdo con intensidad. Aquí os enlazo lo que escribí de ellos.

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10 cosas que quizá no sabes
sobre la Revolución Cultural

16 de Mayo, 2016, 0:01



Hoy, 16 de mayo, se cumple medio siglo del inicio de la Revolución Cultural, un periodo que dejó imágenes icónicas -como las de aquellos guardias rojos reunidos en la plaza de Tiananmen con sus Libros Rojos de Mao- pero que también generó caos, muerte y terror, un terror especialmente estremecedor porque lo tenían los padres por sus hijos, los profesores por sus alumnos, o los vecinos entre sí. Intentaré aquí contar algunas cosas de aquella extraña revolución, y usaré nuevamente la fórmula de los 10 puntos que ya utilicé en aniversarios similares como el 25º de la matanza de Tiananmen, el 70º del fin de la guerra con Japón o el 10º del nacimiento de este blog (hecho sin duda tan trascendente o más que los anteriores). Empecemos, sin más dilación:

1- La Revolución Cultural comenzó con algo muy cultural: una ópera china

No todos los historiadores están de acuerdo con la fecha de inicio de la Revolución Cultural. Para muchos fue tal día como hoy de 1966 porque fue entonces cuando apareció un documento oficial -la Notificación del 16 de Mayo- en el que se decía que había contrarrevolucionarios y revisionistas en todas partes y había que acabar con ellos. Otros prefieren situarlo en el 8 de agosto de ese mismo año, porque fue cuando el Partido Comunista habló abiertamente de una "Revolución Cultural" y definió sus objetivos. También hay quien dice que comenzó el 25 de mayo, cuando una joven estudiante de la Universidad de Pekín, Nie Yuanzi, se atrevió a ser la primera en denunciar a sus profesores abiertamente en un dazibao (tablón de anuncios) del campus.

Sin embargo, antes que todo esto ocurriera, y como prólogo a la Revolución Cultural, un dramaturgo que además era teniente de alcalde de Pekín publicó en 1959 una ópera tradicional china, "La destitución de Hai Rui", que se estrenó en 1961 y Mao Zedong consideró como la primera prueba de que había enemigos suyos en el Partido Comunista y tenía que acabar con ellos. La obra, que cuenta la injusta destitución de un funcionario que había criticado a un mal emperador por matar de hambre a su pueblo, ocurría en pretéritas épocas, pero Mao pensó que era una crítica velada a su desastrosa labor en los años 50, donde sus programas de colectivización e industrialización del campo (el llamado Gran Salto Adelante) causaron una gran hambruna y millones de muertos.


Hai Rui, arquetipo de buen gobernante en la literatura china.




2- El primer enemigo que Mao se quería cargar era el alcalde de Pekín

El hecho de que el autor de la obra de teatro mencionada fuera teniente de alcalde de Pekín -Wu Han se llamaba- hizo que el ayuntamiento de Pekín se convirtiera en el primer gran objetivo de la Revolución Cultural, que Mao se inventó, hablando en plata, para destruir a sus principales enemigos en el Partido Comunista. El alcalde de Pekín en esa época, Peng Zhen, defendió a su número dos a capa y espada, sobre todo cuando Jiang Qing, la mujer de Mao, y Yao Wenyuan, jefe de propaganda de Shanghai (los dos serían parte de la famosa Banda de los Cuatro) escribieron una dura crítica contra su ópera. Peng, que tenía poder sobre el Diario del Pueblo, prohibió al principal periódico del régimen publicarla. Como veis, en un principio fue una pelea casi intelectual, literaria: Imaginaos lo que habría podido pasar si Salvador Sostres o Fernando Sánchez Dragó hubieran vivido o publicado en la China de los 60.


El alcalde Peng Zhen, en un acto de humillación pública.

En todo caso, aunque el ayuntamiento de Pekín fue el primer enemigo de Mao, los grandes objetivos del Gran Timonel, y contra los que seguramente inventó la Revolucón Cultural, eran Liu Shaoqi y Deng Xiaoping, los dos líderes que habían tomado las riendas del país después del fracaso del Gran Salto Adelante. Mao estaba casi jubilado, pero muy enrabietado por ver que Liu y Deng estaban gobernando mejor que él.



3- El origen de todo podría resumirse en "una cana al aire de Mao"

La Revolución Cultural no fue inicialmente popular, no salió espontáneamente de la gente, sino que fue ordenada desde arriba, y fue idea sobre todo de Mao. A primera vista resulta difícil entender por qué al líder de un país le puede apetecer que haya caos revolucionario en ese país, pero si nos ponemos un momento en la piel de Mao -sé que no es agradable, pero hagámoslo sólo un momento- quizá lo entendamos mejor.

El Gran Timonel tenía en los 60 ya más de 70 años, se encontraba en el otoño de su vida. En esa vida había tenido una juventud trepidante como líder comunista clandestino, después protagonizó 30 años de gloria militar -la Larga Marcha, la resistencia a Japón, la victoria contra el Kuomintang, la proeza de contener a Estados Unidos en Corea-, pero cuando llegó el tiempo de la paz y de gobernar, demostró ser un estadista nefasto y con ideas de bombero. Mao se daba cuenta de que no le quedaban muchos años de su vida, de que el último capítulo de su biografía iba a quedar muy feo comparado con los anteriores, y decidió que lo que a él le había hecho feliz era la guerra, el desorden, así que decidió inventar la idea de "revolución permanente" para tener lo que le gustaba.

Además, se apoyó en los jóvenes chinos, incluso menores de edad, para en cierto modo rejuvenecer él mismo: les espoleó a ellos, y esos chinos, que ya habían nacido después de las guerras pero habían oído hablar de las heroicidades del maoísmo en el frente, le siguieron para intentar revivir las hazañas bélicas de sus padres, aunque ahora no hubiera un enemigo o un invasor claro. Que la Revolución Cultural fue una especie de rebelión de Mao contra el destino, contra el envejecimiento que a todos nos llega, queda muy bien reflejado con su famoso chapuzón en el río Yangtsé, el 16 de julio de 1966, cuando la Revolución Cultural daba sus primeros pasos. El Gran Timonel quería demostrar con su baño que seguía hecho un chaval, y lo mismo quería mostrar arengando a jóvenes chinos a que se rebelaran contra todo.





4- El corazón de la Revolución Cultural fue la misma universidad donde años después nacerían las protestas de Tiananmen, y eso perjudicó al movimiento de 1989

La Universidad de Pekín, una de las más antiguas y prestigiosas del país, ha tenido una importancia decisiva en el siglo XX de China. Fueron sus estudiantes los que empezaron las protestas del 4 de mayo de 1919 -para muchos el germen del futuro auge del comunismo en el país-, los que comenzaron a manifestarse  en mayo de 1989 y pusieron en jaque ese mismo comunismo, y los que en 1966, casualmente también en mayo -la cercanía de los exámenes de junio debe estresar a los alumnos- comenzaron a vestirse de guardias rojos, a blandir libritos con los pensamientos de Mao y a insultar y golpear a sus profesores como muestra de rebeldía y a la vez de fidelidad al comunismo.


Este hecho, el de que los estudiantes de la Universidad de Pekín de 1966 comenzaron una revolución que sembró el caos durante años, puede ayudar a entender por qué dos décadas después, en 1989, los líderes chinos tuvieron tanto miedo a unos jovencitos que protestaban en Tiananmen: esos líderes pensaban -erróneamente, porque los modos de los chicos de 1989 eran más pacíficos que los usados 20 años antes- que podría tratarse de un revival de guardias rojos, y que el caos podría volver. Recordemos que entonces lideraba China Deng Xiaoping, una persona que habia sufrido no una sino dos purgas en la Revolución Cultural. Hasta cierto punto puede entenderse su miedo, quizá por tocar miedos de su pasado, a jóvenes estudiantes de la Universidad de Pekín protestando en un mes de mayo.



5- Las famosas reeducaciones en el campo fueron en cierto modo una excusa para salvar vidas

En 1967 y 1968 se cometieron los peores crímenes de la Revolución Cultural. Los guardias rojos, primero en Pekín pero luego en muchas otras ciudades donde se imitó la revuelta estudiantil, organizaron palizas públicas a "contrarrevolucionarios", torturaron, quemaron templos, iglesias, monasterios... Mucha gente moría en esos linchamientos, o pasaba una humillación tan grande -en una cultura donde "perder cara" públicamente es mucho peor que en Occidente- que acababa suicidándose. La gente, por miedo a los guardias rojos o porque se creía su revolución, intentaba hacerse el maoísta denunciando a sus vecinos, a sus parientes, a sus padres si hacía falta, acusándoles de revisionistas por tener libros en inglés o cualquier otra excusa. Los revolucionarios habían asaltado cuarteles del ejército y ya estaban armados, con lo que en algunas ciudades se convirtieron en auténticos escuadrones de la muerte y comenzó a haber verdaderas guerras civiles entre distintas facciones de ellos, discutiendo por ver cuál de ellos amaba más a Mao.

En resumen: la Revolución Cultural se les había ido de las manos. Por ello, en diciembre de 1968 se lanzó la campaña de reeducación en el campo, con la excusa oficial de que los guardias rojos llevaran la revolución a los pueblos de China, pero con la intención real de sacarlos de la ciudad, reducirlos a grupos más pequeños y aislarlos en lugares donde pudieran hacer menos daño. En este sentido, la reeducación en el campo fue algo positivo: a partir de 1968, la Revolución Cultural fue menos virulenta en grandes ciudades como Pekín, y por otro lado la llegada de estudiantes e intelectuales al medio rural llevó la cultura a zonas muy deprimidas y analfabetas del país. En la parte negativa, muchos de esos estudiantes e intelectuales pasaron hasta 10 años aislados en el campo, lo que paralizó la cultura del país, por no mencionar los muchos que murieron debido a la dura vida de las aldeas, con inviernos y hambrunas a los que no estaban acostumbrados.





6- Fue una revolución sin enemigo, lo que le dio un especial carácter surrealista

En sus arengas a los guardias rojos, o en las proclamas escritas, Mao y otros impulsores de la Revolución Cultural no daban instrucciones claras de contra quién debían revelarse los guardias rojos, cuáles eran esos enemigos "contrarrevolucionarios" o "revisionistas". Mao nunca dijo claramente que hubiera que cargarse a Deng Xiaoping o a Liu Shaoqi -quien murió en 1969, arrestado y tratado como un animal en prisión-, ni que había que quemar templos budistas: fueron los guardias rojos y otros seguidores de la revolución cultural quienes se fueron inventando enemigos.


La ausencia de órdenes claras trajo el caos: los guardias rojos se dividieron en facciones con desacuerdos sobre lo que había que destruir o combatir, y que a veces combatían entre ellas. Al no haber estándares, cualquier cosa podía interpretarse como enemiga de Mao, de China o de la revolución, hasta nimiedades como tener torcido el cuadro de Mao en casa. Esto no trajo sino paranoia colectiva, denuncias por doquier y una sensación de locura social que convirtió el movimiento en uno de los más inexplicables de la historia reciente del mundo, además de uno de los que más aterra y fascina al mismo tiempo. Merece la pena apuntar que esta ausencia de enemigo, el desorden y la idea de rebelarse contra todo sin discreción inspiraron poco después movimientos contraculturales como el del mayo francés del 68, donde algunos intelectuales que allí había eran grandes apasionados del maoísmo (seguramente no conocían las muertes que había causado). Obviamente, mayo del 68 no es para nada comparable a la Revolución Cultural en cuanto a la violencia empleada, pero ambos compartieron un carácter anárquico e iconoclasta.



7- El ejército en la Revolución Cultural fue un oasis de orden en el caos

El papel del ejército chino en la Revolución Cultural es poco claro, aunque se cree que la institución probablemente contribuyó a que el número de muertos en ella fuera menor del que podría haber sido. Para empezar, aunque muchos soldados chinos eran de la misma edad que los guardias rojos, no caló en ellos la filosofía de rebelión sin causa que Mao predicó en el 66: seguramente el hecho de que muchos de los soldados fueran gente humilde del campo, y no estudiantes universitarios, les inmunizó contra la propaganda política. Por otra parte, era difícil que triunfara el espíritu de desorden e indisciplina en una institución tan jerarquizada como el ejército.


Por esas razones, pero también por la desconfianza de muchos líderes militares a las ideas de Mao, la Revolución Cultural no contagió apenas al ejército, y eso fue providencial, porque eran millones de jóvenes armados que podrían haber arrasado el país. Su labor en la Revolución Cultural fue, pasados los primeros dos años de mayor caos, intentar recuperar el orden, casi siempre de forma relativamente pacífica, sin pegar tiros. Hubo incluso momentos en los que al ejército se lo vio demasiado pacífico, como en los primeros meses de la rebelión, cuando optó por no usar la violencia cuando los guardias rojos asaltaron varios cuarteles para robar armas. En realidad, la Revolución Cultural sirvió para que los chinos de los 60 y 70 mejoraran su imagen del ejército chino, lo consideraran un reducto de orden y cordura en aquellos años de caos. Por eso, porque los soldados chinos estaban muy bien vistos en esas épocas, fue por lo que en 1989 sorprendió y entristeció a mucha gente en el país su uso de la violencia contra los estudiantes de Tiananmen.



8- Durante la Revolución Cultural hubo extranjeros que permanecieron en China

Se suele considerar que durante ese periodo todo lo extranjero era susceptible de ser enemigo del maoísmo, y que cualquier guiri que pusiera los pies en Pekín o Shanghai sería inmediatamente linchado. Pero no fue así completamente: incluso en los peores años de la revolución, 1966 y 1967, hubo una comunidad de extranjeros viviendo en el Hotel de la Amistad de Pekín, el alojamiento para los foráneos que eran contratados por el Gobierno chino (el mismo sitio donde yo viví entre 2001 y 2003).

Aunque las universidades y los guardias rojos estaban muy cerca de allí, el lugar fue bastante respetado y en él no entraron los revolucionarios a "limpiar". Y eso que desde el punto de vista de un guardia rojo el sitio era un símbolo de la URSS (el hotel se había construido primero para alojar ingenieros rusos que ayudaron a China en los 50), un país que en aquel entonces era considerado por Mao como el máximo enemigo de la patria, incluso peor que EEUU. En el Hotel de la Amistad no vivían entonces rusos, que con la muerte de Stalin -amigo de Mao- y la llegada del desestalinizador Krushev se habían convertido en enemigos de China, pero sí había muchos representantes del mundo no alineado: africanos, árabes, latinoamericanos... En su mayoría trabajaban como profesores, traductores o correctores de medios oficiales chinos.


Sidney Rittenberg, histórico maoísta, da un mitin en Tiananmen durante la Revolución Cultural
(lo que no le libraría de ser uno de los extranjeros purgados).




9- Nadie sabe cómo sobrevivió Zhou Enlai

Uno de los grandes enigmas de la Revolución Cultural es el papel de Zhou Enlai, primer ministro de China desde la fundación de la República Popular en 1949 hasta su muerte en enero de 1976, pocos meses antes de que falleciera también Mao y con ello se pusiera fin a la misma Revolución Cultural. Zhou fue uno de los pocos grandes líderes moderados que no fue purgado, pese a que se opuso a las purgas contra Deng Xiaoping y Liu Shaoqi, con los que coincidía en estilo e ideas, y pese a que se mostró en contra de muchas de las tropelías de los guardias rojos (de esta época es famosa, por ejemplo, su intervención para detener a los jóvenes exaltados e impedirles que destruyeran el Palacio Potala de Lhasa).

La percepción general es la de que Zhou vio la locura que le rodeaba e intentó sobrevivir: en ocasiones daba la razón a Mao como quién se la da a un loco, pero en otras intentaba convencerle de que abandonara sus ideas más peregrinas, como cuando al Gran Timonel le entró en la cabeza que Pekín debía cambiar su nombre por el de "Este Rojo", en honor a la canción que entonces se había convertido en símbolo del maoísmo e himno nacional oficioso. También impidió, en el mismo sentido, que los leones de la plaza de Tiananmen fueran sustituidos por dos estatuas de Mao.


Zhou Enlai camuflado de guardia rojo, con brazalete y todo.



10- La Revolución Cultural no es tan tabú para la censura china como otros hechos históricos recientes

No es cierto, como a veces se dice, que no se pueda hablar públicamente en la China actual de la Revolución Cultural. Ello sí ocurre con otros puntos negros de la historia de la República Popular, como el Gran Salto Adelante o la matanza de Tiananmen, pero con la Revolución Cultural el opaco régimen chino tiene una relación distinta. Para empezar, está oficialmente reconocido que fue una época de caos y nefasta para el país: así se dice en muchas noticias de la agencia Xinhua, cuando sale el tema (que tampoco es que sea a diario, todo hay que decirlo). No olvidemos que la Revolución Cultural fue juzgada y condenada, en el famoso proceso a la Banda de los Cuatro, aunque está claro que ese juicio tuvo mucho de show y que en él se decidió castigar sólo a cuatro mandamases dejando fuera a muchos otros con similar responsabilidad. E intentando pasar de puntillas por la labor del principal culpable, que fue Mao (ya llevaba cinco años muerto cuando se celebró el juicio, en todo caso).

En el juicio, se leyó durante horas una larga lista de crímenes cometidos, desde torturas a palizas públicas, y se habló hasta de una cifra oficial de muertes (34.375). La cifra es probablemente una pequeñísima parte del total de muertos en la década del caos (los más críticos del régimen chino hablan de hasta tres millones), pero conociendo las dificultades de China a la hora de contar números negativos para su imagen, es toda una sorpresa.

La Revolución Cultural es tema de novelas y películas contemporáneas chinas que pueden leerse y verse en el país: por ejemplo, "Coming Home", una de las últimas películas que ha rodado Zhang Yimou, en la que se cuenta la herida incurable que en la mente de una mujer (interpretada por Gong Li) dejaron las persecuciones y las torturas.



En el fondo, esto se explica porque para el régimen chino actual es bueno hasta cierto punto que se recuerde la Revolución Cultural, porque ellos se presentan como el orden frente al desorden y la anarquía que podrían traer movimientos idealistas. No es de extrañar que de vez en cuando algún político chino, para criticar algo que no le conviene al régimen, nombre abiertamente la bicha y diga: "No queremos que vuelva a haber una Revolución Cultural". Por una vez, estoy de acuerdo con ellos.


ACTUALIZACIÓN (horas después): South China Morning Post ha hecho en el día del aniversario un fantástico reportaje multimedia que recuerda al que hizo para los 25 años de Tiananmen. Echadle un vistazo si queréis ahondar más en el tema, es fascinante.

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Un gran Nobel para Tu

5 de Octubre, 2015, 0:01


Hoy China ha recibido una grata e inesperada sorpresa, la concesión del Nobel de Medicina a la investigadora Tu Youyou. Desconocida hasta hoy para la mayoría de los ciudadanos de a pie en este país (y yo mismo me incluyo), Tu Youyou, con ese nombre tan gracioso y tan "tuyo", se ha convertido en la primera mujer china que consigue un Nobel de cualquier tipo, además de ser el primer Nobel chino de Medicina y el primer Nobel de un científico chino que consigue tal galardón sin tener que haber emigrado a EEUU para investigar allí (lo que implica siempre perder la nacionalidad de su país natal).

Tu Youyou ha compartido el premio con el irlandés William Campbell y el japonés Satoshi Omura, y en este sentido ha sido un poco vergonzoso observar cómo las noticias han hablado más de los otros premiados que de la galardonada china. Campbell y Omura se han llevado casi todos los párrafos de los reportajes y han salido en muchos más titulares, mientras que Tu era arrinconada al final de las noticias. Y eso cuando, en realidad, ella se lleva más porción del Nobel de este año que los otros dos (ella se ha llevado una mitad, y los otros dos, que investigaron juntos, compartieron la otra mitad, es decir, que el irlandés y el japonés se llevarán cada uno un 25 por ciento de la pasta por el Nobel). La discriminación hacia Tu ha sido tal que incluso el Gobierno irlandés, uno de los países agraciados por el premio de hoy, se ha "olvidado" de felicitarla, o al menos eso parece en las noticias

Me da mucha pena todo eso, ese eterno "China no nos importa", y todavía me da más cuando, leyendo apenas un poco de la vida de Tu, se descubre lo apasionante de su carrera. Con todos mis respetos hacia el señor Campbell y el señor Omura, que seguro son merecedores del premio, dudo mucho que sus biografías sean tan interesantes como la de Tu.

Y es que lo que le ha dado el premio a Tu Youyou lo investigó nada más y nada menos que en la China de los años 60 y 70. La China de la Revolución Cultural, aquélla en la que los científicos eran considerados unos apestados contrarrevolucionarios, se les prohibía seguir sus investigaciones, y muchos acababan en campos de reeducación, donde no pocos murieron o sufrieron grandes penurias y traumas de los que nunca se recuperaron. En ese hostil contexto, y en un país muy subdesarrollado, Tu Youyou descubrió una sustancia, la artemisinina, que desde entonces ha curado la malaria a millones de personas en los países pobres, especialmente niños. Ahí es nada.


