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20. Asuntos personales


Shhhh, vivo en China...

26 de Julio, 2015, 0:01






Os podrá sorprender a muchos (no a los que me conozcan en persona), pero cuando estoy en España no hablo mucho sobre China. En parte se debe a que hablar de este país a veces me recuerda al trabajo del que quiero desconectar en fechas vacacionales, aunque también hay que decir que es difícil introducir en las conversaciones españolas cosas de la vida cotidiana en tierras orientales. Son culturas, tierras diferentes, y lo que dios no ha unido, para qué lo vamos a unir nosotros...

Ejemplo de una conversación donde China no pega ni con cola:

-AMIGO 1: ¿Qué tal tus niños? Deben estar ya muy grandes, ¿no?
-AMIGO 2: Pues sí, la cría tiene tres años y el mayor va a hacer cinco en septiembre...
-EL AMIGO RARITO QUE VIVE EN CHINA: Buf, en China no paran de salir noticias de niños que se quedan atrapados en sitios raros y los bomberos tienen que ir a salvarlos...
(Silencio incómodo, toses, un matojo rodante arrastrado por el viento pasa junto a la mesa de la terracita...).

Sí, en parte es mi culpa. Qué poco vendo mi vasta y basta experiencia en un lugar tan exótico... Pero bueno, teniendo en cuenta que la mayor parte de mis días en China son oficinescos y similares a los que tendría un oficinista de Zamora, tampoco es que esté ocultando a mis amigos y parientes españoles ningún gran secreto, creo yo. El que quiera que le cuente cosas de este país, aquí en el blog cada día como un clavo, ¿no?

Pero también una cosa os voy a decir, aunque seguro que ya la he dicho en alguna otra ocasión en este blog: madre mía, qué poco sabe entrevistar la gente española de a pie a una persona que vive en el Extremo Oriente. Tanto programa de Chester, ¿y no se le ocurre a la gente alguna pregunta bonita de contestar? Porque es que te preguntan siempre lo mismo...

¿Cuántos habitantes tiene China/Pekín? (buf, eso me da para una conversación de por lo menos dos palabras...).

¿Cuánto se tarda en ir? (otras dos... y luego decimos que los chinos están obsesionados por los números).

¿Cómo es el vuelo, dónde haces escala, qué dan de comer en el avión, hay pelis en el asiento, está la moqueta blanda? (miles de preguntas sobre la "rica" experiencia del viaje en avión, igual de agotador y monótono cada año y que ocupa el 0.00001 por ciento de mi año en China... ni que fueran jefes de márketing de Ryanair, leches).

¿Hasta cuándo estás? (la pregunta se puede referir tanto a España, si el que me pregunta tiene ganas de que me vaya, o a China, si el entrevistador cree que estoy fatal de la cabeza por llevar tanto tiempo fuera).

¿Hay jamón en China? (esto me lo pregunta siempre una queridísima amiga a la que se lo perdono porque siempre me invita a jamón, por si acaso le estoy mintiendo al decir que sí hay).

O la pregunta más temible y temida,

¿Qué tal por China? (Así, en general. Hala, resúmete un año, o dos, o tres, los que lleves sin ver al que te cuestiona).

En fin, que la vida es así, uno está sobre todo pendiente de lo que ocurre en su ciudad y como mucho en la capital de su país (o en Bruselas, ahora también conocida como Mordor). Cuando llega alguien de un sitio tan lejano como China, lo que hay que hacer es que se sienta como en casa, no que nos lleve con la imaginación a la suya (y más teniendo en cuenta que China, para el no iniciado, no es en principio un destino muy apetecible).

Con los años lo he entendido, he abrazado la idea, y cuando estoy en España casi oculto mi pequinesidad. Pero bueno, ya estoy de vuelta por Pekín, así que me libero de esas ataduras que yo mismo me anudo.

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De aquí al Nóbel (o al Ducados) sólo hay un paso

28 de Diciembre, 2014, 0:01

Me llena de orgullo y satisfacción, y aún diría más, me alegra un huevo, anunciaros que por esas felices casualidades de la vida se ha descubierto un elemento químico que homenajea, creo que inintencionadamente, a este sufrido blog. Ha sido bautizado como "chinochanium" (chinochanio en español, supongo). El elemento ha sido encontrado por científicos de una universidad de Florida a raíz de la investigación de minerales en la localidad tunecina de Chinoch, y de ahí su bonito nombre.







Como es domingo y yo los fines de semana suelo descansar de la escritura, seré breve en este post, pero sí me gustaría declarar que me encantaría que el nuevo elemento se muestre en la tabla periódica como dios manda, es decir, en letras amarillas y sobre fondo rojo. Si pusieran las siglas "Ch" dos veces sería ya lo más, pero ya me imagino que Mendeleiev saldría de la tumba indignado ante tamaña profanación de la representación gráfica que inventó. En todo caso, viva la química, viva el chinochanio, y viva la madre que parió a los que lo descubrieron.




