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07. Viajes por China y alrededores


Yu Es Ei!
Yu Es Ei!
Yu Es Ei!

2 de Marzo, 2015, 0:01

Ya os conté en posts anteriores que viajé durante casi un mes por los Estados Unidos. Aunque el viaje terminó hace ya más de una semana, voy a recordarlo un poco en este post, para que quede constancia aquí de uno de los viajes más interesantes que he hecho en los últimos tiempos.

Mi viaje comenzó en Chicago y terminó en Los Ángeles, así que podría considerarse mi propia versión de la mítica Ruta 66, aunque algo desviada en la parte central, porque era esencial en mi viaje pasar por Colorado, estado en el que vive actualmente una sobrina a la que fui a visitar.


Ruta 66 y, en boli, la ruta que hice yo.


Ese largo recorrido me permitió, aunque las escalas fueran cortas y me quedara siempre con ganas de ver más, hacerme una idea de lo variados que son los Estados Unidos. Del frío casi polar de Chicago pasé al calorcito de Los Ángeles (aunque el agua de sus playas aún estaba demasiado fría para bañarse). De las grandes aglomeraciones de esas ciudades pasé a los enormes espacios casi vírgenes de las grandes llanuras de Kansas o los de los desiertos de Nuevo México y Arizona. Vi el Mississippi, el Missouri, el río Grande y el Colorado, cuyo cañón es una de las cosas más asombrosas que jamás he visto, porque por muy famoso que sea uno no se lo imagina hasta que lo ve. Vi las Montañas Rocosas, los casinos de Las Vegas, el salvaje oeste domado de Wyoming, las casas afrancesadas de Saint Louis o los barrios pijos de Hollywood, todo ello en tres husos horarios distintos que acabaron por liarme sobre la hora que era entonces y las que eran en Pekín y en España. También vi las casas mexicanas de Santa Fe, los escenarios de Breaking Bad de Albuquerque, la plácida vida en casitas con jardín y porche de Fort Collins, las entradas a las mansiones de las estrellas de Beverly Hills o la dura vida de los miles de vagabundos que deambulan por las grandes ciudades, sobre todo en el sur del país, a donde emigran en verano en busca de calor. En definitiva, uno de los viajes más intensos y diversos que he podido disfrutar, aunque eso sí, algo más caro que mis habituales excursiones por el sureste asiático.

Durante el viaje me preguntaron en alguna ocasión qué me gustaba más, si China o Estados Unidos. Una pregunta difícil de responder de forma fría y ecuánime, ya que el primero de esos países es mi lugar de trabajo, por lo que paso muchos días monótonos en él, mientras que los EEUU sólo los he conocido de vacaciones, con tiempo libre, dinero para gastar sólo en ocio y y ganas de ver cosas nuevas.

Sería pues injusto por tanto tratar a ambos por igual, pero bueno, podría destacar que en EEUU interactúas más con la gente, por aquello de que los estadounidenses en general son gente más jovial, más campechana y muchas veces les gusta bromear hasta con el desconocido. Bueno, también influye el hecho de que en China entiendo el 20 por ciento de lo que me dice la gente, mientras que en EEUU ese porcentaje es aquello que se me escapa de las conversaciones, pero aún teniendo eso en cuenta da la impresión de que los estadounidenses se ven más confiados en sí mismos, más echados para alante, y más animados a la hora de conversar con desconocidos, incluso más de lo que lo hacen los españoles. Me sorprendió, por ejemplo, que en los autobuses mucha gente enseguida contara su vida a cualquiera que quisiera oírla (o incluso aunque no quisieran), y cómo salió más de un caso de gente que había salido de la cárcel, había tenido un grave problema familiar o era protagonista de un asunto truculento de similar ralea. Aunque, todo hay que decirlo, la fauna que viaja en los autobuses estadounidenses, los míticos Greyhound, es para echarle de comer aparte...


Y aquí enlazo con un asunto con el que creo que situaría a China en mejor situación que a EEUU: el transporte. En Estados Unidos, como sabréis hasta aquellos que no los hayáis visitado, el automóvil es un pilar fundamental de su cultura y sociedad. Todo el mundo va en automóvil a todas partes: comen en él, ven películas en él, hasta hacen transferencias bancarias sin desmontarse de él. Consecuencia negativa de la gran pasión de los estadounidenses por los coches es la insuficiente red de transporte público, sobre todo el interurbano, entre distintas ciudades: los autobuses Greyhound fueron mi alfa y omega en el viaje, les estaré eternamente agradecidos y sus conductores son unos cachondos, pero sus horarios son malos, estuvieron a punto de perderme las maletas en al menos dos ocasiones, y la gente que viaja en ellos es la más extraña del país: junto a mochileros trasnochados como yo se puede conocer en sus asientos a toda la gente que os mencioné arriba: ex convictos, enfermos mentales de mayor o menor gravedad, cuáqueros, gente con líos de todo tipo, y en definitiva, esas excepciones del sueño americano que, por razones inexplicables, no pueden ir en coche como el 90 por ciento de la gente de bien. En todo caso, viajar con ellos fue una interesante aventura (es algo que sólo puedo decir una vez he confirmado que ninguno de ellos me robó).

Otra consecuencia del total dominio del automóvil en EEUU es que muchas ciudades sencillamente no tienen peatones, están desiertas hasta en el centro de la ciudad, lo que a veces las convierte en un poco inquietantes. Por ejemplo, Saint Louis o Kansas City, dos ciudades por lo demás muy interesantes y agradables, pero en las que pasear por sus "downtowns" me dio algo de mal rollo, ya que yo era prácticamente el único que caminaba por la calle. Bueno, yo y los vagabundos y homeless, que claro, me venían todos a pedir a mí, que era el único posible dador de limosnas que no se iba a escapar corriendo en su coche. Algo parecido experimenté, por ejemplo, en un sitio tan turístico y trepidante como Las Vegas: a nada que me alejara de las calles de los casinos, sólo veías vagabundos, arruinados en el juego e inquietantes personajes con aspecto de "gangsta" apoyados en las esquinas. Pasear por las calles de EEUU a veces te puede dar la sensación de estar en otro mundo, mucho más alejado de España que en una calle de Shanghái, Tokio o Bangkok.

