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16. India, el otro gigante asiático


Comer como un rey

22 de Abril, 2016, 0:01

Este blog, dedicado principalmente a China, se está tomando un paréntesis para hablar principalmente de su vecina la India, el otro gigante asiático. ¿Durante cuánto tiempo? Hasta que deje de salir este mensaje).

India es un país que no te lo terminas, pero este blog debe volver tarde o temprano a sus orígenes, así que creo que éste va a ser el último post del paréntesis indio que me he tomado, y que ha durado unos dos meses (además el post enlazará con China, y así vamos ya cambiando sin brusquedades).

Para acabar el paréntesis indio, decía, voy a hablar de lo último que vi en la India, que fue el restaurante Karim's, donde cené en la última noche (mi avión hacia China salió a primeras horas de la madrugada).


Karim's es un restaurante que me recomendó un sikh que viajaba a mi lado en el vuelo de ida a la India, aunque el sitio tampoco es que sea un gran secreto: es de hecho, seguramente, el sitio de comidas más famoso de Delhi. Situado al sur de la Gran Mezquita de la ciudad, en el ruidoso y bullicioso casco antiguo, está siempre lleno de gente dispuesta a merendarse su sabroso cordero.

Si Karim's me llamó la atención no fue tanto por su comida -que sí, estaba muy buena, pero tampoco andaba yo con mucha hambre esa noche- sino por su parecido con el restaurante más famoso de Pekín, el Quanjude: ambos nacieron para llevar a la gente de a pie la comida de los emperadores. (Un inciso: lo de que el Quanjude es el restaurante más famoso de Pekín es cada vez menos verdad, porque el Da Dong crece en fama y prestigio año tras año, pero bueno, durante muchas décadas fue así).

Karim's fue fundado en 1913 por un cocinero llamado Haji Karimuddin, cuyo padre fue chef de los emperadores mogoles (aunque su título de éstos era más bien honorífico para entonces, en los años de la dominación británica). Karimuddin usó las recetas que su padre aprendió en las cocinas reales para complacer a los clientes de la Vieja Delhi, algo que le llevó a un éxito comercial que sigue hoy en día. Los bisnietos de Karim son ahora los que llevan el negocio.

En Pekín, Quanjude fue abierto casi en la misma época, en 1864. El fundador, Yang Renquan, no era cocinero imperial ni descendiente de ellos, pero pagó a un chef retirado de la Ciudad Prohibida para obtener la complicada receta del pato laqueado, que es el plato estrella tanto del restaurante como de la cocina pequinesa. Hay varios restaurantes de esta marca, pero el original está en Qianmen, al sur de ese palacio imperial al que le "robó" los patos laqueados. Un gran cartel digital muestra el número de patos que han asado allí desde que el cartel fue colocado (creo que iban por varios cientos de millones la última vez que me pasé por allí).


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Tres paseos por la India central

18 de Abril, 2016, 0:20

Este blog, dedicado principalmente a China, se está tomando un paréntesis para hablar principalmente de su vecina la India, el otro gigante asiático. ¿Durante cuánto tiempo? Hasta que deje de salir este mensaje).

En posts anteriores he hablado ya y sobre todo he colgado fotos de lugares de la India que visité en febrero, como Delhi, Agra, Udaipur, Bombay, Bhopal, Varanasi... Me quedan algunas fotos y lugares más por mostrar, pero voy a colocar varios sitios juntos en este post y a mencionarlos de forma más breve, no porque me gustaran menos que los antes citados sino para ir terminando pronto con el paréntesis indio de este blog, que estoy ya echando de menos hablar sobre China.



KHAJURAHO: Famoso por sus esculturas eróticas, que el Wechat (Whatsapp chino) no me dejó mandar a mis amigos de China. Es el pueblo con más pesados timaturistas por metro cuadrado de todos los lugares que conocí en la India (había un vendedor de tapices llamado Supermario que me resultó insoportable) pero al mismo tiempo tuvo su lado relajante (fue prácticamente el primer sitio más o menos rural en el que estuve después de visitar grandes ciudades indias).





ORCHHA: Así, con dos haches, es un bonito pueblo lleno de palacios y templos rutilantes, restos de un pasado en el que el lugar fue capital de uno de esos reinos de maharahás que había por toda la antigua India. Orchha fue el lugar más pausado de todos los que vi, y por eso me quedé tres noches aunque no hubiera mucho que ver. Bueno, hubo relax en general, pero en una de las noches allí hubo un partido televisado de cricket entre India y Australia y el pequeño pueblecito parecía Madrid o Barcelona el día en que sus equipos ganan la Champions.




AURANGABAD: En las afueras de esa ciudad de mezquitas y portones de viejas murallas están las cuevas de Ajanta y Ellora, dos maravillas del arte humano. Templos totalmente excavados en la roca viva, como Petra, y decorados con esculturas y pinturas hindúes, budistas o jainistas. Difícil de explicar con palabras y también con fotos, hay que verlo en primera persona.

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El mal karma
de los antikarmena

13 de Abril, 2016, 0:01



Este blog, dedicado principalmente a China, se está tomando un paréntesis para hablar principalmente de su vecina la India, el otro gigante asiático. ¿Durante cuánto tiempo? Hasta que deje de salir este mensaje).


En el anterior post os comentaba casi al final que este año los Oscars de Bollywood se van a entregar en Madrid, el próximo 26 de junio. Será fantástico ver esas multicolores y multitudinarias coreografías indias en la capital española, ojalá pueda estar yo por allí en esas fechas. Pero claro, ya sabéis que en Madrid, desde hace unos meses, para algunos, todo es horrible y demencial, todo va mal e irá a peor, y tampoco Bollywood se ha librado de ese clima... Desde que llegó a la alcaldía de Madrid Manuela Carmena buena parte de la prensa española le ha declarado la guerra sin cuartel (y sin sentido, porque la mayor parte de lo que dicen no supera los análisis más básicos de la lógica y el sentido común). El anticarmenismo es tan salvaje e indiscriminado que lo salpica todo. Hace unos meses tocó indirectamente a China (como ya comentamos en este blog), y ahora también mancha a la India. Y a quienes haga falta, en esta guerra no hay trincheras.

¿Cómo diablos puede haber utilizado la prensa anticarmenista algo tan exótico y lejano como unos premios de cine indio? Pues como con las reinas magas, los tuits de Zapata y decenas de otras polémicas de pacotilla... a lo loco, salpicando con sandeces, que alguna acaba quedando en el imaginario colectivo. En este caso, asegurando que a Carmena le han engañado, que estos galardones son una birria, que la empresa que los organiza es una estafadora, y que todo es un despilfarro.







Las acusaciones son -como suele pasar con el anticarmenismo- tan pueriles que se derrumban a poco que busques en lugares más neutrales y cuerdos, en este caso con un simple vistazo a la Wikipedia. Buscando un poco allí enseguida llega uno a la entrada sobre los Premios Internacionales del Cine Indio y ve que existen de verdad, que ha habido 16 ediciones ya, que siempre se celebran en el extranjero para promocionar Bollywood en el exterior, que han llegado a ciudades como Londres, Amsterdam, Singapur, Macao, Toronto, Bangkok o Dubai, y que esta vez han elegido Madrid, incluso aunque en ella haya tituladores de diarios que aún creen vivir en 1937.



En cuanto a que los galardones sean de pacotilla, veamos algunos de los titulares de los premios cuando éstos se dieron en la ciudad china de Macao en 2013, a ver si son tan poca cosa como dicen los diarios:

"Lo mejor de Bollywood desciende a Macao para los premios IIFA".


"Macao acoge brillantes premios del cine indio"

Vaya, pues parece que en Macao tampoco estuvieron tan mal, ¿no? En fin, esta campaña de descrédito contra la señora alcaldesa no tiene fronteras, ya nos persigue estemos donde estemos. Mi blog intenta hablar estrictamente de China y no meterse en eternas polémicas hispanas, pero un día va el anticarmenismo y se da un paseo por este país, así que me tocó hablar de ella. Decidí luego darme un tiempo de descanso de China para hablar de la India... y ahí está el anticarmenismo otra vez. ¿Se expande ad infinitum como el Big Bang? ¿Llegará a otros planetas? ¿Se lo encontrará Stpehen Hawking en los confines de Orión? Quién lo sabe.

