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04. Historia
de China


Uniendo océanos con manos chinas

25 de Agosto, 2014, 0:01


Este mes se ha conmemorado el centenario de la inauguración del Canal de Panamá, una fascinante obra que EEUU construyó en 10 años, entre 1904 y 1914, para ahorrar a los barcos 7.000 kilómetros y tener que irse a la Patagonia, que siempre ha sonado como algo demasiado remoto. Los franceses habían intentado construir el canal décadas antes, después de su exitoso Canal de Suez, pero descubrieron que la selva no era tan fácil de horadar como el desierto, y cedieron la responsabilidad a los estadounidenses.

En el Canal de Panamá trabajaron decenas de miles de obreros de muchos países. Por supuesto, entre ellos había chinos, pero su importancia fue menor que en la de otras grandes obras que, sin ser tan famosas como el canal, "unieron" el Pacífico y el Atlántico ya antes, en el siglo XIX.

La primera de estas obras fue el Ferrocarril de Panamá, construido en 1855 -también por Estados Unidos- y que tiene prácticamente el mismo recorrido que después trazaría el canal, por lo que imagino que sería vital en la construcción de este último. Miles de obreros chinos fueron empleados en esta complicadísima obra, que, según dicen, causó más muertos que los 5.000 que hubo en la construcción del canal.

Muchos de los trabajadores -chinos y no chinos- que murieron en las obras del ferrocarril fueron pasto de enfermedades tropicales como la malaria, que entonces aún no se sabía que era transmitida por los mosquitos (en cambio, cuando se construyó el canal ya se sabía, lo que quizá permitió mejores medidas de prevención). Por otro lado, en los campamentos de trabajadores chinos también hubo otro gran factor para la mortalidad, bastante truculento: los suicidios de cientos de ellos.

Al parecer, muchos trabajadores chinos eran adictos al opio, lo que no se veía con muy buenos ojos, y se decidió cortarles el acceso a esta droga, lo cual a algunos les volvió básicamente locos. Relatos de los responsables de las obras en esa época cuentan espeluznantes testimonios sobre decenas de trabajadores chinos ahorcados unos junto a otros, o que habían pagado a trabajadores de otras comunidades -malayos, normalmente- para que les decapitaran. Estos trágicos sucesos ocurrieron especialmente cerca de una localidad panameña (bueno, colombiana entonces, que Panamá aún no se había independizado) llamada Matachín, y llegó a pensarse que el nombre venía por la de chinos que allí se mataron, aunque en realidad el topónimo era anterior y proviene seguramente del oficio de matarife de cerdos. Matachín ya no existe, pues medio siglo después quedó hundida bajo las aguas del embalse de Gatún, parte importante del canal de Panamá.

Poco después del Ferrocarril de Panamá, los trabajadores chinos fueron la principal mano de obra para la construcción del Ferrocarril Transcontinental, primero que unió la Costa Este (atlántica) y la Oeste (pacífica) de Estados Unidos, inaugurado en 1869. Muchos de estos trabajadores chinos, más de 20.000, huían de la miseria y de la guerra que China sufría entonces debido a la Rebelión Taiping, liderada por una secta cristiana cuyo líder decía ser el hermano menor de Jesús. Los chinos eran abnegados trabajadores, gente tranquila y, todo sea dicho, cobraban poco y eran fácilmente explotables, así que su mano de obra fue muy apreciada en este otro gran proyecto de infraestructura estadounidense.


Como veis, los chinos participaron en grandes proyectos de unir el Atlántico y el Pacífico en los siglos XIX y XX... Pero no parecen conformes con ello, pues en pleno siglo XXI quieren volver a hacerlo y no en uno, sino en dos proyectos más, y esta vez no sólo con mano de obra, sino aportando la empresa constructora y todo el capital.

El primero de estos grandes proyectos es el Canal de Nicaragua, que si todo va bien empezará a construirse en diciembre de este año y concluirá en 2019. El canal aprovecha la existencia del Lago Nicaragua, y ha sido adjudicado a una compañía privada hongkonesa. Con este nuevo canal, que para Panamá es una muy mala noticia, se quiere abaratar costes: que haya competencia, porque las tarifas para pasar el canal panameño son muy caras, y cada vez más, a medida que los barcos van siendo más y más grandes. Se paga según el peso de cada barco, lo que se suele traducir en decenas de miles de dólares por buque, a menos que seas Richard Halliburton.


El segundo proyecto, menos claro todavía pero que los chinos también quieren acometer, es una línea férrea entre la costa atlántica y la pacífica de Colombia, un país que de conseguir este proyecto también quitaría clientes a Panamá y se tomaría así una particular revancha (Panamá se independizó de Colombia con apoyo de EEUU, que así logró facilidades para construir el canal hace 100 años).

Por si todo esto fuera poco, también Guatemala está planeando, aunque en este caso sin participación china que se sepa, un "canal seco" que, por carretera y ferrocarril, también serviría para transportar mercancías de la costa pacífica a la atlántica. El istmo centroamericano se llena de grúas.

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10 cosas que quizá no sabes
sobre la Matanza de Tiananmen

4 de Junio, 2014, 0:01




Tal día como hoy de hace 25 años se produjo la Matanza de Tiananmen, un suceso con mayúsculas en la historia contemporánea mundial y que irónicamente en China, donde ocurrió, apenas es nombrado y es prácticamente desconocido por la mayoría de la población (y los que recuerdan algo se lo callan). Es un hecho asombroso, algo que es posiblemente único en el mundo: es como si España ocultara a propósito el 11-M, o EEUU los atentados de las Torres Gemelas.

Al vivir en Pekín, aunque no estuviera en la ciudad en la época de las protestas, cuando leo o veo fotos sobre lo que ocurrió hace un cuarto de siglo en calles y lugares por los que he pasado cientos de veces suelo sentir algo muy intenso, algo así como estar dentro de un mal sueño casi increíble. Lleva a pensar que muchos rincones de esta ciudad guardan muchos fantasmas, gente que murió allí y que el régimen quiere olvidar pero que seguramente serán recordados durante siglos.

No me gusta dedicar cada 4 de junio en este blog a conmemorar la masacre, porque haciendo eso se corre peligro de convertir la fecha en una rutina repetitiva, pero por lo menos creo que vale la pena hacerlo en fechas redondas. Ya escribí algo en 2009, a los 20 años de los sucesos, y ahora que se cumplen 25 volveré sobre el tema para contar algunos detalles alrededor de aquel hecho histórico que creo yo que no siembre se recuerdan lo suficiente, dando lugar a versiones de los acontecimientos algo erradas o demasiado simplificadas.

1- No era la primera vez que la plaza de Tiananmen se usaba para protestar

La plaza de Tiananmen, en el centro de Pekín, junto a la Ciudad Prohibida, el Gran Palacio del Pueblo y otros edificios históricos y de renombre está tan cargada de simbolismo, tiene tal electricidad, que muchas generaciones de chinos la usaron para reivindicar cosas en el siglo XX. El 4 de mayo de 1919, por ejemplo, fue escenario de grandes protestas que para muchos marcaron el inicio de la China moderna y sembraron la semilla del posterior comunismo. En la Revolución Cultural, millones de Guardias Rojos hicieron sentadas en la plaza, como harían los estudiantes de 1989. En 1976, tras morir el entonces primer ministro Zhou Enlai, sus partidarios se concentraron en Tiananmen y criticaron los excesos de la mencionada Revolución Cultural, en los últimos meses de vida del Gran Timonel. En 1986 también hubo protestas en Tiananmen, un adelanto de las que habría tres años después.


1919


Revolución Cultural (años 60)



1976


Esta tradición de usar Tiananmen para pedir cosas, un poco como en la Puerta del Sol de Madrid o en otras plazas del mundo, se cortó de cuajo en 1989, ya no ha vuelto a permitirse, aunque algunos de forma individual lo hayan intentado a pequeña escala.


2 - Los manifestantes que comenzaron las protestas de 1989 no pedían en un principio el fin del régimen comunista


El movimiento de protesta de 1989 empezó casi casi siendo un asunto interno del Partido Comunista: al morir el 15 de abril Hu Yaobang, ex secretario general del partido que había mostrado simpatía por los participantes de las protestas de 1986, estudiantes de universidades muy politizadas de la ciudad (es decir, con fuerte adoctrinación comunista), como la Universidad de Pekín o la Universidad de Tsinghua, decidieron ir al centro de la ciudad para recordar a Hu, a quien veían como un reformista político frente al conservadurismo de Deng Xiaoping o de Li Peng.