La gran diferencia entre China y EEUU es, en todo caso, el paisaje: el chino está casi siempre mancillado por el hombre, nunca o casi nunca verás en este lugar un horizonte puramente natural, sin un poste o teleférico que te lo destroce. En Estados Unidos, muchísimo menos densamente poblado, pude comprobar cuantísimo espacio vacío hay entre las grandes ciudades de la costa este y la oeste. En Kansas, Colorado, Nuevo México o Arizona hay enormes extensiones de pura naturaleza: grandes desiertos y llanuras peladas, de vez en cuando adornadas con una montaña nevada de cuento, o una roca roja y de formas raras como las de los Westerns. Lo más bonito de ese país, con diferencia, son sus zonas naturales, y eso que aún me queda mucho por ver de ellas: Monument Valley, los parques nacionales, los bosques del norte, etc.

No fui a EEUU a hacer política ni a hablar de ella, pero sí me llamó la atención, al entrar en dos capitolios estatales (el de Colorado en Denver, y el de Nuevo México en Santa Fe) la gran sensación de transparencia que me dio la política diaria de ese país. En esos capitolios, que a menudo son copias en miniatura del más grande y famoso de Washington (o eso imagino, porque aún no he estado en la capital estadounidense) los guardias de seguridad no te cachean, puedes entrar en las salas del senado y del congreso local, y hasta te puedes meter por las oficinas del gobernador. Oyes a la gente haciendo lobby en los pasillos, o puedes tú ir a hacelo. Al lado de la gris, cerrada y monótona política de China (que con Xi Jinping en el poder está alcanzando niveles de opacidad y retórica inútil que hasta a Mao le parecerían excesivos) el ambiente de la política estadounidense, aunque lo viera sólo de pasada, me pareció muy sano y normal.

Una cosa que tiene EEUU y que no sé aún si es buena o mala es lo familiar que nos puede resultar todo debido a las películas que de ese país hemos visto todos desde pequeños. Cualquier cosa que hagas en ese país te puede recordar a una película: entrar en un restaurante "diner" como los que salen en las películas de los años 50, dormir en un motel de carretera como los de las pelis de terror, pasear por un barrio de casitas de madera como los de Mujeres Desesperadas, ir por Los Angeles y creer que eres un protagonista de Mulholland Drive (o del juego GTA V, que acababa de terminarme pocas semanas antes del viaje)... Las películas de Hollywood no nacen de la nada, son un reflejo distorsionado de la vida estadounidense en sus múltiples facetas, por lo que viajar por ese país es ver por ti mismo los escenarios de las películas, aunque con unos argumentos menos intensos (difícil va a ser que te encuentres con un tiroteo, un superheroe luchando con un supervillano o una rubia espía, pero bueno, cualquiera sabe). EEUU sabe que el cine ha construido su leyenda y no vive a espaldas de ello: muchos lugares tienen carteles en los que se recuerdan famosas escenas que se han grabado en ellos, Albuquerque ofrece "Breaking Bad tours" y muchas veces el edificio más histórico y bello de una ciudad provinciana es precisamente su cine de los años 50.

Por resumir, es un país que ya antes, cuando visité Nueva York en 2007, me gustó, pero que ahora que he conocido en más variedades y aspectos me gusta mucho más, y en el que no me importaría vivir una temporada, si algún día se me presentara la oportunidad. A veces en el viaje me reconocía con el corazón partío, porque le tengo mucho cariño a dos lugares que son hoy por hoy las dos grandes potencias rivales China y EEUU, pero bueno, no estamos en la guerra fría, y como soy de un país relativamente "neutral" pues me lo puedo permitir.

En fin, podría hablar mucho más de mis sensaciones sobre ese gran lugar, pero creo que mejor va a ser que acabe con una buena ristra de fotos que allí tomé en casi un mes dando tumbos por mi ruta 66 alternativa. Si algún día podéis, haced vosotros la vuestra, no os arrepentiréis.


CHICAGO




SAINT LOUIS






COLORADO (DENVER Y FORT COLLINS)



NUEVO MÉXICO (SANTA FE Y ALBUQUERQUE)




ARIZONA Y EL GRAN CAÑÓN


LAS VEGAS


LOS ÁNGELES

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Año Nuevo Chino
en el Nuevo Mundo

24 de Febrero, 2015, 0:01

Ya estoy de vuelta por China, tras un mes de viaje por los Estados Unidos del que hablaré detenidamente en mi próximo post... Durante el viaje apenas he visto nada que me recordara a China... salvo en los últimos días, cuando se aproximaba la festividad del Año Nuevo Lunar.

Los recuerdos de China comenzaron a aflorar, como decía en el post anterior, en Las Vegas, un lugar que además de parecerse a Macao (aunque quizá sería mejor decir que Macao se parece a Las Vegas) había colocado muchas decoraciones del Año Nuevo Chino en sus casinos, para recibir con ellas a los turistas chinos que esperaban recibir estos días.


Venetian


Wynns


Caesars Palace (mi casino favorito)



Pero eso fue en los días previos a la fiesta: el Año Nuevo Chino propiamente dicho me pilló en Los Ángeles, donde decidí que, ya que estaba allí por esas fechas, sería una buena idea ir al Chinatown de la ciudad, que además es el Chinatown de la película Chinatown (en la que del barrio se ve más bien poco, pero en fin, lo que cuenta es la intención).



El Chinatown angelino está junto a la parte más antigua de la ciudad, conocida como Olvera Street, un lugar con iglesias coloniales de estilo español que estaba ese día animadísimo porque el Año Nuevo chino coincidió con el miércoles de ceniza, y muchos mexicanos de Los Ángeles visitaron la iglesia de Nuestra Señora de Los Ángeles en Olvera para recibir una cruz de negra ceniza en la frente. Había baile, mucha fiesta, y me pareció uno de los rincones más encantadores de esa ciudad inabarcable que es Los Ángeles.



