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11. Pekín,
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Arena de pelotas y baladas

2 de Enero, 2014, 0:01








¡Feliz 2014! El otro día fui por primera vez a un concierto al Estadio Wukesong, el pabellón que fue sede de los partidos de baloncesto en los JJOO de Pekín y hoy acoge los encuentros de los gloriosos Beijing Ducks. El lugar se ha convertido además en el mejor sitio para grandes recitales de la ciudad, y por ahí han pasado desde Beyoncé a Justin Bieber. Es posiblemente el recinto olímpico de Pekín 2008 al que mejor uso se le ha dado, sobre todo si comparamos con el Estadio del Nido, que el pobre sólo lo usan para uno o dos partidos al año.

Al pabellón Wukesong yo lo sigo llamando así, Wukesong, porque me gusta mucho ese nombre (y me recuerda que está en el quinto pino) pero no es su nombre oficial actual. Ya sabéis que ahora le ponen marcas a todo, desde la estación Sol Vodafone de Madrid (qué aberración) a la Liga BBVA (asco) o el Teatro HaagenDazs (por dios, ¿HaagenDazs realmente gana prestigio con eso?). Bueno, que me voy por las ramas, que el nombre oficial del pabellón pequinés ahora es MasterCard Center.

Había visto grandes partidos allí, entre ellos el partidazo que el pasado mes de octubre disputó el Real Madrid de baloncesto, primer equipo español -que yo sepa- que ha jugado un amistoso en China. Y también, por supuesto, la final olímpica España-EEUU, posiblemente uno de los mejores encuentros de baloncesto entre naciones de la historia. Pero ahora he descubierto que es también un muy buen recinto para conciertos. Con muy buen sonido y, sobre todo, una magnífica iluminación. Nada que ver con los conciertos que sufrí cuando vivía en Madrid e iba a escuchar recitales al Palacio de Deportes, muy famoso por su mala sonoridad (el de antes del incendio, no sé el de ahora cómo será).

Os pongo algunas fotos que hice durante el concierto para que comprobéis vosotros mismos el tema de las luces, aunque no pruebe lo del sonido. No había visto nunca un concierto con tan buena iluminación, pero tampoco es que yo sea Diego Manrique, voy a estas cosas de Pascuas a Ramos.


El señor de la izquierda escribía en el papel y lo que iba escribiendo iba saliendo de fondo.



"Senorita", una de las canciones se llamaba así y tenía aires latinos.


Podría parecer que con ese fondo estaba cantando En un bosque de la China,
pero lamento deciros que no fue así.


¿Peng Liyuan, la esposa del presidente? No, pero se le parecía...
Era una de las cantantes invitadas, y entonó notas tan agudas que algún vidrio estalló.


El protagonista del concierto.




Borrachera de luz y color (a la que contribuían las barras de lucecitas
que nos habían dado a cada espectador, muy típicas de los conciertos de Asia).


Ah, por cierto, el concierto era de Sha Baoliang, un cantante chino famoso por sus baladas de amor. A mí no me sonaba mucho, ni es que sea mi estilo, pero bueno, me invitaban así que a caballo regalado no le mires los piños. Como suele pasar en estos casos, al final resultó que conocía varias canciones suyas, sin saber de antemano que eran de él. Por ejemplo, ésta que habla de desamor, un tema mucho mejor que el amor a la hora de inspirar baladas.



(Las imágenes no son del concierto que yo vi, sino de otro día).

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De portada de telediario a deportado

18 de Diciembre, 2013, 0:01





Muy comentado en los últimos días en Pekín ha sido el caso de dos italianos, padre e hijo, que trabajaban en un conocido restaurante de la ciudad (no diré el nombre, aunque a la popular web The Beijinger se le escapó hace unos días) y que han sido deportados por no tener los papeles en regla para trabajar en China, donde llevaban viviendo seis años. El caso nos trae malos recuerdos del pasado año, en el que hubo una campaña policial de inspección en torno a las condiciones en las que trabajamos y residimos los extranjeros (si cumplimos con las normativas, si tenemos el visado correcto, etc). En aquel entonces la comunidad extranjera se puso un poco nerviosa, y es posible que ahora vuelva a ponerse. Los extranjeros en China sabemos que un pequeño delito o falta nos puede suponer la deportación, y la mayoría consideramos que es un riesgo lejano e improbable, como el coco con el que mamá nos asustaba, pero cuando conocemos casos como el que hoy nos trae (afortunadamente, no se ven todos los días) nos entra cierta intranquilidad.

