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18. Sureste asiático


Mohammed Alita

20 de Noviembre, 2016, 0:01

¿Qué tal estáis? Yo, como bien habréis notado, llevo unos días algo ociosos en el blog y también fuera de él, ya que disfruto de unas inusuales vacaciones novembrinas. O no tan inusuales, pues el año pasado también las tuve, y en las dos ocasiones mi destino han sido las Filipinas, con el objetivo claro de huir de los primeros fríos pequineses y buscar el solaz de las paradisíacas playas de la excolonia española (el año pasado estuve en Boracay, esta vez fui a El Nido).




Le he tomado cariño a las Filipinas, país que ya he visitado en tres ocasiones. Cierto es que su capital, Manila, es algo dura de soportar, con sus eternos y ruidosos atascos, pero ello se compensa con el hecho de que la gente del país es magnífica, sus playas son las mejores que he visto en mi vida, y ese poso de cultura hispana que tiene el archipiélago (como ya expliqué el año pasado) me hace a veces pensar que estoy en una segunda casa (o tercera, pues la primera sería España y la segunda China).

En aquel post del año pasado que os acabo de enlazar cité varios ejemplos que demuestran que Filipinas tiene todavía cosas que la vinculan aunque sea un poco con España, y también con Latinoamérica. Quizá podría haber añadido otro punto, aunque quizá no sería demasiado positivo para ninguno de los lugares comparados: el gusto de Filipinas, como en España, por los espectáculos en los que mueren animales. Sin embargo, en las islas bautizadas en honor del rey Felipe II no hay corridas de toros, que yo sepa, sino que el espectáculo por excelencia, casi su deporte nacional (con el permiso del baloncesto y del boxeo de Manny Pacquiao) son las peleas de gallos, que si no me equivoco también gustan en algunos países latinoamericanos.



Esta foto y las siguientes las tomé en la televisión de mi hotel, ya que en este viaje descubrí con gran sorpresa que las peleas de gallos se televisan, y es más, es posible que haya un canal dedicado íntegramente o casi íntegramente a ellas (al menos vi que en ese canal se podían ver estas peleas avícolas tanto por la mañana como por la noche, no sé si entre medias había más aún).


Los presentadores del canal, que entrelazaban con gran soltura frases en tagalo y en inglés,
como se suele hacer en muchos programas filipinos de radio y televisión.


Si me sorprendió no es porque sea especialmente antigallino (esta palabra la acabo de inventar tomando como modelo el término "antitaurino", tan de moda), sino porque las peleas de gallos no son precisamente un show que dé para mucho espectáculo en la pequeña pantalla.

Por lo que pude ver, las peleas duran como mucho 20 segundos: a los dos o tres picotazos, ya hay uno de los gallos que se rinde, quedándose agachado y paralizado, o peor aún, muerto, y con una competición tan fugaz, ni hay tiempo para analizar los lances de cada bicho, ni de sacar conclusiones sobre sus técnicas, ni nada de nada. Es un combate de lo más insulso, en el que seguramente el único interés está en apostar por uno de los dos gallos, cosa que hacen con gran pasión los espectadores de estas peleas.


La liga nacional de peleas de pollos tiene su propio logotipo y todo

Quizá otra cosa que hace atractivo esto de las peleas de gallos en Filipinas es que es un deporte bastante abierto a la población en general, en el sentido de que debe ser relativamente sencillo poner uno de tus animales a competir, aunque sea en ligas locales. Esto me lo imaginé porque entre pelea y pelea televisiva, en el canal éste ponían anuncios en los que ofertaban a los telespectadores medicinas especiales para convertir a un gallo en una máquina de matar.




Los anuncios eran fascinantes, de puro cutres: los pollos a los que se les inyectan estas medicinas -que me temo que son doping puro- no son precisamente los actores más expresivos del mundo animal, así que para mostrar que con los fármacos anunciados habían logrado mejorar su rendimiento se les ponían capas de supermán, se trucaban brillos asesinos en los ojos o les mostraban peleando con onompatopeyas semejantes a los de la antigua serie televisiva de Batman.




En fin, que me pasé un buen rato viendo un show televisivo de lo más friki. Aunque después, mirando la versión filipina de CNN, vi algo todavía más raro: un líder corrupto de Filipinas (el máximo representante de la policía nacional, o algo así) que estaba acusado de corrupción y anunciaba públicamente que estaba dispuesto a ir a la cárcel. En esto sí que no se parecen los filipinos a su antigua metrópolis española.


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¿Qué nos queda en Filipinas?

11 de Diciembre, 2015, 0:01


Estatua en honor a Felipe II en Manila.


Filipinas es a veces la gran olvidada del sureste asiático, porque está un poco más para allá que Vietnam, Tailandia, Camboya y otros populares destinos, o también porque su carácter insular dificulta viajar a ella y por ella. Además, el país, católico como los de Europa Occidental y colonizado durante siglos, no tiene ese halo exótico de templos budistas, ruinas selváticas y cosas así que atraen a los viajeros de esta zona, sobre todo a la península Indochina.

De todos modos, para nosotros los españoles e hispanoamericanos, Filipinas tiene un atractivo muy importante e injustamente olvidado: Filipinas fue una colonia española durante más de 350 años, una de las últimas que perdimos, así que estamos unidos a ella por la historia, incluso aunque en ella hubiera capítulos tristes y crueles. Filipinas es lo más cercano a nosotros que podemos encontrar en Asia, con el permiso de los restaurantes de paella de Sanlitun, y por eso es casi un pecado que un turista español no incluya Filipinas en sus itinerarios por Asia Oriental (o que cuando lo haga sólo sea para bañarse en sus playitas, por muy paradisíacas que sean, y lo son).

Por otro lado, está bastante extendida la idea de que en Filipinas no quedó apenas nada de aquella época colonial hispánica, ya que Filipinas fue en el siglo XX colonia estadounidense, o a que el idioma español no se implantó como en Latinoamérica. Y es cierto, Filipinas no está tan culturalmente entrelazada con nosotros como lo están españoles e hispanoamericanos. Pero no por eso debemos pensar que no hay absolutamente nada hispano en las islas bautizadas en honor de Felipe II: con interés y los ojos abiertos, cualquier turista español verá nexos comunes. Vamos a ver algunos ejemplos de herencias que quedaron:

1- Los nombres de la gente: Aunque hay algún que otro Michael o Lewis de la época estadounidense, los filipinos han mantenido la costumbre de utilizar nombres claramente españoles para bautizar a sus hijos, y los apellidos también suelen proceder de tierras ibéricas. No hay más que recordar a famosos personajes recientes de la historia filipina, como Imelda Marcos, Corazón Aquino o su marido Benigno Aquino para confirmarlo, y no son excepciones, la mayoría de la gente tiene nombres españoles. Se mezclan a veces con apellidos que sí suenan oriundos de Filipinas (por ejemplo, la expresidenta Gloria Macapagal Arroyo). Notaréis los que viajéis a Filipinas que allí todavía se usan muchos nombres que en España quedaron algo pasados de moda, al estilo de "Aniceto", "Romualdo", "Fulgencia" y cosas así. Otra circunstancia que me llamó la atención es ver algún nombre con un género poco habitual en España, del tipo de "Susano" o "Sonio".


Cartel de propaganda electoral.



2- Muchas palabras sueltas: El idioma oficial de Filipinas es el tagalo, una lengua que -sin tener yo mucha idea de filologías del Pacífico- suena parecido al malayo o a las lenguas de Indonesia, pero tiene la gracia de que de vez en cuando salpimenta las frases con alguna que otra palabra española que heredaron de los colonizadores. Los números, los meses del año, los días de la semana y muchas otras cosas provienen de la lengua cervantina. Más curioso aún, los filipinos escriben muchas de estas palabras prestadas a su bola, como a ellos les sonaron y adoptadas a sus reglas ortográficas. Así, por ejemplo, al automóvil lo llaman "kotse", al carro "karwaje", al avión "eroplano", o al desayuno "almusal". "Siguro" significa "tal vez", y para decir "seguro" lo que usan es "nakasisiguro". El español está todavía repartido en pequeñas píldoras del habla filipina, aunque debe reconocerse que cuando oyes conversar a los filipinos, lo hacen tan rápido que es raro que pilles al vuelo alguna de esas expresiones de castellano antiguo.

Una cosa graciosa que me pasó, al hilo de esto, es que cuando monté por primera vez en los jeepneys, los improvisados autobuses en Filipinas, no sabía como había que hacer para decirle al conductor que se detuviera con el fin de apearme, y tímido yo, me salté mi lugar de parada varios kilómetros. Cuando más apurado estaba, otro viajero gritó simplemente: "¡Para!", así, como suena.

Ah, y en el sur de Filipinas, en la zona musulmana de Zamboanga, hablan un dialecto llamado "chavacano" que también mezcla español con palabras filipinas, pero frente al tagalo conserva mucho más vocabulario castellano, hasta el punto de que los españoles podemos entender mucho si lo oímos.



No debe olvidarse, por último, que en 1898, cuando EEUU nos quitó las Filipinas, el español era hablado por las elites de esas islas, y así por ejemplo el héroe de la independencia filipina, José Rizal (fusilado por los españoles) era un escritor en español, el idioma en el que compuso su famoso poema "Mi último adiós", escrito poco antes de ser ejecutado.



3- La arquitectura: Filipinas es un país que ha sufrido centenares de terremotos, tifones y otros muchos desastres naturales que han dejado en pie muy pocos edificios antiguos, y encima ciudades como Manila fueron salvajemente bombardeadas en la Segunda Guerra Mundial por japoneses y estadounidenses. Sin embargo, aún quedan en pie por todo el país sobre todo muchas iglesias construidas por los españoles, que recuerdan más a los templos católicos de Latinoamérica que a los de España, pero en todo caso nos van a sonar familiares a los turistas hispanos. En Manila, el barrio de Intramuros, aunque está casi todo reconstruido, va a recordarnos a España más que ningún otro rincón de todo Oriente (es más, a mí me recordaba al País Vasco o a Navarra, ¿será porque las Filipinas las conquistó el guipuzcoano López de Legazpi?






4- La música y el baile: A ver, la música que más vais a oír si viajáis a Filipinas es el pop norteamericano más mainstream, muchas veces interpretado por excelentes bandas locales. Casi se podría decir que no hay música tradicional filipina, pero algo queda, y lo que hay suena tan español que os vais a quedar alucinados. Así me quedé yo, por lo menos, cuando en este viaje fui a cenar al restaurante Zamboanga, en el centro de Manila, donde te ofrecen una actuación de música tradicional, y tras una primera parte de música prehispánica (que sonaba muy parecida a la música javanesa o incluso a la balinesa) empezaron a cantar habaneras o hasta a bailar jotas acompañadas de repiques con castañuelas de bambú y acabando cada baile con un sonoro "¡Olé!". Todo ello con sonido de bandurrias.







5- La comida: La comida filipina tiene notables parecidos con la de otros países de la región: gusto por los sabores dulces y picantes, mucha carne a la brasa, fideos, arroz... Pero al mismo tiempo tiene claras herencias hispánicas. Que los principales guisos de carne se llamen, por ejemplo, "adobo" o "kaldereta", por ejemplo, no nos deja ninguna duda. O que les guste desayunar un embutido llamado "longganisa", regalar cajas de "ensaymadas", comer polvorones en Navidad o acompañar todo con un pan que ellos llaman "pandesal".


Restaurante de la cadena filipina "Kusina".

Uno de los postres que más me gustan de los filipinos es el "leche flan", dicho así, en ese orden, aunque también es bárbaro su "mais con yelo". Los calamares los llaman de la misma forma que nosostros, y los fríen a la romana, algo que en el resto de Asia raramente verás.

Ojo, que algunos dirán aquí: "Además los filipinos beben cerveza San Miguel", y es cierto, pero esa cerveza no fue desde España a las Filipinas, sino al revés: la crearon empresarios españoles en Filipinas.



6- Las barajas: Bueno, esto no es verdad del todo, los filipinos juegan a las cartas con barajas de póker, pero en mi primer viaje a Manila en 2006 descubrí en algunos puestos callejeros que vendían como una antigüedad barajas muy parecidas a las nuestras de Heraclio Fournier, con sus oros, copas, espadas y bastos. Esta vez intenté encontrarlas nuevamente para hacerme con una, y pregunté por ellas en varios sitios, pero lo cierto es que no las he vuelto a ver, así que no estoy seguro de que este punto sea muy destacable, aunque sí tiene su curiosidad.


Y eso es todo lo que he podido encontrar en los pocos días que estuve, que seguro que algo me dejo... En resumen, que alguna cosa dejamos de nuestra cultura en esas islas de playas tan pluscuamperfectas. A cambio ellos nos exportaron a Luis Eduardo Aute y a Isabel Preysler, pero en fin, esa es otra historia.

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El otro barrio de Manila

8 de Diciembre, 2015, 0:01







Manila, como os mencionaba en el post anterior, no es una ciudad reposada que digamos. Es, con diferencia, la urbe más densamente poblada del mundo, y eso lo puedes notar por ejemplo intentando viajar en su metro, donde estás tan entrelazado con los cuerpos de los demás viajeros que hay unos vagones para hombres y otros para mujeres. Del mismo modo, en la hora punta de la tarde, a eso de las 5 o las 6, se desencadena en las calles una tremenda locura de jeepneys y automóviles con gente saliendo del trabajo.

En esa estresante ciudad, el único "barrio" donde pude respirar paz, y quizá la zona donde vi mejores viviendas, fue, irónicamente, el cementerio chino de Manila. Ese cementerio es una de esas cosas que salen en todas las guías de viaje sobre Filipinas, y que en mi primera visita a la ciudad hace 10 años deseché, porque me pareció un poco chorras, pero en esta ocasión, por ver algo nuevo y relacionado con China, decidí visitar, llevándome una enorme sorpresa.

