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Un día en las carreras

4 de Mayo, 2016, 0:01



He pasado el puente de mayo en Hong Kong, una ciudad a la que me he vuelto casi adicto en los últimos años. Esta vez, por hacer algo nuevo, me fui a ver las carreras de caballos, que son uno de los principales pasatiempos de la ex colonia británica (y una de sus principales herencias de esa época británica, dicho sea de paso). Hong Kong ama los caballos, y de hecho fue sede olímpica de la hípica en Pekín 2008, ya que las autoridades de cuarentena chinas eran demasiado estrictas con la entrada de caballos al país y por ello se decidió llevar las pruebas a territorio hongkonés, donde las trabas eran menores y la afición a ese deporte era mayor.

En Hong Kong hay dos hipódromos: el de Sha Tin, en la península de Kowloon, donde se disputan carreras de día, y el de Happy Valley, en la isla de Hong Kong propiamente dicha (al sur de Kowloon), donde las carreras son nocturnas. Creo que las carreras en Sha Tin son los domingos, y las de Happy Valley entre semana. El hipódromo de Sha Tin, donde estuve, es una preciosidad, sobre todo por donde está enclavado, al pie de una colina tan verde como verde es el sur de China.



El centro de operaciones del hipódromo es una única pero gigantesca grada que tendrá unos 300 metros de largo y cuatro o cinco pisos de altura, en la que te puedes sentar más o menos donde quieras, salvo unos asientos VIP que hay junto a la meta. Por lo demás, es todo muy relajado: te sientas un rato en un lado, luego cambias de asiento para ver la carrera desde otro ángulo en la siguiente carrera... También hay quien se va al restaurante del piso de arriba y ve las carreras mientras come.




Detrás de las gradas, o quizá debería decir debajo de ellas, hay un gran recinto de varios pisos donde tienes las zonas para hacer apuestas, los bares y restaurantes, las tiendas de souvenirs... vamos, algo similar a un estadio de fútbol, con la diferencia de que muchos de los hongkoneses asiduos a las carreras de caballos se pasan el día allí dentro, mirando las carreras por grandes pantallas e intentando hacer cálculos cabalísticos para ver si pueden adivinar qué caballo va a ganar en cada carrera. La zona de apostadores más empedernidos parece la base de lanzamiento de Cabo Cañaveral.



Aunque películas como Atraco Perfecto o la que da nombre a mi post de hoy nos han dibujado unos hipódromos glamourosos en el EEUU de los 40 o los 50, el ambiente en Hong Kong, al menos en Sha Tin, es bastante popular, con un importante predominio de gente de mediana edad o jubilados, en su mayoría fumadores empedernidos. La entrada es baratísima (se puede pagar con la tarjeta del metro) y vas allí a echar el día, porque hay 10 u 11 carreras y entre cada una hay media hora de descanso para apostar, descansar y darte un paseo, así que la jornada hípica dura seis horas (que no se te hacen largas porque entre carrera y carrera te dedicas a otras cosas).

Nunca había visto carreras de caballos, pero son francamente bellas y trepidantes. Aparte de que los purasangres son un portento de la naturaleza, corren de forma realmente emocionante: hay muchos adelantamientos finales, hay caballos que salen últimos y acaban primeros, los hay que sprintan al final y ganan en el último suspiro... En una de las carreras, los dos primeros en llegar a la meta quedaron empatados, ni con la foto finish se pudo determinar el ganador, así que se repartió el dinero de las apuestas para los que jugaron tanto por uno de ellos como por el otro.




Ya que estaba allí decidí apostar un poco, algo que en China está prohibido pero en Hong Kong y Macao no. Lo primero que hay que hacer para jugar es comprarse por 10 dólares de Hong Kong un librito donde sale la información de todas las carreras, con caballos, jinetes, estadísticas de unos y otros y demás información.



Una vez documentado, rellenas unos papelitos parecidos a la quiniela española, en los que puedes intenta adivinar qué caballo va a ganar determinada carrera, o que trío llega primero, o quien llega último, o cientos de otras combinaciones. Yo aposté en cada carrera por el caballo que según el librito había ganado en más ocasiones anteriores.




Fue un craso error, porque resultó que en muchos casos el caballo que más carreras había ganado era el más viejo y cansado de todos, y por ello quizá el menos favorito a vencer en ese día. En algunas carreras mi caballo quedó el último, y en varias ocasiones el destino me dio buenas bofetadas. Por ejemplo: en la primera y la segunda carreras aposté por el 5 pero ganó otro, y después en la tercera aposté por otro... y ganó el 5. Más tarde pasó lo contrario: en las carreras que más dinero daban, la séptima y la octava, ganó en las dos el caballo con el dorsal número 1, cuando yo había apostado por otros. Sin embargo, en la novena, donde yo había apostado por el número 1, ganó otro.

En fin, un desastre que seguramente me ha librado de volverme un ludópata hípico, pero al menos puedo decir que gané en una carrera, la sexta, gracias a "Multiexpress", montado por una amazona hongkonesa -hay mucho jinete extranjero- y que además por lo visto no era nada favorito, así que me llevé un buen pellizco que compensó las pérdidas de las otras carreras. En esa carrera descubrí lo que te emocionas cuando ves que tu caballo está ganando en la recta final, hasta el punto de que te pones a animarlo como un loco (tú y todos los de la grada que han apostado por el). Adrenalina pura, aunque lamentablemente sólo la pude degustar una vez.



La verdad es que el mundo de las apuestas caballunas es un raro universo que nunca había imaginado que tendría tantas complejidades, pero claro, si fuera sencillo todo el mundo ganaría y no habría negocio... No sólo tienes que considerar qué tal es el caballo, sino también qué jinete lo cabalga (en Hong Kong hay un brasileño llamado Joao Moreira que gana carreras como quien va a comprar el pan), quién lo ha entrenado, si le han cambiado las bridas o la capucha, si lleva una buena progresión, su edad, si está en su peso ideal, si el terreno es ideal para sus cascos... En el público toda esa complicación se traduce en docenas de apostadores que se pasan la jornada con la cabeza hundida en periódicos llenos de datos y más datos sobre cada competidor, unas hojas llenas de números y caracteres que si mira un profano como yo suenan a chino por partida doble.





A veces uno se marea con tantos datos y decide apostar al nombre que más le guste, pero es que los bautizadores de caballos son muy ladinos y a todos los animales sin excepción les ponen unos nombres fulgurantes, que enseguida te llaman la atención y te piden que apuestes por ellos: "Rey Relámpago", "Ganador Infalible", "Nitro Express", "Demasiado Rápido", "Cohete Cinco" y cosas así que te parece que te van a enriquecer pero que en muchos casos son camelos.

Acabadas las carreras, uno se dirige a las máquinas verificadoras para que le confirmen si ha tenido premio o no (a veces ya sabe uno que no, pero prueba por si acaso). En esa zona el suelo se llena de papeles no premiados.



También hay quien considera posible que alguien haya tirado o perdido un billete premiado y se pasa el rato buscando en el suelo y las papeleras a ver si hay suerte, como hacían Homer Simpson y Bart en aquel episodio en el que pasaban la Nochebuena en un canódromo.



Estas escenas tan poco glamourosas contrastan con la parte pija del hipódromo, donde los criadores de caballos toman champán mientras sus purasangres pasean alrededor de ellos antes y después de competir. Esa zona es un poco bizarra, porque mientras la jet set socializa allí abajo el público les rodea y les hace fotos.


En esa zona Vip, donde se ve mucho británico, australiano o similar, es el único sitio del hipódromo donde se ven sombreros y tocados en plan Ascot, aunque el día que fui quienes más llamaban la atención eran una familia de orondos mongoles que se había traído uno de sus caballos para correr y posaban muy ufanos ante las cámaras.



A todas estas gentes peculiares he de sumar los jockeys siempre pequeñitos, las chicas disfrazadas de amazonas para publicitar cosas o los animadores disfrazados de caballos. Todos ellos conformando un curioso mundo al que en España, donde las carreras de caballos son algo tan lejano, no estamos familiarizados, por lo que ir un día a las carreras puede ser una cosa muy novedosa y divertida. ¡Pruébala si puedes!






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A Hong Kong sin avión

9 de Abril, 2015, 0:01

Estoy de viaje por Hong Kong, seis meses después de mi anterior visita. Si en octubre vine por trabajo, para conocer un poco mejor la Revolución de los Paraguas, esta vez he venido de vacaciones.

En esta ocasión he decidido ir en tren bala, con lo que he usado la que dicen es la mayor línea de alta velocidad ferroviaria del mundo, entre Pekín y Shenzhen, la ciudad china más cercana a Hong Kong. El trayecto dura unas nueve horas. Con los trenes normales se tardan más de 24 (la primera vez que fui a Hong Kong, allá por 2003, viajé de esa manera, y en 2008 repetí).





El paisaje desde el tren fue bastante feo en el norte de China, pero en el sur, pasado ya el Yangtsé, mejoró mucho, con montañas, arrozales y pueblecitos... La provincia de Hunan, al norte de Cantón, se está convirtiendo en una de mis favoritas de este país.


(Perdón por lo borroso de la foto, pero ya se sabe, el tren bala va muy rápido).



En el viaje, como suele pasar en periplos tan largos, me tocaron compañeros de vagón bastante curiosos. A mi lado, por ejemplo, se sentó un señor que se pasó todo el viaje haciendo el siguiente ejercicio: iba a la zona del vagón donde hay grifos de agua hirviendo para el té, llenaba un termo, volvía al asiento, se bebía el agua poco a poco a ruidosos sorbos, y una vez acabado el termo, volvía a repetir la misma operación, una y otra vez hasta que llegó a su destino. Se debió de beber 20 litros él solito.

Otra compañera de viaje interesante fue una señora que iba con su niña, de unos dos o tres años, y se pasó todo el viaje, los 2.500 kilómetros, jugando y hablando con ella. Una madre siempre quiere a su hija, eso está claro, pero lo de esa señora me pareció exagerado: no paró ni un momento de hacerle carantoñas, hablarle, darle paseos por los vagones, alimentarle... Gracias a esa abnegada atención, por cierto, la niña estuvo tranquilísima. Les tuve que hacer una foto, porque me pareció la madre del siglo, quizá del milenio.



Una vez llegado a Shenzhen, ni siquiera tuve que salir a la calle: en la misma estación de tren hice transbordo al metro, y con él llegué a la "frontera" que hay entre China y Hong Kong (no debería entrecomillarla, porque te piden pasaporte en el lado chino y en el hongkonés, es como salir del país). Pese a esos trámites policiales, cruzar de Shenzhen a Hong Kong da la sensación de estar únicamente cambiando de línea de metro, el paso de un lugar a otro es un pasillo como el que se podría encontrar en cualquier suburbano:

 

Como sabéis, en las fronteras suele haber carteles avisando a los turistas de que no se les ocurra intentar entrar o salir con drogas, o armas, o cosas así... Sin embargo, en la frontera chino-hongkonesa la gran preocupación de los aduaneros es la leche en polvo para bebés, algo que debe ser único en el mundo. Los avisos amenazan con hasta dos años de prisión para aquella persona que intente introducir en China excesivas cantidades de leche comprada en Hong Kong. Esto es lo primero que se encuentra una persona que cruza a Hong Kong desde China por tierra:



Esta curiosa situación se debe a que los chinos no confían demasiado en la calidad de la leche en polvo que se vende en su país, debido a varios escándalos alimentarios. Muchos chinos aprovechan sus viajes al extranjero (o a Hong Kong, que en la práctica es un mercado extranjero) para comprar leche para bebés. O incluso hay madres que van cada cierto tiempo exprofeso a Hong Kong a comprar comida para su bebé.