El Chinatown de Los Ángeles, en cambio, estaba ese día totalmente desangelado. Tiendas cerradas, nada de iluminación festiva, calles desiertas... me dijo una de las pocas tenderas que aún no había cerrado su establecimiento que ese día los chinos del barrio sólo se dedicaban a comer en casa, que las grandes festividades las harían el fin de semana.

Así que poco pude ver del barrio, y lo más chino que pude fotografiar fue el andén de su estación de metro.



Antes había pensado que la palabra "Xing", presente en muchos lugares de la ciudad, hacía alusión a algo relacionado con China, pero googleando descubrí que no es una palabra en mandarín, sino una forma abreviada de la palabra "crossing" (paso), que se coloca para señalar el sitio donde pueden y deben pasar los escasos peatones de Los Ángeles (ciudad en la que, como en todas las de EEUU, la mayoría de la gente va en coche a todas partes, y sólo andamos los turistas, los vagabundos y poca gente más).



Sí hubo genuinos homenajes a la comunidad china en en Staples Center, el estadio de los Lakers y los Clippers, donde durante el partido entre Clippers y Spurs hubo muchos mensajes en mandarín en el luminoso del recinto. No sé si estaban muy bien escritos, porque los muchos espectadores chinos que había (entre turistas e inmigrantes residentes en la ciudad) se reían bastante cada vez que salía algo en su idioma.



En fin, no debe olvidarse que en la meca del cine la que probablemente es la más famosa sala cinematográfica del mundo, el Teatro Chino, ya es de por sí una permanente dedicatoria a los habitantes del otro lado del Pacífico. Esos días el teatro estaba algo rodeado de andamios y vallas porque junto a él está el Teatro Dolby (antiguo Teatro Kodak), donde se concedieron los Oscars un año más.

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Servicios mínimos desde Illinois

26 de Enero, 2015, 0:01


En las últimas horas he pasado, aunque fuera sobrevolando, por los cuatro países más grandes del mundo, y también por el Ártico. Como viajé de noche no vi mucho del Polo (espero verlo a la vuelta), y en su lugar he visto la película de las Tortugas Ninja, la del Hotel Budapest, una malísima de Walt Disney con personas reales, otra de unos indios que montan un restuarante en Francia, un episodio de Friends, uno de The Big Bang Theory, y otro de un reality de unos tíos que se dedican a montar peceras para ricos (está visto que no tenía muchas ganas de dormir). Me encuentro en Chicago, la ciudad de Michael Jordan y Gasol, donde comienzo un mesecito de vacaciones por los Estados Unidos, con el fin sobre todo de devolver a mi sobrina, que vive aquí, la visita que me hizo a China hace ocho años. Ayer, en Pekín, tenía siete horas de adelanto con España, y ahora tengo siete de retraso. Cosas de los viajes transoceánicos.

No he podido ver mucho de Chicago, porque también he llegado de noche, así que lo único que puedo decir es que el tren del aeropuerto a la ciudad era un poco cochambroso, y que en esta noche en vela que me ha regalado el jet-lag he oído muchas sirenas por las cercanías del hostal que me encuentro, situado al lado del estadio de los Cubs. Son sirenas de ambulancias creo, no de la policía, que tampoco vamos a tirar del topicazo de Al Capone. Algunos de los vecinos de habitación son chinos y se encargan de demostrarlo con sus gritos, así que me siento como en casa.

En el control de pasaportes me han hecho el mismo interrogatorio que la anterior vez que vine, hace también ocho años. El policía, un señor apellidado Zamora según decía su placa, me ha hecho más preguntas que al resto, porque le debió resultar raro ver a un español en un vuelo de Pekín, rodeado de chinos. Tanta pregunta me hacía que al final en cada respuesta me he puesto a responderle lo que quería y cuatro o cinco datos más, para ver si así acabábamos antes. Pero vamos, que tampoco me quejo. Antes, en la cola, una policía con un perro sabueso nos olisqueaba a todos (el perro, no la policía) en busca de comidas que no se pueden meter en los USA, aunque me imagino que también hubiera encontrado algo de droga si alguien la hubiera llevado, que no ha sido este el caso. Sí que se ha quedado con un par de sandwiches de jamón.

Poco más que contar, ya os diré más en los próximos días, si consigo hilarlo con la temática china del blog. A cuidarse...

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Esquía en el Chongli preolímpico

16 de Diciembre, 2014, 0:01


El pasado fin de semana volví a ir a las pistas de esquí de la provincia de Hebei, al norte de Pekín, en las que China quiere organizar los Juegos Olímpicos de Invierno de 2022. La primera vez que estuve, en febrero, la candidatura china era casi una quimera, pero a raíz de que se retirara Oslo, la gran favorita, el país asiático ya sólo compite contra Almaty, la capital de Kazajistán, así que no sería raro que los chinos se los llevaran. En realidad, voy un poco sobrao y yo ya desde hace meses le doy a China por adelantado esas Olimpiadas, lo que puede causar que en unos meses este post, título incluido, sea un poco ridículo, pero bueno, ya se sabe lo atrevida que es la juventud, y matemáticamente tengo un 50 por ciento de posibilidades de éxito.

Hace unos meses ya os conté lo anterior y os puse algunas fotos de las pistas de esquí, así que hoy me he decidido a hacer un post más práctico y a contaros cómo viajar a ese lugar, si vivís en China, os gusta el esquí y queréis esquiar en unas posibles pistas olímpicas (en realidad también lo escribo para consultarlo cuando vuelva a ir, para acordarme de precios y horarios). Hay que aprovechar ahora que aún no son oficialmente sede olímpica (en 2015 el COI elegirá si los JJOO se van a China o a Kazajistán), porque después igual hay un boom de turistas y ya no son un sitio tan tranquilo como lo son ahora.

Se suele decir en los periódicos que las pistas están en la ciudad de Zhangjiakou, pero en realidad desde ellas hasta ese lugar hay más de una hora de viaje. En realidad, a donde hay que viajar para esquiar es a un pueblo situado a pocos kilómetros de las estaciones invernales llamado Chongli (崇礼). Para ir a Chongli hay autobuses directos de Pekín que salen desde la estación de Beijiao (北交), que está cerca de la zona olímpica, un poco más al norte de la parada de metro de Jiandemen, de la línea 10. Apuntadlo bien, que en Pekín hay decenas de estaciones de bus y cada una tiene los destinos que les da la gana.


