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Rojo y amarillo no sientan tan bien

2 de Junio, 2016, 0:01

Esta semana se ha presentado en China el uniforme que llevarán los atletas de este país que van a competir -si el zika lo permite- en los próximos Juegos Olímpicos de Río:


¿Puedo hacer el chiste fácil de que parecen chinos jugando a los chinos?


Obviamente se opta por lo clásico, y los trajes son casi iguales que los usados en Pekín 2008, pese a que los diseñadores son distintos:



La similitud es tal, que los chinos han hecho la misma broma en ambos casos: comentan que son poco originales, escasamente imaginativos, y que con tanto rojo y amarillo los atletas patrios parecen un plato de xihongshi chaojidan (el tradicional plato chino de huevos rehogados con tomate).



A los críticos chinos de los trajes les diría dos cosas: una, que si no les gustan deberían cambiar el color de la bandera de su país, que es el que en general dicta los colores nacionales. Siendo roja y amarilla, ¿qué quieren, uniformes que combinen el negro con el turquesa y el azul prusiano?

También les recomendaría que no pidan tanta imaginación y originalidad en los colores de los uniformes, y a ese respecto les sugeriría que se fijaran en España, otro país que tiene el rojo y el amarillo como colores nacionales y en su caso está hundido en una espiral de horror estético por culpa de querer ser original. No hay más que ver, por ejemplo, el chándal de domador de circo que los atletas españoles fueron obligados a llevar en los Juegos Olímpicos de Londres.


Un traje que podría haber quemado las retinas de Velázquez,
Goya o Miró  si hubieran vivido para conocerlo.


O peor aún, que vean cuál es actualmente la segunda camiseta de la selección española de fútbol. Eso sí son huevos con tomate, o quizá también un disparo al tórax:


Pido perdón a los enfermos del corazón
por mostrarles este crimen a la estética y a la anatomía.



El mundo de los equipamientos de fútbol, en todo caso, decidió condenar a muerte a la belleza ya en el Mundial de Brasil 2014, cuando se obligó a los equipos a vestir sólo de un color tanto la camiseta como el pantalón (España iba toda de rojo, Alemania toda de blanco, Italia toda de azul, etc). Lo único que se salvó de aquel esteticamente nefando campeonato fue la segunda camiseta de los germanos, que fue además con la que protagonizaron el único partido realmente memorable de ese aburrido torneo, el 1-7 ante Brasil.

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Una sorpresa en Chaozhou

31 de Mayo, 2016, 0:01


La semana pasada me invitaron a un viaje de esos que las provincias chinas organizan para promocionarse, en este caso al este de la provincia de Cantón, una zona que no conocía. Allí están las ciudades de Shantou y Chaozhou, con una tradición cultural fabulosa (de ahí es buena parte de la cultura del té, por ejemplo) y cunas de muchos emigrantes chinos que hoy viven en otros países, sobre todo del sureste asiático (Singapur, Tailandia, Malasia, Camboya...).

En ese viaje tuve la grata sorpresa de descubrir que Chaozhou, una ciudad de la que apenas había oído hablar, es un sitio precioso. Tiene una calle principal de ésas típicas del sur de China, con casas de aires europeos y grandes porches para protegerse de la lluvia, pero además en esa calle hay 20 o 30 arcadas tradicionales chinas que añaden espectacularidad a un decorado casi cinematográfico. De esa gran calle, que se llama Taiping Lu, bajan hacia el río Han, que baña la ciudad, callejuelas con mercados, templos, casas de té maravillosas... y junto al río hay una impresionante muralla con varias puertas fortificadas que no tienen nada que envidiar a otras murallas más famosas de China, como las de Xian o Pingyao. Para rematar este fantástico escenario, en el río hay un puente de piedra de bella factura y bastante especial porque le falta un trozo: no sufrió guerras o bombardeos, como otros, sino que es así para dejar pasar a los barcos, y cuando hace falta que funcione como puente, son también barcos los que completan el fragmento que falta creando una pasarela.

En fin, me alegro de que todavía haya ciudades chinas bellas y desconocidas, hasta para alguien que como yo lleva en China tanto tiempo que cuando llegué al país la película de El Último Emperador era una cinta de ciencia ficción. Si un día pasáis por esa zona (por ejemplo, en el largo camino entre Xiamen y Cantón) os recomiendo que os detengáis un rato en el centro histórico de Chaozhou.


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Lentejas radiactivas

27 de Mayo, 2016, 0:01



El 6 de agosto de 1945, una bomba estalló a 600 metros de altura sobre Hiroshima y generó con ello una reacción en cadena que destruyó más de dos tercios de esa ciudad, entonces de unos 250.000 habitantes. Primero, una bola de fuego de 5.000 grados arrasó todo lo que pudo: hubo gente cuyo cuerpo se desintegró y sus cenizas quedaron literalmente estampadas en la pared, como en la foto que abre este post. Décimas de segundo después, las ondas expansivas hicieron estallar los cristales y los convirtieron en unos remolinos cortantes que continuaron la matanza. Instantes después de la explosión, una lluvia negra de ceniza y humo cayó sobre la ciudad: más muertos, intoxicados y asfixiados. También murieron ahogados muchos habitantes que se arrojaron a los numerosos ríos y canales de la ciudad para escapar del fuego, el humo y la ceniza. Unas 80.000 personas fallecieron en el acto, pero muchas más en días, meses y años posteriores, por la radiación, los cánceres y las leucemias.

Todo esto se repitió de forma similar el 9 de agosto en Nagasaki (inicialmente se iba a lanzar esa segunda bomba atómica sobre una ciudad llamada Kokura, pero ésta tuvo la suerte de que ese día amaneció nublado sobre ella y eso hizo que los bombarderos estadounidenses cambiaran su objetivo. En total, unos 250.000 o 300.000 muertos, en dos días, en su mayoría civiles y en dos ciudades que no eran grandes centros militares de Japón en la II Guerra Mundial. Estos dos hechos no figuran, aunque debieran, en las listas de grandes genocidios de la historia. Son, siguen siendo 70 años después, los únicos bombardeos nucleares sobre población que ha habido, e irónicamente EEUU suele ser el gendarme que dicta quién debe tener bombas atómicas y quién no (dicho sea de paso, NADIE debería tener bombas atómicas).



Hiroshima y Nagasaki, antes y después de las bombas

EEUU no avisó para que se resguardaran a los habitantes de estas ciudades arrojándoles papeletas desde los aviones, como había hecho anteriormente en bombardeos convencionales contra Tokio y otras ciudades japonesas. En estas ocasiones quería hacer el mayor daño posible y causar el mayor horror posible. En los días que transcurrieron entre un bombardeo y otro, el presidente estadounidense Harry S.Truman pronunció palabras que si no nos dijeran su autor, creeríamos salidas de Bin Laden o de un líder del ISIS: "Si no aceptan nuestros términos, pueden esperar una lluvia de ruina desde el aire, algo nunca visto hasta ahora sobre esta tierra".

Estados Unidos justificó los bombardeos diciendo que evitaron una larga prolongación de la guerra que podría haber costado aún más vidas, ya que los japoneses estaban dispuestos a morir matando hasta el final. Una justificación más que dudosa, teniendo en cuenta que los muertos de una guerra larga hubieran sido, en teoría, sobre todo militares y no sobre todo civiles inocentes como ocurrió en Hiroshima o Nagasaki (donde también murieron prisioneros de guerra aliados, o coreanos que habían sido llevados por los japoneses a sus fábricas para trabajar en condiciones de esclavitud). Además, Japón se había quedado sola en la guerra, y todos los aliados estaban ya con las manos libres una vez liberada Europa de nazis y fascistas, por lo que los frentes se podrían haber multiplicado, imposibilitando esa supuesta irreductibilidad de los kamikazes japoneses.

Lo de que Estados Unidos quería acabar pronto con la guerra es seguro, pero quizá la verdadera razón de ello es que justo en esos días de verano de 1945 la Unión Soviética le acababa de declarar la guerra a los japoneses, ahora que el frente europeo ya estaba cerrado con la rendición alemana en abril del 45. Washington no quería que ocurriera como en Alemania, que los soviéticos llegaran a Tokio y se repartieran un cacho del país para el comunismo, y decidieron acabar de una vez por todas con el frente del Pacífico. EEUU, de hecho, ocuparía militarmente Japón durante décadas tras la rendición.

Aunque no tuviéramos en cuenta lo anterior y creyéramos realmente en la necesidad de bombardear Hiroshima como un mal menor, ¿cómo justificar Nagasaki? Japón ya había visto lo que era capaz de hacer Estados Unidos, era cuestión de tiempo que se rindiera sin condiciones, pero Washington optó por un nuevo bombardeo. Nuevo horror y total ausencia de razonamiento ético o incluso práctico.

Por todo esto y por mucho más, lo único que siento ante el spot peliculero protagonizado hoy por Barack Obama en Hiroshima es rabia y repugnancia. Encima de que Estados Unidos cometió un crimen despreciable, ahora quiere sacarle tajada política y publicitaria. Todo para que Obama tenga una foto más con la que dejar un supuesto legado trascendental ahora que ya casi está retirándose... y para aumentar los lazos con Japón y mostrar fuerza conjunta ante China (no olvidemos que Obama acaba de estar en Vietnam, otro país donde la memoria histórica se ha sacrificado en favor de alianzas contra esos presuntos enemigos chinos que de momento "atacan" con pescadores).

Obama no pidió perdón a las víctimas hoy, y me parece bien, él no había nacido cuando se tiraron las bombas, pero debería haber dejado hoy mucho más claro que fue su país, o el Gobierno de su país, el que autorizó esta infamia. Y respecto al Gobierno de Japón... mira que vender su pasado por una alianza contra un hipotético enemigo que de momento sólo lo es en lo comercial... qué indigno para una civilización tan refinada, inteligente y admirable como la japonesa. Pero claro, qué importan la historia o la justicia ante una imagen hollywoodiense.

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El Ikea ancestral

25 de Mayo, 2016, 0:01


El retrato que acaba de encabezar este post es una imagen recreada de Lu Ban, un artesano chino que vivió hace 2.500 años y que es una especie de dios protector de los carpinteros y los constructores de China. Se le atribuyen numerosos inventos, aunque el más conocido de todos son las cometas. De ahí que en Shandong, su provincia natal -donde cada año hay una convención de miles de cometas en la ciudad de Weifang- haya una estatua en su honor en la que parece volar cual hombre pájaro.



En recuerdo a esta especie de protector de los carpinteros chinos, allá por el siglo XV se tituló con el nombre de "Lu Ban Jing" ("Clásico de Lu Ban") un manual para carpinteros que recogía saberes de este gremio muy antiguos. El manual incluye una parte sobre cómo construir muebles y otra sobre cómo edificar casas, corrales y otros recintos en madera. No es el único tratado sobre cómo construir casas que hay en la China clásica, pero sí el único en el que se enseña a construir muebles.



Ese carácter único, unido a las muchas supersticiones que había en la antigua China, atribuyó a este manual un halo casi sagrado, o sin el casi. En torno a él había muchos rituales: en unas zonas de China, por ejemplo, el carpintero tenía que bañarse -cosa que ni él ni nadie debían hacer todos los días en épocas sin agua corriente-, quemar incienso y hacer un sacrificio antes de poder abrirlo tras comprarlo, porque si no decía la leyenda que no entendería una palabra de su interior. En otras partes del país, el librero que lo vendía, al entregárselo al comprador, no podía mirarle a la cara, por similares razones. Y también se decía que antes de consultar el libro el lector debía hacer una fechoría (aunque valía con una muy pequeña, por ejemplo romper una hierbecita, que es lo que los carpinteros solían hacer).

Sabiendo todo esto, no extrañará saber que el interior del libro no sólo contenía instrucciones técnicas sobre cómo serrar, clavar o encajar tablas, sino que también había una muy detallada serie de sortilegios que los carpinteros podían hacer para bendecir o maldecir una casa (el uso de esta magia era más común al construir grandes cosas, no tanto para una mesilla o una caseta de pájaros). Para hacer una casa en China, hacían falta carpinteros, un geomante (que sabía de feng shui y decía dónde y cuándo construir, cómo orientar, etc), y curiosamente tanto ellos como el cliente que necesitaba vivienda nueva contaban con sus propios libros para hacer magia y neutralizar las de los otros "rivales" en ese proceso de construcción. Como veis, las pesadillas a la hora de hacer reformas en el piso no son para nada algo contemporáneo.

PD: Estas y otras muchas cosas sobre carpinteria y construcción en la antigua China las podéis leer en el libro "Carpintería y Construcción en la China Imperial Tardía", del sinólogo Klaus Ruitenbeek. Se pueden leer los capítulos iniciales de este estudio (que incluye en su interior el mismo Lu Ban Jing, como se ve en la anterior ilustración de este post) en este enlace.

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En busca de Meng Fudi

21 de Mayo, 2016, 0:01

A modo de epílogo al anterior post sobre la Revolución Cultural (sobre todo para complementar a su punto octavo) os invito a ver el siguiente vídeo, un documental de dos hermanos argentinos que vivieron de niños en la China de los 60 y en 2013 vinieron a intentar recuperar la memoria de aquel tiempo. Con sencillez, saben llegar a cosas muy profundas y emotivas. Dura una horita, pero se os hará corta.



Cuando estuvieron rodando el documental en Pekín, charlé con ellos un par de veces y les hice una entrevista que para mí fue también muy emotiva, la recuerdo con intensidad. Aquí os enlazo lo que escribí de ellos.

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10 cosas que quizá no sabes
sobre la Revolución Cultural

16 de Mayo, 2016, 0:01



Hoy, 16 de mayo, se cumple medio siglo del inicio de la Revolución Cultural, un periodo que dejó imágenes icónicas -como las de aquellos guardias rojos reunidos en la plaza de Tiananmen con sus Libros Rojos de Mao- pero que también generó caos, muerte y terror, un terror especialmente estremecedor porque lo tenían los padres por sus hijos, los profesores por sus alumnos, o los vecinos entre sí. Intentaré aquí contar algunas cosas de aquella extraña revolución, y usaré nuevamente la fórmula de los 10 puntos que ya utilicé en aniversarios similares como el 25º de la matanza de Tiananmen, el 70º del fin de la guerra con Japón o el 10º del nacimiento de este blog (hecho sin duda tan trascendente o más que los anteriores). Empecemos, sin más dilación:

1- La Revolución Cultural comenzó con algo muy cultural: una ópera china

No todos los historiadores están de acuerdo con la fecha de inicio de la Revolución Cultural. Para muchos fue tal día como hoy de 1966 porque fue entonces cuando apareció un documento oficial -la Notificación del 16 de Mayo- en el que se decía que había contrarrevolucionarios y revisionistas en todas partes y había que acabar con ellos. Otros prefieren situarlo en el 8 de agosto de ese mismo año, porque fue cuando el Partido Comunista habló abiertamente de una "Revolución Cultural" y definió sus objetivos. También hay quien dice que comenzó el 25 de mayo, cuando una joven estudiante de la Universidad de Pekín, Nie Yuanzi, se atrevió a ser la primera en denunciar a sus profesores abiertamente en un dazibao (tablón de anuncios) del campus.