¿Cómo lo consiguió? Bueno, conviene tener en cuenta que tampoco es que tuviera que trabajar a escondidas, porque la investigación contra la malaria fue uno de los dos únicos estudios científicos que Mao Zedong permitió que continuaran en los oscuros años de los Guardias Rojos (el otro, por cierto, fue el que dio a China su primera bomba atómica). Mao lo autorizó, y además lo financió generosamente. Por la sencilla razón de que la malaria estaba causando muchas muertes en el sur del país, y además estaba causando muchas bajas entre los "hermanos" del Vietnam, que entonces estaban luchando -los del norte, al menos- contra los pérfidos Estados Unidos.

Pensaréis entonces que a lo mejor Tu fue una privilegiada en esa dura época... pero sabed que mientras ella buscaba un remedio para salvar vidas, su marido estaba en uno de esos campos de reeducación tan temibles, y ella se quedó cuidando a la primera hija de ambos.

También es muy interesante conocer cómo descubrió Tu la artemisinina, porque lo hizo utilizando una disciplina que muchos científicos, sobre todo en Occidente, rechazan y miran por encima del hombro: la medicina tradicional china, que como muchas otras medicinas ancestrales no se basa en el método científico, sino en el ensayo-error, en el "esto le funcionó a mi abuelo, pruébalo tú a ver qué tal". La medicina tradicional china son remedios de la abuela, pero recolectados durante miles de años y sistemáticamente escritos en miriadas de libros cuidadosamente guardados generación tras generación, hasta el punto de que el tamaño de este saber es comparable al de la medicina convencional, aunque no pueda probarse con fórmulas.

Tu Youyou, en concreto, viajó a la isla china de Hainan en los años 60 (zona tropical, y por tanto con mayores casos de malaria) y se dedicó a recolectar viejos libros de medicina de la zona. Encontró en uno de ellos, de 1.300 años de antigüedad, que el ajenjo chino (artemisia annua) era considerado ya por los antiguos pobladores de la zona como un buen remedio contra las fiebres, un posible síntoma de la malaria. Tirando de ese ovillo logró aislar el principio activo de esa planta, la antes mencionada artemisinina. Era 1969 y ella tenía sólo 39 años.


Para hacer más interesante la biografía de Tu, su entrada en Wikipedia afirma que ella misma decidió ser la primera humana en probar si la artemisinina era eficaz contra la malaria. Ya lo había probado en animales con éxito, llegaba la obligada fase experimental con humanos, y ella se convirtió en la "paciente cero". Le fue bien, para suerte de la humanidad y de ella misma.

Por poner alguna sombra en esta fantástica señora, y ya que los diarios lo mencionan hoy, matizaré que algunos compañeros de trabajo de Tu se han quejado en alguna ocasión de que ella se puso todas las medallas por el descubrimiento de la artemisinina, cuando el hallazgo fue un trabajo de equipo. Pero bueno, me imagino que también Severo Ochoa y Ramón y Cajal (por citar los únicos otros Nóbeles científicos que me sé, para qué negarlo) también aprovecharon los descubrimientos de otros, o trabajaron con equipos cuyos nombres quedaron olvidados. La ciencia es un trabajo de muchos en el que algunos nombres se llevan más fama, como tantos otros campos en esta vida. Creo que Tu Youyou sabrá muy bien agradecer a todos esos anónimos colegas o "rivales" la ayuda prestada, cuando le toque dar el discurso de recepción del premio en Estocolmo.

Se dice que Tu Youyou, que ya tiene 84 años, lleva hoy en día una vida muy discreta, tanto que hoy por ahora nadie la ha encontrado para recoger reacciones a su premio (algunos decían que hasta es posible que no se haya enterado de que se lo han dado). Sus oficinas están en un humilde apartamento de Dongcheng, mi barrio, y ella seguramente pasa delante de muchos cada día como una anónima anciana. Hoy se ha convertido en una Nobel de Medicina, por salvar a millones. Enhorabuena para Tu (no para tú que lees el artículo, hombre, para la señora Tu).

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Ignorada historia mongol

2 de Octubre, 2015, 0:01

Voy a dejar China de lado en este post, por una vez, para irme a la vecina Mongolia, posiblemente uno de los países más olvidados del mundo, algo en lo que quizá influye que es uno de los más vacíos del planeta, con apenas 2 habitantes por kilómetro cuadrado (menos incluso que el Sáhara Occidental).

Como excusa para hablar de Mongolia, aprovecho que en el día de hoy se ha celebrado en Ulan Bator, la capital de ese país, un acto que nos invita a documentarnos un poco sobre la historia de Mongolia, antaño inmenso imperio y hoy país sandwicheado entre gigantes. En el acto de hoy se depositaron cestas de flores ante la estatua de un destacado personaje de la historia reciente del país, Sanjaasuren Zorig (los nombres mongoles son difíciles de recordar, lo sé) cuando se cumplen 17 años de su asesinato, perpetrado en la noche del 2 de octubre de 1998. Entre los asistentes al homenaje de hoy estaba el actual presidente mongol, Tsakhia Elbegdorj, antiguo amigo y compañero de lucha de Zorig.


La ofrenda recuerda a la que hace apenas dos días se hizo en Pekín, como cada año por estas fechas, en el Monumento a los Héroes del Pueblo del centro de Tiananmen. El simbolismo de una y otra ofrenda son muy diferentes, pero bueno, por su coincidencia en el tiempo cito también la de China, a la que igualmente asisten los grandes líderes del país.


Volviendo a Mongolia, ¿quién fue ese tal Zorig? Bien, Zorig fue uno de los líderes de la revolución que en Mongolia acabó con el régimen comunista, en 1990. Mucho se habla de las que hubo entonces en Europa Oriental, o la fallida de China en 1989, pero la revolución mongol, como este país en general, apenas es nombrada por los libros de historia, cuando tiene un especial mérito: los revolucionarios, en su mayoría jóvenes universitarios como el propio Zorig, protestaban en las calles, ocupaban las plazas o hacían huelgas en público cuando el país estaba en sus meses invernales, en los que las temperaturas superan los 30 o 40 grados bajo cero (de ahí quizá que el país no esté muy poblado). La revolución acabó con un régimen comunista que era incluso más antiguo que el de la vecina China, ya que Mongolia adoptó el marxismo-leninismo casi desde su independencia, en los años 20 del siglo idem.


Zorig arenga a las masas pro democracia en aquellos tiempos


Zorig y el mencionado Elbegdorj, actual presidente mongol, fueron algunas de las caras más visibles de esa revolución, que comenzó a fraguarse en diciembre de 1989, con las primeras concentraciones callejeras, y a la que curiosamente ayudó a ganar fuerza una publicación extranjera que a simple vista no parecería tener mucho que ver con la política: la revista Playboy. No, no es que una de sus conejitas pidiera desde su desnudez libertad para Mongolia entera. Lo que sucedió es que en su número de noviembre de 1989 publicó una entrevista al entonces archifamoso jugador de ajedrez Gary Kasparov, quien de forma un tanto irreverente declaraba que la URSS, entonces algo arruinada, debía considerar seriamente vender Mongolia a los chinos (Mongolia era en realidad un estado satélite de Moscú, hasta el punto de que abandonó en el siglo XX su escritura propia y adoptó el cirílico). A los revolucionarios de Mongolia, un país donde el ajedrez por lo que se ve es un deporte muy seguido entre los intelectuales, las declaraciones de Kasparov -que se tomaron más en serio de lo necesario- no gustaron nada y les lanzaron de forma aún más activa y numerosa a las calles para pedir salir del yugo soviético.



Zorig y Elbegdorj durante las protestas



Elbegdorj encabezando manis y concienciando al pueblo


Las manifestaciones y huelgas duraron varios meses, y allá por la primavera de 1990 los líderes comunistas mongoles decidieron ceder a ellas y organizar unas elecciones libres. Se dice que en el Partido Comunista de Mongolia, como en el chino que un año antes afrontó las protestas de Tiananmen, había sectores políticos a favor de ceder a los que protestaban, y otros partidarios de usar la fuerza bruta contra ellos. En el caso chino triunfó por lo visto la facción más dura, mientras que en Mongolia ganaron los más pacíficos. Con ello el país heredero del antiguo Gengis Khan se democratizó, y en su bandera se quitó la estrella socialista.




Aunque se instauraron elecciones libres, los comunistas las ganaron los primeros años, y no fue hasta 1996 que venció la oposición, aún liderada entonces por Zorig y Elbegdorj, quien ocupó en ese año el cargo de primer ministro. Zorig fue ministro de infraestructuras en esos primeros años de gobierno de talante liberal.

Así llegamos al año en que Zorig fue asesinado, 1998. El gobierno de Elbegdorj no estaba yendo bien, problemas económicos y decisiones impopulares del primer ministro le llevaron a dimitir pocos días antes del trágico ataque contra Zorig. Fue en su propia casa: el político sufrió 16 puñaladas, tres de ellas en el corazón. Misteriosamente, no se ha conseguido saber quién fue el autor material ni intelectual de este asesinato, que se produjo, para colmo, cuando la víctima iba a ser propuesta para primer ministro en sustitución del dimitido Elbegdorj, quien tenía ese plan pero lo guardaba en secreto y no lo había anunciado públicamente. Se llegó a sospechar hasta de la esposa de Zorig, quien estaba en la casa durante el asesinato pero había sido maniatada por los agresores. Para añadir un toque Hermanos Coen al asunto, los homicidas robaron de la nevera de Zorig una botella de salsa de soja y otra de vinagre, para aliñar dios sabe qué.

Y bueno, esa es la historia del personaje a cuya estatua dejaron hoy flores los mongoles de pro. El recuerdo de Zorig continúa con un partido político bautizado con su nombre que dirige su hermana, una especie de partido verde minoritario en el país. La noticia sobre la ofrenda que publica en inglés la prensa oficial mongol de hoy recuerda que Zorig fue "gravemente asesinado" hace 17 años (no sé muy bien cómo sería asesinar levemente a alguien, pero en fin, supongo que es un fallo de traducción, o alguna diferencia cultural que se me escapa).

Casi 20 años después, Mongolia sigue siendo un país algo apartado, pero no dejan de pasar cosas, como cuando en 2008 los antiguos comunistas, que acababan de ganar las elecciones, tuvieron que apartarse del gobierno cuando en una nueva ola de protestas callejeras la gente se lanzó a las calles y pidió una repetición de comicios que consideraban falseados (hubo al menos dos muertos). En la actualidad, el país está algo más estabilizado, lo que permite a Elbegdorj pasear de vez en cuando a caballo, como sus antepasados conquistadores.


Recientemente ha estado en la ONU, como muchos otros líderes mundiales, con motivo de la Asamblea General que recordaba los 70 años de fundación del organismo. Elbegdorj interviene a veces en esos foros internacionales, y lo mismo lo hace vestido de traje y corbata que de antiguo khan.



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10 cosas que quizá no sabes
sobre la II Guerra Mundial
(en el frente chino)

3 de Septiembre, 2015, 0:01


Hoy, 2 de septiembre, se cumplen 70 años de la rendición japonesa en la II Guerra Mundial, firmada a bordo del acorazado USS Missouri. China lo celebrará mañana con un desfile militar, de la misma forma que en 1945 lo celebró al día siguiente de que se firmara la paz, quizá porque la noticia llegó tarde.


MacArthur firma por parte estadounidense.

Independientemente de las connotaciones políticas de esta celebración, que me parecen exageradas (¿Europa puede recordar sus victorias bélicas y China, que sufrió más que muchos de esos países europeos, no?), esta efeméride es un buen momento para echar un vistazo a una parte de la Segunda Guerra Mundial que los occidentales apenas conocemos, y que fue tan dura o a veces más que la vivida en los frentes europeos: la guerra entre China y los invasores japoneses. Por eso el titular de arriba, y también porque el año pasado uno similar sobre la matanza de Tiananmen tuvo cierto éxito (tanto, que al día siguiente me lo plagió flagrantemente un diario chileno). Yo también tomó muchos datos de hoy de la Wikipedia, así que tampoco me voy a enfadar.

1- China y Japón se tenían ya muchas ganas antes de que estallara la guerra

En el siglo XIX, una Japón con siglos de influencias culturales, religiosas y artísticas venidas de China, pero que siempre se distanció políticamente de ésta, se modernizó al estilo occidental, en la llamada Era Meiji, y empezó a ver a China -ya debilitada por invasiones europeas, emperadores incompetentes, gobiernos corruptos, etc- como un abuelo achacoso al que podía comerle la merienda. Consecuencia de esta forma de pensar fue la guerra chino-japonesa de 1894-95, en la que los japoneses ganaron con claridad a los chinos.

A consecuencia de esta victoria, Japón se apropió de Taiwán, de la península Coreana, y logró en China importantes concesiones comerciales, por ejemplo en Manchuria (noreste del país), donde consiguió la administración del tren regional.

En septiembre de 1931, los japoneses hicieron como los americanos con el Maine en 1898: pusieron una bomba en un tren de los que ellos gestionaban, acusaron a China de ese atentado, y con esa excusa -que os sonará mucho si habéis leído el Loto Azul- invadieron toda Manchuria, creando un falso reino llamado Manchukuo en el que el rey era el Último Emperador Pu Yi (que, de hecho, era de etnia manchú).


China protestó ante la Sociedad de Naciones por esta tramposa invasión, y en ese organismo (antecesor de la ONU) encontró el apoyo de países como España, pero al final la comunidad internacional se lavó las manos y pasó del asunto. En fin, que en 1937, cuando estalló oficialmente la guerra entre chinos y japoneses, los dos llevaban ya casi medio siglo muy enfrentados.

2- Casi un tercio de los muertos en la Segunda Guerra Mundial fueron chinos

De los 60 o 70 millones de personas que murieron en el mayor conflicto vivido por la humanidad, entre 20 y 25 millones fueron chinos. Sólo la URSS, con 27 millones de víctimas, perdió más gente en esa guerra, mientras que EEUU, Italia o Reino Unido contaron unas 400.000 víctimas, y Francia unas 600.000. Muchas de las víctimas chinas fallecieron en bombardeos expresamente centrados en atacar población civil, aunque también hubo fallecidos por epidemias o inundaciones causadas por la mano del hombre, o víctimas de malos tratos en minas o fábricas donde se les esclavizó.


3- Las alianzas fueron confusas al principio: China llegó a estar en guerra con la Unión Soviética, o a tener apoyo de Alemania

La guerra entre China y Japón comenzó oficialmente en julio de 1937, más de dos años antes de que el conflicto estallara en Europa, así que en aquel entonces los bandos no estaban tan claramente delimitados como los que más tarde conocimos con el nombre de Eje y Aliados. Por ejemplo: la República de China de Chiang Kai-shek, que aún no era comunista, llegó a tener alguna ayuda de la Alemania nazi, y así por ejemplo algunas de las tropas chinas de la época habían sido entrenadas por oficiales alemanes. Chiang Kai-shek, no lo olvidemos, se hacía llamar Generalissimo, como Mussolini y Franco, y a veces tenía ciertos ramalazos protofascistas que, en todo caso, creo que nunca fueron tan funestos como en Alemania, Italia o España. Sin embargo, cuando Alemania entró en conflicto abierto con otros países europeos, pensó que era mejor tener como aliada a Japón, con un ejército más moderno, que a una China decadente, débil y dividida, así que se decantó por apoyar a los nipones, aunque ese apoyo simplemente se materializara en acabar con su ayuda a China.


En cuanto a la Unión Soviética, en 1937 estalló una guerra en Xinjiang, la aún hoy muy conflictiva región musulmana del noroeste chino, porque grupos uigures querían fundar allí una república bolchevique independiente (ironías de la vida, los uigures quisieron ser comunistas antes que el resto de los chinos). La República de China se oponía a ello, claro, mientras que la URSS veía esa revuelta como una buena excusa para aumentar su influencia en Asia Central, y apoyó a los revolucionarios. Tropas soviéticas llegaron a invadir Xinjiang y bombardearon localidades de la zona, pero la guerra se quedó en un conflicto corto e inacabado cuando tanto a los chinos como a los soviéticos les llegaron poco después peores problemas.

4- Japón mató a civiles chinos, pero China también mató a civiles japoneses (muchos menos, eso sí)

Es claro como el agua que en la guerra chino-japonesa el invasor fue Japón y el invadido fue China, así que las agresiones a civiles fueron sobre todo obra del ejército nipón. Pero sería falso decir que no se tocó un pelo a civiles japoneses. Por ejemplo, en julio de 1937, poco después del Incidente de Marco Polo que propició el comienzo de la guerra (el intercambio de disparos entre tropas chinas y japonesas en el puente de ese nombre que hay a las afueras de Pekín) hubo una revuelta antijaponesa en Tongzhou, en las afueras de Pekín, en la que soldados chinos mataron a ciudadanos japoneses que vivían allí desde hacía tiempo, porque era una concesión diplomática establecida por los nipones hacía décadas. De manera parecida, cuando entre agosto y noviembre de 1937 el ejército chino intentó conquistar la concesión japonesa de Shanghái, en la que vivían 30.000 japoneses que no eran soldados, también hubo bombardeos a viviendas y fallecidos que no pertenecían al ejército.


Bombardeo chino cerca del Hotel Palace de Shanghai.

5- Es más, China también mató a muchos civiles chinos

Más allá de daños colaterales y fuego amigo, creo que China nunca debería olvidar que el ejército de Chiang Kai-shek, cuya principal estrategia contra los japoneses era huir de ellos para ganar tiempo, decidió en 1938 romper cientos de diques en el río Amarillo para causar inundaciones en su enorme cuenca e impedir el avance al interior del país de las tropas japonesas que acababan de conquistar Nankín, la capital china. En esas inundaciones provocadas se calcula que murieron entre 500.000 y 700.000 personas, una cifra incluso mayor que las víctimas de la famosa y no por ello menos horrorosa masacre de Nankín (300.000 muertos).


Los comunistas, entonces una fuerza pequeña (aunque creciente, y al final de la guerra ya comparable al ejército del Kuomintang) no perpetraron en esos años tamañas barbaridades, pero sí que se reportaron casos en los que sus guerrillas utilizaron duros métodos, a veces hasta ejecuciones, para convencer a campesinos a que se unieran a sus batallones. Esto ocurría sobre todo en zonas donde ya había resistencias antijaponesas pero no eran comunistas.

6- Murieron muchísimos más soldados nacionalistas (del Kuomintang) que comunistas

En la China actual, la comunista, se ha extendido durante décadas la idea de que fueron las guerrillas de Mao las que tuvieron que aguantar contra Japón, porque Chiang Kai-shek fue un cobarde que no quiso luchar contra los japoneses, que huía de ellos, y que estaba más obsesionado con matar comunistas chinos que invasores japoneses (famosa es su frase "la invasión japonesa es una enfermedad de la piel, pero el comunismo es una enfermedad del corazón"). Ya hemos visto en el epígrafe anterior que el Generalissimo Chiang tuvo métodos de lucha más que discutibles, y es cierto que muchas veces evitó la confrontación directa porque se sabía más débil que los japoneses, pero no es cierto que no plantara cara a Japón. La Batalla de Shanghái, que duró cuatro meses, fue una prueba de ello, o los intentos de defender Nankín o las ofensivas en años posteriores, en las que llegó a obtener importantes victorias bélicas incluso antes de que el conflicto se internacionalizara y China dejara de estar sola frente a Japón.


Oficiales del Kuomintang.


Entretanto, los comunistas, en el norte de China, se centraron en la guerra de guerrillas, cuyo principal efecto no fue otro que el de recordar constantemente a los japoneses que su dominio en la zona ocupada nunca estaría consolidado, lo que les sacó de quicio y posiblemente fue una de las causas de que fueran tan crueles con la población civil, por su creciente paranoia al pensar que todos estaban en contra de ellos. Sólo en los últimos años de la guerra los comunistas libraron batallas abiertas de verdad. También hay que decir que a principios de la guerra había muchos menos comunistas que nacionalistas, aunque con el paso de los años de conflicto los segundos fueron ganando muchísimos adeptos.

Esta forma diferente de aproximarse a la guerra se tradujo en el hecho de que el número de soldados fallecidos fuera mucho menor en las filas comunistas que en las del Kuomintang, es decir, en el ejército oficial de la entonces República de China: los maoístas perdieron unos 40.000 hombres en combate, y los subordinados de Chiang Kai-shek más de un millón.

7- Japón usó armas bacteriológicas contra China

La Alemania nazi pudo ser cruel en cuestiones como la existencia de campos de exterminio, pero al menos se puede decir en su favor que no hay constancia de que utilizara armas bacteriológicas contra ejércitos ni poblaciones aliadas. En cambio, Japón si lo hizo, y es más, podría decirse que fue el inventor de este tipo de ataques. Por ejemplo, en 1940 bombardeó la ciudad de Ningbo, un puerto en la costa este de China, con pulgas inoculadas con peste bubónica. Estos bombardeos tuvieron gran "éxito" y causaron gravísimas epidemias.

