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Me han estremecido un montón de mujeres

30 de Marzo, 2016, 0:01



Este blog, dedicado principalmente a China, se está tomando un paréntesis para hablar principalmente de su vecina la India, el otro gigante asiático. ¿Durante cuánto tiempo? Hasta que deje de salir este mensaje).


Contaba hace unos pocos posts que en la India apenas hablé con mujeres. Exceptuando alguna vendedora de souvenirs (muy pocas), ninguna me dirigió la palabra, y a mí me pareció, no sé si estaba equivocado o no, que a ellas no les gustaba demasiado que les hablara un hombre. Así que me abstuve de hacerlo salvo que ellas comenzaran la conversación, cosa que nunca ocurrió. Me dio la impresión de que había un muro entre los dos sexos muy alto, como el que seguramente existe en los países musulmanes, aunque quizá me han podido influir los prejuicios, no sé. Conviene recordar que en la India no todo el mundo habla inglés, sobre todo lo hacen las personas de un nivel educativo más alto -probablemente el acceso de la mujer india a la educación superior es más reducido que en el caso de los hombres- y aquéllas cuyo trabajo implica tratar con los turistas (camareros, tenderos, etc) que como ya dije hace unos días casi siempre son hombres.

Que no me relacionara mucho con las mujeres de la India no significa que no me impresionaran. Sin ser tan bellas como las orientales (y con orientales me refiero a chinas, japonesas, coreanas, del sureste asiático, etc), sí me parecieron más elegantes, con sus saris, sus joyas en manos, pies y narices, y sus brazos y manos pintados con henna. Son tal vez las mujeres más atractivas que he visto, y con atracción me refiero no tanto a belleza o voluptuosidad, sino a cómo despiertan interés y llaman la atención a los ojos de un extranjero.

Me pasé el viaje haciendo fotos de mujeres indias, como un paparazzi. Y aquí os dejo algunos de los posados que les robé.

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Pulpotorro

26 de Marzo, 2016, 0:01



Este blog, dedicado principalmente a China, se está tomando un paréntesis para hablar principalmente de su vecina la India, el otro gigante asiático. ¿Durante cuánto tiempo? Hasta que deje de salir este mensaje).

Pulpotorro podría ser el nombre con el que en España se hubiera distribuido la película "Octopussy" si los que deciden estas cosas hubieran optado por ponerle un nombre en castellano a una de las películas más delirantemente sexistas y surrealistas de James Bond (ese ejército de mujeres acróbatas en bikini... por dios, ni la guardia de vírgenes de Gadafi era tan hortera).

Bueno, que me voy del tema. Más o menos la mitad de la historia de Octopussy ocurre en los lugares ahora más turísticos de Udaipur, con fama de ser una de las ciudades más bonitas de Rajastán y por tanto de la India. Fue la única ciudad rajastaní que visité el pasado febrero, no sólo por falta de tiempo, sino porque también me di cuenta de que si me liaba en el viaje a visitar ciudades rajastaníes, todas ellas tan famosas y por lo visto bonitas, me hubiera pasado todo el viaje en ese estado indio y no hubiera visto nada más de la India. Otras presuntas perlas rajastaníes que me recomendaron, como Jaisalmer, Jodhpur o Pushkar, las dejo para otra ocasión.

Udaipur, o mejor dicho la parte antigua de Udaipur, es bonita, no lo niego, pero creo que además es fotogénica: es decir, sale más bonita en las fotos de lo que es en la realidad, que no le pasa a todos los lugares. No quiero decir con eso que la ciudad sea fea: las pintadas de elefantes y soldados bigotudos en las paredes, los tonos ocres de sus muros y los dos lagos de aguas claras (mira, como en Bhopal) son de gran belleza, pero en las fotos aún te parecerán mejores.















Un último apunte: uno de los monumentos de Udaipur es el Palacio del Monzón, que es además el sitio donde vive el malo de Octopussy. Un lugar que espero no confundáis nunca con el Castillo de Monzón, que también quedaría bien en una peli de 007.

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Bhopal 32 años después

22 de Marzo, 2016, 0:01

Este blog, dedicado principalmente a China, se está tomando un paréntesis para hablar principalmente de su vecina la India, el otro gigante asiático. ¿Durante cuánto tiempo? Hasta que deje de salir este mensaje).