Sin embargo, antes que todo esto ocurriera, y como prólogo a la Revolución Cultural, un dramaturgo que además era teniente de alcalde de Pekín publicó en 1959 una ópera tradicional china, "La destitución de Hai Rui", que se estrenó en 1961 y Mao Zedong consideró como la primera prueba de que había enemigos suyos en el Partido Comunista y tenía que acabar con ellos. La obra, que cuenta la injusta destitución de un funcionario que había criticado a un mal emperador por matar de hambre a su pueblo, ocurría en pretéritas épocas, pero Mao pensó que era una crítica velada a su desastrosa labor en los años 50, donde sus programas de colectivización e industrialización del campo (el llamado Gran Salto Adelante) causaron una gran hambruna y millones de muertos.


Hai Rui, arquetipo de buen gobernante en la literatura china.




2- El primer enemigo que Mao se quería cargar era el alcalde de Pekín

El hecho de que el autor de la obra de teatro mencionada fuera teniente de alcalde de Pekín -Wu Han se llamaba- hizo que el ayuntamiento de Pekín se convirtiera en el primer gran objetivo de la Revolución Cultural, que Mao se inventó, hablando en plata, para destruir a sus principales enemigos en el Partido Comunista. El alcalde de Pekín en esa época, Peng Zhen, defendió a su número dos a capa y espada, sobre todo cuando Jiang Qing, la mujer de Mao, y Yao Wenyuan, jefe de propaganda de Shanghai (los dos serían parte de la famosa Banda de los Cuatro) escribieron una dura crítica contra su ópera. Peng, que tenía poder sobre el Diario del Pueblo, prohibió al principal periódico del régimen publicarla. Como veis, en un principio fue una pelea casi intelectual, literaria: Imaginaos lo que habría podido pasar si Salvador Sostres o Fernando Sánchez Dragó hubieran vivido o publicado en la China de los 60.


El alcalde Peng Zhen, en un acto de humillación pública.

En todo caso, aunque el ayuntamiento de Pekín fue el primer enemigo de Mao, los grandes objetivos del Gran Timonel, y contra los que seguramente inventó la Revolucón Cultural, eran Liu Shaoqi y Deng Xiaoping, los dos líderes que habían tomado las riendas del país después del fracaso del Gran Salto Adelante. Mao estaba casi jubilado, pero muy enrabietado por ver que Liu y Deng estaban gobernando mejor que él.



3- El origen de todo podría resumirse en "una cana al aire de Mao"

La Revolución Cultural no fue inicialmente popular, no salió espontáneamente de la gente, sino que fue ordenada desde arriba, y fue idea sobre todo de Mao. A primera vista resulta difícil entender por qué al líder de un país le puede apetecer que haya caos revolucionario en ese país, pero si nos ponemos un momento en la piel de Mao -sé que no es agradable, pero hagámoslo sólo un momento- quizá lo entendamos mejor.

El Gran Timonel tenía en los 60 ya más de 70 años, se encontraba en el otoño de su vida. En esa vida había tenido una juventud trepidante como líder comunista clandestino, después protagonizó 30 años de gloria militar -la Larga Marcha, la resistencia a Japón, la victoria contra el Kuomintang, la proeza de contener a Estados Unidos en Corea-, pero cuando llegó el tiempo de la paz y de gobernar, demostró ser un estadista nefasto y con ideas de bombero. Mao se daba cuenta de que no le quedaban muchos años de su vida, de que el último capítulo de su biografía iba a quedar muy feo comparado con los anteriores, y decidió que lo que a él le había hecho feliz era la guerra, el desorden, así que decidió inventar la idea de "revolución permanente" para tener lo que le gustaba.

Además, se apoyó en los jóvenes chinos, incluso menores de edad, para en cierto modo rejuvenecer él mismo: les espoleó a ellos, y esos chinos, que ya habían nacido después de las guerras pero habían oído hablar de las heroicidades del maoísmo en el frente, le siguieron para intentar revivir las hazañas bélicas de sus padres, aunque ahora no hubiera un enemigo o un invasor claro. Que la Revolución Cultural fue una especie de rebelión de Mao contra el destino, contra el envejecimiento que a todos nos llega, queda muy bien reflejado con su famoso chapuzón en el río Yangtsé, el 16 de julio de 1966, cuando la Revolución Cultural daba sus primeros pasos. El Gran Timonel quería demostrar con su baño que seguía hecho un chaval, y lo mismo quería mostrar arengando a jóvenes chinos a que se rebelaran contra todo.





4- El corazón de la Revolución Cultural fue la misma universidad donde años después nacerían las protestas de Tiananmen, y eso perjudicó al movimiento de 1989

La Universidad de Pekín, una de las más antiguas y prestigiosas del país, ha tenido una importancia decisiva en el siglo XX de China. Fueron sus estudiantes los que empezaron las protestas del 4 de mayo de 1919 -para muchos el germen del futuro auge del comunismo en el país-, los que comenzaron a manifestarse  en mayo de 1989 y pusieron en jaque ese mismo comunismo, y los que en 1966, casualmente también en mayo -la cercanía de los exámenes de junio debe estresar a los alumnos- comenzaron a vestirse de guardias rojos, a blandir libritos con los pensamientos de Mao y a insultar y golpear a sus profesores como muestra de rebeldía y a la vez de fidelidad al comunismo.


Este hecho, el de que los estudiantes de la Universidad de Pekín de 1966 comenzaron una revolución que sembró el caos durante años, puede ayudar a entender por qué dos décadas después, en 1989, los líderes chinos tuvieron tanto miedo a unos jovencitos que protestaban en Tiananmen: esos líderes pensaban -erróneamente, porque los modos de los chicos de 1989 eran más pacíficos que los usados 20 años antes- que podría tratarse de un revival de guardias rojos, y que el caos podría volver. Recordemos que entonces lideraba China Deng Xiaoping, una persona que habia sufrido no una sino dos purgas en la Revolución Cultural. Hasta cierto punto puede entenderse su miedo, quizá por tocar miedos de su pasado, a jóvenes estudiantes de la Universidad de Pekín protestando en un mes de mayo.



5- Las famosas reeducaciones en el campo fueron en cierto modo una excusa para salvar vidas

En 1967 y 1968 se cometieron los peores crímenes de la Revolución Cultural. Los guardias rojos, primero en Pekín pero luego en muchas otras ciudades donde se imitó la revuelta estudiantil, organizaron palizas públicas a "contrarrevolucionarios", torturaron, quemaron templos, iglesias, monasterios... Mucha gente moría en esos linchamientos, o pasaba una humillación tan grande -en una cultura donde "perder cara" públicamente es mucho peor que en Occidente- que acababa suicidándose. La gente, por miedo a los guardias rojos o porque se creía su revolución, intentaba hacerse el maoísta denunciando a sus vecinos, a sus parientes, a sus padres si hacía falta, acusándoles de revisionistas por tener libros en inglés o cualquier otra excusa. Los revolucionarios habían asaltado cuarteles del ejército y ya estaban armados, con lo que en algunas ciudades se convirtieron en auténticos escuadrones de la muerte y comenzó a haber verdaderas guerras civiles entre distintas facciones de ellos, discutiendo por ver cuál de ellos amaba más a Mao.

En resumen: la Revolución Cultural se les había ido de las manos. Por ello, en diciembre de 1968 se lanzó la campaña de reeducación en el campo, con la excusa oficial de que los guardias rojos llevaran la revolución a los pueblos de China, pero con la intención real de sacarlos de la ciudad, reducirlos a grupos más pequeños y aislarlos en lugares donde pudieran hacer menos daño. En este sentido, la reeducación en el campo fue algo positivo: a partir de 1968, la Revolución Cultural fue menos virulenta en grandes ciudades como Pekín, y por otro lado la llegada de estudiantes e intelectuales al medio rural llevó la cultura a zonas muy deprimidas y analfabetas del país. En la parte negativa, muchos de esos estudiantes e intelectuales pasaron hasta 10 años aislados en el campo, lo que paralizó la cultura del país, por no mencionar los muchos que murieron debido a la dura vida de las aldeas, con inviernos y hambrunas a los que no estaban acostumbrados.





6- Fue una revolución sin enemigo, lo que le dio un especial carácter surrealista

En sus arengas a los guardias rojos, o en las proclamas escritas, Mao y otros impulsores de la Revolución Cultural no daban instrucciones claras de contra quién debían revelarse los guardias rojos, cuáles eran esos enemigos "contrarrevolucionarios" o "revisionistas". Mao nunca dijo claramente que hubiera que cargarse a Deng Xiaoping o a Liu Shaoqi -quien murió en 1969, arrestado y tratado como un animal en prisión-, ni que había que quemar templos budistas: fueron los guardias rojos y otros seguidores de la revolución cultural quienes se fueron inventando enemigos.


La ausencia de órdenes claras trajo el caos: los guardias rojos se dividieron en facciones con desacuerdos sobre lo que había que destruir o combatir, y que a veces combatían entre ellas. Al no haber estándares, cualquier cosa podía interpretarse como enemiga de Mao, de China o de la revolución, hasta nimiedades como tener torcido el cuadro de Mao en casa. Esto no trajo sino paranoia colectiva, denuncias por doquier y una sensación de locura social que convirtió el movimiento en uno de los más inexplicables de la historia reciente del mundo, además de uno de los que más aterra y fascina al mismo tiempo. Merece la pena apuntar que esta ausencia de enemigo, el desorden y la idea de rebelarse contra todo sin discreción inspiraron poco después movimientos contraculturales como el del mayo francés del 68, donde algunos intelectuales que allí había eran grandes apasionados del maoísmo (seguramente no conocían las muertes que había causado). Obviamente, mayo del 68 no es para nada comparable a la Revolución Cultural en cuanto a la violencia empleada, pero ambos compartieron un carácter anárquico e iconoclasta.



7- El ejército en la Revolución Cultural fue un oasis de orden en el caos

El papel del ejército chino en la Revolución Cultural es poco claro, aunque se cree que la institución probablemente contribuyó a que el número de muertos en ella fuera menor del que podría haber sido. Para empezar, aunque muchos soldados chinos eran de la misma edad que los guardias rojos, no caló en ellos la filosofía de rebelión sin causa que Mao predicó en el 66: seguramente el hecho de que muchos de los soldados fueran gente humilde del campo, y no estudiantes universitarios, les inmunizó contra la propaganda política. Por otra parte, era difícil que triunfara el espíritu de desorden e indisciplina en una institución tan jerarquizada como el ejército.


Por esas razones, pero también por la desconfianza de muchos líderes militares a las ideas de Mao, la Revolución Cultural no contagió apenas al ejército, y eso fue providencial, porque eran millones de jóvenes armados que podrían haber arrasado el país. Su labor en la Revolución Cultural fue, pasados los primeros dos años de mayor caos, intentar recuperar el orden, casi siempre de forma relativamente pacífica, sin pegar tiros. Hubo incluso momentos en los que al ejército se lo vio demasiado pacífico, como en los primeros meses de la rebelión, cuando optó por no usar la violencia cuando los guardias rojos asaltaron varios cuarteles para robar armas. En realidad, la Revolución Cultural sirvió para que los chinos de los 60 y 70 mejoraran su imagen del ejército chino, lo consideraran un reducto de orden y cordura en aquellos años de caos. Por eso, porque los soldados chinos estaban muy bien vistos en esas épocas, fue por lo que en 1989 sorprendió y entristeció a mucha gente en el país su uso de la violencia contra los estudiantes de Tiananmen.



8- Durante la Revolución Cultural hubo extranjeros que permanecieron en China

Se suele considerar que durante ese periodo todo lo extranjero era susceptible de ser enemigo del maoísmo, y que cualquier guiri que pusiera los pies en Pekín o Shanghai sería inmediatamente linchado. Pero no fue así completamente: incluso en los peores años de la revolución, 1966 y 1967, hubo una comunidad de extranjeros viviendo en el Hotel de la Amistad de Pekín, el alojamiento para los foráneos que eran contratados por el Gobierno chino (el mismo sitio donde yo viví entre 2001 y 2003).

Aunque las universidades y los guardias rojos estaban muy cerca de allí, el lugar fue bastante respetado y en él no entraron los revolucionarios a "limpiar". Y eso que desde el punto de vista de un guardia rojo el sitio era un símbolo de la URSS (el hotel se había construido primero para alojar ingenieros rusos que ayudaron a China en los 50), un país que en aquel entonces era considerado por Mao como el máximo enemigo de la patria, incluso peor que EEUU. En el Hotel de la Amistad no vivían entonces rusos, que con la muerte de Stalin -amigo de Mao- y la llegada del desestalinizador Krushev se habían convertido en enemigos de China, pero sí había muchos representantes del mundo no alineado: africanos, árabes, latinoamericanos... En su mayoría trabajaban como profesores, traductores o correctores de medios oficiales chinos.


Sidney Rittenberg, histórico maoísta, da un mitin en Tiananmen durante la Revolución Cultural
(lo que no le libraría de ser uno de los extranjeros purgados).




9- Nadie sabe cómo sobrevivió Zhou Enlai

Uno de los grandes enigmas de la Revolución Cultural es el papel de Zhou Enlai, primer ministro de China desde la fundación de la República Popular en 1949 hasta su muerte en enero de 1976, pocos meses antes de que falleciera también Mao y con ello se pusiera fin a la misma Revolución Cultural. Zhou fue uno de los pocos grandes líderes moderados que no fue purgado, pese a que se opuso a las purgas contra Deng Xiaoping y Liu Shaoqi, con los que coincidía en estilo e ideas, y pese a que se mostró en contra de muchas de las tropelías de los guardias rojos (de esta época es famosa, por ejemplo, su intervención para detener a los jóvenes exaltados e impedirles que destruyeran el Palacio Potala de Lhasa).

La percepción general es la de que Zhou vio la locura que le rodeaba e intentó sobrevivir: en ocasiones daba la razón a Mao como quién se la da a un loco, pero en otras intentaba convencerle de que abandonara sus ideas más peregrinas, como cuando al Gran Timonel le entró en la cabeza que Pekín debía cambiar su nombre por el de "Este Rojo", en honor a la canción que entonces se había convertido en símbolo del maoísmo e himno nacional oficioso. También impidió, en el mismo sentido, que los leones de la plaza de Tiananmen fueran sustituidos por dos estatuas de Mao.


