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18. Sureste asiático


Mohammed Alita

20 de Noviembre, 2016, 0:01

¿Qué tal estáis? Yo, como bien habréis notado, llevo unos días algo ociosos en el blog y también fuera de él, ya que disfruto de unas inusuales vacaciones novembrinas. O no tan inusuales, pues el año pasado también las tuve, y en las dos ocasiones mi destino han sido las Filipinas, con el objetivo claro de huir de los primeros fríos pequineses y buscar el solaz de las paradisíacas playas de la excolonia española (el año pasado estuve en Boracay, esta vez fui a El Nido).




Le he tomado cariño a las Filipinas, país que ya he visitado en tres ocasiones. Cierto es que su capital, Manila, es algo dura de soportar, con sus eternos y ruidosos atascos, pero ello se compensa con el hecho de que la gente del país es magnífica, sus playas son las mejores que he visto en mi vida, y ese poso de cultura hispana que tiene el archipiélago (como ya expliqué el año pasado) me hace a veces pensar que estoy en una segunda casa (o tercera, pues la primera sería España y la segunda China).

En aquel post del año pasado que os acabo de enlazar cité varios ejemplos que demuestran que Filipinas tiene todavía cosas que la vinculan aunque sea un poco con España, y también con Latinoamérica. Quizá podría haber añadido otro punto, aunque quizá no sería demasiado positivo para ninguno de los lugares comparados: el gusto de Filipinas, como en España, por los espectáculos en los que mueren animales. Sin embargo, en las islas bautizadas en honor del rey Felipe II no hay corridas de toros, que yo sepa, sino que el espectáculo por excelencia, casi su deporte nacional (con el permiso del baloncesto y del boxeo de Manny Pacquiao) son las peleas de gallos, que si no me equivoco también gustan en algunos países latinoamericanos.



Esta foto y las siguientes las tomé en la televisión de mi hotel, ya que en este viaje descubrí con gran sorpresa que las peleas de gallos se televisan, y es más, es posible que haya un canal dedicado íntegramente o casi íntegramente a ellas (al menos vi que en ese canal se podían ver estas peleas avícolas tanto por la mañana como por la noche, no sé si entre medias había más aún).


Los presentadores del canal, que entrelazaban con gran soltura frases en tagalo y en inglés,
como se suele hacer en muchos programas filipinos de radio y televisión.


Si me sorprendió no es porque sea especialmente antigallino (esta palabra la acabo de inventar tomando como modelo el término "antitaurino", tan de moda), sino porque las peleas de gallos no son precisamente un show que dé para mucho espectáculo en la pequeña pantalla.

Por lo que pude ver, las peleas duran como mucho 20 segundos: a los dos o tres picotazos, ya hay uno de los gallos que se rinde, quedándose agachado y paralizado, o peor aún, muerto, y con una competición tan fugaz, ni hay tiempo para analizar los lances de cada bicho, ni de sacar conclusiones sobre sus técnicas, ni nada de nada. Es un combate de lo más insulso, en el que seguramente el único interés está en apostar por uno de los dos gallos, cosa que hacen con gran pasión los espectadores de estas peleas.


La liga nacional de peleas de pollos tiene su propio logotipo y todo

Quizá otra cosa que hace atractivo esto de las peleas de gallos en Filipinas es que es un deporte bastante abierto a la población en general, en el sentido de que debe ser relativamente sencillo poner uno de tus animales a competir, aunque sea en ligas locales. Esto me lo imaginé porque entre pelea y pelea televisiva, en el canal éste ponían anuncios en los que ofertaban a los telespectadores medicinas especiales para convertir a un gallo en una máquina de matar.




Los anuncios eran fascinantes, de puro cutres: los pollos a los que se les inyectan estas medicinas -que me temo que son doping puro- no son precisamente los actores más expresivos del mundo animal, así que para mostrar que con los fármacos anunciados habían logrado mejorar su rendimiento se les ponían capas de supermán, se trucaban brillos asesinos en los ojos o les mostraban peleando con onompatopeyas semejantes a los de la antigua serie televisiva de Batman.




En fin, que me pasé un buen rato viendo un show televisivo de lo más friki. Aunque después, mirando la versión filipina de CNN, vi algo todavía más raro: un líder corrupto de Filipinas (el máximo representante de la policía nacional, o algo así) que estaba acusado de corrupción y anunciaba públicamente que estaba dispuesto a ir a la cárcel. En esto sí que no se parecen los filipinos a su antigua metrópolis española.


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¿Qué nos queda en Filipinas?

11 de Diciembre, 2015, 0:01


Estatua en honor a Felipe II en Manila.


Filipinas es a veces la gran olvidada del sureste asiático, porque está un poco más para allá que Vietnam, Tailandia, Camboya y otros populares destinos, o también porque su carácter insular dificulta viajar a ella y por ella. Además, el país, católico como los de Europa Occidental y colonizado durante siglos, no tiene ese halo exótico de templos budistas, ruinas selváticas y cosas así que atraen a los viajeros de esta zona, sobre todo a la península Indochina.

De todos modos, para nosotros los españoles e hispanoamericanos, Filipinas tiene un atractivo muy importante e injustamente olvidado: Filipinas fue una colonia española durante más de 350 años, una de las últimas que perdimos, así que estamos unidos a ella por la historia, incluso aunque en ella hubiera capítulos tristes y crueles. Filipinas es lo más cercano a nosotros que podemos encontrar en Asia, con el permiso de los restaurantes de paella de Sanlitun, y por eso es casi un pecado que un turista español no incluya Filipinas en sus itinerarios por Asia Oriental (o que cuando lo haga sólo sea para bañarse en sus playitas, por muy paradisíacas que sean, y lo son).