La campaña del año pasado se inició pocos días después de que circularan por las redes chinas un par de vídeos en que dos laowais un poco imbéciles mostraban en China comportamientos bastante patéticos (para los que no los recuerden, uno de ellos se lanzó borracho contra una chica de la que aparentemente quería abusar y otro puso las pezuñas sobre el asiento de un tren, molestando a la señora que estaba sentada ante él). En esta ocasión, el detonante de las dos deportaciones también parece haber sido un vídeo, lo que muestra el increíble poder que tiene internet para determinar las acciones de la policía de Pekín. El vídeo en cuestión, que ha sido emitido en masa por todos los telediarios y late nights de China, ha sido el siguiente:



En él se ve cómo el joven, a la postre uno de los dos deportados (el hijo), aparece insultando a una señora a la que segundos antes había atropellado sin causarle heridas graves. La mujer se aferra a la moto del laowai, que ha sufrido un desgarrón en el abrigo, porque quiere que llegue la policía para que decida quién ha actuado mal. El extranjero le grita e impreca, y usa para insultarle la palabra en mandarín shabi (傻逼, tonto/a del coño), uno de los peores tacos en ese idioma. Un problema que tenemos los extranjeros en China es que manejamos pocos insultos en la lengua autóctona, en general sólo los más gordos, y los usamos en ocasiones en las que harían falta tacos más suaves y no convendría sacar artillería tan pesada. Tras los insultos, el italiano acusa a la mujer de querer chantajearle, pidiéndole dinero para atención médica.

En fin, a raíz del vídeo la policía empezó a investigar al chaval y descubrió que no sólo trabajaba en China junto a su padre sin el visado adecuado, sino que conducía la motocicleta sin licencia, algo muy habitual entre los laowais que viven en esta ciudad. (Ya sabéis, si queréis una de esas motos eléctricas que tanto se llevan en Pekín, sacaos los papeles, que cualquier día en una curva os podéis ganar un billete de vuelta a casa antes de lo esperado). Por otro lado, una de las muchas cámaras de seguridad que hay en las calles chinas (y que nos brindan cada semana uno o dos vídeos tremebundos de accidentes) mostró que el motorista iba todo loco.



Curioso del caso es que en un principio tanto prensa china como los foros de los extranjeros que viven en Pekín se pusieron de parte del guiri (como podéis ver aquí), pensaron que la señora era una chantajeadora, pero pocos días después, cuando se anunciaron los resultados de la investigación y la deportación, todos en masa se pasaron al otro bando y cargaron contra el italiano (como podéis ver en el mismo medio que antes, aquí). A mí esto me suena a forofismo poco reflexivo, la verdad, y creo que abunda demasiado en este mundo de redes sociales ruidosas en el que gana el bando que más insultos logra imprecar.

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Parece que va a llover

23 de Octubre, 2013, 0:01

Cuando veraneo en España es frecuente que me pregunten qué clima tenemos en China. Soy consciente de que muchas veces la pregunta sólo es para mostrar educadamente cierto interés en el sitio donde vivo, pero creo que puede ser interesante intentar contestar con este post, pues a lo mejor puede servirle a futuros viajeros o emigrantes a este lugar. Otro problema es que China es muy grande para contestar en pocas líneas (el país probablemente tiene todos los climas posibles, desde el trópical de Hainan al polar en el Himalaya o en la frontera con Siberia), así que me centraré en el tiempo que tenemos en Pekín, que es el que más conozco. Preparen abrigos y balones de playa:


En Invierno: la teoría meteorológica dice que dura, como el resto de estaciones, tres meses, pero en esta ciudad el invierno tal y como lo conocemos, frío y pelado, empieza a principios de noviembre y termina bien entrado marzo, así que aquí lo sufrimos casi cinco meses y es seguramente la estación más larga de todas, o como mínimo la que más larga se nos hace. En diciembre y enero podemos llegar a los 20 bajo cero, y podemos estar muchas semanas consecutivas sin que el termómetro suba por encima de cero. La buena noticia es que el invierno de Pekín es seco, no húmedo como el español, por lo que el frío no se mete tanto en el cuerpo, en la ropa o en las casas. Además, la calefacción pequinesa es bastante potente, alimentada por un material, el carbón, que contamina mucho pero también es muy caluroso (los peores días del invierno son los primeros de noviembre, porque aunque haga frío, la ley nacional, desde que Mao lo ordenó, estipula que no se pueden encender las calefacciones centrales hasta el 15 de ese mes). Tanto contaminan estas calefacciones térmicas que muchos días del invierno, más que en otras estaciones, nos rodea un smog o nierda marronaceo. Puede parecer niebla normal, pero para tener claro que es smog hay que mirar arriba y ver si hay un sol naranja al que podemos mirar sin cegarnos: si es así, estamos ennierdados. El invierno es tan duro y largo que los chinos, quizá con prisas porque acabe, celebran el Festival de Primavera en plenos meses invernales, en enero o febrero. Claves para superar el invierno pequinés: llevar calzoncillos largos y pensar que podría ser peor, podríamos vivir en Shanghái (donde el invierno sí es húmedo, y donde muchos hogares no tienen calefacción y se tienen que poner el aire acondicionado caliente, que hasta huele mal).
En primavera: al igual que el invierno, no dura lo que dicen los calendarios occidentales, pero en su caso porque siempre va a ser menos que tres meses. ¿Cuánto? Depende del año y la suerte que tenga uno: pueden ser desde dos semanas a dos meses. La primavera pequinesa es una estación convulsa, en la que a un día de tremendo calor le puede seguir otro de tiritona. Abril es el mes más traicionero: uno cree que ya es hora de que haga calor, se quita el abrigo, y de repente una ola de frío le congela las extremidades cual bocanada de nitrógeno líquido. Una peculiaridad de la primavera en Pekín es que en algunos días, sobre todo de marzo o abril, recibe la visita de tormentas de arena procedente del desierto de Gobi, que bajan las temperaturas de la ciudad 10 o 15 grados de golpe, tiñen el cielo de color amarillo o marrón, y provocan que huela a tierra hasta dentro de casa. Contra lo que se pueda esperar, no suelen ir acompañadas de las ventiscas ni la arena cegadora de ojos que se ven en las películas de exploradores perdidos en el Sáhara. Las tormentas de arena actualmente son menos habituales que hace una década (parece que la reforestación en las montañas del norte de Pekín las ha frenado un poco) pero aún te puede pillar alguna. Mayo suele verse libre de estas tormentas, y con suerte aún no hará un calor desquiciante ese mes, así que es el mes más primaveral. Algunos años afortunados, junio también se salva.
En verano: otra estación que no se sabe cuando empieza ni tampoco cuando acaba. En general, la sensación de calor agobiante y seco que en España solemos tener en verano los pequineses la tienen ya en mayo, y en cualquier caso a mediados de junio ya vas a decir que te mueres de caló. Después, en julio y agosto, las temperaturas no suben mucho (rara vez llegamos a los 35 grados), pero aumenta la humedad, por influencia del clima monzónico del sur de Asia. En consecuencia, la ciudad queda envuelta en una neblina pegajosa y agobiante, con la que sudas constantemente, desde mediados de julio a mediados de agosto, aproximadamente. En esa época el aire acondicionado, por mucho daño que haga al medio ambiente, es impepinablemente necesario, incluso de noche (intenta no ponerlo muy bajo, de todos modos). La niebla sólo puede quitarse esos días si por la tarde o por la noche cae un chaparrón tropical, con rayos de ésos que al día siguiente ves en las noticias que en otras partes de China han alcanzado a una decena de desafortunados paseantes y centenares de vacas. Los chaparrones, además, suelen anegar muchas calles de la ciudad, incluso grandes avenidas, porque los sistemas de alcantarillado dejan mucho que desear. No has vivido en Pekín si no has andado un verano por una calle con el agua hasta la rodilla. Estas tormentas, ojo, no siempre acaban con la sauna, a veces sólo la reducen un poco. El secreto para aguantar el verano pequinés (aparte de irse un mes de vacaciones) está, a juzgar por la actitud de los pequineses, en ir por la calle en camisa imperio y arremangada hasta las tetillas (sólo los varones, desafortunadamente). Una vez más, consolémonos pensando que no vivimos en Shanghái, donde en verano es imposible dar un paso por la calle sin quedar completamente deshidratado al instante.