Para probar estas armas bacteriológicas, además, creó un laboratorio en el noreste de China, la tristemente famosa Unidad 731 (en las afueras de Harbin) donde se cometieron algunas de las mayores atrocidades de la guerra. Allí, antes incluso de que China y Japón entraran en guerra, se usaron miles de humanos, principalmente campesinos chinos (incluidos embarazadas y niños) como cobayas para probar el efecto de enfermedades, la resistencia del cuerpo al frío, los efectos en el cuerpo de nuevas armas como el lanzallamas... Los prisioneros eran atados a la intemperie en invierno para que se congelaran, se lanzaban granadas contra ellos para ver cómo quedaba el cuerpo tras la explosión, o se les inoculaban virus y se les viviseccionaba para ver cómo avanzaba la enfermedad en el cuerpo (se pensaba que aún vivos los efectos se veían mejor que si se les practicaban autopsias después de morir). El laboratorio quería desarrollar armas bacteriológicas, pero también buscar curas contra plagas que había entre las tropas japonesas, como la sífilis o la gonorrea (debido a las muchas violaciones) o fortalecer la salud de los soldados nipones al frío de cara a preparar una invasión japonesa de Siberia (por eso lo de congelar a gente a la fuerza).


También terrible es que los responsables de la Unidad 731, como el Doctor Mengele en Auschwitz, nunca fueron castigados. No porque escaparan, como hizo el enloquecido médico alemán, sino porque EEUU, tras detenerlos, les ofreció el perdón ¡a cambio de que entregaran toda la información sobre sus experimentos al ejército norteamericano! Y así EEUU también desarrollo su propio programa de armas bacteriológicas, entiendo que sin practicar los mismos crímenes de la humanidad, pero usando datos obtenidos de las aberraciones japonesas.

8- Durante la guerra, la colección de arte imperial viajó tanto como la del Museo del Prado durante la Guerra Civil Española

Si sois españoles, sabréis, u os sonará, que en la Guerra Civil española la enorme colección del Museo del Prado pasó muchas vicisitudes y estuvo al borde de perderse. Muchas de sus obras fueron evacuadas y viajaron a Valencia, luego a Cataluña, después acabaron en Ginebra (Suiza), al final regresaron a Madrid... Un jaleo, vamos.

Pues algo parecido pasó durante la guerra con Japón con la mayor colección de arte de China, que no es otra que la que los emperadores chinos tenían en la Ciudad Prohibida. Pero estas obras aún dieron más tumbos que las españolas: ya en 1933, cuando Japón acababa de conquistar Manchuria, Chiang Kai-shek ordenó llevar la colección imperial de Pekín a Shanghái. En 1936 se transportó a Nankín, entonces capital nacional. Cuando los japoneses comenzaron a avanzar hacia esa ciudad, se decidió llevar al centro del país, donde estaba guarecido el gobierno del Kuomintang, y las colecciones se guardaron en localidades como Leshan o Anshun. Después regresó a Nankín. Por último, cuando en la guerra civil entre comunistas y Kuomintang (1945-49) los segundos vieron que tenían la batalla perdida, se llevaron las mejores obras de la colección en barco a Taiwán, la isla donde se refugiaron. En Taiwán sigue gobernando el Kuomintang, y en su capital, Taipei, aún se exhibe esa colección, en el museo de la siguiente foto.


9- En China a la Segunda Guerra Mundial no se la llama Segunda Guerra Mundial


Como sabrán bien los que vivan en China, porque estos días nos están metiendo el concepto con calzador y hasta en la sopa, al conflicto vivido entre 1937 y 1945 lo llaman Guerra de Resistencia Contra Japón (航日战争). Para los chinos, esa guerra no tuvo mucho de internacional o mundial, al menos en su territorio: fuera de ayudas en forma de entrenamiento de soldados o comercio de armas o provisiones, no hubo mucho apoyo abierto de tropas de otros países.

Podrían contarse dos notables excepciones: la primera, los Tigres Voladores, un cuerpo de intrépidos pilotos estadounidenses que desde la India y Birmania volaban hasta China para entregar armas y otras ayudas a la resistencia china. En sus vuelos a veces tenían que hacer frente a los cañones o los kamikazes japoneses, y su ayuda comenzó incluso antes de que EEUU entrara formalmente en guerra contra Japón, tras el ataque de Pearl Harbour en 1941.


Tigres voladores, con sus famosas dentaduras.


La segunda excepción son las tropas soviéticas que con todo el pescado ya vendido, en agosto de 1945, entraron a China por el noreste del país para arrestar al ejército japonés que ocupaba China, el famoso e infame Ejército Kwantung.

China tuvo poca ayuda internacional, pero esa poca la recuerda mucho: los homenajes a soldados soviéticos y Tigres Voladores son muy frecuentes en este país, y no sólo en estos días de celebraciones (en los que el presidente chino ha condecorado a algunos rusos y estadounidenses de esa época que aún sobreviven, o a sus familiares).

10- El Auschwitz de los chinos pasó en Nankín

En Europa, el gran símbolo del horror de la guerra es el campo de exterminio de Auschwitz, y otros que hubo en el nazismo. Para los chinos, cumple esa función simbólica y catártica la llamada Matanza de Nankín, perpetrada por el ejército japonés en diciembre de 1937 y enero de 1938, y en la que murieron unas 300.000 personas, en su mayoría civiles o soldados chinos que se habían rendido ya.


Memorial en Nankín.


Los japoneses habían tomado la entonces capital china, pero por razones que incluso décadas después no se acaban de comprender (¿desespero porque la guerra se prolongaba más de lo que pensaban? ¿depresión colectiva?) emprendieron una campaña de asesinatos en masa y violaciones en la ciudad que se prolongó seis semanas. Había soldados que hacían concursos de a ver quién cortaba más cabezas, se ejecutaba públicamente, las mujeres eran asesinadas a bayonetazos después de ser forzadas... En ocasiones se obligó a los chinos a cometer esas violaciones, hasta cometiendo incestos (padres a sus hijas, hijos a sus madres) o entre monjes que habían hecho votos de castidad.

En esa matanza hubo extranjeros que salvaron miles de vidas de chinos, llevando a muchos de ellos en peligro de muerte a la zona diplomática, que pese al salvajismo del ejército japonés era bastante respetada. El más famoso fue el diplomático nazi John Rabe, que salvó a unos 200.000 chinos de la muerte, bastantes más que los 1.200 judíos que se calcula salvó el más famoso Oskar Schindler.

Con estos 10 puntos queda repasado aunque sea a vuelapluma un trozo del gran conflicto del siglo XX injustamente olvidado, quizá porque Hollywood siempre centró sus exitosas películas sobre aquella guerra en lo que más le convenía retratar, desde el Desembarco de Normandía a sus campañas en el Norte de África o en el Pacífico. Los chinos se quejan a menudo de ser los grandes olvidados en muchos asuntos -cuando no los marginados- y creo que al menos en lo que concierne a la II Guerra Mundial, en la que fueron uno de los pueblos que más sufrió, tienen más razón que un santo.


Logotipo del aniversario.


Por supuesto, todo esto no quita que ellos mismos pequen de olvidadizos en muchos otros hechos históricos posteriores igual de dramáticos, desde el Gran Salto Adelante a la Revolución Cultural o la Matanza de Tiananmen. Amnesias selectivas, que les llaman, pero en fin... los que puedan, que recuerden lo más posible de todos estos tristes sucesos, tanto el desarrollado en este post como los mencionados en este párrafo, porque quien no conoce su historia está condenado a repetirla (o al menos, condenado a que le citen de vez en cuando esta frase tan ranciofact).

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China expuesta

10 de Junio, 2015, 0:01

Desde el pasado mes de mayo se celebra en Milán la Exposición Universal 2015, sucesora de la de Shanghai 2010 y que esta vez tiene por tema principal la agricultura y la alimentación. La Expo empezó de forma muy accidentada, porque el día de su apertura muchos colectivos se manifestaron contra el despilfarro que según ellos supone en un país en crisis como es Italia. La batalla campal en Milán fue antológica, no se recordaba algo así en la ciudad desde que a Berlusconi le dieron allí mismo un catedralazo.

China participa en esta ocasión con un pabellón de aspecto bastante espectacular, con tejados ondulados que según los diseñadores quieren simbolizar el trigo mecido por el viento.


El tejado está hecho con pequeñas tiras de madera, lo que unido a su ondulación me recuerda bastante el original y rompedor pabellón de mimbre que España llevó a Shanghái 2010, y que gustó mucho en la expo universal china (cuyo tema fue la vida en las ciudades). No sé si es un homenaje, una copia, una inspiración, pero yo veo algo de herencia española (España, por cierto, ha sido un país tradicionalmente muy amante de estas fastuosas expos).

China vende su pabellón para Milán 2015 como el primero que ha sido realizado íntegramente por arquitectos chinos, ya que en anteriores exposiciones universales los chinos dependieron del país organizador para tener espacio expositor. Sin embargo, me choca esta afirmación, porque el pabellón de Shanghái 2010, por fuerza, lo diseñaron y construyeron chinos, quizá se refieran a que es la primera vez que lo hacen en el extranjero. El pabellón de 2010, por cierto, sigue en pie, ahora es un museo de arte moderno.


Podría pensarse que China es relativamente novata en esto de las exposiciones universales, ya que hasta 2010 no había organizado ninguna, pero no es así, incluso en muchas de las celebradas en el siglo XIX, en la época más dorada de estos eventos, también hubo pabellones chinos. A continuación os muestro algunas imágenes de esas participaciones:



Philadelphia 1876.


París 1878.


París 1889
(al fondo se ve la Torre Eiffel, también construida para aquella exposición).


París 1900.


Bruselas 1910.


Philadelphia 1926.


Knoxville 1982.


Sevilla 1992.
Durante muchas exposiciones de los 80 y 90
China recurrió a poner un típico arco chino en la puerta de su pabellón.
En Lisboa 1998 la entrada era prácticamente idéntica a la de Sevilla 92.


Hannover 2000.


Aichi 2005.


Zaragoza 2008.

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Adiós a un padre severo

23 de Marzo, 2015, 0:01

Hoy viajamos a Singapur, que diría un presentador televisivo, porque para ese país el día de hoy es uno de los más importantes de su relativamente corta Historia. El que era considerado padre de esa pequeña nación, Lee Kwan Yew, fallecía hoy a los 91 años de edad. Las webs informativas de la ciudad estado singapuresa se vestían todas de luto por este acontecimiento.










Lee Kwan Yew, como muchos singapureses, era de ascendencia china (su bisabuelo emigró desde Cantón en el siglo XIX), por lo que en este país desde el que os escribo también se ha recordado mucho hoy su figura. La televisión estatal CCTV ha dedicado gran parte de su canal informativo en inglés a recordar al personaje, y los líderes chinos han mandado nada menos que cinco mensajes de condolencias (uno del presidente, otro del primer ministro, otro del ministro de AAEE, otro del presidente del Legislativo y un quinto del viceprimer ministro para AAEE). Normalmente con un mensaje de condolencias China ya se da por satisfecha cuando hay que despedir a un líder extranjero, pero esta vez se ha multiplicado, una prueba de lo muy valorado que era Lee en China (al final del post explicaré por qué).

Lee es una figura muy singular, como singular es el país que dominó durante décadas. Para empezar, pese a ser ampliamente reconocido como el gran padre de la Singapur independiente, nunca fue un político nacionalista, es más, fue todo lo contrario: siempre se sintió a gusto con una Singapur que fuera parte de un país mayor, y cuando finalmente la ciudad se quedó sola, se adaptó a la circunstancia, como un padre que adopta a un niño huérfano. Mucho pragmatismo chino en sus venas, me parece a mí.

Así, cuando Singapur (que como sabréis es una isla en la puntita sur de la península de Malaca) era parte del Reino Unido, él era muy inglés: estudió en Cambridge, su lengua principal era la de Shakespeare, se llamaba Harry Lee... (aunque posteriormente preferiría usar su nombre tradicional chino). Después, cuando Singapur fue invadida por los japoneses, él estudió la lengua nipona y trabajó para los invasores como traductor, aunque también hay que decir que estuvo a punto de ser fusilado por ellos. Acabada la guerra, cuando Malasia se independizó de los británicos durante la descolonización de los años 50, él, que entonces ya era el principal líder local de Singapur, estaba convencido de que el futuro de la ciudad estaba dentro de la federación malasia. Singapur, de hecho, nunca se independizó de Malasia, sino que fue expulsada de ese país a raíz de problemas varios de tipo social y étnico, y uno de los momentos más famosos de la vida de Lee Kwan Yew es su llanto desconsolado cuando anunció a los singapureses por televisión que ya no eran parte de Malasia:



Recuperado de aquel disgusto, Lee Kwan Yew acabaría siendo primer ministro de Singapur durante 31 años, en los que consiguió que un país pobre, sin recursos naturales y superpoblado pasara en ese escaso periodo de tiempo de ser subdesarrollado a ser un dragón asiático y una de las naciones más ricas de Oriente, algo que según los historiadores ninguna nación del mundo ha conseguido en tan sólo una generación. Además, lo logró en un país étnicamente muy dividido entre chinos, malayos y tamiles hindúes, que hoy en día constituye un gran ejemplo mundial de convivencia y riqueza cultural, aunque todo sea dicho, los chinos son quienes dominan la política y la economía locales.

Pero Lee, como cualquier político, y más uno que lo ha sido durante tanto tiempo, tiene muchas páginas oscuras en su biografía. Lee construyó un Singapur próspero, estable, pero en absoluto democrático: su Partido para la Acción Popular ha tenido desde la creación del país la gran mayoría de los escaños en el parlamento (hasta los 80 los tuvo todos, y ahora aún conserva casi el 90 por ciento de las bancas). Sofocó cualquier intento de oposición a base de dinero y con la fuerza de los tribunales, y mostró tal apego al poder que en realidad nunca se retiró de él. En 1990, al dejar la jefatura de Gobierno, fue nombrado "ministro emérito", y en 2004, cuando su hijo Lee Hsien Loong también consiguió ser nombrado primer ministro, el padre asumió un cargo expresamente creado para él, el de "ministro mentor", que ocupó hasta su muerte. Lee Kwan Yew, por todo ello, se puede decir que ocupó puestos ministeriales durante más de medio siglo, lo que lo convierte en uno de los altos cargos más longevos de la historia reciente.

La Singapur edificada por Lee es un país atareado, moderno y limpio como una patena, donde los rascacielos conviven con bellos barrios ajardinados y donde la pobreza de otros países del sureste asiático parece lejana, pero es también un régimen fuertemente autoritario donde el código penal todavía completa los estacazos como castigo (él era un gran defensor del castigo corporal al estilo de los colegios ingleses), los chicles están prohibidos o la familia Lee concentra buena parte del poder político y el económico (sus hijos controlan las empresas de telecomunicaciones, la importante financiera Temasek, la aviación civil...). Eso sí, ha conseguido que la comunidad internacional apenas se acuerde de ello, aunque quizá juega a su favor que sea un país relativamente pequeño, o que tiene una nada desdeñable parte de las riendas financieras mundiales.

Por todo ello, por lo bueno y por lo malo, Singapur es desde hace 30 años el lugar al que los líderes comunistas de China miran con atención para intentar copiar su éxito de país con dinero y sin libertad, aunque la enorme diferencia de tamaño entre los dos países dificulte mucho ese proyecto. No lo dicen abiertamente, pero una meritocracia desarrollista a la singapuresa -sea real o no la que tiene la ciudad estado- es el gran sueño de los comunistas chinos desde los tiempos de Deng Xiaoping, y por eso no es de extrañar que hoy los líderes del gigante asiático se hayan deshecho en elogios hacia Lee. Aunque durante la Segunda Guerra Mundial ayudara a los japoneses como intérprete, o aunque en años posteriores rompiera relaciones con los comunistas singapureses, que en un principio formaban parte del mismo partido que él pero acabaron siendo echados por sorpresa de la formación. A cambio, Lee fue un gran defensor y promotor de la reunificación entre China y Taiwán, y promovió en Singapur la enseñanza del chino mandarín, hasta el punto de que en ese país se habla un chino más estándar que el de Pekín o Taipei.

Puede incluso que Lee diera a los chinos la idea de la famosa política del hijo único, porque antes de que China la implantara en los años 70, en Singapur él estableció en los 60 la política de los "dos hijos únicos", en la que a las familias se les animaba a esterilizarse tras tener la parejita.

¿Buen o mal político? Cada uno que se lleve la conclusión que quiera. En todo caso, un importantísimo personaje para Singapur, y quizá para los chinos en general. Nixon dijo de él que si hubiera nacido en un país más grande sería una figura histórica de la talla de Churchill, pero tanto Nixon como Churchill -again, políticos- tampoco eran santos para ser puestos en peanas. En fin, que descanse en paz.

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Los líderes y los líderes primero

10 de Diciembre, 2014, 0:01

El 8 de diciembre de 1994, en Karamay (una localidad de la región china de Xinjiang) se celebró una función especialmente dedicada a las autoridades locales en el Teatro de la Amistad, principal de la ciudad. Karamay, que significa "aceite negro" en uigur, se fundó en los años 50 para alojar a los miles de trabajadores que llegaron para trabajar en el gigantesco yacimiento de petróleo, el mayor de China, que se descubrió allí en esa época.


El teatro, que había sido construido en esos mismos años 50 con ayuda de los soviéticos.


Los mejores niños de la ciudad, seleccionados especialmente para la función, cantaban y bailaban melodías revolucionarias y tradicionales ante alcaldes, concejales, presidentes de las petroleras (en ocasiones todos estos cargos se solapaban) y responsables de educación. También había muchos niños y profesores en las butacas.

En el primer acto alguien olió a quemado, pero no se alarmó especialmente. Empezado ya el segundo acto, comenzaron a caer chispas del aire: algunos pensaban que era confetti, pero se trataba de las brasas de un incendio que rápidamente se extendió a todo el recinto y lo destruyó por completo. 325 personas murieron, casi la mitad de las que estaban allí, entre ellas 288 niños de entre seis y 14 años (el resto de los fallecidos eran en su mayoría sus profesores). La mayoría de los líderes, en cambio, salieron ilesos, y eso que al encontrarse en la primera fila de las butacas, eran los más alejados de la entrada (las salidas de emergencia estaban todas cerradas con candado). Muchos de los supervivientes aseguraron que, a la hora de evacuar, se oyó a los profesores pedir a sus alumnos que se quedaran sentados y les gritaron:

"¡Dejad salir a los líderes primero!"

El pasado lunes se cumplió el vigésimo aniversario de este triste suceso. Por supuesto, no hubo ninguna mención, que yo sepa al menos, en los medios de comunicación chinos, y en la ciudad no hubo homenajes públicos. El incendio avergüenza al régimen y por ello está condenado al olvido forzado, igual que otros sucesos más famosos al menos fuera de China, como la matanza de Tiananmen, las hambrunas provocadas por la mala planificación económica del Gran Salto Adelante o los linchamientos públicos de la Revolución Cultural.

Ha habido incendios con más víctimas que el de Karamay. Los cines y teatros en el siglo XX eran lugares muy peligrosos, por la falta de ventilación y lo fácilmente inflamables que eran los rollos de película. Buena parte de los peores incendios de edificios en la historia han sido en esos recintos para espectáculos. Pero el caso de Karamay tiene alrededor un toque de infamia, injusticia y horror especial. La frase "dejad salir a los líderes primero" fue usada en los 90 en toda China como lema velado de protesta, para simbolizar la poca importancia que el régimen comunista chino daba a los problemas del pueblo.


Concentraciones de los familiares de las víctimas poco después del incendio.


Otras graves negligencias y decisiones canallas rodearon el incendio de Karamay:

-Cuando se declaró el fuego, se ordenó bajar el telón, para que el público no viera las llamas, lo que retrasó la evacuación hasta que ya era demasiado tarde, comenzaron las estampidas por pánico y aumentaron así las víctimas mortales.

-El teatro de Karamay había tenido un pequeño incendio antes del ocurrido el 8 de diciembre de 1994, pero a pesar de ello no se habían tomado las necesarias medidas de seguridad, y tras una renovación que había habido ese mismo año, el recinto aún era más cerrado y claustrofóbico que antes (habían puesto barrotes en las ventanas, por ejemplo). En el momento del incendio, nueve de las 10 entradas al lugar estaban cerradas con llave.

-Apenas horas después del desastre, las autoridades ordenaron a los padres de los niños fallecidos que llevaran los cadáveres a las unidades de trabajo de cada uno, con el único fin de que no estuvieran todos juntos y la prensa no pudiera hacer una foto de todas las víctimas a la vez, para que así quedara en parte minimizada la catástrofe.

-Las autoridades impusieron, pese a que muchos padres no lo querían, el título de "mártires" a los niños, lo que hace que en sus lápidas aparezcan referencias al gobierno local y al régimen comunista que los progenitores, dadas las circunstancias del suceso, aborrecen con toda su alma. Además, aquello fue un acto de vacía propaganda, porque si en China te otorgan el título de mártir tras tu muerte, tus familiares tienen derecho a una pensión y unos beneficios especiales que los padres de los niños nunca recibieron.

Las negligencias, maltratos y desprecios apenas se saldaron con unas pocas condenas, la mayor de cinco años de prisión, para cinco funcionarios locales, entre ellos alguno de los que se había salvado en la elitista evacuación.

En el año 2010, un osado director chino llamado Xu Xin realizó un largo documental sobre aquel suceso, llamado sencillamente "Karamay", y que os enlazo al final del post, por si lo queréis ver (ni que decir tiene, en China está prohibido). 