ACTUALIZADO (horas después): Bueno, que todo lo anterior ES BROMA, una inocentada típica de 28 de diciembre. Todo el mundo sabe que el elemento de símbolo Ch es el Chuknorrium...


Para los que no me lean desde España, en tal día como hoy los españoles solemos hacer bromas, una costumbre que para mí es la mejor de la Navidad pero, tristemente, es la que más se está perdiendo. ¡Sigan tomando el pelo en los Inocentes!

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Noveno chinochaño

21 de Noviembre, 2014, 0:01


Hoy el blog cumple nueve años... Al llegar este aniversario, en esta ocasión, me vienen ideas algo tristonas, del tipo "los blogs ya no están de moda", "tengo menos visitas y comentarios", "he escrito menos que otros años", "empieza a pesar la edad, tanto del que escribe como de lo escrito"...

Así que mira, mejor no voy a reflexionar demasiado sobre todo ello, que además el próximo año será una fecha más redonda y tiempo habrá entonces para echar la vista atrás, más y mejor.

Esta vez, en lugar de pensar que si el blog está o no en buen momento, voy a empapelar la sede de la tele china, un icono del moderno Pekín, con otro icono, el de este blog. Y que salga el Sol por Antequera...



Suelo aprovechar los cumpleaños del blog para repasar algunos momentos memorables de esta bitácora en los 12 meses pasados, así que vale la pena mencionar que en ese tiempo uno de sus posts fue portada de Menéame, cosa que no había pasado antes más que una vez. Debo agradecer especialmente por ello a Javier, el autor de Historias de China, blog que entre los meneantes se ha convertido sin duda en el más popular, va a portada día sí y día también.

También mencionaré que este año despiecé el mapa que tantas veces he visto en las ruedas de prensa de Asuntos Exteriores, elaboré otro mapa para intentar mostrar así mi cabreo por que a las islas Paracel haya quien les llame islas Paracelso (algo que seguro que seguirá pasando) y canté dos veces, una para explicar las maneras en que uno puede fenecer en Pekín y otra, hace nada, para decirle adiós a los cielos azules que nos trajo la cumbre del APEC.

Además, usé a Once, con poco éxito, para hacer de Pulpo Paul en el Mundial de Brasil (¿Mundial? ¿Qué Mundial?).

El post más largo de estos últimos 12 meses, aunque no fuera por letras, fue el que recopiló Hombres del Tanque, para conmemorar los 25 años de Tiananmen. Y el más comentado, en un año de pocas discusiones en este blog, fue aquel en el que hablamos del Informe PISA y sus resultados, que siempre dan que hablar en España y últimamente también en China.

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Octavo chinochaño

21 de Noviembre, 2013, 0:01


Una fría noche del noviembre de 2005 en aquel cutrepiso de la calle Dongwangzhuang, mientras mi entonces novia veía series coreanas como en cada sobremesa de la cena y yo me aburría por ello, decidí abrir mi Toshiba portátil de 15 kilos y comenzar uno de esos blogs que entonces estaban de moda. Ocho años después he cambiado unas siete veces de piso, cuatro de ordenador y entre tres y cinco de novia. He perdido pelo, he ganado barriga y de veinteañero he pasado a casi cuarentón, pero una cosa ha permanecido inmutable, el viejo blog Chinochano. Aunque ya no estén de moda los blogs.



Anteriores celebraciones


La filosofía de Chinochano es la misma que en 2005, no me tengo que reinventar para captar audiencia ni nada por el estilo, porque no soy un programa de Telecinco: lo que quiero es entretenerme e intentar que también se entretengan los que lo leen, aunque he de reconocer que este año el blog ha tenido una dura competencia en las noches caseras con los jueguitos del iPhone de las narices, que me tienen embobao. Sea como fuere, desde el anterior cumpleblog ha habido mucho tiempo para decir y hacer cosas. Por citar algunas...

- Cumplir uno de mis sueños más largamente pospuestos en el blog: hacer un vídeo de Hitler Se Entera, aprovechando una de las noticias más bizarras del año en China (la misteriosa aparición de miles de cerdos muertos).

- Obsesionarme con los huevos verticales en el equinoccio de primavera. Y después, con el pato gigante, cuyo post relativo es el que más he actualizado este año, porque sin duda alguna ha sido uno de los temas de la temporada.

- Hacer creer (al menos a un lector) que este blog era una gran patraña, en el Día de los Inocentes.

- Renovar los "posts útiles" sobre estudio de chino y rastreo de vivienda, que cada día está más achuchada la cosa.

