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Táchese el castillo que no proceda

16 de Diciembre, 2016, 0:01

En mi primer viaje a Japón, en 2008, me quedé con las ganas de visitar algún castillo de los muchos que tiene ese país, esos lugares donde uno se imagina a los ninjas y a los samuráis haciendo de las suyas. En el segundo viaje a tierras niponas, el mes pasado, mis deseos por fin se cumplieron y pude ver no uno ni dos, sino tres castillos, ya que los había tanto en mi primer destino (Osaka) como en el último (Hiroshima), y entre esas dos ciudades me detuve en Himeji, donde está el que tal vez sea el más famoso castillo de Japón.

El castillo de Osaka es quizá el menos llamativo de los tres, y es una reconstrucción, o más bien una re-reconstrucción, ya que el edificio original se quemó a mediados del siglo XVII, se restauró en el siglo XIX, y volvió a ser destruido en la Segunda Guerra Mundial, por los bombardeos estadounidenses. El castillo actual se terminó en 1997 y su aspecto es un poco cartonpedresco, pero al ser el primero que visité, no pude compararlo con otros y me quedé contento con la visita. En su interior tiene una detallada exposición dedicada a la vida del hombre que mandó construir el castillo, un tal Toyotomi Hideyoshi que por lo visto fue un personaje muy importante en la Historia de Japón, el que reunificó el país en el siglo XVI tras una era de reinos divididos que luchaban unos contra otros.



El castillo de Himeji es bastante más imponente, y es el edificio original, no una reconstrucción, algo de lo que muy pocos castillos japoneses pueden presumir, debido a los avatares que sufrieron en la historia, especialmente los bombardeos en la Segunda Guerra Mundial. Himeji es espectacular por fuera pero también por dentro, ya que su interior es todo de madera. El castillo es tan impresionante en sí mismo que apenas hay nada en su interior, ni exposiciones ni casi carteles explicativos, ya es suficiente con darse un paseo por dentro y fuera para ver su gran valor.



Finalmente, el castillo de Hiroshima, la ciudad de la que hablé en el anterior post, es también digno de visitarse. Está en el centro de la ciudad, muy cerca de los memoriales por la bomba atómica, así que, como os podéis imaginar, el castillo original estaba también en el área donde esa arma nuclear causó los mayores daños, y el edificio quedó destrozado. La réplica se construyó en 1958, en ella se muestran imágenes y objetos de la ciudad antes de 1945 -decididamente, una fecha tan señalada para su historia como lo puede ser para nosotros el nacimiento de Cristo- y desde su último piso hay una bonita vista de la ciudad.



Esta semana, en una de sus noches, soñé que estaba escribiendo este post -yo qué sé, los sueños van por libre- y mi yo del sueño se puso a escribir también, no sé por qué razón, sobre el castillo de Aínsa, que no está en Japón sino en Huesca, al lado del pueblo de mi padre. No sé si los sueños son premonitorios, pero éste desde luego lo va a ser por decisión mía, ya que voy a hablar brevemente de ese lugar aunque no venga a cuento en esta entrada. A menos que inventemos que Águila Roja estuvo en todos estos lugares...

El Castillo de Aínsa es un poco feíllo, la verdad, sobre todo al lado del resto del casco antiguo de pueblo, que por cierto, está en la lista de los Pueblos Más Bonitos de España, gracias sobre todo a su bella plaza medieval. No es, decía, el castillo lo más atractivo de Aínsa, pero al menos sirve para recordar que un día la zona fue fronteriza entre cristianos y musulmanes, en una época en la que esas tierras eran un "país" (bueno, en aquella época se hablaba de un "condado") llamado Sobrarbe, palabra que hoy día da nombre a la comarca donde está Aínsa,en el norte de la provincia de Huesca.

Hale, sueños cumplidos, tanto los que tenía acumulados de viajes anteriores, como los que mi cerebro pergeña mientras duermo.