No es fácil de ver, primero porque dura nada menos que seis horas, y segundo porque es extremadamente duro: en gran parte son entrevistas con cámara doméstica a padres de niños que murieron en el incendio, quienes más de una década después aún recuerdan el suceso con rabia, lágrimas y mucho dolor, como si hubiera sido ayer. También hay imágenes de archivo, algunas terribles, de la entrada de los líderes al teatro, de los primeros minutos de la función, del chapucero rescate de cadáveres, del cruel hacinamiento de cuerpos en el hospital, de los funerales. Duele verlas, pero a la vez sorprende que existan tantas imágenes de todo aquello, en una época en la que aún no había cámaras digitales y se supone que la censura era aún mayor que la de ahora (o no, vaya usted a saber)...

No es fácil de ver "Karamay", decía, pero si uno se prepara anímicamente para ello y hace de tripas corazón, vale la pena y mucho, es uno de los mejores documentales que jamás se han hecho en China. Los protagonistas abren su corazón de par en par, cuentan lo que realmente piensan, sin miedo a castigos de las autoridades o a ser políticamente incorrectos. Una madre, por ejemplo, confiesa cómo participó en una paliza que le dio junto a otros padres de víctimas a una funcionaria de los juzgados locales, por decirles que merecían lo que les había pasado. Otra dice que la policía les dispersaba cuando hacían sentadas de protesta por el trato recibido, pero que los mismos agentes les aseguraban que estaban con ellos, que sólo obedecían las órdenas de mala gana. Otra opina que el gobierno comunista chino es un gran engaño, pero a la vez admite que delante de su segunda hija dice otra cosa para que ella pueda tener una vida futura mejor. En sus testimonios veréis la forma de ser de los chinos ante la adversidad y la injusticia, las contradicciones de su sociedad y su política, aprenderéis más que con mil noticias o películas del país, os lo aseguro. Es extremadamente duro de ver, pero es la China de verdad.






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El canadiense inmortal en China
y olvidado en España

26 de Noviembre, 2014, 0:01

Estos días, en la Universidad de Comunicaciones de Pekín, hay una entrañable exposición dedicada a un muy interesante personaje, el médico canadiense Norman Bethune (Bai Qiu En para los chinos), de cuya muerte se cumplieron 75 años el pasado 12 de noviembre. Este hombre fue médico de campaña en la Guerra Civil Española, en el año 1936, y poco después en la China invadida por los japoneses, entre 1937 y 1939, año en que murió.


Catálogo de la exposición,
organizada por la Junta de Andalucía



De firmes ideas izquierdistas, en España ayudó con sus cuidados médicos, primero en Madrid y luego en Málaga, al bando que acabaría perdiendo, a la República, mientras que en China estuvo en el lado de los a la postre ganadores, los comunistas de Mao. Ello explica el hecho de que en España sea un personaje bastante olvidado (aunque en Andalucía se le recuerda un poco más, y la exposición es prueba de ello), mientras que en China, donde está enterrado, se le considera un héroe de guerra y durante el periodo maoísta era sin duda el extranjero más famoso y popular de todos los que habían visitado China, por encima incluso de Marco Polo.


Cuadro de un encuentro de Bethune con Mao



Sellos chinos y de Canadá en su honor


Moneda conmemorativa del 60 aniversario de la llegada de Bethune a China, acuñada en 1998


Monumento en su honor en Shijiazhuang, donde está enterrado.
Fue una de las pocas estatuas erigidas a extranjeros en la China maoísta






Posters, libros y comics de estética de aquella época,
todo a mayor gloria del galeno canadiense



Pese a toda esta fama en el país asiático, mucha gente de aquí no sabe que su querido Bethune estuvo en la guerra española antes de ir a la china, por lo que la muestra les va a dar también una nueva perspectiva.

La exposición es además curiosa porque debe ser una de las primeras ocasiones en las que los chinos verán imágenes de la Guerra Civil española, una contienda que se sufría casi al mismo tiempo en el que China tenía también su ración de drama debido a la invasión japonesa. Son dos conflictos que pese a la lejanía tuvieron sus similitudes, en los dos influyeron el fascismo y el comunismo, y en ambos casos el resto del mundo se tapó los ojos, lo que al final fue malo para todos, porque ello acabó sembrando la semilla de la Segunda Guerra Mundial. China y España fueron el prólogo de la peor guerra de la Historia, vamos.


Mural en homenaje a Bethune, obra de Avrom Yanovsky


En esta foto de la exposición Bethune inaugura un hospital en China, y a su lado hay un cartel republicano
de la Guerra Civil española, que Bethune se había llevado como recuerdo



En lo que a Bethune se refiere, la exposición cuenta con bastante detalle, pero sin abrumar, la biografía del médico canadiense, basándose en las fotos y en sus escritos. Una de las cosas que más puede llamar la atención es el hecho de que decidiera, con casi 50 años ya a sus espaldas, irse a ayudar en guerras muy alejadas de su Canadá querido.


Así era el Bethune previo a las guerras,
un cirujano jefe montado en el dólar (canadiense),
con buena vida y mejor prestigio...


En todo caso, Bethune ya era antes de embarcarse en esas guerras un militante del Partido Comunista de Canadá, que había conocido la URSS en una conferencia médica y al que le había gustado cómo estaba montada en la entonces joven república bolchevique la sanidad. El canadiense (que de joven fue camillero en la Primera Guerra Mundial) pensaba que la Medicina de su tiempo estaba al servicio de los ricos, y que debía cambiarse el sistema para que llegara a todos. Es algo que intentó aplicar en España y China, pese a las dificultades y la falta de medios. En la Guerra Civil española, además, montó el primer servicio móvil de donación de sangre, para los soldados caídos en el frente.


En Madrid, con una de esas ambulancias


En China, donde estuvo dos años, un poco más que en España, su labor en este sentido fue muy elogiada por los comunistas. Bethune además murió en acto de servicio, mientras operaba, ya que en una de las intervenciones, que tenía que hacer sin guantes debido a la precariedad de medios, se cortó un dedo, se infectó con la herida de un soldado y falleció por la gangrena. En la exposición se reproducen escritos de sus últimos días, en los que él mismo contaba lo que le había pasado y lo mal que se sentía.


Bethune trabajando en China


Vamos, que la muestra hace reflexionar en muchos sentidos: sobre China, España, sus similitudes y diferencias, lo que mueve a la gente a dejarlo todo por un ideal, la necesidad de una sanidad pública, etc. Si estáis en Pekín id a verla, y si no, pues a googlear para conocer más cosas del médico canadiense que se marchó a ayudar a Mao y a la República.


ACTUALIZACIÓN (unas horas después): Me avisan por Facebook que en Madrid también tenéis homenajes a Bethune estos días.

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Uniendo océanos con manos chinas

25 de Agosto, 2014, 0:01


Este mes se ha conmemorado el centenario de la inauguración del Canal de Panamá, una fascinante obra que EEUU construyó en 10 años, entre 1904 y 1914, para ahorrar a los barcos 7.000 kilómetros y tener que irse a la Patagonia, que siempre ha sonado como algo demasiado remoto. Los franceses habían intentado construir el canal décadas antes, después de su exitoso Canal de Suez, pero descubrieron que la selva no era tan fácil de horadar como el desierto, y cedieron la responsabilidad a los estadounidenses.

En el Canal de Panamá trabajaron decenas de miles de obreros de muchos países. Por supuesto, entre ellos había chinos, pero su importancia fue menor que en la de otras grandes obras que, sin ser tan famosas como el canal, "unieron" el Pacífico y el Atlántico ya antes, en el siglo XIX.

La primera de estas obras fue el Ferrocarril de Panamá, construido en 1855 -también por Estados Unidos- y que tiene prácticamente el mismo recorrido que después trazaría el canal, por lo que imagino que sería vital en la construcción de este último. Miles de obreros chinos fueron empleados en esta complicadísima obra, que, según dicen, causó más muertos que los 5.000 que hubo en la construcción del canal.

Muchos de los trabajadores -chinos y no chinos- que murieron en las obras del ferrocarril fueron pasto de enfermedades tropicales como la malaria, que entonces aún no se sabía que era transmitida por los mosquitos (en cambio, cuando se construyó el canal ya se sabía, lo que quizá permitió mejores medidas de prevención). Por otro lado, en los campamentos de trabajadores chinos también hubo otro gran factor para la mortalidad, bastante truculento: los suicidios de cientos de ellos.

Al parecer, muchos trabajadores chinos eran adictos al opio, lo que no se veía con muy buenos ojos, y se decidió cortarles el acceso a esta droga, lo cual a algunos les volvió básicamente locos. Relatos de los responsables de las obras en esa época cuentan espeluznantes testimonios sobre decenas de trabajadores chinos ahorcados unos junto a otros, o que habían pagado a trabajadores de otras comunidades -malayos, normalmente- para que les decapitaran. Estos trágicos sucesos ocurrieron especialmente cerca de una localidad panameña (bueno, colombiana entonces, que Panamá aún no se había independizado) llamada Matachín, y llegó a pensarse que el nombre venía por la de chinos que allí se mataron, aunque en realidad el topónimo era anterior y proviene seguramente del oficio de matarife de cerdos. Matachín ya no existe, pues medio siglo después quedó hundida bajo las aguas del embalse de Gatún, parte importante del canal de Panamá.

Poco después del Ferrocarril de Panamá, los trabajadores chinos fueron la principal mano de obra para la construcción del Ferrocarril Transcontinental, primero que unió la Costa Este (atlántica) y la Oeste (pacífica) de Estados Unidos, inaugurado en 1869. Muchos de estos trabajadores chinos, más de 20.000, huían de la miseria y de la guerra que China sufría entonces debido a la Rebelión Taiping, liderada por una secta cristiana cuyo líder decía ser el hermano menor de Jesús. Los chinos eran abnegados trabajadores, gente tranquila y, todo sea dicho, cobraban poco y eran fácilmente explotables, así que su mano de obra fue muy apreciada en este otro gran proyecto de infraestructura estadounidense.


Como veis, los chinos participaron en grandes proyectos de unir el Atlántico y el Pacífico en los siglos XIX y XX... Pero no parecen conformes con ello, pues en pleno siglo XXI quieren volver a hacerlo y no en uno, sino en dos proyectos más, y esta vez no sólo con mano de obra, sino aportando la empresa constructora y todo el capital.

El primero de estos grandes proyectos es el Canal de Nicaragua, que si todo va bien empezará a construirse en diciembre de este año y concluirá en 2019. El canal aprovecha la existencia del Lago Nicaragua, y ha sido adjudicado a una compañía privada hongkonesa. Con este nuevo canal, que para Panamá es una muy mala noticia, se quiere abaratar costes: que haya competencia, porque las tarifas para pasar el canal panameño son muy caras, y cada vez más, a medida que los barcos van siendo más y más grandes. Se paga según el peso de cada barco, lo que se suele traducir en decenas de miles de dólares por buque, a menos que seas Richard Halliburton.


El segundo proyecto, menos claro todavía pero que los chinos también quieren acometer, es una línea férrea entre la costa atlántica y la pacífica de Colombia, un país que de conseguir este proyecto también quitaría clientes a Panamá y se tomaría así una particular revancha (Panamá se independizó de Colombia con apoyo de EEUU, que así logró facilidades para construir el canal hace 100 años).

Por si todo esto fuera poco, también Guatemala está planeando, aunque en este caso sin participación china que se sepa, un "canal seco" que, por carretera y ferrocarril, también serviría para transportar mercancías de la costa pacífica a la atlántica. El istmo centroamericano se llena de grúas.

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10 cosas que quizá no sabes
sobre la Matanza de Tiananmen

4 de Junio, 2014, 0:01




Tal día como hoy de hace 25 años se produjo la Matanza de Tiananmen, un suceso con mayúsculas en la historia contemporánea mundial y que irónicamente en China, donde ocurrió, apenas es nombrado y es prácticamente desconocido por la mayoría de la población (y los que recuerdan algo se lo callan). Es un hecho asombroso, algo que es posiblemente único en el mundo: es como si España ocultara a propósito el 11-M, o EEUU los atentados de las Torres Gemelas.

Al vivir en Pekín, aunque no estuviera en la ciudad en la época de las protestas, cuando leo o veo fotos sobre lo que ocurrió hace un cuarto de siglo en calles y lugares por los que he pasado cientos de veces suelo sentir algo muy intenso, algo así como estar dentro de un mal sueño casi increíble. Lleva a pensar que muchos rincones de esta ciudad guardan muchos fantasmas, gente que murió allí y que el régimen quiere olvidar pero que seguramente serán recordados durante siglos.

No me gusta dedicar cada 4 de junio en este blog a conmemorar la masacre, porque haciendo eso se corre peligro de convertir la fecha en una rutina repetitiva, pero por lo menos creo que vale la pena hacerlo en fechas redondas. Ya escribí algo en 2009, a los 20 años de los sucesos, y ahora que se cumplen 25 volveré sobre el tema para contar algunos detalles alrededor de aquel hecho histórico que creo yo que no siembre se recuerdan lo suficiente, dando lugar a versiones de los acontecimientos algo erradas o demasiado simplificadas.

1- No era la primera vez que la plaza de Tiananmen se usaba para protestar

La plaza de Tiananmen, en el centro de Pekín, junto a la Ciudad Prohibida, el Gran Palacio del Pueblo y otros edificios históricos y de renombre está tan cargada de simbolismo, tiene tal electricidad, que muchas generaciones de chinos la usaron para reivindicar cosas en el siglo XX. El 4 de mayo de 1919, por ejemplo, fue escenario de grandes protestas que para muchos marcaron el inicio de la China moderna y sembraron la semilla del posterior comunismo. En la Revolución Cultural, millones de Guardias Rojos hicieron sentadas en la plaza, como harían los estudiantes de 1989. En 1976, tras morir el entonces primer ministro Zhou Enlai, sus partidarios se concentraron en Tiananmen y criticaron los excesos de la mencionada Revolución Cultural, en los últimos meses de vida del Gran Timonel. En 1986 también hubo protestas en Tiananmen, un adelanto de las que habría tres años después.


1919


Revolución Cultural (años 60)



1976


Esta tradición de usar Tiananmen para pedir cosas, un poco como en la Puerta del Sol de Madrid o en otras plazas del mundo, se cortó de cuajo en 1989, ya no ha vuelto a permitirse, aunque algunos de forma individual lo hayan intentado a pequeña escala.


2 - Los manifestantes que comenzaron las protestas de 1989 no pedían en un principio el fin del régimen comunista


El movimiento de protesta de 1989 empezó casi casi siendo un asunto interno del Partido Comunista: al morir el 15 de abril Hu Yaobang, ex secretario general del partido que había mostrado simpatía por los participantes de las protestas de 1986, estudiantes de universidades muy politizadas de la ciudad (es decir, con fuerte adoctrinación comunista), como la Universidad de Pekín o la Universidad de Tsinghua, decidieron ir al centro de la ciudad para recordar a Hu, a quien veían como un reformista político frente al conservadurismo de Deng Xiaoping o de Li Peng.


Hu aparece en el retrato con crespones negros,
tradicional costumbre en los funerales de Asia



En los primeros días de concentraciones, aún en abril, se exigía el fin de la rampante corrupción o la instauración de la libertad de prensa, cosas que hoy en día siguen pidiendo muchos chinos comunistas pero no del todo contentos con la cerrazón de su Gobierno. También se quejaban mucho de la fuerte inflación que entonces había en China, y que estaba aumentando la desigualdad social.

Sólo cuando la protesta fue creciendo y empezó a ser atacada abiertamente por el régimen, a medida que iba avanzando el mes de mayo, fue cuando algunos de los manifestantes se radicalizaron y empezaron a pedir el fin del comunismo. Algunas facciones, sin embargo, siguieron siendo moderadas hasta el final. En realidad, el movimiento de protesta se volvió en las últimas semanas muy heterogéneo, tanto que ya no había manera de negociar con él, cada corrillo de Tiananmen pedía algo diferente.


3 - No sólo hubo protestas en Pekín, y éstas no terminaron abruptamente el 4 de junio

Cientos de ciudades del país acabaron uniéndose al movimiento, también comunidades chinas en otros países, y por supuesto Hong Kong, donde había mucho miedo porque la ex colonia ya sabía que iba a regresar a soberanía china en 1997 (tras el fracaso de las protestas, hubo muchos hongkoneses que emigraron a Canadá y otros lugares del planeta).

Y tras la masacre de la noche del 3 al 4 de junio, en algunas urbes de China hubo concentraciones de condena, hasta dos o tres días después, aunque los gobiernos locales las fueron reprimiendo. Mención especial merece el caso de Shanghai, ciudad que entonces estaba gobernada por Jiang Zemin: Jiang habló con los manifestantes y les dijo que en parte comprendía su actitud rebelde, hasta dijo que él a su edad también había sido muy activista. Sin embargo, mientras aparentaba simpatía por el movimiento, ordenó que los medios locales criticaran a los estudiantes y preparó amplios dispositivos policiales que lograron acabar, con menos violencia que en Pekín, con las protestas. Su éxito en acabar de forma relativamente pacífica con el movimiento en Shanghai, demostrando además que tenía unas maneras de gobernar un tanto maquiavélicas, lo auparían muy poco después a la presidencia de China.


Protesta ante el gobierno local de Shanghái


4 - No sólo hubo estudiantes en el movimiento de protesta


Aunque se habla mucho de los estudiantes de Tiananmen, lo cierto es que probablemente fueron muchos más los obreros de factorías los que participaron en protestas, huelgas y revueltas, tanto en Pekín como en otras ciudades. Incluso hubo policías y soldados que, en las primeras semanas, se unieron a los estudiantes, o expresaron públicamente su negativa a usar la fuerza contra los manifestantes.


Tras la represión del 4 de junio, se dice que el régimen fue especialmente duro con los obreros que se habían unido al movimiento: mientras muchos estudiantes no fueron condenados a prisión (algunos eran menores de edad), sí hubo muchos trabajadores que sufrieron largas sentencias de cárcel, torturas y seguramente ejecuciones.


5 - Un periódico, un viaje a Corea del Norte y una visita de Gorbachov jugaron un papel decisivo en el devenir de los acontecimientos

Las protestas de Tiananmen pudieron en parte florecer en abril de 1989 porque había sectores del Partido Comunista que estaban de acuerdo con lo que pedían los estudiantes. En concreto, las veía con buenos ojos Zhao Ziyang, entonces secretario general del Partido Comunista (Deng Xiaopeng estaba por encima de él, pero no ostentaba ningún cargo oficial). Zhao pensaba, como su antecesor Hu Yaobang, que la reforma económica emprendida en los 80 había sido muy buena, pero había traído efectos negativos no deseados como corrupción, desigualdad social e inflación. En cambio Li Peng, primer ministro entonces, no estaba de acuerdo con él, creía que las protestas desestabilizaban el régimen y apostaba por un castigo duro a los manifestantes. Li y Zhao simbolizaron las dos facciones que en el Partido causó el movimiento, con Deng en teoría "neutral", aunque en realidad estaba más inclinado a apoyar a Li.

En esas discusiones estaban cuando a Zhao le tocó hacer una visita oficial a Corea del Norte, que ya había sido organizada muchos meses atrás, antes de todo el lío. El entorno de Zhao recomendó a éste que no viajara con la que estaba cayendo, pero él no hizo caso y se fue a visitar a Kim Il-sung. Con él fuera de China, Li Peng y Deng aprovecharon para ordenar la publicación de un editorial en el Diario del Pueblo que por primera vez declaraba las protestas contrarrevolucionarias, subversivas y enemigas de la paz. Este editorial marcó un antes y un después en el movimiento de protesta: muchos estudiantes se sintieron traicionados y se radicalizaron, otros se declararon abiertamente anticomunistas, y mucha gente que al principio veía a los manifestantes como gente ingenua se unió a las protestas.

Días después otra visita oficial contribuiría a aumentar la tensión: la de Mijaíl Gorbachov a Pekín, a mediados de mayo. Sabedores que con Gorbachov llegarían muchos periodistas de todo el mundo, algunos estudiantes de Tiananmen iniciaron huelgas de hambre y su historia empezaba a salir en las portadas de los diarios internacionales.


Gorbi y Deng


La visita tenía que marcar una histórica reconciliación entre China y la URSS tras décadas de ruptura (y de hecho lo hizo) pero quedó eclipsada por las protestas, que obligaron, por ejemplo, a que la tradicional ceremonia de bienvenida se trasladara de la plaza de Tiananmen (fuera del Gran Palacio del Pueblo, donde se sigue haciendo hoy en día) al aeropuerto. Eso enfureció más al ala dura del régimen, pues le hizo "perder cara", y ya se sabe que eso en China son palabras mayores.


6 - Hubo reuniones entre los máximos líderes del Gobierno chino y los estudiantes

Se suele considerar que Li Peng fue el gran "malo" de la historia, el que defendió desde el principio el uso expeditivo de la fuerza contra lo que consideraba unos "alborotadores". Sin embargo, hay que reconocerle que se sentó, al menos un día, a hablar con ellos, aunque probablemente fuera para avisarles que en poco tiempo se iba a anunciar la ley marcial que autorizaría el uso de la fuerza contra los manifestantes.

Uno de los más famosos líderes estudiantiles, el uigur Wuer Kaixi, fue llevado desde la plaza, donde estaba concentrado y en huelga de hambre, al interior del Gran Palacio del Pueblo (iba sorprendentemente en pijama, quizá porque estaba bajo cuidado médico) y habló el 18 de mayo con Li, quien después pasaría a la historia con el apodo de "carnicero de Tiananmen".


