14. Asuntos personales
Ser o no ser (pequinés), esa es la cuestión
29 de Abril, 2009, 0:01

A muchos extranjeros que vivimos en China nos entra a veces la duda de si seguir viviendo aquí o no... Lo mejor en estos casos es hacer una lista con las ventajas y los inconvenientes, para ver cuál sale más larga y obrar en consecuencia:
VENTAJAS DE SER UN EXPAT
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INCONVENIENTES DE SER UN EXPAT
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Es muy barato y siempre te sobra el dinero
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Hay cosas demasiado baratas (los zapatos, por ejemplo) y hay que gastar bastante dinero en viajar a tu país de origen de vez en cuando
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Es un país/fenómeno muy interesante por estar en transición a no sé qué
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Ese "fenómeno" está muy contaminado (cuántos días sin sol...)
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Se liga más y mejor
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Muchas conquistas sólo te quieren por el interés, Andrés
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Es una buena base para viajar por Asia y conocer mundo
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La familia y los viejos amigos están lejos: mientras conoces mundo, ya no te reconocen en casa
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Se come muy bien
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No hay chorizo ni jamón
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Los problemas de tu país de origen te resbalan (nacionalismos, bipartidismos...)
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Te quedas un poco out de lo que pasa en tu país de origen
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Te libras de la tele de tu país de origen
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Echas de menos la tele de tu país, y la china es casi peor
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Aprendes idiomas (si no chino, por lo menos inglés)
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Estás en el país con el idioma más escurridizo del mundo, ¿lo aprenderás algún día?
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Conoces a gente de todo el mundo
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Conoces a extranjeros muy raros (¿quién va a venir a China, si no?)
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Cuando vas a tu país de vacaciones eres una atracción
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Cuando vas a tu país de vacaciones todos te hacen las mismas preguntas y te llaman "el chino"
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La gente quiere hablar contigo porque eres una persona interesante que ha estado en China
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La gente SÓLO quiere hablar contigo de China
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El ADSL va más rápido que en tu país
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YouTube lleva un mes censurado, entre otras cosas
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| Cada día te encuentras cosas más y más raras |
Cada día te encuentras cosas más y más raras |
El mejor lugar del mundo para ver pelis de DVD: baratos y bien hechos (aunque hay que probarlos en la tienda por si acaso)
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El peor lugar del mundo para ir al cine: sólo acción hollywoodiense, doblada al chino, y con un olor a mantequilla en la sala que tira para atrás
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Un lugar único para conocer otras formas de pensar: anticapitalismo, budismo, la forma de ser de los orientales...
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Si adquieres una de esas formas de pensar, en tu país de origen te verán como un bicho raro al que le han lavado el cerebro
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Tienes tema de sobra para escribir un libro, o por lo menos, esteeeee, un blog
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Tienes tema de sobra que sólo atrae a una minoría minoritaria de tu país, porque a la mayoría lo que les mola es lo que pasa a su país, en EEUU y -para los tecnológicos- en Japón.
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Te puedes encontrar a Zhang Ziyi en un restaurante
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Te puedes encontrar a Jiang Zemin en un restaurante
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Es un país muy campechano: las formas, los protocolos, las cortesías, importan menos que en tu país de origen, y puedes hacer casi lo que te dé la gana, ir en camiseta imperio por la calle incluido (además eres extranjero, se te supone raro)
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A veces se pasan un poco con la campechanía, quizá lo más notorio son los empujones del metro y los escupitajos con ruido (en Pekín lo segundo está más o menos erradicado pero lo primero es tradición sine qua non)
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Hay retórica y simbología comunista, es como un resto del pasado (sólo para amantes de la Historia y las pelis de James Bond)
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Hay comunismo, y encima ha alquilado lo peor del capitalismo
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Puedes ir a restaurantes de lujo sin empeñar nada
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A veces el trámite más sencillo (desde cambiar una cerradura a pagar al casero) se alarga por el problema del idioma y otros derivados
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Buen sitio para madrugar para hacer tai chi (a las 5 ya hay luz)
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Se hace de noche muy pronto (en invierno, a las 4)
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Si te gusta el fútbol, en la tele ponen muchos partidos de las ligas europeas y todos los de los Mundiales, sin peiperviú que valga
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Pero los partidos son de madrugada, prepárate a trasnochar si no quieres verlos en diferido.
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Las tiendas abren los domingos, a mediodía, no hay problemas de horario
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Echarás de menos muchas tiendas: una de libros en español, una de cómics...
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¿Tenéis vosotros alguna cosa más para la lista? A mí me sale el mismo número de cosas en ambas columnas, y de hecho muchos inconvenientes son consecuencia de las ventajas, y viceversa. Vaya por dios, habrá que echarlo a cara o cruz.
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Mi nombre es Dong, An Dong
12 de Febrero, 2009, 0:01
Imagino que os preguntáis para qué leches he colocado una foro del díscolo futbolista Antonio Cassano en el comienzo de este post. Yo también me lo pregunto, la verdad...
Ah sí, ya me acuerdo, está ahí porque en su brazo lleva tatuado su nombre en chino. Un nombre que también es el mío:
安东尼奥 (An Dong Ni Ao = Antonio)
Cuando llegué a China, me recomendaron que tuviera un nombre chino, para que los de este país pudieran acordarse mejor de mí y tener una palabra de fácil pronunciación. Enseguida me ofrecieron An Dong Ni Ao, el habitual para los Antonios. Incluido el más famoso, Banderas, que es una de las primeras entradas que te sale en Baidu (el Google chino) si buscas allí la palabra 安东尼奥.
El caso es que a mí no me gustaba mucho eso de llamarme "An Dong Ni Ao", me parecía demasiado largo para ser un nombre chino, pues éstos suelen componerse de dos o como mucho tres sílabas. También hay algunos de cuatro, pero no suele ser muy frecuente. Además el último caracter, el "ao" (que también se usa para escribir Aodaliya, "Australia") es un poco engorroso de trazar cuando hay prisa por firmar cosas.
Entonces pregunté a mis asesores onomásticos chinos si podía acortar el nombre simplemente uniendo las dos últimas sílabas, para llamarme "An Dong Niao" o "An Dongniao". Yo lo veía perfecto, pero ellos, entre risas, me dijeron que ni se me ocurriera, que no era un nombre que sonara bien en chino. No me quisieron decir por qué, y vaya tontería, porque lo único que pasaba es que "niao" en mandarín, dicho en según qué tono, significa "hacer pis".
尿
También puede significar "pájaro", pero tampoco debe ser muy normal que los chinos te digan ¡qué pasa, pájaro!, como haría el Gañán.
En fin, descarté por tanto el nombre de tres sílabas y decidí acortarlo a dos, adoptando el nombre chino que tengo ahora: An Dong, o Andong, como más os guste.
安东
La verdad es que es un nombre fantástico, yo diría incluso que cojonudo. Es fácil de pronunciar por chinos y españoles, sencillo de escribir, y creo que me va como un traje de sastre, porque An significa "tranquilo", y yo lo soy, y Dong significa "este", que es donde estoy. ¿Qué más se le puede pedir a un nombre?
Además, a los chinos se les queda enseguida mi nombre, lo cual es de mucha utilidad. De hecho hay chinos que se llaman igual que yo (An es un apellido chino, aunque no sea de los más frecuentes).
Incluso ha habido Andongs famosos, como se puede ver en la Baidupedia: uno de ellos, un general comunista, formó parte de la Larga Marcha. Otro es un prestigioso profesor de la Universidad de Fudan (creo que el de la foto en la entrada de Wikipedia), y un tercero es juez. Creo que deberíamos celebrar una convención de Andongs un día de éstos.
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Turcos y demás familia
2 de Febrero, 2009, 0:01
Ya estoy de vuelta en Pekín, después de dar tumbos por media Europa que terminaron con una agradable semana en Turquía. Lo gracioso del regreso fue que, después de cinco días en Estambul, lo primero que vi en Pekín al salir del metro desde el aeropuerto hasta mi casa fueron unos uigures vendiendo pasteles en la calle.
Pasteles como estos: tamaño mesa, de medio metro de espesor y transportados en triciclos.
Me hizo gracia porque después de cinco días viendo turcos, me he encontrado nada más llegar a sus primos de oriente, los uigures, que los turcos consideran que tienen los mismos ancestros que ellos. Los uigures, dicho a grosso modo, se parecen físicamente bastante a los turcos del otro lado de Eurasia, aunque sus ojos son más pequeños y almendrados, al estilo de los pueblos orientales. Son menos propensos a dejarse bigote, aunque alguno hay.