- Discutir de cine chino con Diego Iván, que ha sido sin duda alguna el comentarista más activo (aunque a veces haya sido un poco troll no se le puede negar el mérito, en estos tiempos que corren donde ya pocos comentan en las bitácoras). El post de la peli de la hambruna ha sido el más comentado del año, aunque más bien fue un diálogo a dos...

- Volver a jugar con los mapas (algo que siempre me ha gustado hacer, pero que este año no he practicado todo lo que debería) e intentar con ello mediar en los cada vez más tensos problemas marítimos de China con sus vecinos.

- Cambiarme de casa con el cambio de año, sobrevivir a un sospechoso accidente en el que estaba involucrada la mafia de los mensajeros, y que mi perra y compañera infatigable también sobreviviera a su odisea particular.

- Viajar y contar lo viajado, especialmente con fotos (Chongqing, Tres Gargantas, Hainan, Corea del Sur y mi ciudad tocaya, Zhangjiajie...). Y tener un intercambio de opiniones (en el buen sentido de la palabra) con la UNESCO, después de lo visto en algunos de esos viajes.

- Ver y contar uno de los conciertos más divertidos y surrealistas que he visto jamás, el del incombustible Julito Iglesias, en su primera venida a la tierra de China.

- Tentar a la suerte viajando un 4 de abril a las 4:44 (lagarto, lagarto).

- Conmemorar los 40 años de relaciones chino-españolas de la única forma posible, con sesión de dibujo libre.

- Sacar petróleo del lapao, (chorradica que volvió a unir mi Aragón natal con mi China adoptiva), de la peor película china de la historia, de la casa en el tejado...

- Convocar, ¡por fin, tanto tiempo sin hacerlo! un concursete y otorgarle el premio a un lector de Aveiro (Portugal) que aún me debe una foto junto a los preciosos barcos de sus costas (¿será que el galardón se ha perdido por el camino?).

- Y ¡hey, muy importante y novedoso! TOMARME UNAS VACACIONES DEL BLOG, el pasado mes de septiembre, las primeras en ocho años (lo disimulé bastante bien, rescatando fotos del Grupo de Facebook).

Han sido, dentro y fuera del blog, 12 meses en los que he buscado la tranquilidad, después de dos o tres años anteriores un tanto tempestuosos en lo laboral y en lo sentimental, por lo que escribir aquí ha servido un poco para lograr una deseada estabilidad (quizá por ello he entrado aún menos que otras temporadas en temas políticos y polémicos, porque no tengo ganas de guerras).

En fin, otro año bien empleado, por lo menos en esta magna obra mía, que ya ha durado lo mismo que una EGB. ¡Vamos a por el BUP!

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La Oncisea

10 de Octubre, 2013, 0:01


Como he prometido a más de uno, voy a contar aquí no cómo fueron mis vacaciones, sino las de mi perra Once, que aunque ella seguramente no lo sabe, me han tenido en vilo durante todo el mes de septiembre, mientras miles de kilómetros nos separaban.

Cuando me voy de Pekín, o bien dejo a la perra en casa de algún amigo (cosa que no me gusta hacer mucho, porque en venganza por irme yo Once suele hacer sus cosas en sofás y otros lugares prohibidos) o bien en una guardería para perros (algunos la llamarán perrera, y no les culparé) que se encuentra junto al Parque Chaoyang, y que es regentada por una conocida marca china de tiendas y productos para perros que se llama Kudi, de la que soy socio poco menos que honorario.

Semanas antes de irme a España, una tragedia golpeó ese parque: en una piscina para perros que hay en el lugar, un cable suelto o alguna cosa similar creó una corriente en el agua que mató a dos perros (un caniche y un golden retriever) y a su dueño, que se tiró al agua para intentar salvarlos. La noticia salió en los medios locales y me dejó anonadado.


Pese a la preocupante situación, y haciendo algo que quizá no todos habrían hecho, decidí semanas después, en la víspera del viaje a España, dejar a Once en ese lugar marcado por la tragedia. ¿Por qué razón? Primero, porque Once nunca se ha bañado en esa piscina, ella sólo ha estado en la zona de jaulas y parquecillos en la que se alojan los canes que pernoctan allí, a decenas de metros del sitio donde ocurrió el accidente. Segundo, porque pensé que tras el disgusto los de Kudi aumentarían las medidas de seguridad y los cuidados a los perros, por lo que igual hasta era el mejor sitio para que la perra se quedara.

Total, que allí dejé a Once (quien al irme lloró desconsolada, y diría que más que otras veces) y me fui a España, donde conforme iba contando la historia a familiares y amigos, cada vez me convencía más de que quizá no había hecho bien del todo.