El lugar menos turístico de la India que visité el mes pasado fue probablemente la ciudad de Bhopal, capital del Estado de Madhya Pradesh, en el centro del país. Es una ciudad relativamente tranquila -para los estándares indios-, con dos grandes lagos en el centro de la ciudad y un alto número de musulmanes y mezquitas que me sorprendió mucho. En todo caso, a Bhopal yo siempre la he asociado al infortunio, como muchos de mi generación o más mayores, porque en los años 80 sufrió el que está considerado como el peor desastre industrial de la historia.

En la noche del 2 al 3 de diciembre de 1984, un escape de gas tóxico en una fábrica de pesticidas cercana a la estación de tren causó la muerte de miles de personas (entre 3.700 y 16.000, según distintas cuentas). Dos años después se produjo el desastre de Chernóbil y el mundo se olvidó un poco de Bhopal, pero ambas catástrofes tienen elementos comparables, por ejemplo las muchas secuelas para la salud de los supervivientes que han tenido.

Otra similitud es que en Bhopal, como en Chernobil, la instalación donde se produjo el accidente sigue en pie, dentro de un solar donde parece ser que no se atreve nadie a edificar o a construir nada porque el suelo aún debe estar altamente contaminado. Allí que me presenté -tuve que dar unas rupias a los guardas, lo cual dio a mi visita un aire peliculero- y vi lo que quedaba de la maldita factoría.





Del depósito de la anterior foto, me dijo uno de los guardas, salió precisamente el gas venenoso que formando una gran nube se fue extendiendo por las cercanías de la fábrica, en las que vivían -y siguen viviendo- gentes muy humildes, en chabolas de los slums. A muchos les sorprendió durmiendo y probablemente fallecieron sin enterarse: otros, viendo la nube llegar, echaron a correr y con el esfuerzo inhalaron aún más gas tóxico letal, muchos también murieron así. Las fotos más impactantes de aquel siniestro, que no pongo aquí por no herir sensibilidades, muestran a hombres, mujeres y niños a los que el gas les mató y les dejó con los ojos blancos, como borrados.

La fábrica de Bhopal está rodeada de unas tapias en las que los grupos de defensa de las víctimas siguen pidiendo, más de 30 años después, que se haga justicia.




La fábrica era propiedad de la multinacional química estadounidense Union Carbide, que para la gente de Bhopal no ha pagado suficiente por lo que consideran un crimen. La acusan de negligencia, de no haber indemnizado adecuadamente a las víctimas, de no haber limpiado la fábrica (el agua de la zona sigue saliendo contaminada de los grifos) y de intentar que el desastre cayera en el olvido, como lamentablemente ha pasado con los años (ni siquiera se cuenta en los libros de texto indios).

Yo sí tenía un recuerdo reciente sobre Bhopal antes de visitarla, pero fue porque justo un año antes de mi viaje a la India, cuando estuve en Chicago, me encontré en la calle con uno de los rascacielos más peculiares del mundo, un espectacular edificio verde y dorado que es precisamente una de las principales sedes de Union Carbide. Al buscar cosas en internet del edificio, unos enlaces me llevaron a otros y acabé leyendo sobre el desastre de 1984, sin imaginar que un año después visitaría las fábricas donde se produjo.


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¿Por qué no te agrada Agra?

17 de Marzo, 2016, 0:01

(Este blog, dedicado principalmente a China, se está tomando un paréntesis para hablar principalmente de su vecina la India, el otro gigante asiático. ¿Durante cuánto tiempo? Hasta que deje de salir este mensaje).

Varios extranjeros con los que he hablado durante el viaje a la India del pasado febrero, de ésos que han estado en ese país muchas veces o que prácticamente viven en él, me comentaron que nunca habían estado en Agra ni tenían intención de hacerlo. Demasiado obvio, supongo: es la ciudad del Taj Mahal, demasiado turístico, demasiado típico y tópico.

Yo no pienso igual, a mí me gusta ver los lugares famosos -a veces, sólo a veces, un sitio es visitado por millones de personas porque es condenadamente bonito-, y no dudé para nada en que Agra fuera mi segunda etapa en el viaje a la India, y más estando a sólo dos horas y media en tren de Delhi. No me arrepiento en absoluto: me gustaron muchísimas cosas de Agra.