Zhou Enlai camuflado de guardia rojo, con brazalete y todo.



10- La Revolución Cultural no es tan tabú para la censura china como otros hechos históricos recientes

No es cierto, como a veces se dice, que no se pueda hablar públicamente en la China actual de la Revolución Cultural. Ello sí ocurre con otros puntos negros de la historia de la República Popular, como el Gran Salto Adelante o la matanza de Tiananmen, pero con la Revolución Cultural el opaco régimen chino tiene una relación distinta. Para empezar, está oficialmente reconocido que fue una época de caos y nefasta para el país: así se dice en muchas noticias de la agencia Xinhua, cuando sale el tema (que tampoco es que sea a diario, todo hay que decirlo). No olvidemos que la Revolución Cultural fue juzgada y condenada, en el famoso proceso a la Banda de los Cuatro, aunque está claro que ese juicio tuvo mucho de show y que en él se decidió castigar sólo a cuatro mandamases dejando fuera a muchos otros con similar responsabilidad. E intentando pasar de puntillas por la labor del principal culpable, que fue Mao (ya llevaba cinco años muerto cuando se celebró el juicio, en todo caso).

En el juicio, se leyó durante horas una larga lista de crímenes cometidos, desde torturas a palizas públicas, y se habló hasta de una cifra oficial de muertes (34.375). La cifra es probablemente una pequeñísima parte del total de muertos en la década del caos (los más críticos del régimen chino hablan de hasta tres millones), pero conociendo las dificultades de China a la hora de contar números negativos para su imagen, es toda una sorpresa.

La Revolución Cultural es tema de novelas y películas contemporáneas chinas que pueden leerse y verse en el país: por ejemplo, "Coming Home", una de las últimas películas que ha rodado Zhang Yimou, en la que se cuenta la herida incurable que en la mente de una mujer (interpretada por Gong Li) dejaron las persecuciones y las torturas.



En el fondo, esto se explica porque para el régimen chino actual es bueno hasta cierto punto que se recuerde la Revolución Cultural, porque ellos se presentan como el orden frente al desorden y la anarquía que podrían traer movimientos idealistas. No es de extrañar que de vez en cuando algún político chino, para criticar algo que no le conviene al régimen, nombre abiertamente la bicha y diga: "No queremos que vuelva a haber una Revolución Cultural". Por una vez, estoy de acuerdo con ellos.


ACTUALIZACIÓN (horas después): South China Morning Post ha hecho en el día del aniversario un fantástico reportaje multimedia que recuerda al que hizo para los 25 años de Tiananmen. Echadle un vistazo si queréis ahondar más en el tema, es fascinante.

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Servicio a oficilio

14 de Mayo, 2016, 0:01

No pude evitar el otro día echar una lagrimita cuando me enteré de que Pizza Buona, un restaurante italiano que hay en la misma calle donde está mi oficina, se mudaba de allí para ir a un lugar más pijillo. Pizza Buona llevaba la friolera de 15 años, más o menos lo que yo llevo en Pekín, en la calle de mi oficina, algo que para un restaurante de comida occidental -y casi que china también- es una proeza increíble en una ciudad donde muchos negocios son proyectos de pocos años y donde los caseros son ladrones abusivos amparados en la falta de protección legal para los inquilinos. Vamos, que a nada que tu restaurante tenga éxito, te van a cuadruplicar el alquiler.


El restaurante, ya cerrado y con cartelito de "nos mudamos".
Arriba, ya lo veis: "Desde 2001", como yo.



Con la marcha de Pizza Buona se va el poco de glamour que había en la pequeña callejuela por la que se entra a mi oficina, una calle que pese a ser posiblemente la que más he recorrido en mi vida, aún no sé como se llama. En esa misma calle teníamos hace años también un hotel boutique muy mono y de ventanas multicolores, el Hotel G -al que le dediqué un añejo post cuando empezaba a andar- pero hace tiempo que cerró, y con él la hamburguesería y el restaurante de comida japonesa que había en sus bajos, y que tantas veces visité.


Ahí a la derecha está el edificio morado del antiguo Hotel G,
que como veis ya está un poco descascarillado.



Pero ay, las leyes de mercado son las que son, y la veleidad de los consumidores ni te cuento... En mi oficina, por ejemplo, durante unos años Pizza Buona era nuestro sustento, les llamábamos a diario para que trajeran ensaladas o pasta -la dieta casi universal de la oficina desde que tengo recuerdo- pero un día llegó alguien con un menú de Annie's, la cadena de restaurantes italianos más popular en Pekín, y abandonamos de inmediato Pizza Buona. Mis actuales compañeros, que llegaron en la época Annie's, creo que ni se habían percatado de la existencia de Pizza Buona cerca de nuestro curro.


De todos modos, el reinado Annie's no fue para siempre, porque hace cosa de dos años alguien llegó con un menú de otro restaurante italiano, Scott's Family, y ahora los pedidos a éste son los que imperan, porque los platos son un poco más baratos y porque nos regalan pan de pizza. Algún nostálgico alguna vez pide Annie's, pero si de verdad quisieran volver a los orígenes, tendrían que haber echado mano de Pizza Buona. Quizá así no se hubieran mudado a otra calle más hipster.

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Sirenita vietnamita

10 de Mayo, 2016, 0:01

Hace unas semanas se hizo muy famosa en Asia una niñita vietnamita que con un disfraz de pez y una peluca fue convertida en una regordeta sirena que ha redefinido el término "monada" para elevarlo a niveles exponenciales nunca antes conocidos.







La idea de una sirena bebé triunfó tanto por estas latitudes que la firma china de comercio electrónico Jingdong la ha utilizado en un anuncio de leche en polvo para niños, que veo todos los días en el ascensor de mi bloque. Por eso, como la veo todos los días, no me he podido quitar durante semanas de la cabeza que tenía que mencionar esto en el blog, por nimio que os parezca.

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Un día en las carreras

4 de Mayo, 2016, 0:01



He pasado el puente de mayo en Hong Kong, una ciudad a la que me he vuelto casi adicto en los últimos años. Esta vez, por hacer algo nuevo, me fui a ver las carreras de caballos, que son uno de los principales pasatiempos de la ex colonia británica (y una de sus principales herencias de esa época británica, dicho sea de paso). Hong Kong ama los caballos, y de hecho fue sede olímpica de la hípica en Pekín 2008, ya que las autoridades de cuarentena chinas eran demasiado estrictas con la entrada de caballos al país y por ello se decidió llevar las pruebas a territorio hongkonés, donde las trabas eran menores y la afición a ese deporte era mayor.

En Hong Kong hay dos hipódromos: el de Sha Tin, en la península de Kowloon, donde se disputan carreras de día, y el de Happy Valley, en la isla de Hong Kong propiamente dicha (al sur de Kowloon), donde las carreras son nocturnas. Creo que las carreras en Sha Tin son los domingos, y las de Happy Valley entre semana. El hipódromo de Sha Tin, donde estuve, es una preciosidad, sobre todo por donde está enclavado, al pie de una colina tan verde como verde es el sur de China.



El centro de operaciones del hipódromo es una única pero gigantesca grada que tendrá unos 300 metros de largo y cuatro o cinco pisos de altura, en la que te puedes sentar más o menos donde quieras, salvo unos asientos VIP que hay junto a la meta. Por lo demás, es todo muy relajado: te sientas un rato en un lado, luego cambias de asiento para ver la carrera desde otro ángulo en la siguiente carrera... También hay quien se va al restaurante del piso de arriba y ve las carreras mientras come.




Detrás de las gradas, o quizá debería decir debajo de ellas, hay un gran recinto de varios pisos donde tienes las zonas para hacer apuestas, los bares y restaurantes, las tiendas de souvenirs... vamos, algo similar a un estadio de fútbol, con la diferencia de que muchos de los hongkoneses asiduos a las carreras de caballos se pasan el día allí dentro, mirando las carreras por grandes pantallas e intentando hacer cálculos cabalísticos para ver si pueden adivinar qué caballo va a ganar en cada carrera. La zona de apostadores más empedernidos parece la base de lanzamiento de Cabo Cañaveral.



Aunque películas como Atraco Perfecto o la que da nombre a mi post de hoy nos han dibujado unos hipódromos glamourosos en el EEUU de los 40 o los 50, el ambiente en Hong Kong, al menos en Sha Tin, es bastante popular, con un importante predominio de gente de mediana edad o jubilados, en su mayoría fumadores empedernidos. La entrada es baratísima (se puede pagar con la tarjeta del metro) y vas allí a echar el día, porque hay 10 u 11 carreras y entre cada una hay media hora de descanso para apostar, descansar y darte un paseo, así que la jornada hípica dura seis horas (que no se te hacen largas porque entre carrera y carrera te dedicas a otras cosas).

Nunca había visto carreras de caballos, pero son francamente bellas y trepidantes. Aparte de que los purasangres son un portento de la naturaleza, corren de forma realmente emocionante: hay muchos adelantamientos finales, hay caballos que salen últimos y acaban primeros, los hay que sprintan al final y ganan en el último suspiro... En una de las carreras, los dos primeros en llegar a la meta quedaron empatados, ni con la foto finish se pudo determinar el ganador, así que se repartió el dinero de las apuestas para los que jugaron tanto por uno de ellos como por el otro.




Ya que estaba allí decidí apostar un poco, algo que en China está prohibido pero en Hong Kong y Macao no. Lo primero que hay que hacer para jugar es comprarse por 10 dólares de Hong Kong un librito donde sale la información de todas las carreras, con caballos, jinetes, estadísticas de unos y otros y demás información.



Una vez documentado, rellenas unos papelitos parecidos a la quiniela española, en los que puedes intenta adivinar qué caballo va a ganar determinada carrera, o que trío llega primero, o quien llega último, o cientos de otras combinaciones. Yo aposté en cada carrera por el caballo que según el librito había ganado en más ocasiones anteriores.




Fue un craso error, porque resultó que en muchos casos el caballo que más carreras había ganado era el más viejo y cansado de todos, y por ello quizá el menos favorito a vencer en ese día. En algunas carreras mi caballo quedó el último, y en varias ocasiones el destino me dio buenas bofetadas. Por ejemplo: en la primera y la segunda carreras aposté por el 5 pero ganó otro, y después en la tercera aposté por otro... y ganó el 5. Más tarde pasó lo contrario: en las carreras que más dinero daban, la séptima y la octava, ganó en las dos el caballo con el dorsal número 1, cuando yo había apostado por otros. Sin embargo, en la novena, donde yo había apostado por el número 1, ganó otro.

En fin, un desastre que seguramente me ha librado de volverme un ludópata hípico, pero al menos puedo decir que gané en una carrera, la sexta, gracias a "Multiexpress", montado por una amazona hongkonesa -hay mucho jinete extranjero- y que además por lo visto no era nada favorito, así que me llevé un buen pellizco que compensó las pérdidas de las otras carreras. En esa carrera descubrí lo que te emocionas cuando ves que tu caballo está ganando en la recta final, hasta el punto de que te pones a animarlo como un loco (tú y todos los de la grada que han apostado por el). Adrenalina pura, aunque lamentablemente sólo la pude degustar una vez.



La verdad es que el mundo de las apuestas caballunas es un raro universo que nunca había imaginado que tendría tantas complejidades, pero claro, si fuera sencillo todo el mundo ganaría y no habría negocio... No sólo tienes que considerar qué tal es el caballo, sino también qué jinete lo cabalga (en Hong Kong hay un brasileño llamado Joao Moreira que gana carreras como quien va a comprar el pan), quién lo ha entrenado, si le han cambiado las bridas o la capucha, si lleva una buena progresión, su edad, si está en su peso ideal, si el terreno es ideal para sus cascos... En el público toda esa complicación se traduce en docenas de apostadores que se pasan la jornada con la cabeza hundida en periódicos llenos de datos y más datos sobre cada competidor, unas hojas llenas de números y caracteres que si mira un profano como yo suenan a chino por partida doble.





A veces uno se marea con tantos datos y decide apostar al nombre que más le guste, pero es que los bautizadores de caballos son muy ladinos y a todos los animales sin excepción les ponen unos nombres fulgurantes, que enseguida te llaman la atención y te piden que apuestes por ellos: "Rey Relámpago", "Ganador Infalible", "Nitro Express", "Demasiado Rápido", "Cohete Cinco" y cosas así que te parece que te van a enriquecer pero que en muchos casos son camelos.

Acabadas las carreras, uno se dirige a las máquinas verificadoras para que le confirmen si ha tenido premio o no (a veces ya sabe uno que no, pero prueba por si acaso). En esa zona el suelo se llena de papeles no premiados.



También hay quien considera posible que alguien haya tirado o perdido un billete premiado y se pasa el rato buscando en el suelo y las papeleras a ver si hay suerte, como hacían Homer Simpson y Bart en aquel episodio en el que pasaban la Nochebuena en un canódromo.



Estas escenas tan poco glamourosas contrastan con la parte pija del hipódromo, donde los criadores de caballos toman champán mientras sus purasangres pasean alrededor de ellos antes y después de competir. Esa zona es un poco bizarra, porque mientras la jet set socializa allí abajo el público les rodea y les hace fotos.


En esa zona Vip, donde se ve mucho británico, australiano o similar, es el único sitio del hipódromo donde se ven sombreros y tocados en plan Ascot, aunque el día que fui quienes más llamaban la atención eran una familia de orondos mongoles que se había traído uno de sus caballos para correr y posaban muy ufanos ante las cámaras.



A todas estas gentes peculiares he de sumar los jockeys siempre pequeñitos, las chicas disfrazadas de amazonas para publicitar cosas o los animadores disfrazados de caballos. Todos ellos conformando un curioso mundo al que en España, donde las carreras de caballos son algo tan lejano, no estamos familiarizados, por lo que ir un día a las carreras puede ser una cosa muy novedosa y divertida. ¡Pruébala si puedes!






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Océano Bélico

29 de Abril, 2016, 0:01



En 2013 se estrenó Pacific Rim, una película en la que el Océano Pacífico, que da nombre a la cinta, es atacado por unos monstruos alienígenas gigantes tipo Godzilla y donde países de la zona  como Japón, Australia, China o Estados Unidos -hay una triste ausencia de Latinoamérica, pese a que el director sea el mexicano Guillermo del Toro- se unen para derrotar a los monstruos manejando robots igualmente gigantes. La película, en la que Santiago Segura juega un importante papel, tiene como escenario Hong Kong (donde me encuentro hoy, casualmente) y por tanto las aguas donde robots y monstruos se dan de leches son las del Mar de China Meridional. Se podría decir que Pacific Rim, que fue una película que gustó mucho en China y cuya proyección fue autorizada por la censura en los cines del país, simbolizó de forma muy gráfica el naciente interés de Estados Unidos, representada por su maquinaria de propaganda, que es Hollywood, hacia un mar conflictivo y deseado.