Por otro lado, está bastante extendida la idea de que en Filipinas no quedó apenas nada de aquella época colonial hispánica, ya que Filipinas fue en el siglo XX colonia estadounidense, o a que el idioma español no se implantó como en Latinoamérica. Y es cierto, Filipinas no está tan culturalmente entrelazada con nosotros como lo están españoles e hispanoamericanos. Pero no por eso debemos pensar que no hay absolutamente nada hispano en las islas bautizadas en honor de Felipe II: con interés y los ojos abiertos, cualquier turista español verá nexos comunes. Vamos a ver algunos ejemplos de herencias que quedaron:

1- Los nombres de la gente: Aunque hay algún que otro Michael o Lewis de la época estadounidense, los filipinos han mantenido la costumbre de utilizar nombres claramente españoles para bautizar a sus hijos, y los apellidos también suelen proceder de tierras ibéricas. No hay más que recordar a famosos personajes recientes de la historia filipina, como Imelda Marcos, Corazón Aquino o su marido Benigno Aquino para confirmarlo, y no son excepciones, la mayoría de la gente tiene nombres españoles. Se mezclan a veces con apellidos que sí suenan oriundos de Filipinas (por ejemplo, la expresidenta Gloria Macapagal Arroyo). Notaréis los que viajéis a Filipinas que allí todavía se usan muchos nombres que en España quedaron algo pasados de moda, al estilo de "Aniceto", "Romualdo", "Fulgencia" y cosas así. Otra circunstancia que me llamó la atención es ver algún nombre con un género poco habitual en España, del tipo de "Susano" o "Sonio".


Cartel de propaganda electoral.



2- Muchas palabras sueltas: El idioma oficial de Filipinas es el tagalo, una lengua que -sin tener yo mucha idea de filologías del Pacífico- suena parecido al malayo o a las lenguas de Indonesia, pero tiene la gracia de que de vez en cuando salpimenta las frases con alguna que otra palabra española que heredaron de los colonizadores. Los números, los meses del año, los días de la semana y muchas otras cosas provienen de la lengua cervantina. Más curioso aún, los filipinos escriben muchas de estas palabras prestadas a su bola, como a ellos les sonaron y adoptadas a sus reglas ortográficas. Así, por ejemplo, al automóvil lo llaman "kotse", al carro "karwaje", al avión "eroplano", o al desayuno "almusal". "Siguro" significa "tal vez", y para decir "seguro" lo que usan es "nakasisiguro". El español está todavía repartido en pequeñas píldoras del habla filipina, aunque debe reconocerse que cuando oyes conversar a los filipinos, lo hacen tan rápido que es raro que pilles al vuelo alguna de esas expresiones de castellano antiguo.

Una cosa graciosa que me pasó, al hilo de esto, es que cuando monté por primera vez en los jeepneys, los improvisados autobuses en Filipinas, no sabía como había que hacer para decirle al conductor que se detuviera con el fin de apearme, y tímido yo, me salté mi lugar de parada varios kilómetros. Cuando más apurado estaba, otro viajero gritó simplemente: "¡Para!", así, como suena.

Ah, y en el sur de Filipinas, en la zona musulmana de Zamboanga, hablan un dialecto llamado "chavacano" que también mezcla español con palabras filipinas, pero frente al tagalo conserva mucho más vocabulario castellano, hasta el punto de que los españoles podemos entender mucho si lo oímos.



No debe olvidarse, por último, que en 1898, cuando EEUU nos quitó las Filipinas, el español era hablado por las elites de esas islas, y así por ejemplo el héroe de la independencia filipina, José Rizal (fusilado por los españoles) era un escritor en español, el idioma en el que compuso su famoso poema "Mi último adiós", escrito poco antes de ser ejecutado.



3- La arquitectura: Filipinas es un país que ha sufrido centenares de terremotos, tifones y otros muchos desastres naturales que han dejado en pie muy pocos edificios antiguos, y encima ciudades como Manila fueron salvajemente bombardeadas en la Segunda Guerra Mundial por japoneses y estadounidenses. Sin embargo, aún quedan en pie por todo el país sobre todo muchas iglesias construidas por los españoles, que recuerdan más a los templos católicos de Latinoamérica que a los de España, pero en todo caso nos van a sonar familiares a los turistas hispanos. En Manila, el barrio de Intramuros, aunque está casi todo reconstruido, va a recordarnos a España más que ningún otro rincón de todo Oriente (es más, a mí me recordaba al País Vasco o a Navarra, ¿será porque las Filipinas las conquistó el guipuzcoano López de Legazpi?






4- La música y el baile: A ver, la música que más vais a oír si viajáis a Filipinas es el pop norteamericano más mainstream, muchas veces interpretado por excelentes bandas locales. Casi se podría decir que no hay música tradicional filipina, pero algo queda, y lo que hay suena tan español que os vais a quedar alucinados. Así me quedé yo, por lo menos, cuando en este viaje fui a cenar al restaurante Zamboanga, en el centro de Manila, donde te ofrecen una actuación de música tradicional, y tras una primera parte de música prehispánica (que sonaba muy parecida a la música javanesa o incluso a la balinesa) empezaron a cantar habaneras o hasta a bailar jotas acompañadas de repiques con castañuelas de bambú y acabando cada baile con un sonoro "¡Olé!". Todo ello con sonido de bandurrias.







5- La comida: La comida filipina tiene notables parecidos con la de otros países de la región: gusto por los sabores dulces y picantes, mucha carne a la brasa, fideos, arroz... Pero al mismo tiempo tiene claras herencias hispánicas. Que los principales guisos de carne se llamen, por ejemplo, "adobo" o "kaldereta", por ejemplo, no nos deja ninguna duda. O que les guste desayunar un embutido llamado "longganisa", regalar cajas de "ensaymadas", comer polvorones en Navidad o acompañar todo con un pan que ellos llaman "pandesal".


Restaurante de la cadena filipina "Kusina".

Uno de los postres que más me gustan de los filipinos es el "leche flan", dicho así, en ese orden, aunque también es bárbaro su "mais con yelo". Los calamares los llaman de la misma forma que nosostros, y los fríen a la romana, algo que en el resto de Asia raramente verás.

Ojo, que algunos dirán aquí: "Además los filipinos beben cerveza San Miguel", y es cierto, pero esa cerveza no fue desde España a las Filipinas, sino al revés: la crearon empresarios españoles en Filipinas.