Hu aparece en el retrato con crespones negros,
tradicional costumbre en los funerales de Asia



En los primeros días de concentraciones, aún en abril, se exigía el fin de la rampante corrupción o la instauración de la libertad de prensa, cosas que hoy en día siguen pidiendo muchos chinos comunistas pero no del todo contentos con la cerrazón de su Gobierno. También se quejaban mucho de la fuerte inflación que entonces había en China, y que estaba aumentando la desigualdad social.

Sólo cuando la protesta fue creciendo y empezó a ser atacada abiertamente por el régimen, a medida que iba avanzando el mes de mayo, fue cuando algunos de los manifestantes se radicalizaron y empezaron a pedir el fin del comunismo. Algunas facciones, sin embargo, siguieron siendo moderadas hasta el final. En realidad, el movimiento de protesta se volvió en las últimas semanas muy heterogéneo, tanto que ya no había manera de negociar con él, cada corrillo de Tiananmen pedía algo diferente.


3 - No sólo hubo protestas en Pekín, y éstas no terminaron abruptamente el 4 de junio

Cientos de ciudades del país acabaron uniéndose al movimiento, también comunidades chinas en otros países, y por supuesto Hong Kong, donde había mucho miedo porque la ex colonia ya sabía que iba a regresar a soberanía china en 1997 (tras el fracaso de las protestas, hubo muchos hongkoneses que emigraron a Canadá y otros lugares del planeta).

Y tras la masacre de la noche del 3 al 4 de junio, en algunas urbes de China hubo concentraciones de condena, hasta dos o tres días después, aunque los gobiernos locales las fueron reprimiendo. Mención especial merece el caso de Shanghai, ciudad que entonces estaba gobernada por Jiang Zemin: Jiang habló con los manifestantes y les dijo que en parte comprendía su actitud rebelde, hasta dijo que él a su edad también había sido muy activista. Sin embargo, mientras aparentaba simpatía por el movimiento, ordenó que los medios locales criticaran a los estudiantes y preparó amplios dispositivos policiales que lograron acabar, con menos violencia que en Pekín, con las protestas. Su éxito en acabar de forma relativamente pacífica con el movimiento en Shanghai, demostrando además que tenía unas maneras de gobernar un tanto maquiavélicas, lo auparían muy poco después a la presidencia de China.


Protesta ante el gobierno local de Shanghái


4 - No sólo hubo estudiantes en el movimiento de protesta


Aunque se habla mucho de los estudiantes de Tiananmen, lo cierto es que probablemente fueron muchos más los obreros de factorías los que participaron en protestas, huelgas y revueltas, tanto en Pekín como en otras ciudades. Incluso hubo policías y soldados que, en las primeras semanas, se unieron a los estudiantes, o expresaron públicamente su negativa a usar la fuerza contra los manifestantes.


Tras la represión del 4 de junio, se dice que el régimen fue especialmente duro con los obreros que se habían unido al movimiento: mientras muchos estudiantes no fueron condenados a prisión (algunos eran menores de edad), sí hubo muchos trabajadores que sufrieron largas sentencias de cárcel, torturas y seguramente ejecuciones.


5 - Un periódico, un viaje a Corea del Norte y una visita de Gorbachov jugaron un papel decisivo en el devenir de los acontecimientos

Las protestas de Tiananmen pudieron en parte florecer en abril de 1989 porque había sectores del Partido Comunista que estaban de acuerdo con lo que pedían los estudiantes. En concreto, las veía con buenos ojos Zhao Ziyang, entonces secretario general del Partido Comunista (Deng Xiaopeng estaba por encima de él, pero no ostentaba ningún cargo oficial). Zhao pensaba, como su antecesor Hu Yaobang, que la reforma económica emprendida en los 80 había sido muy buena, pero había traído efectos negativos no deseados como corrupción, desigualdad social e inflación. En cambio Li Peng, primer ministro entonces, no estaba de acuerdo con él, creía que las protestas desestabilizaban el régimen y apostaba por un castigo duro a los manifestantes. Li y Zhao simbolizaron las dos facciones que en el Partido causó el movimiento, con Deng en teoría "neutral", aunque en realidad estaba más inclinado a apoyar a Li.

En esas discusiones estaban cuando a Zhao le tocó hacer una visita oficial a Corea del Norte, que ya había sido organizada muchos meses atrás, antes de todo el lío. El entorno de Zhao recomendó a éste que no viajara con la que estaba cayendo, pero él no hizo caso y se fue a visitar a Kim Il-sung. Con él fuera de China, Li Peng y Deng aprovecharon para ordenar la publicación de un editorial en el Diario del Pueblo que por primera vez declaraba las protestas contrarrevolucionarias, subversivas y enemigas de la paz. Este editorial marcó un antes y un después en el movimiento de protesta: muchos estudiantes se sintieron traicionados y se radicalizaron, otros se declararon abiertamente anticomunistas, y mucha gente que al principio veía a los manifestantes como gente ingenua se unió a las protestas.

Días después otra visita oficial contribuiría a aumentar la tensión: la de Mijaíl Gorbachov a Pekín, a mediados de mayo. Sabedores que con Gorbachov llegarían muchos periodistas de todo el mundo, algunos estudiantes de Tiananmen iniciaron huelgas de hambre y su historia empezaba a salir en las portadas de los diarios internacionales.


Gorbi y Deng


La visita tenía que marcar una histórica reconciliación entre China y la URSS tras décadas de ruptura (y de hecho lo hizo) pero quedó eclipsada por las protestas, que obligaron, por ejemplo, a que la tradicional ceremonia de bienvenida se trasladara de la plaza de Tiananmen (fuera del Gran Palacio del Pueblo, donde se sigue haciendo hoy en día) al aeropuerto. Eso enfureció más al ala dura del régimen, pues le hizo "perder cara", y ya se sabe que eso en China son palabras mayores.


6 - Hubo reuniones entre los máximos líderes del Gobierno chino y los estudiantes

Se suele considerar que Li Peng fue el gran "malo" de la historia, el que defendió desde el principio el uso expeditivo de la fuerza contra lo que consideraba unos "alborotadores". Sin embargo, hay que reconocerle que se sentó, al menos un día, a hablar con ellos, aunque probablemente fuera para avisarles que en poco tiempo se iba a anunciar la ley marcial que autorizaría el uso de la fuerza contra los manifestantes.

Uno de los más famosos líderes estudiantiles, el uigur Wuer Kaixi, fue llevado desde la plaza, donde estaba concentrado y en huelga de hambre, al interior del Gran Palacio del Pueblo (iba sorprendentemente en pijama, quizá porque estaba bajo cuidado médico) y habló el 18 de mayo con Li, quien después pasaría a la historia con el apodo de "carnicero de Tiananmen".


El charcutero en traje Mao y Wuer Kaixi en pijama


Un día después, el 19 de mayo, Zhao Ziyang, con un megáfono, visitaría la plaza y pediría emocionado a los estudiantes que abandonaran la huelga de hambre. La foto es muy famosa porque es su último acto público como jefe del Partido Comunista, después sería purgado y puesto en arresto domiciliario hasta su muerte en 2005. Además, en la foto estaba también un entonces joven Wen Jiabao, que entonces era una especie de encargado de protocolo de los líderes comunistas y 15 años más tarde sería primer ministro chino. Su presencia en la foto, al lado del moderado Zhao, hace pensar que Wen también estaba secretamente a favor de algunas de las peticiones estudiantiles, aunque la verdad es que nunca lo ha dicho abiertamente, y no sufrió la misma purga que su jefe, aunque sí le costó unos años salir de puestos bajos en el escalafón comunista.


Wen es el de traje negro, a la derecha de Zhao y su megáfono


Apenas un día después, el 20 de mayo, se declaró la ley marcial, que marcaba el principio del fin del movimiento: el régimen había decidido el uso de fuerzas militares para acabar con ella.


7 - En los últimos días de las protestas, se erigió la Diosa de la Democracia y se unió a las huelgas el intelectual Liu Xiaobo

A finales de mayo y principios de junio, con la ley marcial ya establecida, y cuando ya se mascaba la tragedia, el gran canto del cisne de los estudiantes fue construir en Tiananmen una especie de réplica en cartón y yeso de la Estatua de la Libertad, que llamaron la Diosa de la Democracia. La estatua parecía mirar desafiante a Mao, cuyo retrato colgaba y cuelga en la puerta de la Ciudad Prohibida (la puerta de Tiananmen, que da nombre al resto de la plaza).



También fue en esos días cuando el escritor y profesor Liu Xiaobo, intelectual que había mostrado su simpatía hacia las protestas, fue a la plaza y se unió a los que hacían huelga de hambre. Años después, en 2008, volvería a pedir democratización en China. En 2009 era condenado a prisión por subversión, y en 2010 se le otorgaba el Nobel de la Paz.


