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20. Asuntos personales


Las pasas que viajaron de Pekín a Bangkok

27 de Enero, 2012, 0:01


Ha llegado el momento de contar qué pasó con la bolsa de pasas que en el
grupo de Facebook de este blog se ha convertido en una historia con vida propia. Pero antes voy a poner en antecedentes a todos los lectores del blog, porque alguno de ellos igual no está en Facebook y no sabe de qué va la película... Aviso que, para no afectar demasiado a la intimidad de los protagonistas de esta historia, voy a cambiar los nombres reales de todos ellos.

Desde hace unos meses vive en mi casa, un poco en plan okupa, un amigo artista chino al que conozco casi desde que llegué a Pekín, llamado Florindo. Florindo estuvo casado con una tailandesa hace unos diez años, y tuvieron una hija, Zenobia, pero al final se divorciaron, la esposa regresó a Tailandia y se llevó a la hija con ella, por lo que Florindo la ve muy poco, una vez al año o incluso menos.

A finales de diciembre decidí viajar a Tailandia en mis vacaciones invernales y se lo conté a Florindo, quien dijo que, aprovechando la coyuntura, compraría algo para Zenobia para que yo se lo llevara, si tenía tiempo. Accedí muy gustoso, porque me pareció una buena ocasión de conocer una familia tailandesa en su salsa (Tailandia es tan turístico que es difícil conocerlo de verdad).

Mi alegría se transformó en terror cuando descubrí que el regalo que mi amigo Florindo había decidido entregar a su hija Zenobia era una bolsa de pasas. Aunque tras diez años en China entiendo que hay diferencias culturales y que a veces hay que aceptarlas con resignación, me pareció totalmente inaceptable y execrable un regalo tal, y así lo comenté en el Facebook, sin que el pobre Florindo se enterara.

Mis facebookamigos coincidieron en que Florindo se había "pasado" con las pasas, así que, armado de valor, me dirigí a mi amigo y le comenté: "Florindo, Florindo, a lo mejor deberías cambiar el regalo que le vas a hacer a tu hija a la que no ves hace más de un año". La respuesta de mi amigo fue contundente: "¿Por qué? ¡Ésas pasas son de las mejores!".

Intenté con paciencia -qué demonios, lo intenté a gritos- explicar a Florindo que ni unas pasas con sabor a frescor del Caribe podrían parecerle a una niña de 12 años como Zenobia un regalo aceptable, por más china que sea la mitad de la sangre que corre bajo sus venas. Finalmente, apenas unas horas antes de que Florindo emprendiera un viaje de negocios, cedió y me pidió acompañarle a un centro comercial para comprar a Zenobia otro regalo "por si acaso". La imagen de Florindo y yo, Conrado, eligiendo una joyita para Zenobia en una tienda era de lo más surrealista, parecíamos un matrimonio gayer en bodas de plata.

Parece ser que Florindo todavía quedó con algún remordimiento por mi culpa, porque cuando yo ya me encontraba en Bangkok aún me escribió un email pidiendo que por favor añadiera al pack de regalos un sobre rojo con dinero ("hongbao", típico presente a los niños chinos en Año Nuevo Lunar) con 1.000 bahts, que vienen a ser 200 yuanes, o unos 20 eurillos.

Con todo ello me dirigí a la casa de Zenobia en las afueras de Bangkok. La madre de Zenobia trabaja fuera de la capital tailandesa unos meses, así que la niña ha quedado bajo el cuidado del resto de su familia, que se compone básicamente de dos hermanos y de su madre, ya bastante mayor. Cada uno tiene una casa, pero las tres están en la misma barriada, en la localidad de Nonthaburi (afueras septentrionales de Bangkok).

Allí legué, y quedé bastante sorprendido, porque yo, que como todo el mundo tiene sus prejuicios, me esperaba encontrar unas casas muy humildes, quizá en un entorno rural con gallinas en el cuarto de estar y tal... Pero nada de eso. La primera casa que visité, la de uno de los hermanos, era un señor chalet de dos pisos con mueble bar y chimenea, lleno de libros y decorado con toda clase de antigüedades.


Este hermano, que se llama Eisenhower, es al parecer un alto responsable de una famosa cadena de hoteles internacional. Su hermano es director de arte de una agencia de publicidad tailandesa, todo un Mad Men local.

La casa de la abuela de Zenobia tampoco se privaba de nada: una tele de 50 pulgadas, un ordenador Mac que ya lo quisiera para mí... Decoración sencilla pero exquisita, nada hortera, y un ambiente agradabilísimo. Aunque yo actuaba de desconocido emisario -y emisario, además, de un ex marido- se me trató como un viejo amigo de la familia: fui invitado a comer comida de la abuela, recibí una pulsera de plata hecha también por la abuela, y hasta una agenda de la agencia de publicidad donde trabaja uno de los hermanos. Mucho presente, pero, eso sí,nada de pasas (si me llegan a regalar pasas también a mí, hubiera sido el despelote).

¡Las pasas! Con tanto agasajo casi se me olvidaron los regalos, y que se los tenía que dar a una niña llamada Zenobia. "¿Dónde está Zenobia?", pregunté, ocultando a duras penas semanas de ansiedad por ver qué cara pondría la chica al ver los regalos. "No está en casa, porque estudia en un internado, y sólo viene a casa los fines de semana", me explicaron. Qué rabia, mi tarea iba a cumplirse sólo a medias...

Para intentar compensar un poco esta decepción, le pedí a Eisenhower si por favor le podía hacer una foto con la bolsa de pasas, "para demostrar a Florindo que las habían recibido". La verdad es que la foto en realidad era para seguir aquí el cotilleo... Aquí tenéis el documento histórico.


Eisenhower posa con la bolsa de pasas en el cuarto de estar de su casa, junto a una repisa en la que tiene fotos suyas arrodillado ante el Rey de Tailandia, con una de las princesas... Esto imagino que es una muestra del fervor que los tailandeses sienten por su rey, figura intocable en el país. No sé si una foto del rey junto a una bolsa de pasas es considerable como delito en Tailandia, espero que no (y si lo es, por favor no digáis nada a ningún tailandés que conozcáis).