6- Las barajas: Bueno, esto no es verdad del todo, los filipinos juegan a las cartas con barajas de póker, pero en mi primer viaje a Manila en 2006 descubrí en algunos puestos callejeros que vendían como una antigüedad barajas muy parecidas a las nuestras de Heraclio Fournier, con sus oros, copas, espadas y bastos. Esta vez intenté encontrarlas nuevamente para hacerme con una, y pregunté por ellas en varios sitios, pero lo cierto es que no las he vuelto a ver, así que no estoy seguro de que este punto sea muy destacable, aunque sí tiene su curiosidad.


Y eso es todo lo que he podido encontrar en los pocos días que estuve, que seguro que algo me dejo... En resumen, que alguna cosa dejamos de nuestra cultura en esas islas de playas tan pluscuamperfectas. A cambio ellos nos exportaron a Luis Eduardo Aute y a Isabel Preysler, pero en fin, esa es otra historia.

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El otro barrio de Manila

8 de Diciembre, 2015, 0:01







Manila, como os mencionaba en el post anterior, no es una ciudad reposada que digamos. Es, con diferencia, la urbe más densamente poblada del mundo, y eso lo puedes notar por ejemplo intentando viajar en su metro, donde estás tan entrelazado con los cuerpos de los demás viajeros que hay unos vagones para hombres y otros para mujeres. Del mismo modo, en la hora punta de la tarde, a eso de las 5 o las 6, se desencadena en las calles una tremenda locura de jeepneys y automóviles con gente saliendo del trabajo.

En esa estresante ciudad, el único "barrio" donde pude respirar paz, y quizá la zona donde vi mejores viviendas, fue, irónicamente, el cementerio chino de Manila. Ese cementerio es una de esas cosas que salen en todas las guías de viaje sobre Filipinas, y que en mi primera visita a la ciudad hace 10 años deseché, porque me pareció un poco chorras, pero en esta ocasión, por ver algo nuevo y relacionado con China, decidí visitar, llevándome una enorme sorpresa.

Me imaginaba antes de ir que sería un lugar de pequeñas y vistosas tumbas de mármol con flores y jardines, como algunos que he visto en China o en Japón, pero no, el cementerio chino de Manila es bastante más especial que eso, porque sus difuntos inquilinos descansan en verdaderos chalets que se hicieron con la creencia de que serían su confortable hogar en el otro mundo. La mayoría de esas casas, de un nivel superior a la media de las que se suelen ver en el resto de la ciudad, tienen baño, y alguna que otra tiene aire acondicionado, balcón o terraza. El cementerio, en consecuencia, parece una zona residencial de clase media alta, que más aspecto de barrio pijo que de camposanto. Las calles más tranquilas de la capital, las casas de mejores materiales, los mejores diseños arquitectónicos...




(El humo del fondo es de uno de los tres grandes incendios
que hubo en la ciudad en los tres días que la visité).








En este cementerio yacen muchas familias de manileños de ascendencia china, gente en general con bastante dinero, pero cuyas casas cuando están en el mundo de los vivos no son ni mucho menos tan ostentosas como éstas (parece que ahorran casi toda su pasta para tener una buena casa en la otra vida, que para eso es más larga). El cementerio chino, de hecho, contrasta enormemente con el barrio chino de Manila, que a mí me pareció precisamente de los más feos de la ciudad.

No hice fotos del interior de estas "casas", porque me da un poco de yuyu perturbar a los que descansan eternamente, pero os contaré que en casi todos esos mausoleos yacen matrimonios, y que al parecer el cementerio prohíbe, quizá para hacer mejor negocio, que diferentes generaciones de una misma familia estén en el mismo mausoleo. Hay alguna excepción ilustre, pero casi todas las tumbas son de parejas, salvo algún mausoleo de mujeres solteras (no vi ninguno de hombres solteros). Eso sí, en algunos casos hay tumbas de un marido flanqueado por dos tumbas: la de su esposa oficial, y la de su amante, muchas veces conocida y aceptada por la esposa. Hay tumbas budistas, cristianas, alguna taoísta, pero casi todas siguen la regla de que el marido está a la izquierda, la esposa a la derecha, y tras ellos hay una puertecita que da a un baño para uso exclusivo de ellos.

Casi todas las familias con parientes en este cementerio contratan a cuidadores de las tumbas, para que los difuntos tengan su vivienda limpia y bonita. No se trata de que haya flores frescas, como en los camposantos occidentales (de hecho casi no vi flores), sino de que, por ejemplo, no haya una baldosa suelta, una puerta que chirríe al cerrar, o unas paredes despintadas. En una de las casas, por ejemplo, vi a dos de estos cuidadores subidos al tejado y repintando: me contó alguien que hacían ese trabajo todas las semanas.





Quien me contó eso y otras cosas fue uno de los guías del cementerio, llamado Jun Salvador, un señor mayor muy entetenido y que me cayó en gracia porque me lo explicaba todo empezando las frases con "Sir Antonio". Al terminar la visita -pagada, tenéis que regatear precios si vais- me pidió que le recomendara a él ante mis amigos, así que cumplo lo prometido y os animo a que si vais a ese cementerio os dejéis guiar por el señor Jun, que os contará muchas cosas que no se ven a simple vista. Su teléfono es el 0918 365 2748, pero no le llaméis todos ahora, a ver si se va a asustar.

PD: En el cementerio además se rinde homenaje a algunas figuras de la comunidad china de Filipinas, cosa que quizá es bueno recordar en este momento en el que chinos y filipinos andan un poco enfadados mutuamente por los conflictos marítimos en torno a las islas Spratly. El propio Jun me contó, cuando le dije que yo vivía en Pekín, que los chinos les habían quitado muchas islas últimamente (aunque admito que al resto de filipinos, cuando les mencioné China, no comentaron nada malo de ella).

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Manila perdida y recuperada

6 de Diciembre, 2015, 0:01

Antes de empezar este post, doy por concluido el concurso de la entrada anterior dando por ganador del mismo al gran Adrián Martínez, que acertó todas las preguntas planteadas menos la última (las soluciones completas, si os interesaran, las pondré en los comentarios a ese mismo post). He de confesar que Adrián fue el único participante: el concurso requería algo de tiempo y esfuerzo, al parecer, y en estos tiempos que corren son bienes muy preciados. En fin, Adrián, muchas felicidades, te lo has ganado doblemente por el acierto y por el esfuerzo. Contacta conmigo por email (chinochanoblog@gmail.com) para concretar cómo te mando el premio. Del que te adelanto, por cierto, que pese a lo prometido en el concurso, no vas a poder escoger color: la única pulsera Xiaomi que había en el centro comercial de al lado de mi casa es negra, así que negra te la voy a mandar.