8 - La mayoría de las muertes no fueron en la Plaza de Tiananmen


Aunque en Occidente se suele hablar de la Matanza de Tiananmen, expresión que de hecho he usado en el título del post (en China son más contenidos y prefieren hablar simplemente del "liu si", el "cuatro de junio"), lo cierto es que la mayoría de las muertes no fueron allí. El mayor derramamiento de sangre se produjo cuando los tanques y vehículos blindados, que llevaban semanas en las afueras de la ciudad esperando el asalto final, comenzaron a rodar por la Avenida Changan, la principal de Pekín, en dirección a la plaza. Simpatizantes del movimiento o simples vecinos intentaron convencer a esas columnas de tanques que no avanzaran hacia Tiananmen. Algunos lo hicieron por las buenas, gritando a los soldados, y otros por las malas, montando barricadas con vehículos o lanzando cócteles molotov. Fue entonces cuando el ejército chino empezó a disparar a civiles y a causar las primeras muertes. Las principales matanzas se produjeron en el oeste de Pekín, a kilómetros de la plaza de Tiananmen, en lugares que a los que vivís en esta ciudad os sonarán como paradas de la línea 1 de metro: Muxidi, Museo Militar, Nanlishilu, Xidan...


Justo es decir que también murieron soldados en estos enfrentamientos, pero por lo que dicen los cronistas no debieron ser más de media docena, frente a los cientos, quizá miles de civiles asesinados esa noche. La plaza tardó horas en ser desalojada, hubo forcejeos entre estudiantes y soldados, pero no hubo tanta violencia como en la avenida Changan, seguramente porque algunos de los que habían visto la masacre en esa calle fueron corriendo, con camisas manchadas de sangre, a avisar a los estudiantes en la plaza que tuvieran mucho cuidado, que los soldados estaban dispuestos a todo.


9 - Algunos líderes estudiantiles escaparon en "patera", en la llamada "Operación Pájaro Amarillo"


El más famoso líder de los estudiantes, Wang Dan, fue detenido y pasó años en prisión, pero otros destacados protagonistas de las protestas, como Wuer Kaixi o Chai Ling, sí lograron escapar, a través de una operación organizada por movimientos prodemocracia de Hong Kong, bautizada con el nombre en clave de "Pájaro Amarillo". Se tardó semanas, incluso meses, pero se pudo salvar a cientos de ellos de la cárcel y la tortura. En su mayoría viajaron lo más discretamente posible por carretera hasta la costa sur de China, donde montaron en barcazas cuyos dueños les cobraban verdaderas fortunas por llevarles (algunos de esos barqueros estaban envueltos en asuntos de contrabando y ligados a las mafias de Hong Kong). De esta manera llegaron a tierras hongkonesas, entonces aún bajo soberanía británica, desde donde emigraron a otros lugares (la mayoría a EEUU o a Taiwán).


10 - El famoso "Hombre del Tanque" no estaba exactamente impidiendo a los tanques que fueran a la plaza

La foto que muchas veces resume todo el movimiento de Tiananmen, tan famosa en todo el mundo como casi desconocida en China, es la del hombre que, con una bolsa en la mano, se atrevió a ponerse delante de una fila de tanques, pararlos durante unos minutos e incluso charlar quién sabe de qué con el conductor del primero de esos mortíferos vehículos.


Muchos piensan que la imagen simboliza la heroicidad de un hombre que intentó parar el avance de los tanques en Tiananmen, pero hay que decir que los tanques no estaban yendo hacia la plaza, sino que, por el contrario, estaban alejándose de ella, se iban para las afueras de la ciudad nuevamente (la foto se tomó el 5 de junio, un día después de la sangrienta represión). Fotos de ese momento con una perspectiva diferente así lo muestran:


Este plano abierto es espectacular, casi más que el primero, pero no aparece tanto en homenajes y recuerdos. Creo yo que es por lo que acabo de comentar, acaba un poco con el mito, aunque sea cual sea la dirección en la que iban los tanques el tío le echó muchos huevos al ponerse a apenas centímetros de una máquina de matar como ésas.

Con estos diez puntos lo dejo ya, creo que el histórico hecho ha quedado suficientemente repasado. Únicamente decir que, 25 años después, muchas de las cosas por las que protestaban los estudiantes, incluso los más moderados (la corrupción, el nepotismo...) siguen siendo el pan nuestro de cada día en China, y probablemente el fracaso de aquel movimiento contribuyó a que se enquistaran en el sistema durante las décadas venideras.

Además, la represión del movimiento acabó con algunas tendencias aperturistas que China había mostrado en los 80, sobre todo en lo que a separación de poderes se refiere. Antes de 1989 el jefe del ejército chino, el del Gobierno y el del Partido Comunista eran tres personas diferentes, pero a partir de la matanza todos los cargos fueron a parar a la misma persona, Jiang Zemin, y así sigue la cosa en la actualidad. Y no sólo fue malo para el régimen, sino también para la sociedad china, que perdio la fe en conseguir cosas en grupo y se volvió más indiviudalista, más materialista, más cínica.

Hace pensar, una vez más, qué podría haber pasado si las protestas hubieran triunfado, si ahora China podría ser un lugar mejor, menos corrupto, con más librepensadores y menos temeroso (temor del Gobierno por el pueblo, temor del pueblo por el Gobierno).




PD: Puede que tras tanto rollo no os queden ganas de leer más sobre el asunto, pero os recomiendo que, cuando estéis más descansados, le echéis un vistazo al espectacular monográfico que South China Morning Post le ha dedicado al aniversario. Borda la perfección. También es interesante un curioso proyecto interactivo que me han pasado vía Twitter, y que intenta ver las protestas de Tiananmen desde los dos lados opuestos, el oficial chino y el de los que apoyaron las protestas.

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Ya no sigo siendo el Rey

2 de Junio, 2014, 0:01

Tenía intención de dedicar hoy el blog al 25 aniversario de las protestas de Tiananmen y su triste final, pero esa efeméride se puede dejar para otro día, porque dimisiones de reyes españoles hay una cada dos siglos o así, de manera que hay que aprovechar el momentum.

La abdicación de Juan Carlos I, acontecimiento para la Historia, nos ha pillado en China de fiesta (hoy era el Día de los Barcos Dragón), lo que nos ha venido muy bien a todos los miembros, miembras y miembrillos de la comunidad española para seguir el acontecimiento con toda la intensidad merecida, es decir, tuiteando chistes de Peñafiel y vivas a la República, mandando memes y fotos graciosas del asunto por el móvil, o escuchando por internet la radio con intensidad nivel noche del 23-F. En casa hemos visto el mensaje en directo, con sensación de que nos encontrábamos ante un acontecimiento para el recuerdo.


Qué mejor día como el de hoy para recordar los viajes de Juan Carlos I por China, que han sido tres: en 1978 (uno de los primeros de su reinado), en 1995 y en 2007, acompañado en todos ellos por la reina Sofía (aunque ella vino sola en otra ocasión, en el año 2003).

El de 1978 formó parte de una gira que hoy me parece a mí que pocos harían... Juan Carlos primero pasó por Irán, donde se reunió con el Sha de Persia (al que le quedaban dos telediarios para ser derrocado), después por China, y finalmente por Irak.

Del viaje de 1978 lo que más se recuerda es que Deng Xiaoping regaló a los reyes españoles una pareja de pandas, macho y hembra. Ésta daría a luz, más tarde, en el zoo de Madrid, a Chu-Lin, el primer animal de esta especie que nacía en Europa.

De la visita de 1978 he encontrado, gracias a este foro dinástico, varias fotos curiosas, que os pongo a continuación:


Recibimiento en el aeropuerto de Pekín
(nótese la pancarta en español al fondo)


En la Gran Muralla, visita obligada


Reunión con Ye Jianying, presidente de la Asamblea Popular
(nótese el detalle de las escupideras a los pies del líder chino y de la reina)


En la entrada del Mausoleo de Mao en Tiananmen, tras dejar una ofrenda de flores
(ahora esto sólo lo hacen los líderes de países muy izquierdosos, tipo Evo Morales)


La reina come con palillos en el banquete de bienvenida


La reina es contratada para recolectar té
(esta foto igual es del viaje de 1995, porque el té es del sur
y en 1978 sólo estuvieron en el norte de China, en Pekín)



Junto a Deng Xiaoping


Del viaje de 1995, que incluía Pekín y Cantón, no he encontrado muchas fotos, porque tampoco es que haya buscado mucho, ya que prefiero hablar del encuentro que el Rey tuvo un año después en Madrid con el entonces presidente chino, Jiang Zemin, cuando éste visitó España. El líder chino rompió todos los protocolos existentes y se sacó un peine delante del monarca, cosa que, por lo visto, hacía muy a menudo en muchos actos protocolarios en China y el extranjeiro.