Músicos uigures En Pekín, asociamos a los uigures con los puestos de venta de pasteles y sobre todo de pinchos morunos, por eso me extrañó mucho que en sus "parientes" de Turquía lo de los pinchos no se lleve tanto (aunque en los restaurantes estambulíes aparecen en el escaparate, cuando lo pides no te dan la carne ensartada en el pincho, sino que depositan esa carne en un plato, con lo que pierde la mitad de la gracia).
Aunque los turcos no me consta que sean nada expansionistas, pues el Imperio Otomano ya les dio bastantes disgustos, se consideran familiares cercanos de muchos pueblos de media Asia, que incluyen a esos uigures y también a los kazajos, los kirguizos, los turcomanos, los azeríes de Azerbaiyán, los tataros de Rusia... Curiosamente, en mi último día en Estambul encontré un poster en el que se mostraban las enseñas de muchos de estos pueblos "turcos" o "turcomanos", en el que también aparecía la supuesta bandera del Turkestán Oriental, que es como denominan los independentistas a la región china de Xinjiang, donde viven los uigures. También a veces aparece con el nombre de Uiguristán. Los turcos lo llaman "Dogu Turkistan".
Éste fue el póster que vi. Las banderas, de izquierda a derecha y de arriba abajo, pertenecen a: turcos de Irak turcos de Crimea Turkmenistán Chipre turco Kazajistán Uzbekistán Azerbaiyán Turkestán Oriental tátaros de Rusia Kirguizistán
Los chinos, como cabe esperar, no quieren oir hablar ni en pintura de ese Turkestán Oriental, y a los grupos que piden su independencia los considera terroristas. Muchos de esos grupos tienen su base precisamente en Turquía, o en Alemania (donde hay dos millones de emigrantes turcos). De todos modos, no parece que Turquía y China se lleven especialmente mal, pues el Gobierno de Ankara, poco expansionista, suele desligarse bastante de estas amistades "pan-turcas" y de los asuntos de sus "primos" en Asia Central.
Aunque ahora veamos a turcos y chinos como pueblos geográficamente muy alejados, hay que tener en cuenta que China está flanqueada al noroeste por varios de estos "primos" de los turcos, y que estos pueblos de Asia Central intentaron en varias ocasiones atacar la antigua China (fue contra ellos y otros pueblos como los mongoles, los hunos y los hotros, que se construyó la Gran Muralla).
Incluso me suena que algún emperador de la dinastía Tang (alrededor de los siglos VII al X), en la que se considera que China alcanzó su apogeo artístico y cultural, era de origen turco, aunque de esto no estoy seguro (a ver si algún lector confirma o desmiente esto).
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Os deseo un año muuuuuu feliz
26 de Enero, 2009, 0:01
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Feliz año del buey, o de la vaca, o del toro, o del búfalo, que este símbolo del horóscopo chino se presta a varias interpretaciones (como el del año pasado, que unos llamaban de la Rata y otros del Ratón).
Este año, por primera vez desde 2002, no estoy pasando el cambio de año en China, sino en Europa, aunque pronto estaré de vuelta en Pekín. Me voy a perder la gran traca de fuegos artificiales que todos los pequineses van a hacer estallar en la noche, cachis.
No es fácil que a todos nos vaya bien el mismo año, y más en este presidido por la crisis y los recortes presupuestarios de las empresas, pero en fin, pasadlo lo mejor posible, sed felices, y que tengáis mucho de aquello que os guste más.
Y siguiendo la tradición de 2006, 2007 y 2008, ahí va mi sarta de rumiantes:
Y ya que este post os lo mando desde Grecia...
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Servicios mínimos desde varios lugares (espero)
30 de Diciembre, 2008, 0:01

Hola, os escribo desde España, a donde he viajado vía Londres para pasar aquí la Nochevieja y entrar en el nuevo año desde mi sagrada patria (algo que no hacía desde 2001).
En Madrid hace un calor de la leche (después de aguantar el frío siberiano de Pekín, creo que hoy podría perfectamente pasear por la Puerta del Sol en camiseta). La ciudad parece con pocos cambios, y la crisis no la noto demasiado en la gente: si acaso en que hay unas colas kilométricas en Doña Manolita, pero imagino que otros años es igual.
Esta vez sólo compré billete de ida (Pekín-Madrid), no porque no tenga intención de volver a China, sino porque albergo el plan de regresar allí en tren (y después de las turbulencias que me pillaron ayer volando sobre Santander, todavía más). El plan, probablemente, se va a ir al garete, porque conseguir el visado para viajar por el Transiberiano es harto difícil -el gran sueño del simpático Gobierno ruso es conseguir que un feliz día NADIE entre en su país- e ir por Asia Central exige muchos visados que no me va a dar tiempo de lograr, algunos de ellos especialmente complicados, como el de Turkmenistán.
En fin, al menos pienso hacer una parte del trayecto euroasiático en tren, aunque sea hasta Estanbul, y luego ya veremos, si hace falta volver en avión a medio camino pues se vuelve. El sueño del Transiberiano ya habrá otra ocasión para cumplirlo, tal vez cuando la burocracia rusa adquiera la cordura de la que actualmente carece. Además, me hace más ilusión hacerlo en sentido contrario (Pekín-Madrid).
En todo caso, estos días, entre vacaciones y viajes, es posible que no pueda escribir todos los días el blog, aunque si como hoy me encuento un ordenador por el camino, lo haré. Me he dejado unos post preparados para irlos soltando de cuando en cuando, y que no se note mucho que no estoy en Pekín. Seguimos en contasto.
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Maidanlao mailuminao
19 de Diciembre, 2008, 0:01

Hace unos días os hablaba de mis penurias en China debido al sistema de pago de la electricidad de muchas de las casas, a través de una tarjeta con chip en la que cuando se te acaba el dinero que has puesto te quedas a oscuras en casa.
Os comentaba también que este sistema te obliga a ir al banco a "comprar electricidad", una operación que normalmente se lleva a cabo a la mañana siguiente de haberte quedado sin luz, oliendo a tocino por no haberte podido duchar esa mañana y con la nevera de tu domicilio rebosando agüilla tras una noche de inactividad.
Pues bien, amigos, esta penuria se ha terminado. Y todo gracias a la empresa que tanto quiero desde ahora y tanto odia José Bové: ¡McDonalds!
Pues sí, gracias a la hamburguesería omnipresente, el otro día pude salvar a mi casa del inminente apagón. Más que "Maidanlao" (McDonalds en chino) le vamos a tener que llamar "Maidianlao" (por aquello de que comprar electricidad es "mai dian").
El caso es que las hamburgueserías de la M amarilla han colocado -creo que hace poco, pero a lo mejor llevan allí 10 años y no me había enterado- unos aparatos con aspecto de cajero automático en los que se pueden llevar a cabo varias operaciones, entre ellas la de comprar electricidad para tu tarjeta. Los menús están sólo en chino, pero con ayuda de algún cliente se puede superar la barrera del idioma.
Para poder comprar electricidad allí, necesitas no sólo la tarjeta eléctrica, sino también la del banco, para cargar en tu cuenta la compra de electrones efectuada.
Así que, residentes en China, ya sabéis, las hamburgueserías ya no sólo sirven para construir leyendas urbanas sobre roedores en el bocadillo, también disponen de máquinas vendedoras de electricidad. Buscad bien, porque a veces la máquina está algo escondida (en el Maidanlao de Gongti Beilu está más arrinconada que el baño).
Ya que este post se ha convertido en una especie de spot publicitario, aprovecho para continuar la pausa de los anuncios y añadir, a petición de un correo que me ha llegado hace poco, que un portal de viajes llamado Trivago organiza un concurso en el que el premio es un viaje a China, y os invita a participar aquí.
Ahora, si me disculpáis, voy a comerme los 500 Big Mac que el payaso Ronald me ha regalado por promocionar su restaurante. Los de Trivago aún no me han dado un billete de avión a las Seychelles, pero imagino que está en camino.
 Por mucho que me ayude, Ronald sigue siendo un personaje siniestro, como este pobre niño chino demuestra.
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Poli malo, soldado bueno
12 de Diciembre, 2008, 0:01
(continuación de la serie iniciada con Poli bueno, poli malo).
 Algunos de los que me conocen saben que llevo una vida seminómada. En siete años en Pekín, he estado en ocho casas diferentes, y la semana que viene, si el camión de la mudanza lo permite, iniciaré mi estancia en la novena.
Mi nuevo casero es, según él mismo me contó, un comandante del Ejército de Liberación Popular, por lo que es posible que en algún armario se haya dejado olvidado algún subfusil o una granada de mano. De momento he mirado en los cajones y no he encontrado nada letal.
En fin, el caso es que cuando uno se cambia de casa en China tiene que llevar a cabo un trámite que, si bien no tan pesado como el que contaba en el anterior capítulo de esta serie (hacerse el visado o permiso de residencia) también puede tener sus intríngulis. Me refiero al hecho de registrarse en la comisaría de policía de tu barrio para que te tengan bien controladito.