Mi preocupación aumentó aún más cuando, en mitad de vacaciones, recibí por Wechat (la versión china de Whatsapp) un mensaje en chino que me informaba de que el parque de Kudi en Chaoyang iba a ser cerrado, por lo que Once sería trasladado a otro lugar, de una empresa diferente pero que colaboraba con ellos. No explicaban las razones de la mudanza, o no las entendí al estar en mandarín, pero por lo que me he enterado después el parque de Chaoyang ha quedado casi en bancarrota. Y es que l
a compañía ha tenido que pagar a la familia de la víctima (que encima era un trabajador de la influyente televisión estatal china CCTV) una fuerte indemnización de dos millones de yuanes, equivalentes a 250.000 euros. Para que os hagáis una idea, las víctimas del mediático accidente del tren bala chino, en 2011, recibieron la mitad de ese dinero.

Si estaba preocupado antes por Once, imaginaos a raíz de enterarme de su traslado... Tal era mi desazón que el pasado lunes, nada más aterrizar en Pekín, decidí ir en el mismo taxi que tomé en el aeropuerto, antes de pasarme por casa, a la misteriosa perrera donde Once había sido trasladada sin mi permiso.


El viaje en taxi fue largo, muy largo... Entre ida y vuelta me gasté 350 yuanes (unos 45 euros) para llegar a un sitio tan alejado de Pekín que ni siquiera estaba en Pekín, sino en la provincia vecina, Hebei. Una zona rural, donde la carretera que llevaba a la perrera donde estaba Once estaba cubierta de trigo recién cosechado, para que los coches, al pasar y levantar aire, separaran el trigo de la paja.

En fin, el caso es que allí estaba Once, sana y salva, oliendo a perrera pero superviviente de tantas desventuras. Ahora está nuevamente en casa (mientras escribo esto gruñe por detrás, como si supiera que estoy hablando de ella) y ya me estoy estrujando las meninges para pensar qué hacer con ella en las próximas vacaciones, porque esto de las perreras-guardería es un sinvivir.

La foto del principio es de Once poco después de salir de la perrera,
ésta del final es de un día después. bañada y con el pelo cortado.

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Wo xiang ni

3 de Agosto, 2013, 0:01











Suelo visitar España una vez al año, normalmente en verano. El pasado año fui excepcionalmente pronto, en mayo, y en 2013 lo voy a hacer excepcionalmente tarde, en septiembre. En consecuencia, llevo ya unos 14 meses sin ver mi tierra natal, y serán casi 15 cuando vaya, posiblemente el tiempo más largo que he estado sin ver mi querida España (esta España mía, esta España nuestra).

Con tanto tiempo fuera, hay muchas cosas que se echan de menos. Las más obvias (la familia, los amigos y el jamón) no creo que tenga ni que citarlas, pero hay otras más sutiles que para un residente en China pueden suponer una gran añoranza, aunque parezcan pequeñas cosas. Os cito algunas que, al menos yo, echo enormemente de menos:


  LOS MELOCOTONES: La lista de comidas que uno echa en falta a miles de kilómetros de distancia podría ser interminable, pero la gran variedad de restaurantes españoles en Pekín ha hecho que, por ejemplo, sea casi imposible no comer paella en citas con amigos. En cuanto al jamón, como es algo que las visitas suelen traer o algo que te regalan antes de volver a China ya casi sin preguntar, es fácil que lo tengas en tu casa pequinesa durante una temporada.

El verdadero y oculto problema es cuando hay alimentos que sí existen en China pero son sumamente peores, y creo que el caso de los melocotones es un ejemplo de libro. Que los chinos piensen que eso que conocen como "tao" es lo mismo que nuestros melocotones me produce muchísima pena por ellos. Y mira que tampoco me hincho a melocotones en España...



LOS CIELOS NUBLADOS: En Pekín quejarse de la contaminación se ha obligado ya en una costumbre social, semejante a hablar del tiempo. Yo me quejo poco -creo-, pero reconozco que el cielo de Pekín es muy aburrido y sólo tiene dos posiciones: o está soleado (como hoy, día de mi cumpleaños por cierto) o con niebla (más o menos rebozada de contaminantes), un estado este último que los pequineses consideran sinónimo de "nublado".

Pero ay, esos cielos nublados, velazqueños, que se forman en España, donde ves las nubes allá en lo alto, no rodeándote, jamás los he visto en Pekín, y de pasar meses sin verlos uno les ve la hermosura.