Me imaginaba antes de ir que sería un lugar de pequeñas y vistosas tumbas de mármol con flores y jardines, como algunos que he visto en China o en Japón, pero no, el cementerio chino de Manila es bastante más especial que eso, porque sus difuntos inquilinos descansan en verdaderos chalets que se hicieron con la creencia de que serían su confortable hogar en el otro mundo. La mayoría de esas casas, de un nivel superior a la media de las que se suelen ver en el resto de la ciudad, tienen baño, y alguna que otra tiene aire acondicionado, balcón o terraza. El cementerio, en consecuencia, parece una zona residencial de clase media alta, que más aspecto de barrio pijo que de camposanto. Las calles más tranquilas de la capital, las casas de mejores materiales, los mejores diseños arquitectónicos...




(El humo del fondo es de uno de los tres grandes incendios
que hubo en la ciudad en los tres días que la visité).








En este cementerio yacen muchas familias de manileños de ascendencia china, gente en general con bastante dinero, pero cuyas casas cuando están en el mundo de los vivos no son ni mucho menos tan ostentosas como éstas (parece que ahorran casi toda su pasta para tener una buena casa en la otra vida, que para eso es más larga). El cementerio chino, de hecho, contrasta enormemente con el barrio chino de Manila, que a mí me pareció precisamente de los más feos de la ciudad.

No hice fotos del interior de estas "casas", porque me da un poco de yuyu perturbar a los que descansan eternamente, pero os contaré que en casi todos esos mausoleos yacen matrimonios, y que al parecer el cementerio prohíbe, quizá para hacer mejor negocio, que diferentes generaciones de una misma familia estén en el mismo mausoleo. Hay alguna excepción ilustre, pero casi todas las tumbas son de parejas, salvo algún mausoleo de mujeres solteras (no vi ninguno de hombres solteros). Eso sí, en algunos casos hay tumbas de un marido flanqueado por dos tumbas: la de su esposa oficial, y la de su amante, muchas veces conocida y aceptada por la esposa. Hay tumbas budistas, cristianas, alguna taoísta, pero casi todas siguen la regla de que el marido está a la izquierda, la esposa a la derecha, y tras ellos hay una puertecita que da a un baño para uso exclusivo de ellos.

Casi todas las familias con parientes en este cementerio contratan a cuidadores de las tumbas, para que los difuntos tengan su vivienda limpia y bonita. No se trata de que haya flores frescas, como en los camposantos occidentales (de hecho casi no vi flores), sino de que, por ejemplo, no haya una baldosa suelta, una puerta que chirríe al cerrar, o unas paredes despintadas. En una de las casas, por ejemplo, vi a dos de estos cuidadores subidos al tejado y repintando: me contó alguien que hacían ese trabajo todas las semanas.





Quien me contó eso y otras cosas fue uno de los guías del cementerio, llamado Jun Salvador, un señor mayor muy entetenido y que me cayó en gracia porque me lo explicaba todo empezando las frases con "Sir Antonio". Al terminar la visita -pagada, tenéis que regatear precios si vais- me pidió que le recomendara a él ante mis amigos, así que cumplo lo prometido y os animo a que si vais a ese cementerio os dejéis guiar por el señor Jun, que os contará muchas cosas que no se ven a simple vista. Su teléfono es el 0918 365 2748, pero no le llaméis todos ahora, a ver si se va a asustar.

PD: En el cementerio además se rinde homenaje a algunas figuras de la comunidad china de Filipinas, cosa que quizá es bueno recordar en este momento en el que chinos y filipinos andan un poco enfadados mutuamente por los conflictos marítimos en torno a las islas Spratly. El propio Jun me contó, cuando le dije que yo vivía en Pekín, que los chinos les habían quitado muchas islas últimamente (aunque admito que al resto de filipinos, cuando les mencioné China, no comentaron nada malo de ella).

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Manila perdida y recuperada

6 de Diciembre, 2015, 0:01

Antes de empezar este post, doy por concluido el concurso de la entrada anterior dando por ganador del mismo al gran Adrián Martínez, que acertó todas las preguntas planteadas menos la última (las soluciones completas, si os interesaran, las pondré en los comentarios a ese mismo post). He de confesar que Adrián fue el único participante: el concurso requería algo de tiempo y esfuerzo, al parecer, y en estos tiempos que corren son bienes muy preciados. En fin, Adrián, muchas felicidades, te lo has ganado doblemente por el acierto y por el esfuerzo. Contacta conmigo por email (chinochanoblog@gmail.com) para concretar cómo te mando el premio. Del que te adelanto, por cierto, que pese a lo prometido en el concurso, no vas a poder escoger color: la única pulsera Xiaomi que había en el centro comercial de al lado de mi casa es negra, así que negra te la voy a mandar.



Con los tres últimos posts doy por más que concluidos los fastos por el décimo aniversario de Chinochano, aunque he de decir que mis próximos posts tienen también aroma de hace una década, porque van a ir sobre las Filipinas, país que acabo de visitar por vacaciones y en el que, curiosamente, estuve con anterioridad precisamente hace casi 10 años, en enero de 2006. La primera vez que este blog se fue de "viaje", por tanto, fue cuando lo escribí desde Filipinas, aunque en aquel entonces era yo muy radical, en el sentido de que no quería hablar de otros países en el blog, así que no os conté entonces mucho de mi experiencia filipina.

A mi parquedad de entonces influyó quizá también que de aquel viaje perdí casi la totalidad de las fotos que hice por un fallo tonto que tuve a la hora de hacer "limpieza" en mi ordenador. Apenas me quedaron unas pocas fotos en blanco y negro que tomé entonces con una cámara de un amigo. Así que cuando las veo dudo de si estuve en Filipinas en 2006 o en 1956...




Entenderéis por tanto que en el viaje recién terminado, he guardado mi cámara con extremísimo celo, he tomado especiales precauciones para no volver a perder las fotos, y al menos en Manila (a los otros sitios que visité en 2006 no he vuelto en esta ocasión) me di un paseo por muchos lugares visitados hace casi 10 años para poder volver a verlos y fotografiarlos, porque precisamente al no tener instantáneas de ellos se me habían borrado casi de mi memoria. Y a continuación os pongo una buena ratahíla de fotos que tomé, no sólo para no olvidar diciembre de 2015, sino también para recuperar enero de 2016.


Pintada con grandes símbolos filipinos: José Rizal (el Bolívar patrio),
los Aquino, y el boxeador Manny Pacquiao, por supuesto.


Parque de Rizal. Al fondo, un incendio: estuve tres días en Manila, y en los tres hubo grandes incendios,
cuyo humo se veía a kilómetros de distancia.
Uno de ellos fue en el zoo de la ciudad, al lado de donde me hospedaba.


Los jeepneys, ruidoso símbolo de la ciudad más densamente poblada del mundo y más atascada en lo que a tráfico se refiere.
En esta ocasión me pareció una ciudad algo más vivible que en 2006,
quizá porque he estado en ciudades "peores" en cuanto a tráfico y atascos (Yakarta, El Cairo, Medan...).



Intramuros, el barrio español de Manila, creo que mucho más restaurado y bonito que hace 10 años.


San Agustín, la iglesia más antigua de Filipinas (o de Manila, no recuerdo bien).


La Catedral de Manila.


Los triciclos: muy pesados son sus conductores con el turista, pero me sacaron de más de un atasco, tanto ahora como en 2006.



Típicas calles de Manila, aunque las hay también de rascacielos y grandes centros comerciales.
Me sorprendió ingratamente algo que no recordaba haber sentido hace una década:
el fuerte olor a orina de muchas calles, consecuencia de la muchísima gente que vive sin techo.


Más fotos de Intramuros y alrededores, con un aire que más que español
me pareció del norte de España, como de caseríos.




Barrio chino de Manila.


Iglesia de Santa Cruz, y a continuación, la de Quiapo.


Al fondo, la iglesia de San Sebastián, que los españoles, hartos de que se les quemara,
acabaron edificando en hierro.


Paseo marítimo... Las mejores puestas de sol de una ciudad asiática, tanto en 2006 como en 2015.



Os he dicho que perdí casi todas las fotos de Filipinas hace 10 años, pero que no todas: aparte de las imágenes en blanco y negro que os comenté, conservé unas pocas en color del último día que pasé entonces en Manila, y en el que caminé al lado de otra de las muchas iglesias de la ciudad, la de Binondo, con su famoso campanario-pagoda. Por ello, puedo poneros a continuación una foto tomada en 2006 y otra de 2015 para comprobar que el edificio ha sido radicalmente restaurado (y no sé yo si el resultado ha sido del todo bueno, la verdad).


Enero de 2006


Diciembre de 2015

Una cosa que me pareció muy curiosa: en el lateral de la iglesia, tanto ahora como hace 10 años, hay aparcado un coche de bomberos morado y tuneado con llamitas. Me sorprendió mucho el hallazgo, y aunque no es exactamente el mismo vehículo de 2006, me sirvió un poco para unir espiritualmente ambas visitas.


Enero de 2006


Diciembre de 2015

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Diez años de panqueques inolvidables

19 de Febrero, 2014, 0:01


Primera foto que tomé en Vietnam, en febrero de 2004.


No recuerdo si fue exactamente tal día como hoy, pero sé que fue por estas fechas, en los días previos al Año Nuevo Chino de 2004. Tras un interminable viaje en autobús desde Yangshuo a la frontera chino-vietnamita en el que casi fenezco de frío, llegué a una garita donde un soldado chino me revisó el pasaporte de forma rutinaria. Tras permitirme el paso, caminé unos 50 metros, a otra garita, en la que quien me esperaba era un soldado vietnamita. Entraba así por primera vez -y a pie, qué gozada- en el sureste de Asia, una región que desde entonces ha sido uno de mis lugares favoritos para descansar, relajarme, olvidarme del estrés y ver mundo.

Diez años, más o menos, separan ese viaje del que hice hace unas semanas por Java y Bali, del que os he hablado en los posts más recientes. En ese tiempo he visitado, además de Vietnam e Indonesia (en dos ocasiones), Laos, Birmania, Camboya, Malasia, Singapur, Filipinas y Tailandia (en cuatro ocasiones, aunque dos de ellas fueron más bien de pasada). Empezando por Vietnam y terminando por Bali, se podría decir que he completado lo que algunos mochileros llaman la "ruta del banana pancake", es decir, el viaje desde Bali hasta Indochina (o viceversa) que los hippies, los surferos, los australianos, los lonelyplaneteros, llevan a cabo en varios meses, normalmente pidiendo un año sabático en el trabajo o dejando pasar una temporada entre el fin de sus estudios y la búsqueda de curro (lo que en los países anglosajones se llama el "gap year". Probablemente yo ostento el récord de lentitud en la cumplimentación de la ruta, llamada "del banana pancake" por ser éste uno de los más comunes desayunos que se ofrecen en los hostales y los restaurantes para turistas extranjeros.

El sureste asiático es una región fascinante. Sus gentes son amabilísimas, sonrientes y tranquilas (siempre habrá excepciones, pero la gran mayoría son así). Cada país de la zona tiene una Historia interesantísima, a veces parecida a la de sus vecinos, a veces opuesta. Si bien todos los países tienen cosas en común (los platos con arroz, las frutas tropicales, las motos...), cada uno presenta individualidades casi asombrosas en lugares vecinos, como el hecho de que casi cada nación tiene su propio alfabeto. Las cuatro grandes religiones del mundo están muy presentes en la región. Las grandes civilizaciones asiáticas de los últimos milenios dejaron su huella (indios, chinos, árabes) y también los grandes imperios occidentales (ingleses, franceses, españoles, portugueses, holandeses). Fue, en definitiva, un cruce de caminos y de barcos que absorbió muchos vaivenes históricos y pese a la pobreza, la inestabilidad política o tristes historias recientes, es un lugar indiscutiblemente agradable para el visitante.

Ya escribí un post sobre los países del sureste asiático hace un tiempo, un post que actualizo cuando visito alguno de ellos (y que, por cierto, tengo que actualizar otra vez ahora, a ver si me pongo). Por ello, no voy a repetirme ni explayarme mucho más. Solamente quería escribir este post a modo de homenaje a diez años en los que el sureste asiático está en mi corazón casi de forma tan importante como España o China. Y para conmemorar el aniversario me he regalado el siguiente mapa, con el que no quiero alardear de lo que he recorrido, sino recordarme lo mucho que me queda aún por recorrer. Borneo, las Célebes, las Visayas filipinas, el sur de Sumatra y de Laos, el este de Tailandia y de Malasia, las zonas no birmanas de Myanmar... Confío en que pueda ir a alguno de esos lugares, y que celebre 20 años con más flechas de color.


Unas breves notas a pie de mapa:

-Los lugares citados en el mapa son aquéllos en los que me alojé. Desde ellos como base visité otros sitios de sus cercanías (por ejemplo, desde Hanoi visité Hailong Bay), pero no he puesto esas excursiones para simplificar.

-Cuatro de los lugares citados en realidad no los conocí demasiado porque sólo estuve en ellos haciendo noche: Baguio (Filipinas), Chiang Khong (Tailandia), Surabaya (Java, Indonesia) e Ipoh (Malasia). En todo caso me di una vueltecilla por ellos (al atardecer, o de mañanas) antes de emprender camino para otros destinos.

-Casi ninguno de los trayectos lo hice en avión, porque me gusta ver los países que visito desde abajo. Hay excepciones, porque no hubo más remedio. Concretamente, el trayecto entre la tailandesa Chiang Mai y la birmana Rangún (las fronteras terrestres de Birmania están casi siempre cerradas a cal y canto, o lo estaban entonces), el trayecto desde la malasia Penang a la indonesia Medan (quería ir en barco pero el servicio de ferrys había sido cerrado, para mi gran disgusto), el viaje Medan-Kuala Lumpur, y el más reciente Bali-Yakarta (estos dos últimos porque no me quedaban ya días de vacaciones y porque eran viajes de retorno, ya había pasado por allí abajo antes).