Para registrarse, hay que ir a la comisaría en compañía del casero, con el contrato del piso y el pasaporte. Y allá que fuimos mi casero castrense y yo, poco después de firmar el contrato.
Con la suerte que últimamente estoy teniendo para hacer estos trámites, era inevitable que apareciera algún problema, y en efecto, apareció:
Resultó que mi casero, al ser soldado de las Fuerzas Armadas, no tiene carnet de identidad como los civiles chinos. Al parecer, los militares chinos no tienen DNI, sino una tarjeta de identidad especial, de color rojo fuego para que destaque bien.
Este imprevisto, al parecer, planteaba problemas para que yo me pudiera inscribir en la comisaría de barrio. La policía encargada de hacerlo miró el DNI militar del soldado con cara de ver uno así por primera vez en su vida, y sin saber muy bien qué hacer. Esta vez, ni una salvadora aparición del poli bueno del otro día serviría para arreglar el problema burocrático...
Entonces, no sé por qué, se me ocurrió preguntarle al casero, delante de todos:
- Oiga, ¿usted estuvo en Sichuan?
Me refería a si él había estado en las labores de rescate del terremoto que hubo en mayo, en las que participaron muchísimos soldados.
Y sí, en efecto, mi casero había estado: nos contó a mí y a los policías que nos atendían que había trabajado en Beichuan, una de las ciudades más destrozadas.
En fin, el caso es que después de contarlo, las policías del mostrador, con una sonrisa en la cara, aceleraron el hasta entonces tan problemático proceso y en menos de un minuto ya estaba yo registrado. ¿Fue gracias a mi pregunta? Tal vez no, pero podría ser que sí.
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Entre hojas amarillentas...
2 de Diciembre, 2008, 0:01
Un amigo de los de toda la vida -es decir, ya amigo en la era preinternet- me ha mostrado una herramienta de ésas que te pueden hacer pasar noches en vela entretenido buscando cosas... se trata de la hemeroteca de La Vanguardia, que el diario barcelonés ha colgado íntegramente en Internet y con la que cualquier interesado puede ver ejemplares del periódico desde el primero que se publicó, en 1881, hasta hoy. Im-presionante.
Gracias a esa herramienta, he podido descubrir que en las páginas de La Vanguardia del 3 de agosto de 1976, el día en que nací, aparecía este pequeño texto con pie de foto, en el que se hablaba del terremoto que pocos días antes había sufrido la ciudad de Tangshan, cercana a Pekín:

(pongo más grande la esquina donde se ve la fecha, por si hay algún incrédulo)

Es decir, que el día que yo nací, el periódico decía que la vida iba a seguir en Pekín... Claro indicio de predestinación, como expliqué en su día.
Bueno, antes de llamar a Iker Jiménez para que haga un reportaje sobre mí en Cuarto Milenio, he decidido echar un vistazo a más menciones a China o derivados en el centenario periódico catalán. Y he descubierto que China ya aparece en el primer número del diario, el 1 de febrero de 1881 (página 4), aunque sea de forma indirecta, a través de este breve:
-Según noticias oficiales, en las elecciones para diputados a Cortes verificadas en el distrito de Manresa ha triunfado el candidato, hoy ministerial, don Juan Bautista Orriols. No nos ha sorprendido esta noticia desde que supimos que el señor Orriols es tan conocido en el distrito como en la China.
He preguntado a varios pequineses sobre el señor Orriols, y en efecto, todos ellos se acuerdan mucho de él y le tienen gran afecto.
Diez días después, el 11 de febrero de 1881, aparecía China por segunda vez en el diario, otra vez de forma indirecta -aunque no tan indirecta-, y en un breve al parecer bastante cargado de mala baba (¡el periodismo de entonces era bastante más atrevido de lo que pensaba, por lo que veo!).
-No ha querido ser menos el ministro de Estado, y su último decreto ha sido para nombrar al señor Brunetti, hermano político del señor Lasala, representante de España en China. Ya irán saliendo otros legados de los testadores. Esto sí que es aprovechar el tiempo.
Después, el día 23, hay una extraña mención, hablando de soldados chinos en la guerra que por aquel entonces mantenían Perú y Chile (yo creo que es una errata y querían decir chilenos, pero quién sabe). Y el día 26 de febrero, otra curiosa nota breve en la que se anuncia que el principal espectáculo de un circo que pasa por Barcelona va a ser un gigante chino.
Y el 27 de febrero de 1881, primeras menciones "de verdad" a China, de cosas que ocurren allí, y en varias páginas: barcos que pasan o parten de ese país, y una brevísima noticia de una línea que cuenta la firma en San Petersburgo de un "definitivo" tratado de fronteras entre China y Rusia (anda que no han firmado acuerdos de este tipo desde entonces...).
En fin, desde entonces hasta ahora la palabra "China" ha aparecido 132.000 veces en ese diario, según dice el buscador, así que tampoco os las voy a contar todas una por una, pero sí es interesante ver el gráfico de esas menciones a lo largo del tiempo en La Vanguardia, que da una idea clara de la importancia mediática que China ha ido adquiriendo:

Es muy interesante ver la subida de interés por China que hubo en 1950, a raíz de la creación del régimen comunista, así como el pico que hubo hacia finales de los 80 (imagino que por la matanza de Tiananmen) y el todavía mayor pico de finales de los 90 (¿por la devolución de Hong Kong, quizá?).
Y tras un inexplicable bajón en el año 2000, ha vuelto a haber un fuerte aumento de la presencia de China en las páginas del diario barcelonés, por lo que se ve en la gráfica. Me gustaría poder decir que ha sido gracias a la poderosa influencia de Chinochano, pero me temo que no, que más bien ha coincidido con la llegada a Pekín de el corresponsal propio de La Vanguardia, que creo que fue hacia el año 2003. Sigue habiendo corresponsal, así que espero que la cosa no decaiga.
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Poli bueno, poli malo
24 de Noviembre, 2008, 0:01
La escena que toda película policiaca americana que se precie ha de tener, la del poli malo y el poli bueno manipulando al sospechoso, tiene base real, señoras y señores. He podido comprobar en mis propias carnes que el poli malo existe, y detrás de él hay un poli bueno. Y no sólo en los USA, también en China.
 Me sucedió el pasado jueves, cuando procedí al trámite anual de renovarme el permiso de residencia en China. Es un proceso pesado, y de una o dos colas no te libra nadie, pero en general se resuelve con facilidad, y es por eso que a veces le digo a la gente que la burocracia china no es tan mala como algunos la pintan. Sin embargo, esa opinión se me derrumbó el jueves, cuando un policía -el "poli malo", de ahora en adelante- me empezó a poner pegas de lo más peregrino para no admitir mi solicitud de renovación a trámite.
La pega principal era que el sello de la oficina donde trabajo no estaba en el lugar adecuado (pero estar estaba, qué leches). Y atención, también me dijo ¡que el impreso lo había rellenado a bolígrafo, y que para tramitarlo tenía que estar escrito en pluma! Pero hombre de dios, ¿que más dará? Y además, ¿quién demonios usa a estas alturas del siglo XXI una pluma para escribir? Ya puestos que los impresos sean en papiro...
En fin, el caso es que me pillé un cabreo bastante descomunal, y empecé a discutir con el policía, acusándole de buscar cualquier excusa para no aceptar mi solicitud. Él no se arredró, también se enfadó conmigo, y decidí dejar la discusión y marcharme, que con los uniformados mejor estar a buenas.
Una hora después, rellenado el impreso con una Montblanc de oro y diamantes, y puesto el matasellos en el lugar milimétrico donde el poli malo me había dicho que lo debía poner, volví al mostrador. El poli malo no estaba: lo había sustituido el poli bueno.
El poli bueno me ojeó la solicitud, me preguntó cómo me iba la vida, se interesó sobre si la "jingji weiji" ("crisis económica") había afectado mucho a mi país y a mi trabajo, y encima, al ver mi foto de la solicitud, me hizo notar que en los últimos meses yo había adelgazado, porque en la foto estaba mucho más gordo que en la realidad. También me dio su tarjeta de visita, y me dijo que si algún día tenía algún problema con visados o temas similares le llamara. ¡Canastos, vaya cambio de guardia!
Así que al final pude tramitarlo todo en ese día -aún no tengo el visado, pero confío en tenerlo listo el próximo jueves, siempre que no esté el poli malo ese día en la ventanilla de entrega de pasaportes- y me fui con sentimientos encontrados hacia la policía china: por un lado me parecieron unos tocaeggs, por el otro gente muy amable.
