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20. Asuntos personales


Octavo chinochaño

21 de Noviembre, 2013, 0:01


Una fría noche del noviembre de 2005 en aquel cutrepiso de la calle Dongwangzhuang, mientras mi entonces novia veía series coreanas como en cada sobremesa de la cena y yo me aburría por ello, decidí abrir mi Toshiba portátil de 15 kilos y comenzar uno de esos blogs que entonces estaban de moda. Ocho años después he cambiado unas siete veces de piso, cuatro de ordenador y entre tres y cinco de novia. He perdido pelo, he ganado barriga y de veinteañero he pasado a casi cuarentón, pero una cosa ha permanecido inmutable, el viejo blog Chinochano. Aunque ya no estén de moda los blogs.



Anteriores celebraciones


La filosofía de Chinochano es la misma que en 2005, no me tengo que reinventar para captar audiencia ni nada por el estilo, porque no soy un programa de Telecinco: lo que quiero es entretenerme e intentar que también se entretengan los que lo leen, aunque he de reconocer que este año el blog ha tenido una dura competencia en las noches caseras con los jueguitos del iPhone de las narices, que me tienen embobao. Sea como fuere, desde el anterior cumpleblog ha habido mucho tiempo para decir y hacer cosas. Por citar algunas...

- Cumplir uno de mis sueños más largamente pospuestos en el blog: hacer un vídeo de Hitler Se Entera, aprovechando una de las noticias más bizarras del año en China (la misteriosa aparición de miles de cerdos muertos).

- Obsesionarme con los huevos verticales en el equinoccio de primavera. Y después, con el pato gigante, cuyo post relativo es el que más he actualizado este año, porque sin duda alguna ha sido uno de los temas de la temporada.

- Hacer creer (al menos a un lector) que este blog era una gran patraña, en el Día de los Inocentes.

- Renovar los "posts útiles" sobre estudio de chino y rastreo de vivienda, que cada día está más achuchada la cosa.

- Discutir de cine chino con Diego Iván, que ha sido sin duda alguna el comentarista más activo (aunque a veces haya sido un poco troll no se le puede negar el mérito, en estos tiempos que corren donde ya pocos comentan en las bitácoras). El post de la peli de la hambruna ha sido el más comentado del año, aunque más bien fue un diálogo a dos...

- Volver a jugar con los mapas (algo que siempre me ha gustado hacer, pero que este año no he practicado todo lo que debería) e intentar con ello mediar en los cada vez más tensos problemas marítimos de China con sus vecinos.

- Cambiarme de casa con el cambio de año, sobrevivir a un sospechoso accidente en el que estaba involucrada la mafia de los mensajeros, y que mi perra y compañera infatigable también sobreviviera a su odisea particular.

- Viajar y contar lo viajado, especialmente con fotos (Chongqing, Tres Gargantas, Hainan, Corea del Sur y mi ciudad tocaya, Zhangjiajie...). Y tener un intercambio de opiniones (en el buen sentido de la palabra) con la UNESCO, después de lo visto en algunos de esos viajes.

- Ver y contar uno de los conciertos más divertidos y surrealistas que he visto jamás, el del incombustible Julito Iglesias, en su primera venida a la tierra de China.

- Tentar a la suerte viajando un 4 de abril a las 4:44 (lagarto, lagarto).

- Conmemorar los 40 años de relaciones chino-españolas de la única forma posible, con sesión de dibujo libre.

- Sacar petróleo del lapao, (chorradica que volvió a unir mi Aragón natal con mi China adoptiva), de la peor película china de la historia, de la casa en el tejado...

- Convocar, ¡por fin, tanto tiempo sin hacerlo! un concursete y otorgarle el premio a un lector de Aveiro (Portugal) que aún me debe una foto junto a los preciosos barcos de sus costas (¿será que el galardón se ha perdido por el camino?).

- Y ¡hey, muy importante y novedoso! TOMARME UNAS VACACIONES DEL BLOG, el pasado mes de septiembre, las primeras en ocho años (lo disimulé bastante bien, rescatando fotos del Grupo de Facebook).

Han sido, dentro y fuera del blog, 12 meses en los que he buscado la tranquilidad, después de dos o tres años anteriores un tanto tempestuosos en lo laboral y en lo sentimental, por lo que escribir aquí ha servido un poco para lograr una deseada estabilidad (quizá por ello he entrado aún menos que otras temporadas en temas políticos y polémicos, porque no tengo ganas de guerras).

En fin, otro año bien empleado, por lo menos en esta magna obra mía, que ya ha durado lo mismo que una EGB. ¡Vamos a por el BUP!

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La Oncisea

10 de Octubre, 2013, 0:01


Como he prometido a más de uno, voy a contar aquí no cómo fueron mis vacaciones, sino las de mi perra Once, que aunque ella seguramente no lo sabe, me han tenido en vilo durante todo el mes de septiembre, mientras miles de kilómetros nos separaban.

Cuando me voy de Pekín, o bien dejo a la perra en casa de algún amigo (cosa que no me gusta hacer mucho, porque en venganza por irme yo Once suele hacer sus cosas en sofás y otros lugares prohibidos) o bien en una guardería para perros (algunos la llamarán perrera, y no les culparé) que se encuentra junto al Parque Chaoyang, y que es regentada por una conocida marca china de tiendas y productos para perros que se llama Kudi, de la que soy socio poco menos que honorario.

Semanas antes de irme a España, una tragedia golpeó ese parque: en una piscina para perros que hay en el lugar, un cable suelto o alguna cosa similar creó una corriente en el agua que mató a dos perros (un caniche y un golden retriever) y a su dueño, que se tiró al agua para intentar salvarlos. La noticia salió en los medios locales y me dejó anonadado.


Pese a la preocupante situación, y haciendo algo que quizá no todos habrían hecho, decidí semanas después, en la víspera del viaje a España, dejar a Once en ese lugar marcado por la tragedia. ¿Por qué razón? Primero, porque Once nunca se ha bañado en esa piscina, ella sólo ha estado en la zona de jaulas y parquecillos en la que se alojan los canes que pernoctan allí, a decenas de metros del sitio donde ocurrió el accidente. Segundo, porque pensé que tras el disgusto los de Kudi aumentarían las medidas de seguridad y los cuidados a los perros, por lo que igual hasta era el mejor sitio para que la perra se quedara.