Con los tres últimos posts doy por más que concluidos los fastos por el décimo aniversario de Chinochano, aunque he de decir que mis próximos posts tienen también aroma de hace una década, porque van a ir sobre las Filipinas, país que acabo de visitar por vacaciones y en el que, curiosamente, estuve con anterioridad precisamente hace casi 10 años, en enero de 2006. La primera vez que este blog se fue de "viaje", por tanto, fue cuando lo escribí desde Filipinas, aunque en aquel entonces era yo muy radical, en el sentido de que no quería hablar de otros países en el blog, así que no os conté entonces mucho de mi experiencia filipina.

A mi parquedad de entonces influyó quizá también que de aquel viaje perdí casi la totalidad de las fotos que hice por un fallo tonto que tuve a la hora de hacer "limpieza" en mi ordenador. Apenas me quedaron unas pocas fotos en blanco y negro que tomé entonces con una cámara de un amigo. Así que cuando las veo dudo de si estuve en Filipinas en 2006 o en 1956...




Entenderéis por tanto que en el viaje recién terminado, he guardado mi cámara con extremísimo celo, he tomado especiales precauciones para no volver a perder las fotos, y al menos en Manila (a los otros sitios que visité en 2006 no he vuelto en esta ocasión) me di un paseo por muchos lugares visitados hace casi 10 años para poder volver a verlos y fotografiarlos, porque precisamente al no tener instantáneas de ellos se me habían borrado casi de mi memoria. Y a continuación os pongo una buena ratahíla de fotos que tomé, no sólo para no olvidar diciembre de 2015, sino también para recuperar enero de 2016.


Pintada con grandes símbolos filipinos: José Rizal (el Bolívar patrio),
los Aquino, y el boxeador Manny Pacquiao, por supuesto.


Parque de Rizal. Al fondo, un incendio: estuve tres días en Manila, y en los tres hubo grandes incendios,
cuyo humo se veía a kilómetros de distancia.
Uno de ellos fue en el zoo de la ciudad, al lado de donde me hospedaba.


Los jeepneys, ruidoso símbolo de la ciudad más densamente poblada del mundo y más atascada en lo que a tráfico se refiere.
En esta ocasión me pareció una ciudad algo más vivible que en 2006,
quizá porque he estado en ciudades "peores" en cuanto a tráfico y atascos (Yakarta, El Cairo, Medan...).



Intramuros, el barrio español de Manila, creo que mucho más restaurado y bonito que hace 10 años.


San Agustín, la iglesia más antigua de Filipinas (o de Manila, no recuerdo bien).


La Catedral de Manila.


Los triciclos: muy pesados son sus conductores con el turista, pero me sacaron de más de un atasco, tanto ahora como en 2006.



Típicas calles de Manila, aunque las hay también de rascacielos y grandes centros comerciales.
Me sorprendió ingratamente algo que no recordaba haber sentido hace una década:
el fuerte olor a orina de muchas calles, consecuencia de la muchísima gente que vive sin techo.


Más fotos de Intramuros y alrededores, con un aire que más que español
me pareció del norte de España, como de caseríos.




Barrio chino de Manila.


Iglesia de Santa Cruz, y a continuación, la de Quiapo.


Al fondo, la iglesia de San Sebastián, que los españoles, hartos de que se les quemara,
acabaron edificando en hierro.


Paseo marítimo... Las mejores puestas de sol de una ciudad asiática, tanto en 2006 como en 2015.



Os he dicho que perdí casi todas las fotos de Filipinas hace 10 años, pero que no todas: aparte de las imágenes en blanco y negro que os comenté, conservé unas pocas en color del último día que pasé entonces en Manila, y en el que caminé al lado de otra de las muchas iglesias de la ciudad, la de Binondo, con su famoso campanario-pagoda. Por ello, puedo poneros a continuación una foto tomada en 2006 y otra de 2015 para comprobar que el edificio ha sido radicalmente restaurado (y no sé yo si el resultado ha sido del todo bueno, la verdad).


Enero de 2006


Diciembre de 2015

Una cosa que me pareció muy curiosa: en el lateral de la iglesia, tanto ahora como hace 10 años, hay aparcado un coche de bomberos morado y tuneado con llamitas. Me sorprendió mucho el hallazgo, y aunque no es exactamente el mismo vehículo de 2006, me sirvió un poco para unir espiritualmente ambas visitas.


Enero de 2006


Diciembre de 2015

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Diez años de panqueques inolvidables

19 de Febrero, 2014, 0:01


Primera foto que tomé en Vietnam, en febrero de 2004.


No recuerdo si fue exactamente tal día como hoy, pero sé que fue por estas fechas, en los días previos al Año Nuevo Chino de 2004. Tras un interminable viaje en autobús desde Yangshuo a la frontera chino-vietnamita en el que casi fenezco de frío, llegué a una garita donde un soldado chino me revisó el pasaporte de forma rutinaria. Tras permitirme el paso, caminé unos 50 metros, a otra garita, en la que quien me esperaba era un soldado vietnamita. Entraba así por primera vez -y a pie, qué gozada- en el sureste de Asia, una región que desde entonces ha sido uno de mis lugares favoritos para descansar, relajarme, olvidarme del estrés y ver mundo.

Diez años, más o menos, separan ese viaje del que hice hace unas semanas por Java y Bali, del que os he hablado en los posts más recientes. En ese tiempo he visitado, además de Vietnam e Indonesia (en dos ocasiones), Laos, Birmania, Camboya, Malasia, Singapur, Filipinas y Tailandia (en cuatro ocasiones, aunque dos de ellas fueron más bien de pasada). Empezando por Vietnam y terminando por Bali, se podría decir que he completado lo que algunos mochileros llaman la "ruta del banana pancake", es decir, el viaje desde Bali hasta Indochina (o viceversa) que los hippies, los surferos, los australianos, los lonelyplaneteros, llevan a cabo en varios meses, normalmente pidiendo un año sabático en el trabajo o dejando pasar una temporada entre el fin de sus estudios y la búsqueda de curro (lo que en los países anglosajones se llama el "gap year". Probablemente yo ostento el récord de lentitud en la cumplimentación de la ruta, llamada "del banana pancake" por ser éste uno de los más comunes desayunos que se ofrecen en los hostales y los restaurantes para turistas extranjeros.