Ah, ya me imagino que los que viváis fuera de China, al leer lo de que el poli elogió mi esbelta figura, estáis pensando en un policía como éste,
 Pero no, en China no es raro que los señores chinos se digan entre ellos que están guapos o flacos, no suelen verlo como un signo de pérdida de aceite. Tampoco es que se estén piropeando por la calle continuamente, pero son más relajados en estas cosas.
Eso sirve de muestra para algo que he comentado en alguna ocasión en este blog: puede que China políticamente sea menos libre, pero las ataduras sociales son menores que en España, por lo que a veces, paradójicamente, me siento más libre aquí. O, como dice un amigo español, "en China puedes pasear desnudo por la calle y nadie te va a hacer ni puñetero caso".
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Tercer chinochaño
21 de Noviembre, 2008, 0:01
 Tres años esplendorosos cumple hoy este blog, que se ha convertido ya en una de mis costumbres casi diarias, de la misma forma que lavarme los dientes, consultar la prensa por Internet o sacar a pasear al leopardo polar. Ya no estoy obsesionado con él (no me paso el día pensando en lo que voy a escribir ese día, como me ocurría al principio) y la gente ya no me habla del blog a todas horas, pero forma parte importante de mi vida, con sus lectores y comentaristas incluidos.
Si 2006 fue para Chinochano el año de la novedad y 2007 el de los premios, 2008, con China en primera página de los diarios mundiales casi todos los días, ha sido el año de las polémicas en el blog. Hubo tiempo para escribir cosas de culturilla, jocosidades y temas ligeros, pero los posts que realmente despertaron la participación y los debates más o menos apasionados eran aquellos en los que he tratado un tema pretendidamente serio, como las protestas tibetanas, o el boicot a los JJOO. En general ha estado bien recibir 50, 100 y hasta 200 comentarios en algunos posts peliagudos, aunque a veces se echa de menos el ambiente más relajado y ligero de los dos años anteriores (este año, con tanta pasión, a veces hasta tratando temas de lo más inocente acabamos sacando en los comentarios el eterno debate de si China es buena o mala).
Pero en fin, el blog va evolucionando a su manera, y es fruto de la actualidad, de los comentarios, de mi ánimo personal... Yo este año reconozco que no he estado tanto para bromas, y que ante cierta reacción mundial contra China -llamadas al boicot de Pekín 2008, maniqueízación del conflicto tibetano- me he sentido algo dolido y me he mantenido fuera de esa tendencia. Con ello me he ganado una injusta fama de "pro chino" que no es tal. Obviamente, siento simpatías hacia el lugar al que vivo, igual que me canso de algunas de sus cosas, como le pasa a cualquiera con su lugar de residencia. Yo no defiendo por sistema a China: simplemente reacciono y pongo contrapeso a los extremismos, y como este año a veces parecía que era obligatorio arremeter contra este país, yo intenté demostrar que las cosas se podían ver de otra manera.
No soy pro chino por naturaleza, sino pro moderación por naturaleza: si todo el mundo ahora se pusiera a elogiar a China y se olvidara de sus injusticias, yo las recordaría, porque lo bueno y lo malo conviven en China y la gente nunca debería olvidarse de ninguna de las dos partes.
Este post es un ejemplo de lo que ha pasado este año: es dificil estar al margen de la realidad y escribir cosas ligeras sobre China, ni siquiera en los cumpleaños... Añádele a eso un terremoto como el de Sichuan o los escándalos lácteos, y a veces resulta más que difícil echarse unas risas. En fin, menos mal que de vez en cuando quedan huecos para cantarle a Pekín.
Vamos a ver qué deparan los meses que vienen a China, a mí y a los que me rodean, para ver qué curso sigue el blog. Yo estoy en un momento anímicamente raro, pues había dicho durante años que a estas alturas de la vida ya no iba a estar en Pekín -siempre decía a todo el mundo que me volvería a España al acabar los JJOO- pero aquí sigo, sin plan ninguno de irme. La inercia, la crisis que ronda por ahí afuera y nos da ya algunos mordiscos, la fuerza de la costumbre, y por qué no decirlo, los bajos precios y la belleza de las orientales, me retienen de momento por aquí, y no sé ya exactamente durante cuánto tiempo.
Ahora ya no hay grandes acontecimimentos que sirvan de límite futuro... Así que, de momento, la retransmisión de Chinochano se prolonga indefinidamente, ya sea para polemizar, para relajarse, para mostrar China o para resguardarse de ella. De todo tiene que haber en la viña del señor.

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Se le apagó la luz
22 de Octubre, 2008, 0:01

A veces me siento protagonista de esa famosa canción de Alejandro Sanz. No, no he perdido a ningún gran amor en un accidente de tráfico, ni soy conductor de ambulancia. Lo que pasa es que en mi casa me cortan la luz con bastante frecuencia.
¿A qué se debe esto? ¿Acaso soy un moroso de cuidado? ¿O es que la crisis está comenzando a hacer mella en mi economía? Nada de eso, señores. Los continuos cortes de luz se deben al extraño e incómodo sistema de pago de la electricidad que hay en buena parte de las casas chinas.
Ese sistema tiene como protagonista a una tarjeta, del tamaño de una Visa, y dotada con un chip. Con esa tarjeta vas a un banco chino y les dices que quieres "comprar electricidad" ("mai dian"). Pero no os preocupéis que no os la van a dar en una bolsa, ni os vais a electrocutar.
Los del banco agarran tu tarjeta, la ponen en un aparato, tocan unas cuantas teclas y vualá, ya tienes la electricidad comprada. Luego vas con la tarjeta a tu casa, buscas el contador de la electricidad, insertas en una ranura la tarjeta y al cabo de unos segundos ya puedes disponer de enchufes caseros para poner en ellos los dedos o lo que quieras.
(A lo mejor esto que os estoy contando resulta que también ocurre en vuestros países o ciudades y estoy haciendo el ridículo describiéndolo como si fuera lo más exótico del mundo, pero yo hasta llegar a China no lo había visto, espero no estar quedando muy mal).
El sistema de la tarjeta, como podéis imaginar, obliga a ir al banco, imposibilitando la domiciliación de un recibo. Aunque los bancos chinos suelen ponerme menos enfermos que los españoles -porque tienen unos horarios mucho más decentes y abren sábado y domingo- no me gusta mucho pasar las mañanas en uno, la verdad.
Pero hay más. Como decía al principio, este sistema facilita la posibilidad de que un día te corten la luz. ¿Por qué? Pues porque sólo te avisa de que te estás quedando sin electricidad -la que has puesto con la tarjeta- cuando está a punto de acabarse.
El contador incluye una pantallita con números digitales que van disminuyendo a medida que se acaba el dinero, y cuando los guarismos llegan a cero, te dejan a oscuras. Pero esos números están apagados casi siempre, ya que por ejemplo en mi caso sólo aparecen cuando hay menos de 99 "puntos" de electricidad. (En mi santa casa eso equivale a unos 5 euros de electricidad).
Como te despistes con los números estás amolado. Y yo, claro, me despisto a menudo, porque no entra dentro de mis costumbres diarias el salir a la escalera, subirme al contador con una silla -está bien alto, para jorobar- y revisar si los números están apagados o encendidos.
 Iba a a poneros una foto del contador de mi casa, pero mejor os pongo a este otro contador que por lo menos no me joroba la vida.
Resumiendo, que en virtud de este sistema yo y muchos otros estamos condenados a sufrir, a menudo, cortes de luz. Y no os creáis que la luz se va a cortar a una hora decente, no, a mí siempre se me corta a la peor hora posible: las 7 u 8 de la tarde. Hora perfecta para jorobarte la tarde (es demasiado pronto para irse a dormir, pero ya está oscuro y no se puede hacer nada en casa) y al mismo tiempo estropear lo que haya en la nevera, que estará por lo menos 12 o 13 horas apagada, hasta que el banco abra a las 9 del día siguiente. Por no hablar de lo bien que le va al ordenador que la luz se corte en mitad de faena.
O de lo bien que te va a sentar a la mañana siguiente una ducha fría, puesto que la mayoría de las casas chinas funcionan con calentador eléctrico.
¿Qué mente satánica ideó este sistema que tantos quebraderos de cabeza causa a los inquilinos chinos? Probablemente fue introducido para evitar que la gente se marchara de una casa alquilada sin pagar la luz, ya que con este sistema hay que pagarla a priori, no a posteriori. (Esto añade otra desventaja a los que alquilamos: siempre nos iremos de una casa "regalando" electricidad al casero, porque es casi imposible calcular justo la electricidad que se necesita comprar hasta el día en que nos vayamos).
El tema de la electricidad parecerá un problema tonto, pero el hecho de que exista un sistema tan "desconfiado" creo que revela algo más grave: en China mucha gente no se fía de nadie, para ellos cualquiera pude ser un ladrón, un estafador o un timador (y aunque los hay, no creo que sean tantos como ellos suelen pensar). A veces me quejo un poco -ya sabéis- de la mala imagen que los extranjeros tienen de los chinos, pero creo que también suele pasar que los chinos tengan una mala imagen de sí mismos.