En otoño: he dejado para el final la mejor estación del año, o algunos dirían que la única en la que se puede sobrevivir en Pekín. A partir de septiembre, o a veces ya desde mediados de agosto, ésta ciudad da gusto de ver: los cielos son azules todo el día, hace calorcito pero se puede aguantar, las noches no son frescas pero tampoco de bochorno... En octubre, aún no hace un frío helador, y los alrededores de la ciudad (Gran Muralla, Badachu, Palacio de Verano, Miyun...) se ponen preciosos. Aunque no se os ocurra ir a las Colinas Perfumadas, porque los pequineses van en manada a ver sus bosques de espectaculares hojas rojas, y el atasco allí es monumental. Otoño es la época ideal para salir de copas (en verano, con tanto turista, la zona de marcha se masifica y aumentan las peleas) y para recibir visitas, que piensen así que Pekín es una ciudad ideal.



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Bienvenido míster Pato

16 de Octubre, 2013, 0:01

Hoy he tenido libre en el trabajo y, aprovechando que hacía buen día en Pekin, me he encaminado al Palacio de Verano para poder ver en persona, por fin, el pato de goma gigante que tanta pasión ha desatado en China este año. Para los que no hayan leído capítulos anteriores, este pato, obra de un artista holandés, estuvo en Hong Kong en primavera y tuvo tanto éxito que Pekín pidió que les visitara también a ellos. En el Palacio de Verano está, desde mediados de septiembre hasta el 26 de octubre, y la verdad es que es muy fotogénico. He aquí algunas fotos que le he tomado:



A la salida del Palacio de Verano,
algunas vendedoras intentaban hacer el agosto con el animal de moda...

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Recuperando fotos de Facebook (XX)

30 de Septiembre, 2013, 0:01

Durante el mes de septiembre estoy de vacaciones, circunstancia que aprovecharé para descansar y a la vez rescatar del Grupo de Facebook algunas imágenes que he publicado allí pero no en este blog.


Cartel para concienciar a los pequineses de la batalla contra la contaminación.
Lo curioso del asunto es que en el Pekín "limpio", por arte de magia, los monumentos de la ciudad se mueven de lugar.

(Publicada en el Grupo de Facebook el 18 de agosto de 2013, 11 "me gusta").


Pasándolo pipa en Houhai.
(Publicada en el Grupo de Facebook el 18 de agosto de 2013, 17 "me gusta").


Bo Bo, Bo Johnny Bo... Rockabilly pequinés en la víspera del juicio del siglo.
(Publicada en el Grupo de Facebook el 21 de agosto de 2013, 4 "me gusta").


En la noche de ayer (Luna Llena) un montón de chinos quemaron dinero falso en la calle, para sus seres queridos en el otro mundo.
Al día siguiente se veían centenares de restos de hoguerillas en las aceras.
¿Alguien sabe por qué el día de ayer era tan especial?

(Publicada en el Grupo de Facebook el 22 de agosto de 2013, 15 "me gusta").

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Recuperando fotos de Facebook (XIX)

29 de Septiembre, 2013, 0:01

Durante el mes de septiembre estoy de vacaciones, circunstancia que aprovecharé para descansar y a la vez rescatar del Grupo de Facebook algunas imágenes que he publicado allí pero no en este blog.


Al lado de mi oficina había un bar español con una muy española entrada.
El bar no funcionó, lo transformaron en libanés, pero la entrada ha quedado igual, sólo que con un cedro añadido.
Resultado, esta fachada tan ecléctica.

(Publicada en el Grupo de Facebook el 30 de julio de 2013, 21 "me gusta").


Este pastel lo venden en la pastelería "Black Swan", en Chaoyangmenwai.
Cuesta dos millones de yuanes de nada (bueno, estoy exagerando, cuesta 1.999.999 yuanes).

(Publicada en el Grupo de Facebook el 5 de agosto de 2013, 14 "me gusta").


Un encuentro para la Historia: Once y el animal más de moda en China esta temporada.
(Publicada en el Grupo de Facebook el 6 de agosto de 2013, 38 "me gusta").


El Estadio Olímpico, 5 años después de Pekín 2008.
(Publicada en el Grupo de Facebook el 11 de agosto de 2013, 29 "me gusta").

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Recuperando fotos de Facebook (IX)

18 de Septiembre, 2013, 0:01

Durante el mes de septiembre estoy de vacaciones, circunstancia que aprovecharé para descansar y a la vez rescatar del Grupo de Facebook algunas imágenes que he publicado allí pero no en este blog.


¡Menuda nevada en Pekín, en el último día de invierno!
(Publicada en el Grupo de Facebook el 20 de marzo de 2013, 93 "me gusta").


Un palmo de nieve en la mañana de hoy en Pekín... ¡y cielo azul!
(Publicada en el Grupo de Facebook el 20 de marzo de 2013, 83 "me gusta").