El detalle no gustó mucho a sectores monárquicos, y, por supuesto, menos aún al diario ABC, que al día siguiente dedicaba una columna de Jaime Capmany (uno de los columnistas más casposos de la historia del periodismo español, aunque eso sí, con fervientes seguidores) en el que éste llamaba a Jiang Zemin una y otra vez "el chinito".



El último viaje del Rey a China, en 2007, ya me pilló a mí en Pekín, y de hecho es la única vez en la vida en que he visto en persona a Juan Carlos. Fue en la inauguración en el Museo Nacional de Arte de China de una exposición de obras maestras del Museo del Prado.


Esta foto (y las dos siguientes) la hice yo, peleándome con seguratas y público.

Recuerdo de aquel acto, aparte de la malísima educación de los equipos de seguridad chinos y españoles (que pese a sus malos modos no impidieron cierto caos), que la reina tenía una misteriosa tirita en la pierna, tirita que el protocolo real pidió que por favor no fuera mostrada en las imágenes de prensa.


Además, en la inauguración todos estaban de pie menos la reina, que a los pocos minutos se sentó en una silla preparada para ella. No sé si es que se había intentado otra vez subir la Gran Muralla y se había caído, o qué había pasado...



La estrella de la muestra era "El Quitasol" de Goya,
que los curadores pensaron que gustaría mucho a los chinos
por aquello de que los paraguas y sombrillas son una cosa traída de China




En aquel viaje los Reyes, casi 20 años después, volvían a conseguir una pareja de pandas, aunque esta vez no regalados, sino alquilados, y la reina se hizo una foto con uno de ellos, una imagen que en años posteriores ha sido bastante motivo de chanza en la Revista El Jueves, que de vez en cuando exagera el perfil ecologista y amante de los animales de doña Sofía (en contraposición con su marido mataosos y elefantes).





En fin, ésta es la historia de Juan Carlos I, nuestro ex rey, en China, ahora a ver si Felipe VI nos visita (ya lo ha hecho como príncipe, de hecho él y Letizia inauguraron el Instituto Cervantes de Pekín).

PD: En los últimos meses de desprestigio de la institución monárquica, quizá ha ayudado a agrandar la bola de nieve mierda una foto que ha circulado de el Rey junto al famoso empresario Gao Ping, acusado de fraude y protagonista de la Operación Emperador.

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Paracel bien la guerra
hay que venir al sur

11 de Mayo, 2014, 0:01

Esta semana China y Vietnam han tenido una bronca bastante importante en aguas del Mar de China Meridional. Todo comenzó porque los chinos quieren explorar el lecho marino de una zona que ambos países se disputan, los alrededores de las islas Paracel (que los chinos llaman Xisha, "arena del oeste" y los vientamitas Hoang Sa, "arena amarilla"). Se cree que por allí existe una de las mayores reservas marinas de crudo del mundo, pero al ser una zona tan compleja (hay muchos países alrededor, y todos reclaman islas y aguas del lugar) nadie había podido o querido hacerlo hasta ahora.


Las Paracel (y de paso mostramos las Spratly, que también se las disputa todo quisqui).


China, sin embargo, considera que ya tiene la fuerza y la capacidad técnica necesarias para intentar esa exploración, por lo que ha llevado allí estos últimos días una gigantesca plataforma petrolífera que ha alarmado mucho a Vietnam. Los vietnamitas trataron de impedir la instalación de la planta, lo que fue respondido por buques chinos (no sé si militares o guardacostas) con manguerazos de agua que obligaron a los buques vietnamitas a irse con el rabo entre las piernas. En fin, un episodio más de un contencioso que cada año va ganando en intensidad.

El incidente se produce cuando se cumplen 40 años del suceso que dio a China su actual control de facto de las islas. El 19 de enero de 1974, China y Vietnam del Sur libraron la Batalla de las Islas Paracel, una escaramuza naval que se saldó con la muerte de 48 marineros survietnamitas y 18 chinos. Antes de esa batalla, el control del archipiélago se lo repartían a regañadientes China y Vietnam del Sur, pero tras la victoria china Pekín logró el control de todas las islas. Los chinos hasta hicieron una canción conmemorativa de aquella batalla... (Si os la ponéis, ojo a la vajilla de vuestra casa porque la cantante llega a notas agudas dignas de silbato para perros).




La actitud de Vietnam del Norte en aquel conflicto (Vietnam del Norte, por si conviene aclararlo, era la parte comunista de Vietnam, los charlies, los que acabarían ganando al Sur que apoyaba EEUU) fue algo ambigua: por una parte Vietnam del Sur era el enemigo principal y aquella batalla pudo contribuir a que un año después lograran la conquista definitiva de Saigón, pero China tampoco era un amigo del todo claro. Lo había sido en los 60, antes de que China y la URSS se distanciaran ideológicamente, pero en los 70 Vietnam del Norte era sobre todo amiga de Moscú, no de Pekín.


Mao y Ho Chi Minh en los 50, cuando todos los comunistas eran amiguetes.


Como consecuencia de la poca simpatía de Hanoi hacia Pekín, Vietnam del Norte no felicitó a China por su victoria, algo que llamó mucho la atención, y mostró así los inicios de lo que años más tarde sería una clara enemistad entre comunistas chinos y comunistas vietnamitas (enemistad que llevó a que ambos países tuvieran una pequeña guerra fronteriza en 1979, poco después de que los vietnamitas derrocaran al régimen prochino de Pol Pot en Camboya).

Vamos a ver si la actual cuestión de las Paracel acaba abriendo esas heridas setenteras, o si por lo contrario se llegan a soluciones negociadas. El contencioso es preocupante, pero China tiene tantos que cada semana tiene que ir cambiando la atención de uno a otro (Japón, Xinjiang, Paracel, Spratly, Tíbet, EEUU metiendo baza en todos ellos...) y al final, paradójicamente, tantos jaleos se acaban neutralizando mutuamente.

PD: No se sabe muy bien de dónde viene el nombre de las islas Paracel, que inventaron los portugueses (¿Placer?, ¿Paracelso?), pero lo que sí sé es que cuando oigo ese nombre me acuerdo del principio del estribillo de esta canción que en los 70 dio a conocer la gran Rafaela Carrá, en la que no sé si se refería al sur de Europa o al de Asia, y en la que decía que "donde no hay odio ni guerra el amor se convierte en rey", en clara sugerencia a chinos y survietnamitas para que dejaran de liarse a cañonazos.


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El enigma de Sanxingdui

20 de Abril, 2014, 0:01



¿Qué os parece la imagen con que abro el post? Es una enorme máscara de bronce, de unos tres metros de ancho y otros tantos de alto. ¿No os da un poco de yuyu? ¿Qué representan esos ojos saltones? ¿Y de qué estilo es? ¿Azteca, maya, africana, india...?

La escultura es china -tampoco era difícil de adivinar, estando en el blog en el que estamos- y ella, como muchas otras encontradas en el centro del país hace casi 30 años, forman parte de uno de los grandes misterios arqueológicos de este país asiático, por no decir del mundo entero. Pertenecen a la llamada cultura de Sanxingdui (que viene a significar "colina de las tres estrellas"), una civilización que se desarrolló en el centro de China (lo que hoy es la provincia de Sichuan) hace unos 3.000 o 4.000 años y de la que apenas se sabe nada.

No dejó escritos, ni se habla de ella en los anales de ninguna otra civilización. Sus restos arqueológicos muestran un arte muy original, muy diferente del de sus contemporáneos los Shang (los chinos del río Amarillo, antecesores de la civilización china propiamente dicha) y con unas figuras de ojos penetrantes que causan cierta inquietud (personalmente, me recuerdan a los totems de los indios norteamericanos, y también a alguna película de viajes espaciales de cuyo nombre no quiero acordarme).







Durante siglos, nadie en China supo de la existencia de Sanxingdui, era una civilización completamente enterrada por el tiempo. Sí se ha sabido durante milenios que la misma zona de Sichuan hubo un reino, el de los Shu, que fue conquistado por los Qin, quienes unificaron China hacia el 200 AC. Pero no se sabía mucho de qué había en Sichuan, zona remota y salvaje para los antiguos chinos, antes de los Shu.