Otra cosa que da que pensar, partiendo de algo tan tonto como un contador con ranura, es la absoluta falta de comunidades de vecinos en China, agrupaciones que se den cuenta de que sistemas como éste para la electricidad son una molestia para todos y deben ser mejorados (por ejemplo, pagando entre todos los vecinos un sistema nuevo). En China apenas hay, que yo sepa, "presidentes de escalera" y reuniones de vecinos de esas que en España nos gustan tan poco pero por lo que se ve son necesarias.
Se nota en lo mal mantenidos que están los espacios comunales de las casas chinas: roña en las escaleras, en los tragaluces, en las fachadas... Quizá sea la hora de crear asociaciones vecinales en China, ahora que el Gobierno habla tanto de "instalar la democracia desde los niveles más bajos".
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No te tires...
14 de Octubre, 2008, 0:01

Que yo sea una persona con una visión bastante postiva de China no significa que piense que todo el mundo aquí es inmensamente feliz cual lombriz. En un país tan grande, y con tantas injusticias, hay muchos dramas personales, y mucha gente que sufre. Algunos hasta el punto de querer quitarse la vida. Yo, de hecho, he visto dos intentos de suicidio, y el más reciente fue anteayer.
Estaba al lado de mi casa cuando de repente vi a una chica gritando desesperadamente y tirándose a la calzada. Suerte que los automóviles en Pekín van bastante despacio, que si no la atropellan. En un acto del que estoy muy orgulloso -no tengo abuela, en efecto- fui a donde estaba la chica, la agarré y la llevé hasta la acera (si no lo hago yo no lo hace nadie, porque los chinos, por mucho que me duela decirlo, son muy reacios a ayudar a desconocidos en casos como éste).
Al parecer, la chica se había quedado embarazada y su novio no le contestaba al teléfono, por lo que ella pensaba que la había abandonado al olerse la tostada. Yo le dije que no hiciera locuras, que hablara con amigos, con sus padres incluso, antes de tirarse en medio de la avenida, y le acompañé a la boca del metro para que se fuera, algo más tranquila, a reflexionar.
Hoy, al leer las noticias por Internet, me llevé un susto de muerte al ver en una noticia que una chica se había matado tirándose a las vías del metro en la línea 2 (la que pasa al lado de mi casa), aunque luego comprobé que ese suceso no había sido el domingo, cuando presencié el incidente de la chica embarazada, sino un día antes. Para qué lo voy a negar, sentí algo de alivio al saber que no se trataba de la joven a la que acompañé a la boca del metro, que espero esté más calmada ahora... Pero claro, en la noticia del diario hay otro gran drama que no conozco ni conoceré.
Este rocambolesco incidente no es, como decía al principio, el primero que presencio en China de esta naturaleza. Nada más llegar, en otoño de 2001, entré en una peluquería -cuando aún no sabía que algunos de esos negocios eran lugares de perdición- y me encontré a una chica que se estaba intentando cortar las venas. Un chico la agarraba por los brazos y me pidió con un tono calmado alucinante que buscara ayuda, así que fui por la calle en busca de alguien que me ayudara a pedir una ambulancia. La gente también mostró una calma increíble cuando se lo contaba, y la ambulancia tardó en llegar, pero el caso es que al final llegó. No sé qué razones tenía aquella chica para estar tan desesperada, porque entonces mi mandarín era inexistente y no me enteraba de nada.
En las noticias, dicen que China es uno de los pocos países del mundo, o quizá el único, donde, misteriosamente, se suicidan más mujeres que hombres. ¿Por qué los hombres se suicidan más que las mujeres, y por qué en China es al revés? Hay quien dice que los malos tratos a las mujeres chinas son uno de los factores, pero, sinceramente, no creo que la situación aquí sea peor a la de, por ejemplo, la India. El suicidio y sus causas son algo más complicado de explicar y comprender, entre otras cosas por el cierto tabú que hay a la hora de hablar de él (yo mismo me siento un poco mal al hacerlo hoy aquí).
¿Qué pasará por la cabeza de tantas mujeres chinas que deciden dejar este mundo? ¿Cómo estarán ahora las dos que conocí yo?
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Argo ze muere en er arma...
8 de Octubre, 2008, 0:01

Aquellos que estéis viviendo en Pekín, seguramente estaréis sufriendo el duro trance de tener que despediros de mucha gente que se va de la ciudad para siempre. Estaba cantado: después de los Juegos Olímpicos, muchos tenían previsto marcharse, y así lo han hecho. Algunos ya querían hacerlo antes, pero decidieron esperar a ver cómo era eso de vivir en una ciudad olímpica, y ahora que terminaron los festejos, ya no hay excusa. Se marchan, adiós, fue bonito mientras duró, al otro lado del mundo también les espera gente.
Cuando se vive en China unos años uno se malacostumbra un poco a estas partidas, pero la verdad es que el fenómeno es especialmente duro -y triste- esta vez, en este otoño. Llega el frío, la ciudad se vuelve "normal" tras años de excitación olimpiádica, y ahora encima mucha gente que formó parte de nuestra vida cotidiana se despide forever, en mucha más cantidad que otros años... Siempre queda el email, el Facebook y las quedadas en Madrid, pero ya se sabe que no es lo mismo.
En fin, con este sentimiento de último capítulo de Verano Azul, yo, que odio despedirme de la gente, y de hecho me he despedido de muchos con un "ya era hora de que te largaras" o con un "vete al carajo", quiero homenajear a todos los que se fueron, se están yendo o se irán.
Y lo haré con unas imágenes muy cursis de gaviotas rafaelalbertianas, pero sobre todo con la que considero desde hace muchos años la mejor canción en chino mandarín. No sólo porque suene como pocas canciones suenan, también porque es una melodía que habla del agridulce placer de viajar, un placer que tiene el horrible inconveniente de que al hacerlo hay que partir.
La canción se llama "El olivo", y tiene una bonita historia detrás, una historia en la que un español es protagonista (no fue casual la elección del olivo, tan poco chino, para titular esa canción). Pero no os cuento la historia porque ya lo hice una vez. En lo que no tengo inconveniente es en volver a poneros otra vez la traducción de su letra:
No me preguntes de dónde vengo, mi casa está muy lejos... ¿Por qué te vas tan lejos, tan, tan lejos?
Por los pequeños pájaros que vuelan en el cielo, por el arroyo azul que fluye en la montaña, por las anchas y verdes praderas, voy, voy muy lejos...
¿Hay algo más? Sí, por el olivo de mis sueños. No me preguntes de dónde vengo, mi casa está muy lejos...
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Llevas - - - tiempo en China
7 de Octubre, 2008, 0:01

Llegas a China por primera vez. Pekín te sorprende, la vida allí parece mucho mejor de lo que te esperabas. La gente además es mucho más simpática de lo que se dice en España, no son ni tan cerrados, ni tan tímidos... A la gente se la ve relajada, intentando ser feliz, y no siempre lo consiguen, pero el panorama general parece positivo. La primera impresión es buena.
Al cabo de unos días, se lo comentas a alguien que lleva más tiempo que tú aquí, y te contesta:
- Llevas poco tiempo en China. Aún no puedes juzgarla...
Pasa el tiempo... Has viajado por el país, has visto los sitios turísticos pero también algunos pueblos pobres, lugares más olvidados, hasta terremotos... Has comprobado, en efecto, que los chinos a veces son muy infelices. Has vivido momentos difíciles, como el pánico por la epidemia de SARS, el enfado por el tema de la leche adulterada... Pero de todas formas, conservas una visión positiva del país, la gente parece esperanzada en un mañana mejor, y a veces entiendes en cierto modo por qué la gente piensa o actúa de forma diferente a como tú lo harías. China sigue siendo, al cabo de todo ese tiempo, un país mejor de lo que pensabas antes de llegar. Sigue habiendo más luces que sombras, aunque también haya sombras.
Al cabo de unos días, se lo comentas a alguien que lleva menos tiempo que tú allí, y te contesta:
- Llevas demasiado tiempo en China. Ya no puedes juzgarla...
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In memoriam del singapurés maoísta
16 de Septiembre, 2008, 0:01

Este fin de semana asistí por primera vez a un funeral en China, por la memoria del padre de mi amigo Huang, el artista. Su padre estaba enfermo de Alzheimer desde hace tiempo, ya no reconocía a nadie el pobre, y falleció el 4 de septiembre. Espero que Huang no se moleste por que trate un poco este triste asunto en el blog, creo que hay puntos interesantes en el tema y en el fondo es una forma de recordar y homenajear a ese buen señor.