Once se camufla en la nevada.
(Publicada en el Grupo de Facebook el 20 de marzo de 2013, 36 "me gusta").


Hace unas semanas que estoy yendo a un gimnasio nuevo, el anterior me lo cerraron. Al lado de la máquina de agua puede verse este anuncio de no sé qué producto milagroso... Pasé días y días intrigado, intentando saber qué narices era la imagen (y temiendo que fuera un órgano humano cortado o algo así, por lo que me empezó a dar mucho asco). No dormí tranquilo hasta descubrir, tarde ya, que se trata de UNA PUÑETERA UVA CORTADA POR LA MITAD.
(Publicada en el Grupo de Facebook el 20 de marzo de 2013, 36 "me gusta").


Así me encontré mi bici esta mañana... Como si estuviera en la base noruega de la Antártida, vamos.
(Publicada en el Grupo de Facebook el 20 de marzo de 2013, 65 "me gusta").

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Recuperando fotos de Facebook (VI)

13 de Septiembre, 2013, 0:01

Durante el mes de septiembre estoy de vacaciones, circunstancia que aprovecharé para descansar y a la vez rescatar del Grupo de Facebook algunas imágenes que he publicado allí pero no en este blog.


El amanecer me sorprendió (aunque no tendido ni borracho en el Cadillac).
(Publicada en el Grupo de Facebook el 2 de febrero de 2013, 38 "me gusta").


Fantástico día de cielo azul hoy en Pekín... para celebrarlo, una foto de la mezquita de mi barrio.
(Publicada en el Grupo de Facebook el 6 de febrero de 2013, 45 "me gusta").


En un día soleado como hoy, desde mi bloque se pueden ver cosas como el pirulí pequinés,
la Colina de Carbón o la pagoda de Beihai. ¡Bravo!

(Publicada en el Grupo de Facebook el 6 de febrero de 2013, 40 "me gusta").


Entrada de un museo de mi barrio... El Louvre II, vaya.
(Publicada en el Grupo de Facebook el 8 de febrero de 2013, 38 "me gusta").

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Recuperando fotos de Facebook (I)

6 de Septiembre, 2013, 0:01

Durante el mes de septiembre estoy de vacaciones, circunstancia que aprovecharé para descansar y a la vez rescatar del Grupo de Facebook algunas imágenes que he publicado allí pero no en este blog.


Vista de Pekín, desde mi apartamento.
(Publicada en el Grupo de Facebook el 11 de enero de 2013, 92 "me gusta").



Y ahora mirando para el otro lado.
(Publicada el mismo día, 38 "me gusta").

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Ah, cómo hemos cambiado

8 de Agosto, 2013, 0:01







Hoy, ocho de agosto de 2013, se cumplen cinco años del comienzo de los Juegos Olímpicos de Pekín, un acontecimiento que colocó a la ciudad en el mapa (esto es metafórico, no vayáis a consultar vuestro atlas Sopena de 1987 porque Pekín la vais a tener igual) y contribuyó a la internacionalización de China, que hoy es clara y patente, aunque sea sobre todo en lo económico y en las columnas periodísticas de terror barato (¡uh, uh, que vienen los chinos!).

Si me hubieran dicho entonces que un lustro después seguiría aquí no sé si me lo hubiera creído, sobre todo porque entonces yo ya llevaba siete años en la capital china y cuando inicié mi andadura en ella mi plan era estar aquí ese septenio de preparativos para las Olimpiadas, no más. Pero la vida da muchas vueltas -o no las da-, sigo aquí, y la efeméride es una buena excusa para ponerme nostálgico (como en el post anterior, pero una nostalgia diferente, temporal y no geográfica).

Voy por ello a intentar recordar hoy qué cosas difieren entre el Pekín preolímpico y el postolímpico. Para ser más exactos, y adaptándolo a mi singladura, voy a contar qué cosas había en la capital en 2001 que ya no existen -o escasean- en el Pekín de 2013, el de una ciudad que ahora se prepara para los Mundiales de Atletismo de 2015.



Los extranjeros teníamos restringido el domicilio a ciertas áreas: El Gobierno chino, temeroso de nuestras actividades probablemente conspiratorias, o quizá preocupado porque no nos parecieran suficientemente buenas las casas del ciudadano pequinés medio, prohibía que los laowais habitáramos fuera de ciertas zonas residenciales especialmente pensadas para nosotros, como complejos diplomáticos, apartamentos de más comodidad que la media, o el mítico Hotel de la Amistad, donde viví mis primeros años en la ciudad. Ese "apartheid", sin embargo, se abolió a los pocos meses de llegar yo. Gente más veterana que yo recuerda que en los 90 incluso había una moneda diferente del yuan, sólo para ser usada por extranjeros, pero eso yo ya no lo vi (afortunadamente, porque vaya lío).