Que la niña estuviera en la escuela no significaba que no pudiera verla: Eisenhower se ofreció a llevarme al colegio para saludarla. Os juro que por un instante pensé en tomar la bolsa de pasas y dársela en mitad de la clase a la chiquilla, pero pensé que a lo mejor ello no sólo la traumatizaba por el pésimo gusto de su padre, sino también por la posible crueldad de los compañeros de clase, que a lo mejor desde entonces la apodarían "pasilla" o "uvaseca". Decidí cortarme un poco e ir con las manos vacías, ya recogería la niña los regalos el fin de semana.

Llegamos a la escuela, que estaba bastante cerca -curioso que esté allí internada pese a que esté al lado de casa, pero igual es una costumbre tailandesa- y allí estaba Zenobia, con sus trenzas, en clase de Geografía... con el retrato del rey Bumibhol presidiendo el aula, por supuesto...


Eisenhower pidió a la profesora que Zenobia saliera un momento del aula, y le saludé en chino, aunque ella, que siempre ha sido muy tímida, estaba realmente incómoda... Más que la bolsa de pasas, lo que le hizo pasar un mal rato ese día fue que un guiri extraño llegara a su aula peguntando por ella. En fin, le pregunté en chino -que se le ha olvidado bastante- si se acordaba de mí, pues no nos habíamos visto desde que tenía seis años (ahora tiene el doble). Le di saludos de parte de su padre, y le conté que le había traído unos regalos de Florindo, entre ellos "cosas buenas para comer". Zenobia volvió más que pitando y colorada a la clase, yo me despedí de Eisenhower, y le dije a Florindo que misión cumplida, aunque le comenté que no va a ser fácil que la bolsa de pasas y el resto de regalos convenzan a la niña de volver un día a China, porque la verdad es que en Nontabhuri tiene una vida bastante buena.

ACTUALIZACIÓN (1/2/2012): Podría haber secuela de la peli... Sigo en Tailandia y mi amigo Florindo -menudo jeta- me dice que a ver si puedo volver a casa de Eisenhower para llevarle de vuelta a Pekín unas fotos que tiene allí... ¡Joder, podría haberlo dicho antes, que Nonthaburi no está precisamente al lado!

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Sexto chinochaño... guau

21 de Noviembre, 2011, 0:01



En el anterior post expresé mi odio hacia el mes de noviembre en su totalidad, pero ahora en frío reconozco que me pasé. Muchos Escorpios y algún Sagitario nacidos en este mes me han escrito cartas en las que las lágrimas emborronaban renglones en los que escribían que cómo podía yo hacerles algo así, mancillar el mes en el que vinieron al mundo. Y la localidad de Quince de Noviembre, en Brasil, me ha declarado persona non grata.

En resumen, creo que tengo que ofrecer mis disculpas, y matizar mis palabras: noviembre no es un mes tan malo como lo pinté, y además para mí mismo tiene dos días especiales: el 11 del noviembre, que es algo así como el santo de mi perra Once, y el día de hoy, 21 de noviembre, en el que este blog cumple años, seis en esta ocasión. Mi blog, nacido en una ociosa noche de otoño de 2005 en la que anunciaba estar en no sé qué club, ya tendría edad para empezar la EGB, si fuera un ser humano y si la EGB aún existiera.

Pasa el tiempo para este blog, para este servidor que lo escribe y para todos. Un año, dos, tres, cuatro, cinco... y ahora el sexto. Seis años en los que como mucho he estado tres o cuatro días sin postear... ¿Pero por qué no descanso, por dios? ¿Y cuánto ocuparía todo lo escrito si lo imprimiera?

Otros años aprovecho el aniversario para repasar lo acontecido en el blog en el último año, a veces condensándolo en una sola palabra (el año primero fue "el de la novedad", el segundo "el de los premios", el tercero "el de las polémicas", etc). Pero este año se me antoja difícil resumir tanto, porque el año ha sido eso, difícil en lo personal, y eso quizá ha afectado al blog... Hubo salud, que es lo importante, pero ni el trabajo, ni la economía ni el amor han ido precisamente bien. No os quiero dar la paliza con mis problemas, que cada uno tiene los suyos, y más en estos años de crisis, pero bueno, por poneros un ejemplo que de hecho ya comenté, para mí fue un palo bastante gordo que tras tantos años aquí, y rompiendo a veces tant
as lanzas en favor de China, su policía me amenazara a mí y a otros periodistas con echarnos en el mes de marzo... Siendo periodista, ya sabemos que estas cosas son gajes del oficio, pero me sentí un poco mal y para mí ese acontecimiento marcó un antes y un después en mi "idilio" hacia este país...

En fin, lo único que puedo decir de bueno ante todos los problemas del año es que cargué con las adversidades con una serenidad que me ha sorprendido, y puede que este blog haya servido precisamente de ancla de estabilidad, pese a que no lo actualicé tan a menudo como otros años.

Otra que me ha ayudado a llevar doce meses muy complicados con algo de cordura ha sido una compañera inesperada, que llegó también hace cosa de un año: mi perra Once, ya la conocéis, y que precisamente ha sido una de las protagonistas de esta bitácora en más de una ocasión (su presentación en sociedad, sus dominios en invierno, en verano...). Yo, que jamás había sentido nada de afección por los perros, he descubierto que éstos hacen algo admirable, y es que te quieren sin condiciones, algo que es muy difícil de encontrar en los humanos, me temo. También hay que decir que Once ha sido también un poco culpable de que tuviera menos tiempo para el blog: sacarla a pasear, veterinario, tirarle el peluche para que fuera a buscarlo, ¡un perro da mucho trabajo!

Otro asunto mucho menos agradable que ha dominado el año en el blog ha sido el insoportable spam en los comentarios. Todos los años se había colado algún robot vendiendo Uggboots o CheapCalvinKlein, pero lo de este año ha sido exagerado, execrable, exasperante y algún otro adjetivo que empiece por ex. A la vez que han aumentado estos anuncios mierdosos, han descendido los de personas de carne y hueso, lo cual me ha desanimado un poco, pero bueno, hay que decir que mucha gente ahora comenta en el Grupo de Facebook, pues ya se sabe que ya no estamos en la época de los blogs, sino en la de las redes sociales.