Total, que allí dejé a Once (quien al irme lloró desconsolada, y diría que más que otras veces) y me fui a España, donde conforme iba contando la historia a familiares y amigos, cada vez me convencía más de que quizá no había hecho bien del todo.

Mi preocupación aumentó aún más cuando, en mitad de vacaciones, recibí por Wechat (la versión china de Whatsapp) un mensaje en chino que me informaba de que el parque de Kudi en Chaoyang iba a ser cerrado, por lo que Once sería trasladado a otro lugar, de una empresa diferente pero que colaboraba con ellos. No explicaban las razones de la mudanza, o no las entendí al estar en mandarín, pero por lo que me he enterado después el parque de Chaoyang ha quedado casi en bancarrota. Y es que l
a compañía ha tenido que pagar a la familia de la víctima (que encima era un trabajador de la influyente televisión estatal china CCTV) una fuerte indemnización de dos millones de yuanes, equivalentes a 250.000 euros. Para que os hagáis una idea, las víctimas del mediático accidente del tren bala chino, en 2011, recibieron la mitad de ese dinero.

Si estaba preocupado antes por Once, imaginaos a raíz de enterarme de su traslado... Tal era mi desazón que el pasado lunes, nada más aterrizar en Pekín, decidí ir en el mismo taxi que tomé en el aeropuerto, antes de pasarme por casa, a la misteriosa perrera donde Once había sido trasladada sin mi permiso.


El viaje en taxi fue largo, muy largo... Entre ida y vuelta me gasté 350 yuanes (unos 45 euros) para llegar a un sitio tan alejado de Pekín que ni siquiera estaba en Pekín, sino en la provincia vecina, Hebei. Una zona rural, donde la carretera que llevaba a la perrera donde estaba Once estaba cubierta de trigo recién cosechado, para que los coches, al pasar y levantar aire, separaran el trigo de la paja.

En fin, el caso es que allí estaba Once, sana y salva, oliendo a perrera pero superviviente de tantas desventuras. Ahora está nuevamente en casa (mientras escribo esto gruñe por detrás, como si supiera que estoy hablando de ella) y ya me estoy estrujando las meninges para pensar qué hacer con ella en las próximas vacaciones, porque esto de las perreras-guardería es un sinvivir.

La foto del principio es de Once poco después de salir de la perrera,
ésta del final es de un día después. bañada y con el pelo cortado.

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Wo xiang ni

3 de Agosto, 2013, 0:01











Suelo visitar España una vez al año, normalmente en verano. El pasado año fui excepcionalmente pronto, en mayo, y en 2013 lo voy a hacer excepcionalmente tarde, en septiembre. En consecuencia, llevo ya unos 14 meses sin ver mi tierra natal, y serán casi 15 cuando vaya, posiblemente el tiempo más largo que he estado sin ver mi querida España (esta España mía, esta España nuestra).

Con tanto tiempo fuera, hay muchas cosas que se echan de menos. Las más obvias (la familia, los amigos y el jamón) no creo que tenga ni que citarlas, pero hay otras más sutiles que para un residente en China pueden suponer una gran añoranza, aunque parezcan pequeñas cosas. Os cito algunas que, al menos yo, echo enormemente de menos:


  LOS MELOCOTONES: La lista de comidas que uno echa en falta a miles de kilómetros de distancia podría ser interminable, pero la gran variedad de restaurantes españoles en Pekín ha hecho que, por ejemplo, sea casi imposible no comer paella en citas con amigos. En cuanto al jamón, como es algo que las visitas suelen traer o algo que te regalan antes de volver a China ya casi sin preguntar, es fácil que lo tengas en tu casa pequinesa durante una temporada.

El verdadero y oculto problema es cuando hay alimentos que sí existen en China pero son sumamente peores, y creo que el caso de los melocotones es un ejemplo de libro. Que los chinos piensen que eso que conocen como "tao" es lo mismo que nuestros melocotones me produce muchísima pena por ellos. Y mira que tampoco me hincho a melocotones en España...



LOS CIELOS NUBLADOS: En Pekín quejarse de la contaminación se ha obligado ya en una costumbre social, semejante a hablar del tiempo. Yo me quejo poco -creo-, pero reconozco que el cielo de Pekín es muy aburrido y sólo tiene dos posiciones: o está soleado (como hoy, día de mi cumpleaños por cierto) o con niebla (más o menos rebozada de contaminantes), un estado este último que los pequineses consideran sinónimo de "nublado".

Pero ay, esos cielos nublados, velazqueños, que se forman en España, donde ves las nubes allá en lo alto, no rodeándote, jamás los he visto en Pekín, y de pasar meses sin verlos uno les ve la hermosura.



LA TELE, Y CUANTO PEOR, MEJOR: Sí, ese aparato que en España muchos han sustituido por el ordenador o el móvil, y que para muchos sólo da telebasura (y tal vez sea cierto). La tele china me parece tan sumamente aburrida -aunque el no entender mucho de lo que dice puede influir en ello- que cuando voy a España soy capaz de ver cualquier cosa, "Sálvame" incluido. Imagino que es síndrome de abstinencia de un medio que es adictivo, pero a mí me gusta ver a esa gente que habla sin parar ante las cámaras, o esas muestras de la cultura más populachera de España, que me ayudan a conocer cómo respira el país. Cierto es que por distintas circunstancias siempre me ha pasado, desde la adolescencia hasta ahora, que he estudiado o trabajado en sitios donde no podía ver la tele o tenía acceso limitado a ella, por lo que llevo 25 años viendo la caja tonta de forma muy mal administrada: una o dos semanas pegado a ella como un conejo ante los faros de un coche, y el resto del año ni olerla.

En realidad, ahora la tele se puede ver por internet, pero eso sería en países donde la ADSL hubiera superado el paleolítico tecnológico, y no es el caso de China. Y esto nos lleva al siguiente epígrafe.