Una cosa curiosa es que Huang tardó 10 días en comunicarme la muerte de su padre, pese a que en ese tiempo hablamos por teléfono en alguna ocasión y yo siempre le preguntaba por la salud de su progenitor. Este punto es interesante porque creo que Huang no es un caso aislado: muchos chinos no cuentan inmediatamente a sus amigos, incluso a los buenos amigos, cosas como la muerte de un ser querido o incluso acontecimientos más alegres como su boda o el tener un hijo. Los chinos se toman su tiempo para hacerlo, a lo mejor te lo cuentan semanas o meses después de ocurrido, y a nadie le parece raro.
Al padre de Huang no lo conocí personalmente, sólo en alguna conversación telefónica. Una pena, porque por lo visto era una persona bastante interesante. De joven vivió en Singapur, como muchos chinos del sur, pero, sorprendentemente, decidió volver a China en los años 50 o 60 para unirse a la revolución comunista. Renunció por tanto a vivir en uno de los lugares más limpios, ordenados y desarrollados de Asia para luchar por Mao. Cosas que tiene la vida... Por lo que cuenta su hijo, no se arrepentía de la decisión, aunque quizá en el fin de sus días le hubiera ido mejor vivir en Singapur, con un sistema de salud mucho mejor que el chino.
Y es que en los últimos meses, el padre de Huang estaba ingresado en un hospital que, como tantos en China, se tenía que pagar él y la familia, y encima a precios dignos de hotel de lujo. El hecho de que la sanidad sea de pago y carísima, uno de los problemas más gordos que tiene el país asiático ahora mismo, crea a veces la penosa y triste situación de que muchos chinos, al enfermar un familiar, están más preocupados por el dinero que sale en hemorragia de su casa que por la salud del ser querido.
Respecto al funeral en sí, al que asistí el domingo, no se trataba de un entierro con el fallecido de cuerpo presente, sino de una ceremonia de homenaje en plan budista, ya que el amigo Huang se está volviendo bastante creyente en los últimos años (en cambio, sus familiares más mayores no son religiosos).
La ceremonia en realidad era para muchas personas que habían perdido familiares en los últimos días y habían encargado a los monjes de un pequeño templo del centro de Pekín que rezaran por ellos. Allí se congregaron un centenar de personas, cada una con su desgracia, y muchos de ellos llorando a lágrima viva, era un cuadro bastante triste.
Yo, aunque no creo en el budismo (y eso que me encantaría reencarnarme), seguí por respeto el ritual, imitando lo que hacían todos los que me rodeaban. En realidad era fácil: se trataba de pasarse hora y media con las manos en posición de rezo, y de vez en cuando postrarse en el suelo como hacen también los musulmanes cuando uno de los monjes nos gritaba: "¡De rodillas!". Durante esos 90 minutos los feligreses cantaron mantras budistas sin parar en ningún momento, ahí yo ya no podía seguirles porque sólo conozco el mantra "a-mi-tuo-fo" que creo que es el nombre en chino de uno de los budas más venerados.
La verdad es que no estuve toda la hora y media de la ceremonia, porque tenía otros compromisos ineludibles, pero me quedé maravillado de ver cómo los chinos pueden estar tanto tiempo con las manos unidas en posición de rezo. A mí cada poco rato me empezaban a doler por estar todo el rato en la misma postura y tenía que descansar un poco, lo cual no le molestó a la gente. Es increíble cómo los músculos de los chinos parecen inmunes al dolor de las malas posturas, incluyendo la de estar sentado en cuclillas durante horas.
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Siete años en el Chinet
13 de Septiembre, 2008, 0:01
Tal día como hoy de hace siete años llegué a Pekín por primera vez. De aquel día recuerdo el olor a contaminación que me sorprendió al llegar. Un olor que, dicho sea de paso, ya no percibo, no sé si porque el aire está más limpio o porque me he acostumbrado a él.
Quiero celebrar este aniversario a lo grande: polemizando. Y mi polémica girará en torno a un artículo sobre China que ha escrito el insigne periodista Josep Ramoneda.
Antes que nada, quiero decir que a Ramoneda lo admiro mucho y lo recuerdo de cuando yo estudiaba periodismo y por las noches escuchaba sus comentarios en Hora 25, en una época en la que yo escuchaba mucha, muchísima radio. Su voz, a esas horas, inspiraba paz y mucha serenidad de ánimo. No me acuerdo de lo que hablaba, pero sí que me acuerdo que lo que decía sonaba muy bien.
Por el buen recuerdo que tengo de esas crónicas, me he lanzado hoy a leer el artículo que ayer publicó Ramoneda en El País, seguro de que me iba a gustar. Pero no ha sido así.
En realidad, estoy de acuerdo en la idea principal de la columna, ya que es una idea muy general a la que poca gente creo que se opondría -la democracia ha de llegar a todas partes del mundo- pero mi desacuerdo es total al respecto de las formas que se emplean en el texto para defender esa tesis.
Para empezar, el artículo tiene el siguiente subtítulo:
Después de los Juegos Olímpicos de Pekín, los chinos comparten con los americanos la profunda convicción de que su destino es gobernar el mundo y están empapados de un nacionalismo con vocación imperial.
Primeras líneas del artículo, primer desacuerdo total. Si se me permite una pregunta: ¿Cuántas bases militares tienen los chinos en el extranjero?
En mi opinión, los chinos no desean "gobernar el mundo", porque son un pueblo que históricamente nunca ha sido expansionista. Una prueba: en el siglo XV contaban con la mejor armada del planeta, pero en lugar de conquistar Américas e Indias como españoles y portugueses, decidieron quedarse en casa. Los chinos son de la opinión de que tener "colonias" no da más que dolores de cabeza. Que los españoles tuviéramos en el pasado vocación imperial y quisiéramos gobernar el mundo no significa que todos los pueblos sean así. Cree el ladrón que todos son de su condición...
China, está claro, quiere ser una superpotencia mundial. Pero no por ansias expansionistas ni delirios de grandeza, no señor. Es un sueño de otra naturaleza:
Actualmente, la renta per cápita de China es de 1.500 dólares por habitante. Los chinos quieren que se aumente por lo menos por 10, para parecerse a la de países medianamente desarrollados. Para lograr eso, debido a su enorme población, China tiene que convertirse en el país con mayor PIB del mundo, además con gran diferencia sobre el resto. Ésa es la lucha que tiene China por delante: tiene que ser un país en su conjunto inmensamente rico para que dentro, sus ciudadanos, sean medianamente ricos. Nada de gobernar el mundo ni zarandajas, sino invadir mercados y enriquecerse a lo bestia en lo macroeconómico para sobrevivir en lo microeconómico.
Bien, punto y aparte, pasemos ahora al primer párrafo. En él, Ramoneda critica con dureza la ceremonia de inauguración de los Juegos Olímpicos de Pekín.
A los organizadores de los Juegos Olímpicos de Pekín no se les ocurrió nada genial para el último relevo de la llama sagrada. Y tuvieron que suplirlo con el despilfarro, que es lo que acostumbra a acontecer cuando las ideas no llegan y se necesita impresionar al mundo.
Ahí no tengo nada que reprocharle: sobre gustos hay colores. A mí, por el contrario, tanto el encendido de la antorcha como la inauguración en general me parecieron una obra de arte sublime, capaz de condensar la cultura de China en dos horas, sin retóricas comunistas, y de la mano de Zhang Yimou, quien probablemente es hoy en día el mejor coreógrafo-director de arte-escenógrafo del planeta.
Mi pregunta hacia Ramoneda es la siguiente: si en vez de hacer esa inauguración Pekín 2008 hubiera hecho una totalmente opuesta, ¿a que tampoco le habría gustado? Y si hubiera hecho una basada en el chocolate y el queso manchego, ¿a qué tampoco? En resumen, ¿a que nada hecho en China le gusta, porque lo asocia a un régimen dictatorial?
En mi modesta opinión, mezclar la política con la estética es erróneo. Por poner un ejemplo: las películas de Leni Riefenstahl son consideradas por los críticos de cine una obra maestra de su tiempo, pese a que ella trabajara para el régimen nazi. Los futuristas italianos eran filofascistas, pero su obra ha trascendido a la historia del arte. Zhang Yimou podrá ser amigo del comunismo, pero su arte es premiado en Cannes, Venecia y Berlín.
Y ya que hemos mencionado el nazismo, nos metemos en el segundo párrafo del artículo de Ramoneda, en el que se compara Pekín 2008 con Berlín 36:
La ceremonia inaugural de Pekín fue la versión posmoderna de la ceremonia de Berlín del 36. Las mismas obsesiones ideológicas -masa, uniformidad, disciplina, repetición, perfección formal, anulación del sujeto- sólo que en alta definición y tecnología de punta.