El sureste asiático es una región fascinante. Sus gentes son amabilísimas, sonrientes y tranquilas (siempre habrá excepciones, pero la gran mayoría son así). Cada país de la zona tiene una Historia interesantísima, a veces parecida a la de sus vecinos, a veces opuesta. Si bien todos los países tienen cosas en común (los platos con arroz, las frutas tropicales, las motos...), cada uno presenta individualidades casi asombrosas en lugares vecinos, como el hecho de que casi cada nación tiene su propio alfabeto. Las cuatro grandes religiones del mundo están muy presentes en la región. Las grandes civilizaciones asiáticas de los últimos milenios dejaron su huella (indios, chinos, árabes) y también los grandes imperios occidentales (ingleses, franceses, españoles, portugueses, holandeses). Fue, en definitiva, un cruce de caminos y de barcos que absorbió muchos vaivenes históricos y pese a la pobreza, la inestabilidad política o tristes historias recientes, es un lugar indiscutiblemente agradable para el visitante.

Ya escribí un post sobre los países del sureste asiático hace un tiempo, un post que actualizo cuando visito alguno de ellos (y que, por cierto, tengo que actualizar otra vez ahora, a ver si me pongo). Por ello, no voy a repetirme ni explayarme mucho más. Solamente quería escribir este post a modo de homenaje a diez años en los que el sureste asiático está en mi corazón casi de forma tan importante como España o China. Y para conmemorar el aniversario me he regalado el siguiente mapa, con el que no quiero alardear de lo que he recorrido, sino recordarme lo mucho que me queda aún por recorrer. Borneo, las Célebes, las Visayas filipinas, el sur de Sumatra y de Laos, el este de Tailandia y de Malasia, las zonas no birmanas de Myanmar... Confío en que pueda ir a alguno de esos lugares, y que celebre 20 años con más flechas de color.


Unas breves notas a pie de mapa:

-Los lugares citados en el mapa son aquéllos en los que me alojé. Desde ellos como base visité otros sitios de sus cercanías (por ejemplo, desde Hanoi visité Hailong Bay), pero no he puesto esas excursiones para simplificar.

-Cuatro de los lugares citados en realidad no los conocí demasiado porque sólo estuve en ellos haciendo noche: Baguio (Filipinas), Chiang Khong (Tailandia), Surabaya (Java, Indonesia) e Ipoh (Malasia). En todo caso me di una vueltecilla por ellos (al atardecer, o de mañanas) antes de emprender camino para otros destinos.

-Casi ninguno de los trayectos lo hice en avión, porque me gusta ver los países que visito desde abajo. Hay excepciones, porque no hubo más remedio. Concretamente, el trayecto entre la tailandesa Chiang Mai y la birmana Rangún (las fronteras terrestres de Birmania están casi siempre cerradas a cal y canto, o lo estaban entonces), el trayecto desde la malasia Penang a la indonesia Medan (quería ir en barco pero el servicio de ferrys había sido cerrado, para mi gran disgusto), el viaje Medan-Kuala Lumpur, y el más reciente Bali-Yakarta (estos dos últimos porque no me quedaban ya días de vacaciones y porque eran viajes de retorno, ya había pasado por allí abajo antes).

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Postales desde Java

16 de Febrero, 2014, 0:01

En recientes posts he hablado un poco de Java, isla que visité hace unas pocas semanas... Los posts no los acompañé de fotografías tomadas en el viaje, porque a mi portátil no le sentó bien el paso del Ecuador y feneció pocos segundos después de enchufarlo en Yakarta.

Ahora que ya he descargado las fotos, he tirado las muchas desenfocadas que mi infame cámara Canon hace constantemente (nunca más Canon, nunca más) y he seleccionado las que más me gustan, puedo ya por fin, con algo de retraso, mostrar algunas instantáneas. Valgan ellas como ilustración a posteriori de los artículos anteriores.


Monas (Monumen Nasional), el feo pero imponente monumento central de Yakarta.


Templo en Glodok, el barrio chino de Yakarta.


Plaza central de Kota, la antigua zona colonial de Yakarta.


Unas chicas desfilan marcialmente junto a una mezquita en Yogyakarta, Java Central.


Una de las muchas paredes pintadas de Yogyakarta.


Pasando la tarde en buena compañía.


Paseo por los callejones Yogyakartianos.


Guardianes del Kraton, el palacio del sultán de Yogyakarta.
El que está de espaldas exhibe una kris o daga sagrada.


Mezquita subterránea de Yogyakarta.


Motos, motos y más motos.


Hordas de colegialas invaden el impresionante templo hindú de Prambanan.


Prambanan al atardecer, a la espera de ver la danza del Ramayana.


Bailarines del Ramayana, la danza épica sobre el rapto de Sita
y el rescate de ésta por parte del antipático Rama.


Un candi (templo) cerca de Prambanan, en las afueras de Yogyakarta.


Borobudur, también tomado por los estudiantes, aunque sólo en su famosa azotea.
Los pisos más bajos, más bonitos y con relieves fascinantes, están vacíos.


Jugando al fútbol junto a un candi, también cerca de Prambanan.


Puerta del pasar (mercado) de Solo, Surakarta.


Templo de Candi Ceto, en la ladera del volcán Lawu, en las afueras de Solo.


La impresionante y temible belleza del volcán Bromo,
tal vez lo más espectacular que vi en Java.


Amanecer sobre el "mar de ceniza" en el que está el Bromo.
Al fondo, otro volcán activo, el Seneru, el pico más alto de Java.

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¿Es Bali el paraíso?