INTERNET CON VELOCIDADES SUFICIENTES PARA NO ENLOQUECER: Esto quizá no debería decir que lo echo de menos, porque cuando me fui de España en 2001 no existía, pero actualmente lo disfruto tanto en el mes de vacaciones que suelo pasar allí que cuando regreso a China quiero morirme.

Ése no tener que enchufar la VPN (que, como los coches viejos, no siempre entra a la primera), esos vídeos que se cargan mientras tú los ves sin tener que pararlos para que la barra progrese... ¡Qué maravillas de la técnica tienen al otro lado de Eurasia, oye! 


LA COMIDA BASURA ESPAÑOLA: España quiere venderse en China, está claro, y se promociona como país de buena comida, que lo es. Llegan al gigante asiático los mejores vinos, el mejor jamón (carísimo), pero... ¿dónde están esas guarrerías que a veces nos alegran la vida? Esas Panteras Rosas, esas bolsas de Risketos, esos sandwiches de Rodilla (señor Rodilla, no se me enfade por llamar guarrería a sus productos, que me encantan). Yo no sólo quiero lo más selecto de los paladares españoles, ¡quiero lo peor!

Bien es cierto que los chinos también son unos hachas preparando sabrosas insanidades, pero cuando uno se ha criado a base de triángulos de supuesto chocolate rellenos de supuesta crema, es lo que le pide el cuerpo.



LOS CUATRO GATOS QUE DOBLAN A LAS 300 ESTRELLAS DE HOLLYWOOD: Estando fuera de España, uno se acostumbra a ver películas con subtítulos, y hasta se convence plenamente de que son lo mejor para disfrutar del séptimo arte. Sin embargo, cuando has estado 25 años escuchando las voces de los dobladores españoles, siempre los mismos y cada uno con 30 actores en nómina, les acabas cogiendo cariño, son como de la familia.

Aquella voz de loco que dobla a Will Smith o a los protagonistas de comedias de enredo, esa voz sexy que no se parece en nada a la que tiene Angelina Jolie pero que la hace más sexy aún... Yo soy de los que eliminaría el doblaje, pero tras una infancia y una adolescencia oyendo dobladores (que, lo admito, tienen preciosas voces) tengo sus tonos en la memoria y al volverlos a oír en España me evocan muchas cosas.



PARTIDOS DE FÚTBOL A HORAS TEMPESTIVAS: No soy tan futbolero como aparento, pero alguna que otra vez me gusta ver algún partido, sobre todo de selecciones o alguno de la Liga de Campeones. En China, eso se complica por el hecho de que la mayoría de los partidos europeos son aquí a las 3 o las 4 de la madrugada, por esa manía que tiene la Tierra de rotar sobre sí misma y crear diferencias horarias. He visto a compañeros de trabajo, enormes fans del Barça o el Madrid, perdiendo sueño y años de vejez para intentar ver todos los partidos importantes de su equipo una o dos veces por semana.

A mí lo que me suelen destrozar son los Mundiales y las Eurocopas, pues intento ver cuantos más partidos mejor, y acabo padeciendo un mes de insomnio y varias semanas posteriores más de jet lag para intentar acostumbrarme a los horarios normales. Casi hasta agradezco años que, como éste, son impares y no tienen grandes encuentros de selecciones, aunque bueno, ahora que España gana cosas también juega la Copa Cofederaciones y te destroza otra vez... (Pensé que siendo en Brasil este año mejorarían algo los horarios para los espectadores chinos, pero no, todavía fue peor, la final en Maracaná la vimos a las 6 de la mañana).



DESCONOCIDOS QUE TE HABLAN: En Pekín, la gente en la calle va bastante a lo suyo, y más en un lugar donde se mezclan chinos y extranjeros, ya que unos no saben si los otros van a entenderles o ser entendidos. En consecuencia, la experiencia callejera de un extranjero en Pekín es un poco frustrante: no te hablas mucho con el que te vende el pan, el kioskero... En España yo tampoco soy mucho de los de contarle la vida al camarero, pero es cierto que te relacionas un poco más con la gente desconocida, y eso a veces te da curiosas anécdotas.

Echo de menos tanto ese detalle que cuando estoy en España hago cualquier encuesta que me pidan por la calle, aunque me quieran vender algo (total, a las pocas semanas no voy a estar para comprarlo, ya me pueden buscar...). Un matiz: lo de no interactuar en la calle me pasa sobre todo en Pekín, pero si voy a provincias de China no es tan así (en mi reciente viaje a
Fenghuang, por ejemplo, todo dios quería hablar conmigo y hacerse fotos). Otro matiz: echo de menos hablar con desconocidos totales, no con conocidos de conocidos que yo desconozco, con los que suelo encontrarme algo incómodo, al menos de primeras.





Ésas son algunas cosas que echo de menos de España viviendo en China. Alguna me habré dejado, porque, como digo, llevo ya casi un año y un trimestre lejos de allí, y la memoria empieza a fallar. Cuando esté en España, si me acuerdo, haré una lista de lo que echo de menos de China, aunque no suelen ser añoranzas tan intensas, porque sé que un mes después las voy a disfrutar. En el primer puesto, indudablemente, se sitúa esta animala...

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No seas supersticioso,
que da mala suerte

4 de Abril, 2013, 4:44

Pues nada, lo que contaba hoy en el Grupo de Facebook... Que hoy, día 4 del mes 4 (abril), que en China es la festividad de los muertos, he viajado en el asiento 4 de un avión que abordé a las 4:44 de la tarde, y que en casi 4 horas me llevó a Hainan, donde pasaré unos días por cuestiones de trabajo. Menos mal que no soy chino ni supersticioso (por lo menos supersticioso con las cosas chinas), porque el 4 es considerado aquí un número de mal agüero, ya que se pronuncia de forma similar a "muerte" (las dos cosas se dicen "si" en mandarín, aunque con distintos tonos). No es de extrañar que el día de hoy sea el equivalente oriental a la fiesta de Todos los Santos, el día en el que los chinos visitan a sus parientes fallecidos en los cementerios (aquí se conoce como "El Día de Barrer las Tumbas").