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Postales desde Java

16 de Febrero, 2014, 0:01

En recientes posts he hablado un poco de Java, isla que visité hace unas pocas semanas... Los posts no los acompañé de fotografías tomadas en el viaje, porque a mi portátil no le sentó bien el paso del Ecuador y feneció pocos segundos después de enchufarlo en Yakarta.

Ahora que ya he descargado las fotos, he tirado las muchas desenfocadas que mi infame cámara Canon hace constantemente (nunca más Canon, nunca más) y he seleccionado las que más me gustan, puedo ya por fin, con algo de retraso, mostrar algunas instantáneas. Valgan ellas como ilustración a posteriori de los artículos anteriores.


Monas (Monumen Nasional), el feo pero imponente monumento central de Yakarta.


Templo en Glodok, el barrio chino de Yakarta.


Plaza central de Kota, la antigua zona colonial de Yakarta.


Unas chicas desfilan marcialmente junto a una mezquita en Yogyakarta, Java Central.


Una de las muchas paredes pintadas de Yogyakarta.


Pasando la tarde en buena compañía.


Paseo por los callejones Yogyakartianos.


Guardianes del Kraton, el palacio del sultán de Yogyakarta.
El que está de espaldas exhibe una kris o daga sagrada.


Mezquita subterránea de Yogyakarta.


Motos, motos y más motos.


Hordas de colegialas invaden el impresionante templo hindú de Prambanan.


Prambanan al atardecer, a la espera de ver la danza del Ramayana.


Bailarines del Ramayana, la danza épica sobre el rapto de Sita
y el rescate de ésta por parte del antipático Rama.


Un candi (templo) cerca de Prambanan, en las afueras de Yogyakarta.


Borobudur, también tomado por los estudiantes, aunque sólo en su famosa azotea.
Los pisos más bajos, más bonitos y con relieves fascinantes, están vacíos.


Jugando al fútbol junto a un candi, también cerca de Prambanan.


Puerta del pasar (mercado) de Solo, Surakarta.


Templo de Candi Ceto, en la ladera del volcán Lawu, en las afueras de Solo.


La impresionante y temible belleza del volcán Bromo,
tal vez lo más espectacular que vi en Java.


Amanecer sobre el "mar de ceniza" en el que está el Bromo.
Al fondo, otro volcán activo, el Seneru, el pico más alto de Java.

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¿Es Bali el paraíso?

13 de Febrero, 2014, 0:01

Mis recientes vacaciones, que poco a poco se van quedando en el recuerdo mientras retomo la rutina laboral, transcurrieron no sólo en Java, a la que he dedicado varios posts en las últimas semanas, sino también en la mítica isla de Bali, que está justo al ladito, a apenas una hora de ferry. Bali, el supuesto paraíso en la Tierra, esa isla para el placer y el dolce far niente... Una tierra que en los días que estuve yo estaba también llena de turistas chinos, de vacaciones por el Festival de Primavera, aunque su rollo de viajes en grupo era diferente del mío, así que no nos cruzamos más que en los monumentos más famosos.

Me han preguntado algunos amigos si Bali es tan paradisiaca como la pinta nuestro imaginario colectivo, reforzado por ese reciente pastiche de Julia Roberts...
...en el que la protagonista conoce en Bali al amor de su vida (Javier Bardem, me da igual destripar una peli si es mala).

Bali es un lugar muy especial, pero ante las acusaciones que recibe de paraíso terrenal, yo diría varias cosillas:


Sus perros son insoportables
: a Bali le pasa lo mismo que a otro supuesto paraíso asiático, la isla tailandesa de Phuket: a nada que te intentas salir de las zonas turísticas y te vas a pueblecitos, a lugares más rurales, ya tienes a centenares de perros malhumorados y antipáticos ladrándote, siguiéndote y gruñéndote. Los perros balineses, además, son especialmente feos, delgaduchos y mal alimentados, son los perros más feos que he visto nunca. No es un problema sólo de Bali (también en los pueblos de China o de Tailandia hay perros rabiosos y mugrientos), pero en todo caso desanima bastante cuando se quiere ir de excursión, aun entendiendo que los balineses los usan como medida de seguridad para sus casas (¿pero para qué demonios necesitan perros guardianes, no están en el supuesto paraíso?).



Las playas están llenas de basura
: al menos cuando estuve yo (temporada baja y de lluvias) muchas de las playas que visité, incluyendo algunas con mucha fama como Kuta y Seminyak, estaban completamente invadidas por la basura, tanto en el agua como en la arena (sobre todo envoltorios plásticos, que se te pegan al cuerpo al nadar). Puede que no sea en todas las épocas, y es cierto que no parece un problema que se solucione simplemente limpiando (dicen que mucha basura llega con las mareas desde Java, donde la densidad de población es tan enorme que no saben qué hacer con los residuos y los tiran al mar), pero me sigue pareciendo penoso. Y también me parece increíble que yo no me enterara de ello hasta ir a Bali, que nadie se queje una vez lo ha visto. ¿Es que nadie quiere decirlo cuando sale de allí, para así no mancillar la imagen paradisíaca de la isla?



El transporte es un quebradero de cabeza
: había oído que en Bali hay muchos atascos, pero no fueron éstos precisamente los que generaron en mí la impresión de que moverse por la isla (que es pequeñita) es complicado. Lo que dificulta realmente la situación es la falta de transporte público decente, algo increíble para uno de los lugares más turísticos del mundo, y con una gran densidad de población. Las estaciones de autobuses públicos, si es que las hay, suelen estar bien en las afueras de las ciudades, pese a que éstas son pequeñas, y los buses sólo parten de ellas cuando están llenos (o si le pagas al conductor un plus equivalente a los asientos vacíos que va a dejar por salir rápido). Además, si eres extranjero, es posible que en la estación te vuelvan loco los autobuseros, intentándote convencer de que cojas su vehículo a grito pelado (en la primera estación que estuve, nada más llegar a la isla, me dio un ataque de histeria al ver cómo me gritaban todos a la vez). Si pasas de todo esto y decides optar por taxis, ten en cuenta de que aparte de que son unos pesados (te llaman incansablemente desde todas las esquinas, desde el amanecer hasta el ocaso) te cobran precios abusivos por distancias realmente cortas. Por todo ello, en los últimos días en Bali no me quedó más remedio que alquilarme una moto, que es el vehículo que usa todo indonesio que se precie, y aprender a ir en ella (prácticamente nunca lo había hecho, y Bali no es precisamente el mejor sitio para ser conductor nóvel).



Algunos templos no se pueden visitar en paz
: El sureste asiático es en general una región tranquila para el turista, la gente te quiere vender cosas pero sin dar mucho la tabarra, por eso me sorprendió ingratamente ver que en Bali hay timadores de turistas tan pesados y desagradables que me recordaron a los de Egipto, el país donde peor he visto que se trata al turista. Bueno, un pelín menos, porque lo de Egipto es difícil de igualar. En fin, que en algunos famosos templos balineses, como Besakih, hay falsos "guías" que te intentan cobrar por entrar a zonas abiertas al público, o te empiezan a seguir como unos palizas y después te quieren cobrar en dólares por un servicio de guiado que ni has pedido ni has disfrutado... Al final te enfadas con ellos, ellos se enfadan contigo... en fin, el típico rollo de pirámide egipcia.



Sus partes más turísticas son como la calle comercial chachipiruli de tu ciudad
: Starbucks, McDonalds, tiendas hippies pero caras, restaurantes étnicos pero caros... Las calles de las zonas playeras más conocidas (Kuta, Seminyak) o de Ubud, el principal centro cultural de la isla, han sido apisonadas por el comercialismo con disfraz "hipster". Es como ir por Bali y encontrarte las mismas tiendas que en Nanluoguxiang, o en las calles más "molonas" de Barcelona. Si es lo que te gusta, pues adelante, pero para eso no hace falta volar miles de kilómetros.



Una vez planteados estos matices, a la pregunta de si Bali es el paraíso, creo que debería responder que no. A lo mejor sí lo sería si uno se aloja en un hotel de cinco estrellas y se pasa allí todo el tiempo, pero supongo que el que se pueda permitir ese paraíso artificial en Bali lo podrá pagar en muchos otros lugares.

Sin embargo, sería injusto decir que Bali es sólo lo que he mencionado. Bali, pese a todo lo que he dicho hasta ahora, me encantó, dejó un gran recuerdo en mi corazón y ahora mismo volvería, aunque hace apenas una semana que estuve. No es perfecta, porque es humana y terrenal, pero es muy especial.

Sí es cierto, por ejemplo, que la isla es una verdadera belleza natural, una belleza que además resiste a las hordas de turistas. Esos arrozales en terrazas por doquier (los más bellos que he visto jamás, y mira que he visto arrozales), los lagos, los volcanes, los árboles repletos de frutas tropicales creciendo en la cuneta. Añadámosle a ello esos templitos por todas partes, en cada casa, en los tejados, en todo Ubud, unas arquitecturas de locura hindú que convierten a Bali quizá en el lugar más ornamentado que he visto jamás (lo que, además, contrasta mucho con la austeridad de las casas y las mezquitas de Java).

Esos balineses tan amables y sonrientes, a menudo vestidos de vivos colores para hacer ofrendas. Esos acantilados, esas olas, y esos paseos en moto cuesta arriba y cuesta abajo, porque al final lo de ir en moto fue un gran placer, para qué engañaros. Eché pestes sobre los perros o los timadores balineses, pero el día que me fui de esa isla sentí una pena que no sentía desde que estuve en Vietnam, el primer sitio del sureste asiático que conocí.

En mi primera noche de vuelta en Pekín, congelado por el frío y con un catarro febril, soñé toda la madrugada que con mi moto seguía yendo arriba y abajo por las cuestas de la península de Bukit, parando en las calitas y bañándome mientras a lo lejos surfeaban los más valientes.

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La canción javanesa
que triunfó en Asia

9 de Febrero, 2014, 0:01

Ya estoy de vuelta en Pekín después de tres semanas inolvideibols en Java y Bali, pero voy a contar aún alguna cosa más de Indonesia en el blog, porque estando de vacaciones tampoco escribí mucho...

Una de las cosas más molonas de Java -Bali también, pero con otro estilo- es lo musical que es la calle. En restaurantes, bares o incluso autobuses públicos, hay constantemente músicos callejeros, en general bastante potables, que amenizan la velada a cambio de lo que los oyentes les quieran dar. En los autobuses de línea la cosa es tremenda: el conductor para en medio de la carretera, sube un músico, canta un par de canciones, se apea al mismo tiempo que sube otro músico, y así hasta el final del trayecto, el chófer se ahorra una barbaridad en radiocassettes. Os pongo un ejemplo de actuación autobusera, en un viaje que hice entre dos ciudades de fabuloso nombre, Probolinggo y Banyuwangi:



La música indonesia es un reflejo de lo que es el país, un cruce de caminos por el que pasaron muchísimos pueblos. A veces suena a melodías árabes, otras veces a canciones indias bollywoodianas, también tiene en ocasiones reminiscencias chinas... Pero, y esto es lo mejor de todo, a veces suena a musiquita europea, casi casi española. Esto se debe, entre otras cosas, a que los javaneses utilizan mucho una pequeña guitarrita para cantar algunas de sus canciones, similar al ukulele, que ellos llaman kroncong (palabra que por lo visto se inspira en el ruido que hacen las cuerdas al rasguearlas).

El kroncong llegó a Indonesia a través de los portugueses -quienes, por cierto, también fueron los que llevaron el ukulele a las islas Hawaii-, en aquella lejana época en la que nuestros intrépidos vecinos iban a las Molucas en busca de especias, antes de que los holandeses colonizaran la zona y monopolizaran ese pingüe negocio. Los portugueses, que dejaron también muchas palabras en el vocabulario indonesio (por ejemplo, tren se dice "kereta", que viene del portugués "carreta"), dejaron una gran influencia en la música tradicional indonesia, que suena a veces a bolero, o a habanera.

Esto se ve, por ejemplo, en una de las canciones populares más famosas de Indonesia, la hermosísima Bengawan Solo, que me mencionó con entusiasmo un taxista precisamente cuando estaba en la ciudad de Solo. Bengawan Solo ("Río Solo") está dedicada al río que da nombre a la ciudad, que además es el más largo de Java. Escuchadla y veréis cómo os evoca al Caribe, a Hawaii...



Bengawan Solo fue compuesta en los años 40 un artista... ¿solonés? ¿solitario? también de fabuloso nombre, Gesang Martohartono, que aún la cantaba con 90 años (falleció hace poco, en 2010).



Esta canción, y aquí es donde este post va por fin a enlazar con la obligada temática china, se hizo muy famosa en toda Asia a lo largo de toda la segunda mitad del siglo XX, y tiene versiones en otros idiomas asiáticos, incluido el mandarín. Al parecer, empezó gustando mucho a los japoneses que ocuparon Indonesia en la Segunda Guerra Mundial (Diego Iván opinará algo de esto en la sección de comentarios) y más tarde a los chinos de Singapur, Malasia y Hong Kong. Aquí tenéis, por ejemplo, una actuación de artistas indonesios en la televisión hongkonesa, en los años 60:



Además, en el mundo chinohablante se hicieron muchas versiones de la tonadilla en mandarín y cantonés. En China se la conoce como
美丽的梭罗河 (Meilide Suolo He, el bello río Solo).





También hubo una cantante hongkonesa, Rebecca Pan, que hizo una gran versión en inglés de la melodía, que puede oírse en la película "In the Mood for Love", the Wong Kar-wai.



Si aún no os habéis convencido de la vital importancia de esta canción hasta hoy desconocida por casi todo aquel que no sea oriental, escuchad a Xi Jinping mencionarla en este discurso en el que habla de las relaciones entre China e Indonesia, cuando visitó el país el pasado año. (Lo hace en torno al minuto 3:30, lamentablemente no la tararea).


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Más de chinos en Indonesia

4 de Febrero, 2014, 0:01

Qué tal va todo... Yo sigo vacacionando en Indonesia, aunque ya me queda poco para regresar a los fríos de Pekín.