Hablando de redes sociales, he de reconocer otra cosa... Debe ser porque uno ya va teniendo sus años y no puede incorporarse tan entusiásticamente como antes a las modas interneteras, pero este año admito que no he podido, ni he querido, unirme a la gran moda del momento en la red, que es Twitter (o en China su versión local, los "Weibos"). Lo he intentado, señores, y no puedo: el microblogging me da pereza y pampurria al mismo tiempo, no pillo su gracia, y me pongo del hígado cada vez que veo noticias en las que un twiteo es el protagonista, por lo que abrigo en sueños la maligna esperanza de que un día la moda pase y Twitter cierre como lo hicieron en su día MSN Spaces o Geocities. Participé en la moda de los blogs, la del Facebook, pero la del Twitter no es para mí, y eso que tengo cuenta propia desde hace más de dos años (no la miro casi nunca, así que los que me mandáis cosas a @chinochano, disculpadme si no os contesto).

En fin, resumiendo, que fue un año difícil, con spam, con perra y sin Twitter. Un año en el que este blog, más vale tarde que nunca, estableció sus
principios fundacionales para intentar poner punto final a unas discusiones que muchas veces hemos tenido en los comentarios (y la verdad es que después de ese post no hemos vuelto casi a hablar del asunto). También hubo espacio para celebrar 10 años en China, o para darse una vuelta por los bares pequineses. Mis posts favoritos del año han sido, como de costumbre, los más surrealistas: el de adivinanzas de "se levanta el telón" o el del 23-F achinado, entre otros.

Pues eso, que comienza el séptimo año, y espero que éste se aleje poco a poco de las complicaciones del sexto y tenga más surrealismo, más concursos (este año los eché de menos, ¿vosotros también?) y más participación de los lectores. Seguimos al pie del cañón, a las duras y a las maduras, porque, seis años después... resulta que Chinochano
es mi constante.

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Décimo aniversario
de otra cosa

12 de Septiembre, 2011, 0:01





La semana pasada -especialmente ayer, domingo- los medios dedicaron gran atención al décimo aniversario de los atentados del 11-S, de los que no voy a hablar demasiado aquí porque, por muy gordo e impactante que sea el tema, imagino que debéis de estar hasta la coronilla de él. Y bastante hartos de comentarios del tipo "pues yo estaba en ese momento comiendo lentejas y vi que iba a cambiar nuestra vida para siempre".

Sólo diré que en Pekín el espíritu de aquellos edificios derrumbados pervive: hay unas Torres Gemelas (las que tenéis retratadas a la derecha), un World Trade Center (la imagen al final del post), y las torres neoyorquinas originales hasta han ilustrado alguna vez obras en mi barrio.

Por otro lado, hoy quiero destacar que yo también celebro estos días el décimo aniversario de algo que cambió mi vida para siempre, ya que al día siguiente de los atentados volé a Pekín por primera vez, llegué a la capital china un día después, el 13 de septiembre de 2001, y desde entonces resido y trabajo allí (aunque esta vez el aniversario me pilla de vacaciones en España). Llevo diez años en China, cuando parece que fue ayer... ¡Cagüensós, cómo pasa el tiempo de rápido!

La casi coincidencia de aquel viaje que cambió mi vida con los atentados que nos cambiaron a todos la vida ya la mencioné hace unos meses, cuando convirtieron a Bin Laden en comida para peces, así que no voy a comentarlo demasiado. Añadiré a lo dicho entonces que en las semanas anteriores a aquellos días de 2001 mi lado pesimista decía "ya verás como pasará algo a última hora que te impedirá volar y te quedarás sin trabajo en China", así que cuando ocurrieron los atentados pensé que mis malos augurios se iban a cumplir. Al final no fue así, pues sólo se cancelaron en Barajas los vuelos a Estados Unidos, y yo, que sólo había tomado dos aviones a Roma hasta entonces, comencé un largo periplo de 13 horas (y 10 años).

Ya he hecho muchas veces "balance" de mis años en China, así que esta vez no voy a hacerlo... tomé aquella decisión sin pensarlo demasiado, encontré en Pekín amores y trabajos (ninguna de las dos cosas ha sido cien por cien perfecta, aunque imagino que eso le pasa a casi todo el mundo esté dónde esté) y ya no hay vuelta atrás, lo que pasó pasó (entre los dos).

Que haga balances el contable... esta vez, en vez de reflexionar sobre el paso del tiempo y otras cosas deprimentes, voy a hacer caso a mi sobrina Carmen, que fue la que me acompañó al aeropuerto en aquel viaje hace hoy diez años, y os voy a reproducir uno de los primeros emails que escribí desde Pekín, el 16 de septiembre de 2001, cuando todo era nuevo, extraño y desconocido para mí. Todavía hacía chistes de chinos hablando con la ele y esas cosas que a un residente en el país asiático ahora jamás se le ocurrirían...


¡Hola Carmen! Antes que nada, para que no se me olvide, te pido dos favores: que metas en la bolsa que has de darle a Silvia la vacuna, que me la dejé en tu nevera. Está en una bolsa, a la que has de ponerle una cosa de esas de plástico con agua dentro, que está en tu congelador. La otra es que quites de la bolsa la toalla que hay, porque no la necesito y no hará mas que bulto. Bueno, tres favores: mira a ver si me puedes poner un par de tenedores en la bolsa, porque en China no existen.

Llevo tres días aquí y sigo hecho polvo, el jet lag de los cojones no se me quita ni a tiros. Me despierto todos los días a las tres y cuarto de la mañana en punto, y hasta las nueve o así no vuelvo a tener sueño. Y mañana ya trabajo...

En las noches en vela me divierto -entre comillas- viendo la tele china: todos los programas son subtitulados, porque la escritura se entiende en todo el país pero no el habla, y hay de todo: campeonatos nacionales de pulso, partidos de la liga china en la que en vez de Manolo el del Bombo ameniza el partido Manolo el del Gong
, películas de lo mas cutre...

Xinhua es un edificio
con pinta de haberse construido en 1960, pero es de 1991: En cada planta hay un soldado del ejélcito rojo que se pasa todo el día vigilando en posición de firmes... Y paradójicamente, no hay ni arcos de seguridad, ni ninguna otra cosa. China confía en sus hombres.