¿Y ese crespón negro que me ha salido en la esquina de la foto sin yo pretenderlo?
Huy que yuyu...



Encima estamos en el año 13, número éste inofensivo en China pero gafe para algunos occidentales... ¡Pero 1+3=4! No es de extrañar que el avión no fuera muy lleno, en él viajábamos CUATRO gatos...

Me encuentro en Hainan, isla tropical del sur de China, para cubrir el Foro de Boao (cuatro letras), una especie de Davos pero centrado en Asia (cuatro letras). Este año destaca la presencia del presidente de Perú (cuatro letras). En fin, os dejo que me voy a echar varios kilos de sal por encima del hombro.

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Confieso que he pecado...

28 de Diciembre, 2012, 0:01



Amigos lectores, habréis notado que hoy el fondo de este post es rojo, en lugar de mostrar el color así como medio lila que le ha caracterizado durante siete años. He elegido este color porque roja, de vergüenza, está mi cara hoy: tengo que confesaros algo, y no sé cómo empezar...

Como sabéis, este blog tiene más de siete años de historia, y China ha sido el tema principal del blog. Un país fascinante, en verdad... Pero aquí va mi gran verdad, que espero no os duela demasiado: no vivo en China. Lo he escrito desde el principio, con algunas excepciones, desde mi casa de Alcalá de Gurrea (provincia de Huesca), en la que llevo asentado más de 10 años, dedicándome principalmente a las labores del campo.

Sé que cuesta creer... empezó como un juego, pero con el paso de los días, de las semanas, y al ver que los lectores "picaban", me metí en el papel... tanto que en ocasiones casi creí vivir en Pekín, y así parece que todos lo creyeron, salvo algunos familiares y amigos que me conocen y que a veces contribuyeron a la broma con sus comentarios (prácticamente todos ellos son de mi tía, que la pobre parece haber desarrollado múltiple personalidad).

Hoy en día, con Internet, puedes escribir en Siberia y decir que eres argentino. Puedes ser una mujer despampanante, y asegurar que eres un cincuentón gordo (aunque lo normal sea lo contrario). Puedes, como yo, postear desde la Hoya de Huesca y hacerte pasar por residente en Pekín. Un lugar en el que no he estado ni estaré, porque sólo de montarme en un automóvil ya me mareo...

Mis estrategias para hacerme pasar por pequinés se han refinado tanto con el tiempo que a veces me doy miedo. Por ejemplo, los fotos y vídeos en los que ocasionalmente he salido en Pekín, cantando o haciendo las cosas más disparatadas, en realidad son elaborados por un grupo de teatro rural cuyos actores, amigos míos y viéndole gracia a mis tonterías, decidieron hacerse pasar por mí y hasta crearon decorados que ayudaran a la gente a creer las historias. Lo de crear una "muralla china" con los muros de la linde del campo del vecino tuvo mucho mérito.

Cuando alguien me pedía ayuda para algunas cosas sobre China, aunque algo abrumado, buscaba la información como podía. Algunas cosas me las contaron los propietarios del bazar chino del Coso Bajo de Huesca, otras las he imaginado viendo películas de Bruce Lee y Jackie Chan... también me ha ayudado mucho consultar el Diccionario Enciclopédico Abreviado, que las cajas de ahorros regalaron en los 80 y que están llenas de datos muy útiles que nunca pierden vigencia.

El problema de mi gran pantomima, y quizá la causa de que os tenga que confesar todo, es cuando algún lector desde Pekín quiere quedar conmigo, y ahora por ejemplo se ha presentado una situación crítica que me ha llevado a decir basta. Un grupo de 50 aficionados lectores del blog ha organizado la próxima semana una fiesta en una calle llamada Sanlitun, o algo así, asegurando que era en mi honor, e invitándome (bueno, más bien exhortándome) a que acudiera a ella como invitado ("Chinochano Fest", lo han llamado). Hasta han repartido flyers del evento, me cuentan... Durante días he dudado de si contratar a alguien como doble (no sabía cómo, busqué en Google agencias de actores en Pekín pero no me enteraba mucho) o alegar una gastroenteritis, pero al final he decidido hacer de tripas corazón y decir la verdad, pues creo que el juego ya ha durado lo suficiente.

En fin, espero que no os haya molestado mucho durante los últimos siete años o así... prometo no volver a hacerlo, por lo menos con tema chino. A partir de ahora, este blog dejará de hablar de un tema que en realidad me estaba empezando a quedar algo grande, y hablaré de algo que sí conozco de verdad, la Fórmula Uno. Me gustaría mostraros todo lo que sé de boxes, alerones y vueltas rápidas, pero lo haré en la próxima entrega del blog, que tendrá nombre diferente, claro... No puedo hablar de carreras de bólidos y llamarme Chinochano (que en mi tierra, Aragón, significa "poco a poco").





ACTUALIZACIÓN (Al día siguiente):


Lo escrito ayer era una tradicional inocentada, espero que no os asustarais...
(hubo al menos una persona que sí, lo siento mucho por él).
Vivo en Pekín, ahora en una casa junto al Segundo Anillo,
no soporto la Fórmula Uno, y he estado en Alcalá de Gurrea sólo una vez, hace 20 años.
Este año quise salirme de la tradicional "noticia de broma" y no sé si me pasé...

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Feliz Navidad, así sin más

25 de Diciembre, 2012, 0:01




Siempre he dicho que no soy muy navideño, pero un post felicitatorio nunca queda mal... y me sirve además para darme un respiro en un mes complicadísimo en lo personal: mudanzas de un lado para otro, complicaciones laborales, sentimentales... Con deciros que en la mañana de Navidad me he tenido que levantar a las 6 de la mañana para mover cosas a una nueva casa... pero en fin, supongo que llegarán épocas mejores.