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Hiroshima a flor de piel

11 de Diciembre, 2016, 0:01

Mi reciente viaje a Japón fue especialmente inolvidable porque, además de toda la belleza natural que pude disfrutar (como os mostré en recientes fotos), estuve en Hiroshima, una ciudad para siempre unida a la tragedia, en la que se sienten emociones muy fuertes cuando visitas los lugares que recuerdan que fue allí donde se probó la primera bomba atómica contra seres humanos. Hay quien dice que visitar lugares vinculados a grandes tragedias de este tipo (Hiroshima, Auschwitz...) es de morbosos: yo creo que todo el mundo debería hacerlo, para aprender los graves errores que nuestra especie ha cometido a lo largo de la Historia y, además, para ver que incluso tras las catástrofes la vida sigue para los supervivientes y las ciudades pueden resurgir de las cenizas. Hiroshima es hoy una de las ciudades más grandes de Japón, con más de dos millones de habitantes, jardines bellísimos, gran vida nocturna...


La vida siguió para los supervivientes de una bomba que mató a aproximadamente 350.000 personas el 6 de agosto de 1945, pero la ciudad de Hiroshima conserva aún muchos recuerdos de aquel aciago día. El más famoso es el A-Dome, un antiguo edificio del gobierno provincial que antes de la bomba ya era uno de los símbolos de la ciudad (por su "exótico" aspecto europeo, ya que lo había diseñado un arquitecto checo) y tenía una bonita cúpula de cobre con el mismo color verde que la Estatua de la Libertad neoyorquina. Esa cúpula se fundió con la bomba, pero el resto del edificio quedó bastante en pie, y se conserva más o menos como quedó:



La foto muestra cómo era el edificio antes del bombardeo.


Un anciano de los muchos que hay por la zona que recuerda el bombardeo
(algunos supongo que serán supervivientes, o familiares de víctimas)
explica a escolares japoneses la historia del edificio.




El A-Dome fue además el edificio que quedó en pie más cerca del hipocentro de la bomba, es decir, el punto exacto donde ésta estalló (no lo hizo en el suelo sino cuando estaba a 600 metros de altura, ya que de esta manera su poder de destrucción aún era mayor).


Maqueta del Museo Memorial de la Paz, donde se muestra a escala dónde estalló la bomba. En la sombra que la bola roja hace en el suelo, a la izquierda, está el A-Dome.

El hipocentro exacto de la bomba de Hiroshima, el punto sobre el que la bomba estalló, está una calle situada unos 50 metros al este del A-Dome, en un lugar de lo más anodino que hoy ocupa un hospital, pero donde hay una placa que recuerda esto (en la ciudad hay muchísimos carteles que cuentan cosas del bombardeo y los efectos horrorosos que causó en cada lugar). A esta placa también acuden muchos niños en viajes del colegio, y me fijé que siempre había un escolar, quizá el delegado de la clase, que leía un texto en cada grupo. Quizá algo sobre la paz o contra las armas nucleares, pues la abolición de ñestas es una bandera que desde 1945 han tomado con fuerza tanto Hiroshima como Nagasaki.


La calle del hipocentro.


Hospital actual, con la placa conmemorativa al pie.



Cuando me fui de Hiroshima, el avión sobrevoló la ciudad y pude ver con claridad tanto el sitio donde está el A-Dome como la calle de al lado sobre la que la bomba estalló, y también el famoso puente en forma de T que era el principal objetivo del Enola Gay, el bombardero B-29 que lanzó la mortífera arma.


Silueta de Hiroshima, una ciudad surcada de canales y puentes,
vista desde el avión.



La bomba falló por unos 50 o 100 metros su objetivo exacto, pero vamos, con el potencial destructor que tenía, quemando y pulverizando prácticamente todo lo que había a varios kilómetros a la redonda, dio un poco igual.

El A-Dome es bastante famoso fuera de Japón, pero hay otros edificios que aguantaron en pie tras el bombardeo. Uno de ellos es una antigua sede de un banco que hoy también es un pequeño museo al que apenas va nadie, pero que es muy interesante: al entrar se ven mostradores de banco antiguo, y se cuenta cómo la entidad, de forma casi increíble, abrió y ofreció servicios bancarios, mal que bien, al día siguiente del bombardeo.




En las paredes del interior del banco -donde no hubo ningún superviviente, los que abrieron al día siguiente eran de otras sucursales del país- todavía pueden verse algunos de los efectos que causó la bomba. Por ejemplo, hay varias marcas en paredes de madera de los cristales que volaron y se clavaron en ellas (mucha gente murió así, cortada por los cristales y los escombros que al saltar por los aires se convertían en metralla).