La ciudad es un inmenso basurero, a juzgar por el olor, que empecé a advertir en el avión y tambien se nota en mi cocina. Los edificios modernos son de lo mas kitsch, y con los neones de la noche mucho más.

Aquí todo el mundo habla inglés a la perfección, y a mí me da un corte tremendo cuando tengo que chapurrear mi inglés de "If if between between".

El viernes estuvimos en el Barrio Ruso de Pekin (aquí no hay barrio chino, porque no tendría gracia). Entramos en un restaurante
que parecía un Hard Rock, y en el que no se podía hablar porque había un trío cantando canciones rusas con balalaika y todo.

Me han dicho que tenga cuidado con las chinas, que están deseando cazar a un occidental para irse de China. Pero tal y como estan las cosas en Occidente, a ver si voy a ser yo el que cace una china para quedarme en China.

Esto no va a ser fácil: entre el idioma, la contaminación, lo lejos que está todo, el clima, etc, voy a pasarlas canutas, pero China es así, sólo para espílitus fueltes.

Ya te cuento más cosas otro día, porque hoy aún estoy atontao y además tengo que responder decenas de mails. Un beso muy fuerte.


En fin, un correo escrito por un yo 10 años más joven, casi un desconocido para el actual yo. He omitido una línea en la que llamé fea a una persona y calva a otra: era la parte que más gracia me hacía, pero no quiero que nadie se enfade conmigo...

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Servicios máximos desde España

27 de Agosto, 2011, 0:01

Bueno, por fin han comenzado mis vacaciones, este año más tarde que en anteriores, y ya estoy en España, una vez más gracias a la rusa Aeroflot y sus azafatas vestidas como si estuviéramos en 1965.

Estoy en Madrid, pero prácticamente aún no ha salido de casa, sólo puedo comentar de mi tierra natal que por la noche hace un frío de muerte... No me acordaba de que en España, a diferencia de China, refresca de noche también en verano. También he de alabar la velocidad del internet español, tras semanas desesperantes en la red china... Estoy actualizando el IPhone con el iTunes, que en China no hay manera de hacerlo. 

Otros años este email de llegada suele servir para avisar de que en las próximas semanas la frecuencia de posteo va a ser menor, que va a haber servicios mínimos... Pero esta vez ocurre que en los pasados meses, incluso en Pekín, he posteado menos de la cuenta, así que creo que no habrá una reducción de frecuencias vacacional.

Eso sí, como el año pasado, os conmino a que enviéis preguntas de cosas sobre China que os tengan sin dormir, para recuperar el consultorio estival. Sin embargo, esta vez no creo que dedique el blog sólo a esas consultas, pues tengo alguna fotillo y algún tema que comentar más... Si no se me olvidan, porque cuando estoy en España, China me queda como un lugar remoto y olvidado por mi memoria, es bastante impresionante cómo cambio el chip.

También aviso, ya lo habréis visto, que al ir de ordenador en ordenador estas semanas, puede haber algún cambio involuntario de diseño y tamaño en las fuentes, que se solventará lo antes posible.

En fin... a vacacionear, que es lo importante.

PD: El que hizo el cartel que ilustra el post probablemente confundió a Marco Polo con otro famoso viajero, Gulliver...

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Viajes de la infancia y del futuro

13 de Abril, 2011, 0:01

Ahora todo el mundo de mi edad recuerda en España lo míticos que eran programas de los 80 como "La Bola de Cristal", pero a mí hubo otros que me marcaron en aquella televisiva infancia mucho más, aunque nadie los homenajee nunca. Uno de ellos era "El Planeta Imaginario", que para empezar tenía una sintonía de comienzo fantástica (grande Isao Tomita) y por si eso fuera poco poseía un contenido excepcional, tanto en narrativa como en expresión artística.

Otro programa de esa época que definitivamente hizo saltar algún resorte en mi cerebro es el injustamente olvidado concurso "A la caza del tesoro", presentado por Isabel Tenaille y en el que el bigotudo aventurero Miguel de la Quadra-Salcedo recorría países de todo el mundo buscando pistas en una especie de ginkana en helicóptero que siempre le hacía sudar mucho.



Es posible y hasta probable que cuando viajo por Asia, armado de una guía de viajes y un mapa, subconscientemente estoy intentando revivir aquel concurso, buscando una pagoda rara destacada por la Lonely Planet para encontrar en su tejado la pista número uno que ayude a dos concursantes de los 80 horriblemente vestidos a lograr un jugoso premio de 50.000 pesetas.

De la Quadra-Salcedo era y sigue siendo, casi 30 años después, un señor con aspecto de explorador decimonónico, de Allan Quatermain en busca de las Minas del Rey Salomón. A veces no me acuerdo de lo que hice hace una semana, pero sin embargo recuerdo algunas otras cosas relacionadas con este señor en los años 80: por ejemplo, tengo perfectamente grabado en la memoria que en la sección de pasatiempos de El País Semanal había un juego llamado "Scotland Yuste" o algo así, en la que cada fin de semana inventaban un relato detectivesco donde se asesinaba en la ficción a un personaje real famoso en aquella época (Maradona, Julio Iglesias, Curro Romero, McEnroe, María Luisa Seco...). Los lectores tenían entonces que descubrir quién era el asesino. El primer capítulo de este truculento juego, bajo el título "El Puñal Malayo", acababa "asesinando" a De la Quadra-Salcedo durante su concurso cazatesoros, y yo, que todavía no diferenciaba mucho lo que era noticia y lo que no en una revista, pensé que había ocurrido de verdad y me traumaticé bastante.

Todos estos recuerdos de lecturas y televisiones, sorprendentemente claros y nítidos, han regresado a mi cabeza cuando hoy ha sonado el teléfono en mi oficina, lo he cogido y al otro lado estaba el mítico De la Quadra-Salcedo, para contarnos que el próximo año otro de los programas que le hizo famoso, "La Ruta Quetzal" (en el que jóvenes de secundaria viajan a Latinoamérica para aprender sobre los grandes viajes españoles a las Indias) pasará por primera vez por China, el primer país no americano o ibérico por el que se adentrarán los jóvenes aventureros.Ya hace cuatro años la famosa ruta, iniciada en 1979, homenajeó a los "Galeones de China" que unían México con Filipinas trayendo muchos productos del gigante asiático, pero pese a ello no se viajó aquella vez a China, ni siquiera a las Filipinas: De la Quadra y sus alumnos únicamente se desplazaron a México, para ver allí qué legado habían dejado aquellos galeones.

