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04. Historia
de China


Hace 40 años de varias cosas

30 de Julio, 2016, 0:01

El pasado jueves se cumplieron 40 años del terremoto de Tangshan, el peor del siglo XX, en el que murieron unas 240.000 personas y esa ciudad quedó totalmente arrasada. No sólo por el primer gran seísmo, que fue a las 3 de la madrugada y pilló a casi todo el mundo durmiendo, sino en las tremendas réplicas que hubo en los días posteriores, que acabaron de pulverizar casas y calles.


El terremoto se produjo seis días antes de que yo naciera (yo también me encamino a esa cifra redonda que me hará cuarentón). El entonces jovencísimo diario El País del día en que nací abría, de hecho, con noticias inquietantes desde China (y un extraño titular).


Fue el primer y único día en el que El País -que también ha cumplido 40 años en 2016- abrió su portada con el terrible incidente: en jornadas anteriores no había habido demasiada información del terremoto, ni dentro ni fuera de China. El 30 de julio, eso sí, publicó en portada una foto con pie en la que ni siquiera se nombraba la ciudad afectada por el terremoto, y lo que se mostraba en la imagen eran pequineses acampados en la calle.


Muchos en esta ciudad pasaron días y días sin volver a sus casas, porque hubo cientos de réplicas que se sentían también con fuerza en la capital.Tangshan está bastante cerca de Pekín, como a dos o tres horas en automóvil, así que el terremoto de 8,2 grados se debió sentir muy fuertemente en la capital también.

En el 40 aniversario, la ciudad de Tangshan ha sido visitada por el presidente chino, Xi Jinping, quien homenajeó a las víctimas pero sobre todo se centró en destacar la reconstrucción de la urbe, de la que, quitando un memorial y un edificio que se ha dejado en ruinas como recuerdo, nadie diría que hace cuatro décadas quedó reducida a escombros.


Desgraciadamente, sabemos que este tipo de desastres naturales son periódicos y habrá más, seguramente en zonas pobres y poco preparadas, como lo era entonces China. Ojalá haya un día en el que cualquier ciudad del mundo esté totalmente blindada contra estas fuerzas telúricas.


Gigantesco muro en homenaje del terremoto, con los nombres de todas las víctimas.

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El Ikea ancestral

25 de Mayo, 2016, 0:01


El retrato que acaba de encabezar este post es una imagen recreada de Lu Ban, un artesano chino que vivió hace 2.500 años y que es una especie de dios protector de los carpinteros y los constructores de China. Se le atribuyen numerosos inventos, aunque el más conocido de todos son las cometas. De ahí que en Shandong, su provincia natal -donde cada año hay una convención de miles de cometas en la ciudad de Weifang- haya una estatua en su honor en la que parece volar cual hombre pájaro.



En recuerdo a esta especie de protector de los carpinteros chinos, allá por el siglo XV se tituló con el nombre de "Lu Ban Jing" ("Clásico de Lu Ban") un manual para carpinteros que recogía saberes de este gremio muy antiguos. El manual incluye una parte sobre cómo construir muebles y otra sobre cómo edificar casas, corrales y otros recintos en madera. No es el único tratado sobre cómo construir casas que hay en la China clásica, pero sí el único en el que se enseña a construir muebles.



Ese carácter único, unido a las muchas supersticiones que había en la antigua China, atribuyó a este manual un halo casi sagrado, o sin el casi. En torno a él había muchos rituales: en unas zonas de China, por ejemplo, el carpintero tenía que bañarse -cosa que ni él ni nadie debían hacer todos los días en épocas sin agua corriente-, quemar incienso y hacer un sacrificio antes de poder abrirlo tras comprarlo, porque si no decía la leyenda que no entendería una palabra de su interior. En otras partes del país, el librero que lo vendía, al entregárselo al comprador, no podía mirarle a la cara, por similares razones. Y también se decía que antes de consultar el libro el lector debía hacer una fechoría (aunque valía con una muy pequeña, por ejemplo romper una hierbecita, que es lo que los carpinteros solían hacer).

Sabiendo todo esto, no extrañará saber que el interior del libro no sólo contenía instrucciones técnicas sobre cómo serrar, clavar o encajar tablas, sino que también había una muy detallada serie de sortilegios que los carpinteros podían hacer para bendecir o maldecir una casa (el uso de esta magia era más común al construir grandes cosas, no tanto para una mesilla o una caseta de pájaros). Para hacer una casa en China, hacían falta carpinteros, un geomante (que sabía de feng shui y decía dónde y cuándo construir, cómo orientar, etc), y curiosamente tanto ellos como el cliente que necesitaba vivienda nueva contaban con sus propios libros para hacer magia y neutralizar las de los otros "rivales" en ese proceso de construcción. Como veis, las pesadillas a la hora de hacer reformas en el piso no son para nada algo contemporáneo.

PD: Estas y otras muchas cosas sobre carpinteria y construcción en la antigua China las podéis leer en el libro "Carpintería y Construcción en la China Imperial Tardía", del sinólogo Klaus Ruitenbeek. Se pueden leer los capítulos iniciales de este estudio (que incluye en su interior el mismo Lu Ban Jing, como se ve en la anterior ilustración de este post) en este enlace.

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En busca de Meng Fudi

21 de Mayo, 2016, 0:01

A modo de epílogo al anterior post sobre la Revolución Cultural (sobre todo para complementar a su punto octavo) os invito a ver el siguiente vídeo, un documental de dos hermanos argentinos que vivieron de niños en la China de los 60 y en 2013 vinieron a intentar recuperar la memoria de aquel tiempo. Con sencillez, saben llegar a cosas muy profundas y emotivas. Dura una horita, pero se os hará corta.



Cuando estuvieron rodando el documental en Pekín, charlé con ellos un par de veces y les hice una entrevista que para mí fue también muy emotiva, la recuerdo con intensidad. Aquí os enlazo lo que escribí de ellos.

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10 cosas que quizá no sabes
sobre la Revolución Cultural

16 de Mayo, 2016, 0:01



Hoy, 16 de mayo, se cumple medio siglo del inicio de la Revolución Cultural, un periodo que dejó imágenes icónicas -como las de aquellos guardias rojos reunidos en la plaza de Tiananmen con sus Libros Rojos de Mao- pero que también generó caos, muerte y terror, un terror especialmente estremecedor porque lo tenían los padres por sus hijos, los profesores por sus alumnos, o los vecinos entre sí. Intentaré aquí contar algunas cosas de aquella extraña revolución, y usaré nuevamente la fórmula de los 10 puntos que ya utilicé en aniversarios similares como el 25º de la matanza de Tiananmen, el 70º del fin de la guerra con Japón o el 10º del nacimiento de este blog (hecho sin duda tan trascendente o más que los anteriores). Empecemos, sin más dilación:

1- La Revolución Cultural comenzó con algo muy cultural: una ópera china

No todos los historiadores están de acuerdo con la fecha de inicio de la Revolución Cultural. Para muchos fue tal día como hoy de 1966 porque fue entonces cuando apareció un documento oficial -la Notificación del 16 de Mayo- en el que se decía que había contrarrevolucionarios y revisionistas en todas partes y había que acabar con ellos. Otros prefieren situarlo en el 8 de agosto de ese mismo año, porque fue cuando el Partido Comunista habló abiertamente de una "Revolución Cultural" y definió sus objetivos. También hay quien dice que comenzó el 25 de mayo, cuando una joven estudiante de la Universidad de Pekín, Nie Yuanzi, se atrevió a ser la primera en denunciar a sus profesores abiertamente en un dazibao (tablón de anuncios) del campus.

Sin embargo, antes que todo esto ocurriera, y como prólogo a la Revolución Cultural, un dramaturgo que además era teniente de alcalde de Pekín publicó en 1959 una ópera tradicional china, "La destitución de Hai Rui", que se estrenó en 1961 y Mao Zedong consideró como la primera prueba de que había enemigos suyos en el Partido Comunista y tenía que acabar con ellos. La obra, que cuenta la injusta destitución de un funcionario que había criticado a un mal emperador por matar de hambre a su pueblo, ocurría en pretéritas épocas, pero Mao pensó que era una crítica velada a su desastrosa labor en los años 50, donde sus programas de colectivización e industrialización del campo (el llamado Gran Salto Adelante) causaron una gran hambruna y millones de muertos.


Hai Rui, arquetipo de buen gobernante en la literatura china.




2- El primer enemigo que Mao se quería cargar era el alcalde de Pekín

El hecho de que el autor de la obra de teatro mencionada fuera teniente de alcalde de Pekín -Wu Han se llamaba- hizo que el ayuntamiento de Pekín se convirtiera en el primer gran objetivo de la Revolución Cultural, que Mao se inventó, hablando en plata, para destruir a sus principales enemigos en el Partido Comunista. El alcalde de Pekín en esa época, Peng Zhen, defendió a su número dos a capa y espada, sobre todo cuando Jiang Qing, la mujer de Mao, y Yao Wenyuan, jefe de propaganda de Shanghai (los dos serían parte de la famosa Banda de los Cuatro) escribieron una dura crítica contra su ópera. Peng, que tenía poder sobre el Diario del Pueblo, prohibió al principal periódico del régimen publicarla. Como veis, en un principio fue una pelea casi intelectual, literaria: Imaginaos lo que habría podido pasar si Salvador Sostres o Fernando Sánchez Dragó hubieran vivido o publicado en la China de los 60.