También hay un colegio cerca en el que uno de los edificios aguantó en pie, y que se convirtió en una especie de hospital de campaña. En las paredes de ese hospital de emergencia muchos supervivientes escribieron mensajes para intentar comunicarse con sus familiares en caso de que hubieran sobrevivido, y esas pintadas aún se conservan. El lugar también es famoso porque en ese edificio sobrevivieron unos niños que en el momento del bombardeo estaban en su sótano, cambiándose de zapatos.


Interior del colegio, lleno de ofrendas de homenaje.

Las guirnaldas de colores que veis en la foto están hechas de grullas de papel, de origami, y son también un símbolo de la ciudad, ligado a la triste historia de Sadako, una niña que sobrevivió a la bomba atómica pero, como muchos otros supervivientes, desarrolló problemas físicos debido a la radiación. Diagnosticada con cáncer, Sadako pensó que para poder curarse tenía que hacer grullas de papel sin parar, puesto que una leyenda japonesa atribuía a esos animales el poder de la inmortalidad, así que en sus últimos meses de vida comenzó a doblar y doblar papelitos, y mucha gente de todo Japón junto a ella, como muestra de solidaridad. Sadako falleció para desolación de Hiroshima y del resto del país, pero su memoria sigue viva con miles de grullas de papel de colores en muchos monumentos de la ciudad, para recordarla a ella y a quienes sufrieron por la bomba atómica años, décadas después de que Japón firmara la paz.




Muchas de las cosas que os he escrito y bastantes más se cuentan en el Museo del Memorial de la Paz, que se encuentra cerca del A-Dome, en la zona que quedó más arrasada por la bomba atómica, hoy convertida en un parque con decenas de monumentos de homenaje a las víctimas. El museo, es de obligada visita -vuelvo a insistir, no para ser morboso, sino para no dar la espalda a la Historia- pero también es muy duro. Te va a dejar muy mal cuerpo: se cuentan las historias de las últimas horas de vida de muchos niños, se muestran sus pertenencias, hasta hay una lengua que se le cayó a un enfermo por la radiación. Se cuenta la historia de Sadako, y hasta hay una de esas supuestas "sombras de la bomba atómica", paredes en las que se ve lo que parece una silueta de una persona que probablemente quedó reducida a cenizas por la explosión, y sus cenizas se pegaron al cemento como una sombra. Todo contado con bastante neutralidad, sin demasiadas menciones a Estados Unidos, que fue el que tiró la bomba atómica, e incluso pidiendo perdón, a la salida del museo, por los crímenes que Japón cometió en aquella guerra, que no fueron pocos.


Monumento de una madre resguardando a un niño de la "lluvia negra",
una lluvia oscura y radiactiva que cayó en Hiroshima durante los días posteriores al bombardeo.


Como sabréis, este año Barack Obama se convirtió en el primer presidente de EEUU en visitar Hiroshima, un punto muy oscuro para la Historia norteamericana (ya hablamos de esto hace unos meses en este mismo blog). He de decir, un poco a mi pesar pero también algo enternecido, que en Hiroshima siguen recordando con cariño esa visita: en el museo, por ejemplo, se vende a los turistas el discurso que dio Obama, encuadernado, y se guardan las dos grullas de papel que el presidente americano hizo -qué mañoso, el tío- para recordar a Sadako, como hacen muchos visitantes de Hiroshima. Hasta hay tiendas que todavía tienen merchandising de esa visita (que por cierto, va a ser correspondida pronto por el primer ministro japonés, Shinzo Abe, ya que a finales de este mes va a Pearl Harbor).



Hiroshima es hoy día una bonita ciudad japonesa, rodeada de montañas verdes, con la preciosa isla de Miyajima, tranvías vintage en sus calles y hasta un castillo. Nunca se podrá desligar del horror atómico y radiactivo, pero al menos ha intentado seguir adelante, mirando al futuro sin olvidar el pasado. Al menos, que sirva para recordar a la humanidad que una bomba que mata indiscriminadamente cientos de miles de personas en un segundo no tiene justificación ninguna. Ojalá el A-Dome hubiera podido conservar para siempre su brillante cúpula verde. Al menos, en la Avenida de la Paz de Hiroshima (sí, en esta ciudad todo tiene alusiones al pacifismo), hay una estatua que intenta revivir ese sueño con luces.