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Chinochano goes to Bollywood

12 de Abril, 2016, 0:01



Este blog, dedicado principalmente a China, se está tomando un paréntesis para hablar principalmente de su vecina la India, el otro gigante asiático. ¿Durante cuánto tiempo? Hasta que deje de salir este mensaje).
Bombay, la ciudad de la que hablé en el post más reciente, es como sabréis el centro del prolífico cine indio, más conocido como Bollywood. Si se visita Bombay, es casi obligado ir a ver una película india, así que eso hice en los Sterling Cineplex de al lado de la estación central. Vi una película fantástica -o que me pareció fantástica-, una comedia romántica muy bien rodada y muy emotiva llamada Loveshhuda ("¿Amor Puro?"). Grabada en Londres e Islas Mauricio (lugares donde hay muchos indios), la película cuenta la historia de encuentros y desencuentros de dos jóvenes con dos bodas de por medio.


La película tiene canciones y bailes con cientos de artistas en escena, como suelen tener todas las películas indias, aunque no tanto como me hubiera gustado, principalmente para recrear las despedidas de soltero de las dos bodas.



También tiene besos en los morros de los protagonistas, algo que me sorprendió mucho, porque creo que hasta hace bien poco estaban prácticamente prohibidos en el cine indio.


Quedé prendado desde el minuto uno de la protagonista, una reciente Miss India llamada Navneet Khaur Dhillon de la que seré fan todo el resto de mi vida aunque olvide su largo nombre y no vea ninguna película suya más.



Asombroso es el hecho de que entendí más o menos toda la película, pese a que ésta era en hindi y sin subtítulos. Pero ya me habían avisado de que si iba a ver una peli india la iba a entender sin problemas. Primero, porque los argumentos no suelen ser muy complicados: en este caso un chico que se enamora de una chica pero no puede irse con ella porque se está casando con otra. En segundo lugar, porque de vez en cuando, en las conversaciones, introducen alguna que otra frase en inglés que te ayuda a recuperar el hilo de vez en cuando (esto de mezclar hindi e inglés lo vi hacer en el mundo real también a algunos indios cuando conversaban entre ellos, sobre todo jóvenes). En tercer lugar, los indios tienen unas expresiones faciales muy similares a las de los europeos, y los actores indios tienden a exagerarlas, lo cual choca con muchas películas chinas donde los actores son estatuas de hielo (algo que, dicho sea de paso, los distancia mucho de los chinos de verdad). Lo de la expresión o falta de ella en las películas de cada país me tiene fascinado, porque creo que proviene de sus tradiciones teatrales, algunas de ellas con siglos de historia.

Bueno, que me voy del tema, lo que quería decir es que el cine indio me dio una gran lección, porque yo fui a la butaca pensando que la película me iba a parecer ridícula -entre en el cine dispuesto a reírme del film, honestamente hablando- y acabé enganchado a la historia y casi aplaudiendo en los créditos, aun consciente de que estaba viendo cine comercial y sin pretensiones. Bollywood me dijo: "Sí, seguid haciendo YouTubes haciendo burla de nuestros números musicales, pero sabemos hacer cine".



En realidad, las dos películas indias que he visto completas en la vida -quitando escenas graciosas de YouTubes- me han encantado. Además de esta comedia romántica, hace años vi Lagaan, la única película india en casi 30 años que ha estado nominada a los Oscar. Es una película muy de estilo Spielberg: aventuras, grandes escenarios, épica hasta el final... Va de un pueblo indio que en el siglo XIX es retado por los malvados británicos a derrotarles en un partido de cricket -deporte que hoy en día es la pasión nacional de los indios, pero que los del pueblo decimonónico no conocen- si quieren salvar sus vidas. Una especie de "Evasión o Victoria" pero con bailecitos en el desierto indio.



Además, las veces que el cine occidental ha estado en la India, le han salido películas fabulosas: Gandhi, Pasaje a la India, Slumdog Millionaire... Hasta la escena india de Moulin Rouge -peliculón supremo-, un homenaje a Bollywood, es maravillosa.



Larga vida al cine indio, a ver si este año que Bollywood celebra una gran fiesta en Madrid aprovecha para entrar más y mejor en el mercado en español y nos regala más peliculones (aunque le pasa como al cine chino, que con el enorme mercado interno que tienen no se molestan mucho en ir al exterior).

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Bombay, Bombay,
no es un paraíso

6 de Abril, 2016, 0:01



Este blog, dedicado principalmente a China, se está tomando un paréntesis para hablar principalmente de su vecina la India, el otro gigante asiático. ¿Durante cuánto tiempo? Hasta que deje de salir este mensaje).


Tarareando la infantil a la par que tierna canción de Mecano me pasé los cuatro días que estuve en Bombay, la mayor y más rica ciudad de la India, la Shanghai de los indios. Bombay, dicen, no es un destino muy habitual entre los turistas, porque el alojamiento es mucho más caro que en el resto del país, pero yo tenía muchas ganas de ir a esa ciudad, con ese nombre tan evocador y tan de ginebra, y pardiez que no me arrepiento. Bombay me gustó mucho, y sobre todo me sorprendió.

Lo que sorprende de Bombay, sobre todo si antes has pasado por otras ciudades indias antes de llegar a ella, es lo diferente que es al resto de la India, y al mismo tiempo lo parecida que es a una ciudad europea (en su centro, me refiero, las afueras son otra cosa). Con anchas avenidas, sin motos ni triciclos pitando constantemente, con unos edificios coloniales decimonónicos enormes y apabullantes (sobre todo la estación de tren, que parece una catedral) Bombay es un Londres o un Madrid en la costa del Mar Arábigo. Quizá la ciudad más europea que he visto nunca antes en Asia, incluso más que Shanghai, Hong Kong o Singapur. Aunque insisto, sólo en el centro de la ciudad, porque el resto de Bombay son nuevamente calles atascadas, gente por todas partes, edificios dilapidados, slums de chabolas...

No pude evitar en Bombay, por curiosidad periodística, consultar un poco para refrescarme la memoria sobre lo qué pasó en 2008 en esa ciudad, aquel terrible ataque terrorista que sufrió, con más de 200 muertos y comparable sobre todo a los que hace poco sufrió París, en el sentido a que lo perpetraron  tipos armados que fueron cambiando de escenario para sembrar el pánico en el mayor número de lugares posible. Lo de Bombay fue especialmente horrible: los terroristas, que llegaron en barco desde Pakistán, atacaron la principal estación de la ciudad (la de aspecto catedralicio), el hotel más céntrico y famoso (el Taj Mahal Palace), uno de los restaurantes más famosos entre los turistas (el Leopold Café) y aún tuvieron tiempo para atacar un hospital, un centro judío y otro hotel (el Oberón, donde estaba Esperanza Aguirre). El ataque duró TRES DÍAS. En realidad no ha sido el peor atentado que la ciudad ha sufrido, pero el hecho de que se atacaran lugares tan simbólicos
y que durara tanto tiempo le da un especial halo trágico.
 
Hotel Taj Mahal Palace.


Estación central.



Bombay se recuperó como pudo de las heridas, como también han tenido que hacer Nueva York, Madrid, Londres, París, Bali, o tendrá que hacer Bruselas. Recuerdos amargos aparte, y sin olvidar nunca la pobreza de sus slums, Bombay es una metrópolis interesantísima y con una gran personalidad, quizá el sitio de la India donde menos pegas vería para irme a vivir si algún día se me presentara la posibilidad.
 

Templo zoroastriano.


Jugando al cricket en el Oval park.


Los trenes de Bombay, imposibles en hora punta y sin puertas,
para que los viajeros se asomen bien por los huecos.



El paseo marítimo, no muy recomendable para bañarse pero sí para pelar la pava.



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Sai Baba por aquí,
Sai Baba por allá

4 de Abril, 2016, 0:01

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Al viajar por la India, comprobé con cierta sorpresa que muchas tiendas, restaurantes o calles estaban decorados no sólo con los típicos dioses hindúes, sino también con posters o estatuillas de un viejecillo con pañuelo pirata del que nunca había oído hablar, un tal Sai Baba.