¿Que hay muchos turistas en el Taj Mahal? Pues sí... pero la inmensa mayoría son INDIOS, tan fotogénicos como el propio Taj Mahal o incluso más. Turistas indios vestidos con sus mejores galas: saris, turbantes, joyas, velos, barbas y bigotes repeinados. Puede que el Taj Mahal lo tengas muy visto de las fotos, pero hay gente que lo visita a la que jamás te has imaginado. Es un ambiente tan entretenido que fui dos veces: un día por la mañana, y al siguiente al atardecer.







El mismo gentío multicolor se puede contemplar a apenas unos kilómetros de allí, en el Fuerte de Agra, mucho mejor conservado y mucho más lujoso y estupendo que el Fuerte Rojo de Delhi. Perdí la cuenta de los palacetes y jardines que había allí dentro, aunque nada me gustó tanto como las murallas y las puertas del castillo, con ese fuerte color de arcilla que tanto se ve por todas partes en la India. Además, entre el Taj y el fuerte me llevó un camellero llamado Rahul (el nombre que más oí en la India) más majo que las pesetas, o las rupias. Con apenas 14 o 15 años era condenadamente gracioso al contar sus problemas con las cinco novias que tenía, y que no sabían ninguna de la existencia de las otras cuatro.





Monumentos aparte, el casco antiguo de Agra -¡aún más caótico que el de Delhi!- me encantó porque escondidos entre la polución, la roña de muchas paredes, los bosques de cables sin orden ni concierto y el enloquecedor tráfico, había retazos de belleza: ventanales morunos, casas de colorines, balcones de épocas legendarias... Ah, y por fin esas vacas callejeras causando atascos y durmiendo en las cunetas, ¡por fin vacas en la India, después de no haber visto casi ninguna en Delhi!








Tampoco ocultaré que en Agra había mucho cazaturistas pesado, que los hombres orinaban sin pudor en cualquier pared o que vi gente paupérrima, viviendo en tiendas de campaña hechas con plásticos en las cunetas. Los mismos indios me lo dijeron: "Cuando vuelvas a tu casa cuenta lo que has visto: lo que te ha gustado, y lo que no". Y yo cuento que Agra, al menos a mí, me dejó muy buen recuerdo.

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Un himno muy de allí

15 de Marzo, 2016, 0:01

(Este blog, dedicado principalmente a China, se está tomando un paréntesis para hablar principalmente de su vecina la India, el otro gigante asiático. ¿Durante cuánto tiempo? Hasta que deje de salir este mensaje).














En mi visita a la India el mes pasado entré en un cine para ver una de esas locuelas películas de Bollywood, y antes de empezar la función se pidió al público que se levantara mientras en la sala sonaba el himno de la India, una práctica que fue obedecida a rajatabla y que por lo visto se realiza siempre en los cines indios. El himno, que tiene el bonito nombre de "Jana Gana Mana", me pareció una maravilla, aunque te tiene que gustar un poco la música india para apreciarlo:



Me sorprendió que no me sonara de nada el himno de un país tan grande, pero claro, la India no ha estado nunca en los Mundiales de Fútbol, en los JJOO gana pocos oros, y es en esas ocasiones deportivas cuando uno escucha himnos de otras latitudes.

Tanto la letra como el himno fueron compuestos por el más internacional escritor indio, el premio Nobel Rabindranath Tagore, quien por cierto tiene el récord de ser autor de los himnos de dos países, ya que también es suyo el de la vecina Bangladesh (Tagore era bengali, un pueblo que pese a estar dividido por la frontera india-bangladeshí comparte lengua y cultura a ambos lados de esas lindes).

El himno indio, dicho sea de paso, me gusta porque suena a indio. Aunque no lo conozcas, si te lo ponen, podrás reconocer enseguida a qué país representa. Esto le pasa a muy pocos himnos del mundo, porque casi todos los países escogieron marchas militares con mucho chim-pun como himnos de sus países, y huyeron de todo contacto con sus músicas tradicionales. Sólo recuerdo otros dos himnos de países que "suenan a ese país" claramente, y los dos asiáticos, aunque no me gustan tanto: el de Japón y el de Israel.





El de China, del que ya he hablado alguna vez en este blog, no diría yo que suene mucho a chino, aunque sí que tiene aires comunistas. Aunque para himnos "rojos" mola mucho más el himno que más me gusta de todo el planeta, y que siempre ha sido, es y será el de los rusos. Cuando lo escucho, mi corazón eslavo palpita a gran velocidad y me dan ganas de ocupar Crimea, Osetia, Transinistria y Marbella.