El alcalde Peng Zhen, en un acto de humillación pública.

En todo caso, aunque el ayuntamiento de Pekín fue el primer enemigo de Mao, los grandes objetivos del Gran Timonel, y contra los que seguramente inventó la Revolucón Cultural, eran Liu Shaoqi y Deng Xiaoping, los dos líderes que habían tomado las riendas del país después del fracaso del Gran Salto Adelante. Mao estaba casi jubilado, pero muy enrabietado por ver que Liu y Deng estaban gobernando mejor que él.



3- El origen de todo podría resumirse en "una cana al aire de Mao"

La Revolución Cultural no fue inicialmente popular, no salió espontáneamente de la gente, sino que fue ordenada desde arriba, y fue idea sobre todo de Mao. A primera vista resulta difícil entender por qué al líder de un país le puede apetecer que haya caos revolucionario en ese país, pero si nos ponemos un momento en la piel de Mao -sé que no es agradable, pero hagámoslo sólo un momento- quizá lo entendamos mejor.

El Gran Timonel tenía en los 60 ya más de 70 años, se encontraba en el otoño de su vida. En esa vida había tenido una juventud trepidante como líder comunista clandestino, después protagonizó 30 años de gloria militar -la Larga Marcha, la resistencia a Japón, la victoria contra el Kuomintang, la proeza de contener a Estados Unidos en Corea-, pero cuando llegó el tiempo de la paz y de gobernar, demostró ser un estadista nefasto y con ideas de bombero. Mao se daba cuenta de que no le quedaban muchos años de su vida, de que el último capítulo de su biografía iba a quedar muy feo comparado con los anteriores, y decidió que lo que a él le había hecho feliz era la guerra, el desorden, así que decidió inventar la idea de "revolución permanente" para tener lo que le gustaba.

Además, se apoyó en los jóvenes chinos, incluso menores de edad, para en cierto modo rejuvenecer él mismo: les espoleó a ellos, y esos chinos, que ya habían nacido después de las guerras pero habían oído hablar de las heroicidades del maoísmo en el frente, le siguieron para intentar revivir las hazañas bélicas de sus padres, aunque ahora no hubiera un enemigo o un invasor claro. Que la Revolución Cultural fue una especie de rebelión de Mao contra el destino, contra el envejecimiento que a todos nos llega, queda muy bien reflejado con su famoso chapuzón en el río Yangtsé, el 16 de julio de 1966, cuando la Revolución Cultural daba sus primeros pasos. El Gran Timonel quería demostrar con su baño que seguía hecho un chaval, y lo mismo quería mostrar arengando a jóvenes chinos a que se rebelaran contra todo.





4- El corazón de la Revolución Cultural fue la misma universidad donde años después nacerían las protestas de Tiananmen, y eso perjudicó al movimiento de 1989

La Universidad de Pekín, una de las más antiguas y prestigiosas del país, ha tenido una importancia decisiva en el siglo XX de China. Fueron sus estudiantes los que empezaron las protestas del 4 de mayo de 1919 -para muchos el germen del futuro auge del comunismo en el país-, los que comenzaron a manifestarse  en mayo de 1989 y pusieron en jaque ese mismo comunismo, y los que en 1966, casualmente también en mayo -la cercanía de los exámenes de junio debe estresar a los alumnos- comenzaron a vestirse de guardias rojos, a blandir libritos con los pensamientos de Mao y a insultar y golpear a sus profesores como muestra de rebeldía y a la vez de fidelidad al comunismo.


Este hecho, el de que los estudiantes de la Universidad de Pekín de 1966 comenzaron una revolución que sembró el caos durante años, puede ayudar a entender por qué dos décadas después, en 1989, los líderes chinos tuvieron tanto miedo a unos jovencitos que protestaban en Tiananmen: esos líderes pensaban -erróneamente, porque los modos de los chicos de 1989 eran más pacíficos que los usados 20 años antes- que podría tratarse de un revival de guardias rojos, y que el caos podría volver. Recordemos que entonces lideraba China Deng Xiaoping, una persona que habia sufrido no una sino dos purgas en la Revolución Cultural. Hasta cierto punto puede entenderse su miedo, quizá por tocar miedos de su pasado, a jóvenes estudiantes de la Universidad de Pekín protestando en un mes de mayo.



5- Las famosas reeducaciones en el campo fueron en cierto modo una excusa para salvar vidas

En 1967 y 1968 se cometieron los peores crímenes de la Revolución Cultural. Los guardias rojos, primero en Pekín pero luego en muchas otras ciudades donde se imitó la revuelta estudiantil, organizaron palizas públicas a "contrarrevolucionarios", torturaron, quemaron templos, iglesias, monasterios... Mucha gente moría en esos linchamientos, o pasaba una humillación tan grande -en una cultura donde "perder cara" públicamente es mucho peor que en Occidente- que acababa suicidándose. La gente, por miedo a los guardias rojos o porque se creía su revolución, intentaba hacerse el maoísta denunciando a sus vecinos, a sus parientes, a sus padres si hacía falta, acusándoles de revisionistas por tener libros en inglés o cualquier otra excusa. Los revolucionarios habían asaltado cuarteles del ejército y ya estaban armados, con lo que en algunas ciudades se convirtieron en auténticos escuadrones de la muerte y comenzó a haber verdaderas guerras civiles entre distintas facciones de ellos, discutiendo por ver cuál de ellos amaba más a Mao.

En resumen: la Revolución Cultural se les había ido de las manos. Por ello, en diciembre de 1968 se lanzó la campaña de reeducación en el campo, con la excusa oficial de que los guardias rojos llevaran la revolución a los pueblos de China, pero con la intención real de sacarlos de la ciudad, reducirlos a grupos más pequeños y aislarlos en lugares donde pudieran hacer menos daño. En este sentido, la reeducación en el campo fue algo positivo: a partir de 1968, la Revolución Cultural fue menos virulenta en grandes ciudades como Pekín, y por otro lado la llegada de estudiantes e intelectuales al medio rural llevó la cultura a zonas muy deprimidas y analfabetas del país. En la parte negativa, muchos de esos estudiantes e intelectuales pasaron hasta 10 años aislados en el campo, lo que paralizó la cultura del país, por no mencionar los muchos que murieron debido a la dura vida de las aldeas, con inviernos y hambrunas a los que no estaban acostumbrados.





6- Fue una revolución sin enemigo, lo que le dio un especial carácter surrealista

En sus arengas a los guardias rojos, o en las proclamas escritas, Mao y otros impulsores de la Revolución Cultural no daban instrucciones claras de contra quién debían revelarse los guardias rojos, cuáles eran esos enemigos "contrarrevolucionarios" o "revisionistas". Mao nunca dijo claramente que hubiera que cargarse a Deng Xiaoping o a Liu Shaoqi -quien murió en 1969, arrestado y tratado como un animal en prisión-, ni que había que quemar templos budistas: fueron los guardias rojos y otros seguidores de la revolución cultural quienes se fueron inventando enemigos.


La ausencia de órdenes claras trajo el caos: los guardias rojos se dividieron en facciones con desacuerdos sobre lo que había que destruir o combatir, y que a veces combatían entre ellas. Al no haber estándares, cualquier cosa podía interpretarse como enemiga de Mao, de China o de la revolución, hasta nimiedades como tener torcido el cuadro de Mao en casa. Esto no trajo sino paranoia colectiva, denuncias por doquier y una sensación de locura social que convirtió el movimiento en uno de los más inexplicables de la historia reciente del mundo, además de uno de los que más aterra y fascina al mismo tiempo. Merece la pena apuntar que esta ausencia de enemigo, el desorden y la idea de rebelarse contra todo sin discreción inspiraron poco después movimientos contraculturales como el del mayo francés del 68, donde algunos intelectuales que allí había eran grandes apasionados del maoísmo (seguramente no conocían las muertes que había causado). Obviamente, mayo del 68 no es para nada comparable a la Revolución Cultural en cuanto a la violencia empleada, pero ambos compartieron un carácter anárquico e iconoclasta.



7- El ejército en la Revolución Cultural fue un oasis de orden en el caos

El papel del ejército chino en la Revolución Cultural es poco claro, aunque se cree que la institución probablemente contribuyó a que el número de muertos en ella fuera menor del que podría haber sido. Para empezar, aunque muchos soldados chinos eran de la misma edad que los guardias rojos, no caló en ellos la filosofía de rebelión sin causa que Mao predicó en el 66: seguramente el hecho de que muchos de los soldados fueran gente humilde del campo, y no estudiantes universitarios, les inmunizó contra la propaganda política. Por otra parte, era difícil que triunfara el espíritu de desorden e indisciplina en una institución tan jerarquizada como el ejército.