Movido por la curiosidad, investigué un poco a esta figura (traduciendo, que me miré su perfil en la Wikipedia) y descubrí que Sai Baba fue un gurú del siglo XIX y principios del XX que me parece a mí que gusta a muchos indios porque predicaba tanto a los hindúes como a los musulmanes, usaba ideas de las dos religiones y abogaba porque ambos olvidaran sus diferencias, algo que les habría ido muy bien seguir en la segunda mitad del siglo XX. Ese igualitarismo también le llevaba a creer que no había castas, que todos somos iguales. Todas esas ideas influirían más tarde en Gandhi, quien a su manera también fue un gurú (aunque de él, para mi sorpresa, no vi ni un sólo poster o estatuilla, no parece tan popular entre los indios como Sai Baba).

Sai Baba es considerado por tanto una especie de santo hindú-musulmán, y en casi todas las imágenes aparece con la misma cara y postura, tomadas de una foto real que se le hizo en los últimos años de su vida. Ésta de aquí:



Sai Baba no parece estar haciendo nada especial, podría estar hasta esperando el autobús, pero esa imagen, al estilo de un Che Guevara indio, ha sido transformada en un icono que se puede ver en todo el país de múltiples formas.







En las religiones de la India parece que, como en el cristianismo, hay que demostrar la santidad con milagros, así que a Sai Baba se le atribuyen muchos, algunos tan gore como la capacidad de sacarse las tripas y después volverselas a poner sin morir en el intento. De la vida de Sai Baba se han hecho decenas de películas y series de televisión en su país.

Este post del veneradísimo Sai Baba acabaría aquí si no fuera porque después de su muerte en 1918 llegó otro indio que aseguró ser su reencarnación y se convirtió en un fenómeno de masas tan grande o mayor que el de su antecesor, aunque de él no vi posters. El segundo Sai Baba, nacido en la ciudad de Putaparti (este dato lo he puesto sólo porque en español suena gracioso) era un hombre con un espectacular pelo afro que lo hacía inconfundible.





El segundo Sai Baba dijo ser reencarnación del primero ya cuando era niño, poco después de recibir una picadura de escorpión que por poco lo mata. Y que es posible que le dejara un poco loco, dicen sus escépticos, ya que este hombre tuvo una legión de seguidores y otra igual de grande de detractores. Levantaba pasiones, vaya, tanto en su favor como en su contra.

Sai Baba aprovechó la moda del espiritualismo indio y consiguió atraer a fieles occidentales a su culto, y dicen que este gurú llegó a tener más de 100 millones de seguidores dentro y fuera de la India. Como a su "anterior encarnación", se le atribuían capacidades milagrosas y clarividencia, y él alimentaba esa leyenda haciendo aparecer en su mano cenizas supuestamente curativas o joyas que daba a sus seguidores en sus encuentros diarios con ellos, como se puede ver en el siguiente vídeo:



Los críticos de Sai Baba señalan que esto no son más que trucos de prestidigitador barato, y que ésa es la verdadera magia negra, usar trucos para hacer creer a otros que eres un ser especial.



Otros críticos van más allá y aseguran que Sai Baba usó los engaños para enriquecerse y conseguir amasar una de las mayores riquezas de la India, o incluso le acusaron de abusos sexuales o de usar otros métodos mucho más ilegales para ganar dinero, como el tráfico de drogas. También se le acusa de haber sido amigo del dictador ugandés Idi Amin, ya que la única vez que Sai Baba viajó al extranjero fue a Uganda y Kenia, quizá invitado al primero de esos países por el sanguinario "rey de Escocia".



Críticas aparte, cuando murió en 2011, a los 84 años (12 antes de la edad que él había predicho que tendría al morir), a su funeral asistieron más de medio millón de personas, entre ellas el entonces primer ministro indio (Manmohan Singh), el que sería su sucesor y gobierna ahora el país (Narendra Modi, quien por cierto, se da un aire al Sai Baba original) o la jefa de la oposición (Sonia Gandhi). Fraude o no, tenía una gran influencia en el país. ¿Surgirá una supuesta tercera reencarnación? ¿Será tan famosa e influyente como las dos anteriores?

ACTUALIZACIÓN (Al día siguiente): Xavi Sebastià en Facebook enlazó esta fabulosa parodia de Sai Baba hecha nada más y nada menos que por los ilustrísimos Luthiers.


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Bananassi

1 de Abril, 2016, 0:01


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Bananassi es como llamaban en broma a los lassis (típica bebida india a base de yogur) con sabor a plátano en un restaurante donde comí varias veces en el centro de Varanasi, la antigua Benarés, quizá el lugar más sagrado para los indios. Era un chiste tonto pero me hizo gracia.

Varanasi es una de las ciudades más antiguas del mundo, y esa antigüedad seguramente le ha permitido hundir sus raíces en el mito y ser por ello sagrada para tres religiones (hindú, budista y jainista). En ambas cosas, su vejez y su importancia para tres religiones, se parece a Jerusalén, otro lugar que me encantaría visitar alguna vez.

Los hindúes van a Varanasi para bañarse en el Ganges y purificar su alma en esas aguas (el alma quedará limpia, pero el cuerpo no sé yo). También viajan a esa ciudad cuando ven que su vida se termina, pues una cremación junto al río seguida de un lanzamiento de cenizas a sus aguas es lo más adecuado para conseguir que en tu reencarnación posterior logres nacer en una buena casta.

También es sagrada para los budistas porque en Sarnath, a las afueras, se dice que comenzó a predicar Sidharta Gautama, el fundador de esa religión. Y es sagrada para los jainitas, la otra religión nacida en la India, porque varios de sus grandes profetas nacieron en Varanasi.

No me sale muy bien hablar de Varanasi, porque se me agolpan muchas cosas que quiero destacar a la vez en la punta de los dedos que van al teclado. La gente que ves en la ciudad, por ejemplo: desde hippies europeos que siguen viviendo en 1969 a decenas de sadhus (gente que ha renunciado a todo en esta vida, con la cara pintada y largas barbas), gente de toda la India que va a bañarse al río... La orilla del Ganges, con sus escaleras y sus palacios, es lo más famoso, de hecho me pasé casi una semana de arriba abajo por ella, pero las callejuelas de la parte antigua no son menos hipnóticas. Por ellas pasan cortejos fúnebres constantemente, con cadáveres envueltos en sábanas a los que van a quemar junto al río, mientras los observan soldados armados con escopeta aburridos de vigilar (la laberíntica zona de los templos está ultramilitarizada). En esas callejuelas casi se esconden decenas de templos, templetes y ashram (lugares de meditación), con paredes pintadas de vivos colores. No son inmensamente bonitos, de hecho muchos tempos hindúes son de lo más vulgar por fuera, pero la atmósfera es especial.

Y sí, también en Varanasi hay mucha mendicidad, mucha boñiga de vaca y mucha suciedad, ni quiero dar una imagen idílica de la India ni quiero detenerme siempre en lo más duro de ella. En fin, difícil de describir todo, igual con alguna que otra foto puede entenderse mejor.

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Me han estremecido un montón de mujeres

30 de Marzo, 2016, 0:01



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Contaba hace unos pocos posts que en la India apenas hablé con mujeres. Exceptuando alguna vendedora de souvenirs (muy pocas), ninguna me dirigió la palabra, y a mí me pareció, no sé si estaba equivocado o no, que a ellas no les gustaba demasiado que les hablara un hombre. Así que me abstuve de hacerlo salvo que ellas comenzaran la conversación, cosa que nunca ocurrió. Me dio la impresión de que había un muro entre los dos sexos muy alto, como el que seguramente existe en los países musulmanes, aunque quizá me han podido influir los prejuicios, no sé. Conviene recordar que en la India no todo el mundo habla inglés, sobre todo lo hacen las personas de un nivel educativo más alto -probablemente el acceso de la mujer india a la educación superior es más reducido que en el caso de los hombres- y aquéllas cuyo trabajo implica tratar con los turistas (camareros, tenderos, etc) que como ya dije hace unos días casi siempre son hombres.