Pese a las advertencias y amenazas de la aduana (que también se pueden ver en la entrada a Macao, como pude comprobar un par de días después) lo cierto es que la leche en polvo para bebés es en Hong Kong un producto estrella que muchas tiendas promocionan para los turistas chinos. Vi tiendas de souvenirs que tenían leche en polvo en su escaparate, y en las farmacias hay enormes montañas de latas de esta leche en su entrada. Por contra, en muchos supermercados esta leche está colocada detrás del mostrador de las cajeras, para limitar un poco el acceso de los compradores a ella, como se suele hacer en otros lugares con las botellas de alcohol. Es increíble lo que la demanda china puede cambiar el comercio en una ciudad tan grande como Hong Kong.


Una vez dentro de Hong Kong, he quedado con parte de mi familia, que ha venido por aquí unos días más que yo, y hemos visitado Macao, la isla Lamma y algún sitio más... El fin de semana pasado fue demoledor, porque coincidieron las vacaciones de Semana Santa de los hongkoneses con las del Día de Barrer las Tumbas de los chinos. En consecuencia, había demasiada gente por todas partes, en un lugar que ya de por sí está densamente poblado. Gente, y palos de selfie: muchos palos de selfie, demasiados palos de selfie.


Pese a todo, han sido unos días muy agradables. Sin demasiado estrés por ver cosas, porque ya he estado varias veces en Hong Kong, más bien el objetivo ha sido pasar unos días en familia. Termino el post con unas fotos de estos días, tanto de la excolonia británica como de Macao.


(La Colina del León, al fondo, fue uno de los símbolos
de la Revolución de los Paraguas).




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Con paraguas sin que llueva

29 de Octubre, 2014, 0:01


Me encuentro en la ciudad de Hong Kong, donde el curro me ha enviado unos días para que informe de las protestas prodemocráticas que se han ganado el internacional nombre de la "Revolución de los Paraguas". Guardo lo más informativo para los articulos del trabajo, pero en este blog comentaré mis impresiones personales sobre las protestas.


Para empezar, me he quedado asombradísimo de las zonas que las protestas han conseguido cortar. Antes de venir a Hong Kong pensaba que los estudiantes y demás activistas se habrían colocado en plazas (imagino que me estaba acordando más de Tiananmen o del 11M), pero no señor, el Umbrella Movement ha cortado calles, y calles importantísimas de la ciudad. En la isla de Hong Kong, en Admiralty, han tomado un par de kilómetros de una señora autopista, por la que es impresionante ir caminando sin ver coches. No sólo se han colocado junto a la sede del gobierno local, un edificio enorme y horroroso que tiene aspecto de ser la sede del Gran Hermano, sino que también están junto a los cuarteles del Ejército chino en el territorio, ¡eso son huevos!






En otro campamento más pequeño, en Kowloon, se han instalado en Mong Kok, posiblemente el barrio más densamente poblado del mundo (de hecho, hay mucho más follón allí en las calles no ocupadas que en las ocupadas por los prodemocracia), y encima han cortado nada menos que Nathan Road, que es como la Gran Vía kowloonesa. Para los poquitos paisanos que me lean desde Huesca: éstos sí que han peatonalizado el Coso, ¡a lo bestia!



También me ha sorprendido el tremendo civismo de las protestas. Ya lo habían comentado amigos que habían ido allí, y muchos medios, pero hasta que no lo ves con tus propios ojos no te das cuenta. La zona de las protestas está más limpia que cualquier otro lugar de Hong Kong (que ya en sí es una ciudad bastante limpia). Son gente muy amable, responden a los periodistas siempre (cosa que en China es realmente complicada). Pero lo que más me ha alucinado fu ayer, cuando he ido a una concentración para conmemorar el mes de protestas, y pese a la gran muchedumbre no había empujones, hasta dejaban un pasillo libre para que la prensa pudiera ir a la primera fila a hacer fotos de los líderes dando sus mítines. ¡Casi lloré!

En torno a la protesta ha surgido además mucho arte y un mundo alternativo digno de ver, algo similar a un movimiento okupa pero a lo bestia. Pancartas, carteles, estatuas, hasta pequeños templos budistas o cristianos hechos con material reciclado en las zonas de protestas, todo un mar de pequeñas contribuciones al movimiento. He pensado que alguien debería recopilar todo esto en un libro homenaje, pero claro, alguien que entienda chino tradicional, porque casi todo está en esa escritura.






No sé si tendrán éxito, si se desinflarán o se reconvertirán en un partido estilo Podemos, pero en fin, es fácil coger simpatía a los paragüistas de Hong Kong, admitiendo también que cortar algunas de las calles más transitadas e importantes de la ciudad no le debe gustar a todo el mundo. A ver qué pasa en los próximos meses en la ex colonia británica, puede ser interesante y esperanzador.




"Quiero democracia real", reza el cartel, es el lema de las protestas.

 

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El "volem votar" hongkonés

3 de Octubre, 2014, 0:01










Es casi obligado dedicar unas líneas en este blog a las protestas que estos días se están viviendo en Hong Kong, aunque a mí me hayan pillado lejos, porque aún estoy en España, apurando mis últimos días de vacaciones. En consecuencia, seré breve y mis palabras podrían contener distorsiones condicionadas por la lejanía, aunque en escasos días estaré más cerca del meollo.

Las manifestaciones son el punto álgido de un año muy movido en Hong Kong, en el que ha habido, por ejemplo, episodios de malestar entre los hongkoneses por los cada vez más numerosos turistas chinos (un fenómeno comparable al que ocurre en el Mediterráneo con el turismo británico low cost). A ello se ha unido un aumento de las reivindicaciones que piden elegir por sufragio universal al jefe ejecutivo de Hong Kong (el "alcalde", por simplificar), actualmente designado en gran medida por la oligarquía hongkonesa (comandada por los magnates inmobiliarios, el gran motor de la ex colonia) y bendecido por Pekín. Los ciudadanos hongkoneses sólo pueden elegir un porcentaje minoritario de la asamblea local, el llamado Legislative Council (o Legco), aunque conviene recordar que esta misma democracia de pacotilla también la sufrían en los más de 100 años de dominio británico. En todo caso el deseo de votar de los hongkoneses ha explotado sobre todo tras el retorno a la soberanía china en 1997, y esconde otro deseo mayor, el de distanciarse de la China comunista, en un lugar donde muchos no se sienten chinos aunque tengan su cultura, de similar forma a como ocurre en Taiwán.

Las reivindicaciones aumentan a medida que se acerca el año 2017, que en teoría era la fecha prometida por China para "resolver" el problema de las elecciones en Hong Kong, aunque a Pekín, implicada en decenas de problemas internos y externos, tampoco le interesaba demasiado remover mucho esta cuestión. También aumentan las protestas por otro factor: Hong Kong pierde año tras año su condición de "Nueva York asiático", de centro de las finanzas, el comercio e incluso la cultura del continente. Ello en parte está causado por el interés de China en hacer que Shanghái sea un centro mayor que Hong Kong, pero tampoco conviene olvidar que toda Asia es una región en gran crecimiento y las diferencias entre otras grandes ciudades de la zona y la ex colonia británica se van reduciendo. Por otra parte, en Hong Kong hay enormes problemas de vivienda, grandes casos de corrupción, un aumento del paro y una disminución de las expectativas en los jóvenes... Un panorama que recuerda al de Occidente, y que es un buen caldo de cultivo para las protestas de indignados.

Con estos elementos, ahora la gran incógnita es saber cómo terminarán las protestas. Planea, para qué negarlo, el fantasma de Tiananmen, terrible suceso ocurrido hace 25 años (muchos de los líderes estudiantiles de entonces huyeron a Hong Kong, lugar que desde entonces es un importante núcleo de disidencia contra el régimen comunista).

Sin embargo, no parece que los acontecimientos vayan a ser esta vez tan violentos: merced al principio de "Un País Dos Sistemas", Hong Kong tiene una policía totalmente independiente de la china, por lo que se la supone menos agresiva y represora (aunque el otro día no dudara en usar gases lacrimógenos). El ejército en Hong Kong, en cambio, sí es completamente chino (China sólo tiene competencias en Hong Kong en materia de defensa y asuntos exteriores), aunque me extrañaria que se enviaran soldados contra los manifestantes, salvo que la situación en los próximos días cambiara diametralmente (por ahora las protestas son pacíficas y cívicas).

Lo que sí parece inevitable es que China intentará por todos los medios que la protesta pueda extenderse a otros lugares del país, mediante censura y propaganda contra los manifestantes. Sigamos atentos a lo que ocurre con la llamada Revuelta de los Paraguas.

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Sin trampa ni Cantón

19 de Agosto, 2014, 0:01

La semana pasada hice un breve viaje a Cantón, ciudad que no había visitado desde 2008. Casi pasé más tiempo en los aeropuertos que en la ciudad en sí (tanto a la ida como a la vuelta hubo retrasos), pero en fin, al menos pude conocer la parte más moderna de la gran urbe, el barrio de Tianhe (traducible como "Vía Lactea"), que ni siquiera existía en mi anterior viaje, donde me moví más bien por la parte más tradicional de la ciudad.

Tianhe es el barrio de rascacielos de Cantón, una versión cantonesa de la isla de Hong Kong o del futurista distrito shanghainés de Pudong. Muchos de los rascacielos están todavía en construcción, lo cual da al lugar un aire de zona edificada "con prisas".


Si no me equivoco, Tianhe se construyó sobre todo con la excusa de los Juegos Asiáticos de Cantón 2010, inaugurados no en un estadio, sino en una tribuna situada en una isla en el río Perla, más o menos en el centro de este nuevo distrito.



A un lado de esta tribuna (en la parte de arriba de la anterior foto) se ha construido una enorme plaza, que recuerda a Tiananmen en tamaño y monumentalidad, donde se han erigido un museo provincial (el cubo negro de la derecha) y la Ópera de Cantón (esa cosa gris de forma rara que hay a la izquierda), un diseño de la famosa arquitecta Zaha Hadid, la que hizo el Pabellón Puente de Zaragoza 2008, o el Galaxy Soho pequinés.



Después, por todos lados, rascacielos y más rascacielos. Todo muy caro y muy a lo bestia: en España, después del leñazo que nos hemos dado con las obras faraónicas públicas, nos echaríamos las manos en la cabeza, pero en China de momento siguen con este tipo de proyectos.

Al otro lado del río, de hecho, se erige la Torre de Cantón, un edificio que no tiene mucho que envidiar a las altísimas construcciones de Hong Kong o Shanghái.



Es la quinta estructura más alta del mundo (en China sólo le gana el nuevo rascacielos que se está construyendo en Shanghái), la segunda torre de televisión más alta del mundo (gana a la famosa torre de Toronto, pero a ambas les superó recientemente una en Tokio), y tiene en su piso 110 (más o menos, no recuerdo el número) el observatorio más alto del mundo, superando incluso al que hay en la Burj Khalifa de Dubai. Aunque el rascacielos emiratí es mucho más alto que cualquier otro edificio del planeta, sólo está abierto a los turistas hasta más o menos la mitad de su altura.