De Pekín a Chongli hay cuatro largas horas, así que recomiendo al que quiera ir que tenga paciencia, que lleve el smartphone bien cargadito y que no vaya a esquiar sólo un sábado y un domingo, que se tome si puede el viernes o el lunes libre. El billete de autobús cuesta 80 yuanes, y hay autobuses muy de mañana (entre 7 y 9 y media). También hay autobuses a las 2 de la tarde o algo así, que también pueden estar bien si sales un viernes con intención de esquiar el sábado. Similares horarios hay en los autobuses de vuelta desde Chongli a Pekín (el último sale a las 3 y media de la tarde).

Si a China le dan las Olimpiadas invernales, seguramente se construirá un tren de alta velocidad que irá de Pekín a Chongli en una hora, lo cual por una parte será fantástico pero por otra parte puede masificar las pistas, como ya os mencionaba antes. Ahora apenas hay colas en los telesillas, ni hay atasco bajando las pistas, es algo que se agradece.

Chongli es un pueblo muy pequeño, apenas tres o cuatro calles. Es la cabecera de comarca donde la gente de las aldeas de los alrededores vende productos en el mercado y compra en las tiendas. Un sitio un poco lumpen y con olor a carbón, pero tiene su aquel. Al norte del lugar se está construyendo a paso ligero una especie de Suiza de cartón piedra con hoteles de montaña, pero recomiendo que intentéis buscar alojamiento en la parte más rural del pueblo, donde hay muchos hotelitos con habitaciones bastante decentes por 100, 150 yuanes (en la zona suiza os pedirán tres o cuatro veces más). La pega de los hoteles baratillos es que en algunos no admiten a extranjeros, por lo que seguramente te tocará preguntar en varios y sufrir el rechazo en más de uno, pero siempre acaba habiendo alguno que pasa de esta segregación tan tontuela que aún existe en China.

Junto a Chongli hay tres estaciones de esquí: Wanlong (Diez Mil Dragones, 万龙), Duolemeidi (Dolomitas, 多乐美地) y Yunding (Cumbre de las Nubes, 云顶). La última de ellas es llamada en folletos en inglés Genting Garden, pero los taxistas no la conocen si les dices "Genting", por muy chino que suene.

Wanlong


Yunding


Duolemeidi



Yo sólo he estado en Wanlong y Yunding, que son las dos más grandes, así que me centro a continuación en estas dos. He oído que Duolemeidi intenta ser una estación de esquí a la italiana, con pizzerías y cabañas inspiradas en los alpes del país-bota, pero no puedo garantizar que sea una copia fiel, pues no he estado en las Dolomitas originales ni en las de imitación.

A Wanlong se llega en taxi desde Chongli en cinco minutos, y los taxistas te cobran 30 yuanes. A Yunding se tarda un poco más, 15 o 20 minutos, y cuesta 50 yuanes de vellón. Ambas están en las mismas montañas, pero Wanlong en la vertiente norte y Yunding en la sur. Yunding, por ello, quizá sea más luminosa, aunque también tiene fama de tener vientos más fuertes y, por tanto, más frío. Las telesillas allí se menean un poco más, pero bueno, tampoco se pasa excesivo miedo. Wanlong es más popular, hay un pelín más de gente, y Yunding es más tranquila, aunque quizá un poquito más cara. Un detalle que varía entre ambas es que en Wanlong al alquilar equipo tienes que dar como fianza tu DNI o pasaporte, mientras que en Yunding se necesitan 2.500 yuanazos. Te los van a devolver, pero los tienes que presentar en efectivo, no olvides llevarlos o tener tarjeta para sacarlos en el cajero del lugar.

Por lo demás, las dos son bastante parecidas: tienen cada una alrededor de 20 o 25 pistas, suelen tirar de nieve artificial (el norte de China es bastante seco y nieva poco) y tienen unas instalaciones bastante decentes, o al menos para un esquiador amateur y poco experimentado como yo. Sumando forfeit, alquiler de esquís y de ropa (bastante chula, por cierto), cuesta alrededor de 800 yuanes diarios. Sí, es un buen dinero, pero el esquí es así, aunque si tienes tu propio equipo o sólo quieres esquiar unas horas te puede salir quizá a mitad de precio. Tienen restaurantes, cafetería en la cumbre de la montaña, y en Yunding además hay un hotel de lujo (cuesta unos 1.800 yuanes la noche) con restaurantes, boleras, billares y demás diversiones para el que se haya cansado de esquiar.

Creo que las pistas son bastante decentes en cuanto a variedad de niveles y dificultad. Wanlong es quizá la que tiene más pistas para principantes, quizá por eso que tenga más gente, pero las dos tienen pistas negras bastante complicadas, o al menos para alguien que baja en cuñita como este servidor. La nieve está algo dura para mi gusto, quizá porque en China el invierno es demasiado frío y se hiela con facilidad, pero si vas a final de temporada, en febrero o así, es más blandita y se esquía con más seguridad. Hay equipos de salvamento bien entrenados, y en general buena señalización para que nadie se salga de la pista y tenga un disgusto.

Animaos un fin de semana si vivís en Pekín y os gusta el esquí, que si se cumplen los pronósticos en pocos años eso será el Chamonix chino y estará un poco insoportable. Y si vais en febrero avisadme, que a lo mejor me animo a ir otra vez, salir de la rutina de Pekín para deslizarse por la nieve sin pensar en nada me parece una actividad muy relajante y recomendable.

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Remansos de paz

8 de Agosto, 2014, 0:01

Mi reciente visita a Shanghái, que ya comenté, incluyó la clásica excursión a las afueras de la gran ciudad para ver uno de esos pueblos de canales y puentecillos que hay en el delta del Yangtsé. En el pasado ya había visitado Zhouzhuang, Tongli, Wuzhen y Xitang (este último protagonizó un post), así que intenté innovar un poco e ir a Nanxun, más que nada porque en este ranking que guardaba yo en la memoría era colocado como el mejor pueblo de canales para visitar.