Que no me relacionara mucho con las mujeres de la India no significa que no me impresionaran. Sin ser tan bellas como las orientales (y con orientales me refiero a chinas, japonesas, coreanas, del sureste asiático, etc), sí me parecieron más elegantes, con sus saris, sus joyas en manos, pies y narices, y sus brazos y manos pintados con henna. Son tal vez las mujeres más atractivas que he visto, y con atracción me refiero no tanto a belleza o voluptuosidad, sino a cómo despiertan interés y llaman la atención a los ojos de un extranjero.

Me pasé el viaje haciendo fotos de mujeres indias, como un paparazzi. Y aquí os dejo algunos de los posados que les robé.

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Pulpotorro

26 de Marzo, 2016, 0:01



Este blog, dedicado principalmente a China, se está tomando un paréntesis para hablar principalmente de su vecina la India, el otro gigante asiático. ¿Durante cuánto tiempo? Hasta que deje de salir este mensaje).

Pulpotorro podría ser el nombre con el que en España se hubiera distribuido la película "Octopussy" si los que deciden estas cosas hubieran optado por ponerle un nombre en castellano a una de las películas más delirantemente sexistas y surrealistas de James Bond (ese ejército de mujeres acróbatas en bikini... por dios, ni la guardia de vírgenes de Gadafi era tan hortera).

Bueno, que me voy del tema. Más o menos la mitad de la historia de Octopussy ocurre en los lugares ahora más turísticos de Udaipur, con fama de ser una de las ciudades más bonitas de Rajastán y por tanto de la India. Fue la única ciudad rajastaní que visité el pasado febrero, no sólo por falta de tiempo, sino porque también me di cuenta de que si me liaba en el viaje a visitar ciudades rajastaníes, todas ellas tan famosas y por lo visto bonitas, me hubiera pasado todo el viaje en ese estado indio y no hubiera visto nada más de la India. Otras presuntas perlas rajastaníes que me recomendaron, como Jaisalmer, Jodhpur o Pushkar, las dejo para otra ocasión.

Udaipur, o mejor dicho la parte antigua de Udaipur, es bonita, no lo niego, pero creo que además es fotogénica: es decir, sale más bonita en las fotos de lo que es en la realidad, que no le pasa a todos los lugares. No quiero decir con eso que la ciudad sea fea: las pintadas de elefantes y soldados bigotudos en las paredes, los tonos ocres de sus muros y los dos lagos de aguas claras (mira, como en Bhopal) son de gran belleza, pero en las fotos aún te parecerán mejores.















Un último apunte: uno de los monumentos de Udaipur es el Palacio del Monzón, que es además el sitio donde vive el malo de Octopussy. Un lugar que espero no confundáis nunca con el Castillo de Monzón, que también quedaría bien en una peli de 007.

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Bhopal 32 años después

22 de Marzo, 2016, 0:01

Este blog, dedicado principalmente a China, se está tomando un paréntesis para hablar principalmente de su vecina la India, el otro gigante asiático. ¿Durante cuánto tiempo? Hasta que deje de salir este mensaje).


El lugar menos turístico de la India que visité el mes pasado fue probablemente la ciudad de Bhopal, capital del Estado de Madhya Pradesh, en el centro del país. Es una ciudad relativamente tranquila -para los estándares indios-, con dos grandes lagos en el centro de la ciudad y un alto número de musulmanes y mezquitas que me sorprendió mucho. En todo caso, a Bhopal yo siempre la he asociado al infortunio, como muchos de mi generación o más mayores, porque en los años 80 sufrió el que está considerado como el peor desastre industrial de la historia.

En la noche del 2 al 3 de diciembre de 1984, un escape de gas tóxico en una fábrica de pesticidas cercana a la estación de tren causó la muerte de miles de personas (entre 3.700 y 16.000, según distintas cuentas). Dos años después se produjo el desastre de Chernóbil y el mundo se olvidó un poco de Bhopal, pero ambas catástrofes tienen elementos comparables, por ejemplo las muchas secuelas para la salud de los supervivientes que han tenido.

Otra similitud es que en Bhopal, como en Chernobil, la instalación donde se produjo el accidente sigue en pie, dentro de un solar donde parece ser que no se atreve nadie a edificar o a construir nada porque el suelo aún debe estar altamente contaminado. Allí que me presenté -tuve que dar unas rupias a los guardas, lo cual dio a mi visita un aire peliculero- y vi lo que quedaba de la maldita factoría.





Del depósito de la anterior foto, me dijo uno de los guardas, salió precisamente el gas venenoso que formando una gran nube se fue extendiendo por las cercanías de la fábrica, en las que vivían -y siguen viviendo- gentes muy humildes, en chabolas de los slums. A muchos les sorprendió durmiendo y probablemente fallecieron sin enterarse: otros, viendo la nube llegar, echaron a correr y con el esfuerzo inhalaron aún más gas tóxico letal, muchos también murieron así. Las fotos más impactantes de aquel siniestro, que no pongo aquí por no herir sensibilidades, muestran a hombres, mujeres y niños a los que el gas les mató y les dejó con los ojos blancos, como borrados.

La fábrica de Bhopal está rodeada de unas tapias en las que los grupos de defensa de las víctimas siguen pidiendo, más de 30 años después, que se haga justicia.




La fábrica era propiedad de la multinacional química estadounidense Union Carbide, que para la gente de Bhopal no ha pagado suficiente por lo que consideran un crimen. La acusan de negligencia, de no haber indemnizado adecuadamente a las víctimas, de no haber limpiado la fábrica (el agua de la zona sigue saliendo contaminada de los grifos) y de intentar que el desastre cayera en el olvido, como lamentablemente ha pasado con los años (ni siquiera se cuenta en los libros de texto indios).

Yo sí tenía un recuerdo reciente sobre Bhopal antes de visitarla, pero fue porque justo un año antes de mi viaje a la India, cuando estuve en Chicago, me encontré en la calle con uno de los rascacielos más peculiares del mundo, un espectacular edificio verde y dorado que es precisamente una de las principales sedes de Union Carbide. Al buscar cosas en internet del edificio, unos enlaces me llevaron a otros y acabé leyendo sobre el desastre de 1984, sin imaginar que un año después visitaría las fábricas donde se produjo.


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¿Por qué no te agrada Agra?

17 de Marzo, 2016, 0:01

(Este blog, dedicado principalmente a China, se está tomando un paréntesis para hablar principalmente de su vecina la India, el otro gigante asiático. ¿Durante cuánto tiempo? Hasta que deje de salir este mensaje).

Varios extranjeros con los que he hablado durante el viaje a la India del pasado febrero, de ésos que han estado en ese país muchas veces o que prácticamente viven en él, me comentaron que nunca habían estado en Agra ni tenían intención de hacerlo. Demasiado obvio, supongo: es la ciudad del Taj Mahal, demasiado turístico, demasiado típico y tópico.

Yo no pienso igual, a mí me gusta ver los lugares famosos -a veces, sólo a veces, un sitio es visitado por millones de personas porque es condenadamente bonito-, y no dudé para nada en que Agra fuera mi segunda etapa en el viaje a la India, y más estando a sólo dos horas y media en tren de Delhi. No me arrepiento en absoluto: me gustaron muchísimas cosas de Agra.

¿Que hay muchos turistas en el Taj Mahal? Pues sí... pero la inmensa mayoría son INDIOS, tan fotogénicos como el propio Taj Mahal o incluso más. Turistas indios vestidos con sus mejores galas: saris, turbantes, joyas, velos, barbas y bigotes repeinados. Puede que el Taj Mahal lo tengas muy visto de las fotos, pero hay gente que lo visita a la que jamás te has imaginado. Es un ambiente tan entretenido que fui dos veces: un día por la mañana, y al siguiente al atardecer.







El mismo gentío multicolor se puede contemplar a apenas unos kilómetros de allí, en el Fuerte de Agra, mucho mejor conservado y mucho más lujoso y estupendo que el Fuerte Rojo de Delhi. Perdí la cuenta de los palacetes y jardines que había allí dentro, aunque nada me gustó tanto como las murallas y las puertas del castillo, con ese fuerte color de arcilla que tanto se ve por todas partes en la India. Además, entre el Taj y el fuerte me llevó un camellero llamado Rahul (el nombre que más oí en la India) más majo que las pesetas, o las rupias. Con apenas 14 o 15 años era condenadamente gracioso al contar sus problemas con las cinco novias que tenía, y que no sabían ninguna de la existencia de las otras cuatro.





