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04. Historia
de China


Un olvidado desastre
con 230.000 muertos

6 de Abril, 2014, 1:29


Siendo el país más poblado del mundo y uno de los más grandes, hasta la estadística condenaba a China, desde el principio de los tiempos, a ser uno de los países más golpeados por los desastres naturales. Los peores terremotos de la Historia, las peores inundaciones y las peores hambrunas ocurrieron aquí, algunos de ellos hace no tanto tiempo, en el pasado siglo XX.

Muchos conocen, por ejemplo, el terremoto de Tangshan, el peor del siglo pasado, en el que murieron 240.000 personas, ocurrido en verano de 1976 (pocos días antes de que yo naciera, si se me permite este inútil dato autobiográfico).

Lo que muchos no saben, ni siquiera en China, es que un año antes del archifamoso terremoto de Tangshan ocurrió no muy lejos de allí un desastre que causó casi el mismo número de fallecidos: me refiero al supertifón Nina, que afectó a zonas del norte del país poco acostumbradas a estas tormentas tropicales, derrumbó nada menos que 62 presas, y causó alrededor de 230.000 fallecidos. Sin embargo, muy pocos chinos saben algo de este tema. ¿Por qué?

En 1975 China aún se encontraba en plena Revolución Cultural, y si bien los años más salvajes de este experimento desastroso de Mao ya habían terminado, el país aún se encontraba en momentos de aislamiento internacional, censura total interna y grandes dificultades económicas. Por hacer comparaciones, la situación no debía ser muy diferente a la que hoy en día atraviesa la vecina Corea del Norte.

A esa China llegó, en el mes de agosto, el tifón Nina, uno de los muchos que azotan el país cada verano, y que ya había causado estragos en Taiwán, donde habían muerto una veintena de personas. Sin embargo, el tifón no fue especialmente dañino en la costa china, la zona del país donde estos tifones del océano Pacífico son aún potentes, sino cuando entró en el interior chino, chocó con un frente frío y se convirtió en lluvias torrenciales nunca antes vistas (hubo más de mil tormentas en los primeros días de ese mes, según cuentan).

La provincia central china de Henan, donde los tifones rara vez causan problemas, fue la principal receptora de estas lluvias. En algunas zonas llovió en un día toda el agua que había caído otras veces durante un año entero, más de 1.000 milímetros diarios (cuando en un año normal se pueden recibir en la zona 800 milímetros).

La situación se volvió especialmente complicada en la cuenca del río Huai, una corriente históricamente muy complicada. El Huai, situado entre el Yangtsé y el Amarillo, es un río indomable, que durante siglos se ha desbordado miles de veces, ha cambiado de curso decenas, y es tan intratable que ha habido épocas que ha desembocado en el mar, otras en que ha sido afluente del Amarillo, y otras (como en la actualidad) en el que ha alimentado al Yangtsé. El río tenía tan mala fama que Mao Zedong, en sus primeros años de gobierno, hacia los años 50, ordenó la construcción de decenas de diques para intentar controlar sus a menudo incontrolables aguas y las de sus afluentes.

Estos diques estaban construidos con los pocos medios de la China de aquel entonces: con materiales de mala calidad, poco pensados para durar varias décadas, y edificados sin considerar la posibilidad de que hubiera enormes lluvias como la de 1975, que en una zona como Henan pueden sufrirse sólo una vez cada 2.000 años. Como resultado de ello, el 8 de agosto (esta vez el supuesto día de suerte de la numerología oriental no cumplió su cometido) uno de los principales diques, el de Banqiao (en el pequeño río Ru, afluente del Huai) se rompió causando una gran inundación torrencial que se cobró la vida de unas 100.000 personas, sobre todo en la vecina ciudad de Zhumadian.



Fue un tsunami fluvial que, con olas de hasta 10 metros de altura y velocidades de unos 50 kilómetros por hora, derribó otras 61 presas y cinco millones de casas. Después, en semanas siguientes, otras 130.000 personas fallecerían por enfermedades y hambrunas derivadas de las inundaciones (el desastre causó la muerte de un millón de cabezas de ganado). 


El hecho de que el desastre se produjera en los años de mayor aislamiento de China, y que en parte fuera culpa de la pobre construcción de diques, hizo que la catástrofe de Banqiao fuera casi totalmente silenciada. Hasta 1990 no se reconoció oficialmente su existencia oficial, hasta 2005 no se desclasificó la cifra de fallecidos, y aún hoy apenas se recuerda en los medios, en aniversarios conmemorativos o en libros de Historia. Muchos libros en China ocultan la cifra real de víctimas, "olvidándose un cero" y dejándola en unas 23.000. Un monumento conmemorativo en la zona habla simplemente de "miles de víctimas", sin especificar más.

Muchos otros errores previos al desastre se produjeron, lo que quizá influyó en el "olvido" al que fue condenada la catástrofe. En los días anteriores a la rotura del dique se pidió a las autoridades que abrieran parcialmente la presa para liberar algo la presión del agua, pero se hizo caso omiso, pensando que aguantaría y que esas liberaciones parciales ya causarían inundaciones. Un telegrama que definitivamente daba la orden de abrir la presa se perdió por el camino. Además, las evacuaciones se calcularon mal, pues el área que finalmente se inundó fue mucho mayor de la estimada.

El desastre de Banqiao, al menos, mandó un aviso al Gobierno de China sobre la existencia de cientos de presas y diques en el país que, lejos de proteger a la población de las perennes crecidas de los grandes ríos del territorio, la colocaban en aún mayor peligro. Aún hoy, después de que muchas de estas infraestructuras se hayan reforzado o reconstruido, se calcula que 30.000 de los 84.000 diques y presas construidos entre 1949 y 1999 en China no son seguros. La cifra la he sacado de este interesante artículo, que explica de forma más extensa el desastre de Banqiao y del que he tomado algunos datos para este post.

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Cuando senderismo
no era ir al monte

24 de Marzo, 2014, 0:01









Estos días ha visitado Pekín el escritor peruano Santiago Roncagliolo, que en España alguno conocerá sobre todo porque desde hace unos meses es columnista en El País Semanal, al lado de veteranas plumas como el venerable gruñón Javier Marías o la ultraconcienciada Rosa Montero. Yo soy un ávido lector de la revista, pero leo números muy atrasados, así que todavía no me han tocado aquéllos en los que escribe Roncagliolo.

El autor peruano ha escrito de muchos temas (una de sus novelas está ambientada en Japón, por ejemplo), pero en dos de sus obras más conocidas está muy presente el movimiento maoísta Sendero Luminoso, que aterrorizó Perú en los años 80 y principios de los 90. Estos libros son la novela "Abril Rojo", Premio Alfaguara 2007 (ambientada en el año 2000 pero que muestra las secuelas del senderismo en Ayacucho, la ciudad donde este movimiento fue más potente) y el ensayo "La Cuarta Espada", sobre el líder histórico del grupo armado, el profesor de Filosofía Abimael Guzmán.