Una cosa que me ha gustado mucho de Java y Bali es que los alojamientos son muy familiares, a veces parece que estás viviendo con una familia indonesia. Gracias a ello muchas noches la "familia" veíamos juntos las noticias del día en el telediario: la principal noticia durante toda mi estancia han sido las inundaciones de Yakarta, en las que murieron varias decenas de personas y hubo decenas de miles de evacuados. (Para que veáis que no exageraba).

También parece que ha sido muy importante en Indonesia estos días la detención de un empresario corrupto que llevaba cinco años huido del país, y que finalmente ha sido atrapado en Cantón, desde donde fue extraditado por las autoridades chinas. El presunto corrupto, dueño al parecer de una empresa de telecomunicaciones indonesia, se llama Anggoro Widjojo y me llamó la atención, al verlo, que tenía un aspecto diferente al del indonesio medio, es más, parecía cien por cien chino.


Ya me imaginé que Anggoro, como muchos millonarios indonesios, es de ascendencia china, pero me llamó la atención su nombre, Anggoro, porque parece que fuera una "indonesización" de un apellido chino tipo "Huang". Consultando sobre ello en Google, me he enterado de que en los años 60, durante los años más duros de la dictadura de Suharto, a los chinos de Indonesia se les obligó a cambiar sus nombres por unos que sonaran más indonesios.

Así, muchos Hong (y no Huang, como pensé al principio) se pusieron de apellido Anggoro. Algunos Lin se acabaron apellídando Limanto, y los Deng pasaron a llamarse en muchos casos Tenggara. En Wikipedia, cómo no, tenéis una larga lista de estos cambios.

Otras prohibiciones que los chino-indonesios sufrieron fueron las de usar los caracteres chinos en carteles públicos (una prohibición que ya no existe, aunque es muy cierto que en Indonesia ver letras chinas es muchísimo más raro que en el resto del sureste asiático). También se les prohibió celebrar en público sus fiestas, entre ellas el Año Nuevo Chino. Hoy en día creo que ese día es incluso fiesta nacional indonesia, y en todo caso los chinos de China se han tomado la revancha "invadiendo" Bali en esta festividad, como estoy pudiendo ver estos días aquí.


Creo que ya lo he comentado en posts anteriores, pero por si acaso mencionaré que la discriminación que los chinos sufrieron entonces (y las matanzas, que por cierto se han repetido también en otras épocas de crisis nacionales) se debieron en parte a que los chinos eran ligados al comunismo, el gran enemigo de Suharto, pero también a que durante la colonización holandesa los chinos habían sido buenos aliados de los neerlandeses, gestionando empresas, bancos y otras riquezas. Con la independencia, la relación entre Indonesia y su comunidad china fue complicada: por una parte los veían como un recuerdo del colonialismo holandés, pero por otra se les tenía por buenos gestores de empresas, y los mismos indonesios a veces se veían poco capaces de tomar las riendas de ciertos sectores económicos o políticos donde los chinos tenían siglos de experiencia.

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Evocaciones del Tío Tom desde Java

29 de Enero, 2014, 0:01


Hola después de un montón de días sin postear... Sigo de vacaciones por Indonesia y, con el portátil que me traje estropeado desde el primer día, se ha hecho complicado actualizar el blog. Unos días me faltó tiempo, otros días un cibercafé, y para empeorar las cosas ayer el servidor del blog estuvo averiado. En fin, para eso están las vacaciones, para hacer el vago, blogueo incluido.

Ya pondré fotos del viaje cuando regrese a Pekín, más o menos a mediados de febrero, pero de momento adelanto que una de las cosas más interesantes que he visto en Java fue el ballet Ramayana en Pranbanan (algún lector o lectora me lo había recomendado ya, con buen tino). Es importante en este ballet (y en muchos otros) tener un folleto explicatorio que te cuente lo que estás viendo en cada acto, porque así se disfruta considerablemente más y se pilla la historia, que en el caso del Ramayana es bien complicada, llena de personajes humanos y no humanos.

Ésta gran epopeya del sur de Asia (en este sentido comparable a la homérica Odisea en Occidente, o al Viaje al Oeste chino) se representa todos los días junto al templo hindú de Pranbanan, en las afueras de Yogyakarta, Java central. En verano (estación seca) se representa al aire libre con el espectacular templo de fondo, algo que debe ser espléndido, pero yo no tuve la misma suerte -desventajas de venir en la estación lluviosa, temporada baja- y me tuve que conformar con verlo en un pabellón cubierto, aunque fue fantástico en todo caso.

Viendo el ballet me acordé de una de mis escenas favoritas del cine de todos los tiempos: la escena de La Pequeña Casa del Tío Tomás, en el musical de los años 50 "El Rey y Yo" (el de Yul Brinner, ojo, no la película homónima y no musical que protagonizó Jodie Foster décadas después). Si no habéis visto este clásico del cine (y de los musicales) debéis hacerlo inmediatamente, aunque sea sólo por esa escena.

Resumiendo un poco la historia, que está basada en hechos reales: la profesora que llega a Bangkok a finales del siglo XIX para enseñar cultura occidental en la corte del rey de Siam habla al rey y a su corte del famoso libro "La Cabaña del Tío Tom", sobre la lucha contra el esclavismo. La corte siamesa se queda prendada por la historia y decide convertirla en un ballet tradicional de los suyos, pero claro, interpretándola a su manera.

El resultado es una mezcla espectacular de Oriente y Occidente, emocionante y maravillosa. Soy consciente de que los coreógrafos de la película y el musical de Broadway no eran tailandeses, eran americanos (creo que los mismos que los de West Side Story), pero en todo caso supieron meterse muy bien en la piel de un tailandés del siglo XIX que intenta entender a su manera una historia americana. A mí al menos me encantó.

No puedo encontrar en YouTube la escena (por cuestión de derechos de autor, imagino), pero sí muchas adaptaciones, os pongo una a ver si os gusta (no la puedo oír en este cibercafé balinés, lo siento si no es buena versión).



Al parecer, los bailarines de la versión original, en el musical y la película que lo adaptaba, tuvieron que ser japoneses y japonesas, porque en Tailandia esa película, entonces y ahora, está muy mal vista porque trata con humor la sagrada figura del rey. En todo caso, y aunque quizá la película trata con algo de superficialidad el asunto (normal, tratándose de un musical de Broadway y luego de Hollywood) creo que la escena de La Pequeña Casa del Tío Tomás es una maravillosa poesía, y una de las mejores uniones entre cultura occidental y oriental que he visto en la pantalla grande.

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Servicios mínimos desde Waterworld

18 de Enero, 2014, 0:01




Llegó el momento de disfrutar de las vacaciones invernales, y en esta ocasión las paso en Java, y tal vez en Bali si el tiempo (atmosférico y de reloj) lo permite. Escribo este post desde Yakarta, ciudad a la que llegué ayer y que está algo inundadilla por las lluvias que caen sin cesar. Es la primera vez, por cierto, que visito el hemisferio sur de nuestro planeta. Si fuera marinero tendría que poner mi cabeza en un cubo de basura y soportar
alguna otra humillación más, pero como no lo soy, mi penitencia va a ser pasar varias semanas a remojo, porque por lo que veo aquí lo de la estación de las lluvias va muy en serio.

Sólo llevo un día en Yakarta, así que no puedo contar mucho, únicamente que he tenido suerte de llegar en fin de semana y la ciudad parece que en sábados y domingos tiene menos tráfico que en días laborales, así que me he librado -relativamente- de una de las peores cosas que según dicen tiene este lugar, sus atascos y el ruido de sus motos y coches. Supe del caos en que viven las ciudades indonesias cuando visité
Medan, en Sumatra, hace tres años, así que venía curado de espantos. Con lo que quizá no contaba tanto es con estas calles con agua que te llega hasta los tobillos a nada que haya un buen chaparrón.

En el paseo por Yakarta que me he dado hoy he pasado fugazmente por el barrio chino de la ciudad, Glodok. Indonesia es, por cierto, el país con más chinos del mundo después de China (unos nueve millones). Los chinos de Indonesia han sido tradicionalmente gente muy rica y con poder, y al mismo tiempo han sufrido muchas persecuciones y matanzas a lo largo de los siglos, la última de ellas hace bien poco, a finales de los 90, en las revueltas que debido a la fuerte crisis económica local acabaron con el terrible gobierno del dictador Suharto. En el mismo Glodok, al parecer, hubo miles de muertos, en las rapiñas y los ataques que se concentraron contra un colectivo que en aquel entonces era culpado de la crisis, o acusado de no repartir riqueza en un país donde más de la mitad de la población vive bajo el umbral de la pobreza. Ahora parece que los chinos de Indonesia nuevamente viven tranquilos. En cualquier caso, al menos para un turista recién llegado como yo, es bastante difícil diferenciarlos del resto de indonesios.


En fin, que estoy en Indonesia durante las próximas tres semanas, y sin ordenador (el que he traído ha muerto en el primer día) así que imagino que actualizaré el blog poco y mal. ¡Se hará lo que se pueda!

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Las pasas que viajaron de Pekín a Bangkok
(epílogo)

19 de Febrero, 2012, 0:01




A modo de cierre de las vacaciones en Tailandia que he tenido, y a las que he dedicado los posts de las últimas semanas, voy a contar qué pasó después de que entregara en Bangkok aquellas famosas, ya míticas, pasas que mi amigo, ejem, Florindo me dio para su hija, ejem, Zenobia (el que no sepa de qué va la guerra, que se documente con la primera parte de la historia).

Bueno, pues tras la entrega de pasas y el cotilleo en casas tailandesas que conté en aquel post, procedí, naturalmente, a escribir a Florindo y decirle que ya había estado en casa de Eisenhower (el hermano de la ex mujer de Florindo) y había llevado los consabidos regalos, unos comestibles y otros no.

Al día siguiente, Florindo me mandó un correo diciendo que si por favor podía volver a casa de Eisenhower, esta vez para ir a buscar unas fotos suyas para una exposición. Aclaro que la casa de Eisenhower está tan en las afueras de Bangkok que uno se siente ya casi en España, y que cuesta un día y varios centenares de bahts llegar al idílico pero alejado de la mano de dios lugar.

Estuve a punto de escribir a Florindo para insultarle y decirle que por qué huevos no me lo había dicho antes, para que lo hiciera todo en el mismo viaje, pero como ya le conozco y sé que vive en la Luna... no, mejor dicho, en Titania (satélite de Urano), decidí dejarlo por imposible y decirle que bueno, que ya vería si podía ir otra vez, pero que seguramente no me daría tiempo, así que no podía prometerle nada.

Poco después salí de Bangkok y estuve tres semanas dando tumbos por el país, de norte a sur: Kanchanaburi, Xian Mai, Sukhotai, Si Satchanalai, Kampaeng Phet, Phitsanulok, la isla de Phi Phi y sus playas, Phuket y sus gordos, Krabi y sus semáforos... En fin, lo que ya os he ido contando, por lo menos a través de imágenes, en el blog.

Mis vacaciones llegaban a su fin y sólo quedaban dos días: uno para viajar desde Krabi hasta Bangkok y otro en la capital tailandesa, para al día siguiente volar a Pekín. Ni se me pasaba por la cabeza dedicar ese día en Bangkok a ir a buscar las fotos de Florindo: mi plan era viajar en autobús otra vez a Kanchanaburi y visitar el templo ése donde tienen tigres sueltos, un lugar ultraturístico pero que me hacía gracia visitar.

Pero hete aquí que alguien cambió mis planes: un ladrón que, en el horrible viaje vespertino-nocturno entre Krabi y Bangkok (tres cambios de autobuses, conductores gritones y maleducados... lo típico en el transporte por carretera tailandés, la verdad) me robó buena parte del dinero que me quedaba, y que, estúpido de mí, había dejado en la mochila grande, que estaba en el maletero y con tanto transbordo dio más tumbos esa noche que el baúl de la Piquer.

Me di cuenta del robo en Bangkok, y aunque la verdad es que sentí más alivio que otra cosa (los ladrones respetaron mi pasaporte y mi billete de avión, que estaban en el mismo bolsillo de la mochila) me di cuenta de que tenía casi lo justo para el hostal de la última noche y la comida, así que la visita al Templo Ángel Cristo quedaba cancelada por fuerza mayor.

¿Qué hacer el último día sin dinero? me pregunté. Bueno, lo primero fue denunciar ante la policía a la agencia de viajes Chao Koh, que me mintió -dijo que no habría más que un transbordo- y con su mareo a los pasajeros facilitó el robo. No vayáis nunca en esa agencia, son unos mentirosos y, tal vez, están liados con ladrones. Bueno, mejor dicho: no vayáis en autobús cuando estéis en Tailandia. Usad el tren y el avión siempre que sea posible.

CHAO KOH

Y tras la denuncia pensé, finalmente, ceder a los deseos de Florindo, aunque no me apeteciera demasiado, y VOLVER a la casa de sus ex parientes, en el quinto pepino. Por dos razones: la primera, comería gratis y así me ahorraba un dinero que no tenía. La segunda: a lo mejor Eisenhower, que trabaja en el sector turístico de Tailandia, podía tener influencia y me podía ayudar a que empuraran a Chao Koh, o incluso a obligarles a que me indemnizaran.

Allí que me fui, pero esta vez no en taxi caro sino en barco por el río Chao Praya y luego en tuk tuk, intentando ahorrar un poco de dinero... Llegué otra vez a casa de Eisenhower, y una vez más fui agasajado con toda clase de dulces, comidas y demás. Hasta había unos amigos suyos tailandeses de visita de trabajo que me dieron un pastel que traían originalmente para Eisenhower.

Aunque era domingo, Zenobia, la hija de Florindo, otra vez no estaba en casa, lo cual me mosqueó un poco, porque ya me estaba pareciendo que la escondían... Pero eso sí, miré a la mesita de té del cuarto de estar, y ahí estaban las pasas, abiertas, casi donde las había dejado yo tres semanas antes, y al lado los pendientes. Vamos, que la niña había visto los regalos, pero no les había prestado demasiada atención, por lo visto.