Por esas razones, pero también por la desconfianza de muchos líderes militares a las ideas de Mao, la Revolución Cultural no contagió apenas al ejército, y eso fue providencial, porque eran millones de jóvenes armados que podrían haber arrasado el país. Su labor en la Revolución Cultural fue, pasados los primeros dos años de mayor caos, intentar recuperar el orden, casi siempre de forma relativamente pacífica, sin pegar tiros. Hubo incluso momentos en los que al ejército se lo vio demasiado pacífico, como en los primeros meses de la rebelión, cuando optó por no usar la violencia cuando los guardias rojos asaltaron varios cuarteles para robar armas. En realidad, la Revolución Cultural sirvió para que los chinos de los 60 y 70 mejoraran su imagen del ejército chino, lo consideraran un reducto de orden y cordura en aquellos años de caos. Por eso, porque los soldados chinos estaban muy bien vistos en esas épocas, fue por lo que en 1989 sorprendió y entristeció a mucha gente en el país su uso de la violencia contra los estudiantes de Tiananmen.



8- Durante la Revolución Cultural hubo extranjeros que permanecieron en China

Se suele considerar que durante ese periodo todo lo extranjero era susceptible de ser enemigo del maoísmo, y que cualquier guiri que pusiera los pies en Pekín o Shanghai sería inmediatamente linchado. Pero no fue así completamente: incluso en los peores años de la revolución, 1966 y 1967, hubo una comunidad de extranjeros viviendo en el Hotel de la Amistad de Pekín, el alojamiento para los foráneos que eran contratados por el Gobierno chino (el mismo sitio donde yo viví entre 2001 y 2003).

Aunque las universidades y los guardias rojos estaban muy cerca de allí, el lugar fue bastante respetado y en él no entraron los revolucionarios a "limpiar". Y eso que desde el punto de vista de un guardia rojo el sitio era un símbolo de la URSS (el hotel se había construido primero para alojar ingenieros rusos que ayudaron a China en los 50), un país que en aquel entonces era considerado por Mao como el máximo enemigo de la patria, incluso peor que EEUU. En el Hotel de la Amistad no vivían entonces rusos, que con la muerte de Stalin -amigo de Mao- y la llegada del desestalinizador Krushev se habían convertido en enemigos de China, pero sí había muchos representantes del mundo no alineado: africanos, árabes, latinoamericanos... En su mayoría trabajaban como profesores, traductores o correctores de medios oficiales chinos.


Sidney Rittenberg, histórico maoísta, da un mitin en Tiananmen durante la Revolución Cultural
(lo que no le libraría de ser uno de los extranjeros purgados).




9- Nadie sabe cómo sobrevivió Zhou Enlai

Uno de los grandes enigmas de la Revolución Cultural es el papel de Zhou Enlai, primer ministro de China desde la fundación de la República Popular en 1949 hasta su muerte en enero de 1976, pocos meses antes de que falleciera también Mao y con ello se pusiera fin a la misma Revolución Cultural. Zhou fue uno de los pocos grandes líderes moderados que no fue purgado, pese a que se opuso a las purgas contra Deng Xiaoping y Liu Shaoqi, con los que coincidía en estilo e ideas, y pese a que se mostró en contra de muchas de las tropelías de los guardias rojos (de esta época es famosa, por ejemplo, su intervención para detener a los jóvenes exaltados e impedirles que destruyeran el Palacio Potala de Lhasa).

La percepción general es la de que Zhou vio la locura que le rodeaba e intentó sobrevivir: en ocasiones daba la razón a Mao como quién se la da a un loco, pero en otras intentaba convencerle de que abandonara sus ideas más peregrinas, como cuando al Gran Timonel le entró en la cabeza que Pekín debía cambiar su nombre por el de "Este Rojo", en honor a la canción que entonces se había convertido en símbolo del maoísmo e himno nacional oficioso. También impidió, en el mismo sentido, que los leones de la plaza de Tiananmen fueran sustituidos por dos estatuas de Mao.


Zhou Enlai camuflado de guardia rojo, con brazalete y todo.



10- La Revolución Cultural no es tan tabú para la censura china como otros hechos históricos recientes

No es cierto, como a veces se dice, que no se pueda hablar públicamente en la China actual de la Revolución Cultural. Ello sí ocurre con otros puntos negros de la historia de la República Popular, como el Gran Salto Adelante o la matanza de Tiananmen, pero con la Revolución Cultural el opaco régimen chino tiene una relación distinta. Para empezar, está oficialmente reconocido que fue una época de caos y nefasta para el país: así se dice en muchas noticias de la agencia Xinhua, cuando sale el tema (que tampoco es que sea a diario, todo hay que decirlo). No olvidemos que la Revolución Cultural fue juzgada y condenada, en el famoso proceso a la Banda de los Cuatro, aunque está claro que ese juicio tuvo mucho de show y que en él se decidió castigar sólo a cuatro mandamases dejando fuera a muchos otros con similar responsabilidad. E intentando pasar de puntillas por la labor del principal culpable, que fue Mao (ya llevaba cinco años muerto cuando se celebró el juicio, en todo caso).

En el juicio, se leyó durante horas una larga lista de crímenes cometidos, desde torturas a palizas públicas, y se habló hasta de una cifra oficial de muertes (34.375). La cifra es probablemente una pequeñísima parte del total de muertos en la década del caos (los más críticos del régimen chino hablan de hasta tres millones), pero conociendo las dificultades de China a la hora de contar números negativos para su imagen, es toda una sorpresa.

La Revolución Cultural es tema de novelas y películas contemporáneas chinas que pueden leerse y verse en el país: por ejemplo, "Coming Home", una de las últimas películas que ha rodado Zhang Yimou, en la que se cuenta la herida incurable que en la mente de una mujer (interpretada por Gong Li) dejaron las persecuciones y las torturas.



En el fondo, esto se explica porque para el régimen chino actual es bueno hasta cierto punto que se recuerde la Revolución Cultural, porque ellos se presentan como el orden frente al desorden y la anarquía que podrían traer movimientos idealistas. No es de extrañar que de vez en cuando algún político chino, para criticar algo que no le conviene al régimen, nombre abiertamente la bicha y diga: "No queremos que vuelva a haber una Revolución Cultural". Por una vez, estoy de acuerdo con ellos.


ACTUALIZACIÓN (horas después): South China Morning Post ha hecho en el día del aniversario un fantástico reportaje multimedia que recuerda al que hizo para los 25 años de Tiananmen. Echadle un vistazo si queréis ahondar más en el tema, es fascinante.

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Un gran Nobel para Tu

5 de Octubre, 2015, 0:01


Hoy China ha recibido una grata e inesperada sorpresa, la concesión del Nobel de Medicina a la investigadora Tu Youyou. Desconocida hasta hoy para la mayoría de los ciudadanos de a pie en este país (y yo mismo me incluyo), Tu Youyou, con ese nombre tan gracioso y tan "tuyo", se ha convertido en la primera mujer china que consigue un Nobel de cualquier tipo, además de ser el primer Nobel chino de Medicina y el primer Nobel de un científico chino que consigue tal galardón sin tener que haber emigrado a EEUU para investigar allí (lo que implica siempre perder la nacionalidad de su país natal).

Tu Youyou ha compartido el premio con el irlandés William Campbell y el japonés Satoshi Omura, y en este sentido ha sido un poco vergonzoso observar cómo las noticias han hablado más de los otros premiados que de la galardonada china. Campbell y Omura se han llevado casi todos los párrafos de los reportajes y han salido en muchos más titulares, mientras que Tu era arrinconada al final de las noticias. Y eso cuando, en realidad, ella se lleva más porción del Nobel de este año que los otros dos (ella se ha llevado una mitad, y los otros dos, que investigaron juntos, compartieron la otra mitad, es decir, que el irlandés y el japonés se llevarán cada uno un 25 por ciento de la pasta por el Nobel). La discriminación hacia Tu ha sido tal que incluso el Gobierno irlandés, uno de los países agraciados por el premio de hoy, se ha "olvidado" de felicitarla, o al menos eso parece en las noticias

Me da mucha pena todo eso, ese eterno "China no nos importa", y todavía me da más cuando, leyendo apenas un poco de la vida de Tu, se descubre lo apasionante de su carrera. Con todos mis respetos hacia el señor Campbell y el señor Omura, que seguro son merecedores del premio, dudo mucho que sus biografías sean tan interesantes como la de Tu.

Y es que lo que le ha dado el premio a Tu Youyou lo investigó nada más y nada menos que en la China de los años 60 y 70. La China de la Revolución Cultural, aquélla en la que los científicos eran considerados unos apestados contrarrevolucionarios, se les prohibía seguir sus investigaciones, y muchos acababan en campos de reeducación, donde no pocos murieron o sufrieron grandes penurias y traumas de los que nunca se recuperaron. En ese hostil contexto, y en un país muy subdesarrollado, Tu Youyou descubrió una sustancia, la artemisinina, que desde entonces ha curado la malaria a millones de personas en los países pobres, especialmente niños. Ahí es nada.