Nanxun tiene una característica especial que lo diferencia de los pueblos arriba mencionados: está prácticamente vacío de turistas, o por lo menos los días laborables (yo fui un viernes). Es tranquilísimo: las fotos, como se ve, salen casi sin turistas, no hay tropecientasmil tiendas de souvenirs, no te dan la paliza queriéndote vender nada, los restaurantes son familiares y buenos, y, en definitiva, es un oasis de paz perfecto para olvidar el jaleo shanghainés.

Para llegar a Nanxun hay que tomar un autobús en la estación principal de buses de Shanghái, la que está cerca de la estación de trenes más antigua. Se tarda dos horas, un poco más que a otros pueblos de canales más visitados, pero valen la pena esos minutos extra de viaje.
Este blog no atrae millones de lectores, así que no creo que contando esto públicamente aquí provoque que hordas de turistas españoles invadan el lugar y lo conviertan en un Zhouzhuang de la vida.

Otra peculiaridad de Nanxun es que muchas casas están divididas en dos mitades, una exterior de estilo chino y otra interior de estilo europeo, quizá porque sus dueños habían hecho fortuna en Occidente y al regresar a su tierra quisieron llevar la arquitectura de palacios y castillos a su casa ancestral (de forma similar a lo que se ve en otros lugares de China, como Kaiping).

Es muy curioso ver una casa nanxunesa, tan china ella, pero de repente doblar una esquina en su interior y descubrir que la vivienda se ha transformado de pronto en una especie de claustro románico con paredes y pilares de ladrillo visto, o habitaciones con chimenea y butacones.

Mi viaje a Nanxun, en todo caso, quedó un poco incompleto porque casi me dejé de ver su zona más bonita, en el sur del casco antiguo. La razón de ello es que el barrio de canales está dividido en dos por una carretera vulgar y corriente que aisla un poco cada mitad: de esta forma, yo llegué a esa carretera, pensé que se terminaba allí la parte noble del pueblo, y volví sobre mis pasos. Sin embargo, al cabo de un rato me di cuenta de que faltaban cosas por ver, di otra vez media vuelta, crucé la carretera y encontré que aún me quedaba mucho canal de Nanxun por visitar, aunque ya iba algo justo de tiempo. Si alguna vez vais vosotros por allí, que no os pase lo mismo...

En resumen, os recomiendo encarecidamente que visitéis Nanxun, más tranquilo que otros pueblos de canales más afamados (y que también son chulos, que conste). Dejo unas fotos del lugar para que os animen aún más a ir para allá.













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La zorra al revés

23 de Febrero, 2014, 0:01

Hace unos días escribí un post en el que hablaba de Bali sin adoptar tono de folleto de hotel, es decir, contando lo que me gustó del lugar pero también lo que no. Seguramente me explayé más a la hora de contar lo que no me gustó, pero no porque en la balanza fuera lo que mas pesara, sino porque creo que es lo menos conocido de un sitio que se suele presentar en agencias de viajes y revistas del sector como el Edén redivivo.

Sin embargo, por centarme en aquel post en desmitificar, no ahondé en una cosa que sí que me dejó prendado totalmente: los arrozales de Bali, que son de un verdor intensísimo, se desparraman en terrazas hasta donde se pierde el horizonte y están por todas partes en la isla (salvo, claro está, en las zonas de playa y las de montaña más alta, como de mil metros para arriba). Famosos son los de Jatiluwih, pero tambien los hay preciosos en las afueras de Ubud, o en cualquier otra parte de la "tierra baja" balinesa.

He visto bastantes arrozales en Asia, como no podía ser de otra manera, pero seguramente los de Bali son los más bellos que he conocido de este paisaje agrario tan oriental y tan perfecto.






OTROS LUGARES DE ASIA ORIENTAL DONDE VER ARROZALES


En Filipinas son muy famosos los que el pueblo ifugao ha construido durante siglos en Banaue, en el montañoso centro de la isla de Luzón. Como los arrozales balineses, son patrimonio de la Humanidad (bueno, en el caso de Bali no sólo el arrozal está reconocido por la UNESCO, sino en realidad todo el sistema de cultivo y riego que los balineses tienen).

De Banaue no tengo fotos tan verdosas como las balinesas, porque casi todas las instantáneas que tomé en Filipinas las perdí en una mudanza de ordenadores, y sólo conservo esta foto qe hice en blanco y negro con una cámara de las de carrete (y gracias que la llevaba).



En China son igualmente populares los arrozales de Longsheng, en el norte de la provincia de Guangxi, visitables normalmente en una excursión desde Guilin o Yangshuo. Son muy bonitos, pero el lugar está un poco demasiado disneylandizado. De Longsheng sí tengo fotos, pero hoy no estoy en Pekín y hasta que no regrese no os podré poner una. Dejo espacio para ello.


Otro lugar donde he visto muchos arrozales que me gustaron, aunque no estaban en terrazas, fue Corea del Sur, donde no esperaba yo que cultivaran tanto arroz, pensaba que eran más de cereal amarillo (trigo, cebada...). El año pasado, cuando estuve en el sur de Corea del Sur, me encantaron los paisejes del lugar. Además era muy curioso ver cómo plantaban el arroz (los surcoreanos, muy finos ellos, ya no lo hacen a mano, sino con una especie de minitractor pensado para trabajar encharcado).






Pero vamos, el arroz es el alimento básico de los asiáticos, también de los que viven en zonas donde la orografía no es plana, así que hermosos arrozales los hay por todos estos países, desde Japón a Indonesia. ¿Conocéis alguno que os haya dejado alucinando?

ACTUALIZACIÓN (en días siguientes): en la sección de comentarios, Paco ha rememorado Bukitinggi, en Sumatra, con ese nombre tan fantástico que tienen muchas localidades indonesias:

Diego Iván ha apuntado los arrozales de Yuanyang, muy famosos también y que sólo he visto en fotos pero que por lo que se ve deben ser alucinates...