ACTUALIZACIÓN (24 de abril): David Broncano, que estos meses está repasando junto a Andreu Buenafuente los himnos del mundo, le ha dado la vuelta al de la India. A ver cuándo lo hace con el de China.


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Nueva Delhi,
Vieja Delhi,
Madurita de buen ver Delhi

9 de Marzo, 2016, 0:01



Lo confesaré: uno de los grandes objetivos de mi reciente viaje a la India era enterarme de una puñetera vez de si su capital es Delhi o Nueva Delhi. Si son dos ciudades distintas, si una es más grande que la otra, si la nueva es realmente más moderna... Después de haber pasado por allí, confieso que aún no tengo las cosas del todo claras.

A ver, sí me enteré de que Nueva Delhi está DENTRO de Delhi, y no en sus afueras, como yo originalmente pensaba. Es la parte más moderna y occidentalizada de la ciudad, una ciudad que ha sido destruida, reconstruida y rebautizada unas nueve veces (que se sepa, las leyendas dicen que podría haber ruinas de 30 ciudades y de 30 épocas en el lugar). Nueva Delhi fue construido en el siglo XIX por los británicos cuando cambiaron la capital desde Calcuta a una zona un poco más céntrica de su vasto imperio en el subcontinente indio. La construyeron junto a una gran ciudad que ya había sido capital de reinos antiguos -si la historia china es compleja, la india ni os cuento, así que dejémoslo así- y alrededor de ambas ha crecido un Gran Delhi que es una de las mayores concentraciones humanas del mundo, con el permiso de Benidorm.


¿Es entonces Nueva Delhi un barrio de Delhi, y por lo tanto la capital de India, por extensión, es la ciudad de Delhi? Pues parece ser que no, que para los indios la capital es estrictamente Nueva Delhi, sólo ese barrio (o distrito, no sé exactamente su estatus municipal), y no el resto de la ciudad. Pero creo que ni ellos mismos lo tienen del todo claro. En fin, todo muy extraño, aunque creo que nada puede extrañar en una India donde hay un Estado que tiene dos capitales (Jammu-Cachemira tiene una capital para el verano y otra para el invierno) mientras que hay dos ciudades del país que sirven de capital para dos estados cada una (Hyderabad es capital de los estados de Telangana y Andhra Pradesh, mientras que Chandigarh, la ciudad que ideó Le Corbusier, es capital del Punjab y de Haryana).

Pero bueno, volviendo a Delhi, quizá os interese saber que en su interior no sólo hay un barrio llamado Nueva Delhi, sino otro llamado Vieja Delhi, que ya existía antes del proyecto urbano de los british. Están uno al lado del otro, ahora ambos muy céntricos, pero no podrían ser más opuestos entre sí. Nueva Delhi, el barrio donde están los McDonalds, las cafeterías y las tiendas de ropa cara, es en muchas calles un barrio casi vacío, donde miras a los lados de la calzada y o ves muros (detrás habrá embajadas y cosas oficiales) o grandes explanadas de césped, pero en resumen se podría decir que no hay apenas nada.

Puerta de la India, símbolo de la ciudad, en Nueva Delhi.

Vieja Delhi, por contra, es el primer contacto con el gran maremágnum que puede ser una ciudad india: bazares, ruido de claxon incesante, gentío (eso sí, no vi ninguna vaca, tuve que salir de Delhi para empezarlas a ver).

Entrada a la Gran Mezquita, en Vieja Delhi.

Todos los viajeros que han estado en la India más tiempo que yo me recomendaron que no estuviera mucho en Delhi. Su contaminación (mayor que la de Pekín, dicen, aunque a mí me tocaron días relativamente buenos) y la alta concentración de timadores de turistas en sus zonas más populares la hacen algo difícil, pero para un recién llegado como yo no fue una experiencia tan mala, es más, me pareció muy interesante como primera inmersión en el país. Sí es verdad que un mes después, cuando volví a Delhi otra vez para tomar el avión de vuelta a casa, la ciudad me parecía bastante menos imponente que Bombay, con monumentos de menor perfil que los de Agra o sin el halo mágico de Varanasi, pero creo que cumplió muy bien su papel de primer chapuzón en la locura india, y creo que en mi ránking personal la voy a poner mejor que otras capitales asiáticas como Bangkok, Yakarta o Manila. Y con monumentos mucho más fotogénicos...