La visita de Roncagliolo, con el que tuve ocasión de charlar, me animó a informarme algo más sobre Sendero Luminoso, un grupo que cuando yo era pequeño sonaba mucho en las noticias españolas pero que tampoco seguíamos con demasiada atención en nuestro país (al menos yo, que era un infante). En realidad, en España nos sonaba un poco como a chiste... Un grupo armado con un nombre como de proverbio chino, y que se autoproclamaba maoísta ¡a decenas de miles de kilómetros de China! Quizá por la poca seriedad con la que nos lo tomábamos, el grupo Un Pingüino en mi Ascensor le dedicó una canción de título mortadeliano, El sendero luminoso me persigue sin reposo.

Pero mientras en España nos tomábamos el asunto a la ligera, para los peruanos el asunto era cualquier cosa menos ligero: si los españoles solemos recordar con dolor los más de mil muertos de ETA, en Perú los senderistas asesinaron a cerca de 40.000 personas, causando especiales estragos en el campo. Sendero Luminoso, que controló grandes áreas rurales andinas, llegó a masacrar aldeas completas. A las víctimas de los senderistas hay que sumar unas 30.000 de la "guerra sucia" del Gobierno peruano de aquel entonces contra el terrorismo: en realidad fue una guerra civil, en la que murieron muchos inocentes.


Atentado de Calle Tarata, Lima, en 1992 (25 muertos),
uno de los peores ataques senderistas.



Sendero Luminoso es casi una excepción única en el mundo: hubo organizaciones maoístas en muchos países en los años 60 y 70, pero muy pocas tuvieron importancia real, y menos aún fueron las que iniciaron una lucha armada (que yo recuerde eso sólo ha pasado en Perú, en Nepal y la India, pero estos dos últimos países al menos son vecinos de China). Por este carácter excepcional y por su relación con China, tema central del blog, es un asunto que me intriga, y por ello me apetece hoy dar un breve repaso a los lazos entre el senderismo y el mundo chino. Para ello, respondamos a tres preguntas:



1-¿Por qué era maoísta, y no comunista? La URSS fue el país más activo en internacionalizar la revolución en la Guerra Fría, pero China, tras romper lazos con Moscú, también lo intentó, aunque fuera de una forma más humilde, sobre todo invitando a estudiantes y simpatizantes a Pekín para conocer los avances de China bajo el timón del Gran Timonel. Según parece, Abimael Guzmán (más conocido entre los senderistas como el Camarada Gonzalo) fue uno de esos latinoamericanos que, hambrientos de revolución y desengañados del comunismo soviético, viajaron a China en los años 60, y le fascinó el radicalismo de la Revolución Cultural, cuya estética puede verse en algunos carteles senderistas de ayer y hoy:

 
 

Además, reflexionaba esta semana Roncagliolo en Pekín, el campo de China y el de Perú se debían parecer bastante, y pudieron ser similares caldos de cultivo para revoluciones que, a diferencia de la soviética, no nacieron en las fábricas, sino en las tierras de labranza: aldeas atrasadas, paupérrimas, olvidadas por la ciudad. Por otro lado, los cerros andinos, pelados y agrestes, eran poco indicados para el modelo de revolución que más triunfaba entonces en Latinoamérica, el cubano-soviético de luchas en la selva, el del Che Guevara (al que no le fue nada bien luchando en otro país de cerros pelados como es Bolivia). El Camarada Gonzalo impuso uno más bien dedicado a tomar pueblos, no a emboscar ejércitos.


2-¿Veía bien China a Sendero Luminoso? Pues no, nada bien, aunque sería mejor decir que Sendero Luminoso no veía nada bien a China, a la China de los ochenta. Roncagliolo recuerda en sus escritos que la primera vez que oyó hablar de Sendero Luminoso, en una de las primeras acciones públicas de la organización, fue cuando en 1980 los senderistas se dedicaron a ahorcar perros en Lima a los que colgaban carteles en los que se leía "Deng Xiaoping hijo de perra".


Para los senderistas, Deng, el líder de China en los 80, era un traidor que había asesinado el espíritu del maoísmo y de la Revolución Cultural (Mao y Deng fueron grandes enemigos, aunque nunca lo dijeran abiertamente y siga sin decirse). Sendero Luminoso llegó incluso a poner una bomba a las puertas de la Embajada de China en Lima, en octubre de 1989. Quizá por todo ello Abril Rojo, el libro de Santiago Roncagliolo sobre el postsenderismo, no ha tenido problemas para traducirse al mandarín y publicarse en China, donde, según el escritor, los lectores chinos lo leen sin darse por aludidos, como si fuera una novela policiaca más.


3-¿Por qué se llamaba Sendero Luminoso, viene de una traducción del chino? Yo siempre pensé que el nombre del grupo terrorista -que, pensándolo fríamente, es un nombre bonito, aunque detrás de él no hubiera belleza alguna- era una frase tomada de algún discurso de Mao, o de algún proverbio oriental... pero no, resulta que el nombre proviene de una frase escrita en el primer tercio del siglo XX por José Carlos Mariátegui, fundador del Partido Comunista Peruano en 1928. En la portada de una revista de su organización escribió esto:

"El marxismo-leninismo abrirá el sendero luminoso hacia la revolución".

En la época de Mariátegui el Partido Comunista de China también estaba recién fundado, y Mao no era aún su claro líder, así que parece que no hay ninguna relación entre el nombre del movimiento y el Gran Timonel, ni siquiera con China.


En fin, el senderismo hoy en día es Historia (aunque ha habido en este siglo también alguna acción aislada de supuestos herederos de la ideología). O mejor, el senderismo hoy en día ha cambiado de significado y ahora es un hobby practicado por gente de todas las edades, especialmente los amantes de la montaña. Por cierto, y perdón por el off-topic, pero en mi tierra hay un programa de televisión sobre senderismo que se llama igual que este blog. No se preocupen, el Camarada Gonzalo no tiene nada que ver con él.

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Atrapados entre cíclopes

26 de Febrero, 2014, 0:01


Los recientes acontecimientos en Ucrania han estremecido al mundo, y con razón. En una semana, tras decenas de muertos, caos, sangre y fuego en una ciudad que hace año y medio acogía la final de una Eurocopa, el Gobierno del país ha caído, su presidente ha huido y la antigua primera ministra, la bella Princesa Leia Yulia Timoshenko, ha salido de la cárcel en la que le metió Yanukóvich. Un movimiento similar en formas a los de la Primavera Árabe, pero ocurrido en Europa, junto a las fronteras de la UE, ha mostrado que las revoluciones aún existen, que no se pelean a besos, y que pueden ocurrir donde uno menos se lo espere. Una revolución extraña y llena de ramificaciones continentales e históricas, porque la libraron por un lado manifestantes partidarios de un acercamiento a Europa Occidental, a la UE, y la intentaron reprimir en el otro lado unas autoridades que habían decidido en cambio alejarse de Bruselas y abrazar a Rusia, que daba más pasta.