Y de Japón ha recordado los increíbles arrozales-manga que a veces crean agricultores con enorme visión artística, los de Oyama Senmaida y los de Shirakawa-go, lugar del que nunca había oído hablar pero que al buscarlo en Google me ha recordado a la aldea de Asterix.



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Diez años de panqueques inolvidables

19 de Febrero, 2014, 0:01


Primera foto que tomé en Vietnam, en febrero de 2004.


No recuerdo si fue exactamente tal día como hoy, pero sé que fue por estas fechas, en los días previos al Año Nuevo Chino de 2004. Tras un interminable viaje en autobús desde Yangshuo a la frontera chino-vietnamita en el que casi fenezco de frío, llegué a una garita donde un soldado chino me revisó el pasaporte de forma rutinaria. Tras permitirme el paso, caminé unos 50 metros, a otra garita, en la que quien me esperaba era un soldado vietnamita. Entraba así por primera vez -y a pie, qué gozada- en el sureste de Asia, una región que desde entonces ha sido uno de mis lugares favoritos para descansar, relajarme, olvidarme del estrés y ver mundo.

Diez años, más o menos, separan ese viaje del que hice hace unas semanas por Java y Bali, del que os he hablado en los posts más recientes. En ese tiempo he visitado, además de Vietnam e Indonesia (en dos ocasiones), Laos, Birmania, Camboya, Malasia, Singapur, Filipinas y Tailandia (en cuatro ocasiones, aunque dos de ellas fueron más bien de pasada). Empezando por Vietnam y terminando por Bali, se podría decir que he completado lo que algunos mochileros llaman la "ruta del banana pancake", es decir, el viaje desde Bali hasta Indochina (o viceversa) que los hippies, los surferos, los australianos, los lonelyplaneteros, llevan a cabo en varios meses, normalmente pidiendo un año sabático en el trabajo o dejando pasar una temporada entre el fin de sus estudios y la búsqueda de curro (lo que en los países anglosajones se llama el "gap year". Probablemente yo ostento el récord de lentitud en la cumplimentación de la ruta, llamada "del banana pancake" por ser éste uno de los más comunes desayunos que se ofrecen en los hostales y los restaurantes para turistas extranjeros.

El sureste asiático es una región fascinante. Sus gentes son amabilísimas, sonrientes y tranquilas (siempre habrá excepciones, pero la gran mayoría son así). Cada país de la zona tiene una Historia interesantísima, a veces parecida a la de sus vecinos, a veces opuesta. Si bien todos los países tienen cosas en común (los platos con arroz, las frutas tropicales, las motos...), cada uno presenta individualidades casi asombrosas en lugares vecinos, como el hecho de que casi cada nación tiene su propio alfabeto. Las cuatro grandes religiones del mundo están muy presentes en la región. Las grandes civilizaciones asiáticas de los últimos milenios dejaron su huella (indios, chinos, árabes) y también los grandes imperios occidentales (ingleses, franceses, españoles, portugueses, holandeses). Fue, en definitiva, un cruce de caminos y de barcos que absorbió muchos vaivenes históricos y pese a la pobreza, la inestabilidad política o tristes historias recientes, es un lugar indiscutiblemente agradable para el visitante.

Ya escribí un post sobre los países del sureste asiático hace un tiempo, un post que actualizo cuando visito alguno de ellos (y que, por cierto, tengo que actualizar otra vez ahora, a ver si me pongo). Por ello, no voy a repetirme ni explayarme mucho más. Solamente quería escribir este post a modo de homenaje a diez años en los que el sureste asiático está en mi corazón casi de forma tan importante como España o China. Y para conmemorar el aniversario me he regalado el siguiente mapa, con el que no quiero alardear de lo que he recorrido, sino recordarme lo mucho que me queda aún por recorrer. Borneo, las Célebes, las Visayas filipinas, el sur de Sumatra y de Laos, el este de Tailandia y de Malasia, las zonas no birmanas de Myanmar... Confío en que pueda ir a alguno de esos lugares, y que celebre 20 años con más flechas de color.


Unas breves notas a pie de mapa:

-Los lugares citados en el mapa son aquéllos en los que me alojé. Desde ellos como base visité otros sitios de sus cercanías (por ejemplo, desde Hanoi visité Hailong Bay), pero no he puesto esas excursiones para simplificar.

-Cuatro de los lugares citados en realidad no los conocí demasiado porque sólo estuve en ellos haciendo noche: Baguio (Filipinas), Chiang Khong (Tailandia), Surabaya (Java, Indonesia) e Ipoh (Malasia). En todo caso me di una vueltecilla por ellos (al atardecer, o de mañanas) antes de emprender camino para otros destinos.

-Casi ninguno de los trayectos lo hice en avión, porque me gusta ver los países que visito desde abajo. Hay excepciones, porque no hubo más remedio. Concretamente, el trayecto entre la tailandesa Chiang Mai y la birmana Rangún (las fronteras terrestres de Birmania están casi siempre cerradas a cal y canto, o lo estaban entonces), el trayecto desde la malasia Penang a la indonesia Medan (quería ir en barco pero el servicio de ferrys había sido cerrado, para mi gran disgusto), el viaje Medan-Kuala Lumpur, y el más reciente Bali-Yakarta (estos dos últimos porque no me quedaban ya días de vacaciones y porque eran viajes de retorno, ya había pasado por allí abajo antes).

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Postales desde Java

16 de Febrero, 2014, 0:01

En recientes posts he hablado un poco de Java, isla que visité hace unas pocas semanas... Los posts no los acompañé de fotografías tomadas en el viaje, porque a mi portátil no le sentó bien el paso del Ecuador y feneció pocos segundos después de enchufarlo en Yakarta.

Ahora que ya he descargado las fotos, he tirado las muchas desenfocadas que mi infame cámara Canon hace constantemente (nunca más Canon, nunca más) y he seleccionado las que más me gustan, puedo ya por fin, con algo de retraso, mostrar algunas instantáneas. Valgan ellas como ilustración a posteriori de los artículos anteriores.


Monas (Monumen Nasional), el feo pero imponente monumento central de Yakarta.