LA TELE, Y CUANTO PEOR, MEJOR: Sí, ese aparato que en España muchos han sustituido por el ordenador o el móvil, y que para muchos sólo da telebasura (y tal vez sea cierto). La tele china me parece tan sumamente aburrida -aunque el no entender mucho de lo que dice puede influir en ello- que cuando voy a España soy capaz de ver cualquier cosa, "Sálvame" incluido. Imagino que es síndrome de abstinencia de un medio que es adictivo, pero a mí me gusta ver a esa gente que habla sin parar ante las cámaras, o esas muestras de la cultura más populachera de España, que me ayudan a conocer cómo respira el país. Cierto es que por distintas circunstancias siempre me ha pasado, desde la adolescencia hasta ahora, que he estudiado o trabajado en sitios donde no podía ver la tele o tenía acceso limitado a ella, por lo que llevo 25 años viendo la caja tonta de forma muy mal administrada: una o dos semanas pegado a ella como un conejo ante los faros de un coche, y el resto del año ni olerla.

En realidad, ahora la tele se puede ver por internet, pero eso sería en países donde la ADSL hubiera superado el paleolítico tecnológico, y no es el caso de China. Y esto nos lleva al siguiente epígrafe.



INTERNET CON VELOCIDADES SUFICIENTES PARA NO ENLOQUECER: Esto quizá no debería decir que lo echo de menos, porque cuando me fui de España en 2001 no existía, pero actualmente lo disfruto tanto en el mes de vacaciones que suelo pasar allí que cuando regreso a China quiero morirme.

Ése no tener que enchufar la VPN (que, como los coches viejos, no siempre entra a la primera), esos vídeos que se cargan mientras tú los ves sin tener que pararlos para que la barra progrese... ¡Qué maravillas de la técnica tienen al otro lado de Eurasia, oye! 


LA COMIDA BASURA ESPAÑOLA: España quiere venderse en China, está claro, y se promociona como país de buena comida, que lo es. Llegan al gigante asiático los mejores vinos, el mejor jamón (carísimo), pero... ¿dónde están esas guarrerías que a veces nos alegran la vida? Esas Panteras Rosas, esas bolsas de Risketos, esos sandwiches de Rodilla (señor Rodilla, no se me enfade por llamar guarrería a sus productos, que me encantan). Yo no sólo quiero lo más selecto de los paladares españoles, ¡quiero lo peor!

Bien es cierto que los chinos también son unos hachas preparando sabrosas insanidades, pero cuando uno se ha criado a base de triángulos de supuesto chocolate rellenos de supuesta crema, es lo que le pide el cuerpo.



LOS CUATRO GATOS QUE DOBLAN A LAS 300 ESTRELLAS DE HOLLYWOOD: Estando fuera de España, uno se acostumbra a ver películas con subtítulos, y hasta se convence plenamente de que son lo mejor para disfrutar del séptimo arte. Sin embargo, cuando has estado 25 años escuchando las voces de los dobladores españoles, siempre los mismos y cada uno con 30 actores en nómina, les acabas cogiendo cariño, son como de la familia.

Aquella voz de loco que dobla a Will Smith o a los protagonistas de comedias de enredo, esa voz sexy que no se parece en nada a la que tiene Angelina Jolie pero que la hace más sexy aún... Yo soy de los que eliminaría el doblaje, pero tras una infancia y una adolescencia oyendo dobladores (que, lo admito, tienen preciosas voces) tengo sus tonos en la memoria y al volverlos a oír en España me evocan muchas cosas.



PARTIDOS DE FÚTBOL A HORAS TEMPESTIVAS: No soy tan futbolero como aparento, pero alguna que otra vez me gusta ver algún partido, sobre todo de selecciones o alguno de la Liga de Campeones. En China, eso se complica por el hecho de que la mayoría de los partidos europeos son aquí a las 3 o las 4 de la madrugada, por esa manía que tiene la Tierra de rotar sobre sí misma y crear diferencias horarias. He visto a compañeros de trabajo, enormes fans del Barça o el Madrid, perdiendo sueño y años de vejez para intentar ver todos los partidos importantes de su equipo una o dos veces por semana.

A mí lo que me suelen destrozar son los Mundiales y las Eurocopas, pues intento ver cuantos más partidos mejor, y acabo padeciendo un mes de insomnio y varias semanas posteriores más de jet lag para intentar acostumbrarme a los horarios normales. Casi hasta agradezco años que, como éste, son impares y no tienen grandes encuentros de selecciones, aunque bueno, ahora que España gana cosas también juega la Copa Cofederaciones y te destroza otra vez... (Pensé que siendo en Brasil este año mejorarían algo los horarios para los espectadores chinos, pero no, todavía fue peor, la final en Maracaná la vimos a las 6 de la mañana).



DESCONOCIDOS QUE TE HABLAN: En Pekín, la gente en la calle va bastante a lo suyo, y más en un lugar donde se mezclan chinos y extranjeros, ya que unos no saben si los otros van a entenderles o ser entendidos. En consecuencia, la experiencia callejera de un extranjero en Pekín es un poco frustrante: no te hablas mucho con el que te vende el pan, el kioskero... En España yo tampoco soy mucho de los de contarle la vida al camarero, pero es cierto que te relacionas un poco más con la gente desconocida, y eso a veces te da curiosas anécdotas.