¿Cómo lo consiguió? Bueno, conviene tener en cuenta que tampoco es que tuviera que trabajar a escondidas, porque la investigación contra la malaria fue uno de los dos únicos estudios científicos que Mao Zedong permitió que continuaran en los oscuros años de los Guardias Rojos (el otro, por cierto, fue el que dio a China su primera bomba atómica). Mao lo autorizó, y además lo financió generosamente. Por la sencilla razón de que la malaria estaba causando muchas muertes en el sur del país, y además estaba causando muchas bajas entre los "hermanos" del Vietnam, que entonces estaban luchando -los del norte, al menos- contra los pérfidos Estados Unidos.

Pensaréis entonces que a lo mejor Tu fue una privilegiada en esa dura época... pero sabed que mientras ella buscaba un remedio para salvar vidas, su marido estaba en uno de esos campos de reeducación tan temibles, y ella se quedó cuidando a la primera hija de ambos.

También es muy interesante conocer cómo descubrió Tu la artemisinina, porque lo hizo utilizando una disciplina que muchos científicos, sobre todo en Occidente, rechazan y miran por encima del hombro: la medicina tradicional china, que como muchas otras medicinas ancestrales no se basa en el método científico, sino en el ensayo-error, en el "esto le funcionó a mi abuelo, pruébalo tú a ver qué tal". La medicina tradicional china son remedios de la abuela, pero recolectados durante miles de años y sistemáticamente escritos en miriadas de libros cuidadosamente guardados generación tras generación, hasta el punto de que el tamaño de este saber es comparable al de la medicina convencional, aunque no pueda probarse con fórmulas.

Tu Youyou, en concreto, viajó a la isla china de Hainan en los años 60 (zona tropical, y por tanto con mayores casos de malaria) y se dedicó a recolectar viejos libros de medicina de la zona. Encontró en uno de ellos, de 1.300 años de antigüedad, que el ajenjo chino (artemisia annua) era considerado ya por los antiguos pobladores de la zona como un buen remedio contra las fiebres, un posible síntoma de la malaria. Tirando de ese ovillo logró aislar el principio activo de esa planta, la antes mencionada artemisinina. Era 1969 y ella tenía sólo 39 años.


Para hacer más interesante la biografía de Tu, su entrada en Wikipedia afirma que ella misma decidió ser la primera humana en probar si la artemisinina era eficaz contra la malaria. Ya lo había probado en animales con éxito, llegaba la obligada fase experimental con humanos, y ella se convirtió en la "paciente cero". Le fue bien, para suerte de la humanidad y de ella misma.

Por poner alguna sombra en esta fantástica señora, y ya que los diarios lo mencionan hoy, matizaré que algunos compañeros de trabajo de Tu se han quejado en alguna ocasión de que ella se puso todas las medallas por el descubrimiento de la artemisinina, cuando el hallazgo fue un trabajo de equipo. Pero bueno, me imagino que también Severo Ochoa y Ramón y Cajal (por citar los únicos otros Nóbeles científicos que me sé, para qué negarlo) también aprovecharon los descubrimientos de otros, o trabajaron con equipos cuyos nombres quedaron olvidados. La ciencia es un trabajo de muchos en el que algunos nombres se llevan más fama, como tantos otros campos en esta vida. Creo que Tu Youyou sabrá muy bien agradecer a todos esos anónimos colegas o "rivales" la ayuda prestada, cuando le toque dar el discurso de recepción del premio en Estocolmo.

Se dice que Tu Youyou, que ya tiene 84 años, lleva hoy en día una vida muy discreta, tanto que hoy por ahora nadie la ha encontrado para recoger reacciones a su premio (algunos decían que hasta es posible que no se haya enterado de que se lo han dado). Sus oficinas están en un humilde apartamento de Dongcheng, mi barrio, y ella seguramente pasa delante de muchos cada día como una anónima anciana. Hoy se ha convertido en una Nobel de Medicina, por salvar a millones. Enhorabuena para Tu (no para tú que lees el artículo, hombre, para la señora Tu).

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Ignorada historia mongol

2 de Octubre, 2015, 0:01

Voy a dejar China de lado en este post, por una vez, para irme a la vecina Mongolia, posiblemente uno de los países más olvidados del mundo, algo en lo que quizá influye que es uno de los más vacíos del planeta, con apenas 2 habitantes por kilómetro cuadrado (menos incluso que el Sáhara Occidental).

Como excusa para hablar de Mongolia, aprovecho que en el día de hoy se ha celebrado en Ulan Bator, la capital de ese país, un acto que nos invita a documentarnos un poco sobre la historia de Mongolia, antaño inmenso imperio y hoy país sandwicheado entre gigantes. En el acto de hoy se depositaron cestas de flores ante la estatua de un destacado personaje de la historia reciente del país, Sanjaasuren Zorig (los nombres mongoles son difíciles de recordar, lo sé) cuando se cumplen 17 años de su asesinato, perpetrado en la noche del 2 de octubre de 1998. Entre los asistentes al homenaje de hoy estaba el actual presidente mongol, Tsakhia Elbegdorj, antiguo amigo y compañero de lucha de Zorig.


La ofrenda recuerda a la que hace apenas dos días se hizo en Pekín, como cada año por estas fechas, en el Monumento a los Héroes del Pueblo del centro de Tiananmen. El simbolismo de una y otra ofrenda son muy diferentes, pero bueno, por su coincidencia en el tiempo cito también la de China, a la que igualmente asisten los grandes líderes del país.


Volviendo a Mongolia, ¿quién fue ese tal Zorig? Bien, Zorig fue uno de los líderes de la revolución que en Mongolia acabó con el régimen comunista, en 1990. Mucho se habla de las que hubo entonces en Europa Oriental, o la fallida de China en 1989, pero la revolución mongol, como este país en general, apenas es nombrada por los libros de historia, cuando tiene un especial mérito: los revolucionarios, en su mayoría jóvenes universitarios como el propio Zorig, protestaban en las calles, ocupaban las plazas o hacían huelgas en público cuando el país estaba en sus meses invernales, en los que las temperaturas superan los 30 o 40 grados bajo cero (de ahí quizá que el país no esté muy poblado). La revolución acabó con un régimen comunista que era incluso más antiguo que el de la vecina China, ya que Mongolia adoptó el marxismo-leninismo casi desde su independencia, en los años 20 del siglo idem.


Zorig arenga a las masas pro democracia en aquellos tiempos


Zorig y el mencionado Elbegdorj, actual presidente mongol, fueron algunas de las caras más visibles de esa revolución, que comenzó a fraguarse en diciembre de 1989, con las primeras concentraciones callejeras, y a la que curiosamente ayudó a ganar fuerza una publicación extranjera que a simple vista no parecería tener mucho que ver con la política: la revista Playboy. No, no es que una de sus conejitas pidiera desde su desnudez libertad para Mongolia entera. Lo que sucedió es que en su número de noviembre de 1989 publicó una entrevista al entonces archifamoso jugador de ajedrez Gary Kasparov, quien de forma un tanto irreverente declaraba que la URSS, entonces algo arruinada, debía considerar seriamente vender Mongolia a los chinos (Mongolia era en realidad un estado satélite de Moscú, hasta el punto de que abandonó en el siglo XX su escritura propia y adoptó el cirílico). A los revolucionarios de Mongolia, un país donde el ajedrez por lo que se ve es un deporte muy seguido entre los intelectuales, las declaraciones de Kasparov -que se tomaron más en serio de lo necesario- no gustaron nada y les lanzaron de forma aún más activa y numerosa a las calles para pedir salir del yugo soviético.



Zorig y Elbegdorj durante las protestas



Elbegdorj encabezando manis y concienciando al pueblo


Las manifestaciones y huelgas duraron varios meses, y allá por la primavera de 1990 los líderes comunistas mongoles decidieron ceder a ellas y organizar unas elecciones libres. Se dice que en el Partido Comunista de Mongolia, como en el chino que un año antes afrontó las protestas de Tiananmen, había sectores políticos a favor de ceder a los que protestaban, y otros partidarios de usar la fuerza bruta contra ellos. En el caso chino triunfó por lo visto la facción más dura, mientras que en Mongolia ganaron los más pacíficos. Con ello el país heredero del antiguo Gengis Khan se democratizó, y en su bandera se quitó la estrella socialista.




Aunque se instauraron elecciones libres, los comunistas las ganaron los primeros años, y no fue hasta 1996 que venció la oposición, aún liderada entonces por Zorig y Elbegdorj, quien ocupó en ese año el cargo de primer ministro. Zorig fue ministro de infraestructuras en esos primeros años de gobierno de talante liberal.