El charcutero en traje Mao y Wuer Kaixi en pijama


Un día después, el 19 de mayo, Zhao Ziyang, con un megáfono, visitaría la plaza y pediría emocionado a los estudiantes que abandonaran la huelga de hambre. La foto es muy famosa porque es su último acto público como jefe del Partido Comunista, después sería purgado y puesto en arresto domiciliario hasta su muerte en 2005. Además, en la foto estaba también un entonces joven Wen Jiabao, que entonces era una especie de encargado de protocolo de los líderes comunistas y 15 años más tarde sería primer ministro chino. Su presencia en la foto, al lado del moderado Zhao, hace pensar que Wen también estaba secretamente a favor de algunas de las peticiones estudiantiles, aunque la verdad es que nunca lo ha dicho abiertamente, y no sufrió la misma purga que su jefe, aunque sí le costó unos años salir de puestos bajos en el escalafón comunista.


Wen es el de traje negro, a la derecha de Zhao y su megáfono


Apenas un día después, el 20 de mayo, se declaró la ley marcial, que marcaba el principio del fin del movimiento: el régimen había decidido el uso de fuerzas militares para acabar con ella.


7 - En los últimos días de las protestas, se erigió la Diosa de la Democracia y se unió a las huelgas el intelectual Liu Xiaobo

A finales de mayo y principios de junio, con la ley marcial ya establecida, y cuando ya se mascaba la tragedia, el gran canto del cisne de los estudiantes fue construir en Tiananmen una especie de réplica en cartón y yeso de la Estatua de la Libertad, que llamaron la Diosa de la Democracia. La estatua parecía mirar desafiante a Mao, cuyo retrato colgaba y cuelga en la puerta de la Ciudad Prohibida (la puerta de Tiananmen, que da nombre al resto de la plaza).



También fue en esos días cuando el escritor y profesor Liu Xiaobo, intelectual que había mostrado su simpatía hacia las protestas, fue a la plaza y se unió a los que hacían huelga de hambre. Años después, en 2008, volvería a pedir democratización en China. En 2009 era condenado a prisión por subversión, y en 2010 se le otorgaba el Nobel de la Paz.


8 - La mayoría de las muertes no fueron en la Plaza de Tiananmen


Aunque en Occidente se suele hablar de la Matanza de Tiananmen, expresión que de hecho he usado en el título del post (en China son más contenidos y prefieren hablar simplemente del "liu si", el "cuatro de junio"), lo cierto es que la mayoría de las muertes no fueron allí. El mayor derramamiento de sangre se produjo cuando los tanques y vehículos blindados, que llevaban semanas en las afueras de la ciudad esperando el asalto final, comenzaron a rodar por la Avenida Changan, la principal de Pekín, en dirección a la plaza. Simpatizantes del movimiento o simples vecinos intentaron convencer a esas columnas de tanques que no avanzaran hacia Tiananmen. Algunos lo hicieron por las buenas, gritando a los soldados, y otros por las malas, montando barricadas con vehículos o lanzando cócteles molotov. Fue entonces cuando el ejército chino empezó a disparar a civiles y a causar las primeras muertes. Las principales matanzas se produjeron en el oeste de Pekín, a kilómetros de la plaza de Tiananmen, en lugares que a los que vivís en esta ciudad os sonarán como paradas de la línea 1 de metro: Muxidi, Museo Militar, Nanlishilu, Xidan...


Justo es decir que también murieron soldados en estos enfrentamientos, pero por lo que dicen los cronistas no debieron ser más de media docena, frente a los cientos, quizá miles de civiles asesinados esa noche. La plaza tardó horas en ser desalojada, hubo forcejeos entre estudiantes y soldados, pero no hubo tanta violencia como en la avenida Changan, seguramente porque algunos de los que habían visto la masacre en esa calle fueron corriendo, con camisas manchadas de sangre, a avisar a los estudiantes en la plaza que tuvieran mucho cuidado, que los soldados estaban dispuestos a todo.


9 - Algunos líderes estudiantiles escaparon en "patera", en la llamada "Operación Pájaro Amarillo"


El más famoso líder de los estudiantes, Wang Dan, fue detenido y pasó años en prisión, pero otros destacados protagonistas de las protestas, como Wuer Kaixi o Chai Ling, sí lograron escapar, a través de una operación organizada por movimientos prodemocracia de Hong Kong, bautizada con el nombre en clave de "Pájaro Amarillo". Se tardó semanas, incluso meses, pero se pudo salvar a cientos de ellos de la cárcel y la tortura. En su mayoría viajaron lo más discretamente posible por carretera hasta la costa sur de China, donde montaron en barcazas cuyos dueños les cobraban verdaderas fortunas por llevarles (algunos de esos barqueros estaban envueltos en asuntos de contrabando y ligados a las mafias de Hong Kong). De esta manera llegaron a tierras hongkonesas, entonces aún bajo soberanía británica, desde donde emigraron a otros lugares (la mayoría a EEUU o a Taiwán).


10 - El famoso "Hombre del Tanque" no estaba exactamente impidiendo a los tanques que fueran a la plaza

La foto que muchas veces resume todo el movimiento de Tiananmen, tan famosa en todo el mundo como casi desconocida en China, es la del hombre que, con una bolsa en la mano, se atrevió a ponerse delante de una fila de tanques, pararlos durante unos minutos e incluso charlar quién sabe de qué con el conductor del primero de esos mortíferos vehículos.


Muchos piensan que la imagen simboliza la heroicidad de un hombre que intentó parar el avance de los tanques en Tiananmen, pero hay que decir que los tanques no estaban yendo hacia la plaza, sino que, por el contrario, estaban alejándose de ella, se iban para las afueras de la ciudad nuevamente (la foto se tomó el 5 de junio, un día después de la sangrienta represión). Fotos de ese momento con una perspectiva diferente así lo muestran:


Este plano abierto es espectacular, casi más que el primero, pero no aparece tanto en homenajes y recuerdos. Creo yo que es por lo que acabo de comentar, acaba un poco con el mito, aunque sea cual sea la dirección en la que iban los tanques el tío le echó muchos huevos al ponerse a apenas centímetros de una máquina de matar como ésas.

Con estos diez puntos lo dejo ya, creo que el histórico hecho ha quedado suficientemente repasado. Únicamente decir que, 25 años después, muchas de las cosas por las que protestaban los estudiantes, incluso los más moderados (la corrupción, el nepotismo...) siguen siendo el pan nuestro de cada día en China, y probablemente el fracaso de aquel movimiento contribuyó a que se enquistaran en el sistema durante las décadas venideras.

Además, la represión del movimiento acabó con algunas tendencias aperturistas que China había mostrado en los 80, sobre todo en lo que a separación de poderes se refiere. Antes de 1989 el jefe del ejército chino, el del Gobierno y el del Partido Comunista eran tres personas diferentes, pero a partir de la matanza todos los cargos fueron a parar a la misma persona, Jiang Zemin, y así sigue la cosa en la actualidad. Y no sólo fue malo para el régimen, sino también para la sociedad china, que perdio la fe en conseguir cosas en grupo y se volvió más indiviudalista, más materialista, más cínica.

Hace pensar, una vez más, qué podría haber pasado si las protestas hubieran triunfado, si ahora China podría ser un lugar mejor, menos corrupto, con más librepensadores y menos temeroso (temor del Gobierno por el pueblo, temor del pueblo por el Gobierno).




PD: Puede que tras tanto rollo no os queden ganas de leer más sobre el asunto, pero os recomiendo que, cuando estéis más descansados, le echéis un vistazo al espectacular monográfico que South China Morning Post le ha dedicado al aniversario. Borda la perfección. También es interesante un curioso proyecto interactivo que me han pasado vía Twitter, y que intenta ver las protestas de Tiananmen desde los dos lados opuestos, el oficial chino y el de los que apoyaron las protestas.

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Ya no sigo siendo el Rey

2 de Junio, 2014, 0:01

Tenía intención de dedicar hoy el blog al 25 aniversario de las protestas de Tiananmen y su triste final, pero esa efeméride se puede dejar para otro día, porque dimisiones de reyes españoles hay una cada dos siglos o así, de manera que hay que aprovechar el momentum.

La abdicación de Juan Carlos I, acontecimiento para la Historia, nos ha pillado en China de fiesta (hoy era el Día de los Barcos Dragón), lo que nos ha venido muy bien a todos los miembros, miembras y miembrillos de la comunidad española para seguir el acontecimiento con toda la intensidad merecida, es decir, tuiteando chistes de Peñafiel y vivas a la República, mandando memes y fotos graciosas del asunto por el móvil, o escuchando por internet la radio con intensidad nivel noche del 23-F. En casa hemos visto el mensaje en directo, con sensación de que nos encontrábamos ante un acontecimiento para el recuerdo.


Qué mejor día como el de hoy para recordar los viajes de Juan Carlos I por China, que han sido tres: en 1978 (uno de los primeros de su reinado), en 1995 y en 2007, acompañado en todos ellos por la reina Sofía (aunque ella vino sola en otra ocasión, en el año 2003).

El de 1978 formó parte de una gira que hoy me parece a mí que pocos harían... Juan Carlos primero pasó por Irán, donde se reunió con el Sha de Persia (al que le quedaban dos telediarios para ser derrocado), después por China, y finalmente por Irak.

Del viaje de 1978 lo que más se recuerda es que Deng Xiaoping regaló a los reyes españoles una pareja de pandas, macho y hembra. Ésta daría a luz, más tarde, en el zoo de Madrid, a Chu-Lin, el primer animal de esta especie que nacía en Europa.

De la visita de 1978 he encontrado, gracias a este foro dinástico, varias fotos curiosas, que os pongo a continuación:


Recibimiento en el aeropuerto de Pekín
(nótese la pancarta en español al fondo)


En la Gran Muralla, visita obligada


Reunión con Ye Jianying, presidente de la Asamblea Popular
(nótese el detalle de las escupideras a los pies del líder chino y de la reina)


En la entrada del Mausoleo de Mao en Tiananmen, tras dejar una ofrenda de flores
(ahora esto sólo lo hacen los líderes de países muy izquierdosos, tipo Evo Morales)


La reina come con palillos en el banquete de bienvenida


La reina es contratada para recolectar té
(esta foto igual es del viaje de 1995, porque el té es del sur
y en 1978 sólo estuvieron en el norte de China, en Pekín)



Junto a Deng Xiaoping


Del viaje de 1995, que incluía Pekín y Cantón, no he encontrado muchas fotos, porque tampoco es que haya buscado mucho, ya que prefiero hablar del encuentro que el Rey tuvo un año después en Madrid con el entonces presidente chino, Jiang Zemin, cuando éste visitó España. El líder chino rompió todos los protocolos existentes y se sacó un peine delante del monarca, cosa que, por lo visto, hacía muy a menudo en muchos actos protocolarios en China y el extranjeiro.



El detalle no gustó mucho a sectores monárquicos, y, por supuesto, menos aún al diario ABC, que al día siguiente dedicaba una columna de Jaime Capmany (uno de los columnistas más casposos de la historia del periodismo español, aunque eso sí, con fervientes seguidores) en el que éste llamaba a Jiang Zemin una y otra vez "el chinito".



El último viaje del Rey a China, en 2007, ya me pilló a mí en Pekín, y de hecho es la única vez en la vida en que he visto en persona a Juan Carlos. Fue en la inauguración en el Museo Nacional de Arte de China de una exposición de obras maestras del Museo del Prado.


Esta foto (y las dos siguientes) la hice yo, peleándome con seguratas y público.

Recuerdo de aquel acto, aparte de la malísima educación de los equipos de seguridad chinos y españoles (que pese a sus malos modos no impidieron cierto caos), que la reina tenía una misteriosa tirita en la pierna, tirita que el protocolo real pidió que por favor no fuera mostrada en las imágenes de prensa.


Además, en la inauguración todos estaban de pie menos la reina, que a los pocos minutos se sentó en una silla preparada para ella. No sé si es que se había intentado otra vez subir la Gran Muralla y se había caído, o qué había pasado...



La estrella de la muestra era "El Quitasol" de Goya,
que los curadores pensaron que gustaría mucho a los chinos
por aquello de que los paraguas y sombrillas son una cosa traída de China




En aquel viaje los Reyes, casi 20 años después, volvían a conseguir una pareja de pandas, aunque esta vez no regalados, sino alquilados, y la reina se hizo una foto con uno de ellos, una imagen que en años posteriores ha sido bastante motivo de chanza en la Revista El Jueves, que de vez en cuando exagera el perfil ecologista y amante de los animales de doña Sofía (en contraposición con su marido mataosos y elefantes).





En fin, ésta es la historia de Juan Carlos I, nuestro ex rey, en China, ahora a ver si Felipe VI nos visita (ya lo ha hecho como príncipe, de hecho él y Letizia inauguraron el Instituto Cervantes de Pekín).

PD: En los últimos meses de desprestigio de la institución monárquica, quizá ha ayudado a agrandar la bola de nieve mierda una foto que ha circulado de el Rey junto al famoso empresario Gao Ping, acusado de fraude y protagonista de la Operación Emperador.

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Paracel bien la guerra
hay que venir al sur

11 de Mayo, 2014, 0:01

Esta semana China y Vietnam han tenido una bronca bastante importante en aguas del Mar de China Meridional. Todo comenzó porque los chinos quieren explorar el lecho marino de una zona que ambos países se disputan, los alrededores de las islas Paracel (que los chinos llaman Xisha, "arena del oeste" y los vientamitas Hoang Sa, "arena amarilla"). Se cree que por allí existe una de las mayores reservas marinas de crudo del mundo, pero al ser una zona tan compleja (hay muchos países alrededor, y todos reclaman islas y aguas del lugar) nadie había podido o querido hacerlo hasta ahora.


Las Paracel (y de paso mostramos las Spratly, que también se las disputa todo quisqui).


China, sin embargo, considera que ya tiene la fuerza y la capacidad técnica necesarias para intentar esa exploración, por lo que ha llevado allí estos últimos días una gigantesca plataforma petrolífera que ha alarmado mucho a Vietnam. Los vietnamitas trataron de impedir la instalación de la planta, lo que fue respondido por buques chinos (no sé si militares o guardacostas) con manguerazos de agua que obligaron a los buques vietnamitas a irse con el rabo entre las piernas. En fin, un episodio más de un contencioso que cada año va ganando en intensidad.

El incidente se produce cuando se cumplen 40 años del suceso que dio a China su actual control de facto de las islas. El 19 de enero de 1974, China y Vietnam del Sur libraron la Batalla de las Islas Paracel, una escaramuza naval que se saldó con la muerte de 48 marineros survietnamitas y 18 chinos. Antes de esa batalla, el control del archipiélago se lo repartían a regañadientes China y Vietnam del Sur, pero tras la victoria china Pekín logró el control de todas las islas. Los chinos hasta hicieron una canción conmemorativa de aquella batalla... (Si os la ponéis, ojo a la vajilla de vuestra casa porque la cantante llega a notas agudas dignas de silbato para perros).




La actitud de Vietnam del Norte en aquel conflicto (Vietnam del Norte, por si conviene aclararlo, era la parte comunista de Vietnam, los charlies, los que acabarían ganando al Sur que apoyaba EEUU) fue algo ambigua: por una parte Vietnam del Sur era el enemigo principal y aquella batalla pudo contribuir a que un año después lograran la conquista definitiva de Saigón, pero China tampoco era un amigo del todo claro. Lo había sido en los 60, antes de que China y la URSS se distanciaran ideológicamente, pero en los 70 Vietnam del Norte era sobre todo amiga de Moscú, no de Pekín.


Mao y Ho Chi Minh en los 50, cuando todos los comunistas eran amiguetes.


Como consecuencia de la poca simpatía de Hanoi hacia Pekín, Vietnam del Norte no felicitó a China por su victoria, algo que llamó mucho la atención, y mostró así los inicios de lo que años más tarde sería una clara enemistad entre comunistas chinos y comunistas vietnamitas (enemistad que llevó a que ambos países tuvieran una pequeña guerra fronteriza en 1979, poco después de que los vietnamitas derrocaran al régimen prochino de Pol Pot en Camboya).

Vamos a ver si la actual cuestión de las Paracel acaba abriendo esas heridas setenteras, o si por lo contrario se llegan a soluciones negociadas. El contencioso es preocupante, pero China tiene tantos que cada semana tiene que ir cambiando la atención de uno a otro (Japón, Xinjiang, Paracel, Spratly, Tíbet, EEUU metiendo baza en todos ellos...) y al final, paradójicamente, tantos jaleos se acaban neutralizando mutuamente.

PD: No se sabe muy bien de dónde viene el nombre de las islas Paracel, que inventaron los portugueses (¿Placer?, ¿Paracelso?), pero lo que sí sé es que cuando oigo ese nombre me acuerdo del principio del estribillo de esta canción que en los 70 dio a conocer la gran Rafaela Carrá, en la que no sé si se refería al sur de Europa o al de Asia, y en la que decía que "donde no hay odio ni guerra el amor se convierte en rey", en clara sugerencia a chinos y survietnamitas para que dejaran de liarse a cañonazos.


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El enigma de Sanxingdui

20 de Abril, 2014, 0:01



¿Qué os parece la imagen con que abro el post? Es una enorme máscara de bronce, de unos tres metros de ancho y otros tantos de alto. ¿No os da un poco de yuyu? ¿Qué representan esos ojos saltones? ¿Y de qué estilo es? ¿Azteca, maya, africana, india...?

La escultura es china -tampoco era difícil de adivinar, estando en el blog en el que estamos- y ella, como muchas otras encontradas en el centro del país hace casi 30 años, forman parte de uno de los grandes misterios arqueológicos de este país asiático, por no decir del mundo entero. Pertenecen a la llamada cultura de Sanxingdui (que viene a significar "colina de las tres estrellas"), una civilización que se desarrolló en el centro de China (lo que hoy es la provincia de Sichuan) hace unos 3.000 o 4.000 años y de la que apenas se sabe nada.

No dejó escritos, ni se habla de ella en los anales de ninguna otra civilización. Sus restos arqueológicos muestran un arte muy original, muy diferente del de sus contemporáneos los Shang (los chinos del río Amarillo, antecesores de la civilización china propiamente dicha) y con unas figuras de ojos penetrantes que causan cierta inquietud (personalmente, me recuerdan a los totems de los indios norteamericanos, y también a alguna película de viajes espaciales de cuyo nombre no quiero acordarme).







Durante siglos, nadie en China supo de la existencia de Sanxingdui, era una civilización completamente enterrada por el tiempo. Sí se ha sabido durante milenios que la misma zona de Sichuan hubo un reino, el de los Shu, que fue conquistado por los Qin, quienes unificaron China hacia el 200 AC. Pero no se sabía mucho de qué había en Sichuan, zona remota y salvaje para los antiguos chinos, antes de los Shu.

Ello empezó a cambiar cuando en 1929 un campesino de Sichuan descubrió por casualidad unas piezas de jade extrañamente decoradas que enseguida llamaron la atención de los arqueólogos. Se hicieron muchas excavaciones en la zona, pero la falta de suerte y la inestabilidad política de China en las décadas siguientes dificultaron la búsqueda y no fue hasta 1986 cuando se hallaron dos tumbas repletas de objetos de la que sería bautizada como cultura de Sanxingdui. Algunos compararon la importancia del hallazgo con la que había tenido, unos años antes, el del famoso Ejército de Terracota.

Los restos de Sanxingdui cambiaron la forma de ver la Historia antigua de China. Por una parte, mostraron que en el Yangtsé, en el centro del país, habían florecido civilizaciones tan avanzadas en el arte y la metalurgia como las más famosas civilizaciones del Amarillo, el supuesto origen de la cultura china. Además, su evolución cultural era totalmente diferente, como prueba el aspecto de las estatuas. Pero ¿de dónde venían? ¿Cómo eran? ¿Que representaban esas figuras de ojos extraños? ¿Cómo desapareció su civilización? Nada de eso se sabe, Sanxingdui sigue siendo un misterio.

Un misterio para los historiadores, y algo casi desconocido para los chinos actuales, que apenas conocen la existencia de Sanxingdui ni apenas la han estudiado en sus libros de texto. Un museo perdido, en la ciudad sichuanesa de Guanghan, muestra las espectaculares obras antes mostradas en un escenario casi de ciencia ficción, pero que casi no visita nadie.





Pese al olvido popular, el enigma arqueológico de Sanxingdui, como no podía ser menos, ha estimulado las mentes más calenturientas, las ávidas de encontrar respuestas, aunque éstas sean poco otodoxas. Por supuesto, hay Ikerjimeneces de la vida que ven en las caras de Sanxingdui indicios de visitas extraterrestres en la antigua China (no creo yo que sea así, pero lo menciono). A algún bloguero español Sanxingdui le ha inspirado relatos con ilustraciones comiqueras. Ah, y se prepara el rodaje de una película que intentará abundar en una de las teorías sobre el origen y el final de la civilización. Un filme que, ojito, podría ser la primera coproducción cinematográfica chino-española de la historia.