De arriba abajo:
Tumba de Humayun,
El "rascacielos medieval" Qutub Al Minar,
Fuerte Rojo.


En Delhi, por cierto, visité el barrio tibetano de Majnu-Ka-Tilla. No era muy bonito, apenas una callejuela estrecha repleta de tenderetes, bares y hoteles, pero era muy curioso. Muchos establecimientos tenían fotos del Dalai Lama, se vende mucha propaganda pro independencia del Tíbet (banderas, libros, camisetas, etc) y el ambiente era muy diferente al del resto de la ciudad, por el contraste entre indios y tibetanos y por la práctica ausencia de tráfico rodado. Me pareció que a los tibetanos los tenían un poco hacinados allí (aunque bueno, con la densidad de las ciudades indias, quizá es lo que hay para todos, sea cual sea su etnia), pero a la vez dentro del callejón había unas cafeterías y restaurantes bastante pijillos, donde por cierto comí como un señor, casi la única comida no picante de todo el viaje.



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China vs India:
comparaciones ociosas

3 de Marzo, 2016, 0:01


Old Delhi


Guomao


Resulta casi inevitable, después de pasar el mes de febrero en la India, intentar comparar ese país con China, pese a que el tiempo que he pasado en cada uno de ellos (30 días versus 14 años) es totalmente dispar. Pero los dos países son cunas de antiguas y grandes civilizaciones alternativas a la occidental, ambos tienen unas poblaciones inmensas que como mínimo triplican la de cualquier otro país, y tanto China como India se han vendido como las potencias "emergentes" que han salido de uno o dos siglos de pobreza y subdesarrollo y van a poner patas arriba el orden económico mundial en el siglo XXI. ¿Son por ello muy parecidas, o diametralmente opuestas? A continuación os cuento lo que me pareció, aunque ya digo que mi opinión está distorsionada por el poco tiempo en la India y el excesivo en China:

- La India, sobre todo sus ciudades, es un lugar mucho más caótico, donde los lugares públicos hierven con una intensidad que Pekín o Shanghái no tienen: quizá lo más impresionante de la India son sus calles atestadas, que ya nombré en algún post anterior. Esas ciudades con escasas o ninguna gran avenida, basadas en callejuelas sin planificación alguna, en las que se empujan vacas, motos, vendedores, mendigos, cabras, perros y cientos de actores más son una visión inenarrable, que en la China actual, aunque puede haber momentos de grandes aglomeraciones, no existe. Un barrio popular de Pekín al lado de uno de Delhi es un balneario alpino. Es verdad que en los pueblos de la India se reduce algo la diferencia, al haber menos aglomeración disminuye ese fascinante caos y puede haber mayor parecido con un pueblo chino, pero en zonas urbanas, las situaciones son opuestas.

- India da la impresión de estar muchísimo menos globalizado que China: esto me sorprendió, teniendo en cuenta que India fue una colonia británica, aún habla inglés mucha gente y ha sido visitado durante décadas por viajeros occidentales, pero el mundo indio es mucho más atóctono que el chino, cada vez más invadido por lo americano, lo coreano o lo europeo. En la India apenas vi marcas occidentales, con excepción de unos poquísimos McDonalds o Starbucks en el centro europeo de Delhi o Bombay, las Cocacolas o las patatas Lays. La India, por lo que me enteré, ha sido un país tremendamente proteccionista, mucho más que China, y aunque en los últimos años se ha abierto más, sigue pareciendo un mundo aparte. No un mundo que ha quedado anticuado por el aislamiento político, como podría ser Corea del Norte o la Birmania que vi en 2005, sino una India que ha crecido a su manera y con sus herramientas, no las que ha traído el exterior. Es un país sin supermercados, donde apenas oí música occidental ni vi películas de Hollywood en su tele, porque tiene una comida, una música o un cine tremendamente propios. Por cierto, tampoco vi las típicas Chinatown que se pueden encontrar en muchos países del sureste asiático: no hay ni siquiera restaurantes chinos (irónicamente, muchos restaurantes tienen platos chinos, que no se parecen nada a la comida china).