Pese a las evidencias, le pregunté a Eisenhower si a Zenobia le habían gustado los regalos, y me contestó diplomáticamente que sí. Insistí: "¿Cuál es el que más le ha gustado?" Y, señoras y señores, me dijo que

LAS PASAS

Así que yo y todos vosotros estábamos equivocados, ¡qué palo! Me dolió más que el robo. Es más, Eisenhower me dijo que los pendientes no habían gustado mucho a la niña porque eran un poco como de señora mayor. En mi defensa diré que esos pendientes fueron decisión final de Florindo, yo sugerí una pulsera de diseño infantil, más propia de una niña de 12 años como Zenobia. Si me hubiera caso, igual las uvas arrugadas no habrían ganado esta dura contienda...

En fin, más o menos así termina la historia... Bueno, añadiré que le intenté contar lo del robo a Eisenhower, pero mientras se lo relataba él me sonreía y asentía sin decir ni mu, como si no se enterara de nada o como si fuera inmune a las malas noticias. No conseguí ninguna promesa del tipo "voy a ayudarte a arruinar a Chao Koh", que es lo que soñaba, pero en fin, pelillos a la mar. En cambio, me pidió que le ayudara a corregir una cosa que había traducido del tailandés al inglés, para presentar una empresa turística que quiere fundar. Me dijo que en el futuro podría a lo mejor mandarme más cosas de ésas por email y me las pagaría, así que a lo mejor acabo a sueldo de un tailandés (lo dudo mucho pero en fin, a ver en qué queda todo).

Al día siguiente caminé tres kilómetros con la mochila por falta de dinero para un taxi, tomé un avión y ya estoy de vuelta en Pekín. Pese al incidente criminal, que no es el primero que sufro en el sureste asiático (en 2010 me robaron el móvil en Laos) creo que mi imagen de Tailandia ha mejorado esta vez respecto a mis viajes anteriores a ese país. Quizá la historia de las pasas ha contribuido a ello...


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Krabi-art

15 de Febrero, 2012, 0:01

Uno de los últimos lugares por los que pasé en mis vacaciones por Tailandia fue la ciudad de Krabi, muy parecida en esencia a otras localidades tailandesas de provincias que conocí, pero en la que hay una asombrosa abundancia de estatuas bizarras, sobre todo de animales, adornando su espacio público.

Krabi, de hecho, tiene los semáforos más fardones que he visto jamás. En el principal cruce urbano hay cuatro como éste:





Y en otras partes de la pequeña ciudad pueden verse otros reguladores del tráfico no menos espectaculares...





También las farolas de sus calles han sido profusamente decoradas con estatuas de animales, desde las omnipresentes serpientes budistas "naga" hasta los elefantes...





No sólo eso, también los "chirimbolos" para publicidad están coronados por estatuillas similares a las de los semáforos y las farolas, apareciendo otra vez el hombre prehistórico del principio (por cierto, ¿alguien sabe por qué Krabi decora tanto sus calles con trogloditas? ¿Hay cuevas rupestres cerca?).





Sumadle a ello que en el kilómetro cero de la provincia hay un águila gigante...



... que muy cerca de ese indicador hay un gran cangrejo...



... o que para rematar la faena hay una araña descomunal en lo alto de un bar local.



El principal templo de la ciudad tiene las nagas aún más grandes y espectaculares que en otros del país, y cerca del puerto, una de ellas sale y entra de la tierra... en Krabi aman los animales, está claro, sus calles son un verdadero zoo petrificado.







No mucho más pude conocer de Krabi, pues sólo estuve allí de paso hacia Bangkok, pero también comprobé que los paisajes de sus alrededores, colinas verdosas en plan Guilin chino o Van Vieng laosiano, son de gran herbosura.





Y para rematar la faena, en su puerto tienen un acorazado oxidado en el que, si no te ve nadie, te puedes colar y explorar de él hasta las bodegas, si te atreves.


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Costas las de Ko Phi Phi,
playas las de Phuket

14 de Febrero, 2012, 0:01


Ya estoy de vuelta por Pekín, pero para intentar que mi regreso sea lo menos traumático posible, voy a seguir hablando y colocando fotos del viaje a Tailandia unos días más, espero que no os moleste...

El viaje incluyó una escala en las playas tailandesas, algo raro en mí ya que no soy playero y casi se puede decir que tengo alergia al Sol, pero alguna vez había que ir, así que pasé por las más famosas del país, las de la isla de Phuket, y también hice una visita a la cercana isla de Ko Phi Phi, también muy famosa, aunque es otro estilo de turismo. Se podría decir que Phuket es Mallorca y Ko Phi Phi es Ibiza (atrevida afirmación la mía, siendo que no he estado jamás en las Baleares).

Phuket, que es una isla bastante grande y llena de playas, es un ensalzamiento del turismo guiri -con gran presencia de rusos, escandinavos, italianos y chinos- que no tiene parangón en el sureste asiático (bueno, quizás en Bali, pero tampoco he estado allí). El idioma y la cultura tailandesa están básicamente erradicados de las zonas turísticas, y han sido sustituidos por restaurantes italianos, carteles en ruso, masificación y precios carisimos en comparación con la media de Tailandia (a veces hasta son caros comparando con España, y los taxistas están directamente mal de la cabeza a la hora de pedir tarifas). Las raciones en los restaurantes recuerdan en racanería a las de los chiringuitos de playa española, y el ambiente es un poco decadente, la verdad. Pero eso sí, las playas son excelentes (arena blanca y aguas verdes). La que nos dijeron que era la mejor de la isla (Kata Noi) estaba plagada de medusas, afortunadamente no "picantes". Como la mayoría de las playas miran al oeste, además las puestas de sol son impresionantes. Os pongo fotos de la parte buena de Phuket...









Aquí, una vista de pájaro de las tres playas que visité, una por día: de norte a sur, son Karon, Kata y Kata Noi. No fui a la más famosa de la isla, Patong, por "evitar el turismo de masas", pero en absoluto me libré de él, iluso de mí.


Y aquí, las medusas de Kata Noi, que hasta tenían su encanto... Aunque no estoy todavía seguro de si era una plaga de esos animales, o que en las cercanías había naufragado un barco cargado de implantes de silicona.

Phi Phi es otra cosa, bastante más agradable. Es una islita mucho más pequeña, y con un turismo opuesto al anterior, más bien juvenil y hippie. Al ser tan pequeña, no circulan vehículos motorizados, lo cual la hace extremadamente agradable (si bien las bicis a veces también van como locas). Igual no piensan lo mismo los que van con carretas transportando cosas por las calles, pero bueno, a mí me gustó. Está llena de gatos limpísimos y muy pacíficos (en contraposición al resto del país, plagado de perros vagabundos tiñosos y desagradables) y en general su ambiente de "chill out" te hace enamorarte de ella desde el principio. Añade a eso un bonito paisaje kárstico, en plan Guilin pero con playa, y te crees en el paraíso. No obstante, Phi Phi también tiene su pega... al ser su playa principal una cerradísima bahía rodeada de bellos peñascos kársticos, es más sensible a la marea, lo que significa que gran parte del día la bahía está casi seca y no te puedes bañar, casi que sólo se puede hacer al mediodía. El resto del tiempo te puedes dedicar a pasear por ella de lado a lado, aunque cuidado con las rocas, yo casi me dejé el meñique del pie en una.


Otro problema, aunque éste es difícil que lo sufra un turista salvo muy mala suerte, es que la islita es muy vulnerable ante la eventualidad de un tsunami: en el de 2004, la isla quedó arrasada, y murieron unas 2.000 personas, lo cual, considerando lo pequeña y tranquila que es, es una barbaridad. Su triste historia, no obstante, hace que uno le coja más cariño, lo que debió sufrir la pobre. Está llena de carteles sobre la ruta de evacuación en caso de tsunami, que te lleva precisamente al lugar donde hice la foto siguiente, la colina más alta del lugar, desde donde hay una gran vista.


Ko Phi Phi en realidad es un archipiélago de dos islas, la "grande" (que es la que he comentado) y la "pequeña", en la que se encuentra la playa donde se rodó precisamente "La Playa", ese magnífico peliculón de Di Caprio que hay que ver después de viajar a Tailandia. Se trata de un entorno paradisíaco, en efecto, con la arena más blanca todavía y el agua más turquesa aún. Pero eso sí, no pienses que va a ser para ti solo, que está llena de turistas como tú.





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Phitsanulok, por qué no...

9 de Febrero, 2012, 0:01

Me encuentro ahora mismo en la isla de Phi Phi, y quien haya estado en ella sabrá que aquí lo único que apetece es vegetar y disfrutar epicúreamente de la vida, sin preocuparse por el resto del planeta. Maravilloso lugar, amigos...

Pero no tengo ganas de sacar la cámara y descargar las fotos de aquí, así que lo dejo para posts futuros... Hoy os coloco mejor unas fotos que ya tenía preparadas de otro lugar de Tailandia que he visitado estos días, una ciudad llamada Phitsanulok.


Se trata de una ciudad de paso, un parón en el tren entre Bangkok y Chiang Mai, dos grandes centros turísticos de Tailandia. Phitsanulok acoge algún que otro turista despistado, que va hacia Sukhotai, Bangkok o Chiang Mai, pero no muchos. Por eso mismo, es una ciudad auténtica, sin pesados vendiendo cosas, sin restaurantes expresamente pensados para las hordas de turistas... Lo opuesto al horror de Phuket, vamos.

Las orillas de su río están muy animadas por la noche con bares muy frecuentados por los jóvenes locales, y las tailandesas más guapas y elegantes que he visto en este país. El lugar también acoge el segundo buda más famoso de Tailandia, tras el Buda Esmeralda de Bangkok, aunque no sé si al que esté en Tailandia le apetecerá ver más templos tras los atracones que suele haber en Bangkok y Chiang Mai...

En fin, que viva Phitsanulok, y pasad por allí si podéis. Ah, y su Lithai Guesthouse es el mejor lugar donde me he alojado en estas semanas tailandesas, y el más barato.


Fábrica de budas.


Busybusybusy city...


El segundo Buda más famoso de Tailandia, ¡segundón!


Adivino tailandés.


Montaña de tamarindos.


Aquí venden también bichos fritos,
y a diferencia del mercado de Pekín,
no es sólo para que los turistas se hagan fotos...


Farolillos chinos, como en todas partes en Tailandia.


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A ver qué se cuenta el Sabadicá...

7 de Febrero, 2012, 0:01

El otro día, en una cafetería tailandesa, pude echar una ojeada a la edición local de la revista "Hola". Ellos la llaman "Hello", como el original inglés, aunque no sé muy bien por qué no han optado por el saludo tailandés, que es algo así como "Sabadicá" (puede que mi latinización de la palabra no sea muy acertada, pero ya he podido comprobar que aquí cada uno latiniza las palabras tailandesas como le viene en gana, así que yo, igual).



La revista dedica sus primeras páginas, creo que obligatoriamente, a la familia real tailandesa, que es un asunto semisagrado en Tailandia... En concreto sale la misma princesa a la que el otro día vi inaugurando el año nuevo chino en Bangkok. La brevísima información ocupa sólo una página, va en una especie de orla superformal (más bien parece una esquela) y me imagino que es simplemente la reproducción ultraexacta de un comunicado de la casa real.



Tras estas páginas casi de trámite aparecen informaciones sobre otras familias reales del mundo, y cómo no, hay espacio para "nuestra" Letizia... No sé lo que dicen de ella, pero es una de las primeras informaciones de la revista.



Después de la sangre azul llega la roja, y aparecen las andanzas de celebridades tailandesas y de otros lugares... Por supuesto aparecen Brad Pitt y Angelina Jolie, quienes me consta que viajan mucho a Tailandia y que, como sabéis, tienen adoptados varios niños del sureste asiático (Camboya si no recuerdo mal, hoy voy algo justo de tiempo y no puedo verificar cosas tan vitales como éstas).



La principal noticia de la revista, que aparece en portada, informa de una boda de famosos tailandeses... Las fotos son curiosas porque en ellas se pueden ver algunos de los rituales que estos enlaces tienen en Tailandia (o por lo menos en las familias ricas). Me llama la atención una en la que la esposa le lava los pies al marido, cual Jesucristo en la Última Cena...







También salen fotos de típica boda occidental, ella de blanco y él de traje y corbata...

Aparecen también, cómo no, reportajes de ricos tailandeses mostrando sus casas, como ésta a continuación, con un supercuarto para los juguetes de los niños, juguetes que éstos no pueden alcanzar en las baldas más altas, me temo... La comodidad sacrificada para impresionar al "Sabadicá".



Sobre modelos imposibles, me quedo con este traje de tigresa que muestra una de las famosillas tailandesas en las últimas páginas...



Y en cuanto a bellezas, la mejor de la revista, sale en un anuncio.

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Tailandia ruinosa

1 de Febrero, 2012, 0:01

Un poco de cultura en los viajes está muy bien, aunque quizá yo me he pasado... Durante los últimos días he visitado los parques arqueológicos de Sukhotai, Si Satchanalai y Khampaeng Phet, que son un bien de la lista de Patrimonio Mundial de la UNESCO y muestran los restos del primer reino tailandés propiamente dicho, que existió hace cosa de siete u ocho siglos.

En bicicleta, los tres se pueden visitar tranquilamente en un día cada uno, aunque madrugando un poco si puede ser... Se puede tomart de base para ello la ciudad nueva de Sukhotai, que además es muy tranquila y agradable.

Las más espectaculares de las tres son las de la vieja capital, Sukhotai, pero las otras dos tienen la ventaja de que apenas hay turistas, y cierto descuido por esas escasas visitas produce a su vez su encanto... En Si Satchanalai uno de los antiguos templos en ruinas estaba bajo un cerezo que había arrojado todas sus frutas por el suelo, generando una curiosa alfombra roja natural en el lugar. Cerca de allí, (¿quizá relacionado con lo anterior?) hay un templo invadido por las garzas, que hacen un ruido ensordecedor. Ojo no subas por el lado equivocado como me pasó a mí, o te encontrarás un terrible camino lleno de garzas muertas y te tendrás que tapar la nariz para aguantar el olor a caca de pájaro y ave muerta.