Monumentos aparte, el casco antiguo de Agra -¡aún más caótico que el de Delhi!- me encantó porque escondidos entre la polución, la roña de muchas paredes, los bosques de cables sin orden ni concierto y el enloquecedor tráfico, había retazos de belleza: ventanales morunos, casas de colorines, balcones de épocas legendarias... Ah, y por fin esas vacas callejeras causando atascos y durmiendo en las cunetas, ¡por fin vacas en la India, después de no haber visto casi ninguna en Delhi!








Tampoco ocultaré que en Agra había mucho cazaturistas pesado, que los hombres orinaban sin pudor en cualquier pared o que vi gente paupérrima, viviendo en tiendas de campaña hechas con plásticos en las cunetas. Los mismos indios me lo dijeron: "Cuando vuelvas a tu casa cuenta lo que has visto: lo que te ha gustado, y lo que no". Y yo cuento que Agra, al menos a mí, me dejó muy buen recuerdo.

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Un himno muy de allí

15 de Marzo, 2016, 0:01

(Este blog, dedicado principalmente a China, se está tomando un paréntesis para hablar principalmente de su vecina la India, el otro gigante asiático. ¿Durante cuánto tiempo? Hasta que deje de salir este mensaje).














En mi visita a la India el mes pasado entré en un cine para ver una de esas locuelas películas de Bollywood, y antes de empezar la función se pidió al público que se levantara mientras en la sala sonaba el himno de la India, una práctica que fue obedecida a rajatabla y que por lo visto se realiza siempre en los cines indios. El himno, que tiene el bonito nombre de "Jana Gana Mana", me pareció una maravilla, aunque te tiene que gustar un poco la música india para apreciarlo:



Me sorprendió que no me sonara de nada el himno de un país tan grande, pero claro, la India no ha estado nunca en los Mundiales de Fútbol, en los JJOO gana pocos oros, y es en esas ocasiones deportivas cuando uno escucha himnos de otras latitudes.

Tanto la letra como el himno fueron compuestos por el más internacional escritor indio, el premio Nobel Rabindranath Tagore, quien por cierto tiene el récord de ser autor de los himnos de dos países, ya que también es suyo el de la vecina Bangladesh (Tagore era bengali, un pueblo que pese a estar dividido por la frontera india-bangladeshí comparte lengua y cultura a ambos lados de esas lindes).

El himno indio, dicho sea de paso, me gusta porque suena a indio. Aunque no lo conozcas, si te lo ponen, podrás reconocer enseguida a qué país representa. Esto le pasa a muy pocos himnos del mundo, porque casi todos los países escogieron marchas militares con mucho chim-pun como himnos de sus países, y huyeron de todo contacto con sus músicas tradicionales. Sólo recuerdo otros dos himnos de países que "suenan a ese país" claramente, y los dos asiáticos, aunque no me gustan tanto: el de Japón y el de Israel.





El de China, del que ya he hablado alguna vez en este blog, no diría yo que suene mucho a chino, aunque sí que tiene aires comunistas. Aunque para himnos "rojos" mola mucho más el himno que más me gusta de todo el planeta, y que siempre ha sido, es y será el de los rusos. Cuando lo escucho, mi corazón eslavo palpita a gran velocidad y me dan ganas de ocupar Crimea, Osetia, Transinistria y Marbella.




ACTUALIZACIÓN (24 de abril): David Broncano, que estos meses está repasando junto a Andreu Buenafuente los himnos del mundo, le ha dado la vuelta al de la India. A ver cuándo lo hace con el de China.


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Nueva Delhi,
Vieja Delhi,
Madurita de buen ver Delhi

9 de Marzo, 2016, 0:01



Lo confesaré: uno de los grandes objetivos de mi reciente viaje a la India era enterarme de una puñetera vez de si su capital es Delhi o Nueva Delhi. Si son dos ciudades distintas, si una es más grande que la otra, si la nueva es realmente más moderna... Después de haber pasado por allí, confieso que aún no tengo las cosas del todo claras.

A ver, sí me enteré de que Nueva Delhi está DENTRO de Delhi, y no en sus afueras, como yo originalmente pensaba. Es la parte más moderna y occidentalizada de la ciudad, una ciudad que ha sido destruida, reconstruida y rebautizada unas nueve veces (que se sepa, las leyendas dicen que podría haber ruinas de 30 ciudades y de 30 épocas en el lugar). Nueva Delhi fue construido en el siglo XIX por los británicos cuando cambiaron la capital desde Calcuta a una zona un poco más céntrica de su vasto imperio en el subcontinente indio. La construyeron junto a una gran ciudad que ya había sido capital de reinos antiguos -si la historia china es compleja, la india ni os cuento, así que dejémoslo así- y alrededor de ambas ha crecido un Gran Delhi que es una de las mayores concentraciones humanas del mundo, con el permiso de Benidorm.


¿Es entonces Nueva Delhi un barrio de Delhi, y por lo tanto la capital de India, por extensión, es la ciudad de Delhi? Pues parece ser que no, que para los indios la capital es estrictamente Nueva Delhi, sólo ese barrio (o distrito, no sé exactamente su estatus municipal), y no el resto de la ciudad. Pero creo que ni ellos mismos lo tienen del todo claro. En fin, todo muy extraño, aunque creo que nada puede extrañar en una India donde hay un Estado que tiene dos capitales (Jammu-Cachemira tiene una capital para el verano y otra para el invierno) mientras que hay dos ciudades del país que sirven de capital para dos estados cada una (Hyderabad es capital de los estados de Telangana y Andhra Pradesh, mientras que Chandigarh, la ciudad que ideó Le Corbusier, es capital del Punjab y de Haryana).

Pero bueno, volviendo a Delhi, quizá os interese saber que en su interior no sólo hay un barrio llamado Nueva Delhi, sino otro llamado Vieja Delhi, que ya existía antes del proyecto urbano de los british. Están uno al lado del otro, ahora ambos muy céntricos, pero no podrían ser más opuestos entre sí. Nueva Delhi, el barrio donde están los McDonalds, las cafeterías y las tiendas de ropa cara, es en muchas calles un barrio casi vacío, donde miras a los lados de la calzada y o ves muros (detrás habrá embajadas y cosas oficiales) o grandes explanadas de césped, pero en resumen se podría decir que no hay apenas nada.

Puerta de la India, símbolo de la ciudad, en Nueva Delhi.

Vieja Delhi, por contra, es el primer contacto con el gran maremágnum que puede ser una ciudad india: bazares, ruido de claxon incesante, gentío (eso sí, no vi ninguna vaca, tuve que salir de Delhi para empezarlas a ver).

Entrada a la Gran Mezquita, en Vieja Delhi.

Todos los viajeros que han estado en la India más tiempo que yo me recomendaron que no estuviera mucho en Delhi. Su contaminación (mayor que la de Pekín, dicen, aunque a mí me tocaron días relativamente buenos) y la alta concentración de timadores de turistas en sus zonas más populares la hacen algo difícil, pero para un recién llegado como yo no fue una experiencia tan mala, es más, me pareció muy interesante como primera inmersión en el país. Sí es verdad que un mes después, cuando volví a Delhi otra vez para tomar el avión de vuelta a casa, la ciudad me parecía bastante menos imponente que Bombay, con monumentos de menor perfil que los de Agra o sin el halo mágico de Varanasi, pero creo que cumplió muy bien su papel de primer chapuzón en la locura india, y creo que en mi ránking personal la voy a poner mejor que otras capitales asiáticas como Bangkok, Yakarta o Manila. Y con monumentos mucho más fotogénicos...




De arriba abajo:
Tumba de Humayun,
El "rascacielos medieval" Qutub Al Minar,
Fuerte Rojo.


En Delhi, por cierto, visité el barrio tibetano de Majnu-Ka-Tilla. No era muy bonito, apenas una callejuela estrecha repleta de tenderetes, bares y hoteles, pero era muy curioso. Muchos establecimientos tenían fotos del Dalai Lama, se vende mucha propaganda pro independencia del Tíbet (banderas, libros, camisetas, etc) y el ambiente era muy diferente al del resto de la ciudad, por el contraste entre indios y tibetanos y por la práctica ausencia de tráfico rodado. Me pareció que a los tibetanos los tenían un poco hacinados allí (aunque bueno, con la densidad de las ciudades indias, quizá es lo que hay para todos, sea cual sea su etnia), pero a la vez dentro del callejón había unas cafeterías y restaurantes bastante pijillos, donde por cierto comí como un señor, casi la única comida no picante de todo el viaje.