Echo de menos tanto ese detalle que cuando estoy en España hago cualquier encuesta que me pidan por la calle, aunque me quieran vender algo (total, a las pocas semanas no voy a estar para comprarlo, ya me pueden buscar...). Un matiz: lo de no interactuar en la calle me pasa sobre todo en Pekín, pero si voy a provincias de China no es tan así (en mi reciente viaje a
Fenghuang, por ejemplo, todo dios quería hablar conmigo y hacerse fotos). Otro matiz: echo de menos hablar con desconocidos totales, no con conocidos de conocidos que yo desconozco, con los que suelo encontrarme algo incómodo, al menos de primeras.





Ésas son algunas cosas que echo de menos de España viviendo en China. Alguna me habré dejado, porque, como digo, llevo ya casi un año y un trimestre lejos de allí, y la memoria empieza a fallar. Cuando esté en España, si me acuerdo, haré una lista de lo que echo de menos de China, aunque no suelen ser añoranzas tan intensas, porque sé que un mes después las voy a disfrutar. En el primer puesto, indudablemente, se sitúa esta animala...

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No seas supersticioso,
que da mala suerte

4 de Abril, 2013, 4:44

Pues nada, lo que contaba hoy en el Grupo de Facebook... Que hoy, día 4 del mes 4 (abril), que en China es la festividad de los muertos, he viajado en el asiento 4 de un avión que abordé a las 4:44 de la tarde, y que en casi 4 horas me llevó a Hainan, donde pasaré unos días por cuestiones de trabajo. Menos mal que no soy chino ni supersticioso (por lo menos supersticioso con las cosas chinas), porque el 4 es considerado aquí un número de mal agüero, ya que se pronuncia de forma similar a "muerte" (las dos cosas se dicen "si" en mandarín, aunque con distintos tonos). No es de extrañar que el día de hoy sea el equivalente oriental a la fiesta de Todos los Santos, el día en el que los chinos visitan a sus parientes fallecidos en los cementerios (aquí se conoce como "El Día de Barrer las Tumbas").


¿Y ese crespón negro que me ha salido en la esquina de la foto sin yo pretenderlo?
Huy que yuyu...



Encima estamos en el año 13, número éste inofensivo en China pero gafe para algunos occidentales... ¡Pero 1+3=4! No es de extrañar que el avión no fuera muy lleno, en él viajábamos CUATRO gatos...

Me encuentro en Hainan, isla tropical del sur de China, para cubrir el Foro de Boao (cuatro letras), una especie de Davos pero centrado en Asia (cuatro letras). Este año destaca la presencia del presidente de Perú (cuatro letras). En fin, os dejo que me voy a echar varios kilos de sal por encima del hombro.

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Confieso que he pecado...

28 de Diciembre, 2012, 0:01



Amigos lectores, habréis notado que hoy el fondo de este post es rojo, en lugar de mostrar el color así como medio lila que le ha caracterizado durante siete años. He elegido este color porque roja, de vergüenza, está mi cara hoy: tengo que confesaros algo, y no sé cómo empezar...

Como sabéis, este blog tiene más de siete años de historia, y China ha sido el tema principal del blog. Un país fascinante, en verdad... Pero aquí va mi gran verdad, que espero no os duela demasiado: no vivo en China. Lo he escrito desde el principio, con algunas excepciones, desde mi casa de Alcalá de Gurrea (provincia de Huesca), en la que llevo asentado más de 10 años, dedicándome principalmente a las labores del campo.

Sé que cuesta creer... empezó como un juego, pero con el paso de los días, de las semanas, y al ver que los lectores "picaban", me metí en el papel... tanto que en ocasiones casi creí vivir en Pekín, y así parece que todos lo creyeron, salvo algunos familiares y amigos que me conocen y que a veces contribuyeron a la broma con sus comentarios (prácticamente todos ellos son de mi tía, que la pobre parece haber desarrollado múltiple personalidad).

Hoy en día, con Internet, puedes escribir en Siberia y decir que eres argentino. Puedes ser una mujer despampanante, y asegurar que eres un cincuentón gordo (aunque lo normal sea lo contrario). Puedes, como yo, postear desde la Hoya de Huesca y hacerte pasar por residente en Pekín. Un lugar en el que no he estado ni estaré, porque sólo de montarme en un automóvil ya me mareo...