Por si toda esa altura aún no causa el suficiente vértigo, una vez se ha llegado a la cima de la Torre de Cantón aún se puede subir más si uno está dispuesto a montarse en una atracción de ésas que te suben unas decenas de metros y te tiran de golpe cuando has llegado arriba. Los cantoneses, qué bárbaros, no se conformaban con la altura de su rascacielos y han construido esa atracción de feria en lo alto de él, que además te lanza por partida doble (una vez mirando al norte y otra vez mirando al sur, para que veas bien las dos orillas del Perla).

Ahí me montaron, después me tiraron, y tardé varios minutos en que la sangre me volviera a la cabeza. Recuerdo que tras bajarme un chino me empezó a preguntar cuándo había llegado a Cantón y no le sabía decir: había perdido la noción del tiempo y el espacio.

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Todo llega,
hasta 1997 y 2046

4 de Julio, 2014, 0:01


"Made in Hong Kong". Probablemente es la primera frase que aprendí en inglés, de pequeño, porque aparecía en muchos objetos de la vida cotidiana de un niño ochentero. Juguetes, relojes digitales que se convertían en robot, rotuladores de marcas raras que no fueran Carioca o Stadtler, estuches de plasticote, gomas de borrar con aromas tan dulces como tóxicos... Ahí se podía leer, escondido en una esquina, eso de "made in Hong Kong" (que era pronunciado exactamente así, nada de "meid in"). Eso sí,no tenía muy claro lo que era Hong Kong.

Un día, una página de pasatiempos me prometió que si pintaba las áreas marcadas por puntos y dejaba en blanco el resto, me aparecería Hong Kong, y lo hice esperanzado en que me saliera de la nada un mono gigante, pero no, lo que se acabó viendo -de forma un tanto precaria, porque aún me salía mucho al pintar- fue una especie de puerto con barcos de extrañas velas. Confundí Hong Kong con King Kong, y aún pasé varios años sin acabar de diferenciarlos bien del todo, de la misma manera que sigo confundiendo los nombres de los mosqueteros de Dartagnan con los de los mosqueperros de Dartacán, que me sé bastante mejor.

Mi padre me explicó que Hong Kong era un lugar de China, pero que no era chino, sino de los ingleses. Que los ingleses se lo tenían que devolver a los chinos después de 99 años (qué cifra más mágica), y que eso ocurriría, más o menos, en el año 2000. Buf, qué lejos quedaba todo eso, en el tiempo y en el mapa.

Pero ay, el reloj corre, y esta semana se han cumplido 17 años de aquel hecho al que parecía imposible llegar en mi niñez, el retorno de Hong Kong a China, que fue el 1 de julio de 1997. Un día que los chinos seguramente eligieron, maquiavelicamente, por ser también el día en el que, en 1921, se fundó el Partido Comunista de China.

Desde aquel 1997, cada 1 de julio, los hongkoneses marchan por las calles de la ciudad, pero no para celebrar el regreso a China, sino para defender su diferente sistema político, ante los eternos temores a que China un día acabe con él e imponga el mismo régimen comunista que rige en el resto del país. China prometió a Hong Kong, al regresar, que tendría amplia autonomía política, bajo el principio de "un país, dos sistemas". Pero que sólo sería así durante 50 años: en 2046, China y Hong Kong deberían unirse del todo.

La fecha de 2046 pudo ser en tiempos, para chinos y hongkoneses, un poco como lo del año 2000 cuando yo era pequeño: una fecha lejana, un plazo amplio para ir con tranquilidad e ir arreglando las cosas sobre la marcha, sin estrés. Buf, lo que iba a llover hasta entonces, pensarían en los 90 los ciudadanos de Hong Kong. Quién sabe si China seguiría siendo comunista paado todo ese tiempo, o si iba a haber fronteras a mediados del siglo XXI...

El tiempo sigue avanzando con inexorable crueldad, ya ha pasado más de un tercio de aquel cómodo colchón de años prometido, y China y Hong Kong no han conseguido la armónica unión que Pekín quería. Tampoco los hongkoneses tinen muy claro lo de que Pekín esté por la labor de cambiar su régimen, ni han logrado para ellos unas instituciones lo suficientemente fuertes para darles tranquilidad, tales como un presidente local elegible por sufragio universal (ellos lo llaman jefe ejecutivo), una asamblea realmente representativa... Lo que sí ven es que China crece económicamente, y que Hong Kong empieza a perder, lenta pero paulatinamente, aquel protagonismo de "dragón asiático" de los 70 y 80, cuando muchos productos en tu casa y en la mía tenían aquel "made in Hong Kong".

Los nervios aumentan... Este año la manifestación del 1 de julio, que es una especie de demostración de rebeldía frente a China, ha reunido más gente que nunca, medio millón de personas (eso según los convocantes, claro, la policía lo reduce bastante).


Días antes, 800.000 personas en ese territorio votaron en un referéndum no vinculante y muy criticado por China, aunque no por ello prohibido, (qué raro que Artur Mas no lo haya seguido) que querían sufragio universal antes de 2017. Entretanto, el recelo de los hongkoneses hacia los chinos, lejos de reducirse con el mayor contacto, va aumentando con los años. Alarma en Hong Kong, por ejemplo, que muchas madres chinas viajen a la excolonia británica para tener allí sus hijos y que sean ciudadanos de Hong Kong, propietarios de uno de los pasaportes más adecuados para viajar por el mundo (mientras que los chinos se ven muy limitados en sus movimientos).

A principios de este año, incluso ha habido casos de xenofobia hacia los muchos turistas chinos que van a Hong Kong, con manifestaciones contra ellos que fueron denominadas, con un humor bastante desafortunado, "marchas anti-langosta". En aquel entonces, hasta el hecho de que una turista china hiciera orinar a su hijo en una calle de Hong Kong (práctica muy habitual en China, pero no tanto en Hong Kong) desató agrios debates entre chinos y hongkoneses.

¿Empeorarán estas tensiones en las décadas posteriores, hasta 2046, o habrá algún hecho histórico mayor que haga olvidar el asunto? Lo veremos, y si no nosotros, nuestra progenie, porque 2046 también acabará llegando.

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Un país, dos aceras

10 de Junio, 2014, 0:01

La semana pasada, en los extensos posts con ocasión del 25 aniversario de la masacre de Tiananmen, mencioné la Operación Pájaro Amarillo, organizada por activistas de Hong Kong para sacar de China a algunos de los líderes de las protestas estudiantiles de 1989. Comenté que muchos de ellos pasaron de China a Hong Kong (en aquel entonces aún británica) navegando en barcos que en muchos casos también eran usados para el contrabando.

Lo que no conté entonces es que un pequeño grupo de esos estudiantes en fuga, probablemente menos de una decena, no escogió ese método para salir de China, sino otro igual de arriesgado: la calle Zhongying (Zhongying Jie), que creo que merece un capítulo aparte en este blog, separado de todo el aniversario que dominó la bitácora la semana pasada.

La calle Zhongying (Chungying en cantonés)es una calle no muy larga, ni muy ancha, ni muy bonita, pero que presenta una curiosa particularidad: forma parte de la frontera entre China y Hong Kong (que hasta 1997 era una frontera entre China y Reino Unido), de manera que una acera, la oriental, es territorio chino (parte de la ciudad de Shenzhen), mientras que la occidental es territorio de Hong Kong.


Aunque la ex colonia ya lleva 18 años bajo soberanía china, debido al principio de "un país, dos sistemas", China y Hong Kong siguen aún separadas por una frontera de facto, y la calle sigue formando parte de ella. La calle Zhongying (中英街) se traduciría como "calle anglo-china", donde Zhong (中) viene de Zhongguo (中国), es decir, "China", y Ying (英) viene de Yingguo (英国), "Reino Unido".


En esta foto creo que China está a la izquierda y Hong Kong a la derecha.


Durante los años 80 y 90 la calle era una de las ventanas de los chinos al mundo occidental, al capitalismo que les aguardaba. Se convirtió en un lugar donde los turistas chinos iban a comprar productos made in Hong Kong "duty free", aunque poco a poco la calle fue dominada por uno de los establecimientos favoritos de los comerciantes chinos, las tiendas de oro.


Policías hongkoneses (izquierda) y chinos (derecha) patrullan las calles en los años 80.


Turistas chinos de compras en la calle, también por esas fechas.


En 1989, cuando ocurrieron en Pekín y otras ciudades chinas los tristes acontecimientos que recordábamos la semana pasada, algunos fugitivos consiguieron llegar a esa calle aparentando ser simples turistas. Mientras miraban escaparates, pedían permiso a algún tendero de la acera hongkonesa ir al baño de la trastienda: una vez en los servicios, si éstos tenían ventana se escapaban por ella y corrían hasta la comisaría de la parte británica más próxima, donde contaban que huían de China y pedían refugio político, cosa que siempre les fue otorgada. Así lo contaba recientemente el diario South China Morning Post en un muy interesante artículo dedicado recientemente a la Operación Pájaro Amarillo.

Revueltas estudiantiles aparte, la calle perdió con los años su atractivo para los turistas chinos, por la cada vez mayor facilidad para entrar en el resto de Hong Kong y seguramente también por la progresiva proliferación de tiendas de todo tipo en Shenzhen y en el resto de China.



Actualmente, la calle sigue siendo una interesante anomalía en el siempre curioso mundo de las fronteras, aunque no es muy fácil pasear por ella: por lo que me ha parecido leer, hace falta un permiso especial para caminar por sus aceras, y en general ese permiso está sólo reservado a chinos o a hongkoneses, no a ciudadanos de otros lugares. Pese a estas trabas, hay iniciativas para recuperar la calle Zhongying como atractivo turístico, entre ellas la construcción de un museo. No sé si en el museo se mostrará, aunque sería bonito verlo, la ventana o ventanas por la que media docena de estudiantes chinos huyeron al mundo libre.

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Ya me notaba más prieto

30 de Julio, 2013, 0:01


Este mes que ya termina China ha "encogido" un kilómetro cuadrado. Bueno, en realidad no, porque ese terreno lo ha alquilado, no lo ha dado, y el receptor ha sido Macao, que también es parte de China. No obstante, dada la situación casi independiente de la ex colonia portuguesa podríamos jugar con esa idea (tiene su propia moneda, bandera, selección de fútbol, allí los casinos son legales y en el resto de China no, para entrar allí los chinos necesitan pasaporte, etc).

Para China un kilómetro cuadrado no es mucho, que tiene más de 9,6 millones, pero para Macao, que es el territorio más densamente poblado del mundo, la cesión no es moco de pavo. Hasta ahora propietaria de 29 kilómetros cuadrados, es como si aumentara un tres por ciento su superficie, aunque no le sirve demasiado para aumentar puestos en el ranking mundial, porque aún no alcanza los 34 kilómetros cuadrados de su inmediato competidor por arriba (que no es otro que la mitad holandesa de la isla caribeña de San Martín, un lugar tan interesante y anómalo como Macao).

El nuevo territorio para Macao está en una isla cantonesa llamada Hengqin. Allí va a estar desde ya mismo el nuevo campus de la Universidad de Macao, y el lugar ya ha empezado a notar que ya "no es chino" porque los ordenadores universitarios ya puedan acceder a Facebook o Twitter, que están bloqueados en territorio chino pero no en el macaense, ni tampoco en el hongkonés. Al campus se accederá desde Macao a través de un túnel submarino.


El nuevo campus está más o menos es el recuadro que he señalado discretamente.
También sale, en azul, el antiguo campus, que era 20 veces más pequeño.


La nueva universidad (bueno, una imagen idealizada de ésta, para promocionarla).