13 de Febrero, 2014, 0:01

Mis recientes vacaciones, que poco a poco se van quedando en el recuerdo mientras retomo la rutina laboral, transcurrieron no sólo en Java, a la que he dedicado varios posts en las últimas semanas, sino también en la mítica isla de Bali, que está justo al ladito, a apenas una hora de ferry. Bali, el supuesto paraíso en la Tierra, esa isla para el placer y el dolce far niente... Una tierra que en los días que estuve yo estaba también llena de turistas chinos, de vacaciones por el Festival de Primavera, aunque su rollo de viajes en grupo era diferente del mío, así que no nos cruzamos más que en los monumentos más famosos.

Me han preguntado algunos amigos si Bali es tan paradisiaca como la pinta nuestro imaginario colectivo, reforzado por ese reciente pastiche de Julia Roberts...
...en el que la protagonista conoce en Bali al amor de su vida (Javier Bardem, me da igual destripar una peli si es mala).

Bali es un lugar muy especial, pero ante las acusaciones que recibe de paraíso terrenal, yo diría varias cosillas:


Sus perros son insoportables
: a Bali le pasa lo mismo que a otro supuesto paraíso asiático, la isla tailandesa de Phuket: a nada que te intentas salir de las zonas turísticas y te vas a pueblecitos, a lugares más rurales, ya tienes a centenares de perros malhumorados y antipáticos ladrándote, siguiéndote y gruñéndote. Los perros balineses, además, son especialmente feos, delgaduchos y mal alimentados, son los perros más feos que he visto nunca. No es un problema sólo de Bali (también en los pueblos de China o de Tailandia hay perros rabiosos y mugrientos), pero en todo caso desanima bastante cuando se quiere ir de excursión, aun entendiendo que los balineses los usan como medida de seguridad para sus casas (¿pero para qué demonios necesitan perros guardianes, no están en el supuesto paraíso?).



Las playas están llenas de basura
: al menos cuando estuve yo (temporada baja y de lluvias) muchas de las playas que visité, incluyendo algunas con mucha fama como Kuta y Seminyak, estaban completamente invadidas por la basura, tanto en el agua como en la arena (sobre todo envoltorios plásticos, que se te pegan al cuerpo al nadar). Puede que no sea en todas las épocas, y es cierto que no parece un problema que se solucione simplemente limpiando (dicen que mucha basura llega con las mareas desde Java, donde la densidad de población es tan enorme que no saben qué hacer con los residuos y los tiran al mar), pero me sigue pareciendo penoso. Y también me parece increíble que yo no me enterara de ello hasta ir a Bali, que nadie se queje una vez lo ha visto. ¿Es que nadie quiere decirlo cuando sale de allí, para así no mancillar la imagen paradisíaca de la isla?



El transporte es un quebradero de cabeza
: había oído que en Bali hay muchos atascos, pero no fueron éstos precisamente los que generaron en mí la impresión de que moverse por la isla (que es pequeñita) es complicado. Lo que dificulta realmente la situación es la falta de transporte público decente, algo increíble para uno de los lugares más turísticos del mundo, y con una gran densidad de población. Las estaciones de autobuses públicos, si es que las hay, suelen estar bien en las afueras de las ciudades, pese a que éstas son pequeñas, y los buses sólo parten de ellas cuando están llenos (o si le pagas al conductor un plus equivalente a los asientos vacíos que va a dejar por salir rápido). Además, si eres extranjero, es posible que en la estación te vuelvan loco los autobuseros, intentándote convencer de que cojas su vehículo a grito pelado (en la primera estación que estuve, nada más llegar a la isla, me dio un ataque de histeria al ver cómo me gritaban todos a la vez). Si pasas de todo esto y decides optar por taxis, ten en cuenta de que aparte de que son unos pesados (te llaman incansablemente desde todas las esquinas, desde el amanecer hasta el ocaso) te cobran precios abusivos por distancias realmente cortas. Por todo ello, en los últimos días en Bali no me quedó más remedio que alquilarme una moto, que es el vehículo que usa todo indonesio que se precie, y aprender a ir en ella (prácticamente nunca lo había hecho, y Bali no es precisamente el mejor sitio para ser conductor nóvel).



Algunos templos no se pueden visitar en paz
: El sureste asiático es en general una región tranquila para el turista, la gente te quiere vender cosas pero sin dar mucho la tabarra, por eso me sorprendió ingratamente ver que en Bali hay timadores de turistas tan pesados y desagradables que me recordaron a los de Egipto, el país donde peor he visto que se trata al turista. Bueno, un pelín menos, porque lo de Egipto es difícil de igualar. En fin, que en algunos famosos templos balineses, como Besakih, hay falsos "guías" que te intentan cobrar por entrar a zonas abiertas al público, o te empiezan a seguir como unos palizas y después te quieren cobrar en dólares por un servicio de guiado que ni has pedido ni has disfrutado... Al final te enfadas con ellos, ellos se enfadan contigo... en fin, el típico rollo de pirámide egipcia.



Sus partes más turísticas son como la calle comercial chachipiruli de tu ciudad
: Starbucks, McDonalds, tiendas hippies pero caras, restaurantes étnicos pero caros... Las calles de las zonas playeras más conocidas (Kuta, Seminyak) o de Ubud, el principal centro cultural de la isla, han sido apisonadas por el comercialismo con disfraz "hipster". Es como ir por Bali y encontrarte las mismas tiendas que en Nanluoguxiang, o en las calles más "molonas" de Barcelona. Si es lo que te gusta, pues adelante, pero para eso no hace falta volar miles de kilómetros.



Una vez planteados estos matices, a la pregunta de si Bali es el paraíso, creo que debería responder que no. A lo mejor sí lo sería si uno se aloja en un hotel de cinco estrellas y se pasa allí todo el tiempo, pero supongo que el que se pueda permitir ese paraíso artificial en Bali lo podrá pagar en muchos otros lugares.

Sin embargo, sería injusto decir que Bali es sólo lo que he mencionado. Bali, pese a todo lo que he dicho hasta ahora, me encantó, dejó un gran recuerdo en mi corazón y ahora mismo volvería, aunque hace apenas una semana que estuve. No es perfecta, porque es humana y terrenal, pero es muy especial.