Todo ello muestra que, desde un punto de vista geopolítico, a Ucrania le ha caído la "maldición" de estar justo en medio de dos grandes actores del mundo actual, Rusia y la Unión Europea, dos grandes economías que hace siglos igual podrían haberse llamado "imperios", aunque ahora ese palabro ya no se estila. Estar entre los dos gigantes, lo que en un mundo en plan Imagine de John Lennon podría haberle favorecido como país puente entre dos mundos, ha acabado siendo una condena, sobre todo por el miedo de Rusia -que ya ha visto en los pasados años a sus antiguos satélites adoptar el euro o entrar en la OTAN-
a perder influencia sobre Ucrania, las tierras en las que nació la nación rusa como tal. Es una pena que un país como Ucrania no pueda usar su estratégica posición como ventaja, que no pueda tener relaciones políticas y económicas de normalidad con ambos gigantes, y que en lugar de eso se hayan peleado por ella los grandes (bueno, metafóricamente, porque ni Rusia ni la Unión Europea han luchado en el campo de batalla, sino más bien las facciones ucranianas que apoyaban una u otra economía, pero eso sí, animadas o presionadas por Moscú y Bruselas, la una con chantajes comerciales y la otra con vítores).


Esta situación, la de una tierra entre dos gigantes que acabó viéndose perjudicada por esa posición, me recuerda a dos casos muy próximos a China, ocurridos en la primera mitad del siglo XX. Nunca serán perfectamente comparables, cada caso es un mundo, pero comparten la situación de haber estado entre la espada y la pared por haberse plantado en medio de dos gigantes, lo que en lugar de traerles pingües beneficios les produjo muchas dificultades y problemas que aún continúan.


MONGOLIA


Mongolia, que hace unos 800 años llegó a ser el imperio más extenso de la Historia, acabó convertida en una tierra encorsetada entre dos grandes gigantes, los imperios ruso y chino (este último la conquistó en el siglo XVII). En 1911, aprovechando la caída del Imperio Qing en la Revolución Xinhai, Mongolia declaró su independencia, que gracias a la inestabilidad en China pudo mantener unos años.

Antes de que acabara esa década, sin embargo, se encontró con dos problemas por el precio de uno: en primer lugar, los chinos, algo más estabilizados, se habían propuesto recuperar Mongolia, e iniciaron campañas militares de reconquista. En segundo lugar, en el Imperio Ruso había triunfado la Revolución de Octubre, que inspiró a políticos mongoles a imitar el movimiento en el país centroasiático, para alegría de los bolcheviques. En los años siguientes, se instauró la República Popular de Mongolia, tras derrotar los intentos chinos de reconquistar el territorio (gracias, aparte de a la aún caótica situación de China, a la ayuda económica soviética). El precio, sin embargo, fue cierta división: China conservó parte de las tierras habitadas por los mongoles, lo que hoy se conoce como la Región Autónoma de Mongolia Interior, una de las divisiones administrativas de China.

Pekín abandonó definitivamente su intento de recuperar la Mongolia "exterior" tras la Segunda Guerra Mundial, pero el precio de los mongoles por defender su independencia fue, paradójicamente el convertirse de facto en una república más de la URSS, uno de los Estados satélite de Moscú con menos autonomía (y menos aún cuando China y la URSS se enfadaron, tras la muerte de Stalin). La dependencia de los soviéticos se vio simbolizada en el hecho de que los mongoles independientes abandonaron su alfabeto (que aún es usado por los mongoles de China) y adoptaron las letras cirílicas propias del idioma ruso. También hubo grandes retrocesos en libertad de creencias, en un país con fuertes creencias budistas ligadas a la rama tibetana de esa religión, aunque bien es cierto que bajo control chino, en los tiempos de la Revolución Cultural, no les hubiera ido mucho mejor.



TÍBET


La Historia reciente del Tíbet empieza de forma similar a la de Mongolia, aunque, como todos sabemos bien, no acabó igual, ni mucho menos... Tras la revolución de 1911 en China, los tibetanos, que como los mongoles habían sido conquistados por el Imperio Qing hace un par de siglos o tres, aprovecharon el vacío de poder temporal que dejó la caída del régimen imperial chino para declarar la independencia (que, por cierto, Mongolia fue una de las primeras naciones en reconocer, por la cuenta que le traía).

El Tíbet estaba, y está, en el superrecontraestratégico cruce de caminos entre dos gigantes como China y la India, con el agravante de que entonces la India era la joya de la corona del poderoso Imperio Británico. Londres vio en la independencia del Tíbet una oportunidad para aumentar su influencia en la zona y seguir su tenaza contra una China contra la que había luchado, y a la que había vencido pero no despedazado, en las dos guerras del opio del siglo XIX.

La situación llevó a que Reino Unido firmara con el Tíbet un acuerdo de establecimiento de fronteras sin la participación de China, que no reconocía la independencia tibetana. Ese acuerdo fijó la famosa "línea MacMahon", una frontera en el norte de la India que los chinos nunca aceptaron, hasta el punto de que incluso después de volver a tener control sobre el Tíbet acabó siendo motivo para una breve guerra entre chinos e indios, de la que hablé un poco cuando se celebró su cincuenta aniversario.

Decía que el Tíbet no acabó igual que Mongolia... China lo ocupó en 1951, después de transformarse en régimen comunista, y el intento tibetano de recuperar su independencia, en 1959, se saldó con una derrota militar y la huida al exilio indio del Dalai Lama, donde sigue teniendo su residencia. El problema sigue estando allí, complicado y engrandecido por otros muchos factores, desde los estragos de la Revolución Cultural en la población tibetana a nuevos intentos de revueltas que fueron duramente reprimidas (1989 y 2008), todo ello mezclado con asuntos como la concesión del Nobel de la Paz al Dalai Lama, el apoyo económico estadounidense a esta figura en los tiempos de la Guerra Fría o hasta los recientes intentos de llevar la cuestión tibetana a la Justicia española. Pero eso son otras historias.

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Ellaellaella es un volcán

21 de Enero, 2014, 0:01

No fue sencillo, pero pude escapar de Yakarta y ahora me encuentro en una ciudad que por el nombre podría parecer la misma pero no lo es: Yogyakarta, en el centro de Java (Yakarta está en el extremo oeste). Yogyakarta es uno de los lugares más visitados de esta isla, porque está cerca de las famosas ruinas budistas de Borobudur y de las hindúes de Prambanan (o al revés, que aún no he visitado ninguna y puedo liarme). También es famoso en las cercanías el volcán Merapi, que entró en erupción por última vez en 2010, causando la muerte de más de 350 personas y miles de evacuados.


Merapi en 2010.


Indonesia es un paraíso para los vulcanólogos y un infierno para los vulcanófobos: las erupciones en este país son más que frecuentes (este mes, por ejemplo, ha habido una, aunque ha sido en Sumatra, más cerca de donde estaba yo por estas fechas en el año 2011). Algunas de ellas han sido cataclismos planetarios: se dice, por ejemplo, que la erupción del volcán donde ahora está el visitadísimo lago Toba, también en Sumatra, fue tan potente que dejó en la Tierra sólo 10.000 humanos vivos (aunque fue hace unos 70.000 años, no se asusten). Más reciente y famoso es el volcán Krakatoa, islita entre Sumatra y Java que en 1883 explotó y se desintegró dando tal petardazo que se pudo oír a 4.000 kilómetros de distancia, y las cenizas que soltó a la atmósfera fueron de tal magnitud que afectaron al clima de todo el planeta: ese año estuvo casi siempre nublado y no hubo verano.