Os pongo alguna foto de Sukhotai, el primero de los tres sitios. De los otros dos no coloco nada para que no os pase como a mí y os dé una indigestión de ruinas...




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Xian Mai

30 de Enero, 2012, 0:01

Sigo mi periplo por Tailandia... El viaje ha continuado por Chiang Mai, meca turística del norte del país, a la que he ido sobre todo para visitar a unos amigos, no porque me guste especialmente el lugar. Ya lo visité en 2005, y siete años después Chiang Mai me volvió a producir la misma impresión: está totalmente sobrevalorado, y en ese sentido me recuerda a la igualmente turística ciudad de Xian, en China.

Vale que tiene un templo en cada manzana, pero al final, todos parecen iguales (quitando el del centro de la ciudad, el de la estupa en ruinas, que es sublime). Vale que es muy fácil relajarse en sus millares de restaurantes occidentales y casas de masajes que te hacen crujir las vértebras por cuatro duros, pero... ¡la ciudad no es bonita! Y esas hordas de turistas por todas partes...

¿No podría el Gobierno tailandés promocionar otros lugares del norte de Tailandia para repartir un poco el turismo? Si total, cualquier ciudad tiene templos por todos lados, ¿por qué Chiang Mai se debe llevar todos los honores? En fin, ellos sabrán lo que se hacen... y los turistas, lo mismo (bueno, yo no debería hablar mucho, que he estado dos veces, aunque en la segunda no ha sido de turismo).

Sea como sea, ya que he pasado por allí, y que en la primera ocasión aún no tenía este blog, os pongo unas fotos de Xian Mai, perdón, Chiang Mai...



Liberando a un pajarillo...



¿Puede un lagarto mamar de su madre, por muy gigante y mítico que sea?


Por sevillanas


Metadona para el turista


Ladyboy de Chiang Mai...


...ladygirl de Chiang Mai


Conductor precavido vale por dos... éste ya ha hecho la ITV del año 2555
(en Tailandia ya están en esas cifras)

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Las pasas que viajaron de Pekín a Bangkok

27 de Enero, 2012, 0:01


Ha llegado el momento de contar qué pasó con la bolsa de pasas que en el
grupo de Facebook de este blog se ha convertido en una historia con vida propia. Pero antes voy a poner en antecedentes a todos los lectores del blog, porque alguno de ellos igual no está en Facebook y no sabe de qué va la película... Aviso que, para no afectar demasiado a la intimidad de los protagonistas de esta historia, voy a cambiar los nombres reales de todos ellos.

Desde hace unos meses vive en mi casa, un poco en plan okupa, un amigo artista chino al que conozco casi desde que llegué a Pekín, llamado Florindo. Florindo estuvo casado con una tailandesa hace unos diez años, y tuvieron una hija, Zenobia, pero al final se divorciaron, la esposa regresó a Tailandia y se llevó a la hija con ella, por lo que Florindo la ve muy poco, una vez al año o incluso menos.

A finales de diciembre decidí viajar a Tailandia en mis vacaciones invernales y se lo conté a Florindo, quien dijo que, aprovechando la coyuntura, compraría algo para Zenobia para que yo se lo llevara, si tenía tiempo. Accedí muy gustoso, porque me pareció una buena ocasión de conocer una familia tailandesa en su salsa (Tailandia es tan turístico que es difícil conocerlo de verdad).

Mi alegría se transformó en terror cuando descubrí que el regalo que mi amigo Florindo había decidido entregar a su hija Zenobia era una bolsa de pasas. Aunque tras diez años en China entiendo que hay diferencias culturales y que a veces hay que aceptarlas con resignación, me pareció totalmente inaceptable y execrable un regalo tal, y así lo comenté en el Facebook, sin que el pobre Florindo se enterara.

Mis facebookamigos coincidieron en que Florindo se había "pasado" con las pasas, así que, armado de valor, me dirigí a mi amigo y le comenté: "Florindo, Florindo, a lo mejor deberías cambiar el regalo que le vas a hacer a tu hija a la que no ves hace más de un año". La respuesta de mi amigo fue contundente: "¿Por qué? ¡Ésas pasas son de las mejores!".

Intenté con paciencia -qué demonios, lo intenté a gritos- explicar a Florindo que ni unas pasas con sabor a frescor del Caribe podrían parecerle a una niña de 12 años como Zenobia un regalo aceptable, por más china que sea la mitad de la sangre que corre bajo sus venas. Finalmente, apenas unas horas antes de que Florindo emprendiera un viaje de negocios, cedió y me pidió acompañarle a un centro comercial para comprar a Zenobia otro regalo "por si acaso". La imagen de Florindo y yo, Conrado, eligiendo una joyita para Zenobia en una tienda era de lo más surrealista, parecíamos un matrimonio gayer en bodas de plata.

Parece ser que Florindo todavía quedó con algún remordimiento por mi culpa, porque cuando yo ya me encontraba en Bangkok aún me escribió un email pidiendo que por favor añadiera al pack de regalos un sobre rojo con dinero ("hongbao", típico presente a los niños chinos en Año Nuevo Lunar) con 1.000 bahts, que vienen a ser 200 yuanes, o unos 20 eurillos.

Con todo ello me dirigí a la casa de Zenobia en las afueras de Bangkok. La madre de Zenobia trabaja fuera de la capital tailandesa unos meses, así que la niña ha quedado bajo el cuidado del resto de su familia, que se compone básicamente de dos hermanos y de su madre, ya bastante mayor. Cada uno tiene una casa, pero las tres están en la misma barriada, en la localidad de Nonthaburi (afueras septentrionales de Bangkok).

Allí legué, y quedé bastante sorprendido, porque yo, que como todo el mundo tiene sus prejuicios, me esperaba encontrar unas casas muy humildes, quizá en un entorno rural con gallinas en el cuarto de estar y tal... Pero nada de eso. La primera casa que visité, la de uno de los hermanos, era un señor chalet de dos pisos con mueble bar y chimenea, lleno de libros y decorado con toda clase de antigüedades.


Este hermano, que se llama Eisenhower, es al parecer un alto responsable de una famosa cadena de hoteles internacional. Su hermano es director de arte de una agencia de publicidad tailandesa, todo un Mad Men local.

La casa de la abuela de Zenobia tampoco se privaba de nada: una tele de 50 pulgadas, un ordenador Mac que ya lo quisiera para mí... Decoración sencilla pero exquisita, nada hortera, y un ambiente agradabilísimo. Aunque yo actuaba de desconocido emisario -y emisario, además, de un ex marido- se me trató como un viejo amigo de la familia: fui invitado a comer comida de la abuela, recibí una pulsera de plata hecha también por la abuela, y hasta una agenda de la agencia de publicidad donde trabaja uno de los hermanos. Mucho presente, pero, eso sí,nada de pasas (si me llegan a regalar pasas también a mí, hubiera sido el despelote).

¡Las pasas! Con tanto agasajo casi se me olvidaron los regalos, y que se los tenía que dar a una niña llamada Zenobia. "¿Dónde está Zenobia?", pregunté, ocultando a duras penas semanas de ansiedad por ver qué cara pondría la chica al ver los regalos. "No está en casa, porque estudia en un internado, y sólo viene a casa los fines de semana", me explicaron. Qué rabia, mi tarea iba a cumplirse sólo a medias...

Para intentar compensar un poco esta decepción, le pedí a Eisenhower si por favor le podía hacer una foto con la bolsa de pasas, "para demostrar a Florindo que las habían recibido". La verdad es que la foto en realidad era para seguir aquí el cotilleo... Aquí tenéis el documento histórico.


Eisenhower posa con la bolsa de pasas en el cuarto de estar de su casa, junto a una repisa en la que tiene fotos suyas arrodillado ante el Rey de Tailandia, con una de las princesas... Esto imagino que es una muestra del fervor que los tailandeses sienten por su rey, figura intocable en el país. No sé si una foto del rey junto a una bolsa de pasas es considerable como delito en Tailandia, espero que no (y si lo es, por favor no digáis nada a ningún tailandés que conozcáis).

Que la niña estuviera en la escuela no significaba que no pudiera verla: Eisenhower se ofreció a llevarme al colegio para saludarla. Os juro que por un instante pensé en tomar la bolsa de pasas y dársela en mitad de la clase a la chiquilla, pero pensé que a lo mejor ello no sólo la traumatizaba por el pésimo gusto de su padre, sino también por la posible crueldad de los compañeros de clase, que a lo mejor desde entonces la apodarían "pasilla" o "uvaseca". Decidí cortarme un poco e ir con las manos vacías, ya recogería la niña los regalos el fin de semana.

Llegamos a la escuela, que estaba bastante cerca -curioso que esté allí internada pese a que esté al lado de casa, pero igual es una costumbre tailandesa- y allí estaba Zenobia, con sus trenzas, en clase de Geografía... con el retrato del rey Bumibhol presidiendo el aula, por supuesto...


Eisenhower pidió a la profesora que Zenobia saliera un momento del aula, y le saludé en chino, aunque ella, que siempre ha sido muy tímida, estaba realmente incómoda... Más que la bolsa de pasas, lo que le hizo pasar un mal rato ese día fue que un guiri extraño llegara a su aula peguntando por ella. En fin, le pregunté en chino -que se le ha olvidado bastante- si se acordaba de mí, pues no nos habíamos visto desde que tenía seis años (ahora tiene el doble). Le di saludos de parte de su padre, y le conté que le había traído unos regalos de Florindo, entre ellos "cosas buenas para comer". Zenobia volvió más que pitando y colorada a la clase, yo me despedí de Eisenhower, y le dije a Florindo que misión cumplida, aunque le comenté que no va a ser fácil que la bolsa de pasas y el resto de regalos convenzan a la niña de volver un día a China, porque la verdad es que en Nontabhuri tiene una vida bastante buena.

ACTUALIZACIÓN (1/2/2012): Podría haber secuela de la peli... Sigo en Tailandia y mi amigo Florindo -menudo jeta- me dice que a ver si puedo volver a casa de Eisenhower para llevarle de vuelta a Pekín unas fotos que tiene allí... ¡Joder, podría haberlo dicho antes, que Nonthaburi no está precisamente al lado!

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El incongruente sobre el río Kwai

26 de Enero, 2012, 0:01


Fifu, fi fi fi fu fu fuuuu... Aprovechando que está cerca de Bangkok, me he dado una escapada a la ciudad tailandesa de Kanchanaburi, donde se encuentra el famosísimo puente sobre el río Kwai, el de la película de los silbidos. Ahí arriba lo tenéis, y como veis sigue en uso, aunque fue reconstruido, porque los aliados lo bombardearon a finales de la Segunda Guerra Mundial. Aparte de ser un lugar muy turístico, es un sitio para la historia, porque allí murieron decenas de miles de soldados ingleses, estadounidenses, australianos, holandeses y de otros países que, como prisioneros de guerra de los japoneses, construyeron el puente y el resto de la vía férrea de la zona.

El puente es el gran atractivo del lugar, pero en mi opinión hay otro "monumento", justo a su lado, que le hace una fuerte competencia: el Museo de la Guerra Mundial (no se sabe cuál), que por su aspecto exterior debe haber sido construido por un chino-tailandés, lo cual lo hace encajar muy bien con este blog. En la entrada hay un gran dragón, que ahora que comienza el Año del Idem, también viene muy a propósito.


Os preguntaréis cómo un museo de la guerra tiene ese aspecto como de restaurante hortera de Cantón... Pero es que esta entrada ya os sirve para haceros una idea de cómo es un museo que no tiene ni pies ni cabeza, y que da la impresión de haber sido creado por un loco profundo.

La estructura del museo también tiene su punto de locura: son varios edificios, cada uno con una forma diferente, a veces unidos unos entre otros por pasillos, a veces no... Las escaleras están escondidas, según el piso las encuentras en un lado u otro de la habitación... Un verdadero despelote que podría haber sido ideado por el
arquitecto inútil de Asterix y Cleopatra. Hay gente que entra al museo y se queda sin ver nada porque no entiende por dónde están las exposiciones.

Pero bueno, explorando un poco se acaba encontrando todo... Uno de los edificios está flanqueado por personajes de la Segunda Guerra Mundial imitando en cierto modo a las figuras de los templos tailandeses. Aquí tenéis, por ejemplo, a Hitler y Mussolini...



El interior de este edificio es completamente borderline. La sala de abajo está empapelada de fotos e imágenes de guerras, pero todas mezcladas, sin apenas orden cronológico o de importancia... Al lado de una foto del bombardeo de Hiroshima puedes tener un grabado de las invasiones de Gengis Khan. En el centro de la sala destaca una caja que dice estar llena de huesos de 104 soldados que construyeron la línea férrea del famoso puente, y para demostrarlo colocan un puñado de huesos sobre la caja.

Viendo esa sala uno puede pensar que el propietario del museo quiere dar al lugar un tono serio y trascendental... hasta que sube al piso de arriba y se encuentra, de repente, con una galería de retratos al fresco de todas las Misses que ha tenido Tailandia en los últimos 50 años. ¿Qué tiene que ver eso con la Guerra Mundial? Decídmelo vosotros que yo no lo sé.



En ese mismo edificio, pero en un sótano bastante descuidado y escondido, está uno de los "platos fuertes" del museo, un diorama del bombardeo aliado del puente en el que han puesto, como han podido, unas cuantas estatuas cutrongas de soldados sangrando (uno de ellos, por no sé qué razón, tiene los genitales al fresco y enrojecidos).



Justo al lado, otro diorama muestra a prisioneros de guerra construyendo la vía, pero a la vez portando carteles con moraleja... A estas alturas uno ya ve que este lugar es un auténtico disparate.