Leyendo desde la distancia el drama de los desahucios en España, entiendo perfectamente que no haya cosa que más mine la moral de una persona que tener que mover toda su vida de un lugar a otro. Si además es por problemas económicos... en mi caso el tema bolsillo no es tan dramático, pero mi cruz es que he tenido que buscar piso y hacer muchos, pero que muchos traslados de aquí para allá, con nieves y las temperatuas de 10 grados bajo cero que tenemos en Pekín. Muchas otras cosas alrededor no me han ayudado a serenarme, pero bueno, no os voy a liar con mis rollos, que todo el mundo los tiene...

Pasadlo bien y en compañía de aquellos que más queréis... y si no, acordaos de ellos.

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Siete años en el Chinochanet

21 de Noviembre, 2012, 0:01





Estar en China produce extrañas efemérides que uno siempre recuerda, a veces hasta más que los cumpleaños de la familia (menos mal que Facebook ayuda en eso). Por ejemplo, el 13 de septiembre es mi "cumplechinas", el día en el que llegué a este país. Y hoy, 21 de noviembre, es el cumpleaños del blog, pues tal día como hoy de hace siete años lo comencé, probablemente sin imaginar que un septenio después iba todavía a estar escribiéndolo, como si fuera adicto a él o algo (¡¡¡¡lo puedo dejar cuando quiera, doctoooor!!!!).

Como tengo memoria de chorlito (para eso está este blog entre otras cosas, para dejar memoria de cosas que en algunos casos ya olvidé) no puedo en cada cumpleaños dar un repaso a toda la historia de la bitácora, ya me pierdo por sus recovecos y su saber ya casi enciclopédico (si existiera una enciclopedia que sólo compendiara pendejadas). Pero sí al menos suelo repasar en cada cumpleaños lo sucedido en el blog en los pasados 12 meses...

Y
quizá una de las cosas que permanezca en el recuerdo será la paliza campaña que lancé en primavera durante las elecciones de los premios internacionales BOBs, en los que, tras lucha sin cuartel con un blog venezolano, conseguí el galardón al mejor blog en español. El premio en realidad fue lo de menos (y más teniendo en cuenta que la organización pasó olímpicamente de los premios del público y no me mandó ni un mal email de felicitación), pero la campaña electoral, la emocionante competición final y la apuesta cumplida en lo alto de la Gran Muralla hicieron que valiera más la pena el camino que el destino.

También fue un año de polémicas, como nunca puede faltar en un blog que hable de China, el lugar donde se pueden politizar hasta las bolsas de patatas fritas. Discutimos aquí de la Operación Emperador, del jefe de Mercadona o de la fortuna de Wen Jiabao, aunque quizá la discusión que se llevó la palma, porque se extendió a otro blog y dio mucho que comentar, fue la que tuvimos mi ex-némesis Chinitis y yo en verano, en plan De La Morena-García (yo fui Butanito, obviamente). La discusión nos quitó alguna hora de sueño y nos añadió alguna cana, pero al final Chinitis y Chinochano sellaron una histórica paz en una cervecería junto al parque Chaoyang y ahora nos emaileamos de vez en cuando sin acritud.

El año en China fue en general bastante peñazo, no sólo porque únicamente dos temas coparan casi toda la información (la transición de poder y el escándalo Bo Xilai), sino porque estos temas se vieron acompañados de los dos tipos de información que más manía tengo (la que hace futurología y la que se basa en rumores), así que la actualidad del país me inspiró poco, la verdad, quizá por ello un menor posteo que otros años (aunque puede que esté culpando injustamente a la actualidad informativa de mi creciente pereza). En todo caso, hubo algo de sitio para esos temas-estrella: de Bo Xilai, hartos de tanta teoría, al final los lectores del blog decidieron que todo era culpa de Matrix, mientras que en la transición de poder comunista acabo recientemente de hacer un crossover con Juego de Tronos que no sé si me ha acabado de liar más de lo que ya estaba.

En lo personal, el año ha sido mejor que el pasado -no era difícil- pero todavía ha estado lejos de ser perfecto, a ver si la mejora continúa en los siguientes 12 meses. Supongo que el hecho de que mi país natal, allá lejos, esté hecho cisco, ha causado en mí algo de incertidumbre y pesimismo, pero vamos, como en la mayoría. Pero bueno, si hay que emigrar, hagámoslo cantando, intenté decir al ritmo de Nino Bravo.

Fue también el año en el que os conté en dos partes la ya mítica historia del amigo de las pasas (quien hace meses que no me pide favores, no sé muy bien por qué), o el año en el que se intentó saber qué demonios pensaban Obama y Hu cuando se daban un muerdo,

Mi post favorito de estos 12 meses, aficionado como soy a los mapas, fue aquel en el que se asignó una buena peli a cada división administrativa china (y de postre, a cada provincia española). No mapeé tanto como en otros años, es cierto, ni tampoco ha habido tanto post participativo, aunque los lectores sí que pudieron, por ejemplo, elegir el ranciofact sobre China más casposo. El único concurso que planteé, si mal no recuerdo, todavía no tiene ganador, ya que nadie me ha mandado fotos decentes de un Seat en China... También fue un año en el que tuve desgraciadamente que escribir un post-obituario a un ex compañero de trabajo asesinado, del que me acuerdo cada vez que paso por la esquina en la que hace dos años nos dijimos adiós.

Doce meses, en resumen, con sonrisas y lágrimas, como la vida que hay fuera de esta pantalla. El blog sigue bajando en frecuencia (ahora lo suelo actualizar dos veces a la semana, frente a las tres de años pasados o las cinco de las primeras épocas), pero confío en que siga en pie hasta que lo compre Apple por una buena pasta.
Siempre a sus pies...


PD: este año no le di tanta cancha en el blog, pero ella sigue allí, inspiradora...

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Los pelos como escarpias

31 de Octubre, 2012, 0:01




Ya que estamos en Halloween (fiesta que nunca celebro, pero por una vez no pasa nada) voy a dedicar este post al miedo, a dos veces a las que lo he sentido en mis últimos años en China. Igual al explicarlo parezco un poco impresionable, pero la atmósfera que rodeaba a aquellas dos situaciones fue la propicia para estremecerme.