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Un olvidado desastre
con 230.000 muertos

6 de Abril, 2014, 0:01


Siendo el país más poblado del mundo y uno de los más grandes, hasta la estadística condenaba a China, desde el principio de los tiempos, a ser uno de los países más golpeados por los desastres naturales. Los peores terremotos de la Historia, las peores inundaciones y las peores hambrunas ocurrieron aquí, algunos de ellos hace no tanto tiempo, en el pasado siglo XX.

Muchos conocen, por ejemplo, el terremoto de Tangshan, el peor del siglo pasado, en el que murieron 240.000 personas, ocurrido en verano de 1976 (pocos días antes de que yo naciera, si se me permite este inútil dato autobiográfico).

Lo que muchos no saben, ni siquiera en China, es que un año antes del archifamoso terremoto de Tangshan ocurrió no muy lejos de allí un desastre que causó casi el mismo número de fallecidos: me refiero al supertifón Nina, que afectó a zonas del norte del país poco acostumbradas a estas tormentas tropicales, derrumbó nada menos que 62 presas, y causó alrededor de 230.000 fallecidos. Sin embargo, muy pocos chinos saben algo de este tema. ¿Por qué?

En 1975 China aún se encontraba en plena Revolución Cultural, y si bien los años más salvajes de este experimento desastroso de Mao ya habían terminado, el país aún se encontraba en momentos de aislamiento internacional, censura total interna y grandes dificultades económicas. Por hacer comparaciones, la situación no debía ser muy diferente a la que hoy en día atraviesa la vecina Corea del Norte.

A esa China llegó, en el mes de agosto, el tifón Nina, uno de los muchos que azotan el país cada verano, y que ya había causado estragos en Taiwán, donde habían muerto una veintena de personas. Sin embargo, el tifón no fue especialmente dañino en la costa china, la zona del país donde estos tifones del océano Pacífico son aún potentes, sino cuando entró en el interior chino, chocó con un frente frío y se convirtió en lluvias torrenciales nunca antes vistas (hubo más de mil tormentas en los primeros días de ese mes, según cuentan).

La provincia central china de Henan, donde los tifones rara vez causan problemas, fue la principal receptora de estas lluvias. En algunas zonas llovió en un día toda el agua que había caído otras veces durante un año entero, más de 1.000 milímetros diarios (cuando en un año normal se pueden recibir en la zona 800 milímetros).

La situación se volvió especialmente complicada en la cuenca del río Huai, una corriente históricamente muy complicada. El Huai, situado entre el Yangtsé y el Amarillo, es un río indomable, que durante siglos se ha desbordado miles de veces, ha cambiado de curso decenas, y es tan intratable que ha habido épocas que ha desembocado en el mar, otras en que ha sido afluente del Amarillo, y otras (como en la actualidad) en el que ha alimentado al Yangtsé. El río tenía tan mala fama que Mao Zedong, en sus primeros años de gobierno, hacia los años 50, ordenó la construcción de decenas de diques para intentar controlar sus a menudo incontrolables aguas y las de sus afluentes.

Estos diques estaban construidos con los pocos medios de la China de aquel entonces: con materiales de mala calidad, poco pensados para durar varias décadas, y edificados sin considerar la posibilidad de que hubiera enormes lluvias como la de 1975, que en una zona como Henan pueden sufrirse sólo una vez cada 2.000 años. Como resultado de ello, el 8 de agosto (esta vez el supuesto día de suerte de la numerología oriental no cumplió su cometido) uno de los principales diques, el de Banqiao (en el pequeño río Ru, afluente del Huai) se rompió causando una gran inundación torrencial que se cobró la vida de unas 100.000 personas, sobre todo en la vecina ciudad de Zhumadian.



Fue un tsunami fluvial que, con olas de hasta 10 metros de altura y velocidades de unos 50 kilómetros por hora, derribó otras 61 presas y cinco millones de casas. Después, en semanas siguientes, otras 130.000 personas fallecerían por enfermedades y hambrunas derivadas de las inundaciones (el desastre causó la muerte de un millón de cabezas de ganado). 


El hecho de que el desastre se produjera en los años de mayor aislamiento de China, y que en parte fuera culpa de la pobre construcción de diques, hizo que la catástrofe de Banqiao fuera casi totalmente silenciada. Hasta 1990 no se reconoció oficialmente su existencia oficial, hasta 2005 no se desclasificó la cifra de fallecidos, y aún hoy apenas se recuerda en los medios, en aniversarios conmemorativos o en libros de Historia. Muchos libros en China ocultan la cifra real de víctimas, "olvidándose un cero" y dejándola en unas 23.000. Un monumento conmemorativo en la zona habla simplemente de "miles de víctimas", sin especificar más.

Muchos otros errores previos al desastre se produjeron, lo que quizá influyó en el "olvido" al que fue condenada la catástrofe. En los días anteriores a la rotura del dique se pidió a las autoridades que abrieran parcialmente la presa para liberar algo la presión del agua, pero se hizo caso omiso, pensando que aguantaría y que esas liberaciones parciales ya causarían inundaciones. Un telegrama que definitivamente daba la orden de abrir la presa se perdió por el camino. Además, las evacuaciones se calcularon mal, pues el área que finalmente se inundó fue mucho mayor de la estimada.

El desastre de Banqiao, al menos, mandó un aviso al Gobierno de China sobre la existencia de cientos de presas y diques en el país que, lejos de proteger a la población de las perennes crecidas de los grandes ríos del territorio, la colocaban en aún mayor peligro. Aún hoy, después de que muchas de estas infraestructuras se hayan reforzado o reconstruido, se calcula que 30.000 de los 84.000 diques y presas construidos entre 1949 y 1999 en China no son seguros. La cifra la he sacado de este interesante artículo, que explica de forma más extensa el desastre de Banqiao y del que he tomado algunos datos para este post.

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Cuando senderismo
no era ir al monte

24 de Marzo, 2014, 0:01









Estos días ha visitado Pekín el escritor peruano Santiago Roncagliolo, que en España alguno conocerá sobre todo porque desde hace unos meses es columnista en El País Semanal, al lado de veteranas plumas como el venerable gruñón Javier Marías o la ultraconcienciada Rosa Montero. Yo soy un ávido lector de la revista, pero leo números muy atrasados, así que todavía no me han tocado aquéllos en los que escribe Roncagliolo.

El autor peruano ha escrito de muchos temas (una de sus novelas está ambientada en Japón, por ejemplo), pero en dos de sus obras más conocidas está muy presente el movimiento maoísta Sendero Luminoso, que aterrorizó Perú en los años 80 y principios de los 90. Estos libros son la novela "Abril Rojo", Premio Alfaguara 2007 (ambientada en el año 2000 pero que muestra las secuelas del senderismo en Ayacucho, la ciudad donde este movimiento fue más potente) y el ensayo "La Cuarta Espada", sobre el líder histórico del grupo armado, el profesor de Filosofía Abimael Guzmán.

La visita de Roncagliolo, con el que tuve ocasión de charlar, me animó a informarme algo más sobre Sendero Luminoso, un grupo que cuando yo era pequeño sonaba mucho en las noticias españolas pero que tampoco seguíamos con demasiada atención en nuestro país (al menos yo, que era un infante). En realidad, en España nos sonaba un poco como a chiste... Un grupo armado con un nombre como de proverbio chino, y que se autoproclamaba maoísta ¡a decenas de miles de kilómetros de China! Quizá por la poca seriedad con la que nos lo tomábamos, el grupo Un Pingüino en mi Ascensor le dedicó una canción de título mortadeliano, El sendero luminoso me persigue sin reposo.

Pero mientras en España nos tomábamos el asunto a la ligera, para los peruanos el asunto era cualquier cosa menos ligero: si los españoles solemos recordar con dolor los más de mil muertos de ETA, en Perú los senderistas asesinaron a cerca de 40.000 personas, causando especiales estragos en el campo. Sendero Luminoso, que controló grandes áreas rurales andinas, llegó a masacrar aldeas completas. A las víctimas de los senderistas hay que sumar unas 30.000 de la "guerra sucia" del Gobierno peruano de aquel entonces contra el terrorismo: en realidad fue una guerra civil, en la que murieron muchos inocentes.


Atentado de Calle Tarata, Lima, en 1992 (25 muertos),
uno de los peores ataques senderistas.



Sendero Luminoso es casi una excepción única en el mundo: hubo organizaciones maoístas en muchos países en los años 60 y 70, pero muy pocas tuvieron importancia real, y menos aún fueron las que iniciaron una lucha armada (que yo recuerde eso sólo ha pasado en Perú, en Nepal y la India, pero estos dos últimos países al menos son vecinos de China). Por este carácter excepcional y por su relación con China, tema central del blog, es un asunto que me intriga, y por ello me apetece hoy dar un breve repaso a los lazos entre el senderismo y el mundo chino. Para ello, respondamos a tres preguntas:



1-¿Por qué era maoísta, y no comunista? La URSS fue el país más activo en internacionalizar la revolución en la Guerra Fría, pero China, tras romper lazos con Moscú, también lo intentó, aunque fuera de una forma más humilde, sobre todo invitando a estudiantes y simpatizantes a Pekín para conocer los avances de China bajo el timón del Gran Timonel. Según parece, Abimael Guzmán (más conocido entre los senderistas como el Camarada Gonzalo) fue uno de esos latinoamericanos que, hambrientos de revolución y desengañados del comunismo soviético, viajaron a China en los años 60, y le fascinó el radicalismo de la Revolución Cultural, cuya estética puede verse en algunos carteles senderistas de ayer y hoy:

 
 

Además, reflexionaba esta semana Roncagliolo en Pekín, el campo de China y el de Perú se debían parecer bastante, y pudieron ser similares caldos de cultivo para revoluciones que, a diferencia de la soviética, no nacieron en las fábricas, sino en las tierras de labranza: aldeas atrasadas, paupérrimas, olvidadas por la ciudad. Por otro lado, los cerros andinos, pelados y agrestes, eran poco indicados para el modelo de revolución que más triunfaba entonces en Latinoamérica, el cubano-soviético de luchas en la selva, el del Che Guevara (al que no le fue nada bien luchando en otro país de cerros pelados como es Bolivia). El Camarada Gonzalo impuso uno más bien dedicado a tomar pueblos, no a emboscar ejércitos.


2-¿Veía bien China a Sendero Luminoso? Pues no, nada bien, aunque sería mejor decir que Sendero Luminoso no veía nada bien a China, a la China de los ochenta. Roncagliolo recuerda en sus escritos que la primera vez que oyó hablar de Sendero Luminoso, en una de las primeras acciones públicas de la organización, fue cuando en 1980 los senderistas se dedicaron a ahorcar perros en Lima a los que colgaban carteles en los que se leía "Deng Xiaoping hijo de perra".


Para los senderistas, Deng, el líder de China en los 80, era un traidor que había asesinado el espíritu del maoísmo y de la Revolución Cultural (Mao y Deng fueron grandes enemigos, aunque nunca lo dijeran abiertamente y siga sin decirse). Sendero Luminoso llegó incluso a poner una bomba a las puertas de la Embajada de China en Lima, en octubre de 1989. Quizá por todo ello Abril Rojo, el libro de Santiago Roncagliolo sobre el postsenderismo, no ha tenido problemas para traducirse al mandarín y publicarse en China, donde, según el escritor, los lectores chinos lo leen sin darse por aludidos, como si fuera una novela policiaca más.


3-¿Por qué se llamaba Sendero Luminoso, viene de una traducción del chino? Yo siempre pensé que el nombre del grupo terrorista -que, pensándolo fríamente, es un nombre bonito, aunque detrás de él no hubiera belleza alguna- era una frase tomada de algún discurso de Mao, o de algún proverbio oriental... pero no, resulta que el nombre proviene de una frase escrita en el primer tercio del siglo XX por José Carlos Mariátegui, fundador del Partido Comunista Peruano en 1928. En la portada de una revista de su organización escribió esto:

"El marxismo-leninismo abrirá el sendero luminoso hacia la revolución".

En la época de Mariátegui el Partido Comunista de China también estaba recién fundado, y Mao no era aún su claro líder, así que parece que no hay ninguna relación entre el nombre del movimiento y el Gran Timonel, ni siquiera con China.


En fin, el senderismo hoy en día es Historia (aunque ha habido en este siglo también alguna acción aislada de supuestos herederos de la ideología). O mejor, el senderismo hoy en día ha cambiado de significado y ahora es un hobby practicado por gente de todas las edades, especialmente los amantes de la montaña. Por cierto, y perdón por el off-topic, pero en mi tierra hay un programa de televisión sobre senderismo que se llama igual que este blog. No se preocupen, el Camarada Gonzalo no tiene nada que ver con él.

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Atrapados entre cíclopes

26 de Febrero, 2014, 0:01


Los recientes acontecimientos en Ucrania han estremecido al mundo, y con razón. En una semana, tras decenas de muertos, caos, sangre y fuego en una ciudad que hace año y medio acogía la final de una Eurocopa, el Gobierno del país ha caído, su presidente ha huido y la antigua primera ministra, la bella Princesa Leia Yulia Timoshenko, ha salido de la cárcel en la que le metió Yanukóvich. Un movimiento similar en formas a los de la Primavera Árabe, pero ocurrido en Europa, junto a las fronteras de la UE, ha mostrado que las revoluciones aún existen, que no se pelean a besos, y que pueden ocurrir donde uno menos se lo espere. Una revolución extraña y llena de ramificaciones continentales e históricas, porque la libraron por un lado manifestantes partidarios de un acercamiento a Europa Occidental, a la UE, y la intentaron reprimir en el otro lado unas autoridades que habían decidido en cambio alejarse de Bruselas y abrazar a Rusia, que daba más pasta.


Todo ello muestra que, desde un punto de vista geopolítico, a Ucrania le ha caído la "maldición" de estar justo en medio de dos grandes actores del mundo actual, Rusia y la Unión Europea, dos grandes economías que hace siglos igual podrían haberse llamado "imperios", aunque ahora ese palabro ya no se estila. Estar entre los dos gigantes, lo que en un mundo en plan Imagine de John Lennon podría haberle favorecido como país puente entre dos mundos, ha acabado siendo una condena, sobre todo por el miedo de Rusia -que ya ha visto en los pasados años a sus antiguos satélites adoptar el euro o entrar en la OTAN-
a perder influencia sobre Ucrania, las tierras en las que nació la nación rusa como tal. Es una pena que un país como Ucrania no pueda usar su estratégica posición como ventaja, que no pueda tener relaciones políticas y económicas de normalidad con ambos gigantes, y que en lugar de eso se hayan peleado por ella los grandes (bueno, metafóricamente, porque ni Rusia ni la Unión Europea han luchado en el campo de batalla, sino más bien las facciones ucranianas que apoyaban una u otra economía, pero eso sí, animadas o presionadas por Moscú y Bruselas, la una con chantajes comerciales y la otra con vítores).


Esta situación, la de una tierra entre dos gigantes que acabó viéndose perjudicada por esa posición, me recuerda a dos casos muy próximos a China, ocurridos en la primera mitad del siglo XX. Nunca serán perfectamente comparables, cada caso es un mundo, pero comparten la situación de haber estado entre la espada y la pared por haberse plantado en medio de dos gigantes, lo que en lugar de traerles pingües beneficios les produjo muchas dificultades y problemas que aún continúan.


MONGOLIA


Mongolia, que hace unos 800 años llegó a ser el imperio más extenso de la Historia, acabó convertida en una tierra encorsetada entre dos grandes gigantes, los imperios ruso y chino (este último la conquistó en el siglo XVII). En 1911, aprovechando la caída del Imperio Qing en la Revolución Xinhai, Mongolia declaró su independencia, que gracias a la inestabilidad en China pudo mantener unos años.

Antes de que acabara esa década, sin embargo, se encontró con dos problemas por el precio de uno: en primer lugar, los chinos, algo más estabilizados, se habían propuesto recuperar Mongolia, e iniciaron campañas militares de reconquista. En segundo lugar, en el Imperio Ruso había triunfado la Revolución de Octubre, que inspiró a políticos mongoles a imitar el movimiento en el país centroasiático, para alegría de los bolcheviques. En los años siguientes, se instauró la República Popular de Mongolia, tras derrotar los intentos chinos de reconquistar el territorio (gracias, aparte de a la aún caótica situación de China, a la ayuda económica soviética). El precio, sin embargo, fue cierta división: China conservó parte de las tierras habitadas por los mongoles, lo que hoy se conoce como la Región Autónoma de Mongolia Interior, una de las divisiones administrativas de China.

Pekín abandonó definitivamente su intento de recuperar la Mongolia "exterior" tras la Segunda Guerra Mundial, pero el precio de los mongoles por defender su independencia fue, paradójicamente el convertirse de facto en una república más de la URSS, uno de los Estados satélite de Moscú con menos autonomía (y menos aún cuando China y la URSS se enfadaron, tras la muerte de Stalin). La dependencia de los soviéticos se vio simbolizada en el hecho de que los mongoles independientes abandonaron su alfabeto (que aún es usado por los mongoles de China) y adoptaron las letras cirílicas propias del idioma ruso. También hubo grandes retrocesos en libertad de creencias, en un país con fuertes creencias budistas ligadas a la rama tibetana de esa religión, aunque bien es cierto que bajo control chino, en los tiempos de la Revolución Cultural, no les hubiera ido mucho mejor.



TÍBET


La Historia reciente del Tíbet empieza de forma similar a la de Mongolia, aunque, como todos sabemos bien, no acabó igual, ni mucho menos... Tras la revolución de 1911 en China, los tibetanos, que como los mongoles habían sido conquistados por el Imperio Qing hace un par de siglos o tres, aprovecharon el vacío de poder temporal que dejó la caída del régimen imperial chino para declarar la independencia (que, por cierto, Mongolia fue una de las primeras naciones en reconocer, por la cuenta que le traía).

El Tíbet estaba, y está, en el superrecontraestratégico cruce de caminos entre dos gigantes como China y la India, con el agravante de que entonces la India era la joya de la corona del poderoso Imperio Británico. Londres vio en la independencia del Tíbet una oportunidad para aumentar su influencia en la zona y seguir su tenaza contra una China contra la que había luchado, y a la que había vencido pero no despedazado, en las dos guerras del opio del siglo XIX.

La situación llevó a que Reino Unido firmara con el Tíbet un acuerdo de establecimiento de fronteras sin la participación de China, que no reconocía la independencia tibetana. Ese acuerdo fijó la famosa "línea MacMahon", una frontera en el norte de la India que los chinos nunca aceptaron, hasta el punto de que incluso después de volver a tener control sobre el Tíbet acabó siendo motivo para una breve guerra entre chinos e indios, de la que hablé un poco cuando se celebró su cincuenta aniversario.

Decía que el Tíbet no acabó igual que Mongolia... China lo ocupó en 1951, después de transformarse en régimen comunista, y el intento tibetano de recuperar su independencia, en 1959, se saldó con una derrota militar y la huida al exilio indio del Dalai Lama, donde sigue teniendo su residencia. El problema sigue estando allí, complicado y engrandecido por otros muchos factores, desde los estragos de la Revolución Cultural en la población tibetana a nuevos intentos de revueltas que fueron duramente reprimidas (1989 y 2008), todo ello mezclado con asuntos como la concesión del Nobel de la Paz al Dalai Lama, el apoyo económico estadounidense a esta figura en los tiempos de la Guerra Fría o hasta los recientes intentos de llevar la cuestión tibetana a la Justicia española. Pero eso son otras historias.

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Ellaellaella es un volcán

21 de Enero, 2014, 0:01

No fue sencillo, pero pude escapar de Yakarta y ahora me encuentro en una ciudad que por el nombre podría parecer la misma pero no lo es: Yogyakarta, en el centro de Java (Yakarta está en el extremo oeste). Yogyakarta es uno de los lugares más visitados de esta isla, porque está cerca de las famosas ruinas budistas de Borobudur y de las hindúes de Prambanan (o al revés, que aún no he visitado ninguna y puedo liarme). También es famoso en las cercanías el volcán Merapi, que entró en erupción por última vez en 2010, causando la muerte de más de 350 personas y miles de evacuados.


Merapi en 2010.


Indonesia es un paraíso para los vulcanólogos y un infierno para los vulcanófobos: las erupciones en este país son más que frecuentes (este mes, por ejemplo, ha habido una, aunque ha sido en Sumatra, más cerca de donde estaba yo por estas fechas en el año 2011). Algunas de ellas han sido cataclismos planetarios: se dice, por ejemplo, que la erupción del volcán donde ahora está el visitadísimo lago Toba, también en Sumatra, fue tan potente que dejó en la Tierra sólo 10.000 humanos vivos (aunque fue hace unos 70.000 años, no se asusten). Más reciente y famoso es el volcán Krakatoa, islita entre Sumatra y Java que en 1883 explotó y se desintegró dando tal petardazo que se pudo oír a 4.000 kilómetros de distancia, y las cenizas que soltó a la atmósfera fueron de tal magnitud que afectaron al clima de todo el planeta: ese año estuvo casi siempre nublado y no hubo verano.


El Krakatoa antes de explosionar, debía dar gloria verlo.
Ahora hay un volcán más pequeño en la zona, "Krakatoa junior",
que tuvo su última erupción en 2012.