- Los indios parecen más libres, obviamente, pero el país da una sensación de militarización mayor que China: India es una democracia que, con muchos fallos y altibajos, ha sobrevivido décadas seguramente muy duras, con guerras, guerrillas y magnicidios, pero está claro que sus ciudadanos viven en un ambiente democrático: los que saben inglés, por lo menos, hablan de política al turista sin necesidad de preguntar, se quejan de sus gobernantes, cuentan cosas malas de su país además de las buenas... Esta realidad, sin embargo, convive con un país donde se ven muchos soldados por todas partes, debido al conflicto latente con Pakistán y a las amenazas terroristas. Hay controles de seguridad en todas partes, desde sitios turísticos a templos, vehículos públicos, plazas, mercados, trenes o mezquitas. En el barrio antiguo de Varanasi, cerca del templo más sagrado de esa sagrada ciudad, había más soldados que civiles, y todos armados hasta los dientes.

- India es un país donde hay muros sexuales y sociales más fuertes que en China: China no será un paraíso en integración social o igualdad de género, pero desde luego no se ve en él la situación de India, donde hombres y mujeres parecen vivir en dimensiones aparte. Estando en la India apenas me dirigió la palabra una mujer, y casi todo mi trato fue con hombres, que son los que tienen prácticamente todo el trabajo en público: camareros, taxistas, vendedores, recepcionistas o taquilleros, todos casi sin excepción son hombres. Las mujeres indias, con esos saris y esas joyas en manos, pies y nariz que las hacen bellas y elegantes hasta en su vejez, siguen siendo para mí el mismo misterio que cuando puse los pies en Delhi a principios de mi viaje. Similares barreras o quizá mayores deben existir en el tema de las castas, aunque es algo que los indios no gustan de comentar y todos dicen que se va aboliendo con el tiempo. Quizá para compensar todo ello vi mayor tolerancia religiosa de la que pensé que vería: musulmanes -muchos más de los que pensé- e hindúes parecen mezclarse en las calles sin apenas roces, y junto a ellos también hay jainitas, cristianos, zoroastrianos o sikhs (estos últimos son los que mejor me trataron y mejor me cayeron, tengo muchas ganas de visitar su Punjab).

- India está varias décadas detrás de China en desarrollo económico, aunque comparte espíritu emprendedor: China e India suelen venderse en el mismo pack de potencias emergentes, pero está claro al visitar ambos que el desarrollo de la India es francamente menor, sobre todo por la gran cantidad de población pobre que se sigue viendo en todas partes, o la sensación de que todo está excesivamente burocratizado. Tampoco es ese país de masas hambrientas que se vende en las películas antiguas, se ve mucha gente de clase media también, pero se sigue viendo a mucha gente viviendo en la calle, en campamentos hechos con plásticos o en barrios de chabolas (aunque en éstos a veces hay una actividad económica frenética, como pude conocer en el slum más famoso de Bombay, el de Dharavi). Por otro lado, si bien a la India le queda mucho camino hasta llegar al nivel de China (si es que quiere seguirlo, no sé si a los indios lo del capitalismo moderno les atrae del todo), en cuanto a espíritu trabajador están a la par: es muy fuerte la sensación de que todos los cientos de indios que ves en la calle están cada minuto currando y pensando maneras de cómo ganarse las dahl (lentejas).


- Los indios tienen más don de gentes que los chinos: No es una gran revelación, lo sé, por latitud es casi como comparar a los rusos con los gaditanos... Pero está claro que los indios son en gran medida gente amable, agradable, graciosa, despreocupada (a veces demasiado, como cuando cruzan esas calles de tráfico loco), sin complejos, y entretenida. Conversar con un indio, con un poco de inglés, es tan sencillo con hacerlo con una persona de tu país, a veces incluso más fácil. Te cuentan cosas curiosas, te desconciertan y sorprenden, bromean, te vacilan, te hacen reír... En China, en parte por el problema del idioma pero también por un carácter oriental que también se puede respirar en Japón o en Corea, no hay por qué endosárselo sólo a los chinos, el calor humano entre un foráneo y un local es más complicado, lleva más tiempo y a veces no tiene bases del todo sólidas. En la India hubo sitios de los que me fui despidiéndome de la gente tienda por tienda, y casi entre lágrimas.

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Requiem por RR

28 de Febrero, 2016, 0:01


Purgatori


Esta semana ha fallecido, tras batallar en sus últimos años contra la enfermedad, el pintor castellonense Ramón Roig, al que tuve el gusto de conocer, y al que busco homenajear aunque sea modestamente con este post. Ramón vivió tres o cuatro años en Pekín, donde produjo algunas de sus obras más destacadas, y compartimos alguna que otra cena, varias fiestas y muchas discusiones sobre el rumbo de China. Gran entusiasta del arte moderno (lo que significaba que era difícil de entender lo que decía si no eras un iniciado, he de admitirlo), Ramón vivió en China con intensidad, y de esa forma, cantando flamenco en los restaurantes de la capital china, le recordaremos.