El Krakatoa antes de explosionar, debía dar gloria verlo.
Ahora hay un volcán más pequeño en la zona, "Krakatoa junior",
que tuvo su última erupción en 2012.



China -los volcanes indonesios son apasionantes, pero este blog tiene que ir a su terreno- no es un país donde los volcanes hayan tenido excesivo protagonismo, aunque casi mejor, bastantes desastres naturales tienen que aguantar los chinos para encima vivir atemorizados de sus montañas. Sin embargo, haber volcanes haylos en China, y en el siglo XX ha habido al menos dos erupciones, aparentemente sin víctimas: una en las montañas Kunlun, que hacen frontera entre Xinjiang y Tíbet, en 1951, y la otra en el que probablemente es el volcán chino más famoso, Changbaishan, el monte fronterizo entre China y Corea del Norte, que soltó lava por última vez en 1903.


Changbaishan, "el monte eternamente blanco".


Changbaishan (que visité hace un lustro con una revista de El Jueves bajo el brazo) es el monte del que nacen los dos ríos que forman casi toda la frontera entre China y Norcorea, el Yalu y el Tumen, y para los norcoreanos es una montaña sagrada, tanto que está en su bello escudo nacional (los escudos de países comunistas han sido siempre mi debilidad, con sus torres eléctricas, sus espigas y sus engranajes de maquinaria).

Se dice que el Changbaishan entra en erupción
más o menos cada 100 años, así que ya va tocando una nueva.

 

Remontándonos mucho más atrás en la Historia, hace unos 3.500 años, se cree que el volcán de la isla de Santorini, en Grecia, tuvo una erupción de tales dimensiones que, aparte de acabar con el sistema político que entonces había en el Egeo (el reino minoico) contribuyó, como el Krakatoa, a cambiar el clima de todo el planeta, lo que causó grandes hambrunas en China y, con ellas, también la caída de la dinastía Xia, primera de la Historia de esa civilización, que entonces gobernaba en la cuenca del río Amarillo. Crónicas históricas chinas posteriores, del siglo III AC, aseguran que el cielo durante el fin del reino Xia se volvió amarillo y "hubo tres soles".

Y remontando aún más, mucho más, hace millones de años, se cree que la erupción de volcanes en lo que ahora es Emeishan (sagrada montaña budista en la provincia china de Sichuan) contribuyó, junto a posteriores erupciones de volcanes siberianos, a la extinción de varias especies animales del Triásico. No había dinosaurios todavía, pero creo que una de las especies que se extinguió entonces fue el trilobites, así que, ya que al empezar, en el título, evoqué algo del peor pop español, me despido con más música hispana que va muy bien con este último asunto.



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El juicio del siglo... XX

21 de Agosto, 2013, 0:01











Mañana se celebra en China el que para muchos es el juicio más sonado en los últimos 30 años de este país: el del ex ministro, ex secretario general de Chongqing y ex miembro del Politburó Bo Xilai. Su caso, con asesinatos de por medio, fue ya tratado en este blog el pasado año, y no quiero yo hablar mucho más de algo que mis apañeros van a tratar profusamente mañana, así que mejor voy a recordar el anterior "juicio del siglo" que tuvo China: el de la famosa Banda de los Cuatro, que se celebró durante 40 días entre el 20 de noviembre y el 29 de diciembre de 1980. En algunas cosas, es inquietantemente similar al que está a punto de comenzar.

Tras la muerte de Mao Zedong, en septiembre de 1976, que ponía fin también a la caótica Revolución Cultural, dos facciones del Partido Comunista parecían enfrentadas: una "derechista", dominada por Deng Xiaoping, y otra "izquierdista", encabezada por la tercera y última esposa de Mao, Jiang Qing, quien había sido una destacada lideresa de la Revolución Cultural. En todo caso, el sucesor oficial de Mao era un centrista, Hua Guofeng, quien no parecía decantado ni por unos ni por otros (Mao le había designado su sucesor precisamente por eso, para buscar a alguien de consenso). Derechistas e izquierdistas, sin embargo, comenzaron a presionarle para que se decantara entre unos u otros.


Jiang Qing (de negro) y otros miembros de su facción
velan el cadáver de Mao.



Hua Guofeng, quien vivió hasta hace poco (murió en agosto de 2008), en un principio pareció decantarse por la facción izquierdista de Jiang Qing, pero en realidad estaba del lado de Deng (quien había sufrido dos purgas en la Revolución Cultural y a las dos sobrevivió). Junto a los derechistas, maquinó una conspiración contra los izquierdistas. El 6 de octubre de 1976, menos de un mes después de la muerte de Mao, Jiang y otros tres importantes líderes de la facción (la llamada "Banda de los Cuatro") recibieron una carta que les pedía ir al día siguiente al Gran Palacio del Pueblo para una importante reunión del Politburó. Eran, además de Jiang, el viceprimer ministro Zhang Chunqiao, el vicepresidente del Partido Comunista Wang Hongwen y el secretario del Partido en Shanghai, Yao Wenyuan (cargo este último un poco gafe, porque 25 años después otro político que lo ocupaba también fue víctima de otro sonado juicio en la Historia moderna de China).


Uno por uno, los cuatro miembros entraron en el Gran Palacio del Pueblo y se encontraron con soldados que, pistola en mano, les pidieron que se entregaran, cosa que hicieron sin resistirse. Se gestó así, el 7 de octubre de 1976, un auténtico golpe de Estado sin violencia que no es muy conocido ni dentro ni fuera de China, pero que entonces fue respondido con grandes celebraciones en Pekín y otras ciudades del país.

La "Banda de los Cuatro" fue encarcelada en la prisión de Qincheng, en las afueras de Pekín (la misma en la que se cree que Bo Xilai ha pasado el último año y medio) a la espera de juicio, que tardo en llegar cuatro años. En aquel ínterin, un Deng Xiaoping ya con el poder en sus manos (Hua Guofeng se lo cedió muy a gusto) se dedicó a condenar pública y repetidamente los desmanes de la Revolución Cultural, para preparar a la opinión pública. La propaganda también ayudó lo suyo.







El juicio se inició el 20 de noviembre de 1980 en Pekín, y fue "público", como el de Bo mañana (en realidad la asistencia a estos procesos es muy escogida). Al juicio de hace 33 años asistieron 880 "representantes de las masas" y 300 periodistas. El informe inicial de la acusación era tan largo (20.000 palabras) que dos fiscales se iban turnando para leerlo. El delito más grave del que se acusaba a los Cuatro era la persecución de 750.000 personas y la muerte de 34.375 (siempre se dice que no hay cifras de los crímenes de la Revolución Cultural, quizá ésta sea una de las pocas que se pueden citar).

En el juicio, donde los acusados y otros "cómplices" de la banda se sentaban en una especie de valla como de establo, los cuatro principales acusados se mostraron de forma muy diferente. Yao, el ex jefe de Shanghái, fue el más cooperativo con los jueces, admitió su participación en muchos de los crímenes y acusó a los otros miembros de la banda. Zhang, sin embargo, apenas abrió la boca en los 40 días, enmudeció y renunció a tener defensa.