Pues eso, que el territorio de China no es inmutable (aunque en este caso se trata de un cambio más bien regional, interno). Hace dos años, por ejemplo, China "ganó" mil kilómetros cuadrados (más o menos el equivalente a lo que ocupa Hong Kong, o el doble que Andorra) a la vecina Tajikistán, que se los "entregó" mediante un acuerdo. En realidad, lo que pasaba es que ambos países tenían dudas sobre la frontera entre ambos (esto a China le pasa con casi todos los vecinos), se hizo un estudio y se decidió, no sé si para gusto o disgusto de los tayikos, que a China le correspondían mil kilómetros cuadrados más de los que tenía. Lo que en mi pueblo se dice mover las lindes, vamos.  

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Mala pata

17 de Mayo, 2013, 0:01

Un artista holandés llamado Florentijn Hofman tuvo la sensata idea de colocar este mes en el Victoria Harbour de Hong Kong un pato de goma gigante (hinchable y deshinchable, como luego veremos). El pato es ciclópeamente encantador, y en las últimas semanas ha alegrado las vistas de un lugar que ya de por sí es espectacular. Y cuanto más nublado y feo estuviera el día, mejor, más destacaba el pato.



(No es el primer pato gigante que aparece en aguas famosas, también ha habido enormes ánades en el Támesis).


Y tampoco es la primera vez que Hofman lleva su pato gigante a buen puerto. Ya lo hizo antes en Osaka, en Sydney... Pero creo que es en Hong Kong donde mayor éxito ha tenido y más bien ha quedado con el paisaje.

Sin embargo, el pato tuvo el pasado miércoles un percance. No se sabe exactamente qué pasó, pero el pato empezó a deshincharse. ¿Algún gamberro le tiró una colilla y lo pinchó? El caso es que ello aún hizo más famoso y mediático al pato, primero por su dramático hundimiento a lo Titanic...



... y al día siguiente, por la triste imagen del pato totalmente deshinchado y plegado, listo para salir del agua y ser sometido a una buena reparación para que pueda regresar a las aguas cuanto antes.





En mi opinión, el "accidente" es un truco del artista para llamar más la atención con su obra. Resulta sospechoso que el mismo pato, o uno similar del mismo autor, recibió 40 puñaladas y también quedó hecho unos zorros hace unos años, cuando fue mostrado en Bélgica. Pobre pato, lo que lo hacen sufrir. Sólo espero que Epi no haya encendido la tele estos días y no haya tenido que ver tan patético espectáculo, podría traumatizarle...


Los hongkoneses se despiden, esperan que sólo temporalmente, del pato hinchable más audaz que vieron los tiempos, pero aún les queda otra enorme estatua rellena de aire que también se muestra estos días en la ex colonia. Sólo que ésta es, cómo lo diría... un poco menos agradable de ver.

Lo contaba esta misma semana un músico asturiano en su bitácora
Blogcasting Live From Hong Kong: en la ciudad hay un... ¿chorongo? descomunal, también hinchado, y la verdad, ojalá corra semejante suerte que el pato.




ACTUALIZACIÓN (20/5/2013): En el Grupo de Facebook Jordi Gómez contaba al hilo de este post que en otra ciudad de cultura muy china, Singapur, también combinaron agua y patos de goma con resultados espectaculares, pero en ese caso jugando con la cantidad, no con el tamaño. Era la carrera anual de patos de goma, que al parecer dejó de celebrarse en 2007:






ACTUALIZACIÓN (3/6/2013): Los internautas chinos han hecho más de un chiste con el pato de Hong Kong. Lo cuenta Offbeat China.


ACTUALIZACIÓN (12/6/2013): El pato hongkonés se convirtió en un símbolo político en el reciente 24º aniversario de Tiananmen:



Ah, y ahora además hay un cerdo gigante en Hong Kong...



ACTUALIZACIÓN (27/8/2013): Mientras en Pekín esperamos la gloriosa llegada del pato gigante (lo traen aquí a finales de septiembre) en Shanghái han intentado tener el suyo, aunque... no acaba de convencerme mucho...



ACTUALIZACIÓN (9/10/2013): Bueno, pues el pato gigante ya ha pasado por Pekín, como largamente esperaban los pequineses... Aunque yo no lo he visto, pues me pilló de vacaciones en España, recupero esta foto suya en el Palacio de Verano.



ACTUALIZACIÓN (23/10/2013): Al final sí que he podido ver al pato en el Palacio de Verano, como atestigua este post. El gigantesco juguetillo ha causado sensación también en la capital china, y como pasó en Hong Kong, también ha hecho cosas inesperadas, concretamente en un par de días que los encargados de su mantenimiento lo deshincharon por temor a que se lo llevara el viento.




ACTUALIZACIÓN (28/10/2013): Con la portada de la prensa de Pekín de ayer, despidiendo al pato (ayer se deshinchó forever en el Palacio de Verano), creo que se acaban las actualizaciones de este post. La obra ha sido, indudablemente, uno de los símbolos del año en China.



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El hormiguero humano

28 de Abril, 2013, 0:01

Los medios de Hong Kong han recordado las pasadas semanas el vigésimo aniversario del final de la Ciudad Amurallada de Kowloon, una especie de barrio sin dios ni ley que desde el final de la Segunda Guerra Mundial hasta su demolición en 1993 se convirtió en sinónimo de hacinamiento, insalubridad y vicio. Un escenario casi de pesadilla, pero que sigue fascinando a los que dos décadas después se acercan a su historia. El periódico South China Morning Post le dedicó una fabulosa infografía que se diría inspirada en 13 Rue del Percebe -no en vano su autor es un diseñador español- que en parte os pongo aquí, aunque con un poco de suerte podéis verla más detalladamente en este enlace (digo lo de la suerte porque no sé si hace falta tener una suscripción al diario para entrar).



La Ciudad Amurallada de Kowloon era una barriada de Hong Kong que en los años 80 llegó a albergar unas 50.000 personas en 2,7 hectáreas (27.000 metros cuadrados), lo que convertía el lugar en uno de los más densamente poblados del planeta, con 1,9 millones de habitantes por kilómetro cuadrado. Para haceros una idea, el país más densamente poblado del mundo, Monaco, tiene 17.000 habitantes por kilómetro cuadrado. En la Ciudad Amurallada tocaban a unos 4 metros cuadrados por persona para vivir.






El lugar era una anomalía dentro de Hong Kong, que ya de por sí era anómala. Aunque desde el siglo XIX Hong Kong era posesión británica, la China Imperial estuvo autorizada a conservar un recinto amurallado en Kowloon (la parte penínsular de la ahora ex colonia), que durante unas décadas fue un fuerte militar chino enmedio de la colonia. En el siglo XX el recinto alternó épocas de control chino con otras en que los británicos se hicieron cargo del lugar, pero después de la Segunda Guerra Mundial acabó convirtiéndose en una tierra de nadie, un lugar donde no gobernaban ni chinos ni británicos. Como consecuencia de esto, se convirtió en un nido de mafias, o tríadas, como se suele llamar a las de Hong Kong. Al mismo tiempo, esta ciudad sin ley empezó a crecer hacia arriba, desenfrenadamente y sin arquitecto alguno que pusiera orden. En los 60 y 70 se convirtió en un inmenso bloque de bloques con multitud de fumaderos de opio, pisos de narcotraficantes y prostíbulos, cuyas "calles" interiores estaban iluminadas por lámparas fluorescentes porque a ellas no llegaba el sol, tapado por los cables y la basura enredada en ellos (con la excepción del patio interior que habréis visto en algunas fotos del principio). No es extraño que los hongkoneses llamaran al lugar "la Ciudad de la Oscuridad".





Dicen que la policía, los inspectores de sanidad y los cobradores de impuestos no se atrevían a poner un pie en ese lugar, aunque tras varias décadas siendo sinónimo de perdición acabó siendo "limpiado" por una serie de redadas que lograron acabar con muchas de las triadas que allí mandaban. En los 80 dejo de ser tan peligroso, aunque aún operaban allí muchas clínicas ilegales y dentistas sin licencia. Se mantuvo como un barrio humilde, incluso con un clima de buena vecindad -al estar tan hacinados, la solidaridad con el vecino se hacía casi obligatoria- que sus habitantes de entonces hasta recuerdan con nostalgia. Ah, el lugar estaba cerca de las pistas del antiguo aeropuerto hongkonés, así que los habitantes de los pisos más altos casi podían tocar los trenes de aterrizaje de los aviones, e imagino que soportarían un ruido ensordecedor de esos aparatos.

A mediados de los 80, cuando China y Reino Unido acordaron la devolución de Hong Kong, también decidieron conjuntamente acabar con la Ciudad Amurallada, sinónimo de caos y anarquía. A principios de los 90 se comenzó a echar a los vecinos del lugar con indemnizaciones, aunque, como suele pasar en China, no todos estaban de acuerdo con las que les ofrecieron, y más de uno se resistió a irse de allí. Algunos desalojos fueron violentos, como muestran algunas fotos de la época. Finalmente, entre marzo y abril de 1993 comenzaron las demoliciones, que terminaron definitivamente en 1994. En el lugar donde estaba este antro ahora hay un verdoso parque con algunos vestigios históricos de la época imperial china, y una maqueta en bronce de cuando fue un hormiguero humano.





Antes de la demolición, a unos artistas japoneses se les encargó dibujar la Ciudad Amurallada "por dentro", es decir, hacer un corte transversal imaginario a sus edificios y recrear con siluetas el increíble lugar. Su trabajo no es menos increíble: aquí lo tenéis pero demasiado pequeño para que lo podáis apreciar en toda su grandeza. En este enlace tenéis una pequeña parte de esa obra, os permitirá ver el trabajo de chinos que realizaron estos japoneses. La Ciudad Amurallada ya no existe, aunque si un día vais a la ex colonia británica y os alojáis en las
Chunking Mansions, podréis captar algo de su atmósfera tenebrosa.

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San Lorenzo mi patrooon,
viva Macao que es mi pueblooo...

4 de Julio, 2011, 0:01

La semana pasada hablé un poco en el blog de Macao, pero me dejé a propósito un detalle muy importante, y es que en la ciudad china de los casinos, plagada de iglesias dejadas durante la colonización portuguesa, hay una dedicada a mi paisano San Lorenzo, probablemente el oscense más universal. Oscense es aquella persona nacida en la ciudad de Huesca: lo aclaro porque sé que mi pequeña ciudad es poco conocida al otro lado del Atlántico, y a veces hasta al otro lado del Moncayo.

La iglesia de San Lorenzo de Macao es relativamente discreta por fuera, pero por dentro es una maravilla pintada en colores pastel:





Y como está mandado, la iglesia es presidida por una imagen del santo, que siempre es representado con una parrilla en la mano, porque el pobre, cuando era obispo de Roma (mira qué lejos que lo mandamos) fue martirizado siendo quemado vivo en una parrilla gigante, como si fuera una chuleta de cordero.


Perdonad que esté borroso, fue la emoción...


La verdad es que San Lorenzo es un santo famoso en todo el mundo, así que no tendría que sorprender encontrárselo en China, pero bueno, cuando me topé con una imagen tan ligada a mi ciudad natal y tan lejos la verdad es que me emocionó. Y aunque no soy demasiado religioso, hasta le recé unas plegarias, para recordar su sufrimiento a l'ast pero también para pedirle que me ayudara a ganar en el poker aquella noche en el casino Nuevo Lisboa (y oye, mano de santo, porque aún me gané unos dolarcillos de Hong Kong).