La conversación ha durado un minuto, y en ella, por supuesto, me he guardado con discreción y timidez aquellos recuerdos de la infancia. Sólo le he dado al Tintín español un número de teléfono y le he dicho "hasta el año que viene". Pero no quería yo olvidar una pequeña anécdota que me ha traído recuerdos, como decía, más claros que los de la semana pasada, así que he decidido escribir este post nostaaaaaalgico.

Señor De la Quadra-Salcedo, bienvenido sea a China, y no se preocupe que como vea un puñal malayo por aquí ordeno su inmediata fundición.

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Por qué este blog es tan poco serio

14 de Marzo, 2011, 0:01


Este post surge en respuesta a una de las críticas que más habitualmente recibo en los comentarios y en algún email: la de que este blog da la espalda a los problemas de China, que es ciego a las injusticias, y se detiene en aspectos superficiales, poco polémicos y lúdico-festivos. Esta crítica se debe, creo, a que algunos lectores saben que yo soy periodista en mis ratos no libres, y piensan -erróneamente- que esto es una parte más de mi labor periodística, cuando en realidad es un hobby de mi tiempo de relajo.

Las razones de que este blog no sea un mirror de Amnistía Internacional son varias, y las voy a ir enumerando:

- Ya existe una web de Amnistía Internacional, mucho más bien informada que yo. No aportaría nada nuevo a las webs de ONGs, o a los diarios, y yo quiero hacer algo original, o por lo menos, que a mí me parezca original. ¿Quién ha hecho un post mezclando el Risk y China? Yo solito. ¿Quién ha denunciado el acoso a los disidentes? Miles. Yo quiero hacer algo especial, no seguir a un millar.

- Este blog lo suelo escribir por la noche, cansado de los malos rollos políticos, económicos y sociales que leo y escribo en el trabajo, y me suele apetecer hablar más de grupos de música, de lo que se ve por la tele china... En fin, de cosas que en mi trabajo son demasiado pequeñas para contar, pero que a mí me parece que pueden contarse.

- Aunque quisiera que este blog fuera "serio", que como se ha visto en el punto anterior no quiero, no creo que pudiera. Trabajo en un medio de comunicación al que no puedo hacer competencia. No puedo aquí lanzar denuncias, ni contar la actualidad con pelos y señales, porque tiraría piedras contra mi propio tejado. Si alguna vez trato un tema de actualidad aquí, que a veces lo hago (sobre todo cuando es de lo único que se habla ese día en China y por tanto cuesta escabullirse), suele ser para hacer algo que no puedo hacer en mi trabajo: opinar. O para recoger vuestras opiniones. O para ironizar y reírme. Todo cosas que no son mi trabajo y nunca lo serán, porque me parece muy importante para mantener mi salud mental el separar mi trabajo del tiempo libre.

- En persona soy un poco seriote (mi sangre pirenaica me condena), pero por escrito, lo que mejor se me da es estar de guasa. Escribir en serio me aburre y aburro a los demás, escribir gracioso se me da mejor y llega más a los lectores: cada uno debe hacer lo que mejor se le dé, ¿no? Otros tienen mucho mejor verbo que yo para emocionar o llegar al corazón de la gente, ¡dejémosles a ellos que nos sorprendan! Además, con humor a veces se llega mucho más que sin él.

- A lo largo de los años, he desarrollado la idea de que los medios de comunicación dan una imagen de China incompleta. No es que sea errónea (bueno, alguna vez lo es, pero nadie es perfecto) pero a la que le falta la China del día a día, la de los tiempos normales, en los que no hay un terremoto o una revuelta étnica. Creo que blogs como éste son un buen complemento a la China de los diarios. Igual que los blogs sobre España son un buen complemento a una prensa en la que sólo salimos por la crisis, o con atentados de ETA... Los blogs, creo yo, no nacieron para desterrar a los diarios, sino para ayudarles a enseñar la realidad más pequeña. Obviamente, no todos los blogueros piensan como yo, pero en la sección de enlaces tengo blogs y webs con toda clase de perspectivas, para los que quieran una diferente a la mía. Os recomiendo, para los que quieran algo más serio, por ejemplo, la web Zai China.

- No me gustan los temas politizados, aquellos en los que la gente está muy radicalizada de un lado o de otro. De la misma manera que si estuviera en España no creo que escribiera del nacionalismo catalán o vasco, aquí no me agradan algunos asuntos en los que hay mucha manipulación desde ambos "bandos", y si los trato intenta ser desde una perspectiva neutral para no herir susceptibilidades de nadie (aunque acabe hiriendo un tercer grupo que no contaba, el de los que me califican de "blando"). Odio los fanatismos, yo siempre estoy en el "gris" de la vida, nunca en el blanco ni en el negro, y eso me dará críticas desde los dos lugares, pero seguro que hay muchos también que me entenderán.

- Soy aragonés, y por tanto algo cabezón, y cuanto más me insisten en una cosa, más hago la contraria.

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Perrea, perrea

23 de Noviembre, 2010, 0:01



Este peluchín que veis aquí es mi perra Once, el primer animal que tengo realmente a mi cargo en la vida (al jilguero de mi infancia que duró dos semanas y a los peces que duraron tres, mejor no les tenemos en cuenta), Llegó a mi casa de forma casi fortuita hace cosa de un mes, y aquí se ha quedado, a mis pies en el momento en que escribo estas líneas. Nunca había tenido un perro, pero la verdad es que enseguida me he acostumbrado a cuidarla, a sacarla a pasear -un momento muy divertido del día, además- y a hacerle mimos, algo que la verdad no es muy complicado porque, como veis, es todo un primor.

El nombre de Once se lo endosó una amiga china que ignora que le puso nombre de organización de ciegos. Bautizándola así, mi amiga mostró una vez más ese amor que los chinos tienen por usar los números en el lenguaje, aunque de eso ya hablaremos en otra ocasión menos canina.