Más o menos por esa época en la que se estrenó la película (quizá un poco antes) un Estados Unidos que había declarado abiertamente que iba a desplazar su política internacional desde Oriente Medio hacia el Extremo Oriente comenzaba en la segunda de esas regiones unas estrategias que no le iban a hacer mucha gracia a China. La entonces secretaria de Estado Hillary Clinton -muy impopular entre los chinos, tanto que casi prefieren que Donald Trump gane en las próximas elecciones- y el propio presidente Barack Obama iban a visitar países de la zona, tales como Filipinas o Vietnam, para darles a entender que iban a recibir apoyo en sus reclamaciones de islas de ese mar igualmente reclamadas por China, como las Spratly o las Paracel (que algunos llamaron estos años, equivocadísimamente y para mi desespero, Paracelso). A raíz de estos apoyos de Washington, Vietnam y Filipinas comenzaron a reivindicar públicamente sus derechos sobre esas islas, y a acusar a China de apresar sus pesqueros o pescar ilegalmente. También hubo un aumento de la presencia militar estadounidense en Australia, tradicional aliado de la zona por la proximidad cultural aunque a veces olvidado por Washington.

China reaccionó a estos movimientos con gestos de fuerza. Levantó en una de las islas que controla una ciudad, Sansha, para dar fuerza a su presencia en los archipiélagos (durante casi toda la historia deshabitados, salvo destacamentos militares en las últimas décadas). También plantó una plataforma petrolífera muy cerca de las costas de Vietnam, y ha aumentado artificialmente algunas de las islas para instalar en ellas pistas de aterrizaje, algo que fue condenado por Estados Unidos (de forma un tanto hipócrita, porque también Filipinas, Vietnam y hasta Taiwán tienen pistas aéreas o instalaciones similares en islas en disputa de esa zona, algo que es posible que jamás mencione un medio de comunicación en inglés).

Una vez revueltas las aguas, Estados Unidos ha tomado más medidas, que han consistido, básicamente, en hacer que portaviones o acorazados de su flota en el Pacífico pasen por aguas en disputa, como medida de advertencia a China. También lo ha hecho con aviones, y en algunos de esos vuelos han llegado a participar generales americanos o hasta el secretario de Defensa Ash Carter. Otra medida ha sido la de intentar que el conflicto en el Mar de China Meridional, antes pequeño y desconocido para la mayoría de los mortales pese a que tiene décadas de antigüedad, se convierta en algo familiar: los políticos estadounidenses, desde secretarios a congresistas o senadores, hablan sobre el todas las semanas, aunque no haya en realidad muchas novedades que contar, lo que consigue sin embargo que el tema aparezca casi a diario en los medios y se convierta en un asunto que alarme a la opinión pública.

¿Qué hay detrás de todo esto? En primer lugar, lo que desde el fin de la II Guerra Mundial ha generado conflictos en todo el planeta: ya no se pelea por tierras, sino por recursos. En el Mar de China Meridional hay de momento sólo recursos pesqueros, pero se considera que en su lecho marino podría haber enormes bolsas de petróleo y gas, quizá las mayores del mundo. Sin embargo, de momento eso es sólo una posibilidad aún no probada, ni siquiera por la plataforma marítima que los chinos colocaron cerca de Vietnam y que hizo varias prospecciones. Por otra parte, no podemos olvidar los intereses de la industria armamentística estadounidense, un lobby con gran poder que ahora sueña con vender submarinos y cazas a Vietnam o Filipinas, aunque lo cierto es que por ahora no se ha oído hablar de grandes ventas de armamento a esos países.

Además de la clásica guerra de recursos y mercados, hay un claro conflicto por la hegemonía, muy interesante y que demuestra una vez más que aquellas teorías del Fin de la Historia que hubo tras la caída del Muro de Berlín estaban totalmente equivocadas, y a la Guerra Fría le seguirán nuevos conflictos tan malos o peores. Tras el fin de la Unión Soviética, Estados Unidos centró su política exterior en Oriente Medio, que ése sí es un indiscutible depósito de recursos energéticos. La presencia de Washington en una región tan compleja y conflictiva, donde el conflicto aumentó con la mayor presencia americana, obligó a los Estados Unidos a dedicarse casi exclusivamente a esa región en su política exterior. Ello quizá le distrajo del ascenso de China, que hoy día ya le mira de tú a tú como potencia mundial, y también de la conversión de Corea del Norte en potencia nuclear, rompiendo el equilibrio en Extremo Oriente.

Cuando Obama llegó a la presidencia de EEUU, su bandera en política internacional era cerrar la prisión ilegal de Guantánamo, un símbolo de que quería reducir la presencia de su país en Oriente Medio, en el momento en que su país ocupaba dos países (Irak y Afganistán). No sólo por razones humanitarias, que también las habría y seguramente le valieron el Nobel de la Paz aquel prematuro que le dieron, sino por reconducir la política exterior norteamericana al Pacífico, una región tradicionalmente interesante para Washington, ya desde los tiempos en que ayudó a Filipinas a "independizarse" de España (lo entrecomillo porque luego la ocuparon ellos). Tampoco debe olvidarse que para Estados Unidos el gran enemigo de la Segunda Guerra Mundial fue Japón, en esas aguas, y que por ellas navega su mayor flota naval.

En este sentido, es simbólico que los primeros acercamientos de la Administración Obama a Filipinas o Vietnam llegaran tras la muerte de Osama Bin Laden, en 2011. La muerte del líder de Al Qaeda fue interpretada desde Washington como signo de que se podía levantar el pie del acelerador que habían pisado a fondo en Oriente Medio especialmente desde los atentados de las Torres Gemelas. Lo que no sabían quizá por aquel entonces es que después de Al Qaeda llegaría el Estado Islámico, y que Rusia volvería a una región en la que no había estado apenas desde los tiempos de la invasión de Afganistán, esta vez en ayuda de los sirios... La historia se repite, y quizá ahora la excesiva atención de Estados Unidos al Mar de China Meridional le ha hecho olvidar un poco Oriente Medio, por lo que ahora es allí donde salen monstruos no tan gigantes como los de Pacific Rim pero igual de amenazadores.

Por supuesto, no voy a tratar a China como un sujeto meramente pasivo en este apasionante juego de poderes. Un régimen comunista como el actual, con un presidente tan conservador como está demostrando ser Xi Jinping, está utilizando el conflicto como excusa para aumentar el sentimiento nacionalista dentro del país, aunque lo cierto es que la mayoría de la ciudadanía china es totalmente ajena a la política, y le da lo mismo tanto lo que Pekín como lo que Washington estén pergeñando. En cambio, al presidente Xi sí que le sirve para que una institución tan poderosa como el ejército chino cierre filas en torno a él y le rinda pleitesía mientras China muestre de vez en cuando gestos de desafío hacia la todopoderosa Estados Unidos. Los órdagos que de vez en cuando se dan chinos y estadounidenses en el Mar de China Meridional, menos peligrosos que los que hay a veces en Oriente Medio pues en esta región se producen en un mar prácticamente deshabitado, ayudan a China a mostrarse fuerte con unos riesgos mínimos, llevando el conflicto a una dimensión de tensión permanente pero controlada que a la larga beneficia tanto a Estados Unidos como al régimen comunista chino. El problema es si un día de éstos llega un actor incontrolable (Corea del Norte es un gran candidato) que te rompe el equilibrio regional y todo se dispara. Esperemos que Extremo Oriente no se convierta este siglo en el desastre que ha sido Oriente Medio, por culpa de tantos intereses poderosos puestos en él.

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Superpoderosos

27 de Abril, 2016, 0:01

¡Bienvenidos de nuevo a China! Después de mes y medio posteando sobre la India, este blog regresa a su medio natural. O igual sólo a medias, porque hoy voy a hablar de superhéroes, un concepto muy de Estados Unidos pero que quiere entrar en China a saco.

Y digo lo de entrar a saco porque DC Comics, una de las dos grandes del sector (la otra es Marvel) ha decidido crear un Supermán chino. Se va a llamar Kenan Kong, vive y trabaja en Shanghai, y es casi igual que el original, sólo que con un traje mucho más rojo, que pega más por estas latitudes:


Hace mucho que no leo comics de superhéroes y voy muy perdido en sus interminables sagas, pero por lo que he leído someramente Supermán en estos momentos está muerto en la ficción de los tebeos de DC, aunque su espíritu, o sus descendientes, o algo así, va a resucitar en varias partes del mundo. Uno de los sitios para la segunda venida del Hombre de Acero es Shanghai, y ahí es donde Kenan Kong entra en juego.


Kenan Kong tendrá un duro competidor, porque el pasado año, en una convención de comics de Tianjin, fue presentado en sociedad el gran Tianjin Man, que causó conmoción no precisamente por su fuerza y sus heroicidades, sino más bien por su traje con aspecto de pijama y por su barriga de fofisano. De todos modos, están de moda los superhéroes realistas, así que en este contexto Tianjin Man aún podría triunfar...


¿Y en Pekín? Pues aquí hemos tenido hace unos años a una misteriosa mujer enmascarada que en pleno invierno salió en leotardos a la calle para dar abrigos a los mendigos, donar comida y cosas así. No salvó al mundo de una catástrofe nuclear, bien es cierto, pero al menos era una persona real e hizo cosas de verdad. Su nombre era algo así como Capullo Rojo (no suena muy bien en español, lo sé) y no se ha vuelto a saber nada más de ella, quizá está junto a Supermán en la Fortaleza de la Soledad o algo así.


Los tres anteriores se unen a una lista ya muy larga de superhéroes que en Marvel, DC Comics u otros universos han tenido orígenes en China, porque esos mundos en trajes de licra son tan grandes e inabarcables que han tomado todo tipo de escenarios para buscar héroes y villanos. Quizá los superhéroes chinos no son los más famosos, pero hay casos muy notables. Veamos algunos:

Posiblemente el primer superhéroe chino en comics fue Tortuga Verde, creado por la editorial Blazing Comics en 1944 como una especie de versión china del Capitán América: un héroe de los aliados para derrotar el fascismo. De la misma manera que el Capitán América luchaba entonces contra los nazis, Tortuga Verde, pese a dar a entender con su nombre que no era muy rápido de reflejos, combatía sin cuartel a los japoneses.


Si Tortuga Verde fue el primero en comics, anterior a él, y quizá el personaje chino (o por lo menos de etnia china) más popular en el universo superheroico ha sido Kato, el ayudante de Green Hornet (creo que ninguno de los dos tenía superpoderes, pero bueno, los colocaremos en el mismo saco, al estilo de Batman). Green Hornet y Kato no se dieron a conocer en comics, sino primero en la radio, mediante seriales en los años 30, después en series de televisión en los 60 (donde quien hacía de Kato era el gran Bruce Lee) y recientemente en una película muy decente donde el personaje asiático era otro popularísimo actor oriental, el taiwanés Jay Chou.


Bruce Lee disfrazado de Kato.


En Marvel, quizá el superhéroe chino que más éxito ha tenido ha sido Júbilo, una chica mutante de padres chinos emigrantes a EEUU que ya aparecía en los años 90, cuando los X-Men estaban en su gran esplendor de fama (en lo que a comics se refiere). Apenas ha salido en las películas, aunque parece ser que en la que va a venir (X-Men Apocalypse, novena entrega de la saga) sí que va a tener un papel más importante, y va a ser interpretado por una jovencísima actriz vietnamita que se llama Lana Condor (el nombre no tiene nada de vietnamita porque fue adoptada por estadounidenses).


En cuanto a supervillanos, quizá el más célebre es el Mandarín, uno de los grandes enemigos de Iron Man, y que ya ha salido en alguna película del hombre de hierro. Aunque en los comics es un malvado chino, en la película fue interpretado por Ben Kingsley, que de chino tiene poco: quizá, dicen los rumores, para que el público chino no se enfadara y fuera en masa a ver la peli, ahora que las salas de cine chino dan casi tanto dinero como las estadounidenses a Marvel y otras productoras de cine de palomitas.


Menos he oído hablar, pero quiero nombrarlo aquí, del Hombre Colectivo, otro personaje Marvel que en realidad estaba formado por cinco hermanos que, cual Power Rangers, eran capaces de fundirse en uno sólo, simbolizando como nadie el poder del colectivismo comunista. Este poder unificador lo han usado a veces contra el mal y otras contra el bien, luchando -y perdiendo siempre, me imagino- contra grandes nombres del mundillo como el Capitan América, Hulk o los X Men. Como digo no conozco mucho al Hombre Colectivo, pero he querido citarlo aquí sobre todo porque tiene ese típico "traje bandera" que tanto gusta en Marvel y también me gusta a mí, al estilo de los que llevaron antes el Capitán América, el Capitán Britania, el canadiense Guardián o nuestro querido Capitán Hispania.


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Comer como un rey

22 de Abril, 2016, 0:01

Este blog, dedicado principalmente a China, se está tomando un paréntesis para hablar principalmente de su vecina la India, el otro gigante asiático. ¿Durante cuánto tiempo? Hasta que deje de salir este mensaje).

India es un país que no te lo terminas, pero este blog debe volver tarde o temprano a sus orígenes, así que creo que éste va a ser el último post del paréntesis indio que me he tomado, y que ha durado unos dos meses (además el post enlazará con China, y así vamos ya cambiando sin brusquedades).

Para acabar el paréntesis indio, decía, voy a hablar de lo último que vi en la India, que fue el restaurante Karim's, donde cené en la última noche (mi avión hacia China salió a primeras horas de la madrugada).


Karim's es un restaurante que me recomendó un sikh que viajaba a mi lado en el vuelo de ida a la India, aunque el sitio tampoco es que sea un gran secreto: es de hecho, seguramente, el sitio de comidas más famoso de Delhi. Situado al sur de la Gran Mezquita de la ciudad, en el ruidoso y bullicioso casco antiguo, está siempre lleno de gente dispuesta a merendarse su sabroso cordero.

Si Karim's me llamó la atención no fue tanto por su comida -que sí, estaba muy buena, pero tampoco andaba yo con mucha hambre esa noche- sino por su parecido con el restaurante más famoso de Pekín, el Quanjude: ambos nacieron para llevar a la gente de a pie la comida de los emperadores. (Un inciso: lo de que el Quanjude es el restaurante más famoso de Pekín es cada vez menos verdad, porque el Da Dong crece en fama y prestigio año tras año, pero bueno, durante muchas décadas fue así).