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China vs India:
comparaciones ociosas

3 de Marzo, 2016, 0:01


Old Delhi


Guomao


Resulta casi inevitable, después de pasar el mes de febrero en la India, intentar comparar ese país con China, pese a que el tiempo que he pasado en cada uno de ellos (30 días versus 14 años) es totalmente dispar. Pero los dos países son cunas de antiguas y grandes civilizaciones alternativas a la occidental, ambos tienen unas poblaciones inmensas que como mínimo triplican la de cualquier otro país, y tanto China como India se han vendido como las potencias "emergentes" que han salido de uno o dos siglos de pobreza y subdesarrollo y van a poner patas arriba el orden económico mundial en el siglo XXI. ¿Son por ello muy parecidas, o diametralmente opuestas? A continuación os cuento lo que me pareció, aunque ya digo que mi opinión está distorsionada por el poco tiempo en la India y el excesivo en China:

- La India, sobre todo sus ciudades, es un lugar mucho más caótico, donde los lugares públicos hierven con una intensidad que Pekín o Shanghái no tienen: quizá lo más impresionante de la India son sus calles atestadas, que ya nombré en algún post anterior. Esas ciudades con escasas o ninguna gran avenida, basadas en callejuelas sin planificación alguna, en las que se empujan vacas, motos, vendedores, mendigos, cabras, perros y cientos de actores más son una visión inenarrable, que en la China actual, aunque puede haber momentos de grandes aglomeraciones, no existe. Un barrio popular de Pekín al lado de uno de Delhi es un balneario alpino. Es verdad que en los pueblos de la India se reduce algo la diferencia, al haber menos aglomeración disminuye ese fascinante caos y puede haber mayor parecido con un pueblo chino, pero en zonas urbanas, las situaciones son opuestas.

- India da la impresión de estar muchísimo menos globalizado que China: esto me sorprendió, teniendo en cuenta que India fue una colonia británica, aún habla inglés mucha gente y ha sido visitado durante décadas por viajeros occidentales, pero el mundo indio es mucho más atóctono que el chino, cada vez más invadido por lo americano, lo coreano o lo europeo. En la India apenas vi marcas occidentales, con excepción de unos poquísimos McDonalds o Starbucks en el centro europeo de Delhi o Bombay, las Cocacolas o las patatas Lays. La India, por lo que me enteré, ha sido un país tremendamente proteccionista, mucho más que China, y aunque en los últimos años se ha abierto más, sigue pareciendo un mundo aparte. No un mundo que ha quedado anticuado por el aislamiento político, como podría ser Corea del Norte o la Birmania que vi en 2005, sino una India que ha crecido a su manera y con sus herramientas, no las que ha traído el exterior. Es un país sin supermercados, donde apenas oí música occidental ni vi películas de Hollywood en su tele, porque tiene una comida, una música o un cine tremendamente propios. Por cierto, tampoco vi las típicas Chinatown que se pueden encontrar en muchos países del sureste asiático: no hay ni siquiera restaurantes chinos (irónicamente, muchos restaurantes tienen platos chinos, que no se parecen nada a la comida china).

- Los indios parecen más libres, obviamente, pero el país da una sensación de militarización mayor que China: India es una democracia que, con muchos fallos y altibajos, ha sobrevivido décadas seguramente muy duras, con guerras, guerrillas y magnicidios, pero está claro que sus ciudadanos viven en un ambiente democrático: los que saben inglés, por lo menos, hablan de política al turista sin necesidad de preguntar, se quejan de sus gobernantes, cuentan cosas malas de su país además de las buenas... Esta realidad, sin embargo, convive con un país donde se ven muchos soldados por todas partes, debido al conflicto latente con Pakistán y a las amenazas terroristas. Hay controles de seguridad en todas partes, desde sitios turísticos a templos, vehículos públicos, plazas, mercados, trenes o mezquitas. En el barrio antiguo de Varanasi, cerca del templo más sagrado de esa sagrada ciudad, había más soldados que civiles, y todos armados hasta los dientes.

- India es un país donde hay muros sexuales y sociales más fuertes que en China: China no será un paraíso en integración social o igualdad de género, pero desde luego no se ve en él la situación de India, donde hombres y mujeres parecen vivir en dimensiones aparte. Estando en la India apenas me dirigió la palabra una mujer, y casi todo mi trato fue con hombres, que son los que tienen prácticamente todo el trabajo en público: camareros, taxistas, vendedores, recepcionistas o taquilleros, todos casi sin excepción son hombres. Las mujeres indias, con esos saris y esas joyas en manos, pies y nariz que las hacen bellas y elegantes hasta en su vejez, siguen siendo para mí el mismo misterio que cuando puse los pies en Delhi a principios de mi viaje. Similares barreras o quizá mayores deben existir en el tema de las castas, aunque es algo que los indios no gustan de comentar y todos dicen que se va aboliendo con el tiempo. Quizá para compensar todo ello vi mayor tolerancia religiosa de la que pensé que vería: musulmanes -muchos más de los que pensé- e hindúes parecen mezclarse en las calles sin apenas roces, y junto a ellos también hay jainitas, cristianos, zoroastrianos o sikhs (estos últimos son los que mejor me trataron y mejor me cayeron, tengo muchas ganas de visitar su Punjab).

- India está varias décadas detrás de China en desarrollo económico, aunque comparte espíritu emprendedor: China e India suelen venderse en el mismo pack de potencias emergentes, pero está claro al visitar ambos que el desarrollo de la India es francamente menor, sobre todo por la gran cantidad de población pobre que se sigue viendo en todas partes, o la sensación de que todo está excesivamente burocratizado. Tampoco es ese país de masas hambrientas que se vende en las películas antiguas, se ve mucha gente de clase media también, pero se sigue viendo a mucha gente viviendo en la calle, en campamentos hechos con plásticos o en barrios de chabolas (aunque en éstos a veces hay una actividad económica frenética, como pude conocer en el slum más famoso de Bombay, el de Dharavi). Por otro lado, si bien a la India le queda mucho camino hasta llegar al nivel de China (si es que quiere seguirlo, no sé si a los indios lo del capitalismo moderno les atrae del todo), en cuanto a espíritu trabajador están a la par: es muy fuerte la sensación de que todos los cientos de indios que ves en la calle están cada minuto currando y pensando maneras de cómo ganarse las dahl (lentejas).

- Los indios tienen más don de gentes que los chinos: No es una gran revelación, lo sé, por latitud es casi como comparar a los rusos con los gaditanos... Pero está claro que los indios son en gran medida gente amable, agradable, graciosa, despreocupada (a veces demasiado, como cuando cruzan esas calles de tráfico loco), sin complejos, y entretenida. Conversar con un indio, con un poco de inglés, es tan sencillo con hacerlo con una persona de tu país, a veces incluso más fácil. Te cuentan cosas curiosas, te desconciertan y sorprenden, bromean, te vacilan, te hacen reír... En China, en parte por el problema del idioma pero también por un carácter oriental que también se puede respirar en Japón o en Corea, no hay por qué endosárselo sólo a los chinos, el calor humano entre un foráneo y un local es más complicado, lleva más tiempo y a veces no tiene bases del todo sólidas. En la India hubo sitios de los que me fui despidiéndome de la gente tienda por tienda, y casi entre lágrimas.

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Servicios mínimos desde otro país lleno de gente

4 de Febrero, 2016, 0:01


Estoy en la India, de vacaciones invernales durante todo este mes de febrero. No me traje el ordenador, así que mi posteo en las próximas semanas dependerá un poco de que halle tiempo y algún cibercafé para poder escribiros. Como ahora, en este polvoriento ciber de Agra, cerca del Taj Mahal. Cuando regrese a China os podré enseñar alguna foto y contar alguna cosa más de este país.