Había billetes de dos yuanes: Puede que los "recién llegados" todavía hayáis visto alguno, porque siguen siendo de curso legal (aunque los bancos los han ido retirando), pero al menos yo ya llevo bastantes años sin ver ninguno. Los billetes pertenecían a una edición de los 80 y 90 que a mediados de la pasada década (2005, 2006...) se fueron progresivamente sustituyendo por los actuales, ésos en los que Mao sale todo el rato. Los billetes antiguos sólo tenían a Mao en el billete gordo, el de 100 yuanes, y además en él estaba acompañado por otros tres comunistas históricos (Zhou Enlai, Liu Shaoqi y Zhu De). También había monedas de céntimo, los "fen", aunque ya entonces lo único que se podía hacer con ellas era calzar sillas cojas.



  No veías apenas españoles, si acaso grupos de padres que venían a adoptar: Ahora las calles de Pekín, tanto las zonas turísticas como las de bares y restaurantes, son lugares donde oír a gente hablar español ha dejado de ser algo exótico. Hace 12 años, China no era para los españoles ni destino turístico ni comercial (salvo contadas excepciones), pero sí el principal origen de los niños que se adoptaban en el país, por lo que los españoles que más a menudo venían eran grupos de 10 o 12 parejas en busca de niños que se les había asignado. Después, China redujo mucho estas adopciones, y aunque siguen existiendo, las esperas son largas (¡hasta seis o siete años!) y los españoles interesados en adoptar han diversificado a otros destinos. Al mismo tiempo, la crisis, la globalización y los pérfidos cantos de sirena del blog Chinochano han animado a muchos españoles a venir a Pekín, así como a otras ciudades chinas, para trabajar, estudiar, o pasar una temporada lejos de la España barcenil.

Se podía comer por 20 yuanes y se podía alquilar un piso por 2.000: Cuando mis parientes de más edad me venían en los 90 a relatarme lo mucho que se podía hacer en los 60 con un maravedí, yo pensaba "nunca daré imagen de abuelete diciendo cosas así en el futuro", pero mira, aquí me veis. Pekín hace 12 años era la mar de barato, y más que lo fue cuando España, a los pocos meses de estar yo aquí, cambió al euro que tanto mal nos ha hecho. Después llegó la típica revalorización de alquileres con los Juegos, la reconversión de tiendas cutrillas en tiendas elegantes que vendían lo mismo pero más caro... en fin, ya sabéis, la triste senda del progreso.  




Ser extranjero daba caché: A principios de la pasada década, todavía no había muchos extranjeros en Pekín (aunque todo depende de la perspectiva, alguien que lleve aquí desde los 80 dirá que en 2000 ya había muchos). En consecuencia, los pequineses todavía trataban al visitante de ultramar como un raro especimen al que había que cuidar, o por lo menos observar para ver qué hacía: se le sonreía más en las tiendas, se le paraba en la calle para practicar el inglés, se le hacía fotos, las chicas le paraban en el metro para trabar amistad y quién sabe si algo más... Actualmente, con la oferta de laowais totalmente cubierta, los pequineses ven al occidental con bastante indiferencia, y a veces parece que con algo de hartazgo (sobre todo en épocas en las que sale alguna noticia de algún guiri borracho haciendo el cafre en la calle, aunque son cosas que suelen durar poco tiempo, por fortuna).

Dedicabas jornadas enteras a hacer excursiones a tiendas donde vendían productos occidentales: Hoy en día, Pekín tiene un Starbucks en cada esquina, el segundo Ikea más grande del mundo, cuatro o cinco Carrefours, más restaurantes españoles que Madrid (bueno, exagero aquí un poco), aceite de oliva en cada supermercado... pero hace apenas 10 años la cosa no era tan fácil. No digo que hubiera escasez en plan posguerra, pero ciertos productos occidentales costaba encontrarlos, y a veces tenías que indagar en el gueto occidental -ver punto uno- si alguien sabía cómo conseguirlos, u organizar "expediciones" de un día para ir a un supermercado en el quinto pepino donde alguien había creído ver pepinillos en vinagre. Hoy en día, en cambio, es más fácil hallar comida gourmet europea en Pekín que en mi Huesca natal. Prueba de ello es que uno de los primeros posts que escribí en el blog, uno sobre cosas que no había o era difícil encontrar en Pekín, ha quedado bastante desfasado.
 