Así llegamos al año en que Zorig fue asesinado, 1998. El gobierno de Elbegdorj no estaba yendo bien, problemas económicos y decisiones impopulares del primer ministro le llevaron a dimitir pocos días antes del trágico ataque contra Zorig. Fue en su propia casa: el político sufrió 16 puñaladas, tres de ellas en el corazón. Misteriosamente, no se ha conseguido saber quién fue el autor material ni intelectual de este asesinato, que se produjo, para colmo, cuando la víctima iba a ser propuesta para primer ministro en sustitución del dimitido Elbegdorj, quien tenía ese plan pero lo guardaba en secreto y no lo había anunciado públicamente. Se llegó a sospechar hasta de la esposa de Zorig, quien estaba en la casa durante el asesinato pero había sido maniatada por los agresores. Para añadir un toque Hermanos Coen al asunto, los homicidas robaron de la nevera de Zorig una botella de salsa de soja y otra de vinagre, para aliñar dios sabe qué.

Y bueno, esa es la historia del personaje a cuya estatua dejaron hoy flores los mongoles de pro. El recuerdo de Zorig continúa con un partido político bautizado con su nombre que dirige su hermana, una especie de partido verde minoritario en el país. La noticia sobre la ofrenda que publica en inglés la prensa oficial mongol de hoy recuerda que Zorig fue "gravemente asesinado" hace 17 años (no sé muy bien cómo sería asesinar levemente a alguien, pero en fin, supongo que es un fallo de traducción, o alguna diferencia cultural que se me escapa).

Casi 20 años después, Mongolia sigue siendo un país algo apartado, pero no dejan de pasar cosas, como cuando en 2008 los antiguos comunistas, que acababan de ganar las elecciones, tuvieron que apartarse del gobierno cuando en una nueva ola de protestas callejeras la gente se lanzó a las calles y pidió una repetición de comicios que consideraban falseados (hubo al menos dos muertos). En la actualidad, el país está algo más estabilizado, lo que permite a Elbegdorj pasear de vez en cuando a caballo, como sus antepasados conquistadores.


Recientemente ha estado en la ONU, como muchos otros líderes mundiales, con motivo de la Asamblea General que recordaba los 70 años de fundación del organismo. Elbegdorj interviene a veces en esos foros internacionales, y lo mismo lo hace vestido de traje y corbata que de antiguo khan.



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10 cosas que quizá no sabes
sobre la II Guerra Mundial
(en el frente chino)

3 de Septiembre, 2015, 0:01


Hoy, 2 de septiembre, se cumplen 70 años de la rendición japonesa en la II Guerra Mundial, firmada a bordo del acorazado USS Missouri. China lo celebrará mañana con un desfile militar, de la misma forma que en 1945 lo celebró al día siguiente de que se firmara la paz, quizá porque la noticia llegó tarde.


MacArthur firma por parte estadounidense.

Independientemente de las connotaciones políticas de esta celebración, que me parecen exageradas (¿Europa puede recordar sus victorias bélicas y China, que sufrió más que muchos de esos países europeos, no?), esta efeméride es un buen momento para echar un vistazo a una parte de la Segunda Guerra Mundial que los occidentales apenas conocemos, y que fue tan dura o a veces más que la vivida en los frentes europeos: la guerra entre China y los invasores japoneses. Por eso el titular de arriba, y también porque el año pasado uno similar sobre la matanza de Tiananmen tuvo cierto éxito (tanto, que al día siguiente me lo plagió flagrantemente un diario chileno). Yo también tomó muchos datos de hoy de la Wikipedia, así que tampoco me voy a enfadar.

1- China y Japón se tenían ya muchas ganas antes de que estallara la guerra

En el siglo XIX, una Japón con siglos de influencias culturales, religiosas y artísticas venidas de China, pero que siempre se distanció políticamente de ésta, se modernizó al estilo occidental, en la llamada Era Meiji, y empezó a ver a China -ya debilitada por invasiones europeas, emperadores incompetentes, gobiernos corruptos, etc- como un abuelo achacoso al que podía comerle la merienda. Consecuencia de esta forma de pensar fue la guerra chino-japonesa de 1894-95, en la que los japoneses ganaron con claridad a los chinos.

A consecuencia de esta victoria, Japón se apropió de Taiwán, de la península Coreana, y logró en China importantes concesiones comerciales, por ejemplo en Manchuria (noreste del país), donde consiguió la administración del tren regional.

En septiembre de 1931, los japoneses hicieron como los americanos con el Maine en 1898: pusieron una bomba en un tren de los que ellos gestionaban, acusaron a China de ese atentado, y con esa excusa -que os sonará mucho si habéis leído el Loto Azul- invadieron toda Manchuria, creando un falso reino llamado Manchukuo en el que el rey era el Último Emperador Pu Yi (que, de hecho, era de etnia manchú).


China protestó ante la Sociedad de Naciones por esta tramposa invasión, y en ese organismo (antecesor de la ONU) encontró el apoyo de países como España, pero al final la comunidad internacional se lavó las manos y pasó del asunto. En fin, que en 1937, cuando estalló oficialmente la guerra entre chinos y japoneses, los dos llevaban ya casi medio siglo muy enfrentados.

2- Casi un tercio de los muertos en la Segunda Guerra Mundial fueron chinos

De los 60 o 70 millones de personas que murieron en el mayor conflicto vivido por la humanidad, entre 20 y 25 millones fueron chinos. Sólo la URSS, con 27 millones de víctimas, perdió más gente en esa guerra, mientras que EEUU, Italia o Reino Unido contaron unas 400.000 víctimas, y Francia unas 600.000. Muchas de las víctimas chinas fallecieron en bombardeos expresamente centrados en atacar población civil, aunque también hubo fallecidos por epidemias o inundaciones causadas por la mano del hombre, o víctimas de malos tratos en minas o fábricas donde se les esclavizó.


3- Las alianzas fueron confusas al principio: China llegó a estar en guerra con la Unión Soviética, o a tener apoyo de Alemania

La guerra entre China y Japón comenzó oficialmente en julio de 1937, más de dos años antes de que el conflicto estallara en Europa, así que en aquel entonces los bandos no estaban tan claramente delimitados como los que más tarde conocimos con el nombre de Eje y Aliados. Por ejemplo: la República de China de Chiang Kai-shek, que aún no era comunista, llegó a tener alguna ayuda de la Alemania nazi, y así por ejemplo algunas de las tropas chinas de la época habían sido entrenadas por oficiales alemanes. Chiang Kai-shek, no lo olvidemos, se hacía llamar Generalissimo, como Mussolini y Franco, y a veces tenía ciertos ramalazos protofascistas que, en todo caso, creo que nunca fueron tan funestos como en Alemania, Italia o España. Sin embargo, cuando Alemania entró en conflicto abierto con otros países europeos, pensó que era mejor tener como aliada a Japón, con un ejército más moderno, que a una China decadente, débil y dividida, así que se decantó por apoyar a los nipones, aunque ese apoyo simplemente se materializara en acabar con su ayuda a China.


En cuanto a la Unión Soviética, en 1937 estalló una guerra en Xinjiang, la aún hoy muy conflictiva región musulmana del noroeste chino, porque grupos uigures querían fundar allí una república bolchevique independiente (ironías de la vida, los uigures quisieron ser comunistas antes que el resto de los chinos). La República de China se oponía a ello, claro, mientras que la URSS veía esa revuelta como una buena excusa para aumentar su influencia en Asia Central, y apoyó a los revolucionarios. Tropas soviéticas llegaron a invadir Xinjiang y bombardearon localidades de la zona, pero la guerra se quedó en un conflicto corto e inacabado cuando tanto a los chinos como a los soviéticos les llegaron poco después peores problemas.

4- Japón mató a civiles chinos, pero China también mató a civiles japoneses (muchos menos, eso sí)

Es claro como el agua que en la guerra chino-japonesa el invasor fue Japón y el invadido fue China, así que las agresiones a civiles fueron sobre todo obra del ejército nipón. Pero sería falso decir que no se tocó un pelo a civiles japoneses. Por ejemplo, en julio de 1937, poco después del Incidente de Marco Polo que propició el comienzo de la guerra (el intercambio de disparos entre tropas chinas y japonesas en el puente de ese nombre que hay a las afueras de Pekín) hubo una revuelta antijaponesa en Tongzhou, en las afueras de Pekín, en la que soldados chinos mataron a ciudadanos japoneses que vivían allí desde hacía tiempo, porque era una concesión diplomática establecida por los nipones hacía décadas. De manera parecida, cuando entre agosto y noviembre de 1937 el ejército chino intentó conquistar la concesión japonesa de Shanghái, en la que vivían 30.000 japoneses que no eran soldados, también hubo bombardeos a viviendas y fallecidos que no pertenecían al ejército.


Bombardeo chino cerca del Hotel Palace de Shanghai.

5- Es más, China también mató a muchos civiles chinos

Más allá de daños colaterales y fuego amigo, creo que China nunca debería olvidar que el ejército de Chiang Kai-shek, cuya principal estrategia contra los japoneses era huir de ellos para ganar tiempo, decidió en 1938 romper cientos de diques en el río Amarillo para causar inundaciones en su enorme cuenca e impedir el avance al interior del país de las tropas japonesas que acababan de conquistar Nankín, la capital china. En esas inundaciones provocadas se calcula que murieron entre 500.000 y 700.000 personas, una cifra incluso mayor que las víctimas de la famosa y no por ello menos horrorosa masacre de Nankín (300.000 muertos).