Ramón fue uno de los pintores españoles (no más de media docena) que antes del Pekín olímpico vinieron a vivir a la capital china en busca de inspiración. Tras los JJOO, el panorama artístico en Pekín decayó algo y muchos de estos artistas se marcharon, considerando que su "fase china" ya había terminado, pero dejaron su impronta en China y China dejó algo en ellos. En el caso de Ramón, quizá el contenido de sus obras no aludía directamente a motivos chinos, pero sí su forma, ya que era un entusiasta del papel y la tinta utilizados en el arte chino antiguo, y le fastidiaba bastante que muchos artistas modernos chinos lo hubieran abandonado.

Ramón también se atrevió en Pekín con el cine y realizó un cortometraje basado en la vida de San Sebastián (el santo que murió a flechazos) pero extrapolado a la vida de la capital china. Me acuerdo especialmente de su interés en usar al chófer de mi trabajo, el gran señor Liang, para que hiciera de jefe de una triada china (mafia) en la historia. Al final no cristalizó el plan, pero desde entonces me imaginaba a nuestro querido chófer -ya jubilado, y el coche de la empresa también- como un mafioso cada vez que nos llevaba a ruedas de prensa. Ramón nos dejó buenos recuerdos, y así le recordaremos en Pekín. Descanse en paz.

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Maestres rupestres

19 de Febrero, 2016, 0:01

Acabo de visitar estos días las cuevas de Ellora y Ajanta, en el centro de la India, consideradas dos grandes obras maestras del arte de esta civilización (escultórico en el caso de Ellora, pictórico en Ajanta). Son dos obras espectaculares (sobre todo Ellora, en mi opinión, pese a que Ajanta parecía en principio ser más famosa) y al visitarlas me he acordado de sus cuatro grandes primas chinas, de las que creo que ya he hablado en alguna ocasión por separado pero que os voy a citar en este post conjuntamente. Todas estas cuatro grutas chinas despliegan arte religioso budista (al igual que Ajanta, mientras que Ellora también muestra arte hindú y jainista).

 LONGMEN


Están situadas en la provincia central china de Henan, en las afueras de la ciudad de Luoyang, no muy lejos del templo Shaolin. Para mi gusto son las menos espectaculares de las cuatro "grandes" de China, aunque es posible que tengan algunas de las figuras de Buda más enormes y espectaculares de las cuatro. Uno de sus grandes atractivos es que se encuentran en el cañón de un río que pasa justo al lado de ellas, por lo que cruzarlo y ver esos budas enormes desde la otra orilla es una visión espectacular, comparable a cuando se visita Leshan y se ve desde el agua el Buda Gigante (también excavado en la roca).
 
YUNGANG



Se encuentran en la provincia de Shanxi, también en las afueras de una ciudad grande, la carbonífera y un poco carbonizada Datong. Son las primeras que visité, las únicas que he visto dos veces, y tal vez por ser las primeras son quizá las que más me gustan, aunque en realidad todas tienen mucho que admirar. Estas cuevas, a diferencia de las de Longmen, tienen estatuas policromadas que aún conservan sus vivos colores, y entrar en esas grutas multicolores es otra gran experiencia.
 
DAZU



Las últimas de las cuatro que visité, en la municipalidad de Chongqing. Son las que tienen un entorno natural más bonito: las otras tres están en el seco, casi desértico, norte chino, mientras que estás están en el corazón verdoso y boscoso del centro del país, no me extrañaría que en el pasado las visitara algún oso panda. En ese verdor, y en un cañón profundísimo de un río, se encuentran estas grutas espectaculares, también en muchos casos policromadas, a veces rodeadas de musgos y líquenes. Y lo que es más llamativo: muchas de las estatuas exteriores aún conservan sus colores (supongo que el clima húmedo de la zona ha contribuido a ello).
 