La primera fue el año pasado, en un viaje con la familia a Longsheng, lugar de la provincia de Guangxi famoso por sus arrozales en terrazas. Como era un viaje de agencia, incluyó una clásica "tourist trap" que en este caso fue una visita a un "centro de interpretación" de la etnia Yao en la que te vendían souvenirs. No, no fueron los souvenirs los que me dieron miedo, aunque algunas tiendas de recuerdos turísticos son, en efecto, terroríficas.

El caso es que, para hacer un poco más llevadera la trap, nos ofrecieron un espectáculo en el que nos contaron un poco de las tradiciones de la minoría de los Yao, que incluyen la costumbre de que si una mujer de la etnia ve a un hombre que le gusta y se lo quiere llevar a su casa, le da un pellizco en el culo. Al final del espectáculo a los turistas masculinos nos dieron un pizco en el culo a cada uno, a modo de cortesía. Tampoco esto fue la parte del miedo, aunque alguno sí dio un respingo.

En fin, que me voy por las ramas, lo que me dio miedo fue otra de las costumbres de las mujeres Yao, la de no cortarse el pelo y dejarse melenas de uno o dos metros de longitud. Normalmente las tienen recogidas en un elaborado moño, pero cada cierto tiempo se lo lavan en el río, y se pasan luego un larguísimo rato peinándolo.

En un lance del espectáculo, las mujeres Yao que había en el escenario se deshicieron el moño y mostraron su larga melena. Con ellas estaba distraído, y casi no me enteré de que, mientras hacían eso, otra señora Yao había abierto una ventana en la parte superior de la escena para descolgar por ella su igualmente largo pelo, en plan Rapunzel.

Sería que estaba distraído con las otras, sería la música étnica un tanto extraña que había en el ambiente, sería el vaso de aguardiente casero que nos dieron... No sé que fue, pero la mujer aquella de la ventana me dio bastante canguelo y aún tiemblo cuando la recuerdo. Tengo una foto de aquel momento que a lo mejor no hace justicia a la impresión que me dio, pero bueno, ahí os va:


Es posible que, debido a ese trauma, también sienta miedo cuando paso por el centro comercial del final de mi calle (el Raffles city) y echo un vistazo a una tienda de pelucas que hay en ella. Me da un poco de repelús, y más todavía si echo un vistazo al precio de las pelucas o si me pongo a pensar de donde provendrá la materia prima de estas pelucas que, según el dependiente, son de pelo humano auténtico.


Probablemente todo esto proviene de haber visto el clásico reciente (valga el oxímoron) "The Ring", en el que una niña con larga melena negra siempra el terror entre actores y espectadores.


Por cierto, que cuando vi el famoso vídeo que hay en el interior de la película (ese que se supone que tras verlo recibes una llamada que te dice "siete días" y a la semana mueres) recibí, en efecto, una llamada telefónica, y al coger el teléfono nadie hablaba al otro lado. Cuando estaba ya dándome el tembleque, por fin habló alguien por el auricular: era mi amigo el de las pasas, al que siempre le gusta hacer una pausa de 10 minutos antes de empezar una frase, el muy huevón.

Bueno, pues eso fue la primera cosa que me dio miedo en los últimos tiempos, la melenuda chica de etnia Yao de Longsheng... La segunda fue un cuento que me relataron este año sin venir a idem, una noche que volvía para casa en una calle oscura. Igual no era muy terrorífico, pero la atmósfera del día ayudó a que me diera cosica. Era más o menos así:

Corría el año 1966: un joven tomó un autobús en Pekín para regresar a su pueblo en Miyun, en las afueras de la ciudad. La noche estaba muy cerrada y caía una de esas tormentas propias de agosto. A esas horas y con ese tiempo, el viejo autobús estaba casi vacío: sólo una pareja de ancianos en los últimos asientos de detrás, y una mujer de 50 años y aspecto malhumorado, en la parte central del bus cercana a la puerta. El joven se sentó cerca de la mujer, con sólo el pasillo del autobús separándolos.

Cuando el autobús estaba a mitad de camino, la mujer comenzó a actuar de forma muy rara. Mirando a todas partes de forma nerviosa, comenzó a buscar algo en su bolso y, de repente, gritó al joven:

- ¡Eh, tú, me has robado la cartera!

Éste se quedó petríficado. No tenía ni la más mínima intención de dedicarse a robar carteras, y además, el pasillo del autobús era ancho, si lo hubiera intentado alguien se hubiera dado cuenta.

- Señora, creo que está usted equivocada, yo no tengo su cartera.

La mujer siguió gritando, como poseída:

- ¿Ah sí? ¡Pues entonces no te importará que bajemos en la próxima parada, allí hay una comisaría, cuéntale a los policías a ver!

Lo último que quería el joven era quedarse en mitad de camino, en la oscura y lluviosa nada que se veía al otro lado de los cristales, pero tanto y tanto gritó la loca mujer, que al final no le quedó más remedio que acceder y bajarse con ella en la parada donde decía ella que había una comisaría (aunque en realidad no se veía nada en las proximidades, ni siquiera una cabina de teléfono o una marquesina con la que protegerese algo del aguacero).

Al bajarse, el autobús siguió su camino y el joven, hasta entonces calmado, explotó de rabia:

- ¡Maldita vieja, menudo escándalo que ha montado! ¡Vamos entonces a esa comisaría de una vez!

La mujer le miró, ya sin nervios ni gritos, y le dijo:

- No seas tonto... ¡Todo era mentira! ¿No viste a los que estaban sentados detrás? ¡Eran muertos en busca de muertos! Teníamos que salir del autobús como fuera...

La historia se completó 33 años después, en 1999, cuando en un verano de fuerte sequía el embalse de Miyun (que surte de agua a Pekín) bajó a niveles mínimos y dejó en la superficie, tras décadas hundido, un viejo autobús de marca soviética, como los que circulaban en la ciudad en los 50 y 60. Dentro del autobús había restos humanos, casi deshechos del todo por el agua y los peces. Pese a ello, los forenses pudieron confirmar que en el vehículo había tres personas en el momento del hundimiento. Lo inexplicable de los análisis de laboratorio con carbono 14 es que mostraban restos de un cadáver de 30 años de antigüedad, mientras que otros dos tenían 400 años.