Templo en Glodok, el barrio chino de Yakarta.


Plaza central de Kota, la antigua zona colonial de Yakarta.


Unas chicas desfilan marcialmente junto a una mezquita en Yogyakarta, Java Central.


Una de las muchas paredes pintadas de Yogyakarta.


Pasando la tarde en buena compañía.


Paseo por los callejones Yogyakartianos.


Guardianes del Kraton, el palacio del sultán de Yogyakarta.
El que está de espaldas exhibe una kris o daga sagrada.


Mezquita subterránea de Yogyakarta.


Motos, motos y más motos.


Hordas de colegialas invaden el impresionante templo hindú de Prambanan.


Prambanan al atardecer, a la espera de ver la danza del Ramayana.


Bailarines del Ramayana, la danza épica sobre el rapto de Sita
y el rescate de ésta por parte del antipático Rama.


Un candi (templo) cerca de Prambanan, en las afueras de Yogyakarta.


Borobudur, también tomado por los estudiantes, aunque sólo en su famosa azotea.
Los pisos más bajos, más bonitos y con relieves fascinantes, están vacíos.


Jugando al fútbol junto a un candi, también cerca de Prambanan.


Puerta del pasar (mercado) de Solo, Surakarta.


Templo de Candi Ceto, en la ladera del volcán Lawu, en las afueras de Solo.


La impresionante y temible belleza del volcán Bromo,
tal vez lo más espectacular que vi en Java.


Amanecer sobre el "mar de ceniza" en el que está el Bromo.
Al fondo, otro volcán activo, el Seneru, el pico más alto de Java.

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¿Es Bali el paraíso?

13 de Febrero, 2014, 0:01

Mis recientes vacaciones, que poco a poco se van quedando en el recuerdo mientras retomo la rutina laboral, transcurrieron no sólo en Java, a la que he dedicado varios posts en las últimas semanas, sino también en la mítica isla de Bali, que está justo al ladito, a apenas una hora de ferry. Bali, el supuesto paraíso en la Tierra, esa isla para el placer y el dolce far niente... Una tierra que en los días que estuve yo estaba también llena de turistas chinos, de vacaciones por el Festival de Primavera, aunque su rollo de viajes en grupo era diferente del mío, así que no nos cruzamos más que en los monumentos más famosos.

Me han preguntado algunos amigos si Bali es tan paradisiaca como la pinta nuestro imaginario colectivo, reforzado por ese reciente pastiche de Julia Roberts...
...en el que la protagonista conoce en Bali al amor de su vida (Javier Bardem, me da igual destripar una peli si es mala).

Bali es un lugar muy especial, pero ante las acusaciones que recibe de paraíso terrenal, yo diría varias cosillas:


Sus perros son insoportables
: a Bali le pasa lo mismo que a otro supuesto paraíso asiático, la isla tailandesa de Phuket: a nada que te intentas salir de las zonas turísticas y te vas a pueblecitos, a lugares más rurales, ya tienes a centenares de perros malhumorados y antipáticos ladrándote, siguiéndote y gruñéndote. Los perros balineses, además, son especialmente feos, delgaduchos y mal alimentados, son los perros más feos que he visto nunca. No es un problema sólo de Bali (también en los pueblos de China o de Tailandia hay perros rabiosos y mugrientos), pero en todo caso desanima bastante cuando se quiere ir de excursión, aun entendiendo que los balineses los usan como medida de seguridad para sus casas (¿pero para qué demonios necesitan perros guardianes, no están en el supuesto paraíso?).



Las playas están llenas de basura
: al menos cuando estuve yo (temporada baja y de lluvias) muchas de las playas que visité, incluyendo algunas con mucha fama como Kuta y Seminyak, estaban completamente invadidas por la basura, tanto en el agua como en la arena (sobre todo envoltorios plásticos, que se te pegan al cuerpo al nadar). Puede que no sea en todas las épocas, y es cierto que no parece un problema que se solucione simplemente limpiando (dicen que mucha basura llega con las mareas desde Java, donde la densidad de población es tan enorme que no saben qué hacer con los residuos y los tiran al mar), pero me sigue pareciendo penoso. Y también me parece increíble que yo no me enterara de ello hasta ir a Bali, que nadie se queje una vez lo ha visto. ¿Es que nadie quiere decirlo cuando sale de allí, para así no mancillar la imagen paradisíaca de la isla?



El transporte es un quebradero de cabeza
: había oído que en Bali hay muchos atascos, pero no fueron éstos precisamente los que generaron en mí la impresión de que moverse por la isla (que es pequeñita) es complicado. Lo que dificulta realmente la situación es la falta de transporte público decente, algo increíble para uno de los lugares más turísticos del mundo, y con una gran densidad de población. Las estaciones de autobuses públicos, si es que las hay, suelen estar bien en las afueras de las ciudades, pese a que éstas son pequeñas, y los buses sólo parten de ellas cuando están llenos (o si le pagas al conductor un plus equivalente a los asientos vacíos que va a dejar por salir rápido). Además, si eres extranjero, es posible que en la estación te vuelvan loco los autobuseros, intentándote convencer de que cojas su vehículo a grito pelado (en la primera estación que estuve, nada más llegar a la isla, me dio un ataque de histeria al ver cómo me gritaban todos a la vez). Si pasas de todo esto y decides optar por taxis, ten en cuenta de que aparte de que son unos pesados (te llaman incansablemente desde todas las esquinas, desde el amanecer hasta el ocaso) te cobran precios abusivos por distancias realmente cortas. Por todo ello, en los últimos días en Bali no me quedó más remedio que alquilarme una moto, que es el vehículo que usa todo indonesio que se precie, y aprender a ir en ella (prácticamente nunca lo había hecho, y Bali no es precisamente el mejor sitio para ser conductor nóvel).