Pero sin ninguna duda, el mayor espectáculo lo dio Jiang, quien en varias jornadas del largo juicio perdió los estribos, gritando públicamente cosas como "¡este proceso es una farsa!" o "¡larga vida a la revolución!". En muchas ocasiones rompió a llorar, y a veces la policía se la llevó de la sala por romper el orden. La más famosa salida de tono de Jiang fue cuando se puso a gritar: "¡Yo sólo era la perra del presidente Mao! ¡Mordía cuando él me pedía que mordiera!".





Una de las acusaciones más curiosas en el juicio era que la misma Jiang Qing, famosa actriz en el glamouroso Shanghai de los años 30, había usado su poder en la Revolución Cultural para acabar con los amantes que había tenido en su época artística, con el fin de que Mao no se enterara.

Aquel juicio seguramente no fue muy seguido en Occidente, donde no llegarían muchas imágenes del asunto, pero no por ello pasó desaparcibido en la cultura popular de esas latitudes. Recuerdo que la primera imagen que tengo de ese juicio es de cuando leía de niño a Superlópez: en una de sus primeras historias, "La semana más larga" (también de los 80), el gran héroe bigotón cavaba un hoyo en el planeta y aparece en China, en pleno juicio a la Banda.


Impresionante el detallismo histórico de este tebeo:
se puede distinguir perfectamente a Jiang Qing (Jiang King en la viñeta).
¡Y hasta las vallas usadas para los acusados!




En el Reino Unido, que en aquellos tiempos hervía con el punk, había entonces una banda punkarra que se llamaba, precisamente, la "Banda de los Cuatro" y cantaba canciones revolucionarias, o contrarrevolucionarias, o quién sabe.



El veredicto al sumarísimo juicio llegó el 29 de diciembre. La histriónica Jiang y el silencioso Zhang fueron condenados a muerte, aunque la pena fue conmutada a cadena perpetua exactamente dos años después (los analistas vaticinan que lo mismo ocurrirá en esta ocasión con Bo, de la misma manera que pasó con su mujer en el juicio del pasado año). Dicen que en 1983, cuando Jiang recibió la noticia de que la pena de muerte le era retirada, se puso a gritar "¡matadme! ¡matadme!". Wang fue condenado a prisión de por vida, y Yao a 20 años de cárcel (fue el único que cumplió la pena íntegramente).

Los cuatro acabaron siendo libres. Aunque Jiang lo fue por poco tiempo: en libertad provisional por motivos de salud, la viuda de Mao se ahorcó en mayo de 1991 en el hospital donde se le atendía, dejando una nota tan excesiva y fanática como ella lo debió ser siempre:

"La revolución ha sido robada por el clan revisionista de Deng Xiaoping. El presidente Mao exterminó a Liu Shaoqi, pero no a Deng, y el resultado de ese olvido es que males sin fin se han cernido sobre el pueblo chino y la nación. Presidente, tu estudiante y luchadora va a visitarte".

El "Diario de la Liberación" de Shanghái fue uno de los pocos que al día siguiente dedicó un artículo a Jiang, con un titular demoledor: "La bruja ha muerto" (como en "El Mago de Oz").

Wang murió de cáncer poco después, en 1992, mientras que Yao y Zhang fallecieron los dos en 2005, ambos en libertad pero olvidados por autoridades y medios. Su fallecimiento cerraba del todo el gran juicio chino del siglo XX, abramos ahora bien los ojos para ver cómo se desarrolla el del siglo XXI.


PD: muchos detalles y alguna imagen de este post los he sacado de este magnífico artículo sobre la Banda de los Cuatro, del escritor e historiador Zheng Haiping.
 
ACTUALIZACIÓN (27/8/2013): he encontrado en YouTube un vídeo con imágenes de aquel juicio. Son sólo cuatro minutillos, pero ya con eso se ve más que lo que hemos visto en todo el proceso a Bo Xilai...


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Los irreductibles miao

15 de Julio, 2013, 0:01







De sobra sabemos que la relación entre la civilización china y otras etnias de la, digamos, "periferia del imperio" no es fácil. No lo es ahora (problemas con los tibetanos y los uigures) pero tampoco en el pasado, y para recuerdo de ello quedará por siempre la Gran Muralla, que intentó defender a los chinos de los invasores mongoles.

Uno de los conflictos más sangrientos y de más larga duración que China ha tenido con una de sus minorías no ha sido con las que actualmente están en los periódicos, sino con los miao, que en el sureste asiático son también conocidos como hmong y son un pueblo de gran tradición guerrera. En la Guerra del Vietnam, los hmong fueron usados por EEUU contra los comunistas en Vietnam y Laos, y en consecuencia, muchos de ellos, tras la victoria de los charlies, se marcharon como refugiados a los Estados Unidos (quizá es por ello que en la inmensa película Gran Torino el no menos inmenso Clint Eastwood se mete en líos con la comunidad hmong de Michigan).


En China, los hmong (aquí más conocidos como miao, aunque éstas denominaciones nunca son cien por cien exactas, porque hay miaos/hmongs muy variados) también dieron mucha guerra, y lo hicieron durante siglos, rebelándose contra el imperio cuando éste pensaba que les había dominado ya hacía décadas
.

Originales del sur de China, vieron como los chinos han, la etnia que desde la cuenca el río Amarillo se fue extendiendo a todo el país, iba colonizando a fuerza de demografía sus tierras y les obligaba a ir a lugares cada vez más remotos y montañosos. Contra el empuje de los chinos han, los miao protagonizaron muchas rebeliones, las primeras de ellas en los siglos XIV y XV, que la entonces dinastía Ming derrotó usando a mercenarios uigures (por eso hay todavía alguna comunidad uigur en Hunan, muy lejos del Xinjiang de donde éstos son originarios).

Las revueltas más sangrientas, sin embargo, fueron en los siglos XVIII y XIX, cuando la que gobernaba era la dinastía Qing. Al parecer, las revueltas miao en el siglo XIX fueron tan duramente reprimidas que se calcula que murieron hasta cinco de los siete millones de miao que habitaban la zona de las revueltas, lo cual podría considerarse uno de esos terribles genocidios olvidados en la Historia, similar al armenio o al de otros pueblos de los que ni nos acordamos.


Miaos y chinos tuvieron durante siglos tan tensas relaciones (aunque no siempre fue así y hubo épocas en las que los miaos simplemente pagaban impuestos a los chinos y vivían en paz) que en las zonas donde éstos habitaban, como las provincias de Hunan y Guizhou, se edificaron muros defensivos de montaña similares a la Gran Muralla que al norte del país intentó detener los avances mongoles.

La Gran Muralla del Sur, como algunos la denominan, nunca fue tan larga como el norte, y poco queda de ella en la actualidad, pero hace unos días, cuando estuve en Fenghuang (donde muchos de sus vecinos son miao), me enteré de que en sus afueras tienen un parque donde se ha reconstruido un tramo de aquel monumento. Allí que fui, y saqué algunas fotos:


Quizá el muro no inspire mucha historia, por la sensación de nuevo que da, pero subiendo por sus escalones uno disfruta de unas vistas fantásticas de los alrededores, y al menos ir allí te anima a descubrir un poco más sobre la historia de los irreductibles miaos, capaces de plantarle cara al mismísimo Clint Eastwood.