China -los volcanes indonesios son apasionantes, pero este blog tiene que ir a su terreno- no es un país donde los volcanes hayan tenido excesivo protagonismo, aunque casi mejor, bastantes desastres naturales tienen que aguantar los chinos para encima vivir atemorizados de sus montañas. Sin embargo, haber volcanes haylos en China, y en el siglo XX ha habido al menos dos erupciones, aparentemente sin víctimas: una en las montañas Kunlun, que hacen frontera entre Xinjiang y Tíbet, en 1951, y la otra en el que probablemente es el volcán chino más famoso, Changbaishan, el monte fronterizo entre China y Corea del Norte, que soltó lava por última vez en 1903.


Changbaishan, "el monte eternamente blanco".


Changbaishan (que visité hace un lustro con una revista de El Jueves bajo el brazo) es el monte del que nacen los dos ríos que forman casi toda la frontera entre China y Norcorea, el Yalu y el Tumen, y para los norcoreanos es una montaña sagrada, tanto que está en su bello escudo nacional (los escudos de países comunistas han sido siempre mi debilidad, con sus torres eléctricas, sus espigas y sus engranajes de maquinaria).

Se dice que el Changbaishan entra en erupción
más o menos cada 100 años, así que ya va tocando una nueva.

 

Remontándonos mucho más atrás en la Historia, hace unos 3.500 años, se cree que el volcán de la isla de Santorini, en Grecia, tuvo una erupción de tales dimensiones que, aparte de acabar con el sistema político que entonces había en el Egeo (el reino minoico) contribuyó, como el Krakatoa, a cambiar el clima de todo el planeta, lo que causó grandes hambrunas en China y, con ellas, también la caída de la dinastía Xia, primera de la Historia de esa civilización, que entonces gobernaba en la cuenca del río Amarillo. Crónicas históricas chinas posteriores, del siglo III AC, aseguran que el cielo durante el fin del reino Xia se volvió amarillo y "hubo tres soles".

Y remontando aún más, mucho más, hace millones de años, se cree que la erupción de volcanes en lo que ahora es Emeishan (sagrada montaña budista en la provincia china de Sichuan) contribuyó, junto a posteriores erupciones de volcanes siberianos, a la extinción de varias especies animales del Triásico. No había dinosaurios todavía, pero creo que una de las especies que se extinguió entonces fue el trilobites, así que, ya que al empezar, en el título, evoqué algo del peor pop español, me despido con más música hispana que va muy bien con este último asunto.



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El juicio del siglo... XX

21 de Agosto, 2013, 0:01











Mañana se celebra en China el que para muchos es el juicio más sonado en los últimos 30 años de este país: el del ex ministro, ex secretario general de Chongqing y ex miembro del Politburó Bo Xilai. Su caso, con asesinatos de por medio, fue ya tratado en este blog el pasado año, y no quiero yo hablar mucho más de algo que mis apañeros van a tratar profusamente mañana, así que mejor voy a recordar el anterior "juicio del siglo" que tuvo China: el de la famosa Banda de los Cuatro, que se celebró durante 40 días entre el 20 de noviembre y el 29 de diciembre de 1980. En algunas cosas, es inquietantemente similar al que está a punto de comenzar.

Tras la muerte de Mao Zedong, en septiembre de 1976, que ponía fin también a la caótica Revolución Cultural, dos facciones del Partido Comunista parecían enfrentadas: una "derechista", dominada por Deng Xiaoping, y otra "izquierdista", encabezada por la tercera y última esposa de Mao, Jiang Qing, quien había sido una destacada lideresa de la Revolución Cultural. En todo caso, el sucesor oficial de Mao era un centrista, Hua Guofeng, quien no parecía decantado ni por unos ni por otros (Mao le había designado su sucesor precisamente por eso, para buscar a alguien de consenso). Derechistas e izquierdistas, sin embargo, comenzaron a presionarle para que se decantara entre unos u otros.


Jiang Qing (de negro) y otros miembros de su facción
velan el cadáver de Mao.



Hua Guofeng, quien vivió hasta hace poco (murió en agosto de 2008), en un principio pareció decantarse por la facción izquierdista de Jiang Qing, pero en realidad estaba del lado de Deng (quien había sufrido dos purgas en la Revolución Cultural y a las dos sobrevivió). Junto a los derechistas, maquinó una conspiración contra los izquierdistas. El 6 de octubre de 1976, menos de un mes después de la muerte de Mao, Jiang y otros tres importantes líderes de la facción (la llamada "Banda de los Cuatro") recibieron una carta que les pedía ir al día siguiente al Gran Palacio del Pueblo para una importante reunión del Politburó. Eran, además de Jiang, el viceprimer ministro Zhang Chunqiao, el vicepresidente del Partido Comunista Wang Hongwen y el secretario del Partido en Shanghai, Yao Wenyuan (cargo este último un poco gafe, porque 25 años después otro político que lo ocupaba también fue víctima de otro sonado juicio en la Historia moderna de China).


Uno por uno, los cuatro miembros entraron en el Gran Palacio del Pueblo y se encontraron con soldados que, pistola en mano, les pidieron que se entregaran, cosa que hicieron sin resistirse. Se gestó así, el 7 de octubre de 1976, un auténtico golpe de Estado sin violencia que no es muy conocido ni dentro ni fuera de China, pero que entonces fue respondido con grandes celebraciones en Pekín y otras ciudades del país.

La "Banda de los Cuatro" fue encarcelada en la prisión de Qincheng, en las afueras de Pekín (la misma en la que se cree que Bo Xilai ha pasado el último año y medio) a la espera de juicio, que tardo en llegar cuatro años. En aquel ínterin, un Deng Xiaoping ya con el poder en sus manos (Hua Guofeng se lo cedió muy a gusto) se dedicó a condenar pública y repetidamente los desmanes de la Revolución Cultural, para preparar a la opinión pública. La propaganda también ayudó lo suyo.







El juicio se inició el 20 de noviembre de 1980 en Pekín, y fue "público", como el de Bo mañana (en realidad la asistencia a estos procesos es muy escogida). Al juicio de hace 33 años asistieron 880 "representantes de las masas" y 300 periodistas. El informe inicial de la acusación era tan largo (20.000 palabras) que dos fiscales se iban turnando para leerlo. El delito más grave del que se acusaba a los Cuatro era la persecución de 750.000 personas y la muerte de 34.375 (siempre se dice que no hay cifras de los crímenes de la Revolución Cultural, quizá ésta sea una de las pocas que se pueden citar).

En el juicio, donde los acusados y otros "cómplices" de la banda se sentaban en una especie de valla como de establo, los cuatro principales acusados se mostraron de forma muy diferente. Yao, el ex jefe de Shanghái, fue el más cooperativo con los jueces, admitió su participación en muchos de los crímenes y acusó a los otros miembros de la banda. Zhang, sin embargo, apenas abrió la boca en los 40 días, enmudeció y renunció a tener defensa.





Pero sin ninguna duda, el mayor espectáculo lo dio Jiang, quien en varias jornadas del largo juicio perdió los estribos, gritando públicamente cosas como "¡este proceso es una farsa!" o "¡larga vida a la revolución!". En muchas ocasiones rompió a llorar, y a veces la policía se la llevó de la sala por romper el orden. La más famosa salida de tono de Jiang fue cuando se puso a gritar: "¡Yo sólo era la perra del presidente Mao! ¡Mordía cuando él me pedía que mordiera!".





Una de las acusaciones más curiosas en el juicio era que la misma Jiang Qing, famosa actriz en el glamouroso Shanghai de los años 30, había usado su poder en la Revolución Cultural para acabar con los amantes que había tenido en su época artística, con el fin de que Mao no se enterara.

Aquel juicio seguramente no fue muy seguido en Occidente, donde no llegarían muchas imágenes del asunto, pero no por ello pasó desaparcibido en la cultura popular de esas latitudes. Recuerdo que la primera imagen que tengo de ese juicio es de cuando leía de niño a Superlópez: en una de sus primeras historias, "La semana más larga" (también de los 80), el gran héroe bigotón cavaba un hoyo en el planeta y aparece en China, en pleno juicio a la Banda.


Impresionante el detallismo histórico de este tebeo:
se puede distinguir perfectamente a Jiang Qing (Jiang King en la viñeta).
¡Y hasta las vallas usadas para los acusados!




En el Reino Unido, que en aquellos tiempos hervía con el punk, había entonces una banda punkarra que se llamaba, precisamente, la "Banda de los Cuatro" y cantaba canciones revolucionarias, o contrarrevolucionarias, o quién sabe.



El veredicto al sumarísimo juicio llegó el 29 de diciembre. La histriónica Jiang y el silencioso Zhang fueron condenados a muerte, aunque la pena fue conmutada a cadena perpetua exactamente dos años después (los analistas vaticinan que lo mismo ocurrirá en esta ocasión con Bo, de la misma manera que pasó con su mujer en el juicio del pasado año). Dicen que en 1983, cuando Jiang recibió la noticia de que la pena de muerte le era retirada, se puso a gritar "¡matadme! ¡matadme!". Wang fue condenado a prisión de por vida, y Yao a 20 años de cárcel (fue el único que cumplió la pena íntegramente).

Los cuatro acabaron siendo libres. Aunque Jiang lo fue por poco tiempo: en libertad provisional por motivos de salud, la viuda de Mao se ahorcó en mayo de 1991 en el hospital donde se le atendía, dejando una nota tan excesiva y fanática como ella lo debió ser siempre:

"La revolución ha sido robada por el clan revisionista de Deng Xiaoping. El presidente Mao exterminó a Liu Shaoqi, pero no a Deng, y el resultado de ese olvido es que males sin fin se han cernido sobre el pueblo chino y la nación. Presidente, tu estudiante y luchadora va a visitarte".

El "Diario de la Liberación" de Shanghái fue uno de los pocos que al día siguiente dedicó un artículo a Jiang, con un titular demoledor: "La bruja ha muerto" (como en "El Mago de Oz").

Wang murió de cáncer poco después, en 1992, mientras que Yao y Zhang fallecieron los dos en 2005, ambos en libertad pero olvidados por autoridades y medios. Su fallecimiento cerraba del todo el gran juicio chino del siglo XX, abramos ahora bien los ojos para ver cómo se desarrolla el del siglo XXI.


PD: muchos detalles y alguna imagen de este post los he sacado de este magnífico artículo sobre la Banda de los Cuatro, del escritor e historiador Zheng Haiping.
 
ACTUALIZACIÓN (27/8/2013): he encontrado en YouTube un vídeo con imágenes de aquel juicio. Son sólo cuatro minutillos, pero ya con eso se ve más que lo que hemos visto en todo el proceso a Bo Xilai...


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Los irreductibles miao

15 de Julio, 2013, 0:01







De sobra sabemos que la relación entre la civilización china y otras etnias de la, digamos, "periferia del imperio" no es fácil. No lo es ahora (problemas con los tibetanos y los uigures) pero tampoco en el pasado, y para recuerdo de ello quedará por siempre la Gran Muralla, que intentó defender a los chinos de los invasores mongoles.

Uno de los conflictos más sangrientos y de más larga duración que China ha tenido con una de sus minorías no ha sido con las que actualmente están en los periódicos, sino con los miao, que en el sureste asiático son también conocidos como hmong y son un pueblo de gran tradición guerrera. En la Guerra del Vietnam, los hmong fueron usados por EEUU contra los comunistas en Vietnam y Laos, y en consecuencia, muchos de ellos, tras la victoria de los charlies, se marcharon como refugiados a los Estados Unidos (quizá es por ello que en la inmensa película Gran Torino el no menos inmenso Clint Eastwood se mete en líos con la comunidad hmong de Michigan).


En China, los hmong (aquí más conocidos como miao, aunque éstas denominaciones nunca son cien por cien exactas, porque hay miaos/hmongs muy variados) también dieron mucha guerra, y lo hicieron durante siglos, rebelándose contra el imperio cuando éste pensaba que les había dominado ya hacía décadas
.

Originales del sur de China, vieron como los chinos han, la etnia que desde la cuenca el río Amarillo se fue extendiendo a todo el país, iba colonizando a fuerza de demografía sus tierras y les obligaba a ir a lugares cada vez más remotos y montañosos. Contra el empuje de los chinos han, los miao protagonizaron muchas rebeliones, las primeras de ellas en los siglos XIV y XV, que la entonces dinastía Ming derrotó usando a mercenarios uigures (por eso hay todavía alguna comunidad uigur en Hunan, muy lejos del Xinjiang de donde éstos son originarios).

Las revueltas más sangrientas, sin embargo, fueron en los siglos XVIII y XIX, cuando la que gobernaba era la dinastía Qing. Al parecer, las revueltas miao en el siglo XIX fueron tan duramente reprimidas que se calcula que murieron hasta cinco de los siete millones de miao que habitaban la zona de las revueltas, lo cual podría considerarse uno de esos terribles genocidios olvidados en la Historia, similar al armenio o al de otros pueblos de los que ni nos acordamos.


Miaos y chinos tuvieron durante siglos tan tensas relaciones (aunque no siempre fue así y hubo épocas en las que los miaos simplemente pagaban impuestos a los chinos y vivían en paz) que en las zonas donde éstos habitaban, como las provincias de Hunan y Guizhou, se edificaron muros defensivos de montaña similares a la Gran Muralla que al norte del país intentó detener los avances mongoles.

La Gran Muralla del Sur, como algunos la denominan, nunca fue tan larga como el norte, y poco queda de ella en la actualidad, pero hace unos días, cuando estuve en Fenghuang (donde muchos de sus vecinos son miao), me enteré de que en sus afueras tienen un parque donde se ha reconstruido un tramo de aquel monumento. Allí que fui, y saqué algunas fotos:


Quizá el muro no inspire mucha historia, por la sensación de nuevo que da, pero subiendo por sus escalones uno disfruta de unas vistas fantásticas de los alrededores, y al menos ir allí te anima a descubrir un poco más sobre la historia de los irreductibles miaos, capaces de plantarle cara al mismísimo Clint Eastwood.

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Don Quijote de la Manchuria

4 de Julio, 2013, 0:01

El post de hoy probablemente es el que escribo con mejor decorado de fondo en los casi ocho años que tiene de vida (estoy en el turístico pueblecico hunanense de Fenghuang). Esto es lo que veo mientras tecleo:


Lo digo por lo que hay tras la ventana, que conste...
Las mozas eran guapas pero ya se fueron hace un rato.



Me ocuparé de Fenghuang en posts futuros, porque hoy prefiero hablar un poco de un libro que estoy leyendo a rachas, en las épocas vacacionales: "Las tres Españas del 36", del reconocido historiador Paul Preston. El libro es en realidad una colección de minibiografías de personajes clave en la Guerra Civil española, desde Franco a Manuel Azaña o la Pasionaria hasta Primo de Rivera, su hermana Pilar o incluso Millán Astray (este capítulo, visto con distancia, es quizá el más divertido de todos). El libro me ayuda a conocer una época de la que casi no sé nada, pese a su gran importancia para España: en la escuela, los profesores de Historia, después de haber dedicado meses a la España visigoda, nunca podían acabar el temario y por tanto siempre se dejaban sin explicar los últimos capítulos, precisamente los más importantes para entendernos hoy (Guerra Civil, franquismo, transición...). O quién sabe, igual era parte de le ley de punto final, no remover las cosas...

Decimos que los chinos olvidan su historia reciente (y no digo yo que no sea cierto), pero en España nos pasa tres cuartos de lo mismo, y por eso seguimos siendo los mismos extremistas sectarios de hace casi un siglo (por ambos bandos). Estamos condenados a repetir la Historia porque la hemos olvidado, y seguimos llamándonos los unos a los otros "fachas" y "rojos". Precisamente el libro de Preston rinde homenaje a la "tercera España", los moderados, los que no eran ni fascistas ni comunistas, y que en algunos casos acabaron siendo perseguidos por ambos bandos. Qué complicado es ser neutral.

Pero bueno, me voy por las ramas, ¿de qué va este blog? Ah sí, de China... Pues para regresar al redil me centraré en uno de los personajes a los que Paul Preston dedica uno de los capítulos: Salvador de Madariaga, un hombre que antes de leer este libro apenas conocía, como no fuera porque da su nombre a uno de los premios más prestigiosos de mi gremio periodístico. Vergüenza la mía, no saber casi nada de este enorme personaje.

Madariaga fue uno de los hombres más internacionales de la España dormida de principios del siglo XX. Formado en París, casado con una inglesa, escritor de libros directamente al idioma de Shakespeare, era una figura internacional como la que probablemente no hemos tenido nunca más.

Esa internacionalidad permitió a Madariaga convertirse en el representante de España en la Sociedad de Naciones, el equivalente a las Naciones Unidas que hubo antes de la Segunda Guerra Mundial. Y coincidió que, justo cuando Madariaga era nuestro embajador allí, se produjo la invasión japonesa del noreste de China (1931), lo que nosotros conocemos como Manchuria (aunque a los chinos no les gusta ese nombre). Los japoneses crearon allí un reino títere de Tokio, con el Último Emperador como falso rey, y lo llamaron Manchukuo (de ahí que a los chinos no les guste lo de Manchuria).

El caso es que, según cuenta Preston en su libro, Madariaga fue uno de los más encendidos críticos de la actitud japonesa, y se hizo famoso en las reuniones de la Sociedad de Naciones por la pasión con la que defendía a China y criticaba a Japón, pese a la lejanía geográfica del conflicto. De ahí que se ganara el apodo de "Don Quijote de la Manchuria", un apodo que le iba muy bien porque además, al menos eso dice Preston (que en todos los capítulos hace un profundo estudio psicológico de sus biografiados) era un idealista casi enfermizo, como el caballero de la triste figura.

Por lo visto, en la Sociedad de Naciones de aquel entonces (en la que no estaba Estados Unidos, todo sea dicho) los países más "guerreros" eran los "pequeños" de Europa, y se hablaba de una especie de club de países gallitos que protestaban con más energía en las reuniones. Entre ellas estaba España, y también Suiza, Dinamarca, Holanda, Suecia o Bélgica. Este último me recuerda que fue un belga quien por aquel entonces hizo otro gran alegato en favor de China y contra Japón: el dibujante Hergé, con su álbum de Tintín "
El Loto Azul" (mi favorito desde pequeño, mucho antes de cultivar interés por China).

Los alegatos de Madariaga cayeron en oídos sordos. La mayor parte de los delegados de países "fuertes", como Francia o Reino Unido, le tenían mucho aprecio a Madariaga pero pensaban que su idealismo olvidaba la realidad y era impracticable. De hecho, a veces hasta el ministro de Asuntos Exteriores español de la época se molestaba porque Madariaga fuera tan llamativo en la Sociedad de Naciones (lo que hizo, sin embargo, que España fuera por una vez algo en una organización internacional) y a veces fuera por libre en sus opiniones, sin consultar a sus superiores. Hasta Azaña dice en sus diarios que a España no le interesaba nada ganarse la animadversión del Japón, y que Madariaga iba a su bola.

Pues eso, que en consecuencia, Japón se fue de rositas. Algo similar ocurriría poco después cuando Italia invadió Abisinia (Etiopía): Madariaga lo condenó, pidiendo mano dura, y Europa miró para otro lado, para evitarse problemas. Después llegaron invasiones más cercanas, las de Checoslovaquia, Austria y Polonia por parte de Alemania, y ya no hubo vuelta atrás. Quizá si se hubiera escuchado antes a Don Quijote de la Manchuria en los años 30 podría haberse evitado el terror de los 40.


PD: Googleando un poco antes de escribir esta entrada he descubierto que uno de mis colegas blogueros de tema chino ha escrito recientemente un post también sobre Madariaga y la cuestión japonesa, y prometo que no lo he leído antes de escribir el mío, para que nos salga lo menos parecido posible (una vez escrito el mío y leído el suyo puedo decir que el suyo es más completo, pues yo lo único que sé del tema es lo que cuenta Preston, que no es mucho). Eso sí, coincidimos en título, porque ¿qué otra cosa se podía poner?

PD 2: Mientras escribía esto la vista me ha cambiado...

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Deberes para mañana:
amistad chino-española

26 de Junio, 2013, 0:01

Este año, España celebra aniversarios que son múltiplos de cuatro tanto con China y Japón, pero no se confundan con los ceros. Con los nipones, España conmemora 400 años de lazos (y por ello ambas naciones de sol han lanzado el Año Dual España-Japón). Con los chinos España celebra 40 años de relaciones, aunque en este caso sólo se cuentan desde el momento en que los españoles las establecieron con el actual régimen comunista, la República Popular, pese a que antes ya las hubo.


Un paisano mío fue el primer embajador de España en la República Popular,
y a la vez inspiró esta película (por cosas que hizo mucho antes).



No creo que el aniversario con los chinos se vaya a recordar mucho en España, país poco amigo de celebrar nada en estos tiempos austeros, pero en China sí, al menos a nivel institucional. Los chinos recuerdan mucho estas cosas, por aquello de que
les costó varias décadas convencer a muchos países, desde Pekín, de que eran ellos los legítimos gobernantes de China, y no los que se refugiaban en Taipei desde 1949. Raro es el año en que no hay algún gran aniversario de este tipo con algún país, que se suele celebrar en Pekín con visitas de Estado, exposiciones, conciertos y esos rollos (bueno, no todo es rollo, que aquí hemos tenido al gran Julio Iglesias aprovechando la celebración).