Los comunistas, entonces una fuerza pequeña (aunque creciente, y al final de la guerra ya comparable al ejército del Kuomintang) no perpetraron en esos años tamañas barbaridades, pero sí que se reportaron casos en los que sus guerrillas utilizaron duros métodos, a veces hasta ejecuciones, para convencer a campesinos a que se unieran a sus batallones. Esto ocurría sobre todo en zonas donde ya había resistencias antijaponesas pero no eran comunistas.

6- Murieron muchísimos más soldados nacionalistas (del Kuomintang) que comunistas

En la China actual, la comunista, se ha extendido durante décadas la idea de que fueron las guerrillas de Mao las que tuvieron que aguantar contra Japón, porque Chiang Kai-shek fue un cobarde que no quiso luchar contra los japoneses, que huía de ellos, y que estaba más obsesionado con matar comunistas chinos que invasores japoneses (famosa es su frase "la invasión japonesa es una enfermedad de la piel, pero el comunismo es una enfermedad del corazón"). Ya hemos visto en el epígrafe anterior que el Generalissimo Chiang tuvo métodos de lucha más que discutibles, y es cierto que muchas veces evitó la confrontación directa porque se sabía más débil que los japoneses, pero no es cierto que no plantara cara a Japón. La Batalla de Shanghái, que duró cuatro meses, fue una prueba de ello, o los intentos de defender Nankín o las ofensivas en años posteriores, en las que llegó a obtener importantes victorias bélicas incluso antes de que el conflicto se internacionalizara y China dejara de estar sola frente a Japón.


Oficiales del Kuomintang.


Entretanto, los comunistas, en el norte de China, se centraron en la guerra de guerrillas, cuyo principal efecto no fue otro que el de recordar constantemente a los japoneses que su dominio en la zona ocupada nunca estaría consolidado, lo que les sacó de quicio y posiblemente fue una de las causas de que fueran tan crueles con la población civil, por su creciente paranoia al pensar que todos estaban en contra de ellos. Sólo en los últimos años de la guerra los comunistas libraron batallas abiertas de verdad. También hay que decir que a principios de la guerra había muchos menos comunistas que nacionalistas, aunque con el paso de los años de conflicto los segundos fueron ganando muchísimos adeptos.

Esta forma diferente de aproximarse a la guerra se tradujo en el hecho de que el número de soldados fallecidos fuera mucho menor en las filas comunistas que en las del Kuomintang, es decir, en el ejército oficial de la entonces República de China: los maoístas perdieron unos 40.000 hombres en combate, y los subordinados de Chiang Kai-shek más de un millón.

7- Japón usó armas bacteriológicas contra China

La Alemania nazi pudo ser cruel en cuestiones como la existencia de campos de exterminio, pero al menos se puede decir en su favor que no hay constancia de que utilizara armas bacteriológicas contra ejércitos ni poblaciones aliadas. En cambio, Japón si lo hizo, y es más, podría decirse que fue el inventor de este tipo de ataques. Por ejemplo, en 1940 bombardeó la ciudad de Ningbo, un puerto en la costa este de China, con pulgas inoculadas con peste bubónica. Estos bombardeos tuvieron gran "éxito" y causaron gravísimas epidemias.

Para probar estas armas bacteriológicas, además, creó un laboratorio en el noreste de China, la tristemente famosa Unidad 731 (en las afueras de Harbin) donde se cometieron algunas de las mayores atrocidades de la guerra. Allí, antes incluso de que China y Japón entraran en guerra, se usaron miles de humanos, principalmente campesinos chinos (incluidos embarazadas y niños) como cobayas para probar el efecto de enfermedades, la resistencia del cuerpo al frío, los efectos en el cuerpo de nuevas armas como el lanzallamas... Los prisioneros eran atados a la intemperie en invierno para que se congelaran, se lanzaban granadas contra ellos para ver cómo quedaba el cuerpo tras la explosión, o se les inoculaban virus y se les viviseccionaba para ver cómo avanzaba la enfermedad en el cuerpo (se pensaba que aún vivos los efectos se veían mejor que si se les practicaban autopsias después de morir). El laboratorio quería desarrollar armas bacteriológicas, pero también buscar curas contra plagas que había entre las tropas japonesas, como la sífilis o la gonorrea (debido a las muchas violaciones) o fortalecer la salud de los soldados nipones al frío de cara a preparar una invasión japonesa de Siberia (por eso lo de congelar a gente a la fuerza).


También terrible es que los responsables de la Unidad 731, como el Doctor Mengele en Auschwitz, nunca fueron castigados. No porque escaparan, como hizo el enloquecido médico alemán, sino porque EEUU, tras detenerlos, les ofreció el perdón ¡a cambio de que entregaran toda la información sobre sus experimentos al ejército norteamericano! Y así EEUU también desarrollo su propio programa de armas bacteriológicas, entiendo que sin practicar los mismos crímenes de la humanidad, pero usando datos obtenidos de las aberraciones japonesas.

8- Durante la guerra, la colección de arte imperial viajó tanto como la del Museo del Prado durante la Guerra Civil Española

Si sois españoles, sabréis, u os sonará, que en la Guerra Civil española la enorme colección del Museo del Prado pasó muchas vicisitudes y estuvo al borde de perderse. Muchas de sus obras fueron evacuadas y viajaron a Valencia, luego a Cataluña, después acabaron en Ginebra (Suiza), al final regresaron a Madrid... Un jaleo, vamos.

Pues algo parecido pasó durante la guerra con Japón con la mayor colección de arte de China, que no es otra que la que los emperadores chinos tenían en la Ciudad Prohibida. Pero estas obras aún dieron más tumbos que las españolas: ya en 1933, cuando Japón acababa de conquistar Manchuria, Chiang Kai-shek ordenó llevar la colección imperial de Pekín a Shanghái. En 1936 se transportó a Nankín, entonces capital nacional. Cuando los japoneses comenzaron a avanzar hacia esa ciudad, se decidió llevar al centro del país, donde estaba guarecido el gobierno del Kuomintang, y las colecciones se guardaron en localidades como Leshan o Anshun. Después regresó a Nankín. Por último, cuando en la guerra civil entre comunistas y Kuomintang (1945-49) los segundos vieron que tenían la batalla perdida, se llevaron las mejores obras de la colección en barco a Taiwán, la isla donde se refugiaron. En Taiwán sigue gobernando el Kuomintang, y en su capital, Taipei, aún se exhibe esa colección, en el museo de la siguiente foto.


9- En China a la Segunda Guerra Mundial no se la llama Segunda Guerra Mundial


Como sabrán bien los que vivan en China, porque estos días nos están metiendo el concepto con calzador y hasta en la sopa, al conflicto vivido entre 1937 y 1945 lo llaman Guerra de Resistencia Contra Japón (航日战争). Para los chinos, esa guerra no tuvo mucho de internacional o mundial, al menos en su territorio: fuera de ayudas en forma de entrenamiento de soldados o comercio de armas o provisiones, no hubo mucho apoyo abierto de tropas de otros países.

Podrían contarse dos notables excepciones: la primera, los Tigres Voladores, un cuerpo de intrépidos pilotos estadounidenses que desde la India y Birmania volaban hasta China para entregar armas y otras ayudas a la resistencia china. En sus vuelos a veces tenían que hacer frente a los cañones o los kamikazes japoneses, y su ayuda comenzó incluso antes de que EEUU entrara formalmente en guerra contra Japón, tras el ataque de Pearl Harbour en 1941.


Tigres voladores, con sus famosas dentaduras.


La segunda excepción son las tropas soviéticas que con todo el pescado ya vendido, en agosto de 1945, entraron a China por el noreste del país para arrestar al ejército japonés que ocupaba China, el famoso e infame Ejército Kwantung.

China tuvo poca ayuda internacional, pero esa poca la recuerda mucho: los homenajes a soldados soviéticos y Tigres Voladores son muy frecuentes en este país, y no sólo en estos días de celebraciones (en los que el presidente chino ha condecorado a algunos rusos y estadounidenses de esa época que aún sobreviven, o a sus familiares).

10- El Auschwitz de los chinos pasó en Nankín

En Europa, el gran símbolo del horror de la guerra es el campo de exterminio de Auschwitz, y otros que hubo en el nazismo. Para los chinos, cumple esa función simbólica y catártica la llamada Matanza de Nankín, perpetrada por el ejército japonés en diciembre de 1937 y enero de 1938, y en la que murieron unas 300.000 personas, en su mayoría civiles o soldados chinos que se habían rendido ya.


Memorial en Nankín.


Los japoneses habían tomado la entonces capital china, pero por razones que incluso décadas después no se acaban de comprender (¿desespero porque la guerra se prolongaba más de lo que pensaban? ¿depresión colectiva?) emprendieron una campaña de asesinatos en masa y violaciones en la ciudad que se prolongó seis semanas. Había soldados que hacían concursos de a ver quién cortaba más cabezas, se ejecutaba públicamente, las mujeres eran asesinadas a bayonetazos después de ser forzadas... En ocasiones se obligó a los chinos a cometer esas violaciones, hasta cometiendo incestos (padres a sus hijas, hijos a sus madres) o entre monjes que habían hecho votos de castidad.