El título del post de hoy es una adaptación de la jota de San Lorenzo, que se canta y baila en las fiestas de Huesca -en honor a ya os imagináis quién- y ocasiones similares. Esta jota consta de sólo cuatro frases: las dos primeras se han usado, con un ligero cambio, en este post, y las dos siguientes en éste de hace un año. Vamos, que la jotica la hemos aprovechado bien.



Y en fin, con este post tan terruñero y fervoroso pongo fin a los que he ido mandando en las últimas semanas sobre mi reciente viaje a Kaiping y Macao. Del viaje me han sobrado tres fotos que no me han encajado en el tema de ningún post -tampoco en éste-, así que las pongo de cualquier manera ahora, a modo de colofón cantonés:


Peluquería abandonada en un pueblecito de Kaiping.



Té jabonoso (y un cartel muy zen, el de abajo a la derecha).



Perro perdido en el arrozal
(homenaje cantonés al perro de Goya,
otro aragonés universal).

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Los tres Macaos

28 de Junio, 2011, 0:01

El viaje por Kaiping que os estoy contando en las últimas semanas en algunos posts -es más largo el tiempo que he empleado en contarlo que el viaje en sí- incluyó una escala en Macao, donde quedé con un amigo para echar unas manos de poker, repitiendo la experiencia del pasado año. Esta vez puedo decir con orgullo que gané lo mismo que perdí, lo cual es lo mejor que te puede pasar, porque si pierdes malo, pero si ganas mucho te enganchas al vicio, o eso decía Dostoievski.

Aunque
ya hablé de Macao el año pasado, en mi anterior visita, este año tengo mejores fotos -creo- para ilustrarlo, así que quería regresar a esta ciudad en el blog y ahondar en lo curiosa que es Macao. A la ex colonia portuguesa le va como anillo al dedo la manida expresión "ciudad de contrastes".

Se trata de la ciudad a la que más dinero del juego llega cada año, por encima ya incluso de Las Vegas. Cada día, miles de personas, sobre todo chinos y hongkoneses, se juegan los cuartos allí. Los casinos son impresionantes edificios de luces de neón y cristaleras, reproducciones casi a escala real de Venecia o del Cubo de Agua de Pekín, lo más de lo más, vamos.

Y sin embargo, a escasos metros de esa meca del dispendio, las calles residenciales de Macao reúnen algunos de los edificios más cochambrosos de toda China, incluida la "no capitalista" que hay al otro lado de la frontera. Es increíble lo degradado que está el Macao "normal", el que no se dedica al juego, con todo el dinero que llega allí. Dios mío de mi vida, ¿pero en qué revierte tan pingüe negocio? También hay que tener en cuenta que Macao es la ciudad más densamente poblada del mundo, pero de todas formas no me parece ni medio normal la situación.

A estos dos contrastes, y para rizar el rizo, se une el Macao colonial, el que los portugueses dejaron tras más de medio siglo de estancia, pequeño y modesto pero bonito y patrimonio de la UNESCO. Iglesias de colorines, aceras con adoquines en olas blancas y negras como en Lisboa o Río de Janeiro, tartas de nata...

Tenemos entonces, recapitulando, tres Macaos, que podríamos definir, como las reglas del periodismo, con tres Ces:

-Colonial
-Casinos
-Cochambre

En fin, que lo que yo quería más bien es contar todo esto con imágenes, así que allá va una buena colección de ellas:

MACAO # 1
(COLONIAL)























MACAO # 2
(CASINOS)










MACAO # 3
(COCHAMBRE)








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Cartelismo chikanero

27 de Junio, 2011, 0:01

Hace dos semanas os puse unas cuántas fotos de un pueblo de la provincia de Cantón llamado Chikan, que por el buen número de comentarios en aquella entrada parece ser que es un sitio que no os dejó indiferentes...

Ya que el lugar llamó vuestra curiosidad, comentaré otro pequeño detalle sobre ese sitio, y es que en las paredes de sus curiosas calles vi varios anuncios publicitarios pintados, algo que no es frecuente de ver ya en China o en España, pues ese oficio se sustituyó por los carteles de imprenta.

Los carteles pintados tenían su encanto, daban al sitio ellos también un aire antiguo, como de hace medio siglo, así que hice algunas fotos de ellos:







Los carteles tienen aire retro, pero sus colores están muy vivos, por lo que es posible que en el pueblo el oficio de cartelista sigue muy pujante. También se me ocurrió que puede que esos carteles formaran parte de una decoración para una película china ambientada en otra época, ya que en Chikan hay un estudio cinematográfico, y parece ser que en las calles del lugar se grabaron muchas escenas de una de las películas chinas más exitosas de los últimos años, "Let the Bullets Fly".

En todo caso, creo que son bonitos los lugares donde se pintan los anuncios de esta forma, como antaño en los carteles de cine de la Gran Vía de Madrid. Recuerdo que en los países menos desarrollados de Asia donde he estado, Camboya y Filipinas, el cartelismo artístico sigue también muy pujante.

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Los amantes de Chikan

16 de Junio, 2011, 0:01

En el episodio anterior mostré algunas imágenes de los pintorescos pueblos de la comarca cantonesa de Kaiping. Pero me dejé deliberadamente uno de los más famosos: Chikan.

Chikan, con ese nombre tan automovilístico, es un pueblo con similar historia a los de su alrededor, que ya nombré en el arriba linkeado post. Allí también muchos de sus pobladores hicieron fortuna en el extranjero, regresaron, y construyeron sus casas con cierto aire monumental europeo.

La diferencia de Chikan con el resto de aldeas de la zona es que allí no se construyeron las viviendas de forma aislada, a modo de torreones o castillos, sino que se alinearon en calles porticadas y abalconadas. El pueblo era el lugar del mercado comarcal, quizá por ello evolucionó de forma diferente al resto.

En Chikan, por lo visto, los vecinos del pueblo pertenecían a dos clanes distintos que rivalizaban por ver quién diseñaba las casas más bellas, a lo Montescos y Capuletos. Entre eso y la de balcones que hay -idóneos para rondar- uno se puede imaginar allí perfectamente una historia de amor imposible entre miembros de familias que se odian, en plan Romeo y Julieta...

Al llegar a Chikan, de un primer vistazo rápido, uno creería estar en una ciudad histórica centroeuropea, pero acercándose más se puede comprobar que los chinos han aportado a esa "ciudad europea" sus toques personales (muchos carteles en chino, cierto caos...). En suma, han hecho de Chikan uno de los pueblos más extraños y curiosos que he conocido en China, con una atmósfera especial. No diría que es "bonito" directamente, pero sí que es muy original, y único en este país. El lugar era tan irreal que lo tuve que visitar dos días, porque no creía lo que estaba viendo.

Como no es fácil explicarlo con palabras, os lo mostraré en fotos:





























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Almenas entre el bambú

14 de Junio, 2011, 0:01




La semana pasada estuve de vacaciones en un curioso y poco conocido lugar de China: la comarca de Kaiping, en Cantón (esa provincia donde la gente habla en chino con acento extremeño).

Uno se imagina siempre Cantón como un lugar lleno de fábricas y megaurbes, pero no todo es así, afortunadamente. Kaiping, a apenas dos horas de Macao y de Cantón capital, es una comarca eminentemente rural, formada por muchas aldeas con sus arrozales, sus bosques de bambú, ... y sus castillos.

Sí, digo bien, castillos, o más bien habría que decir torreones: la comarca está sembrada de torres de aspecto medieval, barroco o neoclásico europeo, que, plantados entre los arrozales o junto a aldeas tradicionales chinas, podrían parecer al no preparado como un sueño, o un espejismo, por lo irreal de verlos en semejante escenario.

¿Qué pintan allí esos edificios, os preguntaréis algunos, espero que muchos?

La explicación es sencilla: hace cosa de un siglo, muchos habitantes de Kaiping emigraron en busca de fortuna. A Canadá, a México, a Estados Unidos (donde muchos de ellos colaboraron a construir las líneas férreas desde la costa este a la oeste)... Muchos lograron efectivamente una pequeña fortuna, y regresaron a su Kaiping del alma, donde, para mostrar que habían prosperado, construyeron estos castillos y palacetes, que en China se conocen como "diaolou". Usaron el estilo de las casas "elegantes" que habían visto en el extranjero, y por eso los adornos clásicos y barrocos.

Algunas de las torres, no obstante, se construyeron en plan comunitario para defender a las aldeas de los bandidos... Eran los años en que el opio hacía estragos en la zona, y había mucho bandido yonqui, por lo que dicen.

Hace cuatro años, la UNASCO, perdón, la UNESCO, declaró a Kaiping Patrimonio Mundial de la Humanidad, concretamente los complejos de diaolous situados en las aldeas de Zilicun, Majianglong, Jinjiangli y Sanmenli. Cada uno de estos lugares tiene su encanto propio y diferenciado: los diaolou de Zilicun están en un precioso entorno de arrozales y estanques con lotos, los de Majianglong escondidos entre los bambúes, en Jinjiangli se encuentra el torreón más alto y elegante, y en Sanmenli el más antiguo y con más aspecto de  castillo. No sólo los torreones y palacios que los emigrantes o los aldeanos temerosos construyeron allí son dignos de ver: las aldeas, con sus casas de ladrillos negros y sus calles ultraestrechas para guarecerse del sol, también son una maravilla. Y hay decenas de aldeas, cientos de diaolous...

Por ponerle una pega al lugar, para que no se diga que lo pinto todo color de rosa, hay que señalar que muchos de estos diaolous son más bonitos de lejos que de cerca, ya que la mayoría están recubiertos de feo cemento (se construyeron muchos a principios del siglo XX, ya con tácticas modernas). También hay que reconocer que en algunos de los pueblos (no los protegidos por la UNESCO, pero sí otros más desconocidos) los perros del lugar son bien poco amigables, un problema que en realidad existe en buena parte de la China rural y dificulta conocerla. Fueron estos canes los que me impidieron por ejemplo visitar una aldea llamada Jianadacun ("Canadá"), que de lejos parecía bastante interesante.

En fin, dicen que una imagen vale más que mil palabras, así que os voy a poner el equivalente a varios miles de vocablos para que os hagáis una idea de como es Kaiping y alrededores. Un gran "descubrimiento", y un lugar digno de ver a modo de desvío desde Macao, Hong Kong o Cantón capital.


KAIPING (capital comarcal)


ZILICUN
























LIYUAN






JINJIANGLI








MAJIANGLONG




SANMENLI


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Montar una Universiada
y que te crezcan los shenzhenanos

25 de Mayo, 2011, 0:01


En China hay un gran evento polideportivo casi cada año... Los más conocidos internacionalmente han sido los Juegos Olímpicos de Pekín 2008, pero en 2009 Jinan tuvo sus particulares "
olimpiadas chinas", y el año pasado Cantón tuvo las "olimpiadas asiáticas" y Harbin la Universiada de Invierno... Este año aún se presenta más calentito, pues Shanghai celebra los Mundiales de Natación, Nanchang celebra las "olimpiadas de las ciudades chinas" y Shenzhen tendrá la Universiada de Verano. En el futuro, Nankín celebrará en 2014 los segundos Juegos Olímpicos de la Juventud, y Pekín volverá a los grandes fastos con los Mundiales de Atletismo 2015... Vamos, que ya no queda gran ciudad china sin estadios despampanantes.