Karim's fue fundado en 1913 por un cocinero llamado Haji Karimuddin, cuyo padre fue chef de los emperadores mogoles (aunque su título de éstos era más bien honorífico para entonces, en los años de la dominación británica). Karimuddin usó las recetas que su padre aprendió en las cocinas reales para complacer a los clientes de la Vieja Delhi, algo que le llevó a un éxito comercial que sigue hoy en día. Los bisnietos de Karim son ahora los que llevan el negocio.

En Pekín, Quanjude fue abierto casi en la misma época, en 1864. El fundador, Yang Renquan, no era cocinero imperial ni descendiente de ellos, pero pagó a un chef retirado de la Ciudad Prohibida para obtener la complicada receta del pato laqueado, que es el plato estrella tanto del restaurante como de la cocina pequinesa. Hay varios restaurantes de esta marca, pero el original está en Qianmen, al sur de ese palacio imperial al que le "robó" los patos laqueados. Un gran cartel digital muestra el número de patos que han asado allí desde que el cartel fue colocado (creo que iban por varios cientos de millones la última vez que me pasé por allí).


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Tres paseos por la India central

18 de Abril, 2016, 0:20

Este blog, dedicado principalmente a China, se está tomando un paréntesis para hablar principalmente de su vecina la India, el otro gigante asiático. ¿Durante cuánto tiempo? Hasta que deje de salir este mensaje).

En posts anteriores he hablado ya y sobre todo he colgado fotos de lugares de la India que visité en febrero, como Delhi, Agra, Udaipur, Bombay, Bhopal, Varanasi... Me quedan algunas fotos y lugares más por mostrar, pero voy a colocar varios sitios juntos en este post y a mencionarlos de forma más breve, no porque me gustaran menos que los antes citados sino para ir terminando pronto con el paréntesis indio de este blog, que estoy ya echando de menos hablar sobre China.



KHAJURAHO: Famoso por sus esculturas eróticas, que el Wechat (Whatsapp chino) no me dejó mandar a mis amigos de China. Es el pueblo con más pesados timaturistas por metro cuadrado de todos los lugares que conocí en la India (había un vendedor de tapices llamado Supermario que me resultó insoportable) pero al mismo tiempo tuvo su lado relajante (fue prácticamente el primer sitio más o menos rural en el que estuve después de visitar grandes ciudades indias).





ORCHHA: Así, con dos haches, es un bonito pueblo lleno de palacios y templos rutilantes, restos de un pasado en el que el lugar fue capital de uno de esos reinos de maharahás que había por toda la antigua India. Orchha fue el lugar más pausado de todos los que vi, y por eso me quedé tres noches aunque no hubiera mucho que ver. Bueno, hubo relax en general, pero en una de las noches allí hubo un partido televisado de cricket entre India y Australia y el pequeño pueblecito parecía Madrid o Barcelona el día en que sus equipos ganan la Champions.




AURANGABAD: En las afueras de esa ciudad de mezquitas y portones de viejas murallas están las cuevas de Ajanta y Ellora, dos maravillas del arte humano. Templos totalmente excavados en la roca viva, como Petra, y decorados con esculturas y pinturas hindúes, budistas o jainistas. Difícil de explicar con palabras y también con fotos, hay que verlo en primera persona.

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El mal karma
de los antikarmena

13 de Abril, 2016, 0:01



Este blog, dedicado principalmente a China, se está tomando un paréntesis para hablar principalmente de su vecina la India, el otro gigante asiático. ¿Durante cuánto tiempo? Hasta que deje de salir este mensaje).


En el anterior post os comentaba casi al final que este año los Oscars de Bollywood se van a entregar en Madrid, el próximo 26 de junio. Será fantástico ver esas multicolores y multitudinarias coreografías indias en la capital española, ojalá pueda estar yo por allí en esas fechas. Pero claro, ya sabéis que en Madrid, desde hace unos meses, para algunos, todo es horrible y demencial, todo va mal e irá a peor, y tampoco Bollywood se ha librado de ese clima... Desde que llegó a la alcaldía de Madrid Manuela Carmena buena parte de la prensa española le ha declarado la guerra sin cuartel (y sin sentido, porque la mayor parte de lo que dicen no supera los análisis más básicos de la lógica y el sentido común). El anticarmenismo es tan salvaje e indiscriminado que lo salpica todo. Hace unos meses tocó indirectamente a China (como ya comentamos en este blog), y ahora también mancha a la India. Y a quienes haga falta, en esta guerra no hay trincheras.

¿Cómo diablos puede haber utilizado la prensa anticarmenista algo tan exótico y lejano como unos premios de cine indio? Pues como con las reinas magas, los tuits de Zapata y decenas de otras polémicas de pacotilla... a lo loco, salpicando con sandeces, que alguna acaba quedando en el imaginario colectivo. En este caso, asegurando que a Carmena le han engañado, que estos galardones son una birria, que la empresa que los organiza es una estafadora, y que todo es un despilfarro.







Las acusaciones son -como suele pasar con el anticarmenismo- tan pueriles que se derrumban a poco que busques en lugares más neutrales y cuerdos, en este caso con un simple vistazo a la Wikipedia. Buscando un poco allí enseguida llega uno a la entrada sobre los Premios Internacionales del Cine Indio y ve que existen de verdad, que ha habido 16 ediciones ya, que siempre se celebran en el extranjero para promocionar Bollywood en el exterior, que han llegado a ciudades como Londres, Amsterdam, Singapur, Macao, Toronto, Bangkok o Dubai, y que esta vez han elegido Madrid, incluso aunque en ella haya tituladores de diarios que aún creen vivir en 1937.



En cuanto a que los galardones sean de pacotilla, veamos algunos de los titulares de los premios cuando éstos se dieron en la ciudad china de Macao en 2013, a ver si son tan poca cosa como dicen los diarios:

"Lo mejor de Bollywood desciende a Macao para los premios IIFA".


"Macao acoge brillantes premios del cine indio"

Vaya, pues parece que en Macao tampoco estuvieron tan mal, ¿no? En fin, esta campaña de descrédito contra la señora alcaldesa no tiene fronteras, ya nos persigue estemos donde estemos. Mi blog intenta hablar estrictamente de China y no meterse en eternas polémicas hispanas, pero un día va el anticarmenismo y se da un paseo por este país, así que me tocó hablar de ella. Decidí luego darme un tiempo de descanso de China para hablar de la India... y ahí está el anticarmenismo otra vez. ¿Se expande ad infinitum como el Big Bang? ¿Llegará a otros planetas? ¿Se lo encontrará Stpehen Hawking en los confines de Orión? Quién lo sabe.

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Chinochano goes to Bollywood

12 de Abril, 2016, 0:01



Este blog, dedicado principalmente a China, se está tomando un paréntesis para hablar principalmente de su vecina la India, el otro gigante asiático. ¿Durante cuánto tiempo? Hasta que deje de salir este mensaje).
Bombay, la ciudad de la que hablé en el post más reciente, es como sabréis el centro del prolífico cine indio, más conocido como Bollywood. Si se visita Bombay, es casi obligado ir a ver una película india, así que eso hice en los Sterling Cineplex de al lado de la estación central. Vi una película fantástica -o que me pareció fantástica-, una comedia romántica muy bien rodada y muy emotiva llamada Loveshhuda ("¿Amor Puro?"). Grabada en Londres e Islas Mauricio (lugares donde hay muchos indios), la película cuenta la historia de encuentros y desencuentros de dos jóvenes con dos bodas de por medio.


La película tiene canciones y bailes con cientos de artistas en escena, como suelen tener todas las películas indias, aunque no tanto como me hubiera gustado, principalmente para recrear las despedidas de soltero de las dos bodas.



También tiene besos en los morros de los protagonistas, algo que me sorprendió mucho, porque creo que hasta hace bien poco estaban prácticamente prohibidos en el cine indio.


Quedé prendado desde el minuto uno de la protagonista, una reciente Miss India llamada Navneet Khaur Dhillon de la que seré fan todo el resto de mi vida aunque olvide su largo nombre y no vea ninguna película suya más.



Asombroso es el hecho de que entendí más o menos toda la película, pese a que ésta era en hindi y sin subtítulos. Pero ya me habían avisado de que si iba a ver una peli india la iba a entender sin problemas. Primero, porque los argumentos no suelen ser muy complicados: en este caso un chico que se enamora de una chica pero no puede irse con ella porque se está casando con otra. En segundo lugar, porque de vez en cuando, en las conversaciones, introducen alguna que otra frase en inglés que te ayuda a recuperar el hilo de vez en cuando (esto de mezclar hindi e inglés lo vi hacer en el mundo real también a algunos indios cuando conversaban entre ellos, sobre todo jóvenes). En tercer lugar, los indios tienen unas expresiones faciales muy similares a las de los europeos, y los actores indios tienden a exagerarlas, lo cual choca con muchas películas chinas donde los actores son estatuas de hielo (algo que, dicho sea de paso, los distancia mucho de los chinos de verdad). Lo de la expresión o falta de ella en las películas de cada país me tiene fascinado, porque creo que proviene de sus tradiciones teatrales, algunas de ellas con siglos de historia.

Bueno, que me voy del tema, lo que quería decir es que el cine indio me dio una gran lección, porque yo fui a la butaca pensando que la película me iba a parecer ridícula -entre en el cine dispuesto a reírme del film, honestamente hablando- y acabé enganchado a la historia y casi aplaudiendo en los créditos, aun consciente de que estaba viendo cine comercial y sin pretensiones. Bollywood me dijo: "Sí, seguid haciendo YouTubes haciendo burla de nuestros números musicales, pero sabemos hacer cine".



En realidad, las dos películas indias que he visto completas en la vida -quitando escenas graciosas de YouTubes- me han encantado. Además de esta comedia romántica, hace años vi Lagaan, la única película india en casi 30 años que ha estado nominada a los Oscar. Es una película muy de estilo Spielberg: aventuras, grandes escenarios, épica hasta el final... Va de un pueblo indio que en el siglo XIX es retado por los malvados británicos a derrotarles en un partido de cricket -deporte que hoy en día es la pasión nacional de los indios, pero que los del pueblo decimonónico no conocen- si quieren salvar sus vidas. Una especie de "Evasión o Victoria" pero con bailecitos en el desierto indio.



Además, las veces que el cine occidental ha estado en la India, le han salido películas fabulosas: Gandhi, Pasaje a la India, Slumdog Millionaire... Hasta la escena india de Moulin Rouge -peliculón supremo-, un homenaje a Bollywood, es maravillosa.



Larga vida al cine indio, a ver si este año que Bollywood celebra una gran fiesta en Madrid aprovecha para entrar más y mejor en el mercado en español y nos regala más peliculones (aunque le pasa como al cine chino, que con el enorme mercado interno que tienen no se molestan mucho en ir al exterior).

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Bombay, Bombay,
no es un paraíso

6 de Abril, 2016, 0:01



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Tarareando la infantil a la par que tierna canción de Mecano me pasé los cuatro días que estuve en Bombay, la mayor y más rica ciudad de la India, la Shanghai de los indios. Bombay, dicen, no es un destino muy habitual entre los turistas, porque el alojamiento es mucho más caro que en el resto del país, pero yo tenía muchas ganas de ir a esa ciudad, con ese nombre tan evocador y tan de ginebra, y pardiez que no me arrepiento. Bombay me gustó mucho, y sobre todo me sorprendió.

Lo que sorprende de Bombay, sobre todo si antes has pasado por otras ciudades indias antes de llegar a ella, es lo diferente que es al resto de la India, y al mismo tiempo lo parecida que es a una ciudad europea (en su centro, me refiero, las afueras son otra cosa). Con anchas avenidas, sin motos ni triciclos pitando constantemente, con unos edificios coloniales decimonónicos enormes y apabullantes (sobre todo la estación de tren, que parece una catedral) Bombay es un Londres o un Madrid en la costa del Mar Arábigo. Quizá la ciudad más europea que he visto nunca antes en Asia, incluso más que Shanghai, Hong Kong o Singapur. Aunque insisto, sólo en el centro de la ciudad, porque el resto de Bombay son nuevamente calles atascadas, gente por todas partes, edificios dilapidados, slums de chabolas...

No pude evitar en Bombay, por curiosidad periodística, consultar un poco para refrescarme la memoria sobre lo qué pasó en 2008 en esa ciudad, aquel terrible ataque terrorista que sufrió, con más de 200 muertos y comparable sobre todo a los que hace poco sufrió París, en el sentido a que lo perpetraron  tipos armados que fueron cambiando de escenario para sembrar el pánico en el mayor número de lugares posible. Lo de Bombay fue especialmente horrible: los terroristas, que llegaron en barco desde Pakistán, atacaron la principal estación de la ciudad (la de aspecto catedralicio), el hotel más céntrico y famoso (el Taj Mahal Palace), uno de los restaurantes más famosos entre los turistas (el Leopold Café) y aún tuvieron tiempo para atacar un hospital, un centro judío y otro hotel (el Oberón, donde estaba Esperanza Aguirre). El ataque duró TRES DÍAS. En realidad no ha sido el peor atentado que la ciudad ha sufrido, pero el hecho de que se atacaran lugares tan simbólicos
y que durara tanto tiempo le da un especial halo trágico.
 
Hotel Taj Mahal Palace.


Estación central.



Bombay se recuperó como pudo de las heridas, como también han tenido que hacer Nueva York, Madrid, Londres, París, Bali, o tendrá que hacer Bruselas. Recuerdos amargos aparte, y sin olvidar nunca la pobreza de sus slums, Bombay es una metrópolis interesantísima y con una gran personalidad, quizá el sitio de la India donde menos pegas vería para irme a vivir si algún día se me presentara la posibilidad.
 

Templo zoroastriano.


Jugando al cricket en el Oval park.


Los trenes de Bombay, imposibles en hora punta y sin puertas,
para que los viajeros se asomen bien por los huecos.



El paseo marítimo, no muy recomendable para bañarse pero sí para pelar la pava.



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Sai Baba por aquí,
Sai Baba por allá

4 de Abril, 2016, 0:01

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Al viajar por la India, comprobé con cierta sorpresa que muchas tiendas, restaurantes o calles estaban decorados no sólo con los típicos dioses hindúes, sino también con posters o estatuillas de un viejecillo con pañuelo pirata del que nunca había oído hablar, un tal Sai Baba.