En esa matanza hubo extranjeros que salvaron miles de vidas de chinos, llevando a muchos de ellos en peligro de muerte a la zona diplomática, que pese al salvajismo del ejército japonés era bastante respetada. El más famoso fue el diplomático nazi John Rabe, que salvó a unos 200.000 chinos de la muerte, bastantes más que los 1.200 judíos que se calcula salvó el más famoso Oskar Schindler.

Con estos 10 puntos queda repasado aunque sea a vuelapluma un trozo del gran conflicto del siglo XX injustamente olvidado, quizá porque Hollywood siempre centró sus exitosas películas sobre aquella guerra en lo que más le convenía retratar, desde el Desembarco de Normandía a sus campañas en el Norte de África o en el Pacífico. Los chinos se quejan a menudo de ser los grandes olvidados en muchos asuntos -cuando no los marginados- y creo que al menos en lo que concierne a la II Guerra Mundial, en la que fueron uno de los pueblos que más sufrió, tienen más razón que un santo.


Logotipo del aniversario.


Por supuesto, todo esto no quita que ellos mismos pequen de olvidadizos en muchos otros hechos históricos posteriores igual de dramáticos, desde el Gran Salto Adelante a la Revolución Cultural o la Matanza de Tiananmen. Amnesias selectivas, que les llaman, pero en fin... los que puedan, que recuerden lo más posible de todos estos tristes sucesos, tanto el desarrollado en este post como los mencionados en este párrafo, porque quien no conoce su historia está condenado a repetirla (o al menos, condenado a que le citen de vez en cuando esta frase tan ranciofact).

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China expuesta

10 de Junio, 2015, 0:01

Desde el pasado mes de mayo se celebra en Milán la Exposición Universal 2015, sucesora de la de Shanghai 2010 y que esta vez tiene por tema principal la agricultura y la alimentación. La Expo empezó de forma muy accidentada, porque el día de su apertura muchos colectivos se manifestaron contra el despilfarro que según ellos supone en un país en crisis como es Italia. La batalla campal en Milán fue antológica, no se recordaba algo así en la ciudad desde que a Berlusconi le dieron allí mismo un catedralazo.

China participa en esta ocasión con un pabellón de aspecto bastante espectacular, con tejados ondulados que según los diseñadores quieren simbolizar el trigo mecido por el viento.


El tejado está hecho con pequeñas tiras de madera, lo que unido a su ondulación me recuerda bastante el original y rompedor pabellón de mimbre que España llevó a Shanghái 2010, y que gustó mucho en la expo universal china (cuyo tema fue la vida en las ciudades). No sé si es un homenaje, una copia, una inspiración, pero yo veo algo de herencia española (España, por cierto, ha sido un país tradicionalmente muy amante de estas fastuosas expos).

China vende su pabellón para Milán 2015 como el primero que ha sido realizado íntegramente por arquitectos chinos, ya que en anteriores exposiciones universales los chinos dependieron del país organizador para tener espacio expositor. Sin embargo, me choca esta afirmación, porque el pabellón de Shanghái 2010, por fuerza, lo diseñaron y construyeron chinos, quizá se refieran a que es la primera vez que lo hacen en el extranjero. El pabellón de 2010, por cierto, sigue en pie, ahora es un museo de arte moderno.


Podría pensarse que China es relativamente novata en esto de las exposiciones universales, ya que hasta 2010 no había organizado ninguna, pero no es así, incluso en muchas de las celebradas en el siglo XIX, en la época más dorada de estos eventos, también hubo pabellones chinos. A continuación os muestro algunas imágenes de esas participaciones:



Philadelphia 1876.


París 1878.


París 1889
(al fondo se ve la Torre Eiffel, también construida para aquella exposición).


París 1900.


Bruselas 1910.


Philadelphia 1926.


Knoxville 1982.


Sevilla 1992.
Durante muchas exposiciones de los 80 y 90
China recurrió a poner un típico arco chino en la puerta de su pabellón.
En Lisboa 1998 la entrada era prácticamente idéntica a la de Sevilla 92.


Hannover 2000.


Aichi 2005.


Zaragoza 2008.

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Adiós a un padre severo

23 de Marzo, 2015, 0:01

Hoy viajamos a Singapur, que diría un presentador televisivo, porque para ese país el día de hoy es uno de los más importantes de su relativamente corta Historia. El que era considerado padre de esa pequeña nación, Lee Kwan Yew, fallecía hoy a los 91 años de edad. Las webs informativas de la ciudad estado singapuresa se vestían todas de luto por este acontecimiento.










Lee Kwan Yew, como muchos singapureses, era de ascendencia china (su bisabuelo emigró desde Cantón en el siglo XIX), por lo que en este país desde el que os escribo también se ha recordado mucho hoy su figura. La televisión estatal CCTV ha dedicado gran parte de su canal informativo en inglés a recordar al personaje, y los líderes chinos han mandado nada menos que cinco mensajes de condolencias (uno del presidente, otro del primer ministro, otro del ministro de AAEE, otro del presidente del Legislativo y un quinto del viceprimer ministro para AAEE). Normalmente con un mensaje de condolencias China ya se da por satisfecha cuando hay que despedir a un líder extranjero, pero esta vez se ha multiplicado, una prueba de lo muy valorado que era Lee en China (al final del post explicaré por qué).

Lee es una figura muy singular, como singular es el país que dominó durante décadas. Para empezar, pese a ser ampliamente reconocido como el gran padre de la Singapur independiente, nunca fue un político nacionalista, es más, fue todo lo contrario: siempre se sintió a gusto con una Singapur que fuera parte de un país mayor, y cuando finalmente la ciudad se quedó sola, se adaptó a la circunstancia, como un padre que adopta a un niño huérfano. Mucho pragmatismo chino en sus venas, me parece a mí.

Así, cuando Singapur (que como sabréis es una isla en la puntita sur de la península de Malaca) era parte del Reino Unido, él era muy inglés: estudió en Cambridge, su lengua principal era la de Shakespeare, se llamaba Harry Lee... (aunque posteriormente preferiría usar su nombre tradicional chino). Después, cuando Singapur fue invadida por los japoneses, él estudió la lengua nipona y trabajó para los invasores como traductor, aunque también hay que decir que estuvo a punto de ser fusilado por ellos. Acabada la guerra, cuando Malasia se independizó de los británicos durante la descolonización de los años 50, él, que entonces ya era el principal líder local de Singapur, estaba convencido de que el futuro de la ciudad estaba dentro de la federación malasia. Singapur, de hecho, nunca se independizó de Malasia, sino que fue expulsada de ese país a raíz de problemas varios de tipo social y étnico, y uno de los momentos más famosos de la vida de Lee Kwan Yew es su llanto desconsolado cuando anunció a los singapureses por televisión que ya no eran parte de Malasia:



Recuperado de aquel disgusto, Lee Kwan Yew acabaría siendo primer ministro de Singapur durante 31 años, en los que consiguió que un país pobre, sin recursos naturales y superpoblado pasara en ese escaso periodo de tiempo de ser subdesarrollado a ser un dragón asiático y una de las naciones más ricas de Oriente, algo que según los historiadores ninguna nación del mundo ha conseguido en tan sólo una generación. Además, lo logró en un país étnicamente muy dividido entre chinos, malayos y tamiles hindúes, que hoy en día constituye un gran ejemplo mundial de convivencia y riqueza cultural, aunque todo sea dicho, los chinos son quienes dominan la política y la economía locales.

Pero Lee, como cualquier político, y más uno que lo ha sido durante tanto tiempo, tiene muchas páginas oscuras en su biografía. Lee construyó un Singapur próspero, estable, pero en absoluto democrático: su Partido para la Acción Popular ha tenido desde la creación del país la gran mayoría de los escaños en el parlamento (hasta los 80 los tuvo todos, y ahora aún conserva casi el 90 por ciento de las bancas). Sofocó cualquier intento de oposición a base de dinero y con la fuerza de los tribunales, y mostró tal apego al poder que en realidad nunca se retiró de él. En 1990, al dejar la jefatura de Gobierno, fue nombrado "ministro emérito", y en 2004, cuando su hijo Lee Hsien Loong también consiguió ser nombrado primer ministro, el padre asumió un cargo expresamente creado para él, el de "ministro mentor", que ocupó hasta su muerte. Lee Kwan Yew, por todo ello, se puede decir que ocupó puestos ministeriales durante más de medio siglo, lo que lo convierte en uno de los altos cargos más longevos de la historia reciente.