Lo primero que me gustaría decir a este respecto es que lo de comparar a los JJOO de Pekín con los de Berlín es tan original como una tortilla francesa en el mundo de la gastronomía. Se ha repetido tantas y tantas veces, que se ha convertido en una cosa: retórica. La retórica comunista es cansina hasta la médula, pero los críticos con el comunismo están cayendo en el mismo defecto de repetir una y otra vez las mismas frases, las mismas consignas, como robots. Los anticomunistas cada vez se parecen más a los comunistas.
En segundo lugar, al respecto de esa manía de comparar a China con la Alemania nazi: esa comparación es probablemente una de las cosas más ofensivas que se le pueden decir a los chinos. ¿Por qué? Por la sencilla razón de que los chinos, en la Segunda Guerra Mundial, estaban en el bando contrario a los nazis, mientras que los japoneses, que sí se aliaron con Hítler, invadieron China y mataron a millones de chinos.
Para ahondar en este problema pondré un símil: imaginad que dentro de unas décadas se conceden los JJOO a un país africano que, como la China actual, no sea una democracia a la occidental. Pues bueno, es como si entonces un diario se pusiera a decir que esos JJOO africanos son unas "Olimpiadas del Ku Klux Klan". Imaginaos la que se montaría entre los africanos...
Afortunadamente, los chinos suelen ser bastante pachorras a la hora de protestar. Pero vamos, no me parece a mí normal que para criticar a un país lo compares con uno de sus antagonistas históricos.
En fin, que hoy no estoy muy de acuerdo con el amigo Ramoneda: tampoco en lo que dice más tarde del Tíbet, pero bueno, ese tema mejor no meneallo más. Aunque, por supuesto, respeto muy mucho su libertad para expresarse y sigo pensando que es uno de los grandes comunicadores radiofónicos de España. Me gusta mucho más en esta entrevista que he pillado en YouTube.
Por otro lado, sé que El País da voz a todo el mundo en sus páginas, y en otras ocasiones ha aparecido gente en ellas con una visión de China con la que yo estoy más de acuerdo. Así debe ser, independencia y equilibrio, y ojalá que en la prensa china algún día también se pueda dar una situación así.
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Servicios mínimos desde un país semifinalista
24 de Junio, 2008, 0:01
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Hola a todos desde Madrid, aquí estoy disfrutando por fin de mis vacaciones. Llegué anoche tras un vuelo con escala en nuestro "país enemigo" de esta semana, Rusia, pues como siempre me vine en Aeroflot, la aerolínea que mejores precios y azafatas más guapas tiene.
La verdad es que no contaba con estar en España este verano, pensaba que con los JJOO y tal iba a tener que pencar hasta el otoño en Pekín, pero al final aquí estoy. Las razones son varias:
- Después del horrible terremoto, China se ha quedado un poco parada informativamente hablando, parece ser que cansada de tensiones y tomando fuerzas para los JJOO, así que no hay tanto trabajo como pensaba (al menos por ahora, la información es traicionera e igual mañana pasa cualquier cosa).
- Estoy harto de ver la Eurocopa a las 5 de la madrugada y he pensado que en España se verá mejor.
- Esta semana se celebra en Madrid el Festival Internacional de Cine Erótico, que por primera vez sale de Barcelona, y una ocasión como esa no me la puedo perder.
- En Pekín hace cosa de dos o tres días ha empezado a hacer ese calor bochornoso, húmedo y nublado de todos los veranos (este año ha empezado más tarde, eso sí) y no hay quien lo aguante.
En fin, el caso es que todas esas circunstancias me han traído de vuelta a España, donde estaré un mes descansando y reponiendo fuerzas para el empacho olímpico que nos espera en agosto.
Durante este mes, la frecuencia de posteo va a descender: en principio pienso mandar posts sólo los lunes, miércoles y viernes, aunque esto es flexible.
Además, como el blog está tan polémico (hable de lo que hable, acabáis polemizando en los comentarios) he pensado aprovecharlo e iniciar un experimento, a ver qué os parece:
Un día a la semana -los martes, seguramente- me limitaré a poner una pregunta en el blog, sobre China, sin dar mi opinión ni nada, pero pidiendo la vuestra, que podéis dejar en los comentarios o en mi email.
Luego leeré los comentarios, seleccionaré uno o varios y con ellos haré un post, un par de días después, ¿os parece?
Igual no os interesa participar, pero en fin, voy a probar a ver qué tal resulta. Y para probar, empiezo convocándoos con la siguiente pregunta sencilla y complicada a la vez:
¿Hacia dónde va China?
Espero vuestras respuestas. Si la cosa no funciona, no pasa nada...
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Dos libros y un cameo
20 de Junio, 2008, 0:01
Andrea y Mónica, dos amigas que viven en Pekín, han sacado este año sendos libros con temática china de los que tengo que hablar. Tengo la duda existencial de cuál de ellos nombrar primero en este post, así que voy a hacerlo a la manera de Anton Chigurh: tirando una moneda al aire. Cara, Andrea; cruz, Mónica.
He tirado un duro en esta web y me ha salido... cruz.
Así que empiezo por Mónica.
Mónica Ching, mexicana radicalmente enamorada de China, ha traducido al español el Sueño en el Pabellón Rojo de Cao Xueqin, una de las grandes novelas de la literatura clásica china.
Lo mejor de la traducción de Mónica es que con ella ha intentado acercar este clásico a lectores jóvenes, algo que no es fácil teniendo en cuenta que la novela original tiene un grosor como de guía telefónica para miopes. Además, la nueva versión de Mónica tiene ilustraciones en todas las páginas, por lo que casi tiene el formato de un cómic:
Vamos, que pone un tochazo al alcance de todos, algo así como ver el Quijote en dibujos animados.
Creo que Mónica me comentó que el libro por ahora sólo se distribuye en México, pero bueno, si alguien está interesado en conseguirlo le puedo fotocopiar el mío... huy, perdón, quería decir que le puedo poner en contacto con la traductora.
En cuanto al libro de Andrea (Andrea Rodés, la corresponsal del diario Público en Pekín) se llama Por China con Palillos y es una especie de viaje por diversos restaurantes de este país para conocer la comida china, aunque creo que comidas y restaurantes dan pie para hablar también de cosas más profundas de este lugar.
Da la casualidad de que en el libro hago un breve cameo, ya que uno de los relatos cuenta un día en el que le acompañé a ella y a su santo, el inefable Cristian, al restaurante de la cadena Goubuli que hay en la calle Dazhalan, al sur de Tiananmen.
Voy a seleccionar al azar un fragmento del libro de Andrea para que le deis un tiento.
¡Huy, me ha salido el trozo en el que salgo yo! Qué casualidaaaad...
Un amigo periodista, que comparte conmigo la misma pasión por los baozi, prometió llevarme a cenar a un restaurante, famoso por preparar los mejores bollos de Pekín. Era una cálida noche de mayo y apetecía pasear. Quedé con Antonio a las ocho y media en la estación de Qianmen, al sur de la plaza de Tiananmen. Tenía delante el Teatro Guanghe, el teatro de ópera más antiguo de Pekín, que iba a ser derribado en las próximas semanas. El gobierno justificaba el derribo por «el mal estado del edificio» y prometía la construcción de un nuevo teatro, más moderno, «apto para realizar espectáculos comerciales, al estilo de Broadway». Propaganda. Las autoridades de la capital habían puesto en marcha un plan para derribar el antiguo barrio de Qianmen y convertirlo en un complejo comercial moderno. «New Beijing, Great Olympics» era el eslogan inventado por el alcalde de Pekín, Wang Qishan, para justificar el plan de reurbanización de la ciudad de cara a los Juegos Olímpicos de 2008. Qianmen, una zona de templos y teatros al sur de la Ciudad Prohibida, era uno de los pocos barrios tradicionales que quedaban en pie.
Ni el teatro Guanghe ni los viejos hutong tienen un gran valor artístico. Pero son testimonios del antiguo Pekín. El Guanghe es un edificio de tres plantas, con la fachada cubierta de suciedad. Fue cerrado hace tiempo, pero es un lugar emblemático de la capital: los sofisticados aristócratas de las dinastías Ming y Qing disfrutaron aquí de maravillosos espectáculos de danza creados exclusivamente para ellos. Y sobre su escenario empezó la tortuosa carrera artística del maestro más famoso de la ópera china, Mei Lanfang, inmortalizada en la película Adiós a mi concubina.