India es un país que pese a su vecindad con China y su importancia he pospuesto muchos años visitar, sobre todo porque tiene fama de tener los timadores más incansables del planeta. Tras unos días aquí, ya los he podido catar, y aunque es cierto que pueden ser muy pesadetes y que alguno ya me ha roto las bolas lo suyo, se siguen llevando la palma en mi ranking particular los de Egipto. Al menos antes de la maravillosa "Primavera Árabe", no sé si después ha seguido la cosa igual.

Pero bueno, India no sólo es eso... Es un país intenso, como sabréis. China puede estar más poblada, pero en la India la superpoblación se nota mucho más, por lo estrechas que son sus calles. Personas, motos, perros, vacas, basura, orina, pachuli, monos y millones de cosas más se mezclan en las calles de este lugar tan lleno de vida, caos, gritos y pitidos de claxon. Pasear unos minutos por una calle de la India es intensito para bien o para mal, a mí me está fascinando pero reconozco que luego necesito una o dos horas en un lugar tranquilo para recuperar un poco los nervios. Es como pasear por un pueblo turístico chino el día de Año Nuevo, pero todos los días y a todas horas.

China y la India son diferentes, pero hay cosas comparables... En sus dos capitales hay smog, por ejemplo (aunque he tenido suerte y estos días Delhi estuvo relativamente bien). Y en población están casi empatadas: cuando yo era pequeño India tenía 700 millones y China 1.200, pero 30 años después los indios casi han alcanzado a los chinos: 1.200 son los primeros y 1.300 los segundos. No sé si el fin de la política del hijo único en China significará que la distancia se mantenga aún unos años más, pero tarde o temprano India será el país más poblado de la Tierra. Por cierto, que estando aquí me he enterado de que también en India están prohibidas las ecografías para saber el sexo del feto, por temor a abortos selectivos de niñas, como pasa en China.

En fin, que lo dicho, escribiré lo que pueda, pero volveré con más fuerzas y fotos en marzo. Namasté... na más te digo.

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Un vistazo al vecino gigante
del que nunca hablamos

24 de Enero, 2013, 0:01






En las últimas semanas, los medios en español, como en otros idiomas, se han hecho mucho eco de las protestas que estallaron en la India a raíz de la violación y asesinato de una estudiante. No es frecuente que la India, un país de 1.200 millones de habitantes (¡ya casi como los chinos!), sea protagonista de noticias en Occidente, algo que también le pasaba antes a China, hasta que dio el salto económico (a veces le sigue pasando, pero ya no tanto).

La India es un lugar que aún no he visitado (mi gran cuenta pendiente en mis viajes por Asia), y que de momento me va grande para poder comentar nada sobre ese lugar o sus noticias, pero recientemente leí, y me pareció muy interesante, un artículo/comentario que sobre el asunto de las protestas me mandó por email, a mí y a otros, el escritor y librero Álvaro Enterría, que tiene una librería en la mismísima Benarés.

Además de interesarme porque explica muy bien el tema que la polémica ha sacado a la palestra estos últimos días (la situación de la mujer en la India), me pareció que en su discurso había paralelismos con lo que piensa un extranjero que llevara años viviendo en China y de repente ve a los medios de Occidente haciéndose eco intensamente (muchos medios y durante muchos días) de una información. No todo es extrapolable, pero parece que la relación es igual de intensa y a veces conflictiva. Aunque quizá con dos grandes hechos diferenciales: que India fue colonia occidental en su totalidad y China no (con excepciones locales como Hong Kong, Macao, Shanghai, Harbin, Qingdao...), y que China en algunos periodos (la Revolución Cultural, principalmente) renegó de su propia cultura tradicional, lo cual afectó a su sociedad.

He pedido permiso al señor Enterría para publicar (con algunos cambios, hechos por él mismo) su artículo, para ver qué os inspira y si creéis como yo que hay cierta similitud en las relaciones Occidente-India y Occidente-China.



La brutal violación y asesinato de una joven estudiante en Delhi por un grupo de rákshasas (demonios) hace unas semanas desencadenó una gran ola de protestas por todo el país. Los medios de comunicación internacionales han recogido este hecho y, como era de esperar, lo han acompañado por evaluaciones paternalistas sobre la condición general de la mujer en la India que, a mi entender, pecan en gran medida de superficialidad y de juzgarlo todo con la mentalidad occidental actual (lo cual ocurre también con las demás civilizaciones, como el mundo islámico, etc.).

Como llueve sobre mojado, y en España me preguntan a menudo por "la condición de la mujer en la India", querría compartir con vosotros unos pensamientos, a sabiendas de que este es un tema muy delicado que levanta muchas ampollas y pasiones en Occidente. Tengo el privilegio de conocer bien dos mundos, y soy a menudo consciente de las incomprensiones entre los dos.

Lo primero que llama la atención al ver hechos como éstos es el enorme precio que está pagando la India en su modernización. Las normas de la cultura tradicional se aflojan cada vez más, dejando a mucha gente en "tierra de nadie". En concreto, muchos campesinos, antes integrados en una cultura y forma de vida clara y con sentido (aunque, evidentemente, muy dura en ocasiones), están siendo transformados en proletarios sin raíces ni cultura. Y en esta "tierra de nadie", un gran valor que se está perdiendo a marchas forzadas es el respeto que la cultura tradicional otorgaba a la mujer (y que aún se le sigue otorgando en muchos ambientes).

Se habla a veces de la "desvalorización de la mujer", que viene de antiguo. Sí, esto es muy cierto, pero es sólo, en mi opinión, la mitad de la verdad. Es imposible comprender la situación de la mujer en la India sin comprender la ambigüedad, las dos caras, que la tradición ha presentado en este tema. Teóricamente, la mujer está subordinada al hombre (como en toda sociedad tradicional), pero sin embargo, en pocos lugares se ha dado tanto valor a lo femenino. De esto testifica el hecho de que la Divinidad se concibe a menudo como Diosa: la Diosa Madre, mucho más que como Padre; por otra parte, toda divinidad masculina está acompañada de su "esposa", que es quien le da su energía (shakti), su capacidad de actuar. Por otro lado, la mujer tenía y sigue teniendo un gran poder en la familia, y la sociedad india está formada por familias antes que por individuos. Una matrona india es una de las figuras más respetadas en la sociedad.

La mayoría de las críticas que se hacen, desde un punto de vista "feminista" que se ha vuelto el punto de vista occidental "por defecto", adolecen, a mi entender, de una gran incomprensión de base: todo cuanto se diga se hace —así lo asegura el pensamiento de la India— desde un cierto punto de vista; no hay un punto de vista absoluto, verdad o error, bueno o malo, que sea definitivo e independiente del observador. Y aquí, el observador pertenece a una cultura y el observado a otra. No se puede juzgar a una sociedad con los valores de otra.

La sociedad tradicional india es lo que se llama "orgánica": se basa en valores comunitarios, donde priman los grupos sociales (familia, casta = comunidad), y donde no se concibe al individuo como tal, como ente independiente. Al contrario, el Occidente moderno se ha formado reivindicando al individuo como ente en sí, libre y supremo, resistiéndose a las presiones sociales. La nueva clase media india está a medio camino entre estos dos polos, si bien dirigiéndose claramente del comunitario al individualista. Así, la India se encuentra desgarrada entre dos sistemas de valores opuestos.

En la sociedad tradicional, los individuos tienen el deber de contribuir al bienestar de su familia y su comunidad; en la moderna, los individuos tienen el derecho de ser felices más allá de las presiones sociales. La "libertad" es el valor moderno supremo; el "servicio" lo es de la sociedad antigua. Desde el punto de vista moderno, "servicio", "sacrificio", suponen opresión; desde el punto de vista tradicional, el nuevo concepto de "libertad" es en realidad esclavitud de la persona a sus impulsos egoístas.

En cierta ocasión le preguntaron a mi mujer (Árati Náyak): "¿No crees que la mujer india no es libre?", a lo que contestó: "Yo no entiendo ese concepto de libertad. Desde que nacemos, dependemos de nuestra madre, de nuestro padre, de nuestra familia..." A las mujeres occidentales suele parecerles terrible la condición de las mujeres en la India y otros países, pero muchas se sorprenden al saber que a mi mujer le parece terrible la condición de las mujeres en Occidente. La mujer tradicional no quiere ser "liberada" por la modernidad, aunque a menudo su hija, educada según valores muy distintos (las "English-medium schools" hacen furor en la India actual), no quiera ya ser tradicional.