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Don Quijote de la Manchuria

4 de Julio, 2013, 0:01

El post de hoy probablemente es el que escribo con mejor decorado de fondo en los casi ocho años que tiene de vida (estoy en el turístico pueblecico hunanense de Fenghuang). Esto es lo que veo mientras tecleo:


Lo digo por lo que hay tras la ventana, que conste...
Las mozas eran guapas pero ya se fueron hace un rato.



Me ocuparé de Fenghuang en posts futuros, porque hoy prefiero hablar un poco de un libro que estoy leyendo a rachas, en las épocas vacacionales: "Las tres Españas del 36", del reconocido historiador Paul Preston. El libro es en realidad una colección de minibiografías de personajes clave en la Guerra Civil española, desde Franco a Manuel Azaña o la Pasionaria hasta Primo de Rivera, su hermana Pilar o incluso Millán Astray (este capítulo, visto con distancia, es quizá el más divertido de todos). El libro me ayuda a conocer una época de la que casi no sé nada, pese a su gran importancia para España: en la escuela, los profesores de Historia, después de haber dedicado meses a la España visigoda, nunca podían acabar el temario y por tanto siempre se dejaban sin explicar los últimos capítulos, precisamente los más importantes para entendernos hoy (Guerra Civil, franquismo, transición...). O quién sabe, igual era parte de le ley de punto final, no remover las cosas...

Decimos que los chinos olvidan su historia reciente (y no digo yo que no sea cierto), pero en España nos pasa tres cuartos de lo mismo, y por eso seguimos siendo los mismos extremistas sectarios de hace casi un siglo (por ambos bandos). Estamos condenados a repetir la Historia porque la hemos olvidado, y seguimos llamándonos los unos a los otros "fachas" y "rojos". Precisamente el libro de Preston rinde homenaje a la "tercera España", los moderados, los que no eran ni fascistas ni comunistas, y que en algunos casos acabaron siendo perseguidos por ambos bandos. Qué complicado es ser neutral.

Pero bueno, me voy por las ramas, ¿de qué va este blog? Ah sí, de China... Pues para regresar al redil me centraré en uno de los personajes a los que Paul Preston dedica uno de los capítulos: Salvador de Madariaga, un hombre que antes de leer este libro apenas conocía, como no fuera porque da su nombre a uno de los premios más prestigiosos de mi gremio periodístico. Vergüenza la mía, no saber casi nada de este enorme personaje.

Madariaga fue uno de los hombres más internacionales de la España dormida de principios del siglo XX. Formado en París, casado con una inglesa, escritor de libros directamente al idioma de Shakespeare, era una figura internacional como la que probablemente no hemos tenido nunca más.

Esa internacionalidad permitió a Madariaga convertirse en el representante de España en la Sociedad de Naciones, el equivalente a las Naciones Unidas que hubo antes de la Segunda Guerra Mundial. Y coincidió que, justo cuando Madariaga era nuestro embajador allí, se produjo la invasión japonesa del noreste de China (1931), lo que nosotros conocemos como Manchuria (aunque a los chinos no les gusta ese nombre). Los japoneses crearon allí un reino títere de Tokio, con el Último Emperador como falso rey, y lo llamaron Manchukuo (de ahí que a los chinos no les guste lo de Manchuria).

El caso es que, según cuenta Preston en su libro, Madariaga fue uno de los más encendidos críticos de la actitud japonesa, y se hizo famoso en las reuniones de la Sociedad de Naciones por la pasión con la que defendía a China y criticaba a Japón, pese a la lejanía geográfica del conflicto. De ahí que se ganara el apodo de "Don Quijote de la Manchuria", un apodo que le iba muy bien porque además, al menos eso dice Preston (que en todos los capítulos hace un profundo estudio psicológico de sus biografiados) era un idealista casi enfermizo, como el caballero de la triste figura.

Por lo visto, en la Sociedad de Naciones de aquel entonces (en la que no estaba Estados Unidos, todo sea dicho) los países más "guerreros" eran los "pequeños" de Europa, y se hablaba de una especie de club de países gallitos que protestaban con más energía en las reuniones. Entre ellas estaba España, y también Suiza, Dinamarca, Holanda, Suecia o Bélgica. Este último me recuerda que fue un belga quien por aquel entonces hizo otro gran alegato en favor de China y contra Japón: el dibujante Hergé, con su álbum de Tintín "
El Loto Azul" (mi favorito desde pequeño, mucho antes de cultivar interés por China).

Los alegatos de Madariaga cayeron en oídos sordos. La mayor parte de los delegados de países "fuertes", como Francia o Reino Unido, le tenían mucho aprecio a Madariaga pero pensaban que su idealismo olvidaba la realidad y era impracticable. De hecho, a veces hasta el ministro de Asuntos Exteriores español de la época se molestaba porque Madariaga fuera tan llamativo en la Sociedad de Naciones (lo que hizo, sin embargo, que España fuera por una vez algo en una organización internacional) y a veces fuera por libre en sus opiniones, sin consultar a sus superiores. Hasta Azaña dice en sus diarios que a España no le interesaba nada ganarse la animadversión del Japón, y que Madariaga iba a su bola.

Pues eso, que en consecuencia, Japón se fue de rositas. Algo similar ocurriría poco después cuando Italia invadió Abisinia (Etiopía): Madariaga lo condenó, pidiendo mano dura, y Europa miró para otro lado, para evitarse problemas. Después llegaron invasiones más cercanas, las de Checoslovaquia, Austria y Polonia por parte de Alemania, y ya no hubo vuelta atrás. Quizá si se hubiera escuchado antes a Don Quijote de la Manchuria en los años 30 podría haberse evitado el terror de los 40.


PD: Googleando un poco antes de escribir esta entrada he descubierto que uno de mis colegas blogueros de tema chino ha escrito recientemente un post también sobre Madariaga y la cuestión japonesa, y prometo que no lo he leído antes de escribir el mío, para que nos salga lo menos parecido posible (una vez escrito el mío y leído el suyo puedo decir que el suyo es más completo, pues yo lo único que sé del tema es lo que cuenta Preston, que no es mucho). Eso sí, coincidimos en título, porque ¿qué otra cosa se podía poner?

PD 2: Mientras escribía esto la vista me ha cambiado...

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Deberes para mañana:
amistad chino-española

26 de Junio, 2013, 0:01

Este año, España celebra aniversarios que son múltiplos de cuatro tanto con China y Japón, pero no se confundan con los ceros. Con los nipones, España conmemora 400 años de lazos (y por ello ambas naciones de sol han lanzado el Año Dual España-Japón). Con los chinos España celebra 40 años de relaciones, aunque en este caso sólo se cuentan desde el momento en que los españoles las establecieron con el actual régimen comunista, la República Popular, pese a que antes ya las hubo.


Un paisano mío fue el primer embajador de España en la República Popular,
y a la vez inspiró esta película (por cosas que hizo mucho antes).