Movido por la curiosidad, investigué un poco a esta figura (traduciendo, que me miré su perfil en la Wikipedia) y descubrí que Sai Baba fue un gurú del siglo XIX y principios del XX que me parece a mí que gusta a muchos indios porque predicaba tanto a los hindúes como a los musulmanes, usaba ideas de las dos religiones y abogaba porque ambos olvidaran sus diferencias, algo que les habría ido muy bien seguir en la segunda mitad del siglo XX. Ese igualitarismo también le llevaba a creer que no había castas, que todos somos iguales. Todas esas ideas influirían más tarde en Gandhi, quien a su manera también fue un gurú (aunque de él, para mi sorpresa, no vi ni un sólo poster o estatuilla, no parece tan popular entre los indios como Sai Baba).

Sai Baba es considerado por tanto una especie de santo hindú-musulmán, y en casi todas las imágenes aparece con la misma cara y postura, tomadas de una foto real que se le hizo en los últimos años de su vida. Ésta de aquí:



Sai Baba no parece estar haciendo nada especial, podría estar hasta esperando el autobús, pero esa imagen, al estilo de un Che Guevara indio, ha sido transformada en un icono que se puede ver en todo el país de múltiples formas.







En las religiones de la India parece que, como en el cristianismo, hay que demostrar la santidad con milagros, así que a Sai Baba se le atribuyen muchos, algunos tan gore como la capacidad de sacarse las tripas y después volverselas a poner sin morir en el intento. De la vida de Sai Baba se han hecho decenas de películas y series de televisión en su país.

Este post del veneradísimo Sai Baba acabaría aquí si no fuera porque después de su muerte en 1918 llegó otro indio que aseguró ser su reencarnación y se convirtió en un fenómeno de masas tan grande o mayor que el de su antecesor, aunque de él no vi posters. El segundo Sai Baba, nacido en la ciudad de Putaparti (este dato lo he puesto sólo porque en español suena gracioso) era un hombre con un espectacular pelo afro que lo hacía inconfundible.





El segundo Sai Baba dijo ser reencarnación del primero ya cuando era niño, poco después de recibir una picadura de escorpión que por poco lo mata. Y que es posible que le dejara un poco loco, dicen sus escépticos, ya que este hombre tuvo una legión de seguidores y otra igual de grande de detractores. Levantaba pasiones, vaya, tanto en su favor como en su contra.

Sai Baba aprovechó la moda del espiritualismo indio y consiguió atraer a fieles occidentales a su culto, y dicen que este gurú llegó a tener más de 100 millones de seguidores dentro y fuera de la India. Como a su "anterior encarnación", se le atribuían capacidades milagrosas y clarividencia, y él alimentaba esa leyenda haciendo aparecer en su mano cenizas supuestamente curativas o joyas que daba a sus seguidores en sus encuentros diarios con ellos, como se puede ver en el siguiente vídeo:



Los críticos de Sai Baba señalan que esto no son más que trucos de prestidigitador barato, y que ésa es la verdadera magia negra, usar trucos para hacer creer a otros que eres un ser especial.



Otros críticos van más allá y aseguran que Sai Baba usó los engaños para enriquecerse y conseguir amasar una de las mayores riquezas de la India, o incluso le acusaron de abusos sexuales o de usar otros métodos mucho más ilegales para ganar dinero, como el tráfico de drogas. También se le acusa de haber sido amigo del dictador ugandés Idi Amin, ya que la única vez que Sai Baba viajó al extranjero fue a Uganda y Kenia, quizá invitado al primero de esos países por el sanguinario "rey de Escocia".



Críticas aparte, cuando murió en 2011, a los 84 años (12 antes de la edad que él había predicho que tendría al morir), a su funeral asistieron más de medio millón de personas, entre ellas el entonces primer ministro indio (Manmohan Singh), el que sería su sucesor y gobierna ahora el país (Narendra Modi, quien por cierto, se da un aire al Sai Baba original) o la jefa de la oposición (Sonia Gandhi). Fraude o no, tenía una gran influencia en el país. ¿Surgirá una supuesta tercera reencarnación? ¿Será tan famosa e influyente como las dos anteriores?

ACTUALIZACIÓN (Al día siguiente): Xavi Sebastià en Facebook enlazó esta fabulosa parodia de Sai Baba hecha nada más y nada menos que por los ilustrísimos Luthiers.


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Bananassi

1 de Abril, 2016, 0:01


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Bananassi es como llamaban en broma a los lassis (típica bebida india a base de yogur) con sabor a plátano en un restaurante donde comí varias veces en el centro de Varanasi, la antigua Benarés, quizá el lugar más sagrado para los indios. Era un chiste tonto pero me hizo gracia.

Varanasi es una de las ciudades más antiguas del mundo, y esa antigüedad seguramente le ha permitido hundir sus raíces en el mito y ser por ello sagrada para tres religiones (hindú, budista y jainista). En ambas cosas, su vejez y su importancia para tres religiones, se parece a Jerusalén, otro lugar que me encantaría visitar alguna vez.

Los hindúes van a Varanasi para bañarse en el Ganges y purificar su alma en esas aguas (el alma quedará limpia, pero el cuerpo no sé yo). También viajan a esa ciudad cuando ven que su vida se termina, pues una cremación junto al río seguida de un lanzamiento de cenizas a sus aguas es lo más adecuado para conseguir que en tu reencarnación posterior logres nacer en una buena casta.

También es sagrada para los budistas porque en Sarnath, a las afueras, se dice que comenzó a predicar Sidharta Gautama, el fundador de esa religión. Y es sagrada para los jainitas, la otra religión nacida en la India, porque varios de sus grandes profetas nacieron en Varanasi.

No me sale muy bien hablar de Varanasi, porque se me agolpan muchas cosas que quiero destacar a la vez en la punta de los dedos que van al teclado. La gente que ves en la ciudad, por ejemplo: desde hippies europeos que siguen viviendo en 1969 a decenas de sadhus (gente que ha renunciado a todo en esta vida, con la cara pintada y largas barbas), gente de toda la India que va a bañarse al río... La orilla del Ganges, con sus escaleras y sus palacios, es lo más famoso, de hecho me pasé casi una semana de arriba abajo por ella, pero las callejuelas de la parte antigua no son menos hipnóticas. Por ellas pasan cortejos fúnebres constantemente, con cadáveres envueltos en sábanas a los que van a quemar junto al río, mientras los observan soldados armados con escopeta aburridos de vigilar (la laberíntica zona de los templos está ultramilitarizada). En esas callejuelas casi se esconden decenas de templos, templetes y ashram (lugares de meditación), con paredes pintadas de vivos colores. No son inmensamente bonitos, de hecho muchos tempos hindúes son de lo más vulgar por fuera, pero la atmósfera es especial.

Y sí, también en Varanasi hay mucha mendicidad, mucha boñiga de vaca y mucha suciedad, ni quiero dar una imagen idílica de la India ni quiero detenerme siempre en lo más duro de ella. En fin, difícil de describir todo, igual con alguna que otra foto puede entenderse mejor.

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Me han estremecido un montón de mujeres

30 de Marzo, 2016, 0:01



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Contaba hace unos pocos posts que en la India apenas hablé con mujeres. Exceptuando alguna vendedora de souvenirs (muy pocas), ninguna me dirigió la palabra, y a mí me pareció, no sé si estaba equivocado o no, que a ellas no les gustaba demasiado que les hablara un hombre. Así que me abstuve de hacerlo salvo que ellas comenzaran la conversación, cosa que nunca ocurrió. Me dio la impresión de que había un muro entre los dos sexos muy alto, como el que seguramente existe en los países musulmanes, aunque quizá me han podido influir los prejuicios, no sé. Conviene recordar que en la India no todo el mundo habla inglés, sobre todo lo hacen las personas de un nivel educativo más alto -probablemente el acceso de la mujer india a la educación superior es más reducido que en el caso de los hombres- y aquéllas cuyo trabajo implica tratar con los turistas (camareros, tenderos, etc) que como ya dije hace unos días casi siempre son hombres.

Que no me relacionara mucho con las mujeres de la India no significa que no me impresionaran. Sin ser tan bellas como las orientales (y con orientales me refiero a chinas, japonesas, coreanas, del sureste asiático, etc), sí me parecieron más elegantes, con sus saris, sus joyas en manos, pies y narices, y sus brazos y manos pintados con henna. Son tal vez las mujeres más atractivas que he visto, y con atracción me refiero no tanto a belleza o voluptuosidad, sino a cómo despiertan interés y llaman la atención a los ojos de un extranjero.

Me pasé el viaje haciendo fotos de mujeres indias, como un paparazzi. Y aquí os dejo algunos de los posados que les robé.

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Pulpotorro

26 de Marzo, 2016, 0:01



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Pulpotorro podría ser el nombre con el que en España se hubiera distribuido la película "Octopussy" si los que deciden estas cosas hubieran optado por ponerle un nombre en castellano a una de las películas más delirantemente sexistas y surrealistas de James Bond (ese ejército de mujeres acróbatas en bikini... por dios, ni la guardia de vírgenes de Gadafi era tan hortera).

Bueno, que me voy del tema. Más o menos la mitad de la historia de Octopussy ocurre en los lugares ahora más turísticos de Udaipur, con fama de ser una de las ciudades más bonitas de Rajastán y por tanto de la India. Fue la única ciudad rajastaní que visité el pasado febrero, no sólo por falta de tiempo, sino porque también me di cuenta de que si me liaba en el viaje a visitar ciudades rajastaníes, todas ellas tan famosas y por lo visto bonitas, me hubiera pasado todo el viaje en ese estado indio y no hubiera visto nada más de la India. Otras presuntas perlas rajastaníes que me recomendaron, como Jaisalmer, Jodhpur o Pushkar, las dejo para otra ocasión.

Udaipur, o mejor dicho la parte antigua de Udaipur, es bonita, no lo niego, pero creo que además es fotogénica: es decir, sale más bonita en las fotos de lo que es en la realidad, que no le pasa a todos los lugares. No quiero decir con eso que la ciudad sea fea: las pintadas de elefantes y soldados bigotudos en las paredes, los tonos ocres de sus muros y los dos lagos de aguas claras (mira, como en Bhopal) son de gran belleza, pero en las fotos aún te parecerán mejores.















Un último apunte: uno de los monumentos de Udaipur es el Palacio del Monzón, que es además el sitio donde vive el malo de Octopussy. Un lugar que espero no confundáis nunca con el Castillo de Monzón, que también quedaría bien en una peli de 007.

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Bhopal 32 años después

22 de Marzo, 2016, 0:01

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El lugar menos turístico de la India que visité el mes pasado fue probablemente la ciudad de Bhopal, capital del Estado de Madhya Pradesh, en el centro del país. Es una ciudad relativamente tranquila -para los estándares indios-, con dos grandes lagos en el centro de la ciudad y un alto número de musulmanes y mezquitas que me sorprendió mucho. En todo caso, a Bhopal yo siempre la he asociado al infortunio, como muchos de mi generación o más mayores, porque en los años 80 sufrió el que está considerado como el peor desastre industrial de la historia.

En la noche del 2 al 3 de diciembre de 1984, un escape de gas tóxico en una fábrica de pesticidas cercana a la estación de tren causó la muerte de miles de personas (entre 3.700 y 16.000, según distintas cuentas). Dos años después se produjo el desastre de Chernóbil y el mundo se olvidó un poco de Bhopal, pero ambas catástrofes tienen elementos comparables, por ejemplo las muchas secuelas para la salud de los supervivientes que han tenido.

Otra similitud es que en Bhopal, como en Chernobil, la instalación donde se produjo el accidente sigue en pie, dentro de un solar donde parece ser que no se atreve nadie a edificar o a construir nada porque el suelo aún debe estar altamente contaminado. Allí que me presenté -tuve que dar unas rupias a los guardas, lo cual dio a mi visita un aire peliculero- y vi lo que quedaba de la maldita factoría.





Del depósito de la anterior foto, me dijo uno de los guardas, salió precisamente el gas venenoso que formando una gran nube se fue extendiendo por las cercanías de la fábrica, en las que vivían -y siguen viviendo- gentes muy humildes, en chabolas de los slums. A muchos les sorprendió durmiendo y probablemente fallecieron sin enterarse: otros, viendo la nube llegar, echaron a correr y con el esfuerzo inhalaron aún más gas tóxico letal, muchos también murieron así. Las fotos más impactantes de aquel siniestro, que no pongo aquí por no herir sensibilidades, muestran a hombres, mujeres y niños a los que el gas les mató y les dejó con los ojos blancos, como borrados.

La fábrica de Bhopal está rodeada de unas tapias en las que los grupos de defensa de las víctimas siguen pidiendo, más de 30 años después, que se haga justicia.




La fábrica era propiedad de la multinacional química estadounidense Union Carbide, que para la gente de Bhopal no ha pagado suficiente por lo que consideran un crimen. La acusan de negligencia, de no haber indemnizado adecuadamente a las víctimas, de no haber limpiado la fábrica (el agua de la zona sigue saliendo contaminada de los grifos) y de intentar que el desastre cayera en el olvido, como lamentablemente ha pasado con los años (ni siquiera se cuenta en los libros de texto indios).

Yo sí tenía un recuerdo reciente sobre Bhopal antes de visitarla, pero fue porque justo un año antes de mi viaje a la India, cuando estuve en Chicago, me encontré en la calle con uno de los rascacielos más peculiares del mundo, un espectacular edificio verde y dorado que es precisamente una de las principales sedes de Union Carbide. Al buscar cosas en internet del edificio, unos enlaces me llevaron a otros y acabé leyendo sobre el desastre de 1984, sin imaginar que un año después visitaría las fábricas donde se produjo.


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¿Por qué no te agrada Agra?

17 de Marzo, 2016, 0:01

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Varios extranjeros con los que he hablado durante el viaje a la India del pasado febrero, de ésos que han estado en ese país muchas veces o que prácticamente viven en él, me comentaron que nunca habían estado en Agra ni tenían intención de hacerlo. Demasiado obvio, supongo: es la ciudad del Taj Mahal, demasiado turístico, demasiado típico y tópico.

Yo no pienso igual, a mí me gusta ver los lugares famosos -a veces, sólo a veces, un sitio es visitado por millones de personas porque es condenadamente bonito-, y no dudé para nada en que Agra fuera mi segunda etapa en el viaje a la India, y más estando a sólo dos horas y media en tren de Delhi. No me arrepiento en absoluto: me gustaron muchísimas cosas de Agra.

¿Que hay muchos turistas en el Taj Mahal? Pues sí... pero la inmensa mayoría son INDIOS, tan fotogénicos como el propio Taj Mahal o incluso más. Turistas indios vestidos con sus mejores galas: saris, turbantes, joyas, velos, barbas y bigotes repeinados. Puede que el Taj Mahal lo tengas muy visto de las fotos, pero hay gente que lo visita a la que jamás te has imaginado. Es un ambiente tan entretenido que fui dos veces: un día por la mañana, y al siguiente al atardecer.