Ello empezó a cambiar cuando en 1929 un campesino de Sichuan descubrió por casualidad unas piezas de jade extrañamente decoradas que enseguida llamaron la atención de los arqueólogos. Se hicieron muchas excavaciones en la zona, pero la falta de suerte y la inestabilidad política de China en las décadas siguientes dificultaron la búsqueda y no fue hasta 1986 cuando se hallaron dos tumbas repletas de objetos de la que sería bautizada como cultura de Sanxingdui. Algunos compararon la importancia del hallazgo con la que había tenido, unos años antes, el del famoso Ejército de Terracota.

Los restos de Sanxingdui cambiaron la forma de ver la Historia antigua de China. Por una parte, mostraron que en el Yangtsé, en el centro del país, habían florecido civilizaciones tan avanzadas en el arte y la metalurgia como las más famosas civilizaciones del Amarillo, el supuesto origen de la cultura china. Además, su evolución cultural era totalmente diferente, como prueba el aspecto de las estatuas. Pero ¿de dónde venían? ¿Cómo eran? ¿Que representaban esas figuras de ojos extraños? ¿Cómo desapareció su civilización? Nada de eso se sabe, Sanxingdui sigue siendo un misterio.

Un misterio para los historiadores, y algo casi desconocido para los chinos actuales, que apenas conocen la existencia de Sanxingdui ni apenas la han estudiado en sus libros de texto. Un museo perdido, en la ciudad sichuanesa de Guanghan, muestra las espectaculares obras antes mostradas en un escenario casi de ciencia ficción, pero que casi no visita nadie.





Pese al olvido popular, el enigma arqueológico de Sanxingdui, como no podía ser menos, ha estimulado las mentes más calenturientas, las ávidas de encontrar respuestas, aunque éstas sean poco otodoxas. Por supuesto, hay Ikerjimeneces de la vida que ven en las caras de Sanxingdui indicios de visitas extraterrestres en la antigua China (no creo yo que sea así, pero lo menciono). A algún bloguero español Sanxingdui le ha inspirado relatos con ilustraciones comiqueras. Ah, y se prepara el rodaje de una película que intentará abundar en una de las teorías sobre el origen y el final de la civilización. Un filme que, ojito, podría ser la primera coproducción cinematográfica chino-española de la historia.

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Un olvidado desastre
con 230.000 muertos

6 de Abril, 2014, 0:01


Siendo el país más poblado del mundo y uno de los más grandes, hasta la estadística condenaba a China, desde el principio de los tiempos, a ser uno de los países más golpeados por los desastres naturales. Los peores terremotos de la Historia, las peores inundaciones y las peores hambrunas ocurrieron aquí, algunos de ellos hace no tanto tiempo, en el pasado siglo XX.

Muchos conocen, por ejemplo, el terremoto de Tangshan, el peor del siglo pasado, en el que murieron 240.000 personas, ocurrido en verano de 1976 (pocos días antes de que yo naciera, si se me permite este inútil dato autobiográfico).

Lo que muchos no saben, ni siquiera en China, es que un año antes del archifamoso terremoto de Tangshan ocurrió no muy lejos de allí un desastre que causó casi el mismo número de fallecidos: me refiero al supertifón Nina, que afectó a zonas del norte del país poco acostumbradas a estas tormentas tropicales, derrumbó nada menos que 62 presas, y causó alrededor de 230.000 fallecidos. Sin embargo, muy pocos chinos saben algo de este tema. ¿Por qué?

En 1975 China aún se encontraba en plena Revolución Cultural, y si bien los años más salvajes de este experimento desastroso de Mao ya habían terminado, el país aún se encontraba en momentos de aislamiento internacional, censura total interna y grandes dificultades económicas. Por hacer comparaciones, la situación no debía ser muy diferente a la que hoy en día atraviesa la vecina Corea del Norte.

A esa China llegó, en el mes de agosto, el tifón Nina, uno de los muchos que azotan el país cada verano, y que ya había causado estragos en Taiwán, donde habían muerto una veintena de personas. Sin embargo, el tifón no fue especialmente dañino en la costa china, la zona del país donde estos tifones del océano Pacífico son aún potentes, sino cuando entró en el interior chino, chocó con un frente frío y se convirtió en lluvias torrenciales nunca antes vistas (hubo más de mil tormentas en los primeros días de ese mes, según cuentan).

La provincia central china de Henan, donde los tifones rara vez causan problemas, fue la principal receptora de estas lluvias. En algunas zonas llovió en un día toda el agua que había caído otras veces durante un año entero, más de 1.000 milímetros diarios (cuando en un año normal se pueden recibir en la zona 800 milímetros).

La situación se volvió especialmente complicada en la cuenca del río Huai, una corriente históricamente muy complicada. El Huai, situado entre el Yangtsé y el Amarillo, es un río indomable, que durante siglos se ha desbordado miles de veces, ha cambiado de curso decenas, y es tan intratable que ha habido épocas que ha desembocado en el mar, otras en que ha sido afluente del Amarillo, y otras (como en la actualidad) en el que ha alimentado al Yangtsé. El río tenía tan mala fama que Mao Zedong, en sus primeros años de gobierno, hacia los años 50, ordenó la construcción de decenas de diques para intentar controlar sus a menudo incontrolables aguas y las de sus afluentes.

Estos diques estaban construidos con los pocos medios de la China de aquel entonces: con materiales de mala calidad, poco pensados para durar varias décadas, y edificados sin considerar la posibilidad de que hubiera enormes lluvias como la de 1975, que en una zona como Henan pueden sufrirse sólo una vez cada 2.000 años. Como resultado de ello, el 8 de agosto (esta vez el supuesto día de suerte de la numerología oriental no cumplió su cometido) uno de los principales diques, el de Banqiao (en el pequeño río Ru, afluente del Huai) se rompió causando una gran inundación torrencial que se cobró la vida de unas 100.000 personas, sobre todo en la vecina ciudad de Zhumadian.



Fue un tsunami fluvial que, con olas de hasta 10 metros de altura y velocidades de unos 50 kilómetros por hora, derribó otras 61 presas y cinco millones de casas. Después, en semanas siguientes, otras 130.000 personas fallecerían por enfermedades y hambrunas derivadas de las inundaciones (el desastre causó la muerte de un millón de cabezas de ganado). 


El hecho de que el desastre se produjera en los años de mayor aislamiento de China, y que en parte fuera culpa de la pobre construcción de diques, hizo que la catástrofe de Banqiao fuera casi totalmente silenciada. Hasta 1990 no se reconoció oficialmente su existencia oficial, hasta 2005 no se desclasificó la cifra de fallecidos, y aún hoy apenas se recuerda en los medios, en aniversarios conmemorativos o en libros de Historia. Muchos libros en China ocultan la cifra real de víctimas, "olvidándose un cero" y dejándola en unas 23.000. Un monumento conmemorativo en la zona habla simplemente de "miles de víctimas", sin especificar más.

Muchos otros errores previos al desastre se produjeron, lo que quizá influyó en el "olvido" al que fue condenada la catástrofe. En los días anteriores a la rotura del dique se pidió a las autoridades que abrieran parcialmente la presa para liberar algo la presión del agua, pero se hizo caso omiso, pensando que aguantaría y que esas liberaciones parciales ya causarían inundaciones. Un telegrama que definitivamente daba la orden de abrir la presa se perdió por el camino. Además, las evacuaciones se calcularon mal, pues el área que finalmente se inundó fue mucho mayor de la estimada.

El desastre de Banqiao, al menos, mandó un aviso al Gobierno de China sobre la existencia de cientos de presas y diques en el país que, lejos de proteger a la población de las perennes crecidas de los grandes ríos del territorio, la colocaban en aún mayor peligro. Aún hoy, después de que muchas de estas infraestructuras se hayan reforzado o reconstruido, se calcula que 30.000 de los 84.000 diques y presas construidos entre 1949 y 1999 en China no son seguros. La cifra la he sacado de este interesante artículo, que explica de forma más extensa el desastre de Banqiao y del que he tomado algunos datos para este post.

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Cuando senderismo
no era ir al monte

24 de Marzo, 2014, 0:01









Estos días ha visitado Pekín el escritor peruano Santiago Roncagliolo, que en España alguno conocerá sobre todo porque desde hace unos meses es columnista en El País Semanal, al lado de veteranas plumas como el venerable gruñón Javier Marías o la ultraconcienciada Rosa Montero. Yo soy un ávido lector de la revista, pero leo números muy atrasados, así que todavía no me han tocado aquéllos en los que escribe Roncagliolo.

El autor peruano ha escrito de muchos temas (una de sus novelas está ambientada en Japón, por ejemplo), pero en dos de sus obras más conocidas está muy presente el movimiento maoísta Sendero Luminoso, que aterrorizó Perú en los años 80 y principios de los 90. Estos libros son la novela "Abril Rojo", Premio Alfaguara 2007 (ambientada en el año 2000 pero que muestra las secuelas del senderismo en Ayacucho, la ciudad donde este movimiento fue más potente) y el ensayo "La Cuarta Espada", sobre el líder histórico del grupo armado, el profesor de Filosofía Abimael Guzmán.