Y la cosa sigue... En otro edificio del museo, el dueño, ya completamente desatado, se dedica a mostrar en vitrinas todo tipo de cosas que ha encontrado en el contenedor de su calle. Creo que se trata de un claro caso de síndrome de Diógenes que por lo menos ha intentado ser útil a la sociedad...



El resto del museo no es mucho mejor... Un cráneo de un elefante en un rincón, sin saberse por qué razón... colecciones de toda clase también sin aparente relación con la guerra (de billetes, de relojes, de arte chino)... una iguana gigante correteando por el patio... El responsable de este sindiós colecciona de todo, y todo lo quiere mostrar.

Como colofón de todo ello, a la salida hay una colección de calaveras de búfalo, y un mensaje exhortando al visitante que no mate búfalos. Primero: ¿De verdad cree el locatis éste que los turistas nos dedicamos a la caza del búfalo en Tailandia? Segundo: ¿No es un poco raro usar trofeos de caza para intentar que la gente no cace? En fin, sin comentarios, sólo digo que me gustaría hablar con el responsable del museo, debe ser un tipo con una mente... diferente.



En Kanchanaburi, además del puente sobre el río Kwai y del demente junto al río Kwai, hay también varios templos budistas con curiosas historias... Uno es el Templo de los Tigres, famoso porque los monjes conviven con estos felinos, para deleite de los turistas que se pueden hacer fotos con estos animales (deben drogarles para que no ataquen). Yo no estuve en este templo, pero sí en otro famoso del lugar, el de la Monja Flotante... Aquí abajo tenéis a la señora, que sabe hacer el muerto en muchas posturas diferentes, y cuando cambia de postura es aplaudida por los turistas (el espectáculo es un poco kitsch, encajaría perfectamente en el museo antes nombrado).


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Saludando al dragón en el país del elefante

25 de Enero, 2012, 0:01


Me encuentro, como de costumbre por estas fechas del año, huyendo del frío de Pekín, en esta ocasion en Tailandia, un país que ya conocía pero al que he decidido volver para encontrarme con algunas amistades y viajar con algunas otras procedentes de la capital china, como yo, aunque vendrán más tarde.

As
í, el Año Nuevo chino me ha pillado en Bangkok, pero no pasa nada, porque me he alojado en un hotel del Chinatown bangkokés (¿bangkokita? ¿bangkokense?) para vivir la festividad en toda su plenitud. Bueno, por eso y por no ir a Kao San Road, que me cansa un poco el ambiente hippy trasnochado que destila ese guetto.

En el Chinatown de Bangkok se ha cortado la principal calle (Yaowarat) al tráfico y se han dispuesto restaurantes y tenderetes a lo largo y ancho del lugar, decorado generosamente con farolillos rojos. Dicen por aquí que el Año Nuevo chino cada vez se celebra con más intensidad en Bangkok, y que a lo mejor es porque antes los chino-tailandeses eran más discretos con su cultura, no querían llamar la atención en un lugar extranjero, pero ahora con el ascenso económico y político de China se les ha subido un poco a la cabeza su chinidad y les gusta demostrarla mucho más. ¿Será así en otras latitudes?

Una cosa que me ha llamado la atención es lo mucho que los chino-tailandeses respetan la costumbre de vestir algo rojo en los primeros días del año, para atraer la buena suerte y espantar la mala. Calculo que uno de cada tres viandantes que se ven por la zona van de ese color.





Me ha hecho gracia porque hace dos años, os acordaréis, hubo graves revueltas en Tailandia, comandadas por los llamados "camisas rojas". Me he preguntado si alguna de las muchas camisas rojas que se ven por la calle estos días sirvió para esas protestas antes del actual uso festivo… De todas formas creo que los "camisas rojas" (en general, gente pobre y olvidada por anteriores gobiernos) no son un movimiento muy popular entre los chino-tailandeses (que generalmente son gente con negocios y adinerada, además de tener siempre muchos de sus miembros en el gobierno).

Señal de que los chino-tailandeses importan mucho en Tailandia fue que ayer, día de Año Nuevo, fueron a inaugurar el Festival de la Primavera dos princesas de la familia real tailandesa, entre ellas una –de cuyo nombre no quiero acordarme, pues los nombres tailandeses se las traen- que es especialista en cultura china, habla el idioma mandarín y viaja mucho a Pek
ín. Con ocasión de la visita, a todos los que por allí pasábamos nos dieron dos banderas, una azul y otra violeta (representando cada una a una de las princesas, porque cada miembro de la familia real tai tiene una banderola de un determinado color) y nos llevaron a ambos lados de la calle para dejar hueco a las dos mujeres.


Nos sentamos en la acera para ver el magno acontecimiento, y tras dos horas, ¡dos horas! pasaron las dos en un trenecito… y ahí se acabó el desfile, el más decepcionante que he visto en la vida. La policía nos prohibió terminantemente sacar fotos de las princesas, y a los extranjeros nos lo recordaron una docena de veces por si acaso.

En fin, la fiesta sigue por el Chinatown bangkokense-bangkokiano-bangkokita, a ver si hoy hay fuegos artificiales o algo. Os pongo unas fotillos más de la celebración, sobre todo sus detalles draconianos.




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Fin del viaje con anís

11 de Febrero, 2011, 0:01



La nevada que me recibió al día siguiente de regresar a Pekín y el aburridisssssimo parón informativo que siempre hay en China en torno al Festival de Primavera casi me han hecho olvidar del todo el viaje por Malasia y Sumatra, pero no quiero pasar a otros temas sin antes contar lo último que vi en esas vacaciones, quizá lo mejor de todo: Bukit Lawang.

Bukit Lawang es un pueblo de no creo que más de 1.000 habitantes en la orilla de un río. Su atractivo está en que se encuentra en el comienzo del parque nacional de Gunung Leuser, hábitat del único de los grandes simios que vive en Asia, el orangután (orangután en indonesio y malayo viene a significar "hombre del bosque").

Lo grandioso de este parque nacional es que su animal estrella no se esconde de los humanos, o por lo menos las varias decenas de orangutanes que están en semilibertad, es decir, que están en periodo de adaptación a la jungla después de haber nacido en cautividad o haber sido rescatados de alguna triste jaula.

Por ello, en un simple paseo de un día por la jungla, sin necesidad de adentrarse demasiado -pero eso sí, con un guía que sepa por dónde suelen moverse estos simios- puedes no sólo avistar varios, sino que incluso alguno se te puede poner a escasos palmos de ti, mientras se balancea por los árboles y las lianas como el mismísimo Tarzán.

Ir por la selva, que un guía te pida silencio, se aleje un momento y regrese perseguido por una orangutana con su cría en brazos, o una hembra en celo mientras le sigue un macho durante semanas, creedme, es un espectáculo que no tiene precio (para todo lo demás, MasterCard). Esos enormes animales, con unas caras tan expresivas y tan libres en lo alto de los árboles, los sonidos de la jungla, las hormigas gigantes, los interminables ríos de termitas, los gibones, los monos punkis... qué gran colofón del viaje.

Y sí, esto... ¡también se puede relacionar con China! En China no hay orangutanes, pero los grandes simios de Sumatra (que también viven en Borneo) están, como los osos panda chinos, en grave peligro de desaparición, debido a la pérdida de su hábitat. La principal amenaza a la jungla indonesia es la masiva tala de árboles en ese país, muchas veces ilegal, y muchas veces movida por el hecho de que China es uno de los mayores importadores de madera del mundo, al no tener los chinos demasiados bosques, e Indonesia es su principal vendedor.

Visitando Bukit Lawang uno puede aportar un poco de dinero a la conservación del hábitat del orangután y concienciarse de la necesidad de proteger a estos animales, así que os recomiendo que vayáis a un lugar donde tendréis una experiencia de las que te dejan la boca abierta (preguntad por el guía Pirman, el Félix Rodríguez de la Fuente indonesio).


Además, Bukit Lawang es un pueblo con una triste historia reciente -y similar a la de un pueblo de mi tierra, Biescas- al que hay que ayudar a recuperarse: en 2003, una riada mató a más de 200 personas del pueblo, causada precisamente por troncos de talas ilegales que formaron una presa en el río.



















Y ahora sí, el viaje c'est fini... Un vuelo en avión de bello y chino logotipo me devolvió a la fría Pekín...


...aunque para consolarme del disgusto, un enorme cartel en el techo de la moderna Terminal 3 del aeropuerto pequinés parecía colgado especialmente para mí, tras los calores del trópico:

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El paraíso batak

9 de Febrero, 2011, 0:01




No me oís desde allí pero estoy emitiendo un largo y desesperado suspiro de resignación... Mis vacaciones han terminado y hoy he llegado nuevamente a Pekín, con su frío y su grisura. Siempre cuesta el regreso, más desde el trópico multicolor, y me cuesta días, a veces semanas, volver a adaptarme.

El blog recuperará la temática china, pero ya que esta vez he ido contando con fotos mis escalas en el viaje vacacional, me parece que lo correcto es finiquitarlo, así que continuaré con la visita al Lago Toba, en el norte de Sumatra, uno de los paraísos del turismo asiático desde los tiempos de los hippies. Allí pasé unos plácidos días después de soportar Medan.

Dentro del lago hay una conocida isla, Samosir, donde viven los batak, un interesante pueblo de Sumatra caracterizado por sus cabañas con tejado en forma de canoa y su fervoroso cristianismo (la isla debe ser el lugar con más iglesias por metro cuadrado del mundo). Samosir, que es enorme, tiene pueblos batak de nombres sonoros y maravillosos, como Ambarita, Simanindo, Pangururan o Tuk Tuk, ésta última sin nada que ver con los pérfidos triciclos homónimos de Bangkok, afortunadamente.

Lo de los tejados-canoa, por lo visto, es un homenaje a las barcas en las que llegaron a Sumatra hace miles de años, según los expertos procedentes del suroeste de China, teoría que biene muy bien para que los batak no queden muy fuera de lugar en este blog. De hecho, muchos de los pueblos del sureste asiático tienen sus orígenes ancestrales en tierras del sur de la actual China, y emigraron más para abajo debido al empuje demográfico de los chinos originarios de la cuenca del Amarillo, más al norte.

Los batak eran caníbales hasta que fueron convertidos al cristianismo por unos misioneros alemanes (el origen germano de los evangelizadores explica que las iglesias batak parezcan una mezcla entre cabaña polinésica y ermita de los Alpes suizos). Antes de los alemanes lo intentaron unos misioneros estadounidenses, sin éxito (según una guía del museo local, probablemente los isleños se los comieron). Curiosamente, los misioneros alemanes provocaron que los batak dejasen de comer carne humana, pero a cambio se pusieron a comer carne de perro, una costumbre que continúa hoy y que explica que la isla tenga una población canina enorme (unos perros todos de la misma raza y muy tranquilones).

La carne humana los batak no se la ponían en los corn flakes cada mañana, sólo la comían como castigo a culpables de graves crímenes o traidores. La misma guía del párrafo anterior explica en el museo de Ambarita, con pelos, uñas y señañes, como se llevaban a cabo los juicios, las ejecuciones y los banquetes con carne de culpable. Es un poco gore pero vale la pena.

Hoy por hoy, los batak son una gente encantadora y simpática, que te saludan y dan conversación mientras paseas por la isla sin intereses económicos ocultos, y la isla es un remanso de paz sobre todo después de venir de la terrible Medan. Como me dijo uno al llegar: "Bienvenido al paraíso".






















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Cruzando el estrecho...

7 de Febrero, 2011, 0:01



Mis vacaciones continuaron al otro lado del Estrecho de Malaca, pues tomé un avión -no un barco a lo Sandokán, como hubiera querido, pues suspendieron el año pasado los ferries desde Penang- y llegué a la ciudad de Medan, en el norte de la isla indonesia de Sumatra.

Medan es una ciudad ruidosa, abrumada por el petardeo y el humo de sus motos, sin aceras para los peatones, sin tapas de alcantarilla, sucia y caótica. Creo que pocos viajeros dirán que les guste. Además, para mí fue una pesadilla porque me costó un mundo que me cambiaran allí los dólares por rupias indonesias: pasé por una docena de bancos y cambistas antes de que alguien aceptara mis aparentemente sospechosos dólares. Tan desesperado estuve que llegué a considerar irme de Indonesia el mismo día que llegué. Afortunadamente no lo hice, porque quitando Medan, el resto de lugares que han visitado me han encantado, e Indonesia me ha parecido un país más aventuresco para el viajero que Malasia, menos domado por el turismo.

Pese a que en Indonesia también hay una importante, y sobre todo muy influyente, comunidad china, no es tan notoria como la de Malasia, porque su porcentaje es mucho menor (un 3 por ciento o así, en un país que, con 250 millones de habitantes, es el cuarto más poblado del mundo). Vi alguno , no obstante, vacacionando, pues también los chinos de Indonesia celebraron estos días el Año Nuevo Lunar. Los chino-indonesios son importante parte de la elite rica del país, y controlan por ejemplo muchos bancos, así que imagino que a ellos he de culpar de la pesadilla de cambiar dinero en el país.

Pese a que Medan no sea precisamente mi ciudad favorita, os pongo unas fotos del lugar para ilustrarla. Si algún día llegáis a este país vía "Polonia" (así se llama el
aeropuerto de Medan, cuando lo pusieron en mi visa pensé que me habían tomado por polaco) no os achantéis: Indonesia es bestial.






