No creo que tener perro aquí sea muy diferente de tenerlo en otro lugar del mundo, aunque quizá hay que decir que la estructura urbana de Pekín es muy cómoda para tener estos animales incluso aunque no vivas en una casa ajardinada, cosa que sólo se pueden permitir los ricos del extrarradio. Como ya conté en su día, Pekín está dividida en miles de "xiaoqu", zonas residenciales de varios bloques que forman una especie de barrio interior, y que suelen tener un jardín interno bastante cerrado a la calle. Ese jardín es ideal para pasear perros, por lo que el de mi xiaoqu, por ejemplo, está lleno de perrillos con los que Once juega feliz y contenta. También hay que decir que el jardín está monopolizado por las cacas y pises de los perros, por lo que es básicamente un terreno para ellos, y no, por ejemplo, para que jueguen los niños, que apenas se ven.

Debido a esta estructura, son muchas, muchísimas las casas que tienen perro en mi xiaoqu, por lo que la llegada de Once a mi casa ha sido en parte un gran paso en mi integración en el vecindario. Durante los dos años que he estado aquí, la gente apenas me hablaba, y a mí no me importaba, porque la verdad es que soy bastante pasota con los extraños sea cual sea su nacionalidad... Pero con la llegada de Once, que se ha convertido en la perra más popular del xiaoqu, la cosa ha cambiado mucho, y todo el mundo me pregunta de qué raza es, cuántos meses tiene, cómo la cuido, etc... Es increíble la afición que los chinos tienen por los perros, seguramente si se enteraran de que en países como España hay mucha gente que cree que todos ellos comen perro alucinarían pepinos...Bueno, a lo que iba, que tener perro es un gran método de integración en la difícil China, casi mejor que el ping pong. Eso sí, los días que salgo sin Once, vuelvo a ser un guiri anónimo más...


Once, por su parte, a pesar de tener siempre cara tristona está encantada de la vida por estar en una auténtica perrera llena de colegas con quienes jugar, colegas que además tienen casi todos su tamaño, porque en ciudades como Pekín, está casi prohibido tener perros grandes (bueno, prohibido del todo no está, porque hay un labrador en mi xiaoqu que prácticamente lleva a su dueña a rastras por la hierba de enorme que es). También creo que hay ciudades de China donde está prohibido tener más de un perro por familia, una especie de versión perruna de la "política del hijo único". Ah, por cierto, ojo a los que queráis venir de España u otro país a China con vuestro perro, porque lo tendréis que dejar 40 días en el aeropuerto en cuarentena... (Y pagar a los operarios de allí por la comida y los días de cuidado).

Una de las cosas que a mí más miedo me da de los perros en China es el tema de la rabia, porque las estadísticas dicen que es la enfermedad contagiosa que más gente mata al año en el país, algo curioso teniendo en cuenta que en países como España está prácticamente erradicada. Es por ello que la primera de las muchas veces que Once me mordió -jugando, sí, pero bien que me hincó el diente- fui a vacunarme contra el bacilo de Koch, por si acaso.

Si os interesa, y si alguna vez os muerde un can, os diré que en Pekín al parecer sólo hay un lugar que puede vacunar a la gente de la rabia, un hospital contra enfermedades infecciosas que está justo al lado del mercado de Panjiayuan. Ningún otro hospital pequinés te pone esas vacunas, algo que me resulta algo raro teniendo en cuenta lo extendida que está la rabia, pero en fin, ellos sabrán lo que se hacen.

Hay que vacunarse cinco veces, y como en China la sanidad es de pago, hay varios precios según la vacuna que te quieras poner, y los médicos te intentan vender la más cara. Conmigo no hubo regateos y me compré esa, de 100 yuanes por dosis, convencido con el argumento de que con ella podría beber alcohol y no me daría efectos secundarios (tampoco es que sea un alcohólico, pero nunca se sabe). Llevo cuatro dosis y ya cuento los días para la última, porque la verdad es que Panjiayuan está algo apartado del mundo civilizado y me da mucha pereza cada vez que tengo que ir allá.

Para terminar, os contaré la verdadera razón de que haya puesto este post: es que todo el mundo, como decía antes, me pregunta de qué raza es Once, y yo sólo conozco a los chihuahuas y a los sanbernardos, tipos en los que creo que mi perrita no puede ser incluida. ¿Alguien me puede echar una pata?


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Un lustroso lustro
(Quinto chinochaño)

21 de Noviembre, 2010, 0:01


Esta bitácora, mis grumetes, cumple hoy cinco años, una fecha que celebro con todos los ordenadores de mis cercanías rotos: el grande de casa lo intenté arreglar "a la española" -es decir, a golpes- y lo fundí, y mi portátil "made in China", comprado irónicamente en España, decidió hace un tiempo no volver a encenderse más. Hasta mi ordenador de la oficina ha fenecido, al parecer víctima de la electricidad estática. Ante este panorama, no sé si voy a poder hacer lo que hago otros años, que es conmemorar la efeméride con una tarta virtual y hacer un repaso al blog, pero lo voy a intentar.

No obstante, mi memoria es floja, de 2009 para atrás sólo recuerda los cromos de WWF que Phoskitos regalaba en 1993, así que me temo que no puedo repasar todo el lustro. Y la verdad es que cinco años escribiendo dan para tanto que se pierden completamente en mi recuerdo... Es más, leo los primeros posts del blog a veces, ¡y aprendo cosas que he olvidado, o me engancho y leo los de todo un mes de una sentada! O me entra la risa y digo "hala qué parida solté aquí"... En fin, que aquí sólo repasaré el último año, y dejaré el total para los libros de historia del siglo XXV, en los que la Chinochanología será una maría para los estudiantes de parvulario.

Me gusta definir cada chinochaño con una idea: como ya se dijo en los anteriores cumpleaños, el
primer año fue el de la novedad, el segundo el de los premios, el tercero el de las polémicas, y el cuarto el de la crisis. A este quinto año creo que lo que mejor lo definiría es "el año de Facebook", ya que ha sido en 2010 cuando el Grupo de Chinochano en la popular red social se ha convertido en algo tan activo o más que la bitácora, con bastante participación (más de 800 hamijos ya) y mucho contenido diferente o complementario al que aquí se pone.