Algunos templos no se pueden visitar en paz
: El sureste asiático es en general una región tranquila para el turista, la gente te quiere vender cosas pero sin dar mucho la tabarra, por eso me sorprendió ingratamente ver que en Bali hay timadores de turistas tan pesados y desagradables que me recordaron a los de Egipto, el país donde peor he visto que se trata al turista. Bueno, un pelín menos, porque lo de Egipto es difícil de igualar. En fin, que en algunos famosos templos balineses, como Besakih, hay falsos "guías" que te intentan cobrar por entrar a zonas abiertas al público, o te empiezan a seguir como unos palizas y después te quieren cobrar en dólares por un servicio de guiado que ni has pedido ni has disfrutado... Al final te enfadas con ellos, ellos se enfadan contigo... en fin, el típico rollo de pirámide egipcia.



Sus partes más turísticas son como la calle comercial chachipiruli de tu ciudad
: Starbucks, McDonalds, tiendas hippies pero caras, restaurantes étnicos pero caros... Las calles de las zonas playeras más conocidas (Kuta, Seminyak) o de Ubud, el principal centro cultural de la isla, han sido apisonadas por el comercialismo con disfraz "hipster". Es como ir por Bali y encontrarte las mismas tiendas que en Nanluoguxiang, o en las calles más "molonas" de Barcelona. Si es lo que te gusta, pues adelante, pero para eso no hace falta volar miles de kilómetros.



Una vez planteados estos matices, a la pregunta de si Bali es el paraíso, creo que debería responder que no. A lo mejor sí lo sería si uno se aloja en un hotel de cinco estrellas y se pasa allí todo el tiempo, pero supongo que el que se pueda permitir ese paraíso artificial en Bali lo podrá pagar en muchos otros lugares.

Sin embargo, sería injusto decir que Bali es sólo lo que he mencionado. Bali, pese a todo lo que he dicho hasta ahora, me encantó, dejó un gran recuerdo en mi corazón y ahora mismo volvería, aunque hace apenas una semana que estuve. No es perfecta, porque es humana y terrenal, pero es muy especial.

Sí es cierto, por ejemplo, que la isla es una verdadera belleza natural, una belleza que además resiste a las hordas de turistas. Esos arrozales en terrazas por doquier (los más bellos que he visto jamás, y mira que he visto arrozales), los lagos, los volcanes, los árboles repletos de frutas tropicales creciendo en la cuneta. Añadámosle a ello esos templitos por todas partes, en cada casa, en los tejados, en todo Ubud, unas arquitecturas de locura hindú que convierten a Bali quizá en el lugar más ornamentado que he visto jamás (lo que, además, contrasta mucho con la austeridad de las casas y las mezquitas de Java).

Esos balineses tan amables y sonrientes, a menudo vestidos de vivos colores para hacer ofrendas. Esos acantilados, esas olas, y esos paseos en moto cuesta arriba y cuesta abajo, porque al final lo de ir en moto fue un gran placer, para qué engañaros. Eché pestes sobre los perros o los timadores balineses, pero el día que me fui de esa isla sentí una pena que no sentía desde que estuve en Vietnam, el primer sitio del sureste asiático que conocí.

En mi primera noche de vuelta en Pekín, congelado por el frío y con un catarro febril, soñé toda la madrugada que con mi moto seguía yendo arriba y abajo por las cuestas de la península de Bukit, parando en las calitas y bañándome mientras a lo lejos surfeaban los más valientes.

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Servicios mínimos desde Waterworld

18 de Enero, 2014, 0:01




Llegó el momento de disfrutar de las vacaciones invernales, y en esta ocasión las paso en Java, y tal vez en Bali si el tiempo (atmosférico y de reloj) lo permite. Escribo este post desde Yakarta, ciudad a la que llegué ayer y que está algo inundadilla por las lluvias que caen sin cesar. Es la primera vez, por cierto, que visito el hemisferio sur de nuestro planeta. Si fuera marinero tendría que poner mi cabeza en un cubo de basura y soportar
alguna otra humillación más, pero como no lo soy, mi penitencia va a ser pasar varias semanas a remojo, porque por lo que veo aquí lo de la estación de las lluvias va muy en serio.

Sólo llevo un día en Yakarta, así que no puedo contar mucho, únicamente que he tenido suerte de llegar en fin de semana y la ciudad parece que en sábados y domingos tiene menos tráfico que en días laborales, así que me he librado -relativamente- de una de las peores cosas que según dicen tiene este lugar, sus atascos y el ruido de sus motos y coches. Supe del caos en que viven las ciudades indonesias cuando visité
Medan, en Sumatra, hace tres años, así que venía curado de espantos. Con lo que quizá no contaba tanto es con estas calles con agua que te llega hasta los tobillos a nada que haya un buen chaparrón.

En el paseo por Yakarta que me he dado hoy he pasado fugazmente por el barrio chino de la ciudad, Glodok. Indonesia es, por cierto, el país con más chinos del mundo después de China (unos nueve millones). Los chinos de Indonesia han sido tradicionalmente gente muy rica y con poder, y al mismo tiempo han sufrido muchas persecuciones y matanzas a lo largo de los siglos, la última de ellas hace bien poco, a finales de los 90, en las revueltas que debido a la fuerte crisis económica local acabaron con el terrible gobierno del dictador Suharto. En el mismo Glodok, al parecer, hubo miles de muertos, en las rapiñas y los ataques que se concentraron contra un colectivo que en aquel entonces era culpado de la crisis, o acusado de no repartir riqueza en un país donde más de la mitad de la población vive bajo el umbral de la pobreza. Ahora parece que los chinos de Indonesia nuevamente viven tranquilos. En cualquier caso, al menos para un turista recién llegado como yo, es bastante difícil diferenciarlos del resto de indonesios.


En fin, que estoy en Indonesia durante las próximas tres semanas, y sin ordenador (el que he traído ha muerto en el primer día) así que imagino que actualizaré el blog poco y mal. ¡Se hará lo que se pueda!

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Artículos anteriores en 07. Viajes por China y alrededores







Este blog -sorpresas te da la vida- recibió el premio Blasillo de Huesca 2006 al ingenio español en Internet

Y como no hay uno sin dos, fue galardonado poco después con el Premio 20 Blogs 2006 al mejor blog expatriado

Y agárrate bien a la silla, porque más de un lustro después, llegó el Premio BOBs 2012 al mejor blog en español




  
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