Sin embargo, la tradición antigua se descompone a ojos vista, y a menudo deja un erial tras de ella. Una tierra de nadie que es pronto ocupada por los valores en alza: el dinero y la satisfacción inmediata de los deseos, que las normas antiguas mantenían a raya. Es así muy cierto que han aumentado mucho las injusticias y el mal trato a las mujeres. Cuando se pierde el respeto que se las otorgaba, a veces sólo les queda a las mujeres el valor económico, sexual y práctico. En una economía crecientemente monetaria, las mujeres no suelen controlar el dinero, la fuente moderna de poder. Y la pobreza, el desraizamiento y el abuso del alcohol, cada vez más extendido, extreman aun más la situación.

Otro cambio reciente (apoyado por el cine y los medios de comunicación) es presentar a la mujer como "objeto de deseo sexual", algo que es extraño a la cultura tradicional, al menos desde ese punto de vista. La sexualidad era encauzada antiguamente mediante los matrimonios tempranos (algo espeluznante para la mentalidad moderna, que no se aflige tanto sin embargo por la promiscuidad sexual de los adolescentes). Tampoco la India antigua era puritana, como se ve fácilmente en su arte; parece que fueron los musulmanes y los británicos quienes impusieron normas más rígidas. Ahora, con los cambios recientes, la atención de los jóvenes (y no tan jóvenes) se dirige cada vez más hacia el sexo, hasta llegar en ocasiones a la obsesión. Es sabido que en las grandes ciudades (y especialmente en Delhi), en los autobuses, en la calle, las chicas son acosadas a menudo por jóvenes que intentan tocarlas. De las grandes megalópolis indias, las ciudades más "seguras" para las mujeres son Chennai (antigua Madrás) y Kolkatá (antigua Calcuta): las ciudades más conservadoras y tradicionales. Los enormes cambios a los que está sometida la sociedad india la están haciendo pasar a grandes pasos del ideal antiguo, la renuncia por el bien común (tyaga), al disfrute y la búsqueda de placer (bhoga).

Con todo esto que antecede no pretendo atacar los valores que rigen en Occidente, plenamente válidos en su entorno. Lo que siempre me indigna es el impulso "misionero", rémora de su historia, mediante el cual Occidente pretende (casi exige) que todo el mundo se comporte igual que él, y sostiene que su "religión" es la única verdadera: el famoso "siglo XXI", que por lo visto sólo puede ser de una manera.

Imaginemos que los medios de comunicación de la India empezaran a publicar artículos y documentales sobre "la terrible condición de los ancianos" en Europa: abandonados a menudo a su suerte por sus hijos, recluidos en residencias donde sólo esperan la muerte, sin que la sociedad los respete por su sabiduría ni les dé un papel que otorgue sentido a su vida. Otro tanto se podría escribir sobre "la condición de los niños", creciendo en entornos familiares inestables y sin recibir a menudo el amor y la atención que necesitan. Claro, si los criterios son asistencia hospitalaria, medios económicos, buenas escuelas, etc., los países europeos nórdicos estarían a la cabeza del mejor trato a los ancianos y a los niños; si el criterio es el amor y un entorno afectuoso y de seguridad, el respeto y el sentido de la vida, India estaría muy por encima.

Por otro lado —y esto lo reconocen muchos periodistas—, el hecho de que haya habido una reacción de tal calibre a estos hechos brutales es un signo de que la sociedad india es muy dinámica y quiere luchar por resolver sus lacras. Lacras que tienen todas las sociedades, aunque las propias suelen resultar mucho más invisibles que las ajenas.

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Un Kosovo himalayo

9 de Septiembre, 2008, 0:01

En los últimos meses se han visto en el mundo tres casos de territorios que han declarado su independencia unilateralmente, apoyados por alguna de las grandes potencias mundiales pero no por toda la comunidad internacional. En los Balcanes tenemos el caso de Kosovo, gran protegida de Estados Unidos, y en el Caucaso a Osetia del Sur y Abjasia, patrocinadas por Rusia.

     
De izquierda a derecha: escudos de Abjasia, Osetia del Sur y Kosovo
(no es por nada, pero el escudo kosovar parece una insignia de policía de EEUU)



Si queréis entrar en el debate sobre estos conflictos, adelante, aunque la verdad es que ésa no era mi intención en este post, como se verá en los párrafos posteriores. De todas formas, ya que me pongo, me gustaría apuntar que aunque las situaciones de unos lugares y otros nunca son del todo comparables, me resulta muy chocante ver cómo países como Francia o Alemania se lanzan de cabeza a reconocer la independencia de Kosovo y sin embargo acusan de "escándalo internacional" la independencia de Abjasia y Surosetia.

En fin, no entraré en más polémica sobre ese asunto -si queréis lo hacemos en los comentarios- porque lo que yo quería comentar hoy aquí es que China puede "presumir" de tener un caso similar, aunque no sea tan conocido. Es decir, que el gobierno chino también reconoció durante muchos años un territorio como país independiente, pese a que la mayoría de la comunidad internacional no lo hacía.

Se trata del antiguo reino de Sikkim, en el norte de la India.

El asunto de Sikkim fue durante mucho tiempo una prueba de que la India y China no se han llevado nunca demasiado bien. Prácticamente no hay palmo de la frontera chino-india que no se disputen los dos gigantes, y a veces a cañonazos (chinos e indios libraron una poco conocida guerra en 1962). Por no hablar del hecho de que la India conceda refugio al Dalai Lama, persona non grata para los chinos.

Sikkim está entre Nepal y Bhutan, y es un antiguo reino de budistas emparentados con los tibetanos y los bhutaneses, donde se encuentra el Kanchenjunga, la tercera montaña más alta del mundo. Es un territorio pequeño pero muy estratégico para los indios: en el siguiente mapa se puede ver cómo ese reducido lugar es una especie de "dedo" con el que la India consigue llegar, a duras penas, al Tíbet central.


Cuando la India se independizó, en 1947, Sikkim fue invitada, como otros territorios de influencia india, a formar parte del nuevo país. Sikkim lo rechazó, y aunque su reino tomó la forma de un protectorado de la India, se consideró un estado independiente. Sin embargo, en 1975, tras un conflicto en la zona, Sikkim fue anexionado a la India, lo que no gustó demasiado a los chinos.

¿Por qué? Bueno, Sikkim fue un aliado de China en la zona del Himalaya desde que en el siglo XVIII los chinos ayudaron a los sikkimeses a recuperar el reino, que había sido invadido en aquel entonces por los gurkhas de Nepal. Por otra parte, los gobernantes comunistas chinos veían a Sikkim como un estado tapón entre ellos y los indios, por lo que deseaban que se mantuviera independiente de la India.

Como resultado, en los años 80 y 90, aunque Sikkim ya no era reconocido como un país independiente en casi ningún lugar del mundo, sí lo era en China, donde muchos mapas, libros de texto y bolas del mundo siguen pintando ese lugar de distinto color que la India.


Uno de los problemas que tenía Sikkim
era que su bandera nacional causaba alucinaciones visuales.



 En 2003, finalmente, China reconoció Sikkim como parte de la India (han pasado pocos años de eso, así que aún hay muchos mapas chinos donde sigue apareciendo como un país). A cambio, los indios acordaron reconocer sin tapujos al Tíbet como parte de China.

Cuenta la
Wikipedia una pequeña anécdota que ocurrió en 2000, y que quizá llevó a los chinos a pensarse bien lo de tener un "Kosovo himalayo" junto a sus fronteras. Aquel año, un importante lama tibetano huyó de China y se refugió en un monasterio de Sikkim, el muy truhán. Esto puso a Pekín en una situación muy compleja: quería quejarse y pedir el regreso del lama, pero ¿ante quién hacerlo? Si se lo decía al Gobierno de Nueva Delhi, eso significaba admitir que Sikkim era parte de la India. Si lo hacía ante las autoridades regionales de Sikkim, nadie iba a poder atender las quejas chinas, pues los sikkimeses no tenían ya la potestad necesaria para manejar asuntos exteriores.

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