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Juan Serrano, in memoriam

3 de Septiembre, 2012, 0:01




No sé si este blog es buen lugar para publicar obituarios, pero creo que muchos de los que me conocen en el mundo real no me perdonarían -y harían lo correcto- si no tuviera aquí algunas palabras de recuerdo para el fotógrafo ecuatoriano Juan Antonio Serrano, que trabajó con nosotros, en la Agencia Efe de Pekín, en el año 2010, y que acaba de morir en terribles circunstancias -apuñalado en una fiesta en su Cuenca natal- hace apenas un día.

Alguien pensará que, siendo periodistas, estamos "acostumbrados" a estas cosas, pero al menos yo, que no he sido reportero de guerra y trabajo en la relativamente tranquila plaza de Pekín, jamás me había visto en esta tesitura de perder de forma tan violenta a un colega (ni a nadie, en realidad). Cuando he leído la noticia hoy, durante la rutinaria lectura matinal de aquellas noticias del día relacionadas con China, me he quedado helado y paralizado durante horas. No me lo podía creer, y aunque puedo escribir del tema, apenas puedo hablar de ello en voz alta sin que se me quiebre la voz.

Sé que cuando alguien fallece todo son elogios hacia su persona, pero es que de Juan, como de otros que han pasado por Efe Pekín, no hay más que buenos recuerdos... lo que recuerdo hoy son las magníficas fotos que hacía -de los pocos fotógrafos que han pasado por la oficina con ojo no sólo periodístico, sino también artístico-, y su buen carácter andino, tan tranquilo... Al escribir, al principio no dominaba el lenguaje "agenciero", pero en los pocos meses lo aprendió: a pocos he visto progresar de manera tan rápida.

Recuerdo que nada más llegar él a Pekín, España acababa de ganar el Mundial y él no dudó ni un momento en salir a altas horas de la madrugada (por la diferencia horaria la final aquí era a deshoras) para retratar la alegría de la comunidad española. ¡Vaya palizón! Y tambié
n recuerdo su último día, cenando con los compañeros a altas horas de la madrugada en una calle de Guijie... me acuerdo de que discutíamos entre todos algo sobre los problemas de los latinoamericanos en España, y que yo me puse de su lado, aunque yo llevaba tal merluza encima que ni sé qué argumentos usé o si eran razonables.

Sólo un pero pongo a la estancia de Juan en Pekín: en la liga de ping pong de los periodistas, que en aquellos tiempos teníamos montados los reporteros de medios españoles, Juan, que en esa competición era apodado "el Delfín" en honor a uno de sus más famosos paisanos, me ganaba siempre, en cada fin de semana de competencia. Juan no era el mejor, estaba en la clase media, pero yo, que fui capaz de ganar hasta a los grandes campeones (también era de clase media), nunca pude quitarme la astilla de poder ganar aunque fuera una vez al Delfín. Me quedé con las ganas de conseguirlo... ayer, unos tipos armados impidieron que un día en el futuro Juan pudiera concederme la revancha en los Andes, España o nuevamente Pekin.

Hace apenas un mes, por temas de trabajo, le escribí, y me contestó con un correo en el que me contaba lo bien que lo pasó en Pekín y con nosotros en la oficina, además de decirme que había publicado un libro de sus fotos en la capital china. El libro está en versión digital y de libre acceso, así que, pinchando en la imagen que va a continuación, podréis ver las imágenes que tomó Juan. Descanse en paz.



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Chinochano & Chinitis
¡ese dueto imposible!

19 de Julio, 2012, 0:01





Aquellos lectores que seguís el blog con asiduidad recordaréis el enfrentamiento epistolar que el autor del blog Chinitis y yo tuvimos a finales de mayo, cual Góngora y Quevedo de la era digital (yo me pido ser Quevedo).

El tiempo lo cura todo, y unas birras todavía más, así que propuse a Joaquín Campos, autor de Chinitis, que quedáramos más adelante en tierras chinas (entonces yo estaba en España) para vernos cara a cara, aclarar desacuerdos, intentar buscar puntos en común y, quizá, fumar la pipa de la paz.

El encuentro tuvo lugar el pasado fin de semana, no en terreno neutral porque se hizo en Pekín (él ha residido los últimos años en Shanghái), y os puedo decir que fue agradable y cordial. No tuve que sacar el alfanje que me había ocultado en la americana, charlamos largo y tendido, y aunque cada uno expresamos nuestras ideas y posiblemente no nos convencimos mutuamente, creo que no pasamos mal rato. Él me convenció de que no tenía nada que ver con algunos "flames" que hubo en el pasado en mi blog, en los que él salía mencionado, así que me imagino que se trata sólo de fans suyos con sangre algo caliente.

El autor de Chinitis, en persona, es bastante más moderado, con China y con el mundo en general, de lo que parece ser en sus escritos. Cordial y simple en el trato, flexible en el diálogo, te trata de tú a tú, sin pretensiones... De China le disgustan muchas cosas, sí, pero tampoco es de esos "siemprenegatifos" que diría Van Gaal, en la conversación no tiene por qué hablar siempre en términos peyorativos del país.

Me dio la impresión, no sé, de que al escribir se mete en un personaje, quizá literario, más serio y seco que su yo real. Me hizo gracia que siendo así es como mi némesis, porque yo -creo- soy más serio en la vida real que cuando escribo en el blog...

Tras las cervezas y el apretón de manos final, se me ocurrió proponer al autor de Chinitis, para ver cómo reaccionaban los lectores respectivos, unir nuestras palabras en un post, mediante una minientrevistilla. ¿Por qué no? ¿Acaso no jugó Figo en el Madrid?

Joaquín Campos aceptó, y a continuación os copiopego la conversación, aunque ya digo, cuando escribe se transforma un poco...



Una muestra de que tras la piel de lobo hay un cordero:
Ese peluche de Lele al fondo (¡y no debe haber muchos en el mundo!)