Sí es cierto, por ejemplo, que la isla es una verdadera belleza natural, una belleza que además resiste a las hordas de turistas. Esos arrozales en terrazas por doquier (los más bellos que he visto jamás, y mira que he visto arrozales), los lagos, los volcanes, los árboles repletos de frutas tropicales creciendo en la cuneta. Añadámosle a ello esos templitos por todas partes, en cada casa, en los tejados, en todo Ubud, unas arquitecturas de locura hindú que convierten a Bali quizá en el lugar más ornamentado que he visto jamás (lo que, además, contrasta mucho con la austeridad de las casas y las mezquitas de Java).

Esos balineses tan amables y sonrientes, a menudo vestidos de vivos colores para hacer ofrendas. Esos acantilados, esas olas, y esos paseos en moto cuesta arriba y cuesta abajo, porque al final lo de ir en moto fue un gran placer, para qué engañaros. Eché pestes sobre los perros o los timadores balineses, pero el día que me fui de esa isla sentí una pena que no sentía desde que estuve en Vietnam, el primer sitio del sureste asiático que conocí.

En mi primera noche de vuelta en Pekín, congelado por el frío y con un catarro febril, soñé toda la madrugada que con mi moto seguía yendo arriba y abajo por las cuestas de la península de Bukit, parando en las calitas y bañándome mientras a lo lejos surfeaban los más valientes.

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La canción javanesa
que triunfó en Asia

9 de Febrero, 2014, 0:01

Ya estoy de vuelta en Pekín después de tres semanas inolvideibols en Java y Bali, pero voy a contar aún alguna cosa más de Indonesia en el blog, porque estando de vacaciones tampoco escribí mucho...

Una de las cosas más molonas de Java -Bali también, pero con otro estilo- es lo musical que es la calle. En restaurantes, bares o incluso autobuses públicos, hay constantemente músicos callejeros, en general bastante potables, que amenizan la velada a cambio de lo que los oyentes les quieran dar. En los autobuses de línea la cosa es tremenda: el conductor para en medio de la carretera, sube un músico, canta un par de canciones, se apea al mismo tiempo que sube otro músico, y así hasta el final del trayecto, el chófer se ahorra una barbaridad en radiocassettes. Os pongo un ejemplo de actuación autobusera, en un viaje que hice entre dos ciudades de fabuloso nombre, Probolinggo y Banyuwangi:



La música indonesia es un reflejo de lo que es el país, un cruce de caminos por el que pasaron muchísimos pueblos. A veces suena a melodías árabes, otras veces a canciones indias bollywoodianas, también tiene en ocasiones reminiscencias chinas... Pero, y esto es lo mejor de todo, a veces suena a musiquita europea, casi casi española. Esto se debe, entre otras cosas, a que los javaneses utilizan mucho una pequeña guitarrita para cantar algunas de sus canciones, similar al ukulele, que ellos llaman kroncong (palabra que por lo visto se inspira en el ruido que hacen las cuerdas al rasguearlas).

El kroncong llegó a Indonesia a través de los portugueses -quienes, por cierto, también fueron los que llevaron el ukulele a las islas Hawaii-, en aquella lejana época en la que nuestros intrépidos vecinos iban a las Molucas en busca de especias, antes de que los holandeses colonizaran la zona y monopolizaran ese pingüe negocio. Los portugueses, que dejaron también muchas palabras en el vocabulario indonesio (por ejemplo, tren se dice "kereta", que viene del portugués "carreta"), dejaron una gran influencia en la música tradicional indonesia, que suena a veces a bolero, o a habanera.

Esto se ve, por ejemplo, en una de las canciones populares más famosas de Indonesia, la hermosísima Bengawan Solo, que me mencionó con entusiasmo un taxista precisamente cuando estaba en la ciudad de Solo. Bengawan Solo ("Río Solo") está dedicada al río que da nombre a la ciudad, que además es el más largo de Java. Escuchadla y veréis cómo os evoca al Caribe, a Hawaii...



Bengawan Solo fue compuesta en los años 40 un artista... ¿solonés? ¿solitario? también de fabuloso nombre, Gesang Martohartono, que aún la cantaba con 90 años (falleció hace poco, en 2010).



Esta canción, y aquí es donde este post va por fin a enlazar con la obligada temática china, se hizo muy famosa en toda Asia a lo largo de toda la segunda mitad del siglo XX, y tiene versiones en otros idiomas asiáticos, incluido el mandarín. Al parecer, empezó gustando mucho a los japoneses que ocuparon Indonesia en la Segunda Guerra Mundial (Diego Iván opinará algo de esto en la sección de comentarios) y más tarde a los chinos de Singapur, Malasia y Hong Kong. Aquí tenéis, por ejemplo, una actuación de artistas indonesios en la televisión hongkonesa, en los años 60:



Además, en el mundo chinohablante se hicieron muchas versiones de la tonadilla en mandarín y cantonés. En China se la conoce como
美丽的梭罗河 (Meilide Suolo He, el bello río Solo).





También hubo una cantante hongkonesa, Rebecca Pan, que hizo una gran versión en inglés de la melodía, que puede oírse en la película "In the Mood for Love", the Wong Kar-wai.



Si aún no os habéis convencido de la vital importancia de esta canción hasta hoy desconocida por casi todo aquel que no sea oriental, escuchad a Xi Jinping mencionarla en este discurso en el que habla de las relaciones entre China e Indonesia, cuando visitó el país el pasado año. (Lo hace en torno al minuto 3:30, lamentablemente no la tararea).


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Más de chinos en Indonesia

4 de Febrero, 2014, 0:01

Qué tal va todo... Yo sigo vacacionando en Indonesia, aunque ya me queda poco para regresar a los fríos de Pekín.

Una cosa que me ha gustado mucho de Java y Bali es que los alojamientos son muy familiares, a veces parece que estás viviendo con una familia indonesia. Gracias a ello muchas noches la "familia" veíamos juntos las noticias del día en el telediario: la principal noticia durante toda mi estancia han sido las inundaciones de Yakarta, en las que murieron varias decenas de personas y hubo decenas de miles de evacuados. (Para que veáis que no exageraba).