Mis estrategias para hacerme pasar por pequinés se han refinado tanto con el tiempo que a veces me doy miedo. Por ejemplo, los fotos y vídeos en los que ocasionalmente he salido en Pekín, cantando o haciendo las cosas más disparatadas, en realidad son elaborados por un grupo de teatro rural cuyos actores, amigos míos y viéndole gracia a mis tonterías, decidieron hacerse pasar por mí y hasta crearon decorados que ayudaran a la gente a creer las historias. Lo de crear una "muralla china" con los muros de la linde del campo del vecino tuvo mucho mérito.

Cuando alguien me pedía ayuda para algunas cosas sobre China, aunque algo abrumado, buscaba la información como podía. Algunas cosas me las contaron los propietarios del bazar chino del Coso Bajo de Huesca, otras las he imaginado viendo películas de Bruce Lee y Jackie Chan... también me ha ayudado mucho consultar el Diccionario Enciclopédico Abreviado, que las cajas de ahorros regalaron en los 80 y que están llenas de datos muy útiles que nunca pierden vigencia.

El problema de mi gran pantomima, y quizá la causa de que os tenga que confesar todo, es cuando algún lector desde Pekín quiere quedar conmigo, y ahora por ejemplo se ha presentado una situación crítica que me ha llevado a decir basta. Un grupo de 50 aficionados lectores del blog ha organizado la próxima semana una fiesta en una calle llamada Sanlitun, o algo así, asegurando que era en mi honor, e invitándome (bueno, más bien exhortándome) a que acudiera a ella como invitado ("Chinochano Fest", lo han llamado). Hasta han repartido flyers del evento, me cuentan... Durante días he dudado de si contratar a alguien como doble (no sabía cómo, busqué en Google agencias de actores en Pekín pero no me enteraba mucho) o alegar una gastroenteritis, pero al final he decidido hacer de tripas corazón y decir la verdad, pues creo que el juego ya ha durado lo suficiente.

En fin, espero que no os haya molestado mucho durante los últimos siete años o así... prometo no volver a hacerlo, por lo menos con tema chino. A partir de ahora, este blog dejará de hablar de un tema que en realidad me estaba empezando a quedar algo grande, y hablaré de algo que sí conozco de verdad, la Fórmula Uno. Me gustaría mostraros todo lo que sé de boxes, alerones y vueltas rápidas, pero lo haré en la próxima entrega del blog, que tendrá nombre diferente, claro... No puedo hablar de carreras de bólidos y llamarme Chinochano (que en mi tierra, Aragón, significa "poco a poco").





ACTUALIZACIÓN (Al día siguiente):


Lo escrito ayer era una tradicional inocentada, espero que no os asustarais...
(hubo al menos una persona que sí, lo siento mucho por él).
Vivo en Pekín, ahora en una casa junto al Segundo Anillo,
no soporto la Fórmula Uno, y he estado en Alcalá de Gurrea sólo una vez, hace 20 años.
Este año quise salirme de la tradicional "noticia de broma" y no sé si me pasé...

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Feliz Navidad, así sin más

25 de Diciembre, 2012, 0:01




Siempre he dicho que no soy muy navideño, pero un post felicitatorio nunca queda mal... y me sirve además para darme un respiro en un mes complicadísimo en lo personal: mudanzas de un lado para otro, complicaciones laborales, sentimentales... Con deciros que en la mañana de Navidad me he tenido que levantar a las 6 de la mañana para mover cosas a una nueva casa... pero en fin, supongo que llegarán épocas mejores.

Leyendo desde la distancia el drama de los desahucios en España, entiendo perfectamente que no haya cosa que más mine la moral de una persona que tener que mover toda su vida de un lugar a otro. Si además es por problemas económicos... en mi caso el tema bolsillo no es tan dramático, pero mi cruz es que he tenido que buscar piso y hacer muchos, pero que muchos traslados de aquí para allá, con nieves y las temperatuas de 10 grados bajo cero que tenemos en Pekín. Muchas otras cosas alrededor no me han ayudado a serenarme, pero bueno, no os voy a liar con mis rollos, que todo el mundo los tiene...

Pasadlo bien y en compañía de aquellos que más queréis... y si no, acordaos de ellos.

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Siete años en el Chinochanet

21 de Noviembre, 2012, 0:01





Estar en China produce extrañas efemérides que uno siempre recuerda, a veces hasta más que los cumpleaños de la familia (menos mal que Facebook ayuda en eso). Por ejemplo, el 13 de septiembre es mi "cumplechinas", el día en el que llegué a este país. Y hoy, 21 de noviembre, es el cumpleaños del blog, pues tal día como hoy de hace siete años lo comencé, probablemente sin imaginar que un septenio después iba todavía a estar escribiéndolo, como si fuera adicto a él o algo (¡¡¡¡lo puedo dejar cuando quiera, doctoooor!!!!).