No parece que China y España lleguen a este aniversario en el mejor momento de sus relaciones (al menos a un nivel de sociedades, porque sus gobiernos, como está mandado, se dedican grandes elogios mutuos). En España -al menos esa impresión me estoy llevando- la tradicional indiferencia que ha existido hacia China, cuando no animadversión, se ha exacerbado este año. No sé si exageraré, pero es posible que el caso Gao Ping, que explotó el año pasado y aún colea en el actual, haya jugado un importante papel en ello. Sumémosle el hecho de que la crisis ha agriado a una sociedad española con un carácter ya antes algo cerrado, y más hacia países que como China tienen fama ahora de "nuevos ricos" (aunque eso
es mucho decir). España es en 2013, según encuestas internacionales, uno de los países con peor imagen de China.

En China no nos tienen a los españoles esa ojeriza (hay desconocimiento, pero éste no lo suplen, como en España, con displicencia), aunque sí que han calado las informaciones -creo que a veces un poco alarmistas- sobre la crisis en España, y los chinos a veces nos ven hasta con lástima (cuando, me parece a mí, nuestro nivel de vida todavía es bastante más envidiable que el suyo).

En fin, los dos pueblos estamos siendo víctima de unas imágenes un poco parciales que la lejanía distorsiona aún más, a las que a veces ayudan unos medios de comunicación para los que lo malo y alarmante siempre vende más.

Pero bueno, para compensar estas pesimistas reflexiones (igual me he contagiado de la negatividad de la crisis y me he pasado un poco con ellas), voy a conmemorar aquí ese 40 aniversario de relaciones con visiones optimistas, ilusionadas y con todo el futuro por delante.

Y es que, con motivo de la efeméride, se pidió a jóvenes chinos estudiantes de español, de entre 12 y 17 años, (en China hay unos pocos institutos de secundaria que ya enseñan el idioma del Manco de Lepanto) que dibujaran su visión de los 40 años de lazos entre los dos países.

El Instituto Cervantes de Pekín seleccionó algunas de las mejores obras, y las expone estos días en su salón de actos. Para los que no podáis ir a verlas, os muestro aquí algunas: a mí me parecieron un chute de buen rollo y buenos sentimientos. De paso, nos sirven para ver lo bien que dibujan los niños chinos, o sus padres si ha habido algún concursante tramposillo. Seguramente notaréis una importante influencia del manga japonés. Y los más observadores encontrarés un billete de 100 pesetazas.

La muestra todavía puede admirarse en el Cervantes pequinés, los que estéis por aquí y queráis verla.

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Sesenta años allá arriba

29 de Mayo, 2013, 0:01


En las últimas semanas ha habido muchas noticias relacionadas con el Everest, la montaña más alta del mundo, que los alpinistas suelen ascender en este mes de mayo porque es la época con mejores condiciones climáticas para ello. La semana pasada mi paisano Carlos Pauner llegaba a su cima y se convertía en el primer aragonés (y el primer español no vasco, huy en qué jardines me estoy metiendo) en coronar las 14 montañas del mundo que miden más de 8.000 metros (hay alguna duda con uno de sus ascensos, el del Shisha Pagma, pero bueno, que un día de éstos lo ascienda nuevamente y así acabará con los recelos). Un día después, un japonés de 80 años y con nombre de toro llegaba también a la cumbre y se convertía en el hombre más viejo en conseguirlo. Y hoy, finalmente, se cumplen 60 años de la primera llegada del hombre a la cumbre de esa montaña, la que consiguieron el sherpa Tenzing Norgay (cuyos orígenes debatíamos hace unos días en el grupo de Facebook) y el neozelandés Edmund Hillary.


Los dos alpinistas, felices de conocerse y felices de haber bajado ya de tan alto,
pocos días después de la hazaña.



A veces se olvida un poco que el Everest es un monte chino, o bueno, medio chino. Su cara sur da a Nepal, pero la norte está en territorio de China, concretamente en la región del Tíbet (no puede obviarse que considerar el Tíbet como chino tiene su polémica, pero tampoco se puede olvidar que así aparece en cualquier mapa). Aparte de por cuestiones políticas relacionadas con la cuestión tibetana, otra de las razones de que el Everest se relacione más con Nepal que con China es el hecho de que la mayoría de los ascensos se realizan por la cara sur, porque sus rutas son más sencillas y porque Nepal pone muchas menos limitaciones que China a la entrada de extranjeros (una vez más, por cuestiones relacionadas con la política).

Otra razón que puede pesar en el "olvido" es que en China la palabra "Everest" no se usa, con lo cual se asocia menos ese vocablo con este país, y, por extensión, se asocia menos esa montaña con este país. Los chinos, a imitación de los tibetanos, llaman al Everest "Qomolangma", que significa "Diosa Madre" en tibetano, y siembre la citan así, incluso en noticias en inglés (ni siquiera ponen "Everest" entre paréntesis a modo de aclaración). Desde 2005, además, los chinos no reconocen la altura internacionalmente más usada del monte (8.848 metros), ya que ellos realizaron ese año otra medición y fijaron su altura en 8.844 metros (lo podéis ver en la entrada en chino que sobre el monte hay en la Wikipedia, por ejemplo). De estos dos peliagudos asuntos ya hablé hace unos añitos, cuando los chinos llevaron la llama olímpica a la cima de ese monte, pero bueno, hoy lo recuerdo con motivo del aniversario.

La prensa china recuerda hoy la efeméride, y de paso que los primeros en ascender el Qomolangma/Everest por su cara norte fueron dos alpinistas chinos, Wang Fuzhou y Qu Yinhua, y un tibetano llamado Gingbu, así a secas (muchos nombres tibetanos son de sólo una palabra, sin apellido). Lo lograron en 1960, en una época en la que la cara norte estaba aún más vetada a los extranjeros que ahora.


Los tres héroes a este lado del Everest
(el de la izquierda llegó un poco antes que los otros dos,
gracias a su fenomenal cardado).



También hay rumores de que en 1952, un año antes de que Hillary y Norgay llegaran a la cumbre, una expedición soviética intentó adelantarse unos meses a la proeza nepalí/neozelandesa con un ascenso por esa misma cara norte, pero que perecieron en el intento (Moscú y Pekín negaron la existencia de esa expedición, pero quién sabe, igual sólo ocultaron el fracaso).

Llegar a lo alto de una montaña como el Everest/Qomolangma/Samargatha (pongo también su nombre nepalí para liar aún más) y ver el mundo desde allí arriba debe ser una maravilla, aunque también es una peligrosa aventura. El fallecimiento también estos días del alpinista leridano Juanjo Garra en otro ochomil es un recordatorio de lo crueles que pueden ser esas bellas montañas. La lista de alpinistas que han fallecido en estos 14 gigantes es abrumadora, y en todos ellos han muerto alpinistas españoles, terrible.

PD: La foto que abre el post es un apresurado homenaje a una de las noticias de la semana en China, con permiso del niño de la cañería.

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Acabar con el magno
(no el coñac)

6 de Mayo, 2013, 0:01





Coincidió que en los ultimos días el que aquí suscribe se vio tanto la película sobre Lincoln de Steven Spielberg (qué funesto bodrio, oigan) como una miniserie sobre los Kennedy. Como era de esperar, me obsesioné morbosamente con el tema de los grandes magnicidios en la Historia, empecé a googlear para ver que encontraba del asunto, y luego busqué a ver si los había habido en China, pues no recordaba demasiados.

Antes de meterme en el coto chino, diré que es sorprendente la cantidad de máximos líderes que han sido asesinados en muchos países, especialmente en los siglos XIX y XX. En España, sin ir más lejos, murieron en atentados cinco presidentes, somos uno de los países que más magnicidios de jefes de Gobierno ha sufrido (el más conocido es Carrero Blanco, pero tampoco deberíamos olvidarnos de Prim, Canalejas, Dato y Cánovas del Castillo). En Estados Unidos, además de los dos archiconocidos casos de arriba, también murieron asesinados los presidentes Garfield y McKinley, sin que Hollywood les haya hecho el mismo caso que a Abe y JFK (la película del gato que come lasaña no cuenta, se pongan como se pongan). En Japón, un país en general con bajos niveles de delincuencia, han sido también cinco los primeros ministros asesinados (junto con España, uno de los países donde más ha pasado), aunque el asesinato más famoso de ese país es el del líder socialista Inejiro Asanuma, quien recibió un sablazo cuando la TV le grababa en directo y dejó una de las fotos de magnicidios más estremecedoras de la historia (Pulitzer aquel año).


¿Y en China? Pues en este país, la conclusión a la que uno podría llegar es que los magnicidas madrugaron mucho y ya se intentaron cargar al primero de todos los emperadores (Qin Shihuang, el del Ejército de Terracota) y que, como el intento fracasó, en los siglos posteriores los cerca de 200 emperadores que hubo en general no vieron correr peligro su vida (aunque todos tendrían probadores de la comida por si acaso la envenenaban, claro) y sólo uno de ellos puede decirse a ciencia cierta que fue asesinado. Tampoco los líderes de la República de China y de la República Popular sufrieron atentados o ataques, si bien siempre quedará la duda de si el accidente de avión en el que murió Lin Biao, quien sonaba durante la Revolución Cultural para suceder a Mao Zedong (lo nombramos en el anterior post) fue provocado o no.

Qin Shihuang, el Primer Emperador, quien unificó los diversos reinos que pululaban en la China actual, construyó su imperio mediante conquistas y sangrientas guerras que, obviamente, le granjearon numerosos enemigos. Cinco años antes de lograr la conquista de todos esos reinos, en 226 AC, el príncipe de uno de ellos intentó matarle mediante un famoso asesino, Jing Ke, quien consiguió entrar en la corte y reunirse casi a solas con Qin Shihuang llevando con una daga envenenada escondida en un mapa enrollado. Al desenrollar el mapa Jing Ke picó cual escorpión, pero lo más que consiguió fue rasgar las ropas del soberano, que tras una carrera frenética en las estancias palaciegas por salvar su vida logró un arma y acabó siendo él el que mató al asesino. O eso dicen los libros de Historia.


Este caso, como los de Kennedy y Lincoln, ha sido llevado muchas veces al cine -por los chinos en este caso-, aunque con versiones totalmente distintas entre sí, ya que al estar más alejado en el tiempo, hay más lugar a la fabulación. Quizá la película más famosa sobre este magnicidio frustrado es Héroe, de Zhang Yimou, en donde el fallido asesino es un Jet Li que acaba sintiendo admiración por Qin Shihuang (los críticos vieron en esto una apología al régimen comunista). Otras películas chinas famosas sobre el tema son El emperador y el asesino, quizá la versión menos fantasiosa, en la que sale Gong Li (la vi pero no la entendí demasiado) y La sombra del emperador, una especie de mezcla de película de acción y reflexión filosófica sobre la música oriental que menos todavía entendí cuando la vi en un cine de Madrid, pocos meses antes de venir a vivir a Pekín (nótese la constante rima asonante en "i" de la frase que acabo de escribir).


Cuando dice "de los creadores de Adiós a mi Concubina, La Linterna Roja y Vivir"
debe estar refiriéndose a los chinos en general, porque si no no lo pillo...



En cuanto al único magnicidio "exitoso" en la historia imperial china -o el único que he encontrado, si sabéis alguno más avisad-, lo sufrió un emperador de la dinastía mongol (Yuan), Gegeen Khan, el cuarto posterior a Kublai Khan, que es el que conoció Marco Polo. Fue en 1323, y los asesinos parece ser que fueron mongoles de familias rivales que también aspiraban al trono. Un asunto muy prosaico que no parece haber inspirado películas o literaturas.

Buscando más sobre el espinoso tema, lo que sí he encontrado, y me ha parecido curioso, es que un gobernador portugués de Macao fue asesinado, o mejor debería decir linchado, por una turba de chinos, allá por el siglo XIX. Se trata de
Joao María Ferreira do Amaral (mira que son portugueses los nombres portugueses), que trató de acabar de raíz con la influencia de China en la política de Macao (y de la forma que más podía enfadar a los chinos, pagando menos impuestos a los emperadores) y murió decapitado en un ataque cometido en agosto de 1849. Tras el asesinato hubo una miniguerra entre Portugal y China por el control de Macao (no debieron de intervenir más de 200 soldados entre los dos bandos) que los lusos ganaron.

En fin, esto es lo poco que encontré de magnicidios en China y alrededores, que es poco, y quizá, siendo el tema que es, es mejor que sea así, aunque como digo, si sabeís algún caso más, abridnos los ojos, pero sin mucha sangre.

ACTUALIZACIÓN (8/5/2013): Recopilo algunos casos más que algunos lectores han dejado en los comentarios. Algunos de ellos los he mencionado antes en el blog o en artículos para mi curro, qué cabeza tengo:

- El odiadísimo emperador Yang Guang, cuya tumba fue recientemente descubierta, fue asesinado por sus rivales cuando trataba de huir de las revueltas que pedían su cabeza, allá por el siglo VII.

- Hay sospechas de que el penúltimo emperador de China, Guangxu (antecesor de Pu Yi, el de la famosa película de Bertolucci), murió envenenado con arsénico por la emperatriz viuda Cixi, pues dejó este mundo muy joven, con 37 años. Además Cixi (la que ordenó construir el Palacio de Verano) murió un día después que Guangxu, por lo que las sospechas de luchas intestinas en los pasillos de la Ciudad Prohibida se acrecientan.

- Y ya en la época posterior a la imperial, Song Jiaoren, quien parecía llamado a ser el primer primer ministro de China (valga la redundancia) fue asesinado de dos disparos a bocajarro cuando tomaba un tren hacia Pekín poco después de ganar las primeras -y puede que últimas- elecciones democráticas que hubo en el país. Recientemente se cumplió el centenario de esta trágica muerte.

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La violetera de hierro

8 de Abril, 2013, 0:01



Hoy la lista de (TTs) trending topics de Twitter parecía un TanaTorio... En ella aparecían Margaret Thatcher y Sara Montiel, dos figuras del siglo XX que han dejado este mundo casi a la vez. La primera fue un clásico de la infancia de nosotros los ochenteros, aunque la mayoría nos acordemos más de su caricatura en Spitting Image que de su cara real. La segunda fue un clásico de la infancia de nuestros tatarabuelos... bueno, quizá exagero, pero ya en los 80 Sara tenía una edad insondable.

Thatcher tiene un vínculo importante con China, y de hecho era mucho más popular aquí que en Occidente, porque en los 80 fue su Gobierno el que emprendió las largas negociaciones con Deng Xiaoping para la "devolución" de Hong Kong a China. En realidad lo único que tenía que devolver el Reino Unido eran los Nuevos Territorios (la parte norte y menos poblada de la ex colonia), pero China consiguió todo el "pack" convenciendo a Londres de que Hong Kong sería un mundo aparte al de la China comunista (lo que todos aquí conocen como "un país, dos sistemas"). De pequeños ya nos decían que Hong Kong volvería a China en 1999, un año que nos parecía lejanísimo en el tiempo y sembrado de autos voladores. Más de una década después, Hong Kong sigue teniendo bastante independencia de China, aunque su sistema de gobierno sigue sin ser democrático (como tampoco lo era con los británicos, todo sea dicho).

Sin embargo, en la guerra de las Malvinas que la Thatcher emprendió, China apoyó a Argentina... aunque si os digo la verdad, puede que en aquel entonces en China ni se enteraran de la guerra. Es ahora, que por aniversarios y referendums vuelve a aflorar el asunto, cuando Pekín se declara incondicional seguidora de las reclamaciones argentinas. Debe de ser porque China tiene un caso calcado en las islas Diaoyu/Senkaku, controladas de facto por Japón pero que China considera suyísimas.

De Sara Montiel, la mejor conexión china que podría establecer me la ha pasado por Facebook uno de los lectores, Ander. Se trata de una versión de "La Violetera" (hermosísima canción no originalmente cantada por Saritísima, pero que ella hizo inmortal) cantada en 1967 por Rebecca Pan, shanghainesa coetánea de la Montiel que emigró a Taiwán en 1949 y allí triunfó en el mundo de la canción. La música es prácticamente la misma que la del cuplé español, aunque la señora Pan no vendía violetas, sino orquídeas. Escúchenla entera, que al final se atreve con el castellano y las aves precrusoras.




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60 años intentando entender el puñetero subjuntivo

9 de Noviembre, 2012, 0:01


Hace cosa de un mes, la Universidad de Lenguas Extranjeras de Pekín (más conocida en la ciudad como "Beiwai") celebró el sesenta aniversario de su facultad de español, creada en 1952, tres años después del régimen comunista. No sé si antes de Mao había escuelas oficiales de español en China, pero imagino que con lo bélica que fue la primera mitad del siglo XX en el país no había mucho tiempo de estudiar la lengua de Cervantes, así que interpreto que Beiwai fue la primera institución que enseñó español. Si alguien sabe de alguna de la época Qing o la de Chiang Kai-chek, que avise...

El aniversario se conmemoró con una muy emotiva e interesante ceremonia en la que participaron muchos ex alumnos (incluidos algunos de los que formaron parte del primer curso de español, y que ahora sobrepasan los 80 años) y profesores de español actuales y jubilados, entre ellos eminencias como Dong Yansheng (probablemente el chino que mejor español maneja en el país, condecorado por España por su difusión del idioma) o Juan Morillo, escritor peruano afincado en China desde finales de los 70 y gran contador de historias y anécdotas de sus 30 años en China.

En la ceremonia, algunos ex alumnos contaron anécdotas de los viejos tiempos, fue muy entretenido. Uno de los primeros alumnos, quien aparentaba 30 años menos de los que tenía, por cierto, contó por ejemplo lo precario de las primeras clases, sin libros, sin diccionarios, sin dientes (contaba que su primer profesor era un anciano desdentado). Tenían que aprender español a través del ruso y con tres personas entre docentes y traductores, lo cual, imagino, no daría muy buenos resultados: un profesor hablaba español, después un ruso que sabía nuestra lengua lo traducía a la suya, y finalmente un chino que conocía el ruso se lo explicaba en mandarín a los estudiantes.

Otra estudiante más joven, a la que le tocó la época de la Revolución Cultural (años 70), no se detuvo demasiado en los amargos detalles de aquellos tiempos, pero casi sin querer comentó que los profesores y alumnos compartían no sólo aula, sino también huertos en los que cultivaban lo que comían o hasta puestos en las líneas de montaje de algunas factorías. Actividades "extraescolares" típicas de aquellos duros años, vaya.

En la ceremonia se repitió la historia, que muchas veces se ha comentado en este tipo de actos sobre el español en China, de que el mismo Miguel de Cervantes, en el prólogo de su segunda parte de Don Quijote de La Mancha, aseguraba que el primer libro había tenido tanto éxito que había llegado a oídos del emperador chino, quien había escrito al Manco de Lepanto para pedirle que instalara una escuela de español en China con el fin de que algunos chinos se versaran en este bello idioma y pudieran leer el libro en su versión original. Lo de la carta era probablemente un gag del bueno de Cervantes, claro, con ello se quería dar importancia, hacerse publicidad para vender más libros en las Españas. El caso es que el sueño del emperador ficticio inventado por don Miguel se vio cumplido siglos después, primero en Beiwai, después en más de 60 universidades chinas y, cómo no, en ese instituto oficial de español en Pekín que, mira por dónde, lleva el nombre de Cervantes.

El nacimiento de Beiwai, me explicó tras la ceremonia uno de los primeros estudiantes, nació de hecho por expreso deseo de uno de los "emperadores" del régimen maoísta, el mismísimo Zhou Enlai, porque la entonces nueva República Popular estaba organizando una conferencia internacional, con el fin de estrechar diplomacia y darse más a conocer al mundo, y había invitado a decenas de cargos latinoamericanos, una región con la que le interesaba alternar a China por aquello del espíritu de Bandung, la amistad entre los países antiguamente colonizados, los no alineados, etc. Muchos de estos latinoamericanos, imagino que de partidos de izquierda de sus países, no hablaban inglés, o no querían hablarlo (¡el idioma de los imperialistas yankees, vade retro!) y al no haber muchos chinos en China que hablaran español -por no decir ninguno- habia que crear una escuela del idioma como fuera.

No sé si los alumnos llegaron a tiempo para ser intérpretes de aquella conferencia, pero muchos llegaron muy lejos: al ser la institución de español más oficial de China, y para muchos la mejor, muchos de sus graduados acabaron de embajadores en Latinoamérica y España, traductores de literatura en español al chino, expertos, redactores jefe de versiones en español de los medios oficiales chinos... El que contó lo del primer profesor sin dientes, por ejemplo, fue el intérprete de los Reyes de España cuando visitaron por primera vez China, en 1978.

En el homenaje hubo sitio para recordar, aunque no se contó mucho, de los primeros profesores de español que provenían de países hispanohablantes: la chilena Delia Barahona, o los españoles Adolfo Melendo y su mujer María Lesea (exiliados republicanos en Moscú, como muchos de los españoles que estuvieron en China en la época maoísta). Hubiera sido magnífico haber conocido algo más de ellos, en dónde vivían, qué experiencias tuvieron, que hubieran escrito en sus blogs si entonces los hubiera habido. Si alguien sabe algo de ellos, por favor, ¡que nos lo cuente! (o nos lo mande, si hay fotos). imagino que su experiencia en el Pekín recién maoízado debió ser muy interesante.

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Artículos anteriores en 04. Historia
de China




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