  Los cibercafés eran el local de moda entre la juventud: Todavía existen, sí, pero con la llegada del wifi y los smartphones se han convertido en antros lumpen llenos de humo y gente que parece salida de la versión china de "Yo, el Vaquilla". Hace 12 años, cuando internet empezaba a explotar en China pero aún había mucha gente que no tenía ordenador (yo incluido) eran el local más frecuentado por los jóvenes. Aunque hay que decir que durante dos años o más estuvieron todos prohibidos en la ciudad, después de que un incendio provocado por un jugador al que no dejaban entrar en uno causó la muerte de 40 personas. Yo los he usado hasta hace relativamente poco, en casos de emergencia o en viajes, pero otra cosa que me ha ido alejando de ellos son las muchas pegas que ponen para usarlos si eres extranjero (siempre hay que llevar pasaporte, y a veces ni con él te dejan).


Las fiestas de Año Nuevo eran silenciosas: Venga ya, me diréis los novatos, pero así era, durante cosa de seis o siete años Pekín prohibió los petardos y fuegos artificiales todo el año, incluyendo en la principal fiesta china, por lo que los pequineses vivían estas celebraciones algo apesadumbrados, como si les faltara algo, como si en España nos prohibieran el caganer en los belenes. Finalmente el ayuntamiento decidió que no se podían poner puertas al campo, volvió a autorizar su uso, y hala, desde entonces todos los años se quema algún rascacielos o monumento histórico, como tasa a pagar con tal de mantener la milenaria tradición pirotécnica oriental.




Sólo había tres líneas de metro: la 1, la 2 ¡y la 13!: Cuando yo llegué sólo estaban la 2 (la circular, que equivale al segundo anillo) y la 1, que va de este a oeste pasando por Tiananmen en su centro (además de una especie de ramal llamado la Línea Batong). Como un año o dos después se inauguró la 13, que no es subterránea y va a las afueras del norte de la ciudad. El extraño número es porque las nuevas líneas no siguen un orden cronológico, sino que están todas, presentes y futuras, en un mapa del ayuntamiento, y éste las va construyendo sobre la marcha. En los años previos a los Juegos, los políticos locales empezaron a inaugurar líneas cual poseídos por alcaldes madrileños, y así hasta hoy, en que hay un metro bastante decente, muy barato (dos yuanes, uno menos que cuando llegué) y muy fresquito en verano, aunque las muchedumbres que lo llenan en horas punta quitan un poco las ganas de usarlo.

 Había más contaminación, se escupía mucho más, y se empujaba más en el metro: Cuando ahora los novatos se quejan de la polución, de las maneras de algunos pequineses y cosas así, les suelo decir algo semejante a lo que los abuelos nos decían de "una guerra tendríais que haber vivido". Antes estaba la cosa peor, ¡hemos mejorado! En 2001 Pekín olía a carbón puro, en invierno escupía con flema un muy importante porcentaje de peatones y ciclistas, y para salir o entrar en los vagones de metro había unas melés dignas de Torneo Cinco Naciones. Cierto es que actualmente la polución por el tráfico (hay como el doble de autos que cuando yo llegué) ha aumentado el smog, pero ese olor de Pekín de 2001 yo no lo percibo. Lo de los escupitajos, que en esa época eran un tema de conversación casi rutinario entre guiris, ya casi ni lo nombran los extranjeros recién llegados, los han visto y oído pero no son el pan nuestro de cada día. Gracias a las campañas de civismo preolímpicas, tal vez (y a las multas).



  Los taxis eran rojos, y de tres precios para elegir: Estaban los Xiali, un cochecillo semejante a un Renault 8, que cobraba 1,2 yuanes por kilómetro. Luego tenías los que eran un poco más grandes, marca Citroen o Volkswagen, que cobraban 1,6 yuanes. Finalmente, los más grandes, no recuerdo de qué marca pero con aspecto más lujoso, de color negro y muy escasos, que cobraban 2 yuanes por kilometrada. Más tarde toda esa flota se sustituyó por Hyundais (hay una fábrica en Pekín) de dos colores, uno siempre amarillo, el otro variable según la compañía. Los nuevos taxis fueron echando de la calzada poco a poco a los rojos, y adoptaron la más cara de aquellas tres tasas. Hace unas semanas, como sabréis los residentes, la han subido a 2,3 yuanes/km , con lo que ir en taxi ya se está convirtiendo, como en España, en un pequeño lujo que no todos los días te puedes permitir. Antes, por otro lado, los taxis abundaban tanto que apenas te parabas en la acera ya llegaban dos o tres a rogarte que subieras, ahora hay veces que es imposible encontrar uno (aunque con la última subida de precios la cosa ha mejorado).