El grupo lo creé mucho tiempo atrás, pero en verano de 2009 China censuró Facebook, me costó medio año descubrir los VPNs para burlar esa censura, y no fue hasta finales de 2010 que comenzó a estar animado. Al principio le tenía un poco de desconfianza al rollo este de las redes sociales, pero como dice él eslogan, "si no puedes vencerles, únete a ellos", y eso hice, algo que, por lo demás, es una tendencia bastante generalizada en la blogosfera.

El "desdoblamiento" de este blog en dos ramas -el blog en sí y el grupo de Facebook- ha hecho que muchas cosas sobre China que en los primeros años hubiera soltado con un post cortito y ligero, se convirtieran en una línea de Facebook. Ya sabéis, estamos en la era de los 120 caracteres, ¿para qué enrollarse? En realidad, contando blog y grupo de Facebook juntos, han aumentado las chinochanadas, aunque en el blog he ahorrado esfuerzos.

Pese a la ramificación, ha habido espacio para muchas cosas en el blog propiamente dicho: aunque fue un año muy poco pequinés y mucho más shanghainés, el problema fue solventado por esta bitácora siempre tan pekinista viajando un par de veces a la ciudad enemiga y dedicándole tres trilogías (una del Shanghai pre-Expo, y una del Shanghai casi casi post-Expo). Aunque la entrada más comentada, no podía ser de otra forma, fue la primera que abordó el tema del año, es decir, el Nobel a Liu Xiaobo.

Una novedad de este año, y me atrevería a decir que muy bien recibida, fue la puesta en marcha de un consultorio para los lectores en verano, que como resultó tan participativo decidí continuar, de forma menos intensa, también en otoño.

También ha sido el año en que me he dedicado a coleccionar triciclos como si no hubiera otra cosa que hacer, y a fe mía que ya sólo me falta un tirciclo de pompas fúnebres, que estoy seguro que hay alguno por China. Por otra parte, gustó bastante a los lectores, porque así lo señaló una encuesta organizada por uno de ellos (el fiel FJ Santos) el post sobre cómo atraer turistas chinos a cualquier monumento de España. La encuesta fue un ejemplo de que este blog quiere fomentar la participación, la autogestión y el anarco-liberalismo-perroflautista: hubo más sondeos, como el que decidio cuál era la mejor peli china de la historia, o consulté a todos para analizar qué libros tenemos que leer si nos queremos coscar algo de este país (aquel post, por cierto, tuvo a uno de los pocos trolls del año).

En este año también hice de las mías: se la metí a algunos bien doblá por culpa de Soria, regalé una mierda de hucha a quien más supo de pagodas, le puse el pelo de Gaspi Llamazares a algunos chinos o conseguí que la jota aragonesa y la música tradicional china se dieran la mano no una, sino dos veces. Personalmente, uno de los posts que más me han gustado del año ha sido uno con un tema tan tonto como el de los pistachos, y es que todavía me enternece ese rebaño de pistachos sonrientes...

Y obviamente, los dos grandes acontecimientos internacionales del año estuvieron bien representados en el blog: el final de LOST y la victoria, pírrica pero victoria al fin y al cabo, de ESPAÑA EN EL MUNDIAL (esto, como LOST, debe ir siempre en mayúsculas), una victoria que acerté cual Rappel en taparrabos, y que además me trajo recuerdos infantiles.

En fin, otro año de sonrisas y lágrimas, así son todos, ¿no? Chinochano sigue abierto hasta el amanecer y dispuesto a dar más guerra en los tiempos venideros, ahora ya sin Olimpiadas ni Expos que preparar, pero con cosas más importantes probablemente en el horizonte, ahora que China está en boca de todos los corrillos internacionales. Chinochano sigue en China: un lustro de tonteridas nos avala.



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Pierda peso en un año, pregúnteme cómo

16 de Septiembre, 2010, 0:01


Hace cosa de un año decidí cuidar un poco más mi peso, especialmente después de llegar a la cifra mágica de los ¡cien kilos! y comenzar a sentir que el sobrepeso estaba haciendo mella en mi salud. La vida sedentaria, el bajo precio de las cervezas Qingdao y el exceso de comida en los restaurantes chinos -deliciosa pero no demasiado sana a largo plazo-, tras
bastantes años de dejadez, estaban comenzando a pasar factura cuando todavía no tocaba sentirse mayor.

Para adelgazar, no hay secretos, la única manera es hacer dieta y ejercicio, y las dos cosas juntas porque sólo una no basta. Sin embargo, decidí usar una ayuda suplementaria aprovechando que vivo en China: la medicina tradicional, y más concretamente los masajes terapéuticos, ya que hay algunos expresamente ideados para ayudar a perder peso.

Primero me apunté a una clínica de medicina china cercana a mi casa, en la que me sometí a una treintena de sesiones masajeadoras en las que un médico, armado nada más que con sus pulgares, ejercía fuerte presión sobre ciertos puntos clave de mi cuerpo, los mismos que se usan en la acupuntura: el centro de la barriga, las zonas del pulso en la cabeza, el esternón, las vértebras, las muñecas, etc. Los primeros días, esas presiones me dejaban moratones especialmente en la tripa, a la que nunca creí capaz de aguantar tanto sobo, pero con el tiempo me fui acostumbrando.

Yo me dejé hacer sin comprender al principio demasiado bien cuál era el objetivo concreto de esos masajes, aunque por lo que fui entendiendo a lo largo de los días, la función de éstos era hacer que mis toxinas salieran del cuerpo sudando o visitando al señor Roca (sé que funcionaron porque esos días, en efecto, visitaba el baño con la misma frecuencia que un José Coronado atiborrado de Bios de Danone).

Las sesiones de masajes estaban además muy animadas porque, además del médico masajista, había en la consulta una enfermera muy salada que me daba mucha conversación y casi estableció una relación maternofilial conmigo, porque cada día traía bollos y chucherías varias y al final del masaje, como premio por no haberme quejado mucho, me daba un bollo de maíz y un paquete de esas verduras agrias con vinagre que sólo pueden gustar al muy curtido en China (a mí me encantan). El hecho de que en una consulta de adelgazar me dieran de comer me parecía muy divertido, así que me tomaba el desayuno muy a gusto.