Como tengo memoria de chorlito (para eso está este blog entre otras cosas, para dejar memoria de cosas que en algunos casos ya olvidé) no puedo en cada cumpleaños dar un repaso a toda la historia de la bitácora, ya me pierdo por sus recovecos y su saber ya casi enciclopédico (si existiera una enciclopedia que sólo compendiara pendejadas). Pero sí al menos suelo repasar en cada cumpleaños lo sucedido en el blog en los pasados 12 meses...

Y
quizá una de las cosas que permanezca en el recuerdo será la paliza campaña que lancé en primavera durante las elecciones de los premios internacionales BOBs, en los que, tras lucha sin cuartel con un blog venezolano, conseguí el galardón al mejor blog en español. El premio en realidad fue lo de menos (y más teniendo en cuenta que la organización pasó olímpicamente de los premios del público y no me mandó ni un mal email de felicitación), pero la campaña electoral, la emocionante competición final y la apuesta cumplida en lo alto de la Gran Muralla hicieron que valiera más la pena el camino que el destino.

También fue un año de polémicas, como nunca puede faltar en un blog que hable de China, el lugar donde se pueden politizar hasta las bolsas de patatas fritas. Discutimos aquí de la Operación Emperador, del jefe de Mercadona o de la fortuna de Wen Jiabao, aunque quizá la discusión que se llevó la palma, porque se extendió a otro blog y dio mucho que comentar, fue la que tuvimos mi ex-némesis Chinitis y yo en verano, en plan De La Morena-García (yo fui Butanito, obviamente). La discusión nos quitó alguna hora de sueño y nos añadió alguna cana, pero al final Chinitis y Chinochano sellaron una histórica paz en una cervecería junto al parque Chaoyang y ahora nos emaileamos de vez en cuando sin acritud.

El año en China fue en general bastante peñazo, no sólo porque únicamente dos temas coparan casi toda la información (la transición de poder y el escándalo Bo Xilai), sino porque estos temas se vieron acompañados de los dos tipos de información que más manía tengo (la que hace futurología y la que se basa en rumores), así que la actualidad del país me inspiró poco, la verdad, quizá por ello un menor posteo que otros años (aunque puede que esté culpando injustamente a la actualidad informativa de mi creciente pereza). En todo caso, hubo algo de sitio para esos temas-estrella: de Bo Xilai, hartos de tanta teoría, al final los lectores del blog decidieron que todo era culpa de Matrix, mientras que en la transición de poder comunista acabo recientemente de hacer un crossover con Juego de Tronos que no sé si me ha acabado de liar más de lo que ya estaba.

En lo personal, el año ha sido mejor que el pasado -no era difícil- pero todavía ha estado lejos de ser perfecto, a ver si la mejora continúa en los siguientes 12 meses. Supongo que el hecho de que mi país natal, allá lejos, esté hecho cisco, ha causado en mí algo de incertidumbre y pesimismo, pero vamos, como en la mayoría. Pero bueno, si hay que emigrar, hagámoslo cantando, intenté decir al ritmo de Nino Bravo.

Fue también el año en el que os conté en dos partes la ya mítica historia del amigo de las pasas (quien hace meses que no me pide favores, no sé muy bien por qué), o el año en el que se intentó saber qué demonios pensaban Obama y Hu cuando se daban un muerdo,

Mi post favorito de estos 12 meses, aficionado como soy a los mapas, fue aquel en el que se asignó una buena peli a cada división administrativa china (y de postre, a cada provincia española). No mapeé tanto como en otros años, es cierto, ni tampoco ha habido tanto post participativo, aunque los lectores sí que pudieron, por ejemplo, elegir el ranciofact sobre China más casposo. El único concurso que planteé, si mal no recuerdo, todavía no tiene ganador, ya que nadie me ha mandado fotos decentes de un Seat en China... También fue un año en el que tuve desgraciadamente que escribir un post-obituario a un ex compañero de trabajo asesinado, del que me acuerdo cada vez que paso por la esquina en la que hace dos años nos dijimos adiós.

Doce meses, en resumen, con sonrisas y lágrimas, como la vida que hay fuera de esta pantalla. El blog sigue bajando en frecuencia (ahora lo suelo actualizar dos veces a la semana, frente a las tres de años pasados o las cinco de las primeras épocas), pero confío en que siga en pie hasta que lo compre Apple por una buena pasta.
Siempre a sus pies...


PD: este año no le di tanta cancha en el blog, pero ella sigue allí, inspiradora...

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Este blog -sorpresas te da la vida- recibió el premio Blasillo de Huesca 2006 al ingenio español en Internet

Y como no hay uno sin dos, fue galardonado poco después con el Premio 20 Blogs 2006 al mejor blog expatriado

Y agárrate bien a la silla, porque más de un lustro después, llegó el Premio BOBs 2012 al mejor blog en español




  
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