No creo que el aniversario con los chinos se vaya a recordar mucho en España, país poco amigo de celebrar nada en estos tiempos austeros, pero en China sí, al menos a nivel institucional. Los chinos recuerdan mucho estas cosas, por aquello de que
les costó varias décadas convencer a muchos países, desde Pekín, de que eran ellos los legítimos gobernantes de China, y no los que se refugiaban en Taipei desde 1949. Raro es el año en que no hay algún gran aniversario de este tipo con algún país, que se suele celebrar en Pekín con visitas de Estado, exposiciones, conciertos y esos rollos (bueno, no todo es rollo, que aquí hemos tenido al gran Julio Iglesias aprovechando la celebración).

No parece que China y España lleguen a este aniversario en el mejor momento de sus relaciones (al menos a un nivel de sociedades, porque sus gobiernos, como está mandado, se dedican grandes elogios mutuos). En España -al menos esa impresión me estoy llevando- la tradicional indiferencia que ha existido hacia China, cuando no animadversión, se ha exacerbado este año. No sé si exageraré, pero es posible que el caso Gao Ping, que explotó el año pasado y aún colea en el actual, haya jugado un importante papel en ello. Sumémosle el hecho de que la crisis ha agriado a una sociedad española con un carácter ya antes algo cerrado, y más hacia países que como China tienen fama ahora de "nuevos ricos" (aunque eso
es mucho decir). España es en 2013, según encuestas internacionales, uno de los países con peor imagen de China.

En China no nos tienen a los españoles esa ojeriza (hay desconocimiento, pero éste no lo suplen, como en España, con displicencia), aunque sí que han calado las informaciones -creo que a veces un poco alarmistas- sobre la crisis en España, y los chinos a veces nos ven hasta con lástima (cuando, me parece a mí, nuestro nivel de vida todavía es bastante más envidiable que el suyo).

En fin, los dos pueblos estamos siendo víctima de unas imágenes un poco parciales que la lejanía distorsiona aún más, a las que a veces ayudan unos medios de comunicación para los que lo malo y alarmante siempre vende más.

Pero bueno, para compensar estas pesimistas reflexiones (igual me he contagiado de la negatividad de la crisis y me he pasado un poco con ellas), voy a conmemorar aquí ese 40 aniversario de relaciones con visiones optimistas, ilusionadas y con todo el futuro por delante.

Y es que, con motivo de la efeméride, se pidió a jóvenes chinos estudiantes de español, de entre 12 y 17 años, (en China hay unos pocos institutos de secundaria que ya enseñan el idioma del Manco de Lepanto) que dibujaran su visión de los 40 años de lazos entre los dos países.

El Instituto Cervantes de Pekín seleccionó algunas de las mejores obras, y las expone estos días en su salón de actos. Para los que no podáis ir a verlas, os muestro aquí algunas: a mí me parecieron un chute de buen rollo y buenos sentimientos. De paso, nos sirven para ver lo bien que dibujan los niños chinos, o sus padres si ha habido algún concursante tramposillo. Seguramente notaréis una importante influencia del manga japonés. Y los más observadores encontrarés un billete de 100 pesetazas.

La muestra todavía puede admirarse en el Cervantes pequinés, los que estéis por aquí y queráis verla.

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Sesenta años allá arriba

29 de Mayo, 2013, 0:01


En las últimas semanas ha habido muchas noticias relacionadas con el Everest, la montaña más alta del mundo, que los alpinistas suelen ascender en este mes de mayo porque es la época con mejores condiciones climáticas para ello. La semana pasada mi paisano Carlos Pauner llegaba a su cima y se convertía en el primer aragonés (y el primer español no vasco, huy en qué jardines me estoy metiendo) en coronar las 14 montañas del mundo que miden más de 8.000 metros (hay alguna duda con uno de sus ascensos, el del Shisha Pagma, pero bueno, que un día de éstos lo ascienda nuevamente y así acabará con los recelos). Un día después, un japonés de 80 años y con nombre de toro llegaba también a la cumbre y se convertía en el hombre más viejo en conseguirlo. Y hoy, finalmente, se cumplen 60 años de la primera llegada del hombre a la cumbre de esa montaña, la que consiguieron el sherpa Tenzing Norgay (cuyos orígenes debatíamos hace unos días en el grupo de Facebook) y el neozelandés Edmund Hillary.


Los dos alpinistas, felices de conocerse y felices de haber bajado ya de tan alto,
pocos días después de la hazaña.



A veces se olvida un poco que el Everest es un monte chino, o bueno, medio chino. Su cara sur da a Nepal, pero la norte está en territorio de China, concretamente en la región del Tíbet (no puede obviarse que considerar el Tíbet como chino tiene su polémica, pero tampoco se puede olvidar que así aparece en cualquier mapa). Aparte de por cuestiones políticas relacionadas con la cuestión tibetana, otra de las razones de que el Everest se relacione más con Nepal que con China es el hecho de que la mayoría de los ascensos se realizan por la cara sur, porque sus rutas son más sencillas y porque Nepal pone muchas menos limitaciones que China a la entrada de extranjeros (una vez más, por cuestiones relacionadas con la política).

Otra razón que puede pesar en el "olvido" es que en China la palabra "Everest" no se usa, con lo cual se asocia menos ese vocablo con este país, y, por extensión, se asocia menos esa montaña con este país. Los chinos, a imitación de los tibetanos, llaman al Everest "Qomolangma", que significa "Diosa Madre" en tibetano, y siembre la citan así, incluso en noticias en inglés (ni siquiera ponen "Everest" entre paréntesis a modo de aclaración). Desde 2005, además, los chinos no reconocen la altura internacionalmente más usada del monte (8.848 metros), ya que ellos realizaron ese año otra medición y fijaron su altura en 8.844 metros (lo podéis ver en la entrada en chino que sobre el monte hay en la Wikipedia, por ejemplo). De estos dos peliagudos asuntos ya hablé hace unos añitos, cuando los chinos llevaron la llama olímpica a la cima de ese monte, pero bueno, hoy lo recuerdo con motivo del aniversario.

La prensa china recuerda hoy la efeméride, y de paso que los primeros en ascender el Qomolangma/Everest por su cara norte fueron dos alpinistas chinos, Wang Fuzhou y Qu Yinhua, y un tibetano llamado Gingbu, así a secas (muchos nombres tibetanos son de sólo una palabra, sin apellido). Lo lograron en 1960, en una época en la que la cara norte estaba aún más vetada a los extranjeros que ahora.


Los tres héroes a este lado del Everest
(el de la izquierda llegó un poco antes que los otros dos,
gracias a su fenomenal cardado).



También hay rumores de que en 1952, un año antes de que Hillary y Norgay llegaran a la cumbre, una expedición soviética intentó adelantarse unos meses a la proeza nepalí/neozelandesa con un ascenso por esa misma cara norte, pero que perecieron en el intento (Moscú y Pekín negaron la existencia de esa expedición, pero quién sabe, igual sólo ocultaron el fracaso).

Llegar a lo alto de una montaña como el Everest/Qomolangma/Samargatha (pongo también su nombre nepalí para liar aún más) y ver el mundo desde allí arriba debe ser una maravilla, aunque también es una peligrosa aventura. El fallecimiento también estos días del alpinista leridano Juanjo Garra en otro ochomil es un recordatorio de lo crueles que pueden ser esas bellas montañas. La lista de alpinistas que han fallecido en estos 14 gigantes es abrumadora, y en todos ellos han muerto alpinistas españoles, terrible.