La Singapur edificada por Lee es un país atareado, moderno y limpio como una patena, donde los rascacielos conviven con bellos barrios ajardinados y donde la pobreza de otros países del sureste asiático parece lejana, pero es también un régimen fuertemente autoritario donde el código penal todavía completa los estacazos como castigo (él era un gran defensor del castigo corporal al estilo de los colegios ingleses), los chicles están prohibidos o la familia Lee concentra buena parte del poder político y el económico (sus hijos controlan las empresas de telecomunicaciones, la importante financiera Temasek, la aviación civil...). Eso sí, ha conseguido que la comunidad internacional apenas se acuerde de ello, aunque quizá juega a su favor que sea un país relativamente pequeño, o que tiene una nada desdeñable parte de las riendas financieras mundiales.

Por todo ello, por lo bueno y por lo malo, Singapur es desde hace 30 años el lugar al que los líderes comunistas de China miran con atención para intentar copiar su éxito de país con dinero y sin libertad, aunque la enorme diferencia de tamaño entre los dos países dificulte mucho ese proyecto. No lo dicen abiertamente, pero una meritocracia desarrollista a la singapuresa -sea real o no la que tiene la ciudad estado- es el gran sueño de los comunistas chinos desde los tiempos de Deng Xiaoping, y por eso no es de extrañar que hoy los líderes del gigante asiático se hayan deshecho en elogios hacia Lee. Aunque durante la Segunda Guerra Mundial ayudara a los japoneses como intérprete, o aunque en años posteriores rompiera relaciones con los comunistas singapureses, que en un principio formaban parte del mismo partido que él pero acabaron siendo echados por sorpresa de la formación. A cambio, Lee fue un gran defensor y promotor de la reunificación entre China y Taiwán, y promovió en Singapur la enseñanza del chino mandarín, hasta el punto de que en ese país se habla un chino más estándar que el de Pekín o Taipei.

Puede incluso que Lee diera a los chinos la idea de la famosa política del hijo único, porque antes de que China la implantara en los años 70, en Singapur él estableció en los 60 la política de los "dos hijos únicos", en la que a las familias se les animaba a esterilizarse tras tener la parejita.

¿Buen o mal político? Cada uno que se lleve la conclusión que quiera. En todo caso, un importantísimo personaje para Singapur, y quizá para los chinos en general. Nixon dijo de él que si hubiera nacido en un país más grande sería una figura histórica de la talla de Churchill, pero tanto Nixon como Churchill -again, políticos- tampoco eran santos para ser puestos en peanas. En fin, que descanse en paz.

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Los líderes y los líderes primero

10 de Diciembre, 2014, 0:01

El 8 de diciembre de 1994, en Karamay (una localidad de la región china de Xinjiang) se celebró una función especialmente dedicada a las autoridades locales en el Teatro de la Amistad, principal de la ciudad. Karamay, que significa "aceite negro" en uigur, se fundó en los años 50 para alojar a los miles de trabajadores que llegaron para trabajar en el gigantesco yacimiento de petróleo, el mayor de China, que se descubrió allí en esa época.


El teatro, que había sido construido en esos mismos años 50 con ayuda de los soviéticos.


Los mejores niños de la ciudad, seleccionados especialmente para la función, cantaban y bailaban melodías revolucionarias y tradicionales ante alcaldes, concejales, presidentes de las petroleras (en ocasiones todos estos cargos se solapaban) y responsables de educación. También había muchos niños y profesores en las butacas.

En el primer acto alguien olió a quemado, pero no se alarmó especialmente. Empezado ya el segundo acto, comenzaron a caer chispas del aire: algunos pensaban que era confetti, pero se trataba de las brasas de un incendio que rápidamente se extendió a todo el recinto y lo destruyó por completo. 325 personas murieron, casi la mitad de las que estaban allí, entre ellas 288 niños de entre seis y 14 años (el resto de los fallecidos eran en su mayoría sus profesores). La mayoría de los líderes, en cambio, salieron ilesos, y eso que al encontrarse en la primera fila de las butacas, eran los más alejados de la entrada (las salidas de emergencia estaban todas cerradas con candado). Muchos de los supervivientes aseguraron que, a la hora de evacuar, se oyó a los profesores pedir a sus alumnos que se quedaran sentados y les gritaron:

"¡Dejad salir a los líderes primero!"

El pasado lunes se cumplió el vigésimo aniversario de este triste suceso. Por supuesto, no hubo ninguna mención, que yo sepa al menos, en los medios de comunicación chinos, y en la ciudad no hubo homenajes públicos. El incendio avergüenza al régimen y por ello está condenado al olvido forzado, igual que otros sucesos más famosos al menos fuera de China, como la matanza de Tiananmen, las hambrunas provocadas por la mala planificación económica del Gran Salto Adelante o los linchamientos públicos de la Revolución Cultural.

Ha habido incendios con más víctimas que el de Karamay. Los cines y teatros en el siglo XX eran lugares muy peligrosos, por la falta de ventilación y lo fácilmente inflamables que eran los rollos de película. Buena parte de los peores incendios de edificios en la historia han sido en esos recintos para espectáculos. Pero el caso de Karamay tiene alrededor un toque de infamia, injusticia y horror especial. La frase "dejad salir a los líderes primero" fue usada en los 90 en toda China como lema velado de protesta, para simbolizar la poca importancia que el régimen comunista chino daba a los problemas del pueblo.


Concentraciones de los familiares de las víctimas poco después del incendio.


Otras graves negligencias y decisiones canallas rodearon el incendio de Karamay:

-Cuando se declaró el fuego, se ordenó bajar el telón, para que el público no viera las llamas, lo que retrasó la evacuación hasta que ya era demasiado tarde, comenzaron las estampidas por pánico y aumentaron así las víctimas mortales.

-El teatro de Karamay había tenido un pequeño incendio antes del ocurrido el 8 de diciembre de 1994, pero a pesar de ello no se habían tomado las necesarias medidas de seguridad, y tras una renovación que había habido ese mismo año, el recinto aún era más cerrado y claustrofóbico que antes (habían puesto barrotes en las ventanas, por ejemplo). En el momento del incendio, nueve de las 10 entradas al lugar estaban cerradas con llave.

-Apenas horas después del desastre, las autoridades ordenaron a los padres de los niños fallecidos que llevaran los cadáveres a las unidades de trabajo de cada uno, con el único fin de que no estuvieran todos juntos y la prensa no pudiera hacer una foto de todas las víctimas a la vez, para que así quedara en parte minimizada la catástrofe.

-Las autoridades impusieron, pese a que muchos padres no lo querían, el título de "mártires" a los niños, lo que hace que en sus lápidas aparezcan referencias al gobierno local y al régimen comunista que los progenitores, dadas las circunstancias del suceso, aborrecen con toda su alma. Además, aquello fue un acto de vacía propaganda, porque si en China te otorgan el título de mártir tras tu muerte, tus familiares tienen derecho a una pensión y unos beneficios especiales que los padres de los niños nunca recibieron.

Las negligencias, maltratos y desprecios apenas se saldaron con unas pocas condenas, la mayor de cinco años de prisión, para cinco funcionarios locales, entre ellos alguno de los que se había salvado en la elitista evacuación.

En el año 2010, un osado director chino llamado Xu Xin realizó un largo documental sobre aquel suceso, llamado sencillamente "Karamay", y que os enlazo al final del post, por si lo queréis ver (ni que decir tiene, en China está prohibido). 


No es fácil de ver, primero porque dura nada menos que seis horas, y segundo porque es extremadamente duro: en gran parte son entrevistas con cámara doméstica a padres de niños que murieron en el incendio, quienes más de una década después aún recuerdan el suceso con rabia, lágrimas y mucho dolor, como si hubiera sido ayer. También hay imágenes de archivo, algunas terribles, de la entrada de los líderes al teatro, de los primeros minutos de la función, del chapucero rescate de cadáveres, del cruel hacinamiento de cuerpos en el hospital, de los funerales. Duele verlas, pero a la vez sorprende que existan tantas imágenes de todo aquello, en una época en la que aún no había cámaras digitales y se supone que la censura era aún mayor que la de ahora (o no, vaya usted a saber)...

No es fácil de ver "Karamay", decía, pero si uno se prepara anímicamente para ello y hace de tripas corazón, vale la pena y mucho, es uno de los mejores documentales que jamás se han hecho en China. Los protagonistas abren su corazón de par en par, cuentan lo que realmente piensan, sin miedo a castigos de las autoridades o a ser políticamente incorrectos. Una madre, por ejemplo, confiesa cómo participó en una paliza que le dio junto a otros padres de víctimas a una funcionaria de los juzgados locales, por decirles que merecían lo que les había pasado. Otra dice que la policía les dispersaba cuando hacían sentadas de protesta por el trato recibido, pero que los mismos agentes les aseguraban que estaban con ellos, que sólo obedecían las órdenas de mala gana. Otra opina que el gobierno comunista chino es un gran engaño, pero a la vez admite que delante de su segunda hija dice otra cosa para que ella pueda tener una vida futura mejor. En sus testimonios veréis la forma de ser de los chinos ante la adversidad y la injusticia, las contradicciones de su sociedad y su política, aprenderéis más que con mil noticias o películas del país, os lo aseguro. Es extremadamente duro de ver, pero es la China de verdad.






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