El mismo gentío multicolor se puede contemplar a apenas unos kilómetros de allí, en el Fuerte de Agra, mucho mejor conservado y mucho más lujoso y estupendo que el Fuerte Rojo de Delhi. Perdí la cuenta de los palacetes y jardines que había allí dentro, aunque nada me gustó tanto como las murallas y las puertas del castillo, con ese fuerte color de arcilla que tanto se ve por todas partes en la India. Además, entre el Taj y el fuerte me llevó un camellero llamado Rahul (el nombre que más oí en la India) más majo que las pesetas, o las rupias. Con apenas 14 o 15 años era condenadamente gracioso al contar sus problemas con las cinco novias que tenía, y que no sabían ninguna de la existencia de las otras cuatro.





Monumentos aparte, el casco antiguo de Agra -¡aún más caótico que el de Delhi!- me encantó porque escondidos entre la polución, la roña de muchas paredes, los bosques de cables sin orden ni concierto y el enloquecedor tráfico, había retazos de belleza: ventanales morunos, casas de colorines, balcones de épocas legendarias... Ah, y por fin esas vacas callejeras causando atascos y durmiendo en las cunetas, ¡por fin vacas en la India, después de no haber visto casi ninguna en Delhi!








Tampoco ocultaré que en Agra había mucho cazaturistas pesado, que los hombres orinaban sin pudor en cualquier pared o que vi gente paupérrima, viviendo en tiendas de campaña hechas con plásticos en las cunetas. Los mismos indios me lo dijeron: "Cuando vuelvas a tu casa cuenta lo que has visto: lo que te ha gustado, y lo que no". Y yo cuento que Agra, al menos a mí, me dejó muy buen recuerdo.

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Un himno muy de allí

15 de Marzo, 2016, 0:01

(Este blog, dedicado principalmente a China, se está tomando un paréntesis para hablar principalmente de su vecina la India, el otro gigante asiático. ¿Durante cuánto tiempo? Hasta que deje de salir este mensaje).














En mi visita a la India el mes pasado entré en un cine para ver una de esas locuelas películas de Bollywood, y antes de empezar la función se pidió al público que se levantara mientras en la sala sonaba el himno de la India, una práctica que fue obedecida a rajatabla y que por lo visto se realiza siempre en los cines indios. El himno, que tiene el bonito nombre de "Jana Gana Mana", me pareció una maravilla, aunque te tiene que gustar un poco la música india para apreciarlo:



Me sorprendió que no me sonara de nada el himno de un país tan grande, pero claro, la India no ha estado nunca en los Mundiales de Fútbol, en los JJOO gana pocos oros, y es en esas ocasiones deportivas cuando uno escucha himnos de otras latitudes.

Tanto la letra como el himno fueron compuestos por el más internacional escritor indio, el premio Nobel Rabindranath Tagore, quien por cierto tiene el récord de ser autor de los himnos de dos países, ya que también es suyo el de la vecina Bangladesh (Tagore era bengali, un pueblo que pese a estar dividido por la frontera india-bangladeshí comparte lengua y cultura a ambos lados de esas lindes).

El himno indio, dicho sea de paso, me gusta porque suena a indio. Aunque no lo conozcas, si te lo ponen, podrás reconocer enseguida a qué país representa. Esto le pasa a muy pocos himnos del mundo, porque casi todos los países escogieron marchas militares con mucho chim-pun como himnos de sus países, y huyeron de todo contacto con sus músicas tradicionales. Sólo recuerdo otros dos himnos de países que "suenan a ese país" claramente, y los dos asiáticos, aunque no me gustan tanto: el de Japón y el de Israel.





El de China, del que ya he hablado alguna vez en este blog, no diría yo que suene mucho a chino, aunque sí que tiene aires comunistas. Aunque para himnos "rojos" mola mucho más el himno que más me gusta de todo el planeta, y que siempre ha sido, es y será el de los rusos. Cuando lo escucho, mi corazón eslavo palpita a gran velocidad y me dan ganas de ocupar Crimea, Osetia, Transinistria y Marbella.




ACTUALIZACIÓN (24 de abril): David Broncano, que estos meses está repasando junto a Andreu Buenafuente los himnos del mundo, le ha dado la vuelta al de la India. A ver cuándo lo hace con el de China.


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Nueva Delhi,
Vieja Delhi,
Madurita de buen ver Delhi

9 de Marzo, 2016, 0:01



Lo confesaré: uno de los grandes objetivos de mi reciente viaje a la India era enterarme de una puñetera vez de si su capital es Delhi o Nueva Delhi. Si son dos ciudades distintas, si una es más grande que la otra, si la nueva es realmente más moderna... Después de haber pasado por allí, confieso que aún no tengo las cosas del todo claras.

A ver, sí me enteré de que Nueva Delhi está DENTRO de Delhi, y no en sus afueras, como yo originalmente pensaba. Es la parte más moderna y occidentalizada de la ciudad, una ciudad que ha sido destruida, reconstruida y rebautizada unas nueve veces (que se sepa, las leyendas dicen que podría haber ruinas de 30 ciudades y de 30 épocas en el lugar). Nueva Delhi fue construido en el siglo XIX por los británicos cuando cambiaron la capital desde Calcuta a una zona un poco más céntrica de su vasto imperio en el subcontinente indio. La construyeron junto a una gran ciudad que ya había sido capital de reinos antiguos -si la historia china es compleja, la india ni os cuento, así que dejémoslo así- y alrededor de ambas ha crecido un Gran Delhi que es una de las mayores concentraciones humanas del mundo, con el permiso de Benidorm.


¿Es entonces Nueva Delhi un barrio de Delhi, y por lo tanto la capital de India, por extensión, es la ciudad de Delhi? Pues parece ser que no, que para los indios la capital es estrictamente Nueva Delhi, sólo ese barrio (o distrito, no sé exactamente su estatus municipal), y no el resto de la ciudad. Pero creo que ni ellos mismos lo tienen del todo claro. En fin, todo muy extraño, aunque creo que nada puede extrañar en una India donde hay un Estado que tiene dos capitales (Jammu-Cachemira tiene una capital para el verano y otra para el invierno) mientras que hay dos ciudades del país que sirven de capital para dos estados cada una (Hyderabad es capital de los estados de Telangana y Andhra Pradesh, mientras que Chandigarh, la ciudad que ideó Le Corbusier, es capital del Punjab y de Haryana).

Pero bueno, volviendo a Delhi, quizá os interese saber que en su interior no sólo hay un barrio llamado Nueva Delhi, sino otro llamado Vieja Delhi, que ya existía antes del proyecto urbano de los british. Están uno al lado del otro, ahora ambos muy céntricos, pero no podrían ser más opuestos entre sí. Nueva Delhi, el barrio donde están los McDonalds, las cafeterías y las tiendas de ropa cara, es en muchas calles un barrio casi vacío, donde miras a los lados de la calzada y o ves muros (detrás habrá embajadas y cosas oficiales) o grandes explanadas de césped, pero en resumen se podría decir que no hay apenas nada.

Puerta de la India, símbolo de la ciudad, en Nueva Delhi.

Vieja Delhi, por contra, es el primer contacto con el gran maremágnum que puede ser una ciudad india: bazares, ruido de claxon incesante, gentío (eso sí, no vi ninguna vaca, tuve que salir de Delhi para empezarlas a ver).

Entrada a la Gran Mezquita, en Vieja Delhi.

Todos los viajeros que han estado en la India más tiempo que yo me recomendaron que no estuviera mucho en Delhi. Su contaminación (mayor que la de Pekín, dicen, aunque a mí me tocaron días relativamente buenos) y la alta concentración de timadores de turistas en sus zonas más populares la hacen algo difícil, pero para un recién llegado como yo no fue una experiencia tan mala, es más, me pareció muy interesante como primera inmersión en el país. Sí es verdad que un mes después, cuando volví a Delhi otra vez para tomar el avión de vuelta a casa, la ciudad me parecía bastante menos imponente que Bombay, con monumentos de menor perfil que los de Agra o sin el halo mágico de Varanasi, pero creo que cumplió muy bien su papel de primer chapuzón en la locura india, y creo que en mi ránking personal la voy a poner mejor que otras capitales asiáticas como Bangkok, Yakarta o Manila. Y con monumentos mucho más fotogénicos...




De arriba abajo:
Tumba de Humayun,
El "rascacielos medieval" Qutub Al Minar,
Fuerte Rojo.


En Delhi, por cierto, visité el barrio tibetano de Majnu-Ka-Tilla. No era muy bonito, apenas una callejuela estrecha repleta de tenderetes, bares y hoteles, pero era muy curioso. Muchos establecimientos tenían fotos del Dalai Lama, se vende mucha propaganda pro independencia del Tíbet (banderas, libros, camisetas, etc) y el ambiente era muy diferente al del resto de la ciudad, por el contraste entre indios y tibetanos y por la práctica ausencia de tráfico rodado. Me pareció que a los tibetanos los tenían un poco hacinados allí (aunque bueno, con la densidad de las ciudades indias, quizá es lo que hay para todos, sea cual sea su etnia), pero a la vez dentro del callejón había unas cafeterías y restaurantes bastante pijillos, donde por cierto comí como un señor, casi la única comida no picante de todo el viaje.



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China vs India:
comparaciones ociosas

3 de Marzo, 2016, 0:01


Old Delhi


Guomao


Resulta casi inevitable, después de pasar el mes de febrero en la India, intentar comparar ese país con China, pese a que el tiempo que he pasado en cada uno de ellos (30 días versus 14 años) es totalmente dispar. Pero los dos países son cunas de antiguas y grandes civilizaciones alternativas a la occidental, ambos tienen unas poblaciones inmensas que como mínimo triplican la de cualquier otro país, y tanto China como India se han vendido como las potencias "emergentes" que han salido de uno o dos siglos de pobreza y subdesarrollo y van a poner patas arriba el orden económico mundial en el siglo XXI. ¿Son por ello muy parecidas, o diametralmente opuestas? A continuación os cuento lo que me pareció, aunque ya digo que mi opinión está distorsionada por el poco tiempo en la India y el excesivo en China:

- La India, sobre todo sus ciudades, es un lugar mucho más caótico, donde los lugares públicos hierven con una intensidad que Pekín o Shanghái no tienen: quizá lo más impresionante de la India son sus calles atestadas, que ya nombré en algún post anterior. Esas ciudades con escasas o ninguna gran avenida, basadas en callejuelas sin planificación alguna, en las que se empujan vacas, motos, vendedores, mendigos, cabras, perros y cientos de actores más son una visión inenarrable, que en la China actual, aunque puede haber momentos de grandes aglomeraciones, no existe. Un barrio popular de Pekín al lado de uno de Delhi es un balneario alpino. Es verdad que en los pueblos de la India se reduce algo la diferencia, al haber menos aglomeración disminuye ese fascinante caos y puede haber mayor parecido con un pueblo chino, pero en zonas urbanas, las situaciones son opuestas.

- India da la impresión de estar muchísimo menos globalizado que China: esto me sorprendió, teniendo en cuenta que India fue una colonia británica, aún habla inglés mucha gente y ha sido visitado durante décadas por viajeros occidentales, pero el mundo indio es mucho más atóctono que el chino, cada vez más invadido por lo americano, lo coreano o lo europeo. En la India apenas vi marcas occidentales, con excepción de unos poquísimos McDonalds o Starbucks en el centro europeo de Delhi o Bombay, las Cocacolas o las patatas Lays. La India, por lo que me enteré, ha sido un país tremendamente proteccionista, mucho más que China, y aunque en los últimos años se ha abierto más, sigue pareciendo un mundo aparte. No un mundo que ha quedado anticuado por el aislamiento político, como podría ser Corea del Norte o la Birmania que vi en 2005, sino una India que ha crecido a su manera y con sus herramientas, no las que ha traído el exterior. Es un país sin supermercados, donde apenas oí música occidental ni vi películas de Hollywood en su tele, porque tiene una comida, una música o un cine tremendamente propios. Por cierto, tampoco vi las típicas Chinatown que se pueden encontrar en muchos países del sureste asiático: no hay ni siquiera restaurantes chinos (irónicamente, muchos restaurantes tienen platos chinos, que no se parecen nada a la comida china).

- Los indios parecen más libres, obviamente, pero el país da una sensación de militarización mayor que China: India es una democracia que, con muchos fallos y altibajos, ha sobrevivido décadas seguramente muy duras, con guerras, guerrillas y magnicidios, pero está claro que sus ciudadanos viven en un ambiente democrático: los que saben inglés, por lo menos, hablan de política al turista sin necesidad de preguntar, se quejan de sus gobernantes, cuentan cosas malas de su país además de las buenas... Esta realidad, sin embargo, convive con un país donde se ven muchos soldados por todas partes, debido al conflicto latente con Pakistán y a las amenazas terroristas. Hay controles de seguridad en todas partes, desde sitios turísticos a templos, vehículos públicos, plazas, mercados, trenes o mezquitas. En el barrio antiguo de Varanasi, cerca del templo más sagrado de esa sagrada ciudad, había más soldados que civiles, y todos armados hasta los dientes.

- India es un país donde hay muros sexuales y sociales más fuertes que en China: China no será un paraíso en integración social o igualdad de género, pero desde luego no se ve en él la situación de India, donde hombres y mujeres parecen vivir en dimensiones aparte. Estando en la India apenas me dirigió la palabra una mujer, y casi todo mi trato fue con hombres, que son los que tienen prácticamente todo el trabajo en público: camareros, taxistas, vendedores, recepcionistas o taquilleros, todos casi sin excepción son hombres. Las mujeres indias, con esos saris y esas joyas en manos, pies y nariz que las hacen bellas y elegantes hasta en su vejez, siguen siendo para mí el mismo misterio que cuando puse los pies en Delhi a principios de mi viaje. Similares barreras o quizá mayores deben existir en el tema de las castas, aunque es algo que los indios no gustan de comentar y todos dicen que se va aboliendo con el tiempo. Quizá para compensar todo ello vi mayor tolerancia religiosa de la que pensé que vería: musulmanes -muchos más de los que pensé- e hindúes parecen mezclarse en las calles sin apenas roces, y junto a ellos también hay jainitas, cristianos, zoroastrianos o sikhs (estos últimos son los que mejor me trataron y mejor me cayeron, tengo muchas ganas de visitar su Punjab).