Mención especial quiero hacer en este post a la Universiada de Shenzhen que va a celebrarse este verano, porque ha venido acompañada de cierta mala racha de noticias en esa ciudad, vecina de Hong Kong y centro de la industria tecnológica china. Shenzhen, pese a su nombre relativamente poco conocido fuera de este país, es una de las urbes más grandes de China, y eso que hace 30 años apenas era una aldea olvidada en el sur de Cantón. Pero se decidió, a finales de los 70, experimentar allí la economía de mercado antes que en el resto del país, y el resultado es otra aglomeración de rascacielos, donde se fabrican los iPads, los iPods y los iPuds.


La mala racha de noticias en Shenzhen ya comenzó el año pasado, pues la famosa
ola de suicidios de Foxconn se produjo en las factorías de la empresa en la ciudad, unos gigantescos complejos industriales donde viven y trabajan 400.000 personas, la mitad de todos los que trabajan para el gigante tecnológico en China. A raíz de estos suicidios, Foxconn, que es taiwanesa, pensó que tenía demasiado concentrada su producción en Shenzhen y decidió trasladar algunas de sus factorías a otras provincias del gigante asiático, pero tampoco esto le ha salido excesivamente bien, porque una de estas fábricas, apenas inaugurada hace medio año, ha explotado causando el pasado fin de semana, causando la muerte de tres personas.

El gafe de la ciudad ha continuado este año con temas políticos, ya que hace poco más de un mes el alcalde de la ciudad hasta 2009, Xu Zongheng, fue condenado a muerte por corrupción (aunque la sentencia fue suspendida por dos años y salvo sorpresa se reducirá la pena en ese tiempo, por lo que en realidad es cadena perpetua).

La misma semana en que se anunció la condena, es más, yo diría que el mismo día, se produjo un accidente en las obras del metro de Shenzhen, en el que murieron dos personas. Esto recuerda un poco a lo ocurrido en Pekín antes de los JJOO, porque también hubo aquí fatales accidentes laborales en las obras del metro, además en líneas construidas para llegar más fácilmente a la zona de los estadios olímpicos.

Otra mala noticia que está acompañando a Shenzhen en los preparativos para la Universiada es habitual en este tipo de grandes fastos: las denuncias de algunos residentes de que les están echando en zonas destinadas a estadios y otras infraestructuras sin las adecuadas indemnizaciones, o de malas maneras. El pan nuestro de cada día en Olimpiadas, Expos, parques Disney y otras monsergas que necesitan mucho terreno...

Si por lo menos, ya que la ciudad va a ser centro deportivo internacional, le sonriera la suerte en los deportes... pero, para colmo, el club de fútbol local, el Shenzhen Ruby, no levanta cabeza en la liga china. Ahora mismo está, con cuatro puntos, empatado con otros dos equipos en el penúltimo lugar, y durante muchas semanas ocupó el farolillo rojo. De nada sirvió al club contratar los servicios de un entrenador experimentado y trotamundos como es Philippe Trousier, veterano ya en los campos de África y Asia.


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Triscando por los Juegos de Cantón

15 de Noviembre, 2010, 0:01

El pasado viernes (día 12 del mes 11 del año 10, no sé si se escogió la fecha por su interés numérico) la ciudad de Cantón inauguró los XVI Juegos Asiáticos, tambien llamados Asiadas por ser una versión asiática de las más famosas Olimpiadas. La ceremonia, que no pude ver con mucho detalle porque andaba en otros fregaos, se celebró no en un estadio, sino a orillas del Río Perla, y lo que más recuerdo de ella es que uno de los portadores de la antorcha fue corriendo sobre las aguas del río con ella, en plan Jesucristo en el Lago Tiberiades. También recuerdo las "medusas" de la foto que abre esta entrada.

Aunque no sean muy famosos fuera de Asia, se puede interpretar que estos Juegos son un buen escaparate mundial -o al menos continental- para Cantón, de la misma forma que las Olimpiadas lo fueron para Pekín y la Expo Universal para Shanghai. Y es curioso que las tres grandes ciudades de China hayan tenido en apenas dos años cada una un magno evento para "venderse".

Y como le pasó a Pekín en 2008, y a Shanghai este año, Cantón también se ha vuelto un poco loca con la organización de los Juegos, llevando a cabo medidas de todo tipo para mejorar la imagen de la ciudad, algunas de ellas un poco exageradas.

Por ejemplo, por razones de seguridad, se ordenó a la gente que vivía a varios kilómetros a la redonda de la zona del río Perla donde se celebró la inauguración que no estuvieran en casa durante esa ceremonia, obligándoles a reunirse en plazas y lugares acondicionados para ello. Si alguien tenía que quedarse en casa (por ejemplo ancianos, o madres con bebés) tenían que estar acompañados de policías o voluntarios.

Otra medida extraña dictada por las autoridades ha sido la de prohibir las barbacoas en los dos meses que duran los Juegos Asiáticos y los Paraasiáticos, con el fin de reducir la contaminación (en una provincia donde se concentra buena parte de la industria del país, es algo un poco ridículo).

Por no hablar de la idea de obligar a los ciudadanos de Cantón a que durante la inauguración encendieran todas las luces de su casa, para que todo pareciera más brillante cuando las cámaras aéreas sobrevolaran el lugar por la noche... Esta idea ha causado incluso algún que otro movimiento de "insumisión", conminando a la gente a que apagara las luces ese día.

En fin, que las autoridades cantonesas están un poco cabras, no en vano a la ciudad se la conoce con el apodo de "Ciudad de las Cinco Cabras", y este animal está presente tanto en el logotipo de los juegos como en las mascotas, que son precisamente cinco cabritillas.

He examinado un poco en la wiskipedia la historia de los Juegos Asiáticos y he comprobado que a ellos, como le ha pasado también a sus hermanos mayores Olímpicos, la política les ha afectado en más de una ocasión. Por ejemplo, en Yakarta 62, China -aunque aún no participaba en ellos- y los países árabes presionaron al anfitrión para que no participaran ni Israel ni Taiwán, por lo que el COI se cabreó mucho con los Juegos Asiáticos y les retiró su apoyo. Después, en 1970, Corea del Sur alegó amenazas terroristas de Corea del Norte para cancelar a última hora la organización de los Juegos, aunque en realidad el principal problema que tenía era económico (al final ese año los organizó Bangkok, que los ha acogido cuatro veces). También cuando las Asiadas se celebraron en Pekín, en 1990, hubo jaleo porque coincidió con la invasión iraquí de Kuwait y en ella murió el equivalente asiático al presidente del COI, que era kuwaití. Por no hablar de varios boicots norcoreanos y de otros países a varias ediciones...

 

Nueva Delhi 1951

 

Manila 1954

 

Tokio 1958

 

Yakarta 1962

Bangkok 1966

 

Bangkok 1970

 Teherán 1974

Bangkok 1978


Nueva Delhi 1982

Seúl 1986

Pekín 1990

 

Hiroshima 1994


Bangkok 1998

Busan 2002

 Doha 2006

Una cosa curiosa de los Juegos Asiáticos, aunque ya lo comenté en el post que hice hace cuatro años (cuando se celebraron los de Doha 2006) es que en ellos se disputan muchos más deportes que en las Olimpiadas (creo que en Cantón son 42, cuando en las Olimpiadas suelen ser unos 26 o así). En Cantón 2010 hay competiciones de baile de salón, billar, kung fu, criquet, carreras de barcos dragón, fútbol tailandés y otros exóticos deportes, algunos de ellos puramente asiáticos. De todas formas, en futuras ediciones (los próximos juegos son en la ciudad coreana de Incheon, en 2014) parece que se va a reducir un poco el número de deportes.

Para terminar con el tema por hoy, pongo las mascotas que han tenido los últimos Juegos. Las primeras Asiadas con mascota fueron las de Nueva Delhi 1982, con la particularidad de que en realidad la mascota india era un elefante en carne y hueso, no sólo el del dibujito. Se llamaba Appu, como el del Kwik-o-Mart de los Simpsons, se había roto una pata de niño y pese a ello vivió feliz y mimado hasta el pasado 2005.

 
Nueva Delhi 1982

Seúl 1986
 
Pekín 1990

Hiroshima 1994
 
Bangkok 1998

 
Busan 2002
 
Doha 2006
   
Incheon 2014

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No more bets

5 de Mayo, 2010, 0:01


Como anuncié en el episodio anterior, hoy voy a hablar de los casinos de Macao, que son seguramente la principal razón de que la gente vaya a esa ciudad, más que la herencia portuguesa, los pasteles de nata o el bacalhau de los que se habló en la última entrada.

Se oye por ahí que Macao mueve más dinero en el juego que Las Vegas, aunque la verdad es que no sé si es cierto o es sólo una coletilla periodística. Macao tiene ya muchos casinos (más de 30), pero creo que la ciudad de Nevada tiene bastantes más, así que no estoy seguro, en cualquier caso Macao es la ciudad del juego de Asia por excelencia.

Por lo que se ve, muchos de los jugadores en los casinos de Macao son de Hong Kong, ciudad que está a menos de una hora de ferry y donde el juego no está permitido, como en el resto de China. También debe haber bastantes chinos de la vecina provincia de Cantón, pero creo que el gran contingente es de hongkoneses, que tienen más fácil entrar en Macao que el resto de chinos (entre Macao y China hay una frontera con aduana y donde hay que presentar pasaporte, igual que entre Hong Kong y China, mientras que entre Hong Kong y Macao la entrada es bastante libre).

Una de las pistas que permite deducir que la mayoría de los jugadores de los casinos son hongkoneses es que en los casinos sólo se puede pagar con dólares de Hong Kong, mientras que no se aceptan las patacas (moneda local de Macao). Es como si en Las Vegas no se aceptaran dólares, pero bueno, allá los casinos macaenses con sus rarezas. Es posible, teorizo yo sin tener ni repajolera, que se haga para frenar un poco el que los propios macaenses jueguen en los casinos (para evitar el riesgo de ludopatía que entraña tener el casino al lado).

Sobre los hábitos de juego de los que van a los casinos de Macao, se puede decir que existe una gran afición al bacarrá, un juego que no sé muy bien cómo es pero que por lo visto se parece al siete y medio, o al blackjack. Tras pasar por varios casinos, vi que aproximadamente el 80 por ciento de todos los juegos que hay son mesas para el bacarrá, lo cuál dice bastante de la pasión de los chinos/hongkoneses/macaenses por este juego. No sé exactamente la razón, pero he oído decir que es el juego de casino donde el jugador tiene más probabilidades de ganar frente a la banca, así que tal vez sea eso. Además, es un juego bastante sencillo.

También hay juegos tradicionales de los casinos de todo el mundo, como la ruleta, el blackjack o el poker Texas hold'em, un juego que aprendí a jugar en Macao -no sé si hice bien- y que me hizo sentir como Paul Newman, o Robert Redford, o los dos juntos, en un tugurio de mafiosos. Las maquinitas de las monedas, que tanto gustan a los chinos que viven en España, estaban, sorprendentemente, bastante vacías.

Los casinos de Macao, como los de Las Vegas, son edificios horteras, decadentes, abiertos las 24 horas y sin ventanas (para que la gente no sepa si es de noche o de día y pierdan la noción del tiempo mientras juegan y juegan). Quizá la gran diferencia entre los de Vegas, por lo que me dijo el amigo que me acompañó en el viaje (y que ha estado en los dos sitios) es que en los casinos de Nevada la bebida es gratis, mientras que en Macao hay que apoquinar.