La visita de Roncagliolo, con el que tuve ocasión de charlar, me animó a informarme algo más sobre Sendero Luminoso, un grupo que cuando yo era pequeño sonaba mucho en las noticias españolas pero que tampoco seguíamos con demasiada atención en nuestro país (al menos yo, que era un infante). En realidad, en España nos sonaba un poco como a chiste... Un grupo armado con un nombre como de proverbio chino, y que se autoproclamaba maoísta ¡a decenas de miles de kilómetros de China! Quizá por la poca seriedad con la que nos lo tomábamos, el grupo Un Pingüino en mi Ascensor le dedicó una canción de título mortadeliano, El sendero luminoso me persigue sin reposo.

Pero mientras en España nos tomábamos el asunto a la ligera, para los peruanos el asunto era cualquier cosa menos ligero: si los españoles solemos recordar con dolor los más de mil muertos de ETA, en Perú los senderistas asesinaron a cerca de 40.000 personas, causando especiales estragos en el campo. Sendero Luminoso, que controló grandes áreas rurales andinas, llegó a masacrar aldeas completas. A las víctimas de los senderistas hay que sumar unas 30.000 de la "guerra sucia" del Gobierno peruano de aquel entonces contra el terrorismo: en realidad fue una guerra civil, en la que murieron muchos inocentes.


Atentado de Calle Tarata, Lima, en 1992 (25 muertos),
uno de los peores ataques senderistas.



Sendero Luminoso es casi una excepción única en el mundo: hubo organizaciones maoístas en muchos países en los años 60 y 70, pero muy pocas tuvieron importancia real, y menos aún fueron las que iniciaron una lucha armada (que yo recuerde eso sólo ha pasado en Perú, en Nepal y la India, pero estos dos últimos países al menos son vecinos de China). Por este carácter excepcional y por su relación con China, tema central del blog, es un asunto que me intriga, y por ello me apetece hoy dar un breve repaso a los lazos entre el senderismo y el mundo chino. Para ello, respondamos a tres preguntas:



1-¿Por qué era maoísta, y no comunista? La URSS fue el país más activo en internacionalizar la revolución en la Guerra Fría, pero China, tras romper lazos con Moscú, también lo intentó, aunque fuera de una forma más humilde, sobre todo invitando a estudiantes y simpatizantes a Pekín para conocer los avances de China bajo el timón del Gran Timonel. Según parece, Abimael Guzmán (más conocido entre los senderistas como el Camarada Gonzalo) fue uno de esos latinoamericanos que, hambrientos de revolución y desengañados del comunismo soviético, viajaron a China en los años 60, y le fascinó el radicalismo de la Revolución Cultural, cuya estética puede verse en algunos carteles senderistas de ayer y hoy:

 
 

Además, reflexionaba esta semana Roncagliolo en Pekín, el campo de China y el de Perú se debían parecer bastante, y pudieron ser similares caldos de cultivo para revoluciones que, a diferencia de la soviética, no nacieron en las fábricas, sino en las tierras de labranza: aldeas atrasadas, paupérrimas, olvidadas por la ciudad. Por otro lado, los cerros andinos, pelados y agrestes, eran poco indicados para el modelo de revolución que más triunfaba entonces en Latinoamérica, el cubano-soviético de luchas en la selva, el del Che Guevara (al que no le fue nada bien luchando en otro país de cerros pelados como es Bolivia). El Camarada Gonzalo impuso uno más bien dedicado a tomar pueblos, no a emboscar ejércitos.


2-¿Veía bien China a Sendero Luminoso? Pues no, nada bien, aunque sería mejor decir que Sendero Luminoso no veía nada bien a China, a la China de los ochenta. Roncagliolo recuerda en sus escritos que la primera vez que oyó hablar de Sendero Luminoso, en una de las primeras acciones públicas de la organización, fue cuando en 1980 los senderistas se dedicaron a ahorcar perros en Lima a los que colgaban carteles en los que se leía "Deng Xiaoping hijo de perra".


Para los senderistas, Deng, el líder de China en los 80, era un traidor que había asesinado el espíritu del maoísmo y de la Revolución Cultural (Mao y Deng fueron grandes enemigos, aunque nunca lo dijeran abiertamente y siga sin decirse). Sendero Luminoso llegó incluso a poner una bomba a las puertas de la Embajada de China en Lima, en octubre de 1989. Quizá por todo ello Abril Rojo, el libro de Santiago Roncagliolo sobre el postsenderismo, no ha tenido problemas para traducirse al mandarín y publicarse en China, donde, según el escritor, los lectores chinos lo leen sin darse por aludidos, como si fuera una novela policiaca más.


3-¿Por qué se llamaba Sendero Luminoso, viene de una traducción del chino? Yo siempre pensé que el nombre del grupo terrorista -que, pensándolo fríamente, es un nombre bonito, aunque detrás de él no hubiera belleza alguna- era una frase tomada de algún discurso de Mao, o de algún proverbio oriental... pero no, resulta que el nombre proviene de una frase escrita en el primer tercio del siglo XX por José Carlos Mariátegui, fundador del Partido Comunista Peruano en 1928. En la portada de una revista de su organización escribió esto:

"El marxismo-leninismo abrirá el sendero luminoso hacia la revolución".

En la época de Mariátegui el Partido Comunista de China también estaba recién fundado, y Mao no era aún su claro líder, así que parece que no hay ninguna relación entre el nombre del movimiento y el Gran Timonel, ni siquiera con China.


En fin, el senderismo hoy en día es Historia (aunque ha habido en este siglo también alguna acción aislada de supuestos herederos de la ideología). O mejor, el senderismo hoy en día ha cambiado de significado y ahora es un hobby practicado por gente de todas las edades, especialmente los amantes de la montaña. Por cierto, y perdón por el off-topic, pero en mi tierra hay un programa de televisión sobre senderismo que se llama igual que este blog. No se preocupen, el Camarada Gonzalo no tiene nada que ver con él.

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Atrapados entre cíclopes

26 de Febrero, 2014, 0:01


Los recientes acontecimientos en Ucrania han estremecido al mundo, y con razón. En una semana, tras decenas de muertos, caos, sangre y fuego en una ciudad que hace año y medio acogía la final de una Eurocopa, el Gobierno del país ha caído, su presidente ha huido y la antigua primera ministra, la bella Princesa Leia Yulia Timoshenko, ha salido de la cárcel en la que le metió Yanukóvich. Un movimiento similar en formas a los de la Primavera Árabe, pero ocurrido en Europa, junto a las fronteras de la UE, ha mostrado que las revoluciones aún existen, que no se pelean a besos, y que pueden ocurrir donde uno menos se lo espere. Una revolución extraña y llena de ramificaciones continentales e históricas, porque la libraron por un lado manifestantes partidarios de un acercamiento a Europa Occidental, a la UE, y la intentaron reprimir en el otro lado unas autoridades que habían decidido en cambio alejarse de Bruselas y abrazar a Rusia, que daba más pasta.


Todo ello muestra que, desde un punto de vista geopolítico, a Ucrania le ha caído la "maldición" de estar justo en medio de dos grandes actores del mundo actual, Rusia y la Unión Europea, dos grandes economías que hace siglos igual podrían haberse llamado "imperios", aunque ahora ese palabro ya no se estila. Estar entre los dos gigantes, lo que en un mundo en plan Imagine de John Lennon podría haberle favorecido como país puente entre dos mundos, ha acabado siendo una condena, sobre todo por el miedo de Rusia -que ya ha visto en los pasados años a sus antiguos satélites adoptar el euro o entrar en la OTAN-
a perder influencia sobre Ucrania, las tierras en las que nació la nación rusa como tal. Es una pena que un país como Ucrania no pueda usar su estratégica posición como ventaja, que no pueda tener relaciones políticas y económicas de normalidad con ambos gigantes, y que en lugar de eso se hayan peleado por ella los grandes (bueno, metafóricamente, porque ni Rusia ni la Unión Europea han luchado en el campo de batalla, sino más bien las facciones ucranianas que apoyaban una u otra economía, pero eso sí, animadas o presionadas por Moscú y Bruselas, la una con chantajes comerciales y la otra con vítores).