Tres policías flanqueaban la entrada al teatro, protegido con una valla de madera. Estaban tan delgados que podían subirse los pantalones hasta la altura del pecho. No me dejaron entrar. «Mei you, mei you», dijeron. Di media vuelta y me fui a buscar a Antonio. Él sabía donde estaba el restaurante Goubuli Baozi Dian. Se lo había enseñado su novia china. (...) Pero el Goubuli es un lugar popular en Pekín. Es una franquicia del local original, en Tianjin, la ciudad donde los baozi son la especialidad. Dicen que los baozi fueron inventados por Zhuge Liang, uno de los guerreros más famosos del período de los Reinos Combatientes, a principios del siglo iii dC. Su nombre, Zhuge, es sinónimo de inteligencia y sabiduría. Sea cual sea el pasado de los baozi, los del Goubuli tienen fama de ser los mejores de China. Sirven unos bollos enormes como pelotas de harina, rellenos de una albóndiga de cerdo, cocidas al vapor. Probamos los de carne y los de perejil, cebollino y ajo, de sabor un poco más fuerte. En cada bandeja venían ocho bollos y costaban 20 yuanes. Los baozi no saben igual sin cerveza. Se vuelven sosos y difíciles de digerir. Esa noche los acompañaba con una botella de medio litro de Yanjing beer, una marca local. La cerveza es ideal para reducir el sabor amargo del perejil y la acidez del vinagre. Esta combinación mágica la descubrí leyendo Oracle Bones, del escritor americano Peter Hessler. En 1999, Hessler se pasaba las tardes de verano comiendo baozi y cerveza fría en la terraza de un restaurante de la Yabaolu con su amigo Polat, un chino uigur que se dedicaba a comerciar con los rusos. El restaurante no tenía frigorífico y el dueño guardaba las cervezas en el desguace para que mantuvieran frías. El baozi hay que mojarlo en una mezcla de vinagre y salsa de soja, a gusto. También se le puede añadir una pasta de guindillas, que suele estar junto a las vinagreras. Las del Goubuli eran de hojalata y estaban tan pringosas, que costaba despegarlas del mantel.
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Dedicado al nuevo Blasillo (Blasilla)
18 de Marzo, 2008, 0:01

Mi año de blasillato finaliza hoy (bueno, quizá ayer). Melisa Tuya, periodista del diario 20 Minutos, ha obtenido el premio Blasillo de este año por su blog En busca de una segunda oportunidad, con el que ha salvado las vidas de muchos perros y mascotas abandonados.
Como miembro del jurado en esta edición, le doy mi más sincera enhorabuena a Melisa Tuya, cuyo blog, desde que conocí su existencia, me pareció una iniciativa encomiable.
He de decir que en China jamás he visto un perro vagabundo o abandonado. Eso no quiere decir, me temo, que no abandonen aquí los perros, seguro que también ocurre. La verdad es que ignoro completamente cómo es la situación aquí, si sacrifican a los perros, si hay perreras... Igual es cuestión de investigar.
En homenaje a la nueva Blasilla, dedico el post de hoy a las dos razas de perros chinos más conocidas de China: el pequinés y el chow chow.
El pequinés es el perro más abundante en Pekín. Obviamente, diréis algunos. Pues a mí antes de venir aquí no me parecía tan obvio: siempre pensé que los pequineses no eran realmente de Pekín, al igual que pensé que las hamburguesas no eran de Hamburgo. Bueno, que me estoy liando.
Una razón de su abundancia en Pekín es que el pequinés es un perro pequeño, y que en las grandes ciudades chinas sólo está permitido tener perros de esos tamaños. De hecho, muchos chinos apenas se cruzan en la vida con perros grandes, y les tienen bastante miedo. Los perros grandes suelen estar en el campo y son usados como guardianes, lo que aumenta la fama de perro grande=perro fiero.
Al pequinés en chino se le conoce también como "shizi gou", que se podría traducir como "perro león". De hecho, los leones que danzan en las fiestas de Año Nuevo chino tienen más aspecto de perro pequinés gigante que de león, o esa impresión me da a mí.
Según wiskipedia, el pequinés, la mascota favorita de los antiguos emperadores, es un perro cabezón y celoso, "del que no se debe esperar que acuda cuando le llaman". Un soberbio, vamos.
El chow chow, internacionalmente conocido por la canción de los Mojinos Escozios Déjame que te acaricie el chow chow, no es tan abundante en Pekín, pero alguno que otro se ve, por la misma razón de que es un perro pequeño.
Su nombre en chino también tiene algo que ver con los leones: "songshi quan", que podría convertirse al español en algo así como "perro león hinchado". Vamos, como un pequinés al que se le ha hinchado con una bomba de bicicleta (metafóricamente hablando, por favor que nadie lo intente).
Del chow chow la friskipedia dice que es una de las razas de perro más antiguas que existen, una de las primeras evoluciones del lobo. Y que se cree que llegó a China con las invasiones mongolas, pueblo nómada que ya lo tenía como animal de compañía.
Hay otro perro que podría destacar aquí, que es el mastín tibetano, aunque tal y como están las cosas con el Tíbet, igual me encuentro con 180 comentarios de pro-chinos y pro-tibetanos reclamando su soberanía por esta raza de can... Bueno, me arriesgaré.
 Los mastines tibetanos son animalillos que suelen correr libres por los pueblos del Techo del Mundo, sobre todo cerca de los templos, ya que los budistas creen que ésta y otras razas perrunas son animales de buena fortuna (he oído incluso decir que son reencarnaciones de personas, pero no estoy seguro de ello). Pese a su supuesta bondad, a veces son semisalvajes, así que hay que tener cuidado con sus mordiscos.
Chow chows, pequineses y mastines tibetanos saludan desde aquí a Melisa Tuya, le felicitan y le agradecen el mucho bien que ella y su blog han hecho por toda la raza canina.
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El agua inalcanzable
11 de Marzo, 2008, 0:01

Una de las cosas que más me sorprenden de mi vida cotidiana en Pekín es lo difícil que resulta, para mí por lo menos, comprar algo tan normal y corriente como es el agua. Cada vez que se me acaba paso por los mismos quebraderos de cabeza, y sigo sin entender cómo se complica tanto un asunto que debería ser puramente rutinario.
Lo primero que hay que decir, para los que no lo sepan, es que el agua del grifo en China no es potable. Es algo que a los chinos no les molesta excesivamente, porque ellos hierven el agua antes de beberla y se la toman caliente, pero para los extranjeros es algo bastante fatigoso. De hecho, cada vez que aterrizo en Madrid, con su deliciosa agua del Canal de Isabel II, una de las primeras cosas que hago es ir a la cocina, ponerme boca arriba bajo el grifo y meterme entre pecho y espalda cinco litros de hachedoso sin vaso ni leches (bueno, estoy exagerando un poco pero es casi como lo cuento).
Para paliar la falta de agua potable en China, una posibilidad es comprar agua embotellada, y otra, mucho más popular, es comprarse un surtidor como los de las oficinas americanas...
 ...y, en vez de comprar agua embotellada, comprarla embidonada.
Como los bidones de 10 litros son algo pesados de llevar en el cesto de la compra, en China hay vendedores de estos bidones que cuentan con repartidores a domicilio en triciclo. Sufridos trabajadores que, cual butaneros, son capaces de llevar dos garrafas al hombro y subir los pisos que haga falta, algo muy importante teniendo en cuenta que en este país hay bloques de hasta siete u ocho pisos sin ascensor (sin ir más lejos, el mío).
 Hasta aquí parece que el problema del agua en casa está solucionado, pero no estaría yo tan seguro. Para mí, por lo menos, los problemas empiezan entonces, o como decía al principio del artículo, cuando se me acaba un bidón y tengo que pedir otro por teléfono.
El primer problema es que muchos de los vendedores de agua no te quieren vender un bidón aisladamente. Para asegurarse el negociete, te obligan a comprar un vale por 10 bidones, que según vas necesitando vas canjeando. Empiezan los regateos...
¿Y qué pasa entonces? Pues que a lo mejor vas a pedir agua y justo la que quieres -no la que quieres sino la que te obligan a querer, porque has comprado un bonoagua de 10- se les ha acabado. Problemón, al menos para ellos. Entonces te preguntan "¿qué marca de agua quiere?" Pero a ver quién es el listo que se sabe marcas de agua de bidón... "¿Font Vella no tienen?" "¿y agua de Solares?".
Entre los problemas de comunicación en chino que tenemos los extranjeros y lo difícil que te lo ponen los aguadores, las conversaciones telefónicas para pedir agua suelen ser las más farragosas del día.
Pero el problema aún no termina... Todavía es posible que el repartidor de bombonas de butano, perdón, de bidones de agua, llegue a tu casa y se niegue a darte el agua que te lleva, porque NO ES DE LA MISMA MARCA que la del bidón vacío (porque esto es como las cocacolas, hay que devolver los cascos). ¿Qué hacer? ¿Sacarse un abono de 10 de todas las marcas de agua embidonada existentes?
En fin, que en China está tan difícil eso de beber agua que dan ganas de pasarse integramente a la cerveza.
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