El más famoso de los casinos macaenses actualmente es el Venetian, copia del casino homónimo que hay en Las Vegas. Para haceros una idea de cómo es el Venetian, imaginaos que un día el Vaticano se vuelve loco y monta un casino en la Basílica de San Pedro: creo que les saldría algo similar a esta barbaridad, el casino más grande de Macao, que además es un hotel de 3.000 habitaciones.



La inmensa sala de juego, infinita y probablemente decorada por un multimillonario ruso loco y borracho, es bastante espectacular, pero lo es más todavía el segundo piso, en el que se ha reproducido, con mucha fidelidad y más cartón piedra, la ciudad de Venecia, con sus canales, sus góndolas, su torre del reloj... El techo imita al cielo azul, lo que da al lugar la atmósfera interior más rara que se ha podido concebir nunca.


Otro popular casino de Macao es el Lisboa, que era el principal de la ciudad hace apenas 10 años, cuando el juego era todavía monopolio del gobierno local y todavía no habían entrado los inversores de Las Vegas. No se muy bien por qué, pero los juegos que hay en este casino son diferentes a los de los otros, y bastante extraños, igual son juegos de azar tradicionales chinos. En su interior se encuentra uno de los 100 mejores restaurantes del mundo, según la lista que este año ha destronado a El Bulli al segundo puesto.





Y frente al anterior se encuentra el Grand Casino Lisboa. La familia Ho, magnates de Macao que poseían el Casino Lisboa, decidió no quedarse atrás cuando los casinos de Las Vegas comenzaron a abrir sucursales en Macao, y se montó un altísimo casino-rascacielos con forma de... ¿piña? ¿cebolla?





Este casino es en el único en el que puedo decir que gané algo, ya que acerté cuatro veces seguidas el número de la ruleta, pero mis ganancias no fueron adecuadamente reinvertidas y se quedaron en una simple anécdota.

Otro casino conocido de Macao es el Sands, también sucursal de uno homónimo de Las Vegas y del que me llamó la atención la gigantesca lámpara de cristal que hay en su interior. Pobre el que la tenga que limpiar...


Y no conviene olvidarse del MGM, otra marca de Las Vegas aterrizada en Macao, en el que por la noche hay conciertos de grupos filipinos.


También hay un casino igualito que el Cubo de Agua de Pekín, aunque en éste no entré y sólo hice una fugaz foto de sus paredes desde el taxi... Ya me largaba de Macao, la ciudad del vicio.


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Macau maravilhoso

3 de Mayo, 2010, 0:01





Hace unos días, me di una fugaz escapada a Macao, la ex colonia portuguesa que volvió a ser parte de China en 1999 y que es famosa entre los chinos sobre todo por sus casinos, ya que es el único lugar del país donde están permitidos. Ya había estado allí en 2003, pero desde entonces ha cambiado muchísimo, porque ha recibido en estos años una inmensa inversión de los grandes casinos de Las Vegas, y se ha convertido en una versión asiática de la mítica ciudad americana (con la que Macao está hermanada, faltaría más).

Lo que no ha cambiado, afortunadamente, es la parte antigua de Macao, en la que los portugueses dejaron huella: fortalezas, iglesias, empedrados blancos y negros en la acera como en Lisboa o Río de Janeiro... Macao fue la primera colonia europea en Asia y también fue la última (los lusos estuvieron unos 450 años allí), así que hubo tiempo para que dejaran su personalidad ibérica en las calles, aunque tampoco es que llevaran grandes contingentes de población emigrante, así que su presencia es, digamos, discreta en el mar de la cultura cantonesa que predomina actualmente allí.
La sensación es de una ciudad china más, pero con pequeños detalles portugueses desperdigados aquí y allá, lo que la hace muy curiosa y diferente de otras urbes chinas.

Se puede, por ejemplo, comer bacalhau en varios restaurantes portugueses de la ciudad, y en muchas pastelerías venden los típicos pasteles de nata lusos, a seis patakis, perdón, patacas, cada pieza. La pataca es la moneda de Macao, aunque el dólar de Hong Kong se usa también en todas partes, y a veces te dan el cambio mezclando unas monedas con las otras.

También se ven, de vez en cuando, algunos portugueses de los que se quedaron aun después de la retrocesión, siempre muy elegantes con traje y corbata (da la impresión de que en Portugal es típico ir muy elegante y encorbatado a trabajar, como en Londres).

Todas las señales públicas, y muchos carteles de las tiendas, están en portugués, lengua que sigue siendo oficial en Macao, algo bastante llamativo porque en realidad apenas ningún macaense -excepto los "supervivientes" portugueses que he mencionado- lo habla. Una pena, sería interesante conversar con los cantoneses de Macao en la lengua de Camoes, teniendo en cuenta que los portugueses nos entienden bastante bien cuando usamos el español... En cualquier caso, es muy curioso ver una China en la que un idioma tan similar al español está escrito por todas partes, a veces te sientes regresar a la Península Ibérica por un instante.

El casco antiguo de Macao fue incluido hace pocos años, por su original mezcla chino-portuguesa, en la lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO. Hay que decir, en honor a la verdad, que si bien su casco antiguo es bastante bonito, todo lo que no es colonial o lujosos casinos en Macao son bloques de viviendas horribles, sucios por fuera y con aspecto de colmenas inhumanas, bastante similares en este sentido a Hong Kong. Estoy seguro de que, como pasa en China, las casas macaenses por dentro están bastante mejor, pero por fuera el aspecto es depresivo.

Os pongo unas fotillos que hice del Macao más amable, para animaros a que lo visitéis si tenéis ocasión (es una fácil escapada de un día desde Hong Kong, por ejemplo).


Largo do Senado, algo así como la plaza mayor macanuda.




Fachada de la antigua iglesia de San Pablo, convertida en símbolo de Macao.



El que puso esta estatua callejera debía de ir algo calentico aquel día...



Vista desde la fachada de San Pablo,
con el imponente -y hortera- casino Gran Lisboa
dominando el skyline



Zona portuaria.



Con esta mariquinha me despido...
En el próximo post, jugaremos al poker
(apuesta mínima, 100 patacas).

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No me hables en ese tono

12 de Enero, 2009, 0:01





En los comentarios de un post reciente hubo quien nombró la lengua cantonesa, lo cual me da pie a hablar de ella en el post de hoy. Y como prometí, a hablar mal de ella, y que Bruce Lee me perdone.

El cantonés es el dialecto que se habla en la provincia china de Cantón (Guangdong), y también en Hong Kong, Macao y muchas comunidades de emigrantes chinos en el extranjero, ya que muchos cantoneses emigraron a América, el sureste de Asia y otros lugares en los siglos XIX y XX. No sé si técnicamente el cantonés es un idioma, una lengua, un dialecto o qué, porque las definiciones europeas a veces son difíciles de aplicar a la situación lingüística de China. Cantonés y mandarín suenan muy diferentes, como lenguas de familias distintas, pero en realidad tienen muchos puntos en común y por escrito son prácticamente idénticos (con el matiz de que en China usan la escritura simplificada y en Hong Kong-Macao la tradicional, que en el fondo no son tan diferentes).

La influencia de los emigrantes cantoneses en otros países -y del cine de Hong Kong, por qué no decirlo- ha hecho que los extranjeros conozcamos muchas cosas de China por su nombre cantonés, en lugar de por su pronunciación en mandarín, el idioma oficial.

Así, todos conocemos el kung fu, nombre cantonés de un arte marcial que en mandarín se dice "wushu". Muchos conocen el wok, sartén que en mandarín se dice "guo". Por supuesto, la pronunciación cantonesa del Puerto Fragante (Hong Kong) se ha impuesto al mandarín Xiang Kang. Y también pasa en el caso del dim sum, las comiditas que les gustan a hongkoneses y cantoneses, que en mandarín se dicen "dian xin". Dentro de esas comidas, muchos conocen el wonton, pronunciación cantonesa del "hun dun" mandarín.


Por otro lado, el padre de la República de China, el cantonés Sun Zhongshan, es más conocido en el mundo por su nombre pronunciado en cantonés, Sun Yat-sen.

Dicho lo cual, he de reconocer que el cantonés es una lengua, o un idioma, o lo que sea, que no me gusta nada como suena. Imagino que ayuda a ello el que no entienda nada de lo que dice la gente -el mandarín también me sonaba raro antes de estudiarlo, algo que he superado más o menos- pero ello no me ayuda a que me suene mejor. Todas las frases cantonesas me parecen iguales, y esa terminación final de esas frases, como alargando la última sílaba, me pone frenético. No entiendo además como un idioma con nueve tonos -según como entones una sílaba tiene un significado u otro, como el mandarín- puede sonarme tan monótono. Hablando con algunos extranjeros de Cantón y Hong Kong, me he encontrado con opiniones similares a la mía, aunque en los comentarios de este blog ya se ha visto que no todo el mundo piensa igual.

Quizá ha ayudado en mi animadversión el hecho habitual de que cuando uno está estudiando y dejándose parte de su cerebro en el aprendizaje de chino, siempre hay algún profesor que comenta: "No os quejéis de que el chino es difícil con sus cuatro tonos, ¡peor es el cantonés, que tiene nueve!".

En todo caso, muchos chinos mandarinohablantes no opinan lo mismo que yo: para ellos el cantonés, aunque no lo hablen, es el idioma de la moderna y cosmopolita Hong Kong, tierra del pop y el cine que más gusta a los jóvenes, así que no son pocos los que se aprenden unas palabritas o incluso canciones en cantonés.

Además, los cantonesohablantes aseguran que su pronunciación es una de las más antiguas de China, y que hace siglos en casi todo el país se hablaba de forma similar a como lo hacen ahora ellos, que han sabido por tanto mantener mejor el chino original. Ahora ya se ha perdido mucho ese presunto chino original, por la normalización que supuso la adopción del mandarín a partir del dialecto pequinés. Afortunadamente, pienso yo, pero no todos opinarán lo mismo.

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Obama desde el Puerto Fragante

5 de Noviembre, 2008, 0:01

El momento con el que tanto nos han dado la paliza los diarios ya ha llegado: Obama ha sido elegido presidente de los Estados Juntitos y ahora mucha gente está esperanzada, confía en que este señor traiga el cambio deseado ¿Podrá lograrlo?

Las elecciones a mí me han pillado en Hong Kong, donde continúo estas vacaciones que, como dije en el anterior post, comenzaron en Cantón. Al tomar el ferry que cruza desde la isla de Hong Kong hasta Kowloon me he topado en las televisiones del muelle con McCain pronunciando el discurso en que admitía su derrota, y cuando he llegado a Nathan Road, la principal calle de la península de Kowloon, me he encontrado a Obama, en las grandes pantallas de la calle, dando su discurso victorioso y prometiendo ese cambio que la gente tanto espera. La verdad es que verlo así en grande, y con todos los hongkoneses -chinos, indios, africanos, europeos- parados y mirándolo embobados, daba al momento cierto aire histórico, como si realmente Obama fuera a abrir una nueva era. A ver si es verdad, démosle una oportunidad, aunque yo tengo mis dudas.

Me ha llamado la atención eso, lo atentos que los hongkoneses estaban con el tema de las elecciones americanas esta mañana (por la diferencia horaria, los resultados de la noche estadounidense se han conocido en la mañana china). Se les veía muy curiosos ante el tema, una curiosidad que no sé si existe en la China "continental". Cierto es que cuando la economía de EEUU se resfría, la de Hong Kong estornuda, quizá sea por eso que lo siguen con tal pasión.