- India está varias décadas detrás de China en desarrollo económico, aunque comparte espíritu emprendedor: China e India suelen venderse en el mismo pack de potencias emergentes, pero está claro al visitar ambos que el desarrollo de la India es francamente menor, sobre todo por la gran cantidad de población pobre que se sigue viendo en todas partes, o la sensación de que todo está excesivamente burocratizado. Tampoco es ese país de masas hambrientas que se vende en las películas antiguas, se ve mucha gente de clase media también, pero se sigue viendo a mucha gente viviendo en la calle, en campamentos hechos con plásticos o en barrios de chabolas (aunque en éstos a veces hay una actividad económica frenética, como pude conocer en el slum más famoso de Bombay, el de Dharavi). Por otro lado, si bien a la India le queda mucho camino hasta llegar al nivel de China (si es que quiere seguirlo, no sé si a los indios lo del capitalismo moderno les atrae del todo), en cuanto a espíritu trabajador están a la par: es muy fuerte la sensación de que todos los cientos de indios que ves en la calle están cada minuto currando y pensando maneras de cómo ganarse las dahl (lentejas).

- Los indios tienen más don de gentes que los chinos: No es una gran revelación, lo sé, por latitud es casi como comparar a los rusos con los gaditanos... Pero está claro que los indios son en gran medida gente amable, agradable, graciosa, despreocupada (a veces demasiado, como cuando cruzan esas calles de tráfico loco), sin complejos, y entretenida. Conversar con un indio, con un poco de inglés, es tan sencillo con hacerlo con una persona de tu país, a veces incluso más fácil. Te cuentan cosas curiosas, te desconciertan y sorprenden, bromean, te vacilan, te hacen reír... En China, en parte por el problema del idioma pero también por un carácter oriental que también se puede respirar en Japón o en Corea, no hay por qué endosárselo sólo a los chinos, el calor humano entre un foráneo y un local es más complicado, lleva más tiempo y a veces no tiene bases del todo sólidas. En la India hubo sitios de los que me fui despidiéndome de la gente tienda por tienda, y casi entre lágrimas.

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Requiem por RR

28 de Febrero, 2016, 0:01


Purgatori


Esta semana ha fallecido, tras batallar en sus últimos años contra la enfermedad, el pintor castellonense Ramón Roig, al que tuve el gusto de conocer, y al que busco homenajear aunque sea modestamente con este post. Ramón vivió tres o cuatro años en Pekín, donde produjo algunas de sus obras más destacadas, y compartimos alguna que otra cena, varias fiestas y muchas discusiones sobre el rumbo de China. Gran entusiasta del arte moderno (lo que significaba que era difícil de entender lo que decía si no eras un iniciado, he de admitirlo), Ramón vivió en China con intensidad, y de esa forma, cantando flamenco en los restaurantes de la capital china, le recordaremos.

Ramón fue uno de los pintores españoles (no más de media docena) que antes del Pekín olímpico vinieron a vivir a la capital china en busca de inspiración. Tras los JJOO, el panorama artístico en Pekín decayó algo y muchos de estos artistas se marcharon, considerando que su "fase china" ya había terminado, pero dejaron su impronta en China y China dejó algo en ellos. En el caso de Ramón, quizá el contenido de sus obras no aludía directamente a motivos chinos, pero sí su forma, ya que era un entusiasta del papel y la tinta utilizados en el arte chino antiguo, y le fastidiaba bastante que muchos artistas modernos chinos lo hubieran abandonado.

Ramón también se atrevió en Pekín con el cine y realizó un cortometraje basado en la vida de San Sebastián (el santo que murió a flechazos) pero extrapolado a la vida de la capital china. Me acuerdo especialmente de su interés en usar al chófer de mi trabajo, el gran señor Liang, para que hiciera de jefe de una triada china (mafia) en la historia. Al final no cristalizó el plan, pero desde entonces me imaginaba a nuestro querido chófer -ya jubilado, y el coche de la empresa también- como un mafioso cada vez que nos llevaba a ruedas de prensa. Ramón nos dejó buenos recuerdos, y así le recordaremos en Pekín. Descanse en paz.

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Maestres rupestres

19 de Febrero, 2016, 0:01

Acabo de visitar estos días las cuevas de Ellora y Ajanta, en el centro de la India, consideradas dos grandes obras maestras del arte de esta civilización (escultórico en el caso de Ellora, pictórico en Ajanta). Son dos obras espectaculares (sobre todo Ellora, en mi opinión, pese a que Ajanta parecía en principio ser más famosa) y al visitarlas me he acordado de sus cuatro grandes primas chinas, de las que creo que ya he hablado en alguna ocasión por separado pero que os voy a citar en este post conjuntamente. Todas estas cuatro grutas chinas despliegan arte religioso budista (al igual que Ajanta, mientras que Ellora también muestra arte hindú y jainista).

 LONGMEN


Están situadas en la provincia central china de Henan, en las afueras de la ciudad de Luoyang, no muy lejos del templo Shaolin. Para mi gusto son las menos espectaculares de las cuatro "grandes" de China, aunque es posible que tengan algunas de las figuras de Buda más enormes y espectaculares de las cuatro. Uno de sus grandes atractivos es que se encuentran en el cañón de un río que pasa justo al lado de ellas, por lo que cruzarlo y ver esos budas enormes desde la otra orilla es una visión espectacular, comparable a cuando se visita Leshan y se ve desde el agua el Buda Gigante (también excavado en la roca).
 
YUNGANG



Se encuentran en la provincia de Shanxi, también en las afueras de una ciudad grande, la carbonífera y un poco carbonizada Datong. Son las primeras que visité, las únicas que he visto dos veces, y tal vez por ser las primeras son quizá las que más me gustan, aunque en realidad todas tienen mucho que admirar. Estas cuevas, a diferencia de las de Longmen, tienen estatuas policromadas que aún conservan sus vivos colores, y entrar en esas grutas multicolores es otra gran experiencia.
 
DAZU



Las últimas de las cuatro que visité, en la municipalidad de Chongqing. Son las que tienen un entorno natural más bonito: las otras tres están en el seco, casi desértico, norte chino, mientras que estás están en el corazón verdoso y boscoso del centro del país, no me extrañaría que en el pasado las visitara algún oso panda. En ese verdor, y en un cañón profundísimo de un río, se encuentran estas grutas espectaculares, también en muchos casos policromadas, a veces rodeadas de musgos y líquenes. Y lo que es más llamativo: muchas de las estatuas exteriores aún conservan sus colores (supongo que el clima húmedo de la zona ha contribuido a ello).
 
MOGAO



Para muchos son las mejores de China y quizá del arte budista, se las denomina "la Capilla Sixtina del budismo". Situadas ya en el desierto noroeste chino, ya en la zona de la Ruta de la Seda, llegar a ellas lleva su esfuerzo (en mi caso, dos trenes que sumaron 28 horas) pero ese esfuerzo es compensado por unas visiones sacadas de película de Indiana Jones. He de decir que entrar en ellas es carísimo (la entrada costaba 300 yuanazos hace 10 años, hoy supongo que tendrás que vender a un pariente para entrar en ellas) y que debido al grave peligro de erosión que sufren se visitan con cuentagotas (sólo dejan cada vez que las visites entrar en cuatro o cinco de las decenas que hay, si no recuerdo mal). En todo caso, si algún día pasáis por ese remoto lugar de la provincia de Gansu, no dudéis ni un momento en pasaros por ellas.


PD: Mi tierra natal no tiene nada que envidiar a todo lo anterior, que conste...

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Coreanos, os entiendo

12 de Febrero, 2016, 0:01

Me gusta de vez en cuando leer blogs de países vecinos al chino: para Japón, consulto un clásico entre clásicos, Kirai. De Rusia me encanta Crónicas Rusas (que pena que no sea muy prolífico) y para Corea del Sur me dirijo a Paella de Kimchi. En este último el post que quizá me ha impresionado más fue el que hace unos meses nos contaba que todos los surcoreanos se habían vuelto locos por comer y comprar unas nuevas patatas fritas con sabor a miel y mantequilla, las Honey Butter Chip. Hacían colas kilométricas en las tiendas, recorrían toda la ciudad para buscarlas porque en muchos establecimientos estaban agotadísimas, las revendían en internet, ¡incluso hubo sitios donde tuvieron que prohibir comprar a los clientes más de una o dos por persona! Me pareció fascinante la locura que puede despertar algo tan banal como una bolsa de patatas, y más en una época en el que los sabores de las patatas fritas se han multiplicado hasta ser ahora... no sé, ¿millones?


Coreanos con las patatas de la locura.


Bien, pues el artículo me fascinó, pero me olvidé de él hasta que un día, paseando a mi perra por Pekín, paré en un colmado de cerca de mi casa y por entretenerme un poco compré una bolsa de patatas, sin reparar mucho en su sabor. Me llamó más la atención en esos primeros momentos su aspecto ondulado (pero con unas ondas más grandes de lo normal en las patatas), y como siempre he sido un fan de las papas onduladas, me las compré para pasar el rato.


Apreciad su belleza natural, y de paso la de mi dedo pulgar.



Seguíamos mi perra y yo paseando, abrí la bolsa y pensé... "¡joder, qué buenas están estas patatas!". No había probado unas tan sabrosas en la vida. Eran dulces y cremosas, sabores que no se le ocurriría a uno en principio que se adaptaran bien a una patata frita, pero que resulta que sí lo hacen. Tanto me gustaron que repetí la compra durante algún paseo perruno más en los días siguientes.

Aún tardé unos días -a la segunda o la tercera bolsa- en descubrir que las patatas eran de mantequilla y miel (pensé al principio que eran de queso). Y me costó dos o tres bolsas más recordar el artículo de Paella de Kimchi sobre la locura que un producto igual había despertado en la vecina Corea.


El nombre de las patatas también es encantador:
Para decir "onda" en vez de usar la palabra adecuada en mandarín (bo, 波)
usan el carácter chino para cóncavo (ao, 凹) y el que se usa para convexo (tu, 凸).
Más literario, digamos.


No me consta que en China este tipo de patatas fritas que tanto me ha enganchado a mí haya causado el mismo frenesí que en Corea del Sur, pero a título individual puedo decir que están deliciosas y que en cierta manera entiendo a los surcoreanos. Por lo demás, les aseguro, señores, que estando en la India no me ha entrado el mono de patatas con mantequilla y miel, que puedo dejarlas cuando quiera... sólo déjenme tomar la última.

ACTUALIZACIÓN (17-3-2016): En el Seven Eleven que hay cerca de mi oficina pequinesa he descubierto que venden unas patatas con mantequilla y miel coreanas, pero su sabor me ha parecido decepcionante (y además creo que estaban un poco pasadas). En todo caso, creo que no son exactamente las que desataron la locura en Corea del Sur.


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Feliz año, monadas

7 de Febrero, 2016, 0:01

El mundo chino despide esta noche el Año de la Cabra para recibir el Año del Mono, uno de los animales más apreciados del zodiaco chino (se espera por ello que haya un baby boom de niños, porque la cabra no es tan querida y muchas parejas decidieron esperar un añito). Yo, como de costumbre, lo celebro fuera de China: estoy en Varanasi (Benarés), a orillas del sagrado Ganges, así que hermano aquí a indios y chinos con la imagen de Hanuman, el dios-mono de los hindúes.



El mono no sólo es un animal apreciado para regir el año en que naciste, también es el protagonista de uno de los personajes más populares de la mitología china, el Rey Mono (Sun Wukong, que a muchos de mi generación os sonará porque inspiró al Son Goku de la Bola de Dragón, otro mono viajero).

En fin, que el mono nos ayude con sus monerías a pasar este año lo más felices posible, y que os traiga prosperidad, riqueza y abundancia, que es más o menos lo mismo tres veces pero para los chinos es de lo más importante que se debe desear. Que entréis bien en el Año del Mono, y para celebrarlo bien en este blog, siguiendo una tradición que ya tiene más de una década de historia, ahí va una buena colección de famosos primates.


     
     
     
     
     
     
     
     
     
   
     



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Servicios mínimos desde otro país lleno de gente

4 de Febrero, 2016, 0:01


Estoy en la India, de vacaciones invernales durante todo este mes de febrero. No me traje el ordenador, así que mi posteo en las próximas semanas dependerá un poco de que halle tiempo y algún cibercafé para poder escribiros. Como ahora, en este polvoriento ciber de Agra, cerca del Taj Mahal. Cuando regrese a China os podré enseñar alguna foto y contar alguna cosa más de este país.

India es un país que pese a su vecindad con China y su importancia he pospuesto muchos años visitar, sobre todo porque tiene fama de tener los timadores más incansables del planeta. Tras unos días aquí, ya los he podido catar, y aunque es cierto que pueden ser muy pesadetes y que alguno ya me ha roto las bolas lo suyo, se siguen llevando la palma en mi ranking particular los de Egipto. Al menos antes de la maravillosa "Primavera Árabe", no sé si después ha seguido la cosa igual.

Pero bueno, India no sólo es eso... Es un país intenso, como sabréis. China puede estar más poblada, pero en la India la superpoblación se nota mucho más, por lo estrechas que son sus calles. Personas, motos, perros, vacas, basura, orina, pachuli, monos y millones de cosas más se mezclan en las calles de este lugar tan lleno de vida, caos, gritos y pitidos de claxon. Pasear unos minutos por una calle de la India es intensito para bien o para mal, a mí me está fascinando pero reconozco que luego necesito una o dos horas en un lugar tranquilo para recuperar un poco los nervios. Es como pasear por un pueblo turístico chino el día de Año Nuevo, pero todos los días y a todas horas.

China y la India son diferentes, pero hay cosas comparables... En sus dos capitales hay smog, por ejemplo (aunque he tenido suerte y estos días Delhi estuvo relativamente bien). Y en población están casi empatadas: cuando yo era pequeño India tenía 700 millones y China 1.200, pero 30 años después los indios casi han alcanzado a los chinos: 1.200 son los primeros y 1.300 los segundos. No sé si el fin de la política del hijo único en China significará que la distancia se mantenga aún unos años más, pero tarde o temprano India será el país más poblado de la Tierra. Por cierto, que estando aquí me he enterado de que también en India están prohibidas las ecografías para saber el sexo del feto, por temor a abortos selectivos de niñas, como pasa en China.

En fin, que lo dicho, escribiré lo que pueda, pero volveré con más fuerzas y fotos en marzo. Namasté... na más te digo.

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Este blog -sorpresas te da la vida- recibió el premio Blasillo de Huesca 2006 al ingenio español en Internet

Y como no hay uno sin dos, fue galardonado poco después con el Premio 20 Blogs 2006 al mejor blog expatriado

Y agárrate bien a la silla, porque más de un lustro después, llegó el Premio BOBs 2012 al mejor blog en español




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