PD: La foto que abre el post es un apresurado homenaje a una de las noticias de la semana en China, con permiso del niño de la cañería.

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Acabar con el magno
(no el coñac)

6 de Mayo, 2013, 0:01





Coincidió que en los ultimos días el que aquí suscribe se vio tanto la película sobre Lincoln de Steven Spielberg (qué funesto bodrio, oigan) como una miniserie sobre los Kennedy. Como era de esperar, me obsesioné morbosamente con el tema de los grandes magnicidios en la Historia, empecé a googlear para ver que encontraba del asunto, y luego busqué a ver si los había habido en China, pues no recordaba demasiados.

Antes de meterme en el coto chino, diré que es sorprendente la cantidad de máximos líderes que han sido asesinados en muchos países, especialmente en los siglos XIX y XX. En España, sin ir más lejos, murieron en atentados cinco presidentes, somos uno de los países que más magnicidios de jefes de Gobierno ha sufrido (el más conocido es Carrero Blanco, pero tampoco deberíamos olvidarnos de Prim, Canalejas, Dato y Cánovas del Castillo). En Estados Unidos, además de los dos archiconocidos casos de arriba, también murieron asesinados los presidentes Garfield y McKinley, sin que Hollywood les haya hecho el mismo caso que a Abe y JFK (la película del gato que come lasaña no cuenta, se pongan como se pongan). En Japón, un país en general con bajos niveles de delincuencia, han sido también cinco los primeros ministros asesinados (junto con España, uno de los países donde más ha pasado), aunque el asesinato más famoso de ese país es el del líder socialista Inejiro Asanuma, quien recibió un sablazo cuando la TV le grababa en directo y dejó una de las fotos de magnicidios más estremecedoras de la historia (Pulitzer aquel año).


¿Y en China? Pues en este país, la conclusión a la que uno podría llegar es que los magnicidas madrugaron mucho y ya se intentaron cargar al primero de todos los emperadores (Qin Shihuang, el del Ejército de Terracota) y que, como el intento fracasó, en los siglos posteriores los cerca de 200 emperadores que hubo en general no vieron correr peligro su vida (aunque todos tendrían probadores de la comida por si acaso la envenenaban, claro) y sólo uno de ellos puede decirse a ciencia cierta que fue asesinado. Tampoco los líderes de la República de China y de la República Popular sufrieron atentados o ataques, si bien siempre quedará la duda de si el accidente de avión en el que murió Lin Biao, quien sonaba durante la Revolución Cultural para suceder a Mao Zedong (lo nombramos en el anterior post) fue provocado o no.

Qin Shihuang, el Primer Emperador, quien unificó los diversos reinos que pululaban en la China actual, construyó su imperio mediante conquistas y sangrientas guerras que, obviamente, le granjearon numerosos enemigos. Cinco años antes de lograr la conquista de todos esos reinos, en 226 AC, el príncipe de uno de ellos intentó matarle mediante un famoso asesino, Jing Ke, quien consiguió entrar en la corte y reunirse casi a solas con Qin Shihuang llevando con una daga envenenada escondida en un mapa enrollado. Al desenrollar el mapa Jing Ke picó cual escorpión, pero lo más que consiguió fue rasgar las ropas del soberano, que tras una carrera frenética en las estancias palaciegas por salvar su vida logró un arma y acabó siendo él el que mató al asesino. O eso dicen los libros de Historia.


Este caso, como los de Kennedy y Lincoln, ha sido llevado muchas veces al cine -por los chinos en este caso-, aunque con versiones totalmente distintas entre sí, ya que al estar más alejado en el tiempo, hay más lugar a la fabulación. Quizá la película más famosa sobre este magnicidio frustrado es Héroe, de Zhang Yimou, en donde el fallido asesino es un Jet Li que acaba sintiendo admiración por Qin Shihuang (los críticos vieron en esto una apología al régimen comunista). Otras películas chinas famosas sobre el tema son El emperador y el asesino, quizá la versión menos fantasiosa, en la que sale Gong Li (la vi pero no la entendí demasiado) y La sombra del emperador, una especie de mezcla de película de acción y reflexión filosófica sobre la música oriental que menos todavía entendí cuando la vi en un cine de Madrid, pocos meses antes de venir a vivir a Pekín (nótese la constante rima asonante en "i" de la frase que acabo de escribir).


Cuando dice "de los creadores de Adiós a mi Concubina, La Linterna Roja y Vivir"
debe estar refiriéndose a los chinos en general, porque si no no lo pillo...



En cuanto al único magnicidio "exitoso" en la historia imperial china -o el único que he encontrado, si sabéis alguno más avisad-, lo sufrió un emperador de la dinastía mongol (Yuan), Gegeen Khan, el cuarto posterior a Kublai Khan, que es el que conoció Marco Polo. Fue en 1323, y los asesinos parece ser que fueron mongoles de familias rivales que también aspiraban al trono. Un asunto muy prosaico que no parece haber inspirado películas o literaturas.

Buscando más sobre el espinoso tema, lo que sí he encontrado, y me ha parecido curioso, es que un gobernador portugués de Macao fue asesinado, o mejor debería decir linchado, por una turba de chinos, allá por el siglo XIX. Se trata de
Joao María Ferreira do Amaral (mira que son portugueses los nombres portugueses), que trató de acabar de raíz con la influencia de China en la política de Macao (y de la forma que más podía enfadar a los chinos, pagando menos impuestos a los emperadores) y murió decapitado en un ataque cometido en agosto de 1849. Tras el asesinato hubo una miniguerra entre Portugal y China por el control de Macao (no debieron de intervenir más de 200 soldados entre los dos bandos) que los lusos ganaron.

En fin, esto es lo poco que encontré de magnicidios en China y alrededores, que es poco, y quizá, siendo el tema que es, es mejor que sea así, aunque como digo, si sabeís algún caso más, abridnos los ojos, pero sin mucha sangre.

ACTUALIZACIÓN (8/5/2013): Recopilo algunos casos más que algunos lectores han dejado en los comentarios. Algunos de ellos los he mencionado antes en el blog o en artículos para mi curro, qué cabeza tengo:

- El odiadísimo emperador Yang Guang, cuya tumba fue recientemente descubierta, fue asesinado por sus rivales cuando trataba de huir de las revueltas que pedían su cabeza, allá por el siglo VII.

- Hay sospechas de que el penúltimo emperador de China, Guangxu (antecesor de Pu Yi, el de la famosa película de Bertolucci), murió envenenado con arsénico por la emperatriz viuda Cixi, pues dejó este mundo muy joven, con 37 años. Además Cixi (la que ordenó construir el Palacio de Verano) murió un día después que Guangxu, por lo que las sospechas de luchas intestinas en los pasillos de la Ciudad Prohibida se acrecientan.

- Y ya en la época posterior a la imperial, Song Jiaoren, quien parecía llamado a ser el primer primer ministro de China (valga la redundancia) fue asesinado de dos disparos a bocajarro cuando tomaba un tren hacia Pekín poco después de ganar las primeras -y puede que últimas- elecciones democráticas que hubo en el país. Recientemente se cumplió el centenario de esta trágica muerte.

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