La gente de Hong Kong (marineritos incluidos)
sigue las elecciones USA desde el muelle de Tsim Shat Sui.

NOTA APARTE: Sin tener que ver con lo anterior (o quizá sí, pues el mundo está muy interrelacionado) os anuncio que Rafa Poch, corresponsal de La Vanguardia, publica hoy su última entrada en el Diario de Pekín, ya que marcha a trabajar a Berlín. Muchos echaremos de menos sus ideas, contrapunto fantástico a las opiniones oficiales, simplificadoras, prejuiciadas y trilladas sobre China y los chinos. Esperamos con impaciencia su libro.

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Un día acantonado

3 de Noviembre, 2008, 0:01

Estoy disfrutando estos días de unas merecidas -y cuándo no lo son- vacaciones, que he comenzado en una ciudad poco habitual para irse de viaje: Cantón, que los chinos conocen con el nombre de Guangzhou.

Cantón, la tercera principal ciudad de China, no tiene la historia de Pekín, ni el glamour de Shanghai o Hong Kong, así que es poco habitual que nadie pase por ella por gusto. De todos modos, siempre me picó la curiosidad ver cómo era, así que pasé por allí, aunque sólo fuera por un día, y me di una vuelta a ver qué veía por sus calles.

Lo primero que me llamó la atención de la ciudad tal vez sea la cantidad de escalextrics que hay en sus calles: incluso paseando por el centro de la ciudad, es muy probable que los autos circulen a unos metros sobre ti. También hay muchos pasos elevados y subterráneos para peatones (aunque esto en Pekín también pasa). Todo esto le da a Cantón un aspecto poco atractivo, más bien el de una ciudad hecha para los coches y en la que los peatones apenas tienen espacio.

Quizá para compensar un poco este efecto, la ciudad tiene muchos árboles en sus avenidas, muchas zonas ajardinadas, y los pasos de peatones elevados son un florido vergel. Algo es algo...

Pekín es la historia, Shanghai el glamour, Cantón es el comercio. Se ven muchas tiendas en las calles, todo el mundo parece obsesionado por comprar y vender, y además se ve mucha gente ajetreada transportando mercancías de un lado a otro.

No es de extrañar, teniendo en cuenta que la provincia de Cantón -Guangdong para los chinos- tiene gran parte de las fábricas de productos de consumo chinos. Esas mercancías baratas que se venden a bajo precio en todo el mundo, las que se ven en los bazares chinos de tu barrio.

Una cosa que llama mucho la atención en Cantón es la cantidad de africanos que hay. Yo vi montones en el centro de la ciudad, aunque luego descubrí que todos se habían concentrado en aquel lugar porque habían ido a misa dominical, a la principal iglesia de Cantón.

Esa iglesia y algunas casas de la ciudad son parte de la herencia europea de Cantón, que fue colonia francesa e inglesa. Pero la mayoría de lo que queda de esa época está en un estado bastante lamenteibol.

Lo poco "colonial" que está restaurado se encuentra en una islita en el río Perla, la isla de Shamian. Como es la parte más chula de la ciudad, no podían faltar las parejas de novios y novias que van allí a hacerse las fotos de boda que todo matrimonio chino debe tener. En una tarde en la islita vi, y no exagero, 30 parejas vestidos de blanco, con su fotógrafo profesional haciéndoles el book de la boda.

Shamian está bien, pero a mí me gustaron más los vecindarios más "normales" de la ciudad, con alguna fachada con detalles dejados allí hace 100 años y ese caos que hace encantadoras a las callejuelas del sur de China.

Cantón tiene fama en el norte de ser una ciudad con mucha delincuencia. Yo creo que es todo un poco exagerado, una paranoia que se crean las gentes de otras ciudades para decir "estamos mucho mejor aquí que en Cantón" y así ser más felices. El caso es que en Cantón se toman muy en serio el tema de la lucha contra el crimen, y eso se nota sobre todo en la colocación de miles de cámaras para vigilar sus calles. Yo no las vi, pero sí que pude observar por doquier carteles que avisaban de que estábamos siendo vigilados.

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Copos y más copos

4 de Febrero, 2008, 0:01





Sigue nevando en el sur de China: de momento el temporal y el caos que ha causado son el tema del año en el país.

Aquí, en Pekín, seguimos disfrutando de unos días de sol espléndido, y tenemos que leer los periódicos y ver la tele para ver cosas que parecen increíbles.

El Gobierno habla de 60 muertos, pero estoy convencido de que deben ser más.

Una de las cosas más alucinante es la situación que hay en la estación de Cantón, donde debe haber un millón de emigrantes queriendo ir a sus casas para el Año Nuevo lunar (7 de febrero). Yo creo que ni en China habían visto jamás antes una concentración de gente apretujada tan espectacular. Las fotos que ofrece la prensa te dejan la piel de pollo:


Igual de impresionantes son las escenas de gente que se ha desmayado en la estación y ha tenido que ser rescatada por los policías. Y en el fin de semana nos enterábamos de que ha muerto una persona debido al tumulto que se ha creado allí. Aeropuertos y carreteras no están mucho mejor...

En Pekín, como digo, no sufrimos apenas toda esta caótica situación. En cambio algunos lectores de este blog que viven en la zona afectada ya han contado sus experiencias en los comentarios del anterior post sobre el tema. Mmariomm está pasando frío en Cantón, algo raramente visto allí. Isa, en Ningbo, dice que lleva días nevando sin parar (aunque la prensa dice que no es nieve sino lluvia, ¿será para quitarle importancia?). Gabby "muere de frío" en Nanning, donde no tienen calefacción y están a 5 grados.

¡Nos solidarizamos con todos vosotros! Quien iba a decirnos que lo más calentito estos días iba a ser la siberiana Pekín.

Hasta el buscador de Internet más usado en China,
Baidu (más popular incluso que Google), ha enterrdo su logotipo en nieve, como muestra de solidaridad para con los afectados.


Baidu nevado



Baidu habitual



Entre la avalancha, no de nieve sino de noticias, estos días se leen de vez en cuando informaciones que realmente le tocan a uno el corazón. A lo mejor ya las habéis visto en la prensa española, pero no quería yo dejar de enlazar, para rememorarlas, la historia del niño al que su madre bautizó "Nacido en la Muchedumbre", y también la del chico que quiso ir esquiando durante cientos de kilómetros para poder volver a su hogar.

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La doblemente provocadora Lily Wong

18 de Febrero, 2006, 1:21

La sensual ilustración que nos acompaña no es una versión china de la madre de Zipi y Zape, sino un famoso personaje de cómic de Hong Kong llamado Lily Wong. Creo que viene bien recordarla ahora que unos cuantos fanáticos en el mundo islámico han puesto el grito en el cielo por unas caricaturas, iniciando protestas que por ahora han causado 25 muertos.

Lily Wong se publicó en los años 80 y 90 en forma de tiras en los mejores periódicos de Hong Kong, el "South China Morning Post" y "The Standard".

Al principio, la tira cómica contaba las desventuras de un americano que se enamora de una hongkonesa y la imposibilidad de conquistarla debido a la diferencia cultural: los padres de la chica no quieren un extranjero en la familia, ella piensa más en el dinero que en el amor... Al final, el americano logra casarse con Lily, y formar una familia. Muchas veces, al leerlo, yo pienso: "Dios mío, que gran verdad, esto a mí también me ha pasado". Como todo buen cómic, a veces es sarcástico con los chinos, pero otras veces también se mete con los guiris que viven en China (que en Hong Kong son llamados "gwailos").

Al cabo de un tiempo, al autor, Larry Feign, se le pidió que hiciera tiras más políticas, críticas con el sistema no democrático de Hong Kong o la dictadura china. Lily Wong cambió bastante, pero siguió siendo enorme, quizá mejor que antes. He aquí una de las mejores tiras: en la que se revela que Deng Xiaoping y Elvis Presley son la misma persona. Si no la veis bien, podéis verla aquí, junto a tiras con el mismo tema. Esta broma duró durante bastantes semanas, y consta que al "Pequeño Timonel" no le hizo ninguna gracia.



Cuando viajé a Hong Kong en 2003, descubrí los cómics de Lily Wong, y fueron ellos los que más me ayudaron a ver la gran diferencia que hay entre la libertad de expresión de allí y la de China. En la actual China jamás se podrían publicar cosas así. También aquí hay periódicos en inglés, como el "China Daily", pero la viñeta de "humor" que sale allí... en fin, mejor no decir nada de ella.

Sin embargo, también Lily Wong sufrió la censura. En 1995, la dirección del "South China Morning Post" cambió, los nuevos jefes vieron que en dos años Hong Kong regresaba a manos chinas y decidieron moderar el tono crítico de la publicación. En consecuencia, echaron a Feign. El detonante fueron unas tiras en las que se hablaba de la venta de órganos de personas ejecutadas en China (además en la época en la que Li Peng, uno de los políticos chinos más malvados, estaba esperando un transplante de no sé qué).

Lily Wong reapareció brevemente en 1997, para contar el regreso de Hong Kong a China tras 150 años de colonización británica, y luego hubo otro revival en 2001 y 2002, pero ya no se dibuja más. El autor dice que prefiere dedicarse a otras cosas más "tranquilas" para estar más con su familia, y ahora por lo visto trabaja con Walt Disney. No sé si es salir del fuego y caer en las brasas...

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Vente pa Hong Kong

11 de Febrero, 2006, 3:41


Esta imagen es la más típica de Hong Kong, la que aparece en miles de postales del mundo. El icónico velero rojo se llama Duk Ling y es el último junco que queda de los cientos que surcaron los mares del Sur de China en los tiempos de Sandokán (eso dice al menos la autoridad de turismo de Hong Kong).

Este post sólo sirve para avisaros de que, si este año por casualidad aparecéis un día en Hong Kong (los residentes en China lo tienen fácil, y a lo mejor han de pasar por allí para renovar el visado) se presenta una oportunidad única. Los jueves y sábados se puede uno montar gratis en el junco y navegar por entre la isla de Hong Kong y la Península de Kowloon, mientras uno recita la "Canción del Pirata" de Espronceda, canta "Juncal es un torero" o simplemente se calla y observa los rascacielos.

Aunque es gratis hay que apuntarse en una de las oficinas de turismo (hay una por ejemplo en el aeropuerto) y es recomendable hacerlo con tiempo, porque todo el mundo quiere montarse. Pero si no hay plazas libres, no desesperéis: id de todas formas a la oficina turística, porque a lo mejor alguien ha devuelto su billete a última hora.

Al parecer el año 2006 ha sido bautizado por las autoridades turísticas hongkonesas el "Año de Descubrir Hong Kong", y junto al viaje gratuito en junco se ofrecen también clases gratis de feng shui y tai chi (aunque me temo que sólo lo básico) y todas las noches, a las 8, hay un espectacular espectáculo de luces, valga la rebuznancia, entre los rascacielos de Hong Kong.

Además, las cosas de marca (ropa, cosméticos, etc) y los artículos electrónicos están más baratos que en China, y se pueden comprar libros prohibidos por Pekín. En fin, no insisto más, que la oficina de turismo de Hong Kong no me ha pagado lo suficiente como para alargar este spot. 

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Este blog -sorpresas te da la vida- recibió el premio Blasillo de Huesca 2006 al ingenio español en Internet

Y como no hay uno sin dos, fue galardonado poco después con el Premio 20 Blogs 2006 al mejor blog expatriado

Y agárrate bien a la silla, porque más de un lustro después, llegó el Premio BOBs 2012 al mejor blog en español




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