También parece que ha sido muy importante en Indonesia estos días la detención de un empresario corrupto que llevaba cinco años huido del país, y que finalmente ha sido atrapado en Cantón, desde donde fue extraditado por las autoridades chinas. El presunto corrupto, dueño al parecer de una empresa de telecomunicaciones indonesia, se llama Anggoro Widjojo y me llamó la atención, al verlo, que tenía un aspecto diferente al del indonesio medio, es más, parecía cien por cien chino.


Ya me imaginé que Anggoro, como muchos millonarios indonesios, es de ascendencia china, pero me llamó la atención su nombre, Anggoro, porque parece que fuera una "indonesización" de un apellido chino tipo "Huang". Consultando sobre ello en Google, me he enterado de que en los años 60, durante los años más duros de la dictadura de Suharto, a los chinos de Indonesia se les obligó a cambiar sus nombres por unos que sonaran más indonesios.

Así, muchos Hong (y no Huang, como pensé al principio) se pusieron de apellido Anggoro. Algunos Lin se acabaron apellídando Limanto, y los Deng pasaron a llamarse en muchos casos Tenggara. En Wikipedia, cómo no, tenéis una larga lista de estos cambios.

Otras prohibiciones que los chino-indonesios sufrieron fueron las de usar los caracteres chinos en carteles públicos (una prohibición que ya no existe, aunque es muy cierto que en Indonesia ver letras chinas es muchísimo más raro que en el resto del sureste asiático). También se les prohibió celebrar en público sus fiestas, entre ellas el Año Nuevo Chino. Hoy en día creo que ese día es incluso fiesta nacional indonesia, y en todo caso los chinos de China se han tomado la revancha "invadiendo" Bali en esta festividad, como estoy pudiendo ver estos días aquí.


Creo que ya lo he comentado en posts anteriores, pero por si acaso mencionaré que la discriminación que los chinos sufrieron entonces (y las matanzas, que por cierto se han repetido también en otras épocas de crisis nacionales) se debieron en parte a que los chinos eran ligados al comunismo, el gran enemigo de Suharto, pero también a que durante la colonización holandesa los chinos habían sido buenos aliados de los neerlandeses, gestionando empresas, bancos y otras riquezas. Con la independencia, la relación entre Indonesia y su comunidad china fue complicada: por una parte los veían como un recuerdo del colonialismo holandés, pero por otra se les tenía por buenos gestores de empresas, y los mismos indonesios a veces se veían poco capaces de tomar las riendas de ciertos sectores económicos o políticos donde los chinos tenían siglos de experiencia.

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Evocaciones del Tío Tom desde Java

29 de Enero, 2014, 0:01


Hola después de un montón de días sin postear... Sigo de vacaciones por Indonesia y, con el portátil que me traje estropeado desde el primer día, se ha hecho complicado actualizar el blog. Unos días me faltó tiempo, otros días un cibercafé, y para empeorar las cosas ayer el servidor del blog estuvo averiado. En fin, para eso están las vacaciones, para hacer el vago, blogueo incluido.

Ya pondré fotos del viaje cuando regrese a Pekín, más o menos a mediados de febrero, pero de momento adelanto que una de las cosas más interesantes que he visto en Java fue el ballet Ramayana en Pranbanan (algún lector o lectora me lo había recomendado ya, con buen tino). Es importante en este ballet (y en muchos otros) tener un folleto explicatorio que te cuente lo que estás viendo en cada acto, porque así se disfruta considerablemente más y se pilla la historia, que en el caso del Ramayana es bien complicada, llena de personajes humanos y no humanos.

Ésta gran epopeya del sur de Asia (en este sentido comparable a la homérica Odisea en Occidente, o al Viaje al Oeste chino) se representa todos los días junto al templo hindú de Pranbanan, en las afueras de Yogyakarta, Java central. En verano (estación seca) se representa al aire libre con el espectacular templo de fondo, algo que debe ser espléndido, pero yo no tuve la misma suerte -desventajas de venir en la estación lluviosa, temporada baja- y me tuve que conformar con verlo en un pabellón cubierto, aunque fue fantástico en todo caso.

Viendo el ballet me acordé de una de mis escenas favoritas del cine de todos los tiempos: la escena de La Pequeña Casa del Tío Tomás, en el musical de los años 50 "El Rey y Yo" (el de Yul Brinner, ojo, no la película homónima y no musical que protagonizó Jodie Foster décadas después). Si no habéis visto este clásico del cine (y de los musicales) debéis hacerlo inmediatamente, aunque sea sólo por esa escena.

Resumiendo un poco la historia, que está basada en hechos reales: la profesora que llega a Bangkok a finales del siglo XIX para enseñar cultura occidental en la corte del rey de Siam habla al rey y a su corte del famoso libro "La Cabaña del Tío Tom", sobre la lucha contra el esclavismo. La corte siamesa se queda prendada por la historia y decide convertirla en un ballet tradicional de los suyos, pero claro, interpretándola a su manera.

El resultado es una mezcla espectacular de Oriente y Occidente, emocionante y maravillosa. Soy consciente de que los coreógrafos de la película y el musical de Broadway no eran tailandeses, eran americanos (creo que los mismos que los de West Side Story), pero en todo caso supieron meterse muy bien en la piel de un tailandés del siglo XIX que intenta entender a su manera una historia americana. A mí al menos me encantó.

No puedo encontrar en YouTube la escena (por cuestión de derechos de autor, imagino), pero sí muchas adaptaciones, os pongo una a ver si os gusta (no la puedo oír en este cibercafé balinés, lo siento si no es buena versión).



Al parecer, los bailarines de la versión original, en el musical y la película que lo adaptaba, tuvieron que ser japoneses y japonesas, porque en Tailandia esa película, entonces y ahora, está muy mal vista porque trata con humor la sagrada figura del rey. En todo caso, y aunque quizá la película trata con algo de superficialidad el asunto (normal, tratándose de un musical de Broadway y luego de Hollywood) creo que la escena de La Pequeña Casa del Tío Tomás es una maravillosa poesía, y una de las mejores uniones entre cultura occidental y oriental que he visto en la pantalla grande.

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Este blog -sorpresas te da la vida- recibió el premio Blasillo de Huesca 2006 al ingenio español en Internet

Y como no hay uno sin dos, fue galardonado poco después con el Premio 20 Blogs 2006 al mejor blog expatriado

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