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Más paseos por Malasia

4 de Febrero, 2011, 0:01

Los últimos días, entre consultorio, temas egipcios, conejos y demás, no lo ha parecido, pero el caso es que yo sigo de viaje por el sureste asiático. Después de Singapur, Malaca y Kuala Lumpur, seguí por el norte de la costa este de Malasia, visitando lo más turístico del país, la isla de Penang, y dos localidades menos concurridas por los guiris pero también atractivas, Kuala Selangor e Ipoh. Para ilustrar el periplo pongo algunas fotos de estos sitios, en los que los chinos me continuaron "persiguiendo", como en las escalas anteriores:

KUALA SELANGOR: Es un pueblo a un par de horas en autobús de Kuala Lumpur, en la desembocadura del río Selangor. Es famoso porque el río está lleno de luciérnagas, por lo que en la noche, paseando por él, aquello parece la iluminación navideña de Madrid. Es bastante curioso, pero difícilmente fotografiable. En su lugar, os pongo una foto de los monos que hay en el parque que preside la ciudad, que también están curiosos. Pasear por la localidad estuvo bien para meterse un poco en un ambiente rural, después de visitar grandes ciudades como Kuala Lumpur y Malaca, ya que Kuala Selangor apenas son dos calles, y el resto son cabañas, campos, campesinos y pescadores. Lo curioso es que a pesar de ser un lugar pequeño y rural, conserva la estructura étnica de grandes ciudades como Kuala Lumpur o Singapur: los chinos viven en un barrio y lo decoran a su gusto, los indios igual y los malayos tres cuartos de lo mismo.










El Sol se pone en el Estrecho de Malaca.


IPOH: Esta ciudad tiene un casco histórico lleno de palacios y casas elegantes de estilo europeo, construidas sobre todo por los chinos que se hicieron ricos gracias al negocio del estaño, una de las grandes riquezas de Malasia. En Ipoh no se oye mucho mandarín, sino cantonés, ya que por lo visto ésa era la provincia de la que procedían muchos de los negociantes.


En esta calle, dicen los folletos turísticos, es donde los millonarios chinos
tenían a sus segundas esposas (sus amantes, vaya).
En Penang también hay una calle similar, pero la de Ipoh mola más.
El de la foto no sabemos de quién es concubina, pero lo averiguaremos.





La casa Dr Jeckyll y Mr Hyde de Ipoh:
por lo visto la dividieron entre dos, uno la cuida y el otro no...




PENANG: La isla de Penang, posiblemente el lugar más turístico de Malasia, es tan chino que a veces me preguntaba para qué demonios había hecho seis horas de avión desde Pekín. El 70 por ciento de los habitantes de esta isla son chinos, como en Singapur, y muchos de ellos de Fujian, por lo que su dialecto es el que más se escucha en la calle, y los templos son muy parecidos a los que hay en esa provincia o en la vecina Taiwán (por ejemplo, también los de Penang tienen una gran chimenea para quemar incienso). Los chinos de la ciudad se enriquecieron gracias sobre todo al comercio, dado que la ciudad era un puerto duty free, al estilo de Gibraltar (también fue idea de los ingleses, claro). Es una ciudad llena de historia, bonitos rincones, y en ella se rodaron dos pelis que no ocurren en Malasia: "Indochina" y "Ana y el Rey".


















Ésta chica posaba en el Museo Peranakan
(los Peranakan son los chinos de la Península Malaya)...


...y ésta se preparaba para posar en el mismo museo.








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Feliz año nuevo, viejos

2 de Febrero, 2011, 0:01

Se va el Año del Tigre y llega un animal aparentemente más pacífico, el Conejo (bueno, algunos dicen que es la Liebre, porque en esto del calendario chino hay varios años que aceptan distintas acepciones). Deseo que sus ágiles patas traseras os ayuden a saltar los obstáculos que vayan saliendo por el camino, que sus orejas os permitan escuchar las buenas oportunidades que aparezcan, y que sus grandes incisivos os sirvan para abrir las chapas de los botellines de cerveza.

A mí la entrada del año me sorprende en Sumatra, quién me lo iba a decir. Mi periplo comenzó ayer en la ciudad de Medan, abreviatura de la expresión indonesia "Medangan asdeman darosato dosato marporsaco", una frase que aprendí intentando cruzar sus calles o, peor todavía, conociendo a los kafkianos bancos y oficinas de cambio de moneda locales. No obstante, tras alejarme del lugar lo antes que he podido, he llegado al Lago Toba, donde la cosa ha mejorado ostensiblemente, y además en el trayecto en autobús he comprobado lo buena gente que son, por lo visto, los indonesios.

En lo poco que he conocido de este lugar, me ha parecido que la presencia china no es tan fuerte, o no se nota tanto, como en Malasia. No obstante, también se pueden ver algunos carteles deseando prosperidad ante el nuevo año chino, pero creo que en cantonés: "Gong Si Fat Choi", dicen ellos.

Pues lo dicho, que próspero Año del Conejo, y siguiendo la tradición de años anteriores, ahí va una buena colección de animales a los que este año les está dedicado especialmente:

   

   
   


 

   

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¿Kuala? La tía Pascuala

26 de Enero, 2011, 0:01






Sigo de viaje... Ahora estoy en Kuala Lumpur, la capital de Malasia, donde he pasado unos días esquivando motocicletas y perdiendo la esperanza de que los semáforos se pongan verdes para los peatones algun día (ya me rendí en Singapur, de hecho, y en Malaca casi no había semáforos, casi que mejor).

Kuala Lumpur es una ciudad del Extremo Oriente, con todo lo que ello conlleva: no esperemos un gran casco antiguo, pero ni en ésta, ni en ninguna del sureste asiático, ni de China, ni de Corea o Japón... (con contadísimas excepciones, como Pekín o Kioto). Sin embargo, Kuala tiene algún que otro atractivo, empezando por las imponentes Torres Petronas y alguna que otra mezquita, aparte de la vidilla de sus calles. Otro gran atractivo es que no se parece mucho ni en el clima, ni en el ambiente expat, ni en la actitud de los cazaturistas, ni en los atascos, a la horrenda Bangkok, pese a ser países vecinos. No parecerse a Bangkok es una gran ventaja en este mundo.

En Kuala Lumpur, que los locales llaman KL, se puede disfrutar otra vez esa curiosa mezcla de culturas china, india y malaya que ya vi en Singapur y en Malaca, aunque en esta ocasión, frente al claro dominio de los chinos en Singapur y casi diría que también en Malaca, en Kuala Lumpur son los malayos los que llevan la voz cantante, y los chinos e indios, fuera de sus barrios, pasan más desapercibidos. Los indios, especialmente, están algo out en KL. Hoy fui al cine a ver "El Turista", ya que estoy de turismo, y la peli estaba en el sonido inglés original con subtítulos en malayo y chino, pero nada de lenguas indias.

Cosa curiosa de Kuala Lumpur es que en el barrio más rico de la ciudad (Torres Petronas y alrededores) se ve un nutrido turismo de países musulmanes, mucho viajero kuwaití y saudí acompañado de su señora cubierta totalmente de negro y pasando un calor que no me quiero ni imaginar. Me resulta curioso el hecho de que a los musulmanes les guste hacer turismo también por países fieles a Alá... Supongo que será por el tema de tener mezquitas cerca y comida halal, pero no deja de sorprenderme, es como si los de países católicos sólo fuéramos a las Filipinas cuando fuéramos al sureste asiático...

Ahí van unas fotos de Kuala Lumpur para ilustrar el lugar:














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El pasado de Malaca
y el futuro del resto

24 de Enero, 2011, 0:01

Tras un paseo por Singapur, ciudad de la que puse unas fotos en el blog la semana pasada, he entrado en Malasia y he pasado las primeras jornadas en este país en la ciudad de Malacca (o Malaca, o Melaka, pero nunca Málaga), una de las que más historia tiene en todo el sureste asiático.

Además de ser un lugar bonito y agradable para pasar unos días (aunque su tráfico es bastante agobiante, la verdad) la ciudad ha tiene un bagaje de lo más interesante. Es, posiblemente, uno de los pocos lugares de Asia que ha sido colonia de tres países europeos, y cada uno de ellos la dominó más de un siglo: primero los portugueses en los siglos XVI y XVII, después los holandeses en el XVIII, y finalmente los ingleses en el XIX y XX (fechas a ojo, pilladas del museo local).

Todos ellos dejaron alguna cosilla: aún hay una población descendiente de portugueses que habla en esa lengua (aunque no los reconoceréis por su aspecto, de cara son totalmente malayos), el inglés es la lingua franca, el principal monumento de la ciudad (el Stadhuys) es holandés... Sin embargo, está claro que quienes salieron victoriosos de tantos siglos de guerras, sitios y alianzas, no fue ninguno de estos tres pueblos europeos, sino... los chinos.

Basta con pasear por la ciudad y ver que podría ser una más de China. La mayoría de las tiendas son de ellos, el idioma que más se oye es el mandarín, y estos días próximos al Festival de Primavera, hay más farolillos rojos por metro cuadrado allí que en la mismísima Pekín.

Esto me hace pensar mucho en el mundo actual, en el que mucha gente tiene miedo al ascenso de China, mientras ésta se defiende diciendo que su desarrollo es pacífico... Yo creo que los chinos han aprendido mucho de su historia, y han visto que en lugares como Malasia (donde son el 40 por ciento de la población y dominan buena parte de la economía) se asentaron y triunfaron a su manera, sin pegar un solo tiro.

Es posible, y deseable, que en el futuro también sea así: estarán más presentes en muchos países, pero con tiendas, no con fortalezas ni cañones como los que portugueses, holandeses e ingleses construyeron y destruyeron en Malaca.

Y para terminar esta malaya disquisición, os pongo unas fotos que hice del lugar:









































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Huyendo en espiral

19 de Enero, 2011, 0:01

De Singapur he partido para Malaca, donde paso mi primer día en Malasia. Aquí la presencia china sigue siendo muy fuerte, la mayoría de los negocios son de ellos y con eso de que llega pronto el Año del Conill está todo también muy adornado a la manera china. También aquí se habla mucho mandarín, por cierto, aunque a diferencia de Singapur, se escribe más con caracteres tradicionales, como en Hong Kong y Taiwán.

Una cosa que me ha llamado la atención tanto en Malaca como en Singapur son las escaleras de incendios que muchas casas de tres o cuatro pisos tienen en su parte trasera. Suelen ser de escalera de caracol exterior, y los singapureses, por supuesto, las pintan en vivos colores.

Os pongo tres fotos de este pequeño detalle, que a mí me ha llamado la atención:








(la de mi hostal actual...)





También me ha gustado encontrarme una estatua del colombiano Fernando Botero en el Boat Quay, uno de los rincones más conocidos del centro de Singapur. Ya sé que en Europa lo tenéis más que visto, pero es la primera vez que me encuentro una de sus rollizas figuras por Asia. Y con esto me despido por hoy, que hay que seguir explorando.

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Singapur tiene un color especial

17 de Enero, 2011, 0:01




Estoy en Singapur, el otro país donde el chino es idioma oficial. En realidad sólo es una escala antes de Malasia, que es mi verdadero destino para descansar y olvidarme del estrés, pero me he topado con que esta ciudad es más interesante de lo que pensaba.

Me imaginaba que Singapur sería un poco como Hong Kong, una jungla de rascacielos y centros comerciales, y en efecto, así es, pero este dragón asiático tiene su propia personalidad, por lo que he podido ver.

Para empezar, conserva bastante la herencia que dejaron los briténicos, casitas bajas con contraventanas y fachadas clásicas. Pero además, en Singapur han pensado que lo mejor para que un lugar sea bonito es pintar cada casa de un color. El resultado es espléndido, y además todas las casas parecen recién pintadas, aquí Titanlux debe hacer un negocio de lo más pingüe. Yo hace tiempo que pienso que a muchas ciudades feas les bastaría algo así para cambiarles completamente la fama.

Además Singapur es una ciudad multiétnica, en la que los chinos son mayoría pero también hay bastantes indios y malasios, y cada uno de los tres tiene un pequeño barrio que los representa: Little India, Chinatown y la zona de los alrededores de Arab Street. Aunque los tres están formados de las casitas de colores que mencionaba, cada uno le ha puesto su propia personalidad, con magnífico resultado, sobre todo los indios, que tienen un barrio muy animado (he de decir además que estos indios, en lugar de estar todo el rato abordándote en busca de negocio como pasa en otras partes, aquí pasan de ti, lo cual es muy de agradecer).

Mientras paseaba por cada barrio, me ponía a pensar si se podría hacer algo así también en España, aunque fuera para atraer turistas... qué se yo, me imagino un Aragontown en Barcelona, con puestos de Frutas de Aragón servidos por gente en cachirulo, o una Muñeiraville en Zaragoza con gallegos respondiendo con preguntas... ¿Por qué no lo hacemos nosotros también?

Bueno, volviendo a Singapur, al colorido mencionado hay que añadirle el hecho de que tanto indios como chinos están celebrando estos días festividades varias (los hindúes tienen a la vez dos fiestas cuyo nombre no recuerdo, y los chinos de Singapur celebran durante varias semanas el Año Nuevo Lunar, con bastante más pasión que en la propia China). Sus barrios están decorados para la ocasión, lo que da aún más pintoresquismo -valga el palabro- al lugar.

Ello no quita que el resto de Singapur que he visto sea lo de siempre en las ciudades ricas de Asia: rascacielos, chicas vestidas como si fueran a una boda cada día, y un iPad en cada mano, o lo que sea que esté de moda en estos momentos.

Se habla mucho inglés, pero con acento indio (incluso a los chinos se les ha pegado) y yo no lo entiendo muy bien, aunque hay que decir que yo el inglés que mejor entiendo es el que hablamos los españoles, lo cual no es mucho decir a mi favor. En Singapur, claro está, también se habla mucho chino, aunque me ha sorprendido que en la mayoría de los casos se usa el mandarín, lengua del norte de China, cuando yo pensaba que la mayoría de los chinos de Singapur venían del sur de China. A lo mejor es que cada uno tiene un dialecto sureño para hablar con su familia pero en público hablan mandarín para entenderse todos.

Bueno, sólo llevo en Singapur un par de días así que no voy a pontificar más de un sitio que en realidad no conozco, así que en lugar de ello os pongo unas fotos que he tomado de la ciudad.





































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Este blog -sorpresas te da la vida- recibió el premio Blasillo de Huesca 2006 al ingenio español en Internet

Y como no hay uno sin dos, fue galardonado poco después con el Premio 20 Blogs 2006 al mejor blog expatriado

Y agárrate bien a la silla, porque más de un lustro después, llegó el Premio BOBs 2012 al mejor blog en español




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