Esta situación, la de una tierra entre dos gigantes que acabó viéndose perjudicada por esa posición, me recuerda a dos casos muy próximos a China, ocurridos en la primera mitad del siglo XX. Nunca serán perfectamente comparables, cada caso es un mundo, pero comparten la situación de haber estado entre la espada y la pared por haberse plantado en medio de dos gigantes, lo que en lugar de traerles pingües beneficios les produjo muchas dificultades y problemas que aún continúan.


MONGOLIA


Mongolia, que hace unos 800 años llegó a ser el imperio más extenso de la Historia, acabó convertida en una tierra encorsetada entre dos grandes gigantes, los imperios ruso y chino (este último la conquistó en el siglo XVII). En 1911, aprovechando la caída del Imperio Qing en la Revolución Xinhai, Mongolia declaró su independencia, que gracias a la inestabilidad en China pudo mantener unos años.

Antes de que acabara esa década, sin embargo, se encontró con dos problemas por el precio de uno: en primer lugar, los chinos, algo más estabilizados, se habían propuesto recuperar Mongolia, e iniciaron campañas militares de reconquista. En segundo lugar, en el Imperio Ruso había triunfado la Revolución de Octubre, que inspiró a políticos mongoles a imitar el movimiento en el país centroasiático, para alegría de los bolcheviques. En los años siguientes, se instauró la República Popular de Mongolia, tras derrotar los intentos chinos de reconquistar el territorio (gracias, aparte de a la aún caótica situación de China, a la ayuda económica soviética). El precio, sin embargo, fue cierta división: China conservó parte de las tierras habitadas por los mongoles, lo que hoy se conoce como la Región Autónoma de Mongolia Interior, una de las divisiones administrativas de China.

Pekín abandonó definitivamente su intento de recuperar la Mongolia "exterior" tras la Segunda Guerra Mundial, pero el precio de los mongoles por defender su independencia fue, paradójicamente el convertirse de facto en una república más de la URSS, uno de los Estados satélite de Moscú con menos autonomía (y menos aún cuando China y la URSS se enfadaron, tras la muerte de Stalin). La dependencia de los soviéticos se vio simbolizada en el hecho de que los mongoles independientes abandonaron su alfabeto (que aún es usado por los mongoles de China) y adoptaron las letras cirílicas propias del idioma ruso. También hubo grandes retrocesos en libertad de creencias, en un país con fuertes creencias budistas ligadas a la rama tibetana de esa religión, aunque bien es cierto que bajo control chino, en los tiempos de la Revolución Cultural, no les hubiera ido mucho mejor.



TÍBET


La Historia reciente del Tíbet empieza de forma similar a la de Mongolia, aunque, como todos sabemos bien, no acabó igual, ni mucho menos... Tras la revolución de 1911 en China, los tibetanos, que como los mongoles habían sido conquistados por el Imperio Qing hace un par de siglos o tres, aprovecharon el vacío de poder temporal que dejó la caída del régimen imperial chino para declarar la independencia (que, por cierto, Mongolia fue una de las primeras naciones en reconocer, por la cuenta que le traía).

El Tíbet estaba, y está, en el superrecontraestratégico cruce de caminos entre dos gigantes como China y la India, con el agravante de que entonces la India era la joya de la corona del poderoso Imperio Británico. Londres vio en la independencia del Tíbet una oportunidad para aumentar su influencia en la zona y seguir su tenaza contra una China contra la que había luchado, y a la que había vencido pero no despedazado, en las dos guerras del opio del siglo XIX.

La situación llevó a que Reino Unido firmara con el Tíbet un acuerdo de establecimiento de fronteras sin la participación de China, que no reconocía la independencia tibetana. Ese acuerdo fijó la famosa "línea MacMahon", una frontera en el norte de la India que los chinos nunca aceptaron, hasta el punto de que incluso después de volver a tener control sobre el Tíbet acabó siendo motivo para una breve guerra entre chinos e indios, de la que hablé un poco cuando se celebró su cincuenta aniversario.

Decía que el Tíbet no acabó igual que Mongolia... China lo ocupó en 1951, después de transformarse en régimen comunista, y el intento tibetano de recuperar su independencia, en 1959, se saldó con una derrota militar y la huida al exilio indio del Dalai Lama, donde sigue teniendo su residencia. El problema sigue estando allí, complicado y engrandecido por otros muchos factores, desde los estragos de la Revolución Cultural en la población tibetana a nuevos intentos de revueltas que fueron duramente reprimidas (1989 y 2008), todo ello mezclado con asuntos como la concesión del Nobel de la Paz al Dalai Lama, el apoyo económico estadounidense a esta figura en los tiempos de la Guerra Fría o hasta los recientes intentos de llevar la cuestión tibetana a la Justicia española. Pero eso son otras historias.

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Ellaellaella es un volcán

21 de Enero, 2014, 0:01

No fue sencillo, pero pude escapar de Yakarta y ahora me encuentro en una ciudad que por el nombre podría parecer la misma pero no lo es: Yogyakarta, en el centro de Java (Yakarta está en el extremo oeste). Yogyakarta es uno de los lugares más visitados de esta isla, porque está cerca de las famosas ruinas budistas de Borobudur y de las hindúes de Prambanan (o al revés, que aún no he visitado ninguna y puedo liarme). También es famoso en las cercanías el volcán Merapi, que entró en erupción por última vez en 2010, causando la muerte de más de 350 personas y miles de evacuados.


Merapi en 2010.


Indonesia es un paraíso para los vulcanólogos y un infierno para los vulcanófobos: las erupciones en este país son más que frecuentes (este mes, por ejemplo, ha habido una, aunque ha sido en Sumatra, más cerca de donde estaba yo por estas fechas en el año 2011). Algunas de ellas han sido cataclismos planetarios: se dice, por ejemplo, que la erupción del volcán donde ahora está el visitadísimo lago Toba, también en Sumatra, fue tan potente que dejó en la Tierra sólo 10.000 humanos vivos (aunque fue hace unos 70.000 años, no se asusten). Más reciente y famoso es el volcán Krakatoa, islita entre Sumatra y Java que en 1883 explotó y se desintegró dando tal petardazo que se pudo oír a 4.000 kilómetros de distancia, y las cenizas que soltó a la atmósfera fueron de tal magnitud que afectaron al clima de todo el planeta: ese año estuvo casi siempre nublado y no hubo verano.


El Krakatoa antes de explosionar, debía dar gloria verlo.
Ahora hay un volcán más pequeño en la zona, "Krakatoa junior",
que tuvo su última erupción en 2012.



China -los volcanes indonesios son apasionantes, pero este blog tiene que ir a su terreno- no es un país donde los volcanes hayan tenido excesivo protagonismo, aunque casi mejor, bastantes desastres naturales tienen que aguantar los chinos para encima vivir atemorizados de sus montañas. Sin embargo, haber volcanes haylos en China, y en el siglo XX ha habido al menos dos erupciones, aparentemente sin víctimas: una en las montañas Kunlun, que hacen frontera entre Xinjiang y Tíbet, en 1951, y la otra en el que probablemente es el volcán chino más famoso, Changbaishan, el monte fronterizo entre China y Corea del Norte, que soltó lava por última vez en 1903.


Changbaishan, "el monte eternamente blanco".


Changbaishan (que visité hace un lustro con una revista de El Jueves bajo el brazo) es el monte del que nacen los dos ríos que forman casi toda la frontera entre China y Norcorea, el Yalu y el Tumen, y para los norcoreanos es una montaña sagrada, tanto que está en su bello escudo nacional (los escudos de países comunistas han sido siempre mi debilidad, con sus torres eléctricas, sus espigas y sus engranajes de maquinaria).

Se dice que el Changbaishan entra en erupción
más o menos cada 100 años, así que ya va tocando una nueva.

 

Remontándonos mucho más atrás en la Historia, hace unos 3.500 años, se cree que el volcán de la isla de Santorini, en Grecia, tuvo una erupción de tales dimensiones que, aparte de acabar con el sistema político que entonces había en el Egeo (el reino minoico) contribuyó, como el Krakatoa, a cambiar el clima de todo el planeta, lo que causó grandes hambrunas en China y, con ellas, también la caída de la dinastía Xia, primera de la Historia de esa civilización, que entonces gobernaba en la cuenca del río Amarillo. Crónicas históricas chinas posteriores, del siglo III AC, aseguran que el cielo durante el fin del reino Xia se volvió amarillo y "hubo tres soles".

Y remontando aún más, mucho más, hace millones de años, se cree que la erupción de volcanes en lo que ahora es Emeishan (sagrada montaña budista en la provincia china de Sichuan) contribuyó, junto a posteriores erupciones de volcanes siberianos, a la extinción de varias especies animales del Triásico. No había dinosaurios todavía, pero creo que una de las especies que se extinguió entonces fue el trilobites, así que, ya que al empezar, en el título, evoqué algo del peor pop español, me despido con más música hispana que va muy bien con este último asunto.