Los autobuses urbanos eran como de los 70, y muchos tenían suelo de madera: Los cambiaron poco antes de los Juegos, pero eran un auténtico espectáculo, con ese aspecto cochambroso. Aunque no debería yo hablar muy mal de ellos, porque en mi Huesca natal también teníamos unos buses públicos que daba penica verlos, creo que eran de segunda o tercera mano, procedentes de líneas de ciudades mayores.




Había cuatro rascacielos: Las dos torres negras de Guomao, el edificio Jing Guang (cerca de allí, un poco más al norte en el tercer anillo), el Capital Mansion (que sigue teniendo una de las mejores vistas de la ciudad) y pare usted de contar. Después llegaron las torres del Soho, la tercera torre de Guomao (actualmente el edificio más alto de la ciudad, y desde hace unos días sede de la más alta maratón vertical del mundo), el edificio de CCTV y mucho más. Todavía no es esto Shanghái o Nueva York, pero el skyline pequinés ya se está animando.

Se viajaba a otras ciudades en tren cama: Con la rápida expansión del tren de alta velocidad en China (hace cinco años no tenía ninguna línea, ahora es el país que más tiene del mundo, triplicando al segundo, que es España) se está perdiendo, aunque todavía no del todo, la costumbre de viajar en cama dura. Ah, esos viajes amenizados por los sonidos de uno de los pueblos más roncadores del mundo... 




No había controles de seguridad en el metro, ni un día en el que los coches no podían circular según su número de matrícula: Estas cosas se introdujeron en las semanas previas a los Juegos Olímpicos, creíamos que con carácter temporal, pero acabaron quedándose. (Tampoco estaba tan limitado ni hipervigilado el acceso a la siempre sénsibol Plaza de Tiananmen).

Había un extranjero en la tele llamado Dashan que salía a todas horas: Los jóvenes creo que ya no lo conocen, dejó de ser un especimen único, pero en aquellos tiempos pasados Dashan era de los pocos exranjeros que hablaba chino con perfecto acento pequinés y tenía arrestos para presentar programas, ser actor en teleseries... Era omnipresente y un poco pesado, pero luego le salió mucha competencia. Hoy creo que todavía sale en el canal en inglés de CCTV, pero su fama -y la animadversión un poco envidiosa que le teníamos muchos laowais- han descendido en picado.



No había motos ni bicicletas eléctricas: Estaban prohibidas, según el gobierno central porque eran peligrosas y contaminantes. Recuerdo haber escrito hasta artículos quejándome de aquella prohibición y defendiendo su regreso a las calles de Pekín. Se volvieron a autorizar hace cosa de un lustro, y ahora que están de vuelta y extendidísimas entre los pequineses, me arrepiento completamente: tenía razón el ayuntamiento, ahora me parecen un peligro total, sobre todo porque no hacen nada de ruido y no las ves venir a toda velocidad. Nos están echando a nosotros los pobres y desamparados ciclistas, del carril bici (aunque los extranjeros que pedalean como si estuvieran en el Tour también son un ran riesgo).
Una de las zonas de más marcha era el sur del Parque Chaoyang: Allí había locales míticos como el Latinos (precursor del Salsa Caribe actual) o, al lado, el Big Easy, con forma de barco de vapor surcando el Mississippi y en cuyo interior vi una vez a una bailarina china voluptuosa que bailaba con una boa de bufanda, en plan Salma Hayek. Nada queda de todo ello.


Pues así era la China de 2001... no había ya mujeres de pies enanos ni eunucos en la corte, pero en fin, han cambiado algunas cosillas y seguramente a alguien que visitara Pekín en 2001 y no lo volviera a hacer hasta ahora le sorprenderían algunas diferencias. Probablemente me habré olvidado algún cambio importante (cuando estás en un lugar permanentemente a veces es más difícil percibir los cambios), así que podéis recordármelo en la sección de comentarios, comenzando con un clásico "te has dejado...".

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