MOGAO



Para muchos son las mejores de China y quizá del arte budista, se las denomina "la Capilla Sixtina del budismo". Situadas ya en el desierto noroeste chino, ya en la zona de la Ruta de la Seda, llegar a ellas lleva su esfuerzo (en mi caso, dos trenes que sumaron 28 horas) pero ese esfuerzo es compensado por unas visiones sacadas de película de Indiana Jones. He de decir que entrar en ellas es carísimo (la entrada costaba 300 yuanazos hace 10 años, hoy supongo que tendrás que vender a un pariente para entrar en ellas) y que debido al grave peligro de erosión que sufren se visitan con cuentagotas (sólo dejan cada vez que las visites entrar en cuatro o cinco de las decenas que hay, si no recuerdo mal). En todo caso, si algún día pasáis por ese remoto lugar de la provincia de Gansu, no dudéis ni un momento en pasaros por ellas.


PD: Mi tierra natal no tiene nada que envidiar a todo lo anterior, que conste...

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Coreanos, os entiendo

12 de Febrero, 2016, 0:01

Me gusta de vez en cuando leer blogs de países vecinos al chino: para Japón, consulto un clásico entre clásicos, Kirai. De Rusia me encanta Crónicas Rusas (que pena que no sea muy prolífico) y para Corea del Sur me dirijo a Paella de Kimchi. En este último el post que quizá me ha impresionado más fue el que hace unos meses nos contaba que todos los surcoreanos se habían vuelto locos por comer y comprar unas nuevas patatas fritas con sabor a miel y mantequilla, las Honey Butter Chip. Hacían colas kilométricas en las tiendas, recorrían toda la ciudad para buscarlas porque en muchos establecimientos estaban agotadísimas, las revendían en internet, ¡incluso hubo sitios donde tuvieron que prohibir comprar a los clientes más de una o dos por persona! Me pareció fascinante la locura que puede despertar algo tan banal como una bolsa de patatas, y más en una época en el que los sabores de las patatas fritas se han multiplicado hasta ser ahora... no sé, ¿millones?


Coreanos con las patatas de la locura.


Bien, pues el artículo me fascinó, pero me olvidé de él hasta que un día, paseando a mi perra por Pekín, paré en un colmado de cerca de mi casa y por entretenerme un poco compré una bolsa de patatas, sin reparar mucho en su sabor. Me llamó más la atención en esos primeros momentos su aspecto ondulado (pero con unas ondas más grandes de lo normal en las patatas), y como siempre he sido un fan de las papas onduladas, me las compré para pasar el rato.


Apreciad su belleza natural, y de paso la de mi dedo pulgar.



Seguíamos mi perra y yo paseando, abrí la bolsa y pensé... "¡joder, qué buenas están estas patatas!". No había probado unas tan sabrosas en la vida. Eran dulces y cremosas, sabores que no se le ocurriría a uno en principio que se adaptaran bien a una patata frita, pero que resulta que sí lo hacen. Tanto me gustaron que repetí la compra durante algún paseo perruno más en los días siguientes.

Aún tardé unos días -a la segunda o la tercera bolsa- en descubrir que las patatas eran de mantequilla y miel (pensé al principio que eran de queso). Y me costó dos o tres bolsas más recordar el artículo de Paella de Kimchi sobre la locura que un producto igual había despertado en la vecina Corea.


El nombre de las patatas también es encantador:
Para decir "onda" en vez de usar la palabra adecuada en mandarín (bo, 波)
usan el carácter chino para cóncavo (ao, 凹) y el que se usa para convexo (tu, 凸).
Más literario, digamos.


No me consta que en China este tipo de patatas fritas que tanto me ha enganchado a mí haya causado el mismo frenesí que en Corea del Sur, pero a título individual puedo decir que están deliciosas y que en cierta manera entiendo a los surcoreanos. Por lo demás, les aseguro, señores, que estando en la India no me ha entrado el mono de patatas con mantequilla y miel, que puedo dejarlas cuando quiera... sólo déjenme tomar la última.

ACTUALIZACIÓN (17-3-2016): En el Seven Eleven que hay cerca de mi oficina pequinesa he descubierto que venden unas patatas con mantequilla y miel coreanas, pero su sabor me ha parecido decepcionante (y además creo que estaban un poco pasadas). En todo caso, creo que no son exactamente las que desataron la locura en Corea del Sur.


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Este blog -sorpresas te da la vida- recibió el premio Blasillo de Huesca 2006 al ingenio español en Internet

Y como no hay uno sin dos, fue galardonado poco después con el Premio 20 Blogs 2006 al mejor blog expatriado

Y agárrate bien a la silla, porque más de un lustro después, llegó el Premio BOBs 2012 al mejor blog en español




  
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