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Moviendo las montañas de Yugong

6 de Diciembre, 2016, 0:01

Esta noche del martes al miércoles (a las 12 y media de la madrugada) Documentos TV en TVE emite "El viejo loco que movió la montaña", un documental que toma su título de una conocida leyenda china y que relata la vida de cuatro disidentes de este país, entre ellos el celebérrimo Hu Jia, uno de los más veteranos en los círculos chinos del descontento. El reportaje es obra, tras mucho tiempo y esfuerzo, de Diego Torres, ex corresponsal en China, y del realizador Antón Calderón. Aquí tenéis un adelanto de lo que podréis ver allí:



Con ocasión del estreno de este documental, del que podéis recopilar más información en su web oficial, los autores han escrito para este blog unas líneas de presentación de esta obra, palabras que os pongo a continuación. Adentraos en el duro mundo de la disidencia china, y ved el documental hoy en directo si podéis.


Moviendo las montañas de Yugong

Antón Calderón (@Anton_Calderon)/ Diego Torres (@jdiegotorres)

Una de las leyendas favoritas de Mao Zedong cuenta que un viejo llamado Yugong decidió un día tratar de mover las dos montañas que entorpecían el camino a su casa. Tras hablar con su familia, Yugong se puso manos a la obra desdeñando las burlas de los vecinos, que le advertían de que nunca lograría allanar los caminos. Al cabo del tiempo, su perseverancia conmovió a los dioses, que acabaron por trasladar las montañas a otro lugar. La leyenda de Yugong ensalza la determinación del viejo Yugong y recuerda que el esfuerzo continuado de muchas generaciones puede alcanzar objetivos colosales. Esta visión, esforzada y tenaz, la comparten también los cuatro protagonistas del documental "El viejo loco que movió la montaña", que se estrena en Documentos TV.

Los cuatro personajes retratan el complejo mapa del activismo social en China. Se trata de un territorio peligroso y cambiante, delimitado por las llamadas "líneas rojas" establecidas por el Partido Comunista, en el que cualquier movimiento en falso puede tener consecuencias funestas. Los cuatro personajes manifiestan actitudes diversas. Deng Fei, el más emprendedor y posibilista, ha conseguido crear un enorme movimiento en apoyo a la infancia en el mundo rural. Su política es la de trabajar codo con codo con las autoridades, maximizando el bien común sin enfrentarse al sistema. En el otro extremo, Hu Jia, Premio Sájarov de los Derechos Humanos, ataca con virulencia a los líderes del partido (a quienes considera una banda de criminales) desde un arresto domiciliario casi perenne.

El documental explora esa dicotomía entre lo posible y lo deseable y se cuestiona cuál de las dos posiciones es la correcta: ¿Debe uno avanzar milímetro a milímetro por el camino de lo posible? ¿O es mejor luchar por conseguir la libertad total aun a riesgo de sacrificarlo todo en el camino? Dashi, un ambientalista joven y lleno de ideas, consigue crear una ONG en su zona y abrir camino en el campo ecologista, que goza ya de gran tracción entre los jóvenes. Mientras, Zhang Zhiru, un sindicalista comprometido, asesora a obreros en una de las grandes zonas industriales del país. Ninguno de ellos tiene la intención expresa de enfrentarse a las autoridades, pero nunca están completamente a salvo en un sistema que, especialmente desde la llegada al poder de Xi Jinping, parece empeñado en estrechar el espacio de acción de la sociedad civil, y obligar a los activistas a posicionarse a un lado u otro de la línea. Los cuatro protagonistas de "El Loco que Movió la Montaña", cada uno desde su trinchera, siguen entre tanto comiéndole terreno a las montañas de Yugong. Palada a palada.

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Este blog -sorpresas te da la vida- recibió el premio Blasillo de Huesca 2006 al ingenio español en Internet

Y como no hay uno sin dos, fue galardonado poco después con el Premio 20 Blogs 2006 al mejor blog expatriado

Y agárrate bien a la silla, porque más de un lustro después, llegó el Premio BOBs 2012 al mejor blog en español




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