Pero los desayunos clínicos terminaron pronto, porque un día la enfermera dejó de ir a trabajar. La chica, sin avisar a nadie del trabajo, se había casado y se había tomado las semanas libres que por ley se da a los recién matrimoniados, no sé exactamente cuántas. Me despedí para siempre de los bollos de maíz...

Un día decidí probar allí una sesión de acupuntura -me dijeron que ayudaba al tratamiento adelgazante- en la que me clavaron unas 30 agujas por brazos, tripa y piernas. Los pinchazos al meter las agujas, que era lo que más aprensión inicial me daba, no fueron para tanto, pero el horror vino después, cuando el médico tocaba las agujas clavadas en el cuerpo, una a una, y las meneaba un poco, haciendo que dolorosos calambres atravesaran todo mi sistema nervioso y me pincharan especialmente en los lugares donde tenía cada aguja. Nunca hasta entonces había sentido un dolor agudo que afectara a todo mi cuerpo, ahora ya sé lo que es eso. Si hubiera estado en una comisaría habría confesado hasta el asesinato de Lincoln.

Volví a los masajes, por tanto, y la cosa fue bien, pero al final dejé de hacérmelos porque un día me subieron no se sabe por qué el precio de cada sesión, me puse a regatear con ellos, aquello acabó pareciendo el Mercado de la Seda en hora punta y me sentó un poco mal que pese a haber ido tantos días intentaran sacar más tajada (una sensación que, desgraciadamente, se repite con frecuencia en China: la fidelidad de la clientela no suele premiarse, sino todo lo contrario).

Me marché de esa clínica, pero me había aficionado a los masajes, así que decidí ir a otro lugar a hacerlos, en esta ocasión cerca de mi oficina. Allí los masajes eran en principio similares, usando presión en los dedos, pero combinados con moxibustión (ventosas de cristal sobre las que se aplicaba calor con una llama en el interior) y una especie de pequeña aplanadora vibrante que el masajista, un señor de 50 años muy profesional, me ponía sobre la espalda durante ratos y ratos. Éste no me daba de desayunar, más teniendo en cuenta que allí iba por las tardes, y en cambio me echaba unas broncas tremendas si había comido o bebido más de la cuenta en el día anterior, me prohibía cenar después de las 5 y media de la tarde, y me aconsejaba unas simples flexiones cada mañana y noche para ayudar en el plan de adelgazamiento.

Lo de las ventosas era un poco molesto, no sólo por la ligera quemadura que causaban en la piel sino porque ésta se prolongaba unos 20 minutos y no se podía hacer sino aguantar, ya que la ventosa tenía que seguir allí cumpliendo su función. Después, mi espalda y barriga quedaban decoradas con circulos rojos, parecía el maillot de la montaña del Tour pero sin tela.


Este verano, al comentar en España lo de mis sesiones de moxibustión, más de uno me comentó que en los pueblos los abuelos antes hacían cosas muy parecidas para curarse de los achaques, no sé si por influencia oriental o por casualidades de la vida a ambos lados de Eurasia.

El efecto de la moxibustión y los masajes que la acompañaban era diferente a los de la primera clínica, ya que esta vez lo que provocó en mi organismo fue que desprendiera mucho calor en las horas posteriores a las sesiones. Imagino que ese calor es la grasa, o las toxinas, que en vez de irse como sudor o como otros desechos orgánicos, se largaban en forma de energía. Por imaginar algo...

Durante todas esas semanas de masajes, tampoco es que perdiera muchos kilos, pero en el cómputo general del último año llevo 19 menos, ahora peso 81, así que estoy relativamente contento. A ver si pierdo 10 más y recupero el peso que tenía en la más tierna juventud, aunque lo ideal, siendo como soy no muy alto, es que llegara incluso más allá, hasta los 65 o los 60.

Veremos si con gimnasio y dietas basta, o hay que volver a recurrir a los masajes. Aunque sea para volver a encontrarme con la enfermera que me daba de desayunar...

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Servicios mínimos desde Campeonia

18 de Julio, 2010, 0:01

Estoy en mi país natal de nuevo, para pasar el habitual mes de vacaciones por acá. Volé en Aeroflot, después de un par de años sin hacerlo: ahora las azafatas rusas han cambiado el traje azul de antaño por uno naranja -como la selección holandesa de kárate- y los aviones, más modernos, te permiten ver películas y jugar al poker en las pantallitas de los asientos. Eso sí, las azafatas oranje te siguen soltando el desabrido "chicken or beef!!" de siempre, que suena a veces como un insulto.

Madrid está así como resacosa de la fiesta mundialista a la que no he llegado por poco. Se ven algunas banderas de España en los balcones, pero poco más, las calles están desiertas -por lo menos para los estándares de alguien que vive en China- y lo que más he visto por la ciudad son chinos, precisamente.

Otros veranos, el blog durante este mes vacacional se ha dedicado a lanzar preguntas para que los lectores las respondieran, un truco que ha dado buenos resultados pero que esta vez voy a invertir. En verano de 2010 vosotros preguntáis, y el blog responde (como ya hice en el post anterior). Chinochano se convierte en un consultorio estival, en cada post se publicarán preguntas recibidas por el correo electrónico o el Grupo de Facebook y las responderé como buenamente pueda (teniendo en cuenta que cuando estoy en España todo lo que hay por la parte de China me queda lejano y borroso, como si fuera un sueño).

Ya he recibido suficientes preguntas como para montar el consultorio durante meses, pero si queréis mandar más, sigue estando abierto para ello el email (chinochano2008@yahoo.es) y el mencionado grupo de Facebook. También os recuerdo que sigue en pie el concurso fotográfico Kilochano, cuyas bases y premio están aquí. Descansad los que podáis...

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Este blog -sorpresas te da la vida- recibió el premio Blasillo de Huesca 2006 al ingenio español en Internet

Y como no hay uno sin dos, fue galardonado poco después con el premio 20 Blogs 2006 al mejor blog expatriado




  
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