- ¿De dónde viene lo de Chinitis? ¿Y a qué se dedica su autor en sus ratos "libres"?

El sufijo "itis" significa "inflamación"; conjuntivitis, amigdalitis… y diríamos que China, en parte, me produce ciertas inflamaciones. Cosa normal con tanta polución y tanta gente.

Yo en mis ratos libres me dedico a trabajar realizando consultoría de cocina: organizo promociones de cocina y vinos patrios, enseño a los restaurantes las técnicas de la cocina española, busco a los mejores proveedores para los restaurantes y hoteles… también leo. Pero mi dedicación en cuerpo y alma es la escritura, que no me da dinero (aún) pero sí inmensas satisfacciones internas.

- En el blog aparentas ser un residente en China harto de este lugar... pero sorprendentemente, en la "vida real" no es tan fiero el león como lo pintan, tus opiniones parecen más moderadas. ¿En tus encuentros te metes, digamos, en otro personaje?

Las historias que escribo, en su mayoría, son críticas. Y nacen de una denuncia. Por eso desprenden un análisis que suele ser duro. Pero cuando no escribo sobre temas denunciables soy más tranquilo.

- También dices que "Chinitis" es una especie de ejercicio literario... Dinos para qué te preparas, qué proyectos editoriales tienes.

Mantengo abiertos dos blogs y ejercicios privados sin previsibles salidas comerciales. Y esto me parece lo necesario para poder llegar a la meta, mediante el entrenamiento diario, que no es otra que terminar un libro al que le queda muy poco. Luego lo del editor y todo eso ya se verá. Espero, por supuesto, que se publique. Pero como no escribo ni por encargo ni por dinero aún puedo decir que hago lo que me da la real gana. El proyecto nace por una idea que me lleva machacando desde hace tiempo: contar una realidad china, que acontece a diario, y que a día de hoy nadie ha querido transcribir. Narro veinte días en la vida de un lao wai en China, sin principio ni final. Con el lenguaje rudo del personaje. Sin censura. Lo que hace y piensa un tipo como mi protagonista, un auténtico enfermo europeo, como tantos.

- Nos sorprendes diciendo que ¡te vas de China! ¿Por qué? ¿A dónde diriges tus pasos?

Llevo cinco años en China que considero más que suficientes. Yo no soy ni un hombre de negocios ni un empedernido aprendiz del idioma mandarín. A los meses de aterrizar me preparaba para marcharme, pero una serie de acontecimientos personales –trabajo rimbombante y amor- me dejaron más tiempo del previsto en suelo "han". Y me voy a Camboya para no salir de Asia. Mi sueño: Japón. Pero mientras se gesta, Camboya, un paraíso virginal.

- ¿Habrá entonces un "Camboyitis"?

No. Camboya ni genera tantas noticias ni me produce urticaria. Hablaré de Asia, eso seguro. Todo dependerá de cómo haya salido el supuesto libro.

- Me da un poco de miedo preguntarte esto, pero bueno... ¿Qué es, en tu opinión, lo peor de China?

Su apego al dinero, su falta de valores humanos, la extrema contaminación; aunque lo más lamentable es ver como copian a Occidente y además, mal. Lo mejor: su cocina, su te y los masajes.

- A veces los extranjeros que viven en China tienen algún acontecimiento, digamos, traumático, que les vuelve un poco pesimistas, lo que algunos llaman -por lo menos en Pekín- el "Pekinazo". ¿Te ha pasado a ti algo así? ¿Llegaste a China ilusionado por estudiar tai chi y acabase hasta los taichis de los chinos?

Mis traumas se basan en simplismos: que el que me alquila la casa me intente estafar con la fianza o que el taxista me devuelva mal el cambio. Yo no sufrí Pekinazo. Y eso que los que no lo sufren suelen estar expatriados por sus empresas a ocho mil euros la mensualidad más el colegio de los niños.

- ¿Te irás, no obstante, con algo positivo de este país?

Por supuesto. Nunca había visitado cincuenta y dos ciudades en ningún país, y en China lo he conseguido. Amigos, momentos… y sobre todo, que en China me he hecho lo más parecido a un escritor.

- Otra pregunta que me da un poco de miedo preguntar, pero también, allá va... Has comentado alguna vez que tienes muchos amigos periodistas españoles que trabajan en China, ¿te atreves a comentar cómo ves la imagen de China que de sus noticias -de nuestras noticias- llega a los lectores españoles?

España está hundida y su periodismo también. No debería ser una sorpresa. La investigación y las artes también andan en plena depresión. Es un reflejo general de la situación de pena andante de nuestro país. El periodismo en China de los periodistas patrios es: permisivo, fraudulento, previsible y copiativo. Salvo raras excepciones, el lector en España sólo recibe teletipos traducidos que hablan de economía numérica y banalidades varias. No es normal que se pasen por alto las mayores atrocidades que, sin estar en épocas bélicas, acontecen a lo largo y ancho de nuestro planeta. Como lector, sufro. No he visto un país en toda mi vida con un mayor abanico de momentos noticiables. Comprendo a la perfección que si no eres eunuco, en China vives mejor que en España. Pero un periodista debe cumplir una labor muy necesaria, que realmente es una obligación: informar de lo acontece. Cueste lo que cueste. Y si es el visado lo que se pierde, ya vendrán otros soldados.

- Y finalmente, sobre nuestra agria polémica con Iñaki Gabilondo del pasado mes de mayo, ¿pelillos a la mar?

Hace tiempo que dejé aparcado el rencor. Lo que sí no admito es doblar la rodilla cuando la pelota te la dejan botando y de cara. Prometo ser amistoso pero nunca me asentaré en la dejadez. La progresía está matando a este mundo, al que para disfrutarlo sólo habría que llamar a las cosas por su nombre.

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Este blog -sorpresas te da la vida- recibió el premio Blasillo de Huesca 2006 al ingenio español en Internet

Y como no hay uno sin dos, fue galardonado poco después con el Premio 20 Blogs 2006 al mejor blog expatriado

Y agárrate bien a la silla, porque más de un lustro después, llegó el Premio BOBs 2012 al mejor blog en español




  
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