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El juicio del siglo... XX

21 de Agosto, 2013, 0:01











Mañana se celebra en China el que para muchos es el juicio más sonado en los últimos 30 años de este país: el del ex ministro, ex secretario general de Chongqing y ex miembro del Politburó Bo Xilai. Su caso, con asesinatos de por medio, fue ya tratado en este blog el pasado año, y no quiero yo hablar mucho más de algo que mis apañeros van a tratar profusamente mañana, así que mejor voy a recordar el anterior "juicio del siglo" que tuvo China: el de la famosa Banda de los Cuatro, que se celebró durante 40 días entre el 20 de noviembre y el 29 de diciembre de 1980. En algunas cosas, es inquietantemente similar al que está a punto de comenzar.

Tras la muerte de Mao Zedong, en septiembre de 1976, que ponía fin también a la caótica Revolución Cultural, dos facciones del Partido Comunista parecían enfrentadas: una "derechista", dominada por Deng Xiaoping, y otra "izquierdista", encabezada por la tercera y última esposa de Mao, Jiang Qing, quien había sido una destacada lideresa de la Revolución Cultural. En todo caso, el sucesor oficial de Mao era un centrista, Hua Guofeng, quien no parecía decantado ni por unos ni por otros (Mao le había designado su sucesor precisamente por eso, para buscar a alguien de consenso). Derechistas e izquierdistas, sin embargo, comenzaron a presionarle para que se decantara entre unos u otros.


Jiang Qing (de negro) y otros miembros de su facción
velan el cadáver de Mao.



Hua Guofeng, quien vivió hasta hace poco (murió en agosto de 2008), en un principio pareció decantarse por la facción izquierdista de Jiang Qing, pero en realidad estaba del lado de Deng (quien había sufrido dos purgas en la Revolución Cultural y a las dos sobrevivió). Junto a los derechistas, maquinó una conspiración contra los izquierdistas. El 6 de octubre de 1976, menos de un mes después de la muerte de Mao, Jiang y otros tres importantes líderes de la facción (la llamada "Banda de los Cuatro") recibieron una carta que les pedía ir al día siguiente al Gran Palacio del Pueblo para una importante reunión del Politburó. Eran, además de Jiang, el viceprimer ministro Zhang Chunqiao, el vicepresidente del Partido Comunista Wang Hongwen y el secretario del Partido en Shanghai, Yao Wenyuan (cargo este último un poco gafe, porque 25 años después otro político que lo ocupaba también fue víctima de otro sonado juicio en la Historia moderna de China).


Uno por uno, los cuatro miembros entraron en el Gran Palacio del Pueblo y se encontraron con soldados que, pistola en mano, les pidieron que se entregaran, cosa que hicieron sin resistirse. Se gestó así, el 7 de octubre de 1976, un auténtico golpe de Estado sin violencia que no es muy conocido ni dentro ni fuera de China, pero que entonces fue respondido con grandes celebraciones en Pekín y otras ciudades del país.

La "Banda de los Cuatro" fue encarcelada en la prisión de Qincheng, en las afueras de Pekín (la misma en la que se cree que Bo Xilai ha pasado el último año y medio) a la espera de juicio, que tardo en llegar cuatro años. En aquel ínterin, un Deng Xiaoping ya con el poder en sus manos (Hua Guofeng se lo cedió muy a gusto) se dedicó a condenar pública y repetidamente los desmanes de la Revolución Cultural, para preparar a la opinión pública. La propaganda también ayudó lo suyo.







El juicio se inició el 20 de noviembre de 1980 en Pekín, y fue "público", como el de Bo mañana (en realidad la asistencia a estos procesos es muy escogida). Al juicio de hace 33 años asistieron 880 "representantes de las masas" y 300 periodistas. El informe inicial de la acusación era tan largo (20.000 palabras) que dos fiscales se iban turnando para leerlo. El delito más grave del que se acusaba a los Cuatro era la persecución de 750.000 personas y la muerte de 34.375 (siempre se dice que no hay cifras de los crímenes de la Revolución Cultural, quizá ésta sea una de las pocas que se pueden citar).

En el juicio, donde los acusados y otros "cómplices" de la banda se sentaban en una especie de valla como de establo, los cuatro principales acusados se mostraron de forma muy diferente. Yao, el ex jefe de Shanghái, fue el más cooperativo con los jueces, admitió su participación en muchos de los crímenes y acusó a los otros miembros de la banda. Zhang, sin embargo, apenas abrió la boca en los 40 días, enmudeció y renunció a tener defensa.





Pero sin ninguna duda, el mayor espectáculo lo dio Jiang, quien en varias jornadas del largo juicio perdió los estribos, gritando públicamente cosas como "¡este proceso es una farsa!" o "¡larga vida a la revolución!". En muchas ocasiones rompió a llorar, y a veces la policía se la llevó de la sala por romper el orden. La más famosa salida de tono de Jiang fue cuando se puso a gritar: "¡Yo sólo era la perra del presidente Mao! ¡Mordía cuando él me pedía que mordiera!".





Una de las acusaciones más curiosas en el juicio era que la misma Jiang Qing, famosa actriz en el glamouroso Shanghai de los años 30, había usado su poder en la Revolución Cultural para acabar con los amantes que había tenido en su época artística, con el fin de que Mao no se enterara.

Aquel juicio seguramente no fue muy seguido en Occidente, donde no llegarían muchas imágenes del asunto, pero no por ello pasó desaparcibido en la cultura popular de esas latitudes. Recuerdo que la primera imagen que tengo de ese juicio es de cuando leía de niño a Superlópez: en una de sus primeras historias, "La semana más larga" (también de los 80), el gran héroe bigotón cavaba un hoyo en el planeta y aparece en China, en pleno juicio a la Banda.


Impresionante el detallismo histórico de este tebeo:
se puede distinguir perfectamente a Jiang Qing (Jiang King en la viñeta).
¡Y hasta las vallas usadas para los acusados!




En el Reino Unido, que en aquellos tiempos hervía con el punk, había entonces una banda punkarra que se llamaba, precisamente, la "Banda de los Cuatro" y cantaba canciones revolucionarias, o contrarrevolucionarias, o quién sabe.



El veredicto al sumarísimo juicio llegó el 29 de diciembre. La histriónica Jiang y el silencioso Zhang fueron condenados a muerte, aunque la pena fue conmutada a cadena perpetua exactamente dos años después (los analistas vaticinan que lo mismo ocurrirá en esta ocasión con Bo, de la misma manera que pasó con su mujer en el juicio del pasado año). Dicen que en 1983, cuando Jiang recibió la noticia de que la pena de muerte le era retirada, se puso a gritar "¡matadme! ¡matadme!". Wang fue condenado a prisión de por vida, y Yao a 20 años de cárcel (fue el único que cumplió la pena íntegramente).

Los cuatro acabaron siendo libres. Aunque Jiang lo fue por poco tiempo: en libertad provisional por motivos de salud, la viuda de Mao se ahorcó en mayo de 1991 en el hospital donde se le atendía, dejando una nota tan excesiva y fanática como ella lo debió ser siempre:

"La revolución ha sido robada por el clan revisionista de Deng Xiaoping. El presidente Mao exterminó a Liu Shaoqi, pero no a Deng, y el resultado de ese olvido es que males sin fin se han cernido sobre el pueblo chino y la nación. Presidente, tu estudiante y luchadora va a visitarte".

El "Diario de la Liberación" de Shanghái fue uno de los pocos que al día siguiente dedicó un artículo a Jiang, con un titular demoledor: "La bruja ha muerto" (como en "El Mago de Oz").

Wang murió de cáncer poco después, en 1992, mientras que Yao y Zhang fallecieron los dos en 2005, ambos en libertad pero olvidados por autoridades y medios. Su fallecimiento cerraba del todo el gran juicio chino del siglo XX, abramos ahora bien los ojos para ver cómo se desarrolla el del siglo XXI.


PD: muchos detalles y alguna imagen de este post los he sacado de este magnífico artículo sobre la Banda de los Cuatro, del escritor e historiador Zheng Haiping.
 
ACTUALIZACIÓN (27/8/2013): he encontrado en YouTube un vídeo con imágenes de aquel juicio. Son sólo cuatro minutillos, pero ya con eso se ve más que lo que hemos visto en todo el proceso a Bo Xilai...


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Y como no hay uno sin dos, fue galardonado poco después con el Premio 20 Blogs 2006 al mejor blog expatriado

Y agárrate bien a la silla, porque más de un lustro después, llegó el Premio BOBs 2012 al mejor blog en español




  
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